SC12076-2014 [2009-00298-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE  SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA    DE   CASACIÓN  CIVIL   

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

Magistrado Ponente  

SC12076-2014   

Radicación    n°  4100131030042009-00298-01   

(Aprobado  en  sesión  de  3  de  junio  de  2014)   

Bogotá  D. C., ocho (8) de septiembre de dos  mil catorce (2014).   

La  Corte  decide  el  recurso  de casación  interpuesto  por  Elisa Murcia de Molina frente a la sentencia de 27 de abril de  2012,  proferida  por  la  Sala Civil-Familia del Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Neiva  dentro  del  proceso  ordinario agrario de pertenencia, que  promovió  contra  Álvaro Ávila Gordillo, la sociedad Ávila Gordillo Hermanos  y Cía. S. en C. -en liquidación- y las personas indeterminadas.   

I.-  EL LITIGIO  

                     

1.- La actora pide declarar que adquirió por  prescripción  extraordinaria,  “mediante la suma de  posesiones  de  sus  antecesores”, el dominio de los  predios  “El Burral”  (52  ha.) y lotes “A     4”    (27    ha.)    y    “A  5” (27 ha.) del “Globo de  terreno   La   Argentina”,  ubicados  en  el  paraje  “El   Albadán”   del  municipio  de  Rivera,  Huila,  y delimitados por los linderos consignados en el  libelo.  En  consecuencia,  reclama  ordenar  la  inscripción  del  fallo en la  oficina  de Registro de Instrumentos Públicos respectiva (fls. 85 a 88 y 99 del  c. 1).   

2.-     La     causa     petendi  se  sintetiza  así (fls. 88 a 91  ibídem):   

a.-)  Que  la posesión que ejerce sobre los  inmuebles  comenzó el 29 de marzo de 2001, fecha en la que celebró respecto de  estos  un  contrato  de  promesa  de  permuta  o  compraventa con Álvaro Ávila  Gordillo  y  la  sociedad Ávila Gordillo Hermanos y Cía. S. en C., quienes ese  día,  voluntariamente,  como promitentes vendedores, le entregaron el señorío  con   “todas   las  connotaciones  y  prerrogativas  otorgadas  a  quien  detenta  un  bien  materialmente  con  ánimo  de  señor y  dueño”.    

b.-)  Que  con resultados negativos demandó  por  las  vías  ordinaria y ejecutiva el cumplimiento de ese negocio jurídico,  animada  en  aquellos  casos  y en este por idéntico presupuesto: ser poseedora  material de los bienes.   

c.-)  Que  al momento de presentación de la  demanda,  su  “posesión”  ajustó  ocho  años  y ocho meses, tiempo en el que, Fernando Molina Muñoz, su  cónyuge,  a  nombre de ella los ha administrado de manera pública, pacífica y  sin  reconocer  dominio ajeno, realizando actos como pagar servicios públicos e  impuestos, sembrar cultivos y edificar una casa, entre otros.   

d.-)  Que  para  ganar  por  usucapión  la  propiedad       de       los       fundos,      agrega      la      “posesión”     que    “junto  con  el dominio” detentaron sus  antecesores, así:   

1°)  La de Ávila Gordillo Hermanos y Cía.  S.  en  C.  sobre el predio “El Burral”,   que   esta  adquirió  mediante  compra  hecha  a  Fabio  Losada  Montenegro,  incorporada en la escritura pública n° 3534 de 2 de septiembre de  1989 de la Notaría Segunda del Círculo de Neiva.   

2°)   La de Álvaro Ávila Gordillo en  los   lotes   “A-4”  y  “A-5”. En el primero, la  consiguió  por compra efectuada el 19 de abril de 1994 a Losada Montenegro, que  a  su  vez  la  ganó  en  sentencia de 29 de agosto de 1984 del Juzgado Primero  Civil  del Circuito de la capital del Huila; y en el segundo, la obtuvo el 29 de  diciembre  de 1995, a través de negociación materializada con los herederos de  la causante Esperanza Lozada Montenegro.   

3.-  Notificadas de la admisión del libelo,  las accionadas se pronunciaron de esta forma:   

a.-)  La  sociedad  y  Ávila  Gordillo  se  opusieron  a  la  prosperidad de las pretensiones y adujeron en su defensa   la  “nulidad  absoluta del contrato y sus eventuales  ratificaciones”     y     la     “ineficacia   o   invalidez   del   contrato  de  permuta” (fls. 168 a 173).   

b.-)     El    curador    ad-litem  de  las  personas indeterminadas  manifestó  atenerse  a  lo  que resulte probado  en el proceso (fls. 184 y  185).   

4.-  Agotada  la  instrucción,  la  primera  instancia  culminó  con  el  fallo  de  16 de enero de 2012, que desestimó las  defensas   propuestas,  declaró  que  pertenecen  a  la  reclamante  el  predio  “El  Burral” y los lotes  “A  4”  y  “A  5” y dispuso la inscripción de la  decisión (fls. 374 a 389).   

5.-   Apelado  por la parte vencida, el  Tribunal  lo  revocó  y, a cambio, negó la usucapión pretendida (fls. 50 a 68  del c. 4).   

II.-     FUNDAMENTOS    DEL    FALLO  IMPUGNADO   

Son, en síntesis, los que a continuación se  relacionan:   

1.-       Los      “presupuestos  fácticos” del presente  caso  imposibilitan  agregar la posesión de los propietarios demandados a la de  la demandante.   

