AC7775-2014 [2002-01169-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  CIVIL   

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

Magistrado Ponente  

AC7775-2014   

Radicación    n°  1100131100222002-01169-01   

(Aprobado  en  sesión de  veintinueve  de octubre de dos mil catorce).   

Bogotá D. C., quince (15) de diciembre de dos  mil catorce (2014).   

Se   decide   a   continuación   sobre  la  admisibilidad  de  la  demanda  presentada  por Helbert Mike Forero Fajardo para  sustentar  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  frente  a la  sentencia  de 9 de agosto de 2013, proferida por la Sala de Familia del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá, dentro del proceso ordinario del  impugnante   contra Ana Elvia Montenegro de Forero, Aracely y Sandra Milena  Forero Montenegro.    

ANTECEDENTES  

1.- El accionante pide declarar (i)  que  las  convocadas  incurrieron  en  abuso  del  derecho  al  permitir  que en el trabajo de partición rendido en la  sucesión   de   Cenón   Forero  Forero  se  incluyera  una  serie  de  pasivos  inexistentes,  aprovechándose  de  su  entonces  minoría  de  edad y estado de  indefensión;  (ii)  que las  demandadas  se  enriquecieron  sin  justa  causa, “en  forma   notoria   y   torticera”,  al  beneficiarse  personalmente  de  bienes  de la masa hereditaria y hacérselos adjudicar por un  valor      notoriamente      inferior      al      real;      y     (iii)  que  las  citadas  incurrieron  en  fraude            procesal            al           omitir           “inventariar”  propiedades del difunto  en la causa mortuoria.   

En  consecuencia  de  lo  anterior, deprecó  dejar   sin   valor   ni   efecto   el   acuerdo   que   conllevó  “la  presentación  de  los  inventarios  y avalúos fraudulentos,  realizada  por los apoderados de las partes…”, y la  “adjudicación  y  partición mencionada por lesión  al  haber dejado de percibir […] bienes por un valor de cien millones de pesos  o   la   suma   que   dentro  del  proceso  fijaren  los  peritos”,  y  se indique que tiene derecho a la reivindicación de lo dejado  de    percibir    más    su    frutos    civiles   y   la   indemnización   de  perjuicios.   

Subsidiariamente  reclama  que en virtud del  abuso  del  derecho,  el  enriquecimiento  injusto  y  el fraude procesal, se le  restituya  la  cifra  de  cien millones de pesos ($100.000.000), o la que dentro  del  juicio  fijen  los  peritos,  con  la  pertinente  corrección  monetaria e  intereses   desde   cuando  se  produjeron  los  hechos  hasta  su  cancelación  efectiva.            

2.- La causa petendi  admite  el  siguiente compendio (fls. 199 a 206 del c.  1):   

a.-)  En  el Juzgado Promiscuo de Familia de  Chocontá  cursó  la  referida  sucesión, donde fueron reconocidas la cónyuge  Ana  Elvia Forero de Montenegro, las hijas matrimoniales Araceli y Sandra Milena  Forero Montenegro y el gestor.   

b.-)  En  la  diligencia  de  inventarios  y  avalúos,  el  valor  dado  a  los bienes resultó irrisorio en relación con su  verdadero  precio, amén de que se enlistaron una serie de pasivos inexistentes,  sin adjuntar prueba que los justificara.   

c.-) La partición, fruto del acuerdo de los  apoderados   y   del   partidor,  contiene  “grandes  yerros”  que  desconocen el principio de la equidad,  toda  vez  que  la  hijuela  de  deudas correspondió a la cónyuge y sus hijas,  siendo   ello   una   disculpa  para  “disfrazar  el  verdadero  daño  que  se  le  estaba  causando”  al  accionante;  los  bienes  que  se  entregaron a la esposa se tasaron en un monto  insignificante,  ocultando  su verdadera cuantía; y lo que tocó al petente fue  “irrisorio  en  relación  con  lo  que realmente le  correspondía   en  justicia  y  en  derecho”.    

d.-) El convenio génesis de la distribución  es  producto  del  dolo  de  “las  demandadas  y  su  representante   el   abogado   y  por  parte  del  apoderado  de  la  madre  del  demandante”,   quien  no  reparó  en  “el   perjuicio   patrimonial   que   causaba   al   hijo   de  su  mandante”.   

e.-)  El  21  de agosto de 1997, el Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Cundinamarca declaró válido el “acuerdo  entre las partes y el partido sobre la forma de realizar  la  partición”, ignorando el fraude atrás descrito.   

f.-)    El   trabajo   de   “partición”   se  aprobó  el  6  de  octubre  siguiente,  sin  mencionar nada sobre el producido de los bienes del de  cujus  desde  la fecha de su  muerte, 28 de julio de 1993.   

Aracely  y  Sandra  Milena Forero Montenegro  también  replicaron  el  libelo inicial, planteando las defensas perentorias de  “inexistencia   de   lesión  enorme”,    “prescripción   de   la   acción  rescisoria”          y          “prescripción  adquisitiva de dominio”  (fls. 423 a 437).   

A su vez, en escrito aparte las dos últimas  invocaron  la  “excepción previa de caducidad de la  acción”,  desestimada en primer y segundo grado, en  razón  a  que  “su formulación no procede a través  de  la  excepción  previa,  sino  de mérito o de fondo tal como lo consagra el  artículo  1409  del Código Civil” (fls. 23 a 26 del  c. 1 del Tribunal).    

4.- El Juzgado Primero de Familia culminó la  primera  instancia  con  sentencia  en la que estimó infundadas las excepciones  esgrimidas  por  las  opositoras, declaró rescindido por lesión enorme el acto  jurídico  de  partición  de  la  sucesión  en  cuestión, ordenó rehacerlo a  efecto  de que se adjudicara a cada heredero lo que legalmente le correspondía,  y  dispuso  la  cancelación  de  la  providencia aprobatoria de la “partición”,  de la demanda, y de los  registros  de  transferencia,  gravámenes y limitaciones efectuados después de  la inscripción del libelo.   

Desde el principio de las motivaciones de su  determinación,   puntualizó   el   a-quo  que  las  pretensiones  marcadas  como primera a cuarta (abuso del  derecho,  enriquecimiento  sin  causa,  fraude  procesal  y declarar sin valor y  efecto  el  acuerdo  que  contiene  los  inventarios  y  avalúos), no son de su  competencia  según  los  artículos 5° del Decreto 2272 de 1989 y 26 de la Ley  446  de  1998.  Por  ello, se abstuvo de hacer pronunciamiento sobre las mismas,  evidenciando,  además,  que al interpretar en su contexto el pliego genitor, la  aspiración  medular  es  “la rescisión por lesión  enorme  de  la  partición”  (fls.  698 a 730 del c.  1).    

5.-  La  decisión  la apeló únicamente la  parte  demandada,  que la sustentó tempestivamente. Al descorrer el traslado de  la    alzada,    el   mandatario   del   actor   adujo   que   “no  estando prescrita la acción, resulta pertinente predicar que  en  lo  relativo a gananciales no había obstáculo para que el a-quo se hubiera  pronunciado”,  y  el  corolario  es que “sí  se  debe rehacer la partición, por lesión en lo relativo a  la  sociedad conyugal”. Agregó que el otro argumento  del  recurso  “se basa en elucubraciones respaldadas  en  una  falacia, que pretende minimizar la ostensible lesión enorme, en base a  interpretaciones  personales,  ajenas  a  la  realidad probatoria” (fl. 19 del c. 2).   

El Tribunal revocó en su integridad el fallo  de  primer  grado,  y  a  cambio  resolvió “declarar  probadas     las     excepciones    de    mérito    denominadas    ‘caducidad  de  la  acción’         y         ‘prescripción    de    la    acción  rescisoria’ propuestas por  las  accionadas”,  denegar  las súplicas del pliego  introductor  y  condenar  en  costas  al  gestor  (fls.  22  a  43  ib).   

6.-        El       ad-quem, en resumen, razonó:   

a.-)  El  artículo  1405  del Código Civil  consagra  la  nulidad  y  rescisión  de  la  partición,  el  1409 ib  establece que las acciones respectivas  prescriben  según  las  reglas  generales,  el 1954 id  prevé  que  “la  acción  rescisoria  por  lesión  enorme expira en cuatro años, contados desde la fecha  de  contrato” y el 1751 de tal codificación precisa  que  “A  los  herederos  menores empieza a correr el  cuatrienio  o  su residuo desde que hubieren llegado a edad mayor”.   

b.-) Cumple precisar que si bien el precepto  1954   aludido  indica  que  el  fenómeno  jurídico  que  opera  frente  a  la  inobservancia    del    término    allí    previsto    es    la   “prescripción”,  lo  cierto es que se  trata  de  la caducidad, tal como lo esclareció la Corte Suprema de Justicia en  su  fallo  de  23  de  septiembre  de  2002,  cuyo  aparte reza que “examinado   al   tamiz  de  las  consideraciones  precedentes  el  artículo  1954  del  Código  Civil  […]  se  tiene,  en primer lugar, que el  legislador  se  abstuvo  de  calificar  expresamente la naturaleza de ese plazo,  omisión  que además de generar cierto desconcierto, torna  imperioso para  el  intérprete  determinarla;  en  segundo lugar, que del mismo se ha predicado  inveterada  y  uniformemente, que comporta una de las condiciones de prosperidad  de  la  pretensión  rescisoria  derivada de la lesión enorme, o sea que uno de  los  requisitos esenciales de dicha acción estriba, justamente, en que la misma  debe  ejercitarse  en  el  anotado lapso […] igualmente, como más adelante se  verá,  que  ese  lapso obedece a la necesidad de dotar de certidumbre y firmeza  los  negocios jurídicos. Destacadas, pues, estas particularidades del señalado  plazo,  se  impone  inferir  que  se  trata  de un término de caducidad que, en  cuanto   tal,  fija  precisa  y  fatalmente  el  tiempo  durante  el  cual  debe  ejercitarse la acción…”.   

c.-)  Forero López adquirió la mayoría de  edad  el  4  de junio de 2002, y como la demanda se instauró el 14 de noviembre  posterior,  esta  resulta  oportuna, “como quiera que  del   cuatrienio   que   prevé   la   ley,   tan   sólo   transcurrieron  unos  meses”.   

El auto admisorio se anotó en el estado del  28  de  noviembre  de 2002, y personalmente a las convocadas el 25 de septiembre  de  2007  y  el  20 de octubre de 2008, con lo cual se sobrepasó ampliamente el  término  de  ciento  veinte  días  que consagra el artículo 90 del Código de  Procedimiento  Civil  para  que  la  radicación  del  libelo surtiera  los  efectos   de   interrumpir  la  caducidad  (más  de  cuatro  años).   Esa  circunstancia  da  lugar  a “declarar la caducidad de  la  acción,  relevándose  en  consecuencia  el  estudio  de  los demás medios  exceptivos propuestos”.    

7.-  El  Tribunal  concedió  el  recurso de  casación  interpuesto por el actor (fls. 205 a 207), admitido por la Sala el 14  de marzo de 2014 (fl. 3 del c. de la Corte).   

8.-   En   tiempo  hábil  se  radicó  la  correspondiente   sustentación   de   la   impugnación   extraordinaria   (fl.  76).   

CONSIDERACIONES  

1.-  El  numeral  3º del artículo 374 del  Código  de  Procedimiento  Civil  consagra que el escrito por medio del cual se  provoca  esta  vía debe contener “[l]a formulación  por  separado de los cargos contra la sentencia recurrida, con la exposición de  los  fundamentos  de  cada  acusación en forma clara y precisa”, derivándose  para  el censor la obligación de respetar las reglas  de  técnica  que  faciliten  la comprensión de los argumentos con que pretende  rebatir  los  sustentos  del proveído atacado. Precisamente esa característica  dispositiva  impide que las deficiencias observadas sean subsanadas directamente  y      a      iniciativa      propia     por     la     Corporación.   

Así lo tiene advertido la Sala al exigir que   

“[S]in distinción de la razón invocada,  deben  proponerse  las  censuras  mediante  un  relato hilvanado y claro, de tal  manera  que  de  su lectura emane el sentido de la inconformidad, sin que exista  cabida  para especulaciones o deficiencias que lo hagan incomprensible y deriven  en  deserción,  máxime  cuando no es labor de la Corte suplir las falencias en  que  incurran  los litigantes al plantearlos” (CSJ AC  16  agost.  2012,  Rad.  2009-00466,  reiterado CSJ AC, 12 jul. 2013, Rad.   2006-00622-01).   

2.-  Contra  la  sentencia  del ad-quem    se  proponen tres cargos.   

a.-)   En  el  inicial,  soportado  en  la  causal   primera de casación, se acusa la providencia del Tribunal por ser  violatoria  de  la  ley  sustancial,  específicamente  del  artículo  29 de la  Constitución  Política y de los principios al non bis  in ídem, preclusión y eventualidad.   

Se cimenta el ataque, básicamente, en que al  haberse  declarado  infundada  la excepción previa de caducidad por el Tribunal  mediante  auto  de 5 de mayo de 2010, “no era posible  volver    a    fallarla    como    aconteció   y   mucho   menos   en   sentido  contrario”.    

b.-)  En  el  segundo  se invoca también la  causal  primera  de casación, por vulnerar el fallo censurado el artículo 2513  del  Código Civil, “dado que exige que el que quiera  aprovecharse  de  la  prescripción  debe  alegarla,  porque  el  juez  no puede  declararla de oficio”.   

El  recurrente  apuntala  el cargo en que la  demandada  Ana  Elvia  Montenegro  de  Forero  “nunca  excepcionó    la    prescripción    como   excepción   perentoria   ni   como  dilatoria”,  y como la interrupción del plazo sólo  beneficia  al  heredero que la “ejerce”,  ello  conlleva  que  la “prescripción  interrumpida    por    uno    de    los   coherederos   no   beneficia   a   los  restantes”.        

A lo que se suma que cuando fue notificada la  mencionada   demandada,   “no  se  había  producido  ninguna clase de prescripción”.   

c.-)  En  el  tercer  reproche  propuesto al  amparo  de  la  hipótesis  prevista en el numeral segundo del artículo 368 del  Código  de  Procedimiento Civil, asegura el actor que ninguna de las peticiones  del  pliego  inicial  menciona una súplica que medianamente pudiera equipararse  con  la  intención  de  haberse  escogido el artículo 1405 de Código Civil en  “la    búsqueda    de   la   rescisión   de   la  partición”.   

Indica  que  lo  que  se  reclamó  fue  la  declaración    de    “abuso   del   derecho,   el  enriquecimiento  sin  causa  […]  y  el  fraude  procesal  que  sus  maniobras  representaron”,  pues,  en  su  sentir, “basta  con  inspeccionar  el  dictamen  pericial […] para poder  tener  en  cuenta  la  magnitud de la afrenta, que justamente permite a la parte  actora  solicitar  precisamente que se hicieran las declaraciones y condenas que  se      han      reseñado      en      varias      oportunidades”.   

Apunta,   además,   que  el  ad-quem  hizo  caso omiso del “acuerdo  inicial”,  que  es la prueba  que  permite  predicar  el  daño  causado  al  entonces  infante,  “quien  terminó  recibiendo  como  consecuencia  de tan desleable  (sic)  actitud,  una mísera porción del derecho que como hijo de Cenón Forero  le correspondía”.   

Por  último, manifiesta que en la sentencia  confutada  no  se  prestó  la menor atención a “los  hechos  de  la  demanda”, razón por la cual la misma  es  inconsonante  con  aquellos y “por añadidura con  las       pretensiones”.      

3.-  Los  cargos planteados en la demanda de  casación no cumplen las exigencias formales, por lo siguiente:   

a.-)      En     el     inicial,  no obstante acudirse a la causal  primera    que    de    forma    preceptiva    reclama   señalar   “las  normas  de  derecho  sustancial  que  el  recurrente  estime  vulneradas”   (art.  373  del  C.  de  P.  C.),  el  interesado  olvidó  citar un precepto de ese linaje,  sin que la exigencia  la   supla   la   relación   de  un  canon  constitucional,  artículo  29,  ya  que    como   lo   dijo   la   Corporación  en  oportunidades anteriores   

“[E]s  indiscutible    que    los    preceptos    de    la  Constitución Política que  consagran    derechos,    como   es   el   caso   de  aquéllos    que   establecen   las   prerrogativas  fundamentales  inherentes  a  las  personas,  ostentan,  ciertamente, naturaleza  sustancial,  en tanto que de su aplicación y eficacia  pueden    surgir,   modificarse   o   terminar   situaciones   jurídicas    específicas.    Empero   ello   no   significa  que  el  carácter  sustancial de las normas constitucionales,  particularmente   cuando   actúan  en  el  contexto  anteriormente    mencionado,    deba    conducir   necesariamente   a   que   su  invocación  en  un  cargo  en  casación     sea     suficiente     para    colegir    la    aptitud  del mismo, puesto que, por regla  general,    las    mencionadas    disposiciones   superiores   están  llamadas  a  desarrollarse  mediante  la  ley,  caso  en el cual  serán    los    preceptos    de    ésta,    y    no   los   de   la   Carta  Política,  los  que  directamente  se ocupen o hayan  debido  ocuparse  de  la  problemática  decidida en la sentencia recurrida, de  lo  que  se  infiere  que,  por  regla  de  principio,  las disposiciones que el  juzgador   de  instancia  pudo  infringir  son  las  legales  que  hizo  actuar,  inaplicó  o  interpretó  erróneamente”  (CSJ   AC   de  5 de agosto de 2009, Rad 2004-00359-01, reiterado CSJ AC de 27 de  feb.   de   2012,   Rad.   2008-00504-01).   

Ciertamente  que  la  Corte ha reconocido la  viabilidad  de  invocar los principios generales del derecho por el camino de la  causal  primera,  a  título de violación de la norma sustancial (CSJ SCC de 27  de  feb. de 2012, Rad. 2003-14027-01); pero, esa posibilidad está restringida a  “aquellos  eventos  en  los  cuales, por sí mismos,  poseen  la  idoneidad  para  crear,  modificar o extinguir relaciones jurídicas  concretas.  Por  ende,  basta con invocar una regla general de derecho -en tanto  sea la base del fallo o haya debido serlo-,  para  abrir  el  espacio  al  recurso  de  casación,  pues  los  principios   hacen   parte  del  ordenamiento  jurídico  que  el  recurso  debe  salvaguardar”  (Resaltado fuera del texto, CSJ SCC de  7 de octubre de 2009, Rad. 2003-00164-01).   

Y en el asunto que se analiza, los principios  al   non   bis  in  ídem,  preclusión  y eventualidad, anunciados puntualmente en  la  censura,  no fueron el soporte de la sentencia del Tribunal, porque en parte  alguna  se  expresaron y tampoco debieron serlo, por cuanto la excepción previa  planteada  no se decidió de fondo, al precisarse por esa Corporación que en lo  atañedero  a la  “caducidad de la acción […]  su  formulación no procede a través de la excepción previa, sino de mérito o  de    fondo   tal   como   lo   consagra   el   artículo   1409   del   Código  Civil”.    

b.-)  En  lo  relativo  al segundo cargo, la  disposición  que  se  trae  a  cuento,  el artículo 2513 del Código Civil, en  efecto  es  sustancial,  empero  trata  sobre la prescripción extintiva, y más  específicamente   acerca   de   la  necesidad  de  que  quien  de  ella  quiera  aprovecharse,  debe  alegarla,  asunto que en estrictez no fue del que se ocupó  el  ad-quem, toda vez que su  argumentación  giró  en  torno  a  la  caducidad  de la acción rescisoria por  lesión  enorme,  a  partir  de la hermenéutica que dio a los artículos 1405 y  1954 ibídem.   

No  pasa  desapercibido  que, acorde con la  jurisprudencia  de la Sala, “la violación por la que  debe  dolerse  [el  casacionista], debe recaer justamente, sobre aquellas normas  del  ordenamiento  que regulan sus derechos, facultades y poderes”  (CSJ  AC de 18 de febrero de 2004, rad. 00932-01, reiterado CSJ AC  de 2 de febrero de 2005, rad. 1998-00155-01).   

En  suma, la acusación direccionada por la  causal  primera  de  casación  obliga al recurre indicar el precepto sustancial  infringido  con  la sentencia del Tribunal, que no es cualquiera o escogido a su  arbitrio,  sino  que  tenga  íntima  relación o vínculo con lo resuelto en el  caso  objeto  del  litigio,  exigencia  que  efectivamente no se cumplió.    

c.-) Además, en los dos primeros cargos no  se  precisa  si  la  violación  de la norma sustancial es por la vía directa o  indirecta,  punto  en relación con el cual la Corte ha anotado que “…si  se  trata  de  violación  de  normas sustanciales hay que  identificar  las  que  tienen  esa  connotación” y,  además,    “precisar    cómo   se   produjo   el  quebrantamiento,  si  de  manera directa o indirecta”  (CSJ AC de 24 nov. 2010, Rad. 2008-00271-01).   

La  inadvertencia del recurrente tampoco se  superaría  procurando  la  interpretación  de  los  dos  cargos,  ya que si se  asumiera   que   el   ataque   es   por   la   “vía  directa”,  es  decir, sin consideración o con total  abstracción  de  los  hechos  del proceso, el censor introdujo, contrariando la  técnica del recurso, reproches en relación con las actuaciones.   

En efecto, en el primero dijo el recurrente  que  “la  excepción  previa denominada ‘caducidad  de  la  acción’, se resolvió por auto de fecha 14 de  mayo  de  2009  declarándose  infundada,  determinación  que  confirmó  el H.  Tribunal  Superior de Bogotá, Sala de Familia, mediante auto de fecha 5 de mayo  de  2010,  tal  y  conforme  se  reseñó, no era posible volver a fallarla como  aconteció  y  mucho  menos en sentido contrario”. En  tanto  en el otro apuntó que “en la parte resolutiva  de  la sentencia acusada, se declara probada la excepción de mérito denominada  ‘caducidad    de   la  acción’  y  ‘prescripción    de    la    acción  rescisoria’  haciéndose  hincapié  que  fueron  propuestas  por  las  accionadas,  lo cual no es cierto,  porque   la   demandada   Ana   Elvia  Montenegro  Pinzón  (De  Forero)  no  la  propuso”.   

Es más, de entenderse que las reproches van  por  la  vía  indirecta, amén de no explicitarse el error, ora de derecho o ya  de   hecho,   ausente   está   cualquier   singularización  de  las  probanzas  indebidamente  sopesadas, y su confrontación específica de lo que ellas expuso  la decisión confutada.   

d.-)  El  tercer  ataque  no  reúne  las  exigencias   mínimas  de  técnica,  por  cuanto  la  acusación  que  hace  el  recurrente,  que  normativamente  versa  sobre  un  defecto en el procedimiento,  envuelve  en  su  desarrollo  cuestionamientos  al juzgamiento, con lo  que  se  ignora  la  autonomía  de  los  motivos  de casación que propende por  garantizar  la  formulación  por separado de los cargos que impone el artículo  374 del Código de Procedimiento Civil.   

En  efecto, a pesar de que el actor esgrime  una  presunta  incongruencia  entre  lo  que  pidió  y  lo  que  finalmente  se  resolvió,   la   recriminación  que  efectúa  involucra  aspectos  propios  o  atañederos  a  la  valoración  de las probanzas, como cuando se afirma, de una  parte,  que  el Tribunal hizo caso omiso del “acuerdo  inicial”,  que  es la prueba que permite predicar el  daño  causado  al  entonces infante, “quien terminó  recibiendo  como  consecuencia  de  tan  desleable  (sic)  actitud,  una mísera  porción    del    derecho    que    como    hijo    de    Cenón    Forero   le  correspondía”,  y  del  otro,  que no se prestó la  menor    atención    a    “los   hechos   de   la  demanda”.   

Al  respecto, en reciente decisión, CSJ AC  de 22 de ene. de 2014, Rad. 2007-00175-01, expuso la Corte que   

“La acusación, contrariando la técnica  y  formas  del  recurso  de  casación,  realiza  una  indebida  combinación de  diversas  formas  de  reproche, cada una de ellas, insertas en causales también  diferentes,  pues plantea problemas probatorios relativos a la posesión, lo que  constituye  una mezcla inadmisible en tratándose de un ataque realizado en sede  del   presente   medio   extraordinario   dado  que,  también  ha  referido  la  Corporación,   ‘(…)  hibridismo  de  tal  calado conspira contra la claridad y precisión que de cada  acusación  exige  el  predicho  numeral  3°  del  artículo 374 del código de  procedimiento  civil,  pues  en  ninguno  de  los  dos  casos  podría  la Corte  emprender  su  análisis  sin  tener  de  antemano muy bien definido cuál es el  verdadero  motivo  de  inconformidad  de  las  recurrentes en lo que toca con la  forma  en  que  el  sentenciador desató esa específica zona del litigio, y mal  haría,  con obsequio a todas luces improcedente, en caminar a tientas por entre  las  causales  de  casación  en  una búsqueda semejante. (CSJ AC, 9 Nov. 2012.  Rad.               02051)’”.   

Aunado a lo anterior, la censura se limitó  a  transcribir  las  pretensiones  y  a  afirmar  que en ninguna se mencionó la  rescisión   de   la  partición,  con  lo  cual  su  formulación  se  advierte  incompleta,   pues,  dejó  de  mencionar,  desarrollar  y  confrontar  aspectos  relevantes,  como que cuando el asunto llegó a segunda instancia no fue materia  de   controversia,   es   decir,   se  tornó  pacífico,  que  el  a-quo   excluyó  un  pronunciamiento  de  fondo,   por  falta  de  competencia,  sobre  el  abuso  del  derecho,  el   enriquecimiento  sin  causa, el fraude procesal y la aspiración de declarar sin  valor  y  efecto  el acuerdo que contiene los inventarios y avalúos, por lo que  limitó el análisis a la acción rescisoria por lesión enorme.   

4.-  Consecuentemente,  al  no reunirse las  exigencias   de  forma  respecto  de  los  embates  analizados,  no  procede  su  aceptación a trámite.   

DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, en Sala de Casación Civil,   

RESUELVE  

Primero: Declarar  inadmisible  la  demanda  y,  en  consecuencia, desierto el recurso de casación  interpuesto   por   Helbert   Mike  Forero  López  dentro  del  proceso  de  la  referencia.   

Segundo: Devolver  por la Secretaría el expediente al Tribunal de origen.   

Notifíquese   

JESÚS  VALL  DE RUTÉN  RUIZ   

(Presidente    de  Sala)   

MARGARITA   CABELLO  BLANCO   

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA  RESTREPO   

FERNANDO   GIRALDO  GUTIÉRREZ   

ARIEL  SALAZAR RAMÍREZ   

LUIS  ARMANDO  TOLOSA  VILLABONA     

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