SC 094 2005 [1469]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-094-2005 [1469]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACION  CIVIL   

Magistrado Ponente  

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

Bogotá,  D.C.,  veinticinco (25) de mayo de  dos mil cinco (2005).   

Ref.     Exp.  1469   

Decídese el recurso de casación interpuesto  por   el  demandante  FELICIANO  AGUSTIN  VILLERO  GAMEZ,  contra  la  sentencia  proferida  el  16  de  mayo  de  2000  por  la Sala Civil – Familia del Tribunal  Superior  de  Valledupar,  dentro del proceso ordinario de responsabilidad civil  extracontractual  seguido  contra  la  CAJA  DE  CREDITO  AGRARIO  INDUSTRIAL  Y  MINERO.   

ANTECEDENTES   

1.           Al Juzgado Quinto Civil del Circuito de  Valledupar  le  correspondió  conocer  de  la demanda mediante la cual el ahora  recurrente  reclamó de la jurisdicción que se condenase a la demandada a pagar  las       sumas       de       $15’000.000.oo     y    $10’000.000.oo,  por  concepto  de  daño  emergente  y  lucro cesante,  respectivamente,  así  como  el  equivalente  en pesos colombianos a mil gramos  oro, como reparación del daño moral.   

Adujo  el  demandante  que  la  Caja Agraria  formuló  en  su  contra denuncia penal por el delito de aplicación fraudulenta  de  crédito  oficialmente  regulado,  en relación con los dineros provenientes  del  Fondo  Financiero  Agropecuario,  recibidos  en mutuo de aquella entidad en  cuantías         de         $6’000.000.oo     y     $1’350.000,  para  atender,  en  su orden, un “plan de ganadería de  doble  propósito”  en  la finca “Buena Fe”, situada en el municipio de El  Paso,  Departamento  del  Cesar,  y  otro  de  “adecuación de tierras y obras  complementarias”.   

La  reseñada  sindicación  dio lugar a la  tramitación  de  un  proceso  penal  en  contra del señor Villero Gámez, cuya  primera  instancia  se  surtió  ante  el  Juzgado  Cuarto Penal del Circuito de  Valledupar,  que  dictó  sentencia  absolutoria  el  23  de septiembre de 1993,  confirmada    por    su   superior   mediante   fallo   del   7   de   diciembre  siguiente.   

Agregó  que  con el comentado proceder, la  Caja  Agraria  le causó graves perjuicios, puesto que las entidades financieras  se  abstuvieron  de  otorgarle  créditos  al actor, a quien se le “colocó en  pantalla  como  deudor moroso”, y fue señalado “como un delincuente”, con  la investigación penal.   

2.           De la admisión del libelo se notificó  a   la   demandada   por  intermedio  de  curador  ad  litem.  Acerca  de los hechos, manifestó el auxiliar  de   la   justicia   que  no  le  constaban  y  que  se  atenía  a  lo  que  se  probara.   

3.           Agotada  la  tramitación  de rigor, el  juez  de  primera instancia dictó sentencia desestimatoria, la que, apelada por  el  actor,  fue  confirmada  a través de la providencia impugnada en casación.   

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

Expresó el fallador que del “petitum    y    de   la   causa  petendi  se  deduce la acción de  responsabilidad  extracontractual (art. 2341 C. C.), y concretamente la derivada  del principio general prohibitivo del abuso del derecho”.   

Recordó  que  para  acreditar  “el daño  padecido,  culpa  del  autor  del  daño  y relación de causalidad entre esta y  aquel”,  el  actor  aportó  con  la  demanda  sendas copias de las sentencias  proferidas  por  las  autoridades  penales  atrás  relacionadas  y destacó que  “sobre  los  hechos  axiológicos  de  la  demanda  no  hubo  otros  medios de  convicción”.   

Después  de  citar  las  reglas de derecho  probatorio  contenidas en los artículo 174 y 177 del C. de P. C., anotó que no  eran  atendibles  las  copias  de las providencias atrás referidas, pues aunque  las  “autenticó”  el  secretario  del  Juzgado Cuarto Penal del Circuito de  Valledupar,  lo cierto es que no fueron autorizadas por el respectivo juez, cual  lo  ordena  el  artículo  115 del C. de P. C., en concordancia con el artículo  254 ibidem.   

Aseveró  que  la  Ley  446 de 1998, en los  artículos  10,  11,  12,  y 13 “toca el tema” de la autenticidad de algunos  documentos  privados”,  pero  que  en  el evento sub  lite  “no  se  trata de autenticidad de documentos,  sino  de  irregularidad  de  documentos, por la expedición de un funcionario no  competente”.   

El   Tribunal   también   sostuvo   que,  abstracción  hecha  de  la prenotada glosa de carácter formal, el contenido de  las  reseñadas  piezas  procesales  era  inocuo,  pues “no prueban el aspecto  medular  del debate”, en la medida en que tratándose de copias de sentencias,  como  especie  que  son  del  género  documento  público,  en  armonía con el  artículo  264  del  C.P.C., únicamente son demostrativas “del funcionario”  que  las  otorga,  de su fecha y la parte resolutiva, no así de “los hechos y  las   circunstancias   que   sirvieron  de  motivación”,  por  lo  que  estos  “debieron  ser  acreditados  plenamente  en  el  proceso,  para que la acción  impetrada  pudiera  tener  éxito”. Como “nada de esto se estableció”, lo  forzoso era desestimar la demanda.   

Remató su discurso diciendo que “puede  este  Superior  ordenar  tener  como  pruebas los documentos traídos en segunda  instancia,  no  obstante,  la  razón  práctica  dice  que tal decreto no tiene  ningún fin jurídico”.   

LA DEMANDA DE CASACION  

1.           En  su  único  cargo,  el  recurrente  denunció  la falta de aplicación de los artículos 1494, 2341, 2347 y 2349 del  Código  Civil, “en concordancia” con los artículos 103, 104, 105 y 106 del  C.  de  P.  C.,  como  consecuencia  de  una  “errónea interpretación” del  artículo  254 (num. 1º) del C. de P. C., “al considerar que el secretario no  es  funcionario  fedante,  olvidando que el mismo código en el artículo 106 le  atribuye     fuerza     probatoria     a    las    copias    autenticadas    por  secretaría”.   

2.           Señaló  que  el sentenciador también  incurrió  en  error “en la regla” del artículo 264 del C. de P. C., cuando  “interpreta  que los documentos aportados son inocuos”. Acotó que “lo que  motivó”  el ejercicio de la acción por él incoada, “no son los hechos que  recogieron  el trámite penal y las sentencias de primera y segunda instancia en  materia  penal”,  sino  la  denuncia instaurada en su contra y el subsiguiente  sometimiento  a  una investigación y juicio concluido con una sentencia de tipo  absolutorio.   

3.             Complementó    su   argumentación  asegurando  que  al  emitir  dicho  juicio  de  inocuidad,  el Tribunal dejó de  aplicar  el  artículo  180  del C. de P. C., con lo que desatendió un deber de  carácter  ineludible  cual  lo  puntualizó  la  jurisprudencia de la Corte que  transcribió  en  lo  pertinente,  en  la  que  se  aborda  el tema de la prueba  oficiosa.  Igualmente  afirmó  que  “se  desconoció  el  artículo 248 al no  considerar  como  un hecho probado, los documentos aportados con atestación del  secretario,  hecho  indicador de la existencia de la denuncia, del proceso penal  y la absolución”.   

4.           Expuso el casacionista que de las normas  probatorias  citadas, en armonía con el artículo 83 de la Carta Política y el  artículo  3°  del  decreto 266 de 2000, se infiere que si la actuación de los  particulares  se  presume  efectuada  de  buena fe, teniéndose como ciertas sus  afirmaciones  ante  las  autoridades,  esto  lleva  a  un  cambio  de las reglas  probatorias  con  el  fin de hacer prevalecer el derecho sustancial “sobre los  ritos   formales   que   no   sean  sustanciam  actus  (sic),  como  pasa  con  los  documentos  aportados,  que  demuestran  la  finalización  de  un  proceso  penal,  que  implica  su inicio con denuncia, su  trámite  para  llegar a la decisión definitiva, que se realizó contra persona  determinada”.   

5.            Concluyó  el  impugnante  que  “las  normas  sustanciales  violadas,  residenciadas  a  este  asunto (sic) forman una  estructura  normativa  que  permite  afirmar que nació a cargo de la demandada,  por  un  hecho producido por un subordinado de ella, al denunciar al demandante,  habiendo  terminado  el  proceso penal con absolución” y que como el juzgador  no  aplicó  “la  estructura  normativa  probatoria”, se produjo el error de  derecho  que  lo  llevó  a  la violación indirecta por falta de aplicación de  normas sustanciales citadas”.   

CONSIDERACIONES  

De  la  simple  confrontación  entre  las  argumentaciones  contenidas  en  la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal y las  consignadas  en  la  recién resumida demanda de casación, se observa sin mayor  dificultad  que  el  cargo  único  con  ella impetrado no está llamado a tener  éxito,  por  ser lo cierto que el inconforme circunscribió su ataque a algunas  apreciaciones   apenas  tangenciales  ofrecidas  por  el  juzgador  ad  quem,  pero  ignoró  lo que en el  fondo   soportó   la   combatida   decisión  judicial,  de  donde  resultaría  irrelevante  el que, eventualmente, hubieran tenido lugar los errores de derecho  por él denunciados.   

Memórase sobre  estos  particulares que para denegar las pretensiones de la demanda, el Tribunal  desestimó  como  prueba  de  los  elementos  integrantes  de la responsabilidad  extracontractual,  esto  es, el hecho dañoso, la culpa y el nexo de causalidad,  la  aducida  por  el  demandante  recurrente,  consistente  en las copias de las  sentencias  proferidas  en  primera  y  segunda instancia por la justicia penal,  como  conclusión  del  proceso iniciado en virtud de denuncia instaurada por un  subordinado de la entidad demandada.   

Ciertamente,  como  se  puntualizó  en el  compendio   de   la   sentencia,   la   decisión   del   juzgador  ad  quem  obedeció básicamente a dos  razones:  la una, por no haber sido expedidas las copias por orden de juez, y la  otra,  afirmada  en  la  circunstancia  de que de su contenido tampoco se podía  seguir  la  demostración de los elementos por los que se averigua, en la medida  en  que  tratándose de un documento público y, en conformidad con el artículo  264  del  C.  de  P.  C.,  únicamente hace fe del funcionario interviniente, su  fecha  y  parte  resolutiva,  lo  que,  en  el criterio del sentenciador, hacía  innecesario  decretar  como prueba oficiosa la incorporación legal de la que en  segunda instancia allegó el impugnante, en forma espontánea.   

Por su parte, el casacionista le atribuyó  al  juzgador  la  vulneración de las supraindicadas disposiciones, para lo cual  argumentó  que  el sentenciador infringió el artículo 254 (num 1º)  del  C.  de P. C., en tanto afirmó erróneamente que el secretario no es funcionario  “fedante”,  con  lo que desconoció, además, lo imperado en contrario en el  artículo  106 ibidem; que  quebrantó  la  norma  del  artículo  264  del  mismo  estatuto, pues lo que se  intentaba  probar  por  medio de los fallos aducidos en copia no eran los hechos  materia  de  la  investigación  penal,  sino  la  circunstancia  misma de haber  concluido  con  absolución  un  proceso  iniciado  mediante  denuncia contra el  accionante,  amén  de  reprocharle  al  Tribunal el que no hubiera decretado de  oficio,  acorde con los artículos 179 y 180 del C. de P. C., el recaudo regular  de la documentación cuya aportación consideró deficiente.   

Se deduce, de la circunstancia configurada  según  recién  se destacó, que no ofrecería utilidad entrar a escudriñar si  finalmente  tuvieron ocurrencia los yerros de derecho denunciados por el censor,  por  ser  lo  cierto  que  los  aspectos  materia  de  demostración en punto de  responsabilidad  civil  extracontractual,  como  lo  apuntó  el sentenciador de  segunda  instancia  al  comienzo de sus consideraciones, están configurados por  el  daño,  la culpa y la relación de causalidad, siendo claro que -incurriendo  en  marcado  desenfoque-, el recurrente implícita, pero inequívocamente, dejó  entrever  que  toda  la  cuestión  litigiosa  en este asunto quedaba reducida a  establecer  que  con  base  en  una  denuncia  impetrada  por  un funcionario al  servicio  de  la entidad demandada se procesó penalmente a VILLERO GAMEZ, quien  finalmente  fue  absuelto. De este modo, el inconforme olvidó por completo, que  la  sentencia  condenatoria  por  él perseguida exigía la prueba fehaciente de  aquellos  tres  presupuestos,  esto  es, el daño, la culpa, y de un nexo causal  entre  la conducta atribuida a la parte demandada y los perjuicios eventualmente  irrogados al demandante.   

Viene  de  lo dicho que así el fallador  hubiera  incurrido  en  el  desatino denunciado por el casacionista, ello a nada  conduciría  por  cuanto  que,  no confluyendo la totalidad de los elementos que  estructuran    la   responsabilidad   civil   extracontractual,   la   sentencia  desestimatoria seguiría en pie.   

Sobre  estos  últimos  particulares  es  menester  recordar  que  en armonía con diversos pronunciamientos de esta misma  Sala,  “en principio, la formulación de una denuncia por hechos presuntamente  delictuosos,  traduce  el cumplimiento de un deber ‘público y social, universal  y  legislativamente  aceptado,  de  notificar al Estado de tales hechos para que  promueva,   desarrolle   y   concluya   la   investigación   y   proceso  penal  correspondiente,  para  establecerlos e imponer a los responsables las sanciones  pertinentes  (con la reparación de los perjuicios del caso), razón por la cual  su  ejercicio  se considera responsable y lícito, y  no  deja  de  serlo  por la abstención de la apertura o conclusión del proceso  por  el  sobreseimiento  o  absolución  de  la  persona  denunciada, quien, por  consiguiente,  carece  de  derecho  a  reclamar  resarcimiento de los perjuicios  sufridos’  a  menos,  claro  está,  que  la  persona  vinculada  en  forma  arbitraria e injusta a un  proceso  penal  como  consecuencia  de  una  noticia  criminal o de una denuncia  temeraria,       demuestre       ‘plenamente  los  elementos  de la responsabilidad civil del acto o  actos  abusivos  imputables al denunciante, los daños ocasionados al denunciado  y  la  relación  de causalidad directa entre ellos, so pena, en caso contrario,  de  quedar  el  denunciante como arriba se dijo, amparado por la ley y exonerado  de  toda  responsabilidad  civil» (sents. de 13 de octubre de 1988 y 23 de junio  de 2000).   

Tal doctrina, posteriormente la reiteró  esta  Corporación cuando sostuvo que “el resultado favorable al denunciado no  basta  para  deducirle  responsabilidad  al  denunciante,  sino que es necesario  demostrar,  además  del  daño y la relación causal, la intención dañina con  que  se  obró,  o  la  negligencia  o  imprudencia  que se observó, porque los  elementos  definitorios  de  esta responsabilidad se enmarcan dentro del esquema  de  la teoría de la responsabilidad subjetiva” (sent. 7 de noviembre de 2000,  exp. 5476).   

         

Por  las  prenotadas razones, esto es, por  cuanto  es  ostensible que ni  en la demanda incoativa, ni en el escrito en  que  sustentó  su  recurso  de  casación,  el  señor  Villero  Gámez afirmó  siquiera  que  la  denuncia  contra él impetrada obedeció a la temeridad de su  contraparte,  o  que  los  jueces  penales,  al  absolverlo  de las imputaciones  efectuadas  por un dependiente de la Caja, hubieran concluido que -al interponer  la      noticia      criminis-      éste  obró  con indiscutida imprudencia o negligencia, o de mala  fe,  es  que  tampoco  cabe  deducir  que el Tribunal incurrió en trascendental  error  de  derecho por no haber dispuesto, oficiosamente, el recaudo adecuado de  la   copia   de   las   pluricitadas   sentencias  absolutorias,  es  decir,  su  reproducción  en la forma ajustada a los comentados artículos 254 y 115 del C.  de  P.  C.,  puesto  que  tal  proceder  oficioso, en la situación descrita, no  hubiera  reportado  utilidad alguna. Dedúcese así, que la actividad probatoria  echada de menos por el censor, resultaba inocua.   

A tono con las anteriores consideraciones,  la  conclusión  que  se  impone  es  la  de  que  el  cargo  no  se  abre paso.   

DECISION   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación  Civil  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad  de  la  ley, NO CASA la sentencia  proferida  el 16 de mayo de 2000 por la Sala Civil-Familia del Tribunal Superior  de  Valledupar,  en  el  proceso ordinario seguido por FELICIANO AGUSTIN VILLERO  GAMEZ  contra  la  CAJA  DE  CREDITO  AGRARIO  INDUSTRIAL  Y MINERO.  Costas  en el recurso de casación a  cargo del recurrente.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase al  Tribunal de origen.   

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA  

MANUEL ISIDRO ARDILA VELASQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

CARLOS      IGNACIO      JARAMILLO  JARAMILLO   

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

CESAR JULIO VALENCIA COPETE    

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