A- 13-01-2014 [4700131030012006-00208-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

Bogotá,  D.  C., trece (13) de enero de dos  mil catorce (2014)   

Discutido y aprobado en Sala de cuatro (4) de  diciembre de dos mil trece (2013)   

REF.: 47001-3103-001-2006-00208-01  

         

Decídese  sobre  la  admisibilidad  de  la  demanda  con la que la Iglesia Cristiana Peniel pretende sustentar el recurso de  casación  interpuesto  contra  la  sentencia de 2 de febrero de 2012, proferida  por  la  Sala Civil Familia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santa  Marta,  en  el  proceso  ordinario  de  la impugnante contra Carlos Julio Puerta  Galván,   Carlos  David,  Samuel,  Joel  y  Enith  Puerta  Montes  –herederos determinados de Alba Josefina  Montes Puerta- y personas indeterminadas.   

A cuyo propósito se considera:  

1.            En  el  libelo se pidió declarar que la  actora  adquirió  por  prescripción  el  dominio de un inmueble inscrito en la  oficina  de  registro de instrumentos públicos a nombre de la causante (fls. 10  a 14, cdno.1).   

2.            El  Juez  Primero  Civil del Circuito de  Santa  Marta,  en  providencia de 28 de junio de 2011, negó las pretensiones de  la demanda (fls. 111 a 119 cdno.1).   

El     ad  quem,  al  desatar  la  apelación  interpuesta por la  demandante,    confirmó    la   decisión   del   a  quo (fls. 18 a 28, cdno. Tribunal).   

3.            Inconforme  con  el  pronunciamiento  de  segunda  instancia,  la  convocante propuso recurso extraordinario de casación,  el cual fue concedido por el Tribunal y admitido por la Corte.   

4.            Surtido el traslado de rigor, la quejosa  sustentó  la  impugnación extraordinaria mediante escrito obrante a folios 9 a  13  (cdno. de la Corte), en el que plantea dos cargos contra el fallo de segunda  instancia.   

a)             En   el   primer   reproche  se  acusa  “la  sentencia  de  violar  la  ley  sustancial por  infracción  directa  de  los  artículos 768, 778” y  otros  tres  cánones  que  no  se  pueden determinar dadas las deficiencias del  documento contentivo del libelo (fl. 11).   

En  desarrollo de la denuncia, la impugnante  describe  el contenido de los artículos 768 y 778 del Código civil, para luego  indicar   que   “la  compraventa  se  perfeccionó  conforme” a dichas reglas; que está “claro  que  se  compró  un  mueble  en  legal  forma  y  este  fue  transferido  a  la entidad religiosa demandante”; que  “se  compró  una  posesión  y  dominio  sobre  un  inmueble  que después fue transferido a la iglesia”,  y  que  en  la  actualidad  dicha  entidad  es la que lo posee y puede sumar las  posesiones sobre el mismo desde 1986 (fl. 12).   

b)            En  el  segundo  embate,  se  censura el  quebrantamiento  indirecto  de la ley sustancial como consecuencia de errores de  hecho  en  la  apreciación  de  la  demanda,  su  contestación  y  las pruebas  aportadas al proceso (fl. 12).   

Se  critica  al juzgador de instancia por no  haber  tenido  en  cuenta  las manifestaciones contenidas en el libelo primitivo  sobre  los motivos que llevaron a Samuel Puerta Montes a adquirir el bien objeto  de  la litis; el allanamiento  efectuado   por   tres   de  los  demandados;  el  certificado  de  registro  de  instrumentos  públicos; la escritura pública 813 de 26 de abril de 1996, y los  testimonios  de  Inés  Humanes  Casimiro  y  Sonia  Barranco  Romero (fls. 12 y  13).   

5.             Debido   al   carácter   excepcional,  extraordinario   y   dispositivo  del  recurso  de  casación,  el  ordenamiento  jurídico  presta  una  alta,  particular y necesaria atención a los requisitos  formales  de  la  demanda que lo sustenta, de manera que cuando la censura omite  atender  las  exigencias  establecidas  en el Código de Procedimiento Civil, se  impone inadmitir el medio impugnativo.   

En  este  orden  de ideas, resulta relevante  para  desatar  el  asunto  que  ocupa la atención de la Corte, el artículo 374  ídem, según el cual, para  la   admisión  de  la  demanda  de  casación,  el  casacionista  debe  exponer  “los  fundamentos de cada acusación en forma clara  y  precisa”,  y  “si se  trata  de  la causal primera”, señalar las normas de  derecho sustancial que considere vulneradas (numeral 3º).   

La   claridad   impone   al  impugnante  a  estructurar    su    ataque    de    forma    tal    que   sea   “perceptible  por  la  inteligencia  sin  duda ni confusión, o sea,  fácil  de  entender  no sólo en su presentación sintáctica, sino también en  su   construcción   lógica”,   mientras   que  la  precisión  lo  fuerza  a  que  “la  acusación sea  exacta,   rigurosa   (…)   que   contenga   todos   los   datos  que  permitan  individualizarla  dentro  de  la  esfera  propia  de  la  causal que le sirve de  sustento”  (Sent.  Cas.  Civ.  No.  114  de  15  de  septiembre  de 1994); entonces, de reprocharse al Tribunal el haber transgredido  la  ley sustancial, la censura debe señalar, sustentar y demostrar con rigor el  error  que se le endilga a aquél, indicando su vía y clase, desvirtuando uno a  uno  los argumentos y soportes del fallo cuya presunción de legalidad y acierto  se  pretende  derruir,  sin  dejar  de  lado  en  su  desarrollo, ni siquiera un  instante, el camino escogido para ello.   

6.            Al  contrastar la demanda extraordinaria  con  los  anteriores  lineamientos  se  deduce  su  ineptitud, ya que los cargos  desatienden completamente las reglas enunciadas.   

a)             En   efecto,   salta  a  la  vista  la  improcedencia  de  la  impugnación, incluso, desde el aspecto puramente formal,  ya  que  se  nota, ab initio,  la  ausencia  de  rigor en su presentación, pues varios de sus apartes resultan  incomprensibles  debido  a  deficiencias  en la impresión de los legajos que la  contienen.   

b)            El primer ataque desatiende la exigencia  de     claridad     estatuida     por     el    artículo    374    ibídem,  pues  su  estructura  lógica,  presentación   y  contenido,  resultan  confusos,  vagos  y  sin  la  idoneidad  necesaria  para  su  admisión,  máxime  cuando  se  restringe  a  señalar  el  contenido     de     unos     preceptos     y     a     afirmar     –indiscriminadamente-         que  “la    compraventa”  cumplía   con  los  requisitos  legales  y  que  había  lugar  a  la  suma  de  posesiones.   

Adicionalmente,  tampoco indica cuál fue la  vulneración  directa  de  la ley sustancial que atribuye al Tribunal, omitiendo  que  “los  ataques  por  vía  directa  constituyen  exclusivamente  una  disputa entre la interpretación, aplicación o ausencia de  ella,  que de una norma jurídica haga el ad quem”, o  lo  que es igual, a pesar de que “la vía directa se  soporta  en la censura por deficitario al criterio y entendimiento jurídico del  juzgador”  y  que  su  prosperidad depende de que se  centre  “el  debate  en  la  correcta  o incorrecta  aplicación  o  inaplicación  de  la  norma  jurídica que se hizo operar en el  asunto   que   se   desata,   pues   ‘(…)  la actividad dialéctica del impugnador tiene que realizarse  necesaria  y  exclusivamente  en  torno  a  los  textos legales sustanciales que  considere   no   aplicados,   o   aplicados   indebidamente,   o   erróneamente  interpretados   (…)’  (Sentencia  de  20  de  Marzo  de  1973, G.J. CXLVI)”  (Sent.  Cas. Civ. de 18 de junio de 2009, exp. 00341, reiterada en auto de 19 de  febrero  de 2010, exp. 03455), la convocante ni por asomo alude a un yerro en el  criterio jurídico del colegiado de segunda instancia.   

c)            El segundo embate, no obstante edificarse  con  base  en la causal primera de casación, no indica como quebrantada ninguna  norma;  luego,  el  ataque  no  cumple  con  las  exigencias  descritas  para la  admisión  de  la  demanda  de  casación,  pues,  a  pesar de haberse dolido la  querellante  de  la  violación  de  la  ley  sustancial,  jamás esgrimió como  vulnerada  una  norma  de esa naturaleza, sin parar mientes en que tal requisito  “en   la   actualidad   se   satisface  cabalmente  señalando  cualquiera  de  las  normas”    de   tal   linaje   que              “constituyendo  base  esencial del fallo impugnado o habiendo debido  serlo,  hubiese sido quebrantada por el sentenciador”  (Auto  No.  180 de 11 de julio de 2000, exp. 1798). En igual sentido, es preciso  resaltar  que  “de  manera  constante,  la Corte ha  entendido   por   normas   de   derecho  sustancial  aquellas  que  ‘en  razón de una situación fáctica  concreta,  declaran, crean, modifican o extinguen relaciones jurídicas también  concretas   entre   las   personas   implicadas  en  tal  situación’”  (Sent.  Cas. Civ., de 19 de diciembre de 1999).   

Por otra parte, la censura lejos se encuentra  de   demostrar  un  yerro  en  la  actividad  del  Tribunal,  pues  no  concreta  certeramente  cuál fue el dislate en la apreciación de las evidencias, o cómo  éstas  indican  algo  distinto  a lo que el juzgador concluyó. Ciertamente, la  labor  de  la  quejosa  se  limitó  a  describir  un  conjunto de probanzas que  supuestamente  apoyan  las pretensiones de la demanda primitiva sin enfrentar en  modo  alguno los razonamientos del ad quem.   

Sobre   el   particular,   “(…)  al  unísono  jurisprudencia y doctrina, de manera constante  han  sostenido  que  frente  al  recurso  de  casación y tratándose de ataques  montados   sobre   la  existencia  de  supuestos  desaciertos  fácticos  en  la  apreciación  de  la  prueba, no son de recibo las simples conjeturas ni tampoco  ensayos  argumentales  ordenados  a  instaurar  probables  entendimientos  de la  realidad  distintos  al  que  fue  consignado  en la sentencia (…)”  (Sent.  Cas.  Civ. No. 003 de 1º de febrero de 1993, reiterada  en  Sent.  Cas.  Civ.  No.  061  de  1º  de julio de 2008), luego, la actividad  desplegada  por  el  recurrente,  para  demostrar  los  errores del ad       quem,       “(…)  no  puede  quedarse  apenas en su enunciación sino que debe  señalarlos  en  forma  concreta  y  específica, en orden a lo cual tendrá que  precisar  los  apartes  relativos  a  cada  una  de las falencias de valoración  probatoria,  confrontando  la  realidad  que  resulta de la prueba con la errada  ponderación  efectuada  por el sentenciador, tarea esta que no queda cabalmente  satisfecha  si  el  censor  se  contrae apenas a plantear, por más razonado que  ello  resulte,  lo  que  desde su perspectiva debió ser el juicio del Tribunal,  por  supuesto  que un relato de ese talante no alcanza a constituir una crítica  al  fallo sino apenas un alegato de instancia” (Sent.  Cas. Civ. No. 056 de 8 de abril de 2005).   

7.            Son  las  anteriores  razones  más  que  suficientes,  para  concluir  que los cargos contenidos en la demanda en estudio  impiden que sea admitida a trámite.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de     Justicia,     en     Sala     de     Casación     Civil,    RESUELVE:   

PRIMERO:              INADMITIR     la    demanda    arriba  mencionada.   

SEGUNDO:              DECLARAR  DESIERTO,  en consecuencia,  el      recurso      de      casación      interpuesto     por     la              convocante   contra   la  sentencia  de  procedencia y fecha referidas.   

Notifíquese.  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

(comisión de servicios)  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ    

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