2.- Entre los modos de adquirir el dominio de  los  bienes  está  la  prescripción,  reglada en el artículo 2518 del Código  Civil,  del  que  se  infiere  que procede por el cumplimiento de los siguientes  requisitos:  que  el  objeto  sea  prescriptible;  que el usucapiente detente el  señorío  material  del  mismo; y que este se haya ejercido ininterrumpidamente  por  veinte  años  (artículo 2532 ibídem).   

3.-  Si  no  se  ha  completado  el término  mínimo  exigido  en  la ley, y su antecesor ejecutó actos posesorios, se puede  acudir    a    la    figura    de   la   “suma   de  posesiones”  prevista  en  los artículos 778 y 2521  ib, siempre que concurran los  requisitos que emanan del ordenamiento.   

4.- En pos de resolver el problema jurídico  planteado,  preciso  es  acudir  a  la sentencia CSJ SC, 5 de jul. de 2007, Rad.  1998-  00358-01,  en  la  que  la  Corte varió su jurisprudencia respecto de la  solemnidad   exigida  para  los  títulos  con  que  se  pretende  acreditar  la  “suma       de       posesiones”.   

De  la  cita  parcial  de la providencia, se  deduce  que una de las razones que permitieron variar el criterio hasta entonces  vigente,  radicó  en  la  imposibilidad de hacer extensivos aspectos jurídicos  propios  del  derecho  de dominio a una situación de facto como es la posesión  material.  Y  es  que  si  uno y otra ofrecen marcadas diferencias, por lo mismo  exigen   tratamiento   especial   e   impiden  aplicar  conceptos  que  les  son  “inanes”.   

5.-  La  posesión  material se contrae a un  simple  poder  de facto endeble, pasible de ser atacado por uno superior, que le  puede  exterminar  con  el  ejercicio de las acciones reales consagradas para su  protección.        Por        el        contrario,        la       “posesión”    del    dómine    es  “un  poder  jurídico  derivado  de  un  estatus que  protege  a  ultranza  el ordenamiento normativo”, que  únicamente  perece  en  la  medida  que haya desidia en su ejercicio por cierto  periodo;  esto  es,  que  mientras  que  continúe vigente, es imposible que sea  “minimizado,  discutido  o  infrapuesto  por  uno de  mayor  jerarquía  al  no existir uno que lo mejore”.   

6.-   Así   las   cosas,  “la   posesión   del   propietario”   se  transmite   dispositivamente   si   con   ella   se   transfiere  la  propiedad,  “ya que a esta posesión únicamente le es aplicable  el  sistema  del que es parte y no es posible hacerle extensible figuras como la  suma  de  posesiones  de  la  cual  solamente  se  pueden beneficiar los simples  poseedores de facto”.   

7.-  Es  tan  marcada la disimilitud, que al  poseedor  regular  se le prohíbe añadir el señorío del propietario del bien,  pese  a  que  este  le  hizo  entrega  del mismo. En tal evento la ley autoriza,  llanamente, la mengua del término prescriptivo.   

8.-  La  relación correlativa que surge del  fenómeno  prescriptivo  entre  poseedor  y propietario y que permite al primero  hacerse  a  la  condición  del  segundo,  aplica  en la medida en la que aquél  discuta  la  calidad  de dueño y las prerrogativas que ese derecho real otorga.  De  ahí  que  “si  la intención del demandante era  desconocer  el  derecho  de dominio que le asistía al demandado, no puede ahora  beneficiarse   de   algo   que   no  reconoce,  como  lo  es  la  posesión  del  propietario”.   

9.-  Como resultado de lo expuesto, se tiene  que   es   un   “imposible  jurídico”,   que  a  la  posesión  de  la  demandante  se  sume  la  de  los  propietarios  convocados,  debiéndose  entonces  considerar que Elisa Murcia de  Molina   principió   la   suya   el   29   de   marzo   de  2001,  “como  así  lo  estimó en el libelo introductorio”,  por  lo  que  para  la fecha de presentación de la demanda, 4 de  diciembre  de  2009,  no  cumplió los veinte años requeridos para adquirir los  inmuebles por prescripción extraordinaria.   

III.- LA DEMANDA DE CASACIÓN  

ÚNICO CARGO  

Con apoyo en la causal primera de casación,  acusa  el  fallo  de violar directamente los artículos 762, 764, 770, 775, 778,  2512, 2518, 2521 y 2531 del Código Civil.   

Sustenta el ataque, así:  

1.-   La decisión censurada es breve y  concisa,  pues,  sin  poner  en  duda el señorío en sí, su fundamento es todo  jurídico,   al   sostener  que  “la  posesión  del  propietario  es inhábil para la suma de posesiones”,  todo  porque  las  únicas  que pueden añadirse “son  las  de  los poseedores de facto”. Ese es un criterio  equivocado.   

2.- El prescribiente cuenta con su posesión  y  la  de  los antecesores, bastándole demostrar que ellas están perfectamente  articuladas,  sin  solución de continuidad. La sucesión de posesiones se opone  a   lo   discontinuo,   según   los   artículos   778   y   2521  ibídem.   

