S 098 99 [5301]

1999

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

S-098-99 [5301]

    CORTE    SUPREMA    DE   JUSTICIAPRIVADO     

SALA    DE     CASACION    CIVIL   Y  AGRARIA   

Magistrado Ponente: Dr. NICOLAS  BECHARA  SIMANCAS   

Santafé de Bogotá D. C., veintidós (22) de  noviembre de mil novecientos noventa y nueve (1999).-   

Ref: Expediente 5301  

                              Se  decide  el  recurso  de  casación  interpuesto  por  la  parte  demandante  contra la sentencia de 19 de octubre de  1994,  proferida  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de   Santafé   de  Bogotá,  Sala  de  Familia,  en  este  proceso ordinario de  ALEJANDRO   ALBERTO   JAVKIN  ZONIS  contra  la  menor  NATALIA  ALEXANDRA  GIL,  representada por MARTHA STELLA GIL ALBA.   

ANTECEDENTES  

                             1.- Por demanda presentada el 26 de junio  de  1991  y  que  por  repartimiento  general  le correspondió al Juzgado   Quinto  de  Familia  de  Santafé de Bogotá, el mencionado demandante promovió  proceso  ordinario en contra de la nombrada menor, para que se hagan en su favor  las siguientes declaraciones:   

                             “Primera:  Declárese que la sentencia  de  fecha  4  de  julio de 1989 proferida por el Juzgado 4º Civil de Menores de  Bogotá,   dentro  del  proceso  de  investigación  de  la  paternidad  natural  instaurado  por  la  menor  NATALIA ALEXANDRA GIL, a través de su representante  legal,  contra  el  señor  ALEJANDRO  ALBERTO JAVKIN ZONIS, mediante la cual se  reconoció  a  éste  como padre de aquélla, no tiene valor ni efecto jurídico  alguno.   

                             “Segunda: Declárese que el demandante  ALEJANDRO  ALBERTO JAVKIN ZONIS, no es el padre natural o extramatrimonial de la  menor NATALIA ALEXANDRA GIL.   

                             “Tercera:  Igualmente declárase (sic)  que  el  señor ALEJANDRO ALBERTO JAVKIN ZONIS no tiene obligación alimentaria,  ni de alguna otra índole, para con la menor NATALIA ALEXANDRA GIL.   

                             “Cuarta: Ofíciese a la Notaría 13 del  Círculo  de Bogotá y a la Oficina del Estado Civil, para que tomen atenta nota  de  las  determinaciones  anteriores,  en  el registro civil de nacimiento de la  menor NATALIA ALEXANDRA GIL.   

                             “Quinta: Remítase copia auténtica de  la  sentencia  que  acoja  las  anteriores pretensiones, al Juzgado 4º Civil de  Menores,  hoy  de  Familia, para que obre dentro del proceso donde se produjo la  sentencia  cuya  invalidez se pretende con esta demanda. Igualmente a cualquiera  otra  Oficina  o  autoridad pública en donde hubiere sido presentada o inscrita  la sentencia de fecha 4 de julio de 1989.   

                             2.-  Como  hechos  fundamentales  de las  pretensiones, el actor relaciona los que pasan a compendiarse:   

         

                             2.1.- El Juzgado Cuarto Civil de Menores  de  Bogotá  admitió,  por  auto de 3 de marzo de 1986, la demanda ordinaria de  investigación  de  la  paternidad  natural  instaurada  por  la  menor  NATALIA  ALEXANDRA  GIL,  representada  por  su  madre  MARTHA  STELLA  GIL  ALBA, contra  ALEJANDRO  ALBERTO  JAVKIN  ZONIS,  la  que  se  fundamentó  en  las relaciones  sexuales  que sostuvieron los progenitores entre el 13 y el 20 de agosto de 1983  en  la  ciudad de Barrancabermeja y en el tratamiento de hija que éste le dio a  aquélla, quien nació el 5 de mayo de 1984.   

                             2.2.-  ALEJANDRO  ALBERTO  JAVKIN  ZONIS  recibió  notificación  personal  de  la  demanda en cuestión y la respondió,  negando  las  afirmaciones hechas en la misma y oponiéndose a la prosperidad de  las pretensiones.   

                             2.3.-  En  el  trámite  del  proceso de  investigación  de  la paternidad extramatrimonial se recibieron los testimonios  de  FLOR  E. AGUILERA JIMENEZ, OMAR V. HUGO GIL ALBA MIRYAM A. GIL ALBA y MIRYAM  SANTOS;  el  interrogatorio  de  la representante legal de la menor demandante y  del  demandado;  y,  de  oficio, se decretaron y recaudaron las declaraciones de  ISAIAS  LEAL  LUQUE,  JAIRO  HUMBERTO  DUEÑAS  ORJUELA, HENRY VALDERRAMA GALAN,  WILLIAM  ENRIQUE  PEÑA,  LUIS ALBERTO SANCHEZ, FRANCISCO VARGAS y SAMUEL ROSAS;  también  se  allegaron  “exámenes de genética” practicados, el uno, a las  partes  y  a  la  representante  legal  de la demandante, que dio como resultado  “posible  compatibilidad  sobre  la paternidad” y, el otro, a la menor, a su  madre  y a SAMUEL ROSAS CASTAÑEDA, “cuya impresión sobre paternidad es la de  posible   incompatibilidad”;   de   igual  manera,  se  incorporó  el  examen  “H.L.A”  practicado  a  los  progenitores  y  a  la  hija,  que arrojó como  resultado “la de posible compatibilidad” de la paternidad.   

                             2.4.-  El  citado  proceso concluyó con  sentencia  de  única  instancia,  de  fecha  4  de  julio de 1989, en la que se  declaró  que  ALEJANDRO  ALBERTO  JAVKIN ZONIS era el padre extramatrimonial de  NATALIA  ALEXANDRA  GIL,  se dispuso oficiar a la Notaría Trece del Círculo de  Bogotá  y  a  las  oficinas  del  estado  civil  para  que  tomarán nota de la  decisión  adoptada, se ordenó que la patria potestad continuara en poder de la  madre y se condenó en costas al demandado.   

                             2.5.-  En  el  citado  proceso,  el  hoy  demandante  en  revisión  de  la sentencia que declaró la filiación (art. 18,  Ley  75  de  1968)  aceptó  que  sostuvo relaciones sexuales con la madre de la  menor,  pero  únicamente  el día 6 de agosto de 1983; por el contrario, MARTHA  STELLA  GIL ALBA asegura en la demanda que ellas tuvieron lugar entre el 13 y el  20  de  agosto de 1983 y, luego, al absolver interrogatorio, las sitúa entre el  16  y  el  20  de  dichos  mes  y  año,  «lo cual no coincide con la ubicación  temporal  que  sobre las relaciones sexuales se hace en la demanda y, peor aún,  sin  medio  de  convicción  que  la respalde, forzoso es concluir, en elemental  lógica,  que  en  el  proceso  no  se demostraron las relaciones sexuales entre  MARTHA  STELLA  Y  ALEJANDRO  ALBERTO  JAVKIN,  de  las  cuales  se dedujo en la  sentencia  la  paternidad  de  la  menor NATALIA ALEXANDRA». Además, tampoco se  estableció  que  éste prodigara a aquélla trato personal y social del cual se  puedan inferir dichas relaciones sexuales.   

                             2.6.- El Juzgado Cuarto Civil de Menores  de  Bogotá apreció los exámenes genéticos y de “H.L.A.” reconociéndoles  validez,  pese a que eran ineficaces por falta de fundamentación y explicación  de  las conclusiones sobre paternidad compatible, pretermitiéndose la exigencia  del  artículo  241  del  Código de Procedimiento Civil, y, adicionalmente, les  dio  un  mérito demostrativo superior al que legalmente les corresponde, ya que  doctrinaria   y  jurisprudencialmente  apenas  alcanzan  el  valor  de  indicios  contingentes,  lo que comporta “que la valoración de tal medio de prueba debe  hacerse   necesariamente  en  conjunto  con  los  demás  elementos  probatorios  obrantes  en  el  proceso,  lo  cual  no  lo  hizo  en  el caso que nos ocupa el  fallador,  porque  de  haberlo hecho se habría percatado que su fallo lo estaba  apoyando  probatoriamente  cuando  mucho en un indicio, pues ya quedó visto que  el  hecho  indicador  no  ofrece  la verosimilitud requerida para de éste poder  inferir  una  consecuencia”.  También  se  evidencia  error  en  la sentencia  estimatoria  de  la  paternidad,  porque  dedujo  de  la  incompatibilidad de la  paternidad  del  examen genético practicado a SAMUEL ROSAS, que el padre era el  demandado,  “como  si  existiera una relación de causalidad entre ese hecho y  la paternidad”.   

                             2.7.- Inexplicablemente y como secuela de  la  valoración  parcial  y  equivocada de los testimonios de ISAIAS LEAL LUQUE,  JAIRO  HUMBERTO  DUEÑAS ORJUELA, HENRY VALDERRAMA GALAN, WILLIAM ENRIQUE PEÑA,  LUIS  ALBERTO  SANCHEZ,  FRANCISCO  VARGAS,  SAMUEL  ROSAS  y  MIRYAM SANTOS, el  sentenciador  desestimó,  estando  acreditado fehacientemente, que MARIA STELLA  GIL  ALBA  durante  el  mes  de agosto de 1983, época en que estuvo radicada en  Barrancabermeja  y  que  comprende  la  de  la concepción de NATALIA ALEXANDRA,  sostuvo  también relaciones sexuales con SAMUEL ROSAS, JULIO PICO, JORGE BOGOYA  y  CARLOS  CRIBB,  razón por la cual debió declararse probada la excepción de  “plurium  constupratorum”  y negarse la filiación deprecada, de conformidad  con  lo  reglado  en  el  artículo  6, numeral 4, inciso final, de la Ley 75 de  1968.  El  argumento expuesto para negar el buen suceso de la defensa propuesta,  “consistente   en   que   el   examen   practicado  a  SAMUEL  ROSAS  por  ser  incompatible”  conduce  a  concluir  que  el  padre  tiene  que  ser ALEJANDRO  ALBERTO,  es  inaceptable  porque  “la  ley  solo exige la demostración de la  pluralidad  de  relaciones  sexuales de la mujer con hombre u hombres diferentes  al  que  se  indica  como  padre,  durante  la  época  en  que  se  presume  la  concepción,  mas  no que por resultar incompatibles los exámenes genéticos de  allí se deduzca la paternidad del demandado”.   

                             3.-  Tanto  la menor demandante, como su  representante  legal,  recibieron  notificación  y  traslado  de la demanda por  intermedio  de  sendos curadores ad litem, quienes se opusieron a la prosperidad  de las pretensiones pero no formularon excepciones.   

                             4.- El Juez del conocimiento le puso fin  a  la  primera  instancia  por  sentencia  de  1º  de junio de 1994, en la cual  denegó  las  pretensiones  de  la demanda y se abstuvo de condenar en costas al  demandante.   

                             5.- Descontenta con lo así resuelto, la  parte  demandante  recurrió  en apelación ante la Sala de Familia del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Santafé  de Bogotá, quien al desatar la  alzada,  mediante sentencia de 19 de octubre de 1994, confirmó la del a – quo y  condenó en costas de segunda instancia al apelante.   

FALLO DEL TRIBUNAL  

                             Luego de relacionar el trámite impartido  en  la  primera instancia, de dar por establecidos los presupuestos procesales y  de  no  encontrar  motivo  generador  de  nulidad  que  obligase  retrotraer  la  actuación,  procede  el  Tribunal  a  consignar las consideraciones que pasan a  resumirse:   

                             1.- Empieza por resaltar, que la acción  ejercida  por  el  demandante  es  la de revisión de sentencia proferida por el  Juez  Civil  de  Menores  que  consagraba  el artículo 18 de la Ley 75 de 1968,  derogado  por  el Decreto 2272 de 1989, que creó la jurisdicción de familia, y  que  ella, por tanto, apunta jurídicamente “a obtener el aniquilamiento de la  sentencia  por  medio  de  la  cual  se le declaró padre extramatrimonial de la  menor  NATALIA  ALEXANDRA  GIL”, pudiéndose, al desatar tan especial acción,  volver  a  realizarse  el  estudio  de  la causal invocada no sólo a luz de las  pruebas  allegadas en el proceso de filiación, sino también de las practicadas  durante el curso de la presente revisión.   

                              2.-   Prosigue  manifestando,  que  el  artículo  6º,  numeral  4º,  de la Ley 75 de 1968 establece la presunción de  paternidad  y  le abre vía a su declaratoria judicial, cuando entre el presunto  padre  y  la  madre  hayan  existido  relaciones  sexuales por la época en que,  según  las voces del artículo 92 del Código Civil, pudo haber tenido lugar la  concepción  del  hijo.   Presunción de paternidad que, ante la dificultad  de  obtener  prueba  directa  y  personal  del trato carnal por la discreción y  ocultamiento  que  generalmente  lo  rodea,  “dio lugar a que el legislador de  1968  dijera que dichas relaciones podrán inferirse del trato personal y social  entre  la  madre  y el presunto padre, apreciado dentro de las circunstancias en  que  tuvo  lugar  y según sus antecedentes, y teniendo en cuenta su naturaleza,  intimidad y continuidad”.   

                              3.-  Reseña  seguidamente  la  prueba  testimonial  recaudada  dentro  del  proceso cuya revisión es objeto de estudio  referente  a  FLOR STELLA AGUILERA JIMENEZ, OMAR VICTOR HUGO GIL ALBA, MIRYAM A.  GIL  ALBA,  ISAIAS LEAL LUQUE, JAIRO HUMBERTO DUEÑAS ORJUELA, HENRY VALDERRAMA,  WILLIAM  ENRIQUE  PEÑA,  LUIS  ALBERTO  SANCHEZ, FRANCISCO JAVIER VARGAS ARIAS,  SAMUEL  ROSAS  CASTAÑEDA  y  MYRIAM SANTOS SANTOS, para concluir que ninguno de  los  declarantes observó de manera personal y directa “una conducta inusual o  fuera  de  lo normal, entre la demandante y el demandado que permitiera deducir,  inferir  o  siquiera  sospechar que entre ellos existiera una relación amorosa,  ni  menos de carácter íntimo por la época en que, precisamente, tuvo lugar la  concepción  de  la  menor  NATALIA  ALEXANDRA”  y que, con excepción de LEAL  LUQUE,   VALDERRAMA   y   VARGAS   ARIAS,   dichas   versiones  contienen  otras  manifestaciones  que ameritan resaltarse, porque tuvieron relevancia contundente  para apoyar el buen suceso de la filiación deprecada.   

