S 077 99 [7298]

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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S-077-99 [7298]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL Y AGRARIA  

Santafé  de  Bogotá,  D.  C., trece (13) de  octubre de mil novecientos noventa y nueve (1999)   

                                  Referencia:       Expediente No. 7298   

Decide  la  Sala  la  solicitud formulada por  ROSARIO  YEPES  MEZA,  para  que  se  conceda  exequatur por la Corte Suprema de  Justicia  a la sentencia pronunciada el 8 de noviembre de 1993 por el Juzgado de  Primera  Instancia  e  Instrucción  número  uno  de Roquetas de Mar, Almería,  España,  por medio de la cual se decretó el divorcio de la peticionaria con el  señor  ANDRES  SANCHEZ  ALFONSO, promovido por ambos cónyuges y radicado allí  “con el número 332/ 93”.   

I.                                    ANTECEDENTES   

1.                Mediante  demanda,  que obra a folios 17 a 20 del cuaderno No. 1, la señora ROSARIO YEPES  MEZA,  domiciliada  y  residente  en  Essen,  Alemania,  a  través de apoderada  judicial,  solicitó a la Corte Suprema de Justicia se concediera exequatur a la  sentencia  proferida  por el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número  uno  de Roquetas de Mar, Almería, España, calendada el 8 de noviembre de 1993,  por  la  cual  se  declaró  el  divorcio  de la accionante con el señor ANDRES  SANCHEZ ALFONSO, proceso que fue promovido a instancia de ambos.   

2.              Los  fundamentos  fácticos  para  tal  solicitud se pueden compendiar así:   

          A)  ANDRES  SANCHEZ  ALFONSO y ROSARIO YEPES MEZA, de nacionalidades  española   y  colombiana,  respectivamente,  contrajeron  matrimonio  civil  en  Roquetas  de  Mar,  Almería,  España, el 1° de diciembre de 1990, el cual fue  registrado  “conforme  a  las leyes del Reino de España”, y también, en la  Notaría  Primera  de Bogotá, el 24 de enero de 1997, según Escritura Pública  No. 281.   

          B)                         Por  sentencia  de fecha 8 de noviembre de 1993,  emanada  del  Juzgado  de  Primera  Instancia  e  Instrucción número uno de la  mencionada  localidad  española,  “…se  decretó el divorcio de los citados  cónyuges   según   convenio   regulador   de  divorcio…”   que  ambos  suscribieron (Fl. 18 C.1).   

          C)                         Durante  el matrimonio no se procrearon hijos y,  para  la  fecha  del  divorcio,  los  cónyuges  se hallaban separados de bienes  (folio  10  vuelto  C.1),  razón  por  la  cual  la  sociedad  conyugal  estaba  “disuelta y liquidada”.   

3.             La  demanda,  en  la  que  se  solicitó  conceder  el  exequatur a la sentencia extranjera aludida, fue admitida por auto  del  31 de agosto de 1998 (Fls. 22 y 23 C. Corte). Allí mismo se dispuso correr  el  traslado de ley al Ministerio Público y, por no tener carácter contencioso  el  presente  proceso,  no  se  dispuso la citación del cónyuge ANDRES SANCHEZ  ALFONSO.   

4.             La Procuradora Delegada en lo Civil, como  aparece  a  folios  27  y 28 del citado cuaderno, manifestó que se atenía a lo  que se probara en el proceso.   

5.             Las pruebas se decretaron por auto de 17  de  septiembre  de 1998 (Fls. 29 y 30 C. 1), y con base en ello, se allegaron al  expediente  el  “Convenio  sobre Ejecución de Sentencias Civiles” celebrado  entre  Colombia  y  España  suscrito  en  Madrid el 30 de mayo de 1908 (Fls. 31  ibídem),  y  la  respuesta  del señor Cónsul de Colombia en Madrid al Exhorto  No.  2  de  25  de  septiembre  de  1998, en el que da cuenta de la normatividad  española  que  regula  la  ejecución  de sentencias judiciales extranjeras, en  materia de divorcio (Fls. 38 a 45 C. 1).   

II.                                    CONSIDERACIONES   

1.             Precisa  la  Corte  que  las  sentencias  proferidas   por   Tribunales   españoles   también  requieren  exequatur,  en  acatamiento   del   ordenamiento   jurídico   patrio   y   de   los   convenios  internacionales celebrados con este país.   

Efectivamente el exequatur, como institución  enderezada  a  salvaguardar  el  principio de la soberanía que ejerce el Estado  dentro  de  su  territorio,  permite  que, de manera excepcional, las sentencias  pronunciadas  en  el  extranjero  también  puedan  tener  ejecución  y de suyo  efectos  en  Colombia,  cuando,  además  de existir reciprocidad diplomática o  legislativa  dentro  de  los  Estados  que  le  concedan  “fuerza”  a dichas  providencias  judiciales,  también  reúnan  los  requisitos  previstos  en  la  ley.   

En  desarrollo  de  la soberanía estatal, al  Estado  le  corresponde  la administración de justicia con carácter exclusivo,  amén  de  obligatorio  en  todo  el territorio nacional, motivo por el cual las  sentencias  proferidas  por  Jueces  extranjeros,  en  línea  de  principio, no  producen efectos en Colombia.   

2.-   Con  todo,  excepción  al  señalado  principio,  de  amplio  espectro  en la esfera judicial, lo constituye el axioma  consignado   en  el  artículo  693  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  al  establecer  que,  “las  sentencias y otras  providencias que revistan tal  carácter,  pronunciadas  en  un  país  extranjero en proceso contenciosos o de  jurisdicción  voluntaria,  tendrán  en Colombia la fuerza que les concedan los  Tratados  existentes  con ese país, y en su defecto la que allí se reconozca a  las proferidas en Colombia”.   

          A.                         Es  así  por lo que la Corte en diferentes  providencias,   ha  puesto  de  relieve  que,  “las  sentencias  proferidas  por  jueces extranjeros no surten efectos en Colombia, a  menos  que,  con  sujeción  a la legislación patria se concede a ellas, con el  lleno  de  los  requisitos  establecidos  por  el  artículo  694 del Código de  Procedimiento  Civil,  el  exequatur correspondiente.” (Sentencia 12 de agosto  de 1997. Exp. No.6174)   

          B.                         También   ha   dicho   esta  Corporación  que  “la  reciprocidad  diplomática  tiene lugar cuando  entre  Colombia  y  el  país de donde proviene la decisión judicial objeto del  exequatur,  se  ha  suscrito  tratado  público que permita igual tratamiento en  este  Estado  extranjero  a  las  sentencias emitidas por jueces colombianos, de  manera  que  como contraprestación a la fuerza que éstas tengan en aquél, las  suyas  vinculen  en  nuestro territorio” (Sent. 25 de  septiembre de 1996, Exp. 5524).   

          C.                         De  igual  manera  ha  sostenido  la  Sala  que  “la  reciprocidad  legislativa toma asiento, por su  parte,  al  reconocérsele  efectos  jurídicos  a  las sentencias de los jueces  colombianos  por  la  legislación  del  país  de  donde  proviene la decisión  materia  del  exequatur, pues igual fuerza vinculante tendrán las decisiones de  sus  jueces  en  el  Territorio  Nacional,  siendo  entendido  que esta forma de  reciprocidad  puede  ser  a  su  vez  basada  en textos legales escritos o en la  práctica  jurisprudencial  imperante  en el país de origen del fallo objeto de  exequatur” (Sentencia ibídem).   

3.            De  allí  que,  con  fundamento  en  lo  anteriormente   expuesto,   encuentra   la  Corte  ejecutable  en  Colombia,  en  particular,  las  sentencias  de  divorcio  por  mutuo  acuerdo pronunciadas por  tribunales españoles.   

Es  por ello por lo que, cuando la Ley 6° de  1908  aprobó  el  convenio  entre  Colombia  y España sobre el cumplimiento de  sentencias  civiles, publicado en el Diario Oficial No. 13744 del 27 de junio de  1909,   no   solamente   consagró  la  ejecutabilidad  de  dichas  providencias  recíprocamente  para ambos países, en virtud del aludido acuerdo diplomático,  sino   que   precisó,   además,   los   requisitos   para   su  procedencia  y  reconocimiento.   

En   cuanto   al   asunto   inicial  de  la  ejecutabilidad,    dispuso   el   “ARTICULO   I”   del   referido   Convenio  que,  “Las  sentencias civiles pronunciadas por los  Tribunales  comunes de una de las Altas Partes Contratantes serán ejecutadas en  la  otra,  siempre  que  reúnan  los  requisitos  siguientes: Primero. Que sean  definitivas  y  que  estén  ejecutoriadas  como en derecho se necesitaría para  ejecutarlas  en  el  país en que se hayan dictado; Segundo. Que no se oponga á  las    leyes    vigentes    en    el    Estado    en    que   se   solicite   su  ejecución.”   

Con  relación a la prueba referente a que se  trate   de   sentencias   definitivas  y  ejecutoriadas,  el  mismo  instrumento  prescribió,  además  de  la  intervención necesaria del Ministerio Público o  Fiscal,  conforme  la  ley colombiana (Artículo III del Convenio), la necesidad  de  prueba de la ejecutoriedad de la sentencia. En efecto, allí se dispuso que:  “La  primera de las circunstancias a que se refiere  el  artículo  anterior  se  comprobará  por  un  certificado  expedido  por el  Ministro  de  Gobierno  ó  de  Gracia  y  Justicia,  siendo  la firma de éstos  legalizada   por   el  correspondiente  Ministro  de  Estado  ó  de  Relaciones  Exteriores  y la éste a su vez por el Agente Diplomático respectivo acreditado  en el lugar de la legalización”. (artículo II)   

4.            De  otra  parte,  también  encuentra la  Corte  que  el  régimen  familiar colombiano, no sólo consagra la institución  del  divorcio  para  los  matrimonios  (art.  42,  incisos 9 a 11, Constitución  Política),  sino  que,  más aún, por regla general, defiere a la legislación  extranjera  “el  divorcio  del matrimonio civil celebrado en el extranjero”,  cuando  quiera  que  los  cónyuges tuviesen su último domicilio conyugal en el  exterior   -esto  es,  por  la ley del lugar donde los cónyuges vivían de  consuno  y, en su defecto, el del lugar del cónyuge demandado (art. 13, Ley 1°  de 1976)-.   

Es  decir, que si de acuerdo con tal precepto  esa  ley  extranjera  -la  del  domicilio  conyugal  que  allí  se tenga- es la  reguladora   de  la  procedencia,  causa,  procedimiento  y  clase  de  divorcio  (incluyendo  en éste, el divorcio por mutuo acuerdo y el divorcio contencioso),  resulta  compatible  con dicha legislación y ejecutable en Colombia el divorcio  decretado  por  mutuo  acuerdo,  tanto en los países extranjeros en que así lo  reconozca  su  legislación, como el que se profiere en España en desarrollo de  dicho convenio.   

Lo anterior, también encuentra respaldo en el  evento  en  que  se  trate  de  divorcio  por mutuo acuerdo decretado en España  respecto  del  matrimonio  civil  celebrado  en Colombia. En efecto, ello sería  procedente  porque,  aún  con la restricción del artículo 14 de la Ley 1° de  1976,  se  trataría  de  un  divorcio  cuya  “causal” también se hallaría  reconocida  en  Colombia,  en  forma  directa  como  causal de divorcio (num. 9,  artículo  6°  de  la  Ley 25 de 1992, que subroga el artículo 154 del Código  Civil),  e  indirectamente  por  razón  de  la  separación  por  mutuo acuerdo  decretada  cuando  han  transcurrido  más  de  2  años  judicialmente,  que es  también causal de divorcio (art. 6°, num. 8, Ley 25 citada).   

5.            Por ello, reitera la Corte que “Cuando  la  pretensión de separación de cuerpos es fundada en el mutuo consenso de los  cónyuges,  la  ley 1ª. de 1976, en el artículo 16, fija los requisitos, tanto  formales   como   de   contenido,    que  debe  reunir  la  expresión  del  consentimiento  mutuo  para  separarse,  indicando  que  la  separación  ha  de  solicitarse  ‘por escrito  al  juez  competente,  determinando  en la demanda la manera como atenderán los  cónyuges,   en   adelante,  el  cuidado  personal  de  los  hijos  comunes,  la  proporción  en  que  contribuirán  a  los  gastos  de  crianza,  educación  y  establecimiento  de  los  hijos  y,  si  fuere el caso, al sostenimiento de cada  uno…’”  (Sentencia de  13 de febrero de 1991).   

