S 031 99

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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S-031-99

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL Y AGRARIA  

Magistrado Ponente: Dr. JOSE FERNANDO RAMIREZ  GOMEZ   

Santafé  de Bogotá, D.C., dos (2) de agosto  de mil novecientos noventa y nueve (1999)   

                                                 Referencia:  Expediente No. 4937   

                              Se  decide  el  recurso  de  casación  interpuesto  por el Municipio de Manizales en su condición de demandado, contra  la  sentencia dictada el 26 de agosto de 1993  por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial de Manizales, en este proceso ordinario promovido por LIBARDO  ANTONIO JARAMILLO PINEDA frente al aquí recurrente y otros.   

ANTECEDENTES  

                             1.  En demanda presentada el 12 de junio  de  1990,  cuyo  conocimiento correspondió por reparto al Juzgado Segundo Civil  del  Circuito  de  Manizales  (fls.  59  al 65, c. 1), LIBARDO ANTONIO JARAMILLO  PINEDA,   por  intermedio  de  apoderado  judicial  solicitó  que  previos  los  trámites  del  proceso  ordinario  se  hicieran  las  siguientes  o  semejantes  declaraciones y condenas:   

                             1.1.  Que  es  nulo  absolutamente,  por  objeto  ilícito  el  contrato de compraventa contenido en la escritura pública  número  1629,  otorgada  en la Notaría Segunda del Círculo de Manizales el 30  de  septiembre de 1974, mediante la cual el Dr. GUSTAVO ROBLEDO ISAZA obrando en  nombre   y  representación  de  la  sociedad  «RECONSTRUCTORA  MANIZALES  LTDA.  -RECOMAN-»  vendió  un  inmueble  consistente  en  un  lote  de terreno con sus  mejoras  y  anexidades, situado en la ciudad mencionada en la Calle 50 Nro. 20 –  64,  el  cual  aparece debidamente identificado en el libelo por los respectivos  linderos.   

                             1.2. Que se ordene la cancelación de la  anterior  escritura  en  los términos de los artículos 45 y 47 del Decreto Ley  960  de  1970  y  se  libre  el  exhorto  correspondiente  al Notario Segundo de  Manizales, para los fines indicados.   

                             1.3. Que se disponga la cancelación del  registro   de   la   escritura  en  el  folio  de  matrícula  inmobiliaria  No.  100-0001806,  para  cuyo  efecto  solicitó  se  librara el respectivo oficio al  Registrador de Instrumentos públicos de la misma ciudad.   

                             1.4.  Que  se decreten las restituciones  recíprocas  a  que  hubiere lugar, de acuerdo con lo probado en el proceso y de  conformidad con lo dispuesto en el artículo 1.746 del C. C.   

                             2. Son fundamento de las pretensiones los  hechos que se resumen a continuación:   

                             2.1. Mediante escritura pública No. 1629  del  30  de  septiembre de 1974, otorgada en la Notaría Segunda del Círculo de  Manizales,  el  Dr. GUSTAVO ROBLEDO ISAZA obrando en nombre y representación de  la  Sociedad  «RECONSTRUCTORA  MANIZALES  LIMITADA.-  RECOMAN»,  transfirió  al  Municipio  mencionado  el  derecho  de dominio y la posesión material, respecto  del inmueble al que se hizo mención anteriormente.   

                             2.2.   El precio de la negociación  fue  de  quinientos  noventa  y  ocho  mil  doscientos  seis  pesos con cuarenta  centavos ($598.206.40).   

                              2.3.   En  el  hecho  5o.  de  la  escritura  se  hizo  constar  que  el inmueble objeto de la venta no había sido  enajenado  con  anterioridad  por  el vendedor y que se encontraba libre de todo  gravamen, pleito pendiente, embargo judicial, etc.   

                              2.4.   La   escritura  mencionada  fue  registrada  en  la  Oficina  de Registro de Instrumentos Públicos y Privados de  Manizales,  el  15  de  noviembre de 1974, en el folio de matricula inmobiliaria  No. 100-0001806.   

                             2.5.  Para la fecha en que se otorgó la  escritura  precitada,  el  inmueble  objeto de la venta, se encontraba embargado  dentro  del  proceso  ejecutivo que con título hipotecario adelantaba el señor  FERMIN  NARANJO  ARISTIZABAL contra la sociedad vendedora, en el Juzgado Segundo  Civil  del  Circuito  de Manizales, y  dentro del proceso ejecutivo laboral  que  promoviera  el  señor  MIGUEL LONDOÑO frente a la misma sociedad, ante el  Juzgado Primero Laboral, también del Circuito de Manizales.   

                             2.6. Por auto del 12 de noviembre de 1974  dicho  despacho  judicial  ordenó el levantamiento de la cautela, decisión que  fue  anotada  en  el respectivo folio de matrícula inmobiliaria el 14 del mismo  mes y año.   

                             2.7. En virtud de lo anterior, afirma el  demandante,  existe  objeto  ilícito  en el contrato de compraventa a que se ha  hecho  mención,  razón  por  la  que  está afectado de nulidad absoluta. Para  respaldar  su  aserto  transcribe  en  lo pertinente los artículos 1521, 1741 y  1742  del  C.  C.,  este  último subrogado por el artículo 2o. de la ley 50 de  1936.   

                             2.8. También sostiene el actor que en el  caso  en  cuestión,  no  existió  autorización  del juez del conocimiento, ni  consentimiento  del  acreedor  al  momento  de perfeccionarse el correspondiente  acto.   

                             2.9.  Así mismo, expresa que tiene  interés  jurídico  para  demandar,  puesto  que  ante el mismo Juzgado Segundo  Civil  del  Circuito  de  Manizales  adelanta  un  proceso  de  pertenencia  por  prescripción  adquisitiva  extraordinaria  de  dominio  en contra del Municipio  multicitado,  ya  que ha poseído materialmente, de manera pública, pacífica y  tranquila,  parte  del inmueble dado en venta desde el 10 de febrero de 1966, es  decir, por más de veinte (20) años.   

                             3.   Al respecto, explica que, para  la  fecha  en  que  se  suscribió la escritura contentiva del contrato atacado,  estaba  en  posesión  material de todo el predio y que con motivo de dicho acto  entregó  formalmente  parte  del  mismo  y  se  quedó  con  un lote de terreno  mejorado  con  casa  de  habitación e instalaciones para un taller de mecánica  automotríz,  ubicado en la calle 50 No. 20-64 de Manizales,  dentro de los  linderos anotados en el libelo.   

                             3.1. Precisado lo anterior insiste en que  el  interés  para  obrar se deriva «de la posibilidad  que   tiene   de  obtener  la  declaratoria  de  pertenencia  por  prescripción  adquisitiva  extraordinaria  de  dominio,  cuyo tiempo ya completó, pero que se  encuentra  impedido  para  obtenerla, ya que el inmueble en general se encuentra  en  cabeza  de  una  Entidad  de  Derecho  Público,  como lo es el Municipio de  Manizales,  contra el cual no podría prosperar una acción de dicha naturaleza,  según   normas  en  actual  vigencia.  Por  consiguiente,  está  sufriendo  un  perjuicio   actual,   que   data   desde   la   misma   fecha  de  la  escritura  1629/74.»   

                             3.2. La Sociedad vendedora fue liquidada  definitivamente  mediante escritura pública otorgada en la Notaría Primera del  Círculo  de  Manizales,  el  8  de  mayo  de  1981  e inscrita en la Cámara de  Comercio  el  12  de  agosto  del  mismo  año;   en  virtud de lo cual, la  presente  demanda se dirige en contra del Municipio de Manizales y de los socios  que  conformaban dicha sociedad, doctores OSCAR BORRERO MOLINA Y GUSTAVO ROBLEDO  ISAZA, a fin de integrar el litisconsorcio necesario.   

                             4.  Notificado  el  auto admisorio de la  demanda  y corrido el respectivo traslado a los demandados (fls. 67, 68 y 83, c.  1),  el  Municipio de Manizales, por intermedio de apoderado judicial,  dio  contestación  oponiéndose  a  todas y cada una de las pretensiones (fls. 70 al  78).   

                             Por  su  parte  GUSTAVO  ROBLEDO  ISAZA,  también  por  intermedio  de  apoderado judicial, se opuso a las pretensiones y  propuso  como  excepciones  de fondo las que denominó: ilegitimidad de la causa  del  actor,  ilegitimidad en la causa por pasiva, falta de fundamento sustantivo  de   las   pretensiones   del  actor,  validez  plena  del  contrato  de  venta,  prescripción  de  la  acción por pasiva, e inexistencia del hecho objeto de la  demanda (fls. 85 al 90, c.1).   

                             El  demandado  Oscar  Borrero  Molina no  contestó la demanda.   

                             5.  Puso fin a la primera instancia  la  sentencia  del  11 de noviembre de 1992, por medio de la cual se absolvió a  los  demandados  y se condenó en costas a la parte demandante (fls. 149 al 166,  id.).   

                              6.  Apelada  por  la  parte  actora  la  sentencia  de  primer  grado,  el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de  Manizales,  mediante providencia del 26 de agosto de 1993 (fls. 23 al 46, c. 5),  la  revocó  y  en  su  lugar  declaró  viciado  de nulidad absoluta por objeto  ilícito  el contrato de compraventa celebrado por el Municipio de Manizales con  la  Sociedad  Reconstructora Manizales Ltda. “RECOMAN”, el cual se encuentra  contenido  en  la  escritura  pública  No.  1629  del 30 de septiembre de 1974,  otorgada  en  la  Notaría  Segunda  del Círculo de Manizales, e inscrita en el  folio de matrícula inmobiliaria No. 100-0001806.   

                             Como  consecuencia  de  la  declaración  anterior,  ordenó  oficiar  tanto  al  Notario como al Registrador, para que se  hicieran  las  anotaciones pertinentes y volvieran las cosas al estado en que se  encontraban  antes  de  la  celebración  del  contrato. También dispuso que el  Municipio  de Manizales le restituyera a los codemandados el inmueble objeto del  contrato  y  que  éstos a su vez le reintegraran a aquél el precio recibido en  cuantía  de  $598.206.40  con  la  respectiva  corrección  o ajuste monetario,  valorado  en  unidades  de  poder  adquisitivo  constante “UPAC”, conforme a  certificación   que   expida   el   Banco  de  la  República  al  momento  del  pago.   

                             Además, condenó al Municipio a pagar a  los  codemandados  la  suma  de  SEIS  MILLONES  SETECIENTOS CUARENTA Y TRES MIL  QUINIENTOS  PESOS ($6.743.500.oo) por concepto de frutos causados desde la fecha  de  celebración  del contrato, y a la parte demandada a cancelar las costas del  proceso,  aclarando  que  el ente municipal está exento de sufragar agencias en  derecho  por  expreso  mandato  del  inciso  segundo  del  ordinal  primero  del  artículo 392 del C. de P. C.   

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

                              El  ad  quem  luego  de  referirse al desarrollo del proceso, inicia  las  consideraciones afirmando que indudablemente se configura el presupuesto de  la  pretensión denominado legitimación en la causa por activa, toda vez que el  accionante  LIBARDO  ANTONIO  JARAMILLO  PINEDA  detenta total o parcialmente el  inmueble  a  que  se  refiere  el  contrato  atacado,  predio  respecto del cual  persigue  la  declaración de dominio, mediante un proceso de pertenencia que en  ese  momento se tramitaba en el Juzgado Segundo Civil del Circuito de Manizales.   

                             Por  lo anterior, estima que es evidente  que  el  acto  contractual  cuestionado podría ocasionarle un perjuicio serio y  actual,  pues  de  declararse  la  nulidad  absoluta, el inmueble regresaría al  dominio  privado  de  la  sociedad vendedora o de los socios que la integraron y  como  las  cosas  vuelven al estado anterior, entonces posiblemente prosperaría  su  pretensión  de dominio, ya que podría hacer valer todo el tiempo que lleva  en  el  predio  y así completar el lapso que la ley exige para la prescripción  ordinaria o extraordinaria.   

                             Concluye  este  punto sosteniendo que es  manifiesto  el  interés  del demandante para actuar, puesto que la vigencia del  contrato  le  ocasionaría consecuencias de orden patrimonial, pues mientras que  el  dominio del inmueble esté radicado en un ente de derecho público, no puede  aspirar  a adquirirlo por prescripción, en virtud de lo previsto por el ordinal  4o. del artículo 407 del C. de P. C.     

                             A continuación examinó la legitimación  por  pasiva,  encontrándola  también  configurada,  para  enseguida proceder a  analizar el fondo de la cuestión debatida.   

                             Inicia  su  estudio  sosteniendo  que la  jurisprudencia    que   sirvió   de   apoyo   al   a  quo  fue  rectificada  por la Corte mediante sentencia  del  14  de  diciembre  de  1976, la cual fue ratificada por proveído del 12 de  junio  de  1980.  Para  respaldar  su  aserto  transcribió  lo  que  consideró  pertinente  al  punto,  luego de lo cual manifestó que acogía en su integridad  lo          dicho          por          la         Corte         en         esos  proveídos.                  

                             Precisado  lo anterior, afirmó que para  que  la  tradición  sea  válida  es necesario que el título o contrato que le  preceda  también lo sea, es decir, que no se hubiere celebrado en relación con  cosas  cuya venta prohibe de manera expresa el artículo 1521 del Código Civil.  Sostiene  que no es legal afirmar que el contrato tuvo objeto ilícito, pero que  no  la  tradición  por  cuanto  el  embargo  había perdido su vigencia para el  momento  en  que  el  modo  se  configuró. Si el título se refiere a un objeto  ilícito,  también queda viciada la tradición. Por consiguiente, concluyó que  debían  acogerse las pretensiones de la parte actora, por cuanto ninguna de las  excepciones que el codemandado propuso, podía prosperar.   

LA DEMANDA DE CASACION  

                              El   municipio  de  Manizales,  en  su  condición  de codemandado, impugna la sentencia antes resumida formulando cinco  (5)  cargos,  todos  con fundamento en la causal 1a. del artículo 368 del C. de  P.  C.  En  el  primero y en el quinto se acusa la sentencia de ser directamente  violatoria  de la ley sustancial,  en tanto que los  tres restantes se  proponen por la vía indirecta.   

                             Los  cargos  se  estudiarán en el orden  propuesto,  así: el primero y segundo se despacharán conjuntamente por merecer  consideraciones  comunes,  luego  el  tercero,  y,  dado  que el cuarto y quinto  persiguen  que  se  case  parcialmente  la  sentencia  en  lo  referente  a  las  restituciones  mutuas,  se  omitirá  el  estudio  del  cuarto,  toda vez que el  quinto   está   llamado  a  prosperar y sólo habría lugar  a  analizar   el cuarto en la medida que éste resultará impróspero, pues  al  salir  exitoso  implica  que en la sentencia que ponga fin a este litigio no  debe  haber  condena  sobre  restituciones  mutuas,  mientras  que  en el cuarto  simplemente  se  ataca la tasación de éstas cuando se declara nulo el contrato  por objeto ilícito.   

CARGO PRIMERO  

                             Al  iniciar  el desarrollo del cargo, el  recurrente  manifiesta  que  el  actor LIBARDO ANTONIO JARAMILLO PINEDA pretende  que  se  declare  nulo  absolutamente el contrato de compraventa contenido en la  escritura  No.  1629,  otorgada  en  la  Notaría  Segunda de Manizales el 30 de  septiembre  de 1974, mediante la cual la Sociedad Reconstructora Manizales Ltda.  vendió  un  inmueble  al  Municipio  de Manizales, invocando para tal efecto su  condición  de  tercero  afectado  por tal acto, ya que es poseedor de parte del  inmueble  desde  el  año  de  1966  y  por  lo  tanto  tiene  la posibilidad de  adquirirlo por prescripción extraordinaria.   

                             Afirma  el  recurrente  que  el Tribunal  violó  directamente la ley, por aplicación indebida de las normas sustanciales  anotadas,  al  deducir  del  hecho  de  la posesión del actor Jaramillo Pineda,  combinada  con  los  efectos  de  la compraventa en cuestión, la existencia del  interés  jurídico  y  la consiguiente legitimación en la causa, por cuanto el  interés  que  legitima  para  promover esta clase de acción, no es un interés  cualquiera, sino uno que no sea indirecto, eventual o contingente.   

                              Al   respecto,   dice,   que   no   es  jurídicamente  razonable  admitir  que un tercero que no ostenta una condición  judicial  definida  y  cierta,  sino que apenas pretende adquirirla, requiriendo  para  tal  efecto  una  decisión  jurisdiccional, pueda atacar actos que le son  ajenos,  so pretexto de causarle daño patrimonial, pues en dicho caso no existe  un  interés  jurídico  cierto  y determinado que justifique su intromisión en  las  relaciones  jurídicas  de  otros,  porque  sólo  es titular de un derecho  litigioso,  el  cual  no  tiene  más  contenido que el alea incierta de ganar o  perder  el  litigio  respectivo.  De  modo  que  no  le  asiste al demandante un  interés  jurídico  con  la  consistencia  que el artículo 2o. de la ley 50 de  1936  exige  para  que  un  tercero  pueda alegar la nulidad absoluta de un acto  celebrado por otros.   

                             Para  demostrar sus aseveraciones cita y  transcribe  en lo pertinente dos fallos de la Corte, en los cuales se analiza el  interés  jurídico  que  permite  a  los terceros impugnar actos ajenos, para a  renglón  seguido  expresar  que  el  Tribunal  incurrió  en error jurídico al  estimar  que  al  demandante  le  asistía  el interés que exige la ley, por el  simple  hecho  de  ser  poseedor  del  inmueble  en la fecha de celebración del  contrato,  pues  doctrinaria  y  jurisprudencialmente está  aclarado   que   el   interés  debe  existir  al momento mismo de  la  celebración  del  acto impugnado, siendo irrelevante si llega a tenerse con  posterioridad.   

                             Por lo anterior, dice que el interés en  cuestión,  tiene  que ser coetáneo con la celebración del contrato, requisito  que  no  se  dio  en  el  asunto sub judice,  pues  según  la demanda el actor inició la posesión en el año  de  1966,  lo  cual  significa que para la fecha de la celebración del contrato  impugnado  -30  de  septiembre  de 1974-,  sólo llevaba nueve (9) años de  posesión,  estando  por  lo tanto muy lejos de adquirir el dominio del inmueble  por prescripción extraordinaria.   

                              Para  concluir,  expresa  que  ante  la  evidencia  de  la  falta  de interés jurídico, la sentencia impugnada vulneró  por  aplicación  indebida  los preceptos citados inicialmente, incluido el art.  407  ord.  4º.  del C. de P. Civil, tenido en cuenta por el Tribunal al dar por  existente el interés jurídico del actor.   

                             Finalmente solicita se case la sentencia  recurrida,  para  que en su lugar se profiera una confirmatoria de la de primera  instancia.   

         

CARGO SEGUNDO  

                             Con  fundamento  en  la  causal  1a. del  artículo  368  del  C.  de P. C. se acusa la sentencia de ser violatoria de los  artículos  1740,  1741  y  1746 del C. C.,  2o. de la Ley 50 de 1936 y 407  numeral  4o.  del  C.  de  P.  C.  por aplicación indebida como consecuencia de  errores   de   hecho  cometidos  por  el  Tribunal  en  la  apreciación  de  la  prueba.   

                             En  el  desarrollo del cargo sostiene la  censura   que  el  fallador  incurrió  en  error  manifiesto  de  hecho  en  la  apreciación  de  las  afirmaciones  contenidas  en  la demanda, pues las mismas  excluían  de  manera  absoluta el interés jurídico reconocido por el Tribunal  al  demandante,  ya  que  el  interés  que habilita a un tercero para alegar la  nulidad  absoluta  de  un acto o contrato celebrado por otros, tiene que existir  plenamente  en  el  momento  de  efectuarse el acto acusado de nulidad absoluta.   

                             También afirma el casacionista que quien  es  poseedor  de  un  inmueble  no  está  jurídicamente  amparado contra actos  dispositivos  del  verdadero dueño, así le causen perjuicio, y menos cuando al  momento  de  celebrarse  el  acto  de  enajenación la posesión no ha tenido la  duración  necesaria  para  adquirir  inmediatamente  el dominio por usucapión.   

                             Manifiesta el recurrente que el Tribunal  hizo  caso omiso de la confesión del demandante,  quien en la demanda dijo  que  era un simple poseedor material del inmueble cuando se celebró el contrato  atacado  y  que para 1974, año en que se efectuó el mismo, llevaba apenas ocho  años   “largos”   de  posesión,  por  lo  que  le  faltaba mucho tiempo para adquirir el inmueble por  prescripción.  Por  lo  anterior,  expresa que al no habérsele causado ningún  daño  inmediato  al  señor JARAMILLO PINEDA, éste no tiene interés jurídico  que legitime su pretensión.   

                              Continúa   afirmando   que   también  incurrió  en error de hecho el fallador al omitir tener en cuenta la confesión  hecha  por  el  demandante  en  el interrogatorio de parte, según la cual sólo  hasta  el año de 1988 empezó a tener el comportamiento de poseedor, razón por  la  que  insiste  en  sostener  que  el  demandante no tiene legitimación en la  causa,  puesto  que  para  la  fecha  de  celebración del contrato objeto de la  litis   tenía  apenas  la  condición de tenedor del inmueble en mención.   

                             Deducida la ausencia de legitimación en  la  causa,  impetra  la casación del fallo impugnado, para que en su defecto se  confirme la sentencia del a quo.   

CONSIDERACIONES  

                             1.  Conforme al art. 2º. de la ley  50  de  1936, “La nulidad absoluta… puede alegarse  por todo el que tenga interés en ello…”.   

Según  el  texto  precedente,  la  nulidad  absoluta  de  un  contrato puede pretenderla además de quienes intervinieron en  su  celebración  y  son  parte del mismo, todos aquellos que resulten afectados  por  las  consecuencias  jurídicas del referido acto. Una norma de este linaje,  se  ha  dicho por la doctrina, amplía el panorama de la legitimación cuando se  trata  de  impugnar  por  vía de nulidad absoluta, no sólo porque está de por  medio  el  orden  público, sino con el fin de asegurar y garantizar la vigencia  de  los  principios  de  buena  fe, justicia y equidad en la relación negocial.   

                             Desde  siempre doctrina y jurisprudencia  se  han  preocupado  por  averiguar el significado de la expresión “interés”,     como    fundamento  legitimante  de  los  terceros, porque como se anotó, el precepto en comentario  identifica  a estos como “Titulares de la acción de  nulidad  absoluta”,  al  lado  de  las  partes  y el  ministerio  público  “en el interés de la moral o  de  la  ley”,  sin perjuicio del deber de oficiosidad  que  la  norma  atribuye al juez, para cuando se dan las circunstancias que ella  misma señala.   

                             La  doctrina y la jurisprudencia chilena  al  examinar  texto  similar  al  colombiano  (art.  1683 del C.C. Chileno), han  estado  de  acuerdo  en  que  la  norma  se refiere a quienes tienen un interés  económico  o  patrimonial en la declaración de nulidad absoluta, o sea a quien  derive  de  la satisfacción de la pretensión un beneficio pecuniario, quedando  excluido,  según  lo dice Claro Solar, el interés puramente moral porque éste  es el que motiva la declaración por parte del ministerio público.   

                             Esta Corporación, también ha precisado  que  el interés que legitima al tercero es un interés económico que emerge de  la  afección  que  le  irroga  el  contrato  impugnado. (Casaciones de de 17 de  agosto  de  1893, G. J. t. IX, pág. 2; 13 de julio de 1896, G. J. t. XII, pág.  13;  29  de  septiembre de 1917, G. J. t. XXVI, pág. 180; 8 de octubre de 1925,  G.  J.  t.  XXXV,  pág. 7; 20 de mayo de 1952, G. J: t. LXXII, pág. 125, entre  otras).  Desde luego que el “interés”  al  cual  se  refiere  el  artículo  inicialmente  citado,  no es  distinto  al  presupuesto  material  del  interés  para  obrar que debe exhibir  cualquier  demandante,  entendiendo  por  este  el  beneficio  o utilidad que se  derivaría  del  despacho  favorable de la pretensión, el cual se traduce en el  motivo  o  causa  privada que determina la necesidad de demandar, que además de  la     relevancia     jurídico     sustancial,     debe     ser    concreto,  o  sea  existir  para  el caso  particular   y   con   referencia   a   una  determinada  relación  sustancial;  serio en tanto la sentencia  favorable  confiera  un  beneficio  económico o moral, pero en el ámbito de la  norma      analizada      restringido     al     primero,     y     actual,  porque  el interés debe existir  para  el  momento  de  la  demanda,  descartándose  por  consiguiente las meras  expectativas   o   las   eventualidades,   tales   como  los  derechos  futuros.   

                               2.   En   el   asunto   sub-judice  el  actor  impetra  la nulidad  absoluta  por  objeto  ilícito  del  contrato  de  compraventa  contenido en la  escritura  pública  No. 1629  del 30 de septiembre de 1974, otorgada en la  Notaría  Segunda  de Manizales, por medio de la cual la Sociedad Reconstructora  Manizales  Ltda. -RECOMAN-, vendió al Municipio de Manizales un lote de terreno  ubicado  en  la  calle  50 No. 20-64 de esa misma ciudad, el cual tiene un área  total de 1.842. 56 M2.   

                               

                              Según   el  demandante,  su  interés  jurídico  para  pretender  la nulidad de dicho contrato, surge de la situación  posesoria  ejercida  por  más  de  veinte  (20)  años sobre parte del inmueble  objeto  del contrato, la cual le permite alegar, como en efecto lo hizo antes de  presentar  la demanda de nulidad, la prescripción adquisitiva extraordinaria de  dominio.   

                             Ciertamente,  la  circunstancia descrita  por  el  demandante,  aunada  a  la condición de la entidad compradora del bien  (municipio  de  Manizales),  llevan  a  dejar  por averiguado que el contrato de  compraventa  objeto  de  la pretensión, produjo un efecto jurídico negativo en  el  patrimonio del actor al hacer inocua la alegada posesión material que sobre  parte  del  bien  enajenado  venía  ejerciendo  como  hecho  precedente al acto  impugnado,  pues  a  partir  de  él  y  por  virtud  de la tradición que de la  propiedad  se  hizo  al municipio de Manizales (entidad de derecho público), el  inmueble  se  hizo  imprescriptible al tenor de lo dispuesto por el art. 407 del  C. de P. Civil.   

                             En  esta  afección, radica entonces, el  interés  jurídico  del  demandante  para  pretender  la  nulidad  absoluta del  contrato  de compraventa que involucró el sector del inmueble por él poseído,  porque  en tanto ese contrato conserve su validez y con ella la de la tradición  efectuada  al  municipio  codemandado,  la  pretensión  de usucapión carece de  tutela jurídica.   

