S 078 99 [4823]

1999

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

S-078-99 [4823]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL Y AGRARIA  

Magistrado  Ponente:   Dr. JOSE FERNANDO  RAMIREZ GOMEZ   

Santafé de Bogotá, D. C., diecinueve (19) de  octubre de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

Referencia:      Expediente    No.  4823   

                             Procede  la  Corte  a decidir el recurso  extraordinario  de  casación  formulado  por  la  parte  demandante  contra  la  sentencia   proferida   por  el  Tribunal  superior  del  Distrito  Judicial  de  Florencia,  el  5 de noviembre de 1993, en los procesos ordinarios (acumulados),  promovidos  por  José Lisandro Cabrera Toledo contra Fermín Guevara Carvajal y  Agapito Obregón Ramírez, respectivamente.   

ANTECEDENTES  

                             1. En el primer proceso el citado Cabrera  Toledo  demandó  a  Fermín  Guevara  Carvajal, pretendiendo la resolución del  contrato  de  compraventa  entre  ellos  celebrado,  respecto  de  un  vehículo  campero,  marca  Nissan  Patrol,  de  placas  AT-5461,  por cuanto el mencionado  demandado-comprador,  incumplió  con  la  obligación  de pagar el “saldo  del  precio”. Consecuentemente  se  impetró  la  restitución  del automotor, así como el pago de “frutos  civiles,  contados  a  partir  de  la fecha en que aquél  recibió  el  bien”.  También  se  solicitó que el  demandado   fuera   condenado   a  pagar  la  suma  de  dos  millones  de  pesos  ($2.000.000),    “como    cláusula    penal   por  incumplimiento”,             “conforme a lo estipulado en el contrato”.   

                              Subsidiariamente  se  pidió  que  como  consecuencia  de  la  resolución  se  condenara  al  demandado  a  restituir al  demandante  el  dinero  que  aquél  hubiera  recibido  por  la enajenación del  vehículo  a  un  tercero, reajustado al día del pago, así como el valor de la  cláusula   penal   pactada,   igualmente   actualizado   a   la   fecha  de  su  pago.   

                             Como  segunda subsidiaria, se pretendió  además   de   la  resolución,  el  pago  de  la  cláusula  penal  debidamente  actualizada al día de la cancelación.   

                                2.-  En  el  proceso  adelantado  contra el señor Agapito Obregón Ramírez, se  pretendió  previa  declaración  de  dominio  del señor José Lisandro Cabrera  Toledo,  sobre  el  identificado  vehículo,  que el demandado fuera condenado a  restituírselo  al  demandante.  Asimismo,  se  pidió  que  el  señor  Agapito  Obregón  Ramírez  fuera  condenado  a  pagarle a José Lisandro Cabrera Toledo  “el   valor   de  los  perjuicios  que  le  hubiere  ocasionado     la     retención    indebida    del    vehículo    de    placas  AT-5461”  y  “los frutos  civiles   que   hubiere  podido  generar”  hasta  la  restitución,  así  como  “los  deterioros que haya  sufrido  el  vehículo  estando  en  posesión  del  señor  Obregón  Ramírez,  debidamente indexado a la fecha en que se efectúe el pago”.   

                              3.-   Como   hechos   fundantes   de   la  primera  demanda  se  expusieron  los  siguientes:   

                             3.1.-  Mediante contrato celebrado el 12  de  enero  de  1990,  José  Lisandro  Cabrera  T.  vendió a Fermín Guevara el  automotor  de  placas  AT-5461. El precio acordado por dicha negociación fue la  suma  de  diez  millones  de  pesos  ($10.000.000),  de  los  cuales el vendedor  recibió  a entera satisfacción tres millones quinientos mil pesos ($3.500.000)  y  un  cheque por el saldo, el cual debía ser presentado para el pago el 27 del  mes y año mencionados.   

                             3.2. El demandado incumplió el contrato,  porque  cuando  fue  presentado  el  cheque  para  su cobro, fue devuelto por la  causal de fondos insuficientes.   

                             3.3. Por su parte el demandante cumplió  con  lo  pactado,  pues  al momento de la celebración del contrato hizo entrega  del vehículo.   

                             3.4.  Las  partes contratantes acordaron  como  cláusula  penal  por  incumplimiento  la  suma  de  dos millones de pesos  ($2.000.000).   

                             3.5.  También  convinieron  las partes:  “si el incumplimiento de este contrato es por cuenta  del  comprador,  además  de  cumplir  la  cláusula  Quinta, el vendedor podrá  recoger inmediatamente su vehículo”.   

                             3.6.  “Debido  al  incumplimiento  del comprador el señor JOSÉ LISANDRO CABRERA T., jamás le  transfirió  el dominio sobre el automotor de placas AT-5461, motivo por el cual  es actualmente su único propietario”.   

                             3.7.  El demandado entregó el automotor  al señor AGAPITO OBREGON.   

                             4. A su vez la demanda reivindicatoria se  sustenta  en los argumentos fácticos que se sintetizan a continuación (fls. 45  y 46, c.1):   

                              4.1.  José  Lisandro  Cabrera  Toledo  compró  a  la  firma Barberi Inversiones Aba y Cía. S. en C. un campero, marca  Nissan  Patrol, modelo 1985, placa AT-5461; vehículo respecto del cual celebró  un  contrato de compraventa el 12 de enero de 1990 con el señor Fermín Guevara  Carvajal.   

                              4.2.   Debido  al  incumplimiento  del  comprador  en  el  pago  del precio, el demandante se abstuvo de transferirle el  dominio del automotor.   

                             4.3.  “En el  contrato   de  compraventa  celebrado  entre  JOSE  LISANDRO  CABRERA  T.,  como  vendedor,  y  FERMIN  GUEVARA  CARVAJAL,  como  comprador,  en  relación con el  automotor  de  placas  AT-5461,  el  primero se reservó el derecho de propiedad  sobre  el  vehículo hasta tanto el adquirente no cumpliese con sus obligaciones  pactándose   que   ‘…EL  VENDEDOR      podrá      recojer      (sic)     inmediatamente     su          vehículo’.      (Subrayado     fuera     del  texto)”.   

                             4.4. “La falta  del  pago del precio del automóvil, llevó al señor JOSÉ LISANDRO CABRERA T.,  a  demandar  ante  el  Juzgado Segundo Civil del Circuito de Florencia, a FERMIN  GUEVARA  CARVAJAL,  a fin de obtener la resolución del contrato celebrado el 12  de enero de 1990 a que se refiere el numeral 2 de este acápite”.   

                             4.5. Fermín Guevara Carvajal entregó el  vehículo    al    demandado    Agapito    Obregón    Ramírez,    “quien  lo  guardó  en  el  garaje  ubicado…,  ocultándolo del  demandante, y de terceros en general”.   

                              4.6.  Obregón  Ramírez  conocía  los  antecedentes  del  contrato  mencionado, así como el incumplimiento de Guevara,  por lo cual debe reputársele como poseedor de mala fe.   

4.7.  El demandante aparece inscrito ante el  Departamento  Administrativo  de Tránsito y Transporte de Bogotá, como titular  del  derecho  de  dominio del campero en cuestión, siendo la única persona que  ha cancelado los respectivos impuestos.   

5.  Por  auto  del  10  de abril de 1991, el  Juzgado  Segundo Civil del Circuito de Florencia, atendiendo una petición de la  parte  actora  decretó la acumulación de los procesos ordinarios mencionados y  los tramitó bajo una misma cuerda.   

6.-  En la contestación dada a las demandas  se afirma lo siguiente:   

6.1.  En el proceso ordinario de resolución  de  contrato  no  se  pudo  notificar  en  forma  personal  al demandado Fermín  Guevara,  motivo  por el cual se le designó curador ad  litem,    quien   no   contestó   el   libelo   del  actor.   

6.2. En el proceso ordinario reivindicatorio  el  apoderado  del demandado se opuso a las pretensiones, no sin antes exigir la  prueba  de los hechos. Concretamente argumentó que el demandante José Lisandro  Carvajal,  había  enajenado  el  vehículo que pretendía reivindicar al señor  Fermín  Guevara,  quien a su vez se lo vendió al demandado de este proceso, es  decir,  el  señor Agapito Obregón, quien por tal razón debe considerarse como  poseedor de buena fe.   

7. Mediante sentencia de 10 de julio de 1992,  el  Juzgado  Segundo  Civil  del  Circuito  de  Florencia  accedió  en  primera  instancia  a  las pretensiones del demandante, así: declaró la resolución del  contrato   de  compraventa;  condenó  al  señor  Fermín  Guevara  Carvajal  a  restituir  el automotor a favor del demandante; igualmente lo condenó a pagarle  la  suma  de  siete millones setecientos treinta y siete mil pesos ($7.737.000),  por  concepto  de “frutos civiles y el rendimiento de  la  parte  proporcional  de la deuda, desde el 12 de enero de 1990, fecha en que  recibió  el  bien”.  También lo condenó a pagar la  suma  de  tres  millones doscientos noventa y ocho mil ochocientos ochenta y dos  pesos  ($3.298.882),  como  “valor  de  la cláusula  penal  justamente  actualizada”.  Además,  luego de  declarar  que  el  señor  José  Lisandro  Cabrera  Toledo  es  propietario del  vehículo,   condenó   al  señor  Agapito  Obregón  Ramírez  a  “restituir  a  favor del demandante” el  mencionado  automotor  y  a  pagarle el “monto de los  perjuicios  ocasionados,  por retención indebida del automotor”, tasados  en  cuatro  millones  doscientos  setenta  y ocho mil pesos  ($4.278.000)  y  los  frutos  civiles  calculados pericialmente en tres millones  quinientos  dieciséis  mil doscientos cuarenta pesos ($3.516.240). Por último,  el  demandado  Agapito  Obregón  Ramírez fue condenado a pagarle al demandante  por  los  deterioros  sufridos  por  el  automotor,  la  suma  de  tres millones  novecientos sesenta y un mil ciento once pesos ($3.961.111).   

8. Apelada como fue la referida sentencia por  el  apoderado  del  demandado  que  concurrió al proceso y adhesivamente por el  curador  del  demandado Fermín Guevara Carvajal, el Tribunal por sentencia de 5  de  noviembre  de  1993, la revocó, disponiendo en consecuencia la negación de  la  pretensión  de  resolución  del  contrato,  para  en su lugar “acoger  parcialmente la pretensión segunda subsidiaria formulada  por  el actor y de consiguiente condénase a Fermín Guevara Carvajal a pagar en  favor  del  actor  José Lizandro Cabrera Toledo el saldo insoluto, por valor de  seis  millones  quinientos  mil pesos…, así como la suma de un millón ciento  ochenta  y  tres mil pesos… por corrección monetaria correspondiente al 18.2%  conceptuada por el Banco de la República.   

“Tercero.-   Igualmente   condénase  el  demandado  Fermín Guevara Carvajal a pagar a favor del demandante… la suma de  dos  millones  de  pesos…  correspondiente  a la cláusula penal pactada en el  contrato,  más  la  suma  de  trescientos  sesenta  y  cuatro mil pesos… como  corrección monetaria…   

“Quinto.- Absuélvase al demandado Agapito  Obregón  Ramírez  de las súplicas invocadas por el actor y como consecuencia,  ordénase    la   entrega   a   su   favor   del   vehículo   objeto   de   las  pretensiones…”   

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

                             1.- Para adoptar la decisión objeto del  recurso  de  casación  que  hubo  de  proponer  la parte demandante, el ad quem  consideró:   

                               Luego   de   algunas   elucubraciones  jurídicas   en  torno  al  contrato  de  compraventa  y  los  elementos  de  la  pretensión  resolutoria,  conforme  a  lo  dispuesto por los arts. 1496, 1546 y  1849  del  C.  Civil,  el  Tribunal  desciende al caso concreto para afirmar que  “el  vendedor cumplió con su obligación cual es la  de  entregar  la cosa objeto del contrato” (art. 1880  ibídem),  mientras  que el comprador incurrió en incumplimiento, por cuanto no  pagó  la  totalidad del precio pactado. Entonces, con apoyo en el art. 1930 del  C.  Civil,  concluyó  que  el vendedor estaba legitimado y tenía interés para  pretender  el pago del precio o la resolución del contrato con resarcimiento de  perjuicios.   

                              Definido  lo  anterior,  procedió  el  Tribunal  a examinar lo concerniente a la pretensión reivindicatoria, acerca de  la   cual   expuso:  El  “ejercicio  de  la  acción  reivindicatoria  encierra  necesariamente  la afirmación de que el demandado es  poseedor  de  la  cosa”,  de la que el demandante es  dueño,  sin  embargo,  acota,  en  este caso dos personas distintas aseveran el  dominio  sobre  la  misma  cosa.  Punto  respecto del cual sostuvo: “la  legitimidad del accionante se halla acreditada en el plenario  para  incoar  su  pretensión  por  cuanto  ha allegado al libelo demandador los  documentos  administrativos  que  lo  acreditan  como propietario de la cosa por  reivindicar.  Por su parte el demandado Obregón Ramírez alega que el vehículo  pretendido  por  el actor lo adquirió de buena fe, habiendo cancelado el precio  que   se   pactó  con  el  vendedor  Fermín  Guevara  Carvajal”.  Con  todo,  añade, del estudio de la cláusula sexta del contrato  de  compraventa  celebrado  entre  Cabrera y Guevara, por la cual el vendedor se  reservó  el  derecho  de  “recoger inmediatamente su  vehículo”,  en caso de incumplimiento del comprador,  se concluye que en dicho contrato se pactó una reserva de dominio.   

                             Ahora, dice, como el Código Civil sólo  contiene  un  artículo  destinado  a  ese  tema,  debe  acudirse  entonces a la  regulación  del  Código  de  Comercio,  y en particular a los arts. 952 a 957,  donde  el  inciso  2º.  del  art.  953  señala que la reserva de dominio sólo  produce  efectos  frente  a  terceros  si es inscrita en el registro respectivo,  formalidad  esta  que  no  se  cumplió  con  relación  a  la cláusula de esta  estirpe,  pactada en el contrato celebrado entre los señores Cabrera y Guevara,  razón   por   la   que   descarta   esos   efectos,   como   lo   reclamaba  el  demandante.   

                              2.-  Ubicado  en  el  tema  del  contrato de compraventa celebrado entre Fermín  Guevara  y  Agapito  Obregón,  el  Tribunal  comienza por afirmar que los arts.  1933,  1547  y  1548  del  C.  Civil,  tienen  por  objeto  proteger  a terceros  poseedores  de  buena  fe,  siendo  esa  la  situación  del  demandado Obregón  Ramírez,  pues  el  demandante  no  desvirtuó  la  presunción de buena fe que  ampara  al  demandado.  En  cuanto  a la posesión como hecho material, dijo que  ésta  la demostró el demandado con los testimonios de las personas cuyo nombre  indica  la  sentencia  impugnada,  a lo cual “se auna  que  la  transferencia  del  automotor  efectuada por Fermín Guevara Carvajal a  favor  de  Obregón  Ramírez,  al  tener  presente la fecha de suscripción del  contrato  de promesa de venta, sucedió con posterioridad al veintisiete (27) de  enero  de  mil  novecientos  noventa  (1.990),  fecha  en  la  cual aquel debía  cancelar  el  saldo  del  precio  pactado  con  el  demandante”.  Por  consiguiente,  negó  la pretensión reivindicatoria que contra  éste se formuló.   

                             3.- Finalmente expresa el Tribunal que en  la    sentencia    de    primera    instancia,    el    a    quo    “omitió      disponer     la     restitución”   de  lo  pagado  inicialmente  por  el  comprador,  junto  con  la  corrección    monetaria,    patrocinando    así    un    enriquecimiento   sin  causa.   

                             4.- Con fundamento en lo expuesto, y ante  la  no  viabilidad de la acción reivindicatoria, estima el ad quem, tal como lo  dispone  el  art.  1547  del  C.  Civil, “en justicia  correspondería  condenar  al  demandado  Fermín  Guevara  Carvajal  a pagar al  demandante  José  Lisandro  Cabrera  Toledo el saldo del precio insoluto, junto  con  la  respectiva  corrección  monetaria,  como  también  la cláusula penal  pactada  en  el contrato suscrito entre los mismos, accediéndose de esta manera  parcialmente  en  las pretensiones subsidiarias del libelo demandador, volviendo  el  vehículo  al  poder  del  demandado  Agapito  Obregón Ramírez por haberlo  adquirido de buena fe”.   

EL RECURSO DE CASACION  

Cuatro   cargos   propone   el  demandante  recurrente  contra la sentencia del Tribunal. Dos con respecto a la sentencia en  cuanto  resolvió  el conflicto trabado con el señor Fermín Guevara Carvajal y  dos  con  relación  a  la  decisión  de  las pretensiones formuladas contra el  señor Agapito Obregón Ramírez.   

Consultando  el  orden  de  proposición, la  Corte  resolverá  en  primer  lugar  el  cargo  fundado  en  la  causal 2ª del  artículo  368  del  Código de Procedimiento Civil, y luego el segundo, el cual  está  llamado  a prosperar y arrasa con la plenitud de la sentencia dictada con  respecto  al señor Guevara Carvajal. Seguidamente se decidirá el cargo cuarto,  el cual también resulta próspero.   

CARGO PRIMERO  

1.- Con apoyo en la causal 2ª del artículo  368  del  Código de Procedimiento Civil, se acusa la sentencia del Tribunal por  incongruente,  “ya que decreta puntos no pedidos por  el  demandante”  y, además, lo hace “alterando   el   orden”  en  que  fueron  formuladas las pretensiones.   

2.-  Lo  primero,  porque  en la pretensión  segunda  subsidiaria  de la demanda entablada contra FERMIN GUEVARA CARVAJAL, el  actor  solicitó  “se declare resuelto el contrato de  compraventa  celebrado”, frente al incumplimiento de  sus  obligaciones, y lo condenara a pagar a su favor, la suma de dos millones de  pesos,   como   cláusula   penal  por  el  citado  incumplimiento,  debidamente  actualizada  a la fecha de su pago, pero el Tribunal al revocar la sentencia del  juzgado,  para negar la resolución y acoger parcialmente la pretensión segunda  subsidiaria,  no  sólo condenó al demandado a pagar al demandante el saldo del  precio,  así  como  la  corrección  monetaria,  sino  el valor de la cláusula  penal, indexada.   

Una  simple  comparación,  dice  el censor,  entre  lo  pedido y lo concedido, permite vislumbrar la incongruencia, porque en  la   pretensión   segunda  subsidiaria,  ni  en  ninguna  otra,  el  demandante  “pidió  que  se  condenara al demandado al pago del  saldo  insoluto  del  precio”, sino lo que pretendió  fue   destruir   el   contrato   “a  través  de  su  resolución”.   

3.-  Lo  segundo,  al acoger “una    pretensión    consecuencial    relativa   a   la   cláusula  penal”,  pero  sin admitir la pretensión de la cual  pendía,    como    era    la    “resolución   del  contrato”,  evento  este  típico  de incongruencia,  como  lo ha considerado la Corte, porque si el Tribunal negó dicha resolución,  no podía prosperar su consecuente.   

CONSIDERACIONES  

1.-  Aun  cuando  en  la  demanda  enderezada  contra  FERMIN GUEVARA CARVAJAL, el demandante no solicitó  el  cumplimiento  del contrato que había celebrado con aquél, es indudable que  a    pesar   de   dejarse   sentado   en   la   sentencia   que   el   demandado  “incumplió  el  contrato  promesa  de  venta (…), al no haber efectuado la cancelación del precio total  pactado”,    lo   cual  legitimaba    al    actor    para    “incoar      la      resolución     del     mismo”,  el  Tribunal  adoptó las decisiones que se  cuestionan   en   el  cargo,  ante  la  especial  circunstancia  de  encontrarse  “acumulado   el  proceso  reivindicatorio  que  el  mismo  demandante…adelanta  contra  Agapito Obregón  Ramirez”,  por lo que como  dicha  pretensión  no prosperaba, por ser el demandado un poseedor de buena fe,  se     imponía     resolver    lo    correspondiente,    “en  lo  atinente  a las prestaciones mutuas entre  las         partes        litigantes”.   

Así  las  cosas, el Tribunal concluyó, con  base  en el artículo 1547 del Código Civil, que “en  justicia”     había     que     “condenar   al   demandado   Fermín  Guevara  Carvajal  a  pagar  al  demandante  José  Lizandro  Cabrera  Toledo el saldo del precio insoluto, junto  con  la  respectiva  corrección  monetaria,  como  también  la cláusula penal  pactada  en  el contrato suscrito entre los mismos, accediéndose de esta manera  parcialmente  en las pretensiones subsidiarias del libelo demandador”.   

2.- Como se observa, en el cargo no se acusa  la  sentencia  por no estar en armonía con los hechos que fueron expuestos para  demandar,  sino  por  no estar en consonancia con lo pretendido y lo pedido, por  lo  que,  como  se  tiene dicho, esta especie de inconsonancia, en cualquiera de  sus     modalidades     de     extra,     ultra     o    mínima    petita,   necesariamente   debe  buscarse  confrontando  la  parte  resolutiva  de  la sentencia, que es la que contiene la  decisión  del  conflicto sometido a composición judicial, con todas y cada una  de  esas  circunstancias,  para,  previa  labor  de  parangón, establecer si en  realidad  se  presenta  un  ostensible  desacoplamiento  entre lo resuelto y los  límites  fijados  por  los  litigantes  o  por la misma ley cuando el juez debe  actuar inquisitivamente.   

3.- Si bien el Tribunal condenó al demandado  FERMIN  GUEVARA CARVAJAL a pagar al demandante el saldo del precio y el valor de  la   cláusula   penal   estipulada,  en  ambos  casos  con  la  correspondiente  corrección  monetaria,  podría  afirmarse  que  ello  comportaba una decisión  encaminada   al   cumplimiento  de  lo  pactado,  cuando  lo  impetrado  fue  la  resolución  del  respectivo  contrato,  incurriéndose  así  en  el  vicio  de  procedimiento denunciado.   

En efecto, obsérvese que  Tribunal  no  decretó  la  resolución  del  contrato,  a pesar de haber dejado  establecido  el  incumplimiento  del demandado, por la especial circunstancia de  hallarse   “acumulado  el  proceso  reivindicatorio  que  el  mismo  demandante…adelanta  contra  Agapito  Obregón  Ramirez”, por lo  que  como  la reivindicación no prosperaba, por ser el demandado un poseedor de  buena  fe,  se  imponía  resolver  lo  correspondiente,  “en  lo  atinente  a las prestaciones mutuas entre  las   partes  litigantes”.  Como  se  palpa,  estas  son consideraciones jurídicas en que se hizo descansar  las  disposiciones  de  la  sentencia  que  por  supuesto no se pueden atacar en  casación   con   base   en   la   causal   segunda,   sino   en   la   primera.   

4.- Así las cosas, el cargo que se despacha  no está llamado a abrirse paso.   

CARGO SEGUNDO  

1.- Con apoyo en la causal 1ª del artículo  368   del   C.P.C.,   se   acusa   la   sentencia   del   Tribunal  “de  violar  directamente  los  artículos 1546 y 1930 del Código  Civil  y  870  del  Código de Comercio, por falta de aplicación” (folio 15, c. C.).   

2.-  Para demostrar la procedencia del cargo  el  censor  sostiene:  “el  Tribunal inicia su fallo  estudiando  la  pretensión  relativa  a  la resolución de contrato y, luego de  enunciar  los  requisitos  de  ésta  y de encontrar que todos ellos se probaron  durante  el  proceso,  concluye  su motivación afirmando que la solicitud de la  resolución  del contrato es procedente en el caso en examen. Sin embargo, en la  parte  resolutiva  de  su  sentencia…  el Tribunal… negó la resolución del  contrato  pedida  por  el demandante…” (ibídem).  En  prueba de su aseveración,  el  recurrente  transcribe  algunos  párrafos  de  la motivación y de la parte  resolutiva   de   la   sentencia,   luego  de  lo  cual  concluye:  “al   encontrar   demostrados   los   supuestos  fácticos  de  la  resolución   del  contrato,  pero  negarse  a  decretarla,  viola  el  Tribunal  directamente  los  artículos  1546  y  1930  del Código Civil, por no haberlos  aplicado  para  resolver  el  litigio, así como el artículo 870 del Código de  Comercio…”      (folio     17     id.).   

CONSIDERACIONES  

                             1.- El numeral 1º. del artículo 368 del  C.  de  P. C. contempla como causal de casación “ser  la      sentencia      violatoria      de      una      norma     de     derecho  sustancial”,    violación  a  la  cual  puede  llegarse  por  dos vías diferentes: la directa o la indirecta. Se incurre en la  primera  cuando  el  fallador  no  obstante  apreciar  correctamente  el aspecto  fáctico  o  probatorio  del  litigio  infringe  derecha  o  rectamente la norma  sustancial,  ya  sea  por  dejar  de  aplicar  en la sentencia un texto legal de  naturaleza  sustancial  que  ha debido emplearse en ella -falta de aplicación-,  ora  porque  no  obstante aplicar el que legalmente corresponde le da un alcance  que  no  tiene  -interpretación errónea-, o porque aplica al litigio una norma  sustancial    que   no   corresponde   -aplicación   indebida-.   Se   infringe  indirectamente  la  ley,  cuando la violación es consecuencia de los errores en  que incurre el fallador en el ámbito probatorio.   

                               2.-   En   el   asunto   sub  judice  se  observa que, el Tribunal  luego  de  analizar los requisitos esenciales de la acción resolutoria a la luz  del artículo 1546 del C. C., concluyó:   

                             “Conforme a las probanzas allegadas al  plenario,  sin  necesidad  de  efectuarse un análisis extenso y completo en las  mismas,  detalla  la Sala que el comprador, Fermín Guevara Carvajal, incumplió  el  contrato  de  promesa  de  venta que suscribió con el actor, José Lizandro  Cabrera  Toledo,  todo  esto,  al  no haber efectuado la cancelación del precio  total pactado en el contrato.   

                             “Entonces,  dando  aplicabilidad  a lo  normado  en  el art. 1930 del C. Civil, el vendedor tiene derecho para exigir el  precio  o  la  resolución  de  la venta, con resarcimiento de perjuicios, fluye  luego,  habiendo  cumplido  el demandante con su obligación de entregar la cosa  objeto  del  contrato,  se  halla  legitimado  para  incoar  la  resolución del  mismo.   

                              “…para   así  concluirse  con  la  resolución  correspondiente,  en  lo  atienente (sic) a las prestaciones mutuas  entre las partes litigantes”.   

                             3.-  De  conformidad  con  lo  anterior,  fácilmente  se  advierte  que  no  obstante  el  Tribunal  hallar demostrado el  siguiente  cuadro  fáctico,  compartido  por  la  censura:  contrato  bilateral  válido,  cumplimiento  del  vendedor  e incumplimiento del comprador, de manera  inexplicable   y   contradictoria   concluye   la  sentencia  revocando  la  del  a   quo   y   negando  la  resolución  del  contrato,  con  lo  cual  sin lugar a dudas vulneró de manera  directa  las  normas de derecho sustancial citadas por el casacionista por falta  de  aplicación,  por  cuanto  la  situación  antes  descrita  perfectamente se  subsumía  en  la  hipótesis  legalmente  prevista  como tutela jurídica de la  pretensión  resolutoria que hubo de formular la parte demandante (art. 1546 del  C.  Civil),  pues  como  reiteradamente  lo ha predicado la jurisprudencia de la  Corporación,  la  viabilidad  de la acción en comentario además de tener como  fundamento  la  celebración  de  un contrato bilateral válido, requiere que el  contratante  contra  el  cual  se  promueve haya incumplido el contrato y que el  actor  por su parte, haya cumplido o se haya allanado a cumplir las obligaciones  a  su  cargo  en  la  forma  y  tiempo debidos. Desde luego, que tratándose del  incumplimiento  del demandado, la jurisprudencia ha establecido que “es  deber  inexcusable  del  juez,  para  que  su  fallo  resulte  equitativo,  detenerse  sobre el requisito de la importancia que la ley requiere  para  que  el  incumplimiento invocado dé asidero a la pretensión deducida; en  justicia  el  contrato  no se podrá resolver si el incumplimiento de una de las  partes  contratantes tiene muy escasa importancia en atención al interés de la  otra”.  (Sent.  de  Cas.  de  11  de  sep. de 1984).  Circunstancia  esta última que por ser completamente extraña al raciocinio del  ad quem, abre camino para la prosperidad del cargo.   

CARGO  CUARTO   

1.- Con apoyo en la causal 1ª. del artículo  368  del  C.  de  P.  Civil,  se  acusa la sentencia de segunda instancia de ser  indirectamente  violatoria  de los artículos 946, 947, 950, 952, 961, 964, 966,  967,  969 y 970 del Código Civil por falta de aplicación, como consecuencia de  los  errores  evidentes  de  hecho  en  que  incurrió  el  sentenciador  en  la  apreciación  de  las  pruebas  relativas  a  la  buena  o  mala fe del poseedor  demandado.   

2.-  Para  demostrar  este  cargo  el censor  afirma  en primer término que “la aserción final de  la  sentencia acusada en el sentido de que correspondía al demandante demostrar  también  una  mala  fe específica del demandado consistente en el conocimiento  que  tuvo  de  la  falta  de  pago  del  precio  por  el  anterior comprador del  vehículo,  prueba que aquel no suministró, resulta por la comisión de errores  evidentes  de  hecho en la apreciación de las siguientes pruebas”:  1. el documento en que consta el contrato celebrado entre Cabrera  Toledo  y  Guevara  Carvajal; 2. el interrogatorio de parte practicado a Agapito  Obregón,  en  el que afirma que “yo sabía que José  Lizandro  Cabrera  Toledo  se  lo  había  vendido  a Fermín Guevara Carvajal y  después  cuando  hicimos  el documento yo miré la copia del otro documento que  han   hecho  ellos,  yo  me  enteré  del  contenido  del  documento  que  ellos  firmaron”  (folio  66  del  cuaderno  principal  del  proceso  seguido  contra  el  interrogado);  y  3.  la  declaración de Santiago  Lozada,  según  la  cual Cabrera le advirtió a Obregón que no podía adquirir  el automotor por ser de propiedad del primero de ellos.   

Concluye  el  recurrente  que  “si  el  Tribunal  hubiera  visto  las  pruebas reseñadas habría  encontrado  probado  el  conocimiento  por  parte  del  Señor  Agapito Obregón  Ramírez  de  que  quien  dice  que  le  vendió  el  automotor no era dueño de  éste” (folio 26, c. Corte).   

3.-  En segundo término sostiene el censor  que  tampoco  tuvo en cuenta el Tribunal las siguientes pruebas que se allegaron  al  proceso:  1.  el  certificado  de tradición del vehículo; 2. el oficio del  DATT  N°  794  de  marzo 29 de 1990; 3. los oficios números 190, 413 y 456 por  medio  de  los cuales el Juzgado 2º Civil del Circuito de Florencia ordenaba la  inscripción  de  la demanda de resolución del contrato y comunicaba el embargo  a  las  autoridades  de  tránsito;  4.  la  licencia de tránsito relativa a la  propiedad  del  vehículo;  5.  el  formulario  de  traspaso de la propiedad del  automotor;  6.  la  fecha  de pago del impuesto de timbre del contrato celebrado  entre  Guevara  y  Obregón  -el  día 20 de junio de 1990-, fecha en la cual ya  pesaban  sobre  el  vehículo  una  inscripción  de demanda y un embargo; 7. el  interrogatorio  de  parte  practicado  a  Obregón  en  donde  manifiesta en dos  ocasiones  que  desconoce  la fecha del contrato que él celebró con Guevara; y  8.  las  declaraciones de Rodrigo Polanía, Aristides Tovar y Eleuteria Guevara,  conforme  a  las  cuales  queda claro que la fecha cierta del contrato celebrado  entre  los  señores  Guevara y Obregón fue la del pago del impuesto y que este  último sabía quien era el propietario del automotor.   

4.- De la anterior relación de pruebas, el  impugnante  concluye  que  “si  el  Tribunal hubiera  visto   las  pruebas  reseñadas  habría  encontrado  probados  el  derecho  de  propiedad  que  el  Señor  José  Lizandro  Cabrera  Toledo tiene sobre el bien  objeto  de  la  litis  y  el  conocimiento que Agapito Obregón Ramírez poseía  sobre  quién  era  el titular de ese derecho” (folio  28).   

5.-  El  censor añade, en tercer término,  que  el  Tribunal tampoco tuvo en cuenta las siguientes pruebas: 1. la audiencia  de  conciliación  en  la que Agapito Obregón se contradice acerca del pago que  él  hizo por la compra del vehículo; 2. la confesión ficta del mismo Obregón  al  negarse  a  contestar  las  preguntas orientadas a probar la simulación del  contrato   que   él  presuntamente  celebró  con  Fermín  Guevara;  y  3.  la  declaración   de   Fabio   Castro   sobre  las  fechas  del  arrendamiento  del  automotor.   

De  este  último  grupo  de  pruebas  el  casacionista  colige:   “al  no ver el Tribunal  las  pruebas  reseñadas  no  encontró  probado  que  el  supuesto  contrato de  compraventa  celebrado  por Fermín Guevara Carvajal y Agapito Obregón Ramírez  no  tenía otro objeto que aparentar que el demandado en reivindicación, Señor  Agapito  Obregón  Ramírez,  era  tercero  poseedor  de buena fe” (folio 29).   

6.- Finalmente sostiene la censura que como  consecuencia  de  los errores de hecho denunciados en los tres acápites de este  último  cargo,  el  ad quem  creyó  que las dos demandas tenían la misma causa y consecuencias, por lo cual  “aplicó indebidamente los artículos 1547 y 952 del  Código  de  Comercio,  en lugar de haber aplicado el tribunal para resolver los  dos  litigios  las  normas propias de la resolución judicial por incumplimiento  para  el  primero  y  las  de  la reivindicación para el segundo” (folios 29 y 30 c. Corte).   

CONSIDERACIONES   

                             1.          Para negar la pretensión reivindicatoria  que  hubo  de formularse contra el señor Agapito Obregón Ramírez, el Tribunal  fundamentalmente  consideró,  luego  de  examinar  el  contrato  de compraventa  celebrado  entre  éste  y  el  demandado  Fermín  Guevara,  que  aquél era un  poseedor  de  buena fe, porque el demandante no desvirtuó la presunción que lo  amparaba.  En  torno  a la anterior conclusión fáctica, el ad quem estimó que  la  situación  del  señor  Obregón  Ramírez era objeto de protección por lo  dispuesto en los arts. 1547, 1548 y 1933 del C. Civil.   

                             2.          Como  quedó  planteado  en  al acápite  correspondiente  a  los  antecedentes,  el  señor José Lisandro Cabrera Toledo  presentó  dos  demandas,  así:  la  primera  contra  el señor Fermín Guevara  Carvajal,   pretendiendo   principalmente   la   resolución   del  contrato  de  compraventa  entre  ellos celebrado sobre el vehículo antes identificado y como  consecuencia  las  llamadas  prestaciones mutuas, incluyendo la restitución del  referido  automotor.  La  segunda  contra  el  señor Agapito Obregón Ramírez,  pretendiendo  la  reivindicación del citado campero, por cuanto éste era quien  ostentaba  la  posesión,  según  la  narración  de  la  causa petendi de este  segundo libelo.   

                             Los  sendos procesos que generaron tales  demandas,   tal   como   quedó   expuesto,  posteriormente  fueron  acumulados,  tramitados como uno solo y resueltos en la misma sentencia.   

                              3.             De entrada y por ser tema esencial  para  la  definición  del  caso,  la  Corte  debe  distinguir   la acción  reivindicatoria  que  reglamente  el  Código  Civil en el título XII del libro  segundo,  de  la restitución de lo recibido como consecuencia de la resolución  del  contrato  bilateral,  de  acuerdo  con lo previsto en los arts. 1546, 1547,  1548 y 1933 ejusdem.   

                             La acción reivindicatoria o de dominio,  conforme  a  la  definición del art. 946 del C. Civil, comporta una pretensión  principal  y  autónoma, amén de extracontractual. En cambio la restitución de  lo  recibido  cuando  tiene  lugar la resolución del contrato bilateral, emerge  del   reconocimiento   de   una  pretensión  eventual  consecuencial,  derivada  precisamente  de  la  procedencia de la pretensión principal de resolución del  contrato,  razón  por  la  cual  es  típicamente  contractual.  Por lo demás,  mientras  que  la  restitución  como  consecuencia  de la  resolución, no  procede  contra  terceros  poseedores  subadquirentes de buena fe, en la acción  reivindicatoria  común  esta calificación sólo resulta relevante para efectos  de  las  restituciones  mutuas, por cuanto la buena o mala fe del poseedor no es  elemento  estructural  de la referida pretensión. En otras palabras, la acción  reivindicatoria  que  reconoce  el citado título XII, procede contra poseedores  de  buena  o mala fe, pues como ya se anotó, esta circunstancia subjetiva juega  papel  significativo  pero  en  el  ámbito  de  las  mencionadas restituciones,  surgidas  con ocasión de la orden reivindicatoria. Por último, como la acción  resolutoria  es  personal,  en  cuanto  va  dirigida  contra el otro contratante  incumplido,   de   esa   naturaleza   participa   la  acción  restitutoria  que  eventualmente  apareja,  en  tanto  que  la reivindicatoria es una acción real,  cuyo  titular,  tratándose del dominio es el propietario, quien puede perseguir  la  cosa  singular,  “de  que no está en posesión,  para que el poseedor de ella sea condenado a restituirla”.   

