AC7792-2014 [2010-00142-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  CIVIL   

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

Magistrado Ponente  

         

AC7792-2014  

Radicación    n°     08001-31-10-005-2010-00142-01   

(Aprobado en sesión de cinco de noviembre de  dos mil catorce)   

Bogotá D. C., dieciséis (16) de diciembre de  dos mil catorce (2014).   

Se   decide   a   continuación  sobre  la  admisibilidad  de  la  demanda  presentada  por  Rosario Edith Cure de Page para  sustentar  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  frente  a la  sentencia  de  31  de  enero  de  2014,  proferida por la Sala Civil-Familia del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Barranquilla, dentro del proceso  ordinario  de  impugnación  de  la  paternidad  que aquélla promovió frente a  Silvana Cure Daes.   

ANTECEDENTES  

    

1. La accionante solicita se ordene a  su  contraparte practicarse el examen de ADN con el fin de dejar por establecido  que  no  es  hija  del  causante Jaime Rafael Cure Vilaró y, consiguientemente,  hacer  declaración  en  tal  sentido  y  comunicarla  al  Notario Cuarto de esa  capital.     

   

2.-   Sustentó  su  reclamo  en  que  los  siguientes supuestos fácticos (fls. 1 a 3 del c. 1.).   

2.1.  Que  bajo  amenazas,  su hermano Jaime  Rafael  Cure  Vilaró  contrajo  nupcias  por el rito católico con Berta Sofía  Daes  López  el  7  de  septiembre  de  1971,  cumplido  lo cual tomaron rumbos  diferentes.   

2.2.  Que el Juzgado Doce Civil del Circuito  de  dicha ciudad, en providencia de 30 de julio de 1981 decidió afirmativamente  sobre  la  liquidación de la referida sociedad conyugal, asunto en el que Jaime  Rafael afirmó que jamás hizo vida en común con Berta Sofía.   

2.3.  Que  su familiar siempre fue adicto al  alcohol  y  a  sustancias  alucinógenas,  por  lo  que  permaneció recluido en  clínicas  y  en  su  casa  paterna,  hasta  que  falleció  el 10 de octubre de  2007.   

2.4.   Que  cuando regresó al país en  marzo  de  2010  con  el  fin de visitar la familia y enterarse de la situación  correspondiente  a  la sociedad Agropecuaria Vesubio Cure y Vilaró S. en C., de  la  que  es  socia  junto  con su madre y hermanos, se percató que la convocada  había  iniciado  el  proceso  de  sucesión  de  Jaime  Rafael,  con base en un  registro civil de nacimiento que no se suscribió por éste.   

2.5.  Que frente a esa situación convocó a  asamblea   extraordinaria   en   la   que   se   acordó  adelantar  demanda  de  investigación  de  la paternidad, teniendo en cuenta, fuera de lo dicho, que su  consanguíneo  no  tenía  descendencia  y que en vida éste manifestó no haber  sostenido relaciones con su esposa ni con ninguna otra mujer.   

    

1. El  Juzgado  Quinto  de Familia de  Barranquilla,  mediante  sentencia  de  15  de  julio de 2013, no accedió a las  pretensiones.     

1. Apelada  la  determinación por la  promotora,   la   Sala   Civil-Familia  del  mencionado  Tribunal  la  confirmó  íntegramente  el  31  de  enero  de  2014,  al  no  cumplirse el presupuesto de  legitimación en la causa por activa, lo que fundamentó así:     

a.-)   Que  Silvana  Cure  Daes  tiene  la  condición      de     “legitimada”,  ya  que  si  bien fue concebida antes de celebrarse el matrimonio  entre  Jaime  Rafael  y  Berta  Sofía, 7 de septiembre de 1971, nació el 25 de  febrero de 1972.   

b.-)  Que  conforme  a esa circunstancia, la  norma  aplicable  al  caso  concreto  es  el artículo 237 del Código Civil, en  concordancia  con  los  preceptos  216,  217,  219,  220, 222 y 247 ibídem.   

c.-)  Que  de  un  análisis sistemático de  tales  disposiciones,  se  deduce  que tratándose de hijos concebidos por fuera  del  matrimonio,  pero  nacidos  luego  de  celebrarse el vínculo, sólo están  legitimados para impugnar la paternidad:   

“1) El cónyuge o compañero permanente y  la  madre;  2)  El  hijo;  3)  El  presunto  padre  o  madre  biológico; 4) Los  herederos;  5) A petición de cualquier persona que tenga interés en ello, pero  sólo  respecto  del  hijo  nacido  después  de expirados los trescientos días  subsiguientes  a  la disolución del matrimonio; 6) Los ascendientes del padre o  la  madre  con  posterioridad a la muerte de estos y a más tardar dentro de los  140 días al conocimiento de la muerte”.   

d.-)  Que Rosario Edith Cure de Page y Jaime  Rafael  Cure  Vilaró  son hijos de Edith Sofía Vilaró de Cure, quien a su vez  estaba viva al momento de presentarse el libelo.   

e.-) Que ante esa situación, la última era  la  legitimada  para  impugnar  la  paternidad  de  Silvana Cure Daes, siempre y  cuando  se cumplieran los requisitos del artículo 222 del Código Civil, lo que  no  sucedió  debido  a  que  Rosario Edith no expresó que actuaba “en nombre de su madre Edith Vilaró de  Cure”,   sumado   a   lo   cual,   “por  el  solo  hecho  de  presentar  poder  con posterioridad, no se  retrotraía   el   proceso   a   la   etapa   de   presentación   del   escrito  introductor”.   

f.-)     Que    por    “sustracción     de     materia”    no  correspondía  estudiar “el  tópico  sustancial de la Litis, ni la solicitud de valoración de prueba de ADN  aludida  en  el recurso de impugnación”.   

    

1. La  vencida  interpuso  recurso de  casación,  que concedió el Tribunal, el que a su vez fue admitido por la Corte  el 19 de mayo del año en curso (fl. 7 del c. de la Corte).     

    

1. En  tiempo  hábil se presentó la  correspondiente  sustentación  de  la  impugnación  (fls. 12 a 33 ib)     

CONSIDERACIONES  

1.-  El numeral 3º del  artículo  374 del Código de Procedimiento Civil, aún vigente, consagra que el  texto   por   medio   del   cual   se  provoca  esta  vía  extraordinaria  debe  contener     “[l]a  formulación  por  separado  de los cargos contra la sentencia recurrida, con la  exposición   de   los   fundamentos   de  cada  acusación  en  forma  clara  y  precisa”, lo que conlleva  la  obligación  de  cumplir  con  los  parámetros  técnicos  que  permitan su  entendimiento,  sin  que  sea  labor  de la Corporación suplir las deficiencias  argumentativas     de     quien    la    propone,    por    ser    eminentemente  dispositiva.   

2.-    Contra  la  sentencia  del Tribunal dos cargos se formularon, ambos  sustentados en la causal primera de casación.   

2.1.  En el inicial, el  censor   estima   que   la   resolución   acusada   viola   de  manera  directa  «una   norma   jurídica  sustancial  por  interpretación errónea», por cuanto:   

2.1.1. El Tribunal dedujo  que  la  demandante  no está legitimada para incoar la acción, en razón a una  hermenéutica    sistemática    de    los    artículos   216,   217,   219   y  222   del  Código  Civil.  Empero, si se observan los  hechos  narrados  en  el  libelo  inicial,  ellos  llevan  a  determinar  que la  reclamante  sólo  tuvo conocimiento de la existencia de su contraparte en marzo  de   2010,   por   lo   que   no   le   es   exigible   “el  contenido  de  la  disposición normativa  sustento   de  la  decisión  del  Tribunal  que  limita  a  ‘cualquier        persona’ a presentar  la  demanda  de  impugnación  de  paternidad,  en  razón  al tiempo, esto, es,  después  de  expirados  los trescientos días  siguientes a la disolución  del              matrimonio”.   

Asegura el casacionista  que  no  persigue  la  inaplicación  de  ese  precepto,  sino  que  reprocha su  interpretación,  “en  la  medida  que no le será oponible la exigencia contenida en la mencionada norma a  la  señora  Rosario Cure de Page, dado que sólo hasta el mes de marzo de 2010,  tuvo  conocimiento  de  la  existencia  de  una  mujer  que  dice ser hija de su  hermana”.   

2.1.2. Además, esgrime  que  el  juzgador  de segunda instancia no contempló lo reglado en el artículo  248   del   Código   Civil,   en   el   sentido   de   que  “No  serán  oídos  contra la paternidad sino  los  que  prueben  un  interés actual en ello, y los ascendientes de quienes se  creen  con derechos, durante los 140 días desde que tuvieron conocimiento de la  paternidad”, y muy por el  contrario       reclama      una      “facultad  sobrehumana, al pretender que la demandante actuase de  forma  rígida en cuanto a los términos exigidos [siendo] menester recalcar que  una  vez  conocida la situación (marzo de 2010), se presentó la demanda (abril  de  2010),  cumpliendo  con  los términos establecidos en el artículo 11 de la  Ley    1060    de   2006   [reformatorio   del   248   ib]”.   

2.2. En el segundo ataque  se  anuncia  “la violación  indirecta  por  error  de  hecho manifiesto y trascendente en la apreciación de  una  prueba”,  el cual se  desarrolla así:   

2.2.1. Se desconoció la prueba genética de  ADN,  “de abuelabilidad”,  que  descarta  la  paternidad  en  cuestión,  al  resultar en primera medida no  concluyente y posteriormente incompatible.   

2.2.2.   La  jurisprudencia  de  la  Corte  Constitucional,  sentencias T-071 de 2012 y C-122 de 2007, requiere a los jueces  para  que “dejen a un lado los formalismos procesales  cuando   existe   de   por   medio  una  prueba  tan  contundente”.   

De  contera,  lo  acreditado con la probanza  científica  goza  de  más  peso  que lo razonado por el Tribunal en torno a la  “legitimación”.   

3.- La demanda analizada  no satisface las exigencias formales dado que   

3.1. En el primer cargo,  la        Corte        observa       ab-initio  que  no  se  cumple  con  el  requisito de citar la norma sustancial que se considera  vulnerada,  toda  vez  que  en  la  sustentación  del reproche el recurrente se  limitó a:   

3.1.2.  Indicar  que el  Tribunal    realizó    la   hermenéutica   sistemática,   “entre       otros”,  de  los  cánones  216,  217,  219  y 222 del  Código   Civil,   omitiendo   especificar   cuál   de  ese  repertorio  es  el  indebidamente glosado.   

3.1.3.  Exponer,  sin  explicitar  de  qué  precepto se trataba, que la situación fáctica de proceso  “obliga a establecer si le  es  exigible  a  la  parte recurrente, el contenido de la disposición normativa  sustento   de  la  decisión  del  Tribunal  que  limita  a  ‘cualquier        persona’ a presentar  la    demanda    de    impugnación   de   la   paternidad”.   

3.1.4   Relacionar  llanamente  el contenido del artículo 248 ibídem,  reformado  por  el  11  de  la  Ley  1060  de  2006,  sin  aducir si era o no el  infringido.    

3.1.5  Y  manifestar,  finalmente,       que       la       “interpretación  sistemática  del  Tribunal  no  es  tal porque  escapa  de  las distintas fuentes del derecho, el texto fundamental contenido en  el   artículo   228   […]   y   el   artículo   248   de   la  Ley  1060  de  2006”,  exposición  que,  evidentemente,   no   precisa   cuál  es  texto  normativo  “indebidamente  interpretado”,  y  que,  adicionalmente,  trae  a  colación  una regla constitucional que de conformidad  con   la   jurisprudencia   de   la   Corte,   no  detenta  la  connotación  de  “norma  sustancial”.   

Sobre esto último,   se  apuntó  en  auto  CSJ  AC  de  28 de agos. de 2013, Rad. 2006-00114-01, que   

“El  pluricitado artículo 374, en su numeral 3°,  inciso     1°,     establece    que    ‘[s]i   se  trata  de la causal primera, se señalarán las normas de derecho sustancial que  el     recurrente     estime    violadas’, entre las  que  no  se  encuentran  las  de carácter constitucional en la medida que ellas  ‘están llamadas a desarrollarse mediante la ley,  caso  en  el cual serán los preceptos de ésta, y no los de la Carta Política,  los  que  directamente  se  ocupen  o  hayan debido ocuparse de la problemática  decidida  en  la  sentencia  recurrida,  de  lo que se infiere que, por regla de  principio,  las  disposiciones  que  el juzgador de instancia pudo infringir son  las     legales     que     hizo     actuar,     inaplicó     o     interpretó  erróneamente’ (auto de 5  de  agosto  de 2009, Exp. 2004-00359-01, citado recientemente en proveído de 11  de  febrero  de  2013,  Exp. 1993-05281-01). Si bien el artículo 51 del Decreto  2651         de         1991        ‘eliminó la  exigencia   de   la   integración   de   la   llamada   proposición  jurídica  completa’,  ello  no  significa,  en  modo  alguno,  que  se descartó la regla ya citada que exige la  individualización  de  la  norma  sustancial  que se estime transgredida con la  sentencia   de   instancia  acusada.  Tal  disposición  desechó  la  exigencia  pretoriana   que   reclamaba  la  expresión  de  todos  los  preceptos  legales  sustanciales  que  incidieran  en  el  cargo  propuesto, lo que significa que al  menos  un  precepto  sustancial  debe  señalarse. En el asunto que se despacha,  comoquiera  que  el segundo cargo denunció la vulneración del artículo 228 de  la  Carta  Política,  debe  concluirse  que la censura no se planteó de manera  idónea,  pues  en  estrictez  no  se  indicó  una  norma legal sustancial como  infringida,      como      se      hizo      explícito      en      el     auto  inadmisorio”.   

3.1.6. Adicionalmente, se  advierte  que  en el primer reproche, pese a encaminarse por la vía directa, se  introdujeron  aspectos propios del análisis probatorio, ajenos al mismo, lo que  se  ejemplifica  al  memorar  la  demanda  en  la parte en la que se indicó que  “los  hechos  narrados en  precedencia   direccionan   afirmar   que   la   demandante  –hoy  recurrente- sólo tiene pleno conocimiento de la existencia de  la  demanda por el hecho sobreviniente de su regreso al país y la verificación  del  estado de la sociedad de la cual hace parte, esto es, en el mes de marzo de  2010.  Lo  anterior obliga a establecer si le es exigible a la parte recurrente,  el    contenido    de    la    disposición    normativa    sustento    de    la  decisión”.   

En  ese  sentido,  la  Corporación ha enseñado que   

“[C]uando el reproche  propuesto  en  casación  consiste  en  la  infracción  directa  de  las normas  sustanciales,                ‘la  dialéctica    del   impugnador   tiene   que   realizarse   necesaria y exclusivamente en torno a los textos  legales…que   considera   no   aplicados,   o   aplicados   indebidamente,   o  erróneamente  interpretados;  pero   en   todo  caso  con  absoluta  prescindencia  de  cualquier  consideración que implique discrepancia  con   el   juicio   que   el  sentenciador  haya  hecho  en  relación  con  las  pruebas’ (Cas. Civ.,  sentencia  del  20  de marzo de 1973. G.J. CXLVI, pág. 60; se subraya), aspecto  éste  último  que  constituye la esencia del quebranto indirecto, en tanto que  él   acontece,   precisamente,   cuando  el  sentenciador  se  equivoca  en  la  definición  de los hechos del litigio, en razón de la indebida ponderación de  la  demanda, de su contestación o de los medios de convicción recaudados en el  litigio”  (CSJ AC de 9 de  diciembre de 2010, Rad. 2002-00205-01).   

3.1.7.  Si en gracia de  discusión  se asumiera que la confrontación se dirigió por la vía indirecta,  la  Corte  establece  que  tampoco  reúne las exigencias mínimas de claridad y  precisión,   toda   vez   que  no  se  mencionó,  particularmente,  la  prueba  indebidamente  apreciada  y  que daría cuenta de la fecha concreta en la que se  tuvo  conocimiento  de  la  existencia  de  la demandante, y tampoco se realizó  la  labor de contraste que,  para  su acreditación, se impone al impugnante entre lo que fluye objetivamente  del  medio  de  acreditación  y  lo  que  de  este coligió o debió deducir el  juzgador.   

Respecto   de   ese  particular, la Corte ha sostenido que   

“[E]s  punto que no ofrece duda en  cuanto  toca  con  la  suficiencia  técnica  en la sustentación del recurso de  casación,  que  cuando  el  recurrente pretende la infirmación de la sentencia  impugnada  por  violación  de  la  ley  sustancial como consecuencia de errores  acontecidos  en  la  fijación  de  la  plataforma  fáctica  en  que dicho acto  jurisdiccional  se  apoya,  debe  citar  y  determinar los  medios  de  prueba que considere mal apreciados, por fuera de demostrar el error  que  se  endilga  a  la  sentencia, ‘pues como el recurso de casación no es una  tercera  instancia,  no puede la Sala renovar el estudio de todo el proceso para  resolver  sobre su mérito probatorio en general. Es necesario que el recurrente  precise  las pruebas en cuya estimación juzgue que el sentenciador incurrió en  error  de  derecho,  o  en  error  de  hecho  evidente’ (G.J. LVI, pág. 187)’ A  continuación,  añadió  que  «en  relación  con  la  violación indirecta, el  recurrente  debe determinar, en primer lugar, las pruebas que además de pesar e  influir  realmente  en  el  resultado  de  la litis, el fallador de instancia no  apreció,     o     apreció     indebidamente,…;     ‘…y…     determinar,  singularizándolas,  las  que  estime no consideradas o erróneamente apreciadas  por           el          juzgador’”  (CSJ  AC  de  3  de abr. de  2009, Rad. 2004-00941-01).   

3.2. En el segundo cargo  basta  indicar  que  el  accionante no mencionó la norma sustancial que aprecia  como  vulnerada,  a pesar del requisito contemplado puntualmente en el artículo  374  del  Código  de Procedimiento Civil: “Si  se  trata de la causal primera, se señalarán las normas de  derecho  sustancial  que  el  recurrente  estime  violadas”.   

Al  final  del  cargo,  señaló  el  casacionista que la omisión en valorar la prueba de ADN conllevó  a   que  se  desconociera  el  artículo  228  de  la  Constitución  Política,  atañedero  a  la  prevalencia  del  derecho  sustancial  sobre  las formas; sin  embargo,  como  ya se anotó en líneas anteriores, tales preceptos no tienen la  virtualidad   de   ser   asimilados   a   “norma     sustancial”.   

5.- Al no reunirse las  exigencias   de  forma  respecto  de  los  motivos  antedichos,  no  procede  su  aceptación.   

DECISIÓN   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, en Sala de Casación Civil,   

RESUELVE  

Primero: Declarar  inadmisible  la  demanda  y,  en  consecuencia, desierto el recurso de casación  interpuesto   en  el  proceso  de  la  referencia  por  Rosario  Edith  Cure  de  Page.   

Segundo: Devolver  por la Secretaría el expediente al Tribunal de origen.   

Tercero: reconocer  personería  al  abogado Mariano Canedo Londoño como apoderado de la demandante  en  los  términos  del  poder  que  obra  a  folios  10 y 11 del cuaderno de la  Corte.    

Notifíquese   

JESÚS  VALL DE RUTÉN  RUIZ   

Presidente    de  Sala   

MARGARITA   CABELLO  BLANCO   

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA  RESTREPO   

FERNANDO   GIRALDO  GUTIÉRREZ   

ARIEL    SALAZAR  RAMÍREZ   

LUIS  ARMANDO  TOLOSA  VILLABONA     

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