AC7879-2014 [2008-00267-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

MAGISTRADO PONENTE  

AC7879-2014  

Radicación    n°  23001-31-03-001-2008-00267-01   

(Aprobado  en  sesión  de  diecisiete  de  septiembre de dos mil catorce)   

Bogotá  D.C., dieciocho (18) de diciembre de  dos mil catorce (2014)   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la demanda presentada para sustentar el recurso extraordinario de casación,  interpuesto  por  la  parte  convocada  contra  la  sentencia proferida el 30 de  septiembre  de 2013, por la Sala Civil –       Familia       –Laboral  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Montería,  dentro del proceso de la referencia.   

I. ANTECEDENTES  

A. La pretensión  

María  del Carmen Sáenz Jaramillo, Gustavo  Enrique,  María  Nela, Merys del Carmen, Ruby Estela y Ketty del Carmen Herrera  Sáenz  demandaron  a  la Electrificadora del Caribe S.A. E.S.P., para que se le  declare  civilmente  responsable  por  los  daños  ocasionados con el deceso de  Rodrigo  Antonio  Herrera  Sáenz,  quien  falleció  a  causa  de  una descarga  eléctrica.   

Pretendieron,  como  consecuencia  de  esa  declaración,  se  condene  a la accionada al pago de los perjuicios materiales,  morales  y  en  la  vida  de  relación, por los valores indicados en el libelo,  debidamente indexadas.   

B. Los hechos  

1.  El 31 de agosto  de  2007,  en horas de la noche, Rodrigo Antonio Herrera Sáenz se movilizaba en  una  bicicleta,  por  el  camino  que  conduce  del caserío Las Claritas Besito  Volao,  corregimiento El Sabanal, municipio de Montería al caserío Parcelas de  Tequendama,  cuando  sufrió  una  descarga eléctrica que le produjo la muerte.  [Folio 3, c. 1]   

2. El accidente se  originó  por  fallas  en el servicio, debido a que las líneas de distribución  de  energía eléctrica se encuentran en mal estado, y por debajo de los niveles  de altura. [Folio 3, c. 1]   

3.   La  empresa  demandada  actuó  con negligencia y descuido en el ejercicio de la actividad de  comercialización  de  energía  eléctrica.  [Folio  4, c. 1]    

4.  El  fallecido  tenía  29  años  y cinco meses, para la fecha de su deceso, era hermano e hijo  de  los demandantes y sus ingresos los destinaba al sostenimiento de su familia.  [Folios 3 y 4, c. 1]    

5.  Los  actores  tuvieron  que  pagar  los gastos del entierro de Rodrigo Antonio Herrera Sáenz.  [Folio 4, c. 1]   

6.  El deceso de su  hermano  e  hijo,  produjo perjuicios morales por el intenso dolor y sufrimiento  que les ocasionó su repentina y trágica muerte. [Folio 4, c. 1]   

C. El trámite de las instancias  

1. El 23 de octubre  de  2008,  el  Juzgado  Primero  Civil  del  Circuito  de  Montería admitió la  demanda,  ordenó  la  notificación  y  el  traslado  de  rigor.  [Folio 46, c.  1]    

2.  La  sociedad  convocada  se  opuso  a  las  pretensiones y formuló las defensas que denominó  «rompimiento  del  nexo  causal   por   fuerza   mayor   o   caso   fortuito»  y     «la      genérica»,     las  que sustentó en que no es responsable de la muerte de Rodrigo  Antonio  Herrera Sáenz, porque el accidente se originó por las fuertes lluvias  y vientos que azotaron la región. [Folio 54, c. 1]   

3.   La  primera  instancia  concluyó  con  sentencia  de  5  de abril de 2013, que tras declarar  infundadas  las  excepciones  de mérito, acogió parcialmente las pretensiones.   

En  consecuencia,  condenó a la demandada a  pagar  $346.626.000  por perjuicios materiales, asignándole el 50% a María del  Carmen  Sáenz  Jaramillo  y  un 10% para cada uno de los restantes demandantes;  por  concepto  de perjuicios morales $44.212.500, distribuidos así: $29.475.000  para  la  citada  actora y $2.947.500 a los otros accionantes. [Folio 270, c. 1]   

4. Mediante fallo de  30  de  septiembre  de  2013,  el  Tribunal  Superior  del  distrito judicial de  Montería, confirmó el de primer grado. [Folio 36, c. 2]   

          En  sustento  de su decisión, el ad quem  adujo  que  la  accionada  no  demostró  una  causa  extraña  que  la exonerara de responsabilidad y, por el contrario, se acreditó  que  fue  poco diligente en el mantenimiento de las redes y líneas eléctricas.  [Folio 28, c. 2]   

          También  estimó  que el occiso contribuyó al sostenimiento de su  progenitora  y  de sus hermanos, con las ganancias que obtenía del trabajo como  administrador  de  una finca, y que tenía un vínculo afectivo muy estrecho con  sus familiares.   

II. LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Contiene  dos  cargos,  todos fundados en la  causal  numeral  uno  del  artículo  368  del  Código  de Procedimiento Civil.   

    

1. El primero atribuyó a la sentencia  la  violación  indirecta  de  los  artículos 1494, 1613, 1614, 1616 y 2341 del  Código  Civil,  como  consecuencia  de  errores  de  hecho,   al tener por  probado,    sin    estarlo,    que    «la   fuente  exclusiva  de  ingresos  de  los  demandantes  era  la  actividad  económica que desarrollaba el occiso Rodrigo Antonio Herrera Sáenz,  pasando  por  alto  que  dicha  actividad  era  el  producto  de la explotación  económica  de  un  cultivo familiar», supuesto en el  que fundó el reconocimiento de los perjuicios materiales.     

En desarrollo de la acusación, la recurrente  sostuvo  que  el  Tribunal no valoró de manera integral, sino de forma parcial,  los  testimonios  de  Olver de Jesús Pérez Sáenz, Fredy Manuel Quiceno Arias,  Luis Enrique Martínez Causil y Wilson Manuel Mercado Buelvas.   

El  primero  de  los  referidos  deponentes  informó     al     referirse     a     los     actores     que     «todos  dependen  del  ingreso  de  la  parcela»1,  al paso que el segundo testigo indicó  que  «el  difunto Rodrigo  fue  quien  cogió  el  mando  de su papá que también fue fallecido, cogió el  mando   de   administrar   una  parcela  que  todavía  conservan».2   

Por su parte, Luis Enrique Martínez sostuvo  que   «ellos  tienen  una  parcela  en  donde  cultivan maíz, algodón y al morir el papá él tenía como  14  años, el mayor de los hombres, porque las otras son mujeres mayores que él  y  hay  otro  hombre que es Gustavo que es menor que él, al quedar ya ellos sin  papá   el   cogió   la  rienda  de  la  parcelita  y  de  toda  la  familia  a  cultivarla»3   y  Wilson Manuel Mercado Buelvas  señaló   que  «una  vez  fallecido  el  papá  él  se  hizo  cargo  de  toda  la  parcela  y  de toda la  familia».4   

Según la impugnante con esos testimonios se  probó  que  el  difunto administró y explotó una parcela que pertenecía a la  familia,  labor  de  la  que  obtuvo  sus ingresos económicos, pero que como el  terreno      aún     lo     conservan     los     demandantes,     «podían  y  pueden  seguir  explotando  luego   de   muerte   (sic)   de  Rodrigo  Antonio».   

El   ad   quem  erró  al  concluir  que  tras  el  deceso del señor  Rodrigo  Antonio Herrera Sáenz, los actores no podrían continuar usufructuando  la    finca,    razonamiento   que   –en  opinión  del  censor- «va  en  contra  de la más elemental lógica y de la prueba obrante  en  el  proceso,  la  cual  demuestra  que  todos  los  integrantes  del extremo  convocante  son  personas  mayores  de  edad y plenamente capaces.»5    

Con  la  prueba testimonial se demostró que  los  accionantes  obtuvieron una retribución por la explotación de la finca y,  por   lo   tanto,  que  cualquiera  de  ellos  puede  seguir  desarrollando  las  actividades  agrícolas, conclusión que se reafirmó con las manifestaciones de  Ketty  del  Carmen  Herrera  Sáenz  en  el interrogatorio que absolvió, porque  admitió  que  los  ingresos  del grupo familiar eran producto del trabajo de su  hermano Rodrigo  Antonio Herrera Sáenz.   

Ese  yerro es trascendente, pues de no haber  incurrido  en  él,  el  sentenciador habría negado el reconocimiento del lucro  cesante, ante la inexistencia de un perjuicio cierto y actual.   

Reafirma esa conclusión que los testigos no  informaron  que tras el óbito de Rodrigo Antonio Herrera Sáenz, los promotores  del  proceso hayan dejado de usufructuar la finca y de percibir los ingresos que  antes obtenían.   

     

1. El  segundo  cargo  se encaminó a  denunciar  el fallo por violación indirecta de los artículos 1494, 1613 y 1414  del  Código  Civil  y  16 de la Ley 446 de 1998, por errores de hecho, al tener  por  demostrado,  sin  estarlo,  que Rodrigo Antonio Herrera Sáenz destinaba la  totalidad de sus ingresos al sostenimiento de su grupo familiar.     

Fundamentó   la  acusación  en  que  el  ad  quem  hizo una indebida  valoración  de los testimonios de Roger Darío Espitia Villalba y Freddy Manuel  Quiceno  Arias, así como de la declaración de Ketty del Carmen Herrera Sáenz,  yerro  que  lo  condujo  a  tener  como  base para calcular el lucro cesante, la  totalidad del salario del fallecido.   

    

1. Solicitó  en  consecuencia,  casar parcialmente la sentencia y, en su lugar, se revoque la  condena  correspondiente a los perjuicios materiales por lucro cesante; también  reclamó  que  de  prosperar el segundo cargo, se modificara el monto reconocido  por ese concepto. [Folio 52, c. Corte]     

III. CONSIDERACIONES  

1.  El  recurso de  casación,  dada  su  naturaleza  eminentemente dispositiva, limita la actividad  discursiva  y  juzgadora  de  la Corte al contenido y alcance del escrito que se  presente  para  sustentar  la  censura,  de  ahí  que  no esté permitido hacer  interpretaciones  que  sobrepasen  los  señalamientos  que  de  modo  expreso y  manifiesto   aduzca  el  impugnante,  ni  mucho  menos  reformar  la  acusación  planteada en forma deficiente.   

          Característica  esencial  de ese medio de defensa es su condición  extraordinaria,  en  virtud  de  la cual no todo desacuerdo con el fallo permite  adentrarse  en  su examen de fondo, sino que es necesario que se erija sobre las  causales taxativamente previstas en la ley.   

Se  ha  dicho además, que es ineludible la  obligación       de      sustentar      la      inconformidad      «mediante la introducción adecuada del  correspondiente  escrito,  respecto del cual, la parte afectada con el fallo que  se  aspira  aniquilar,  no  tiene  plena  libertad de configuración» (CSJ AC, 1° Nov 2013, Rad. 2009-00700).   

2. La admisibilidad  de  la  demanda  está sujeta a la regularidad de los elementos formativos de la  misma  y  al  cumplimiento  de  los  requisitos  de  técnica  expresados  en el  artículo  374 del Código de Procedimiento Civil, a cuyas voces a la par que es  necesaria  la  mención de las partes y de la sentencia cuestionada, se requiere  elaborar  una  síntesis  del  proceso  y  de  los hechos materia del litigio, y  formular  por  separado  los  cargos  que  se esgrimen en contra de la decisión  recurrida,  exponiéndose  los  fundamentos de cada acusación, en forma clara y  precisa, y no basados en generalidades.   

                    

3. Tratándose de  la  causal  primera,  se  deben  señalar,  en  principio, las normas de derecho  sustancial  que  el recurrente estime violadas, exigencia que, desde luego, debe  armonizarse  con  lo  establecido  en  el artículo 51 del Decreto 2651 de 1991,  adoptado  como  legislación  permanente  por  el artículo 162 de la Ley 446 de  1998,  en  el  sentido de que en tales eventos «será  suficiente   señalar   cualquiera   de   las  normas  de  esa  naturaleza  que,  constituyendo  base  esencial  del  fallo  impugnado  o habiendo debido serlo, a  juicio  del  recurrente  haya  sido  violada, sin que sea necesario integrar una  proposición jurídica completa».   