                             4.- Destaca a continuación las versiones  de  FLOR  STELLA  AGUILERA  JIMENEZ (Fl. 29) OMAR VICTOR HUGO GIL ALBA (Fl. 30),  MYRIAM  ANDREA GIL ALBA (Fl. 31), JAIRO HUMBERTO DUEÑAS ORJUELA (Fls. 72 a 74);  LUIS  ALBERTO  SANCHEZ (Fls. 130 a 132), WILLLIAM ENRIQUE PEÑA (Fls. 130 Vto. a  131),  MYRIAM  SANTOS  SANTOS  (Fl.  368)  y SAMUEL ROJAS CASTAÑEDA. Igualmente  menciona,  que  la  madre de la menor y el demandado absolvieron interrogatorios  de  parte y que, además, se practicaron exámenes Antropoheredobiológicos y de  antígenos de histocompatibilidades (H.L.A.).   

                             5.-  Señala,  que a pesar de no haberse  demostrado  trato  personal  y  social entre la pareja que conduzca a inferir la  ocurrencia  de  relaciones íntimas, “ello no constituye óbice alguno para su  establecimiento,   pues   su   demostración   también  tiene  cabida,  con  la  acreditación   de  hechos  de  análoga  naturaleza,  así  estos  se  hubiesen  producido  con  posterioridad a la época de la concepción”, lo cuales pueden  comprobarse  libremente,  esto  es,  a  través  de  cualquiera de los medios de  prueba autorizados por la ley.   

                             6.-  Se  detiene luego el Tribunal en la  posición  asumida  por  JAVKIN  ZONIS  en  el  proceso, y afirma que si bien es  cierto  él,  inicialmente, negó las relaciones sexuales denunciadas por Martha  Stella  Gil Alba, optó finalmente por admitirlas, lo que constituye confesión,  por  satisfacer todos los requisitos que son propios a dicha prueba, la que, por  lo  demás,  no  fue  infirmada  por  ninguno  de  los otros elementos de juicio  obrantes en el plenario.   

                              De  manera  complementaria  consideró  trascendente  el  ad  –  quem,  que al exhibírsele las fotografías en las  que  aparece  con  la  menor,  él  reconoció  a  la  niña  como la hija de la  nombrada,  de  lo  que  infiere  “que  con  mucha  anterioridad,  ya la había  conocido”,  aserto  que  ratifica con el testimonio de MYRIAM ANDREA GIL ALBA,  que  da  cuenta  que  el  padre  cuando  le  llevaban la niña al apartamento la  trataba  “de  manera  muy  especial”,  versión  que  le merece credibilidad  porque,  no  obstante  el  parentesco  de  tía  y hermana que la vincula con la  demandante  y su representante legal, “no por ello debe tildarse o calificarse  de  sospechosa,  pues  es  sabido que, por lo general, los asuntos de familia se  tratan  íntimamente  entre las personas que la integran y no trasciende (sic) a  terceras  ajenas a la misma”.  A lo anterior, continúa el fallador, debe  agregarse  el  testimonio  de  FLOR STELLA AGUILERA JIMENEZ, quien dice que oyó  conversaciones  en  las  que  el  padre,  al ser requerido por la madre para que  reconociera  a  la niña, no se negó a ello expresamente, sino que, para evitar  tal    diligencia,    recurrió    a    evasivas,    como    la    “falta   de  tiempo”.   

                             7.-  Desestima el juzgador la excepción  «plurium  construpratorum»  propuesta  por  el  demandado,  explicando  que  las  supuestas  relaciones  que  algunos  testigos  le  atribuyen  a  la  madre de la  demandante  con  otros  hombres distintos al presunto padre durante el tiempo de  permanencia  de aquélla en Barrancabermeja, no “fueron de carácter íntimo o  sexual,  sino  más  bien  las  que  surgen entre compañeros de labores que, en  manera  alguna, se pueden interpretar, dándoles una apariencia o un significado  que  no  tienen”  y  que está de acuerdo con la apreciación que el  a –  quo  dio  a  las manifestaciones efectuadas por Samuel Rosas de haber tenido, en  dos  ocasiones,  trato  carnal  e  íntimo  con la madre de la menor, durante la  época  que  ella  laboró  en  la citada población y que coincide con la de la  concepción  de  Natalia, porque el resultado de genética resultó incompatible  respecto del citado y esa “…es prueba de exclusión”.   

                             8.- Estima, teniendo en cuenta el indicio  de  compatibilidad de paternidad deducido de los exámenes genéticos efectuados  a  los  padres  y  a  la  menor,   que  no obstante la prueba de relaciones  sexuales  entre  la madre y Samuel Rosas durante la época de la concepción, no  puede  prosperar  la  excepción  de  pluralidad de concúbitos, porque se da la  situación  fáctica  prevista  en  la parte final del numeral 4º del artículo  6º  de  la Ley 75 de 1968 al estar acreditado que el presunto padre acogió por  actos  positivos  suyos  como hija a la menor NATALIA ALEXANDRA, como lo revelan  hechos  tales  como  el reconocimiento expreso de las fotografías “en las que  aparece  el  mismo  con  la menor en actitudes que, inequívocamente, son las de  alguien  que  mantiene  un afecto o cariño especial hacia la pequeña”; haber  posado  para las fotografías después de que se le atribuyera la paternidad, lo  mismo  que  “sentar  dedicatorias  en algunas de las placas”; el tratamiento  que  le  dio  en  presencia  de  la  tía MYRIAM ANDREA GIL ALBA; y, la falta de  negativa  categórica  de  la  paternidad  cuando la madre lo requirió para que  hiciera  el reconocimiento de la infante ante notario, a lo que no accedió pero  esgrimiendo   como   excusa  que  no  disponía  de  tiempo  para  realizar  tal  diligencia, conforme lo relata FLOR STELLA AGUILERA JIMENEZ.   

                             9.- Termina el Juzgador de segundo grado  apreciando  la  prueba recaudada dentro del proceso de revisión de la sentencia  del  Juez  de  Menores,  para  expresar  que  ella nada nuevo aporta con miras a  modificar la declaratoria de filiación.    

                             Del  testimonio  de  FERNANDO RODRIGUEZ,  quien,  con  base  en  el  conocimiento  que  tuvo de ALEJANDRO ALBERTO y MARTHA  STELLA  en  1983,  afirma  el  interés de ésta por aquél, que ella tenía una  conducta  “agitada  pues  le  gustaba salir con compañeros de trabajo”, que  llegaba  en  las  horas  de  la  madrugada  y  que  una  vez  “vio salir de su  habitación  a  un señor de apellido CRIBB, el que luego le comentó que había  tenido  relaciones  sexuales”  con  ella,  relieva que no se pueden inferir la  ocurrencia  de actos carnales, como quiera que la única realidad que muestra la  versión  es  la actitud amistosa y de compañerismo atribuible a Gil Alba , sin  que,  por  tanto,  sirva dicha versión para, respecto del señor CRIBB, afirmar  la  existencia  de relaciones íntimas,  “por no provenir directamente de  las personas a quien se le endilga tal imputación”.   

                              Por  último  apunta,  que  los  nuevos  testimonios  de  Samuel  Rosas  Castañeda  y Myriam Santos Santos repiten lo ya  dicho  por  ellos  y  que  en  nada  alteran  el  análisis  y  las conclusiones  efectuadas.   

EL RECURSO DE CASACION  

                               

                             Un  solo  cargo  se  formula  contra  la  sentencia  del  Tribunal  con  fundamento  en  la  causal  primera  de casación  consagrada  en el artículo 368 del Código de Procedimiento Civil, en el que se  acusa  la sentencia de infringir, por aplicación indebida, de manera indirecta,  el  numeral  4º del artículo 6º de la Ley 75 de 1968, a causa de ostensible y  manifiesto error de hecho.   

                             Al  desarrollar  el cargo, el recurrente  centra  su  acusación  en  dos aspectos que denomina cruciales:  en primer  término,  en no haberse visto la prueba que acreditaba que para la época de la  concepción  de  la  menor  NATALIA  ALEXANDRA  su señora madre tuvo relaciones  sexuales  no  solo  con el padre supuesto, sino también con CARLOS CRIBB, JORGE  BOGOYA,  JULIO  PICO  y  SAMUEL  ROSAS  CASTAÑEDA; en segundo lugar, el haberse  deducido  de  unos  lánguidos  testimonios  y  documentos  que  el demandado le  prodigó  a  la menor el trato propio de hija suya.  A continuación pasa a  demostrar por separado cada uno de los reparos en cuestión.   

                              1.-           Empieza por resaltar partes de los  testimonios  rendidos  por  ISAIAS  LEAL  DUQUE, JAIRO HUMBERTO DUEÑAS ORJUELA,  HENRY  VALDERRAMA,  WILLIAN  ENRIQUE PEÑA, LUIS ALBERTO SANCHEZ, FERNANDO ROJAS  RODRIGUEZ   y   SAMUEL   ROSAS  CASTAÑEDA,  que  demuestran  la  pluralidad  de  concúbitos  realizados  por la señora MARTHA STELLA GIL ALBA durante el tiempo  en  que  estuvo  laborando  en  Barrancabermeja,  ciudad  que  por  su  clima  y  costumbres   es   propicia  para  el  ambiente  festivo,  la  farra  y  la   promiscuidad sexual.   

                             2.- Predica, que el Tribunal cercenó el  alcance  demostrativo  de  tales  declaraciones,  que  conducían a demostrar la  excepción  propuesta  de  “plurium constupratorum”,  porque “pensar,  entonces,  que  la  señora  MARTHA  STELLA  GIL  ALBA  sólo sostuvo relaciones  sexuales  durante  su  permanencia en la ciudad de Barrancabermeja con el señor  ALEJANDRO  ALBERTO JAVKIN, en el mes de agosto de 1993, constituye típico error  en  la  contemplación de la prueba testimonial, pues a pesar del corto lapso de  tiempo  de  la  estadía  de  la  mencionada  señora  en  Barrancabermeja,  los  testimonios  atrás reseñados dan cuenta de circunstancias que permiten inferir  o  deducir razonablemente las relaciones íntimas con CARLOS CRIBB, JORGE BOGOYA  y SAMUEL ROSAS CASTAÑEDA, por lo menos”.   

                             3.-  Manifiesta, que nuevamente yerra el  Tribunal  cuando  deduce  que ALEJANDRO ALBERTO acogió por actos positivos como  hija  suya  a  la  menor  NATALIA  ALEXANDRA,  porque de los testimonios de FLOR  STELLA  AGUILERA JIMENEZ, OMAR VICTOR y MYRIAM ANDREA GIL ALBA, hermanos los dos  últimos  de  la  señora MARTHA STELLA, y de las fotografías en las que aquél  reconoció  a  la  menor,  no  puede  desprenderse  de  manera  inequívoca  tal  hecho.   

                             4.-  Precisando  el primer testimonio de  FLOR  STELLA  AGUILERA  JIMENEZ  afirma, que “sólo se puede establecer que en  algunas  ocasiones  que  MARTHA  STELLA  GIL habló con ALEJANDRO ALBERTO JAVKIN  involucraba  a  la  niña  NATALIA  ALEXANDRA,  pero  la  testigo no asevera que  directamente   hubiera   visto   alguna  solicitud  de  JAVKIN  frente  a  dicha  menor.   La  testigo se refiere a que escuchó algunos pedimentos en que se  involucraba  a  la menor, mas no que JAVKIN desplegara conductas positivas hacia  ella”.   

                             5.-  Critica  las  declaraciones  de los  hermanos,  porque  el  primero  nada  dice  sobre  el  trato de hija dado por el  supuesto  padre  a la menor, y la segunda solamente da cuenta concreta de que la  madre  estuvo  embarazada «pero no da a conocer detalle alguno que razonadamente  comprometa  a  ALEJANDRO  ALBERTO  JAVKIN  con  tratos  positivos hacia la menor  NATALIA ALEXANDRA».   

                             6.- Cuestiona el aparente acogimiento que  como  hija  suya  hizo  ALEJANDRO  ALBERTO  de NATALIA ALEXANDRA al reconocerla,  cuando  le  exhibieron  fotografías  en  las que aparecía junto a ella, porque  “cualquier  persona,  al observar una fotografía, puede decir quiénes están  retratados  en  la  misma y eso no quiere decir que constituya una acto positivo  de  trato  que  refleje  determinada  relación  o  parentesco”  y  porque esa  inferencia  se  hubiera  diluido  de haberse tenido en cuenta en el fallo, de un  lado,  las  fotografías obrantes a folios 424 y 425 del cuaderno de copias, que  demuestran  “que  para el señor ALEJANDRO ALBERTO JAVKIN es algo normal alzar  a  los hijos ajenos y compartir con ellos” y, de otro, la parte pertinente del  testimonio  de ISAIAS LEAL DUQUE (Fl. 71 del cuaderno de copias) cuando sostiene  que  éste  “era  muy  cariñoso  con  los niños” y que, incluso, se tomaba  fotos “con hijos de empleados”.   

                             7.- Otra equivocación que le endilga al  Tribunal  consistió  en  haber valorado los exámenes de genética y de H.L.A.,  que  dieron  como resultado compatibilidad de la paternidad, sin tener en cuenta  que  estaban  establecidas  las  relaciones sexuales de la madre con JULIO PICO,  JORGE  BOGOYA,  CARLOS  CRIBB  y  SAMUEL  ROSAS CASTAÑEDA y que tales exámenes  “sólo  vendrían a constituir, dentro de la escala del conocimiento, una mera  posibilidad  que  como  tal  no puede arrojar certeza alguna, ni mucho menos ser  suficiente  para  apoyar  una decisión de tanta trascendencia como lo que aquí  se debate”.   

                             8.-  Luego de hacer una síntesis de sus  argumentaciones,  en la que reitera sus críticas sobre cada uno de los aspectos  destacados  a su acusación, el recurrente asegura que los errores cometidos por  el  fallador  de  segundo  grado,  al no haber tenido en cuenta la pluralidad de  contactos  carnales  de  la  madre  con  otros  hombres  durante la época de la  concepción  de  la  menor  y  al  haber  dado  por establecido que el demandado  acogió  por actos positivos a NATALIA ALEXANDRA como hija suya, son manifiestos  a  más  de trascendentes, porque a pesar de haberse demostrado la existencia de  relaciones  sexuales  entre  la  madre  y  el  presunto  padre,  existen  hechos  demostrados   que  imponían  negar  la  paternidad  reclamada,  ya  que  “esa  pluralidad  de  relaciones  sexuales  con  otros  hombres  era  suficiente  para  desvirtuar  la  presunción  de  paternidad  establecida en el primer inciso del  numeral  4º  del artículo 6º de la Ley 75 de 1968 y, por contera, para tornar  inane  los exámenes antropoheredobiológicos o genéticos a que tangencialmente  se  alude  en  la  sentencia  objeto  de  censura,  así  como  los  denominados  H.L.A.”   Además,  la  aseveración  de que tales exámenes excluían la  paternidad  respecto  a SAMUEL ROSAS CASTAÑEDA, por haber arrojado resultado de  incompatibilidad,  quebranta,  reitera, el precepto citado ante la demostración  de  los  hechos constitutivos de la excepción de “plurium constupratorum” y  la  ausencia  de  prueba  inequívoca  de  que  ALEJANDRO ALBERTO haya acogido a  NATALIA  ALEXANDRA por actos positivos como hija suya, porque la conclusión que  arrojan  las  probanzas,  si  no  se  hubieren  cometido  los  indicados errores  trascendentes,  “indefectiblemente  habría  sido  la  de  que aquél no es el  padre de ésta”.   

CONSIDERACIONES  

                             1.- El cargo,  tal como se encuentra  formulado,  no  está  ceñido  a  la  técnica del recurso de casación, porque  propuesto  por vía indirecta a consecuencia de yerros probatorios cometidos por  el  sentenciador, en su desarrollo el casacionista incurre en planteamientos que  corresponden  a  la  vía directa, al ocuparse de precisar lo que en su concepto  corresponde  a  la acertada interpretación del numeral 4° del artículo 6° de  la  Ley  75  de  1968,  aspecto  en  el  que  replica  las  consideraciones  del  ad-quem.   

                             En  efecto,  la  censura  asevera que la  pluralidad  de  relaciones  sexuales  de  la  madre con otros hombres es por sí  misma  suficiente  para  desvirtuar  la  presunción de paternidad del demandado  “y  por  contera  para  tornar  inane los exámenes antropoheredobiológicos o  genéticos  a  que  tangencialmente  alude  la  sentencia…”,  con  lo que se  quebranta  la  disposición  ya  citada  ante  la  demostración  de  los hechos  constitutivos  de  la  excepción  plurium  constupraturum.  El Tribunal, por el  contrario,  estimó,  que  no  obstante  esas relaciones sexuales promiscuas, la  referida  excepción  no  se  abría paso porque la prueba genética excluía la  paternidad  del  hombre  distinto del demandado con quien la madre tuvo también  acceso  carnal  en  la  época  de  la concepción. Así planteado el ataque, es  obvio  que  el  recurrente  se  desvió  del aspecto puramente probatorio y más  exactamente  de  la  presencia  objetiva  de  los  medios de convicción que por  errónea    apreciación   había   censurado   al   Tribunal,   para   ocuparse  indudablemente  de  los  alcances  interpretativos  del  numeral   4°  del  artículo  6°  de  la ley 75 de 1968, actitud  que sólo podía desplegar,  como se indicó, por la acusación directa.   

                             Con  esa conducta confunde las dos vías  de     impugnación     (directa     –indirecta)  que  impide  a  la Corte el despacho de fondo del cargo,  pues  ésta,  tratándose  de  un  recurso  formalista  y  dispositivo, no puede  enmendar de oficio el error del recurrente.   

                              2.-  Dejando  de  lado  lo  anterior  y  ocupándose  la  Corte  del despacho de fondo del cargo, lo primero por señalar  es  que  la  acción  ejercida  por  el  aquí  demandante  busca que el Juez de  Familia,   mediante  sentencia,  revise  la  decisión  ejecutoriada  de  única  instancia,  por  virtud  de  la  cual  un  Juez  de  Menores  lo  declaró padre  extramatrimonial  de  la  menor  demandada.  Esta  acción especial de revisión  estuvo  reglamentada  y  consagrada  por  los artículos 17 y 18 de la Ley 75 de  1968,  pero  desapareció  con  la creación de la jurisdicción de familia y la  instauración  de  las dos instancias para los procesos de dicho linaje (Decreto  2272 de 1989, artículos 3º y 5º).   

                             3.-  A este respecto se impone precisar,  que  cuando  se  está en frente de la acción especial de revisión como la que  estos  autos  ponen  de  presente, el sentenciador llamado a resolverla no está  limitado  en  el  cumplimiento  de  su  labor  tan  sólo  al  análisis  de las  exclusivas  pruebas  que  fueron  recepcionadas  en  el  proceso  de  filiación  extramatrimonial,  pues  por  el  contrario  le  corresponde  examinar  también  aquellas  otras producidas al interior del proceso de revisión, como quiera que  esta  acción particular no fue consagrada en su momento al sólo servicio de la  sentencia  estimatoria que allí llegara a proferirse para combatirla como thema  decisum,  sino para conocer igualmente del proceso y de la filiación misma como  thema  decidendum;  lo cual traduce, dentro de dicho marco de entendimiento, que  el  juez  de la revisión no está sometido a restricción probatoria al momento  de  formar  su  íntima  convicción,  y  por eso puede acoger y tener en cuenta  nuevos  medios  de  persuasión  que  en su oportunidad no tuvo en cuenta aquél  otro funcionario.   

                             Sobre  el tema dijo esta Corporación en  sentencia  de  24  de  febrero  de  1992,  aparecida en la Gaceta Judicial, Tomo  CCXVI,  número  2455,  páginas  165  y  166:  “No  sobra  recordar lo que ha  sostenido  de  manera  reiterada  y  uniforme  la  jurisprudencia  de  la Corte,  respecto  de  la acción de revisión de que tratan los artículos 17 y 18 de la  ley  75  de  1968.  Porque esta acción ‘no   se   circunscribe  necesariamente  a  un  nuevo  examen  de  la  presunción  de  la  paternidad  en  que  se  fundó aquel (el fallo del Juez de  Menores)  o  una  revaloración  de  las  mismas pruebas que tuvo en cuenta para  hacer  su declaración, pues no se trata de un recurso contra dicho fallo. De lo  expuesto  se  concluye  que  en  el  proceso  de  revisión  de  que  tratan los  artículos  17  y  18  de  la  ley  75,  la cuestión sub judice es el fenómeno  jurídico  de la filiación natural y no solamente la presunción o presunciones  de  paternidad debatidas ante el Juez de Menores o la valoración que éste haya  hecho    de    las    pruebas    que    ante    él    se   adujeron’  (Cas,  Civ. de 26 de octubre de 1972,  Tomo  CXLIII,  págs.  226  y  227).  Este  criterio  lo  reiteró  la  Corte en  sentencias  de  20  de  octubre,  20  de  noviembre y 13 de diciembre de 1972 y,  posteriormente,  en  la  de  8  de  julio  de  1975  en la que dijo ‘que  el  Juez  Civil  que  conoce de la  acción  de  revisión puede valorar nuevas pruebas y decidir sobre otros puntos  aunque  ni  unos  ni otros hubieran sido previamente aducidos o alegados ante el  Juez          de         Menores’”.   

                             4.- A partir de la vigencia de la Ley 75  de  1968  se  ampliaron las causales por las cuales se puede promover la acción  de  filiación  extramatrimonial  e  igualmente  se facilitó su demostración a  través del establecimiento de varias presunciones.     

                             El  artículo  6º  de  la  citada  ley,  modificatorio  a  su vez del artículo 4º de la Ley 45 de 1936, al enlistar los  eventos  en  los  cuales  se  presume  la  paternidad y hay por ello ocasión de  declararla  judicialmente,  consagró  en el numeral sexto que: “En el caso de  que  entre el presunto padre y la madre hayan existido relaciones sexuales en la  época  en  que  según  el  artículo  92 del Código Civil pudo tener lugar la  concepción…Dichas  relaciones  podrán  inferirse del trato personal y social  entre  la  madre  y el presunto padre, apreciado dentro de las circunstancias en  que  tuvo  lugar  y según sus antecedentes, y teniendo en cuenta su naturaleza,  intimidad   y   continuidad…En  el  caso  de  este  ordinal  no  se  hará  la  declaración  si  el  demandado demuestra la imposibilidad física en que estuvo  para  engendrar  durante  el tiempo en que pudo tener lugar la concepción, o si  prueba,  en  los  términos  indicados  en  el  inciso anterior, que en la misma  época  la madre tuvo relaciones de la  misma  índole  con   otro u otros hombres, a menos de acreditarse   

                              5.-   Definido  se  encuentra  por  el  legislador  y por la jurisprudencia constante de esta Sala, que quien, dentro de  un  proceso  de  filiación  extramatrimonial,  asume  su  defensa  alegando  la  excepción  de  plurium  constupratorum,  está  admitiendo  que  entre él y la  progenitora  de  la  persona  que pretende ser su hija sí existieron relaciones  sexuales,  sin  perjuicio  de  las  que  existieron  con  los  otros hombres que  identifica.   

                             “De conformidad con el inciso final de  ordinal  4º  del  artículo  6º  de  la  ley  75  de 1968, no puede declararse  judicialmente  la  presunción de paternidad natural fundada en la existencia de  relaciones  sexuales  entre  el  presunto  padre y la madre por la época en que  según  el  artículo  92  del  C.  C.  pudo  tener  lugar la concepción, si el  demandado  prueba  ‘… que  en  la  misma  época  la  madre  tuvo relaciones de la misma índole con otro u  otros  hombres, a menos de acreditarse que aquél por actos positivos acogió al  hijo  como  suyo’ como medio  eficaz   para  infirmar  la  presunción  de  paternidad  basada  en  relaciones  sexuales.   

                             “De  tal manera, la proposición de la  excepción    ‘plurium  constupratorum’   supone  necesariamente  como  punto de partida que en el proceso respectivo el demandado  acepte  que  tuvo relaciones sexuales con la madre del demandante, por la época  en  que según el artículo 92 del Código Civil pudo tener lugar la concepción  de  aquél;  pero  que  asimismo  alegue  y pruebe suficientemente que, por esta  misma  época, la madre del demandante también las tuvo con otros hombres, pues  el   fundamento     de     tal   excepción    estriba    en  que  ‘…  acreditándose  que  más de un hombre tuvo trato sexual con la  misma   mujer   en  la  época  de  la  concepción,  de  tal  acontecer  emerge  incertidumbre   evidente   para  saber  cuál  de  ellos  es  verdaderamente  el  padre’.  En estado de  perplejidad  queda  el  juez,  en  tal  evento, para determinar cuál de quienes  tuvieron  ese  trato  carnal  con la madre, es el progenitor del hijo dado a luz  por ella”.  (G.J. CXLIII, 148).   

                             6.-  Cuando  las  sentencias llegan a la  Corte   como   secuela  de  la  interposición  del  recurso  extraordinario  de  casación,  suben  protegidas  en  su  totalidad  por  la llamada presunción de  acierto,  no  solo  en  la  apreciación  de  los  hechos  sino  también en las  consideraciones  jurídicas  que  del  asunto  controvertido  haya  realizado el  fallador  de  segundo  grado.  Este,  como  se  sabe,  goza  de  una “discreta  autonomía”  para valorar los diferentes elementos de convicción arrimados al  plenario   y,  por  ende,  sus  conclusiones  al  respecto  tienen  la  especial  característica  de  ser  intangibles  en  casación,  mientras el recurrente no  logre  demostrar con certeza que el ad – quem al efectuar el examen probatorio y  jurídico  cometió  yerro  notorio de hecho o uno de valoración, por cuanto la  disímil  apreciación  que  de  la  prueba haga el censor a través del aludido  recurso  no es suficiente por sí misma para aniquilar o anonadar la providencia  impugnada,  ni  siquiera  en  el  eventual  caso  en  que  la Corporación pueda  separarse  del  estudio que haya hecho el juzgador para arribar a la conclusión  objeto de ataque.   

                             Respecto  a  la  notoriedad del error de  hecho  ha  dicho la Corte: “En efecto, cuando la acusación a la sentencia del  Tribunal  viene centrada por la causal primera de casación, por vía indirecta,  concretamente  por error de hecho en la apreciación de las pruebas, la doctrina  de  la Corte, con apoyo en las normas que disciplinan la referida causal y vía,  ha  sostenido  de manera reiterada y uniforme, que el yerro de dicho linaje debe  aparecer  de modo manifiesto, lo cual incuestionablemente se traduce en que debe  ser  tan  notorio  y  grave  que  a  simple  vista  se  imponga  a  la mente sin  complicados  o  esforzados  raciocinios,  o  en  otros  términos que sea de tal  entidad  que resulte contrario a la evidencia que el proceso exterioriza, porque  en  el  recurso  de  casación los únicos errores fácticos que pueden tener el  vigor  suficiente  para quebrar la sentencia atacada, son, según el criterio de  la  Corporación,  ‘los que  al  conjuro  de  su  sola  enunciación  se  presentan al entendimiento con toda  claridad  sin  que  para  descubrirlos  sea  menester transitar el camino más o  menos  largo  y  más  o  menos complicado de un proceso dialéctico’  Cas. Civ. de 21 de noviembre de 1971;  4  de  noviembre  de  1975  y  14  de  diciembre  de  1977  y  17  de  marzo  de  1994)”.   

                             7.- El primer error que se le atribuye a  la  sentencia  impugnada,  se  hace  estribar  en  no  haber tenido en cuenta el  Tribunal  la prueba testimonial para aceptar y declarar probada la excepción de  fondo  denominada plurium constupratorum, fundada en que para la misma época en  que  se  presume tuvo lugar la concepción de la menor demandante su progenitora  Martha  Stella Gil Alba también tuvo idéntico trato carnal, con idoneidad para  la  procreación,  con  Samuel  Rosas  Castañeda,  Carlos Cribb, Jorge Bogoya y  Julio Pico.   

                             Examinada la sentencia y su motivación,  se  observa que el fallador no incurrió en el yerro fáctico que se le atribuye  de  desestimar los testimonios recaudados para descartar las relaciones sexuales  de  la  madre  de  la  menor  con sus compañeros de trabajo Carlos Cribb, Jorge  Bogoya  y Julio Pico, porque ninguno de los declarantes da cuenta de tal hecho y  solamente  aluden  a  que aquélla conversaba y salía con ellos en razón a que  era  una  mujer  vivaz,  alegre,  amante de la parranda, el baile y en ocasiones  hasta  coqueta,  pero  ninguno  de  ellos está en condiciones de manifestar que  haya  sostenido  el  acto genésico con aquellos. Ni siquiera lo pudo establecer  el  censor  al  hacer  las transcripciones pertinentes de las versiones de   ISAIAS  LEAL  DUQUE,  JAIRO  HUMBERTO DUEÑAS ORJUELA, HENRY VALDERRAMA, WILLIAN  ENRIQUE   PEÑA,   LUIS  ALBERTO  SANCHEZ  y  FERNANDO  ROJAS  RODRIGUEZ.  Estos  declarantes,  en  verdad,  se  limitan  a  describir  el  comportamiento  de  su  compañera  de  labores  durante el poco tiempo que estuvo en Barrancabermeja, a  explicar  que  el  clima  de  dicha población es propenso para el jolgorio y el  arrebato  sexual  y  a  aventurar  algunas  conclusiones  o conjeturas, pero sin  atreverse  a  precisar  el punto objeto de inquisición con certeza, esto es, el  de las relaciones sexuales plurales con unas personas determinadas.   

                              En  lo  que  respecta  a  que  también  desestimó  la prueba atinente a las relaciones sexuales entre la señora Martha  Stella  Gil  Alba  y  su  compañero  de  trabajo  Samuel  Rosas  Castañeda  en  Barrancabermeja  durante  la  época en que se presume tuvo lugar la concepción  de  la  demandante,  tampoco  tiene  razón  el  impugnante  pues el fallador de  segundo  grado,  contrariamente  a  lo  que  él afirma, sí dedujo como ciertas  tales  relaciones  en  dicho  tiempo,  pero  no las tuvo en cuenta para declarar  probada  la  excepción  de  plurium  constupratorum en la medida que concluyó,  teniendo   en   cuenta  los  exámenes  genéticos  practicados,  que  arrojaron  compatibilidad  de  paternidad  respecto  del  demandado  e  incompatibilidad en  relación  con  dicho  testigo,  que el citado Samuel Rosas Castañeda no podía  ser  el progenitor de la menor demandante, como quiera que la prueba científica  en este caso es definitivamente excluyente.    

                             8.-  La pluralidad de las relaciones  sexuales  de  la  mujer dentro del período en que se presume la concepción, es  una  circunstancia  que  establecida  de  manera  fidedigna  desnaturaliza,  con  arreglo  al  numeral  4° del artículo 6° de la Ley 75 de 1968, la presunción  de  paternidad   que  ciertamente  conlleva la fidelidad  de la mujer,  pues  en  principio  habría  que  admitir  que el hijo procreado por ella puede  serlo  de  cualquiera  de  los  hombres que la poseyeron carnalmente durante ese  período.  Así   lo  ha  sostenido  la Corte con sujeción al ordenamiento  jurídico,  no sólo en vigencia de la Ley 45 de 1936 sino bajo el imperio de la  actual  Ley  75  de  1968,  aún  bajo  la consideración de que dicha relación  plural haya estado constituida  por un solo ayuntamiento.   

                             El fundamento de la excepción estriba (y  a  ello  debe  su consagración legal) en que establecido plenamente que más de  un  hombre tuvo trato sexual con la madre en la época de la concepción, de tal  suceso   emerge  incertidumbre  evidente  para  establecer  cuál  de  ellos  es  verdaderamente  el  padre. Y aunque en principio las cosas son así, la Corte se  ve  precisada a manifestar, dentro de la cabal hermenéutica que cabe al numeral  4°  del  artículo  6°  de  la  Ley 75 de 1968, que la señalada excepción no  tiene   operancia   automática  y  fatal  en  todos  los  casos  de  relaciones  concúbitas  de  la  madre  en  la  época indicada, porque el estado de inicial  perplejidad  en  que  tal conducta coloca al Juzgador para efectos de determinar  en  ese  evento  al progenitor del hijo, puede despejarse con apoyo en medios de  convicción   atendibles,  que  permitan  deducir  que  uno  sólo  de  los  que  accedieron  carnalmente  a  la  madre  es  el padre de la criatura procreada por  ésta,  o cuando el resultado de la prueba recogida en el proceso no de margen a  incertidumbre  alguna  al respecto, pues en estos casos desaparece el fundamento  de  la  excepción,  que  deja  de ser atendible como fenómeno impeditivo de la  declaración   paterna.  En  otras  palabras,  es  preciso  puntualizar  que  la  excepción  PLURIUM  CONSTUPRATORUM  sólo  tiene  cabida en la medida en que el  Juzgador  no  tenga  la debida claridad probatoria sobre los lazos de sangre que  vinculan  al  señalado  padre  con  el  hijo  a  consecuencia de las relaciones  concúbitas  para  la  época  de  la  concepción,  que  por  lo  mismo generan  razonable  duda de aquél sobre el particular (cuál el verdadero padre), mas no  cuando  los  elementos  suasorios  obrantes  en  la  actuación dan pábulo para  allanar  esa  dificultad,  porque en este evento el sentenciador está llamado a  dejar de lado la excepción.   

                             Sin duda el desarrollo aún no alcanzado  de  métodos  científicos  a  los  cuales acudir en el pasado para establecer o  desconocer  con  acierto  la  paternidad,  llevaron al legislador de la época a  mencionar   expresamente   como  única  circunstancia  posible  por  fuera  del  compendio  de  la excepción PLURIUM CONSTUPRATORUM, el caso en que el padre, no  obstante  las relaciones concúbitas ya descritas de la madre, hubiese por actos  positivos  acogido  al  hijo como suyo, pues vio en ello un motivo para despejar  la  susodicha  incertidumbre; lo que explica que si el propósito del legislador  no  fue  el de hacer una exclusión taxativa a esa excepción y sí en cambio el  de  rendir  tributo  a la duda razonable, con esa misma lógica hay que admitir,  contrario  sensu,  que la declaración de filiación se impone en todos aquellos  eventos  en  que  los  elementos  de  juicio  apunten  a determinarla concreta y  específicamente  sobre  el  responsable  de  alguno  de  esos ayuntamientos. De  manera  que  en  la  medida  en  que  el  caudal probatorio del caso concreto lo  permita,  es  perfectamente  posible  que  frente  a  esas  relaciones  sexuales  heterogéneas  surjan  circunstancias  distintas a la del simple acogimiento del  hijo  por el padre, que lleven al sentenciador, sin apartarse de los alcances de  la  normatividad en cita, a tener por improcedente la excepción y a declarar la  filiación;  pronunciamiento  éste  que,  por  ende,  el juzgador no puede  omitir  en  todos  los  casos  al  escueto  abrigo  de  las  relaciones sexuales  promiscuas.   

                              En  el  presente  caso  se  acreditaron  relaciones  sexuales  de  la  madre  (para  la época en que quedó presumida la  concepción  de  la hija demandante) no sólo con el demandado ALEJANDRO ALBERTO  JAVKIN  ZONIS  sino con SAMUEL ROSAS CASTAÑEDA. Sin embargo, el correspondiente  dictamen  de  genética  practicado con miras a establecer la paternidad de este  último,  arrojó   el  resultado  de  “INCOMPATIBLE”  (fls. 375 cd. de  copias),  razón  por  la  cual,  acertadamente  y muy a pesar de las relaciones  concúbitas  descritas,  el  ad-quem  las  consideró  impropias para enervar la  declaración  de  paternidad,  al estimar legalmente atendible y por ello acoger  en  su  integridad la citada prueba científica como fundamento de su decisión,  que  consideró  excluyente  del  vínculo de sangre con la actora, pero que sí  dedujo  positivamente  en cambio respecto del nombrado demandado, frente a quien  la  práctica  de  prueba  similar  arrojó  por  el  contrario  el resultado de  paternidad COMPATIBLE.   

                             9.-  Por  otra parte, si bien es cierto,  que  lo  apreciado por el Tribunal en cuanto al tópico que acaba de examinar no  constituye  error fáctico alguno, es de verse que a renglón seguido, partiendo  de  la  pluralidad  de  concúbitos  entre la madre de la demandante, el testigo  Rosas  Castañeda  y  el  demandado,  deduce  dicho  sentenciador que procede la  declaratoria  de  la  filiación  impetrada  en  razón  a  que éste, por actos  positivos  suyos, acogió como hija a NATALIA ALEXANDRA, esto es, aplicó una de  las excepciones sí previstas en el memorado precepto.   

                             10.-  Es  sabido que el fallador goza de  una  discreta autonomía en la estimación y valoración de las pruebas obrantes  en  el  proceso  para  sacar  sus  conclusiones.  Además, entre varias pruebas,  antagónicas  y  excluyentes, también tiene la facultad de escoger aquellas que  en  su sentir tengan más poder de convicción para establecer el hecho o hechos  que  es necesario demostrar en cada caso concreto para el buen suceso, ya sea de  las pretensiones o de las excepciones.   

                             Sobre el tema tiene dicho la doctrina de  esta  Corporación  en sentencia de casación Nº 407 de 7 de noviembre de 1992:  “Observadas  las  deducciones  del  fallador, encuentra la Corporación que el  Tribunal   enfrentó   una   prueba   con  otras,  haciendo  prevalecer  de  tal  comparación  el  dicho  de  los testigos aportados por la demandante, posición  que  no riñe con la facultad discrecional de que está investido el fallador de  instancia.    ‘Como   el  Tribunal,  ha expuesto la Corte, es autónomo en la apreciación de las pruebas,  las  conclusiones  que  respecto  de  ella se forme son intocables en el recurso  extraordinario,  mientras por el impungnante no se demuestre que por el fallador  se    incurrió    en    error    de    hecho   evidente   y   trascendente   al  apreciarlas…’  (CXXVIII,  pág.  72;  CLV, 1a, pág 317); específicamente, en torno a la ponderación que  de  la  prueba testimonial efectúe el ad quem, ha sido doctrina constante la de  que   al   ‘apreciar  las  calidades  de  responsividad,  exactitud y cabalidad de las declaraciones de los  testigos,  es tarea que compete al juzgador de instancia, como llamado a decidir  la  controversia;  y  en  cuanto tales calidades se constituyen por elementos de  hecho,  es  claro  que  el  concepto  que él se forma de ellas, es intocable en  casación,  mientras  no  resulte  convicto de contrariedad evidente’.   

                             “Además,  cabe  agregar que cuando se  está  frente  a  dos grupos de pruebas, dando el tribunal prevalencia a las que  le  demuestran  determinado  hecho  ante  las  otras que desestima, de tal labor  crítica   no   puede  afirmarse  error  de  facto  evidente.  En  este  sentido  ‘es reiterada y uniforme la  doctrina  de  la  Corte,  que  cuando  militan  pruebas en diversos sentidos, el  acogimiento  por  el  sentenciador  de  las  que  le  ofrezcan  mayores bases de  credibilidad  con  desestimación  de  otras,  no  conforma  yerro  a no ser que  incurra   en   absurdos  o  que  la  apreciación  del  fallador  riña  con  la  lógica’.   (Cas.  5  de  diciembre de 1990)”.   

                             El  Tribunal,  en  ejercicio pleno de su  autonomía  concluyó  que  ALEJANDRO  ALBERTO  JAVKIN  ZONIS  acogió por actos  positivos  a  la  menor  NATALIA ALEXANDRA como su hija extramatrimonial, lo que  dedujo  de  las  declaraciones  de  Flor  Stella  Aguilera Jiménez, Omar Hugo y  Myriam  Gil  Alba,  de las fotografías en las que aparecía con ella en actitud  cariñosa  y  afectuosa  y  de  las  dedicatorias  que  estampó  en  ellas.  La  conclusión  valorativa  de tales pruebas no riñe con la lógica, corresponde a  un  juicio  crítico  posible  o  probable  y  se  respalda en las facultades de  interpretación  y  escogencia  que le son propias al fallador. La circunstancia  también  posible  y  probable que plantea la censura, pone de manifiesto que lo  decidido  no  riñe  con la sindéresis, ni con la coherencia, inherentes a toda  decisión judicial.   

                             El  cargo,  como  es obvio, no prospera.   

DECISION  

                             Por  lo  expuesto,  la  Corte Suprema de  Justicia,  en  Sala  de  Casación Civil y agraria, en nombre de la República y  por  autoridad  de  la  ley,  NO  CASA  la  sentencia  de 19 de octubre de 1994,  proferida   por   el   Tribunal   Superior   del   Distrito   Judicial  de   Santafé   de   Bogotá, Sala de Familia, en este proceso ordinario de  ALEJANDRO   ALBERTO   JAVKIN  ZONIS  contra  la  menor  NATALIA  ALEXANDRA  GIL,  representada por MARTHA STELLA GIL ALBA.   

                                     Costas  del  recurso  a  cargo  de la parte demandante. Liquídense.   

COPIESE, NOTIFIQUESE Y DEVUELVASE.  

JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

MANUEL ARDILA VELASQUEZ  

NICOLAS BECHARA SIMANCAS  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ  

JORGE SANTOS BALLESTEROS  

SILVO FERNANDO TREJOS BUENO  

    

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *