SC8410-2014 [2005-00304-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  CIVIL   

FERNANDO   GIRALDO  GUTIÉRREZ   

Magistrado  Ponente   

SC8410-2014  

Radicación           n°  05001-31-03-001-2005-00304-01   

(Aprobada   en   sesión   de         doce de mayo  de dos mil catorce)   

Bogotá  D.C.,  primero (1°) de julio de dos  mil catorce (2014)   

Decide  la  Corte  el  recurso  de casación  interpuesto  por los demandantes, frente a la sentencia de 3 de febrero de 2012,  proferida  por  la  Sala  Civil  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Medellín,  dentro  del  proceso  ordinario  de  Ligia  de Jesús Mesa Madrigal,  Silvia  Elena,  Diana  Ligia,  Mónica  Cecilia y Carlos Mario Hoyos Mesa contra  Comercializadora Movifoto Ltda.   

     

I. EL  LITIGIO     

    

1. Los accionantes  pidieron   declarar  que  la  comunidad  conformada  por  ellos  adquirió,  por  prescripción  extraordinaria  de  dominio,  un  predio rural en el municipio de  Girardota,     del     cual     figura     como    propietaria    inscrita    la  sociedad.     

    

1. Relataron  como  hechos  justificantes  los  que  a continuación se compendian (folios 23 al 25,  cuaderno 1):     

a. Ligia de Jesús  Mesa  Madrigal  y  Rafael  Ángel  Hoyos  González,  junto  con  sus hijos, han  poseído  desde  hace  más  de veinte años un lote de terreno en el paraje San  Esteban,   municipio   de   Girardota,   que   discriminan   por   su  cabida  y  linderos.     

     

a. Hoyos González  falleció el 13 de mayo de 2002.     

     

a. Los  actos  de  señores  y  dueños  han  sido  compartidos  y mancomunados, recayendo sobre la  totalidad  del  bien, «no en  forma individual sobre partes determinadas del mismo».     

     

a. Su ejercicio ha  sido  público e ininterrumpido, al repeler perturbaciones de terceros, darlo en  arrendamiento y explotarlo agropecuariamente.     

     

a. A  pesar de que  figura  como  titular  del  dominio  Inversiones Moviliarias Movifoto Ltda., esa  persona  jurídica  cambió  su  razón  social  por  Comercializadora  Movifoto  Ltda.     

    

1. La accionada, una  vez  notificada  del  auto  admisorio,  se  opuso y formuló, sin sustentar, las  defensas  de «falta de causa  para       pedir»,  «inexistencia   de   la  obligación»,  «mala    fe   de   los  actores»       y  «cualquier   otra   que  aparezca  probada» (folios 65  al 67, cuaderno 1).     

Simultáneamente    contrademandó    en  reivindicación (folios 76 al 79, cuaderno 1).   

    

1. Los  gestores  excepcionaron  «adquisición  de    los    reconvenidos    del    derecho   de   dominio   por   prescripción  extraordinaria»,  «extinción del derecho de  la   reconviniente   para   reivindicar»,  «inexistencia  de    la    obligación»,  «falta       de  causa», «reconocimiento   de   mejoras  y  derecho  de  retención»  (folios  81 al  84, cuaderno 1).     

    

1. El Juzgado Civil  del  Circuito de Girardota negó la pertenencia y accedió a las pretensiones de  la  reconvención,  condenando  a  los  promotores a restituir el inmueble, pero  reconociéndoles  mejoras  por cincuenta y seis millones doscientos treinta y un  mil      seiscientos     pesos     ($56’231.600)  a  cargo    de    la    comercializadora    (folios    185    al    196,   cuaderno  1).     

    

1. El  Tribunal  confirmó  la sentencia del a  quo, al desatar la apelación  de los perdedores.     

     

I. FUNDAMENTOS DEL  FALLO IMPUGNADO     

Admiten la siguiente síntesis (folios 50 al  64, cuaderno 6):   

    

1. Los  poseedores  señalaron  que  accionaban  como personas naturales, pero al subsanar el libelo  indicaron  «que  se pedía  para  la  comunidad familiar constituida actualmente por la cónyuge e hijos del  señor  Rafael  Ángel  Hoyos  González»,      prescindiendo      «de  la suma de posesiones que en la demanda inicial se pretendía  hacer       valer».     

A  pesar  de  ello, el trámite se adelantó  como   si   pidieran   a   título  individual  y  así  se  surtió,  tanto  el  emplazamiento,  como  la notificación a la opositora, sin que se elevara algún  reclamo.  Además,  en esos términos se profirió el fallo de primer grado y la  inconformidad sobre el particular sólo surge en la alzada.   

    

1. De todas maneras,  como  la comunidad «no puede  pretender  adquirir  por  prescripción  un  bien  total, porque cada miembro no  tiene  disposición sobre la cosa, sino solamente sobre una cuota determinada de  ella»,  conllevaría  a una  decisión  inhibitoria  en  vista del fallecimiento de Rafael Ángel Hoyos, para  cuya sucesión no se reclama.     

Empero  eso no acontece en este caso, por la  forma  en  que  se  entendió  «como  actores  a las  personas  naturales  que componen hoy la familia del señor Hoyos González, por  lo  que  no  aparece  vulneración  alguna  al  derecho de defensa y es factible  pronunciarnos  de  fondo,  ya  que la misma parte actora con su silencio aceptó  tal situación».   

    

1. A pesar de que la  reconviniente  adujo que sus oponentes eran tenedores, eso quedo resuelto con la  decisión  de  las  excepciones  previas  «que  fueron  propuestas  ante  la contrademanda, indicando que se  entendía  que se trataba de iniciar la acción reivindicatoria del bien trabado  en           la           litis».     

    

1. Desacertó  el  a  quo  al  tener por interrumpida la prescripción por  causa  de  un  embargo  que  recae  en el bien, pues, las cautelas no tienen tal  virtud,  de conformidad con jurisprudencia reiterada de la Corte en ese sentido,  entre ella, la sentencia de 13 de julio de 2009.     

    

1. No  se  dan los  supuestos  de  la  pertenencia, al observar que la diligencia de secuestro del 7  de  julio de 1986 advierte sobre la ausencia de mejoras en el predio, sin que se  encontraron  personas  que  la  atendieran,  por  lo  que de «acuerdo a lo señalado en el acta, no existía  a  la  fecha (…) ningún vestigio de actos de posesión de los que realizaría  un  dueño,  pues  al inmueble ni siquiera se le habían hecho cerramientos para  separarlo   del   globo   general   de  que  formaba  parte».     

    

1. Ese  documento  tiene    pleno    valor    al    ser    «indicativo   de   una   realidad   material   constatada  por  el  juzgado»       y  «está acorde con las otras  pruebas    practicadas»,  argumentos  que  «nos llevan  a  concluir  que  no existe prueba suficiente que muestre que a julio 7 de 1986,  19  años  antes  de la presentación de la demanda que lo fue el 8 de agosto de  2005,   el   señor   Hoyos   González   poseía   el  inmueble  objeto  de  la  prescripción».     

    

1. En  cuanto a la  reivindicación,     se     atacó     «fundamentalmente  con  base  en  su  examen  de la prescripción,  buscando  que  cayera aquella con la concesión de ésta, y poniendo de presente  las  manifestaciones  de la demanda de reconvención en cuanto a la tenencia por  los  reconvenidos», aspectos  que  fueron  estudiados  sin  encontrarles  asidero, lo que amerita confirmar su  procedencia    al    darse    todos    los    presupuestos    necesarios    para  ello.     

     

I. LA  DEMANDA DE  CASACIÓN     

Cinco  cargos se formulan contra el fallo de  segunda  instancia,  dos  por la vía directa, otro par por la indirecta, de los  cuales se inadmitió uno, y el final acusando incongruencia.   

De  los  cuatro  que  se corrió traslado se  despachará   en   primer   lugar   el  último,  que  anuncia  un  yerro   in   procedendo,   y   luego  se  continuará  con  el  primero  que  alude a una desatención del principio de la  no      reformatio      in      pejus.   

El  tercero  y  el  cuarto, a pesar de estar  planteados  por  distintas  sendas, se conjuntaran al ser complementarios, en la  medida  que  con  ellos se busca derrumbar, desde diferente óptica, cada uno de  los  dos  puntales  en que se soporta el fallo, de tal manera que la procedencia  de  uno  habilita el estudio del otro. Así lo ha hecho la Corte en las SC de 17  de  mayo  de  1995,  rad. 4137; 20 de septiembre de 2000, rad. 05705; 5 julio de  2007,    rad.1989-09134-01    y    10    de    septiembre    de    2013,    rad.  2000-00754-01.   

QUINTO  CARGO   

Plantea como censura subsidiaria «especialmente  frente  al cargo cuarto»  la casual segunda de casación.   

Expone,   para   establecer  la  falencia,  que:   

    

1. El principio de  congruencia   comprende   el   que   la   «providencia  judicial  debe  guardar  simetría  con  los  hechos  constitutivos de la demanda».     

    

1. Los opositores,  con   el   pretexto   de  demandar  en  reconvención,  formularon  pretensiones  reivindicatorias,     pero    no    contra    poseedores,    «sino   explícitamente   señalando  que  los  demandantes    eran    meros    tenedores    del   inmueble»,  lo que corroboran las respuestas que dio a los  hechos primero a tercero del libelo de pertenencia.     

    

1. En respuesta a tal  confusión  los  impugnantes  presentaron  excepción previa «de  ineptitud de demanda por no estar conforme  a  los requisitos de los numerales 5, 6 y 7 del art. 75 del C. de P. C., por una  parte;  y  por otra parte, dados los hechos enunciados por el reconviniente, por  corresponder      la      demanda     a     un     proceso     diferente     del  ordinario», frente a lo que  los  oponentes  afirmaron  que  no  era  cierta  la posesión, lo que debía ser  verificado por el fallador.     

    

1. Tanto  en  la  contestación  como  en la contrademanda se guardó silencio «por  cuenta  de  quien  pudieron presuntamente  estar  los  actores  principales  como  “meros  tenedores”  del inmueble, ni  siquiera  se  atrevió  a  decir  que  podían  estar  por  su  cuenta  (por ser  propietario  inscrito),  además  de  que  no aportó documento o título alguno  sobre  esa  relación  porque  sabía  que  no  era  así»  y  quedando  descartado que fuera en nombre de un  posible secuestre.     

    

1. La decisión de  esas  defensas  se  postergaron para la sentencia, lo que no se discutió por el  ánimo    de    no    dilatar,    pero   «en  el  entendido  que lógica y jurídicamente, si al decidir de  fondo  el  operador judicial encontraba demostrado que los demandantes realmente  eran   poseedores  y  no  tenedores,  se  imponía  el  fracaso  de  la  demanda  reivindicatoria       formulada       en      reconvención».     

    

1. La  primera  instancia,  contradictoriamente,  no accedió a la usucapión porque les negó a  los    opugnadores   «la  posibilidad  siquiera  de  poseer,  en  su  sentir  ante  la  inscripción de un  embargo»,  pero  ordenó la  restitución  del  inmueble  «intervirtiendo  en  una  misma providencia, de buenas a primeras, la relación  de    mis   mandantes   con   el   bien»,   para   tomarlos   como   poseedores  porque  «en  la  demanda inicial los demandantes alegan  esta calidad».     

    

1. Si  bien  ese  desfase  fue un punto de la apelación, no mereció mayor atención, continuando  en  el  yerro el superior al declarar próspera la reivindicación, en contra de  los  supuestos  fácticos  que le sirvieron de soporte, violándose el principio  de  la  congruencia  e  incluso el límite de la competencia, pues la acción de  dominio no se puede dirigir contra tenedores.     

    

1. Como en el proceso  se   constató   que  «los  demandantes  iniciales  no eran tenedores como lo afirmó el reconviniente en su  demanda,  sino  poseedores  del  inmueble  como  lo tiene demostrado el fallo de  segunda  instancia,  ello quiere decir, ni más ni menos, que los fundamentos de  hecho  de  la  acción  quedaron  rotundamente desvirtuados»,  irregularidad  que no podía entender superada  el   fallador,  pues,  «la  decisión   judicial   debe  “estar  en  consonancia  con  los  hechos  y  las  pretensiones aducidos en la demanda”».     

CONSIDERACIONES   

    

    

1. El  ad  quem  confirmó la decisión de primera instancia, en  la  que  se  desestimaron  las aspiraciones de los promotores y se accedió a la  restitución  del  predio  a la propietaria inscrita, eso sí reconociéndoles a  aquellos las mejoras.     

    

1. Acuden   en  casación  los  gestores  recalcando  que no era posible acceder a la acción de  dominio,  por  cuanto  los reclamos de la oponente se sustentan en que ellos son  tenedores  del bien, razón por la cual no existe una concordancia de lo buscado  con lo reconocido.     

    

1. Si bien se plantea  el    ataque    como   subsidiario   de   los   demás   y   «especialmente      frente     al     cargo  cuarto», lo que es extraño  a  la técnica de casación, lo cierto es que, desde la perspectiva expuesta, en  realidad  constituye  un  motivo  independiente por un vicio in         procedendo  con  alcances  parciales,  puesto  que sólo se  discute   la   prosperidad  de  la  contrademanda,  a  lo  que  se  ceñirá  el  estudio.     

Así  lo hizo la Sala en SC de 2 de julio de  2010, rad. 2007-00224-01, en la que se resaltó que   

Con   relación   al   llamado   “cargo  subsidiario”,  dada  la  imposibilidad  jurídica  de la formulación bajo esa  modalidad,  se toma como si fuera un tercer ataque, pues al respecto la Corte ha  dicho,  “(…),  que  en  el recurso extraordinario que ocupa su atención, es  improcedente  plantear  cargos  de  manera  subsidiaria,  ya  que compete a esta  Corporación  el  estudio  de la integridad de las acusaciones formuladas cuando  no   prospera   ninguna  de  ellas,  o  cuando  su  éxito  sólo  determina  la  infirmación  parcial  del  fallo  impugnado.  Dicho en otras palabras, la Corte  sólo  queda relevada de estudiar todos los cargos, en el evento de que prospere  alguno  de  ellos  con  la  fuerza  suficiente  para  la  casación total de las  resoluciones  impugnadas,  porque  el  examen  de  las acusaciones no depende de  ninguna  condición  como  ocurre con las pretensiones que se plantean de manera  subsidiaria  en la demanda, pues la única limitación que tiene la Corte, es la  establecida  por el artículo 375 del Código de Procedimiento Civil, que impone  que  los  cargos  sean resueltos en el orden lógico”. (Sentencia de casación  227 de 30 de noviembre de 2001, exp. 005980)   

    

1. La incongruencia a  que  se  refiere  la causal segunda de esta vía extraordinaria, no es otra cosa  que  el  incumplimiento del deber que le impone al juzgador el artículo 305 del  Código   de  Procedimiento  Civil,  en  el  sentido  de  que     

La  sentencia  deberá  estar  en consonancia con los hechos y las pretensiones aducidos en la demanda y  en  las  demás  oportunidades que este código contempla, y con las excepciones  que  aparezcan  probadas  y hubieren sido alegadas si así lo exige la ley (…)  No  podrá  condenarse  al demandado por cantidad superior o por objeto distinto  del  pretendido  en  la  demanda,  ni  por  causa  diferente  de  la invocada en  ésta”.   

Es  así  como  son  los involucrados en el  conflicto,  con  sus escritos, quienes delimitan el contorno del debate, fijando  las  pautas  a  tener  en cuenta al momento de desatar la litis y restringiendo,  por  ende,  la  labor  del funcionario encargado de resolverla. De esa forma, el  desconocimiento  del querer explicitado se constituye en una irregularidad en la  producción  del fallo, ya sea por referirse a puntos no sometidos a discusión,  acceder a menos de lo pedido o desbordando los alcances esbozados.   

Al respecto la Sala en SC de 18 de diciembre  de 2013, rad. 2000-01098-01, precisó que   

(…) validada la  suficiencia  del  texto  de  la  demanda,  mediante su admisión, y concedida la  oportunidad  de  contradecir  a  aquellos  contra quienes se dirige, no puede el  funcionario  dirimir la disputa por fuera de los lineamientos que le imponen las  partes,  ya  sea  al  hacer ordenamientos excesivos frente a las expectativas de  éstas,  al  dejar  de  lado  aspectos  sometidos  a su escrutinio o al resolver  puntos  que  no  han  sido  puestos  a  consideración,  salvo cuando procede en  estricto   cumplimiento   de   las   facultades   oficiosas  conferidas  por  la  ley.   

Y  en  ese  mismo  pronunciamiento recordó  como   

La Corporación tiene dicho al respecto que  “[e]l  principio  dispositivo  que  inspira el proceso civil, conduce a que la  petición  de  justicia  que  realizan las partes delimite la tarea del juez y a  que  éste,  por  consiguiente,  al  dictar  sentencia,  deba  circunscribir  su  pronunciamiento  a  lo  reclamado  por  ellas  y  a los fundamentos de hecho que  hubieren  delineado,  salvo  el  caso  de  las  excepciones  que  la ley permite  reconocer  de  oficio,  cuando  aparecen acreditadas en el proceso” (sentencia  del 9 de diciembre de 2011, exp. 1992-05900).   

    

1. Tiene incidencia  en    la    decisión    que    se    está   tomando   lo   que   se   pasa   a  relacionar:     

     

a. Que en el libelo  con   el  que  se  buscó  la  usucapión  se  afirmó  que  «los  esposos  Rafael  Ángel Hoyos González y  Ligia     de     Jesús     Mesa     Madrigal,     entraron    a    poseer    el  inmueble»   debidamente  individualizado   desde   1974   y   que  «a  medida  que  los  hermanos  Silvia Elena, Diana Ligia, Mónica  Cecilia  y  Carlos  Mario  Hoyos  Mesa  llegaron  a  la  mayoría de edad fueron  entrando    al    mismo    predio    como    poseedores»    (folio 18, cuaderno 1).     

     

a. Que en el escrito  de  subsanación  se  reformularon  esos  hechos  en  el sentido de que el grupo  familiar  conformado  por  Ligia  de  Jesús Mesa y Rafael Ángel Hoyos, con sus  hijos,  posee el inmueble desde hace veinte (20) años y que Rafael falleció el  13  de  mayo  de  2002, quedando reducida la comunidad a quienes accionan (folio  23, cuaderno 1).     

     

a. Que   la  contradictora  se  opuso  a  esas expectativas aduciendo que «el señor Hoyos González y su familia siempre  han  sido  tenedores  del citado inmueble, nunca poseedores» (folio 65, cuaderno 1).     

     

a. Que   la  propietaria  inscrita  del  bien  formuló «demanda     de     reconvención     en     contra     de     los  demandantes», insistiendo en  que  «Rafael Hoyos, esposo y  padre  de  los  demandantes  en la demanda principal, en vida ocupó el inmueble  descrito   en   su  calidad  de  tenedor»   y  que  «la  esposa  y  los  hijos  del  Sr.  Rafael  Hoyos,  ante  su  Despacho  y en varias  oportunidades,  han  confesado  el  hecho  de  ocupar dicho inmueble en nombre y  representación  del  señor Rafael Hoyos»,  por  lo que pidió condenar «a   los   demandados   en  reconvención  a  restituir,  una  vez  ejecutoriada  esta sentencia, a favor de la empresa demandante en reconvención,  el  inmueble mencionado», con  sus   frutos   «desde  el  momento  de  iniciada  la posesión por tratarse los demandados de poseedores de  mala  fe,  hasta  el  momento  de  la  entrega  del  inmueble  al  igual  que el  reconocimiento  del  precio del costo de las reparaciones que hubiere sufrido la  demandante  en  reconvención  por  culpa de los poseedores»  (folios 77 y 78, cuaderno 1).     

     

a. Que los gestores  se    pronunciaron    reiterando   que   «ya   tienen   derecho  adquirido  al  dominio  del  inmueble  por  usucapión,  pues  lo  han  venido  poseyendo  con  ánimo de señores y dueños  durante  más  de  20  años,  tal  como  se  expuso en los hechos de la demanda  principal  de  pertenencia» y  formularon   la   excepción  previa  de  «ineptitud  de  la  demanda  por  incumplimiento de los requisitos  formales  previstos  en  los numerales 5° y 6° del artículo 75 del Código de  Procedimiento   Civil»   en  vista  de que «la acción de  dominio  debe  dirigirse  contra  un  poseedor pero no puede dirigirse contra un  mero  tenedor», para lo cual  existen otros medios (folios 81 al 88, cuaderno 1).     

     

a. Que  Comercializadora  Movifoto  Ltda.,  al  descorrer  el  traslado  de las defensas  perentorias,      señaló     que     «los  hechos  referidos  en la demanda de reconvención y al tenor  de  lo  dispuesto  en  el  artículo  177  del  C.  de P. C. están sujetos a la  acreditación      procesal      en     procura     del     efecto     jurídico  pretendido»    y    que  «la demanda de pertenencia  parte  del  supuesto  jurídico  de  la  posesión,  hecho que como afirmo no es  cierto  y  es  su  Despacho  el llamado a declararlo previa comprobación de las  circunstancias  en  virtud de las cuales los demandantes hoy ostentan la calidad  de    tenedores    del    predio    objeto    del   litigio» (folio 95, cuaderno 1).     

     

a. Que   el  a  quo,   al   escudriñar   los  presupuestos  de  la  «acción  reivindicatoria»,  a la que  accedió, estimó que     

     

a. Que el Tribunal  sobre  ese  particular, en respaldo a lo resuelto en primera instancia, precisó  que     

En cuanto a la demanda  de  reconvención  y la circunstancia que dentro de los hechos se haya señalado  que   los   demandados   son   tenedores,   lo   que   de  suyo  desecharía  la  reivindicación;  se  dirá que ya el señor Juez de primera instancia se ocupó  del  asunto  en  audiencia  en  que  definió las excepciones previas que fueron  propuestas  ante  la  contrademandada,  fl  98,  indicando  que entendía que se  trataba  de  iniciar  la  acción reivindicatoria del bien trabado en la litis y  que  toda  apreciación subjetiva sobre los hechos era objeto del proceso por lo  que  dicha  circunstancia  sería  valorada  en  la sentencia, como en efecto se  hizo,  concluyendo que lo que se presentaba era una posesión y no una tenencia.  Contra  la  decisión  que  resolvió  las  excepciones  la  parte demandante no  interpuso  ningún recurso, lo que implica su aceptación de tal decisión (…)  Incluso  el mismo actor en la reconvención señaló en las peticiones 3ª y 4ª  que  los contrademandados eran poseedores, lo que implica que la interpretación  hecha  por  el  juez  fue  apropiada,  teniendo en cuenta los presupuestos de la  acción   emprendida   y   las   manifestaciones  del  libelo      (folio     60     vuelto,     cuaderno  6).   

Para    concluir  que   

Aunque  el  recurrente  atacó  la  decisión  relacionada  con  la reivindicación fundamentalmente con  base  en  su  examen  de  la  prescripción,  buscando que cayera aquella con la  concesión  de  ésta,  y poniendo de presente las manifestaciones de la demanda  de  reconvención  en  cuanto a la tenencia por los reconvenidos, argumentos que  ya  fueron  estudiados. No sobra señalar que es acertado el estudio que el juez  de  primera  instancia  hizo  sobre  la acción, pues se encuentra demostrada la  propiedad  del bien objeto de la reivindicación por la empresa contrademandante  con  el  certificado  de  libertad  de  tradición  en  el  que  consta  que  es  propietaria  y  el  título  por  el  cual adquirió; también lo está, como se  señaló,  la  posesión  de  los reconvenidos al momento de la reivindicación,  por  sus  afirmaciones y las demás pruebas recogidas; así como la identidad de  lo  poseído  por  los  accionados  con  el  bien  objeto de la acción, como se  muestra  con el dictamen pericial practicado y con la inspección judicial (…)  En  consecuencia  procedía  la  reivindicación  decretada  (folio       63       vuelto,      cuaderno  6).   

    

1. Fracasa  la  ofensiva  de  los  censores,  puesto  que  no  se  observa que en la providencia  cuestionada  el sentenciador incurriera en alguno de los casos de ultra, extra o  citra    petita    a    que    se    contrae    el   motivo   de   inconformidad  propuesto.     

Baste  con observar que las aspiraciones de  la  reconvención  no  fueron  distintas  a  que se reconociera que el predio en  disputa  le  pertenecía  en dominio pleno a Comercializadora Movifoto Limitada,  por  lo que debía ser restituido por los «demandados  en   reconvención»,  quienes  siempre  adujeron  ser  poseedores,  con  los  frutos,  tanto  recogidos como dejados de percibir, y sin  derecho  a  las  expensas necesarias en la conservación del bien, por cuanto la  calidad que detentan éstos es de mala fe.   

Si  bien  en  el  escrito de respuesta a la  petición  de  pertenencia  se adujo que la familia Hoyos Mesa era mera tenedora  del  lote,  lo  que también relató en los hechos de la reconvención, no puede  pasarse  por alto, como llamó la atención el Tribunal, que en las pretensiones  tercera  y  cuarta  de  la  reivindicación  se  les  endilgó  ser «poseedores»,   presupuesto  este  que  encontró plenamente establecido.   

Además,  la  defensa  esgrimida  por  la  comercializadora  frente  a  la usucapión, consistente en que quienes tienen en  su        poder        el       terreno       son       meros       «tenedores»,  contempló la posibilidad  de       que       estos       en       realidad       fueran       «poseedores», duda cuyo esclarecimiento  dejó  a criterio del fallador cuando descorrió la excepción previa y dijo que  «la  demanda  de  pertenencia  parte  del  supuesto  jurídico  de  la posesión, hecho que como afirmo no es cierto y es su Despacho  el llamado a declararlo».   

De todas maneras cualquier conclusión a la  que  hubiera  llegado  el juzgador frente a la contradicción que se pudiera dar  entre  la  parte factual y lo que concretamente se pidió, a lo sumo, derivaría  en  un  equivocado  juicio  de  valor  a  la  demanda  cuestionable  por la vía  indirecta.   

Así  lo indicó la Corte en SC 010 de 3 de  marzo de 1993, rad. 774145, al advertir que   

El defecto de inconsonancia a que el actual  artículo  368-2  del  C.  de  P.  C.  se refiere, ha de buscarse con base en la  previsión  del  artículo  305  del  mismo  ordenamiento,  que  dispone  que el  juzgador  tiene  el  deber de proveer sobre todas las pretensiones y excepciones  oportunamente  invocadas  por  las  partes.  Por  lo  tanto, en el defecto puede  incurrir  el  juzgador  tan  solo cuando objetivamente otorga más de lo pedido,  fuera  de  lo pedido, deja de proveer sobre lo pedido o por debajo de lo pedido.  De  donde  se sigue que cuando el vicio se comete por interpretación equivocada  de  la  demanda  o  por yerros en la valoración de otros medios probatorios, la  causal  que  procede  llamara  como  contentiva del motivo de casación no es la  segunda,  porque  entonces  el  defecto no es resultado de la mera actividad del  fallador  de  contemplar  objetivamente la demanda y la respuesta. El fundamento  del  quiebre  de  la  sentencia  tendrá  que subsumirse en la causal primera de  casación  en  razón  de que, si hubo el vicio, fue el resultado de estimación  de  pruebas.  La  doctrina de la Corte últimamente pregonada es al que sostiene  que  la  causal  segunda  de casación procede cuando la inconsonancia del fallo  surge  de  la  simple  actividad  del  juzgador,  mas  no  cuando es fruto de la  apreciación  de  pruebas,  empezando  desde  luego  por  el entendimiento de la  demanda.  Así  lo ha dicho por ejemplo, la sentencia No. 321 de 14 de agosto de  1987,  en  que  expresó  la  Corporación:  “La  inconsonancia  radica,  como  claramente  señala  la  ley,  cuando  la  sentencia  no  está  acorde  con las  pretensiones,  vale  decir,  porque se exceda o provea más allá de lo pedido o  porque  se decide sobre puntos no formulados por el demandante o porque se omite  decidir  sobre alguno de los extremos de las peticiones del demandante. Entonces  el  error  de  este  linaje  se  concreta  inequívocamente  enderredor  de  las  pretensiones  y  de  su  incuestionable  confrontación  con  la  decisión  del  sentenciador.   

1. El  cuestionamiento, por lo tanto, es infundado.     

PRIMER  CARGO   

Acusa   la   violación  frontal  de  los  artículos  357  inciso  primero  del  Código  de  Procedimiento  Civil, en los  términos  de  la modificación 175 artículo 1° del Decreto 2282 de 1989, y el  57 de la Ley 2ª de 1984.   

Se  fundamenta  de  la  manera  que  pasa a  resumirse:   

    

1. Se desbordó el  Tribunal,  pues,  sustentada  oportunamente  la  apelación, «con  manifestación  expresa y motivada de las  razones  de  su  inconformidad, para que ellas sean conocidas y valoradas por el  superior,     constituyendo     así     el     tema     decidendum     de    la  alzada»,   se  limita  la  competencia       de      éste,      «quien  solo  podrá  resolver  o  decidir en torno a los precisos  motivos  de  inconformidad  que  expone  el recurrente, cuando éste es apelante  único»,    quedándole  vedado «reformar o enmendar  la  providencia  impugnada  sobre  aspectos  distintos  a  los planteados por el  recurrente».     

    

1. El funcionario de  primer  grado  negó  la  usucapión  exclusivamente  porque «en  el  folio  de  matrícula  del inmueble se  había  inscrito  un embargo desde el 1° de abril de 1987» que   no   se   había   cancelado,  negándoles  «toda  posibilidad  de ser  poseedores  a  partir  de  la  inscripción  del embargo, y que si alguna vez la  habían  tenido  ella quedó interrumpida».     

    

1. Esa resolución se atacó con  el  argumento  de  que,  estando demostrada la posesión por más de veinte (20)  años,  no  se podía desconocer tal condición, pues, un embargo no la impide o  interrumpe.  A  lo  que  se añadió que de hundirse la aspiración principal no  era    posible    la    reivindicación,    la    que    se    dirigió   contra  tenedores.     

    

1. Si  bien  el  ad  quem advirtió que la providencia no estaba basada en  argumentos  legales,  la  confirmó  cuando no tenía otro camino que revocarla.     

CONSIDERACIONES   

    

1. Ligia de Jesús  Mesa  Madrigal,  Silvia Elena, Diana Ligia, Mónica Cecilia y Carlos Mario Hoyos  Mesa,  persiguieron  la  usucapión  de  un  bien inmueble en el que figura como  propietaria    inscrita    Inversiones    Moviliarias    Movifoto   Ltda.,   hoy  Comercializadora  Movifoto  Ltda.  Esta  sociedad  se  opuso  y simultáneamente  ejerció   acción   de   dominio  en  reconvención,  en  relación  con  dicho  bien.     

    

1. La sentencia de  primera  instancia  desestimó  la  pertenencia  de los poseedores y acogió los  reclamos  reivindicatorios  de  la  contradictora,  lo que fue confirmado por el  fallador de segundo grado.     

    

1. Los accionantes  estiman  que  se  infringieron frontalmente normas sustanciales relacionadas con  la  competencia  de  la  segunda  instancia, en vista de que, a pesar de que sus  críticas  a  la  razón por la cual se negó la pertenencia encontraron eco, se  confirmó  lo  decidido  por el Juzgado en ese sentido, por otras razones que no  fueron objeto de discusión en la alzada.     

    

1. El artículo 357  del  Código  de Procedimiento Civil, con la modificación 175 artículo 1° del  Decreto  2282  de  1989,  es  una  norma  sustancial,  toda  vez que consagra el  principio    de   la   no  reformatio  in  pejus, según  el  cual el sentenciador de segundo grado, cuando no todos los intervinientes en  el  litigio apelan, debe abstenerse de hacer más gravosa la situación de quien  sí  lo  hizo.  De  esta forma se garantizan los derechos reconocidos en primera  instancia    a    la    parte    inconforme,    que    quedan   por   fuera   de  discusión.     

Sin embargo, la infracción a este precepto  no  es  controvertible  por la vía directa que se invoca en este caso, sino por  la  causal cuarta del artículo 368 ibidem,   consistente   en   «[c]ontener   la  sentencia  decisiones  que  hagan  más  gravosa  la  situación de la parte que  apeló  o  la  de aquélla para cuya protección se surtió la consulta, siempre  que  la  otra no haya apelado ni adherido a la apelación, salvo lo dispuesto en  el inciso final del artículo 357».   

Constituye,  por  lo  tanto,  una  causal  autónoma   completamente   ajena  al  primer  motivo  de  descontento  de  esta  impugnación  extraordinaria,  que  cuenta  con  unas  particularidades  que  no  permiten confundirlas.   

La Sala en SC de 8 de octubre de 1993, rad.  3416, lo dejo esclarecido así:   

Bien sabido es que del principio general de  acuerdo  con  el  cual en la segunda instancia, abierta con motivo de un recurso  de  apelación,  es  obligatorio de ordinario respetar la situación concreta en  que  los  litigantes  se colocaron a raíz de haber concluido la primera y ha de  actuarse  por  lo  tanto sin variar tal estado de cosas para revisar el proceder  del  juez a quo, se desprenden importantes consecuencias, una de ellas expresada  en  la regla que prohíbe reformar empeorando -reformatio in pejus- que, como lo  ha   indicado   la   doctrina  jurisprudencial,  se  traduce  en  una  verdadera  limitación  negativa  a  los  poderes  del  juez  ad  quem  “…por cuanto le  prohíbe  modificar  la  providencia apelada en perjuicio del recurrente, cuando  la   contraparte   no   ha   interpuesto  apelación  ni  ha  adherido  a  dicho  recurso…”  (G.J.  Tomo CLXVI, pág. 412). Dicho en otras palabras, si una de  las   partes   impugna   en  alzada  una  resolución  determianda  y  la  otra,  conformándose,  se  aquieta  ante ella, la providencia que decida el recurso no  puede  por  norma  modificar aquella resolución dañando al recurrente de donde  se  sigue  que  la actividad jurisdiccional en sede de apelación, si bien puede  ejercitarse  sobre la totalidad de la Litis en punto a fiscalizar lo actuado por  el  a  quo en aquellas cuestiona específicas que plantea la impugnación, no es  admisible  que  se  exprese  en  proveídos  que  de  cualquier  modo  impliquen  menoscabo  para  la  posición  del apelante pues no lo permite el artículo 357  del  Código de Procedimiento Civil, disposición ésta que, también por sabido  se  tiene,  es  de  derecho  sustantivo  (G.J. Tomos CXLVIII, pág. 110 y CXLII,  pág.  195,  reiteradas  en  Casación  Civil  de  6  de  noviembre de 1990, sin  publicar)  y  en  ella  se funda directamente el derecho adquirido que tiene los  litigantes  a  que  no  se modifiquen las situaciones jurídicas favorables para  ellos  creadas  por  las  providencias  judiciales,  es  decir que no se cambien  “…  en  perjuicio  de  quien apeló de ellas para mejorar, o en beneficio de  quien  no  ha  ejercitado el derecho de impugnación …”: si así no ocurre y  por  consiguiente se desborda el campo demarcado por la ley a la competencia del  juez  en  este  ámbito,  “… se lesiona el interés jurídico del impugnante  quien,  por  tanto, puede acusar la resolución mediante el recurso de casación  invocando  hoy  este  específico motivo [causal 4 del  artículo  368 del Código de Procedimiento Civil], ya  que  el legislador de 1970 le atribuyó a la reformatio in pejus autonomía como  causal  de casación. Le dio individualidad propia…” (G.J. Tomo CLXVI, pág.  219).   

    

1. Se configura por  ende  un  defecto  de  técnica  que no puede ser pasado por alto, puesto que se  anuncia  y  pretende  desarrollar  bajo  los  criterios  de  la  senda  recta un  interrogante  que  le  es ajeno por tener una identidad propia, lo que repugna a  la estrictez de este extraordinario de contradicción.     

La Corporación en SC de 7 de marzo de 2011,  rad.  2003-00412-01,  en  un  asunto que guarda similitud a éste, puesto que se  anunció  una  violación  directa  de normas materiales, cuando sus fundamentos  eran propios de otras razones de ataque, señaló que   

    

1. No obstante lo  anterior,  si  se  hiciera  abstracción  de  esa anomalía, lo cierto es que ni  siquiera   se   configuraría   la   causal   cuarta  de  casación,  para  cuya  configuración  se  requiere,  como  lo tiene esclarecido la Corte y recordó en  S.C. de 19 de septiembre de 2000, rad. 5405,     

a) vencimiento parcial de un litigante, b)  apelación  de una sola de las partes, porque la otra no lo hizo ni principal ni  adhesivamente,  c)  que el juez de segundo grado haya empeorado con su decisión  la  situación  del único recurrente, y d) que la reforma no verse sobre puntos  íntimamente relacionados con lo que fue objeto de la apelación.   

Como  en  el presente caso la decisión del  Tribunal  fue  completamente  confirmatoria  del  fallo  del  Juzgado  Civil del  Circuito  de  Girardota,  no  puede  hablarse  de  un  cambio perjudicial en los  intereses  del único recurrente, pues, simplemente se conservó el statu   quo,  sin  que  se  hiciera  más  gravosa  la situación de los poseedores vencidos, a quienes se les reconocieron  mejoras  por  cincuenta  y seis millones doscientos treinta y un mil seiscientos  pesos  ($56’231.600), que  fueron respetadas en la alzada.   

Precisamente en el último precedente citado  recalcó la Sala que   

Parangonando  las  anteriores nociones con  las  circunstancias  de  facto  que ofrece el presente caso, fácilmente se nota  que  aquéllas  no  se  adecuan  en  éstas,  porque  el Tribunal en modo alguno  introdujo  modificaciones  a  lo  resuelto  por  el  a quo, pues la sentencia de  segunda  instancia  fue  íntegramente confirmatoria de la de primera. De manera  que  si  un  acto no le introdujo variación al otro, mal puede incurrirse en el  defecto  que  el  censor  anuncia, porque es en las disposiciones modificatorias  donde  en  principio  debe advertirse el empeoramiento que materializa la causal  mencionada  (…)  Lo  anterior  se  considera suficiente para desechar el cargo  así propuesto.   

    

1. Por   los  anteriores motivos se desecha el embate.     

TERCER  CARGO   

Señala   vulnerados,  recta  senda,  los  artículos  779 y 2322 del Código Civil, por errónea interpretación, y 2531 y  2532  ibidem  por  falta de  aplicación   

Desarrolla el ataque así:  

    

1. Incurrió  el  juzgador     en    el    error    de    «confundir  bajo  unas  mismas consideraciones la propiedad que es  un  derecho  y apareja la facultad de disponer, con la posesión que es un hecho  y   conlleva   la   posibilidad   del  uso  o  explotación  de  un  determinado  bien»,  sin que nada impida  que   «el   uso   y   la  explotación  de  una  sola  cosa  pueda  darse por un solo individuo o en forma  compartida  por  varios,  en  este  último evento en beneficio mutuo y por ende  colectivamente».     

    

1. El artículo 2322  del   Código  Civil  dice  que  si  dos  o  más  personas  «tienen    comunidad    sobre    una    misma  cosa»,  se  constituye  un  cuasicontrato  que  las  une mientras dure, y que se extingue con la división o  si  «alguno de ellos centra  la   posesión   exclusiva   hacia   una   parte   determinada   de  la  cosa»,  lo que guarda coherencia con  los   artículos   2323,   2325,   2326,   2327   y   2329   ibídem.     

Eso   no   significa   que  la  comunidad  «no  puede adquirir por prescripción; lo que quiere  decir   es   que,  como  no  representa  un  ente  jurídico  con  autonomía  y  personalidad  jurídica  propias,  no  está facultada por ejemplo, para ejercer  derechos     o     contraer    obligaciones    con    prescindencia    de    sus  integrantes».   

La   suma  de  quienes  la  conforman  la  representan  «siendo  esta  la razón para que salvo  prueba  en contrario, los actos del comunero se entiendan en pro de la comunidad  y no de su exclusivo beneficio».   

    

1. La  falta  de  comprensión  de la figura indujo al error de entender, en contra de lo afirmado  en    el   curso   del   pleito,   que   «la  acción  de  prescripción adquisitiva no podía tenerse como  formulada    por   la   comunidad,   sino   por   aquellos   [los        demandantes]                 individualmente  considerados».     

    

    

1. Por su parte el  artículo  779  id «no riñe  con  la  posibilidad  real  de  poseer  en  comunidad,  con  la viabilidad de la  coposesión  según  enseña  la doctrina»,  solo  que «si  como  resultado  de  la  división el comunero recibe no todo sino una parte del  inmueble  se  entiende  que  fue  solo  esa  cuota parte la que poseyó mientras  estuvo  en  indivisión», sin  que   quiera   decir   que  «durante  la  indivisión  los  comuneros  no  puedan  concurrir  sobre el todo  mientras     ejercen     la     posesión     y     mientras     subsiste     la  comunidad».     

    

1. Con lo anterior  se  dejó  de  aplicar  el  artículo  762 ejusdem,  pues,  desconoce  que varias personas mancomunadamente pueden desplegar actos de señor  y dueño sobre la totalidad de un bien.     

CUARTO  CARGO   

Anuncia  la  infracción  indirecta  de los  artículos  762,  779,  2531  y  2532 del Código Civil, en vista de la indebida  aplicación  de  los  artículos  253  y 254 del Código de Procedimiento Civil,  como  consecuencia  de  «error de hecho manifiesto en  la   apreciación  de  la  demanda,  de  su  contestación,  de  la  demanda  de  reconvención  y  de  la  copia informal de un documento obrante a folio 18 cdno  #2;  así como en la indebida apreciación o falta de apreciación de las demás  pruebas obrantes en el expediente».   

Concretó   la   acusación   en   estos  términos:   

    

1. A pesar de que se  tuvo  como  aceptado  que  los  gestores  han estado en posesión del predio por  muchos    años,    como    lo   relataron   los   testigos,   el   sentenciador  «acudió    única   y  exclusivamente  a  la  valoración de un documento (fl 18 cdno # 2), arrimado al  expediente   por   el   representante   legal   de   la  sociedad  demandada  en  interrogatorio  de  parte»,  para   desvirtuar   la   antigüedad   de  los  actos  de  señores  y  dueños,  desconociendo   que   «se  refiere  a  un  documento  que  no  podía  ser  siquiera apreciado para efectos  probatorios;  y como si fuera poco procediendo a deducir del contenido del mismo  una  conclusión  materialmente  insostenible  frente  al resto o conjunto de la  prueba».     

    

1. Tal  medio  de  convicción,  que  se  incorporó  al  expediente  extemporáneamente  y sin los  requisitos  de  los  artículos 253 y 254 del Código de Procedimiento Civil, ni  siquiera  podía  ser  apreciado  ya  que  «no  es  autorizado  por funcionario competente, no es autenticado  ante     notario,    no    es    compulsa    del    original    o    de    copia  auténtica».     

Obviando eso, se le dio un alcance jurídico  de  que  no  estaba revestido, cuando «jamás podría  ser  medio  idóneo  o  eficaz  para demostrar presuntos hechos o materialidades  representadas  en  él,  luego  tampoco  podía  ser “indicativo” de ninguna  realidad»,  máxime cuando ni siquiera era posible el  cotejo  con el original porque el plenario al que correspondía ni siquiera pudo  ser encontrado en los archivos generales de la rama judicial.   

El  silencio  de  los recurrentes cuando se  presentó  el escrito lo justifica el que, «no siendo  legalmente   apreciable   y   por  tanto  jurídicamente  ineficaz,  para  fines  probatorios,    como    tal,   sencillamente   no   podía   existir   para   el  proceso».   

Tampoco  se  podía  deducir  un indicio de  dicho    elemento    demostrativo,    ni    se   tenía   certeza   «de  que  materialmente  esa  acta  corresponde a la diligencia de  secuestro  que  en  decir  del  demandado  se  realizó  en  el  inmueble  o que  corresponde   a   la   que   pudo   ordenar   el   juzgado   en   el  expediente  extraviado»   

    

1. Por demás, fuera  de   dicha   falencia   y   de   que  el  restante  material  de  convencimiento  «indica y demuestra todo lo  contrario,  no  hay  congruencia  entre  lo  que  expone  la  copia  y lo que la  sentencia  infiere o deduce»,  siendo  que  si  allí  se  expresó  que  «al  practicarse  el  supuesto  secuestro  no se encontró ninguna  persona  y por tanto no hubo oposición, no es inferible que nadie (por ejemplo)  lo  venía  poseyendo,  como  tampoco  era  inferible  que  para  esa época los  demandantes   no   eran  los  poseedores».     

    

1. Hay dos hechos  trascendentales  plenamente  establecidos,  la  ubicación  del  inmueble  y  su  destinación,  que  siempre  ha  sido  agropecuaria,  por lo que entra en franca  contradicción  el  acta  con  las  demás  probanzas, si con aparecer allí que  «se  halló grama sembrada  ya  tiene  insita  la  existencia  de  mejoras  relacionadas  con  la  actividad  económica    que    desde    la   demanda   según   los   actores   daban   al  inmueble».     

    

1. Al  centrar la  atención  en un solo «medio  legal    y    materialmente    inadmisible    como   prueba»,  el Tribunal dejó de apreciar aquellos con los  que   «quedó  ampliamente  demostrada  la  posesión de la comunidad familiar integrada por los demandantes  (…)  y  la  antigüedad  de  la  misma», como son:     

     

a. La inspección  judicial  realizada  por el a  quo,  donde  se  recalca  la  vocación agraria del lote.     

     

a. El  dictamen  pericial,  que reitera esa destinación y las mejoras relacionadas con la misma,  cuya    antigüedad    diagnosticada    por   el   experto   «desmienten   y   contradicen  las  equívocas  deducciones  que  obtiene el fallo del Tribunal con base en la copia informal de  la   supuesta  diligencia  de  secuestro».     

     

a. Las declaraciones  rendidas  por  Hernando  Eliécer  Castrillón  Henao, Diego Alonso Uribe Hoyos,  Luis  Fernando Palacio Velásquez, Franklin Alonso Giraldo Muñoz, Iván Alfonso  Cataño   Monsalve   y   Jesús   Alberto   Madrigal   Alzate,   con   las   que  «se      acreditó  fehacientemente  que  tales  explotación agropecuaria y mejoras no pudieron ser  adelantadas    por    personas    diferentes    a    la    comunidad    familiar  demandante»     

CONSIDERACIONES   

    

1. El grupo familiar  conformado  por  Ligia  de  Jesús Mesa Madrigal y sus hijos Silvia Elena, Diana  Ligia,  Mónica  Cecilia  y  Carlos Mario, fruto de la relación matrimonial que  tuvo  con  Rafael  Ángel  Hoyos  González,  pidió  que  se  les declarara que  adquirieron  por  prescripción  extraordinaria un bien inmueble de propiedad de  Comercializadora Movifoto Ltda.     

    

1. La contraparte,  además   de   oponerse   a   esos   reclamos,   contrademandó  en  acción  de  dominio.     

    

1. Al resolverse la  primera   instancia,   se  desestimaron  las  aspiraciones  de  los  poseedores,  accediendo  a  que  se  restituyera  el  predio  a la contradictora, pero con el  reconocimiento   de   las   mejoras   implantadas   por  aquellos,  lo  que  fue  íntegramente    confirmado   por   el   ad             quem.     

    

1. Estimó  el  Superior  que,  si  bien el argumento de primer grado para denegar la usucapión  no  era  de  recibo,  de  todas  formas no se daban los supuestos de ley con tal  fin.     

Apuntaló las conclusiones en ese sentido en  que  los  demandantes  actuaron a título personal y que, de considerarse que lo  hicieron  para  una comunidad familiar, ésta «en los  términos   pretendidos   no   puede  adquirir  por  prescripción»,  además  de que no se acreditó que hubieran poseído antes del 7  de  julio  de  1986, por lo que no se cumplía con el lapso de veinte (20) años  consagrado para su reconocimiento.   

    

1. Los censores en  dos  ataques  separados discuten las anteriores apreciaciones, que posibilitaron  la  viabilidad  de  los reclamos de la contradictora, estimando que incurrió el  juzgador  en  varias  anomalías  que,  de  no  haberse  dado  invertirían,  el  resultado   del  pleito,  encontrando  respaldo  la  pertenencia  y,  con  ello,  naufragando la reivindicación.     

Es   así  como,  por  la  vía  directa,  cuestionan  la  interpretación  que se le dio a las normas de la comunidad y el  que  ésta  pueda  pedir  la  usucapión. Ya por la indirecta, expone reparos de  facto  en  la  valoración de diferentes medios de prueba recaudados, debatiendo  la  forma  como  se  tuvo por desvirtuado el período que se han comportado como  señores y dueños del bien.   

    

1. La vulneración  directa  de  la ley sustancial amerita la demostración de una equivocación del  juzgador  en  la  aplicación de las normas que gobiernan el caso, ya sea porque  las  pasó por alto, apreció aquellas que le eran ajenas o, no obstante acertar  en  su  selección,  les  dio  un  alcance  que  no les corresponde. Así mismo,  implica  la  aceptación  de  las  situaciones  fácticas  que  se  tuvieron por  establecidas,   con  base  en  la  valoración  dada  a  los  medios  de  prueba  recaudados,  pues,  se  trata  de  un  cuestionamiento  eminentemente  jurídico  alejado de los hechos.     

Así  lo  expresó la Corte en SC del 15 de  noviembre de 2012, rad. 2008-00322), al señalar que   

El ataque contra la sentencia del ad quem,  cuando  se  invoca  la  violación  directa de la ley sustancial, requiere de la  aceptación  de  todos los hechos que en ella se tuvieron por probados y sin que  se  pueda  exteriorizar  inconformidad con los medios de convicción obrantes en  el  plenario,  toda  vez que la labor argumentativa del censor sólo puede estar  orientada  a  descubrir  los  falsos  juicios  sobre  las  normas materiales que  regulan  el  caso,  ya  sea  por  falta de aplicación, al no haberlas tenido en  cuenta;  por  aplicación  indebida,  al  incurrir en un error de selección que  deriva  en  darles  efectos respecto de situaciones no contempladas; o cuando se  acierta  en su escogencia pero se le da un alcance que no tienen, presentándose  una  interpretación errónea (…) Corresponde, por ende, a una causal de pleno  derecho,   encaminada  a  develar  una  lesión  producida  durante  el  proceso  intelectivo  que  realiza  el  fallador,  por acción u omisión, en la labor de  escogencia  y  exégesis  de  la  regulación  que  considera  aplicable, con un  resultado ajeno al querer del legislador”   

    

1. En cuanto a los  ataques  por  la vía indirecta, cuando se dirigen a la comisión de un error de  hecho  manifiesto  en  la  apreciación  de  las  pruebas, requiere de una labor  argumentativa  encaminada  a  develar  la  relevancia  de  la equivocación, por  existir  disparidad  evidente  entre  las  conclusiones  del  fallo,  con lo que  arrojan  los  elementos  recaudados para acreditar los hechos planteados por las  partes en litigio.     

La  Corte sobre esta causal, en SC del 9 de  agosto de 2010, rad. 2004-00524, anotó que   

(…)  al  denunciarse  en  el  punto  la  comisión  de  errores  de  hecho probatorios, pertinente resulta memorar que no  cualquier  yerro  de esa estirpe es suficiente para infirmar un fallo en sede de  casación,  sino  que  se  requiere  que  sea manifiesto, porque si se edifica a  partir  de  un  complicado proceso dialéctico, así sea acertado, frente a unas  conclusiones  también  razonables  del  sentenciador, dejaría de ser evidente,  pues  simplemente  se  trataría  de  una  disputa  de  criterios,  en cuyo caso  prevalecería  la  del  juzgador,  puesto  que  la  decisión ingresa al recurso  extraordinario escoltada de la presunción de acierto.   

    

1. Son relevantes  para desatar este ataque lo que a continuación se indica:     

     

a. Que confirieron  poder  para  demandar  Ligia de Jesús Mesa Madrigal, Silvia Elena, Diana Ligia,  Mónica  Cecilia  y Carlos Mario Hoyos Mesa  «para que en nuestro nombre y representación inicien y culminen  proceso  ordinario  de  pertenencia por prescripción extraordinaria de dominio,  por  haber  sumado  posesión  superior  a  veinte (20) años     sobre     el     inmueble» (folio 16, cuaderno 1).     

     

a. Que en los hechos  de   la   demanda   inicialmente  radicada  señalaron  que  «desde   al  año  1974,  los  padres  de  los  codemandantes  Silvia  Elena, Diana Ligia, Mónica Cecilia y Carlos Mario Hoyos,  es  decir,  los  esposos  Rafael  Ángel  Hoyos González y Ligia de Jesús Mesa  Madrigal,  entraron  a poseer el inmueble»    y    que    a   medida   que   dichos   hijos  «llegaron  a  la  mayoría  de  edad  fueron  entrando  al mismo predio como poseedores».   Insistieron   en   que   «Rafael  Hoyos  González, como ya se anotó, compartió con ellos  la  posesión del inmueble hasta la fecha de su fallecimiento el día 13 de mayo  de  2002». Además, que los  hermanos  Hoyos Mesa «tienen  derecho  a  sumar  a  su  posesión, la posesión que ejerció su causante padre  Rafael  Hoyos  González desde 1974 hasta su fallecimiento, o por lo menos desde  el  año  en  mención hasta cuando cada uno de aquellos fue entrando a poseer»  (folio    18,   cuaderno  1).     

     

a. Que se inadmitió  el  libelo  en  auto  de  30  de  agosto  de  2005,  para  que  se  diferenciara  «la    situación   de  adquisición  a nombre propio, dependiendo de si hay suma o no de posesiones, de  prescripción  adquisitiva  como  continuadores  de  la  personalidad del señor  Rafael    Ángel    Hoyos    González»,    esto    por    cuanto   «un  asunto  es  pretender  prescripción adquisitiva de dominio a  nombre  propio (con o sin suma de posesiones) y otro bien diferente es pretender  la     referida     prescripción     contra     un     patrimonio     autónomo  (herencia)», en el plazo de  ley (folio 22, cuaderno 1).     

     

a. Que  en  la  subsanación    se    precisó    que    «desde  hace  veinte  años  la  comunidad  familiar integrada por  Ligia  de  Jesús  Mesa  Madrigal, Rafael Ángel Hoyos González y Silvia Elena,  Diana  Ligia,  Mónica  Cecilia  y Carlos Mario Hoyos Mesa, entraron a poseer el  inmueble»   y  luego  del  fallecimiento  de  Hoyos  González, el 13 de mayo de 2002, sólo los promotores  continuaron  poseyendo.  Añadieron  que  «la   posesión   ha   sido   compartida  entre  los  demandantes,  orientada,  concertada  y  mancomunadamente sobre la totalidad del predio, no en  forma   individual  sobre  partes  determinadas  del  mismo» (folio 23, cuaderno 1).     

     

a. Que en relación  con los integrantes de la familia Hoyos Mesa, se demostró:     

     

     

i. Los  nacimientos de Carlos Mario,  Diana  Ligia,  Silvia  Elena  y  Mónica  Cecilia  el 24 de junio de 1968, 29 de  septiembre  de  1969,  5  de  diciembre  de  1971  y  18  de  diciembre de 1979,  respectivamente (folios 12 al 15, cuaderno 1).     

     

i. La  defunción  de  Rafael  Hoyos  González el 13 de mayo de 2002 (folio11, cuaderno 1).     

     

a. Que en el fallo  del  Tribunal,  en  lo  que  se  refirió  a las pretensiones de pertenencia, se  señaló que (folios 59 al 63, cuaderno 6):     

     

i. En el comienzo los accionantes eran  las   «personas   naturales   relacionadas   en  la  demanda»,  pero  con  la  corrección  indicaron  que  «se  pedía  para  la comunidad familiar constituida  actualmente   para   la   cónyuge  e  hijos  del  señor  Rafael  Ángel  Hoyos  González», prescindiéndose de la suma de posesiones  que anunciaron.     

     

i. A pesar de lo anterior en todo el  trámite   de   la   primera   instancia   se   les   tuvo   como   «personas   naturales»   y   así   se  notificó a su oponente, quien los reconvino en esa misma forma.     

     

i. De  admitirse  que  «la   comunidad   familiar  era  la  verdadera  parte  demandante,  surgiría  el  primer  escollo para poder definir la presente acción, por causa  de  una  declaración  de  nulidad por emplazamiento y notificación errados, al  menos  al  curador  de  los indeterminados del auto admisorio de la demanda, que  debió      dictarse      a      nombre      de     la     comunidad».     

     

i. Se  supera  lo  anterior  porque  «el  procedimiento se adelantó con los actores como  personas     naturales»    y    la    «comunidad   familiar,  en  los  términos  pretendidos  no  puede  adquirir  por  prescripción»,  si se tiene en cuenta  que  «no  se  demanda  para  la sucesión del señor  Hoyos  González,  sino para la comunidad compuesta por su familia».     

     

i. En cuanto al período de posesión  que  debe  ser  superior  a  veinte (20) años, obra una prueba que «debe  considerarse  primordial porque proviene de un juzgado y da  cuenta  específica  de  las circunstancias que en relación con la posesión se  daban  concretamente  sobre  dicho  terreno  el 7 de julio de 1986»,  consistente en el acta de secuestro realizado en esa fecha, en la  que    se    señala    «que    el   despacho   no  encontró    “ningún  principio  de  construcción  ni  mejora  alguna,  ya  que solamente tiene grama  sembrada”»,  por  lo que para tal data «no  aparece  demostrada  la posesión de los actores con actos en  los que se concreta el dominio».     

     

i. Dicha diligencia se aprecia a pesar  de  que  fue  aportada  en copia informal por la sociedad y no se consiguió una  reproducción  auténtica  en  el  despacho  donde  reposa,  porque «no  fue posible hallar el expediente en los archivos generales de  la Rama Judicial».     

     

i. La  deducción  que  arroja  ese  secuestro la corroboran los demás medios de prueba.     

    

1. Como lo contempla  el  artículo  762 del Código Civil, la posesión es la tenencia de la cosa con  ánimo  de  señor  o  dueño  y,  según  tiene establecido desde vieja data la  Corporación, resulta de     

(…)  la concurrencia  absoluta  y  simultánea  de  la  tenencia física, material y real de una cosa,  perceptible  en  su  materialidad externa u objetiva por los sentidos (corpus) y  el  designio  o  intención  de señorío (animus), ser dueño (animus domini) o  hacerse  dueño  (animus  remsibi  habendi)  de  la misma, que por obedecer a un  aspecto  subjetivo  es  susceptible  de  inferir  por  la comprobación de actos  externos  razonables,  coherentes,  explícita  e inequívocamente demostrativos  (SC de 13 de marzo de 1937,  XLIV,  713  y  reiterada  el  24 de julio de 1937, XLV, 329; 10 de mayo de 1939,  XLVIII,  18;  9  de  noviembre de 1956, LXXXIII, 775; 27 de abril de 1955, LXXX,  2153,  83;  22  de agosto de 1957, LXXXVI, 14; 12 de febrero de1963, CI, 103; 24  de  junio  de  1980, CLXVI, 50; S-020, S-028, S-031, S-059, S-101, S-115 y S-126  de  1995;  S-051  de 1996; S-055 de 1997; S-025 de 2002; S-124 de 2003 y SC- 149  de 2004).   

    

1. La forma como se  ejerce  ese  ánimo de señor y dueño puede ser individual o conjunta, ésta en  el  caso  de  la  comunidad  regulada en los artículos 2322 ibidem,  consistente en un cuasicontrato entre dos (2) o más personas que  no  han  convenido  sociedad  o cualquier otro contrato, relacionado con la cosa  determinada que está bajo su poder.     

Cuando  se  presenta  el  último  evento,  quienes  integran  la  comunidad  son coposeedores en proindiviso y por ende, si  bien  pueden  tener  una participación diferencial, la misma está representada  en todo el bien y no en una fracción determinable del mismo.   

Y  si  bien  la comunidad no es una persona  jurídica  y  los  integrantes  de  la  misma  «no se  representan  unos  a otros, ni tampoco a la comunidad, sin embargo cuando alguno  de  ellos  ha  litigado  para  esta  última  sobre  un  derecho indivisible, la  sentencia  favorable  aprovecha  a  la comunidad, pero la desfavorable no afecta  los  derechos de ésta o de los otros condueños si no la aceptan» (G.J. XXIX, pág. 151).   

    

1. Puede ocurrir,  sin  embargo,  que  se  aumente  la  participación  de  alguno  o varios de los  comuneros  en la cosa, desplazando o disminuyendo la de los demás, pero sin que  se  beneficie  de  la  coposesión  de  su  antecesor  cuando  no  media título  traslaticio  del  uno al otro, ya que si lo que se da es una apropiación de una  cuota  por  actos  que  desconocen  la intervención de quien deja de poseer, el  perfeccionamiento  requiere  que  transcurra  el tiempo consagrado en las normas  para la prescripción adquisitiva.     

Sobre  este particular la Corte en SC de 15  de julio de 2013, rad. 2008-00237-01, señaló que   

Tratándose  de  una  comunidad  deviene  ope  legis  la  coposesión, por lo que el poder de hecho es  ejercido  por  todos  los  comuneros  o uno de ellos en nombre de los demás. No  obstante,  puede  acontecer  que  en  la  última hipótesis sufra una mutación  porque  quien  lo  detenta  desconozca  los  derechos  de  los otros condueños,  creyéndose  y  mostrándose  con  su  actuar  como  propietario  único  y  con  exclusión  de  aquellos. En este evento cuando cumpla el requerimiento temporal  de   la   prescripción   extraordinaria   está   facultado  para  promover  la  declaración   de   pertenencia.   Claro  está,  siempre  que  la  explotación  económica  no se hubiere producido por acuerdo con el resto de copropietarios o  por  disposición  de  autoridad judicial o del administrador (artículo 407 del  Código  de  Procedimiento  Civil).  De  ahí  que  la posesión que habilita al  comunero  para  prescribir es aquella que revela inequívocamente que la ejecuta  a  título  individual,  exclusivo, autónomo, independiente y con prescindencia  de  los  restantes  condóminos,  sin  que  tenga  que  ver  con  su  calidad de  coposeedor.   

    

1. Ahora  bien,  cuando  uno  de  los  que  tiene  en  común  la cosa fallece, el porcentaje que  detentaba  en  la  misma,  al  ser un componente económico de su patrimonio, es  susceptible  de  repartición  entre sus herederos, con los demás elementos que  lo  conformen,  surgiendo  entre estos una «comunidad     herencial»      desde      el      momento     del     deceso     hasta     la  adjudicación.     

Y  es  que  la defunción de un comunero no  significa  que  su  participación  se  diluya  y  pase,  así  sin  más, a los  restantes,  como si se tratara de una categoría especial que no ingresara a los  acervos  del  causante.  Mientras no se haga la distribución de los activos del  difunto,  entre  los  cuales  están  incluidas  sus participaciones en común y  proindiviso,  ya  sea  a  título  de  dueño o como poseedor, cualquier acción  relacionada  con  los  mismos  debe  hacerse  por  los sucesores en nombre de la  «comunidad          herencial».   

Como  bien lo precisó la Corte en SC de 22  de abril de 2002, rad. 7047,   

    

1. En   esta  oportunidad  no  se  configura  la infracción directa denunciada, por cuanto de  las   apreciaciones   del   Tribunal   de  ninguna  manera  se  puede  concluir,  tajantemente,  que  cuando  se  está  en  «comunidad» no  es  posible  adquirir por prescripción un bien, ni mucho menos que los actos de  señor  y  dueño  no  puedan ser ejercidos simultáneamente por varias personas  sobre    un    solo    inmueble,    como    lo    quieren    hacer    ver    los  censores.     

Basta  resaltar  lo  dicho por el Tribunal,  concretamente  que  la  «comunidad  familiar, en los  términos   pretendidos   no   puede  adquirir  por  prescripción»,  sin  que tal falencia derivara en un fallo inhibitorio porque los  accionantes   fueron   tenidos   en  el  curso  de  la  primera  instancia  como  «personas   naturales».   

Dicha  aseveración la complementó con que  «no  se  demanda  para la sucesión del señor Hoyos  González,  sino  para  la  comunidad  compuesta  por  su  familia»,  apreciación  de  los  hechos  del libelo que no es discutida, ni  podía serlo, por la naturaleza del cargo.   

Esa conclusión es el producto de un examen  minucioso  al pleito concreto y no corresponde a un postulado de interpretación  general  de las normas invocadas, sino a la verificación de improcedencia desde  los  aspectos  fácticos  en  que  fueron  reiterativos  los  promotores  de  la  pertenencia.   

Y  es que nada distinto se podía concluir,  puesto   que   si   bien   se   pretendió   desde   el   comienzo  «declarar  que Ligia de Jesús Mesa Madrigal y Silvia Elena, Diana  Ligia,  Mónica  Cecilia  y  Carlos  Mario  Hoyos  Mesa  han  adquirido en forma  conjunta  y  mancomunada  por  prescripción  extraordinaria  de dominio el bien  inmueble»,  justificaron  sus  reclamos  en  que  los  esposos  Rafael  Ángel Hoyos González y Ligia de Jesús Mesa Madrigal entraron  a  poseer desde 1974 y que los hijos de la pareja, «a  medida  que  (…)  llegaron  a  la  mayoría  de edad, fueron entrando al mismo  predio  como  poseedores, en concurso con sus padres»,  así  «Silvia  Elena  entró desde 1986, Diana Ligia  desde  1987,  Mónica Cecilia desde 1989 y Carlos Mario desde 1991».   

Relato que muy poco cambió en el escrito de  subsanación,  en  el  que  se  insiste en que «desde  hace  veinte  años  la  comunidad  familiar  integrada por Ligia de Jesús Mesa  Madrigal,  Rafael  Ángel  Hoyos  González y Silvia Elena, Diana Ligia, Mónica  Cecilia  y  Carlos Mario Hoyos Mesa, entraron a poseer el inmueble»,   la   que  quedó  reducida  el  13  de  mayo  de  2002,  con  el  fallecimiento  de  Rafael  Ángel Hoyos González. Lo que se quiso atemperar con  que  «la  posesión  ha  sido  compartida  entre los  demandantes,  orientada  concertada  y  mancomunadamente  sobre la totalidad del  predio,    no    en    forma    individual   sobre   partes   determinadas   del  mismo».   

Es  decir,  se  reconoce  que  la posesión  inició  con  Rafael Ángel Hoyos González en 1974 y detentó tal calidad hasta  su  fallecimiento  en 2002, sin embargo, nada se informa sobre qué pasó con su  cuota  dentro  de  la  comunidad  con  posterioridad a su fallecimiento. Tampoco  aducen  la calidad de herederos o continuadores de la personalidad del causante,  como  acertadamente  resalta  el  ad quem.   

Además se sugiere el ingreso gradual de los  demandantes  a  la  «comunidad familiar»,  sin  que se justifique a qué título se daba tal incorporación,  esto   es,   si   desplazaban   a   sus   progenitores  o  eran  cesionarios  de  estos.   

Dichas  aseveraciones no podían arrojar un  raciocinio  jurídico  diferente  al que llego el juzgador, en el sentido de que  la   atípica   «comunidad   de  la  familia  Hoyos  Mesa»,  de  la  manera  como  aparecía  esbozada, no  podía  ser apreciada desde la perspectiva de que insinuaban los gestores, pues,  pasaron  por  alto  que  el  iniciador  de  la  posesión,  en  comunidad con su  cónyuge,  falleció  y  se  asumió tal hecho como si se diluyera su calidad en  beneficio   de   quienes   apenas   empezaron   a  poseer  con  posterioridad  a  1986.   

    

1. Un reparo admite  la  sentencia  del  fallador de segundo grado, en los términos como se sustenta  el  tercer  cargo, consistente en que, independientemente de las confusiones que  produjeran  las  narraciones  de  los  promotores  y  el  que durante la primera  instancia  no  se  hubiera  precisado  que  se  actuaba  para  una comunidad, en  realidad así fue.     

Cosa  muy distinta es que estaba conformada  por  la  madre  con  sus  cuatro hijos accionantes y su génesis no fue en 1974,  como  se  propuso, sino el 13 de mayo de 2002, cuando murió Rafael Ángel Hoyos  González.   

Esto si se tiene en cuenta que, al reconocer  que  el  causante  tuvo  ánimo  de  señor y dueño sobre el inmueble hasta esa  fecha,  sin  manifestar los descendientes que actuaban como herederos del mismo,  sino  a  título  personal, renunciaban para los fines del pleito a la posesión  que  había ejercido su progenitor, para tomar en cuenta sólo la que nacía con  ellos luego de su desaparición.   

Esto   aunado   a   que  si  «la   posesión   ha   sido   compartida  entre  los  demandantes,  orientada,  concertada  y  mancomunadamente sobre la totalidad del predio, no en  forma    individual    sobre   partes   determinadas   del   mismo»,  como  lo alegan, no podía considerarse una fecha previa a cuando  se  consolidó  en  ellos, bajo el entendido de que admitieron la participación  de  un  tercero  antes,  la  cual  ocuparon en su propio beneficio y no como sus  continuadores.   

Carece  de sentido en ese orden, la posible  nulidad  por  emplazamiento  y  notificación  errados, porque no se dejó en el  edicto  o  el  acta  respectiva  la  advertencia  expresa  de  que accionaba una  comunidad,  puesto  que  en  tales actuaciones aparecen los nombres de todos los  que   decían   integrarla  y  fue  contra  ellos  mismos  que  se  dirigió  la  reconvención.   

Por  tal  razón,  el que en el trámite se  refiriera  a  cada  uno  de  ellos,  no  quiere  decir  que  se  les  tome  como  «personas  naturales»  o  individualmente  referidas,  sino que con ellos se anunciaban a todos y cada uno  de  aquellos  que  afirmaban  estar  en  comunidad,  lo  que,  se reitera, no es  constitutivo   de   sociedad   con   personería   diferente   de   quienes   la  conforman.   

    

1. No obstante, la  anterior  precisión,  que  se hace a manera de rectificación doctrinaria de lo  expresado  por el sentenciador, tal debilidad no tiene trascendencia en la forma  como  se desató el pleito en ninguna de sus instancias, ya que lo cierto es que  la  comunidad  conformada por Ligia de Jesús Mesa Madrigal, Silvia Elena, Diana  Ligia,  Mónica  Cecilia y Carlos Mario Hoyos Mesa, tomando en consideración el  momento  en  que  empezaron  a  poseer para sí, con exclusión de Rafael Ángel  Hoyos, comenzó el 13 de mayo de 2002.     

Así las cosas, como la demanda se presentó  el  19  de  agosto  de  2005,  habiendo transcurrido apenas tres (3) años a esa  época,  tiempo  insuficiente para adquirir por prescripción extraordinaria, el  cual  era  de  veinte  (20)  años antes de que se expidiera la Ley 791 de 2002,  cuando  se redujo a la mitad, se hacía inane cualquier esfuerzo demostrativo en  contrario.   

Además,  las censuras nada atacan respecto  de  las aspiraciones reivindicatorias que salieron avante y se hubieran afectado  de darse por sentados los requisitos de la pertenencia.   

    

1. En atención a  los  planteamientos  previos,  pierde relevancia el último ataque propuesto por  la  vía  indirecta,  direccionado  a  cuestionar el término de duración de la  posesión,  por lo que, en consecuencia, no es necesario su estudio, porque como  tiene  dicho  la  Sala  «la  prosperidad   de   la   acción   de  pertenencia  exige  plena  prueba  de  sus  presupuestos,  requisitos, elementos o condiciones estructurales, concurrentes e  imprescindibles» (SC de 2 de  diciembre de 2011, rad. 2005-00050-01).     

    

1. Ambos cargos,  entonces, no prosperan.     

    

1. No hay lugar a  costas en virtud de la rectificación doctrinaria.     

     

I. DECISIÓN     

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Civil  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre  de la República y por autoridad de la ley, NO  CASA  la  sentencia de 3 de febrero de 2012, proferida  por  la  Sala  Civil  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín,  dentro  del  proceso  ordinario  de Ligia de Jesús Mesa Madrigal, Silvia Elena,  Diana  Ligia,  Mónica Cecilia y Carlos Mario Hoyos Mesa contra Comercializadora  Movifoto Ltda.   

Sin costas.  

Notifíquese y devuélvase  

JESÚS  VALL  DE  RUTÉN  RUIZ   

MARGARITA   CABELLO  BLANCO   

RUTH   MARINA   DÍAZ  RUEDA   

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA  RESTREPO   

FERNANDO   GIRALDO  GUTIÉRREZ   

ARIEL    SALAZAR  RAMÍREZ   

LUIS  ARMANDO  TOLOSA  VILLABONA     

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