SC 216 2005 [170013103021995 10593 03]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-216-2005 [170013103021995-10593-03]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

Magistrado  Ponente:   

CÉSAR  JULIO  VALENCIA  COPETE   

Bogotá D. C., primero (1°) de septiembre de  dos mil cinco (2005).   

Ref.:     Exp.  17001310302-1995-10593-03                                                                                                               

Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación  interpuesto  por  el  demandante  contra  la sentencia de 21 de febrero de 2000,  proferida  por  la  Sala  Civil  –  Familia  del  Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Manizales,  en  el  proceso  ordinario  iniciado  por JOSÉ  MILCIADES  ZULUAGA CASTAÑO frente a  CONSTRUCCIONES    MANIZALES    LIMITADA.     

                           I.                                    ANTECEDENTES   

1.             Ante  el  Juzgado  Segundo  Civil  del  Circuito   de   Manizales,   José   Milciades   Zuluaga   Castaño  demandó  a  Construcciones  Manizales Limitada para que se declarara que le “pertenece …  el  1.523%  del 7.707%, porcentaje este último que comprende los cuatro niveles  indivisos     de     PARQUEADEROS    ‘E’ ‘F’              ‘G’         y         ‘H’,  los  que, a su vez, integran setenta  PARQUEADEROS   del   sector  comercial”  del  edificio  Multicentro  Estrella,  propiedad  horizontal,  ubicado en la carrera 23 número 59 – 54 de Manizales, y  para  que, consecuentemente, se ordenara a la demandada la restitución de tales  bienes,  junto  con  los  frutos respectivos, dada su condición de poseedora de  mala fe.   

2.            Como  fundamento de las súplicas fueron  expuestos los siguientes hechos.   

a.            El  actor  es dueño del local comercial  número  11  de  la  primera  planta del Multicentro Estrella de Manizales, como  también  es  copropietario pro indiviso de los estacionamientos situados en los  niveles  E, F, G y H de tal edificio, identificados por zona, cantidad, linderos  y  dimensiones,  adquiridos  por  compra  a  Gregorio  Jaramillo Echeverri, como  consta  en  la  escritura  pública  133 de 20 de febrero de 1992 de la Notaría  Única  de  Neira,  registrada  en  los  folios de matrícula inmobiliaria 100 –  0041433  y  100  –  0041405  al  100  –  0041414  de  la  Oficina de Registro de  Instrumentos Públicos de Manizales.   

b.            Este  último, a su turno, los adquirió  por  compra  a  Construcciones  Manizales  Limitada, mediante escritura pública  2247  de  18  de  diciembre  de  1986  de la Notaría Tercera de aquella ciudad,  aclarada   y   adicionada   en   cuanto   a   los   linderos  generales  de  los  estacionamientos,  conforme  a la escritura pública 160 de 5 de febrero de 1987  de la misma notaría.     

c.              De   acuerdo   con   el   instrumento  aclaratorio,  la  propiedad  horizontal,  considerada “como un todo único”,  está  constituida  por  100  unidades,  de  las que el 7.707% corresponde a los  cuatro niveles formados por setenta aparcaderos indivisos.   

d.             El  demandante  no  ha  podido  ejercer  posesión  efectiva  sobre  el 1.523% que, como propietario indiviso, integra su  cuota  de  dominio  en  los cuatro niveles destinados al parqueo de automotores,  pues  los  mismos  “vienen  en  forma  exclusiva  siendo ocupados, poseídos y  explotados  materialmente  en  su  TOTALIDAD”  por  la demandada, pese a estar  enterada de aquella situación.    

e.  Construcciones  Manizales  Limitada  ha  entregado  al  demandante  algunas  sumas, a título de  participación  proporcional en los recaudos por parqueo, las cuales tuvieron un  carácter  simbólico,  así como fueron suspendidas en 1994 y nunca se explicó  a qué garaje correspondían.    

f.            La posesión desplegada sobre los bienes  es  de  mala fe; pues, de tiempo atrás, han sido explotados económicamente por  quien no es su propietario.   

3.             Una  vez  notificada  del  libelo,  la  demandada  se  opuso  a las pretensiones; en cuanto a los hechos, aceptó que el  actor  es  propietario  del  1.523% sobre el 100% de los parqueaderos y explicó  que  cada  nivel  de  estacionamientos  es un bien independiente, con matrícula  inmobiliaria,  de los cuales le pertenece el 91.742%; igualmente, agregó que al  demandante  se  le  ha  pagado una participación monetaria, así como permitido  usar  el  parqueadero  número  8,  sin  asumir  expensas,  “con  lo que se ha  compensado   la   participación  que  le  corresponde  en  las  diez  zonas  de  parqueo”;  también reconoció ser poseedora “… pero sólo del 91.742% que  es  de  su  propiedad,  y,  sobre el 8.258% restante, se ha dado una tenencia en  calidad de administrador de hecho”.   

De  otro  lado,  formuló  la  excepción de  mérito  denominada “ausencia de presupuestos procesales para promover acción  reivindicatoria”,  habida  cuenta  que  la  demandada  ostenta  la  calidad de  administradora,  que no de poseedora, pues “el pago en una sola oportunidad de  arrendamientos  o  participaciones deja sin base la aseveración de posesión de  un tercero …”   

4.            El  mencionado despacho le puso fin a la  primera  instancia,  con  sentencia  de 18 de enero de 1999, en la que negó las  pretensiones,  providencia  que,  al  ser  apelada  por  el demandante, resultó  confirmada en su integridad.   

II.          LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL   

1.             Tras  recordar  los  antecedentes  del  litigio  y los presupuestos de la acción reivindicatoria, el juzgador encontró  probado  el  derecho  de  dominio  del  demandante,  mas  no  la posesión de la  sociedad   demandada,  dado  que  ésta  carecía  de  ánimo  de  dueña,  pues  simplemente  desplegaba  una  administración  de  hecho sobre los parqueaderos,  prevalida  de  su  condición de socio mayoritario, conclusión a la que arribó  después  de  examinar  las declaraciones de Jorge Eduardo Sánchez Arango, Juan  de  Dios  Cárdenas  Cárdenas, Rodrigo Gutiérrez Gómez, Javier Ríos Murcia y  María  Luisa  Giraldo  Jaramillo, quienes, dijo, coincidieron al referir que el  demandante  parqueaba  allí  su  vehículo,  sin que ello le causara erogación  alguna,  y  que  siendo cierto que la sociedad ejercía actos de administración  sobre  los  bienes  discutidos,  ello tenía origen en la mera tolerancia de los  condueños,  porque  a ninguno le negó el usufructo personal y, antes bien, les  entregó una participación sobre los frutos obtenidos.   

2.              De   otro   lado,   el   ad  quem  descalificó  el  resultado del  dictamen  pericial,  en  la  medida en que estimó el porcentaje de propiedad en  relación  con todo el edificio, encontrando que al demandante le correspondían  13.83  parqueaderos, pues, agregó, este concepto es un instrumento auxiliar del  juez, pero no lo sustituye.   

Por  tanto,  concluyó,  la  experticia  no  aparece  fundada  “…  sobre  los elementos probados dentro del proceso, y su  información  es  una hipótesis sobre lo que correspondería al demandante como  propiedad,  en caso de que se hubiese demostrado que su porcentaje se proyectaba  sobre   el   total  de  la  edificación  …”,  no  sobre  el  área  de  los  estacionamientos,  conforme  lo  dedujo con apoyo en el contrato respectivo y en  los mencionados testimonios.   

III.          LA DEMANDA DE CASACIÓN   

Un cargo se formula frente a la sentencia, en  el  que  se denuncia la existencia de la nulidad procesal prevista en el numeral  9°  del  artículo  140 del Código de Procedimiento Civil, “… por falta de  notificación  de  las demás personas que como integrantes del contradictorio o  litisconsorcio    necesario    por    pasiva,    debieron    ser    citadas   al  proceso”.   

Para  sustentarlo,  afirma el censor que era  menester   la   convocatoria   de  los  demás  copropietarios  de  los  setenta  parqueaderos  y del vendedor de la cuota adquirida por el demandante, por cuanto  lo  pretendido, en primer lugar, fue la declaración del dominio del actor sobre  un  porcentaje de tales bienes y, consecuencialmente, la restitución de aquél,  cuestión que afectaba a dichas personas.   

Añade  que  desde  la  contestación  de la  demanda  se  discutió  que el demandante no era propietario de 1.523% frente al  7.707%,  sino  que lo era respecto del 100% correspondiente al edificio, al paso  que  la  demandada  señaló que su participación era equivalente al 91.742% de  los   parqueaderos;   asimismo,  anota  que  está  acreditado  que  los  demás  condueños  de  los  estacionamientos son Luz Stella Cardona de Cárdenas y Juan  de  Dios Cárdenas Cárdenas, en un 4.378%, Jorge Eduardo Sánchez Arango, en un  2.028%,  y Carlos Alberto Valencia Botero, en un “1.523%”, quienes no fueron  vinculados  al  proceso,  como  tampoco  lo  fue  Gregorio  Jaramillo Echeverri,  tradente   de   la  cuota  del  actor,  sino  que  simplemente  declararon  como  testigos.         

Por  tanto,  continúa  el  impugnador,  el  artículo  952 del Código Civil debe ser examinado en consonancia con el 83 del  Código  de  Procedimiento Civil, pues “no sólo el poseedor debía vincularse  al  proceso,  sino  las  demás  personas  que  resultarían  afectadas  con  la  declaración  de  dominio pretendida…”, y, para rematar, comenta que, con el  cambio  de  doctrina  acerca  de la falta de integración del contradictorio, el  demandante  también está revestido de interés serio y actual para alegar esta  nulidad,  a  más  de  que  la misma no ha sido saneada y con su declaración el  recurrente  “tendrá  otra oportunidad para que el a  quo y el ad quem     examinen    ex    novo el proceso …”.     

IV.          CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

1.            Como  es sabido, el recurso de casación  persigue,  de  manera general, la unificación de la jurisprudencia nacional, la  realización  del  derecho  objetivo  en  los respectivos procesos, así como la  reparación  del  agravio  que  la  sentencia  recurrida  pueda  infringir a los  interesados.   

Para estos efectos, el ordenamiento jurídico  tiene  previstos  los  motivos  que  habilitan  al interesado para acudir a este  medio  extraordinario de impugnación, entre los cuales se destaca, por venir al  caso,  el  haberse incurrido en alguna de las causales de nulidad consagradas en  el  artículo  140 del Código de Procedimiento Civil, siempre que no se hubiere  saneado,   sin  perjuicio,  desde  luego,  de  la  nulidad  de  origen  superior  establecida  por  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política, como tuvo  oportunidad  de precisarse en los fallos de constitucionalidad C – 491 de 1995 y  C – 217 de 1996.   

2.             Es   evidente  que  las  nulidades  se  encuentran  instituidas  en orden a obrar como remedio excepcional para corregir  o  subsanar  determinadas  irregularidades  que  pueden  surgir  a  lo largo del  trámite  de  un  proceso, las cuales, por su entidad y relevancia, terminan por  distorsionar  las  formas  propias  de  cada  juicio,  a  la  vez  que  lesionan  gravemente  las  garantías  fundamentales  con  que  cuentan  los asociados, en  especial,  el  debido proceso y el derecho de defensa, imperantes para todo tipo  de actuaciones.        

                             Asimismo,  ha de decirse que el régimen  de   las  nulidades  está  gobernado  por  diversos  principios,  como  los  de  taxatividad,  trascendencia,  protección  y  convalidación,  al paso que está  sometido  a  lineamientos  bien  precisos,  no  sólo  en  lo  tocante  con  las  situaciones  que dan lugar a ellas, sino en cuanto a la oportunidad y requisitos  para  proponerlas,  la  forma como pueden entenderse saneadas, y los efectos que  se derivan de su declaración, entre otras materias.   

3.             Ahora,  si,  como  se  ha  visto,  las  nulidades  no persiguen la simple defensa de la forma procesal – en abstracto -,  sino  la  protección  efectiva  de  intereses  concretos,  emerge,  como  regla  general,  que  la  legitimación para invocarlas siempre deberá estar vinculada  al  agravio  o  lesión  que afecte específicamente a la persona que de ella se  duele,  pues  sólo  así  este  correctivo  cumplirá  la función preventiva o  reparadora  que  le  ha sido asignada, antes que actuar como un mero dispositivo  sancionador o represivo.   

                                En  este  preciso  sentido,  la  Sala  ha  recalcado  cómo  “…  se hace imperioso …  recordar  …  el  postulado  de la legitimación para aducir las nulidades, que  traduce,  en  su  acepción  más  simple,  que  no todos los sujetos procesales  pueden  invocarlas  indistintamente”,  de  manera que “… por lo que hace a  las  nulidades  que  se  reputan  saneables,  sólo  puede  alegarlas  el sujeto  directamente  agraviado, como que, de conformidad con el inciso 2o. del art. 143  del  C.  de P. C., ‘la parte  que  alegue una nulidad deberá expresar su interés para proponerla’,  preceptiva  que,  apunta  la  Corte,  ‘define  el punto con toda  exactitud  porque,  básicamente,  de  lo  que se trata es de saber en frente de  cuál  de  las partes del proceso es que media el hecho anómalo, y, por ende, a  quién  perjudica’ (Sent. de  4 de febrero de 1987)”. (G.J. t. CCLV, pag. 891)     

                             Y, particularmente, cuando se trata de la  causal  establecida  en  el  numeral  9°  del  artículo  140  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  esto  es,  en  los  eventos  de  falta de notificación o  emplazamiento  en  debida forma, como aquí se alega, la misma ley se encarga de  reiterar   categóricamente   que   “sólo  podrá  alegarse  por  la  persona  afectada”,  como  aparece  en  el  inciso  3°  del artículo 143 ibídem;   ciertamente,   siguiendo   la  providencia  citada,  es de verse que “… el interés a examinar … es el de  la  persona  afectada  con la indebida vinculación suya al proceso; esto es, un  interés    suyo,   propio,  que, por lo mismo,  no  lo  puede  alegar  sino  él;  nunca  lo  puede  hacer  otra  persona  a  su  nombre.   Lo  que  autoriza  a  decir  que,  en punto de nulidades, y acaso  mayormente  en la que ahora se estudia, a nadie le es lícito sacar provecho del  perjuicio  ajeno;  y muchísimo menos cuando para ello tiene que poner en labios  del  indebidamente  emplazado,  en  una labor de mero acertijo, un perjuicio que  éste  no  ha manifestado. … Como corolario de lo dicho se desprende que sólo  el  indebidamente  vinculado  a un proceso está en la posibilidad de evaluar la  irregularidad  así  cometida,  y,  como  cosa que pertenece a su fuero interno,  exteriorizar  si con ella experimenta gravamen o perjuicio; como es obvio, a ese  respecto nadie lo puede suplantar…”.     

                             4.           En   este   orden   de  ideas,  aflora  nítidamente  la falta de legitimación del impugnador para invocar la causal de  nulidad  con  que  aspira al quiebre de la sentencia, toda vez que las supuestas  informalidades   u   omisiones   que   ha   descrito  se  encuentran  vinculadas  exclusivamente  a  los  intereses de terceras personas, lo que, de paso, apareja  que  ellas  no  le  causarían agravio alguno a quien ahora las presenta ante la  Corte.    

                              En   efecto,   el   recurrente   aduce  enfáticamente   que   debieron  ser  citados  al  litigio  “…  los   demás   copropietarios   de   los  parqueaderos    …    y   el   vendedor  de  la cuota adquirida por el demandante …” (subraya la Sala),  afirmación  de  la  que  se  desprende  que,  por supuesto, lo reclamado es una  convocatoria  que  no  se  predica  de  él mismo, sino que alude a sujetos bien  diversos,   que,   eventualmente,  serían  los  únicos  perjudicados  con  tal  anomalía,  circunstancia  que,  por  sí  sola,  inhabilita  al demandante para  asumir la defensa de una posición que no es la suya.   

                              Adicionalmente,   ni   siquiera   como  hipótesis  podría  sostenerse que la falta de comparecencia de las mencionadas  personas  les  generó  perjuicio  o agravio alguno, pues, como quedó visto, la  sentencia  del Tribunal desestimó íntegramente las pretensiones, de suerte que  en  nada  pudo afectarlas.  Del mismo modo, no puede pasarse por alto, como  lo  reconoce  el  impugnador,  que  varios de ellos fungieron dentro del proceso  como   testigos,  circunstancia  que  viene  a  significar  que  tuvieron  cabal  conocimiento  de  la  existencia  del proceso y del contenido del mismo, como se  deduce  del  propio  tenor  de  sus  versiones,  y  que,  aun así, no estimaron  necesaria     su     intervención    o    no    estuvieron    interesados    en  propiciarla.   

                                                    5.                      Es evidente, pues, que  no prospera el cargo.   

V.           DECISIÓN   

Por  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  en  Sala  de  Casación Civil, administrando justicia en nombre de la  República   y   por   autoridad   de   la   ley,   NO  CASA la sentencia de 21 de febrero de 2000, emitida en  el proceso referenciado.   

Costas  a cargo del recurrente. Liquídense.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen   

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA  

MANUEL ISIDRO ARDILA VELÁSQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

CÉSAR JULIO VALENCIA COPETE    

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