S 067 99 [4949]

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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S-067-99 [4949]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL Y AGRARIA  

Magistrado Ponente:  

Dr. JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ  

Santafé  de  Bogotá,  D.  C.,  cinco (5) de  octubre de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

Referencia: Expediente No. C-4949  

Decídese el recurso de casación interpuesto  por  la  demandante  MARIA ORFILIA SERRATO DE BERNAL contra la sentencia de 2 de  marzo  de  1994,  proferida  por  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Neiva,  Sala  de  Familia,  en  el proceso ordinario que promovió la recurrente  frente  a  las  señoras  EDELMIRA  ACHURI  DE  SERRATO y LORENZA CLAROS ACHURI,  “cónyuge  supérstite” y  “heredera   universal”,  respectivamente,  del  causante  JULIO  CESAR  CLAROS MARTINEZ, así como contra  herederos indeterminados.   

ANTECEDENTES  

1.-  En  la demanda que originó el presente  proceso,  cuyo  conocimiento correspondió al Juzgado Unico Promiscuo de Familia  de  Pitalito  (Huila),  la  señora  MARIA ORFILIA SERRATO DE BERNAL solicita se  declare  que  es  hija  extramatrimonial del señor JULIO CESAR CLAROS MARTINEZ,  fallecido,  y  consecuentemente, se le reconozcan sus derechos herenciales en la  sucesión de éste.   

2.-  Manifiesta  como  fundamento  de  las  anteriores  pretensiones  que nació el 1º de junio de 1957, en el municipio de  Elías,  Huila,  fruto  de  las  relaciones  sexuales que su madre FANNY SERRATO  HERNANDEZ sostuvo con el señor JULIO CESAR CLAROS MARTINEZ.   

A  partir  de  su  nacimiento,  agrega,  su  presunto  padre  la reconoció como su hija, ante los trabajadores y el personal  de  la  finca  “El  Viso”  de su propiedad, situada en la citada población,  así   como   ante   parientes   y  amigos,  proporcionándole  dinero  para  su  alimentación,   vestuario,   educación,  personalmente  o  por  intermedio  de  terceros,  su  madre  o  allegados,  posesión notoria que se prolongó hasta el  deceso  de  aquél,  ocurrido  el  6  de  noviembre  de 1991, sin que la hubiera  reconocido legalmente como tal.   

3.-  Notificadas  las  demandadas  del  auto  admisorio  de  la  demanda,  por  conducto  de apoderado judicial se opusieron a  todas  las  pretensiones deducidas, para lo cual negaron los hechos, entre otras  cosas  porque  en proceso similar iniciado en octubre de 1970, con fundamento en  la  existencia  de relaciones sexuales entre la madre y el presunto padre por la  época  en  que  se  presume  la  concepción  de  la  demandante, el juzgado de  conocimiento   profirió   sentencia  absolutoria;  además,  porque  citado  el  demandado   a   reconocimiento  voluntario,  éste  negó  haber  tenido  alguna  relación con la progenitora de la actora.   

Con  base  en  los  anteriores hechos, en la  misma  oportunidad  las  demandadas  formularon  la  excepción  previa  de cosa  juzgada,  la  cual  prosperó parcialmente, pues por providencia de 13 de agosto  de  1992  (fols.  84-99, C-3), se dispuso continuar el trámite del proceso pero  únicamente  respecto  de la causal de posesión notoria de estado civil de hijo  extramatrimonial.   

A   su   turno,  el  curador  ad-litem  de  los herederos indeterminados  del  causante  JULIO  CESAR  CLAROS  MARTINEZ,  dijo  que  se  atenía  a lo que  resultare probado en el proceso.   

4.-  Adelantado en esos términos el debate,  las  sentencias  de primera y segunda instancia desestimaron las pretensiones de  la  demanda,  razón  por  la  cual  se interpuso contra la del Tribunal, por la  parte  demandante,  el  recurso  extraordinario de casación, de cuyo estudio se  ocupa la Corte.   

LA SENTENCIA IMPUGNADA  

1.-  Relatada  la  evolución  en el sistema  jurídico  colombiano,  sobre la permisión legal de investigar judicialmente la  paternidad  extramatrimonial,  el  Tribunal  concretó su estudio a la causal de  posesión   notoria  de  estado  civil  de  hijo  que  con  ese  propósito  fue  deducida.   

2.- Así, luego de definir la citada causal y  mencionar  que  sus  elementos  estructurales son el trato, la fama y el tiempo,  seguidamente,  refiriéndose a su prueba, el sentenciador señaló, con apoyo en  abundante  doctrina de esta Corporación, que los mismos debían “probarse…de     un     modo    irrefragable,    con    testimonios  fidedignos”,  “en  forma  cierta   y  segura”.  Este  trípode  de  elementos,  anotó,  lejos  de  ofrecer  un concepto abstracto e intangible, tiene que estar  traducido  en  hechos  perceptibles y al alcance del conocimiento de los demás,  cuando  menos  del  vecindario  donde  se  escenifica  comportamiento semejante,  principalmente  referido  a  la  subsistencia,  educación y establecimiento del  hijo1.   

3.- En ese contexto, el Tribunal indicó que  al   examinar   con  detenimiento  el  “conjunto  de  declaraciones  recopiladas”,  no  se ponía en duda,  tal  cual  lo  había  evidenciado el a-quo    en   su   “minucioso   y   acucioso  análisis”, una “serie de  antagonismos”    que    no    es   “indispensable  recalcar”,  pero  que los  hace   “desmedrar”   y  “por  consiguiente  desorientar,  como  ocurre,  al  juzgador”,   además   de   narrar  “precedentes  que  aunque  no  tienen  que  ver  con  el  caso  aquí  debatido,  si  dan  lugar  para  fluctuar sobre el dicho de aquellos”.   

En      efecto,      “aislada   ni  conjuntamente”  la  prueba  testimonial  da  cuenta de que JULIO CESAR CLAROS MARTINEZ  haya provisto a  la  subsistencia,  educación y establecimiento de MARIA ORFILIA SERRATO, manera  única,  por  demás,  de  probar  la posesión notoria de estado civil de hijo,  pues  este  simplemente  arroja  como  resultado  que  entre  ellos existió una  “relación  afectuosa,  matizada  por  el  cariño y  aprecio  mutuos, denotada por un tratamiento que incluía…visitas de él hacia  ella,  primero  cuando  estudiaba  en La Plata (H) y posteriormente cuando ésta  residía…en   Neiva”,   fuera   de  suministrarle  “mercadito   y  útiles  de  estudio,  otras  veces  plata”,    ella    reconocerlo    “como    papá”    y    él   darla   a  “conocer   únicamente  ante  los  deponentes  como  hija”.   

4.-   En   suma,   dice,   “ni   una   sola   prueba   lleva  a  demostrar  hechos  ‘tales  como  el suministro de recursos  para  gastos de alimentación, vivienda, vestido, atenciones médicas, pensiones  en  escuelas  y  colegios, y llegado el caso, pago de aprendizaje de un oficio o  profesión    y    dotación    de   los   medios   para   ejercerlo’ (CXXXI, págs. 113 y 114)”,  razón  por la cual el fallo del juzgado debía confirmarse en  todas sus partes.   

LA DEMANDA DE CASACION  

              CARGO UNICO              

1.-  Denunciase  aquí  la  sentencia  del  Tribunal  por  haber  violado  indirectamente,  por  falta  de  aplicación,  el  artículo  1º  de  la  ley  45  de  1936,  y  sin  indicar  el  concepto  de la  transgresión,  el  enunciado  y  el numeral 6º del artículo 4º, ibídem,  con  las  modificaciones  que le  introdujo  el  artículo  6º  de la ley 75 de 1968, así como el artículo 6º,  éjusdem,   además   del  artículo   176  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  como  consecuencia  de  “error  manifiesto  de  hecho  por  falso  juicio de  identidad  en  la  apreciación  de  los testimonios que prueban en conjunto los  fundamentos  de  orden  fáctico  de  la  posesión  notoria  del estado de hijo  natural”.   

2.-  Para  desarrollar  el  cargo, el censor  afirma   que   el   sentenciador   tergiversó   la   prueba   testimonial,   al  “darle    un   alcance   y   una   interpretación  absolutamente    distinta    de    la    que   tiene   en   realidad”.   

2.1.-  En  efecto, ELVENCIA CARDOZO dice que  JULIO  CESAR  CLAROS,  al cual conoce desde 1977, “le  manifestó  en  una  oportunidad” ser el padre de la  demandante,  a  quien igualmente conoció “entre 1978  y  1979”, fuera de comentarle haberla “ayudado  en  lo  que había podido”, así  como  las  ganas  que  tenía de conocer al nieto. Agrega que varias personas en  “El  Viso”  le  “dijeron que Claros Martínez era  el padre de Orfilia”.   

2.2.- A la señora MARIA LUCIA VALENCIANO DE  CLAROS,  vecina  de JULIO CESAR CLAROS y madrina de la actora, razón por la que  éste   la   llamaba   comadre,   le   consta   que   ambos  se  “dieron   trato  de  padre  e  hija  desde  que  ésta  tenía  cinco  años”,   hasta  cuando  aquél  murió,  inclusive  presenció  que  Claros  entregó  dineros a su hija en cuatro oportunidades, en  una  de  ellas,  concretamente  el  día  de la confirmación, para que comprara  ropa.   

2.3.- El esposo de la anterior, compañero de  parrandas  de  JULIO  CESAR  y  vecino de la finca de éste, señor JUAN DE DIOS  CLAROS,  declaró  que aquél le comentó en varias ocasiones que MARIA ORFILIA,  a  quien  también  conoce,  “era su hija”  y  que  “no le había podido ayudar  casi nada”.    

2.4.-  Por su parte, TITO ANTONIO MANZANARES  COLLAZOS,    además   de   conocer   por   “muchos  años”    a   JULIO   CESAR   y   MARIA   ORFILIA,  “vio”  y “percibió”   el  trato  “cariñoso”  de padre e hija que se daban  los  dos,  desde  cuando  ésta  tenia  14  años,  hasta  cuando aquél murió,  relación  que  era  ampliamente  conocida  en  “El Viso”, al extremo que el  propio  CLAROS  le dijo que ella era su hija, fuera de constarle la entrega, con  frecuencia, que aquél hacía a ésta de pequeñas sumas de dinero.   

2.5.- En cuanto a que JULIO CESAR le comentó  que  MARIA ORFILIA era su hija y que le pasaba a la madre para el sustento de su  hija,  también testifica LUIS ANTONIO ANDRADE MARTINEZ, quien conoce al primero  desde  niño  y  a  la  segunda  toda  la  vida.  En  una  fiesta patronal en la  Inspección  de  “El  Viso”,  dice, padre e hija se encontraron y aquél con  “cariño   la   abrazó   y   la  besó”.   

2.6.-  El  señor  VICTOR  HERMIDAS BAUTISTA  CUELLAR,  propietario  para  entonces  de  una “buena  tienda”  en la Inspección de “El Viso”, declara  que  él  suministró  a  FANNY, madre de la demandante, por órdenes del finado  JULIO,  quien  le  pagaba,  “cuando la dieta, harina,  jabón   y   lo   que   ella   pedía   como  arroz  y  otras  cosas”;  después,  ya  la muchacha en la escuela, también le dijo que  le  entregara  a  ella  todo  lo  que pidiera y necesitara; inclusive, cuando se  encontraban  en  el  establecimiento,  JULIO  CESAR  abrazaba  y  besaba a MARIA  ORFILIA,  y  le  daba  dinero  sin saber cuánto. Además, le consta el trato de  padre    a   hija   “por   espacio   de   unos   15  años”.   

2.7.-  Por  último,  ABEL  VARGAS  BARRERA,  conoció  a JULIO CESAR en 1969, quien, tomando, le presentó a la niña como su  hija, la besó y le dio dinero para llevar a la escuela.   

3.-    El    anterior    “conjunto   testifical”,   concluye   el  censor,  demuestra  hechos  trascendentes  que  no  se  reducen, como lo dijo el  Tribunal,  a  una  simple relación afectuosa, matizada por el aprecio y cariño  mutuos,  denotada  por  un  tratamiento  que incluía visitas de él hacia ella,  primero  cuando estudiaba en la Plata y posteriormente cuando residía en Neiva.  Al     contrario,     con     esa     “serie    de  testimonios”  se  “prueba  de  manera  objetiva,  evidente”,  que  JULIO  CESAR  CLAROS  trató  siempre  a la demandante MARIA ORFILIA SERRATO como su hija, sin  que  la avaricia del padre pueda ser argumento para que la autoridad judicial no  lo  vea  de  esa  manera; además, respecto del trato público en el vecindario,  debe  tenerse  en cuenta que se está en torno a una pequeña vereda, con fincas  dispersas  y  pocas casas, donde la gente por lo general en el día se encuentra  ocupada    en    sus    propias    parcelas   y   en   pequeñas   transacciones  comerciales.   

4.- Con el fin de acreditar la incidencia del  error,  el recurrente expresa que si el Tribunal hubiere analizado objetivamente  y   en   “conjunto”  los  testimonios  citados, habría concluido que JULIO CESAR CLAROS MARTINEZ trató a  la    demandante    como    su    hija,    proveyendo   a   su   “subsistencia  y  establecimiento,  y  que por la misma razón, ellos  -los    declarantes-   la  reputaban  como  hija  de dicho padre”, motivo por el  cual  el fallo combatido no puede sostenerse con el testimonio de las demandadas  y  de  la  señora  JULIA  SERRATO  DE  CUELLAR, pues, fuera del interés de las  primeras, ellas no saben ni les consta nada.   

CONSIDERACIONES  

1.- Entre las presunciones consagradas en la  ley  para  declarar  judicialmente  la  paternidad,  se  encuentra  la posesión  notoria  del  estado  civil  de  hijo  extramatrimonial,  consistente, según el  artículo  6º  de la ley 45 de 1936, en que el respectivo padre haya tratado al  hijo  como tal, proveyendo a su subsistencia, educación y establecimiento, y en  que  sus  deudos  y  amigos  o  el  vecindario del domicilio en general lo hayan  reputado  como  hijo de dicho padre, por fuerza de aquel tratamiento, prolongado  durante  cinco  años  continuos  por  lo  menos  (artículo 9º de la ley 75 de  1968),  en  orden  a  lo  cual  debe  presentarse  un  conjunto  de  testimonios  fidedignos  que  la  establezcan  de  un  modo  irrefragable  (artículos  10º,  ibídem,  y  399 del Código  Civil).   

La  posesión  notoria implica, entonces, un  reconocimiento  público,  reflexivo  e  insistente  de paternidad por parte del  padre   respecto  de  una  persona  determinada,  manifestado  por  unos  hechos  reiterativos  calificados  durante  el término mínimo señalado en la ley, que  no  dejen  duda  sobre  que quien asume los gastos de crianza, establecimiento y  educación  de  esa  persona,  incontestablemente  se  le  tiene,  en un circulo  familiar, social y de vecinos, como padre de ésta.   

En relación con los hechos constitutivos de  la  posesión  notoria y su prueba, suficientemente se tiene dicho que lo uno ni  lo  otro  quedó  al  arbitrio  del  juez  o de los interesados, sino que por la  vinculación  que  tiene  el estado civil de las personas con el orden público,  el  legislador  “se preocupó de un lado por señalar  el  rango  o  categoría  de  los  hechos  que  para  él  podían configurar la  posesión  de  estado,  eligiendo los más significativos y protuberantes de los  que  dentro del respectivo estado civil podían producirse, disponiendo a la vez  que  la  posesión  representada  por  esos  hechos  debía  tener una duración  mínima  determinada;  y  de otro, esto es en cuanto a la prueba de esos hechos,  por  sentar mandatos especiales relativos a la singular fuerza de convicción de  que   ella  debía  estar  dotada”,  sin  que  fuera  admisible   que   “en   sustitución  de  ellos  se  demuestren  otros  no contemplados por el precepto…por más significativos que  sean”2.   

En  ese  sentido, también la jurisprudencia  tiene  sentado  que  el  “tratamiento  como  hijo no  consiste   únicamente  en  que  el  padre  y  el  hijo  se  den  mutuamente  el  calificativo  de  tales, sino además que el primero haya atendido durante cinco  años  continuos  por  lo  menos a la subsistencia, educación y establecimiento  del  segundo.  Ese  calificativo  puede  ser  una circunstancia que confirme las  relaciones  familiares  entre  las personas que se lo dan pero que no configuran  la    posesión    notoria    del    estado    de    hijo    natural”3.  Acorde  con  ello,  en sentencia de abril de 1970 se dijo que los  elementos  estructurales  de  la posesión notoria no pueden ser sustituidos por  otros    hechos    que    bien   pueden   ser   corroborantes,   “tales  como  la  asistencia  del  presunto padre al bautizo de quien  pretende   ser   hijo  de  éste,  ni  las  simples  presentaciones  sociales  o  declaraciones  públicas  o  privadas,  o de favores aislados de interpretación  ambigua,     etc.”4.  Inclusive,  “ni  cuando  el presunto padre presenta al demandante como su hijo, a  despecho  de  lo  significativo que resulta tal proceder, es suficiente para dar  por  establecida  la  posesión  notoria”5, como en otra  ocasión terminantemente se afirmó.   

2.-  En  ese  contexto,  pertinente  resulta  examinar  los  testimonios  en  cuya apreciación, según el censor, el Tribunal  incurrió  en  error  de hecho al darle un “alcance y  una    interpretación    absolutamente   distinta   de   la   que   tienen   en  realidad”.   

2.1.- La señora EVELIA CARDOZO (fols. 15-16,  C-5),  de  42  años de edad, dice que conoció a Julio Cesar Claros en 1977 y a  María  Orfilia  Serrato  “más  o menos en…1978 o  1979,  en  Neiva”.  Sabe que ésta es hija de aquél  “porque  siempre  se  lo escuche a la mayor parte de  personas  en  el  Viso”  y  porque  en una ocasión,  “como  en  el  89”,  él  mismo  le  dijo,  refiriéndose  a la demandante, “se  que  es hija mía y la he ayudado cuando he podido también me contó que tenía  muchas  ganas  de  conocer  al  nieto”;  así mismo,  “como  15  días  antes de morir…don Julio me dijo  que  había  tenido  la  oportunidad  de  conocer  su nieto…en la Palma…y me  contó   que…le  había  dado  una  plata  a  la  señora  Orfilia”;  además,  “tengo  conocimiento por  terceros  que  don  Julio  le ayudaba una que otra vez porque él siempre decía  que   no   le   daba   a   ella   para  que  los  hermanos  jartaran”.   Asegura   que   con   ella   no   le  envió  “dinero,  encomiendas  u  otros  bienes”,  pues   solamente   hablaron   de   Orfilia  “en  dos  oportunidades”.   

2.2.-  La  testigo MARIA LUCIA VALENCIANO DE  CLAROS  (fol.  17-18,  C-5), de 49 años de edad, madrina de la demandante, dijo  que  conoció  a Julio Cesar cuando él tenia 20 años, por razones de vecindad,  y  a  María  Orfilia desde que ella tenía 5 años. Sabe que aquél es el padre  de    ésta   porque   siempre   “él…le   decía  hija”  y  ella  “papá y  Julio   me   decía   comadre   donde   me  miraba”;  “cuando  la hicimos confirmar él dio plata para que  le    comprara    ropa”,   en   Timaná,   y   otra  “vez  le  dio  plata en el Viso yo mire que le pasó  platica  como  unas  tres  veces”, cuando ella tenía  “unos  8  años”;  a  la  “comadre  Fanny  le preguntó el padre o el párroco  quien   era   el   padre   y   ella   contestó   que   Julio  Cesar”;   además,  éste  “decía  que  la  niña…era    de   él   y…siempre   me   preguntaba   por   ella”  y  esto “en el Viso todo el mundo lo  sabe”.   

2.3.-  El esposo de la anterior y compañero  de  farras de Julio Cesar Claros, señor JUAN DE DIOS CLAROS (fols. 18-19, C-5),  de  67 años de edad, afirma en su declaración que aunque en El Viso se tiene a  aquél  como  padre de María Orfilia, le consta que es su hija porque la mamá,  Fanny,  lo  ha  dicho  y  “Julio  Cesar  también me  comentó  varias  veces  que la muchacha era de él”,  que  no  le  “había podido ayudar casi nada…porque  no   había  llegado  la  ocasión”  y  que  en  una  oportunidad   se   la   encontró,   ya   “con  los  nietos”, sacó y le dio quinientos o mil pesos, pero  de  eso  “no me he dado cuenta si le prestaba ayuda o  no…ni  con  quien  le  envió…ni  conmigo  mandó  razones  a  la  hija ni a  nadie”.    “Yo    he  oído”  que  los  abuelos  de  Orfilia y la mamá de  ésta,   ayudaron   a   su   crianza,  también  “he  oído”    que    Julio    Cesar    “había pagado el parto”.   

2.4.- El señor TITO ANTONIO MENDOZA COLLAZOS  (fols.19-20,  C-5),  de  45 años de edad y esposo de FANNY SERRATO, madre de la  demandante,  conoce lo del parentesco no sólo porque cuando ellos se encuentran  “se  tratan como padre e hija ella siempre le decía  papá  y  él  hija”, como así se consideraba en El  Viso,  sino  porque  en  una  ocasión  él  se lo dijo; el tratamiento era como  “abrazarlo    y    darle    un    beso”;  en  “3  o  4 ocasiones”   vio   que   “Julio  Cesar  le  dio  plata”,  cuando  su  hija tenía 17 o 18 años; dice  que  conoció  a María Orfilia a la edad de 13 o 14 años, pero no sufragó los  gastos  de  crianza porque ésta se fue a donde una tía, a estudiar a La Plata,  “yo  he  oído  y  me ha contado Orfilia”   que  su  padre  le  ayudó,  sin  que  con  él  haya  mandado  dinero.   

2.5.-  LUIS  ARTURO  ANDRADE  MARTINEZ (fol.  30-32,  C-5),  de  67  años de edad, dice que en El Viso, lugar que frecuentaba  porque  su  mamá  era  de allí, Julio Cesar Claros se reputaba padre de María  Orfilia;  personalmente  aquél  le  dijo ser el padre de ésta, “tan  así  sería  que  él con cariño y amor la abrazó y besó en  una  fiesta  patronal”  y  le  dijo  “hija”,  esto  a  la  edad  de  15 años;  cuando  ella  vivió  “dos años conmigo”,  en  La  Plata,  a  los  14  años, Julio Cesar la visitó y el  “trato  para  ella  fue  especial  con abrazo y beso  (…),  él  sacó  unos  pesos no recuerdo cuanto y me dijo primo aquí le dejo  esto  para  lo  que  se  le ofrezca”; además, él me  dijo  que  le  pasaba dinero a “esa vieja”,  a  la  mamá  de  su  hija, y en otra ocasión tomando cerveza  “también         me…manifestó”   que   se   le  “había  ido  hondo  porque…había…tocado  que pagarle a la partera de María Orfilia”.        

2.6.- Por su parte, VICTOR HERMIDAS BAUTISTA  CUELLAR  (fols.  67-71,  C-5),  de  67  años de edad, natural de El Viso, lugar  donde    tenía   una   “buena   tienda”,  manifestó  que  vio  andando  juntos a Julio Cesar Claros y a  Fanny   Serrato,   “cuando   entonces  tuvieron  la  muchacha”;  “cuando  la  dieta”,  él  ordenó  entregarle  a  ella  harina,  jabón,  arroz,  en  fin,  y  cada  ocho días pagaba; ya la niña en la escuela  también  dispuso  que  le entregara todo lo que necesitara para sus estudios, a  veces  cuando  estaba  pagando  “llegaba la hija…le  daba   besos,   se   abrazaban…le  daba  plata”  y  “le   decía   hija”,  “ahí  era  cuando  más  se  entrevistaban, más no  porque   yo   no  me  daba  cuenta”,  eso  fue  como  “por ahí del 66 en adelante hasta cuando tenía por  ahí  12  años,  porque  ella  me  parece  que  estudio en La Plata”;  él mismo me decía que ella era su hija y el reconocimiento o  admisión  de  la  paternidad  por  parte  de  Julio  Cesar  Claros ante amigos,  trabajadores,   allegados   y   la   comunidad   de   “El   Viso”,  fue  por  “ahí desde el año 66 o 67 en adelante, o desde que  estuvo    en    la    escuela,    hasta    que    tuvo    15   años”.   

2.7.- ABEL VARGAS BARRERO (fols. 72-75, C-5),  de  51  años  de  edad,  conoció  en  1969 a Julio Cesar Claros, por razón de  negocios,  “de  ahí  para  adelante seguimos con la  amistad”,  en  una  oportunidad tomando en la tienda  del  anterior  testigo  “me  manifestó          que tenía una  niña  que  la  quería  mucho”, cuando precisamente  “llegó  la  pelada y me dijo, mire, esta es la hija  mía,  lo  saludó,  lo  besó y él también, sacó en ese momento que ella iba  para  la  escuela,  plata  y  le dio, no se cuánto”;  después  “nos  encontramos  en  Tarquí  (H),  ahí  estaba  la  hija…se  saludaron  de beso y abrazo…él sacó de la cartera tal  vez  sería  plata  y  se  despidió  de  beso”;  en  “junio  estuvimos tomando en Timaná y me recomendó  que  le  ayudara…a  ella…que  él  respondía…Nos  fuimos  para  el pueblo  mío…llegamos  a  la  casa  y nos pusimos a tomar…y me contaba que…quería  mucho   a   la   hija”.   Una  vez  “nos    encontramos”   en   Timaná   y  “me  dijo  llevemele  (sic.)  esta maleta a la negra  Fanny”;  otra  vez  “nos  encontramos  en  el Viso”, me mandó negociar y matar  un  marrano,  “me dijo me trae dos libras de carne y  va    y    me    las    deja    allá    donde    la   negra   Fanny”.   

Respecto  del  trato  el testigo dice que lo  verificó  cuando “ella estaba de una edad volantona,  de  unos  8 años” y la última vez en Tarquí cuando  “ella      tenía      17      años,  eso  lo  experimenté  de  unos 12 a 17  años  que ella tenía”. Sobre el reconocimiento como  hija  “a  mis  ojos  me  consta  porque  él  me  lo  comentaba   a   mí,   yo   nunca  andaba  con  él,  nos  encontrábamos  y  me  contaba”,   además,   todos   los   de   El   Viso  “deben  saber  que ella es nacida y criada ahí, él  me  decía  a  mí  eso,  pero  todos  los  demás  deben  de  saber”.   En   relación  con  la  ayuda,  afirma  que  “en  lo que me tocó a mí, o que me conste, fue como unos dos meses,  era cada ocho días, cada quince días”.   

3.-  Vista así la prueba testimonial, en el  caso  concreto  no  es  que  se  haya  omitido  apreciarla, sino que a partir de  referir  que  los  testigos  expusieron  sobre el cariño y aprecio mutuos entre  JULIO  CESAR  CLAROS  MARTINEZ  y  MARIA ORFILIA SERRATO, el recíproco trato de  padre  e  hija que se irrogaban, las visitas de él hacia ella, el suministro de  “mercadito   y  útiles  de  estudio,  otras  veces  plata”, el Tribunal dejó sentado que esos hechos no  alcanzaban   a  acreditar  que  aquél  hubiese  proveído  efectivamente  a  la  “subsistencia,          educación         y  establecimiento”  de  su  hija,  por  un  lapso  no  inferior  a cinco años, con una entidad tal que haya generado la fama, ante los  deudos  y  amigos  o  ante  el  vecindario  del  domicilio  en general y que ese  tratamiento  no  obedecía  a  otro sentimiento que el derivado de la existencia  del vinculo filial.    

Desde  luego, la relación paterno filial no  puede  presumirse  por  el  hecho  escueto  o aislado sobre que todo el mundo en  “El  Viso” “lo sabe” o  “debe    saberlo”   o  “haya  reputado” a CLAROS  MARTINEZ  como  padre de MARIA ORFILIA, tal cual indistintamente lo declaran los  testigos.  Tampoco  porque aquél haya manifestado “a  uno  y  otro  de  estos  testigos  que  María  Orfilia  era su hija”,  o  que  ante  los  declarantes  se  hayan dado “trato  cariñoso”,  o,  en fin, que aún  con  avaricia le hubiere ayudado a “ella y a la madre  misma  en  los  momentos  cruciales  del nacimiento”,  como  se  dice  en  el  cargo. Al contrario, para ese propósito se requería de  circunstancias  calificadas,  ciertas  e  inequívocas, públicas y no privadas,  permanentes  y  no  fugaces,  de  reconocimiento  de la paternidad, conocidas de  antemano  por  los  testigos, y significativas de que el presunto padre proveyó  en   forma   ininterrumpida  durante  un  lustro  siquiera  a  la  subsistencia,  educación y establecimiento de su hija.   

3.1.-  Esos hechos, con las características  dichas,  no brotan del contenido de la prueba testimonial extractada, razón por  la  cual el Tribunal no pudo incurrir en los errores de hecho que se le imputan.  En  efecto,  todos  los  declarantes saben del parentesco porque CLAROS MARTINEZ  les  dijo  que MARIA ORFILIA era su hija, pero no obstante la importancia de ese  reconocimiento,  este  no  es  suficiente  para dar por establecida la posesión  notoria.  Además,  de  esa  misma  relevancia  carecen otros hechos, por cierto  menos  significativos, tales como que dicho señor haya llamado comadre a una de  las  testigos,  madrina  de  confirmación  de  la  demandante,  como tampoco la  tendría  que  ésta  o  su progenitora así lo hayan manifestado, o que padre e  hija   mutuamente   se  hayan  dado  el  calificativo  de  tales,  según  otros  declarantes  lo  indican,  porque todas esas circunstancias no son constitutivas  del  trato  que  exige  la ley, cual es que el primero haya atendido, repítese,  durante  cinco  años  continuos  por  lo  menos a la subsistencia, educación y  establecimiento de la segunda.   

3.2.-  De otra parte, si bien los deponentes  aluden  a la ayuda económica y al trato afectuoso recíproco de abrazos y besos  entre  el  presunto  padre  y  la  demandante, ello por si no es suficiente para  dejar  establecida  la  posesión  notoria  de  estado  de  hijo, primero por la  ocurrencia  ocasional, que no permanente de esos hechos; y, segundo, porque esas  manifestaciones   no  trascendieron  el  dominio  público.  Sobre  lo  último,  obsérvese  cómo  el  testigo  VICTOR  HERMIDAS  BAUTISTA CUELLAR, dueño de la  tienda,  aparte  de  indicar que el trato sentimental ocurrió durante el tiempo  en  que  MARIA  ORFILIA  estuvo en la escuela, pues en ese lugar “era  cuando  más  se  entrevistaban”, de  todas  formas  no  sabe  “más…porque yo no me daba  cuenta”.  Y en relación con lo primero, mírese que  a  EVELIA CARDOZO y a JUAN DE DIOS CLAROS, nada de ello les consta directamente;  MARIA  LUCIA  VALENCIANO  DE CLAROS y TITO ANTONIO MENDOZA COLLAZOS, únicamente  presenciaron  la  entrega de dineros en tres o cuatro oportunidades; LUIS ARTURO  ANDRADE  MARTINEZ, observó lo del abrazo y el beso dos veces  y la entrega  de  dineros  una  sola  ocasión; y ABEL VARGAS BARRERO, presenció ambos hechos  cuando  CLAROS  MARTINEZ le presentó a MARIA ORFILIA y cuando se la encontraron  en  Tarquí  (Huila),  además  una vez le pidió el favor que le entregara a la  “negra  Fanny”, la madre  de la demandante, una maleta y en otra dos libras de carne.   

4.-  Con  todo,  si se aceptara en gracia de  discusión  que  los  hechos  narrados  por los testigos entrañan una relación  filial,  no  debe  perderse  de  vista  que  aunado  a ello también debe quedar  demostrado  que  esos  acontecimientos  se  prolongaron  ininterrumpidamente por  cinco  años  siquiera,  para  que  de  esa  manera  sea  de recibo la posesión  notoria,  pues  como  se  reiteró  en  sentencia  de  23  de abril de 1993, ese  fenómeno  “no surge improviso, no es situación que  sobrevenga  en  el  sentido  de  presentarse  inopinadamente,  es  una posición  fáctica  que  sólo  se  va  modelando  y  definiendo  con  el paso incesante y  prolongado  de  los  días  y  con  la  reiteración  pública,  no  secreta, de  comportamientos  que  aisladamente  no  son  indicativos  de  aceptación  de la  paternidad,  pero  que prolongados en el tiempo y a la vista de deudos y amigos,  o  del  vecindario  del  domicilio  en  general,  van  grabando en la conciencia  popular  la  certidumbre de que el beneficiario de esa posesión de estado tiene  que   ser  hijo  extramatrimonial  de  quien  así  provee  a  su  subsistencia,  educación     y     establecimiento”6.   

En ese sentido, la prueba testimonial que se  analiza   no   demuestra   que   ese   tratamiento  haya  tenido  una  duración  ininterrumpida  mínima  de  cinco  años  continuos; al contrario, los testigos  deponen  sobre  épocas  distintas y aisladas, ninguna de las cuales perduró el  tiempo  mínimo  exigido  en la ley para ese propósito. Así, EVELIA CARDOZO de  alguna  manera  conoció  los  hechos  “como  en  el  89” y resulta que la demanda fue presentada el 26 de  febrero  de  1992, es decir, antes de completarse el quinquenio; ese mismo lapso  no  alcanzó  a  transcurrir  en  el interregno en que MARIA LUCIA VALENCIANO DE  CLAROS  conoció  a  la  demandante,  a  los  cinco  años de edad, hasta cuando  presenció  el  último  evento de entrega de dineros, a los ocho años de edad;  JUAN  DE  DIOS  CLAROS,  sólo  relata un hecho indirecto de entrega de dineros,  cuando   la  actora  “ya  tenía  nietos”;  TITO  ANTONIO  MENDOZA  COLLAZOS, narra hechos dispersos, unos  acaecidos  cuando  MARIA  ORFILIA  tenía  13  o 14 años, pues de ahí se fue a  donde  una tía, a estudiar a La Plata, otros, como la entrega de dineros, sólo  lo  presenció  cuando  la  misma  tenía  17  o  18  años; LUIS ARTURO ANDRADE  MARTINEZ,  evoca  el  trato  afectuoso  y  la  ayuda económica únicamente para  cuando  la  actora  tenía  14  y  15  años,  no  en El Viso, sino en La Plata;  respecto  de  la  ayuda, “en lo que me tocó a mí, o  que  me  conste,  fue como unos dos meses”, dice ABEL  VARGAS  BARRERO,  y  sobre  el trato afectuoso, no refiere más de dos ocasiones  aisladas,  una  cuando la actora “estaba  de una  edad  volantona,  de  unos 8 años”, otra en Tarquí,  cuando    “ella    tenía   17   años”;  finalmente, VICTOR HERMIDAS BAUTISTA CUELLAR, alude dos hechos  diferentes,   uno   “cuando   la  dieta”  de  la  madre  de  la  demandante  y  otro  del “66  en  adelante  hasta  cuando tenía por ahí 12 años”,  pero  si  ella  nació  en junio de1957 (fol. 3, C-1), en 1966  tendría  9  años,  lo  cual  indica  que  las  entrevistas  que observó en su  tienda  no alcanzaron el lustro.   

5.- En suma, como el Tribunal no incurrió en  los  errores  de  hecho  que  se  le  imputan,  el cargo se encuentra llamado al  fracaso.   

DECISION  

En  armonía  con  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Civil y Agraria, administrando justicia  en  nombre  de la República y por autoridad de la ley,  NO  CASA la sentencia de 2 de marzo de 1994, proferida  por  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Neiva, Sala de Familia, en el  proceso  ordinario  promovido  por  MARIA ORFILIA SERRATO DE BERNAL frente a las  señoras  EDELMIRA  ACHURI  DE  SERRATO y LORENZA CLAROS ACHURI, “cónyuge  supérstite” y “heredera   universal”,  respectivamente,  del   causante   JULIO   CESAR  CLAROS  MARTINEZ,  así  como  contra  herederos  indeterminados.   

Las costas del recurso corren a cargo de la  parte demandante recurrente. Tásense.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  el  expediente al Tribunal de origen.   

JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

MANUEL ARDILA VELASQUEZ  

NICOLAS BECHARA SIMANCAS  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ  

JORGE SANTOS BALLESTEROS  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO    

1 Cfr.  Cas. Civ. Sentencia de 14 de enero de 1992.   

2 G.J.  Tomo CXXIV, pág 278. Sentencia de 27 de agosto de 1968.   

3 G.J.  Tomo CXIX, pág. 187. Sentencia de 3 de julio de 1967.   

4 G.J.  Tomo CXXXIV, pág. 104.   

5 G.J.  Tomo CCXXII, pág. 457. Sentencia de 23 de abril de 1993.   

6 G. J.  Tomo CCXXII, pág. 457.     

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