Sobre el particular ha precisado la Corte que  …en  el marco de dicho motivo casacional [la causal  primera]  es  deber  del  impugnante  precisar las normas sustanciales violadas,  cualquiera  que  sea  la  vía que haya escogido para perfilar su acusación; la  directa  o  la  indirecta, sin que, tratándose de esta última, pueda excusarse  su  señalamiento  a pretexto de la demostración de los errores de apreciación  probatoria  que  se  le  endilgan al fallo, o de la determinación de las normas  probatorias           supuestamente           quebrantadas          –  cuando  se predique la comisión de  un  yerro  de  derecho  –,  pues   si a esto último se limitare el recurrente, omitiendo la mencionada  exigencia,  quedaría  trunca  la  acusación, en la medida en que no podría la  Corte,  al  analizar  el  cargo,  establecer oficiosamente cuáles disposiciones  materiales  habrían  sido  quebrantadas  a  consecuencia  de  los yerros que se  hubieren  acreditado  (CSJ  AC,  7  Dic.  2001,  Rad.  1999-0482);  exigencia  que  se  explica  porque  la  demanda  constituye «pieza fundamental» en    el    recurso    extraordinario    de   casación,   «…que   a  manera  de  carta  de  navegación,  sujeta  a  la  Corte  en  su  tarea  de establecer si la sentencia  acusada  violó  o no, la ley sustancial» (CSJ AC, 18  Jul. 2002, Rad. 1999-0154).   

3.1.    Esta  Corporación  tiene  bien  establecido  que son normas sustanciales aquellas que  «…en  razón  de una situación fáctica concreta,  declaran,  crean, modifican o extinguen relaciones jurídicas también concretas  entre  las personas implicadas en tal situación…»,  por  lo  que  no  ostentan  esa  naturaleza  las  que  se  «limitan  a  definir  fenómenos  jurídicos  o  a  descubrir  los  elementos  de  éstos  o  a  hacer  enumeraciones  o  enunciaciones,  como  tampoco  las  tienen  las  disposiciones  ordenativas   o  reguladoras  de  la  actividad  in  procedendo».  (CSJ AC, 5 May. 2000).   

Sin  embargo,  no  basta  con  invocar  las  disposiciones  a  las  que  se  hace  referencia,  sino  que  es  preciso que el  recurrente  ponga  de  presente la manera como el sentenciador las transgredió.   

En tal sentido, si la acusación se encamina  por  la  vía  indirecta, esto es, por errores en materia probatoria, se deberá  indicar  la  forma  como  se  hizo  patente  el desconocimiento de los elementos  materiales,  es  decir,  si  la  equivocación  fue  de hecho o de derecho, y la  incidencia del supuesto desatino en la decisión cuestionada.   

3.2. Al denunciar el  yerro  fáctico,  es  necesario  identificar los medios de convicción sobre los  cuales  recayó  el equívoco del juzgador y demostrar de qué manera se generó  la  supuesta  preterición  o  cercenamiento,  lo que deberá señalar de manera  manifiesta,  de  tal  suerte  que  haga  ver que la valoración realizada por el  juzgador  resulta  absurda,  alejada  de  la  realidad del proceso o sin ninguna  justificación.   

Ha  dicho  la  Sala  que  por  mandato  del  artículo  374  del  estatuto  procesal, la carga de demostrar el error de hecho  está    asignada    exclusivamente    al   casacionista.   Sin   embargo,   esa  labor    «no  puede  reducirse  a  una  simple exposición de puntos de vista  antagónicos,  fruto  de razonamientos o lucubraciones meticulosas y detalladas,  porque  en tal evento el error dejaría de ser evidente o manifiesto conforme lo  exige   la   ley»   (CSJ  SC,  15  Jul.  2008,  Rad.  2000-00257-01; CSJ SC, 20 Mar. 2013, Rad. 1995-00037-01).   

3.3.  Requisito  adicional  de  la  imputación  es  que sea evidente y trascendente «pues  si  es irrelevante o recóndito,  de  suerte  que  para  poder  percibirlo  haya  que  escudriñar  más allá del  razonable  ejercicio valorativo que haya hecho el juez, no será posible admitir  a  trámite la casación» (CSJ AC, 14 May. 2012, Rad.  2002-00111)   

3.4.  Además,  la  censura  debe  ser integral, esto es, que controvierta todos los fundamentos del  fallo,  pues  lo  contrario  conduciría  a  que  las  bases  no  atacadas de la  decisión  la sostuvieran y, por ende, reafirmaran la presunción de legalidad y  acierto  con que viene amparada dicha providencia. En ese orden, se requiere que  exista  simetría  entre  los  razonamientos que se exponen en la impugnación y  las motivaciones sobre las cuales se soporta el veredicto.   

    

4.1.  El primero es  incompleto,  porque  el  recurrente  no debatió los argumentos que sirvieron de  sustento   al   Tribunal   para   concluir   que   los   demandantes  dependían  económicamente  del  fallecido;  para  corroborar tal aserto, se observa que la  citada  corporación  judicial  expuso varias razones, entre las que se destacan  las siguientes:   

     

i. Con las declaraciones de Olver de  Jesús  Pérez  Sáenz,  Roger  Darío Espitia Villalba, José de la Cruz Pérez  Mercado,  Fredys  Manuel  Quiceno  Arias  y  Luis  Enrique  Martínez Causil, se  acreditó  que  el  difunto  no  sólo  «contribuía  al  sostenimiento de su madre, sino también al de sus  hermanos».7     

     

i. La  sociedad  convocada  debió  desvirtuar  la  prueba  testimonial  referida;  sin  embargo,  no  demostró  que  para  su sostenimiento, los hermanos del fallecido  obtuvieron  recursos  económicos  diferentes a los que les aportaba su hermano.     

     

i. En  el  supuesto  de  que  los  familiares de la víctima no dependieran de ella, porque  obtenían  ingresos  propios  (lo  cual  no  se probó), pero recibían su ayuda  económica,  en forma periódica, tienen derecho al reconocimiento y pago de los  perjuicios,  así  se  trate  de  personas  mayores  de  edad,  conclusión  que  sustentó  en  el  fallo  dictado  por  esta  Corte,  el  28 de febrero de 2013.     

     

i. Las  utilidades  que  produjo  la  finca  familiar,  son el resultado del trabajo del  occiso,  «de los cultivos  que  éste realizaba en dicha propiedad» y  si bien «en  el  interrogatorio  de  parte  Ketty  del Carmen Herrera Sáenz reconoce que los  productos  de  la finca eran divididos entre ella y sus hermanos, también dejó  sentado  que  el  finado  era  quien  la administraba, quien hacía que la misma  produjera»8     

Si se contrastan las razones aducidas por el  ad quem, antes transcritas,  con   el   cargo   formulado,   con   facilidad   puede  advertirse  que  no  se  controvirtieron  la  totalidad  de  aquellas, lo que constituye defecto técnico  que impide admitir la censura.   

4.1.1. En efecto, el  impugnante  enrostró al sentenciador de segunda instancia unos presuntos yerros  fácticos  cometidos  respecto  de  las pruebas testimoniales de Olver de Jesús  Pérez  Sáenz,  Fredy  Manuel  Quiceno  Arias,  Luis Enirque Martínez Causil y  Wilson  Manuel  Mercado Buelvas y del interrogatorio de parte absuelto por Ketty  del  Carmen  Herrera  Sáenz,  medios  persuasivos  con los que, en opinión del  recurrente,     se     demostró     que     los     demandantes    «no  sufrieron  perjuicio  patrimonial  alguno    con    ocasión    de   la   muerte   de   Rodrigo   Antonio   Herrera  Sáenz»9.   

En  tal  sentido,  -afirma el censor- si los  ingresos  de  los  accionantes  provenían  de  la explotación económica de la  parcela,  tal  actividad  podían seguir desarrollándola, a pesar del deceso de  la víctima.   

Sin  embargo,  no  discutió  –como   era  de  rigor  hacerlo-  los  argumentos    expuestos    en   los   numerales   ii)   y   iii),   omisión       que      deja  incólume  la providencia combatida y, en pie, la presunción  de legalidad y acierto que la ampara.   

En  ese  orden,  el casacionista  no  controvirtió  la  totalidad  de  los razonamientos en que se  fundó  el  fallo,  pues  ningún  reproche  formuló  frente  al  argumento del ad  quem,    consistente  en que la sociedad accionada  no    demostró    que    los   actores   obtuvieran  ingresos  económicos  por  su  propia  cuenta,  de  ahí que ante la ausencia de  esos   medios   probatorios,  concluyó  que  era  la  víctima quien pagaba sus gastos.   

El recurrente se  limitó  a  indicar  que  tal argumento «va   en   contra   de   la   más  elemental  lógica»,    porque    los    promotores   del  proceso  son  mayores  de  edad  y  pueden  continuar  desarrollando      actividades      agrícolas      en      la      finca;  pero  además  de  plantear  esa  hipótesis, ninguna censura  presentó     frente  al  incumplimiento  de  la  carga  probatoria que, en  criterio del Tribunal, le incumbía a la demandada.   

Sobre  la  deficiencia anotada, la Corte, de  forma constante e invariable, ha sostenido que:   

(…)  dado  el  carácter  dispositivo  de  la  impugnación  y la imposibilidad que de allí se  deriva  para  completar  oficiosamente  la  acusación, iteradamente  (….)  ha  señalado que ‘por  vía  de  la  causal  primera de  casación  no  cualquier  cargo  puede recibirse, ni puede tener eficacia legal,  sino  tan sólo aquellos que impugnan directa y completamente los fundamentos de  la    sentencia   o   las   resoluciones   adoptadas   en   ésta   (CSJ  AC,  12 Mar 2008, Rad. 00271; 29 Jul 2010, Rad. 00366; 18 Dic  2012,    Rad.    2004-00511,    entre   otros)    

Adicionalmente,   el  censor  no  discutió la totalidad de las pruebas  en  las  que se fundamentó el Tribunal, para concluir  que   el  difunto  era  quien  solventaba  los  gastos  de  su  grupo  familiar,  pues    ningún    yerro   atribuyó   al  ad quem con  respecto  a la valoración de los testimonios de Roger  Darío   Espitia   Villalba  y  José  de  la  Cruz  Pérez  Mercado,  en  los  que  también  se  apoyó  la  sentencia,  y    sobre   los   cuales   se   sigue   manteniendo   el fallo.   

Frente  a  ese tópico, la jurisprudencia ha  sido enfática y reiterativa en definir que   

cuando la sentencia objeto del recurso está  lógicamente  apoyada  en  fundamentos  probatorios  múltiples,  desvirtuar  la  presunción  de  acierto  de  las  conclusiones fácticas del Tribunal supone un  ataque  panorámico,  como  lo  ha  denominado  la  Corporación,  es decir, una  impugnación  que  comprenda  todos  los  soportes  probatorios  que  fincan  la  decisión,   porque  si  ésta  es  parcial,  así  se  demuestren  los  errores  denunciados,  los  fundamentos  no  controvertidos  y  determinantes de ella, la  siguen  manteniendo  y  por  ende  el  cargo  fracasa,  porque la presunción de  acierto   continuaría   vigente.  Se  reitera,  siempre  y  cuando  ellos  sean  suficientes,  per  se, para  fundar  la  resolución  (CSJ  SC, 25 Oct. 1999, Rad.  5012)   

En consecuencia, al no dirigirse la denuncia  contra  todos  los  argumentos  y  medios probatorios en los que se sustentó el  fallo,  sino  tan solo frente a algunos de ellos, el cargo propuesto aún cuando  resultara   exitoso,   no   permitiría   desvirtuar  la  referida  providencia,  deficiencia que impone su inadmisión.   

     

                        Así,  resulta  ostensible  que por la propia naturaleza de la función jurisdiccional,  el  fallador  goza  de  plena  autonomía en la apreciación probatoria, sin que  ella  llegue  a  comportar  arbitrariedad  alguna, de  manera  que  sólo  el  yerro  manifiesto, evidente y  trascendente,  es decir, el  que  brota  a simple vista y se impone a la mente como craso, inconcebible y sin  necesidad  de  acudir a dispendiosas elucubraciones, es susceptible de apoyar la  causal  de  casación  que por esta vía daría al traste con el pronunciamiento  impugnado.   

                                            4.1.3.  Tal requisito, como resulta  fácil  advertir,  no  se  cumplió en este caso, toda  vez  que  el  análisis de la censura consistió en una mera opinión divergente  de la que se formó el Tribunal.   

En efecto, el sentenciador luego de analizar  el  testimonio  de  Olver de Jesús Pérez Sáez, Roger Darío Espitia Villalba,  José  de  la  Cruz  Pérez  Mercado,  Fredys  Manuel  Quiceno Arias   y   Luis  Enrique  Martínez  Causil,  tuvo     por    establecido    que    «toda  la  familia  del  finado Rodrigo  Antonio   Herrera   Sáenz   dependía  económicamente  de  éste»10,  pues  fue  quien  se  encargó  de  administrar  la  finca, tras el deceso de su padre.   

Precisó      además,   que  no  era  posible  acoger  la  conclusión   del   apelante   consistente  en  que  el  fallecido  no  solventaba  los  gastos  de  los  demandantes,     sino     que     repartía    las    utilidades    producidas  por  la  finca familiar, la  cual  sustentó  el  impugnante  en las manifestaciones realizadas por Ketty del  Carmen Herrera Sáenz, al absolver el interrogatorio de parte.   

Para  desechar esa afirmación, el Tribunal  sostuvo  que  no  podía  determinarse «cuál  era  el  porcentaje que producía la mencionada finca, pues  lo  que queda sentado es que las ganancias eran producto del trabajo del occiso,  y   de  los  cultivos  que  éste  realizaba  en  dicha  propiedad»11 y que en  la  referida  declaración,  la  demandante  dejó  en  claro que era gracias al  trabajo  de  su  hermano,  que  la  heredad  generó  ganancias.   

Para  refutar  tales  aserciones,  el censor  citó  algunos  breves  apartes  de  las declaraciones de Olver de Jesús Pérez  Sáenz,  Fredy  Manuel  Quiceno  Arias,  Luis  Enrique  Martínez Causil, Wilson  Manuel  Mercado  Buelvas  y  Ketty  del Carmen Herrera Sáenz, para concluir que  –en  su  opinión-  el  juzgador  no valoró esas pruebas en su integridad y que los demandantes podían  continuar  explotando la finca para su beneficio, sin que el fallecimiento de su  hermano, fuera un obstáculo a ese propósito.   

                    En tal  sentido,   era  imperativo  para  el  casacionista  acreditar  que  a  causa de yerros manifiestos y trascendentes, las consideraciones  del  Tribunal  resultaban  contraevidentes  e  insostenibles  frente a lo que se  colige  de  la  prueba  testimonial,  inferencia  que,  además,  es  la  única  alternativa  para  resolver  el  litigio,  pues  la  simple divergencia entre la  opinión   del   censor   y   el   criterio   del  ad  quem,  no  está  autorizado en la ley como motivo de  casación,  en  tanto  que  atentaría  contra  la  autonomía  del  juez  en la  valoración de los elementos de persuasión.   

Sobre el ataque que se encamina por la vía  indirecta  debido  a  la  comisión de errores de hecho, la jurisprudencia tiene  aceptado   que  «no  es  suficiente  la presentación de conclusiones empíricas distintas de aquéllas a  las  que  llegó  el  Tribunal, pues la mera divergencia conceptual –por atinada que resulte, se agrega-  no  demuestra  por sí sola error de hecho» (CSJ SC,  18 Dic. 2012, Rad. 2006-00104-01).   

En   ese   orden   de   ideas,  cualquier  razonamiento  dirigido  a  que  se vuelva a examinar la situación fáctica, por  mostrar  el  casacionista  una  simple  discordancia  frente  a  la  evaluación  crítica  del  fallador,  resulta  estéril  si  no  se  deja  al descubierto la  magnitud  y  trascendencia del desacierto que se produjo al apreciar las pruebas  en las que se sustentó la decisión.   

Luego  como  el  impugnante  planteó  una  hipótesis  diversa,  que  consideró  acorde  a  la lógica, según la cual los  demandantes  al ser mayores de edad, pueden continuar explotando la finca y, por  lo  tanto, el deceso de Rodrigo Antonio, ningún perjuicio por lucro cesante les  generó;  sin  embargo esa apreciación del recurrente no puede ser atendida por  la  Corte, pues bajo tales circunstancias, debe privilegiarse la valoración del  juzgador,  porque  la sentencia está amparada por la presunción de legalidad y  acierto,  lo  que  impone  que  sus  conclusiones  en  torno  del  examen de los  elementos  fácticos son, en principio, intocables, salvo la demostración plena  del      inocultable     yerro     apreciativo,     los     que     –se  reitera- no se demostraron por el  censor.   

     

En  efecto,  el  artículo 1494 del Código  Civil   define  las  fuentes  de  las  obligaciones,  sin consagrar derecho  subjetivo  alguno,  como  en múltiples oportunidades lo ha establecido la Corte  (CSJ  AC  4  jul 2013, Rad. 2005-00243, CSJ AC 18 dic 2012, Rad. 2003-00034, CSJ  AC   15   Dic.   2001,   Rad.   2007-00653   y   CSJ   SC   1   Jun  2007,  Rad.  2001-0331)   

Por  su  parte,  el  artículo 1613 citado,  establece  que la indemnización de perjuicios comprende el daño emergente y el  lucro  cesante,  de ahí que se trata de una norma de carácter definitorio y no  sustancial  (CSJ  AC  30  May  2011,  Rad.  1999-03339, CSJ AC 13 Mar 2008, Rad.  2000-05547, CSJ AC 2 Feb 2005, Rad. 1998-00155)   

Igual  consideración  cabe hacer frente al  artículo  1614  del  Estatuto  Civil,  que regula el daño emergente y el lucro  cesante.  (CSJ  AC  13  Mar  2008,  Rad.  2000-05547,  CSJ  AC 2 Feb. 2005, Rad.  1998-00155 y CSJ SC 29 Abr 2005, Rad. 0829-92)   

Por último el artículo 16 de la Ley 446 de  1998,      establece      que      «dentro  de  cualquier  proceso que se surta ante la Administración  de  Justicia,  la  valoración de daños irrogados a las personas y a las cosas,  atenderá  los  principio  de  reparación  integral  y equidad y observará los  criterios  técnicos  actuariales»,  disposición que  no  declara, crea, modifica o extingue una relación jurídica concreta, de ahí  que  no se haya dado cumplimiento a la parte final del numeral 3º del artículo  368 de la normatividad adjetiva.   

Esa  omisión  del  impugnante  privó a la  Corte  de  uno de los elementos indispensables para cumplir la función asignada  como  Tribunal de casación que, en el ámbito de la causal primera, consiste en  determinar  si  la  sentencia  impugnada violó o no la ley sustancial y sin que  sea  posible a esta Sala suplir, enmendar o completar la tarea del recurrente en  virtud  del  principio  dispositivo  que  campea  en  el recurso extraordinario.   

     

1. Además  de  la  deficiencia técnica que se dejó al descubierto, señaló el recurrente  que  el  juzgador  se  equivocó  al concluir que el fallecido destinaba todo su  salario   para   el  sostenimiento  de  su  familia,  yerro  que  lo  condujo  a  «tomar  como  base  para  calcular  la indemnización por lucro cesante la totalidad de los ingresos de la  víctima  cuando  ha debido restar una proporción significativa que dedicaba la  víctima   a   las   actividades  deportivas  o  de  esparcimiento».     

Sin embargo, ese reproche no guarda relación  con  los  argumentos  en  los  que  se  fundó la sentencia, en la cual se dejó  establecido  «es  preciso  dejar  sentado que el cálculo del lucro cesante, y las fórmulas aplicadas para  tal  acometido  (sic),  incluso  la forma de distribución específica del mismo  entre  los  actores  en  lo  referente  a  lucro  cesante pasado o consolidado y  futuro,   no  fue  objetado  por  la  recurrente,  por  lo  cual  se  mantendrá  incólume».12    

En  ese orden, es evidente que el impugnante  se  desvió  a  combatir argumentaciones ajenas al fallo, pues la determinación  del  valor  correspondiente al lucro cesante, no fue materia de análisis por el  ad   quem,   precisamente  porque  según  se expuso en la providencia, sobre ese aspecto, ningún reproche  formuló  en  sede de instancia el apelante, de ahí que el cargo que se analiza  resulta desenfocado.   

5.   En   tales  condiciones,  no  puede  ser admitida la demanda de casación para su estudio de  fondo,  por  falta  de  satisfacción  de los requisitos indispensables para tal  fin;  luego, se impone declarar desierto el recurso, según lo establecido en el  inciso 4° del artículo 373 del C. de P. C.   

IV. DECISIÓN  

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, en Sala de Casación Civil,   

RESUELVE:  

PRIMERO.  INADMITIR  la  demanda  presentada  para sustentar el recurso de casación formulado por la  parte  demandada  contra  de la sentencia proferida el 30 de septiembre de 2013,  por  la  Sala  Civil Familia Laboral del Tribunal Superior del Distrito Judicial  de Montería, dentro del proceso ordinario de la referencia.   

SEGUNDO.  DECLARAR  desierto  el  recurso  de  casación,  de  conformidad  con  el  inciso  4º del  artículo 373 del Código de Procedimiento Civil.   

Devuélvase  la  actuación  al  Tribunal de  origen.   

Notifíquese.  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

    

1 Folio  44, c. Corte   

2 Folio  45, c. Corte   

3 Folio  45, c. Corte   

4 Folio  45, c. Corte   

5 Folio  45, c. Corte   

6 Folio  50, c. Corte   

7 Folio  33, c. 2   

8 Folio  34, c. 2   

9 Folio  46, c. Corte   

10  Folio 32, c. 2   

11  Folio 34, c. 2   

12  Folio 31, c. 2     

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *