S 017 99

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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S-017-99

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL Y AGRARIA  

Magistrado Ponente  

DR. JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELS  

Santafé de Bogotá D.C., veintiocho (28) de  mayo de mil novecientos noventa y nueve  (1999).   

                            Rad.- Expediente No. 5132   

         

                             Despacha la Corte el recurso de casación  que  la  parte  demandada  interpusiera en contra de la sentencia dictada por el  Tribunal   Superior  del  Distrito  Judicial  de  Tunja,  Sala  de  Familia,  el  veinticuatro  (24)  de  mayo  de mil novecientos noventa y cuatro (1994), dentro  del   proceso   especial   instaurado   por   la   entonces  menor  S.P.S.   contra  el  señor  J.J.C.H..   

A N T E C E D E N T E S:  

                             i.- En demanda cuyo conocimiento asumió  por  reparto  el  Juzgado Primero de Familia de Tunja, la Defensoría de Familia  del  Centro  Zonal 1 de esta misma ciudad, en representación de la menor S.P.S.  solicitó  que,  previos  los trámites de un proceso ordinario, que se surtiera  con  citación  y audiencia del señor J.J.C.H., en sentencia se dijese que este  es  su  padre  extramatrimonial  y  que,  en  consecuencia,  se halla obligado a  pagarle   el   valor   de   las   cuotas  alimentarias  indispensables  para  su  sostenimiento.   

                             ii.-  Como  fundamento  de  la  anterior  pretensión fueron aducidos los siguientes hechos:   

                             M.L.S.comenzó  a  trabajar  en marzo de  1980  en  la  casa  de J.J.C.H., ubicada en el barrio Popular de Tunja, en donde  iniciaron   relaciones   sexuales   a   finales  del  mes  de  abril  siguiente,  convenciéndola  él  de  que  no  habría  de  pasarle  nada puesto que era una  persona   estéril.   Luego,  él  siguió  frecuentándola  cada  tercer  día,  relaciones  que  se  prolongaron  hasta  marzo de 1981. Como consecuencia de las  mismas,  ella  quedó embarazada en el mes de julio de 1980, y S.P. nació el 14  de  abril de 1981. Durante el tiempo de la gestación, el demandado le colaboró  económicamente  a M.L., ofreciéndole que le iba a comprar un lote y que le iba  a dar un curso de modistería.   

                              iii.-   Recibida   por   el  demandado  notificación  personal  del  auto  admisorio  de  la demanda, en escrito que el  Juzgado  tuvo  como  presentado  en  tiempo,  la  contestó  con oposición a la  pretensión  y con la admisión de haber tenido relaciones sexuales con la madre  de  la menor sólo “por tres veces, en los meses de abril y principios de mayo  de  1980”.  A  continuación  puso de presente: “Es evidente que una persona  como  mi  representado  que  para  la época contaba con 63 años de edad le era  materialmente   imposible   sostener   relaciones   sexuales   por  un  período  ininterrumpido  de  un año, cada tercer día, y en su hogar donde convivía con  su  esposa  e hijos”. Negó tajantemente los restantes hechos. Propuso como de  mérito   las  excepciones  que  denominó  “incapacidad  del  demandado  para  procrear”,  basada  en que el 23 de febrero de 1964 sufrió “un accidente al  montar  un  caballo,  ocasionándole  un  traumatismo  en  un  testículo que le  originó  una  orquitis  traumática”, por lo que “perdió potencia sexual y  capacidad  para  la  procreación”,  lo  que  le  hizo  saber el galeno que lo  atendió.   Y  la  de  “plurium  constupratorum”,  que  apoyó  en  que  habiendo  ocurrido  sus relaciones con la madre de la menor en el mes de abril y  en  la  primera mitad del mes de mayo de 1980, y dándose el nacimiento el 14 de  abril  de  1981,  es hecho que, aunado a la circunstancia de que mientras que la  demandante  laboró  en  la residencia del demandado “consiguió permisos para  ausentarse  por  varios días y en diferentes épocas”, “…permite presumir  que  durante  esas  salidas  la  señorita L. S. mantuvo relaciones sexuales con  otras personas”.   

                             iv.-  Trabada  la litis en los términos  anteriores,  el  a-quo  diligenció lo correspondiente a la primera instancia, a  cuyo   término   profirió   sentencia  estimatoria  de  la  filiación  y  del  señalamiento  de  cuota alimentaria para la menor demandante, confirmada por el  ad-quem la que es objeto del presente recurso de casación.   

FUNDAMENTOS    DE   LA   SENTENCIA   DEL  TRIBUNAL   

                             i.-  Tras un circunstanciado recuento de  la    actuación   cumplida   en   la   primera   instancia,   el   ad-quem  inicia  la parte considerativa de  su  fallo  observando que se encuentran reunidos los presupuestos procesales, al  igual   que   la   legitimación   en   la  causa  tanto  por  activa  como  por  pasiva.   

                             ii.- Ofrece unos comentarios de carácter  general  en  torno a la disposición del numeral 4º del artículo 6º de la ley  75  de  1968  para,  entrando  en  la  materia propia del litigio, señalar que,  contrariamente   a   lo  afirmado  por  el  a-quo,  la  demanda  fue  contestada  extemporáneamente,   por   lo  que  no  ha  debido  tenerse  en  cuenta  y,  en  consecuencia,  no procedía el análisis de las excepciones propuestas, pero que  “en  gracia de discusión y obedeciendo al principio de la reformatio in pejus  (sic)”,  se  ocupará  de  estudiarlas,  hecho  lo  cual  lleva  a  cabo  unas  observaciones    en    lo    relativo    a    la    excepción   de   “plurium  constupratorum”.   

                             iii.-  Dice,  después, que la sentencia  apelada  “tiene  asidero  en  la prueba documental, pericial y testimonial”,  tomando  nota,  en  primer  término,  del  certificado  de  registro  civil  de  nacimiento  de S.P., donde consta que este hecho tuvo lugar el 14 de abril en la  ciudad de Tunja, y que su madre es M.L.S.J.   

                             Expresa enseguida que los peritazgos del  Instituto  Colombiano  de Bienestar Familiar, por su seriedad y objetividad, son  pruebas   que   “constituyen   indicios   graves  que  denotan  la  paternidad  extramatrimonial  de una persona, que unidos a otros que lo complementen aportan  evidencia de tal situación”.   

                              Que,  entonces,  “cuando  el  examen  antropo-heredo-biológico  que  ordena  el  artículo  7º de la ley 75 de 1968,  señala  de  manera expresa que la paternidad es compatible, quiere decir que es  muy  probable,  casi  con  certeza  absoluta,  que  el demandado es el padre del  menor”,  aserción  en  abono  de  la  cual trae a cuento jurisprudencia de la  Corte.   

                             Sobre tales bases,  destaca cómo en  el  caso  de  autos  “…  se practicó un examen antropo-heredo-biológico al  presunto  padre,  la  madre  y  la  menor,  dando  como resultado una paternidad  compatible”  para,  a renglón seguido, descartar los reparos que al susodicho  dictamen  planteara  el  demandado  en  la segunda instancia, “porque -afirma-  este  no  es  el  momento  procesal  oportuno, pues si no estaba conforme con su  resultado,  ha  debido  objetarlo  cuando  se  le corrió traslado del mismo, en  lugar de dejarlo vencer en silencio, en señal de aceptación”.   

                             iv.-  Citando  apartes  de  los  mismos,  aborda  el  examen  de  los  testimonios  recibidos  en  el  proceso, para, a su  término, expresar lo siguiente:   

                              “Reclama   el   apelante   que   las  declaraciones  anteriores  no alcanzan a demostrar con precisión y exactitud la  existencia  de relaciones sexuales  entre M.L.S.J.y J.J.C.H., por la época  de  la  concepción  de  la menor S.P.. Al respecto considera la Sala que dichos  testimonios  sin  importar  que  sean  familiares  de la actora…, son los más  llamados  a  declarar  hechos que se suceden en el seno familiar, sin perjuicio,  eso  sí,  de  mayor  celo  en  su  análisis  y apreciación, de tal manera que  estudiados  conforme  lo  preceptúa  el  artículo 187 del C. de P. C., aportan  evidencia  de  que  la  demandante  efectivamente  fue  a trabajar a la casa del  demandado  en  el  mes  de  marzo de 1980, y que salió de allí faltando más o  menos  dos  meses  para dar a luz, infiriéndose, por lo tanto, la existencia de  dichas relaciones sexuales”.   

                              Afirma   a   continuación,   que  los  testimonios  tienen  “total  respaldo” en la confesión del demandado, quien  acepta  que  tuvo acceso carnal a la demandante, aunque diga que no se prolongó  hasta  el  lapso  en  que  legalmente  se presume la concepción, puesto que tal  actitud,  ha  sido  sostenido  por  esa Sala, es una defensa “…muy común en  esta  clase  de procesos, pretendiendo con la misma eludir las responsabilidades  de  la  paternidad,  pues  no  es explicable que si habían sostenido relaciones  sexuales  en  el  mes  anterior al que se presume ocurrió la concepción, y sin  que  M.L.S.hubiera  abandonado  la  casa,  de repente, sin mediar justificación  alguna las fueran a suspender definitivamente”.   

                              Afirma  al  respecto  que  las  pruebas  incorporadas  al expediente no demuestran la esterilidad: La constancia expedida  por  el  Director del Hospital Regional de San Vicente de Paúl de Garagoa, dice  que  C.H.  fue  recluído  entre  el  23 y el 26 de febrero de 1964 por orquitis  traumática  y  bronquitis, “pero en ningún momento se está certificando que  debido  a  esta enfermedad el paciente quedó estéril”. En cuanto a la receta  médica  del  año  1966 donde se lee que C.H. sufrió en 1964 un traumatismo en  la   región   testicular   y  que  “‘…el   paciente   dice,   desde  entonces  su  función  sexual  se  disminuyó   casi  por  completo  y  no  pudo  tener  más  hijos…’”  es  objetable  porque lo expresado  por  el  médico  no  es  el  resultado  de  “un  minucioso examen científico  practicado  al  paciente  para  poder  concluir  la  disminución de su función  sexual…,  sino  que corresponde al acogimiento de la opinión expresada por el  mismo   paciente”;  además,  “si  el  daño  fue  en  un  solo  testículo,  médicamente  no  implica  infertilidad,  pues  con  uno  solo, perfectamente es  viable  la  reproducción”,  y,  en  fin,  si  no pudo tener más hijos con su  esposa  “no  tuvo  necesariamente que ser a causa del daño sufrido por él en  el  accidente,  sino por causas diversas, máxime cuando la infertilidad aludida  no fue científicamente establecida dentro del proceso”.   

                             vi.-  Deteniéndose  en  la  “exceptio  plurium…”,  afirma que otro tanto procede decirse de la misma, puesto que no  es  posible  tener  como indicativo de relaciones sexuales plurales por parte de  M.L.S.,  el  que  “esporádicamente pidiera permiso para ausentarse de la casa  de  su  patrón  J.J.C.H.  por  varios días o que en la actualidad se encuentre  haciendo  vida  marital  con otro hombre…”. Sobre dichas relaciones, añade,  no  puede presentarse la más mínima duda y en este caso ni siquiera se citaron  a aquellos con quienes hubieran podido tener lugar.   

                             vii.- Concluye diciendo, entonces, que no  están  probadas las excepciones, y que “apareciendo de la prueba testimonial,  pericial  y  de  la  confesión  del demandado un (sic) hechos indicadores de la  existencia  de  relaciones  sexuales  entre  la  madre y el presunto padre de la  menor  S.P.,  por  la  época en que se presume su concepción…, máxime si se  tiene  en  cuenta  que  el  demandado no pudo demostrar su imposibilidad física  para  engendrar  durante  la  misma  época…, se impone la confirmación de la  sentencia apelada”, como es lo que, en efecto, decide.   

LA DEMANDA DE CASACION.  

                             i.-  En  un  solo  cargo,  propuesto con  invocación  de  la  causal  primera  del  artículo  368 del C. de P. C., se le  imputa  a  la  sentencia la violación del artículo 6º, numeral 4º, de la ley  75   de  1968,  como  consecuencia  de  error  de  hecho  consistente  en  “el  desconocimiento de algunas pruebas”.   

                              ii.-  Afirma  el  recurrente  que  hubo  “error  de hecho manifiesto en la apreciación de los testimonios rendidos por  R.E.S.de  R.,  hermana de la demandante, y L.F.R., cuñado de la demandante y, a  su  vez,  en  el desconocimiento de las pruebas que acreditan la esterilidad del  demandado en la época de la concepción”.   

                             Tales  pruebas son: “… El testimonio  de  J.G.S., R.P.V., D.V.V. y H.M.M., y las pruebas documentales aportadas, todas  ellas demuestran la esterilidad de J.J.C.H.”.   

                             iii.-  Al explicar lo que, en su sentir,  es  el  “concepto  y  alcance de la violación”, manifiesta que “aunque el  demandado  acepta  haber sostenido relaciones sexuales con la demandante, afirma  que  fueron  en  época  distinta  a  la estipulada en el art. 92 del C. c., sin  embargo,  asegura que no puede ser el padre de la menor porque por esa época ya  era estéril debido a un accidente”.   

                             iv.- Como pruebas para determinar que el  demandado  era  infértil,  cita  las siguientes: a) Certificaciones que obran a  los  folios  15  (sic),  16  y  17  del expediente. b) Afirmación obrante en la  demanda  en  el  cuarto de los hechos. c) Solicitud de asistencia a la prueba de  espermograma,  no  tomada  por  decisión  del  Dr.  E.Y. T. d) Asistencia a los  exámenes  ordenados  por el Dr. E.Y. T., no practicados porque la demandante no  llevó a la menor S.P..   

                             Dice  que  el  error  está  determinado  “por  el  desconocimiento  de  la  prueba  que  demostraba  la esterilidad del  demandado  para  la  época de la concepción”, y que “condujo al fallador a  aplicar  indebidamente  las normas sustantivas contenidas en el art. 6 de la ley  75  de 1968, como en la ley 45 de 1936, y el art. 92 del C.C., como consecuencia  lógica   incurrió   en   falta   de   aplicación  del  art.  177  del  C.  de  P.C.”   

SE CONSIDERA.  

                             i.-  Aun  cuando  ello  se origina en la  posición  que desde un principio asumió el propio demandado, lo primero que se  advierte  en  la demanda acabada de compendiar, es la incongruencia en que allí  se  cae cuando se afirma, de un lado, que J.J.C. no tuvo relaciones sexuales con  M.L.S.dentro   del   tiempo  en  que  legalmente  se  presume  que  ocurrió  la  concepción  de S.P., mientras que del otro se sostiene que aquél, desde tiempo  atrás,  era infecundo. Hay incongruencia, se dice, pues si el demandado no tuvo  contacto  carnal con la madre de la demandante durante el período que prevé el  artículo  92  del  C.  C.,  poco,  o  mejor, nada importa saber si era capaz de  engendrar,  o  no; pero si, en cambio, se demuestra que hubo trato sexual en ese  lapso, sí resultaría atendible echar mano de tal medio exceptivo.   

                             i.i.-  Acerca de lo anterior, el numeral  4º  del  artículo 6º de la ley 75 de 1968, es bastante expresivo, como quiera  que  tras  erigir en su inciso 1º a las “relaciones sexuales entre la madre y  el  presunto  padre en la época en que según el artículo 92 del Código Civil  pudo  tener  lugar  la concepción” como una de las causales de presunción de  la  paternidad  extramatrimonial  que,  por  tanto,  da  lugar a su declaratoria  judicial,  después  de  prescribir  tal  cosa, se repite, en su inciso 3º, con  toda  explicitud  determina  que  “…  no  se  hará  la  declaración  si el  demandado  demuestra  la  imposibilidad  física  en  que  estuvo para engendrar  durante  el tiempo en que pudo tener lugar la concepción…”, lo que, como de  toda  obviedad  resulta  decirlo,  está  dando a comprender que esta excepción  presupone  la  presencia  de  las  relaciones en el tiempo indicado en el inciso  1º.   

                             De  ahí  que, con razón, se haya dicho  que  la  aducción  de  esta  excepción comporta o entraña admitir que se tuvo  relaciones  sexuales  con  la  madre  durante  el  tiempo en que legalmente pudo  ocurrir  la concepción del hijo. Lo otro, o sea, la negación de haberse tenido  ese  contacto  íntimo  en  el  aludido período, es algo que deja el asunto por  entero  en  manos del demandante, toda vez que sobre este sigue pesando la carga  de  probarlo como hecho sustentatorio de la presunción de paternidad. Por igual  razón  la  aceptación  de las mentadas relaciones aunque ubicadas en un tiempo  distinto,  es  aspecto  que se ofrece como indiferente en lo atañedero a lo que  es  propiamente  el  thema probandum   del  proceso,  no debiendo, por ende, tomársele en cuenta, por lo  menos   de   modo   directo,  para  configurar  la  decisión  cuando  esta  sea  estimatoria.   

                             i.ii.-  Por  eso,  pues,  en el presente  cargo,  no  se  sabría,  a la postre, si lo que el recurrente pretende decir es  que  el  Tribunal se equivocó en la apreciación de los testimonios de R.E.S.de  R.  y  de L.F.R., con fundamento en los cuales, según él, dió por demostradas  las  relaciones  en  las condiciones del numeral 4º del artículo 6º de la ley  75,  o  de  aquellas  que  se  trajeron  con  el  propósito  de  establecer  la  infecundidad  del  demandado,  lo  que se erige en obstáculo para su estudio de  mérito.   

                              ii.-  Mas  si,  de  algún  modo  fuera  salvable  el  inconveniente  anterior, la Sala tropezaría de inmediato con otro  que  también lo malogra, concerniente este a los supuestos errores de hecho que  se  le  enrostran  al  Tribunal  por  el  desconocimiento  de  las  pruebas  que  servirían para constatar que C.H. era estéril.   

                             ii.i.- La tarea de demostrar el error de  hecho  en la apreciación de determinada prueba, implica establecer su evidencia  y  trascendencia.  En lo que toca con la evidencia, cuando el desacierto estriba  en  la  preterición  o  ignorancia  total  de la prueba, la cuestión no ofrece  dificultad  alguna  como que, en la labor comparativa que debe verificarse entre  la  sentencia  y  la  prueba, basta con señalar cómo aquella guarda silencio o  pasa  de  largo  ante  esta. Otra cosa, en cambio, es que el error aparezca como  trascendente,  puesto  que una vez patentizado se debe, asimismo, poner en claro  cómo  sin  él la decisión hubiese sido distinta, lo que exige del recurrente,  en  todo  caso,  indicarle a la Corte cuál es el vigor persuasivo del medio que  el  ad-quem  echó  de  menos,  en orden a la fijación del hecho con la entidad  suficiente para alterar el sentido de la decisión tomada .   

                             ii.ii.-  De los distintos errores que el  recurrente  le endilga al Tribunal tocante con la esterilidad del demandado, sea  lo  primero  anotar  que  no  existe  el  relativo  a  las “certificaciones”  médicas  porque, como allí es visible al primer golpe de vista, el ad-quem las  examinó  para  concluir  que  no demostraban el hecho exceptivo, siendo este el  motivo    por    el   que   no   es   posible   decir   que   desconoció   esos  documentos.   

                             Respecto  de  la  afirmación  del hecho  cuarto  de  la  demanda,  de  la  solicitud  de  prueba  de espermograma y de la  asistencia  a  los exámenes ordenados por el  genetista, el impugnador, lo  mismo  que  en  el  caso  de  las “certificaciones” acabadas de comentar, no  explica  de qué manera, si las hubiere tenido en cuenta, habrían podido variar  el  sentido  de  la  decisión,  tarea  que,  a  no  dudarlo, le habría quedado  bastante  difícil  en la medida en que esas expresiones e intervenciones no son  más  que  alusiones  vagas  o  aproximativas  a  lo que ha debido ser el objeto  concreto     de     la     prueba.     Por    lo    mismo,    el    ad-quem  no  cometió  yerro  de  ninguna  especie cuando las ignoró.   

                              iii.-  En  fin,  si  cupiera  mirar  la  cuestión  desde  el  ángulo  de  las  pruebas  con apoyo en las cuales el  sentenciador   encontró   probadas   las  relaciones  sexuales,  a  saber,  los  testimonios  de  J.G.S.,  R.P. V. Deogracias Vergara V. y H.M.M. Khalil, habría  entonces  que  decir  que el recurrente se abstiene de concretar el error que en  la  correspondiente  apreciación  le atribuye a aquel porque dista mucho de que  se  consideren  satisfechas  las exigencias propias del recurso de casación, el  aseverar,  de  modo  general,  o sea sin descender al análisis confrontativo de  cada   medio   probatorio  particularmente  considerado,  que  el  dicho  de  la  demandante  (sic)  y  los testimonios de familiares “…no tienen el carácter  de  plena prueba para demostrar  los hechos de la demanda en razón a (sic)  que  se  trata  de declaraciones incompletas que no convergen a la demostración  de  la  paternidad de J.J.C.H. respecto de la menor S.P., y que no acreditan las  relaciones sexuales para la época de la concepción…”.   

                             No  son, en consecuencia, indispensables  otros  comentarios  para concluir que los mencionados defectos técnicos impiden  la prosperidad del cargo.   

DECISION  

                            Con  apoyo  en  lo  discurrido, la Corte  Suprema  de  Justicia,  en  Sala  de  Casación  Civil  y Agraria, administrando  justicia   en   nombre  de  la  República  y  por  autoridad  de  la  ley   NO  CASA   la sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Tunja, Sala de  Familia,  el  24  de  mayo  de 1994, dentro del proceso ordinario instaurado por  S.P.S.  en frente del señor  J.J.C..   

                            Costas en el recurso de casación a cargo  de la parte recurrente. Tásense  oportunamente.   

Notifíquese  

JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

NICOLAS BECHARA SIMANCAS  

CARLOS ESTEBNA JARAMILLO SCHLOSS  

PEDRO LAFONT PIANETTA  

Referencia: Expediente No. 5132  

JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ  

RAFAEL ROMERO SIERRA  

JORGE SANTOS BALLESTEROS    

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