ATC550-2014

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    República    de  Colombia   

    

                                                          

Corte   Suprema   de  Justicia   

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

MAGISTRADA PONENTE  

                                          

ATC 550-2014  

Radicación           n°  19001-22-13-000-2013-00125-01   

(Aprobado en sesión de cinco de febrero de  dos mil catorce)   

       Sería  del  caso  entrar  a  decidir la impugnación interpuesta por el accionante contra la  sentencia  proferida  el  20  de noviembre de 2014, mediante la cual el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Popayán,  Sala  Civil-Familia,  negó la  acción  de  tutela  promovida  por  Carlos  Eduardo Ordóñez Trochez frente al  Consejo  Seccional  de  la  Judicatura del mismo distrito, si no fuera porque se  advierte  que  en  el trámite de la primera instancia se incurrió en la causal  de nulidad de falta de competencia, que invalida lo actuado.   

ANTECEDENTES  

        1. El  promotor  del  amparo  constitucional  demanda  la  protección  de sus derechos  fundamentales  al  debido  proceso, defensa, «honra y  al  buen  nombre (laboral)», presuntamente vulnerados  por  la Corporación encartada, dentro de la vigilancia judicial administrativa,  ordenada  en el juicio de restitución de inmueble arrendado promovido por Pablo  Enrique  Gama  contra  Miguel Salamanca Bahos, con fundamento en la queja que el  citado  demandante  formulara,  por  mora  en  la  práctica de la comisión que  encomendara el superior a fin de efectuar la diligencia de entrega.   

             2.-    El  Tribunal  a  quo,  una vez  surtido  el  trámite  de  rigor,  concluyó  que  la  acción de tutela resulta  improcedente,     al     advertir     la    configuración    de    «hecho  superado,  en  la  medida  en  que la causa que motivó la  presentación   de  la  acción  de  tutela  despareció,  como  quiera  que  la  Magistrada  encargada de dar trámite a la vigilancia administrativa revocó sus  propias  decisiones,  y  con  ello,  se satisfizo la pretensión contenida en la  solicitud de amparo».   

      Puntualizó,  que,  si  bien,  «las  decisiones  proferidas por la  entidad  accionada  sí  vulneraron los derechos fundamentales del accionante al  imponer  una  sanción  que  la entidad accionada tuvo la oportunidad de revisar  nuevamente  en  el  momento  en que decidió el recurso de reposición contra el  auto  del  3  de  mayo  de  2013, sin embargo al momento de proferir la presente  decisión  se  observa  que  las  decisiones  aludidas  fueron  revocadas,  y en  consecuencia  la situación de hecho que originó la violación o amenaza, ya ha  sido  superada  en  el  sentido  de que la pretensión dirigida a la defensa del  derecho conculcado esta satisfecha».   

3.  El trasunto fallo fue impugnado por  el   actor   sin   explicitar   argumento   de   discrepancia  alguno  hasta  el  momento.   

CONSIDERACIONES  

1.   Del relato expuesto, para la Sala  es   diáfano   que,   la   queja   recae   sobre   una   entidad   pública       del      orden      departamental,      circunstancia  que  implica  que  el  conocimiento  de  la  aludida  acción  de  tutela recaiga en los Juzgados del Circuito de Popayán, y no en el  Tribunal  Superior  del mismo Distrito Judicial, de conformidad con lo dispuesto  en  el   inciso 2º, del numeral 1°, del artículo 1° del Decreto 1382 de  2000,  reglamentario del Decreto 2651 de 1991, de modo que lo procedente en este  asunto  es  remitir  el  expediente a la oficina de reparto para que efectúe su  correspondiente  reasignación,  tal  como lo prevé el parágrafo del artículo  2°  ibídem.  (CSJ  ATC,  25  Abr.  y  3  Dic.  2007, Rad. 00022-01 y 00221-01,  reiterados   en   rads.  2009-00211-01,  2010-0006-01  y  2011  00172-01,  entre  otros).   

         Resulta  pertinente  precisar  que  en  este  caso no se aplica la regla 2ª del  artículo  1°  del  precitado  decreto,  según  la  cual  la acción de tutela  promovida  contra  un  funcionario  o  corporación judicial, será repartida al  respectivo  superior  funcional  del  accionado,  porque  ésta  se  predica del  ejercicio  de  su  actividad  jurisdiccional, pues en tratándose de su gestión  administrativa  queda  regulada  por  los criterios de reparto consagrados en la  regla 1ª.   

         2.  Sentadas así las cosas y en acatamiento a lo dicho en precedencia, la Corte  ha puntualizado que:   

          

Colígese,  subsecuentemente, que pese a su  trámite  breve  y  sumario,  el  recurso de amparo no es ajeno a las reglas del  debido   proceso,  entre  ellas,  desde  luego,  las  relativas  al  funcionario  preestablecido  por las normas jurídicas pertinentes, que en el caso colombiano  están  previstas en los Decretos 2591 de 1991, 306 de 1992 y 1382 de 2000; así  como en el Código de Procedimiento Civil.   

           (…)   

En tratándose de la determinación del juez  habilitado  legalmente  para  resolver  el  amparo,  la doctrina generalizada ha  caracterizado  este  cardinal  presupuesto  por  los  principios de legalidad, en cuanto la competencia debe  estar  anteladamente configurada por normas jurídicas que a la par que atienden  distintos  criterios  enderezados  a facilitar tanto el ejercicio del derecho de  acción,  como  el  de  contradicción,  pretenden  distribuir  racionalmente el  trabajo  entre  los  funcionarios  que  ejercen  la jurisdicción del Estado; de  imperatividad,  porque  no  puede  ser  derogada  por  la  voluntad  de las partes, ni pueden éstas escoger  antojadizamente  el  funcionario  al  que  corresponda  dirimir  el  asunto;  de  inmodificabilidad    o  perpetuatio  jurisdictionis, en la medida que no puede alterarse en el curso del  proceso;      de      indelegabilidad,  puesto  que  no  es  admisible  que  se  transfiera por quien la  detenta;  y  por  ser  de  orden público,  dado  que se sustenta en normas imperativas que tienen en cuenta  el interés general.   

Por  tanto,  el  juez competente es aquel a  quien  las  normas  del ordenamiento jurídico le han asignado la atribución de  conocer  del amparo. Así lo definió la misma Corte Constitucional en sentencia  C-444/95.   Es  más,  esa  Corporación  precisó  que  dicho  concepto  exige,  adicionalmente,      que      “(…)     no     se     altere     ‘la    naturaleza   de   funcionario  judicial’  y  que  no se  establezcan  jueces  o  tribunales  ad-hoc. Ello implica que es consustancial al  juez  natural  que  previamente  se definan quiénes son los jueces competentes,  que  estos  tengan  carácter institucional y que una vez asignada -debidamente-  la  competencia  para  conocer  un  caso  específico,  no  les sea revocable el  conocimiento  del  caso, salvo que se trate de modificaciones de competencias al  interior   de una institución (…)”. (Sentencia C-208/93, reiterada por  la T-058/06).   

En consecuencia, la designación del juez o  tribunal  que  haya de conocer determinado asunto, es un componente esencial del  debido  proceso  y  como  tal debe observarse con rigor y estrictez, de tal modo  que  si  el  funcionario  que  tramita  y falla un caso carece de competencia se  configura una causal de nulidad de lo actuado.   

Y  no  se diga que este aspecto procesal es  una  simple  formalidad  legal,  que  debe ceder ante la supremacía del derecho  sustancial,  pues  aunque  el  desgaste  de  la  jurisdicción  y la irreparable  pérdida  de  tiempo  del  usuario  son  situaciones  que  causan  desazón,  es  innegable   que  el  desacato  a  las  reglas  de  competencia  deslegitima  las  decisiones  judiciales  y,  a la par, lesiona caros principios constitucionales,  en  cuanto  auspicia  y  tolera  la suplantación del juez competente, verdadero  depositario  del  poder conferido por el Estado para juzgar, cuya importancia le  ha  merecido  la  protección  no  solo  de  la Carta Política sino de tratados  internacionales de los cuales es signatario nuestro país.   

Asimismo, dejó consignado en la providencia  que  viene  de  referirse  que,  la  intención del Legislador al reglamentar la  acción  de  amparo fue asignarle un … procedimiento  preferente  y  sumario de la acción de tutela, como se dijo, está regulado por  los  Decretos  2591  de  1991,  306  de  1992 y 1382 de 2000 y, por disposición  expresa  del  segundo,  en su artículo 4°, sus vacíos pueden ser suplidos por  las  normas  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  en  cuanto  no contraríen  su   naturaleza, incluidas las atinentes a las causales de nulidad procesal  y a los conflictos de competencia.   

En  efecto, el referido artículo prescribe  que  “[p]ara  la  interpretación  de  las  disposiciones sobre trámite de la  acción  de  tutela  previstas  por  el  Decreto  2591 de 1991 se aplicarán los  principios  generales del Código de Procedimiento Civil, en todo aquello en que  no sean contrarios a dicho decreto”.   

         La  jurisprudencia  constitucional reiteradamente ha subrayado la importancia de  este  mandato  y  ha puntualizado que “los vacíos del procedimiento de tutela  se  llenan  con  el  Código  de  Procedimiento Civil.”, en ese sentido, entre  otras,   en   la   sentencia   T-450/93  (CSJ ATC, 7 Sep. 2009, Rad. 2009-00021-01).   

DECISIÓN  

        1.  Declarar  la  nulidad de toda la actuación en la  presente  acción  de  tutela,  a partir del auto admisorio, sin perjuicio de la  validez  y  eficacia  de  las pruebas aportadas, en los términos del inciso 1°  del artículo 146 del Código de P. Civil.   

       2. Disponer  que  por  Secretaría  se  remita  el  expediente a la oficina de reparto de los  Juzgados del Circuito o con categoría de tales de Popayán.   

         3.  Comunicar  esta  decisión  a  los  interesados  y al Tribunal Constitucional de  origen,  en  la  forma  prescrita  por  el  artículo  16  del  Decreto  2591 de  1991.   

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DIAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ANTONIO TOLOSA VILLABONA  

    

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