AC4016-2014 [2009-00158-02]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  CIVIL   

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

Magistrado Ponente  

         

AC4016-2014  

Radicación    n°     88001-30-03-001-2009-00158-02   

(Aprobado  en sesión de once de junio de dos  mil catorce)   

Bogotá  D.C., dieciocho (18) de julio de dos  mil catorce (2014).   

Se   decide   a   continuación  sobre  la  admisibilidad   de  la  demanda  presentada  por  Isis  Orozco  Osorio,  Natalia  Saldarriaga  Orozco,  Claudia  Saldarriaga Garzón, Gloria Patricia, Gilberto de  Jesús,  Martha  Lucía,  Luz  Stella  y  Jhon  Darío  Saldarriga  Franco, Juan  Esteban,  Víctor  Jaime,  Rosalía  y  Darío  Gilberto Saldarriaga Romero para  sustentar  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  frente  a la  sentencia  de  4  de  abril  de  2013, proferida por la Sala Única del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de San Andrés, Providencia y Santa Catalina,  dentro  del  proceso ordinario de pertenencia de Rodolfo Howard Martínez contra  Gilberto  Darío de Jesús Saldarriaga, al cual comparecieron los impugnantes en  su calidad de sucesores procesales de éste último.   

ANTECEDENTES  

    

1. El accionante solicitó declarar la  prescripción  extraordinaria  adquisitiva  de  dominio  respecto de un inmueble  localizado en el archipiélago de San Andrés.     

1. Sustentó  su  reclamo en que, por  suma  de  posesiones,  entre él y María Auxiliadora Brum Brum han poseído por  más   de   veinte   (20)   años  el  predio,  ejerciendo  actos  de  señorío  ininterrumpidos y de forma pública (folio 2, cuaderno 1).     

    

1. Estando  en  curso  el  proceso  falleció  el  propietario  inscrito,  por  lo  que  se  citó  a  su cónyuge y  herederos,     quienes     se    opusieron    y    excepcionaron    «falta    de    causa»,   «falta   de   requisitos   legales  para  alegar  la  prescripción  extraordinaria»,             «impedimento  legal  para pretender usucapir el bien encontrándose  embargado  y  secuestrado  con anterioridad a la demanda impetrada»,   «excepción  sobre  el  documento  de  promesa  de  compraventa  de  1999  por  corresponder  a  personas diferentes al  demandado» e «ineficacia de  las  consecuencias  jurídicas  emanadas  de  la  promesa  de 6 de septiembre de  2009» (folios 162 al 179, cuaderno 1).     

    

1. El  Juzgado  Primero  Civil  del  Circuito  de San Andrés, Providencia y Santa Catalina desestimó las defensas y  accedió  a  lo  pretendido, en fallo que apelaron los convocados y confirmó el  Tribunal.     

    

1. El pronunciamiento del ad  quem  se resume así (folios 56 al 72,  cuaderno 9):     

     

a. No  se  observa  vicio  en  las  instancias  y  están  satisfechos  los  presupuestos  procesales,  sin  que  se  vislumbren  irregularidades  en  la  notificación a los contradictores, que fue  garantista de sus derechos.     

     

a. Analizando  si  se  reúnen  los  presupuestos  de  la pertenencia en este caso, se advierte que en el certificado  de   tradición   figuran   «Gilberto  Saldarriaga  y  personas  indeterminadas (sic)  como   aquellas   que   ostentan   derecho   real  principal  sobre  el  bien  a  prescribir» y en la inspección judicial se constató  «la  ejecución de actos posesorios como la erección  de  cercos  y  explotación  económica  del inmueble mediante arrendamiento, se  encuentran  levantados  dos  cobertizos en material de hierro y zinc, igualmente  una  caseta en material de lámina y zinc», además de  que el bien está individualizado.     

     

a. Los declarantes Vicente Fernández  Santana,  William  Acosta  López  y  Luis  Emel  Beltrán  Sierra, «sostienen  de  manera  concordante  y no fueron controvertidos con  otras  pruebas  que  la  posesión es detentada por el actor hace 20 años, así  mismo  afirman que el demandante ha venido ejerciendo la posesión con ánimo de  señor  y  dueño, en forma pública, pacífica e ininterrumpida explotándolo y  manteniéndolo   cercado»,  relatos  estos  que  son  creíbles.     

     

a. A  pesar  de  que  obra  acta  de  secuestro  de  11  de  agosto  de  1994,  sin  que  el promotor se opusiera a la  diligencia,  ese proceder no genera «la pérdida de la  posesión»,   según   precedentes   de   la  Corte,  «por  ser  un  acto  de  mera  tenencia»  que  una  vez  levantado  conlleva  su recuperación como si no se  hubiera  interrumpido, tal cual aquí ocurrió con la terminación del proceso y  el levantamiento de la cautela el 28 de febrero de 2011.     

     

a. Como  está plenamente establecido  que  el  gestor  ha  poseído  el  «precitado bien por  aproximadamente  más  de  veinte  (20) años, alcanzado el lapso exigido por la  legislación  vigente,  cual  es,  de  veinte  (20) para la posesión irregular,  teniendo  en  cuenta  la época en que principió la posesión, sin necesidad de  suma   de  posesiones  anteriores»,  se  confirma  lo  resuelto por el a quo.     

    

1. Los sucesores vencidos interpusieron  recurso  de casación que concedió el Tribunal (folios 159 al 161, cuaderno 9).  La  Corte  lo  admitió  el  10  de  febrero  del  año  en  curso  (folios  7 y  8).     

    

1. En  tiempo  hábil se presentó la  correspondiente    sustentación    de    la    impugnación   (folios   10   al  103).     

CONSIDERACIONES  

    

1. El  numeral 3º del artículo 374  del  Código  de  Procedimiento Civil consagra que el escrito por medio del cual  se  provoca  esta  vía  extraordinaria  debe contener  “[l]a  formulación  por separado de los cargos contra la sentencia recurrida,  con  la  exposición  de  los  fundamentos  de  cada acusación en forma clara y  precisa”,   derivándose   para   el   censor   la  obligación  de respetar las reglas de técnica que faciliten la comprensión de  los  puntos  con  que  pretende  rebatir  los  sustentos  del proveído atacado.  Precisamente   esa  característica  dispositiva  impide  que  las  deficiencias  observadas   sean   subsanadas   directamente  y  a  iniciativa  propia  por  la  Corporación.     

Así  lo  precisó la Sala en autos de 16 de  agosto  de  2012  y  12  de  julio  de 2013, rad. 2009-00466 y 2006-00622-01, al  exigir que   

(…) sin distinción de la razón invocada,  deben  proponerse  las  censuras  mediante  un  relato hilvanado y claro, de tal  manera  que  de  su lectura emane el sentido de la inconformidad, sin que exista  cabida  para especulaciones o deficiencias que lo hagan incomprensible y deriven  en  deserción,  máxime  cuando no es labor de la Corte suplir las falencias en  que       incurran      los      litigantes      al      plantearlos.   

    

1. Se formulan contra la sentencia de  segunda instancia seis ataques, en los siguientes términos:     

     

a. Primer cargo:    

Con  base  en  la causal segunda la acusa de  «no  encontrarse en consonancia con los hechos ni con  las  pretensiones  de  la  demanda, y ser violatoria, por la vía directa, de la  ley  procesal  contenida en los artículo 304 y 305 del C. de P.C.»,  los  principios de justicia, igualdad y equidad a que se refieren  los  artículos  1°,  2°,  13,  58,  83,  228,  229  y 230 de la Constitución  Política,  «que  son  normas  no  sólo de carácter  sustancial   sino  fundamentadoras  de  todo  el  orden  jurídico».   

Lo hace consistir en que:  

     

i. Si  las  pretensiones y hechos del  libelo  «se  concretaron  única  y  exclusivamente a  solicitar  la  declaratoria  de  pertenencia  por  suma  de  posesiones entre el  demandante,  con indicación clara y precisa de su antecesora María Auxiliadora  Brum  Brum»,  lo  que  fue silenciado en «forma  inexplicable y muy censurable por el A-quo en su sentencia,  como   también   minimizada,   desechada   y  vilipendiada,  de  plano  por  el  Ad-quem».     

E   superior  omitió  pronunciarse  sobre  «haber  adquirido  el  demandante  la  posesión  del  inmueble  por  suma  de  posesiones»,  procediendo  a  declarar       la       prescripción       adquisitiva       extraordinaria   de  que  trata  el   artículo   2531  del  Código  Civil,  «petición  no  solicitada y con fundamento en hechos  totalmente  distintos  a los reseñados en el libelo»,  sin  que  se  explique  en  las motivaciones «sobre la  pretensión   mencionada,   ni   tampoco   sobre  el  motivo  para  no  realizar  pronunciamiento   negativo   o   positivo   en   torno   de   ella»,  limitándose  a  transcribir jurisprudencia sobre la «suma de posesiones».   

La  actividad  del  juzgador  no  solo está  condicionada  por  la  «presentación  de la demanda,  sino  también  por  lo  que en ella se solicita», sin  que  se  pueda  exceder de ese marco, como dijo la Corte en SC de 16 de junio de  2009,  rad.  2003-00003-01;  10  de  marzo  de  1997 y 18 de junio de 2008, rad.  1997-04420-01.   

     

i. No  se  hicieron  regir  en  el  sub examine los postulados de  la  buena  fe  y  lealtad  procesal,  consagrados  en  el  artículo  83  de  la  Constitución,   «pues   se  decidió  sobre  hechos  totalmente   diferentes   a  la  “suma  de  posesiones”  fundamento  de  las  pretensiones,  sin  que la parte que represento hubiera tenido la oportunidad de  ejercer  el  derecho de defensa sobre tal situación»,  lo  que también pasó con la igualdad jurídica de las partes a que alude el 13  ibidem   y   «la  jurisprudencia  constitucional  relativa  el  estado social de  derecho  y  a  la vigencia de un orden jurídico justo, además de la prelación  del    derecho    sustancial    sobre    el    meramente    formal».     

     

Señala   como   violadas   «normas  de derecho sustancial» que no se  tuvieron  en cuenta para «aplicar en el presente caso,  las  disposiciones  propias  de  la  figura  de  la  pertenencia  (por  suma  de  posesiones),  principalmente  los  artículos  673,  764, 778, 2512, 2518, 2521,  2527,     2528,     2531     y     2532    del    Código    Civil».   

Concreta su inconformidad en que:  

     

i. Cuando  se  predica  la  suma  de  posesiones  de  que  tratan  los  artículos  778  y  2521  del  Código  Civil,  «se  requiere no solamente probar el apoderamiento de  la  cosa, sino exhibir el título que encadena la suya propia a las anteriores y  a  estas  entre  sí»,  además  de  la  «posesión  material  desplegada  por  cada  uno  de los anteriores  poseedores  integrantes  de  la cadena exhibida para acreditar el tiempo mínimo  de posesión».     

El  Tribunal  en  esta  oportunidad  no  se  pronunció   «sobre   la  petición  expresa  de  la  declaratoria   de   prescripción  adquisitiva  extraordinaria  de  dominio  del  inmueble  por  suma  de posesiones del actor relacionada única y exclusivamente  con    su    antecesora»,   como   se   «evidencia  claramente en la parte considerativa y resolutiva de la  sentencia  recurrida»  y  en  la  motiva «tampoco   se   dio   explicación  expresa  alguna,  ni  sobre  la  pretensión  del  demandante  transcrita,  ni  tampoco  sobre  el motivo para no  realizar  pronunciamiento  negativo  o  positivo  en  torno a ella».   

     

i. De  esa manera se vulneran los dos  preceptos   antes   citados,   puesto  que  a  pesar  de  ser  los  «aplicables  a  la situación de hecho fundamento de la pretensión  del   demandante»,   se  confirmó  la  «declaratoria   de   prescripción  adquisitiva  extraordinaria  de  dominio  contenida en los artículos 762, 764, 2531, 2532 del C.C.»,   a   pesar  de  estar  demostrada  «la  inexistencia  de  las  situaciones  sucesivas  e ininterrumpidas de la posesión  alegada,  entre la antecesora y el prescribiente» y la  «inexistencia   del  títulos  justificativo  de  la  adquisición  de las sucesivas posesiones», además de  que  no se verificó la «presunta posesión que tenía  María  Auxiliadora  Brum  Brum,  la  cual  devenía  de  Jesús  Emilio  Muñoz  Vélez».     

     

a. Tercer cargo:    

Denuncia,  con  base  en  la causal segunda,  incongruencia del fallo con las excepciones de mérito propuestas.   

Lo fundamenta en que:  

     

i. La  parte  demandada formuló como  defensas de fondo     

(…)  falta  de causa, falta de requisitos  legales  para  alegar  la  prescripción  extraordinaria, impedimento legal para  pretender  usucapir  el bien inmueble sujeto a registro encontrándose embargado  y  secuestrado  con  anterioridad  a  la  demanda impetrada, excepción sobre el  documento  presentado promesa de compraventa que data del año 1999, corresponde  a  otra  negociación  que  se  realizó  entre personas diferentes al demandado  propietario   del  bien  inmueble  y  la  de  ineficacia  de  las  consecuencias  jurídicas emanadas de la promesa de 6 de septiembre de 2009.   

     

i. No obstante, el fallador de primer  grado  se  limitó  a  «…  “afirmar que por estar  probados  los  requisitos  de  la acción reivindicatoria tenía que accederse a  las  súplicas  de  la demanda”…», mientras que el  ad    quem   «no  resolvió  ninguna de las excepciones (…) comportamiento del  que  surge  la  inconsonancia  acusada  puesto  que  la  sentencia  en  su parte  resolutiva  debe  contener  la  decisión  correspondiente  a  la  prosperidad o  denegación  de  las  excepciones», sin evidenciar que  el  «a quo en el fallo del 16 de noviembre de 2012, no  había  resuelto ninguna de las excepciones propuestas en las dos contestaciones  a  la  demanda,  inicial  y  con  ocasión de la reforma a la misma, habiéndose  referido  brevemente  a  las  excepciones  propuestas por el extremo pasivo, sin  decidirlas».     

     

a. Cuarto cargo:    

Invoca la ocurrencia de  

(…)  un error de hecho «manifiesto en la  apreciación   de   las  pruebas  de  inspección  ocular  obligatoria,  de  las  declaraciones  testimoniales  y  las  actas de diligencia de secuestro, violando  las  normas  procesales  contenidas  en  los  artículos  174,  177, 187, 194 en  concordancia  con  los arts. 201, 203, 205, 232, 250, 254, 304 y 407 numeral 10,  del  C.  de  P.C.  interpretación  contraria  a  su contenido, otorgándoles un  alcance  probatorio  diferente al que emana de ellas, transgrediendo, vulnerando  los  artículos 762, 764, 768, 769, 780, 2512, 2521, 2522, 2527, 2531 y 2532 del  C.C.   que   regulan  taxativamente  la  acción  de  prescripción  adquisitiva  extraordinaria de dominio.   

El cuestionamiento reside en:  

     

i. La  providencia  discutida  sólo  analizó    las    «pruebas   recaudadas   para   la  prescripción  adquisitiva  extraordinaria  de  dominio  irregular de los veinte  (20)  años,  sin necesidad de hacer pronunciamiento sobre la suma de posesiones  (que  era  el  fundamento del petitum de la demanda)»,  es  así  como  tuvo en cuenta «la inspección ocular,  las  declaraciones testimoniales y la diligencia de secuestro de agosto de 1994,  obrante  a  folios  59  y  60 del Cdno. #01; sin analizar otras pruebas, como la  diligencia  de  secuestro realizada al inmueble el 14 de mayo de 2009 (obrante a  folio 61 y 62 cdno #01)».     

     

i. Al  sopesar la visita hecha por el  juzgado  al  predio  no  se  advirtió  que  las  mejoras  allí  indicadas eran  recientes;  que  una  de  las casetas relacionadas pertenecía a un tercero; que  respecto   de   la   otra   construcción   nada   se  dijo  sobre  «la  época  para  la cual se realizó este cobertizo, el costo del  mismo,  el  nombre  de  la persona que contrató la realización de la obra y la  persona  o  empresa  que ejecutó la obra, si estas mejoras son de propiedad del  demandante»; que el contrato de arrendamiento con Ena  Margarita  Bobadilla  era  de  1°  de  enero  de  2010  y los documentos que se  aportaron  en  ella  no  dan  fe  de  la antigüedad de la posesión, por lo que  «los  hechos  allí  consignados  (…) se refieren a  circunstancias  o  pruebas  cuyas  fechas  datan  de apenas dos años anteriores  (2010)  a  la misma diligencia (2012) y posteriores a las fecha de presentación  de la demanda (2009)».     

     

i. En  relación  con los testimonios  «no    apreció    en    conjunto    sobre    estas  pruebas» que:     

El  dicho  de  Vicente  Fernández no tenía  credibilidad,   pues,  a  pesar  de  su  cercanía  con  Darío  Yépes,  María  Auxiliadora  Brum  Brum  y  el  accionante,  «resulta  extraño  que  como  ingeniero  y  residente  de más de 20 años en la Isla, no  conozca   la   situación  jurídica  de  la  sociedad  Inpescar  para  la  cual  presuntamente  iba  a  realizar los trámites pertinentes ante la Secretaría de  Planeación Departamental».   

William Eduardo Acosta sólo se refirió a su  conocimiento  sobre «la propiedad del inmueble, ya que  respecto  de los actos posesorios manifiesta no tener conocimiento»  y  que  se contradice al referir que «el  señor  Howard como propietario pagaba los impuestos»,  cuando éste al absolver interrogatorio dijo que no los cancelo.   

Luis  Emel Beltrán Rebolledo es reiterativo  «en  cuanto  al conocimiento que tiene respecto de la  propiedad  del  inmueble en cabeza del señor Howard»,  pero   no   se  pronunció  el  Tribunal  «sobre  las  manifestaciones  de  este  testigo que reseña la situación particular de haber  sido  empleado  del  demandante  (…),  pero  en  cuanto  al conocimiento de la  posesión   ejercida  sobre  el  inmueble  y  los  negocios  realizados  por  el  demandante   con   el   señor   Yepes,   no   tiene  conocimiento».   

(…) sobre las declaraciones testimoniales  en  conjunto  (…)  sobre  el  hecho  concreto que los testigos reseñan que el  demandante  en  calidad  de propietario, realizó las obras de relleno del lote,  limpieza,  desmonte,  pero  que  no  realizaron  manifestación  alguna sobre la  manera  como  el  señor Rodolfo Howard adquirió la posesión, la forma como la  ha  ejercido,  ni  muchísimo  menos  manifestaron  haber  visto en el lote a la  señora  María  Auxiliadora  Brum  Brum,  de  quien  dice  el actor recibió la  posesión,  (…)  tampoco  se acreditó probatoriamente, ni con los testimonios  ni  con  prueba  documental,  el nexo jurídico existente entre el señor Darío  Yepes  y  el  Sr.  Rodolfo  Howard, con los cuales pretendía la declaratoria de  prescripción».   

     

i. Ningún  estudio  se  hizo  a  la  primera  diligencia  de  secuestro  del  inmueble el 11 de agosto de 1994, en la  cual   se   plasmó   que   el  lote  «se  encontraba  abandonado,  no estaba cercado, que el demandante no se encontraba en el predio,  que  no  se  encontró  a  persona  alguna  que  atendiera la diligencia, que se  opusiera   a   la  misma  en  calidad  de  poseedor  o  tercero  tenedor  de  la  posesión»,  de lo que se concluye que para esa fecha  ninguno de los dos lo era.     

Ni  se  percibió  que  se  llevó  a  cabo  «una  segunda medida de secuestro practicada el 14 de  mayo  de  2009 por la inspección de Policía de San Andrés en cumplimiento del  despacho   comisorio   del  Juzgado  2°  Civil  del  Circuito  de  San  Andrés  (Isla)»,  que tampoco fue atendida por persona alguna  y  que «conforme a las dos diligencias practicadas y a  lo   constatado   y  manifestado  por  los  funcionarios  que  las  realizaron»  en   esas  fechas  «no  se  encontraba  en  posesión  del demandante, ni de la Sra. María auxiliadora Brum  Brum   de   quien   conforme   a   los   hechos   de   la  demanda  devenía  su  posesión».   

     

a. Quinto cargo:    

Atribuye  al juzgador la afectación de los  artículos  762,  764,  768,  769,  770, 2512, 2521, 2522, 2527, 2531 y 2532 del  código  civil  y  «por la interpretación contraria a  su  contenido,  otorgándoles  un  alcance  probatorio  diferente  a  las normas  procesales  contenidas  en los artículos 174, 177, 187, 194 en concordancia con  los  arts.  201,  203,  205,  232,  250,  254,  304  y 407 numeral 10, del C. de  P.C.».   

El descontento radica en que:  

     

i. Cuando  se  dice  en el fallo que  «Rodolfo  Howard  ha  ejercido  la posesión sobre el  precitado  bien  por  aproximadamente  más  de veinte (20) años, alcanzando el  lapso  exigido  por  el  legislador  vigente,  cual  es  de  veinte (20) para la  posesión   irregular»  contraría  abiertamente  los  artículos   27,  67  y  2532  del  Código  Civil,  este  último  «que  indica  que  el  lapso  de tiempo necesario para adquirir por  esta  especie  de  prescripción,  es de veinte años; este sentido de la ley es  taxativo,   obvio,   exacto   y   no   habla   de   aproximaciones».     

     

i. En  el  desarrollo  del  embate  reproduce  las  mismas  apreciaciones sobre la valoración dada a la inspección  judicial,    los    testimonios    y    las   diligencias   de   secuestro   del  inmueble.     

     

i. Agrega   que  el  contrato  de  compraventa   contenido   «en  las  hojas  de  papel  documentario  8722719  y  8722720»  y  con el cual el  accionante    «manifiesta    haber   adquirido   la  posesión»,      proviene     de     «personas  que  nunca  han ostentado la calidad de propietarios, ni  de  poseedores  materiales  del bien inmueble» y en el  mismo  se  dijo  que la entrega material se daría «el  mismo  día  en  que  se firma la escritura pública que dé cumplimiento a esta  promesa,  o antes si ello fuera posible», por lo que a  la  «fecha  de  la  demanda  (Noviembre  de  2009) el  presunto  poseedor  demandante  no  había  recibido  de  manos de la promitente  vendedora    la    posesión   material   del   inmueble   alegada».     

     

a. Sexto cargo:    

Delata,  con amparo en la causal quinta, la  existencia  de  un  vicio de nulidad contemplado en el ordinal 9° del artículo  140   del   Código  de  Procedimiento  Civil,  por  una  indebida  citación  a  litisconsortes  que  debían  ser  avisados  forzosamente  de  la existencia del  pleito.   

Basa sus reparos en que:  

     

i. El 11 de junio de 2010, se enteró  al  a  quo  del  deceso  del  propietario  inscrito,  ocurrido  el  29  de abril previo, aportando el registro  civil  de  defunción  del  causante  y  los  de  nacimiento  de sus herederos e  informando  sobre el paradero de éstos, por lo que se declaró la interrupción  del trámite, en auto de 3 de septiembre de 2010.     

     

i. A pesar de que en ese proveído se  ordenó  al  promotor  cumplir  dentro  de  los  treinta  (30)  días siguientes  «con  la carga procesal, artículo 1° de la Ley 1194  de  2008», no «se le dio el  trámite  allí  establecido,  irregularidad  procesal que fue silenciada, en la  sentencias  de  primera  y  segunda  instancia, a pesar de ser un hecho notorio,  real e incontrovertible».     

     

i. Es más, en escrito de «reposición  que  negó  un  incidente  de nulidad, sin habérsele  dado  trámite  y  decisión  alguna,  anunciaba  el  hecho  de la omisión a la  citación  y  notificación  a  otros  herederos  a quienes no represento, en la  forma  y  términos  del  art.  169  del  C.  de P.C.»  violándose  el  debido  proceso  y  la legítima defensa, lo que a pesar de ser  conocido   pasó   por   alto   el   Tribunal   al   proferir   la  «sentencia   condenatoria   que   está   afectando  los  intereses  económicos   de   los   herederos   determinados   e  indeterminados  y  de  la  cónyuge».     

    

1. El principio de autonomía de las  causales  de  casación implica que los argumentos en que se sustenta la censura  estén  acordes  con  el  motivo  por  el  cual se opta, pues, a pesar de que es  viable  el  planteamiento  de  varios  embates  contra la sentencia, cada uno de  ellos  debe  estar  debidamente delineado y ser independiente en su exposición,  teniendo en cuenta las especiales particularidades que entrañan.     

Es  así  como  el artículo 51 del Decreto  2651  de  1991  contempla  que  «[n]o  son admisibles  cargos   que  por  su  contenido  sean  entre  sí  incompatibles”,  como  ocurre  cuando  se  endilgan  errores  de  hecho  y derecho  respecto  de  un  mismo  medio  de  prueba  o  se  invoca de manera coetánea la  infracción  de  normas  sustanciales por las sendas recta e indirecta, toda vez  que se repelen.   

Las  censuras  que  en  esta oportunidad se  exponen deben cumplir con los siguientes aspectos técnicos:   

     

a. Cuando se acusa la vulneración de  normas sustanciales, tiene esclarecido la Corte que     

(…)  aunque todas las especialidades del  primer  motivo  que  contempla  la  ley  para  agotar está vía extraordinaria,  coinciden  en  la  necesidad  de  individualizar  los  preceptos  atributivos  o  declarativos  de  derechos,  que  se  consideren  afectados,  su sola cita no es  suficiente  sino  que debe existir un planteamiento claro y detallado respecto a  la  forma como se produce tal infracción. Así, cuando se invoca la vía recta,  prescindiendo  de  la  comprensión  que del aspecto fáctico de la controversia  hubiera  hecho el fallador, debe señalarse si se tuvieron en cuenta fundamentos  legislativos  que  no  correspondían, si a pesar de ser los idóneos se les dio  una  hermenéutica  contraria  o  si  simplemente fueron pasados por alto. Si se  acude  a  la indirecta, debe precisarse si se han infringido normas probatorias,  explicando  su  dicho,  o,  en  su  defecto, si es producto de una equivocación  manifiesta  en  la  apreciación  de  la demanda, su contestación o determinada  prueba,   en   cuyo   caso   debe  formular  un  planteamiento  lógico  que  lo  demuestre  (AC  de  21  de  febrero  de  2012,  rad.  2008-00322).   

Si  tal infracción es en forma directa, la  Sala ha precisado que   

(…)  se  debe  partir  de la aceptación  integra  de  los  hechos tenidos por probados en la sentencia, esto es, obviando  cualquier  discusión  sobre  aspectos probatorios o la valoración y alcance de  los  medios  de  convicción  obrantes,  debiéndose limitar la formulación del  ataque  a establecer la existencia de falsos juicios sobre las normas materiales  que  gobiernan  el  caso, ya sea por falta de aplicación, al no haberlas tenido  en  cuenta;  por aplicación indebida, al incurrir en un error de selección que  deriva  en  asumirles  efectos  para  situaciones  no  contempladas; o cuando se  acierta  en  su  escogencia  pero  se  concluye  de las mismas un alcance que no  tienen,     presentándose    una    interpretación    errónea    (sentencia    de    1°    de   noviembre   de   2011,   expediente  2006-00092).   

Pero  si  la infracción es indirecta, a la  luz  del inciso segundo del numeral 1 artículo 368 del Código de Procedimiento  Civil,   se   configura   ya   sea   como   consecuencia   de   un  «error  de  derecho  por  violación de una norma probatoria, o por  error  de hecho manifiesto en la apreciación de la demanda, de su contestación  o de determinada prueba».   

En  ambas  categorías,  en  lo  que  a  la  valoración  probatoria  se  trata,  además  de  invocar el precepto sustancial  infringido,   se  requiere  una  labor  demostrativa  de  la  relevancia  de  la  equivocación,  por  haberse  proferido  una sentencia contraria a lo que arroja  una  idónea  tasación  de  los  medios  de  convencimiento,  pero  tomando  en  consideración ciertas particularidades.   

La  Corporación en ese sentido ha expuesto  que   

(…)  la  demostración  de los yerros de  apreciación   probatoria   por  cuya  causa  puede  el  sentenciador  llegar  a  transgredir  una norma de índole sustancial comprende dos fases: Una, que es la  de  la trascendencia del error, común a ambas clases de error, comporta que una  vez  establecido  el  desacierto cometido por el juzgador al apreciar la prueba,  se  demuestre  que  éste  lo llevó forzosamente a la determinación enjuiciada  como  violatoria  de  la ley. La otra, en cambio, asume diferente significación  según  sea  la  clase de error, pues al paso que en el de hecho la apreciación  cumplida  por  el  juzgador debe ser examinada teniendo como punto de referencia  la  objetividad  del  medio probatorio, en el de derecho la estimación cumplida  se  ha  de  pasar  por  el  tamiz  de  las  normas  que disciplinan la actividad  probatoria.  Sin  embargo,  vista la cuestión desde otra perspectiva, se trata,  en  ambas  clases  de error, de llevar a cabo una labor de confrontación, cuyos  pasos  deben  ser  los  siguientes:  (…)  En el error de hecho debe ponerse de  presente,  por un lado, lo que dice, o dejó de decir, la sentencia respecto del  medio  probatorio,  y,  por el otro, el texto concreto del medio, y, establecido  el  paralelo,  denotar  que  existe disparidad o divergencia entrambos y que esa  disparidad  es  evidente  (…) En el error de derecho -cuyo ineludible punto de  partida  es  la  percepción  material  u  objetiva  del  medio  por  parte  del  sentenciador-,  también  es  del  caso  llevar a cabo una comparación entre la  sentencia  y  el  medio, según se ha anticipado, más en este supuesto lo será  para  patentizar  que  conforme  a  las reglas propias de la petición, decreto,  práctica  o  apreciación  de las pruebas, el juicio del sentenciador no podía  ser  el  que,  de  hecho,  consignó. En consecuencia, si dijo que la prueba era  apta  para  demostrar  el  hecho  o  acto,  debe  hacerse notar que no lo era en  realidad;  o  si  la  desestimó  como  idónea,  debe puntualizarse que sí era  adecuada.  Todo,  con  sujeción  a  las  susodichas  normas  reguladoras  de la  actividad  probatoria  dentro del proceso, las cuales, en consecuencia, resultan  quebrantadas,  motivo  por  el  cual  y  a  fin  de  configurar  el  error, debe  denunciarse  su  violación»  (SC del 15 de septiembre  de  1993,  citada  en la del 13 de octubre de 1995, rad. 3986 y reiterada, entre  otros,   en   AC   del   13  de  enero  de  2013,  rad.  2009-00406).   

Y  en  AC  de 23 de noviembre de 2012, rad.  2006-00061-01,  en  el  que  se  cita  SC de 16 de diciembre de 2004, rad. 7459,  memoró que   

«[s]obre la apreciación de las pruebas en  conjunto  y  la  exposición  razonada  que  se le debe dar a cada una de ellas,  exigencias  impuestas  al  sentenciador  por  el  artículo  187  del Código de  Procedimiento  Civil, (…) su impugnación en casación por error de derecho no  queda  ajustada  del  todo  a  la  técnica  por  la indicación abstracta de la  violación  de  la  citada preceptiva, sino que además, es indispensable, entre  otros,  que  el  defecto  sea  en la apreciación normativa de la prueba y no se  sustente  en  deficiencia fáctica, como la preterición de la prueba, porque el  yerro  que  debe  endilgarse debió ser el de hecho y no el de derecho. Además,  es  imperativo,  por  lo  arriba  expuesto,  que  la indicación de tal yerro de  derecho,  a  pesar  de  referirse  a  falta  de  apreciación  global,  debe  ir  acompañada  de  la  determinación  o  singularización  (como  lo  exigen  los  artículos  368,  num.1,  y  374, num.3, C. de P. C.) de todas y cada una de las  pruebas,  que a juicio del recurrente no fueron objeto de apreciación conjunta;  indicación  ésta  que,  por  lo  demás,  debe  ser completa en el sentido que  abarque  la  apreciación  en  conjunto  de  todo (y no de una parte o grupo) el  acervo  probatorio  que  sostiene  el  fallo,  la  que debe ir acompañada de su  comprobación   con  la  indicación  de  los  pasajes  donde  quede  demostrada  completamente  la  falta  absoluta  de  la  mencionada integración y estimativa  global,  pues  no  apareciendo  de  esta  manera,  se mantiene la presunción de  acierto  en  esta materia, que, por lo tanto, deja invulnerable el fallo por ese  motivo’   (sentencia  número  103  de  6  de  mayo  de  1991, no publicada aun oficialmente). (…) Y  también  ha  sostenido  que,  por  cuanto  el  artículo  187  ibídem exige la  apreciación   de   los   elementos   de   certeza   en  conjunto,  ‘el desconocimiento de tal mandato por  parte    del   fallador   da   lugar   a   un   error   de   derecho’, porque en tal supuesto ‘se desconocería una prescripción de  la  ley instituida para evaluar las pruebas”, por lo que, con el propósito de  que     ese     dislate     aflore,     debe    el    impugnador    ‘demostrar  que la tarea evaluativa de  las  distintas probanzas cumplida por el sentenciador se llevó a cabo al margen  del  análisis  de  conjunto  pedido  en  el  artículo  187, o sea, poniendo de  manifiesto  cómo  la  apreciación  de  los  diversos  medios  lo fue de manera  separada  o aislada, sin buscar sus puntos de enlace o de coincidencia. Ese y no  otro  debe  ser  el  criterio  a  seguirse cuando de individualizar este tipo de  yerro  se  trata.  En  consecuencia,  si,  con prescindencia de las conclusiones  obtenidas  en el campo de los resultados de la prueba, pues es asunto que cae en  el  terreno  rigurosamente fáctico, la referida tarea valorativa se ciñó a la  norma  citada,  no será admisible la prédica del error cuando bajo el pretexto  de  su  demostración, lo que persigue es la sustitución del examen de conjunto  realizado  por  el  sentenciador por el que proponga el recurrente. Expresado de  otra  manera,  se debe tener un cuidado sumo para que el planteamiento no derive  hacia  el  aspecto  de  la  objetividad de los hechos pues en éste la cuestión  queda  ya  bajo  el  influjo  del  error  de  hecho que, como se sabe, tiene una  naturaleza     distinta     a    la    del    error    de    derecho’   (G.  J,  t.  CCVIII,  pags.151  y  152)”.   

     

a. Ya en lo que se refiere a la causal  segunda  por incongruencia, el alegato debe encaminarse a demostrar un exabrupto  palpable  entre  lo  narrado  y  exigido  en  el  libelo,  en  conjunto  con  el  comportamiento  asumido por el oponente en sus defensas, frente a lo que aparece  consignado  en  el fallo, de tal manera que aparezca de bulto que lo decidido es  ajeno al debate.     

Al   respecto  la  Sala  en  AC    de    11    de    noviembre   de   2011,   rad.   2008-00956,  indicó que   

(…)  invocada  la  inconsonancia  de  la  sentencia  recurrida,  el censor en su exposición debe explicitar e identificar  con  exactitud  dónde  está  la  desarmonía,  como  lo  advirtió  la Sala al  señalar  que  “aceptándose  que  el  cargo  está  montado  sólo  sobre  la  incongruencia,  se tiene que no fue cabalmente fundamentado, en la medida que no  muestra  el  vicio  que  le  enrostra  a la sentencia opugnada, cuestión que el  recurrente  debió  suplir cotejando el contenido objetivo del escrito incoativo  del  litigio  -pretensiones  y  hechos-  con  la  parte  dispositiva  del  fallo  censurado”  (auto  de  22 de mayo de 2008 y reiterado en el de 6 de febrero de  2009,  expediente 2003 00423 y 1999-00591) (…) Por tanto, no es suficiente con  esbozar  una falta de coherencia en lo decidido, sino que su planteamiento, para  que  sea  completo,  debe  comprender la contraposición del fallo con todos los  elementos   debatidos   al   interior  del  litigio  y  que  incidirían  en  su  proferimiento,   esto   es  la  demanda,  la  contestación  y  las  excepciones  propuestas,  al  tenor  del artículo 305 del Código de Procedimiento Civil, de  tal   manera   que   aparezca   de   bulto   una   real   desarmonía   con   el  contexto.   

     

a. El  motivo quinto de impugnación  procede  en  caso de «[h]aberse incurrido en alguna de  las  causales  de  nulidad  consagradas  en  el artículo 140, siempre que no se  hubiere saneado».     

En  ese  entendido,  su  postulación está  restringida  por  los  principios  de  taxatividad,  falta  de  convalidación e  interés,  toda  vez que no cualquier irregularidad tiene la virtud de aniquilar  el  fallo,  quedando limitado a aquellas inconsistencias que por su connotación  deben  ser  regularizadas, no se hayan superado y sean invocadas por quien es el  directo afectado, todo ello en aras del debido proceso.   

La Corte, en SC de 3 de septiembre de 2010,  rad. 2006-00429, señaló que   

Como  se  sabe,  uno de los motivos que el  legislador   tiene  establecido  para  acudir  en  casación  en  búsqueda  del  aniquilamiento  de  la  sentencia  combatida,  conforme  a  la causal quinta del  artículo  368  del  Código de Procedimiento Civil, estriba en que al asunto le  aqueje  cuando  menos  una anomalía tal que con arreglo a la misma normatividad  procesal   determine   alguna   de  las  causales  de  anulación  taxativamente  establecidas,  siempre y cuando se cumplan las condiciones allí previstas (…)  Al  respecto ha de resaltarse que el Código de Procedimiento Civil destina todo  el  capítulo  II del título XI de su libro segundo a regular la materia de las  nulidades  procesales,  el  que  está  compuesto  por normas que determinan las  causas  generadoras  de invalidez en todos los procesos y en algunos especiales,  así  como  las  que  establecen  las  oportunidades para alegarlas, la forma de  declararse  y  sus  consecuencias,  lo mismo que las eventualidades a través de  las  cuales  deviene  su  saneamiento.  Es  con  apoyo en ese concreto contenido  normativo   como   la  doctrina  jurisprudencial  tiene  decantado  que  son  la  taxatividad,  la  convalidación  y la protección o trascendencia, entre otros,  los  principios rectores que gobiernan tal materia. Conforme a la jurisprudencia  de  la  Corporación  el  primero  consiste  en  la  consagración  positiva del  criterio  taxativo,  según  el  cual  no hay irregularidad capaz de estructurar  nulidad  adjetiva  sin  ley  específica  que la establezca; el segundo consiste  ‘en que la nulidad, salvo  contadas  excepciones,  desaparece  del  proceso  por  virtud del consentimiento  expreso   o  implícito  del  litigante  perjudicado  con  el  vicio’;  y el tercero se funda ‘en  la  necesidad  de  establecer  la  nulidad  con  el  fin  de  proteger a la parte cuyo derecho le fue cercenado por  causa     de     la    irregularidad’    (G.    J.,    t.    CXLVIII,    pag.316,    1ª)”.   

    

     

a. La  censura  inicial  entremezcla  aspectos  de  la  causales  primera  y  segunda, en la medida que a la par de la  inconsonancia  del  fallo  predica  que  es  violatorio  «por  la  vía directa, de la ley procesal contenida en los artículo 304 y 305  del  C. de P.C.», los principios de justicia, igualdad  y  equidad a que se refieren los artículos 1°, 2°, 13, 58, 83, 228, 229 y 230  de  la  Constitución  Política,  «que son normas no  sólo   de   carácter   sustancial   sino  fundamentadoras  de  todo  el  orden  jurídico».     

Compendia  así  indiscriminadamente  en un  solo   cargo   yerros  in  procedendo     con     in    iudicando,  que  son  de  diferente naturaleza y por ende inconfundibles, sin  que  sea  posible  escindirlos,  independientemente  de que las normas invocadas  tengan o no la connotación sustancial que se les endilga.   

Así   lo   precisó   recientemente   la  Corporación  en  AC2958-2014  de 3 de junio de 2014, rad. 2004-00225, según el  cual en estos eventos   

Ni  siquiera  sería  posible  realizar la  labor  que permite el artículo 51 del Decreto 2651 de 1991, en relación con la  separación  de  argumentos,  la  conjunción  de  estos  o la consideración de  apartes  cuando  se  hagan  postulados incompatibles, de tal manera que se pueda  estructurar  un  cargo  independiente  de  la  forma como fue propuesto (…) Lo  anterior,  en  vista  de  que dicha labor sólo procede “cuando mediante ellas  [las  demandas  de  casación]  se  invoque  la infracción de normas de derecho  sustancial”,  sin  que se haga extensiva a las restantes causales contempladas  en  los  numerales  2  al 5 del artículo 368 del Código de Procedimiento Civil  (…)  De tal manera que de anunciarse la contravención a una norma sustancial,  cualquier  observación  que  se  aleje de tal supuesto, ya sea por problemas de  inconsonancia,  contradicción  en  la  parte  resolutiva,  haberse  hecho  más  gravosa  la  situación  del  apelante  único  o  la  existencia  de vicios que  invaliden  lo  actuado,  constituiría  un  entremezclamiento  que riñe con los  formalismos de esta vía extraordinaria.   

Y  en  AC de 10 de septiembre de 1998, rad.  7199, recalcó que   

Aquí se ha presentado un “hibridismo que  choca  con  el  elemental  postulado  de la técnica del recurso extraordinario,  conforme  al  cual  se atribuye autonomía e individualidad propia a cada una de  las  causales  de  casación,  cuyo  desconocimiento  al  formular la respectiva  demanda  es razón suficiente para desechar el cargo así propuesto” (Cas Civ.  De  17 de junio de 1975). De donde se desprende que “el recurrente no se puede  mover  indistintamente  por  todas ellas para acusar la sentencia, sino que debe  situarse  en  la  que  jurídicamente corresponda. Cada una de ellas ciertamente  obedecen  a  motivos  propios,  disímiles  por  su  especial  naturaleza,  y es  inaceptable  por  tanto  que  un  mismo  cargo se proponga dentro del ámbito de  causales  diversas”  (Cas.  Civ.  De  4  de  junio  de  1996, (…) expediente  4690).   

     

a. Las acusaciones segunda, cuarta y  quinta  son  confusas  y  proponen una mixtura inapropiada en su exposición, ya  que  a  pesar  de anunciar que se dirigen por la causal primera de casación, la  verdad  es  que  no  precisan  si  lo  hacen por la vía directa o la indirecta,  además  de  que  involucran  en sus planteamientos aspectos propios de la senda  recta  con  yerros de facto y  de  jure, que imposibilitan su  estudio, como se pasa a precisar:     

     

i. En   el   segundo  cargo  dice  simplemente  que  «con  apoyo en la causal primera de  casación  contenida  en  el  artículo  368  del C. de P. C. acuso la sentencia  recurrida   por  violación  de  normas  de  derecho  sustancial»  citando  los artículos 673, 764, 778, 2512, 2518, 2521, 2527, 2528,  2531 y 2532 del Código Civil.     

En  su  desarrollo, además de pregonar que  las   normas   aplicables   eran   los   artículos   778  y  2521  ibidem,  con  prescindencia  de  los antes  referidos   y   que  aplicó  el  ad  quem,   lo  que  sería  propio  de  la  vía  directa,  se  refiere  al  desconocimiento  de  aspectos  factuales del libelo en los que quedó fijado que  la  pertenencia pretendida era producto de la agregación de posesiones, aspecto  este  último que más bien encaja en la indebida apreciación de dicho escrito,  a lo que se contrae la indirecta por errores de hecho.   

Esto  se hace patente cuando insiste en que  en   el   «evento   sub-examine   está   claramente  evidenciado  que  en  la demanda presentada por el Sr. Rodolfo Howard Martínez,  expresamente  se  solicitó  en  el  petitum,  la  declaratoria de prescripción  extraordinaria  de  dominio  del inmueble descrito en el hecho segundo, por suma  de posesiones».   

La  Sala  en AC de 6 de junio de 2013, rad.  2009-00351-01, señaló que   

La complejidad del entramado propuesto por  la  impugnante, impide hilvanar un solo ataque en los términos del artículo 51  del  Decreto 2651 de 1991, como se pasa a precisar: No sería posible encauzarlo  por  la  vía  directa,  que  se  trata  eminentemente  de un cuestionamiento en  relación  con  las  normas  aplicadas  u  obviadas,  en  vista de que centra la  argumentación  en  aspectos fácticos que tiene por acreditados, a su criterio,  de  los  cuales  debe  estar  alejado  (…)  Tampoco  encaja  en ninguna de las  variantes  de la senda indirecta, pues, no se precisan los medios de convicción  que  fueron  indebidamente  apreciados  en  su objetividad ni que adolecieron de  defectos  en  su  producción  o estimación, de conformidad con la normatividad  sobre  el tema (…) El escrito, en los términos propuestos, no pasa de ser una  exposición  particular  de  cómo piensa la accionante que se debió desatar el  pleito,  con  una formula alterna a lo resuelto y sin que logre emerger la misma  como  la  única  solución posible al caso, que fue desatendida arbitrariamente  por el Tribunal.   

     

i. En los otros dos ataques aludidos,  se  refiere  a  errores  de hecho al tasar las pruebas recaudadas y anuncia como  vulneradas  normas  de  estirpe  demostrativa  cuya infracción es propia de los  yerros  de jure, como son los  artículos  177,  187,  194,  201,  232,  250 y 254 del estatuto procesal civil,  relacionados  con  a  quién  la  incumbe  la  carga  probatoria, la valoración  conjunta  de  los  medios  de  convicción,  los  alcances  de la confesión, la  infirmación  de  ésta,  la  limitación  de  la  eficacia  de los testimonios,  apreciación     de     los     indicios     y     valor    de    las    copias,  respectivamente.     

Plantea a continuación aspectos que en nada  se  relacionan  con  el mérito que les dio a las probanzas el sentenciador y, a  pesar  de  que se lamenta de que no se apreciaron en conjunto, plantea de manera  aislada  algunos  puntos  que,  a  su  criterio,  debilitan  las  que  no le son  favorables,   sin  que  se  cuestione  la  forma  como  se  concatenaron  en  el  pronunciamiento   ni   proponga   una   nueva  más  acorde  con  lo  que  ellas  arrojan.   

Es  así como el Tribunal tuvo en cuenta la  inspección  judicial  para  verificar  la  existencia  de  actos  de  posesión  actuales  y  la  individualización  del  predio,  mientras  que los opugnadores  cuestionan  que  de  la misma no se deduce el lapso de posesión que se tuvo por  demostrado.   

Esto  último,  que  se dedujo de la prueba  testimonial,  se  pretende  contrarrestar  con el hecho de que los deponentes se  refirieron   a   que  el  accionante  era  propietario  y  no  poseedor,  cuando  precisamente  uno de los efectos de dicha calidad frente a terceros es que se le  tenga  como  señor  y  dueño  del bien, lo que antes que debilitar refuerza el  razonamiento del juzgador.   

Las propuestas de los censores, en la forma  planteada,  no  pasan  de  ser  meras  especulaciones  que se asemejan más a un  alegato   de   instancia   que  a  la  sustentación  que  requiere  esta  senda  extraordinaria,   máxime   cuando  no  logran  estructurar  coherentemente  una  vulneración   indirecta   de   la   ley   sustancial   en  alguna  de  sus  dos  vías.   

Al  respecto esta Corporación, en AC de 29  de  marzo  y  14  de  marzo  de  2014,  rad 2007-00935 y 2000-08519-02, recordó  que   

(…) si la acusación debe ser perceptible  a  la  inteligencia,  es claro que, entre otras cosas, no puede entremezclarse o  hacerse  mixtura  de  las  causales,  porque  en  lugar  de  diafanidad, todo se  prestaría  a  confusión (…) Sobre el particular la Corte tiene explicado que  no  resulta  técnico  “denunciar un error de juzgamiento y desarrollarlo como  de  procedimiento,  o acusar errores de hecho o de derecho en la apreciación de  las  pruebas como fundamento de la violación directa de la ley sustancial, sino  que  es  necesario identificar, en primer lugar, el tipo de error en que se pudo  incurrir,  y  luego aducirse la causal o la vía que para el efecto se encuentra  legalmente  prevista’(Auto  147    de    2    de    agosto   de   2004,   expediente   04780)”.   

     

a. Los mismos tres ataques, esto es,  el  segundo,  cuarto  y quinto, lucen desenfocados e incompletos, pues, insisten  en  que el ad quem desatendió  que  los  reclamos  del demandante se contraían a la agregación de posesiones,  como  si  se  tratara de una especial forma de prescripción adquisitiva y no un  aspecto  adicional  a  tener  en  cuenta,  en  caso  de  que  la duración de la  posesión  ejercida  por el reclamante fuera insuficiente, debiéndose acudir al  examen   de   quienes   le   precedieron   y  si  entre  ellos  existe  un  nexo  causal.     

Sin  embargo, no solo se tuvieron en cuenta  en  la  sentencia  varios precedentes jurisprudenciales sobre dicha figura, sino  que  se  concluyó  que no era necesario en este caso en particular verificar si  se  daba  la  misma,  en  vista de que el promotor «ha  ejercido  la  posesión  sobre  el  precitado  bien  por aproximadamente más de  veinte  (20)  años,  alcanzando  el  lapso exigido por la legislación vigente,  cual  es,  de  veinte  (20)  para  la posesión irregular, teniendo en cuenta la  época   en   que   principió   la   posesión,   sin   necesidad  de  suma  de  posesiones».   

Ningún  esfuerzo se hace para derribar ese  razonamiento,  ni se estructura una equivocación manifiesta en el mismo, puesto  que  se  insiste  en  que debía verificarse la suma de posesiones, a como diera  lugar,  sin  importar su intrascendencia, pero sin desvirtuar que Rodolfo Howard  Martínez  hubiera  actuado  como  señor y dueño del inmueble por la duración  que verificó el Tribunal.   

Al  respecto  nada  se  logra con el examen  aislado  que  hacen los impugnantes a los medios de convicción, que ni siquiera  logran  restarle  el  peso  a  los  testimonios  en los que encuentra asidero lo  resuelto,  ya  que  se  cuestiona  el  que los deponentes se refirieran a que el  accionante  era  el propietario del predio y los actos que como tal realizó, lo  que precisamente genera su credibilidad y consistencia.   

Además,  el  que  se  señalara  que  la  connotación  que  aduce  el  usucapiente  se tiene establecida por «aproximadamente    más   de   veinte   (20)   años»,  de  ninguna  manera  denota que fuera una estimación tentativa o  que  diera lugar a duda sobre un plazo inferior, cuando lo que se resalta es que  lo  advertido  excede  el tope mínimo de las normas aplicables a este asunto en  concreto.   

Como  los conclusiones del sentenciador, en  el  sentido  de  que  el  accionante demostró todos los presupuestos necesarios  para  la  declaración  perseguida,  permanecen  incólumes,  quedan  cortos los  embates   analizados  que  se  duelen  de  la  falta  de  pronunciamiento  sobre  situaciones  accesorias  y que en nada afectarían el resultado. Concretada o no  una  sucesión  de  poseedores,  la decisión no cambiaría si el último cumple  los requisitos de rigor, tal como quedó expreso en la providencia.   

La Corporación frente a esta conjunción de  defectos   técnicos   en  un  cargo,  en  AC  de  6  de  junio  de  2013,  rad.  2007-00641-01, reiteró su improcedencia, porque   

Así lo ha estimado la Sala al precisar que  “relativo  a  todas  las causales en casación, las normas citadas [artículos  374  del  Código  de  Procedimiento  Civil  y  51  del  Decreto  2651  de 1991,  convertido  en  legislación  permanente  por  el artículo 162 de la Ley 446 de  1998]  también  exigen  formular  los  cargos  de  manera  separada,  “con la  exposición  de cada acusación en forma clara y precisa”, requisito que, como  es  natural  entenderlo,  persigue,  entre  otras cosas, identificar las razones  basilares  de la decisión, en consideración a que contra ellas se debe enfilar  el  ataque,  y  establecer si éste resulta cabal y completo (…) La Corte, por  esto,  tiene  explicado  que  dicha  exigencia  se  entronca  con la simetría o  “relación’  que  debe  existir  entre  la  “sentencia y el ataque que se le formula”, así como con  la  “plenitud”  del  mismo,  porque  si  el recurrente levanta su acusación  sobre  cuestiones  que  no  fueron pilares o que son ajenas a la decisión, esto  relevaría  el estudio de fondo (…) En el evento del embate incompleto, puesto  que  si cada uno de los varios fundamentos expuestos tiene la virtud de mantener  el  fallo  impugnado, al soslayarse uno cualquiera de ellos, los demás soportes  controvertidos  caerían  en  el vacío, así fueren infirmados, pues el otro la  seguiría    sosteniendo”   (auto   del   4   de   octubre   de   2011,   exp.  2006-00385).   

     

a. La tercera censura no contiene una  labor  comparativa  íntegra,  necesaria  para  verificar la incongruencia de lo  decidido  frente  a  lo que fue materia de discusión, por el supuesto de que no  se desataron las defensas de mérito.     

Pasan  por  alto  los  inconformes  que  el  superior   confirmó,  sin  observaciones,  lo  que  resolvió  el  a  quo  y  que  éste,  a su vez, declaró  «la  improsperidad  de  todos  los  medios exceptivos  propuestos  por  la  parte  demandada», lo que fue el  producto  de un análisis del pleito y las pruebas recaudadas, que lo llevaron a  concluir  que  «como  se  ve,  ninguno  de los medios  exceptivos  propuestos  por la parte demandada está llamado a prosperar, y así  se   declarará   en  la  parte  resolutiva  de  esta  providencia».   

Quedaron    cohesionadas   así   ambas  providencias  al  ser  coincidentes,  por  lo que el ejercicio de confrontación  exigía  tomar  a  plenitud  los  diferentes  aspectos  tratados  en ellas, para  evidenciar las falencias u omisiones que se endilgan.   

Como  la  afirmación  de  que «el  A-quo  se  limitó  a “…afirmar que por estar probados los  requisitos  de  la  acción reivindicatoria tenía que accederse a las súplicas  de  la  demanda”;  a  su  turno  el  Tribunal tampoco realizó pronunciamiento  alguno  de  las excepciones», se cae de su peso frente  a  la contundencia de las partes resolutivas de los pronunciamientos de fondo en  ambas  instancias,  el  de  primera al desecharlos y el de segunda al avalar tal  posición,  la  tarea  de  los  opugnadores  implicaba  el  escudriñamiento del  contenido   pleno   de   aquellos,   para   acreditar   la  falta  de  actividad  anunciada.   

Como  lo  precisó  la Corte en AC de 19 de  diciembre de 2013, rad. 2009-00532,   

La   incongruencia  contemplada en el  numeral  segundo  del artículo 368 del Código de Procedimiento que corresponde  a  un  error  in procedendo, se presenta “cuando el sentenciador, por un lado,  quebranta  los linderos de la controversia trazados por las partes en la demanda  y  en  su  contestación,  en  particular, cuando lo resuelto no guarda completa  armonía  con las pretensiones o con las excepciones que han sido alegadas o que  pueden  ser  reconocidas  de oficio y, por el otro, cuando se despreocupa de los  supuestos  que  integran  la  causa petendi o, dicho de otra forma, se aparta de  los  extremos  fácticos  que  delimitan  el  litigio.  (…).  Por  tanto, para  establecer  la  presencia  de  esta  irregularidad  se  hace necesario el cotejo  objetivo  entre lo pedido por el actor, el fundamento fáctico de las súplicas,  las  excepciones  aducidas  por  el  demandado  y  las  que,  sin  requerir  ser  invocadas,  resulten  probadas  en  el  proceso,  por  una parte, y el contenido  concreto   de  la  decisión  del  juzgador,  por  la  otra,  (…).’  (sentencia  de  7 de marzo de 1997,  exp.  4636)”  (Cas. Civ., sentencia de 16 de diciembre de 2005, expediente No.  1100131030271993-0232-01).  Ninguna  de esas circunstancias aplican al caso bajo  estudio  porque,  habiendo  el  Tribunal confirmado  el proveído del a quo  que  denegó  la  súplicas  incoadas, contrastado el reproche con la sentencia,  ésta  sí  contiene  una  resolución  de  todo cuanto correspondía decidir en  ella,  y  en  ese  orden  se  halló  debidamente  probado  el  medio  exceptivo  formulado.   

     

a. El último ataque, relacionado con  un  vicio de nulidad por «la omisión a la citación y  notificación  de  otros  herederos  a  quienes  no  represento,  en  la forma y  términos  del  art.  169 del C. de P.C.», no proviene  de  quien  cuente  con  un interés legítimo en el planteamiento del mismo, por  ser  sucesor  procesal  conocido del demandado que no fue oportunamente enterado  de  la  existencia del litigio o quien siendo litisconsorte necesario lo hubiera  puesto   en   conocimiento   oportunamente,   sin   que  encontrara  eco  en  el  diligenciamiento.     

De  la sola formulación se advierte que no  sólo   el   vocero   judicial   resalta   que   se   trata   de  «otros  herederos a quienes no represento»,  sino  que  ni  siquiera  los  determina,  lo  que  le  resta  cualquier  peso al  descontento  de  quienes  no solo comparecieron al trámite sino que han contado  con  todas  las  garantías  procesales y se les ha respectado la posibilidad de  contradecir.   

Si  bien  en  su  momento  los  opugnadores  promovieron  incidente de nulidad con base en el numeral cinco del artículo 140  del  Código de Procedimiento Civil, porque se continuó con el impulso luego de  ocurrida  una  causal de interrupción, la misma se concretó a que «con   la   actuación  subsiguiente  se  esté  pretermitiendo  el  trámite  procesal  respectivo, negando la oportunidad a los demandados para que  mediante  el  debido  proceso, ejerzan su derecho de defensa, de contradicción,  presentando  las  excepciones de mérito, aportando las pruebas y solicitando la  práctica  de  pruebas»,  sin  que  se refiriera a la  falta  de  convocación  a  heredero diferente a los que acudieron a hacer valer  sus derechos.   

En  ese  sentido  la  Corte  en AC de 28 de  agosto de 2013, rad. 1996-07480, precisó que   

(…) en cuanto hace a la causal quinta de  casación,   sobre  nulidades  procesales  no  saneadas,  la  jurisprudencia  ha  reconocido  una  regla  técnica  referente a la legitimación, a saber, que tal  motivo  de  casación  solo  puede  ser  alegado  por  el sujeto afectado por la  actuación  presuntamente  viciada,  ya  que  todas  las  causales de nulidad se  consagraron  precisamente  en  función  de  proteger y respetar los derechos de  tales personas.   

Lo  que ya había precisado con antelación  en  AC  de 26 de febrero de 2010, rad. 2005-00017-01,  según el cual   

(…) respecto al tema de las nulidades, el  artículo  143  de  la codificación citada, establece que “[n]o podrá alegar  la  nulidad  (…)  quien  no  la alegó como excepción previa, habiendo tenido  oportunidad   para   hacerlo”,   además  que  “[l]a  nulidad  por  indebida  representación  o  falta de notificación o emplazamiento en legal forma, sólo  podrá  alegarse  por  la  persona  afectada”  y  más  adelante  expresa  que  “[t]ampoco  podrá  alegar  las nulidades previstas en los numerales 5º a 9º  del  artículo  140,  quien  haya  actuado en el proceso después de ocurrida la  respectiva  causal  sin  proponerla”,  previendo a su vez el artículo 144 del  mismo  estatuto que “[l]a nulidad se considera saneada (…) [c]uando la parte  que  podía  alegarla  no  lo hizo” (…) Así y al confrontar lo relatado con  una  de  “las  hipótesis” señaladas por la Corte para declarar inadmisible  el  recurso,  según la cual “(…) los errores procesales aducidos no existen  o,  dado  el  caso, fueron saneados (…)” (auto de 12 de mayo de 2009), surge  sin  ambages  la ineptitud del cargo contenido en la demanda en estudio para ser  admitido a trámite.   

    

DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, en Sala de Casación Civil,   

RESUELVE  

Primero: Declarar  inadmisible  la  demanda  y,  en  consecuencia, desierto el recurso de casación  interpuesto  en  el  proceso  de  la  referencia por los sucesores procesales de  Gilberto Darío de Jesús Saldarriaga.   

Segundo: Devolver  por las Secretaría el expediente al Tribunal de origen.   

Notifíquese   

JESÚS  VALL DE RUTÉN  RUIZ   

MARGARITA   CABELLO  BLANCO   

RUTH  MARINA  DÍAZ  RUEDA   

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA  RESTREPO   

FERNANDO   GIRALDO  GUTIÉRREZ   

ARIEL    SALAZAR  RAMÍREZ   

LUIS  ARMANDO  TOLOSA  VILLABONA     

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *