SC 361 2005 [8484]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

SC-361-2005 [8484]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

MAGISTRADO PONENTE:  

CÉSAR JULIO VALENCIA COPETE  

Bogotá,  D. C., diecinueve (19) de diciembre  de dos mil cinco (2005).   

Referencia:  Expediente  número 8484.   

                               

                              Se  decide  el  recurso  de  casación  interpuesto  por  la  demandada  contra  la  sentencia  de  11  de mayo de 1999,  proferida  por la Sala Civil-Familia del Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Barranquilla,  dentro  del proceso ordinario promovido por la sociedad Insar  Limitada frente a Transportes Rápido Ochoa S. A.   

         

I. ANTECEDENTES  

                             1. Solicitó  la  demandante  declarar  que la  demandada  contrató  sus  servicios para elaborar los anteproyectos y proyectos  arquitectónicos,  los estudios de ingeniería y planos para la construcción de  una  terminal  de  transporte  terrestre en Barranquilla y que, por tanto, tiene  derecho  a  percibir  los  honorarios  profesionales  causados  por  el  trabajo  realizado  y  al  reembolso  de  los  costos,  con  la consiguiente condena a la  opositora     a     pagarle     $20’337.594,42  por  concepto  de  tales honorarios y costos, junto con la actualización monetaria y  los intereses moratorios.   

2.  Fundamentó las  pretensiones en los hechos que seguidamente se compendian:   

                               

a)  Tras  haberse  reunido  en Barranquilla, con el propósito de acordar las condiciones en que la  actora   realizaría,   para  la  contraparte,  los  anteproyectos  y  proyectos  arquitectónicos  destinados  a construir la central de operación de la segunda  en  dicho  distrito,  el  representante  legal  de ésta le envió a aquélla la  comunicación   de   30   de  diciembre  de  1986,  solicitándole  elaborar  la  aproximación  a un anteproyecto para esa finalidad, con más de veinte aspectos  allí especificados.   

b)  El  3  de febrero de 1987 la actora, por  escrito,   le   comunicó  a  la  demandada  los  aspectos  técnicos  de  mayor  trascendencia   del   proyecto  así  como  las  alternativas  de  construcción  diseñadas  por  ella  y,  con  nota  de  29  de marzo siguiente, le informó la  elaboración  de  los  planos del anteproyecto, le remitió copia de éstos y le  dio  cuenta  de los honorarios y costos derivados del trabajo ejecutado, entrega  que  repitió,  de  manera  directa,  el  2  de junio del citado año, cuando en  Medellín  se  reunió  con representantes de la opositora, quienes eligieron la  alternativa        de        construcción        que       estimaron       más  adecuada.       

c) En escrito de 6 de junio de 1987, dirigido  a  planeación  municipal  de  Barranquilla,  Rápido  Ochoa  S. A. comunicó su  interés  en construir y solicitó la aprobación del anteproyecto realizado por  la  actora;  en  agosto  siguiente,  las  partes  entregaron  a  planeación  el  anteproyecto,  el  que  tras  recibir  concepto  favorable,  fue autorizado para  continuar     el     trabajo     de    arquitectura    y    el    proyecto    de  construcción.      

d)  En  nota  de  7  de  octubre de 1987, la  demandante  solicitó  a  la  demandada  el  pago  de  los  costos  y honorarios  correspondientes  al  anteproyecto  de  junio de 1987, con arreglo a las tarifas  profesionales  de  ley.  El  28  de los mismos mes y año, a solicitud verbal de  ésta,  aquélla le explicó por escrito los rubros cobrados y el alcance de los  trabajos  relacionados  hasta  entonces;  y  en  noviembre siguiente le reclamó  nuevamente  el  pago,  al tiempo que le informó la terminación del proyecto en  su totalidad.   

e)  La actora repitió el cobro en nota de 3  de  diciembre  de  1987,  a  la  cual  acompañó factura. El 6 de enero de 1988  reiteró  la  exigencia  de  pago  y  en  febrero,  a pedido de la demandada, se  reunió  con  Roberto  Duarte,  gerente  de  Rápido  Ochoa  S. A. en Cartagena,  quien   aseguró  que  dicha  sociedad  no  tenía intención de evadir sus  obligaciones  y  que  ella  respondería  en  forma  positiva los requerimientos  efectuados.        

                             f) El 12 de febrero de 1988, la demandada  abonó,    a    los   susodichos   honorarios,   la   suma   de   $2’768.977,  menos el 7% de retención en  la  fuente, hecho que prueba el reconocimiento de la obligación a su cargo y la  existencia   del  contrato,  el  cual,  por  lo  demás,  fue  cumplido  por  la  demandante,  quien con estrictez elaboró los proyectos arquitectónicos, planos  y  diseños  para  la  construcción,  en  tanto  que la opositora desacató sus  deberes  contractuales  y mostró mala fe, al punto que no respondió ninguna de  las   comunicaciones   que   durante   cerca   de  dos  años  le  envió  Insar  Limitada.   

                             3. El libelo le  fue  notificado  a  la  demandada a través de curador  ad-litem,   previo   el  respectivo   emplazamiento,  quien  guardó  silencio  (fl.13, cd.1).   

                                       

                             4. Por sentencia  de  18 de diciembre de 1997 el Juzgado Octavo Civil del Circuito de Barranquilla  culminó  la  primera instancia, en la que, al acceder  a  las pretensiones, condenó a la demandada a pagarle  a       la       actora       $17’360.199,42,   por   concepto   de   la   obligación   principal,  y  $62’496.717,60,   por  intereses causados durante 120 meses.   

                               

5.  Al  desatar el  grado  jurisdiccional de consulta, no sin antes negar la declaración de nulidad  solicitada  por la opositora, el Tribunal le puso fin a la alzada mediante fallo  de   11   de   mayo   de   1999,   en  el  que  confirmó  el  del  a-quo.   

II.  LA  SENTENCIA  DEL  TRIBUNAL   

                               

                             1.  Tras  resumir  las  pretensiones, el  trámite  y  el fallo de primer grado, con fundamento en las pruebas allegadas y  recogidas  dentro  del  proceso, particularmente la documental y testimonial, el  tribunal  encontró  demostrado  que  entre las partes del litigio se ajustó el  contrato  a  través  del  cual  la  demandante  se  obligó  a elaborar para la  demandada unos anteproyectos y proyectos arquitectónicos.   

                             Dijo,  en  efecto, que de los documentos  emanados  de  Transportes  Rápido  Ochoa  S.  A.,  visibles a folios 6 a 38 del  cuaderno  1,  no  tachados  de  falsos en ninguna oportunidad procesal, y de los  testimonios  de  Benjamín Amador Vega y Mary Estela García de Biava, concordes  y  responsivos,  certeramente  se establecían los trabajos ejecutados por Insar  Limitada  por  cuenta  y a favor de la sociedad Transportes Rápido Ochoa S. A.,  al  punto  que  el  primero  de  los  nombrados  testigos  realizó  los  planos  eléctricos correspondientes al proyecto.   

                              2.  No  sin  antes  asegurar  cómo  la  susodicha  documentación  carecía  de vicio capaz de configurar alguna nulidad  absoluta,  que  tuviera que declarar oficiosamente, en torno a la cuantía de la  reclamación  demandada sostuvo el ad-quem  que  dentro  del  proceso  se  hallaba  probado  que  la  sociedad  demandada,  en  diciembre  de  1987,  recibió  una  factura por $20’337.594,42,  en  relación con la cual  el  12  de febrero de 1988 le pagó a la actora apenas la suma de $2’768.977,  aceptando así, sin reparos,  el  concepto de ser un abono a dicha factura; agregó que a la misma ni siquiera  se le objetó la tasa de los intereses moratorios allí señalados.   

                              3.   Encontró  entonces  el  fallador  ajustada  a derecho la decisión del a-quo,   relacionada   con   la  declaración  de  la  existencia  de  la  obligación   contractual  demandada,  su  cuantía  y  los  intereses  de  mora  liquidados hasta cuando se cancelara la misma.   

III. LA DEMANDA DE CASACIÓN  

                             Dos cargos propone la casacionista contra  la  sentencia combatida; el primero con respaldo en la  causal  quinta  y  el  otro  en  el  motivo  primero  de  casación.  La Corte los despachará en el orden propuesto, por corresponder a  la   lógica   que   prevé  el  artículo  375  del  Código  de  Procedimiento  Civil.   

                               

CARGO PRIMERO  

                             1.  A  vuelta de precisar que la primera  nulidad  alegada  era  la  del  numeral  2°  del  artículo  140 del Código de  Procedimiento  Civil, según el cual el proceso es nulo cuando el juez carece de  competencia,  determinante,  a la vez, de la “prevista en el numeral 8°” de  ese  mismo  precepto,  sostiene la impugnadora que acá se generó dicha vicio a  partir  del  auto  admisorio  de  22  de  agosto de 1988, donde se comisionó al  Juzgado  Civil  del  Circuito  de  Medellín para notificarle a la demandada ese  proveído,   pues  realizó  la  citación  y  emplazamiento  a  esa  parte  sin  competencia para ello.   

                             Dice  que  al  examinar el expediente se  constata  la  ausencia  de  despacho comisorio con base en el cual dicho juzgado  hubiera  asumido el conocimiento de la comisión, de donde colige que es nula su  actuación,  porque  la  desplegó sin competencia, como del mismo modo lo es la  posterior  que de ella depende, como el nombramiento del curador que representó  a  Transportes Rápido Ochoa S. A.; ello, prosigue, debido a que el artículo 33  del  mismo estatuto procesal condiciona la competencia del comisionado al envío  del  respectivo  despacho  y regula la terminación de la misma imponiéndole la  carga  de  devolverle  al comitente las correspondientes diligencias, y a éste,  conforme  al inciso 2º del artículo 34, la de que mediante auto las agregue al  proceso.  Considera  entonces  que  sin despacho expedido, enviado, diligenciado  devuelto  e  incorporado  al  expediente, la actuación del comisionado es nula,  pues constituye una usurpación de competencia.   

                             Luego  de  relatar  la  secuencia  de la  actuación   surtida   alrededor  de  la  comisión  a  que  alude,  señala  la  casacionista  que  lo  anterior  lleva  a  concluir  que  la desarrollada por el  mentado  comisionado  está  viciada de nulidad, la cual no se sanea por la mera  voluntad  de la parte afectada, pues es una cuestión de derecho público ya que  la    ley    autoriza    únicamente    al   juez   para   la   delegación   de  competencia.   

                             Como  la  ausencia de despacho comisorio  para  citar  a  la  demandada,  notificándola  u  ordenando  y  practicando  el  emplazamiento,  hace  nula  la  actuación  respectiva,  ya  que  de ese modo se  estructura  la  causal  de  que  trata  el  numeral  8° del artículo 140, pide  entonces  se  declare  la  nulidad  procesal  desde  el  auto de 13 de agosto de  1992(fl.18).   

                             2.  Por otra parte, afirma la recurrente  que  de  manera  particular la actuación es nula a partir de la notificación a  la  opositora del auto admisorio de la demanda, por cuanto en la confección del  acta  respectiva  el  juzgado  no  se ciñó a lo prescrito por el artículo 315  ibídem,  toda vez que ella  no fue suscrita por el empleado que hizo la notificación.   

                              Comenta  al  respecto  que  no  bastaba  vincular  el  nombre  de  la  persona  notificada  sino  que debía obtenerse la  identidad  física  de  la  misma,  consignándose  en  el  acta  la  cédula de  ciudadanía,  la  tarjeta  profesional  y los demás datos tendientes a fijar su  condición  civil. Como se incurrió en la nulidad prevista en el citado numeral  8°, esa circunstancia invalida la actuación a partir de esa acta.   

                             3. Asevera la acusadora, adicionalmente,  que  a  términos del numeral 8° del artículo 380 del Código de Procedimiento  Civil,  en este proceso existe nulidad originada en la sentencia que le puso fin  y que no era susceptible de recurso.   

                             Luego  de  sostener  que dicha causal la  Corte  la  ha aceptado como procedente en casación dentro del motivo quinto del  artículo  368, de pregonar que la falta de motivación de una sentencia produce  su  nulidad,  de  transcribir  parcialmente  el fallo acusado y el artículo 304  ejusdem,  afirma la censora  que  dicha  decisión  no  reúne  los  requisitos  impuestos  por  este último  precepto,  pues  no contiene una síntesis de la demanda, por cuanto escasamente  se  refirió a una de las pretensiones, omitiendo mencionar las acumuladas, así  como los fundamentos fácticos y jurídicos.   

                             Dicha providencia, insiste, carece de un  examen  crítico  de  las  probanzas  como lo manda el artículo 187 del código  citado,  el  cual le ordena al juez exponer siempre razonadamente el mérito que  le  asigne  a  las  diferentes  pruebas,  como  que  apenas  se  afirmó que los  elementos  de  certeza  allegados demostraban la existencia del contrato para la  prestación  de  servicios  profesionales,  pero  esa  referencia  genérica  no  constituye   un  examen  crítico  de  tales  medios  y  menos  una  valoración  individual  o  en  conjunto  de  cada documento; ni siquiera se enuncian cuáles  eran  los  escritos  emanados de la demandada que se convirtieron en auténticos  por  no  haber  sido  tachados  de  falsos  y tampoco de explicó cómo, sin ser  autenticados   previamente,   podían   tenerse  por  reconocidos  tácitamente.  Igualmente  no  se  examinó  el  contenido  de los testimonios sobre los que se  afirmó  que  eran  acordes  y  certeros;  y el hecho de que el juzgador hubiera  dicho  que  el  testigo  Benjamín  Amador Vega realizó los planos eléctricos,  pone  de  presente la falta de examen crítico, pues no se sabe de dónde salió  esa  afirmación;   además,  sobre el valor de ese trabajo se acumuló una  pretensión  en  acción  de  reembolso,  la  que  no  se  examinó  en  primera  instancia,  pese  a  lo  cual el juez de segundo grado ni siquiera se inquietó,  por  lo  que  en relación con la específica condena por reembolso, el fallo no  tiene motivación.   

                             Pide entonces casar el fallo, declarar la  nulidad  alegada  y  dictar  la  sentencia  de  reemplazo, donde por falta de la  prueba se nieguen las pretensiones de la demanda.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

                               

                             1.  Uno de los  motivos  que  el  legislador  tiene  establecido  para  acudir  en  casación en  búsqueda  del  quiebre  del  fallo  acusado,  conforme con la causal quinta del  artículo  368  del Código de Procedimiento Civil, es el hecho de que al asunto  le   aqueje  cuando  menos  una  irregularidad  tal  que  conforme  a  la  misma  normatividad  procesal determine alguna de las causales de nulidad taxativamente  establecidas,  siempre y cuando quien haga el planteamiento se halle debidamente  legitimado  y que el vicio aducido no se hubiere convalidado, como lo señala la  norma,  al  indicar que es motivo de casación “haberse incurrido en alguna de  las  causales  de  nulidad  consagradas  en  el artículo 140, siempre que no se  hubiere saneado”.   

                             A  este  propósito es de verse cómo el  Código  de  Procedimiento  Civil destina todo el capítulo II del título XI de  su  libro  segundo a reglamentar la materia de las nulidades procesales, el cual  está  compuesto  por normas que determinan las causas generadoras de nulidad en  todos  los  procesos  y  en algunos especiales, así como las que establecen las  oportunidades  para  alegarlas,  la  forma de declararse y sus consecuencias, lo  mismo  que  las  eventualidades a través de las cuales surge su saneamiento. Es  con   fundamento   en  ese  específico  contenido  normativo  que  la  doctrina  jurisprudencial  tiene  decantado  que  son  la taxatividad, la protección y la  convalidación,  entre otros, los principios rectores que gobiernan tal materia.  Se  funda  el  primero,  ha  dicho la Corte, “en la consagración positiva del  criterio  taxativo,  conforme  al cual no hay irregularidad capaz de estructurar  nulidad  adjetiva  sin ley específica que la establezca; consiste el segundo en  la  necesidad  de  establecer  la nulidad con el fin de proteger a la parte cuyo  derecho  le  fue cercenado por causa de la irregularidad; y radica el tercero en  que  la  nulidad,  salvo contadas excepciones, desaparece del proceso por virtud  del  consentimiento  expreso  o  implícito  del  litigante  perjudicado  con el  vicio”(G. J., t. CXLVIII, pags.315 y 316).   

                              Con  arreglo  a  lo  expuesto  resulta  forzoso    concluir   que   es  improcedente  un  ataque  contra  un  fallo  susceptible  del  recurso extraordinario apoyado en la causal que se comenta, si  las  irregularidades  de que adolece el proceso no están contempladas dentro de  los  motivos  de nulidad que taxativamente enumera el artículo 140 ibídem   o   si,  estándolo  y  siendo  saneables,  han  sido  convalidados  por el asentimiento expreso o tácito de la  parte afectada con ellos.   

                               

En relación con el aspecto último aludido,  ha  de  recordarse  que,  tal  cual  lo prevé el inciso final del artículo 144  ejusdem,  el  legislador le  otorgó  la categoría de insaneables únicamente a los motivos previstos en los  numerales  3º  y 4º del citado artículo 140, a la falta de jurisdicción y de  competencia  funcional;  ello indica, desde luego, que las restantes causales se  pueden  convalidar, como lo podrían ser, en efecto, la falta de competencia del  juez,  por  factor  distinto del que se deja mencionado, y cuando no se practica  en  legal forma la notificación del auto que admite la demanda al demandado o a  su  representante  o  apoderado,  las  cuales, por lo mismo que son subsanables,  deben  rechazarse  de  plano  en aquellos eventos en que se funden en hechos que  “ocurrieron  antes  de  promoverse  otro  incidente  de  nulidad”,  como  lo  prescribe  el  inciso  cuarto del artículo 143 de la misma obra, por cuanto una  situación  tal  traduce,  justamente,  el  saneamiento  de  que trata el inciso  primero  de  artículo  144, al decir que la nulidad se considerará convalidada  cuando   “la   parte   que   podía  alegarla  no  lo  hizo  oportunamente”.   

                              En   tratándose   de   la   falta  de  notificación  o  emplazamiento  en legal forma, ha dicho la Corporación, “el  consentimiento  implícito  como medio eficaz para sanear una actuación viciada  de  nulidad  lo consagran los numerales 1º y 3º del artículo 156 del C. de P.  C.,   –144 del actual  código-  al estatuir el  primero  que  la  nulidad  se  considera  saneada  ´cuando  la parte que podía  alegarla  no  lo  hizo  oportunamente´;  y  al  preceptuar el segundo que dicho  fenómeno  ocurre  ´cuando  la  persona  indebidamente …, citada o emplazada,  actúa  en  el proceso sin alegar la nulidad correspondiente´”(G. J., t. CLV,  pag.29);  de  allí  que «es  regla  general  en  materia  de  nulidades,  cuando  el  motivo  que las origine  consiste  en  el desconocimiento del derecho de defensa, que son susceptibles de  ser  saneadas  o convalidadas por la voluntad expresa o tácita de la parte cuyo  derecho  pudo  haberse  afectado”(G.  J., t. CLII, 1ª Parte, pags.219 y 220),  pues  así  lo  indica  el claro texto del artículo 144 del citado ordenamiento  jurídico.   

                             2.  En  el  caso  de  las  dos  primeras  anomalías  de  las  tres  que  esgrime,  la recurrente invoca como causales las  previstas  en  los  numerales  2º  y  8º del aludido artículo 140, según las  cuales  el  proceso  es  nulo,  en  todo o en parte, “cuando el juez carece de  competencia”  y  “cuando  no  se practica en legal forma la notificación al  demandado  o  a su representante, o al apoderado de aquél o de éste, según el  caso,  del auto que admite la demanda”; esos motivos de nulidad los funda, por  un  lado, en el hecho de haber practicado el Juzgado Sexto Civil del Circuito de  Medellín,  como  comisionado,  la  citación y emplazamiento a la demandada sin  competencia  dado  que  al  efecto dentro del proceso no obra el correspondiente  despacho   comisorio;  y,  por  el  otro,  en  que  el  acta  contentiva  de  la  notificación  a  la  opositora del auto admisorio no se ciñó al artículo 315  ibídem  por  cuanto  no la  suscribió el empleado que la realizó.   

                             Se trata entonces, como se deja visto, de  causales  de nulidad susceptibles de ser saneadas por voluntad expresa o tácita  de la parte interesada.   

                               

3.  Puestas  así las cosas, palmario es que  esos  dos  acontecimientos,  el  último  de  los  cuales  se produjo, según la  impugnadora,  el 10 de noviembre de 1993, cuando el curador que representó a la  demandada  se  notificó  del  anotado  auto  admisorio (fl.113, cd.1), quedaron  saneados,  pues  uno  y  otro,  de haberse estructurado como motivos de nulidad,  ocurrieron  cuatro  años  antes  de que la opositora actuara directamente en el  proceso  y  solicitara  la  nulidad  (fls.13  a  16, cd.2) que le  negó el  tribunal  (fls.31  a 33), como que ha debido alegarlos en ese momento y dejó de  hacerlo,  ya que, como sin ningún asomo de duda lo admite al plantear el cargo,  esa declaración la deprecó por otras razones.   

                             En  este  aspecto,  preciso  es  indicar  cómo,  conforme  a  la jurisprudencia, “para establecer el saneamiento que en  punto  pueda ofrecerse, resulta de gran interés destacar que la parte agraviada  con  el  vicio  procesal  debe estar presta a alegarla en la primera oportunidad  que  para  ello  tenga,  so pena de que su omisa conducta purgue la tramitación  del  defecto  procesal  en  que  se haya podido incurrir”(G. J., t. CXCII, 2º  semestre,  pag.24);  y este fenómeno fue justamente el que acá se gestó si se  tiene  en  cuenta  que  la primera oportunidad que al efecto tuvo la impugnadora  fue  aquella  en  la  que  ante  el  juez  de  segundo  grado se hizo presente y  promovió   el  incidente  respectivo,  donde,  como  viene  de  verse,  ninguna  manifestación   de   inconformidad   expresó   alrededor   de  las  comentadas  irregularidades.      

                             Para  la  Corte  ninguna  duda existe en  torno  a  que  las  probables  anomalías  a  que  se contraen esos dos primeros  argumentos  de  la  censura, de haber existido, se sanearon en la medida en que,  no  obstante  que  la  sociedad  demandada  activamente  actuó  a  lo largo del  trámite  de  la  segunda  instancia,  apenas  ahora,  al  plantear este recurso  extraordinario,  vino  a exhibir, como argumentos defensivos, las circunstancias  que  se  comentan;  y  se  insiste que tan sólo en este momento porque, como la  misma  impugnadora fue enfática en pregonarlo, si bien es verdad en el trámite  del  recurso de apelación planteó una nulidad, lo hizo bajo supuestos del todo  diferentes a los que se vienen analizando.   

                             En este sentido ha de reiterarse que como  las  nulidades  deben “plantearse en las precisas oportunidades reseñadas, so  pena  de entendérselas saneadas,… la parte agraviada con el vicio procesal”  está  en  “la  obligación  de  invocar,  en la primera oportunidad que se le  brinde,  no  sólo  todas  las  causales  anulatorias  que  a  su  juicio se han  estructurado,  sino  también  todos y cada uno de los hechos, motivos o razones  que  las  configuran.  No  puede, por tanto, invocarse luego nuevas causales, ni  tampoco  alegar  la  misma causal con base en hechos no planteados inicialmente,  pues     el     artículo     155    del    C.    P.    C.     –143,    inciso   2º,   del   actual  código-   es enfático  al  prevenir  que los incidentes de nulidad no se pueden replantear ‘sino   por   hechos   de   ocurrencia  posterior’, salvedad ésta  que  no  es  ciertamente  la  del  caso  en  análisis”(G.  J.,  t. CXCII, 2º  Semestre, pag.26).   

                             Las precedentes consideraciones conducen  a  predicar,  en  consecuencia,  que  no  se  estructuró  la  causal  quinta de  casación  prevista en el artículo 368 del Código de Procedimiento Civil, pues  esa  fuente  sólo  surge  respecto  a  causales de nulidad “que no se hubiere  saneado”, siendo que en este asunto sucedió todo lo contrario.   

4. Acerca de la nulidad que se predica de la  sentencia,  porque, a juicio de la acusadora, carece de motivación, es de verse  cómo  en  el  fallo  objeto  de  la  censura  no  se  presentó  esa  falta  de  razonamiento  si se advierte que, como la misma acusadora lo admite, el tribunal  sí argumentó la decisión.   

                             En  efecto,  como  quedó expuesto en el  compendio  que  se hizo de la providencia combatida, con apoyo en los documentos  emanados  de  Transportes  Rápido  Ochoa  S.  A.,  visibles a folios 6 a 38 del  cuaderno  1, y en los testimonios de Benjamín Amador Vega y Mary Estela García  de  Biava,  el  tribunal  encontró  probado  el  negocio  a través del cual la  demandante  se  obligó  a  elaborar  para  la  demandada  unos  anteproyectos y  proyectos  arquitectónicos,  pues  de  tales  medios se patentizaban, dijo, los  trabajos  que  efectuó  aquélla  por cuenta y a favor de ésta; con soporte en  esos  elementos de certeza fue como aseguró hallarse demostrado que Transportes  Rápido   Ochoa   S.  A.,  en  diciembre  de  1987,  recibió  una  factura  por  $20’337.594,42,  respecto  de    la    cual    le   abonó   a   la   actora   únicamente   $2’768.977.   

Basta entonces ver ese específico contenido  para  comprender  que  el  fallo,  aunque  ciertamente  no  es  abundante en sus  consideraciones,  esto  es,  que  así  no  haya sido motivado a espacio y en la  extensión  que  la  casacionista  reclama,  sí  contiene la exposición de las  razones  que  llevaron al sentenciador a adoptar la decisión de la que aquélla  se  duele;  ello  es  tan evidente que la propia impugnadora deja al descubierto  que  la sentencia aparece fundamentada, al punto que no sólo transcribe algunos  de  sus  razonamientos  sino  que  los  califica de escasos, o de contener meras  referencias  genéricas,  o de haber dicho que los testimonios eran concordantes  y  certeros,  todo  lo cual pone de manifiesto que sí hubo sustentación.    

                              Resulta   así   que   la  acusación,  consistente  en  que la sentencia recurrida carece de motivación, no es cierta,  pues,  como  viene  de  verse,  dicha omisión no tuvo lugar en la medida en que  ella   sí  contiene  la  exposición  de  los  argumentos  que  sustentaron  la  decisión;  desde  luego  que  el razonamiento confuso, deficiente, escaso,  exiguo,  incompleto,   insuficiente  o  parco  no  traduce  ni  conduce a significar que el  fallo carezca de fundamentación.   

                              5.   Por   tanto,   no   prospera   el  cargo.   

         

                            CARGO SEGUNDO   

                             Acusa  al  fallo de quebrantar, en forma  indirecta,  “las  normas  sustantivas aplicadas en la parte resolutiva”, por  error  de  derecho,  como  consecuencia de haber dado por probados, a través de  las  pruebas  a las que les faltaban los “requisitos para su aducción válida  y    eficaz    al    proceso”,    los    presupuestos   fácticos   de   tales  preceptos.   

                               1.   Aduce   que   el   ad-quem,  al  dar  por reconocidos por la  demandada   los  documentos  allegados  con  el  libelo,  olvidó  que  aquélla  compareció  al proceso, en forma directa, apenas cuando se tramitaba la segunda  instancia,  pues  antes  estuvo  representada  por  el  curador que se le había  designado,  motivo  por  el  cual,  para  propiciar  el  reconocimiento de tales  pruebas,  a  la  actora  no  le bastaba aportarlas sino que debía demostrar por  otros  medios  su  autenticidad, con mayor razón si el artículo 46 del Código  de  Procedimiento  Civil le prohíbe al aludido auxiliar de la justicia disponer  de  los  derechos  de  su  representado;  es  decir,  que  la  confesión  y  el  reconocimiento son actos procesales reservados a la parte misma.   

                             Añade  la  recurrente  que  el fallador  erró  en  la  valoración de los documentos que obran a folios 6, 7, 8 y 28 del  cuaderno  1, en relación con los cuales se afirmó que estaban suscritos por el  representante  de  la  demandada, toda vez que, al no haber sido reconocidos, no  alcanzaron a ser auténticos, incurriendo así en yerro de derecho.   

                               

                             Luego  de  transcribir los artículos 59  del  Código  de  Comercio y 271 del Código de Procedimiento Civil, sostiene la  censora  que la demandante no mencionó que los documentos visibles a folios 9 a  27  y  33  a  37  del  cuaderno  1,  que  ella  misma  produjo,  se  encontraran  “validados  en  su  eficacia  probatoria  contra  la parte demandada” ya que  “dicha  prueba  ni  siquiera  se  solicitó”; por este aspecto, prosigue, la  aducción  de  esos  papeles  no  se ciñó a las exigencias impuestas por tales  preceptos.   

                              3.  A  vuelta  de  afirmar  que  en  la  sentencia  acusada  “no  se  hizo  referencia  alguna a las normas sustantivas  protectoras  de  las  pretensiones  aducidas”,  de  señalar que en la demanda  iniciadora  del  litigio se invocaron como mandatos sustantivos los relacionados  “en  el  libro  IV, título I, artículo 1494 y ss. del C. Civil, Título XII,  artículo  1602  y  ss.  del  C.  Civil”,  de manifestar que en el fallo “de  primer  grado” se mencionaron “los artículos 1494, 1502 y 1602” del mismo  código,  y  de  predicar que no se adujeron preceptos sustantivos referentes al  “contrato  específico  objeto  de  la  litis,  o  sea según se colige de los  hechos,  el  de prestación de servicios para la realización de anteproyectos y  proyectos  para  la  construcción”, previsto en los artículos “2063 a 2069  …  2054,  20555, 2056 y 12059”, asevera la casacionista que se violaron, por  aplicación  indebida,  las normas sustanciales que regulan dicho contrato, toda  vez  que  se lo dio por probado “con fundamento en prueba documental a la cual  faltaron   requisitos   para  su  aducción  válida  y  eficaz  al  proceso”,  incurriéndose  en  “violación  indirecta por error en derecho”(fl.26), por  cuanto  de  ese modo se quebrantaron los artículos 46, 174, 177, 251, 252, 271,  276   y   289   del  Código  de  Procedimiento  Civil,  y  59  del  Código  de  Comercio.   

                             4. Comenta la acusadora, adicionalmente,  que  los  testimonios  de Benjamín Amador Vega y María Estela García de Biava  no  prueban el contrato por cuanto apenas dan cuenta de unos trabajos realizados  por  la  demandante,  sin  mencionar  la  época,  objeto,  alcance y precio del  negocio.   

                             5.  Solicita entonces casar la sentencia  impugnada  por  haber  incurrido  el  juzgador  en  “violación  de las normas  sustantivas  aplicadas en la parte resolutiva de dicho fallo, en forma indirecta  por error en derecho”(fl.27).   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

                                 1.  Como  el  inciso segundo del  numeral  1º  del  artículo  368  del  Código  de  Procedimiento  Civil  tiene  dispuesto  que  la  violación de una norma de derecho sustancial también puede  ocurrir  como consecuencia de un yerro de hecho manifiesto en la apreciación de  la  demanda, su contestación o de determinada prueba o por error de derecho por  quebranto  de  una norma probatoria, es palmario que cada una de tales falencias  tiene   sus   propios  perfiles  absolutamente  definidos  que,  por  lo  mismo,  diferencian  la  acusación que deba proponerse invocando una de ellas de la que  pudiera  plantearse  con  base en la otra, pues en tanto que el dislate fáctico  tiene  lugar cuando el juez de segundo grado da por establecido un hecho sin que  exista    prueba    del    mismo    –suposición-,   o  no lo da por evidenciado no obstante obrar en el proceso  probanza    idónea    de   él    -preterición-, el  yerro  de jure se tipifica en  aquellos  eventos  en  que  pese  a haber examinado la prueba en su materialidad  exacta,  quebranta las pautas de disciplina probatoria que regulan su admisión,  práctica,   eficacia  o  apreciación;  es  decir,  que  mientras  “el  de  hecho  atañe  a la prueba como  elemento  material  del  proceso,  por  creer  el sentenciador que existe cuando  falta,  o  que  falta cuando existe, y debido a ella da por probado o no probado  el  hecho, el error de derecho parte de la presencia indiscutible de la probanza  en  autos  y  concierne al mérito legal que el juzgador le atribuye o le niega,  en   contravención   a  los  preceptos  de  la  ley  sobre  pruebas”(G.      J.,      t.      LXXVIII,  pag.313).       

                             Ha de notarse cómo la impugnadora en la  presentación  del cargo se que analiza incurre en un evidente defecto técnico,  pues  no  obstante  que  dice  atribuirle  al  juzgador la comisión de yerro de  derecho  alrededor  de  los testimonios de Benjamín Amador Vega y María Estela  García  de  Biava,  lo  que en realidad hace es achacarle un error de hecho, al  cuestionarlo  por  la  ponderación  objetiva efectuada sobre tales elementos de  certeza  y  no, como tendría que ser, acorde con el sendero escogido, por haber  quebrantado,  en  torno de tales medios, las pautas de disciplina probatoria que  regulan  su  admisión,  práctica  y eficacia, por cuanto escasamente adujo que  ellas  no  probaban  el  contrato,  toda  vez  que  apenas  daban cuenta de unos  trabajos  realizados  por  la  actora,  sin  que  mencionaran la época, objeto,  alcance y precio del negocio.   

                             2. Ahora, concebida la crítica atinente  a  los testimonios como yerro de facto, acontece que ella, en todo caso, tampoco  satisface  las  exigencias  de orden técnico legalmente previstas, toda vez que  desatiende  la carga de parangonar lo que cada una de esas declaraciones expresa  con  lo que de las mismas dijo o debió concluir el tribunal, como quiera que la  argumentación  expuesta  a  este  respecto  se  circunscribió  a  los aspectos  acabados  de  citar,  sin  que  ni  siquiera transcribiera o extractara aquellos  pasajes  de sus exposiciones que fueran indicativos de las falencias en que pudo  incurrir   el   sentenciador   en  torno  de  la  valoración  de  esos  medios.   

                              A   este  respecto  ha  de  insistirse  que  la  jurisprudencia  de  la  Corporación  tiene  suficientemente  definido  que como es el casacionista a quien le corresponde la  carga  de  evidenciar,  en  el  caso  concreto  de la causal primera, por yerros  de  facto  o  de  jure, el  desatino  cometido  por el sentenciador en la valoración probatoria, le compete  adelantar  la  tarea  de confrontar lo que ciertamente surge de los elementos de  convicción  con  la  conclusión que de ellos aquél sacó, pues únicamente de  esa  manera  podrá  la  Corporación,  dentro  del  contexto  de la acusación,  establecer  si  se presentó el desacierto con características de protuberante,  tal  cual  se  exige,  toda  vez que, en tratándose de un ataque por errores de  esta   especie,   el   recurrente,   “en  su  gestión  de  demostrar  los  yerros del juzgador, no puede  quedarse  apenas  en su enunciación sino que debe señalarlos en forma concreta  y  específica,  en orden a lo cual tendrá que precisar los apartes relativos a  cada  una  de  las falencias de valoración probatoria, confrontando la realidad  que   resulta  de  la  prueba  con  la  errada  ponderación  efectuada  por  el  sentenciador,  tarea  esta  que  no  queda cabalmente satisfecha si el censor se  contrae  apenas  a plantear, por más razonado que ello resulte, lo que desde su  perspectiva  debió  ser  el  juicio del tribunal, por supuesto que un relato de  ese  talante  no  alcanza  a  constituir  una  crítica  al fallo sino apenas un  alegato        de       instancia”(sentencia    número    056    de    8    de    abril   de   2005,  exp.#7730).     

                                Y     como     el     ad-quem,  tal  cual  se  vio  al hacer el  compendio  de  la sentencia, adoptó la decisión con fundamento no solamente en  la  prueba  documental  sino  también  en la testimonial acabada de referir, al  pasar  indemne en casación el fallo en lo tocante con la ponderación efectuada  de  tales  elementos de certeza, ha de seguirse que los yerros denunciados en el  cargo  alrededor  de  los  aludidos  documentos,  de  existir,  no  tendrían la  virtualidad  para  arrebatarle al fallo atacado la presunción de acierto que lo  sigue  respaldando,  por  lo  que  tales  reproches  devendrían intrascendentes  habida   consideración   que  la  determinación  adoptada  en  la  providencia  criticada  se sigue manteniendo en ese soporte probatorio no derribado, haciendo  imposible su aniquilamiento.   

                             3.  Al  margen  de  las  consideraciones  precedentes,  de por sí suficientes para dar al traste con la acusación que se  analiza,  es  sabido  que la tarea fundamental del impugnador, en tratándose de  la  causal  primera  del  artículo  368  citado,  debe  encaminarse a acreditar  cabalmente   la  infracción  de  una  norma  de  derecho  sustancial  que  haya  constituido,  o  debido  constituir,  base esencial del fallo, yerro este al que  puede  arribarse, como lo dispone la ley, de manera directa o de modo indirecto,  en este último evento ya sea por error de hecho ora de derecho.   

                             Por  la  manera como esta concebido este  motivo  de  casación,  es  nítido  que  el mayor esfuerzo del recurrente ha de  enfocarse  al  señalamiento  de  los  preceptos  materiales  respectivos,  a la  explicación  de la forma como se vulneraron, así como al establecimiento de la  incidencia  decisoria  del yerro, premisa esta que se erige, por obvias razones,  como  directriz  cardinal  de  dicha  causal,  con independencia de la senda que  dentro  de  ella  se escoja para encauzar la arremetida; de suerte que cuando se  trata  de  un  ataque  por  vía  indirecta,  a  más de la demostración de los  desatinos    probatorios    que    sirven    como    medio     -de   hecho   o   de  derecho-,   en  últimas  el recurrente debe  acreditar  que  dichas  equivocaciones dieron lugar a una vulneración relevante  de  normas  de  derecho  sustancial,  que es lo que apareja el éxito del ataque  extraordinario.   

                              Resulta   claro,   entonces,   que  el  impugnador  no  puede  montar el andamiaje de una acusación sobre la base de la  comisión  de  un  error  de  hecho  o  de  derecho  y  quedarse  allí,  sin la  exposición  de   los  argumentos  que  demuestren  que  dicho yerro fue el  conducto  para  la infracción del derecho material, pues ello sería tanto como  lanzar  un ataque al vacío, sin una dirección predeterminada, o con un destino  incierto.            

                              Al   examinar  el  cargo  en  toda  su  dimensión  encuentra  la  Corte  cómo la recurrente, en la presentación de la  acusación,  incurre  en  el  desconocimiento  de  las  reglas  que se acaban de  exponer,  pues  se  dedicó  a  endilgarle  al  tribunal la violación de varias  normas  de  disciplina probatoria, concretamente de los artículos 46, 174, 177,  251,  252, 271, 276 y 289 del Código de Procedimiento Civil y 59 del Código de  Comercio,  mas  dejó  de  sustentar,  en  forma clara y precisa, la manera como  tales  errores habían repercutido en la infracción de los preceptos de derecho  material,  pues,  luego  señalar  los  artículos 1494, 1502, 1602, 2054, 2055,  2056,  2059,  2063  a  2069  del Código Civil, escasamente adujo que se dio por  probada  la  especie  negocial  que  allí  refiere  “con fundamento en prueba  documental  a  la cual faltaron requisitos para su aducción válida y eficaz al  proceso”,  sin  explicar  la  manera como pudo configurarse la vulneración de  cada  uno  de  ellos  ni  señalar  la influencia que el susodicho error habría  tenido  en el sentido definitivo de la providencia; es decir que la acusadora se  circunscribió  a  citar  tales  preceptos  sustrayéndose de exponer la forma y  modo  en  que supuestamente se quebrantaron, como si ellos se explicaran por sí  mismos, siendo que ello era una responsabilidad privativa suya.   

                                  

                                Es claro que  la  censura  no  pasó  del  desarrollo de una censura eminentemente probatoria,  que,   en   su   opinión,  obraría  como  medio,  mas  omitió  totalmente  la  sustentación  de  la  manera  como,  a  través  de  dichos  yerros, se habría  vulnerado  indirectamente  el  derecho sustancial. Aflora palmario que un simple  enunciado  normativo, como el propuesto en el cargo que se despacha, no tiene la  suficiente   entidad   para  considerárselo  como  un  reproche  extraordinario  idónea, para que pudiera ser examinado por la Corporación.   

                             4.  Por  consiguiente,  no  prospera  el  cargo.   

IV. DECISIÓN  

                                  En armonía con lo expuesto, la  Corte  Suprema  de  Justicia, en Sala de Casación Civil, administrando justicia  en   nombre   de   la  República  y  por  autoridad  de  la  ley,  NO  CASA  la  sentencia  de 11  de  mayo  de  1999,  pronunciada  por  la Sala Civil-Familia del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Barranquilla, dentro del proceso  ordinario identificado en esta providencia.   

                             Condénase a la parte recurrente al pago  de  las  costas  causadas  en  el  recurso extraordinario. Tásense.   

CÓPIESE,   NOTIFÍQUESE,  Y  OPORTUNAMENTE  DEVUÉLVASE EL EXPEDIENTE AL TRIBUNAL DE ORIGEN.   

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA  

MANUEL ISIDRO ARDILA VELÁSQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

CÉSAR JULIO VALENCIA COPETE  

    

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *