SC 093 2005 [7414]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-093-2005 [7414]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL  

Magistrado Ponente:  

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

Bogotá Distrito Capital, veinticuatro (24) de  mayo de dos mil cinco (2005).   

Rad.- Expediente No.  7414   

                      Decídese  por  la  Corte  el  recurso extraordinario de casación interpuesto por la parte  demandante  contra  la  sentencia del 24 de julio de 1998, proferida por la Sala  Civil  del  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Cali, dentro del proceso  ordinario   adelantado   por   LIBIA   RODRIGUEZ  DE  BOTERO    Y  TERESA  BARBERAN   DE   DIAZ,   frente   a  la  SOCIEDAD MOLINOS DAGUA S.A.”.   

A N T E C E D E N T E S  

                    1. Adujeron  las  demandantes  que  al  Juzgado  Quinto  Civil  del  Circuito   de   Cali   correspondió   diligenciar  la  demanda  reivindicatoria  adelantada  por ellas contra la sociedad aquí demandada; proceso en el que tuvo  lugar  la  audiencia  de conciliación “cuyo resultado final” fue el acuerdo  suscrito  entre las partes comprometidas en el litigio, debidamente aprobado por  el  Juzgado  de  conocimiento,  y  en el cual se comprometieron los estipulantes  “a  firmar  la  respectiva  escritura  pública  del  lote  del  terreno” en  disputa,  con  una  superficie de cien mil metros cuadrados. Pero en la fecha en  que  se otorgó dicho instrumento, las demandantes, dada su avanzada edad, “no  cayeron  en  cuenta  del error que dicha escritura contenía y que iba en contra  de  lo  convenido  por  las  partes en el acuerdo conciliatorio adelantado en el  Juzgado  Quinto  Civil  del  Circuito  de  Cali”; error consistente, en que en  lugar  de  firmarse  por  cien  mil  metros cuadrados, o sea 10 hectáreas, o 15  plazas,  se  hizo por 225 plazas, o sea 1.440.000 metros cuadrados, no siendo la  intención  clara de los otorgantes, en especial de las accionantes, la de ceder  más  terreno  del consignado en la demanda reivindicatoria, en concordancia con  el referido acuerdo conciliatorio.   

                             En  consecuencia,   para  subsanar  el  aludido  error,  se  presenta  esta  demanda  encaminada  a  obtener  que la escritura “se ejecute según lo pactado por las  partes  en el acuerdo conciliatorio”, ya que no ha habido lugar a fijación de  nuevo  precio  por  el  derecho  de  más de 1.340.000 M2, que no entraron en la  conciliación   celebrada   por   las  partes;  ni  las  reclamantes  recibieron  contraprestación  alguna  por  el  exceso desmesurado contenido en la cláusula  primera  de  dicha  escritura  pública.  Como  el  aludido  documento  contiene  inexactitudes  sobre  la  cantidad  de  terreno  reconocido  en  la audiencia de  conciliación,  la  que  versó  sobre  100.000 M2, aproximadamente, mientras en  aquél  aparece  la  cantidad  de  225 plazas, por la que se pagó la suma de 12  millones  de  pesos, que en verdad es el valor de los cien mil metros cuadrados,  que  fue lo transado en el juicio reivindicatorio. De aceptarse lo contrario, es  decir,  que la negociación acordada en el despacho del Juzgado Quinto Civil del  Circuito  fue  de 12 millones por 225 plazas, las demandantes sufrirían lesión  enorme.   

                         2.  Con  sustento  en  esos  antecedentes  de  índole  fáctico,  reclaman,  en ajustada  síntesis,  que se ordene la corrección de la cláusula primera de la Escritura  Pública  No.  7862  del 2 de agosto de 1991, en el sentido de que la extensión  del  predio  objeto  de la negociación es de 15 plazas o sea 10 hectáreas, que  fue  lo  realmente  conciliado. Que si la demandada no accede a esa petición se  le  ordene  “transar  o  pagar  el pleito” por el exceso del terreno, por el  precio  que  oportunamente se decidirá en la audiencia del artículo 101 del C.  P. C.   

                                              Subsidiariamente  reclamó  que si la sociedad demandada no accedía  a  cualquiera  de dichos pedimentos, se rescinda el reseñado contrato, reviendo  las  cosas  al  estado en que se encontraban antes de la conciliación efectuada  en  el  Juzgado  Quinto  Civil  del  Circuito  de  Cali,  el día 23 de julio de  1991.   

                    3. Enterada  la  demandada  de  las pretensiones que se le enfrentaron se opuso a las mismas,  negó  la  mayoría  de los hechos que la apuntalan, aceptó otros y propuso las  excepciones   que   denominó  “carencia  de  personería  sustantiva  en  las  demandantes”,  “carencia  absoluta  de derechos sobre la tierra por parte de  las  demandantes”,  “justo título declarativo de dominio”, “posesión y  dominio”   y   “prescripción  adquisitiva  de  dominio”,  en  las  cuales  destacó,  con  particular  énfasis,  que  se considera dueña del inmueble por  haberlo adquirido por prescripción.   

                      4.  A la  primera  instancia puso fin el Juzgado Once Civil del Circuito de Cali, mediante  sentencia  desestimatoria  de  los  pedimentos  de las demandantes, y en la que,  además,   declaró   probada   la  excepción  de  “carencia  de  personería  sustantiva”  de  aquellas;  decisión  que  fue  confirmada por la providencia  ahora  recurrida  en  casación en lo relativo a la absolución de la demandada,  pero  revocada en su numeral primero, esto es, el relacionado con la prosperidad  de la aludida excepción.   

LAS RAZONES DEL TRIBUNAL  

                     Agotada la  habitual   reseña   de   los  pormenores  del  litigio  y  luego  de  describir  sintéticamente  la petición medular de la demanda, aseveró el Tribunal que de  acuerdo  con  la prueba documental allegada, las demandantes adelantaron, frente  a  la  demandada,  “proceso ordinario en procura de la declaración de dominio  sobre  el ‘lote de terreno  situado  en  la zona suburbana de la población de Dagua (v), con una superficie  aproximada      de      cien      mil      metros      cuadrados….’”,   cuyos   linderos  transcribe;  habiendo  aducido  aquellas que el derecho disputado lo  adquirieron   por  sucesión  “…  ‘(derecho  de  tierra de equivalente al valor de cinco (5) patacones,  cinco   pesos   plata  (5)  en  el  indiviso  <Los  Remedios>)’…”,  mediante adjudicación que se  les  hizo  en  los  procesos  de  sucesión de Isidra Peña vda. de Renfigo y de  Clemencia Rodríguez vda. de Jurado.   

                        El  día  pactado,  agregó,  se  suscribió la escritura pública No.7862, en la cual las  demandantes  ratificaron  los  alcances  de  la  conciliación  en el sentido de  renunciar  a toda acción o derecho que les pudiera haber correspondido “…en  el  ‘predio rural constante  de  un  lote  de terreno de extensión superficiaria de 225 plazas más o menos,  situado  en  el  Municipio  de  Dagua,  Departamento  del Valle del Cauca, en el  indiviso  de  Papagayeros,  con  todas  sus  mejoras, dependencias y anexidades,  edificio  y  casas  de habitación ….’”,  cuyos  linderos  reseña  el  fallador, habiendo declarado que  aceptan  el  dominio  y  posesión  que  la  demandada tiene sobre el mencionado  inmueble.  Se  duelen  las  reclamantes,  destaca  el  Tribunal,  de  que  en la  mencionada  escritura  se  incurrió en error porque, en lugar de “firmarse”  por  cien  mil  metros  cuadrados, o sea, 10 hectáreas o 15 plazas, se hizo por  225 plazas, no siendo esa la intención de las otorgantes.   

                     No hay duda,  precisó,   que  al  ceder  ellas  “los  derechos  sobre la tierra”, se  estaban   refiriendo   a   los   que,   ad-valorem   tenían   en   el  indiviso  “Papagayeros”,  al  que  denominan  “los  Remedios”,  derechos  que,  de  acuerdo  con la segunda petición de la demanda reivindicatoria, “…radicaron  ‘en  el  lote  de terreno  situado  en  la  zona suburbana de la población de Dagua (V) con una superficie  aproximada  de  cien  mil  metros  cuadrados  100.000 mts. cuadrados comprendido  dentro  de  linderos que allí se anotan y que el fallador repite,  “lote  de  terreno  éste  que,  según la relación de los hechos que aparece en aquel  libelo   (5.6.7.)   fue   aportado   ‘como    cuerpo    cierto’    al    continuarse    ‘la        sociedad        Molino        Dagua        S.A’. (sic)”.   

                    Destaca, así  mismo,  el  Tribunal,  que  a la pretensión reivindicatoria de las demandantes,  MOLINO  DAGUA  S.A.,  opuso  un título originario, es decir, la sentencia en la  que  fue  declarada  dueña,  por  prescripción  adquisitiva  extraordinaria de  dominio   y   con   efectos   erga  omnes  (artículo  2534  del  Código  Civil),  sobre un predio rural de,  aproximadamente,   225   plazas   de   extensión,   situado   en   el  indiviso  “Papagayeros”,  comprendido  por los linderos consignados en el mismo fallo,  predio  enajenado  posteriormente  a la opositora, documentos estos que llevan a  pensar  que  por causa de ese título registrado, cualquier derecho que sobre el  aludido   predio   pudieran   aducir   terceras   personas,   tendría  que  considerarse   extinguido. Por este último motivo y, dada la circunstancia  de   que   las   demandantes  sólo  eran  titulares  de  derechos  ad-valorem      en      el      mismo  indiviso,  la demandada, con  el  convenio  llevado  a  cabo  en la audiencia prevista en el artículo 101 del  Código  de  Procedimiento  Civil, dejó a salvo cualquier tipo de litigio sobre  el  bien  que  fue  objeto de la declaración de pertenencia;  amén que al  renunciar  las  demandantes  al  “derecho  de tierra” que les hubiera podido  corresponder  en  ese  mismo  lote,  y  al  aceptar  expresamente  el  dominio y  posesión  que  la  sociedad MOLINO DAGUA S.A., tiene sobre el mismo, dejaron en  claro  que  cualquier  pretensión frente a esta última quedaba definitivamente  eliminada.  Por  consiguiente, si renunciaron a disputar ese derecho, mal pueden  pretender  ahora  que  se  modifique el referido acuerdo conciliatorio, alegando  que el inmueble de la demanda comprende el por ellas pretendido.   

                           Para  finalizar,  acotó el juzgador que deben denegarse los pedimentos de la demanda,  “sin  que  sea  del caso analizar las excepciones de fondo propuestas”, pues  su  examen  procede  solamente en caso de estar acreditados los requisitos de la  pretensión.   

LA DEMANDA DE CASACION  

                     

                      Dos cargos  enfila   el   recurrente  contra  la  sentencia  recurrida,  los  cuales  serán  despachados  conjuntamente  por  la  Corte  por las razones que oportunamente se  expondrán.   

CARGO PRIMERO  

                     

                   Con fundamento  en   la   causal   primera   de  casación,  acúsase  la  sentencia  de  violar  directamente,  por  aplicación  indebida,  los  artículos 15, 665, 2512, 2518,  2534  y 2535 del Código Civil; así como los artículos 6, 666, 746, 768, 1002,  1502,  1508,  1510,  1511, 1515, 1524, 1526, 1603, 1740, 1741, 1743, 1746, 1750,  1950,  2480,  2483 y 2484 del Código Civil; 102 del decreto 960 de 1970; 48 del  decreto  2148 de 1983; y el artículo 3 del decreto 231 de 1985, estos por falta  de aplicación.   

                     

                    En desarrollo  de  la  acusación  asevera la censura que “el fondo puramente teórico” del  problema  es muy sencillo: una cosa es reclamar la corrección o invalidez de lo  acordado  en  la  conciliación  y  otra,  muy  distinta, pedir la corrección o  invalidación  de  lo  que excedió el objeto de la conciliación. Lo primero no  es  procedente porque quien transige mediante un negocio jurídico con fuerza de  cosa  juzgada  no  puede  luego  arrepentirse.  Pero  cuando  el  objeto  de  la  transacción  excede  el de la conciliación, ese exceso no puede respaldarse en  el  negocio  jurídico,  careciendo,  por  tanto,  de  fundamento legal y moral,  debiendo corregirse o anularse el respectivo documento.   

                       Luego  de  transcribir  algunas  de las normas denunciadas, señala que las acciones pueden  ser  personales  o  reales;  que  en  tratándose   de  las  primeras,  las  excepciones  deben  corresponder  a dicha índole, luego carecen de eficacia las  excepciones  reales  que  se proponen contra acciones personales y viceversa. La  transacción  sólo produce efectos entre los contratantes, generando acciones y  excepciones  eminentemente  personales;  empero  el  “primer  pilar”  de  la  sentencia  reside  en  los  efectos  de  una “excepción real de prescripción  adquisitiva  de  dominio”,  propuesta  en un proceso cuyo tema de decisión es  completamente distinto.   

                         Pasa  a  referirse,  en  seguida,  el  impugnante,  a  la relación existente “entre la  congruencia,   la   transacción  y  la  cosa  juzgada”,  para  decir  que  la  congruencia  “consiste  en la consonancia entre los hechos, las pretensiones y  las  excepciones”,  y  como  la transacción implica la renuncia recíproca de  ciertos  derechos relacionados, usualmente, con las pretensiones y los intereses  dentro  del  proceso,  se  produce  un  efecto  de  cosa juzgada respecto de los  pedimentos  y  los hechos de ese litigio. “Alegóricamente podría decirse que  es   como   si   tuviésemos  tres  vasos  comunicantes  entre  la  demanda,  la  conciliación  o  transacción  y  el  contenido del documento” que la recoge,  debiendo  ser  igual  el  volumen  de cada uno de ellos. En caso de exceso en el  documento  posterior  no  puede  hablarse  de  cosa  juzgada,  pudiendo la parte  lesionada  adelantar  un  nuevo  proceso para enmendar el error; además que, de  conformidad  con el artículo 2483 del Código Civil la cosa juzgada no se opone  a  la pretensión de nulidad o a la de rescisión en casos como los previstos en  el  artículo  2480  ibídem, que establece la posibilidad de anularla por error  acerca  de  la  identidad  del  objeto.  Empero,  el  Tribunal  excluyó  de las  transacciones   cualquier   tipo   de   litio   posterior,  sin  distinguir  las  circunstancias   que  puedan  existir  entre  lo  transigido  y  su  desarrollo.   

                          Alude,  seguidamente,  a la “relación entre la causa de las obligaciones, la renuncia  de  los derechos y la buena fe contractual”, para precisar que se entiende por  causa  el  motivo  que  induce  al  acto  o contrato, de modo que la renuncia de  cualquier  derecho  en favor de otro debe tener una causa que limite su alcance.  Si  se presenta una extralimitación, ésta puede obedecer a error de las partes  (de  buena  o de mala fe), o a dolo de una de ellas (generalmente la favorecida)  en  perjuicio  de  otra. Es posible que en un contrato que implica la renuncia a  un  derecho de una persona en favor de otra se incurra en un exceso por error de  ambas  partes o error de una y dolo de la otra, con quebranto del artículo 1603  del  Código  Civil,  no  debiendo,  en  esa hipótesis, permanecer impasible la  jurisdicción.  En  los  dos  últimos soportes de la sentencia se estima que la  renuncia  de  un  derecho descarta cualquier reclamación ulterior, sin importar  que  dicha  reclamación  esté  por fuera del derecho efectivamente renunciado.                       

                      Acota, como  conclusión,  que  en  casos  de  error  o  dolo  en la transacción que apareje  extralimitación  injustificada  del objeto primigenio debe el juzgador corregir  el   exceso,   ordenando  la  anulación  del  contrato  o,  por  lo  menos,  su  corrección,  para  reducir  el  negocio  a  su  contenido  real. De no hacerlo,  quebranta     las     normas    denunciadas    e    incumple    sus    funciones  jurisdiccionales.   

CARGO SEGUNDO  

                      Igualmente  fundado  en  la  causal  primera  de  casación, se acusa en él la sentencia de  violar  indirectamente,  por aplicación indebida, los artículos 15, 665, 2512,  2518,  2534 y 2535 del Código Civil; así como los artículos 6, 666, 746, 768,  1002,  1502,  1508,  1510, 1511, 1515, 1524, 1526, 1603, 1740, 1741, 1743, 1746,  1750,  1950,  2480,  2483 y 2484 del Código Civil; 102 del decreto 960 de 1970;  48  del  decreto  2148  de 1983; y el artículo 3 del decreto 231 de 1985, estos  por  falta  de aplicación. Todo lo anterior, prosigue la censura, por causa del  error  de  hecho  cometido  por el juzgador en la apreciación de las siguientes  pruebas:  la  demanda del proceso reivindicatorio y su contestación; la demanda  incoativa  de  este proceso y su reforma; su respuesta; el acta de conciliación  y  la escritura pública No. 7862 del 2 de agosto de 1991 de la Notaría 10° de  Cali.   

                     

                    En desarrollo  de  la  acusación  asevera  nuevamente  la  censura  que  “el fondo puramente  teórico”  del problema es muy sencillo: una cosa es reclamar la corrección o  invalidez  de  lo  acordado  en  la conciliación y otra, muy distinta, pedir la  corrección  o  invalidación  de lo que excedió el objeto de la conciliación.  Lo  primero no es procedente porque quien transige mediante un negocio jurídico  con  fuerza  de  cosa juzgada no puede luego arrepentirse. Pero cuando el objeto  de  la  transacción  excede  el  de  la  conciliación,  ese  exceso  no  puede  respaldarse  en el negocio jurídico, careciendo, por tanto, de fundamento legal  y moral, debiendo corregirse o anularse el respectivo documento.   

                       Luego  de  transcribir   algunas   de   las   normas  denunciadas,  aborda  la  censura  la  demostración  de los errores que le atribuye al Tribunal.  Señala que las  acciones  pueden  ser  personales  o  reales;  que  en  tratándose  de las  primeras,  las  excepciones deben corresponder a dicha índole, luego carecen de  eficacia  las  excepciones  reales  que se proponen contra acciones personales y  viceversa.  Por  consiguiente, se equivocaron los jueces de instancia al decidir  la  petición  de  nulidad  relativa  de  la  transacción  como  si se tratase,  todavía,   de  la  demanda  reivindicatoria.  No  repararon,  incluso,  que  la  demandada  propuso,  en  una  y otra, las mismas excepciones, aserto que intenta  demostrar  mediante un cuadro comparativo. La transacción sólo produce efectos  entre  los  contratantes,  luego  las  excepciones  que genere son eminentemente  personales.  Empero,  el  fundamento  de la sentencia reside en el efecto que en  este  proceso,  relativo  a una acción personal de nulidad contractual, produce  la  “excepción  real de prescripción adquisitiva de dominio”, propuesta en  el  proceso  reivindicatorio, sin que, ciertamente, tengan nada que ver. Tampoco  advirtió  el  fallador,  que  el predio objeto de la demanda reivindicatoria es  diferente    de   aquel   que   fue   adquirido   por   prescripción   por   la  demandada.   

                      Añade  la  censura   que   el  sentenciador  ad-quem  incurrió  en error de hecho en la apreciación de la demanda y su  reforma   porque   no   distinguió   su  naturaleza  jurídica  de  la  acción  reivindicatoria.  También, porque aplicó las excepciones del primer proceso al  segundo;  y  porque  no  tuvo  en  cuenta  que  la  declaración  de pertenencia  adelantada  por  la  demandada  se  refería  a  un predio diferente del que fue  objeto  de  la  petición  reivindicatoria  y del que es objeto en la demanda de  nulidad,  aunque el objeto de este proceso no tiene que ver con el inmueble sino  con la validez de una escritura pública.   

                      Acomete, en  seguida,  el  censor, la enunciación de los errores de facto que le atribuye el  juzgador,  relativos a la apreciación de la demanda reivindicatoria, el acta de  conciliación,  la  escritura  7862  y  la  demanda  de nulidad y su reforma. Al  respecto  asevera,  no sin antes aludir brevemente a la naturaleza y los efectos  de  la  transacción,  que  este  proceso  se  originó en tres actos jurídicos  específicos:  la  demanda  reivindicatoria,  el  acta  de  conciliación  y  la  escritura   pública  7.862  de  la  Notaría  10ª.,  de  Cali  que  conforman,  alegóricamente,  tres  vasos  comunicantes  cuyos volúmenes deben ser iguales.  Reseña,  a  continuación,  a  tres  columnas,  aspectos  de  cada  uno de esos  documentos  para  concluir  que  la  demandada  se  aprovechó  de  la  referida  escritura  para  “extender  la  conciliación  a  extremos  ajenos  al acta de  conciliación  y al contenido de la demanda reivindicatoria”. Inclusive, en la  cláusula  cuarta  se  delata  la  intención  cuando  hablan  del alcance de la  conciliación;  desde  luego  que  la renuncia allí mencionada tenía una causa  que limitaba su alcance.   

                      Es posible,  agrega,  que  en  el negocio en el cual una parte renuncia a un derecho en favor  de  otra  ocurra un exceso imputable a error de ambas partes, o a error de una y  dolo  de  otra, con quebranto del artículo 1603 del Código Civil que prescribe  que  los  contratos deben celebrarse de buena fe. Es claro que la “especial”  redacción  de  las cláusulas primera y cuarta de la citada escritura no podía  serle  extraña  a  la  demandada  que resultaba tan favorecida, amén que no se  entendería  cómo  obtuvo  la  Notaría  datos  tales como la extensión de 225  plazas  o el folio de matrícula 370-0106955. Por tanto, mas que un simple error  existió  dolo  de  una  parte  para  con  la  otra, sin que en ese exceso pueda  hablarse  de  cosa  juzgada, pudiendo la afectada accionar en pos de enmendar el  error;  además  que,  de conformidad con el artículo 2483 del Código Civil la  cosa  juzgada  no  se  opone a la pretensión de nulidad o a la de rescisión en  casos    como    los    previstos    en    el    artículo   2480   ibídem,  que establece la posibilidad de  anularla  por  error  acerca  de  la  identidad  del objeto. Empero, el Tribunal  excluyó  de  “las  transacciones  cualquier tipo de litigio posterior”, sin  distinguir  las  circunstancias  que  puedan  existir  entre  lo transigido y su  desarrollo.   

                     La verdad es  que  el fallador erró de hecho en la apreciación de la demanda reivindicatoria  porque  no tuvo en cuenta que el área de 100.000 m2 limitaba los alcances de la  conciliación,  la  cual  también se apreció erradamente por no haber reparado  que  ella  se  refería  a  dicha  demanda; y, finalmente, porque al examinar la  escritura  7.862 no advirtió que extendía en forma injustificada el límite de  la  conciliación. No es cierto el argumento de la demandada, que en su parecer,  fue  acogido  en  las  instancias, conforme al cual se transigió un litigio sin  referencia  a  la  tierra,  pues  un  pleito  está  conformado  por “hechos y  pretensiones”,  sin que sea posible desligar uno de otro y en ninguna parte se  hizo  alusión  a  225 plazas o al inmueble del folio 370-0106955. En la primera  excepción  no  se tuvo en cuenta que la cesión de derechos no implica renuncia  a  las  acciones y que la reclamación no es sobre los 100.000 m2, sino sobre el  descomunal exceso.   

S E  C O N S I D E R A  

                                              

                          1.  Se  despachan  conjuntamente  los  dos  cargos  de la demanda atendiendo su evidente  afinidad,  desde  luego  que  comparten los mismos argumentos, y dadas, además,  las    evidentes    deficiencias    técnicas   que   padecen,   como   pasa   a  demostrarse:   

                      a) Toma el  censor,  como punto de partida en el cargo primero, que la transacción excedió  el  objeto  de  la  conciliación,  exceso  que,  dada la equivalencia que en su  entender  debe  existir  entre  la  demanda  reivindicatoria, lo convenido en la  audiencia  de  conciliación  y  la  escritura  de transacción, es similar a la  apreciable  en  “los  vasos  comunicantes”,  cuyo  contenido debe ser igual,  careciendo  ese exceso de fundamento “legal y moral”, no pudiendo permanecer  impasible el juzgador ante el mismo.   

                      Empero, lo  cierto  es  que  el Tribunal no partió de que hubiese habido tal exceso, razón  por  la cual, el censor debió empezar por demostrar su existencia, empresa que,  obviamente,  no  podía  acometer  por  la  vía  directa  en la que apuntala el  cargo.   

                      En efecto,  advirtió  el Tribunal que al haber cedido las demandantes sus “derechos sobre  la    tierra”,    se    estaban    refiriendo    a   los   que,   ad-valorem,   tenían   en  el  indiviso  “Papagayeros”,  denominado  por  ellas  “los Remedios”, los cuales, a su  guisa,  interpela  la  Corte,  aquellas  radicaron  en  un  lote  con superficie  aproximada  de  cien mil metros cuadrados, cuyos linderos señalaron a su gusto.  Agregó  el fallador que MOLINO DAGUA S.A., a su vez, opuso a esa pretensión un  “título  originario”,  es  decir,  “la sentencia” en la que su causante  fue  declarada  dueña, sobre un predio rural de, aproximadamente, 225 plazas de  extensión,  situado  en  ese  mismo  indiviso  “Papagayeros”, razón por la  cual,  y  dada la circunstancia de que las demandante sólo eran titulares, como  ya  se  dijera,  de  un  derecho  de  cuota  en  el  mismo  inmueble,  la demandada, con el convenio llevado a  cabo  en  la audiencia prevista en el artículo 101 del Código de Procedimiento  Civil,  dejó  a salvo cualquier tipo de litigio sobre el bien que fue objeto de  la  declaración  de  pertenencia,  esto  es el de 225 plazas; y añadió que al  haber  renunciado  las  demandantes  al  “derecho de tierra” que les hubiera  podido  corresponder  en  ese  lote  y  al  aceptar  expresamente  el  dominio y  posesión  de  la  demandante  en  el  mismo,  dejaron  en  claro  que cualquier  pretensión   frente   a   esta   última   quedaba  definitivamente  eliminada.   

                      En otros  términos,  habiendo  reparado  el  sentenciador  de  segundo  grado  en que las  demandantes  solamente eran titulares de un derecho indeterminado de cuota sobre  el   inmueble,  situación  que  les  impedía,  motu  proprio,  circunscribir a una porción especifica del  lote  tal derecho y reivindicarla para sí, interpretó el contrato ajustado por  ellas  en  el  sentido  de que éstas se resignaban a proseguir cualquier pleito  sobre  el  predio  de  la  demandada,  objeto  de  la  declaración  de  pertenencia, habiendo renunciado, así mismo, al “derecho de  tierra”   que   les   hubiera  podido  corresponder  en  ese  lote,  aceptando  expresamente el dominio y posesión de aquella en el mismo.   

                    Siendo, pues,  este  el  razonamiento  medular  de la sentencia, el recurrente se encontraba de  cara  ante  la  tarea  de demostrar que el Juzgador mal interpretó el contrato,  yerro  que  le  habría  impedido  ver  el  exceso  por  el  que  se duele y que  constituye  el  puntal de su acusación; sin embargo, como es patente, tal labor  sólo  podía  emprenderla  exitosamente  por  la  vía  indirecta  de la causal  primera.   

                      b)  En  el  segundo  cargo  de  la  demanda,  y  en lo que concierne a la refutación de esa  argumentación   del   juzgador   ad-quem,  que,  como  se  dijera,  constituye  la  médula de su decisión,  tampoco  atinó  el  recurrente  a  perfilar  debidamente su acusación, pues se  limitó  a  decir  que la demanda reivindicatoria, el acta de conciliación y la  escritura  pública  7.862  conforman,  alegóricamente, tres vasos comunicantes  cuyos  volúmenes  deben  ser  iguales  y  que  la demandada se aprovechó de la  referida  escritura  para “extender la conciliación a extremos ajenos al acta  de  conciliación  y  al  contenido de la demanda reivindicatoria”, agregando,  más  adelante,  que el fallador erró de hecho en la apreciación de la demanda  reivindicatoria  porque  no  tuvo  en cuenta que el área de 100.000 m2 limitaba  los  alcances  de  la  conciliación; y también se equivocó en la apreciación  del  acta  de  conciliación  por no haber reparado que ella se refería a dicha  demanda;  y  porque al examinar la escritura 7.862 no advirtió que extendía en  forma injustificada el límite de la conciliación.   

                     Mas, como es  patente,  la  acusación no guarda ni la proporción ni la simetría debidas con  el  fundamento  del  juicio del fallador, puesto que para éste las demandantes,  por   ser   titulares   de   un   mero   derecho   ad  valorem  no  podían reclamar, como cuerpo cierto, los  100.000M2  aludidos  en la demanda reivindicatoria, razón por la cual entendió  que  el  sentido  de la transacción no era otro que el de renunciar a esa cuota  dentro  del  “indiviso  Papagayeros”  de  propiedad  de  la  demandada, cuya  extensión  correspondía  a  225 plazas, renunciando a disputarle el derecho de  dominio sobre el mismo.   

                   d) Finalmente,  puntualizó  el  censor, al desgaire, que el fallador no advirtió que el predio  objeto  de la demanda reivindicatoria, sobre el cual versó la conciliación, es  diferente   del   que   fuera   adquirido   por   “MOLINO  DAGUA  LTDA”  por  prescripción.  No  obstante,  se abstuvo de demostrar tal aserto, exigencia que  le  era  ineludible  en  una  acusación  de ese talante, con mayor razón si se  observa  que  en  la demanda incoativa del proceso reivindicatorio afirmaron las  demandantes  que  el  inmueble  reivindicado  fue  aportado  por “Molino DAGUA  LTDA”,  a  la  sociedad  anónima  del  mismo nombre, siendo que aquella adujo  haberlo adquirido por prescripción adquisitiva de dominio.   

                       Así  las  cosas, es patente que los cargos no se abren paso.   

D  E  C  I S I O  N   

                             En  mérito  de  lo  expuesto,  la Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre  de  la  República  y  por  autoridad  de  la  ley,  NO  CASA  la sentencia del 24 de  julio  de  1998,  proferida por la Sala Civil del Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Cali,  dentro  del  proceso  ordinario adelantado por LIBIA    RODRIGUEZ    DE   BOTERO   Y  TERESA BARBERAN DE DIAZ,  frente     a     la    SOCIEDAD    MOLINOS    DAGUA  S.A.”.   

                      Costas a  cargo de la parte recurrente.   

COPIESE, NOTIFIQUESE Y DEVUELVASE.  

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA   

MANUEL ISIDRO ARDILA VELÁSQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

CESAR JULIO VALENCIA COPETE    

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