AC7004-2014 [2010-00277-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  CIVIL   

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

Magistrado Ponente  

         

AC7004-2014  

Radicación    n°     68081-31-03-001-2010-00277-01   

(Aprobado en sesión de veintiuno de agosto de  dos mil catorce)   

Bogotá D.C., catorce (14) de noviembre de dos  mil atorce (2014).   

Se   decide   a   continuación   sobre  la  admisibilidad  de  la  demanda  presentada por Brunequilde Parada de Rivera para  sustentar  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  frente  a la  sentencia  de  19  de  junio  de  2013,  proferida por la Sala Civil-Familia del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bucaramanga, dentro del proceso  ordinario  que  en  su contra promovieron Alejandro Parada Rodríguez y Hercilia  Cote Parada.   

ANTECEDENTES  

1.- Los accionantes solicitan declarar que es  nula   absolutamente   la   compraventa   contenida  en  la  escritura  pública  nº  1869 de 6 de septiembre  de  2007,  corrida  en  la Notaría Primera del Círculo de Barrancabermeja, por  cuya  virtud Cándida Rosa Rodríguez de Parada transfirió a Brunequilde Parada  de  Rivera  la  finca  El  Recuerdo; en consecuencia, deprecan se señale que el  inmueble  pertenece  a  sus  sucesores debido al fallecimiento de aquélla, y se  cancele   el   instrumento   por   ser   “nulo   o  simulado”,  así  como  su registro en la Oficina de  Instrumentos Públicos (fl. 19 del c. 1).   

2.-  Sustentan  su reclamo en los siguientes  hechos:   

a.-)  En el mencionado acuerdo de voluntades  no  hubo  por  parte  de  la  presunta  enajenante la intención de vender, a la  compradora  no  la  impulsó  el  móvil de adquirir y no existió justo precio,  dado  que el fundo tenía un valor de comercial de trescientos millones de pesos  ($300.000.000),  en  tanto  que  en la escritura pública se consignó apenas la  cifra de treinta millones de pesos ($30.000.000).   

b.-)  Rodríguez  de Parada, por su precario  estado  de  salud  y  avanzada  edad,  ochenta  años,  no estaba en facultades de contratar, y su contraparte  negocial   carecía  de  condiciones  económicas  apropiadas,  por  lo  que  ni  siquiera  canceló el precio establecido.    

c.-)  El  convenio  impugnado  no ofrece los  elementos  esenciales  de  «consentimiento,  causa y  precio».   

d.-)   Los   reclamantes   acuden   como  herederos de Cándida Rosa y  de  su  cónyuge  Pedro  Julio  Parada,  quienes  murieron  el 17 de febrero de 2010 y el 7 de julio de 1984,  en su orden.   

3.-        El       a-quo  dio  por  probada la excepción de  “inexistencia   de  los  requisitos  legales  para  declarar  la  nulidad  del contrato” y desestimó las  pretensiones,  lo  que revocó el Tribunal ante la apelación de los promotores,  y  en  su  lugar,  decretó  la  simulación  absoluta  del  negocio  materia de  controversia  y  ordenó el retorno del predio a la masa hereditaria de Cándida  Rosa Rodríguez de Parada.   

4.-  El  pronunciamiento  del  ad  quem  se  resume así (fls. 136 a 153  del c. 5):   

     

a. El  primer reparo que se hace a la  providencia   atacada   concierne  a  la  «nulidad»  del  contrato,  en  tanto  el  segundo  es  sobre  la  simulación del mismo. En ese orden se analizan.     

b.-)    Si    bien    el    a-quo   no  apreció  el  interrogatorio  rendido  por  Brunequilde  Parada  de  Rivera,  la valoración de las respuestas  dadas por la declarante   

“[N]o  conduce  a  determinar que para la  fecha  de  la  realización del contrato de compraventa […] la vendedora […]  padeciera  una  dolencia  mental que afectara su capacidad de comprensión y por  ende  generara  su  nulidad  relativa  por  un  vicio  del  consentimiento o por  ausencia  de  este,  a  voces de los artículos 1508 y 1741 inciso 3 del Código  Civil,  porque  la  interrogada  señora  Parada  de Rivera jamás aludió a una  enfermedad  de  esa  naturaleza,  manifestando sí que Cándida Rosa padecía de  ciertos  malestares  como  un  soplo  en el corazón, tensión alta y dificultad  para    caminar,    siendo    enfática    en    asegurar    que    ‘cuando    nosotros    hicimos    la  negociación    de    la    venta   estaba   bien   de   la   cabeza’”.   

La  historia  clínica  de  la  enajenante,  además,  «no muestra, ni por asomo, que la aquejara  algún   trastorno  mental,  porque  allí  se  describe  que  presentaba  falla  cardíaca»,  de  donde  tal  documento  no  enerva el  criterio  del  galeno  general,  de  que  su  paciente no presentaba desórdenes  cerebrales.   

En   consecuencia,   los   demandantes  no  desvirtuaron   la   presunción  de  capacidad  que  ampara  a  la  “vendedora”  para  el  tiempo  de  la  negociación.   

c.-)  La  otra inconformidad de la alzada se  refiere  a la figura de la «simulación»,  contemplada en el artículo 1766 del Código Civil y desarrollada  por la jurisprudencia de la Corte.   

En  esos  asuntos  rige  el  principio de la  libertad  probatoria, por lo que se precisa la ponderación de las que vienen al  punto y militan en el expediente, así:   

1°) El interrogatorio de Brunequilde Parada  de  Rivera,   los  testimonios  de  Fernando  Acuña Rodríguez, Francisney  Romero  Mejía,  Ricardo  Rivera  Caballero  y la documental ordenada de oficio,  llevan   a   inferir   que  el  convenio  materia  de  litigio  es  “absolutamente   simulado”,   porque  todos   dan   cuenta  de  que  “no  hubo  pago  del  precio”,   ya  que  “la  vendedora     Cándida    Rosa    Rodríguez    Parada    no    recibió    suma  alguna”, destacándose las inconsistencias entre las  versiones    de    Brunequilde    y    Ricardo    respecto    de    las   demás  probanzas.   

Más   concretamente,   por  cuanto  ambos  afirmaron   que   Fernando   Acuña   les   prestó  quince  millones  de  pesos  ($15.000.000)  para  comprar  el  fundo  y  que  entregaron  a  Cándida Rosa el  excedente  en efectivo cuando vendieron el lote Las Palmas, ubicado en Rionegro,  relatos  que  no  concuerdan  con  el  dicho  del acreedor, comoquiera que éste  aseguró  que la deuda fue adquirida por ellos a finales del 2006 y que, al año  o año y medio siguiente, la cancelaron.   

Además,  tampoco armonizan con la realidad,  pues,  para  esa  época Brunequilde y Ricardo “aún  no  estaban  en  el predio el Recuerdo, porque vivían en la finca las Palmas de  Rionegro,  dado  que según lo apuntó el señor Rivera Caballero a aquél fundo  llegaron  con  su  cónyuge  el  8  de mayo de 2007, expresando que a la señora  Cándida  Rosa  el  primer  pago se le hizo con el dinero prestado por el señor  Acuña  Rodríguez  en noviembre de 2007, de lo cual resulta inexplicable que el  alegado   crédito   se  efectuara  y  quien  recibió  el  dinero  lo  guardara  aproximadamente  un  año,  cuando  de  los relatos recopilados se desprende que  todas   las  gestiones  inherentes  al  asunto  fueron  en  fechas  sucesivas  y  cercanas”.   

En  tales  condiciones,  si  el  crédito se  hubiera  cubierto  en el tiempo indicado, ello significaría que tuvo ocurrencia  «entre    diciembre    de    2007   y   junio   de  2008»,  lo  que «riñe por  completo  con  la época en que el señor Rivera Caballero percibió el pago del  precio  del  inmueble  que vendió por intermedio del Incoder, dinero con el que  el  señor  Acuña  Rodríguez  anota  vino  a terminar de cancelarle a Cándida  Rosa,  pues  la  tal suma la recibió como vendedor más allá del 6 de junio de  2010»,  como  lo  infirió  del  estudio  que hizo en  relación  con  la  probanza  decretada  de oficio, especialmente la copia de la  escritura  pública  nº  1858  de  27  de abril de 2010 otorgada en la Notaría  Primera  de  Bucaramanga,  contentiva de la compraventa de la finca en mención,  en  la  que  se  estipuló  que  el  precio  acordado,  treinta y nueve millones  seiscientos  diecinueve  mil  novecientos ocho pesos ($39.619.908), «serán  consignados  a  una cuenta bancaria a nombre del vendedor  así:  (…)  A) El 50% del valor total del subsidio (…) mediante pago a favor  del  vendedor  del  predio  adquirido  (…)  dentro  de  los treinta (30) días  siguientes  a  la  inscripción  de  la  escritura  pública  que protocolice la  compraventa  en la correspondiente Oficina de Registro de Instrumentos Públicos  (B)  el  50% restante del valor del subsidio adjudicado dentro de los tres meses  siguientes  a  la  fecha de pago del contado inicial»,  de  donde,  era  «imposible  que  el  saldo  de  los  $15.000.000  se le cubriera a finales del año 2009 (…) pues para esa fecha el  señor   Rivera   Caballero   no   había  percibido  el  pago  del  precio  del  fundo»,  a  más  de  que  la  demandada «no    probó    que    ostentara    capacidad   económica   para  cubrirlo».   

3°)  Fuera  de  ello, obran indicios de que  entre  las  antes  nombradas,  al  tiempo  del negocio existió una «relación  de  parentesco  de  consanguinidad  en  primera línea  recta,  ya  que  eran madre e hija», y que en Cándida  Rosa  se  vislumbraba  un sentimiento de gratitud hacia la segunda, «derivado  de que ésta se fue a vivir a la finca de aquélla y se  ocupó  de  su atención y cuidado en su estado en ancianidad, caracterizado por  varias  dolencias  de  salud,  lo cual con seguridad la movió a favorecer a esa  hija,  sólo  que  al hacerlo perjudicó a sus otros hijos, incluyendo los aquí  demandantes».   

3°)  Finalmente,  los  testimonios  de  Ana  Clovis  Parada  Rodríguez  y  de  Mirella  Pérez  Álvarez  no  son  dignos de  credibilidad,  por ser contrarios a la realidad expresada (fls. 136 a 153 del c.  1).   

5.-  La  demandada  interpuso  recurso  de  casación  concedido por el Tribunal (fls. 155 y 190 a 192 del c. 5) y que luego  la Corte admitió (fls. 31 del c. 6).   

6.-  En  tiempo  hábil  se  presentó  la  correspondiente  sustentación  de  la  impugnación  (fls. 34 a 41 del c. de la  Corte).   

CONSIDERACIONES  

1.-  El numeral 3º del  artículo  374  del  Código  de  Procedimiento  Civil consagra que el texto por  medio     del    cual    se    provoca    esta    vía    extraordinaria    debe  contener     “[l]a  formulación  por  separado  de los cargos contra la sentencia recurrida, con la  exposición   de   los   fundamentos   de  cada  acusación  en  forma  clara  y  precisa”, lo que conlleva  la  obligación  de  cumplir  con  los  parámetros  técnicos  que  permitan su  entendimiento,  sin  que  sea  labor  de la Corporación suplir las deficiencias  argumentativas     de     quien    la    propone,    por    ser    eminentemente  dispositiva.   

2.-    Se  formula  un  único  cargo por la causal primera, al considerar  que  la  providencia  reprochada  violó de manera indirecta los artículos 1766  del  Código  Civil y 267 del Código de Procedimiento Civil, a causa de errores  de    hecho   por   darle   a   los   “testimonios     rendidos”          una         “interpretación      ostensiblemente      contraria     a     su  contenido”  para   fundamentar   la  simulación estimada.   

En su desarrollo expone  el censor:   

a.-)     El  ad-quem     “desentrañó”   imprecisiones   en   los  “testimonios”,   relativas   a  la  fecha  del  préstamo  que  Fernando  Acuña  Rodríguez  les hizo a los compradores, la época en que fue negociado el predio  de  Ricardo Rivera Caballero y lo atinente a las personas que acompañaron a los  contratantes para la suscripción de la escritura.   

Sin embargo, ese juzgador  «desconoció  el contenido  esencial»  de  las  versiones  de  los  anteriormente   nombrados   y   la   de   «Brunequilde  Parada Rivera»,  las  cuales,  conjuntamente con las de Francisney Romero Mejía,  Ana  Clovis  Parada  Rodríguez  y  Mireya  Pérez Álvarez, «desvirtúan       la       conclusión»  de no haber existido ánimo  negocial en quienes intervinieron en el convenio censurado.   

“Por   medio   de  Franscisney  le  facilité unos recursos económicos a don Ricardo Rivera, yerno  de  doña  Cándida  y  el  argumento  era que le estaba comprando la finca a la  suegra,  yo  le  presté  quince  millones de pesos, eso fue como  (subrayado  nuestro)  a  finales  de  2006 y el señor Ricardo se  comprometía  a  devolverlos  con  pagos  parciales y de la venta de la finca de  Rionegro y como al año o año y medio me canceló”.   

El fallador de instancia  desconoció  el  contenido  del relato, porque el deponente fue claro en afirmar  que    el    préstamo   lo   realizó   “como”  a  finales   de   2006,   lo   que   es   indicativo   de   no   memorar  el  año,  “pero  sí se ubica en el  espacio  de  tiempo…lo  cual  coincide  con  la  celebración  del contrato de  compraventa…”.   

La inexactitud tiene una  razón  de  ser,  por  haber  transcurrido  un lustro, aproximadamente, entre la  entrega   del   dinero   y    el   interrogatorio   que   vertió   en   el  juicio.   

c.-)  Francisney Romero  Mejía  adujo  que  el  monto de lo mutuado se entregó en el “año 2007, fecha para la cual le presentó a  Rivera  Caballero  y  estos  en  conjunto  suscribieron  el  título  valor  que  garantizaba la obligación contraída”.   

d.-)  Las  precitadas  “atestaciones”    fueron    desconocidas    de   manera   sorprendente   por   el  ad-quem, con el argumento de no ser coincidentes con la  información   del   acreedor,   lo   que   genera   un   yerro  evidente.    

e.-)  La  providencia  reprochada      descartó      la      “existencia  del crédito”  que Fernando Acuña Rodríguez le hizo a Ricardo Rivera Caballero  con  sustento  en  que  a  éste  le  resultaba imposible cancelarlo en el lapso  señalado  por  el  primero, ya que el deudor no había recibido el precio de la  venta  del predio de Rionegro, como quiera que esto sucedió en 2010; empero, no  se  tuvo  en  cuenta  que  esa finca le generaba a la sociedad conyugal ingresos  económicos,  “en atención  a   los  cultivos  de  cacao,  cítricos  y  plátano,  que  se  encontraban  en  explotación”, sumado a lo  cual        “el  acreedor” jamás dijo que  “se pagaría solamente con  la  venta  de  la  finca”.   

f.-)   Se  pretirió  también  en  la  providencia  atacada la prueba con la cual se demostró que la  contradictora     y     su    esposo    “ya  explotaban un predio agrícola de su propiedad, con cultivos  de  cacao,  cítricos  y  plátano  (en  producción),  tal como lo demuestra el  informe de la Lonja de Propiedad Raíz de Santander”.   

g.-) El indicio atinente  a   la   “relación  de  parentesco”  no  podía  llevar  a  la  conclusión  de no haber tenido intención en la celebración del  contrato  porque,  de  ser  así, estaría prohibido que entre padres e hijos se  realizara  este  tipo  de  negociaciones,  al igual que en lo relacionado con la  “gratitud”  que  se predica de Cándida  Rosa.   

h.-) Todas las probanzas  recopiladas      enseñan      que     “no  existe  ni  directa  ni  indirectamente,  alguna que permita  demostrar  hecho  contrario  al  querer  de  las  partes, en la celebración del  negocio  jurídico  objeto  de  debate  y  que la compradora pagó el precio del  mismo”.   

3.- La acusación que se  examina no satisface las exigencias formales, por cuanto:   

a.-)  La  recurrente no  demostró  las  equivocaciones  en  la  apreciación  de  las  pruebas,  como le  correspondía,    porque    si    bien    adujo   que   el   ad-quem                “desconoció”          el          “contenido    esencial”  de las declaraciones rendidas en el expediente, concretamente las  de  “Acuña Rodríguez”,  “Francisney  Romero  Mejía”,  “Brunequilde  Parada  Rivera”, “Ricardo  Rivera   Caballero”,  “Ana  Clovis  Parada  Rodríguez”   y   “Mireya  Pérez  Álvarez”,  apenas  citó fragmentos de las versiones de los dos primeros, y  tampoco  indicó  de  forma  clara  y  precisa  lo  que  dijo  o debió decir el  proveído  cuestionado  respecto  de esas probanzas, a efecto de posteriormente,  surtir  el  consecuente  parangón  que evidenciara el yerro y su trascendencia.   

         b.-)  En tales  condiciones,  soportó  el  cargo      de      manera      panorámica      o     global,     denotando  con  ello  su descontento pero en relación con   la   argumentación  de  esa       Corporación  en la valoración o, como expresamente  lo     dice,    «interpretación»    de   los  dichos  de  los  deponentes,  de  lo  cual  se  infiere  que  su  labor  la  centró  en  exponer  su particular  visión   de   lo  que  de  tales  medios     se     desprende,    para     concluir     que,    en    su  sentir,  ello debe          conducir      a      una      determinación        diferente   de  la  que  adoptó  el  ad  quem.   

         En    otras    palabras,    el   censor  no   indicó   lo   que  objetivamente   relató   cada   uno  de  los  declarantes,  así  como  tampoco  lo     contrastó  con  lo  que  dedujo  el  sentenciador  acerca  de tales  probanzas,  para mostrar de esa manera la  omisión o desfiguración que se  alega, por la vía indirecta.   

Acá,  se  reitera, lo expuesto se limitó a  endilgarle  al  fallador  de segundo grado el no haberle otorgado credibilidad a  las   versiones  de  los  terceros,  pese  a  que,  según  la  percepción  del  recurrente,  podían  superarse  las  contradicciones  en  que  incurrieron  los  mismos.   

Sobre     este  punto,     la    Corte    ha    sostenido  reiteradamente que   

(…)    cuando   se   alega   la   violación de la  ley    sustancial    como    consecuencia    de    error    de   hecho   en   la  apreciación de las pruebas  es  necesario  que  el  recurrente  lo  demuestre,  actividad que debe cumplirse  mediante  una  labor  de  contraste  entre lo que extrajo el sentenciador de las  pruebas que   se   tildan  de  erróneamente apreciadas y lo que tales pruebas dicen  o  dejan  de  decir,  para  ver  de  establecer  el real efecto que dimana de la  preterición      o  desfiguración de la prueba,  siempre   en   el   bien   entendido   de  que  no  basta  relacionarla  ni  con  ofrecer la visión    del    recurrente,    a   la   manera   de   un   alegato   de  instancia”  (CSJ  SC  de   14   de   mayo   de  2001,  reiterada  en  CSJ  SC  de  19  de  diciembre  de 2012, Rad.  2006-00164-01).   

Y  más  recientemente  dijo que   

“En el error de hecho  debe  ponerse  de  presente,  por  un  lado,  lo  que dice, o dejó de decir, la  sentencia  respecto  del medio probatorio, y, por el otro, el texto concreto del  medio,  y,  establecido el paralelo, denotar que existe disparidad o divergencia  entrambos    y    que    esa    disparidad   es   evidente”    (CSJ   AC,   13   ene   2013,   Rad.   n°  2009-00406).   

c.-)  En  suma,  el  ataque  terminó  siendo  un alegato de instancia, en el  que  la impugnante narró su particular percepción sobre la prueba testimonial,  lo  que  se  refleja  en  el  siguiente  pasaje  de  la  demanda  de  casación:   

“Hecho  hasta  este  momento  el  análisis  de  algunas probanzas relevantes, no cabe duda que entre  las  partes  que  intervinieron  en  la celebración del contrato de compraventa  materializado  mediante  la  escritura  pública  n° 1869 de 6 de septiembre de  2007  otorgada  ante  la  Notaría  primera  de Barrancabermeja, sí existió el  ánimo  negocial,  al  punto  que  la  vendedora  sí recibió la suma de dinero  acordada,  la  cual  como  se  ha  descrito en las probanzas fue invertida en su  tratamiento  médico  en virtud de su molestia cardiaca. No se entiende por qué  el  Honorable  Tribunal desconoce todas y cada una de las declaraciones y limita  el  contenido  de  las  mismas,  para determinar la existencia de la simulación  absoluta,  porque  no  hubo  como  se ha venido desvirtuando ánimo contractual,  cuando  está  demostrado  que sí se pagó el precio pactado y que el mismo fue  dispuesto     por     la    vendedora”.      

4.- De tal manera, como  el  libelo  no  se aviene a las formalidades que debe reunir la sustentación de  esta vía extraordinaria, no se aceptará a trámite.   

DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, en Sala de Casación Civil,   

RESUELVE  

Primero: Declarar  inadmisible  la  demanda  y,  en  consecuencia, desierto el recurso de casación  interpuesto   en   el  proceso  de  la  referencia  por  Brunequilde  Parada  de  Rivera.   

Segundo: Devolver  por las Secretaría el expediente al Tribunal de origen.   

Notifíquese   

JESÚS VALL DE RUTÉN  RUIZ   

Presidente   de  Sala   

ÁLVARO   FERNANDO  GARCÍA RESTREPO   

FERNANDO   GIRALDO  GUTIÉRREZ   

ARIEL   SALAZAR  RAMÍREZ   

LUIS  ARMANDO  TOLOSA  VILLABONA     

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