3.- Los conectores de las diversas posesiones  deben  ser  jurídicos, valga anotar, que la relación existente entre sucesores  tenga  expresividad  jurídica  y  no  meramente  material.  En consecuencia, el  encadenamiento  está dado por un título, “universal  o  singular”,  entendido  como  fuente generadora de  derechos  y obligaciones, por lo que las posesiones que se van a unir han de ser  consentidas  y autorizadas con el respectivo antecesor, precisándose que cuando  se  trata  de la mortis causa,  la  ley  supone  la  aquiescencia  del  causante  a  favor  de  quienes  son sus  herederos.   

4.-  Por  largo tiempo se entendió, dada la  naturaleza     de     los     bienes     raíces,     que     el    “ascenso”  del  antecesor  no  podía  hallarse  en  otra  parte  que  en  la  respectiva  escritura  pública,  lo que  equivalía  a  decir  que  la  agregación  de  posesiones  exigía “poseedores     regulares    sin    justificación    clara    del  todo”.   La  Corte  examinó  el  punto  en  su  sentencia  de  5 de julio de 2007 y concluyó que era una exigencia demás, toda  vez  que  bastaba  un nexo jurídico entre los diversos poseedores, expresivo de  un  convenio,  que  debe  denotar  inequívocamente  que  por  ser  un señorío  acordado, el reclamante no es un ladrón ni usurpador del mismo.   

5.-   El   Tribunal   no   desconoce   la  determinación  en  comento;  por el contrario, se sustenta en ella para indicar  que  la  posesión  del  propietario  no puede tenerse en cuenta para la suma de  posesiones.  Empero,  esa  es  una  cosa  que  no se sabe de dónde toma causa u  origen,  al no estar en la ley y tampoco en la jurisprudencia, habida cuenta que  el  genuino  entendimiento  de la nueva posición de la Sala es que el rigor con  que  antes  se  miraba  al  poseedor  que reclamaba la suma de señoríos, no se  compadece con la regulación jurídica de la materia.   

6.-   Al  poseedor  le  basta  un  título  cualquiera,  documentado  o  no,  con tal de que justifique un convenio, que dé  testimonio  de  por  qué  está  allí  donde se encuentra. Por lo tanto, si el  usucapiente  “por  haberlo  negociado con el dueño,  escritura  pública  tiene  y  exhibe, tanto mejor. ¿Cómo podría perjudicarlo  eso  solo? Habrá que convenirse, …, en que si lo menos le viene bien, lo más  le  vendrá  como  molde.   Hasta un poseedor con mero negocio verbal puede  empalmar posesiones”.   

7.- El juzgador de segunda instancia sostuvo  que  no es viable sumar la posesión de propietario, respaldándose en que, a su  juicio,  una  de  las razones fundantes que permitió a esta Corporación variar  su    posición    en   la   providencia   en   comento   radicó   “‘en   la  imposibilidad  de  hacer  extensivos  aspectos jurídicos propios del derecho de  dominio  a  una  situación  de  facto como es la posesión material’”. Con ello  distorsionó  la  decisión,  porque  lo  que ella reprobó fue entremezclar las  cosas  para  exigencias  jurídicas  excesivas,  por ejemplo, requerir al simple  poseedor  que aspira a sumar el señorío de su antecesor una escritura pública  como  si  alegase  ser  poseedor regular.  Y es que si además del hecho se  tiene  la  escritura pública  o una promesa de venta no se vislumbra cómo  podría perjudicar eso el intento de sumar posesiones.   

8.-  Esa  relación  entre lo jurídico y lo  fáctico,  incluso es imperiosa, en la medida que la Corte señaló puntualmente  que  “poseedor que quiera sacar ventaja especial, en  este  caso la de sumar posesiones, expuesto queda para que le indaguen cómo fue  que  llegó  al  bien.  No le basta el mero hecho de la posesión, porque en ese  momento  necesitará  un  agregado, cual es el de justificar el apoderamiento de  la cosa”.   

9.-  Inmejorable  situación  tendrá  quien  negocia  con  el  dueño de las cosas: actúa a la vista de todos, derechamente,  con   lo   que   su   proceder   no   puede   causar   perjuicios.  “¿Qué  peso  tiene  a ese respecto aseverar que la posesión del  propietario  sólo puede ser transmitida con fines dispositivos en la medida que  con  ella  se  transfiera  el  derecho del que deriva o sea la propiedad, ya que  esta  posesión  únicamente le es aplicable el sistema del que es parte y no es  posible  hacerle  extensible  figuras  como  la  suma  de  posesiones de la cual  solamente  se pueden beneficiar los simples poseedores de facto, cual lo expresa  la  sentencia  del  Tribunal?  No  se comprende lo que significan esas palabras.  ¿Acaso  que  la posesión de propietario no puede llegar a otras manos, sin que  llegue  unida  al  propio  tiempo  con  la  propiedad?  No se columbra que pueda  explicar  tan  fatal ligamen. Si propiedad y posesión han sido transferidas, no  se   ve  qué  dificultad  tendrás  el  adquirente  para  andar  reclamando  la  pertenencia, si todo lo tiene”.   

10.-  El  ad-quem  consideró   que   como   la   prescripción  implica  desconocer  el  dominio  ajeno no es factible que el usucapiente se beneficie de  algo  que  no  reconoce,  esto  es,  de  la posesión del propietario. Con esto,  interpretándolo,     aduce     el     quebranto    del    principio    de    no  contradicción.   

Sin embargo, allí se pierde de mira que las  posesiones  a  sumar  no  son coetáneas sino sucesivas, de modo que cada una de  ellas  cuenta  con  su  respectivo  cuadro espacio- temporal. En otras palabras,  “cierto   que   por  antonomasia  un  prescribiente  desconoce  el  señorío  del  propietario…pero reconoce el señorío que tuvo  aquel  cuando  detentaba el bien en su calidad de propietario. No está diciendo  que  actualmente  posee  el  propietario,  sino que poseyó en algún tiempo, ya  pasado.  Como  se recordará el postulado filosófico de la no contradicción se  refiere  a  que  una  cosa  no puede ser y no ser al mismo tiempo”.   

11.- La tesis del sentenciador conduciría a  concebir  dos clases de prescribientes: los que han contratado con los dueños y  que  por  cualquier  motivo  no  consolidaron  el  dominio pretendido, y los que  negocian  con  los  no  dueños.  Sólo éstos tendrían el beneficio de la  complementariedad  de  posesiones.   Los  otros  han  de   conformarse  únicamente  con  la  posesión propia. Por supuesto, que quien deviene poseedor  por  conducto  del  propietario,  está ofreciendo lo más, probando de la mejor  manera el puente que une las diversas posesiones.   

12.-  De  esa manera, el fallo infringió el  artículo  762  del  Código  Civil  que  garantiza la posesión al consagrar la  presunción  del  que  pasa  por  dueño  al  poseedor  mientras no se pruebe lo  contrario.   Desconoció,   además,  la  filosofía  que  inspira  la  suma  de  posesiones    consagrada   en   los   artículos   778   y   2521   ibídem  al  concluir  que allí no tienen  cabida  las  posesiones  de propietarios, sin que tales preceptos impongan dicha  restricción,       pues,       solo       hablan       de       “antecesores”, sin cualificación alguna.  Y,   por   contera,   trasgredió   los  artículos  2512  y  2531  ejusdem que reconocen el derecho que tiene  a  ganar  el  dominio  quien  posee  las  cosas  conforme a la ley, y de hacerlo  extraordinariamente si es que no es poseedor regular.   

13.- Así las cosas, la resolución opugnada  merece ser casada.   

IV.- CONSIDERACIONES  

1.-  La  actora  solicita  se  declare  que  adquirió  por  usucapión  el dominio del predio “El  Burral”  y  los  lotes “A  4”  y “A 5”    del    “Globo    de   terreno   La  Argentina”,  ubicados  en  el  paraje  “El  Albadán” del municipio de Rivera,  Huila.   

2.-  El  Tribunal  revocó  la sentencia del  a-quo,  estimatoria  de  las  pretensiones  del  libelo  inicial, para en su lugar negarlas, con fundamento en  que  a la posesión de la demandante, ejercida por un tiempo inferior al exigido  en  la  ley,  no se puede sumar, para completarla, la del propietario demandado,  pues,   los   únicos  señoríos  susceptibles  de  anudarse  son  los  de  los  “poseedores  de  facto”.   

3.- La parte impugnante aduce, en síntesis,  que  para  la  agregación  de  posesiones,  según  las reglas previstas en los  artículos  778 y 2521 del Código Civil, no se excluye la de los dueños, en la  medida  en la que tales disposiciones, lisa y llanamente, hablan de “antecesores”,    sin   la   óptica  reduccionista  del juzgador de segunda instancia, afincada en un pronunciamiento  de  la  Corte  de  5  de  julio  de 2007, que en manera alguna dice que sólo es  viable  sumar  señoríos de facto, en aras de conseguir la propiedad de un bien  por usucapión.   

4.-  Para  que  haya  violación  de  normas  sustanciales  por  vía  directa,  se  requiere  que el recurrente demuestre los  falsos  juicios  que  de  ellas hizo el sentenciador, bien sea porque no tuvo en  cuenta  las  que  gobernaban el caso, aplicó preceptos que le son completamente  ajenos  o,  a pesar de  haber acertado en su selección, les dio un alcance  que no tienen.   

Como  en  reiteradas  oportunidades  lo  ha  advertido  la  Corte,  entre  ellas,  CSJ  SC,  17  de  nov. de 2005, Rad. 7567,  reiterada CSJ SC, 15 de nov. de 2012, Rad. 2008-00322,    

“…Corresponde, por ende, a una causal de  pleno  derecho,  encaminada  a  develar una lesión producida durante el proceso  intelectivo  que  realiza  el  fallador,  por acción u omisión, en la labor de  escogencia  y  exégesis  de  la  regulación  que  considera  aplicable, con un  resultado  ajeno  al  querer del legislador (…) En tal sentido ha precisado la  Corte  que  la ‘violación  directa  de  las  normas sustanciales, que como motivo de casación contempla la  causal  primera  del  artículo 368 ibídem, acontece cuando el sentenciador, al  margen  de  toda  cuestión probatoria, deja de aplicar al caso controvertido la  disposición  sustancial a que debía someterse y, consecuentemente, hace actuar  las  que  resultan  extrañas  al  litigio,  o  cuando  habiendo  acertado en la  disposición  rectora  del asunto, yerra en la interpretación que de ella hace,  y  que, por lo mismo, cuando el ataque en casación se funda en la causal que se  comenta,  compete  al  recurrente  centrar  sus juicios exclusivamente sobre los  textos   legales   que   considere   inaplicados,   indebidamente   aplicados  o  erróneamente   interpretados,   prescindiendo,   desde   luego,   de  cualquier  consideración  que  implique  discrepancia  con las apreciaciones fácticas del  sentenciador,   cuestión   esta   que   sólo   puede  abordarse  por  la  vía  indirecta”.   

