SC 037 2005 [5968 02]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-037-2005 [5968-02]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL  

Magistrado Ponente  

PEDRO   OCTAVIO  MUNAR  CADENA   

Bogotá, D.C., veinticinco (25) de febrero de  dos mil cinco (2005).   

Ref.:   Expediente     No.5968  02   

Decídese el recurso de casación interpuesto  por  la  sociedad  CENTRAL  HIDROELECTRICA  DE  BETANIA  S.A.  E.S.P.  contra la  sentencia  proferida  el  29  de  junio  de  2000,  por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial de Neiva, Sala Civil –   Familia   –  Laboral,  en  el  proceso  ordinario  que  en su contra promovió CARLOS CABRERA  VILLAMIL.   

ANTECEDENTES   

                   1.   Mediante demanda cuyo conocimiento  correspondió  al  Juzgado  Primero Civil del Circuito de Neiva, el actor pidió  que  se declarara a la demandada civilmente responsable de los perjuicios que le  fueron   ocasionados   por   la  pérdida  total  de  los  cultivos  que  tenía  establecidos   en   los   predios     “La  Colorada”,   “La  Utilidad”,   “La  Sombra”   y   “Potreritos”,  a  causa  del  negligente  e  inadecuado  manejo que ésta dio al caudal del embalse durante la  creciente  del  río  Magdalena ocurrida  los  días 6, 7 y 8 de julio  de  1989;  reclamó  subsecuentemente, que  se condenara a dicha sociedad a  pagarle   por   concepto   de  daño  emergente  y  lucro  cesante  la  suma  de  $66.992.666.66 con su respectivo reajuste monetario.   

2.   Sustenta  sus pedimentos en la situación fáctica que  a continuación se sintetiza, asÍ:    

     

1. El  demandante,  para  las  fechas  atrás  referidas,  había  sembrado  en  parte  con  recursos  propios  y otros  financiados,  48  hectáreas  de  arroz  en  la  finca   “La Colorada”,  16   de  algodón   y  27  de  pasto  saboya  en el predio  “La  Utilidad”,  45  hectáreas  de  algodón  en  un lote de vega denominado   “La   Sombra”    y   40  hectáreas  de  algodón  en  el  predio   “Potreritos”,    cultivos   que  tenía  inscritos  en  la  Federación  Nacional  de  Algodoneros  y  en el Instituto Colombiano Agropecuario “ICA”.     

2.3  Los técnicos de la represa sabían  que  ese período del año era de altas lluvias y conocían los antecedentes del  caudal  del río Magdalena   (crecientes de San Juan); sin embargo, no  realizaron     el     desembalse    de    la    presa     “metódica    y  paulatinamente”   para  abrir  campo a los nuevos caudales, por lo que al  llegar  la  creciente  no había disponibilidad de almacenamiento y tuvieron que  efectuar  “desembalses  masivos,  rápidos  e irresponsables que generaron las  inundaciones”.     

2.4   El  nivel  máximo  de operación  normal  de  la  represa es la cota 561 M.S.N.M. y el mayor desembalse permisible  es  de  17  metros,  es  decir hasta 544 M.S.N.M., por lo que la demandada está  obligada  y  debe  procurar  una  mayor  capacidad  de almacenamiento durante el  previsible  período  de  invierno,  tal  como  hizo para esa misma fecha en los  años  1990  y  1991.  No obstante, cuando el embalse recibió la creciente  en  comento,  su cota se encontraba a 560.20 M.S.N.M., esto es a 0.80 metros por  debajo  del nivel normal máximo y, por ello tuvo que hacer descargas de agua de  2900 m.3/s, según el HIMAT.    

2.5  La accionada tenía en su poder la  información  hidrometereológica con base en la cual se efectúa la regulación  del  nivel  de  la  represa,  como  también contaba con el manual de operación  elaborado  por  el  ICEL  y  el HIMAT que asegura el cumplimiento de su función  reguladora.   

                      3.  La  demandada  oportunamente  se opuso a la prosperidad de las pretensiones y al dar  respuesta  a  los  hechos afirmó ser cierto que durante los días en referencia  se  presentaron  fuertes  precipitaciones  en  la  cuenca del Alto Magdalena que  aumentaron  el  caudal  del  río,  cuya  regulación no le corresponde, pues su  función  es  la  de  generar energía, pero pese a ello lo hizo en la medida de  sus  posibilidades  técnicas,  habida  cuenta  que  de los 4.200 m3/s  que  llegaron  al  embalse  sólo  despachó  2.900 Mts3/segundo, o sea que retuvo el  equivalente  a  un  río  crecido,  así  aminoró  los  efectos de la creciente  catalogada  por  los  organismos  oficiales  como  una  en cien años y la mayor  habida en los últimos 31 años.   

                     

                   Afirmó que el  manual  de operaciones que la rige, elaborado por su asesor interno Sedic Ltda.,  señala,  entre  otras sugerencias, que en épocas de lluvias debe mantenerse el  embalse  en  la  cota  559.50  y  operar  las  compuertas  por  el procedimiento  automático  al  llegar  la  cota  a  561.10,  lo  que en términos matemáticos  permitía  retener  50.000.000  de  Mts3  más,  pero con el agravante de que el  excedente  de  380.000.000 de Mts.3 habría necesariamente transitado en toda su  dimensión,  es decir con 4.200 Mts.3 que era el caudal del río recibido por la  represa.    “En ese orden y por no ser de  estricto  cumplimiento  el manual referenciado, se abrieron las compuertas mucho  antes  de  encontrarse  el  embalse  en la cota recomendada y de ahí la exitosa  gestión  de  los  funcionarios  responsables  del  manejo  de  la Central al no  permitir una evacuación superior a los 2.900 Mts.3”.   

                      4.  La  primera  instancia  concluyó el 7 de febrero de 1997, con sentencia estimatoria  de  las  pretensiones,  decisión  modificada por el Tribunal en lo concerniente  con   el  monto  de  la  indemnización  reclamada,  al  desatar  la  apelación  interpuesta por la demandada.   

LA   SENTENCIA   DEL  TRIBUNAL   

                    Al abordar el  caso  planteado,  precisó  que  acometería  el  estudio  de la responsabilidad  demandada  deducida  del manejo de las compuertas del embalse, que en sentir del  actor  fue negligente y la causa de la inundación de sus cultivos, mientras que  para  la  demandada  contribuyó  decididamente  a  que  la  tragedia  no  fuera  mayor.   

                              A  continuación  reseñó  el  contenido  del  memorando  del 13 de julio de 1989,  dirigido  por  la  Presidencia  de  la  República a la Oficina Nacional para la  Prevención  y  Atención  de  Desastres; del oficio No.06675 del 11 de julio de  1989,  dirigido  por el HIMAT al Ministro de Agricultura; del estudio financiado  por  Fonade  sobre  el aprovechamiento múltiple del río Magdalena –  Proyecto  Betania  etapa  1 apéndice  control  de  inundaciones  de  junio  de  1973  -; del Plan de contingencia ante  eventos  hidrológicos  y situaciones especiales y de los testimonios de Aníbal  Zamora  Pérez,  Gustavo  Montealegre Almario; Celestino Gómez Hernández; a la  vez    que   hizo   alusión   a   las   inspecciones   judiciales   practicadas  extraproceso.   

                         De  ese  material  probatorio infirió que las fuertes lluvias que se presentaron durante  los  días 7 y 8 de julio de 1989 incrementaron el caudal del río Magdalena, lo  que   produjo   la   inundación   que   causó   daños   a  los  cultivos  del  actor.   

                    Seguidamente,  entró  a  definir  la  actividad  catalogada  como  peligrosa y precisó que la  generación    de   energía     “es   considerada   como    de  riesgo”   y,  por tanto, la víctima está dispensada de probar la culpa,  por  lo  que  le   “es  suficiente  acreditar  el daño y la relación de  causalidad  entre  éste  y  el  proceder  del  causante”,  quien  sólo puede  exonerarse  mediante  la  prueba  de la causa extraña  (fuerza mayor, caso  fortuito, culpa exclusiva de la víctima o de un tercero).   

                       Sobre  la  eximente  de  responsabilidad  sostuvo  que  si  bien es cierto que, durante los  días  en  que  tuvieron  ocurrencia  los  hechos en litigio,  “se  evacuaron  con  prudencia  los  excesos de agua, no es menos  cierto  que  de  la  reunión  realizada  el  día  3  de  julio de ese año con  presencia  del  Jefe  de  la Oficina Nacional para la Atención de Desastres, se  concluyó,  la necesidad en adelante, de aumentar el colchón de amortiguamiento  de  1:50  mts a  2:00 mts, con el propósito de regular los caudales que en  la  época  de  alta  pluviosidad se presentan en la parte superior de la cuenca  del  río  Magdalena,  lo  que  indica,  sin  pretender  incursionar  en asuntos  reservados  a  otras  disciplinas,  que  el  manual de operación del embalse no  previó  el  incremento  del  caudal  en  la  proporción que se presentó, aún  cuando  se  sabía  que  históricamente el río Patrio por los meses de junio y  julio  presenta  caudales  máximos  iguales  o mayores a 3000 mts. cúbicos por  segundo”.    

                   De igual modo,  refirió  que  según  el  informe del Himat en 1961, 1968 y 1971 se presentaron  caudales  superiores  a  los  registrados  en 1989, de ahí que el hecho dañino  pudo  ser  ocasionado por imprevisión en la capacidad de absorción de caudales  por  el  embalse en los meses previos a los de más alta lluviosidad, los que de  “antemano”   se conocen.   

                             El  sentenciador  también  estimó que el régimen de lluvias es cíclico y permite  calcular  los  caudales  de  una  cuenca  hidrográfica  que  históricamente se  presentan,  por  lo  que la alta lluviosidad que se presentó no era desconocida  para  los  operarios  de  la  Central  Hidroeléctrica,  quienes  encontraron la  represa  en  su  máximo nivel y evacuaron las aguas en la misma proporción que  las  recibió,  tal  como  emerge de los registros en los que figura que la cota  promedio   era  de    560.4  y  que   “los  días  5,  6,  7  y  8”   estuvo por encima de ese promedio”.    

                    Concluyó que  la  demandada  no  demostró  ningún hecho que la exonerara de responsabilidad,  por  lo que procedió a cuantificar el perjuicio reclamado, previo examen de las  experticias  obrantes en el expediente, respecto de las cuales estimó que no se  acompasaban  con  la  realidades procesales, habida cuenta que en un peritaje se  calculó  en 3000 kilos la producción de algodón por hectárea mientras que en  el  otro  se  dictaminó que eran 4000 kilos, como también se tasó un costo de  producción  distinto  en los tres dictámenes rendidos, inconsistencias por las  cuales  dijo  acoger  en  ese  aspecto  lo  dicho  sobre  el  particular  por el  demandante,  que  coincide con lo dictaminado por el perito que avalúo el costo  de producción del predio   “Chicalá”.   

                         Dispuso  excluir  del  perjuicio tasado en primera instancia los costos de recolección y  entrega,  dado  que  no  hubo  cosecha;  igualmente,  descontar  10 toneladas de  algodón  conforme  al  informe  del  Banco  Ganadero y deducir 2 héctareas del  predio   “Potreritos”  de  acuerdo  a lo prescrito en el inciso 2º del  artículo 720 del Código Civil.   

                   Así, luego de  tener   en   cuenta   esas   consideraciones,   calculó   matemáticamente   la  indemnización, en la suma de $49.997.000.oo.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

                       La  parte  recurrente  formula  tres  cargos a la sentencia del tribunal, perfilados por la  vía  indirecta  de  la  causal  primera de casación, cuyo estudio se abordará  iniciando  con  el  segundo  de  ellos,  por  ser  de  mayor alcance, y luego se  examinarán   conjuntamente   los   restantes,   habida   cuenta  que  comparten  acusaciones  comunes  y  su  alcance es parcial.                                 

CARGO SEGUNDO  

                   Asevera que el  Tribunal  dio por establecido que la causa del daño había sido la imprevisión  de  la Central Hidroeléctrica de Betania S.A., y no las grandes precipitaciones  de  agua en la cuenca del río Magdalena y en el sitio del embalse, yerro al que  arribó  por  la   indebida  apreciación  de  los  siguientes  documentos:  a)   El  memorando  que el Departamento Administrativo de la Presidencia de  la  República  dirigió  al  Jefe  de  la Oficina Nacional para la Atención de  Desastres,  en que se consignó que  “de  acuerdo  con las evaluaciones del  Himat  la  creciente  que  se  presentó  el  pasado  6  y 7 de julio en el río  Magdalena      aguas     arriba   de  la  represa  de  Betania,  corresponde  a  la mayor creciente  registrada  en  la  historia,  cuya  probabilidad  de  ocurrencia  es de 1 a 100  años”;   b)   El  oficio remitido por el  Director  del  Himat  al  Ministro  de Agricultura, en que se reafirma que   “1.  Se presentaron fuertes precipitaciones en  la  cuenta  alta del río Magdalena, arriba de la presa de Betania, los días 5,  6,  7  de  julio.   2.   Como  consecuencia  de  lo  anterior  el río  Magdalena   presentó   una   creciente   clasificada  como  máxima  histórica  registrada  en  31  años y estadísticamente catalogada como de 1 en 100 años,  es   decir   que  en  promedio  se  presenta  una  vez  en  100  años”;   c)   El control de crecientes mayo, junio y julio  de  1989  contentivo del registro de los caudales del río Magdalena y según el  cual  los  aportes  de  éste  al  embalse    “durante  los  días  6,  7  y  8  de julio superó  caudales  de  3.500  m3/s.,  registrándose  para  el  día 6 de julio un caudal  máximo  de  3.064 m3/s., para el día 7 de julio 3.555 m3/s y para el día 8 de  julio de 2.398 m3/s.”.   

                   Dice que ese  error     impidió     al    ad    quem    llegar  al  convencimiento  de  que  el  caudal  del  río  Magdalena,  aguas  arriba  del  embalse,  fue  de  tal magnitud que por sí solo  tenía la potencialidad de causar grandes desastres.    

                      Agrega que  esas  pruebas  y  el  registro  del caudal histórico promedio diario del mes de  julio  de  1961  a  1991   (fs.  450  a  451 cuaderno de pruebas del actor)  demuestran  que  el  caudal del río Magdalena para las fechas de las discutidas  inundaciones  era   “imprevisible, extraordinario y atípico, lo que  no  permitió  que la Central Hidroeléctrica de Betania S.A. se anticipara a la  creciente”.   Sostiene  que  este último documento evidencia que el río  en  30  años no había presentado un caudal similar al registrado el 7 de julio  de  1989 y, por ende, no es cierta la afirmación de que históricamente por los  meses  de  junio  y  julio  presentara  un  caudal  igual  o mayor de 3000 m3/s,  además,  que  el entendimiento dado al informe del HIMAT es equivocado, pues si  bien  durante  los  años 1961, 1968 y 1971 el río registró un caudal superior  al  de  1989,  esto  ocurrió  en  la estación Puente Santander, es decir aguas  abajo del embalse, y antes de la construcción de éste.   

   

                      De la misma  manera,    le   endilga   al  fallador  no  haber  tenido  por  demostrado,  estándolo,  que  la  represa  amotiguó  el impacto de la creciente natural del  río  Magdalena  que  se  presentó  aguas  arriba de dicho embalse y, por ende,  aminoró  los  daños  que se hubieren podido suceder aguas abajo, a raíz de la  errónea  interpretación  que  hizo del memorando y del documento de control de  crecientes  de  mayo  a  julio de 1989 en referencia, de los cuales transcribió  los apartes que consideró atinentes a la queja.   

                      En orden a  poner  de presente las implicaciones jurídicas de los yerros denunciados expone  algunos  aspectos  relacionados  con  la  relación  de causalidad como elemento  axiológico   de   la  responsabilidad  civil  extracontractual,  para  lo  cual  transcribió  algunos  apartes de la sentencia de casación del 22 de septiembre  de  1980,   y  trajo a colación la teoría de la causalidad ocasional para  inferir  que  al  haberse  demostrado que el embalse amortiguó en más de 1.000  m3/s  la  creciente natural del río se torna irrelevante para la configuración  de  la  responsabilidad  demandada  el que la accionada hubiere podido desacatar  algunos de los consejos establecidos por su manual de operación.   

                   También acusa  al  juzgador  ad  quem de no  haber  tenido  por probado, estándolo, que la función principal de la sociedad  demandada  es  la de generar energía y no regular caudales, hecho que acreditan  el  certificado de existencia y representación legal de la sociedad demandada y  su manual de operación.   

                     Por último,  afirma  que el Tribunal no dió por demostrado, estándolo, que la creciente del  prenombrado  río  que ingresó al embalse constituye fuerza mayor exonerante de  responsabilidad   como  se  desprende  de  los  apartes  antes  transcritos  del  memorando  y  del  oficio  librado  por  el HIMAT, que tantas veces aquí se han  citado,  ya  que  de  acuerdo  con  ellos   “el  fenómeno  lluvioso  fue  catalogado  como histórico y con una frecuencia de ocurrencia de una vez en 100  años”.   

                      Asegura que  además,  está  probada la irresistibilidad del fenómeno, ya que del Manual de  Operación  del  Embalse se advierte que la represa puede amortiguar       “…      ‘picos de creciente del orden de 2.500  m3/s.’,  y  los  que  se  presentaron  durante  los  días  6 y 7 de julio de 1989 fueron superiores a los  3.200  m3/s.,  y  no  con  las  características  de  picos  de creciente , sino  caudales   duraderos,  pues  como  lo  evidencian  los  cuadros  de  control  de  crecientes  de  los  folios 187 a 189 del cuaderno de pruebas del demandante, la  creciente tuvo una duración superior de mas de 48 horas”.   

CONSIDERACIONES  

                     

                      1.  El  sentenciador  infirió  que   “evidentemente para el mes de julio de 1989  por  los  días  7  y  8  las  fuertes  lluvias incrementaron el caudal del río  Magdalena,  así  se  confirma  no  solo  en  la demanda y su aceptación por la  demandada,  sino que por los diferentes memorandos que obran en el proceso dando  cuenta  de  la  tragedia  ocasionada:  (…)”, consideración que pone de  relieve  que  reconoció  el acaecimiento del fenómeno pluvial y el crecimiento  del  caudal  del  río,  aguas  arriba de la represa,  como consecuencia de  aquél.   

                    Los referidos  hechos  los  dedujo  del  memorando  dirigido  por  el Director del Departamento  Administrativo  de  la  Presidencia  de  la  República  al  Jefe  de la Oficina  Nacional  para  la Prevención y Atención de Desastres, del oficio remitido por  el  Director  del Himat al Ministro de Agricultura, del documento contentivo del  estudio   financiado   por  Fonade  sobre  aprovechamiento  múltiple  del  río  Magdalena  y  del  plan  de contigencia ante eventos hidrológicos y situaciones  especiales;  por  consiguiente,  resulta palmario que los medios probatorios que  refiere  el  censor  en  su  acusación  no  fueron  tergiversados.                      

                    2.  Para  el  Tribunal  las  fuertes  lluvias  presentadas para la época de los hechos en  litigio  y  la  consecuente  creciente  que  se  generó y que causó los daños  reclamados  era  previsible, de ahí que concluyó que no estaba probada ninguna  causal  de  exoneración  de  la responsabilidad de la sociedad demandada.                        

                     El juzgador,  entonces,  edifica la responsabilidad atribuida a la demandada respecto al hecho  dañino  en  la  falta de previsión, inferencia que constituye la tesis nuclear  de  la  decisión y que acompasa con el material probatorio en que se sustentó.   

                    En efecto, la  Corte  no  advierte  ninguna tergiversación del haz probatorio en que se fundó  el  argumento medular de la sentencia impugnada, toda vez que, según el informe  rendido,   el   11  de  julio  de  1989,   por  el  HIMAT  al  Ministro  de  Agricultura      (fs.285     a     288    C-1),      “…     3.      La    Central  Hidroeléctica  de  Betania  estuvo  generando  los  días  que precedieron a la  creciente,  manteniendo  60  cms  aproximadamente  por  debajo  de  la  cota  de  rebote.   Esto quiere decir que solo disponía en el embalse de 60 millones  de  metros  cúbicos  de  capacidad  reguladora.   4.   Se  realizaron  descargas  extraordinarias  los  días  6, 7 y 8  (descarga por vertedero y  túnel  de  fondo  de  presa)  con el fin de regular creciente.  Estas  descargas  llegaron  a  un  máximo  de  2900 m3 que ocasionaron inundaciones en  Neiva.   Se  hace  notar que la máxima descarga aproximada permisible para  no  tener  ningún problema aguas abajo es de 1800 m3/s.   (…)   6.   La  regulación  del  embalse  de  Betania,  dada  la  baja  capacidad  reguladora  mantenida  en el momento de la creciente, fue tan solo de 50%.   7.   Para  que  el  embalse  amortiguara  crecientes  como la presentada ha  debido  tener  una  cota  de rebose  (cota 559.10 metros sobre el nivel del  mar)   y  haber empezado descargas de aproximadamente 1500 m3/s  desde  el  día  6  de  julio,  día  en  que se detectaron entradas al embalse de 3064  m3/s.    8.    El   día   5   de  julio   (día  anterior  a  la  creciente)   el  embalse presentó un nivel de 560.45 metros sobre el nivel  del  mar  a  las  00  horas.   …9.   De  acuerdo  con  el  Manual de  Operación  el  Embalse  de  Betania,  elaborado  por  CEDIC LTDA.  para la  Central  Hidroeléctiva  de  Betania en su revisión de 1987,  ‘Antes  de finalizar el verano se debe  procurar  como  política,  descender y mantener el embalse alrededor de la cota  559.50  lo  que  permitirá  durante  el  invierno,  con una generación máxima  equivalente  a los caudales de ingreso, conservar una capacidad de embalsamiento  del    orden    de    110    millones   de   metros   cúbicos   …’   El  mismo  manual  habla  del  período  mayo – noviembre  como   de   invierno.   10.   En  varias  oportunidades  el  HIMAT  ha  recomendado  operar  el  embalse  durante  el  período  de invierno  (mayo  – noviembre), en la cota  559.10   Esto  daría un volumen regulador en el embalse de aproximadamente  200  millones  de  metros  cúbicos.  12.  Sobre el sistema de Alertas  Hidrometeorológicas  en  la  zona de la cuenca del río Magdalena, aguas arriba  de   la   Central   de  Betania,  es  de  notar  que  desde  1983  se  iniciaron  conversaciones  con la Central Hidroeléctrica de Betania CHB sobre la necesidad  de  disponer de un sistema de control a cargo de la CHB; se planteó la urgencia  de  que  la  CHIB  instalara  radios  en la zona alta.  … Lo anterior nos  indica  que  la  primera parte de alertas hidrometeorológicas de la CHB estará  funcionando  más o menos en 8-10 meses a partir de la fecha.  El instituto  consciente  de las urgencias de riesgo en temporada de invierno está instalando  en   la  presente  semana  2  radios  …   y  asumirá  una  intervención  permanente  de  vigilancia sobre la observación de las normas de operación del  embalse …”.     

   

                      El informe  trascrito  da  cuenta,  entre  otros  aspectos,    que la estación de  invierno     comprende      el     “período    mayo    –  noviembre”   y  de  que  para  contrarrestar  sus  efectos  se habían precavido las medidas a tomar en orden a  conservar la capacidad de embalsamiento.   

                          En  el  documento  denominado   “control  de crecientes de mayo, junio y julio de  1989”   (fs  160  al 194 del cuaderno de pruebas del actor)  figuran  los  registros  del  caudal del río durante esos meses, los que reflejan que el  ingreso  de aguas al embalse durante los días en que acaeció la inundación de  que  aquí  se  trata  fue superior a lo normal; así mismo, muestra que durante  algunos  de  los días que antecedieron a aquella la cota de rebose  estuvo  por   encima   de   la   prevista   para  amortiguar  crecientes   como  la  presentada.   

                     

                   El registro de  caudal  histórico  promedio  diario, visible a folios 450 a 451 del cuaderno de  pruebas  del  demandante,  señala que durante el 8 de julio de los años 1971 y  1974   aquél  ascendió a  3185 y 2294 m3/s,  o sea que fue  muy  superior  al  registrado  ese  día  en 1989 y que fue de 1239 m3/s, lo que  demuestra  que no incurrió en contra evidencia el Tribunal al deducir que   con  anterioridad  a los hechos debatidos el río sí había registrado caudales  superiores.   

                                                     

                        Todo  lo  anterior  conduce a señalar que no es contraevidente inferir que las épocas en  que  se incrementa el caudal del río, por fenómenos pluviales y los efectos de  esas  crecientes,  como la registrada en el caso concreto, son previsibles y tan  es   así   que  a  partir  de  la  inundación  en  referencia,  se  recomendó  “aumentar   el  colchón  de  amortiguamiento  del  embalse  de  1.50  a  2.00  metros entre el 15 de mayo y el 15 de agosto de cada  año,  época de máximo estiage”  y  mantener  puestos  de observación aguas arriba de la presa, como  se  determinó  en  la  reunión  de que da cuenta el memorando del Departamento  Administrativo  de  la  Presidencia de la República, visible a folios 283 y 284  del  cuaderno  de  pruebas  de  la parte actora.  La eficacia de tal medida  queda  evidenciada  con el testimonio de Gustavo Montealegre Almario, quien como  conocedor  que es de la operación de la Central Hidroeléctica de Betania, pues  dijo  estar  vinculado  con  ese  proyecto  desde  1979,  atestó que dicha  represa  en la actualidad está en condiciones de regular crecientes similares o  mayores  a  la  ocurrida  en  1989   (f.21  del  cuaderno  de  pruebas  del  actor).   

                    Y es que a la  misma  conclusión  arribó  esta  Corte  en  otro  litigio  en  que también se  reclamaba  la indemnización de daños generados por la creciente en referencia,  oportunidad  en  la  que  sostuvo:  “De  manera  que,  si dicho acervo probatorio inobjetado, pues al  punto  los  reproches vienen formulados en el cargo no combaten su autenticidad,  muestra   lo   que  el  tribunal  remarcó,  esto  es,  que  la  hidroeléctrica  desatendió  su  propio  manual  de  operación  de  la presa, que indica que la  altura  máxima   (cota  de  rebose)   del  embalse  es de 561.10 mts.  –límite  que  no  debe  ascender  a  más de 559.50 mts.  entre los primeros días de junio y hasta  agosto,  época  de  invierno –  para mantener un margen de embalse; que el  período  históricamente crítico es del 2 al 13 de julio, y que era de urgente  necesidad  la  instalación  de  las  alarmas,  no  hay  forma  de  emplazar  al  sentenciador  de  contraevidente  por descartar el eventual rompimiento del nexo  de  causalidad,  cuando  lo cierto es que con vista en dichos medios probatorios  puede desgajarse lógicamente esa conclusión.   

                    Y si a todo  ello  se  suma  el  que  la falta de las alarmas, que dicho sea al paso, estaban  proyectadas   “con  urgencia”   desde 1983, hizo que la creciente,  que  venía  de  horas  atrás,  fuera  detectada apenas a las 13 horas del 6 de  julio,  no  se  atisba cómo pudo el juzgador en la apreciación combatida en el  cargo,  desconocer  la  objetividad  de esos medios probativos, tanto más si de  esas  mismas  probanzas  se  deduce  de la misma manera, que Betania hizo oídos  sordos  a  las  recomendaciones  que  en varias oportunidades le había hecho el  Himat,  en  el  sentido  de  que  durante  el  período  de invierno  (mayo  –  noviembre)   la  cota   del   agua   estuviera   al   menos   2   metros  por  debajo  de  la  de  rebose.   

                      Ahora, de  cara  a  dichas  conclusiones, es palmario que nada nuevo puede aportar el   “Memorando   del   jefe   de   la   Oficina  Nacional  para  la  Atención  de  Desastres”   a que alude la censura, si paladinamente aquél remite a las  evaluaciones  hechas  por  el  Himat  y  a  las  conclusiones de una reunión de  entidades  asociadas  para  la generación, distribución y comercialización de  energía eléctrica, entre ellas la demandada”   

                     

                        Todo  lo  anterior  conduce  a  concluir  que  el  Tribunal  no incurrió en desacierto al  inferir  que  la creciente del río Magdalena, acaecida durante los días 6, 7 y  8  de  julio  de  1989,  era previsible y superable, independientemente del  fenómeno  natural  que  las  produjo,  de  ahí que ninguna fuerza mayor o caso  fortuito se estructuró.   

Colígese,   entonces,  que  el  cargo  no  prospera.   

PRIMER  CARGO   

                   Con fundamento  en  la  causal  primera  de  casación  se  acusa  en  él  la  sentencia de ser  violatoria,  por indebida aplicación, de los artículos 2341, 2342, 2356 y 2357  del  Código  Civil; 174, 175, 177, 187, 194, 197, 217, 233, 237, 241, 244, 246,  251,  252,  254, 268 y 300 deI C. de P. Civil; 16 de la Ley 446 de 1998 y 8° de  la  Ley  153  de 1887, a causa de los errores de hecho cometidos por el fallador  en  la  apreciación  de las inspecciones judiciales extraproceso practicadas el  25  de julio, el 10 de noviembre, el 4 y 26 de septiembre de 1989, como también  los  dictámenes  periciales obrantes en el cuaderno principal a folios 71 – 72,  84  –  87, 105 – 108, 125 – 126; la demanda, el informe rendido al Comité de la  Federación  Nacional  de  Algodoneros,  el  formulario  de  visita  previa para  créditos  de  corto  plazo  y  cultivos  semestrales  del  Banco  Ganadero y la  declaración de Aníbal Zamora P.   

La   indebida  apreciación  del  material  probatorio  antes relacionado condujo al sentenciador a tener por establecido el  daño  en  los cultivos del demandante, sin que haya certeza sobre su existencia  y  dimensión, puesto que las experticias que obran en el proceso no cumplen las  exigencias  del  artículo  237 del Código de Procedimiento Civil y, por tanto,  no tienen  “eficacia probatoria”.   

Aduce   el  censor  que  las  conclusiones  contenidas  en  los  dictámenes  periciales no se soportan en hechos percibidos  directamente  por  los  peritos,  sino  que  están  inspiradas  en hipótesis o  declaraciones   del   propio   demandante,  afirmación  que  respaldó  con  la  transcripción  de  los  apartes  de  los peritajes en los que los juzgadores de  primera  y  segunda  instancia  se  apoyaron  para  fijar  la cuantía del daño  ocasionado   en   los   predios    “La  Colorada”   y   “El  Chicalá“.   

De la misma manera, se queja de que la prueba  pericial  en  comento  no  contiene  “explicaciones  claras  y lógicas de las  razones  técnicas  y científicas en que los peritos se fundaron para emitir su  concepto”.    Así,   por  ejemplo,  no  se  expusieron  los  fundamentos  técnicos  o  científicos  tenidos  en  cuenta  para determinar la capacidad de  producción  de  los  predios, los costos de las demás pérdidas ocasionadas en  los  mismos,  tampoco se acompañaron documentos que soportaran las conclusiones  a  que  llegaron  respecto  a  esos  puntos;  igualmente,  no  se  sustentó  la  conclusión  de que en el predio  “La Colorada” se perdieron 8.000 mts2  y  que  su valor ascendió a $1.000.000.oo;  o que la cerca de alambre, que  según el actor se dañó, tenía un costo de $177.600.oo.   

Se  duele,  igualmente,  de que las aludidas  experticias  son  contradictorias  con  las demás pruebas arrimadas al proceso,  situación  que  debió producir en el juzgador una total incertidumbre sobre la  verdadera  ocurrencia  del  daño,  en  la  forma  y  cuantía  alegada  por  el  actor.   

Sobre  esa  particular  acusación  dijo que  entre  el  dictamen  que  aparece  a  folios 84 a 87 del cuaderno principal y el  informe  de  la  visita  de  inspección  efectuada  por  el  Banco  Ganadero al  lote   “Chicalá”,    existe  una evidente contradicción, ya  que  en  el  primero  se indica que se perdieron todas las 16 hectáreas y en el  segundo  se  afirma  que  de las 16 hectáreas sólo se afectó el 70%, es decir  11.2   hectáreas;   agregó,   que   la  mencionada  pericia  también  resulta  contradictoria  frente  a los informes rendidos por el Comité de la Federación  de  Algodoneros  de Neiva y el Banco Ganadero sobre la inspección practicada al  predio  “Chícala”,  pues en él se afirma que la pérdida en dicho lote fue  del  60%  de  las  15  hectáreas,  lo  que  implica  que  sólo  se perdieron 9  hectáreas de algodón, esto es 27 toneladas.   

Sostiene que el Tribunal dio por probado que  en  el  lote “Potrerito” se perdieron 32 hectáreas de algodón, conclusión  a  la  que  arribó  al  desatender  las  contradicciones  existentes  entre  la  inspección  judicial  en  la  que  el  actor   “confesó”  que el  predio  se  afectó en un 60% (24 hectáreas), el dictamen pericial y el informe  rendido  por el Comité de la Federación de Algodoneros de Neiva, puesto que en  éste  último  se  expresa  que  sólo  se  afectó  el 50% de ese inmueble (36  hectáreas).   

Similar  situación  denuncia  respecto  al  lote   “La Sombra”, en que dice que el fallador estimó que se dañaron  104  hectáreas  cultivadas cuando el informe en referencia indicaba que solo se  afectó el 60% del mismo, esto es 27 hectáreas.   

A   continuación   el   censor  hizo  una  exposición    del   daño   como   elemento   de   la   responsabilidad   civil  extracontractual,  la  carga  de la prueba del mismo y la necesidad de probar no  sólo   su  existencia  sino  su  quantum,  aspecto éste último que en su sentir lo impone el artículo 307  del  Código  de  Procedimiento  Civil  y  que constituye uno de los deberes del  Juez.  Para  sustentar esas reflexiones transcribió las normas en cita, algunos  apartes  de  una  decisión  de  esta Corporación y lo esbozado por la doctrina  sobre el tema.   

CARGO  TERCERO   

                    El recurrente  sustenta  este  cargo  en la misma causal de casación atrás invocada, denuncia  como  infringidas  las  normas  allí  citadas,  le  enrostra  al juzgador error  fáctico  en  la  apreciación  del  mismo  acervo  probatorio; a la vez que las  acusaciones  que  formula tienden a cuestionar la demostración de la dimensión  de  los  daños  causados  en  los  predios  “La Colorada”, “Utilidad  –   Predio  Chicalá”,  “Potreritos”  y   “La sombra”  y su fundamentación la soporta  en  varios  de  los  argumentos expuestos en el primer cargo; así mismo, agrega  que  sí  el  Tribunal  hubiere  apreciado  correctamente  las  pruebas, habría  modificado  la  cuantía  de  la  condena en perjuicios que hizo el a     quo,     así:                         “…  La  Colorada                       hectáreas  afectadas  0              

                                            Chicalá                                         hectáreas 9  X 3.0 Kls = 27 Ts   

                                            Potrerito                                          hectáreas  18 X 3.0Kls = 54 Ts   

                          La  Sombra                                      hectáreas  27  X  3.0 Kls = 81  Ts   

                        Total  toneladas:   162  X  $240.000  =  $38.880.000  –  $32.000   (recolección,  empaque  y entrega del producto)  X 162 Ts =  $5.184.000, para un total de $33.696.000.oo”   

CONSIDERACIONES   

                      El  censor  cuestiona   las   experticias   practicadas   para  establecer  el  daño  y  su  cuantificación,  enrostrándoles  una  serie  de falencias que en su sentir las  privan  de  eficacia  probatoria, cuestión que según sostiene no fue advertida  por  el  sentenciador, de ahí que no  “tuvo por establecido, estándolo,  que  no  existe  certeza  sobre  la existencia y dimensión de los daños en los  cultivos del demandante”.   

                           Esas  recriminaciones  contra dichos dictámenes, de por sí contradictorias,  no  fueron  planteadas  por  el  recurrente  en  el  proceso  como  lo  evidencia la  actuación  en  él surtida, lo que pone de presente que su proposición en sede  de  casación  constituye  un  medio  nuevo,  esto  es  la pretensión de que el  litigio  se  solucione mediante el estudio de extremos absolutamente distintos a  los  debatidos  en  las  instancias,  situación  inadmisible  en dicho recurso,  habida  cuenta  que viola el derecho de defensa de la contraparte, a la que toma  por  sorpresa  con  semejante ataque, a la vez que enjuicia el fallo con base en  situaciones    que    nunca    fueron    sometidas    a    consideración    del  juzgador.     

                     

                      Sobre este  particular  tema,  resulta  conveniente  reiterar  que  la  Corte  ha  sostenido  que     “toda  alegación    enderezada     a   demostrar   que     ‘el  sentenciador  de  segundo  grado  incurrió  en errores en la apreciación de alguna prueba por razones de hecho o  de  derecho que no fueron planteadas ni discutidas en las instancias, constituye  un   medio   nuevo,   no   invocable  en  el  recurso  de  casación’     (CXXXIV.   Pág.84),  puesto    que    el    cargo    ‘planteado  por  primera  vez  en  casación,  con  base en aspectos  legales  que  se  le  imputan  a  la aducción de la prueba … implica un medio  nuevo  que no puede ser atendido por la Corte, cuya doctrina rechaza, como medio  de  esta  especie,  el  hecho de que una sentencia haya tomado en consideración  elementos  probatorios  que  no  tuvieron  tacha alguna en trámites anteriores,  acusación  que al ser admitida resultaría violatoria del derecho de defensa de  los   litigantes   y   reñida   con   la   índole   y   esencia   del  recurso  extraordinario’   (CXLVII,  25;  30  de  abril  de 1980, no publicada y sent. De marzo 30 de 1998,  exp.  5022).   Bien  se ha acotado, una y otra vez, que lo que no existe en  las  instancias,  no  existe  en el marco de la casación.”  (sentencia   de   casación   del   21  de  octubre  de  2003.   Exp.No.7486).   

Por  lo  demás,  es  tangible  que la queja  propuesta  se  contrae a un alegato de instancia, en el que el impugnante expone  la  visión  que  tiene  del  haz  probatorio  pero  sin detenerse a indicar con  precisión  cuales  fueron  los  errores  de  apreciación  que  le  enrostra al  sentenciador  y  de  emprender debidamente su demostración.  Inclusive, el  recurrente  se  empeña  en  resaltar  las  contradicciones  que, en su parecer,  existen  entre  las  diversas  pruebas,  y  que  generan  incertidumbre sobre la  acreditación  del  perjuicio,  olvidando  que  su  labor  en casación es la de  determinar   y   demostrar   los   yerros  evidentes  que  hubiere  cometido  el  sentenciador  en  la  estimación  probatoria,  no  la  de  sembrar  dudas  a la  Corte.    

Así,   pues   el   cargo   no   se   abre  paso.   

DECISIÓN  

En  mérito de lo expuesto, la Sala Civil de  la   Corte   Suprema   de   Justicia,   administrando   justicia   en   nombre  de  la  República y por   

autoridad  de  la  ley,   NO   CASA   la   sentencia   proferida el 29 de junio de   

2000,  por  el Tribunal Superior del Distrito  Judicial   de   Neiva,   Sala   Civil  –   Familia   –  Laboral,  en  el  proceso  ordinario que CARLOS CABRERA  VILLAMIL  promovió  contra  la  sociedad CENTRAL HIDROELECTRICAQ DE BETANIA S.A.  E.S.P.   

                    Costas  en casación a  cargo de la parte recurrente.  Tásense.   

CÓPIESE,   NOTIFÍQUESE   Y  OPORTUNAMENTE  DEVUÉLVASE AL TRIBUNAL DE ORIGEN.   

  PEDRO  OCTAVIO  MUNAR  CADENA   

MANUEL ISIDRO ARDILA VELÁSQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

SILVIO FERNANDOTREJOS BUENO  

CESAR JULIO VALENCIA COPETE  

  EDGARDO   VILLAMIL  PORTILLA         

                             El  sentenciador,  luego  de  aseverar  que  la  creación de energía por medio del  embalse  era  una  actividad peligrosa, y que, por consiguiente, se presumía la  culpa  de  la  demandada,  infirió  que  no  estaba  probada  ninguna causal de  exoneración,  por  haber  existido  imprevisión  en el manejo del desastre, la  cual  dedujo  de  diversas  pruebas,  entre  ellas,  la  declaración de Gustavo  Montealegre   Almario,   quien   aseveró   que  en  la  actualidad  la  Central  Hidroeléctrica  de  Betania ya está en capacidad de regular crecientes iguales  o  mayores a la ocurrida en 1989; en el memorando que dirigió el 13 de julio de  ese  año  el  Departamento Administrativo de la Presidencia de la República al  Jefe  de  la  Oficina  Nacional  para  la  Prevención y Atención de Desastres,  conforme  al cual en la reunión efectuada para evaluar la emergencia presentada  en   la  represa  se  concluyó  que  era  necesario  aumentar  su  colchón  de  amortiguamiento  de  1.50 a 2.00 metros entre el 15 de mayo y el 15 de agosto de  cada  año,  cuestión que a juicio del Tribunal no estaba prevista en el manual  de  operación del embalse; e igualmente, del informe del HIMAT  (folios 12  y  13  C-1)   que  da  cuenta de que con anterioridad se habían presentado  caudales superiores.   

                       Por  otra  parte,  el  registro de caudales históricos promedios diarios, visible a folios  450  a  451  del cuaderno de pruebas del demandante, muestra que durante el 8 de  julio  de  los  años 1971 y 1974  el caudal  ascendió a  3185 y  2294  m3/s,   o  sea  que fue muy superior al registrado ese día en 1989 y  que  fue  de  1239  m3/s,  lo  que  demuestra  que con anterioridad a los hechos  debatidos el río sí había registrado caudales superiores.   

                       Por  otra  parte,  el  registro de caudales históricos promedios diarios, visible a folios  450  a  451  del cuaderno de pruebas del demandante, muestra que durante el 8 de  julio  de  los  años 1971 y 1974  el caudal  ascendió a  3185 y  2294  m3/s,   o  sea  que fue muy superior al registrado ese día en 1989 y  que  fue  de  1239  m3/s,  lo  que  demuestra  que con anterioridad a los hechos  debatidos el río sí había registrado caudales superiores.   

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                    A juicio del  censor  la  causa  del  daño fueron las fuertes lluvias que se presentaron para  los  días  7,  8 y 9 de julio de 1989,  pues aumentaron en tal magnitud el  caudal  del  río Magdalena, aguas arriba del embalse, que ese fenómeno por sí  solo   tuvo   la   potencialidad   de   causar   el   perjuicio,   amén  de  su  imprevisibilidad,  dado  que en la historia del río no se había registrado una  creciente de ese talante.   

                             El  acaecimiento  del  fenómeno pluvial y el consecuente crecimiento del caudal del  río,  aguas  arriba,  fue  reconocido por el sentenciador, al decir    “evidentemente  para  el  mes de julio de 1989 por los días 7 y 8 las fuertes  lluvias   incrementaron   el  caudal  del  río  Magdalena  …”;  igualmente,  consideró  que la referida creciente produjo la inundación y que ésta generó  la  pérdida  de  los cultivos del demandante, así afirmó  “e)  De  la  testimonial  recaudada  se  establece  que  efectivamente,  y  auque parezca  redundante,  para  ese  7, 8 y 9 de julio de 1989, la inundación, por abundante  caudal  del  río  Magdalena,  ocasionó daños, los que el actor concreta a sus  cultivos”.  Por tanto, tales hechos ningún debate ofrecen.   

                      Siendo ello  así,   la   discusión   se   reduce   a   establecer   si   la   “falta   de  previsión”   a  que  aludió  el  juzgador  de  segundo  grado  y que el  impugnante  censura,   incidió  en la producción del daño, aspecto sobre  el    que    en    la    sentencia    se    consignó    en    los    siguientes  términos:    “…  el hecho dañoso pudo  ser  ocasionado  por  la  imprevisión en la capacidad de absorción de caudales  por  el embalse en los meses previos a los de más alta lluviosidad, que se sabe  de  antemano  cuales son, que hubieran permitido contar con mayor capacidad para  regular   este  tipo  de  crecientes”;  así  mismo,  afirmó:  “Sabido es  que  el  régimen  de  lluvias  es  cíclico,  y que permite en forma aproximada  calcular  los  caudales  de  una  cuenta  hidrográfica,  que históricamente se  presentan,  y  para  el presente asunto los registros así lo demuestran, por lo  que  no era nuevo para los operarios de la CHB, la presencia de alta lluviosidad  por  los  días  multicitados,  que encontraron la represa en su máximo nivel y  obligaron  a  evacuar  las  aguas casi en la misma proporción en que llegaron a  ella.   La  cota promedio a observar era de 560.4 y por los días 5, 6, 7 y  8   esa  cota  estuvo  por  encima  de  ese  promedio,  los  registros  así  lo  indican”.     

                          Así,  entonces,  se impone examinar el acervo probatorio cuestionado por el recurrente  como  indebidamente  apreciado  y  que en su sentir condujo al yerro denunciado,  veamos:   

    

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