SC 205 2005 [7691]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-205-2005 [7691]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL  

Magistrado Ponente  

PEDRO   OCTAVIO  MUNAR  CADENA   

                   Bogotá, D.C.,  nueve (9) de agosto de dos mil cinco (2005).   

Ref.  Expediente  No.7691   

                     Decídese el  recurso  de  casación  interpuesto  por  la  parte  actora  contra la sentencia  proferida  el  9  de  diciembre de 1998, por la Sala Civil del Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá, dentro del proceso ordinario promovido por  JOSE JUAN DUQUE CARDONA contra la FUNDACION ALFONSO JARAMILLO.   

I.   ANTECEDENTES   

                      1.  El  actor  pide  que  se  le  declare  propietario  del  50%  del  nombre  comercial  denominado    “Colegio   Alfonso  Jaramillo”  y,  en  consecuencia,  se  determine  que  tiene  plena capacidad jurídica para disponer del mismo  y  percibir  los  beneficios  que  de  él  se  deriven  junto  con su good   will   desde  el  13  de  mayo  de  1987,   hasta  cuando  lo transfiera legalmente; solicita, también, que se  ordene  al Ministerio de Educación Nacional y a la Secretaria de Educación del  Distrito   Capital   de   Bogotá   inscribir   tales   decisiones  en  los  archivos  y  registros  del  mencionado  Colegio.   Reclama,  así  mismo,  que  se  condene  a la parte  demandada  a  pagarle  la  suma  de  $150.000.000.oo  o  la cantidad que resulte  probada,   por   concepto   del   “producido,  de  la  rentabilidad,  del  good     will,     del  rendimiento”   y  los  perjuicios irrogados por el uso indebido y abusivo  de  ese  nombre  desde  la fecha antes citada, al igual que se fije fecha y hora  para  llevar  a  cabo  la diligencia en que se le ponga en posesión del derecho  reclamado  y  se  estipule  que  en  el  futuro tiene derecho a intervenir en el  manejo  de  las  cuentas corrientes bancarias y en el giro de las actividades de  la fundación demandada.     

                        2.   Afirmó,  para  sustentar  sus  pretensiones,  que  el  derecho  de  dominio del  nombre   “Colegio  Alfonso  Jaramillo”   le  fue  adjudicado en la  disolución   y   liquidación  de  la  sociedad   “Alfonso  Jaramillo  y  Compañía  Limitada”,  contenida  en  la  escritura pública No.233 del 17 de  enero  de  1994,   cuyo  registro  gestionó ante la Cámara de Comercio de  Bogotá  y  las  autoridades  de educación del orden nacional y distrital, pero  éstas  últimas  no  la  registraron  porque  con anterioridad la demandada fue  inscrita  como  dueña  de  dicho  nombre,  valiéndose  para  tal  efecto de la  escritura  pública  No.2195  del  26  de octubre de 1983, en la que la sociedad  liquidada  le  enajenó  únicamente los terrenos e instalaciones donde funciona  el  establecimiento educativo, pero sin incluir su good  will.   

                   Desde el 13 de  marzo  de  1987,  el  aludido  nombre  y  su  good will  han  sido  utilizados  por  la  demandada,  en  forma  abusiva,  pues  lo  ha  hecho  sin el consentimiento del actor y sin reconocerle  suma  alguna,  irrogándole  perjuicios  de   “orden  económico, moral y  financiero”.   

                      3.  La  relación  jurídico  procesal se trabó directamente con el representante legal  de  la  entidad demandada, quien se opuso a las pretensiones. Luego de tramitada  la  primera  instancia,  el  Juzgado 20 Civil del Circuito de Bogotá puso fin a  ella  mediante  sentencia  absolutoria,  la  que  apelada  fue confirmada por el  juzgador  ad quem, mediante la  decisión ahora recurrida en casación.   

II.  LA  SENTENCIA  DEL  TRIBUNAL   

                      1. Luego de  hacer  algunas  consideraciones  de  carácter general alrededor de las personas  jurídicas,  particularmente de las fundaciones y de las sociedades comerciales,  con  el  anunciado  propósito  de  establecer  las diferencias existentes   entre  una  y otras, el nombre de las primeras, la razón social y el denominado  good  will,  que  respaldó  con   la  cita  de  las  disposiciones  legales pertinentes, se identificó  inicialmente  con  la consideración del juzgador de primer grado según la cual  la  denominación  de  un  colegio  no  tiene  el  carácter  de  “nombre  comercial”,  ni las instituciones educativas son establecimientos de comercio,  pero  precisó  que  discrepaba  de aquél en cuanto a que tuvo ese razonamiento  como  suficiente  motivo  para desestimar las pretensiones de la demanda, que se  apoyaron  en el nombre comercial, para no incurrir en decisión incongruente por  extrapetita,  posición que critica por corresponder a una óptica estrecha, con  la   que,   dijo,  se  incumplió  el  deber  de  interpretar  integralmente  la  demanda.   

                      2.  En ese  orden  de  ideas,  entró  en  el  fondo de la cuestión, encontrando probada la  afirmación  del  demandado  según la cual el negocio jurídico de enajenación  del   colegio  le  permitió  adquirir  no  sólo  su  infraestructura  sino  la  institución  misma,  parecer que sustentó en  los términos de la promesa  que  lo   antecedió y los testimonios de Santiago Miguel Jaramillo, Manuel  Alvaro  Carreño  Boshell,  quien en ese acto intervino como representante de la  demandada,  y  Guiomar  Romelia  Jaramillo  Betancourt;  para  complementar  esa  elucidación  resaltó que las licencias de funcionamiento del plantel de 1950 y  1952  perdieron  vigencia  en  1985  y  1989,  respectivamente,  de  modo que al  iniciarse  este proceso no estaban vigentes, no pudiendo producir ningún efecto  jurídico  “amén de que tal como se dijo, llegó la  Sala  a  la conclusión de que la compraventa celebrada incluyó al colegio como  institución”.   

III.   LA  DEMANDA  DE  CASACION   

                      El  censor  apoyado  en  la  causal primera de casación formula cinco cargos a la sentencia  impugnada,   los  cuales  agrupó  en la demanda según la vía por la cual  los  perfiló,  así  relacionó dos de ellos en el acápite que denominó   “violación   directa   de  normas  sustanciales  de  derecho”   y  los  restantes  en  el que llamó  “violaciones indirectas”. No obstante esa  presentación,  la  Sala  los reseñará numerándolos en el orden en que fueron  propuestos   prescindiendo  de  la  anotada  clasificación  y  los  despachará  conjuntamente    por   adolecer   de   defectos   de   técnica   que   le   son  comunes.   

1.  Cargo Primero  

                       Alega  el  recurrente  que  el  fallo viola directamente los artículos 653 inc. 3º , 669,  673,  740, 741, 742, 743, 745, 746, 747, 749, 761, 1857, 1868 y 1884 del Código  Civil;  28  ord.9,  229,  247, 249 y 765 del Código de Comercio; 73 del Código  Contencioso  Administrativo,  29  de  la Constitución  Política y 185 del  Código de Procedimiento Civil, a causa de haberlos inaplicado.   

                   Al desarrollar  la  acusación  expone  que  los  indicados  preceptos se refieren al derecho de  dominio,  al  debido  proceso  para  adquirirlo  y  transmitirlo,   “a la  obligatoria  individualización de los bienes y derechos objeto de negociación,  de  tal  manera  que  se  identifiquen  y  determinen  para  que  no se preste a  interpretaciones   o   conclusiones  equívocas  o  equivocadas  que  tiendan  a  involucrar  bienes  y  derechos QUE NO corresponden a la transacción, contra la  voluntaria, expresa y objetividad del legislador”.   

                             El  sentenciador  inaplicó  las  mencionadas normas en desmedro de los derechos que  garantizan,  “como  son  los  de  propiedad  y  posesión,  tanto  subjetivos,  materiales  y  administrativos,  así  como  sus  maneras  y  formas  únicas de  traspasarlos”.   Esa omisión condujo a que la parte resolutiva del fallo  censurado             sea             contraria            al            derecho  reclamado.                           

2.  Cargo Segundo  

                      Acúsase en  él  la  sentencia impugnada de vulnerar directamente, por indebida aplicación,  los  artículos 309, 583 num. 4º y 516 del Código de Comercio, 633 del Código  Civil  y  138  de la Ley 115 de 1994, toda vez que no corresponden al objeto del  litigio,  el  que  versa  sobre  el  derecho  de  propiedad  del Colegio Alfonso  Jaramillo  y   “las  inherentes licencias de funcionamiento”, en cuanto  se  relacionan  con  temas   “inconducentes  al  caso  y  al objeto de la  controversia”.   

                    El impugnante  para  demostrar  la  aludida acusación señala que el artículo 633 del Código  Civil  regula  la  existencia  de  las  personas  jurídicas,  aspecto que no es  materia  de  discusión  en  relación  con  la  demandada, “por lo cual al no  existir  cuestionamiento  y  aplicarse la norma indicada, lo hace indebidamente,  violando  las  sustanciales  que  son pertinentes y que fueron inaplicadas en el  cargo  anterior”; Igual situación acontece con el 309 del Código de Comercio  que  consagra  la  exclusión  de  la  razón social en caso de enajenación del  establecimiento  de  comercio,  categoría  jurídica que no tiene la Fundación  demandada  ni el Colegio,  “por lo cual la disposición indicada no puede  aplicarse  en  el  litigio  por  cuanto  al  efectuarse, conlleva su APLICACIÓN  INDEBIDA  que  viola  directamente  las  normas sustanciales relacionadas con el  derecho de propiedad, su tradición, su posesión etc…”   

                    En cuanto toca con los  artículos  516-1  y  583-4  del  Código de Comercio, que se contraen al nombre  comercial  en  relación  con el empresario, dice que están “pésimamente  utilizados”  en  vista de la imposibilidad jurídica  de  atribuir  la  categoría  indicada  al  Colegio,  a la Fundación, y al  demandante  “para  formar  imaginariamente  una  relación que por precaria se  traduce   en   APLICACIÓN   INDEBIDA,   conllevando  la  violación  de  normas  sustanciales que determiné en el cargo anterior…”   

                           “El  artículo  318  de  la  Ley  115 de 1994  (sic)  señala que define el  concepto  de  establecimiento  o  institución  educativa”, guardando silencio  acerca  de  su  propiedad,  tradición  y  posesión, materias objeto del debate  “por  lo  cual  al  traerlo  el  Tribunal  en  su  sentencia  como medio legal  inapropiado,  viola  directamente  normas sustantivas de derecho por APLICACIÓN  INDEBIDA, como son las señaladas en el cargo anterior…”   

    

1. Cargo Tercero     

                     

                          En  su  desarrollo  y en cuanto toca con las resoluciones primeramente citadas, sostiene  el  recurrente  que  se  expidieron  sin  observar  el debido proceso dentro del  trámite  administrativo surtido en el Ministerio de Educación Nacional, puesto  que  ni  el  demandante  ni la sociedad Alfonso Jaramillo y Cía. Ltda. tuvieron  audiencia,  tampoco  solicitaron  la  expedición  de las resoluciones aludidas;  así,  tales  actos  administrativos  se  obtuvieron   a  sus  espaldas por  petición  unilateral  de  la fundación demandada, lo que determina infracción  del  artículo  185  del  Código  de  Procedimiento Civil y la nulidad de pleno  derecho  consagrada  en  el  artículo  29-5  de la Constitución Política, que  impedía  reconocerles  valor  probatorio, amén que el impugnante no prestó su  consentimiento  para  que  se  revocaran las resoluciones 2315 de 1950 y 1025 de  1952  “contentivas  de  sus  derechos  de  propiedad  sobre  las  licencias de  funcionamiento  y el nombre del Colegio Alfonso Jaramillo”, lo que refuerza la  ilegalidad  de las aquí cuestionadas, por lo que las primeras conservan validez  de  acuerdo  con  lo  establecido  en  el  artículo  73 del Código Contencioso  Administrativo.   

                        Como  el  Tribunal  acogió  los  censurados  actos  administrativos como prueba eficiente  para  desconocer los derechos del actor consagrados en las Resoluciones Nos.2315  de  1951  y  1025  de  1952,  restándole  a  éstas  vigencia  y validez,   “incurrió  en  error  de  derecho  en  su  apreciación  por  carecer  de los  presupuestos  legales  y  procedimentales  exigidos  por  el  artículo  185 del  Código de Procedimiento Civil”.   

    

1. Cargo Cuarto     

                     Se denuncian  errores  de  hecho y de derecho determinantes de la violación de los artículos  664,  669,  673,  740,  741,  742, 745, 761, 762, 1867 inc. 2º  y 1884 del  Código  Civil;  artículos  28-9, 229  y 247 del Código de Comercio; 174,  175,  176, 185, 187, 195, 198, 200, 203, 211, 217, 218, 227, 228, 233, 237, 240,  241,  247, 250, 251, 252, 253, 262, 264, 265, 268, 271, 276, 277, 280, 283, 288,  289 del Código de Procedimiento Civil.   

                            Sin  especificar  los  ataques  originados  en  uno  y otro tipo de error, expresa el  casacionista lo siguiente:   

                      El Tribunal  desatendió  las  pruebas documentales demostrativas del dominio y tradición de  los  derechos  sustanciales  reclamados  en  el proceso, y por ello violó   indirectamente  la  ley  sustancial  que  protege  el  derecho  de propiedad del  recurrente  sobre  el  nombre y la licencia de funcionamiento del colegio.   Tales  pruebas fueron el acta de liquidación de la sociedad Alfonso Jaramillo y  Cía  Ltda.  del 13 de mayo de 1987, inscrita en la Cámara de Comercio (fls. 85  a  87),  protocolizada mediante escritura No.233 otorgada el 17 de enero de  1994   en   la   Notaría   1ª   de  Bogotá  (fls.  14  a  17);   “nota  auténtica”   visible  a  folios 52 y  53 aportada por la demandada;  constancias  oficiales  de  los  folios  79 y 80 ; y las obrantes en el cuaderno  dos,  a  saber: “documento” de la Secretaría de Educación del Distrito del  24  de  febrero de 1995 ( fl. 53 ), y nota de la Secretaría de Educación   de  12  de  marzo de 1984 (fl 278), demostrativas de que JOSE JUAN DUQUE CARDONA  es  el  propietario  de  los  derechos  sobre  el Colegio Alfonso Jaramillo y su  licencia de funcionamiento en proporción del 50%.   

                     En relación  con     cada     una     de     esas     probanzas     hizo    las    siguientes  puntualizaciones:   

                     4.1  La  nota  de  la  secretaría  de  educación del 12 de marzo de 1984 expresa que el  multicitado  plantel  es de propiedad de la Sociedad “Alfonso Jaramilo y Cía.  Ltda”  y que esa dependencia posee copias de las resoluciones Nos.2315 de 1950  y   1025  de  1952,  aprobatorias  de  los  estudios  primarios  y  secundarios.   

4.2  El Ministerio de Educación, en el  escrito  del 26 de noviembre de 1986 ( F. 79, C. 1),  con apoyo  en la  escritura  No.2196  del  26  de  octubre  de  1983,  otorgada en la Notaría 17,  expresa  que  la  fundación   adquirió terrenos, edificaciones, muebles y  enseres,  sin que aparezcan incluidos los derechos de propiedad relacionados con  las  licencias  de  funcionamiento  y  que la administración del colegio, no su  propiedad, la ejerce la fundación.   

                     4.3  El  documento  visible  a  folios  52  y  53 del cuaderno No.1, refleja que sólo se  transfirieron   a  la  fundación  los  derechos  que  en  proporción  del  50%  adquirieron   los   adjudicatarios  Santiago   y  Guiomar  Jaramillo,   “dejando  expresamente  en  claro  que  el  otro  50% de tales derechos son de  propiedad  de José Juan Duque Cardona y que éste LOS OFRECIO EN PRIMER TERMINO  a  la Fundación a TITULO ONEROSO sin que hubiera sido aceptada la oferta por LA  FUNDACION   y  que  además,  los  hermanos  Jaramillo  NO  PODIAN  DISPONER  ni  dispusieron  de  derechos  ajenos  a  tal  punto  que expresaron que se podrían  negociar   posteriormente   con  su  titular  y  propietario  José  Juan  Duque  C.”   

4.4  La certificación de la Secretaría  de  Educación  del  Distrito  del  24  de febrero de 1995 ( F. 53, cuad.2 ), da  cuenta  de  que   inicialmente la propiedad del plantel educativo era de la  referida  sociedad, la que varió según anotación del 30 de octubre de 1987 en  la  que  figura el 50% a nombre de José Juan Duque Cardona, el 25% en cabeza de  Guiomar Jaramillo y el excedente a nombre de Santiago Jaramillo.   

                      Apunta  el  censor,  así  mismo, de una parte, que a los folios 206 y 207 del cuaderno No.2  obra  nota  del Ministerio de Educación Nacional del 28 de julio de 1988, en la  que  se  expresa  que  investigados  los  antecedentes del colegio, aparecen las  partes  como propietarios en las proporciones antes indicadas, y de otra, que en  escrito  del  24  de  septiembre  de  1985,  los  representantes  de la sociedad  hicieron  oferta  a  la fundación de las licencias de funcionamiento, propuesta  que  no  tuvo  respuesta   “pero  SI  LA CERTEZA de que la propietaria de  ellos era la SOCIEDAD…”   

                     4.5  El  recurrente  le  atribuye error al Tribunal por haber ignorado la prueba pericial  obrante  a  los  folios  579  a  581,  583  y 584, y 611 a 614 del cuaderno dos,  mediante  la  cual  se  justipreció  el  derecho  de propiedad y el rendimiento  originado  en  la administración del Colegio, afirmando que esto dio lugar a la  violación indirecta de normas sustanciales.   

                     El censor, a  continuación,  afirma  que  el Tribunal también incurrió en error de hecho en  la  apreciación de la promesa de compraventa y de la escritura No.2195 otorgada  el  26 de octubre de 1983 en la Notaría 17 de Bogotá,  ya que infirió de  ellos  que  se vendió el colegio como institución incluyendo el nombre, cuando  en   realidad   tales   documentos   antes   que   reflejar  una   “venta  global”     se   refieren   a   bienes   perfectamente   determinados   e  individualizados,  infringiendo  los artículos 1867 inc. 2º y 1884 del Código  Civil.   

                   Del mismo modo  denuncia  que  el  sentenciador  incurrió  en  el aludido yerro al apreciar los  testimonios  de  Juan  Manuel  Carreño, Santiago Jaramillo y Guiomar Jaramillo,  para  cuya  demostración  dice  el  recurrente  que  aquellos narraron que para  ponerle  fin  a  las  disputas  surgidas  entre  los  integrantes de la sociedad  Jaramillo  y  Cía.  Ltda. se decidió la venta del colegio, “pero que como el  planteamiento  a  la  determinación  final de venderlo no prosperó respecto de  los  derechos  adjudicados a José Juan Duque Cardona, concluyen expresando, sin  lugar  a  duda,  que  el  colegio  no  se ofreció en venta por la sociedad a la  fundación  por  lo  cual  no  aparece  relacionado  en  la  escritura”, y que  inquiridos  acerca  de este particular respondieron los testigos que se atenían  a  lo  que  rezaba  la  escritura,  de manera que, como ésta “no los incluye,  forzosamente  tiene  que  concluirse  QUE  NO se vendieron, ….y sin embargo el  Tribunal  le  dio a las respuestas una valoración totalmente contraria no sólo  a  las  pruebas  comentadas  sino  también  a las expresas y claras normas  sustanciales,  violándolas  indirectamente  por  equivocada  apreciación de la  prueba…”   

    

1. Cargo Quinto     

El censor acusa el fallo impugnado de violar  indirectamente   las   normas   citadas  en  el  anterior  cargo,  por  indebida  apreciación  de  las  Resoluciones  Nos.15077 de 1985 y 01626 de 1989, que hace  consistir  en  que  a  pesar de ser “intrascendentes” para el recurrente, el  Tribunal  no  vio  que al quedar sin efecto la primera de ellas por virtud de lo  resuelto  en  la  segunda,  revivió la No.2315 de 8 de noviembre de 1950,   “que  conlleva  el  derecho  de propiedad de José Juan Duque Cardona sobre el  Colegio  Alfonso  Jaramillo  y  sus  (sic.)  Licencia  de  Funcionamiento”, no  obstante lo cual estimó que ésta no estaba vigente.   

IV.   CONSIDERACIONES   

                      1.  El  sentenciador   consideró   que  la  compraventa  celebrada  por  la  fundación  demandada   “incluyó  al colegio como institución”, lo que dedujo del  contrato  de  promesa  que antecedió a esa negociación y de los testimonios de  Santiago  Miguel  Jaramillo, Guiomar Romelia Jaramillo Betancourt  y Manuel  Alvaro  Carreño Boshell, amén que encontró que tal conclusión la corroboraba  el  hecho  de que las licencias de funcionamiento del plantel Nos.2315 de 1950 y  1025  de  1952  perdieron vigencia a partir de las Resoluciones Nos.15077 del 13  de  septiembre de 1985 y 001626 del 14 de junio de 1989, respectivamente, por lo  que  carecían  de  vigor  cuando  se inició el proceso y, obviamente,  no  producían  efecto  jurídico  alguno.                

                     

                       Como,  en  ajustada  síntesis,  esos razonamientos constituyen el pilar en que se edificó  el   fallo   impugnado,   resulta   patente  que  el  censor  para  aniquilarlo,  necesariamente  tenía  que  encaminar  su  labor  a  combatirlos, para luego si  proponer   la   interpretación  normativa  o  la  apreciación  probatoria  que  considerara  aplicable  al  litigio, tarea que no aparece cumplida en los cargos  objeto de decisión.   

                          2.  El  recurrente   en   los   dos   primeros   cargos   reseñados   se  limitó  a  poner  de  presente  los  predicados  de  las  normas por cuya supuesta violación se queja, para resaltar  que   las   referidas   en   el  cargo  primero  no  fueron  aplicadas  al  caso  controvertido,  en  desmedro  de los derechos de propiedad y posesión que ellas  garantizan,  y  que  las  relacionadas  en  el  cargo segundo, en su parecer, no  regulaban  el  asunto  en discusión, el que versa sobre el derecho de propiedad  del   Colegio   Alfonso   Jaramillo   y  las   “inherentes  licencias  de  funcionamiento”;  trátase,  como palmariamente se observa, de unas lacónicas  alegaciones   que   no   contienen  una  acusación  concreta  contra  el  fallo  cuestionado,  y mucho menos enderezada a refutar las conclusiones sustanciales o  probatorias que lo sustentan.   

                        En  esas  condiciones,  los  parcos  e  insubstanciales  planteamientos  esbozados  en los  aludidos  cargos resultan extraños al discurso argumentativo de la sentencia, a  cuyo  rebatimiento debió aplicarse la censura con miras a derribar la decisión  recurrida,  motivo por el cual continúan en pié los soportes en que ella está  cimentada.                

                      3.  El  censor  en  el tercer cargo le  enrostra  al sentenciador la comisión de error de derecho al haberle reconocido  valor  probatorio  a  las  Resoluciones Nos.15077  y  001626 del 13 de  septiembre  de  1985  y  14  de  junio  de  1989,  respectivamente,  pese  a las  irregularidades  en  que  se  incurrió  en  su expedición y que en su concepto  impedían  apreciarlas.   Refirió  en  el  punto que las normas de estirpe  probatoria  quebrantadas  fueron  los  artículos  174,  175, 176, 185 y 187 del  Código  de  Procedimiento  Civil, junto con el artículo 29 de la Constitución  Política.   No  obstante, no precisó el recurrente, con la explicitud que  en   punto  es  de  rigor,  de  qué  manera  violó  el  juzgador  ad   quem  los  reseñados  preceptos,  e,  inclusive  no  se  detuvo a reparar si realmente existía alguna relación entre  el  contenido  normativo de dichas disposiciones con la alegación que expone en  la censura.   

                    En efecto, no  señaló  el  recurrente  cómo  se  produjo  la  vulneración de las reseñadas  reglas  de  derecho  probatorio, habida cuenta que se conformó con señalar que  como  los  actos administrativos cuestionados se expidieron sin su audiencia, se  quebrantaron   la   norma   constitucional  en  cita  y  el  artículo  185  del  ordenamiento  procesal,   sin  preocuparse  por explicar porqué razón las  inferencias  que el Tribunal asentó en torno a dichas resoluciones infringieron  las  aludidas  reglas  que  gobiernan, de un lado, lo concerniente con la prueba  trasladada  y, del otro, la exclusión de la prueba ilícita, aspectos sobre los  cuales  no  se  pronuncia  la  censura,  ni  de  su  mera enunciación aflora la  relación  que  puedan  guardar  con  la  apreciación  que  de  ellos  hizo  el  sentenciador.   

                     

                     La verdad es  que  pareciera  que lo que el impugnante quiere poner de presente es la supuesta  ilegalidad  de  los  mentados  actos  administrativos,  alegación  que, como es  patente,  esta  fuera  del ámbito de discusión en este litigio, máxime cuando  la   presunción   de   legalidad   que   los   ampara   no   aparece   en   él  desvirtuada.   

                    Las referidas  decisiones  administrativas  también  fueron  objeto de censura en el  cargo  quinto,  en  el que se acusa al  juzgador  de  no haber visto que al quedar sin efecto la Resolución No.15077 de  1985  por  virtud  de  lo resuelto en la No.001626 de 1989, recobró vigencia el  acto  administrativo No.2315 de 1950 que, en su entender, le confiere el derecho  de  dominio  reclamado.   Empero,  en  esa  queja no se precisa la clase de  yerro,  de  hecho  o  de  derecho, en que presuntamente incurrió el fallador al  contemplar  y  evaluar  las  pruebas en cuestión, ni  tampoco aflora de la  exposición en ella contenida.    

                    En todo caso,  si  se entendiese que el recurrente recrimina al sentenciador por haber cometido  un  error fáctico, lo cierto es que omitió poner al descubierto la divergencia  que  en  su  sentir  existe entre el contenido de los documentos censurados y la  consideración  que de los mismos efectúo el Tribunal, en aras de evidenciar el  yerro denunciado y cumplir de esta manera con su demostración.   

En  el cargo cuarto  se rebate la consideración del sentenciador según la  cual  la  compraventa celebrada por la fundación demandada  “incluyó al  colegio  como  institución”  y los medios de convicción que lo llevaron  a   esa   deducción.   Trátase,  según  lo  advierte  la  Sala,  de  una  impugnación  de  orden  fáctico,  conforme emerge de los planteamientos en él  desarrollados,  motivo  por el cual no le bastaba al casacionista individualizar  los  medios  de  convicción  censurados  y referir su propia percepción de los  mismos,  sino que era necesario confrontar su contenido con las conclusiones que  sobre  el  particular  expuso el fallador, para de esta manera poner de presente  la  manifiesta  disparidad  existente entre ambos  y su trascendencia en la  decisión, requerimientos estos que pasó por alto.   

De todas maneras, como ya se dijera, al lado  de  esta  inferencia  asentó  el fallador que como las resoluciones Nos.2315 de  1950   y   1025   de   1952   fueron   derogadas,   había  expirado  su  efecto  jurídico.   Y como quiera que esa elucidación permanece incólume, habida  cuenta   que   los   cargos   tercero   y  cuarto,  en  los  que  se  formularon  recriminaciones  a esa conclusión se frustraron ante las deficiencias técnicas  en  las  que  incurrió  el  recurrente  en  su  presentación,  ella  continúa  cimentando  el  fallo;  por  supuesto  que  conforme  a esa motivación, para el  juzgador  ad  quem el derecho  reclamado  no  existía  en cabeza del actor para la época en que se inició el  litigio,  reflexión  que por sí sola es suficiente para mantener el fallo cuyo  quebranto  se  persigue,  de suerte que bajo el panorama expuesto, la acusación  en estudio resulta inane para aniquilarlo.   

                     

                       Resultan,  entonces,  las  consideraciones  precedentes  suficientes  para  colegir que los  cargos aquí formulados no se abren paso.   

V.   DECISION  

                    En mérito de  lo   expuesto,   la   Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Civil,  NO   CASA   la   sentencia  proferida   el  9  de  diciembre  de  1998  por  la Sala Civil del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Bogotá, en este proceso ordinario de JOSE  JUAN DUQUE CARDONA, contra la FUNDACION ALFONSO JARAMILLO.   

                   Costas a cargo  del recurrente.   

                       CÓPIESE,  NOTIFÍQUESE,   Y   EN   SU   OPORTUNIDAD   DEVUÉLVASE  A  LA  CORPORACIÓN  DE  ORIGEN.   

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA  

MANUEL  ISIDRO  ARDILA  VELÁSQUEZ   

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

PEDRO   OCTAVIO  MUNAR  CADENA   

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

    

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