AC607-2014 [2003-00016-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

Magistrada Ponente  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

AC 607-2014  

Bogotá  D.C.,  diecisiete (17) de febrero de  dos mil catorce (2014).   

(Aprobado en sesión de dieciséis de enero de  dos mil catorce)   

Radicado            n°  05001-3103-013-2003-00016-01.   

         

Decide    la   Corte   el   «recurso  de  reposición» interpuesto  por  la  accionada  Municipios  Asociados  del Valle de  Aburra  –MASA, respecto de  la  providencia  de  28  de  noviembre  de  2013,  mediante  la cual se declaró  inadmisible  la  impugnación  extraordinaria de casación que formuló frente a  la  sentencia de 27 de febrero de 2013, proferida por la Sala Civil del Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Medellín, en el proceso ordinario promovido  por  Prinsa  S.A.,  Inversiones  Urbanismo y Construcciones S.A. -Inuberco S.A.,  Equipos y   

Construcciones  S.A.,  Promotora  Montecarlo  S.A.,   Gevinsa   S.A.   Civil,   Inversan   S.A.,  Compañía  Suramericana  de  Construcciones  S.A.,  e  Inversiones Coconucos Ltda., contra la recurrente y la  Sociedad       Antioqueña      de      Transportes      Ltda.      – SANTRA.   

ANTECEDENTES  

1.  En el proveído atacado se verificó  la   falta   de   cumplimiento   del   requisito   atinente  a  la  «expedición   de   copias»   para   la  ejecución  del  fallo  de  segundo grado, exigencia derivada del inciso 3º del  artículo  371 del Código de Procedimiento Civil y consecuentemente, se adoptó  la reseñada decisión.   

2.   Para  sustentar el citado medio de  contradicción,  se  comienza  por resaltar la trascendencia de la garantía del  debido  proceso  y  de  algunos  principios  constitucionales  orientadores  del  Derecho  Procesal,  se  transcribe lo pertinente de los artículos 371 y 372 del  citado   ordenamiento,   para   señalar  que  le  corresponde  al  ad  quem  adoptar la reseñada medida y en  caso  de no hacerlo «el recurrente podrá pedir dichas  copias,   si  lo  considera  necesario,  esto  es,  queda  a  su  leal  saber  y  entender»,   por   lo  que  jurídicamente  no  cabe  interpretar  que  de  no  proceder  de esa manera, se pueda declarar desierto el  recurso,  esto  es,  aplicar  una sanción procesal, dado que ésta «no  puede  obedecer  sino a la violación de una ley».   

Se  sostiene  asimismo,  que  únicamente se  configuran    los    elementos    de    una   «carga  procesal»,  a  partir de la decisión del Tribunal de  conceder   la   impugnación  y  disponer  el  pago  de  las  expensas  para  la  «expedición de copias», de  tal  manera que solo hay lugar a «declarar desierto el  recurso», si en el término legal la parte interesada  no satisface aquella exigencia.   

          Invocando  doctrina foránea, se explica el concepto de «carga   procesal»  y  se  asevera  que  «la   norma  que  autoriza  a  la  parte  recurrente  solicitar  las  copias,  si  las considera necesarias, no impone una carga, sino  apenas  consagra  una  facultad  procesal,  cuyo  no ejercicio jamás se podría  traducir  en  un  efecto  de  deserción  del recurso de casación».   

          Insiste  la  inconforme,  que  es  de  competencia  del ad         quem        «declarar  desierto  el  recurso», en el  evento  de  que  el  recurrente  no  se  haya  suministrado lo necesario para la  «expedición     de    las    copias»,  aunque reconoce que la Corte también puede adoptar esa decisión  cuando esa actuación no se hubiere hecho efectiva oportunamente.   

Culmina  reclamando una solución acorde con  el  principio de prevalencia del derecho sustancial, al estimar que no concurren  las   condiciones   que   estructuren   una   «carga  procesal»   para   soportar   la  sanción  procesal  impuesta.    

          3.   Se  surtió  el traslado del recurso formulado, sin que la  parte contraria hiciera alguna manifestación.   

CONSIDERACIONES  

1.   El  mecanismo  de  contradicción  objeto  de  estudio  lo  autoriza  el artículo 348 del Código de Procedimiento  Civil  y para resolverlo ha  de  confrontarse  el contenido de la providencia con los cuestionamientos que se  le  hacen,  tomando  en cuenta las normas aplicables al caso y solo en el evento  de  no  hallarse  la  decisión ajustada a derecho, habrá lugar a revocarla o a  modificarla en la forma que legalmente corresponda.   

2.   Pacífico  se  torna  el  criterio  acerca  de  que  las  «cargas procesales»  provienen  de disposiciones legales que las consagran y tienen por  finalidad  procurar  la  colaboración de las partes del proceso para promover o  realizar  determinadas  actuaciones  o  actividades que redundarán en su propio  beneficio  y  que  en  caso  de  no  satisfacerlas, les acarreará consecuencias  adversas a sus propósitos o intereses.   

          Sobre  el citado instituto jurídico, la Corte Constitucional, en la  sentencia   C-1512   de   8   de   noviembre   de   2000,   en   lo   pertinente  expuso:   

Dentro de los distintos trámites judiciales,  es  factible  que  la  ley  asigne  a  las  partes,  al  juez  y aún a terceros  intervinientes   imperativos   jurídicos   de   conducta  dentro  del  proceso,  consistentes  en  deberes, obligaciones y cargas procesales. Sobre el particular  la   Corte   Suprema   de  Justicia,  en  una  de  sus  providencias1,  señaló lo  siguiente:   

‘(…) De los que  la  doctrina  procesal  ha  dado  en  denominar  imperativos  jurídicos,  en el  desarrollo  de  la  relación  jurídico-procesal se distinguen los deberes, las  obligaciones  y  las  cargas  procesales  que  imponen  tanto al Juez como a las  partes  y  aun  a  los terceros que eventualmente intervengan, la observancia de  ciertas  conductas  o  comportamientos de hondas repercusiones en el proceso. De  esos  imperativos,  los  primeros  se  hallan  instituidos por los ordenamientos  rituales  en  interés  de  la comunidad, las obligaciones en pro del acreedor y  las últimas en razón del propio interés.   

Son  deberes procesales aquellos imperativos  establecidos  por  la  ley en orden a la adecuada realización del proceso y que  miran,  unas veces al Juez (Art. 37 C. de P. C.), otras a las partes y aun a los  terceros  (Art.  71  ib.),  y  su  incumplimiento se sanciona en forma diferente  según  quien  sea  la  persona  llamada  a  su  observancia y la clase de deber  omitido  (arts.  39,  72  y  73 ibídem y Decreto 250 de 1970 y 196 de 1971). Se  caracterizan  porque  emanan, precisamente, de las normas procesales, que son de  derecho  público,  y, por lo tanto, de imperativo cumplimiento en términos del  artículo 6° del Código.   

Las  obligaciones procesales son, en cambio,  aquellas  prestaciones  de  contenido  patrimonial  impuestas  a  las partes con  ocasión  del  proceso, como las surgidas de la condena en costas que, según lo  explica  Couture,  obedecen al concepto de responsabilidad procesal derivada del  abuso   del   derecho   de  acción  o  del  derecho  de  defensa.  ‘El  daño  que se cause con ese abuso,  dice,  genera  una  obligación de reparación, que se hace efectiva mediante la  condenación  en  costas’.  (‘Fundamentos del Derecho  Procesal  Civil’, número  130).   

Finalmente,  las  cargas  procesales  son  aquellas  situaciones  instituidas  por  la  ley  que  comportan  o demandan una  conducta  de  realización  facultativa, normalmente establecida en interés del  propio   sujeto   y   cuya  omisión  trae  aparejadas  para  él  consecuencias  desfavorables,  como  la  preclusión de una oportunidad o un derecho procesal e  inclusive   hasta   la   pérdida   del   derecho   sustancial  debatido  en  el  proceso.   

Como  se  ve,  las  cargas  procesales  se  caracterizan  porque el sujeto a quien se las impone la ley conserva la facultad  de  cumplirlas  o  no,  sin  que  el  Juez  o  persona  alguna  pueda compelerlo  coercitivamente   a   ello,   todo  lo  contrario  de  lo  que  sucede  con  las  obligaciones;   de   no,   tal   omisión   le   puede   acarrear  consecuencias  desfavorables.  Así,  por  ejemplo  probar los supuestos de hecho  para no  recibir    una    sentencia   adversa’ (subraya la Sala).   

(…)  

Como características de la carga procesal se  encuentra  que  supone un proceder potestativo del sujeto a quien para su propio  interés  le  ha  sido  impuesta,  impidiendo constreñirlo para que se allane a  cumplirla,  lo cual difiere de la figura de la obligación procesal, prestación  de   contenido   patrimonial  exigible  a  las  partes  coercitivamente  y  cuyo  incumplimiento   genera   de   ordinario   contraprestaciones   a   título   de  sanción.  v.gr. la condena en costas.   

Ahora  bien,  en  el  caso  de  una  carga  procesal,   la  omisión  de  su  realización  puede  traer  consecuencias  desfavorables  para  éste,  las  cuales  pueden  ir desde la preclusión de una  oportunidad  o  un derecho procesal hasta la pérdida del derecho material, dado  que  el  sometimiento  a  las  normas  procedimentales  o adjetivas, como formas  propias  del  respectivo juicio, no es optativo para quienes acuden al mismo con  el   objeto  de  resolver  sus  conflictos  jurídicos,  en  tanto  que  de  esa  subordinación  depende  la  validez  de  los  actos  que de ellas resulten y la  efectividad de los derechos sustanciales.   

No se puede perder de vista, entonces, que la  observancia  de las formas propias de cada juicio, supone también el desarrollo  de  los principios de economía, oportunidad, lealtad, imparcialidad y celeridad  procesales,  en  aras  de  la igualdad de las personas, éste último gracias al  sometimiento  de  las causas idénticas a procedimientos uniformes. Obviar tales  formas  en  las actuaciones judiciales o administrativas preestablecidas, impide  alegar  el  desconocimiento del derecho sustancial reclamado, ya que se estaría  sustentando  la  frustración  del  interés  perseguido  en  la  propia culpa o  negligencia.   

          3.  Con  relación  al  tema  debatido  atinente  a  la «expedición   de   copias»   para   la  ejecución  del  fallo  impugnado  en  casación,  contempla el precepto 371 del  Código  de  Procedimiento  Civil, que [e]n el auto que  conceda  el recurso se ordenará que el recurrente suministre, en el término de  tres  días  a  partir  de  su  ejecutoria, lo necesario para que se expidan las  copias  que  el  tribunal  determine  y  que  deban  enviarse al juez de primera  instancia  para  que  proceda al cumplimiento de la sentencia, so pena de que el  tribunal  declare  desierto  el recurso. Para estos efectos se tendrá en cuenta  lo  dispuesto  en  los  incisos tercero y cuarto del artículo 356. –   Si  el  tribunal  no  ordenó las copias y el recurrente las considera necesarias, éste  deberá    solicitar    su   expedición   para   lo   cual   suministrará   lo  indispensable     (se  subraya).   

          4.   Como  puede  advertirse,  en el evento de que la sentencia  del  ad quem sea susceptible  de  cumplimiento,  la  reseñada  disposición  consagra  ciertas  actividades o  actuaciones  a  cargo  de  la  recurrente  extraordinaria a fin de viabilizar la  ejecución  de  aquella providencia, consistentes en el pago de expensas para la  «expedición  de copias» de  las  piezas  procesales  señaladas  por  el  Tribunal  y  en  caso  de éste no  pronunciarse  al respecto, deberá la parte impugnante solicitar la adopción de  esa medida y cancelar el valor de los respectivos costos.   

          5.   En  el  sub  lite, a  pesar de configurarse el último supuesto reseñado, esto es, que  no   se  ordenó  «expedir  las  copias»    pertinentes,   la   «recurrente   en  casación»  omitió  elevar  petición al juzgador de  segundo  grado,  a  fin  de satisfacer el requisito en cuestión y en ese estado  llegó el asunto a esta Corporación.   

          Ante  esa  circunstancia,  se  imponía  aplicar  el  inciso 1º del  precepto  372 ejusdem, según  el   cual   «[s]erá  inadmisible  el  recurso  (…)  cuando no se hayan expedido las copias en el término  a   que  se  refiere  el  artículo  371»  (se  subraya),  tal  como  lo  ha  dispuesto la Sala en numerosos,  reiterados y uniformes pronunciamientos.   

          Al  respecto,  se  torna  pertinente memorar lo precisado en el auto  CSJ SC, 18 Oct. 2013, Rad. 2010-01069, en el que se sostuvo:   

(…)  el  cumplimiento  de  la  sentencia  opugnada  no es una opción del juzgador o del recurrente; es una garantía para  el  opositor entendida en el sentido que la formulación del recurso no trunca o  torna  inane  el  derecho  reconocido  en  el  fallo;  para esta parte asiste la  seguridad  de poder hacer efectivo el resultado del litigio; en contraposición,  al  recurrente  la  ley le brinda la prerrogativa de lograr la suspensión de la  determinación   adoptada  a  través  del  ofrecimiento  de  la  caución  cuya  naturaleza  y  cuantía fijará el juez, según las circunstancias de cada caso;  empero,  de  no  avenirse  a  esta última posibilidad, le corresponde asumir la  expedición   del  material  suficiente  y  necesario  para  la  ejecución  del  proveído censurado.   

(…).  A  diferencia  de lo argüido por el  recurrente,  la carga procesal que asume como tal, atendida la regla incorporada  en  el  artículo  371  del C. de P. C., no se reduce o concreta sólo a esperar  que  el  funcionario  disponga  la  expedición  de  copias;  su compromiso como  impugnante  consiste en que las mismas, efectivamente, sean dispuestas, ya surja  tal  determinación  de  la  espontaneidad  del  funcionario o a instancia suya,  para,  luego,  proceder  al pago de su emisión. Es evidente que el cumplimiento  de  la  sentencia es una garantía de la parte que no recurre y, por ello, ni el  funcionario  ni el gestor del recurso, pueden abrogarse la potestad de ordenar o  solicitar   la   expedición  de  las  copias  para  esa  ejecución.   

6.   Adicionalmente,  cabe  sostener que no es válido el argumento de la recurrente,  atinente  a  que  con  la  decisión  adoptada  se  le están afectando derechos  constitucionales  como  la  prevalencia  del derecho sustancial y el acceso a la  administración  de  justicia,  porque  como se evidenciara, al haber incumplido  una  «carga procesal», debe  soportar  las  consecuencias  adversas  previstas por el legislador en la citada  disposición,    la    que    al    tenor    del   precepto   6º   ídem,   es  de  orden  público  y  por  consiguiente de obligatorio cumplimiento.   

7.   Tampoco  es  procedente  dar  una  solución  distinta  a  la  contenida  en  decisión atacada, como lo reclama la  recurrente,  toda  vez  que  la adoptada corresponde a la consecuencia jurídica  prevista  en  la ley, por lo que se impone ratificar la providencia cuestionada,  al hallarse ajustada a derecho.   

DECISIÓN  

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

No  revocar  el  auto  de 28 de noviembre de  2013,  que  declaró  inadmisible  el  recurso  de  casación  formulado  por la  demandada    Municipios    Asociados    del   Valle   de   Aburra   –  MASA, frente a la sentencia de 27 de  febrero  del  citado año, proferida por la Sala Civil del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Medellín,  en  el proceso reseñado al comienzo de esta  providencia.   

Notifíquese  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ    

1 Sala  de  Casación  Civil, M.P. Dr. Horacio Montoya Gil, auto del 17 de septiembre de  1985,  que  resolvió  una  reposición, Gaceta Judicial Tomo CLXXX – No. 2419, Bogotá, Colombia, año de  1985, pág. 427.     

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