SC8045-2014 [2006-00235-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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                         CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

Magistrado Ponente  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

SC8045-2014  

Radicación    n°  11001-31-03-024-2006-00235-01   

(Aprobado  en sesión de 24 de febrero de dos  mil catorce)   

Bogotá, D. C., veinticuatro (24) de junio de  dos mil catorce (2014)   

          Se  decide  el  recurso  de  casación interpuesto por la demandante  contra  la  sentencia  proferida  el  22  de marzo de 2011 por la Sala Civil del  Tribunal   Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  dentro  del  proceso  ordinario  instaurado  por  E………  y  D………………  D…… Limitada  frente a E……….. la O……. N……. L………..   

1.  ANTECEDENTES   

          1.1.  En  el  escrito  con  el  que se inició este asunto la actora  solicitó  declarar  terminado  el contrato de distribución de 12 de septiembre  de  2000  y  sus  modificaciones, por incumplimiento de la demandada; condenar a  ésta  a  pagarle las sumas que como resultado de las operaciones mercantiles se  determinen,   así  como  los  perjuicios  padecidos;  conceder  el  derecho  de  retención como garantía de lo que se le reconozca.   

          1.2.  Fundamentó  las  pretensiones  en los hechos que enseguida se  compendian:   

          a)  En  el  pacto,  celebrado  el  12  de  septiembre de 2000 por el  término  de  7  años,  se acordó la exclusividad a su favor para distribuir y  comercializar  los  productos  que  editara  la accionada, y la cuenta corriente  bajo  la  cual  se  desarrollaría  la  relación.  Ante  la difícil situación  económica   de   la   editorial   siguiendo   sus  instrucciones,  le  atendió  obligaciones  con  cargo a cuanto le correspondía por las ventas y también con  recursos   propios,   hasta  el  punto  de  garantizar  con  su  patrimonio  las  obligaciones     para     desarrollar     sus     proyectos    y    su    normal  funcionamiento.   

          b)  La memoria contable de las operaciones conjuntas arroja una suma  que  la  contraparte  no le ha pagado, pese a los requerimientos.  Al 31 de  diciembre  de 2005 el saldo a cargo de la demandada ascendía a $209’638.789,  según  el estado histórico  tomado de su contabilidad.   

          c)  La  E………  O………N….. Ltda. desatendió varias de las  obligaciones  del  tantas  veces mencionado contrato, específicamente, aquellas  concernientes  a:  i)  abastecer  a la actora de 12 ediciones de títulos nuevos  por  año  y la reedición de los que se hubieren agotado, ii) respetar el pacto  de   exclusividad   establecido  a  favor  de  la  demandante  en  cuanto  a  la  distribución  de  las  obras  de  la  Editorial,  y  iii)  informar  al cliente  L……….  N………..  del cambio de proveedor a favor de la D…………..  D………   

          d)   El  14  de  mayo  de  2004  la  opositora  dio  por  finalizado  unilateralmente  el  convenio aduciendo el incumplimiento de la actora, pero, el  siguiente  5  de  noviembre  reconsideró la ruptura. Hubo conversaciones con el  fin  de  aclarar  las  transacciones  conjuntas,  lo  cual  dio  un  saldo en su  beneficio  por  los  anticipos  verificados para solventarle la producción y, a  raíz  de  ello,  el  21  de  diciembre de 2004 por un nuevo acuerdo dejaron sin  efecto  el  comentado  finiquito.   Además,  consensuaron ejecutar algunas  operaciones  dirigidas  a  finalizar  el  vínculo,  previa  la  confección del  inventario,  la  conciliación  de la cuenta corriente comercial y la obtención  de  recursos  para  satisfacer  las  prestaciones  de  la demandada y los saldos  existentes  a  favor  de  la  demandante, a quien, a su vez, se la facultó para  reestructurar las obligaciones de su par.   

          e)  En  ejecución  de  la terminación retractada, la promotora del  litigio  obtuvo  créditos  para costearle la producción de los primeros cuatro  números       del       proyecto      “Música  Clásica”,  y  con  cargo  a  las  futuras ventas de  éste,   le   reestructuró  algunas  deudas,  en  los  términos  de  la  nueva  convención.  Como  la  accionada  no  concertó  una  salida  para adelantar el  acuerdo,   que   involucrara  a  la  accionante  y  también  a  los  acreedores  relacionados,   el   proyecto  no  fue  desarrollado,  ocasionándole  pérdidas  representadas  en  los  anticipos  desembolsados,  en las cuantías pagadas para  promociones  en  el país, Centro América y Brasil; hubo pactos de venta que no  se concluyeron por desobedecimiento de la Editorial.   

          f)  Por  esa  frustración  se  la  privó de percibir las sumas que  hubiera  obtenido  con mediana diligencia, una fuente de recursos para mermar el  monto   de   sus   acreencias;   las  negociaciones  conjuntas  aparecen  en  su  contabilidad,  cuyo estado a 31 de diciembre de 2005 da un total en su beneficio  de   $209’638.7890.  Con  todo,  convinieron  que  la  contraparte  escogería una persona para revisar la  cuenta  corriente  y  el  estado  de inventarios a fin de liquidar el contrato y  finiquitar las operaciones; pero, nada de esto se hizo.   

          1.3.  La  contendiente se pronunció frente al libelo oponiéndose a  las  pretensiones;  aclaró que el convenio se celebró en junio de 1993 y no en  la  fecha  indicada  por  la promotora, anotó que fue ésta quien lo desacató,  admitió  haber dejado sin efecto la comunicación de 14 de mayo de 2004 y negó  los restantes hechos.   

          Propuso    como   defensas   las   que   denominó   “falta   de   legitimación   en  la  causa  por  activa”,  “inexistencia  del incumplimiento  por  parte  de  la  E……  la  O…….  N……”,  “inexistencia   del   cobro  de  las  obligaciones  solicitadas”,             “terminación  unilateral  del contrato”,  “usurpación     de     marcas     o    falsedad  marcaria”,   “falsedad  personal”          y         “enriquecimiento ilegal”.   

          1.4.  Por  sentencia  de 19 de mayo de 2010 el Juzgado Segundo Civil  del  Circuito  de  Descongestión  de  Bogotá  culminó  la  primera instancia,  accediendo a las súplicas.   

          1.5.  Al  desatar  el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  la  oponente,  el  Tribunal,  mediante  fallo de 22 de marzo de 2011, revocó el del  a  quo y, en su lugar, negó  las pretensiones.   

2.  LA  SENTENCIA  DEL  TRIBUNAL   

          2.1.    En   lo   del   cargo,   el   ad  quem   señaló   que   la  convención  atípica  de  distribución  se  probó  con  los  escritos  de  folios  8  a 29 y 36 a 40 del  cuaderno  1,  donde  brotaba  que  la  opositora  se  obligó  a  conceder  a la  demandante  la  distribución  exclusiva  de sus libros  y publicaciones, a  producir  y  a abastecerla cuando menos con 12 ediciones de títulos por año, a  reeditar     los     considerados    “de    venta  comercial”,  y a informar a la L……. N…….. el  cambio     de     quien     la     proveería     después    de    “realizados  los pagos” o de cumplidos  los  tres  años  durante  los  cuales  no  hacían  parte  las  enajenaciones y  despachos que se le hicieran.   

          2.2.  Advirtió  que  en la modificación de 21 de diciembre de 2004  las  partes  acordaron  dejar sin efecto la terminación unilateral del acuerdo,  comercializar   el  proyecto  “cómo  comprender  y  entender   la   música   clásica”   para  superar  dificultades  en la producción de las obras, conciliar la cuenta corriente para  hallar  saldos  a favor o en contra de una u otra, declarando allí la demandada  “(…) que no ha existido incumplimiento alguno por  parte  de  D……”,  por  lo  cual aceptaron que el  convenio   inicialmente  celebrado  seguía  vigente,  aunque  con  los  cambios  consignados en el nuevo documento modificatorio.   

          2.3.  De  esa evidencia emergía que el incumplimiento achacado a la  accionada  no  aconteció,  pues  las  aseveraciones  incorporadas  en  el  acto  introductorio,   con   las   consecuencias  pretendidas,  carecían  de  prueba,  quedándose  en  conjeturas  que  contrastan  con  el  contenido  de dicho medio  persuasivo,    cuyos    efectos    vinculantes    no    podían    disentir   ni  desconocer.   

          Así,  modificaron  lo  relacionado  con la atención exclusiva a la  L……  N……….,  pues  en  la estipulación número 11 se aceptó que este  tercero   continuara   siendo   atendido   por  la  contraparte  y  “(…)  que la actora devolvería la bodega de propiedad de (…)  [aquélla], según se acepta  por   las   partes,   en  un  término  máximo  de  nueve  meses”  a  partir de 21 de diciembre de 2004, y  como  contraprestación por aquel cambio, o sea, en compensación por seguir con  la  Librería,  le  permitía continuar con el uso del bien durante el reseñado  lapso.   

          Tras  concluir  que  la  identificada  probanza  obstaculizaba a las  súplicas  abrirse  paso y apuntalar que su prosperidad estaba condicionada a la  demostración  de  haber  acatado  sus  obligaciones,  reseñó  que  la  actora  desobedeció  sus  deberes por cuanto no restituyó la cosa dentro de esos nueve  meses,  al  extremo  de que en el libelo pidió su retención como garantía del  pago  de  los  saldos,  confesando  así,  que  a la fecha cuando accionó   –5    de    mayo   de  2006–    aún   la  ostentaba  en  su  poder,  pese  a  haber  transcurrido con exceso el plazo para  devolverla.   

          La  promotora del caso, entonces, no estaba facultada para propiciar  el  rompimiento  contractual,  pues se demostró su incumplimiento, sin que haya  desvirtuado  la  afirmación  de la defensa de que retenía la cosa ilegalmente,  “destacándose  (…)  por  el  contrario  (…) lo  confesado  en  su  demanda” (fl.29); añadió, cómo  las  pruebas  en  mención  y  las  restantes  del proceso no controvertían ese  comportamiento   de   cara   al   compromiso   que   contrajo:  la  entrega  del  bien.   

          2.4.  Agregó  que la inculpación a la opositora, consistente en no  haber  sustituido  de  proveedor para la L………. N………, no obstante, el  vencimiento   del   plazo   respectivo,   tampoco   era  de  recibo,  porque  la  estipulación  inicialmente  acordada,  fue  modificada  en  diciembre  de 2004,  cuando  la demandante expresamente aceptó que el citado tercero siguiera siendo  atendido  por aquélla, a cambio de su permanencia por nueve meses en la bodega;  por   tanto,  fundar  una  desatención  de  la  Editora  en  la  falta  de  esa  sustitución,  implicaba  ignorar el acuerdo, allegado al plenario por la propia  actora;  de este modo, por la omisión así reprochada no se la podía demandar,  a menos que se pasara por alto la anotada reforma.   

3.   LA   DEMANDA  DE  CASACIÓN   

          Al  amparo  de  la  causal  primera del artículo 368 del Código de  Procedimiento  Civil,  un  cargo  propone  la  recurrente. Acusa la sentencia de  violar,  de  manera indirecta, los artículos 1495, 1501, 1502, 1517,1518, 1546,  1562,  1602,  1603, 1609 del Código Civil, 864, 865, 870, 871 y 872 del Código  de  Comercio, como consecuencia de los errores fácticos en los cuales incurrió  el Tribunal al apreciar las pruebas.   

          3.1.  Tras puntualizar que el desatino radica en no haber tenido por  demostrados  los incumplimientos de la demandada, en especial, el de restituirle  al  cliente  L…….  N……….,  y  en  la forma como dio por probado que la  accionante  había  desatendido  la prestación de entregar una bodega, hace ver  cómo  a  partir de la estipulación 11 del convenio de 21 de diciembre de 2004,  obrante  a  folios  25  a  29,  el juez de segundo grado dio por sentado, por un  lado,  la  obligación  de  ésta de devolver un predio; lo cual le sirvió para  decir  que  la  de  aquélla de regresar al susodicho cliente por tarde el 12 de  septiembre   de   2003,   fue  modificada,  en  cuanto  aceptó  que  continuara  atendiéndolo,  a  cambio  de  que siguiera con el inmueble por espacio de nueve  meses;  y,  por  el otro, que la promotora del pleito no podía pedir la ruptura  porque había desacatado sus responsabilidades.   

          El  defecto  consistió  en que ese convenio no contiene obligación  pues  carece  de objeto determinado o determinable; alude a la devolución de un  bien  pero  sin  nombre,  dirección,  ubicación,  área, extensión, linderos,  cédula  catastral  ni  folio  de  matrícula  inmobiliaria  que  permitiera  su  identificación,  y  ello el juzgador no lo reparó.  Es decir,  dejó  de  observar  su  inutilidad  desde  el  punto de vista probatorio, en cuanto no  concreta  el  objeto materia de restitución; de este modo, lo tergiversó, pues  al  padecer  de  indeterminación, no podía hablarse de ese deber jurídico por  inexistente, y como secuela del incumplimiento.   

          Bodega         –dice–  es  un  vocablo genérico y ambiguo en cuanto exige especificación para precisarlo,  que  produzca  efectos,  por  lo menos, en los aspectos atrás referidos, y así  predicar  cosa determinada que pudiera ser objeto de declaración según el art.  1518 del Código Civil, el cual quebrantó.   

          Luego  de  aludir  a  la  doctrina  sobre el último particular y de  afirmar,  con  invocación  de  la  jurisprudencia,  que  cuando se involucra un  inmueble,  éste debe singularizarse en el libelo y en el documento que lo cite,  advierte   que   como   no   hay   “objeto  en  la  obligación”  que el sentenciador vio, reitera ésta  es  inexistente,  y al serlo, no puede predicarse su incumplimiento; le dio así  alcance demostrativo a una convención inocua.   

          3.2.  Como  no  dijo qué fue lo confesado, entiende que el Tribunal  encontró  probada  la  no  restitución  de  la  bodega  dentro  de los 9 meses  siguientes  al  convenio  de  21  de diciembre de 2004, pero en ello hay dislate  fáctico,  en  primer  lugar,  por lo ya demostrado y, en segundo, por cuanto en  las  súplicas  se  aludió  genéricamente  a  un  inmueble  sin  dato  que  lo  identificara,   lo  cual  torna  estéril  esa  manifestación;  por  tanto,  se  equivocó  al  ver  en la pretensión cuarta una aparente confesión. Supuso que  el  bien  allí  referido  era el mismo del documento modificatorio, sin existir  evidencia  al  respecto; y como era inviable afirmar identidad entre lo uno y lo  otro,    tampoco    podía    colegirse    que   cuando   en   el   petitum   se   mencionó   la  cosa,  se  estuviera confesando su no restitución o su incumplimiento.   

          3.3.  Como  el  representante  legal  de la demandada no asistió al  interrogatorio  de  parte ni justificó la ausencia, implicaba tener por ciertos  los  hechos  susceptibles  de  confesión según el artículo 210 del Código de  Procedimiento  Civil;  empero,  el ad quem  no  observó  esa  realidad,  dejando  de  admitir  por tales, los  atañaderos al incumplimiento  en ellos atribuido.   

          Esa  omisión  condujo  a  no ver que en el hecho 4° se imputa a la  opositora  incumplimiento  a  las  obligaciones  de:  (i) restituirle el cliente  L………  N……….  L……….. a más tardar el 12 de septiembre de 2003;  (ii)  producir y abastecerla de por lo menos 12 ediciones de títulos nuevos por  año   y   de   la   reedición   de  los  faltantes  considerados  “de  venta  comercial”;  (iii)  y  la  distribución  exclusiva  de  todos sus libros para Centro América, el Caribe y  Brasil.   

          El   fallador   no   cuestionó   esas   obligaciones,  “(…)  pero  sí  consideró  que  la parte demandante no había  demostrado     su     incumplimiento     (…)”1,         cayendo  en falencia fáctica, porque la accionada no compareció al  interrogatorio   ni  justificó  su  inasistencia;  por  tanto,  cuanto,  se  le  enrostró  en  el hecho 4° quedó probado con la confesión ficta. “(…)   Y   si  bien  el  Tribunal  (…)  quiso  desvirtuar  el  incumplimiento  relativo  a la obligación de la Editora de restituir el cliente  (…)”2   

(L……..  N………)  por  tarde  en la fecha atrás identificada, debe tenerse en cuenta  que  en  precedencia  se  demostró  la  sinrazón  al  respecto; además, si se  aceptara,  en  gracia  de  discusión,  que  se  refirió  a  uno  de  los  tres  incumplimientos, subsistirían los restantes.   

          Pese  a  estar  probados  tales  desacatos, el juez de segundo grado  creyó  que  al haber desvirtuado el relacionado con la L……… N……., los  otros  dos  corrían  la misma suerte, pretermitiendo la confesión presunta. De  haberla  ponderado  no  habría  caído  en el error de inferir que la actora no  demostró  los  incumplimientos endilgados a la contraparte. La circunstancia de  que  ésta  no  haya  traspasado los derechos para atender a la citada librería  “quedó  latente” porque  el   numeral   11  del  escrito  modificatorio  “no  envuelve  obligación” de la actora de restituir cosa  alguna;  así  se  prescindiera  de esa supuesta tarea, la contravención de las  dos   restantes   subsiste,   ya   que   no   hay   prueba  demostrativa  de  lo  contrario.   

          3.4.   A   vuelta   de   citar  el  artículo  249  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  sostiene  que el Juzgador ignoró indicios a partir de la  conducta      procesal      de     la     “parte  demandada”  pues de haber apreciado la contestación  al  libelo  habría  advertido  que  la  opositora  no  alegó  el  “incumplimiento”  de la accionante de  “(…)  restituir  una  bodega (…)”,  ni  basó  su defensa en la estipulación 11; motivo por el cual,  la  deducción  lógica es la inexistencia de tal obligación; y al no fundar su  defensa  en  ese  pacto  es  porque  “(…) ésta es  inocua”. Este aserto cobra fuerza si no se pierde de  vista  que  el  contrato  del  12  de  septiembre  de  2000  no involucra predio  alguno.   

          3.5.  El  sentenciador  tampoco  apreció  la certificación que con  base  en  los  libros  contables  emitieron  el representante legal y el revisor  fiscal  de  la  promotora  del  proceso, conforme a la cual a 31 de diciembre de  2006    el   saldo  adeudado  por  la  opositara  era  de  $215’728.155; ni la proyección de pagos de  facturación  obrantes  a folios 32 a 35; de haberlas ponderado habría inferido  que los perjuicios reclamados estaban sustentados.   

3.6.          En el mismo orden no vio que el auxiliar,  M…..  A…….  G……..  U……..  conceptuó  que lo adeudado por aquélla  ascendía  a  $283’928.754  por  anticipos y pagos a terceros, $123’032.426    por   no   restituir   el   cliente,   $2.176’102.096   por   violación   de   la  exclusividad        y        $749’731.739   por  daños  causados  a  raíz  de  la  frustración  del  proyecto:  “Cómo comprender y disfrutar la música  clásica”;  dictamen  que al no haber sido objeto de  contradicción,  debió  tener  en  cuenta  como  indicio,  al  lado de aquellas  certificación  y  proyección  de facturas, emitidas por el representante legal  de la demandante.      

4.  CONSIDERACIONES   

          4.1.   Como   la   decisión   impugnada   a   través  del  recurso  extraordinario  de  casación  llega  a  la Corte amparada por la presunción de  verdad  y acierto, cuando se enfila el ataque por la vía indirecta de la causal  primera  del artículo 368 del Código de Procedimiento Civil, enrostrándole la  comisión  de  desatinos  fácticos,  se  impone  al  acusador  probar  el yerro  notorio,  amén  de  trascendente,  en  el que haya incurrido el Tribunal.   Expresado  con palabras del legislador, en las situaciones donde se “(…)   alegue   la   violación   de   norma   sustancial  como  consecuencia  de error de hecho manifiesto en la apreciación de la demanda o de  su  contestación,  o  de  determinada prueba, es necesario que el recurrente lo  demuestre”3.   

Como  lo tiene sentado la jurisprudencia, en  vista  de  la  discreta autonomía de que goza el sentenciador en la valoración  probatoria  para  resolver, “(…) en tratándose de  establecer  los  desaciertos  (…)” que ha cometido,  “la  tarea del impugnador necesariamente debe estar  dirigida  a  demostrar  que  el  yerro  que  le  achaca al juzgador es notorio y  trascendente”4.   

          4.2.   El   casacionista  combate  al  ad  quem por haber desacertado al valorar los elementos de  juicio;  no  empece,  aquella  tarea  en procura de demostrar defectos palmarios  sobre  el  particular  no la honra cabalmente. En lugar de combatir frontalmente  el  fundamento  toral  que  adoptó el fallador para definir el asunto, transita  por  la  senda de su conveniencia, dejando de atender la carga que en la materia  gobierna la preceptiva casacional.   

          4.3.                      En   el   declarativo   que   le   inició   la  Distribuidora  a  la  Editorial, el Tribunal negó las pretensiones tendientes a  obtener  el   pago de unas sumas de dinero, la indemnización de perjuicios  y  el  ejercicio del derecho de retención de un bien inmueble como consecuencia  del  incumplimiento contractual de la promotora del litigio de la obligación de  restituir  una bodega a la convocada, a cambio de que el  cliente, L…….  N……., fuera atendido por la actora.   

           El   censor   en  el  cargo  cuestiona  frontalmente   la  obligación  restitutoria,  tildándola  de  inexistente  por  indeterminada  e  indeterminable,  al  no haberse identificado la cosa objeto de  devolución.   

          El  ataque  así propuesto, debe enunciarse sin reticencia, hállase  desenfocado,     por     cuanto     si     el    ad  quem   encontró  demostrado  que  el  demandante  incumplió  aquélla  obligación, la tarea del casacionista debió dirigirse en  un   todo,   en   procura   de   desvirtuar  esa  conclusión,  demostrando  que  efectivamente  hubo entrega.   No obstante, la acusación se enfiló a  poner  de  presente  que  no  existía tal deber jurídico; que por tanto,   tampoco  la  obligación  de  restituir,  y como colofón, no era dable exigirle  demostrar que cumplió una exigencia inexistente.   

          Al  no  dirigir  el  reproche  al  punto  basilar  de  la  sentencia, muestra una total asimetría y carencia de completud  entre  lo  resuelto  por  el  Tribunal  y lo fustigado por el recurrente. En esa  circunstancia,   debió  remover  y  enfrentar  con  prelación  en  su  trabajo  argumentativo    la    ratio   decidendi  central  del  sentenciador en torno al comportamiento obligacional  de  la  actora, y como éste aspecto no lo cuestionó, ni procuró derruirlo por  parte  alguna,  dejándolo  por  fuera  en  el  cargo, el fundamento toral de la  decisión  permanece  enhiesto,  porque  su desquiciamiento  no es ni puede  ser    tarea    oficiosa    de    esta   Corte,   en   sede   del   iudicium  rescindens,  por  el  carácter  eminentemente     dispositivo    del    recurso    por    cuanto    “(…)  lo  que  está  al  margen de la acusación es intangible  para             la             Corte”5.   

           Siendo  disonante  y  desorientado  el  embate,  en  pie  queda  el incumplimiento de la actora, mucho más si la prueba  demostraba  el  de  la  demandada;  además,  para  completar, debió dirigir la  impugnación  a  poner  de  presente,  que  la  infracción contractual de ésta  neutralizaba  el  de  aquélla, empero, como nada de ello aconteció, ni así se  planteó, indemne resulta el fallo recurrido.   

          4.4.  Al  margen  de lo expuesto, la Corte encuentra que el fallador  dio  por  probado que en la estipulación 11 del documento de 21 de diciembre de  2004  la  demandante  aceptó  que  la  L……..  N……….  siguiera  siendo  atendida  por  la  demandada,  a  quien  debía devolverle la bodega en un plazo  máximo  de  nueve  meses  contado  a  partir  de  esa fecha, y la Editorial, en  compensación  por  seguir  con la Librería, autorizaba a la Distribuidora para  continuar  con  el  bien  durante  el  reseñado lapso. Con esta base, aseguró,  entonces,   que   como   la   finalización  pedida  estaba  condicionada  a  la  demostración  de  la  restitución  del  bien  al  cumplirse  ese  período, el  pedimento  no  salía  airoso.  Al  no  actuar  de esa manera  –continuó     diciendo–  en el acto introductorio pidió  se  le  concediera  el  derecho  para  retenerlo, como garantía del pago de los  saldos  alegados en su favor, con lo cual confesó que inclusive al 5 de mayo de  2006,  cuando  acudió a la jurisdicción, aún tenía en su poder el bien, pese  a  haber  transcurrido  con  exceso  aquel  término; en fin, que esas pruebas y  “las     demás     que     obran     en     el  expediente”  no  controvertían  su  comportamiento  frente    al    compromiso    que    contrajo    de   entregarlo,   “destacándose  (…)  por  el contrario (…) lo confesado en su  demanda” (fl.29).   

          Es     decir      –recalca     la     Corte–,   a  partir de los medios demostrativos reseñados el juez de  segundo  grado encontró que el predio, cuya restitución debió hacer dentro de  los  nueve  meses  siguientes al 21 de diciembre de 2004, seguía en poder de la  actora,  inclusive  para el año 2006 cuando promovió la acción; circunstancia  que  entrañaba  la  inobservancia  del  especificado  débito,  y  a la vez, la  imposibilitaba para deprecar el rompimiento contractual.   

          La  censora,  por  su  lado, en lugar de  combatir  ese  cardinal  fundamento, alegando y demostrando que había regresado  la  cosa  a la esfera de la accionada en el tiempo debido y que, por ende, no la  tenía  en  su  poder,  por  haberla restituido, caminando una vía distinta, le  atribuye  al  Juzgador  haberse equivocado al no ver que la dicha convención no  contenía    la   obligación   restitutoria,   al   carecer   de   “objeto”  determinado o determinable,  pues,  aunque  alude  al  reintegro  de  un  inmueble,  no plasmó elementos que  facilitaran  su  identificación, como el nombre, dirección, ubicación, área,  extensión,  linderos,  cédula catastral, ni folio de matrícula. Añade que al  ostentar  esa  irregularidad,  era  inútil en el campo probatorio hablar de esa  prestación;  en  suma,  que  por faltar aquella puntualización, la prestación  era  inexistente,  motivo  por  el  cual  no podría predicarse su desatención,  porque  si se involucraba una especie de las referidas, debía singularizársela  en el libelo y en el documento que la invocaba.   

          El  contraste  entre aquello y esto muestra sin mayor dificultad que  con  notorio  desenfoque  la  impugnadora  prefirió plantear una crítica en el  escenario  que  estimó  desde  su particular criterio, en lugar de enfrentar al  sentenciador  en  su  basilar  motivación  y  de arremeter contra la decisión,  demostrando  los  errores, tal como el carácter enteramente dispositivo de este  recurso lo impone.   

Habiendo  seleccionado  la vía indirecta no  denunció  ni  demostró  dónde radicaba el dislate mayúsculo del ad  quem al resolver la apelación, no en  derredor  de  lo  que  en  sano  juicio  creyese,  sino en el campo propio de la  estructura  de  la  casación.  Adviértase,  por  centrar  su  propuesta  en la  ausencia   de  “objeto”  obligacional,  no  adujo  una  sola  línea  en  donde  controvirtiera el aserto  extraído  por el Tribunal, consistente, itérase, en que como el predio seguía  en  su  poder,  inclusive para el 5 de mayo de 2006 cuando presentó la demanda,  había   desobedecido   la   labor   que   contractualmente,   motu  proprio,  asumió  de  devolverlo a  más   tardar  al  cumplirse  nueve  meses  contados  a  partir  de  la  aludida  modificación;  por  tal  desorientación  en  el  ataque,  el  razonamiento del  fallador  sigue  indemne,  respaldando, por sí solo, la resolución denegatoria  de las pretensiones.        

          La  Sala,  en  forma  reiterada y uniforme, ha adoctrinado, cómo la  crítica  casacional debe estar dirigida a combatir los fundamentos del fallo de  segunda  instancia,  y  no  otros,  pues  al fin de cuentas son ellos, y no nada  distinto,  los  que  sustentan  la  decisión   adoptada;  por tanto, si la  censura  se despliega con base en la causal primera, al opugnador no le es dable  soslayar  la  mirada de esos motivos. Es en torno de ellos como debe describir y  poner  de  presente  las  equivocaciones  que  ha de develar, de tal modo que si  plantea  la  crítica  en  un  ámbito  diverso,  deja  incólume  el respectivo  soporte.   

          Con  razón  la  doctrina  de  esta  Corte ha señalado “(…)  que  la  debida  consonancia  que  debe  existir entre el  embate  planteado  con  las  motivaciones  que  se pretendan descalificar, no se  cumple  a  cabalidad  cuando,  como  lo  ha  dicho la Corporación, ‘el recurrente se limita a exponer una  fundamentación    por    completo    desligada   de   dicho   fallo’, como tampoco en aquellas hipótesis  en  que  ‘se  basa en un  supuesto  que nunca ha sido considerado por el sentenciador, puesto que en tales  eventos  se  mantienen  intactos los pilares de la sentencia recurrida, los que,  en   esa   medida,   no   sólo  siguen  en  pie  sino  excluidos  de  cualquier  examen’   (sentencia  número  047  de  29 de marzo de 2001, exp.#6541)”6.   

          4.5.  El  incumplimiento contractual es la columna en donde se apoya  la  determinación  de  la  instancia,  y como ella, en realidad, a la postre se  dejó  por  fuera  de  toda  objeción  en  el extenso cargo, lo reflexionado es  suficiente   para   desestimarlo,   ante   el   carácter   totalizador   de  la  argumentación   del  Tribunal;  cualquier  reparo  carente  del  propósito  de  neutralizarla, como el que se discurre, no pasa de ser inane.   

          4.6.  El  artículo 1546 del Código Civil señala que en los pactos  bilaterales  va  envuelta  la condición resolutoria en caso de no cumplirse por  uno  de  los  contratantes lo pactado, evento en el cual el otro podrá optar, a  su  elección, por la resolución o por el cumplimiento, en uno y otro caso, con  indemnización de perjuicios.   

          El  comportamiento  indebido  de uno de los convencionistas, reclama  del  otro  contratante  para legitimarlo en su acción en la esfera del 1546 una  conducta  leal  con  la  que negocialmente se comprometió; de tal manera que si  quien  demanda  igualmente abandona el programa contractual, por esa sola razón  carece de la acción resolutoria, prevista en ese precepto.   

          El  postulado  acompasa,  con la idea que comunica el artículo 1609  ejusdem,  el  cual  de modo  lapidario  prevé  que  en  los  acuerdos  de  aquella  índole  ninguno  de los  contratantes  está  en mora dejando de cumplir lo pactado, mientras el otro por  su  lado no cumpla, o no se allane a cumplirlo en la forma y tiempo debidos; por  supuesto,   no   se  puede  hablar  de  mora  en  la  ejecución  de  los  actos  comprometidos,  si  de  otro lado quien aspire a deducir efectos de ello no hizo  lo   propio  con  los  deberes  jurídicos  que  estaban  en  la  esfera  de  su  responsabilidad.    

          En  este  sentido  la  doctrina  de  la Sala tiene sentado, de vieja  data,  que  la  prerrogativa  que la primera de las normas traídas “(…)   le   concede   a  los  contratantes  para  solicitar  la  resolución  derivada  del  incumplimiento,  está  deferida  a favor de aquella  parte  que  haya  observado  fidelidad  en  los compromisos que surgen del pacto  (…)”,  habida  cuenta  que  su  “(…)  contenido  literal  (…)  pone de  manifiesto   que  esa  facultad  legal  no  está  al  alcance  del  contratante  incumplido  para  liberarse de sus obligaciones”. Por  tanto,  “(…)  luego  de  que  sea  establecida la  existencia  de  un  contrato  válido que ligue a los contratantes, la labor del  juzgador  deberá  estar  dirigida  a  determinar,  a la luz del citado precepto  legal,  la  legitimación  del  actor,  esto  es,  a  escudriñar si su conducta  contractual  evidencia  que  puede  beneficiarse  de  la  facultad para pedir la  resolución  del  contrato  o su cumplimiento, con indemnización de perjuicios,  porque  tal derecho le asiste únicamente a quien ha cumplido o se ha allanado a  hacerlo,  lo  que  visto  en sentido contrario indica que cualquiera de ellas se  frustra  cuando quien la demanda a su vez ha incumplido de manera jurídicamente  relevante,  porque  en  tal caso, ante la presencia de obligaciones recíprocas,  el  deudor demandado podrá justificar su resistencia a cumplir la suyas, lo que  significa  que  quien  promueva  la  correspondiente acción debe estar libre de  culpa  por  haber  atendido a cabalidad, como que una conducta así es la que le  confiere legitimación al actor.   

          “Con  arreglo  a  lo  expuesto,  es claro que la viabilidad de la  acción  resolutoria  de  que  trata  el  precepto legal en cuestión depende no  sólo  de  la  cabal demostración del incumplimiento del demandado sino de que,  de  igual  modo,  logre  evidenciarse  que  el actor efectivamente satisfizo las  obligaciones  anteriores o simultáneas que tenía a su cargo o que se allanó a  cumplirlas,   pues,   como   lo   tiene   dicho  la  Corporación,  ‘solamente el contratante cumplidor de  las  obligaciones  a  su  cargo,  nacidas  de un acuerdo de voluntades, o por lo  menos  que  se  haya  allanado  a cumplirlas en la forma o tiempo debidos, puede  pedir  la  resolución del contrato y el retorno de las cosas al estado anterior  con  indemnización  de  perjuicios,  cuando  la  otra  parte no ha cumplido las  suyas’,  lo cual traduce  ‘que si el demandante de  la  resolución  de  un  contrato  se  halla  en  mora  de cumplir alguno de los  compromisos  que del pacto surgieron para él, carece de derecho para obtenerla,  puesto   que   precisamente  la  ley  autoriza  el  ejercicio  de  esta  acción  resolutoria  a la parte que ha cumplido contra el contratante moroso’(G.  J.,  t. CXLVIII, 1ª Parte, pag.  202)”7.   

          Por  consiguiente,  como  el  basamento y la médula de la decisión  objeto  de  este  recurso  radicó  en  que  la accionante quebrantó el negocio  jurídico,  en  tanto  no  restituyó la bodega en el período convenido ni aún  después,  consideración que anduvo pacífica en esta senda extraordinaria, los  planteamientos  de  la  censora carecen de la fortaleza suficiente para provocar  el  quiebre  pretendido, puesto que el embate únicamente se dirige a cuestionar  situaciones   distintas  de  aquélla,  razón  suficiente  para  que  el  fallo  permanezca firme.   

          4.7.  Con  todo,  si se hiciera de lado lo recalcado en precedencia,  en  pos  de  abrir  espacio  para  auscultar  lo  alegado  en  la arremetida, la  Corporación  no  llegaría a conclusión distinta de la sentenciada como pasa a  verse:   

         

          4.7.1  El  casacionista  asevera  que  la falencia radicó en que el  ad  quem omitió reparar que  la  estipulación  11 de la modificación contractual de 21 de diciembre de 2004  no     contiene     obligación    alguna    al    carecer    de    “objeto”         “determinado”    o    “determinable”,  porque, aunque alude  a   la   devolución   de   un   bien,  no  brinda  elementos  que  permitan  su  identificación;  como  corolario,  al padecer de ello, devendría inútil en el  campo  probatorio  y  sustancial hablar de esa obligación; de suerte que siendo  inexistente,  no  podría  predicarse  inobservancia  contractual;  y  con mayor  razón,  cuando  al  involucrar  un  inmueble,  debería singularizárselo en el  libelo y en el escrito que lo refiera.   

          4.7.2.  El  reproche  así  formulado carece de fundamento porque el  contenido  negocial en rigor alude a un inmueble; claro, no peculiarizado por su  ubicación,  linderos y demás características, pero cuya restitución, sí era  indiscutida  misión a cargo de la actora dentro de los nueve (9) meses contados  a   partir  del  21  de  diciembre  de  2004;  por  consiguiente,  la  cuestión  “determinada”    o  “determinable”  de  la   prestación   echada   de   menos,   sí   la   encontró  el  ad  quem tras el análisis conjunto de los  elementos de juicio que acopió.      

          A  vuelta  de  sostener que en la mentada mutación del contrato, la  demandante  se obligó a restituir una bodega en el término de nueve (9) meses,  el  juez  de  segundo  grado,  por  lo  menos, implícitamente y en sana lógica  entendió  que  la misma era aquella cuya retención pidió en la pieza inicial,  solicitud  que  al  mismo  tiempo  le  sirvió  para deducir la confesión de su  autora,   tocante   con  la  entrega  oportuna,  al  extremo   –prosiguió–   que las anteriores probanzas y  “(…)  las  demás  que  obran  en  el  expediente  (…)”  no  controvertían  ese aserto, “(…)  destacándose  (…)  por el contrario (…) lo confesado  en su demanda” (fl.29).   

El  predio no se determinó en forma precisa  en  la  estipulación  11,  con  el  comportamiento  procesal  de  la actora, el  Juzgador  halló  elementos  serios  para saber de cuál cosa se trataba, y para  concluir,  a  partir de la lectura de la reseñada actitud, del citado documento  que  modificó  el  contrato,  del texto del acto introductorio del litigio y de  las  restantes  pruebas  arrimadas  a  la actuación, que el bien inmueble allí  referido  era  el  mismo  al cual se contraía la retención deprecada. Del solo  hecho  de  haber  demandado esa medida sobre el bien, emergía que la accionante  no  solamente lo conocía sino que también para mayo de 2006 lo retenía.   De  suerte  que su existencia y contenido no era posible poner en duda, y por el  contrario  en  rigor,  podía extraerse confesión de que el mismo inmueble aún  lo poseía la accionante.      

          De  modo  que  el  sentenciador no desacertó al ver la prueba, pues  fue  con  base  en el ponderado estudio de su estructura objetiva como advirtió  que  la  referida  bodega  era  aquella  cuya retención se pedía en el libelo,  conclusión frente a la cual el cargo es elocuentemente silencioso.   

          4.7.3.  Por  otra  parte,  cual  quedó  visto,  la  promotora de la  contienda  no  infirma  la detentación de la heredad a que se refiere el fallo,  apenas  especula  acerca  de  que  no  se  sabe  que  la  del pacto sea la misma  anunciada  en  el libelo. En posterior alusión, luego de citar el artículo 249  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  sostiene  que como el Tribunal no sacó  indicios  del  hecho  de  que  en  la  contestación  la demandada no alegó que  aquélla  se  haya  sustraído  a  devolver  la  cosa, ni basó su defensa en la  mencionada   estipulación   11,   debió   deducirse  la  inexistencia  de  tal  obligación,  y  al no fundar su resguardo en ese pacto, el mismo era inocuo, lo  cual  cobra  fuerza,  dice,  porque  el  convenio  de 12 de diciembre de 2000 no  involucraba bien alguno.   

          4.7.4  Como  se aprecia, en tales segmentos no hace más que exponer  dudas  y proponer conjeturas por vía de la suposición, ajenas al rigor lógico  y  epistemológico  de  un  cargo en casación, y en casos como el presente, sin  enfrentar  y  demostrar cuál era el yerro mayúsculo de la sentencia al dar por  demostrado  el  incumplimiento  contractual  por la no restitución de la bodega  por parte de su agenciada.   

          Ha  de  recordar  la  Sala,  una  vez  más, que tan sólo cuando el  ad   quem   cae   en  una  equivocación  protuberante  y  trascendente,  es  dable  abrir el sendero de la  casación,  por  cuanto  “(…) la acusación que no  se  dirija a enrostrarle vicios de esa envergadura no pasará de ser inane, como  también  lo  será (…) la que se apoya en fundamentos dubitativos, por cuanto  al  no  corresponder  ninguno  de  estos  supuestos  a  los  que caracterizan la  equivocación  palmaria  que lleve sin asomo de duda a suprimir la sentencia del  tribunal,  ha de otorgarse prevalencia a los razonamientos que éste expresó en  la                   providencia”8,  pues  es apenas “(…)  obvio  que  la  ruptura  del  fallo acusado sólo podría  fundarse   en   la  certeza  y  no  en  la  duda”9,   habida  cuenta  que  ésta  “(…)   jamás   sería   apoyo   razonable  para  desconocer    los   poderes   discrecionales   del   sentenciador”10.   

          4.7.5  Además,  el censor imputa al Tribunal haber omitido observar  que  la  contestación  de  la  demanda  no  se  ancló  en el escrito del 21 de  diciembre  de  2004  ni en la falta de entrega del bien; empero se sustrae de la  demostración  de  cuáles  son los errores palmarios alrededor de las probanzas  y,  por  lo mismo, de realizar el paralelo entre lo que tales elementos muestran  con   los   argumentos  de  la  decisión;  de  haber  realizado  el  ejercicio,  seguramente   habría   hallado   que   la   sentencia  impugnada  hace  expreso  reconocimiento  de  ese  elemento  cuando aseguró que la demandante carecía de  legitimación    para    deprecar   la   terminación,   ya   que   “(…)  desde  el  albor  de su actuación se evidencia su propio  incumplimiento,  circunstancia  que  expuso  en su defensa la pasiva, sin que la  actora   hubiere   desvirtuado   la   afirmación  relativa  a  que  la  retiene  ilegalmente,  destacándose  que por el contrario, se reitera, lo confesó en su  demanda”11.     

          4.7.6.   Si   la  impugnadora  creía  que  aquella  inferencia  del  ad  quem era errada, debió  argumentar,  y  demostrar  desde  luego,  que  de  la  materialidad objetiva del  documento   de   folios  25  a  29,  de  la  pieza  inicial  y  de  “las   demás   que   obran   en   el   expediente”,  no  era dable extraer lo que aquél dedujo de ellas; pero no solo  no  lo hizo, sino que adicionalmente las dejó por fuera de toda crítica, tanto  que  ni las menciona, omisión que de igual modo da al traste con la acusación.   

          Así se admitiera, en vía de hipótesis,  equivocación  en  la  lectura  de los dos primeros elementos de convicción, la  resolución  cuestionada sigue firme apoyada en esos otros medios de certeza, en  los  cuales,  reitérase,  también  se  funda lo juzgado. Cuando la providencia  combatida  se  soporta  en diversas pruebas, como sucede en la ahora enjuiciada,  según  viene  de  reseñarse,  es  carga  del  opugnador  presentar  un  ataque  “(…) que comprenda todos los soportes probatorios  que  fincan  la  decisión,  porque  si ésta es parcial, así se demuestren los  errores  denunciados, los fundamentos no controvertidos y determinantes de ella,  la  siguen  manteniendo  y  por  ende el cargo fracasa, porque la presunción de  acierto        continuaría        vigente”12.   

          4.7.7.  En lo restante del cargo, el recurrente enjuicia al fallador  por    no   haber   apreciado    “(…)   los  incumplimientos   en   que   incurrió   la   demandada   de   sus  obligaciones  (…)”,  señalados  en  el  hecho  cuarto  del acto  introductorio,  que  debió  dar  por  confesados  a  raíz  de  la inasistencia  injustificada  de su representante legal al interrogatorio; ni de haber valorado  la   certificación   que  con  base  en  los  libros  contables  expidieron  el  representante  legal  y  el  revisor  fiscal de la actora y el dictamen pericial  emitido  por A……… G…….. U…….. En este ámbito la censura se dirige  a  connotar  que  se omitió apreciar unas evidencias que, de haberlas evaluado,  lo  habrían  llevado  a tener por probado el desobedecimiento de la demandada a  las tres obligaciones descritas.   

           4.7.8.  Si  se  aceptara  el  anterior  planteamiento,  aun  así,  la Corte no podría llegar a conclusión distinta de  la  ya  advertida, precisamente porque, cual se expuso en la parte pertinente de  esta  sentencia, la circunstancia de que llegase a quedar demostrado a partir de  aquella   propuesta   de  la  acusadora,  de  que  la  opositora  desacató  sus  obligaciones,  absolutamente  en  nada  cambiaria  el norte del asunto, estando,  como  en  efecto  ha  quedado, firme el fundamento a través del cual el Juez de  segundo  grado  definió  que la accionante por su lado no observó in  radice las que eran de su incumbencia.   

          Sin  hesitación  de  ninguna especie se  conoce,  que  la pretensión resolutoria del negocio únicamente puede tener eco  en  la  medida  en que su promotor demuestre fidelidad a los compromisos y a los  deberes  de conducta contraídos; de donde, tal resonancia no se debe esperar de  quien se comprueba sustracción protagónica en atenderlos.   

5.  DECISIÓN   

          En  armonía  con lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala  de  Casación  Civil,  administrando  justicia  en nombre de la República y por  autoridad   de   la   ley,   NO   CASA   la  sentencia  de 22 de marzo de 2011, pronunciada por la Sala Civil  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Bogotá, dentro del proceso  ordinario identificado en esta providencia.   

          Condénase  a  la parte recurrente a pagar las costas causadas en el  recurso   extraordinario,  las  cuales  se  fijan  en  seis  millones  de  pesos  ($6’000.000).   

CÓPIESE,   NOTIFÍQUESE   Y  OPORTUNAMENTE  DEVUÉLVASE AL TRIBUNAL DE ORIGEN.   

JESÚS  VALL  DE  RUTÉN  RUIZ   

Aclaración de voto  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

    

1 Folio  23 demanda de casación.   

2 Folio  23 demanda de casación.   

3  Artículo  374,  num.3°,  Código  de  Procedimiento  Civil.   

4  Sentencia número 184 de 3 de noviembre de 2004, exp.  #7327.   

5CSJ.  Civil,    Sent.    de   27   de   febrero   de   2001,   exp.   5987.   

6   Sentencia  número  133  de  5  de  octubre  de 2006,  exp.#30782-01.   

7  Sentencia   080   de   16   de   junio   de   2006,  exp.#7786.   

9  G. J., t. CVII, página 289.   

10  G. J., t. XLVI, página 649.   

11  Folio 29 del Cuaderno del Tribunal.   

12  G.  J.,  t.  CCLXI,  página 882; criterio reiterado,  entre    otras,    en    sentencia   357   de   16   de   diciembre   de   2005,  exp.#19997-2016-01.     

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