                             Vistas  así  las cosas, el ad  quem no incurrió en el yerro que se le  imputa,  porque  como  quedó  explicado,  el  demandante  está amparado por un  interés  jurídico  concreto, serio y actual para pretender la nulidad absoluta  del  contrato  atrás  referenciado,  pues  como igualmente se dijo, sólo en la  medida  en  que logre su aniquilación se abre paso la pretensión de usucapión  sobre  dicho  bien.  En otras palabras, si la sentencia de este proceso accede a  la  pretensión  propuesta,  de  ella dimana un beneficio material o económico,  cual es la utilidad de su posesión.   

                             De otro lado, tampoco cometió el ad quem  los  errores  de  hecho  que el cargo le imputa por no haber apreciado presuntas  confesiones  del  demandante  acerca  del momento en que entró en posesión del  bien,  porque  como  ya  se explicó, lo esencial para el tema propuesto en este  proceso  es  la  situación  posesoria  del  demandante  para  la  época  de la  celebración  del  contrato  impugnado,  independientemente  del  tiempo  de  su  ejercicio.  Por  lo  demás,  en  el  interrogatorio  de parte mencionado por el  recurrente  no  aparece  la  confesión que dice omitida, pues la referencia que  hace  al año 1988, no es para ubicar allí el comienzo de su posesión sobre el  lote  que  ahora persigue, sino el desprendimiento de otro sector, efectivamente  entregado al municipio de Manizales.   

                              Conforme  a  lo  expuesto,  los  cargos  examinados no prosperan.   

CARGO TERCERO  

                             Con apoyo en la causal 1a. del artículo  368   del   C.  de  P.  C.,  se  acusa  la  sentencia  del  Tribunal  de  violar  indirectamente  los  artículos  1521  numeral 3o., 1740, 1741 y 1816 del C. C.;  así  como  el  artículo 2o. de la Ley 50 de 1936, como consecuencia de errores  de hecho en la apreciación de la prueba.   

                              Al  desarrollar  el  cargo  afirma  el  casacionista  que  el  fallador  no  examinó la cuestión fáctica del proceso,  sino  que dio por establecido que efectivamente para la fecha en que se celebró  el  contrato  de  compraventa  impugnado,  el  inmueble sobre el cual recaía el  mismo   se   encontraba  embargado  dentro  del  proceso  ejecutivo  hipotecario  promovido por Fermín Naranjo Aristizábal.   

                             Según  la censura, el Tribunal apreció  erróneamente  las  copias  del  proceso  ejecutivo antes mencionado, las cuales  indican  manifiestamente  que  el  embargo decretado en dicho proceso, en virtud  del   desistimiento   del   acreedor   Fermín   Naranjo   quedó   “limitado  en  su  subsistencia a la protección de los intereses  del  Banco  de  Caldas  como  acreedor  hipotecario  codemandante”  y,  por  lo  tanto,  desprovisto  de  toda función cautelar desde  cuando  el  banco  acreedor  declaró  ante el juzgado que el crédito cuyo pago  perseguía  le  había  sido  cancelado  en  su  integridad,  razón por la cual  desistió  de  la  demanda, solicitó se oficiara al Registrador de Instrumentos  Públicos  de  Manizales  comunicándole  el  levantamiento  de  la  medida y se  archivara  el   expediente.   Todo  lo  cual  consta  en  un  memorial  presentado   por   el   Banco   de   Caldas   al   juzgado  el  6  de  marzo  de  1972.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         

   

                             Afirma  el impugnante que no importa que  la  nota  de  registro del embargo no se hubiera cancelado sino tiempo después,  por  cuanto  durante dicho lapso la medida solo existió formalmente, ya que los  créditos  hipotecarios  para  cuya  garantía  se  constituyó  se  encontraban  totalmente  cancelados.  También  sostiene  que  la enajenación no pudo quedar  viciada  por  objeto  ilícito,  puesto que no causó perjuicio a nadie y que al  haber  desistimiento  de  la pretensión ejecutiva por pago, el inmueble volvió  al  comercio  y  se  hizo  libremente  enajenable,  sin  que  se  requiriera  la  autorización  o  el  consentimiento  de  alguien,  pues  ninguna persona tenía  interés en que no se enajenara.   

                              Seguidamente  mencionó  otro  embargo  decretado  por  el  Juzgado  Primero  Laboral del Circuito de Manizales, al cual  según  el  casacionista  se hizo referencia en la demanda, pero que no fue  objeto  de  consideración  alguna  en  la sentencia acusada. Pese a lo anterior  sostiene  que si el fallador lo tuvo en cuenta para decretar la nulidad absoluta  del  contrato,  incurrió  en  manifiesto  error de hecho en la apreciación del  oficio  del  22 de marzo de 1973, obrante a folio 53 del cuaderno No. 1, pues es  ostensible  que  el  lote de terreno embargado en el proceso laboral es distinto  del  embargado  en  el  proceso  ejecutivo  hipotecario  y  vendido  después al  Municipio  de  Manizales  por  el  contrato  impugnado  de  nulidad,  lo cual se  establece  con la simple confrontación de los linderos, de la nomenclatura y de  las  fichas  catastrales,  así como de la extensión superficiaria, anotadas en  la escritura No. 1629 y en el oficio en mención.   

                             Concluye solicitando se case la sentencia  del  Tribunal,  para  que  la  Corte  en  sede  de  instancia  confirme  la  del  a-quo,  pero por las razones  esgrimidas en la acusación.   

CONSIDERACIONES  

                              1.  El  embargo  de  bienes  sujetos  a  registro,   dice   el  art.  681  num.  1  del  C.  de  P.  Civil,  “  se  comunicará  al  respectivo  registrador,  por  oficio que  contendrá  los  datos  necesarios para el registro”.  Significa  la norma que el embargo de bienes inmuebles, que son bienes sujetos a  registro,  conforme  lo  determina  el  decreto  1250 de 1970, art. 2º. ord. 1,  sólo   alcanza   perfección   cuando  en  atención  a  la  comunicación  del  funcionario  que decretó la medida, el registrador de instrumentos públicos lo  inscribe  en  el  respectivo  folio de matrícula inmobiliaria. Contrario sensu,  acogiendo  el  apotegma  que  dice  que  las cosas se deshacen como se hacen, se  puede  predicar  que  el  embargo  que recae sobre tales bienes, no se considera  levantado  mientras  no  se  inscriba  la correspondiente orden de cancelación,  pues  el  texto  legal  últimamente  citado  no  sólo  somete  a  registro las  providencias  judiciales  que disponen la medida cautelar, sino también las que  ordenan  la  cancelación  de  la  misma,  por cuanto la norma sin distinguir se  refiere  a  la  “providencia judicial”    “que   implique”  “medida  cautelar”,   quedando  así  involucrada  tanto  su  constitución como su extinción.   

                             Según lo anterior, tratándose de bienes  sujetos  a registro como los inmuebles, el embargo es un acto procesal complejo,  porque   su  consumación  con  el  efecto  excluyente  del  tráfico  jurídico  (comercio),  supone  la  ocurrencia  de dos actos complementarios: el decreto de  embargo  que debe proferir el juez y la inscripción del mismo que debe realizar  el  registrador.  A  su  vez,  la  cancelación  requiere  de  estas  dos mismas  actividades:  la providencia de desembargo y el acto del registrador produciendo  el  efecto  cancelatorio,  pues sólo así resulta borrada la inscripción de la  medida y se obtiene el retorno del bien al comercio.   

                             Empero,  el casacionista controvierte la  posición  doctrinal  sobre  la  cancelación  del  embargo, argumentando que el  tribunal   incurrió   en   la  violación  de  las  normas  sustanciales  antes  identificadas  como  consecuencia  de  los  errores  de  hecho  que  cometió al  apreciar  las  copias  del  proceso  ejecutivo del señor Fermín Naranjo contra  Reconstructora  Manizales Ltda., al no advertir que por virtud del desistimiento  presentado     por    el    citado    acreedor,    el    embargo    “quedó  limitado  en  su  subsistencia  a  la protección de los  intereses     del     Banco     de     Caldas    como    acreedor    hipotecario  codemandante”, quedando desprovisto de toda función  cautelar  desde  cuando  el  banco  acreedor  declaró  ante  el  juzgado que el  crédito  cuyo  pago  perseguía,  había sido cancelado en su totalidad, siendo  ese  el  motivo  para  desistir  de  la  demanda,  como  en  efecto  se  aceptó  disponiéndose  consecuentemente  el desembargo, sin que para nada importe, dice  el  mismo  impugnante,  que  la  nota  de  inscripción  del  embargo  haya sido  cancelada  tiempo  después,  porque  aceptado  el  desistimiento  por  pago, el  inmueble volvió al comercio y se hizo libremente enajenable.   

                             2.  Las  copias  a las que se refiere el  recurrente  aparecen del folio 13 al 58 del cuaderno principal, correspondientes  al  proceso ejecutivo hipotecario del señor Fermín Naranjo Aristizábal contra  Reconstructora  Manizales Ltda., al cual el Banco de Caldas acumuló una demanda  de  igual clase. En dicho proceso se decretó el embargo del bien por auto de 13  de  julio  de  1970,  proferido  por  el  juzgado  segundo civil del circuito de  Manizales,  comunicado al registrador por oficio 248 del mismo día, inscrito en  igual fecha (fols. 20 a 23-1).   

                             En  el  folio  31  del cuaderno 1 existe  memorial  del  ejecutante  Naranjo  Aristizábal, manifestando que desistía del  proceso  ejecutivo y pidiendo el desembargo. Este desistimiento fue aceptado por  auto  de  22  de  octubre  de  1971,  pero  advirtiendo  que  el bien continuaba  embargado por razón de la acumulación del Banco de Caldas.   

                             El  28  de marzo de 1972 (fol. 51-1), el  Banco  de  Caldas  manifestó  que  “desistía de la  acción  respectiva  por  pago  de  la  obligación”,  solicitando          por          consiguiente          el          “desembargo”.   

                             Sin haberse producido decisión en torno  a  la anterior petición por el no pago de unos honorarios de perito, al juzgado  segundo  civil  del  circuito  y  para  el ejecutivo allí adelantado, llegó el  oficio  No.  066 de 22 de marzo de 1973, proveniente del juzgado primero laboral  del  circuito,  comunicando  que en un ejecutivo laboral que allí se adelantaba  contra  Reconstructora  Manizales  Ltda.,  se  había  dispuesto  el embargo del  inmueble  que  el oficio identifica (fol. 53-1). El juzgado receptor por auto de  23  de  marzo  de  1973,  dispuso  agregar  el oficio al expediente “para  los  efectos  indicados  en  el  Artículo  542  del C. de  P.C.”.   

                             El  24  de  octubre de 1974 se anexó un  recibo  de  los  peritos  sobre  el  pago  de  honorarios  (fol. 54-1) y el 9 de  noviembre  de 1974, se recibió el oficio del juzgado laboral donde se informaba  que   en   providencia  de  8  de  noviembre  de  1974  se  había  aceptado  el  desistimiento   en  el  proceso  ejecutivo  laboral  y  se  había  ordenado  el  levantamiento  de  la medida cautelar. Fue así como el 12 de noviembre de 1974,  se  aceptó  el  desistimiento presentado por el banco de Caldas y se dispuso el  desembargo  del inmueble perseguido, cuya cancelación en el registro se hizo en  la misma fecha, 12 de noviembre de 1974.   

                             Las  anteriores  constancias procesales,  aunadas  a  la fecha de celebración del contrato cuestionado, perfeccionado por  escritura  pública No. 1629 de 30 de septiembre de 1974, dejan en claro que tal  acto  se  produjo  cuando  aún se encontraba el bien embargado, tanto porque la  inscripción  de  la  medida  seguía vigente, como porque en el proceso nada se  había  dispuesto  sobre  la petición de desembargo como consecuencia del pago,  pues  como  ya  se  vio, ésta sólo vino a responderse afirmativamente el 12 de  noviembre  de  1974,  cuando se probó el pago de los honorarios a los peritos y  el desembargo ordenado en el ejecutivo laboral.   

                             Así  las  cosas,  como  las  pruebas no  informan  que  la  enajenación impugnada se haya efectuado previa autorización  del  juez  o  consentimiento  del  acreedor  para  cuya garantía se decretó la  cautela,  los  yerros  denunciados en manera alguna se configuran, razón por la  cual el cargo no puede prosperar.   

                             3.  Por  último,  proponer en casación  como  fundamento del cargo que el bien embargado en el proceso ejecutivo laboral  era  distinto  al  embargado  en  el  hipotecario, es traer a colación un medio  nuevo  y  desde  luego  vedado, pues nunca en el transcurso de las instancias se  hizo dicho planteamiento.   

QUINTO CARGO  

                             Con  apoyo en la causal 1a. de casación  prevista  en  el  artículo  368  del  C.  de  P.  C., se acusa la sentencia del  Tribunal  de  ser  violatoria  por la vía directa, de los artículos 961 a 971,  1746  del C. Civil, por aplicación indebida, y por interpretación errónea del  artículo 2o. de la ley 50 de 1936.   

                               

                             Afirma la censura que el fallador violó  las  normas  anotadas,  ya  que  la  legitimación  en la causa del tercero para  solicitar  la nulidad absoluta de un acto o contrato, es apenas en la medida del  interés  jurídico  de  dicho  tercero,  el  cual  se  circunscribe  a  la mera  declaración  de  la  nulidad, pues sólo interesa a las partes contratantes las  restituciones y prestaciones mutuas.   

                             Para demostrar su aserto sostiene que del  texto  del  artículo  2o.  de  la  ley  50  de 1936, se infiere que dicha norma  reconoce  al  tercero,  únicamente el derecho a alegar la nulidad absoluta, mas  no  las  restituciones  a  que  la  declaratoria  de  nulidad  da lugar, pues el  artículo  1746  del  C.Civil,  de  manera inequívoca reconoce que el derecho a  volver  las  cosas  al  estado  anterior  al  acto  o  contrato  declarado nulo,  corresponde  exclusivamente  a  las  partes  contratantes,  no  a  los  terceros  legitimados en la causa.     

                             Finaliza solicitando se case la sentencia  atacada  en  lo referente a los numerales 2o., 3o. y 4o. de la parte resolutiva,  para  que  en sentencia sustitutiva se absuelva al Municipio de Manizales de las  condenas impuestas.   

CONSIDERACIONES  

                             1.  De  acuerdo  con el art. 1746 del C.  Civil,  la  declaración  judicial  de  la  nulidad de un contrato, “da  a las partes derecho para ser restituidas al mismo estado en  que    se   hallarían   si   no   hubiese   existido   el   acto   o   contrato  nulo”.   Consagra   este   artículo   los  efectos  retroactivos  de  la nulidad, sin distinguir su clase, al afectar el pasado, por  cuanto  las  cosas  deben  volver  al  estado  anterior  a  la  celebración del  contrato,  como  si  éste no hubiese existido. Son estos los efectos ex tunc de  la  sentencia  declarativa  de la nulidad, que permiten suponer como lo ha dicho  la  Corporación  que  “el  acto o contrato no tuvo  existencia  legal,  y entonces, por imperativo de lógica, hay que restaurar las  cosas  al  estado  en  que  se hallarían si dicho acto o contrato no se hubiese  celebrado” (G:J. CXXXII, pág. 250).   

                             Ahora, según lo ha definido la Corte, la  regla  general  que  sienta  el  art.  1746  tiene dos excepciones: a) cuando la  nulidad  tiene  como  motivo  la  causa o el objeto ilícito, caso en el cual no  puede  repetirse  lo  que se haya dado o pagado a sabiendas de la ilicitud (art.  1525  ibídem),  y b) cuando se declara la nulidad del contrato celebrado con un  incapaz  sin los requisitos que la ley exige, evento en el cual el que contrató  con  él  no  puede  pedir  restitución o reembolso de lo que gastó o pagó en  virtud  del  contrato invalidado, sino en cuanto probare haberse hecho más rica  con ello la persona incapaz (art. 1747 del C. Civil).   

                              Con   todo,   respecto   al  campo  de  aplicación  del  art. 1746, la Corte tiene dicho que este precepto “regula   las   situaciones   de   carácter  sustancial  que  se  cumplirían  entre  las partes contratantes cuando una  de  ellas  solicite la declaración de nulidad. Y como  el  mismo  artículo estableció que eso era sin perjuicio de lo prevenido sobre  el  objeto  o causa ilícita, aspecto previsto por el artículo 1525 del Código  Civil,  al  ordenar  que no podrá repetirse lo que se haya dado o pagado por un  objeto  o  causa  ilícita,  a  sabiendas,  lógicamente,  se  deduce  que  esas  disposiciones   sólo   son   aplicables  cuando  se  controvierte    la    nulidad   entre   las   partes   contratantes;  pero  no,  cuando  quien  la solicita es un tercero en calidad de  acreedor,  con  el  objeto de reintegrar el patrimonio de su deudor y obtener la  solución  de  la  deuda, quien, por tal circunstancia es tercero también a los  efectos  que  entre  las  partes  puede  traer la declaración de nulidad por el  recurrente.  Y  esto  es  así,  porque el tercero perjudicado por el acto de su  deudor  en  razón  del  contrato  celebrado  por  éste,  no está dentro de la  posibilidad   de   hecho   de   realizar   lo  que  la  ley  llama  ‘prestaciones    mutuas’. (G.J. ,t.  XC. pág. 643, subrayas texto).   

                             De  modo,  que  conforme lo argumenta la  Corte  en  el  precedente  anterior,  la excepción que al art. 1746 consagra el  art.  1525,  sólo  es  aplicable  cuando  el debate judicial se surte entre las  propias  partes  contratantes,  quienes  vedadas  por  el principio “nadie  es  oído  alegando  su  propia  iniquidad”,  no  pueden  pretender  la  repetición de lo dado o pagado por un  objeto  o  causa ilícita a sabiendas. Empero, si quien reclama la nulidad es un  tercero  interesado por su “calidad de acreedor, con  el  objeto de reintegrar el patrimonio de su deudor y obtener la solución de la  deuda”,  entonces  sí  puede  pedir que la cosa sea  restituida  a  su  propietario, pero sin que respecto de él tenga aplicabilidad  “lo    que    la    ley    llama    prestaciones  mutuas”,  no  sólo porque  “no  está  dentro  de  la posibilidad de hecho” su  realización,  sino  porque  quien  es “tercero”,  “también”  lo  es “a  los   efectos   que   entre   las   partes   puede   traer  la  declaración  de  nulidad”.   

                              La  interpretación  planteada  por  la  Corte,  tiene su razón de ser en dos argumentos: uno ético y otro pragmático.  El  primero permite predicar la intransmisibilidad de la sanción prevista en el  art.  1525,  porque  como  tal solo puede imponerse a quien personalmente estuvo  comprometido   con   la   mala   fe   al   celebrar   el  contrato  “a  sabiendas”  de  la  ilicitud.  El  segundo,  porque  como  quedó  dicho,  el  tercero  no  está en posibilidad de  cumplir  prestaciones  o  hacer  restituciones  de  cosas  que  nunca recibió o  aprovechó.   

                             2.  En  el  presente  caso,  el  tercero  demandante  pretendió además de la declaración de nulidad del contrato que le  afectaba,  “Decretar las restituciones recíprocas a  que  hubiere  lugar,  …de  acuerdo con lo previsto en el art. 1746 del Código  Civil”;   petición   que  respondió  el  Tribunal  disponiendo  que el municipio de Manizales, restituyera a los otros codemandados  el       “inmueble      materia      de      la  convención”  y  pagara  frutos  por el valor que la  sentencia  indica,  amen  de  ordenarle  a  los  codemandados reintegrar al ente  público    el    precio    recibido    con   la   correspondiente   corrección  monetaria.   

                             Contra  estas  decisiones  se orienta el  cargo,  porque según el recurrente el interés del tercero queda circunscrito a  la  mera  declaración  de nulidad, pues las restituciones y prestaciones mutuas  sólo  interesan  a  las partes contratantes, porque eso es lo que se infiere de  una  correcta  interpretación  del  art. 2º. de la ley 50 de 1936 y una debida  aplicación de los arts. 961 a 971 y 1746 del C. Civil.   

                             A  decir  verdad,  el  impugnante  tiene  razón  dadas  las  particularidades  del  caso concreto, porque el interés del  tercero  poseedor  en  vía  de  adquirir por prescripción el bien objeto de la  negociación,  que  por  virtud  de ella entró a ser parte del patrimonio de un  ente  público,  ve  satisfecho  su  interés  con  la  declaración  de nulidad  contractual  que apareja reintegrar al patrimonio del vendedor, persona privada,  el  inmueble  de  cuya  posesión  se trata, pues es este pronunciamiento el que  remueve  el  obstáculo  para  la consumación del modo, si es que se cuenta con  los  otros  elementos  que  lo  configuran.  Por  supuesto  que  el “derecho”  de  retrotraer  totalmente  las  cosas  para  situarlas  en  su  estado  precontractual, como si el contrato  impugnado  nunca  se  hubiese  celebrado,  lo  otorga  expresamente el art. 1746  “a   las  partes”  del  contrato.  “…da  a  las  partes  derecho para ser  restituidas  al  mismo estado en que hallarían si no hubiese existido el acto o  contrato  nulo”,  dice la norma. Restituir el precio  reajustado  por parte del vendedor, pagar frutos como obligación del comprador,  además  de  la orden de restitución de la totalidad del bien adquirido, cuando  la  posesión  del  tercero  demandante  se ejerce sobre un sector del mismo que  nunca  perdió,  son disposiciones judiciales que ningún beneficio confieren al  demandante,  precisamente  porque  respecto  de  esas  pretensiones  carecía de  interés para obrar.   

                             De otro lado, es oportuno advertir que la  carencia  de  interés  del  tercero  para  pretender las restituciones, tampoco  pudiera   ser  suplida  por  la  oficiosidad  del  juez,  no  sólo  porque  las  constancias  procesales  descartan  esa  como una intención clara de las partes  contratantes,  sino  porque si bien es cierto que esa oficiosidad la ha aceptado  la  Corte  para  cuando  se  está frente a una pretensión de nulidad de una de  dichas  partes,  bajo el entendido que a ella subyace la de las restituciones no  formulada  explícitamente,  tratándose  de  la pretensión de un tercero no es  dable  ese  mismo  análisis,  porque  como  ya quedó explicado, el interés de  éste  se agota en la propia y exclusiva pretensión de nulidad, sin que pudiera  entenderse  la  referida  implicitud,  mas, como aquí ocurre, cuando las partes  contratantes,  como  ya se advirtió denotan un interés contrario a éstas, que  para  el  caso todavía es más claro por estar frente a una nulidad derivada de  un  objeto  ilícito,  que  como  lo  ha  dicho  la  Corporación  es una de las  excepciones  a  la  aplicabilidad del art. 1746 del C. Civil, de conformidad con  el art. 1525, ibídem.   

                             Por  razón  de  lo  expuesto,  el cargo  examinado debe prosperar.   

SENTENCIA SUSTITUTIVA  

                              1o.   Es   procedente   reiterar,   la  declaración  de  nulidad  absoluta  que  por  objeto  ilícito  del contrato de  compraventa  celebrado entre la Sociedad RECONSTRUCTORA MANIZALES LTDA -RECOMAN-  y  el MUNICIPIO DE MANIZALES, contenido en la escritura pública No. 1629 del 30  de  septiembre  de  1974,  otorgada  en  la  Notaría  Segunda  del  Círculo de  Manizales, dispuso el Tribunal.   

                              Lo  anterior  porque  está  plenamente  establecido  que  para  la  fecha  de  la  venta  dicho  inmueble  se encontraba  embargado  por el Juzgado Segundo Civil del Circuito de ese Municipio dentro del  proceso  ejecutivo  hipotecario  que  adelantaba  Fermín  Naranjo  Aristizábal  frente  a la Sociedad vendedora, como consta en el certificado de tradición que  obra  al  folio  6  del  cuaderno  No. 1., lo cual constituye objeto ilícito al  tenor  del  numeral  3o.  del artículo 1521 del C. C., pues que no se demostró  que  previamente  a  efectuar  la enajenación se hubiese obtenido autorización  del juez o consentimiento del acreedor.   

                             2o. No es procedente proveer respecto de  las  prestaciones  y  restituciones  mutuas  consecuentes  a  la declaratoria de  nulidad,    por    las    razones    expuestas    al    despacharse   el   cargo  quinto.                                                                                                                                                                                                                                                  

                               

                             3o. Al resultar infirmado parcialmente el  fallo  recurrido  en casación, o sea, en cuanto condenó a los demandados   a  prestaciones  y  restituciones  mutuas,  se  impone  revocar  la sentencia de  primera  instancia,  reproduciendo  de  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia  impugnada  en  casación,  aquellos ordenamientos que no fueron desvirtuados por  el citado recurso.   

DECISION  

                             En  armonía  con  lo expuesto, la Corte  Suprema  de  Justicia  en  Sala  de  Casación  Civil  y  Agraria, administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley, CASA  la  sentencia  de  segunda instancia  dictada  por  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Manizales, de agosto  26 de 1993, y, como fallador de instancia,   

RESUELVE  

                                                    1o.  Revocar  la sentencia de primer grado  de  noviembre  11  de 1992, dictada por el Juzgado Segundo Civil del Circuito de  Manizales,  y  en  su  lugar,  declarar  la “nulidad  absoluta  por  objeto  ilícito  del  contrato de compraventa celebrado entre el  MUNICIPIO   DE  MANIZALES  con  la  sociedad  “RECONSTRUCTORA  MANIZALES  LTDA  -RECOMAN-,  contenido  en la escritura pública No. 1629 del 30 de septiembre de  1974,  otorgada  en la Notaría Segunda del Círculo de Manizales”,  como  lo  hubo  de  disponer  el  Tribunal  en la correspondiente  sentencia.                       

                               

2o.  Como  consecuencia  de  la  declaración  anterior  ofíciese  a  la “Notaría mencionada y al  Registrador  de  Instrumentos  Públicos  de Manizales, para que al margen de la  escritura  y  en  el folio de matrícula inmobiliaria dejen las notas que le den  vigencia  y  efectividad  a  esta  sentencia”,  como  igualmente lo ordenó el Tribunal.   

                              3o.   Niéganse  las  restituciones  y  prestaciones  mutuas,  en virtud de lo expuesto en esta providencia a propósito  del recurso de casación.   

                             4o.  Costas en primera instancia a cargo  de  la  parte  demandada,  pero  reducidas al 50%, aclarando que el Municipio de  Manizales  no  está obligado a sufragar agencias en derecho por expreso mandato  del  inciso segundo del ordinal 1o. del artículo 392 del C. de P. C. En segunda  instancia no se causaron, como tampoco en casación.   

                             Cópiese,  notifíquese  y oportunamente  devuélvase al Tribunal de origen.   

JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

MANUEL ARDILA VELASQUEZ  

NICOLAS BECHARA SIMANCAS  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

JORGE SANTOS BALLESTEROS  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

    

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