5.- Los hechos con trascendencia para adoptar  esta  decisión,  indiscutibles  por  invocarse  la violación directa de la ley  sustancial, son los siguientes:   

a.-)  Que  Elisa  Murcia de Molina presentó  demanda  el  3  de  diciembre  de  2009,  en  la  que solicitó se declarara que  adquirió  por  prescripción  extraordinaria  adquisitiva  de dominio el predio  “El  Burral”  y los lotes  “A  4”  y  “A     5”    del    “Globo  de terreno La Argentina”, ubicados  en    el    paraje    “El   Albadán”   del   municipio   de   Rivera,   Huila  (fls.  85  a  93  del  c.  1).   

b.-)  Que  la  sociedad  Ávila  Gordillo  Hermanos  y Cía.    S. en C. adquirió la propiedad del inmueble  denominado  “El  Burral”,  mediante  compra  hecha  a  Fabio Losada Montenegro, incorporada en la escritura  pública  n°  3534  de  2  de  septiembre  de  1989  de la Notaría Segunda del  Círculo  de  Neiva  (fls.  12 a 18 ibídem).   

c.-)  Que Álvaro Ávila Gordillo obtuvo el  dominio  del  lote “A-4” a  consecuencia  de  su  división  material,  elevada al instrumento 2676 de 30 de  diciembre  de  1994,  proveniente  de  la Notaría Cuarta de la precitada ciudad  (fl. 113 vuelto).   

d.-)  Que  Ávila  Gordillo,  igualmente,  consiguió   idéntico   derecho   en   relación   con  el  fundo  “A-5”  por  compra realizada a Gerardo  José,  Edna  Constanza y Lenney Yolanda Andrade Losada, formalizada en la e. p.  2728  de  29  de diciembre de 1995 de la prenombrada oficina notarial, propiedad  que  tiene  como  génesis  la  iniciación  de  procedimiento administrativo de  adquisición  ante el INCORA, autoridad que expidió la resolución 002791 de 10  de junio de 1987 (fls. 116 y 117).   

e.-)  Que  el  29 de marzo de 2001, Rosario  Gordillo  de Ávila, socia gestora de Ávila Gordillo Hermanos y Cía. S. en C.,  en  nombre  propio  y  en representación de la sociedad,  y Álvaro Ávila  Gordillo,  por  una parte, y Elisa Murcia de Molina, de la otra, suscribieron un  “contrato  de  promesa de compraventa”,  en  el  que  aquellos  se  obligaron a transferir a los otros los  predios  relacionados  con  antelación,  dejándose constancia, en la cláusula  séptima,  que  “La entrega material de los inmuebles  que  deje  en posesión a los contratantes se efectuará por [Rosario y Álvaro]  el  día  29  de  mayo  próximo  y  por  [la  persona  jurídica]  el  día  31  siguiente”    (fls.    6    a    11   id).       

6.-  Los  artículos 778 y 2521 del Código  Civil   consagran  la  institución  legal  de  la  suma,  unión,  accesión  o  agregación  de  posesiones,  para  permitir  que  el  prescribiente  que  no ha  poseído  el  tiempo  necesario  para adquirir el bien por usucapión, adicione,  con ese propósito, el período del señorío de sus antecesores.   

En  efecto,  el primer precepto señala que  “Sea   que   se   suceda   a  título  universal  o  singular,   la  posesión  del sucesor principia en él; a menos que quiera  añadir  la  de  su  antecesor a la suya; pero en tal caso se la apropia con sus  calidades  y  vicios”; mientras que el segundo indica  que  “Si  una  cosa ha sido poseída sucesivamente y  sin  interrupción  por  dos o más personas, el tiempo del antecesor puede o no  agregarse  al  tiempo  del  sucesor, según lo dispuesto en el artículo 778. La  posesión  principiada por una persona difunta continúa en la herencia yacente,  que    se    entiende    poseer    a    nombre    del    heredero”.     

Con  ese  marco,  cumple  averiguar  si  el  Tribunal   vulneró   rectamente   los   preceptos  sustanciales  invocados,  al  interpretar  que  la  posesión  del propietario no es útil para estructurar la  accesio  possessionem, porque  las  únicas  aptas  para  juntarse  son  “las de los  poseedores  de  facto”,  entendidas  estas  como las  desprovistas    del   derecho,   o   más   concretamente,   del   dominio   del  bien.   

7.-  La propiedad o dominio, definida en el  artículo  669  del  Código  Civil  como “el derecho  real  en  una cosa corporal, para gozar y disponer de ella, no siendo contra ley  o  contra  derecho  ajeno”,  confiere a su titular un  vasto  poder  o señorío, cuya limitación viene dada por la ley y los derechos  ajenos.   

Así,  las facultades que están al alcance  del  dómine, son las de usar,  gozar  y  disponer del bien, material o jurídicamente, lo que se constata en la  jurisprudencia de la Corte, cuando se dijo que el   

“[D]erecho real  de  dominio  confiere  al  titular  un  poder  pleno sobre la cosa que tiene por  objeto,  del  cual  deriva  la potestad para obtener de ella toda cuanta ventaja  esté  en  posibilidad  de proporcionar, desde luego dentro de las fronteras que  puedan  resultar del respeto debido a la ley, como a los derechos de los demás,  poderío  en  el  cual se conjugan las conocidas atribuciones de utilizarla (jus  utendi),   percibir   sus   frutos   (jus   fruendi)   y  disponer,  material  o  jurídicamente  de  ella (jus abutendi)” (CSJ SC, de 16 abr. 2008, Rad. 2000-00050-01).   

La  potestad  de  uso  se  relaciona con la  posibilidad  de  utilizar  la cosa para los servicios que puede desempeñar, sin  mayores  pretensiones  que esa, y su ejercicio se asemeja al de un mero tenedor;  si  la  intención  es el aprovechamiento de la utilidad o frutos que genera, se  está  en  presencia  de la facultad de goce, similar al acto que exterioriza el  poseedor;  la  disposición,  por  último,  está  reservada  exclusivamente  al  propietario,  y atañe a la  eventual  enajenación  o  constitución de gravámenes sobre el bien (Alexandri  Rodríguez,     Arturo     y     Somarriva     Undurraga,     Manuel.  Los  Bienes  y  los  Derechos  Reales.  Imprenta Universal. Derecho Civil, págs. 164 a 171).   

El que detenta un bien con ánimo de señor  y  dueño,  sea  o  no  titular de dominio,  indudablemente que actúa como poseedor, obteniendo del mismo sus  frutos,    utilidad   o  aprovechamiento  económico:  ese  es el rasgo común, la semejanza o identidad,  para el que ostenta y el que no el derecho real.   

La diferencia, contraste o incompatibilidad  entre   el   señorío  de  uno  y  otro,  se evidencia cuando el mismo lo despliega quien no es propietario,  toda   vez   que,   para   éste,   la   posesión   satisface   un   propósito  adicional,  relevante y  de  insoslayable  trascendencia  social: prescribir la  propiedad  ajena,  ya que, en  términos   del   artículo   2512   ibídem,   “La  prescripción  es  un  modo  de  adquirir  las  cosas  ajenas     […]     por    haberse    poseído…”.   

En   palabras   de  la  doctrina  patria,   

“Este  último fin se cumple, sea que el  poseedor  posea  de buena o mala fe, esto es, ignorando que carece del derecho a  sabiendas  de que carece de él. Todo ello demuestra que la posesión tiene vida  propia  e  independiente  del  derecho;  que  la posesión en la mayoría de los  casos  sigue  al  derecho,  mientras  que  en  otros está contra él, porque su  función  se  cumple  en  cuanto  se  reúnan  en  unas  mismas  manos,  en  las  condiciones  de  ley,  sus  elementos  constitutivos”  (Negrillas  adrede.  Gómez, José J. Bienes, Universidad Externado de Colombia,  1981, pág.  349).   

Ciertamente  que  esa  distinción  de  la  posesión  no es novedosa, si se memora que en la época post-clásica  del  derecho  romano a la del propietario o titular de otro derecho real se le llamó  possessio rei, en tanto que a  la     otra,    “similar    al    ejercicio    del  derecho”,  se le conoció, genéricamente, como  possessio iuris (Russomanno,  Mario  César.  La  Posesión  en  el  Derecho Romano.  Ediciones   Esnaola.   1964,   págs.   56   y   57).   

La   primera,  explica  la  doctrina,  es  “una  posesión  incorporada  a  la  titularidad del  dominio  o  de  otro derecho real como el usufructo o servidumbre”,  acotándose  que  “en este sentido, la  posesión  puede ser concebida como una serie de poderes físicos que se ejercen  respecto  de  un  bien  respecto  del cual se tiene la titularidad de un derecho  real”.  La  otra,  es  el  supuesto  insoslayable  e  indispensable     de    la    usucapión,  por  encarar  el  derecho de otro, “la  posesión  que se enfrentaba a la titularidad de un derecho real, aquella que la  ejercía  un no-titular” (Ternera Barrios, Francisco.  Bienes.  Segunda  Edición,  págs.  358  y  359; y Ternera Barrios, Francisco y  Mantilla  Espinosa  Francisco.  Posesión  y  Retención:  ¿Hechos,  derechos o  Quimeras?    Revista    Chilena    de   Derecho   privado.   N°   15,   págs..  115.141).   

En    esa    misma   línea,  la  Sala  ha  reconocido  las diversas  manifestaciones   de   la   posesión,  atendiendo  el  sujeto  que  la  ejerce:  propietario,  poseedor  con  justo  título y buena fe y poseedor sin título ni  buena fe.   

En efecto, dijo en la sentencia CSJ, SC, de  16 abr. 2008, Rad. 2000-00050-01:   

“[S]alta  al punto la esclarecedora idea  que  Andrés  Bello  quiso que en materia posesoria figurase en el código civil  chileno,  pues  el  artículo  830  del  proyecto  correspondiente  al año 1853  establecía   tres  clases  de  posesión,   a   saber:   la  que  va  unida  al  dominio,  que  es  la  ejercida  por  el verus      domino;      la   que   ejerce  quien  no  es  dueño  pero  tiene  justo  título  y  buena  fe,   denominada   posesión  civil;  y,  por  último,  la  que  ejerce  quien  ni es dueño ni tiene justo título o buena  fe, llamada posesión natural. Y aunque finalmente no  quedó  consagrada  esa  brillante división tripartita de la posesión, el caso  es  que  la  mencionada  en  segundo término quedó a la postre denominada como  posesión regular”.   

A  lo que se debe complementar, claramente,  que  la  relacionada  en  tercer orden, esto es, “la  que  ejerce  quien ni es dueño ni tiene justo título o buena fe”,  el Código Civil, artículo 763, dio por  llamarla posesión irregular.   

Es      decir      que,  siguiendo  ese  hilo  conductor  y con  independencia  de  la  nomenclatura  que  se quiera utilizar, en el ordenamiento  vigente se encuentra:   

a.-)   La   posesión   del  propietario,  possessio  rei,  equivale  al  desarrollo  de  una  de las facultades que manan del  derecho  de  dominio, goce,  (art.  669),  y  que impide que otro adquiera el bien por usucapión, siendo que  la   prescripción   está   fundada   en   el   abandono  de  sus  “acciones  y  derechos”  por parte del  dueño de la cosa (art. 2512).   

b.-) La de quien tiene justo título y buena  fe,  regular,  que  además de permitir el goce del bien y el aprovechamiento de  sus   frutos   (art.   762),  posibilita  la  obtención  de  la  propiedad  por  prescripción  ordinaria,  en un corto tiempo: cinco años para inmuebles (arts.  2528 y 2529); y   

c.-)  La  que  ejerce quien no es dueño ni  tiene  justo  título  o  buena  fe,  irregular,  y  se  ofrece  como  apta para  prescribir extraordinariamente (art. 2531).    

9.-   La  prescripción  es     “un  modo  de  adquirir las cosas  ajenas  […] por haberse poseído […] durante cierto  lapso  de  tiempo,  y  concurriendo los demás requisitos legales”  (art.  2512),  justificada  por  Gayo  en  sus Institutas, II., 4,  porque  “La propiedad de las cosas no ha de quedar en  la incertidumbre demasiado tiempo”.   

Por  lo tanto, al ser la usucapión un modo  de   obtener   los   bienes   “ajenos”,  la  posesión  que  resulta  útil para prescribir es la de quien  carece   del   derecho   (possessio  iuris),  no  la  de  quien  lo  tiene (possessio  rei),  porque a nadie le es dado, contra toda lógica,  adquirir el derecho que ya se tiene.   

En  otros  términos,  en  tratándose  del  propietario  su posesión, ciertamente, servirá para obtener el aprovechamiento  respectivo  de  la  cosa,  y  evitar  que  otro  reclame  su dominio alegando un  eventual   abandono   del   bien,  o  la  falta  de  ejercicio  de  “los  derechos  y acciones”. Pero, bajo  ninguna perspectiva, ese señorío habilitará para usucapir.   

10.-  La posesión por ser un hecho y no un  derecho,   no se transmite o transfiere de una persona a otra; esto es, que  principia      desde      el      momento     en     el     que     ánimus        y        corpus  se  conjugan  en  un  sujeto.  No  obstante  esa  regla  de principio, el artículo 778 del Código Civil faculta a  quien  la  ejerce,  para  que  añada  la  de  su  antecesor a la suya, pero con  “sus calidades y vicios”.   

La situación fáctica que por varios años  se  ha  dado  estructura  la  propiedad.  Se  trata, en palabras de Claro Solar,  “de un posesión separada  del  dominio; y como esta separación ha existido desde  años    atrás   hay   un   evidente   interés   social   en   consolidar   la  posesión”   (Destaca  la  Sala.  Explicaciones  de  Derecho  Civil  Chileno  y  Comparado.  Volumen  III,  De  los Bienes. Editorial  Jurídica de Chile, pág. 519).   

Por  eso mismo, la Corte ha indicado que la  accessio  possessioni es una  “‘fórmula  benéfica  de  proyección  del  poder  de  hecho  de  las  personas  sobre  las cosas’  cuyo  fin es ‘lograr, entre  otros     fundamentos,     la     propiedad     mediante     la    prescripción  adquisitiva’”  (CSJ,  SC,  de  20 mar. de 2014, Rad.  2007-00120-01);  requiriéndose,   para   su  aplicación,  el  cumplimiento  de  los  siguientes  requisitos:   

“En primer lugar, debe tratarse de varias  situaciones  con  entidad  posesoria suficiente y contiguas entre sí, exigencia  esta  que  se  despliega  a su vez en dos sentidos distintos: uno que emerge del  texto  mismo del segundo inciso del artículo 778 del Código Civil, cuando hace  énfasis  en  que  la procedencia de la acumulación reclama la existencia de un  orden  cronológico y sucesivo en las posesiones que se pretende unir; y el otro  es  que  cada posesión debe seguir a la otra sin interrupción natural o civil,  siendo  de  apuntar  aquí que si la interrupción fue de la primera especie por  haberse  perdido  la  posesión  por  haber  entrado  otro en ella, las secuelas  predicables  de  ese fenómeno desaparecen si el despojado recobra legalmente su  posesión  (arts.  792  y  2523 ibídem). Una segunda condición consiste en que  las  posesiones  agregadas  sean  uniformes  o idénticas en cuanto a su objeto,  entre  sí  enteramente homogéneas, lo que conlleva a afirmar, por ejemplo, que  no  es  admisible sumar a la posesión sobre cosas corporales, aquella que recae  sobre  puros  derechos (C.C., arts. 653, 664 y 76). Finalmente, es indispensable  la  presencia  de  un  título justificativo de la adquisición de las sucesivas  posesiones,  habida  consideración  que,  en mérito de razones éticas obvias,  los  usurpadores  no  pueden sacar ventaja ninguna de la posesión que tenía la  persona  a  quien  despojaron,  así  como  tampoco  de  la  que  ostentaron sus  antecesores….”  (CSJ, SC, de 22 de ener. 1993, Rad.  3524).   

Llegada  la  Corte  al aspecto concreto que  plantea  el  cargo, se advierte, con los elementos normativos, jurisprudenciales  y  doctrinarios  expuestos,  que  a  la  posesión  del usucapiente no es viable  adicionar  la  del  propietario,  ya  que  al no ser esta útil para prescribir,  carece        de       “entidad       posesoria  suficiente”,  según  las  exigencias  anteriormente  relacionadas.   

Así mismo, si la posesión del antecesor se  comunica  con  todas  sus  “calidades”,     el     entremezclamiento     de     la     del    verus  domino  con la del poseedor ausente  de  título  no varía el linaje de la primera que, como se acotó al principio,  no   es   propicia   para   usucapir,  por  provenir  de  quien  ya  detenta  el  derecho.   

Además,  la  finalidad  que  inspira  la  accesión  de  posesiones,  menester  es  reiterarlo,  es  la  de consolidar una  posesión   separada   del   dominio  por  años,  castigando  el  abandono  del  propietario.   Por  ende,  aceptar  una  ligazón  de  la  forma  que  aduce  el  casacionista,  en  la  que  la  inercia  del  dueño  no  se  evidencia, implica  desconocer  el telos de la mentada institución legal, reglada en los artículos  778 y 2521 del Código Civil.   

Incluso,  si se repara que la usucapión es  un     “modo     de     adquirir     originario”,  esto   es,   que   “la   adquisición   se  produce  independientemente  de  cualquier relación de hecho y de derecho con el titular  anterior”  (Rotondi, Mario. Instituciones de Derecho  Privado.  Barcelona,  1953,  pág. 275); al prescribiente no le es dado invocar,  para  la  bienandanza  de  su  reclamación  dirigida  a  obtener el dominio, un  vínculo  contractual  ajustado con el propietario. Es más, cumple destacar que  cuando  para  la  usucapión ordinaria se invoca un justo título, este no emana  del     verus    domino,  explicándose esto por la Corte al precisar que   

“[L]a teoría del justo título posesorio  está  predicada como elemento para ganar el dominio por la usucapión cuando no  es  verdadero  dueño  quien  vende  y entrega a quien recibe de buena fe y, sin  embargo,  no adquiere la propiedad en el acto, porque nadie puede recibir lo que  no  tiene  su  autor”  (Sent. 27 de febrero de 1962,  XCVIII, 52).   

10.-  Por  último, compete señalar que si  bien  en la sentencia de casación de 7 de julio de 2007, la Corte evidentemente  no  trató el tema que aquí concierne, sino el relativo a la formalidad exigida  para  acreditar  el  vínculo  entre  los  diversos  poseedores,  no hay lugar a  realizar  rectificación doctrinaria ninguna, en la medida en que ciertamente la  jurisprudencia  de  la  Sala  arribó  recientemente  a la misma conclusión del  Tribunal,  pues,  en  sentencia CSJ, SC, de 15 jul. 2013, Rad. 2008-00237-01, se  dijo:   

“[T]al  fenómeno  [la  agregación  de  posesiones]  únicamente  tiene cabida para ligar actos posesorios ejercidos con  el  propósito  de  adquirir  el  dominio  por  prescripción, y en este caso el  causante  era  dueño  inscrito,  esto  es,  tenía  a  la  par  el título y el  señorío,  sin  que  estuviera  a  la expectativa de consolidar tal derecho”.   

La  deducción  de la Corte, además, es la  misma que allende las fronteras se da a idéntico problema:   

11.- En consecuencia, no violó el Tribunal  en  manera  alguna  las  normas  sustanciales  invocadas,  al  darles  la debida  inteligencia,  coligiendo,  certeramente,  que para la agregación de posesiones  prevista  en  los  artículos  778  y 2521 del Código Civil, no es de recibo el  señorío   ejercido   por   el  antecesor,  titular  del  derecho  de  dominio.   

12.-   No   sale   avante,  entonces,  el  cargo.   

13.-   La improsperidad del recurso de  casación  impone  condenar  en costas al impugnante, conforme a lo dispuesto en  el  inciso  final del artículo 375 ibídem,  las  cuales  deberá  liquidar  la  secretaría,  incluyendo  por  concepto  de  agencias  en derecho el valor que aquí se fijará, para lo que se  tiene en cuenta que hubo réplica.   

V.- DECISIÓN  

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Civil  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre  de  la República y por autoridad de la ley, NO  CASA  la  sentencia  dictada  el  27 de abril de 2012,  proferida  por la Sala Civil-Familia del Tribunal Superior del Distrito Judicial  de Neiva, dentro del proceso ordinario de la referencia.   

Se  condena  en  costas  del  recurso  de  casación  al recurrente. Por concepto de agencias en derecho inclúyase la suma  de seis millones de pesos ($6.000.000).   

Notifíquese    y  devuélvase   

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ALVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

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