                             Las  diferencias  que  en  abstracto  se  presentan,  tienen  su razón de ser mientras se trate de la acción resolutoria  a  la  cual  se  le  acumula  la  pretensión  de restitución del bien, bajo el  entendimiento  de  que  el  sujeto  pasivo  de  una  y  otra  pretensión  es el  contratante  incumplido,  a  su vez detentador de la cosa. Pero, el problema que  plantea  el  caso y que ha sido objeto de inquietud y debate doctrinal, surge de  la  enajenación  del  bien  por  parte del contratante incumplido, pues en este  evento  se  cuestiona  la  naturaleza  de  la  acción  que se propone contra el  tercero subadquirente que entra a ser poseedor del bien.   

                             La  doctrina  extranjera  se inclina por  identificar  esta acción como reivindicatoria, de naturaleza real. Sin embargo,  examinado  el  punto  en  torno  a  la legislación colombiana y las diferencias  antes  formuladas,  se debe tener en cuenta que así aquí también se califique  de  reivindicatoria  tal  acción,  pues a esa denominación acude la propia ley  (art.  1547 del C. Civil), lo cierto es que ella no puede escindirse de la causa  de  la  pretensión de resolución, no sólo por la relación de dependencia que  sigue  dándose  entre ellas, pues la reivindicación pende de la prosperidad de  la  resolución,  sino porque es la misma ley la que expresamente declara que si  el  que  debe  una  cosa  mueble,  como  es  el caso, a plazo, o bajo condición  suspensiva  o  resolutoria,  la  enajena,  “no habrá  derecho  a  reivindicarla  contra terceros poseedores de buena fe”  (art. 1547 del C. Civil), como igualmente lo consagra el art. 1933  ibídem,  al  establecer  que  “La resolución por no  haberse  pagado el precio, no da derecho al vendedor contra terceros poseedores,  sino   de   conformidad  a  los  artículos  1547  y  1548”,   o  sea  que  si  el  contrato  ha versado sobre bienes muebles, el  vendedor  no  tiene  acción reivindicatoria contra terceros poseedores de buena  fe  a  quienes el comprador les haya enajenado la cosa. En tal caso, el vendedor  debe  demandar  a su comprador de conformidad con el artículo 955 del C. Civil,  en  ejercicio  de  la  llamada  acción  ficta  o  presunta  allí  establecida,  pretendiendo   la   restitución   no   de   la   cosa   misma,   sino   de   la  equivalencia.   

                             4.-  De conformidad con lo expuesto, los  subadquirentes  que  no  sean  terceros  poseedores  de  buena  fe,  pueden  ser  demandados  en  acción  reivindicatoria  por  el  contratante cumplido o que se  allanó  a  cumplir,  bien  acumulándose en una misma demanda subjetivamente la  pretensión  de  resolución  dirigida  contra  el  contratante  incumplido y la  pretensión  reivindicatoria  orientada contra el tercero subadquirente, dada la  relación  de causalidad o dependencia que existe entre una y otra (art. 82 num.  3  inc.  3  del  C.  de  P.  Civil),  ya,  presentando como en el caso ocurrió,  demandas   separadas   que   originaron   sendos   procesos,  acumulados  luego,  precisamente  porque  las  pretensiones  formuladas  de  esa manera “habrían  podido  acumularse  en la misma demanda” (art.  157,  ord. 1 del C. de P. Civil), por darse la condición del  art.  82  ibídem,  atrás señalada, como con claridad lo predicó el apoderado  de  la  parte  demandante  al  solicitar  la  acumulación  de los procesos y lo  aceptó el juzgado al disponerla.   

                              5.-              Elucidado  lo  atinente  a  la  naturaleza  de  la  acción  propuesta  contra el tercero a quien el contratante  incumplido  enajenó  el  automotor, procede averiguar si las pruebas cuya falta  de  apreciación  acusa  el  cargo  revelan, contrariamente a lo deducido por el  tribunal,  que aquel no obró de buena fe y por ende está llamado a afrontar la  acción  reivindicatoria  instaurada  por  el   contratante  que,  por  haber  obrado  con  sujeción  al convenio,  salió airoso en la acción de  resolución .   

                             En la tarea indicada, resulta conveniente  recordar  que  la  buena fe del tercero subadquirente que le cierra el paso a la  prementada  acción,  en  esencia  consiste en su convicción de haber adquirido  legítimamente  el bien, por ignorar la existencia de la condición que afectaba  al  contrato   que  dio origen al derecho eventual de quien se lo enajenó,  convicción    a    la    cual    ha   debido   llegar   mediante   “…las   indagaciones   mínimas  que  una  persona  medianamente  diligente  realiza  antes  de  adquirir  algo.  Como ser, la averiguación sobre  anterior  dueño,  el  título  de  adquisición  del  actual;  si  es a título  oneroso,  la  comprobación  de  estar  pagado  el  precio”  (Fueyo   Laneri  Fernando,  De  las Obligaciones,  Vol. I,  140).   

                             Ahora bien, los elementos de convicción  de   los   que  emerge,  a  juicio  del  recurrente,  la  mala  fe  del  tercero  subadquirente   del   automotor   referido  y  de  los  cuales  le  reprocha  al  sentenciador haber hecho caso omiso, son los siguientes:   

                               

                              El  documento  que  recoge  el  contrato  de  compraventa  celebrado entre José  Lisandro  Cabrera  Toledo y Fermín Guevara Carvajal, suscrito el 12 de enero de  1.990,  conforme  al  cual  el  primero  dio  “… a  título  de  venta  real y enajenación perpetua”, en  favor  del  segundo,  el  derecho de dominio que dijo ostentar sobre el campero,  marca   Nissan   Patrol,  distinguido  con  las  placas   AT-5461,  de  las  características  allí  reseñadas,  por  la  suma  de  diez  millones de pesos  ($10.000.000,oo),   de  la  cual  el  vendedor declaró haber recibido tres  millones  quinientos  mil pesos ($3.500.000,oo) y por el saldo se le entregó el  cheque  No.  0951815  del  Banco Occidente de Florencia, girado contra la cuenta  corriente  No.  500-03807-0,  abierta  a  nombre de la señora ELEUTERIA GUEVARA  TOLEDO,  para  ser  cobrado  el día 27 de enero de 1.990 (fls. 18 y 19 c. 1. p.  reivindicatorio).   

                             El  interrogatorio de parte absuelto por  Agapito  Obregón  Ramírez,  en  el  cual  admitió  que al comprarle a Fermín  Guevara  Carvajal  el mismo vehículo, “…sabía que  JOSE  LISANDRO  se  la  había  vendido  a  FERMIN  y después cuando hicimos el  documento  ya  miré  la copia del otro documento que han (sic) hecho ellos., yo  me  enteré  del  contenido  del  documento  que ellos firmaron”. Manifestó  que  tal  negocio  se  llevó  a  cabo  porque le había  prestado  a  Guevara  Carvajal  cerca  de  quince  millones  de pesos, en dinero  efectivo  y  en  cheque, pero al preguntársele por los aspectos determinante de  los  préstamos  aducidos,  manifestó no recordar la cantidad prestada en una u  otra  forma,  la  cuenta  contra  la  cual  se giraron los cheques, a qué banco  correspondían,   la  fecha  de  su  emisión  y  si  de  ellos  se  asentó  el  correspondiente  registro  en  los  libros de contabilidad. Igualmente expuso no  acordarse  de  la  fecha  de  celebración del aludido contrato, remontándola a  comienzos  de  1.990,  como  tampoco de la suma estipulada como cláusula penal.  Interrogado  por  el  valor  exacto  de  la  negociación  y  la  forma de pago,  respondió  “…  me  parece que son ocho millones y  medio,  no  estoy  bien  seguro. La forma de pago fue efectivo un cheque y no me  acuerdo   en   el   momentico   de   cuanto   fue   el   valor”.  Sobre  el  cheque  girado,  afirmó no recordar contra que cuenta se  giró,  si  era  el  titular de la misma, pues maneja varias cuentas, aseverando  que  el precio se pagó en su totalidad al ajustarse el negocio. Cuestionado por  el  conocimiento  y  las  relaciones  que  mantenía,  entre otras personas, con  Aristides  Tovar, dijo conocerlo desde hace unos cinco años y no tener negocios  con él. (fls.  63 a 69 c. 1 p. reivindicatorio).   

                             El  testimonio de Santiago Lozada, quien  manifestó  no  tener  conocimiento  directo  del  negocio celebrado entre José  Lisandro  Cabrera  Toledo y Fermín Guevara Carvajal, pero haber oído que aquel  le  vendió  a  este  una camioneta Samuray, de la cual, según le manifestó el  vendedor,  Guevara  Carvajal  quedó  debiendo la suma de $6.500.000.oo. Relató  que  Cabrera  Toledo estuvo tratando de localizar el vehículo con el propósito  de  inmovilizarlo  y  luego  de algunos intentos fallidos,  lo ubicó en un  garaje  del  Barrio La Estrella, hecho del cual informó al DAS y a la Policía,  procediendo  adicionalmente  a  cerrar,  con  cadena  y  candado, el lugar donde  estaba  guardado. Agregó que a dicho sitio llegaron Agapito Obregón, la esposa  de  Fermín  Guevara  y otras personas para tratar de sacar la camioneta y horas  más  tarde  Agapito le preguntó a José si se podía hacer algo por ese carro,  respondiéndole  este  que:  “…Cuidado  con  hacer  negocio  sobre  ese  carro, porque está envenenado”.  Explicó   que  con  tal  manifestación  Cabrera    Toledo  le  quiso  expresar  que  “…  él no podía vender ese carro,  él,  o  sea  Agapito,  porque  como  eso  era  de  Fermín…”.  Al  preguntársele  en  poder de quién se hallaba el automotor para  tal   oportunidad,   afirmó  no  recordar  de  quien  era  la  casa,  agregando  “… eso era de FERMIN, yo no sé quién lo llevó y  lo    metió   ahí”.   Ubicó   temporalmente   el  acontecimiento  relatado “… como en marzo del 90”  (fls. 2 a 5 c. 3 p. reivindicatorio).   

                              El   certificado   de  tradición  del  vehículo  expedido  el  27  de  abril de 1.990 y la licencia de tránsito   aportada  con  la demanda reivindicatoria, en los cuales figura como propietario  del  aludido  automotor,  José Lisandro Cabrera Toledo, así como el formulario  de  traspaso  de  la propiedad del mismo vehículo, de Barberi Inversiones Aba y  Cía S. en C., a José Lisandro Cabrera Toledo.   

                               

                             Los  oficios Nos. 190 del 14 de marzo de  1.990,  413  del 22 de mayo de 1.990 y 456 del 30 de mayo de 1.990, librados por  el  Juez  Segundo Civil del Circuito de Florencia a la Dirección de Tránsito y  Transportes    de   Bogotá,   ordenando  la  inscripción  de  la  demanda  instaurada  por  José  Lisandro  Cabrera  contra  Fermín Guevara Carvajal y la  promovida  por  el  primero  contra  Agapito  Obregón  Ramírez,  en  el  folio  correspondiente  al  vehículo de placas AT-5461, así como el embargo del mismo  vehículo,  decretado  en  el  proceso seguido por José Lisandro Cabrera contra  Agapito  Obregón Ramírez (fls. 12 c. 1, 29 y 30 c. 3). Los oficios No. 794 del  29  de marzo de 1.990 y 2046 del 27 de julio del mismo año, mediante los cuales  se  dio  cuenta  de  la  inscripción  de  la  primera demanda y del embargo del  automotor (fls. 32 c. 2 y fl. 31 c. 3).   

                              El  documento  privado  que  recoge  el  contrato  de  compraventa celebrado entre Fermín Guevara Carvajal como vendedor  y  Agapito  Obregón  Ramírez  como  comprador, sobre el vehículo pluricitado,  cuya  fecha  cierta  corresponde  al  26  de  junio de 1.990, data en la cual se  canceló el impuesto de timbre correspondiente   

                             Las  declaraciones de Rodrigo Polanía y  Aristides  Tovar,  quienes  suscribieron  el  contrato  celebrado  entre Fermín  Guevara  Carvajal   y Agapito Obregón Ramírez, en calidad de testigos, el  primero   de   los  cuales  negó  su  presencia  en  la  aludida  negociación,  mencionando  saber  de  ella  por comentarios de Obregón. Sobre la suscripción  del   documento   en   el   cual   se   consignó,   refirió  que  “…  estaba  trabajando  en construcción en una obra de una casa  cuando  llegó  AGAPITO  OBREGON y me dijo fírmeme aquí, yo firmé porque como  él  ha  sido  más  bien  conocido  y  me dijo que le firmara ahí pues lo hice  porque  era  una  persona  a  quien  yo  más  o menos conocía”, afirmando  no recordar la época en la cual tuvo ocurrencia el hecho  narrado  (fls.  6  a  10 c 4 r). El segundo,  a su turno, luego de expresar  que  conoce  a  Agapito  Obregón por asuntos comerciales, ya que le vende mucha  mercancía,  dijo  haber  presenciado, a “…mediados  del  mes  de  marzo  de  1.990”,  la celebración del  contrato  de  compraventa  con Guevara Carvajal, relatando las circunstancias en  las  cuales  se  produjo.  Al  preguntársele  si  el día de la negociación se  habló  “…  del  modo  como  adquirió  FERMIN  el  vehículo   y  se  conoció  documento  relacionado  con  ello”,  respondió  que  se  mencionó  la deuda a cargo de Fermín, pero en  ningún  momento  oyó  hablar  sobre  tal aspecto. En relación con el pago del  precio  dijo  no haber visto a Agapito Obregón entregar suma de dinero alguna y  que  lo  manifestado  por  Fermín a Agapito fue “…  vengo a pagarle lo que le debo, yo no vi que le entregara nada”.   

                             Las  declaraciones  de Eleuteria Guevara  Toledo  y Fabio Castro, en cuanto expusieron:  la primera, que “…  AGAPITO  si  estaba  enterado que el carro si había sido de  don  JOSE  CABRERA  la  camioneta Nissan Roja, estando ya en manos de Fermín la  camioneta”  (fl.  19  c.  3), y el segundo, que tuvo  arrendado  a  Obregón  Ramírez  el  garaje  donde  dijo  guardar  el automotor  mencionado,   hasta   diciembre   1.990   (fl.  65  c.  1  p.  reivindicatorio).                       

                             Por otra parte, la advertencia que José  Lisandro  Cabrera  le  hizo a Agapito Obregón, en desarrollo del suceso narrado  por  Santiago  Lozada,  si bien pudo alertarlo sobre las trabas que podría  involucrar  el  automotor,  tampoco permite arribar a la inferencia indicada por  el  recurrente,  pues en tal episodio Cabrera Toledo no invocó su condición de  propietario,  ni  desplegó  actividad  alguna  que  llevase  al conocimiento de  Obregón,  “…  que  quien  dice  que le vendió el  automotor no era dueño de este”.   

                             Empero, de tales pruebas, particularmente  del  contrato  de  compraventa  ajustado  entre  José Lisandro Cabrera Toledo y  Fermín  Guevara Carvajal, cuyo texto conoció el tercero al momento de convenir  en  la  negociación, como lo admitió sin reservas en su declaración de parte,  se  desprende  que estaba al tanto de la condición resolutoria que pesaba sobre  el  título  del  vendedor,  por el eventual incumplimiento de su obligación de  cancelar  el  saldo  del precio, pues en dicho documento consta que para el pago  de   la  cantidad  de  $6.500.000.oo  le  entregó  a  José  Lisandro  Mesa  un  cheque   que debía ser presentado al banco girado el 27 de enero de 1.990,  es  decir,  quince  días después de la celebración del contrato, pago que por  ende  quedaba  supeditado  a  que el aludido instrumento fuese descargado por el  establecimiento  bancario, pese a lo cual se arriesgó a contratar sin verificar  el  cumplimiento  de tal compromiso por parte del vendedor,  amén de estar  advertido,  por  el incidente propiciado por Cabrera Toledo, de las dificultades  que  podría  suscitar  la  celebración  de  un  contrato  que versase sobre el  automotor que finalmente adquirió.   

                             Por otra parte, los oficios mediante los  cuales  se  comunicaron  las medidas cautelares referenciadas y se dio cuenta de  su  inscripción,  así  como el documento en el cual consta el negocio ajustado  entre  Fermín  Guevara  Carvajal y Agapito Obregón Ramírez, cuya fecha cierta  es  el  26  de junio de 1.990, momento a partir del cual se tiene certidumbre de  su  existencia, como lo anota el recurrente, prueban que para tal oportunidad el  automotor  soportaba  la  inscripción  de  demanda  peticionada por el vendedor  anterior  en  el  proceso  promovido  para  obtener  la resolución del contrato  celebrado con Guevara Carvajal.   

                             Aunque de la conducta evasiva asumida por  Agapito  Obregón  Ramírez en el interrogatorio de parte que se le formuló, no  se  colige  la  confesión  presunta por la cual propugna la censura, por cuanto  los  hechos  por  los  que  se  le  interrogó  no  se  incluyeron  en preguntas  asertivas,  el  aludido  proceder  si  conlleva a un indicio grave en contra del  absolvente,  pues  en tal forma sanciona el art. 210 in-fine del C. de P.C., tal  comportamiento   para   cuando  las  preguntas  no  son  de  la  característica  señalada.   

                             Las  declaraciones de Rodrigo Polanía y  Aristides  Tovar,  ponen  al descubierto que, contrariamente a lo afirmado en el  escrito  en  el  cual se materializó la negociación, el primero no fue testigo  presencial  de  su  celebración,  en tanto que el segundo, no empece afirmar su  percepción  directa de las circunstancias en las cuales se formó, se distancia  en  su  relato  de  lo  expresado por el propio comprador, particularmente en lo  atinente  a la forma y oportunidad del pago del precio, así como la exhibición  del  título  de adquisición por parte del vendedor, circunstancias que si bien  no  confluyen a demostrar que la fecha cierta del contrato celebrado  entre  Guevara  y  Obregón  fue  la  del pago del impuesto de timbre y que este sabía  quien  era  el  propietario  del  vehículo,  como expresa el censor, aunadas al  indicio  grave  que  pesa  contra  el  último, por el comportamiento asumido al  absolver  el  interrogatorio  de parte,  arrojan un verdadero manto de duda  sobre  la  veracidad  de la negociación en cuestión y descartan, en todo caso,  la  buena  fe  atribuida  por  el  tribunal  al  tercero poseedor del automotor.   

                             7.-  Frente al anterior estado de cosas,  debe  colegirse  que  así  las  restantes  pruebas  relacionadas en el cargo no  tengan  una incidencia real en la demostración de la mala fe que se atribuye al  comprador,  el sentenciador si cometió el desatino que se le imputa al dejar de  apreciar  las  piezas  probatorias antes referenciadas, pues de ellas emerge una  situación  de  hecho  diametralmente distinta a la constatada en la providencia  impugnada,  como  quiera  que nítidamente reflejan que el tercero subadquirente  del  automotor  no  obró con la buena fe requerida para hacerse beneficiario de  la  tutela  concedida por el sentenciador, pues estaba al tanto de la condición  que  pesaba  sobre  el  titulo  de  adquisición  de  su  causante  y de la real  situación  del  automotor,  no  obstante  lo  cual  se  aventuró a celebrar la  negociación.   

                              Como  además  de  ser  evidentes,  los  desaciertos  cometidos  por el fallador en el ámbito probatorio trascendieron a  la  parte  resolutiva  de  la  decisión  adoptada  en  torno  a  la pretensión  reivindicatoria,  en  la misma forma que el yerro advertido en el cargo anterior  incidió  en  las resoluciones tomadas frente a la pretensión resolutoria, pues  merced  a  ellos  las  desestimó,  quebrantando de manera directa, por falta de  aplicación,  los  arts.  1546  y  1930  del  C.C.  y  870  del  C.  de  Co.,  e  indirectamente,  por  el  mismo concepto, los textos sustanciales regulativos de  la  reivindicación  enunciados  por  el  censor,  los  cargos examinados están  llamados  a  prosperar,  trayendo  por  consecuencia el aniquilamiento del fallo  impugnado.  Por  la misma circunstancia corresponde a la Corte, proferir en sede  de instancia, la sentencia que debe reemplazarlo.   

                             8.- No obstante, antes de proceder a ello  se  hace  necesario  decretar,  en  ejercicio de las facultades otorgadas por el  art.   375   inc.   2º.   del   C.   de   P.C.,  la  prueba  que  enseguida  se  indicará.   

                            DECISION   

                             En  armonía  con  lo expuesto, la Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Civil y Agraria, administrando justicia  en nombre de la República   

                            RESUELVE:   

1º.            CASAR   la  sentencia   proferida   por  el  Tribunal  superior  del  Distrito  Judicial  de  Florencia,  el  5 de noviembre de 1993, en los procesos ordinarios (acumulados),  promovidos  por  José Lisandro Cabrera Toledo contra Fermín Guevara Carvajal y  Agapito Obregón Ramírez, respectivamente.   

2º.          Líbrese oficio al Banco de la República  para  que  certifique  cuál  ha sido la desvalorización que ha sufrido el peso  colombiano  entre  el  12  de  enero  de  1990  y  la  fecha  en  que  expida la  correspondiente  certificación,  en  consideración  a  la pérdida de su valor  adquisitivo,  teniendo  en  cuenta  la  variación  del  índice  de  precios al  consumidor.   

                              3º.            Sin  costas  en  el  recurso  de  casación.                                         

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE  

JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

MANUEL ARDILA VELASQUEZ  

NICOLAS BECHARA SIMANCAS  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ  

JORGE SANTOS BALLESTEROS  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

    

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *