AC7003-2014 [2008-00664-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  CIVIL   

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

Magistrado Ponente  

AC7003-2014   

Radicación    n°.  1100131030242008-00664-01   

(Aprobado  en  sesión de  veintisiete de agosto de dos mil catorce)   

Bogotá  D.  C., catorce (14) de noviembre de  dos mil catorce (2014).   

Se   decide   a   continuación  sobre  la  admisibilidad  de  la demanda presentada por Yenny Andrea Díaz Osorio en nombre  propio  y  de su menor hija Leidy Johanna Lozano Díaz para sustentar el recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto frente a la sentencia proferida el 18  de  diciembre  de  2012  por  la  Sala  Civil del Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Bogotá,  dentro del proceso ordinario de responsabilidad civil de  las  impugnantes  contra  Yolima  del  Carmen  Altamar  Anaya y la I.P.S. Sambyp  Ltda.,  siendo  llamada  en  garantía  Eco  Seguros  S.A.,  actualmente Seguros  Generales Suramericana S.A.   

I.- ANTECEDENTES  

1.-  Las  actoras  pidieron declarar que las  convocadas  son civil y extracontractualmente responsables de los daños que les  causaron  por  la  muerte  de  su esposo y padre Johan Enrique Lozano Pinzón, a  raíz    de    la    “negligencia,   impericia   y  descuido” en la atención médica que le prestaron a  aquél,  que  “lo llevó a la muerte”. En  consecuencia,  reclamaron  para  cada  una  mil  setenta  y seis  millones  ochenta y tres mil seiscientos sesenta y cinco pesos ($1.076.083.665),  por  perjuicios materiales; dos mil salarios mínimos legales mensuales vigentes  por  los  morales,  e  igual  monto  por  los  fisiológicos.  Subsidiariamente,  solicitaron       los       mismos      valores      invocando      la      vía  contractual.                                            

2.- La causa petendi  se   compendia   así  (fls.  110  al  115,  cuaderno  1):   

b.-)  Se  asignó  a  un  facultativo que no  atendió  al enfermo debido a que estaba en consulta, pero ante el requerimiento  de  la  acompañante por el agravamiento de la situación lo recibió la doctora  Yolima del Carmen Altamar Anaya.   

c.-)    La    profesional   “escasamente”  le  midió  la tensión  arterial,  auscultó la zona adolorida y la espalda, le preguntó lo que sentía  y  de inmediato diagnosticó de manera totalmente errónea, por incompatibilidad  con  los  síntomas,  “inflamación del pulmón o de  una   costilla”,   y  ordenó  dos  ampollas  y  un  electrocardiograma.   

d.-)  Cancelado  el servicio y aplicados los  medicamentos,  aguardaron  media hora por los resultados del examen y otro tanto  para  que  la galena los hiciera pasar y les dijera que el paciente “se  encontraba  bien,  que no padecía nada grave”,     que    tomara    “calditos    sin  grasa”    y    asistiera   a   control   el   día  siguiente.   

e.-)  Aún  en  el  consultorio  el aquejado  empezó  a  convulsionar;  sin  embargo  la profesional permaneció “impávida”,    sin   prestarle  ninguna      ayuda      salió     del     lugar     con     el     “pretexto”  de  buscar  una  camilla y  sólo  regresó  pasados unos diez o quince minutos, lapso durante el cual nadie  lo auxilio.   

f.-)  Se  dirigieron al cuarto piso, pero la  cónyuge  que  iba  por las escaleras alcanzó a subir, bajar y volver, mientras  que  la  médica apenas llegaba en el ascensor con un compañero que recogió en  el  camino.  No  le  respondieron  por  qué Johan Enrique estaba cianótico; lo  introdujeron  en  un salón donde “no había aparatos  médicos   de  ninguna  clase”,  sólo  “otra   camilla”,   y   la   hicieron  retirar.   

g.-)  El recién llegado practicó maniobras  manuales  de reanimación cardiopulmonar, en tanto que la demandada se limitó a  mirar;    sólo    cinco    minutos    después   ingresaron   el   “carro  de  paro” con el que realizaron  dos  procedimientos  de  reanimación; y al cabo de un tiempo, Yolima del Carmen  salió   y   le   expresó   que  “no  pud[o]  hacer  nada”.   

h.-)  A  las  cinco  de  ese  mismo día, el  representante  legal de la IPS Sambyp Ltda. y la otra convocada les informaron a  los  familiares que enviarían el cuerpo para que el Instituto de Medicina Legal  le  hiciera  la  necropsia, pues, el fallecimiento era muy extraño; además, el  primero    especuló    de   manera   “atrevida   e  irrespetuosa”,  sin  ninguna  base  científica, que  pudo   originarse  en  una  sobredosis  de  cocaína;  por  su  parte,  ante  la  recriminación  de Yenny Andrea por haberla dejado sola, la segunda le contestó  en  forma  “folclórica”  que     “por    10    minutos    no    se    muere  nadie”.   

i.-)   El   reconocimiento   post  mortem  reveló  que  la  causa  del  óbito fue un infarto agudo al miocardio.   

3.-  Notificadas  del  auto  admisorio,  las  accionadas  contestaron  cada  uno  de  los  hechos  reseñados  y separadamente  excepcionaron  “ambivalencia  de  la  fuente  de  la  responsabilidad”,  “inexistencia de la relación causa efecto”  “inexistencia de culpa” y   “cumplimiento   de  la  prestación  debida”;  además, llamaron en garantía a  Eco  Seguros  S.A.,  actualmente  Seguros Generales Suramericana S.A. (fls. 62 a 80 y  137, cuaderno 1; 39 y 40, cuaderno 2; 43 al 46, cuaderno 3).   

4.- Frente al pliego genitor, la aseguradora  formuló    las    defensas    de    mérito    que    denominó    “ausencia  de  los elementos axiológicos para la existencia de la  responsabilidad    civil   médica”   y   “carácter   indemnizatorio  del  régimen  de  responsabilidad  civil”;  y  en  relación  con  la  citación  como  garante,   alegó  las  que  intituló  “obligación  condicional  del  asegurador-objeto  del  contrato  de seguro de responsabilidad  civil”,  “límite de responsabilidad del asegurador-el contrato de seguro es  de   carácter  indemnizatorio”,  “ausencia  de  cobertura  para  perjuicios  extrapatrimoniales”    y  “exclusiones   establecidas   en  la  póliza  de  seguro  de  responsabilidad  civil-incumplimiento    de    obligaciones    o    garantías    a   cargo   del  tomador/asegurado”  (folios  63  a  82, cuaderno 2).   

5.-   El   a-quo  dictó  sentencia en la que declaró responsables a la  I.P.S.  Sambyp  Ltda. y a Yolima del Carmen Altamar Olaya y las condenó a pagar  solidariamente  a cada demandante, por  lucro cesante consolidado, cuarenta  y  seis  millones  quinientos  dieciséis  mil  ochocientos cuarenta y uno pesos  ($46.516.841);   por  perjuicios  morales,  treinta  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes;  por  costas  del  juicio,  dieciséis  millones  de  pesos  ($16.000.000);  y  por  “lucro cesante”  futuro,  a  favor  de  Yenny  Andrea ciento cuarenta y un millones  ochenta  y dos mil seiscientos cuarenta y pesos ($141.082.644) y de Leidy Johana  sesenta  y  un  millones  ochocientos ochenta y seis mil setecientos veintiséis  pesos  ($61.886.726).  Finalmente,  impuso  a Eco Seguros S.A. solucionar a cada  actora,   en  solidaridad  con  sus  avaladas,  hasta  cien  millones  de  pesos  ($100.000.000),  con  un deducible del diez por ciento (10%); folios 490 al 506,  cuaderno 1.   

6.-  Impugnado  dicho pronunciamiento por la  aseguradora  y  Yolima  del Carmen Altamar Anaya (folios 508 al 529 ejusdem),  el  Tribunal lo revocó y negó  las  súplicas del pliego genitor, exponiendo los argumentos que a continuación  se sintetizan (fls. 75 al 89, cuaderno 7):   

b.-)   El  registro  civil  de  defunción  “es  prueba idónea y suficiente de la existencia de  un   daño   causado   al   señor   Johan  Enrique  Lozano  Pinzón,  y  a  las  demandantes”;  no  militan  elementos de convicción  que    “distraigan    la   creencia”  sobre  el  dolor  íntimo  y  personal  que  éstas  sufrieron; no  hay   evidencia  de  que  el menoscabo material a la cónyuge exceda lo que  pagó  por  la  estadía  del  enfermo  en  la  institución  y  el instrumental  utilizado  para  atenderlo;  la  niña  no  suple  sus  necesidades,  por lo que  respecto   de   ella   hay   lugar   a   determinar  el  resarcimiento  por  ese  concepto.   

c.-) Atinente a la culpa médica, la doctrina  indica  que sólo surge “por un defecto sustancial en  la  prestación  del  servicio profesional”, toda vez  que  en tal evento las obligaciones son de medio y no de resultado, lo que se le  ha    llamado    “el   aleas   de   la   profesión  galénica”,  en  el  que más allá del “albur”  existe una corresponsabilidad  entre los extremos de la relación.   

d.-)       La       “responsabilidad”  en  el diagnóstico  surge  por  el  olvido de los “deberes mínimos y los  protocolos   de  auscultación  y  valoración”.  De  acuerdo  con  la  jurisprudencia,  lo  cuestionable no es el error en sí mismo,  sino  el  comportamiento inexcusable que lleva a cometerlo, de tal manera que al  a-quo   se   equivocó  al  concluir  que  como  la  muerte fue causada por una patología cardíaca, aquél  debió   apuntar   “inexorablemente  en  esa  misma  dirección…”.   

e.-)   Los   documentos,   testimonios   e  interrogatorios  comprueban  que  el  11 de diciembre de 2007 Johan Enrique y su  cónyuge  Jenny  Andrea llegaron al Hospital de Kennedy en busca de atención de  urgencia  por el dolor de pecho, hormigueo en una mano y malestar en la boca del  estómago  que padecía el primero, pero como allí no se ofertaba ese servicio,  por  carecer  de  “los requisitos infraestructurales  necesarios”,    solicitaron    una    “consulta  externa”  con su médico de  confianza,   quien   estaba  ocupado,  por  lo  que  pidieron  una  “consulta      prioritaria”     que  inmediatamente  se  le  asignó  a  la  doctora Yolima del Carmen Altamar Anaya.   

La    profesional    hizo   “el    examen    que    consideró   pertinente”,   anotó     una     “impresión     de  osteocondritis,  y  un  dolor torácico en estudio” y  ordenó    la    toma    “inmediata”   de   un   electrocardiograma   y  el  suministro  de  un  par  de  medicamentos.  Cumplido  esto,  confirmó que la sintomatología era consistente  con  el  diagnóstico inicial, ordenó a Lozano Pinzón retirarse a su domicilio  y  consumir  alimentos  bajos  en grasa y lo citó para un control de rutina. En  ese  momento,  el  auscultado  convulsionó, por lo que la galena instruyó a la  acompañante  sobre el posicionamiento del cuerpo y salió a buscar una camilla,  con  la  cual  regresó seguida del vigilante, el que ayudó a la esposa a subir  el  enfermo,  quien  fue trasladado al cuarto piso, integrándose al esquema por  el  camino  el  asistente  hospitalario.  Ya  en  el  sitio,  se practicaron las  maniobras  de  respuesta  inmediata  y  después  se  utilizó  el  “carro  de paro” que estaba disponible.  No  prosperaron  tales  procedimientos,  que  a  juicio de los facultativos eran  pertinentes para la estabilización, y se produjo el deceso.   

Posteriormente, la médica y el director del  establecimiento  informaron  a  los deudos que la institución no podía expedir  el  certificado de defunción, vistas las peculiaridades que la rodearon, por lo  que  debía  remitir  el  cadáver  al  Instituto de Medicina Legal, entidad que  determinó  que  “la  causa  real  de  muerte fue un  infarto  agudo  al miocardio, provocado por una oclusión trombótica 100% opaca  a   la   luz   en   la   arteria  carótida  descendente  derecha”.   

f.-) En su interrogatorio, Yolima del Carmen  informó  que  la  I.P.S.  Sambyp  Ltda. no contaba con protocolos de manejo del  dolor  torácico,  por lo que ella actuó “con virtud  (sic)     a     [sus]  conocimientos”.  “Dicho  sea  de  paso,  dentro  del  plenario no hay prueba  alguna   tendiente   a   indicar   lo   contrario”.   

En ese escenario, únicamente estaba sometida  a   “las   previsiones   que   la   lex   artis  le  impusiera…en   razón   de   los  indicadores  sintomáticos”.  Luego,   su   incumplimiento  se  debe  analizar  con  base  en  las  “guías    generales    establecidas    por    el  Estado…”:    anamnesis,    examen    físico   y  electrocardiograma  de  doce derivaciones. De  acuerdo  con  lo  dicho  por la misma, los dos primeros pasos se  “agotaron         debidamente”,    

En  relación  con el tercero, la absolvente  expresó  que  su  interpretación  no  señalaba  un infarto agudo. La misma no  halló  indicadores  de  una  condición grave o de curso mortal, tanto así que  dio  las  instrucciones  reseñadas,  “lo cual es un  claro     indicio     de     la    íntima    convicción…respecto    de    su  diagnóstico”.   

g.-)  Dentro  de  las  evidencias  que  se  trasladaron  de  la  investigación penal obra la declaración del galeno Daniel  Ricardo  Ortiz,  quien  valoró  el  ECG  (electrocardiograma) y afirmó que sus  hallazgos    “no    fueron   detectados   por   el  electrocardiógrafo,  (…)  y  tampoco  por  la médica que atendió el caso”  y que   

(…)  el  reporte  emitido  por  el equipo  utilizado  era  ritmo  sinusal,  eléctrico  vertical  en cualquier caso normal.  (…)  el  equipo no detectó la enfermedad que tenía el paciente en su momento  y  e[l]  profesional tratante de acuerdo a estos resu[l]tados (…) informó que  no encontraba patología, que el informe era normal.   

h.-)   El   dictamen   del   “perito     médico     Germán     Hernando    Pachón    Gómez,  siquiatra”  no  es  útil y se desecha integralmente  porque  se  limita  a  repasar  los  hechos  de  la  historia  clínica, algunos  deducibles  a  partir  de su simple lectura, y no soporta su aserción de que la  profesional   no   practicó   las   palpaciones  requeridas  en  el  protocolo,  “implicando  esto  que  toda  palpación  y contacto  personal  debe  transcribirse”  lo  que “es  una  exigencia  más  allá  de  lo  posible”; además,  omitió  conceptuar  si  el  ECG reflejaba la “condición       isquémica       cardiaca”,       haciéndola insuficiente.   

i.-)  En  relación  con  la  I.P.S. se debe  verificar  si  atendía  las exigencias del Ministerio de Protección Social, no  sólo  en cuanto a recursos humanos, sino a infraestructura mínima, a la luz de  las  funciones  para  las  que  estaba  habilitada,  en  especial,  la  consulta  prioritaria  a  la  que  ingresó  el  paciente,  escenario  en  el cual cabría  reprocharle   “si  los  servicios  ofertados  no  se  encontraran  habilitados” o, estándolo,    “la    instrumentación    fuera   insuficiente”   o   que,   a   pesar   de   reunirse  lo  anterior,  “no    activara    el   servicio   requerido…”,   lo  que  configuraría  “una ruptura del  principio de integralidad…”.   

j.-)   El  a-quo  demarcó  esa  responsabilidad  por  la  demora  en la  atención  prioritaria,  y  posteriormente en el traslado del carro de paro; sin  embargo,  se  contaba  con  este  elemento  y no llegó tardíamente, sino que a  juicio  de  los  facultativos  no  era  requerido  a  esa  altura del incidente:  “concuerda   el   Dr.   Harry   Barranco   con   la  demandada” en afirmar que por cada servicio inscrito  había uno disponible.   

k.-) No puede predicarse que el fallecimiento  sea   responsabilidad  directa  de  la  profesional,  puesto  que  la  necropsia  determinó que el infarto llevaba diez días de evolución,   

(…)   amén   de   las   dimensiones  y  características  de  la oclusión arterial (un trombo 100% opaco a la luz), por  lo  que  no  es  de  recibo  la  afirmación  del  juez  de instancia, de que el  diferendo  entre el diagnóstico y el dictamen forense post-mortem impliquen que  la  negligencia  médica  fue  el  acelerador  de  una  condición preexistente,  sufrida por el occiso.   

l.-) La temporalidad que la actora relató es  incoherente,  toda  vez  que  conforme  a  lo  acreditado, entre el ingreso y el  deceso mediaron setenta minutos.   

m.-)   Como   puede   verse,  no  hay  prueba contra el proceder de la  profesional  de  la  salud,  más allá de las afirmaciones indefinidas de Yenny  Andrea,  quien  fue  la única presente y reconoce ignorar la ciencia médica; y  en  estos  eventos  no  puede  presumirse la culpa, sino que quien la alega debe  demostrarla.    Entonces,    se   desploma   el   argumento   del   a-quo  respecto  del desacierto primigenio  que  la  desencadenaría;  igualmente  la negligencia de la institución, porque  prestó  la  asistencia  dentro  de  los parámetros mínimos de idoneidad y con  disponibilidad  plena  de los servicios requeridos. En ese orden de ideas, no se  activó la obligación condicional de la aseguradora.   

n.-) No prospera la pretensión subsidiaria,  porque si bien las demandantes son herederas,   

(…) no impusieron su condición de tales,  al  efecto  de  pedir el resarcimiento de los daños contractuales generados con  la  conducta  endilgada  a la entidad, ahora desvirtuada, luego no se encuentran  legitimadas en causa para demandar este tipo de responsabilidad.   

6.-  Al  encontrar satisfecho el interés de  las     perdedoras     para     acudir    en    casación,    el    ad-quem les concedió el recurso (fls. 101  y  102,  cuaderno  de  apelación),  el cual fue admitido por esta Sala el 20 de  junio de 2013 (fls. 3 y 4, Corte).   

7.-   En   tiempo  hábil  se  radicó  la  correspondiente  sustentación  de  la  impugnación  extraordinaria  (fls. 6 al  15).   

1.-  El  numeral  3º del artículo 374 del  Código  de  Procedimiento  Civil  consagra que el escrito por medio del cual se  provoca  esta  vía debe contener “[l]a formulación  por  separado de los cargos contra la sentencia recurrida, con la exposición de  los  fundamentos  de  cada  acusación en forma clara y precisa”, derivándose  para  el censor la obligación de respetar las reglas  de  técnica  que  faciliten  la comprensión de los argumentos con que pretende  rebatir   los   fundamentos   del   proveído   que   ataca.   Precisamente  esa  característica   dispositiva   impide  que  las  deficiencias  observadas  sean  subsanadas   directamente   y   a   iniciativa  de  la  Corporación.   

Así lo tiene advertido la Sala al exigir que   

Sin distinción de la razón invocada, deben  proponerse  las censuras mediante un relato hilvanado y claro, de tal manera que  de  su  lectura emane el sentido de la inconformidad, sin que exista cabida para  especulaciones   o  deficiencias  que  lo  hagan  incomprensible  y  deriven  en  deserción,  máxime  cuando no es labor de la Corte suplir las falencias en que  incurran   los   litigantes   al   plantearlos   (CSJ  AC, 16 ag. 2012, rad. 2009-00466, reiterado CSJ AC, 12  jul. 2013, rad.  2006-00622-01).   

2.-  Se  formulan  contra  la  sentencia del  Tribunal  dos ataques, ambos por la causal primera: el inicial, violación de la  ley  sustancial  por  la  vía  indirecta,  derivada de errores de derecho en la  valoración  de  una  prueba;  el  segundo,  por  equivocaciones  de hecho en la  apreciación de otra.   

a.-) En el cargo inicial, las accionantes le  reprochan  haber  conferido  mérito demostrativo a favor de su contraparte a la  declaración   de  Yolima  del  Carmen  Altamar  Anaya,  quebrantando  así  los  artículos  174,  183,  194, 195 y 243 del Código de Procedimiento Civil, y por  esa  senda  los  preceptos  1613,  1614,  2341,  2347  y 2356 del Código Civil.   

Lo sustentan así:  

1°)  El  Tribunal  descarta  error  en  el  diagnóstico  porque  la  demandada  manifestó  que  la  I.P.S. Sambys Ltda. no  tenía   protocolo   de   manejo   del   dolor  torácico  y  que  realizó  los  procedimientos   médicos   inherentes   a   la   sintomatología;   agrega  que  “…no  hay  prueba  alguna  tendiente  a indicar lo  contrario”;  y  concluye que no se puede presumir la  culpa,  que  la  carga  probatoria  correspondía  a  las  accionantes  y que no  existió  equivocación  esencial  en  la  valoración profesional, quedando sin  soporte  “el  argumento  del  fallador de instancia,  respecto  del  error  primigenio…del  cual  se  desencadenaría  la  culpa que  generaría  la  responsabilidad…”. Al efecto, citan  los pasajes pertinentes.   

Aducen  que  si bien es cierto “la  culpa  médica  no se presume”, de  tal  forma  que le compete al  promotor   evidenciar   la   “falla”,  la  versión  de la tratante no es prueba válida para absolverla.  Añaden   que   hoy   en   día,  la  Corte  Suprema  sostiene  la  “teoría  de  la  carga  dinámica  de  la prueba”, conforme  a  la  cual ambos extremos del litigio serán “los  encargados  de  aportar la prueba bien sea de la culpa, bien  sea  de  la  ausencia  de  ésta”,  mientras  que la  doctrina  señala  que  en  la  medida  en  que  las  circunstancias de hecho lo  permitan,  el galeno debe acreditar cómo ocurrieron los daños y su diligencia.   

2º) Demostraron error en el diagnóstico de  osteocondritis,  pues,  la  necropsia  indica  que  la  muerte se produjo por un  infarto  fulminante.  Entonces, la profesional debió acreditar que obró con el  debido  cuidado,  lo  que  no era difícil, para lo cual contaba con la historia  clínica,  la  epicrisis  y el EEC que dijo haber tomado, al que debió adjuntar  un  peritaje que conceptuara que en él no aparecía reflejada la gravedad de la  enfermedad,  pero  no  allegó  los  tres últimos, y la primera da cuenta de lo  contrario.  Sin embargo, el juzgador de segunda instancia se atuvo a la versión  de Altamar Anaya, no corroborada por otros elementos de juicio.   

3º)  El  ad-quem  incurrió   en   “un  gran  desatino”,  al basarse en una declaración que no satisface las exigencias del  artículo  195 procedimental, pues, la confesión para ser válida debe producir  consecuencias  adversas  a  quien  la  hace  o  favorecer  al contradictor, pero  aquélla  en  nada  contribuyó  a su demanda; o recaer sobre hechos respecto de  los  que  la  ley no exija otro medio de prueba, pero en este caso se requerían  peritajes,  ello  en  concordancia  con  el  208  ìdem  que  prescribe  que  el  absolvente  podrá  presentar  documentos  en torno a lo que manifiesta.  En tal sentido se ha pronunciado  la doctrina.   

Esos  errores conllevaron la revocatoria de  la sentencia de primera instancia.   

b.-) El segundo cargo denuncia “violación  medio  de  los  artículos  174,  187,  233 y 241 del  C.P.C.”,  y  por  ese sendero de los preceptos 1613,  1614,  2341,  2347  y  2356  del  Código  Civil, al omitir apreciar el dictamen  pericial  mediante  el  que  el auxiliar de la justicia Germán Hernando Pachón  Gómez   realizó   el  “análisis  de  la  historia  clínica”.   

Se  desarrolla en los siguientes términos:   

No se dio por demostrado, estándolo, que se  configuró  falla  en la valoración médica, lo que implicó la muerte de Johan  Enrique,  puesto  que  en  el  plenario  milita  una experticia que satisface la  ritualidad  pertinente,  rendida  por un miembro de la lista de auxiliares de la  justicia   en   el   término   establecido   y   que   adquirió   “firmeza  legal” al no ser objetada, la  cual dice   

(…)  hubo  error desde el comienzo en el  diagnóstico,  ya  que todos los síntomas del paciente desde el mismo comienzo,  eran  de  una  enfermedad del corazón como se comprobó en el dictamen pericial  de   necropsia,   donde   la  muerte  del  paciente,  fue  por  un  infarto  del  miocardio.   

Sin  embargo,  el  Tribunal  la  desechó  aduciendo que no es útil,   

(…) toda vez que se limita a repasar los  hechos  de  la  historia clínica, algunos de ellos, deducibles de la lectura de  ésta;  en  el  escrito  de  complementación, particularmente, no se soporta en  forma  alguna  sus  aserciones  respecto  de que la profesional no practicó las  palpaciones     requeridas     como     protocolo     general     de     estudio  diagnóstico,   implicando  esto  que  toda  palpación  y contacto personal debe transcribirse, lo cual, de  suyo, es una exigencia más allá de lo posible.   

El  error  protuberante  consiste en que el  ad-quem  no advirtió que el  “perito  no  estuvo en el lugar de los hechos por lo  tanto  no  puede dar fe de cómo ocurrieron” sino que  interpretó  la  historia  clínica  y  las  demás  pruebas, como el informe de  Medicina  Legal  que  señaló  la  causa  del  óbito. Se destaca que en aquél  documento,  el  médico  debe  “consignar  todos los  eventos  que  conllevan  el tratamiento del paciente. Dentro de ellos, el examen  practicado   al   enfermo  y  la  manera  como  fue  realizado”,  de   tal   manera  que  si  en  el  caso  concreto  la  “tratante  hubiese  realizado  las  auscultaciones  de  los ruidos  cardiacos  del corazón” le incumbía registrarlas en  dicha  memoria,  actividad  que  sólo  le  habría  tomado unos pocos segundos;  entonces, no era algo imposible de cumplir.   

De  ahí  que  el  perito  concluyera  que   

(…) durante la revisión…la profesional  mencionada  no  hizo  inspección  del  corazón,  con  el  paciente  sentado  y  acostado,  una  palpación del corazón en débito dorsal, localizando el choque  de  la  punta,  localización  topográfica, intensidad, área de choque, en los  focos   tricúspide   y   mitral,   así   como  los  intervalos  sistólicos  y  diastólicos.    

3.- Para que la demanda de casación se abra  camino  a  un  escrutinio  de fondo, dado el carácter eminentemente dispositivo  del  recurso  es  imperativo  que  los  cargos  que  contiene combatan de manera  integral  cada  uno  de  los  pilares  que  por sí mismos o enlazados con otros  sostienen  el fallo que ataca, pues, devendría inane adelantar el ejercicio que  propone   el  impugnante  si  al  final  del  mismo,  independientemente  de  su  resultado, aquél continúa en pie.   

Al respecto, la jurisprudencia de la Sala ha  sido constante y categórica al sostener que   

Cuando  se  trata  de la causal primera de  casación,   en   cualquiera  de  las  especies  de  violación  de  las  normas  sustanciales  a  que  ella  se  contrae,  ya  por  la  vía  directa  ora por la  indirecta,  los  reproches  formulados  deben comprender todos y cada uno de los  fundamentos  de  la  providencia  en  los  que  ella  se  sustenta,  en el claro  entendido  de  que  si cualquiera de estos se pretermite o se ignora o de alguna  manera  subsiste  para mantenerla en pie, no hay lugar a quebrarla, toda vez que  la  Corte,  dado  el  carácter  dispositivo  y  restricto  propio  del  recurso  extraordinario,  tampoco  puede de oficio completar la tarea recortada que a ese  respecto  se  le  proponga  (CSJ AC, 20 en. 2010, exp.  2004-00071-01, reiterado CSJ AC 2 nov. 2011, rad. 2003-00428-01).   

Y   más   recientemente  expuso  similar  criterio, al predicar que   

(…) recurrir en  casación   implica  algo  más  que  mostrar  desacuerdo  con  las  decisiones;  necesarísimo  es  que el recurrente, en tanto que el blanco de su ataque sea la  sentencia,  por  sobre  todo,  y  antes  que  ensimismarse en su propio parecer,  enristre  contra  las  argumentaciones  que  el  sentenciador  tuvo en mira para  apuntalar  el  mérito  que finalmente otorgó a las pruebas; porque es evidente  que  mientras éstas no sean derribadas, habrá que tenerlas por ciertas dada la  presunción  de  legalidad  que  las  ampara, de manera tal que, si ‘las…motivaciones  del  Tribunal  no  son   combatidas   por   el   impugnador,   el   rechazo  de  la  acusación  se  impone  (CSJ  AC, 10 sept.  2013, exp. 2003-00462-01).   

4.-      En     el     sub-lite, la demanda de casación contiene  dos  cargos  con venero en la causal primera: uno por la comisión de errores de  derecho  al interpretar el interrogatorio absuelto por Yolima del Carmen Altamar  Anaya  y  el  otro  de  hecho  al  omitir  valorar el concepto que dio el doctor  Hernando Pachón Gómez en torno de la historia clínica.   

Sin embargo, los mismos son incompletos con  miras  a  derribar la sentencia que reprueban, toda vez que ésta contiene otros  fundamentos  fácticos   que aisladamente y enlazados con otros que tampoco  se  combaten  serían  suficientes  para  sostenerla,  aún  si se acogieran los  reparos de las casacionistas.   

En efecto, para descartar que los demandados  incurrieron  en  negligencia,  el  Tribunal no solamente ponderó la versión de  parte  de  Yolima  de  Carmen  Altamar  Anaya, sino que tuvo en cuenta la prueba  trasladada  de la investigación penal, en particular la declaración del galeno  Daniel  Ricardo  Ortiz,  a la que reconoció mérito en cuanto éste sostuvo que  los  hallazgos  del  EEC “no fueron detectados por el  electrocardiógrafo,  (…)  y  tampoco  por la médica que atendió el caso”,  pero    también    que   

(…)  el  reporte  emitido  por el equipo  utilizado  era  ritmo  sinusal,  eléctrico  vertical  en cualquier caso normal.  (…)  el  equipo no detectó la enfermedad que tenía el paciente en su momento  y  e[l]  profesional tratante de acuerdo a estos resu[l]tados(…) informó  que no encontraba patología, que el informe era normal.   

De la misma manera, del concepto que emitió  medicina  legal  como  resultado  de  la  necropsia que practicó al cadáver de  Johan     Enrique,     el    ad-quem    extrajo   que  la  muerte  no  fue  responsabilidad  directa  de  la  profesional  de  la  salud, al establecer que de acuerdo con el mismo el infarto  tenía diez días de evolución,   

(…)   amén   de   las  dimensiones  y  características  de  la oclusión arterial (un trombo 100% opaco a la luz), por  lo  que  no  es  de  recibo  la  afirmación  del  juez  de instancia, de que el  diferendo  entre el diagnóstico y el dictamen forense post-mortem impliquen que  la  negligencia  médica  fue  el  acelerador  de  una  condición preexistente,  sufrida por el occiso.   

Ninguna referencia hicieron las recurrentes  a  estas  dos  conclusiones  de  peso  trascendente  individual y conjunto en la  resolución  final,  como  quiera  que  en  últimas  significan que el Tribunal  desestimó   la   culpa   de   la   doctora  Altamar  Anaya,  tanto  porque  del  electrocardiograma  no  se desprendía la información de que estaba en curso un  infarto,   como   debido  a  que  éste  llevaba  desarrollándose  diez  días,  apreciaciones  a  las cuales arribó tras dejar sentado el criterio que en punto  a   la   responsabilidad  examinada  lo  cuestionable  no  es  el  error  en  el  diagnóstico  en  sí  mismo,  sino  el  comportamiento inexcusable que llevó a  cometerlo,  y  en  esa  medida  advertir  que  el a-quo  se  equivocó  cuando  estimó  que como el deceso fue  causado  por la patología cardíaca, la valoración debió apuntar “inexorablemente    en    esa    misma   dirección…”.   

La censura en relación  con  el  dictamen  rendido por el perito Germán Eduardo Pachón Gómez también  resulta  incompleta,  como  quiera  que únicamente cuestiona uno de los pilares  por   los   que   fue   desechado,   esto  es,  la  falta  de  demostración  de  “las  aserciones respecto  de   que   la   profesional   no   practicó  las  palpaciones  requeridas  como  protocolo…”;    sin  embargo,  olvida  por  completo tratar el otro aspecto que llevó a descartarlo,  expresado en la providencia así:   

(…) el perito sólo se  remite   a   manifestar   que   en   la  historia  clínica  de  Lozano  Pinzón  ‘no  existe  el  reporte  de  interpretación del  electrocardiograma   que   le  fue  tomado’ (fl. 283),  obviando  que,  entre sus deberes de auxilio a la justicia, estaba el conceptuar  respecto  de  las lecturas contenidas en el examen referido, y manifestar si las  lecturas    eras    indicativas    o    no    de   una   condición   isquémica  cardíaca”, a partir de lo  que  expresa:  “en vista de  la  insuficiencia  del  estudio respecto del diagnóstico y las lecturas ECG, la  experticia  en cita no presta ninguna utilidad probatoria al proceso, por lo que  se desechará integralmente.   

Entonces, siendo dos los  fundamentos  del  Tribunal  para  excluir  ese  elemento  de  convicción,  pero  habiendo  sido  combatido  por  las demandantes el primero, aunque prosperara su  ataque,  igualmente  se  sostendría  ese  rechazo,  por  lo que en ningún caso  aquéllas  pueden  aspirar  a que dicha prueba llegue a prestar apoyo efectivo a  su recurso.   

5.- Así las cosas, como  el  libelo  no  se aviene a las formalidades que debe reunir la sustentación de  esta vía extraordinaria, no se aceptará a trámite.   

III.-  DECISIÓN   

En  mérito  de  lo  expuesto,    la    Corte   Suprema   de   Justicia,   en   Sala   de   Casación  Civil,   

RESUELVE  

Primero:  Declarar  inadmisible  la  demanda  y,  en  consecuencia, desierto el recurso de  casación  interpuesto  por  Yenny  Andrea  Díaz  Osorio  en nombre propio y en  representación  de  su menor hija Leidy Johanna Lozano Díaz dentro del proceso  de la referencia.   

Segundo:  Devolver    por    la    Secretaría    el    expediente    al    Tribunal    de  origen.   

Notifíquese  

JESÚS  VALL DE RUTÉN  RUIZ   

Presidente  de  Sala   

MARGARITA   CABELLO  BLANCO   

FERNANDO   GIRALDO  GUTIÉRREZ   

ARIEL    SALAZAR  RAMÍREZ   

LUIS  ARMANDO  TOLOSA  VILLABONA     

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