Esta  Corporación,  en providencia del 26 de  mayo  de  1980,  sobre  el  tópico  en comento, ya había anotado lo siguiente:  “Según  la  forma  como  quedó  establecida  en  la  Ley  1ª.  de  1976  la  separación  de  cuerpos,  por mutuo acuerdo de los cónyuges, su consentimiento  recíproco  debe  provenir  de  éstos,  ya  lo  expresen  directamente,  ora lo  consignen  a  través de mandatario debidamente autorizado. Este es el verdadero  alcance  de  los  varios  preceptos  que  tienen  que  ver con la separación de  cuerpos,  fundada en el mutuo consentimiento de los cónyuges, pues, quien, sino  únicamente  ellos  pueden dar un paso tan delicado y de tan vasta repercusión,  como  que  tiene  implicaciones extrapatrimoniales y patrimoniales, ya que tiene  que   ver   con   los  cónyuges  mismos,  con  sus  hijos  y  con  la  sociedad  conyugal”.   

6.             Luego  de las generalidades precedentes,  pasa   la   Corporación  a  averiguar  si,  para  el  asunto  bajo  examen,  se  satisficieron  las  exigencias  de  las que depende la prosperidad del exequatur  solicitado.   

          A)                         En  primer  término,  destaca  la Corte que, en  oportunidad  precedente,  fue presentada esta misma demanda de exequatur, a cuyo  trámite  le  correspondió  el número 7153. Por virtud de auto del 11 de junio  de  1998  de  esta Sala, fue rechazada la demanda, por cuanto no se acreditó -y  así  se  le  había  hecho  saber a la demandante en auto del 26 de mayo de esa  anualidad  para  que  corrigiera  ese  yerro-  el  registro  civil colombiano de  matrimonio  de la señora Rosario Yepes Meza. Sin este documento no se comprueba  la  inscripción  matrimonial  propiamente  dicha,  a  pesar  de  que  exista la  anotación  marginal  sobre dicho matrimonio en el registro civil de nacimiento,  que obra a folio 12 del expediente.   

                        En  esta  ocasión,  la  Sala evidencia la misma ausencia documental, por lo cual no puede  acceder a la pretensión formulada.   

          B)        De  otro  lado, refieren los antecedentes que el divorcio fue pedido  por  los  cónyuges  ANDRES  SANCHEZ  ALFONSO  y  ROSARIO  YEPES MEZA, de común  acuerdo,  el  cual  fue  decretado  por  sentencia  del  8 de noviembre de 1993,  pronunciada  por  el  Juzgado  de  Primera Instancia e Instrucción número 1 de  Roquetas de Mar, Almería, España.   

                   Ahora bien, de  la  normatividad  aplicable  al  asunto  subjudice,  se  encuentra  el requisito  consagrado  en  el  Convenio celebrado entre Colombia y España, publicado en el  Diario  Oficial  del  27  de julio de 1909 (que obra a folio 31 del expediente),  con  arreglo al cual  la ejecutoridad de la sentencia se acredite “por un  certificado  expedido  por  el  Ministro  de  Gobierno  ó de Gracia y Justicia,  siendo  la  firma de éstos legalizada por el correspondiente Ministro de Estado  ó  de  Relaciones Exteriores y la de éste á su vez por el Agente Diplomático  respectivo acreditado en el lugar de la legalización”.   

                      Dentro del  material  probatorio  no  aparece  la  susodicha  certificación del Ministro de  Gobierno  o  de  Justicia  españoles,  lo  que  impide  conceder  el  exequatur  solicitado,  como  quiera  que  se trata de una condición indispensable para su  viabilidad.   

7.-            Faltando tales requisitos, no es preciso  el  examen del cumplimiento de los otros presupuestos legales. En tal virtud, la  Corte  no  puede  impartirle  el  exequatur  a  la  sentencia  proferida el 8 de  noviembre  de  1993  por  el  Juzgado  de  Primera Instancia de Roquetas del Mar  (España).   

III.          DECISION   

En armonía con lo dicho, la Corte Suprema de  Justicia,  Sala  de  Casación Civil y Agraria, administrando justicia en nombre  de   la   República   y   por   autoridad  de  la  ley,  dispone:  NIEGASE   EL   EXEQUATUR  a  la  sentencia  proferida  el  8  de  noviembre  de  1993  por el Juzgado de Primera Instancia e  Instrucción  número  uno  de  Roquetas  de  Mar, Almería, España, dentro del  proceso de divorcio de ANDRES SANCHEZ ALFONSO y ROSARIO YEPES MEZA.   

Costas    a    cargo    de    la    parte  demandante.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE  

JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

MANUEL ARDILA VELASQUEZ  

NICOLAS BECHARA SIMANCAS  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ  

JORGE SANTOS BALLESTEROS  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

    

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