SC 217 2005 [1998 0289 00]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-217-2005 [1998-0289-00]

      

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION CIVIL   

Magistrado  Ponente   

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA   

Bogotá, D. C., dos (2) de septiembre de dos  mil cinco (2005).   

Rad.- Expediente No. 1998  0289 00   

                      Decídese  por  la Corte el recurso de casación interpuesto por la parte demandante contra  la  sentencia del 15 de diciembre de 1999, proferida por el Tribunal Superior de  Yopal,    dentro    del    proceso   ordinario   adelantado   por   ANA  LUISA  GARCIA  frente a       FIDEL       NAPOLEON       CORREDOR       RIAÑO.   

A N T E C E D E N T E S  

                           1.                     Por  escrito  del 27 de mayo de 1998, reclamó la demandante que se  declarara  que  ella  y  el demandado formaron una unión marital de hecho de la  que  surgió  una  sociedad  patrimonial  entre compañeros permanentes; que por  causas  imputables a su contraparte, había lugar a la disolución de la anotada  sociedad  patrimonial,  cuyo  patrimonio  pertenece  por  partes iguales a ambos  compañeros,  y  que, liquidada la sociedad, se adjudicaran los bienes, “tanto  del  activo  como  del  pasivo  a  los socios de hecho”, según las reglas del  título XXX del Código de Procedimiento Civil.   

                           2.                     Adujo  como  sustento  fáctico  de  los  reseñados pedimentos los  hechos que bien pueden compilarse así:   

                     Las partes  en   este  litigio  iniciaron  una  relación  marital  de  hecho,  desde  1961,  cohabitando  primero  en  la  ciudad  de  Yopal  y  después  en el Municipio de  Tilodirán,  Casanare.  Alrededor  de  la  aludida  convivencia,  convinieron en  formar  una  sociedad  patrimonial  de  hecho,  en  la cual cada socio aportaba,  proporcionalmente,  el  producto  de sus labores para repartirse las ganancias y  perdidas,  habiéndose obligado cada uno a conservar lo necesario para su propia  manutención  y  la  crianza  y  educación  de los hijos comunes. La demandante  suministró  como  aporte  inicial  a  la sociedad de hecho 25 cabezas de ganado  vacuno,  de  diferentes  edades,  entre  hembras  y  machos,  un  caballo y tres  yeguas.   

                     Durante la  existencia  de  la  unión  marital  de hecho fueron procreados Fidel Napoleón,  Edgar,  Soraida,  Arbeira,  Olivia, Arbey y Ana Lucía Corredor García, quienes  ya son mayores de edad.   

          En  el  mes  de  marzo  de  1997,  la  reclamante  se  encontraba  enferma,  por  lo que le solicitó a su “esposo”  colaboración  para  someterse  a  tratamientos  médicos,  habiendo  recibido a  cambio  maltratos y ultrajes e, inclusive, a finales de mayo de 1997, el segundo  le  impidió  el  acceso  al  hogar,  advirtiéndole  que,  “…. ‘como  no  servía  para  nada  que no  fuera  a  buscar  nada,  y que tuviera en cuenta que nada se le había perdido o  que  no respondía’…”,  y  que, por tal razón, ella optó por trasladarse a Yopal, en donde actualmente  reside.   

                           3.                     Enterado  el  demandado  de  los  señalados  pedimentos se opuso a  ellos  y  negó  la mayoría de los hechos que los sustentan, aun cuando aceptó  que  existió  la  anotada relación marital con la demandante, la cual, en todo  caso,  dejó de ser singular a partir de 1972 cuando él empezó a cohabitar con  la  señora  MARIA  AURORA  ZAMUDIO,  con quien tiene varios hijos, amén que la  demandante abandonó el hogar el 14 de febrero de 1997.   

         Propuso  las  excepciones que denominó  “prescripción”  e  inexistencia  de  la  unión  marital  de  hecho  y  por  consiguiente   de   la   sociedad  patrimonial  entre  compañeros  permanentes.   

                           4.                     La  primera  instancia  culminó  con  sentencia estimatoria de las  pretensiones  de  la  demanda,  proferida  por  el  Juzgado Segundo Promiscuo de  Familia,  decisión  que  fue  revocada  por  el  Tribunal  al desatar la alzada  promovida por el demandado.   

LAS   RAZONES   DEL  TRIBUNAL   

1.           Luego   de  hallar  configurados  los  presupuestos  procesales  y de encontrar el proceso exento de vicios generadores  de  nulidad,  aseveró  el fallador que debía estudiarse previamente lo tocante  con  la  excepción  de  prescripción  propuesta,  toda  vez  que  implica  una  cuestión  que,  de  darse  como  cierta,  “deshace toda reflexión, porque se  trata de la vigencia misma de la acción”.   

Agregó   que  el  término  prescriptivo  contenido  en  el  artículo 8º de la Ley 54 de 1990, concernía a las acciones  para  obtener  la  disolución  y  liquidación de la sociedad patrimonial entre  compañeros  permanentes,  lo  que implicaba que la prescripción allí regulada  aludía  solamente  al  aspecto  patrimonial de la unión, que es diferente a la  unión misma.   

Advirtió que aunque “el demandante aspira  a  que  se  declare  la  sociedad  patrimonial  y  se  ordene  su  disolución y  liquidación,  lo  cierto  es  que  en  la  primera pretensión de la demanda se  plantea  la  declaración misma de la unión marital de hecho y que, como la ley  no  previó  el  término  de  prescripción  de  la  acción  para obtener esta  declaración,  había  de seguirse que este era de 20 años, atendiendo la regla  general.   

         2.                      Abordó a continuación, el fallador, el examen  de  la  excepción de inexistencia de la unión marital, punto respecto del cual  precisó  que, desde el punto de vista lógico, tal cuestión no constituía una  excepción,  por  cuanto ella incumbía a los requisitos de procedibilidad de la  declaratoria  de  la  unión  marital,  concretamente,  el  relacionado  con  la  exclusividad o singularidad de la relación marital.   

Después  de  puntualizar  que “no existe  esta  exclusividad  que  se  traduce en el vocablo singularidad del que habla el  art.  1°  de la ley 54 de 1990” y que, contrariamente al criterio expuesto en  la  sentencia  apelada,  la  singularidad  atiende  a que se trata de una real y  verdadera  relación  única, no una principal junto con otras de menor entidad,  destacó  el  Tribunal  que  el  juez  de primer grado porfió en afirmar que la  demandante  era considerada ante la sociedad en general como “la principal, la  esposa”,  ésto  debido  a hechos claros como la convivencia en la zona más a  la  vista de la comunidad, la permanencia más asidua, por ser la relación más  antigua,  etc.,  al  paso  que  la  relación  con María Aurora Zamudio, aunque  también  pública, era menos notoria por haberse desarrollado en una zona rural  más  alejada  y  porque el demandado pocas veces pernoctaba en la casa de ella.   

Observó  el Tribunal que para que opere la  ley  54  de  1990  es  inevitable  partir  de  la  base de que trata de una sola  relación  marital,  no  de  dos  o  más,  o de una que se pueda juzgar, según  ciertos  criterios  sociales o económicos, como principal y otra secundaria, ni  tampoco  de  dos  relaciones,  una visible y otra oculta. “Por supuesto que la  cuestión  no  se  puede diametrar al extremo de dar por unión marital de hecho  cualquier  relación  o  aventura  que  haya tenido alguno de los miembros de la  pareja,  porque  esto  sería  llevar  las cosas a un extremo inadmisible”; se  habla  aquí  de  estabilidad  en  las  dos  relaciones,  “y  muy poco sale de  verdadero”  al  afirmar  que  el  demandado  hubiese sido un amante pasajero o  esporádico de María Aurora Zamudio.   

Este   último  aserto  está  plenamente  demostrado   en  el  acervo  probatorio,  prosiguió  el  juzgador  ad    quem,    del   siguiente   modo:   

a)           que  la  relación  de pareja suscitada  entre  el  demandado  y María Aurora Zamudio no era algo simplemente pasajero o  “sin  arraigo”,  encuentra  su  primer  consistente argumento en que durante  ella  fueron  procreados  varios  hijos:  Betty, Fidela, Lucy Aurora, Jaqueline,  Marley,  Napoleón  y Ricardo Corredor Zamudio, nacidos entre el 15 de 1976 y el  14  de  Junio  de 1992, esto es, un lapso de 16 años, lo cual descarta de plano  la  idea de ambigüedad, de relación pasajera o esporádica. “Se trata de una  familia  paralela  a  la  fundada  por el mismo Fidel Napoleón Corredor con Ana  Luisa García”;   

b)          si  lo  anterior  no  es  base fáctica  suficiente   para  arribar  a  la  conclusión  de  ausencia  de  la  expresión  singularidad,  puede  acudirse,  también,  al “argumento probatorio” de las  declaraciones  que  obran  en  el  proceso, así: 1) Abelardo Valderrama Alvarez  depuso  con  claridad que el demandado ha convivido con María Aurora, relación  de  la  que procrearon varios hijos; 2) Jaime Alberto Granados Torres relató de  primera  mano  sobre  la relación de Fidel con Ana Luisa, pero, a la vez narró  cómo  se  desarrolló  simultáneamente  la  relación con María Aurora, de la  cual  también  se  procrearon  varios  hijos;  señaló  el testigo que primero  vivió  con  Ana Luisa, como diez años, pero después vivió con ambas; 3) Juan  Alvarez  Moreno  refirió que la relación con Ana Luisa es más antigua, ya que  con  María  Aurora se inició alrededor del año de 1975 y ya no era permanente  porque  vivía  con  ambas;  4)  en  el mismo sentido obran las declaraciones de  Jairo  Rueda,  Pablo  Emilio  Rincón,  así  como  las  recibidas en la segunda  instancia,  de  Fidel  Rivera  y María Aurora Tapias Maldonado, estos últimos,  con  descripciones  veraces y completas, definieron la existencia de esa llamada  «segunda relación” con María Aurora Zamudio.   

c)           Es  claro,  destacó  así  mismo  el  sentenciador,  que  Ana  Luisa  García  fue  “esposa  de  hecho”  de  Fidel  Napoleón  porque,  según  las versiones recibidas, María Aurora inició trato  marital  con  el  demandado aproximadamente 10 años después; sin embargo, esta  circunstancia  no  demerita  la  segunda  relación, ni hace a la primera objeto  único  de  la  declaración  de  unión  marital  de  hecho.  “Se insiste, el  elemento  singularidad  atiende  a  que no pueden existir varias relaciones, sin  que   importe   el   orden   de  su  iniciación,  o  la  envergadura  social  o  económica.   Basta  el  definir que sean estables y duraderas en la medida  en  que  se  atiendan  como  permanentes,  según  el  cuadro  cultural y social  imperante,  porque  no  existe  un  parámetro  definitorio  matemático  (…).  Permanencia,  término  que  emplea  la norma, ha de mirarse como una entidad de  estabilidad,  y  esto  deduce la prueba respecto de las dos relaciones, tanto de  la   Ana  Luisa  como  la  de  María  Aurora,  porque  las  dos  ostentan  este  significado”.      

Por consiguiente, concluyó, si se ha dicho  que  ese es uno de los requisitos de la unión marital de hecho, deben denegarse  las  pretensiones  de  la  demanda  por  ausencia  del  mismo,  sin necesidad de  pronunciarse  sobre la excepción, pues sólo cuando se reúnen los presupuestos  fácticos  y  jurídicos  definidores  de  la  acción debe el fallador entrar a  examinarlas.                 

LA    DEMANDA   DE  CASACION   

                   En el único  cargo   que   ella   contiene,   se   adujo   que   el   Tribunal   infringió  indirectamente,  “en  la modalidad de interpretación  errónea”,  los artículos 1º y 2º (lit. a), de la ley 54 de 1990, porque el  sentenciador,  si  bien  consideró  “la existencia de la vigencia de la norma  sustantiva”,  no  la  aplicó, pues con ocasión de los errores ostensibles en  la  apreciación  de la prueba que seguidamente se relatarán, estimó que no se  acreditaron los supuestos fácticos que ella contempla:   

                                             a)     No   obstante  que  el  juzgador  transcribió  el  artículo   1º  de  la  Ley  54  de  1990  y  subrayó  la  frase  ‘hacen   una   comunidad   de   vida  permanente  y  singular’,  al  interpretarla  le  cambió  el  sentido  a  una  comunidad,  por  el  de una  relación.  “La  comunidad  siendo  opuesto a la individualidad, exige para su  conformación  la actuación de dos o más personas, con el objeto de obtener un  fin  común,  de  donde surgen obligaciones compartidas y así mismo el producto  obtenido será compartido entre los comuneros”.   

         El contrato de matrimonio es formal por  excelencia,  no  admite  prueba distinta al certificado respectivo, y da lugar a  un  estado civil. Frente a esta situación formal y legal, han surgido, mediante  la  Ley  54  de  1990,  las  uniones  maritales  de  hecho,  es  decir, aquellos  “matrimonios  imperfectos, por cuanto no se reúnen los requisitos para llenar  esa formalidad”.   

                      Así como  para  la  demostración  de  la  filiación  de  los hijos extramatrimoniales es  procedente  la  utilización  de  una  multiplicidad  de medios probatorios, los  mismos  principios  que  gobiernan  la demostración de la posesión notoria del  estado  civil,  se  deben  aplicar  a  la  prueba de la unión marital de hecho.  “Esta  posesión  notoria del estado civil que no se posee, es la determinante  ante  la  sociedad  y  la  comunidad  en  que residen los compañeros, la que da  origen  a la unión material de hecho, ya que se tienen como marido y mujer, por  cuanto   hacen  comunidad  de  mesa,  lecho  y  techo,  en  forma  permanente  y  singular”.   

                        Se  deduce de las declaraciones  recibidas  en  este  caso,  que  Fidel  Napoleón  Corredor  no  compartió  esa  comunidad  de  mesa,  lecho y techo con dos mujeres sino, exclusivamente con Ana  Luisa  García, a quien durante su convivencia en forma pública la reconoció e  hizo  dar  el  trato social de esposa, “despreciando” la relación mantenida  con   María   Aurora   Zamudio,   a   quien  consideró  como  su  ‘socia     de     hecho’ en algunos negocios e, inclusive, en  el  medio  social fue considerada como la concubina, o la empleada. Por supuesto  que  cada  uno de los compañeros permanentes puede ser socio de una sociedad de  hecho,  civil o comercial, sin que esto implique una unión marital de hecho, ni  de otra clase.   

                     “Pero el  Tribunal,  erróneamente  al  considerar que la ley ha previsto como sustento de  la   unión   material   de   hecho   ‘la       relación      permanente      y      singular’,  cuando  se  trata  es de hacer una  comunidad  de  vida  permanente  y  singular,  se  refiere concretamente es a la  comunidad  de  vida,  más no a la relación y/o a las relaciones que cualquiera  de los compañeros haya podido tener”.   

                      Citó, a  continuación  la censura, apartes de la sentencia cuestionada, para asentar que  incurrió  en  error  el juzgador ad quem  porque  estimó,  en  forma  contradictoria, la existencia de dos  uniones  maritales  de  hecho,  partiendo  de  que la permanencia se infiere del  medio  socio  cultural  imperante, “lo que nos hace preguntar: Por qué razón  descarta  la  posesión  notoria del estado en el caso de Ana Luisa, pero sí lo  aplica (sic) en el caso de María Aurora?”.   

                                             b)                      El  Tribunal  interpretó “la declaración de  los  terceros  citados al proceso y la documental trasladada del proceso que por  ‘violencia  intrafamiliar’ promovió  María  Aurora Zamudio contra Fidel Napoleón Corredor Riaño”, incurriendo en  los siguientes yerros de estirpe probatoria:   

                                                  1)                      Desconoció  que la comunidad de vida existente  entre  ANA  LUISA GARCÍA con FIDEL NAPOLEON CORREDOR, no fue en forma pasajera,  ni con otras intenciones que la de conformar un hogar;   

                                                  2)                      Tuvo  como  acreditada  “la permanencia de la  comunidad  de  vida  entre  MARÍA  AURORA  ZAMUDIO  y FIDEL NAPOLEÓN CORREDOR,  sustentando  dicha  permanencia  en  una  relación, más no en una comunidad de  vida”.   

                                                  3)                       No  tuvo  por demostrado que “el haber social  formado  entre  ANA  LUISA y FIDEL NAPOLEÓN surgió del trabajo continuo de los  dos  compañeros,  esto  es el trabajo que en forma común desarrollaron durante  su  convivencia,  es  decir  que cada uno de los socios haga su aporte, cada uno  desarrolle  una  labor  común,  y  que  las  ganancias  o  pérdidas,  una  vez  descontado  lo  necesario para la manutención de la prole común, se repartirá  entre los socios”.   

                                                  4)                       Dio por demostrado que la demandante participó  en  la  comunidad  de vida con el demandado sin haber hecho ningún aporte, sino  que desarrolló su trabajo a nivel de empleada o trabajadora.   

                                              5)                      También   incurrió   en   errores   en   la  apreciación  de  los  testimonios,  pues  a  pesar  de  ser  estos ‘indivisibles’,  el  juzgador  solamente  tuvo en  cuenta  aquellos  que se refirieron a la relación existente entre María Aurora  y  Fidel  Napoleón, dejando de lado “las verdades manifiestas” acerca de la  permanente  y  singular  vida en común que sostuvieron durante más de 36 años  los aquí litigantes.   

                         Así,  Abelardo  Valderrama  Alvarez  manifestó  que  los  hoy contendientes eran “marido y mujer” desde  que  él  los conocía y que esa relación era permanente; que le constaba que a  ANA  LUISA le entregaron una herencia de 25 reses vacunas entre machos y hembras  de  varias  edades  y  2  equinos  que  desde  esa  época  tomaron  ellos en su  poder.   

                                              Jaime  Granados  expuso  que  desde  hacía  30  años más o menos  conocía  a  la  anotada  pareja,  porque  ellos  vivieron  en Tilodirán, donde  tenían   “una   tiendita”,   casi  la  única  que  había  “‘y    donde    yo    más    llegaba  allá’”;  que  ellos  convivían  como  marido y mujer y que de esa relación hay como siete muchachos  entre  hombres y mujeres y que la cohabitación duró hasta septiembre u octubre  de  1997,  cuando  la  demandante  viajó,  “porque  se  enfermaba mucho y don  Napoleón le pegaba, no me consta pero son los comentarios”.   

                                                  Juan  Alvarez  Molina  declaró,  a  su vez, que los conocía de 30  años  atrás  por ser vecinos; que entre ellos existió una relación de esposo  y  mujer,  aunque  no  muy  agradable;  que  dentro de esa relación hubo varios  hijos;  que  llegaron  a  “Tilo en 1962 o 1965”, pero que a finales de 1997,  “a   la   demandante   le   tocó   abandonar   la   casa   enferma   por   el  maltrato”.   

                                             c)                      Acotó el recurrente que el Tribunal revocó la  sentencia  apelada para denegar las pretensiones de la demanda, pero no declaró  probada  ninguna  de las excepciones propuestas por la demanda, por lo que “no  hay  congruencia  entre los hechos de la demanda y su contestación, frente a la  parte  resolutiva  de la sentencia acusada. Se trata de pretensiones acumuladas,  una  la declaración de la unión material de hecho y otra la declaración de la  sociedad  patrimonial  de  hecho  entre  compañeros  permanentes, junto con sus  efectos  consecuenciales;  siendo  la primera una acción de estado y la segunda  una  acción  patrimonial.  Luego  es  claro  que  el  sentenciador incurrió en  errores in judicando”.   

                          Para  finalizar,  el  inconforme adujo, como ‘hecho         nuevo’,  que  la  señora María Aurora Zamudio inició proceso contra el  demandado  para  que  se  declarase la existencia de una sociedad de hecho entre  concubinos,        demanda        a        la        cual        éste        se  allanó.                   

S   E    C  O  N  S  I  D  E  R  A:   

                                          1.                     Débese   subrayar  desde  ya  que  el  aquí  recurrente,  quien  anunció  al  comienzo del cargo que trazaría su acusación  por  la  vía  indirecta  de  la  causal  primera,  desatendió las particulares  exigencias  del recurso, pues se circunscribió simplemente a divergir del fallo  opugnado,  inclusive,  como  adelante  se  verá,  al  margen de sus reflexiones  medulares,  sin  detenerse  a  señalar con precisión los errores de facto o de  valoración  jurídica  de  las pruebas en que hubiese incurrido el Tribunal ni,  mucho  menos,  a  demostrarlos,  o  más  aún,  sin preocuparse por definir con  claridad  si  disentía  del fallador en el ámbito estrictamente jurídico o en  el fáctico.   

                         En  efecto:   

                                              a)                     Luego   de   algunas  breves,  pero  ambiguas  reflexiones  en  torno  a la posesión del estado civil, señaló la censura que  “en  el  caso  estudiado  se  deduce de las declaraciones de terceros cómo el  señor  Fidel  Napoleón  Corredor  Riaño  no compartió esa comunidad de mesa,  lecho  y  techo  con  dos  mujeres;  sino  exclusivamente con Ana Luisa García.  ..”,  mas  el inconforme se abstuvo, no sólo de individualizar cuáles fueron  esas  pruebas  a  las  que  genéricamente  se  refiriera,  sino,  también,  de  demostrar  el  error alegado mediante la necesaria confrontación entre lo dicho  por  los testigos con lo que el fallador dijo o dejó de decir de ellos, máxime  cuando éste dedujo lo contrario.   

                                b)            Otro  tanto aconteció  cuando,  posteriormente,  el  casacionista  alegó  que el Tribunal incurrió en  error  por  cuanto  coligió,  en  forma  contradictoria,  la  existencia de dos  uniones  maritales  de  hecho  al  dar  por demostrado que la permanencia “…  ‘data  del medio socio  cultural  imperante,  lo  que  nos  hace  preguntar:  porqué razón descarta la  posesión  notoria  del  estado  en  el caso de Ana Luisa, pero sí lo aplica al  caso     de     María     Aurora?’…”,  toda  vez  que  en  esa  intrincada  recriminación no se  percibe  la  imputación al fallador de algún error de hecho o de derecho en la  apreciación  de  las  pruebas,  menos  aún,  la  demostración  de  alguno  de  ellos.   

                                              Pero,   además,   semejante   reproche   no  hace  mella  en  las  elucidaciones  constitutivas  del centro de gravedad del fallo cuestionado, pues  el  juzgador  jamás  le  desconoció a la demandante el carácter de compañera  permanente  del  demandado, sino que, por el contrario, teniendo como cierto ese  hecho,  negó  los pedimentos de la demanda en cuanto advirtió que la sostenida  con  ella  no  era  la  única relación marital de esa índole que mantenía el  señor  Corredor  Riaño,  por  lo  que  no  encontró  demostrado  el carácter  singular de esa unión.   

                                              c)                     Más  notorio  es  aún el divorcio que existe  entre   el   raciocinio   del   juzgador   ad  quem  y la acusación en cuanto el censor se dolió porque  aquél  desconoció que la comunidad de vida existente  entre  ANA  LUISA  y  FIDEL  NAPOLEON  CORREDOR  no  fue  pasajera, habida  cuenta  que, como ya se ha subrayado, el fallador no negó  que  la  demandante  y  el  demandado  hubiesen convivido formando una relación  marital,  motivo  por el cual, valga la acotación, no pudo incurrir en error de  facto  al  examinar  los  testimonios  citados posteriormente por el recurrente,  sino  que  denegó los pedimentos de la demanda al cerciorarse de que, a la par,  el  demandado  sostuvo  una  relación  de  igual carácter con la señora MARIA  AURORA ZAMUDIO MORENO.   

                                              Por  lo  demás,  tampoco particularizó el impugnante las pruebas  omitidas  por  el fallador, conforme a las cuales el actor veía en esta última  señora  únicamente  una  socia  de  hecho,  acusación  que  para ser redonda,  igualmente  le  exigía  denunciar  la  indebida  apreciación de aquellas otras  pruebas  con  fundamento en las cuales el sentenciador coligió la existencia de  una unión de igual temperamento a la aducida por la actora.   

                                              d)                       Así  mismo,  si,  según  como  el Tribunal  entendió  la  demanda  -en  interpretación  que,  además  de armonizar con la  relación  de  los  fundamentos  de derecho consignados en el libelo incoativo y  con  lo  que  al  respecto  apreció  el  juzgador  a  quo  al  decidir  sobre  la admisión del mismo y al  fallar  la  instancia  inicial, el censor no refutó-, la discusión gravitó en  torno  a  la  existencia de una unión marital de hecho entre los litigantes, en  los  términos  de la ley 54 de 1990, no se advierte cual es la trascendencia de  que  el  sentenciador no hubiese reparado en los aportes efectuados por cada uno  de  los  concubinos  o  que el haber social de esa comunidad se hubiese obtenido  por  el  trabajo  conjunto  de  ellos,  desde  luego  que  tales  cuestiones  no  conciernen  con  la  estructuración  de la unión marital prevista en el citado  estatuto  legal.  Todo  esto  al  margen,  por  demás,  de que el impugnante se  abstuvo  de  señalar  las pruebas indebidamente apreciadas por el juzgador y de  demostrar el supuesto yerro que a éste le enrostró.   

                                              e)                     En adición a lo dicho, es menester anotar que  el  casacionista  entremezcló las causales primera y segunda de casación en la  feble  acusación consistente en que la sentencia es inconsonante por no haberse  pronunciado  sobre  las  excepciones,  pues perfiló esa larvada imputación con  sustento  en  la  circunstancia prevista en el numeral 1° del artículo 368 del  Código  de  Procedimiento  Civil,  cuando debió encaminarla por la del numeral  2°, previsto específicamente para tal efecto.   

                         3.                    Finalmente,  tampoco  sobra  destacar  que  esta  Corporación  ha  sostenido  en  distintos  apartes  que  bien  vale la pena reiterar ahora,   “….  que la comunidad de vida sea singular atañe  con  que  sea  sólo esa, sin que exista otra de la misma especie, cuestión que  impide  sostener  que  la  ley  colombiana  dejó  sueltas  las amarras para que  afloraran  en  abundancia uniones maritales de hecho, y para provocar conflictos  mil  para  definir  los  efectos  patrimoniales;  si  así fuera, a cambio de la  seguridad  jurídica  que  reclama un hecho social incidente en la constitución  de   la  familia,  como  núcleo  fundamental  de  la  sociedad,  se  obtendría  incertidumbre”.    

                         “La  singularidad  de  algo  puede  entenderse  por  su  peculiaridad o especialidad,  atendiendo  que  no  se  parece  del todo a otra cosa. Pero también entraña el  contrario  de  plural.  El  empleo  que  de  ella hizo la ley 54 dice más de la  segunda  de las anotadas acepciones que de la primera; vale decir, refiere es al  número  de  ligámenes  o  uniones  maritales y no a la condición sui  generis  de la relación; esto es,  la  exigencia  es  que  no  haya  en ninguno de los compañeros permanentes más  uniones  maritales  que  la  que  los  ata,  la  que, en consecuencia, ha de ser  exclusiva.  Porque si uno de ellos, o los dos, sostiene no sólo esa unión sino  otra  u  otras  con  terceras  personas,  se  convierte en una circunstancia que  impide la configuración del fenómeno”.   

                   “Cuando se  insinúa  que  por  la  evidente  posibilidad práctica de que una persona tenga  relaciones  maritales  con  varias  personas  debe  dársele  el correspondiente  cubrimiento  jurídico a cada una de ellas, se le da  visos superficiales y  simplemente  matemáticos  a  lo  que  debe ser una comunidad ubicando dentro de  ella  las  varias  relaciones  en los que una misma persona conviva con otras en  forma  simultánea, desvirtuando en forma radical el concepto de unidad familiar  tan  ampliamente  defendido  en  nuestra  Constitución  y  lo que el legislador  expresamente  pretendió  con  dicha regulación” (sent. cas. 20 de septiembre  de 2000, exp. 6117).   

                      Así las  cosas, el cargo no se abre paso.       

   

DECISION  

                     En mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil, NO CASA  la   sentencia  que  el  15  de  diciembre  de  1999  profirió   el   Tribunal  Superior  de  Yopal,  dentro  del  proceso  ordinario  adelantado   por   ANA   LUISA   GARCIA   frente   a   FIDEL  NAPOLEON  CORREDOR  RIAÑO.  Costas  del  recurso  a  cargo  de  la parte  actora. Liquídense.   

          Notifíquese   y   cúmplase.  En  su  oportunidad devuélvase el expediente al Tribunal de origen.   

            

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA  

MANUEL ISIDRO ARDILA VELÁSQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

CESAR JULIO VALENCIA COPETE  

     

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