SC7726-2014 [2005-00075-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

Magistrado ponente  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

SC7726-2014  

Bogotá,  D.  C., diecisiete (17) de junio de  dos mil catorce (2014)   

Discutido  y  aprobado en Sala de veintisiete  (27) de mayo de dos mil trece (2013)   

REF.: 11001-3103-029-2005-00075-01  

          Se  decide  el  recurso  de  casación  que A………. T… V……  formuló  frente  a  la  sentencia  de 29 de noviembre de 2010, proferida por la  Sala  Civil  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá D.C., en el  proceso  ordinario  promovido  por aquel contra C…….. R………. H…… de  G…….,  M…..  L…. y D………. G…….. H……., Inversiones G…..…  M…..….  S.A.,  Banco  C……  R…. M…..…… C………. S.A., D…….  G……..   S……….,  G………  d…  P………  S………..  R………  P…….,  A…  M……….  I…….  del C………., O….. L….. O……..  B……. y R…… P…… V…… de O…….   

ANTECEDENTES  

1.             En  la  demanda,  el  actor  solicitó  declarar  la simulación de varios contratos de compraventa de inmuebles – junto  con  sus  respectivas  hipotecas-   suscritos  por  D………  G……….  H……..   y   C…….   R….   H……  de  G…….…….  en  calidad  de  compradores,  pues  quien  en realidad los adquirió por interpuesta persona fue  su     esposa,     M……     L….     G…….     H…….. –hermana    e    hija    de    éstos,  respectivamente-,  en  detrimento  de la sociedad conyugal; de la compraventa de  derechos  y  acciones  sobre dos inmuebles ubicados en Suesca; y del traspaso de  un  vehículo  inicialmente  adquirido  por  M….. L… G…….. H…………  (fls. 189 a 191, cdno. 1).   

2.             El petitum  se   sustentó,   en  síntesis,  así  (fls.  182  a  189):   

a)             El  1º  de  marzo  de  1989,  A.……  T….….   V………   y   M……  L……  G……..  H……..  contrajeron  matrimonio,  en  el  municipio  de San Antonio del Táchira (Venezuela), de cuya  unión   nacieron   dos   hijos,   A……..   y   A……  F……..  T……..  G………..   

b)            En el año de 1992, la pareja adquirió e  hipotecó     un     apartamento –ubicado   en   el   conjunto   residencial  La  Liberia-   con   sus   respectivos   parqueaderos,   pero  por  razones  de  conveniencia  las  escrituras  fueron  suscritas  por  el  actor  y  su cuñado,  D………  G………..  H……, cuya participación fue aparente en la medida  en  que  los esposos asumieron el pago del precio, y el crédito que originó el  gravamen  se  honró  íntegramente  por  el  demandante.  En  la actualidad, el  inmueble   se   encuentra   arrendado  y  es  el  convocante  quien  recibe  los  cánones.   

c)            Por acuerdo previo entre los esposos, los  lotes   San   José  y  Santa  Teresa  –del  municipio de Suesca-, adquiridos en 1994 con cargo a dineros de  la  sociedad  conyugal  y  a  algunos  préstamos  realizados  por  los hermanos  G………  H……….,  aparecen  a  nombre  de  C……… R….. H……. de  G……….,   quien   en   verdad  no  es  la  propietaria;  no  sólo  por  la  confabulación  descrita,  sino  por haber sido el libelista quien participó en  las  negociaciones previas, contrató el estudio de títulos, obras de fijación  de  linderos,  reservorios  de agua, arborización y levantamiento topográfico.  Las  heredades  se encuentran arrendadas por M…… L….. G……., quien paga  los  impuestos  y  recibe  la  renta;  la  arrendataria  reconoce  al actor como  condueño de los bienes.   

d)            En  1997,  la cónyuge demandada compró  con  sus  ahorros  un  vehículo  para  uso  personal,  y,  a  pesar  de haberlo  traspasado   en   el   2001   a  C…….  H………  de  G……..,  continúa  poseyéndolo y utilizándolo.   

e)            En  el 2002, M……. L……. G……..  obtuvo  con  dineros  de  la  sociedad  conyugal  un  terreno  en  Villeta, pero  pretendió   hacer   creer   al   actor,  con  quien  condujo  inicialmente  las  negociaciones,  que  sus  hermanos habían sido los adquirentes y posteriormente  adujo  que  la  compradora  era  su  madre,  quien  en realidad carece de medios  económicos  para  ello; aquella es quien adelantó las obras de cerramiento del  inmueble,  se  hizo  cargo de los trámites para derrumbar un muro localizado en  la  parte  occidental del lote vecino, paga los impuestos del predio y ejerce la  posesión del mismo.   

f)            En el contrato de compraventa de una casa  ubicada  en  la  urbanización  Magdala  (Bogotá),  suscrito  en  el año 2003,  aparece   como   compradora  C………  H……..  de  G……….,  cuando  la  verdadera  adquirente  es  M……. L…… G………, toda vez que el pago del  precio  se  hizo  con  cargo  a la cuenta personal de la última y con un cheque  “prestado”   por   el  hermano  de  ésta,  D……….  G………,  “para  justificar  más  tarde”  que  la  adquirente fue la  progenitora  de  ambos.  El trato original involucraba la entrega de un fundo en  Villeta,  cuyos  derechos  de  propiedad están registrados a favor de los hijos  comunes  de  la  pareja  en  litigio, pero no se pudo concretar en los términos  inicialmente   pactados,   toda  vez  que  el  actor  no  dio  la  autorización  correspondiente  para enajenar el bien de los menores, al darse cuenta de que la  intención  de  su  consorte  era  sacarlo  de  “los  títulos   de  propiedad  donde  él  figuraba,  y  pasarlos  a  nombre  de  sus  familiares”.  El  inmueble  fue arrendado por M…..  L……  G……..  y  en  garantía  del  pago  del canon de arrendamiento, los  arrendatarios   suscribieron  14  letras  de  cambio  en  los  que  “ella se suscribe como girador”.   

g)             Al  momento  de  presentación  de  la  demanda,   los   señores  T……..  y  G…….  se  encuentran  separados  de  hecho.   

h)            La verdadera intención de M….. L…..  G…….  ha  sido  menoscabar  el  haber  de  la sociedad conyugal a través de  compraventas  simuladas  por  interposición  de  diferentes personas, así como  privar  a  su marido de los cánones de arrendamiento de los que él y sus hijos  comunes  derivan  el sustento, para en su lugar incrementar el patrimonio propio  con inversiones realizadas por intermedio de sus parientes.   

3.            Al  contestar  la demanda los convocados  negaron  algunos  hechos,  aceptaron  otros  y  se opusieron a las pretensiones,  formulando  la excepciones denominadas “inexistencia  de   derecho   sustancial   en  cabeza  del  actor”,  “existencia     de     voluntad    y    realidad  contractual”  y prescripción (fls. 442 a 449, cdno.  2).  Luego  de  integrado el contradictorio con los sujetos que intervinieron en  los  contratos materia de debate, Inversiones G…… M…… Ltda. esgrimió en  su     defensa     la    “ausencia    de    causa  simulandi”,  “existencia  de    contrato    de    mandato    oculto    o    sin    representación   entre  compradores”,             “inoponibilidad   y   relatividad   de   los   contratos”,             “prescripción    extintiva   de   la  acción”   y la excepción genérica (fls. 734 a 744).   

4.             Agotado   el   trámite  procesal,  el  a  quo pronunció sentencia  negando  los  pedimentos  del  libelo  y dando por acreditadas la excepciones de  “existencia     de     voluntad    y    realidad  contractual”   propuesta   por   los  demandados  y  “ausencia    de    causa    simulandi”  planteada  por la referida sociedad; providencia confirmada por  el  ad  quem  al desatar la  apelación  interpuesta  por  la  accionante  (fls.  923 a 951 cdno. 2 y 20 a 31  cdno. de 2ª inst.).   

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

1.             Luego   de  memorar  los  antecedentes  procesales,    petitum,  causa  petendi,  réplica y  excepciones  de  los  convocados,  fallo de primera instancia y argumentos de la  alzada,   aseveró   que   “el  problema  jurídico  consiste  en  determinar  si  confluyen  los presupuestos de la acción que como  requisito    sustancial,    darían    paso    a    la    prosperidad   de   las  pretensiones” (fl. 26).   

2.            Pasó  a enunciar las exigencias propias  de  la simulación, deteniéndose en “la legitimidad  en  causa de los litigantes”, particularmente, cuando  es  “intentada por uno de los cónyuges respecto de  los  negocios realizados por el otro”, caso en el que  debe  estarse  “ante  el  hecho real y cierto de la  liquidación  de la sociedad conyugal (…) patente en el momento de instaurarse  la  reclamación  judicial  simulatoria por parte del cónyuge inconforme; hecho  condicionante  que  solamente  se presentaría, una vez se haya trabado la litis  en  el  correspondiente proceso de divorcio, separación de cuerpos o de similar  efecto”.   

De   allí   concluyó,   con   apoyo   en  jurisprudencia  de  esta  Corporación, que la parte actora no estaba legitimada  para  incoar  la  acción de simulación como quiera que, al iniciar el proceso,  aún  no  se había presentado, ni por ende notificado, la demanda de divorcio o  separación  de  bienes  tendiente a disolver y liquidar la sociedad conyugal; o  lo   que   es   igual,   por   cuanto   en   el   sub  examine, la demanda de simulación se impetró el 2 de  marzo  de  2005,  mientras  que la de separación de bienes, radicada por M…..  L….. G…….., fue admitida el 11 de noviembre siguiente..   

3.            A mayor abundancia, aseguró que permitir  a  los  esposos  proponer  la  acción simulatoria, sin que se haya suplicado la  disolución   de   la   sociedad   conyugal,   iría   en  contra  de  la  libre  administración  de  los bienes entre cónyuges consagrada en la Ley 28 de 1932,  y,  que  aceptar  una  legitimación  en la causa sobreviviente desconocería el  principio  de  seguridad  jurídica,  puesto  que  la  titularidad  del  derecho  pretendido  o del estatus legal cuyo reconocimiento se impetra ha de verificarse  con   respecto   al   momento  de  presentación  de  la  demanda  y  no  a  uno  posterior.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Al amparo del numeral 1º del artículo 368  del  Código  de Procedimiento Civil, propone dos cargos, el primero previamente  inadmitido   por   la   Sala,   por   lo   que   sólo   el   segundo   pasa   a  resolverse.   

CARGO SEGUNDO  

1.              Denuncia     la     violación  indirecta  de los artículos  180,   1766  y  1820  del  Código  Civil,  1º  de  la  Ley 28 de 1932 y 188 del  Código    de    Procedimiento    Civil,  derivados  de la comisión  de  sendos  yerros de hecho.   

2.            Señala    que    el   ad  quem  erró  al considerar que entre  Tinoco  y  Galeano  existió  una  sociedad  conyugal  “sin   disolver,   negándole   por   ello   legitimación  para  demandar  la  simulación,  lo  cual  impidió que entrara a considerar los otros presupuestos  de  la  simulación,  como  son  la  existencia  de los actos jurídicos y de la  simulación”.   

Soporta  la  acusación  en  que  a  la  luz del canon 180 del derecho común, para los   matrimonios   celebrados  en  el  extranjero  se  presume  la  separación   de   bienes,   salvo   que   las  leyes  bajo  cuyo  imperio   se   contrajeron  las  nupcias  prevean   un   régimen   patrimonial  diferente;  en  consecuencia,  y como quiera  que       el      actor      y      M…….           L……           G……..  se  casaron  en Venezuela, para  arribar  a  la  conclusión  de  que  entre  ellos regía una sociedad conyugal,  debía   obrar   en  el  expediente  la  prueba  de la  legislación    de    dicha    nación    que    permitiera    desvirtuar    la   presunción,        aducida       según        lo       dispone  el artículo 188 del Código de  Procedimiento   Civil,   evidencia  que  “brilla  por  su  ausencia”    (fls.    21    y   22, cdno. de la Corte).   

2.            Pasa   a  aseverar  que  el Tribunal  apreció  indebidamente la  demanda,   “por  cuanto  en  esta,  si  bien  se  reconoce  la  existencia  del matrimonio (…) en ella  no  se solicita la simulación para la sociedad conyugal, sino que, de acuerdo a  como  se  formularon  las  pretensiones,  se reclama es a favor de la mencionada  M……    L….  G………  para  que  los  bienes  adquiridos  quedaran a su nombre y no, como  ocurrió,  de  unos  terceros  carentes de recursos para pagar el precio, con lo  cual  violó  el  principio  de la congruencia que consagra el artículo 305 del  C.P.C.”.   

Insiste  en  que,  ante  la  inexistencia  de sociedad conyugal, resulta  desatinado  exigir su disolución y liquidación como  requisito  para  establecer  la  legitimación en la  causa  del libelista, a quien en realidad  le  asistía  tal calidad       porque      “estaba  reclamando  no a favor de la sociedad conyugal, sino de su  cónyuge  (…)  para que los bienes figuraran de propiedad de ésta, porque fue  él   quien  suministro,  total  o  parcialmente,  los  dineros  para  pagar  el  precio”         y         “fue        parte”  de los “actos jurídicos materia  de             la            simulación”,  es decir,   “no  solicitó  para  si  o  de la sociedad conyugal el restablecimiento del derecho,  como  obra  en la demanda, a pesar de haber cancelado el precio, sino a favor de  M…..   L….  G…….,  como  era  la  verdadera  intención  y  para evitar que la propiedad se radicara en diferentes  sujetos,  como  efectivamente ocurrió”.   

Procede      a      resaltar que  los  supuestos  adquirentes  carecen  de  recursos  económicos para fungir como  compradores  de los inmuebles en cuestión, tal como  se  encuentra  acreditado  en  el  proceso (fls. 23 y  24).   

3.          Por  último, aduce que el      ad      quem     “incurrió  en  ostensible  error de  hecho,    al    dar    por    infirmada  la  presunción  de  separación  de  bienes  entre  los cónyuges como consecuencia de haber contraído matrimonio en  Venezuela  sin  que  apareciera  la  prueba  correspondiente, constituida por la  copia  de  la  legislación de ese país, con lo cual  violó,  por  falta de aplicación, el artículo 188  del  Código de Procedimiento Civil que la consagra y  determinó,  por  contera,  que  violara,  asimismo por falta de aplicación, el  artículo     180,     inciso    segundo,    del    Código    Civil”;  erró al interpretar la demanda,  y      vulneró     los     artículos 1º de la Ley 28 de 1932,   1820  y 1766 del Código Civil,  este último por inaplicación.   

CONSIDERACIONES   

1.             En  el  asunto  bajo  examen,  como  se  sintetizó,  el  impugnante  increpa al juzgador por haber supuesto la prueba de  que  A…….  T…….  V….. y M…… L…. G….. H……… se encontraban  unidos  en  matrimonio  bajo  el régimen patrimonial de la sociedad conyugal, y  por   no   percatarse,  al  interpretar  la  demanda,  de  que  el  petitum  no  se encaminó al reintegro de  los  bienes  a la sociedad conyugal, sino al patrimonio de su esposa; yerros que  lo  llevaron  a  concluir,  desatinadamente, que no existía legitimación en la  causa por activa.   

2.            Para el censor, el primer desacierto del  ad quem consistió en no dar  aplicación  al  inciso 2º del artículo 180 del Código Civil, según el cual,  quienes  “se  hayan casado en país extranjero y se  domiciliaren  en  Colombia,  se  presumirán separados de bienes, a menos que de  conformidad  a  las  leyes bajo cuyo imperio se casaron se hallen sometidos a un  régimen  patrimonial  diferente”;  equívoco que lo  llevó  a  asumir  que  entre  los  esposos Tinoco-Galeano existía una sociedad  conyugal.   

Pues  bien,  teniendo  en  cuenta  que en el  proceso  se encuentra acreditado y no tiene discusión que el actor –Abelardo  Tinoco  Vivas- es un nacional  colombiano,  nacido  en  el municipio de Villeta, identificado con la cédula de  ciudadanía  19.051.426,  y  que contrajo matrimonio en San Vicente del Táchira  (Venezuela)  con  M…..  L….  G…….,  también colombiana, portadora de la  cédula   de  ciudadanía  41.618.867  –nupcias  inscritas  en  el  registro civil patrio- (fls. 2, 3 y 182,  cdno.  1; 441 vto. y 442, cdno. 2), la Sala encuentra que el desatino enrostrado  a  la  decisión  combatida  es  inexistente,  toda  vez que la norma en cita no  resulta  aplicable  al  caso  en  la  mediada  en que, según lo ha explicado la  jurisprudencia  civil  y  constitucional,  refiere  única  y  exclusivamente al  matrimonio de extranjeros que se domicilien en este país.   

Sobre el particular, si bien en otros tiempos  se  generaron  múltiples  discusiones  en  torno  a la debida hermenéutica del  inciso   2º   del  artículo  180  ídem,  en  la  actualidad  el  debate  se ha superado al considerar esta  Corporación que:   

“la  interpretación  armónica  y teleológica de esa disposición, permite concluir  que  sólo cobija aquéllos matrimonios celebrados en el exterior, en los cuales  participen extranjeros, por las razones que pasan a exponerse:   

“a) La Ley 28 de 1932, que otorgó a los  contrayentes  en  pie  de igualdad, la posibilidad de administrar libremente sus  bienes  y el artículo 13 del Decreto 2820 de 1974 que suprimió expresamente el  sistema  de potestad marital y reafirmó la igualdad del marido y de la mujer en  el  matrimonio, aunque otorgan plena libertad a la mujer a la hora de pactar las  capitulaciones  matrimoniales,  no son bastante para explicar la aplicación del  inciso   segundo   del   artículo  180  del  Código  Civil  a  los  nacionales  colombianos, cuando contraen nupcias en el exterior.   

“Si  bien  hoy  en  día  hay  menores  restricciones  para  que los contrayentes establezcan el régimen económico que  a  bien  tengan,  ello  no implica crear una presunción: la de que la pareja de  colombianos   casados   fuera   del   país   quisieron   sujetarse   a  la  ley  extranjera.   

“Aunque los miembros de la pareja, cuando  son  colombianos,  pueden convenir libremente y desde un comienzo el régimen de  ‘separación    de  bienes’, de ello no se  desprende  que  de  la  sola  celebración  del  matrimonio en el extranjero sea  posible  deducir  un querer que las partes no expresaron. Gran diferencia hay en  no  querer  la  comunidad de bienes en el matrimonio y decirlo expresamente, por  una  parte,  y  acudir  a  la  celebración de un matrimonio en el exterior para  obtener el mismo efecto, por otra.   

“En  consecuencia,  si a los colombianos  casados  en  el  extranjero  se  les  aplica  la  presunción del inciso 2º del  artículo  180  del Código Civil, ello sí que riñe con las normas que regulan  la  materia  en  Colombia, pues enerva sin más la presunción establecida en el  artículo 1774, sin que haya pacto escrito y expreso al respecto.   

“Y  si  bien  en  este país también es  posible  pactar  un  régimen económico para el matrimonio, ajeno a la sociedad  conyugal,  es  menester  que  ello se haga mediante capitulaciones que exigen el  cumplimiento  de  ciertas  formalidades,  pues  a  la luz del artículo 1772 del  Código  Civil,  ellas  requieren  de  la  solemnidad,  esto es, de la escritura  pública.   Del   mismo  modo,  se  procede  en  caso  de  modificación  a  las  capitulaciones,  por  mandato  del  artículo  1779  ibídem. Las normas citadas  junto  con  el  artículo  1780 de esa normatividad, que impone la presencia del  notario,   dan   cuenta   de  la  solemnidad  inherente  a  las  capitulaciones.   

“De  esa  exigencia  de  solemnidad  se  desprenden  dos  conclusiones  basilares.  La primera, que de conformidad con el  artículo   22  del  Código  Civil  ‘en  los  casos  en que los códigos o leyes de la unión exigiesen  instrumentos  públicos  para  pruebas  que han de rendirse y producir efecto en  asuntos  de  competencia  de  la  unión,  no  valdrán las escrituras privadas,  cualquiera  que  sea  la  fuerza  de  éstas  en  el  país en que hubieren sido  otorgadas’.  Por  lo  dicho,  no  cabe  el  entendimiento  de  que la pareja de colombianos, al elegir  contraer  matrimonio  fuera del país, elude o sustituye las formas de acreditar  las  capitulaciones,  asunto  probatorio  que, a no dudar, es de orden público.  Dicho  de  otro  modo,  las  capitulaciones  como  acto  solemne,  no pueden ser  suplidas  con  el solo matrimonio en el extranjero, si es que ha de tener efecto  en  Colombia,  pues  la  norma  Colombiana  ha  puesto  a  los  nacionales  unas  exigencias  y  ha  dicho  que de otra ‘manera   no   valdrán’.   

“Una segunda consideración emerge de la  exigencia  de  solemnidad  y  de  la  intervención del notario. Consiste en que  éste  debe velar por la conformidad del acto con las reglas de orden público y  las  buenas  costumbres,  de  modo  que  hará  las admoniciones necesarias como  manda,  a título de ejemplo, el artículo 1780 del Código Civil. Y el hecho de  que  las  capitulaciones  deban observar las reglas de solemnidad de los actos y  las      ‘buenas  costumbres’ (artículo  1773  ibídem), pregna de orden público la institución, a la luz del artículo  16   ibídem,   según   el   cual   ‘no  podrán derogarse por convenios particulares las leyes en cuya  observancia  están interesados el orden y las buenas  costumbres.’   

“Se  sigue de lo dicho que un matrimonio  de  colombianos  en  el  extranjero,  no  puede  eludir  las disposiciones sobre  solemnidades,  ni  dar  por  querido  lo  que  no se expresa. Es cierto lo de la  autonomía  de  las  partes  y  de  la  libertad  de acoger ad nutum el régimen  económico  del  matrimonio,  pero  para apartarse de la presunción de que todo  connubio  entre  colombianos  genera  sociedad  conyugal,  han  de cumplirse las  solemnidades  que  manda  la  ley  colombiana, las cuales no pueden destilarse a  partir de un consentimiento donde ello no se expresó.   

“Además,  en  estas  consideraciones va  envuelta  una  reflexión de mayor calado, y es la que concierne al principio de  legalidad  previsto  en el artículo 18 del Código Civil, estructurado sobre la  base   de   que   la   ignorancia   de  la  ley  no  sirve  de  excusa  para  su  inobservancia1.   

“Pues  bien, la tesis según la cual los  nacionales  que  se casan allende las fronteras, deciden libérrimamente abrazar  una  legislación  no solo ajena, sino absolutamente desconocida y cambiante, es  absolutamente  desconocida. Si dudas hay del conocimiento de lo que manda la ley  doméstica,  al  punto de que hubo de fingirse sabida por la sola promulgación;  y  si  ni siquiera los más avisados pueden dar cuenta de los meandros de la ley  propia,  menos  podría  suponerse que los legos saben  de la ley ajena, la  de  un país en que apenas son transeúntes, y peor aún, presumir que quisieron  abrigarse a los dictados de un sistema desconocido.   

“b)  Se  ha  dicho que el colombiano que  decide  casarse  en el exterior, conocedor como es de la ley colombiana -pues el  artículo  9º del Código Civil no le permite alegar su ignorancia-, habría de  entender   que  el  legislador  patrio  entrará  a  presumir  que  el  régimen  económico  de  su  matrimonio  será  por  regla  general  el de separación de  bienes,  como  indica  el  inciso  2º  del  artículo 180 del Código Civil. No  obstante,  ese  aserto  encierra  un  verdadero despropósito, pues no hay cómo  exigir  que  el  colombiano  extraiga  esa  tan  certera  conclusión, si es que  Tribunales  propios  y  extraños, así como encumbrados y lúcidos doctrinantes  no han podido ponerse de acuerdo en tan espinoso asunto.   

“No   hay   que   ver   más  que  las  tribulaciones  de  los  más  perspicuos  jueces y teóricos, sobre el comentado  artículo  180 del Código Civil, para derruir aquello de que es posible colocar  a  hombros  de  los colombianos que se casan entre sí, en otro país, el agobio  de desentrañar el sentido de la referida norma.   

“A la larga, el colombiano que se casa en  el  exterior  apenas  sabe  que  lo  hace, ignora el poroso debate jurídico que  envuelve  su  situación  y  nada  sabe  de  la  ley  del  país que le sirve de  huésped,  de modo que presumir que quiere lo no conocido, es un error garrafal.  Según     el     artículo     15     del     Código    Civil,    ‘podrán  renunciarse  los  derechos  conferidos  por  las  leyes,  con  tal  que  miren  al  interés  individual del  renunciante,    y    que    no    esté    prohibida   la   renuncia’,  pero más allá de que se puedan  resignar  derechos,  es  menester  que esa renuncia sea expresa y consciente, lo  que  supone  el  conocimiento  de  los  avatares que apareja un matrimonio en el  exterior,  sobre los que la jurisprudencia y la doctrina más esforzadas vacilan  como ha quedado compendiado precedentemente.   

“c)   Se   reitera  que  el  régimen  económico  del  matrimonio  sí  está  comprendido  dentro de las ‘obligaciones  y  derechos que nacen  de   las   relaciones   de   familia’,  pues  este sintagma del artículo 19 del Código Civil, enseña  que  hay  relaciones  de familia, cuya esencia no necesita explicación, y otras  relaciones  que  nacen  de  aquellas,  ambas amparadas por el estatuto personal.   

“Más  allá  de  lo que suceda con los  extranjeros,  aplicar  el  inciso  2º del artículo 180 del Código Civil a los  colombianos  casados  en el extranjero, establece una discriminación que afecta  el  derecho  a  la  igualdad  de  los  contrayentes, respecto de los matrimonios  celebrados  en  el  país,  porque el lugar de celebración del matrimonio es un  verdadero  accidente,  por  lo  que  no  hay  una  variable  diferenciadora  que  justifique  un trato desigual. La sola decisión de casarse en el extranjero, no  hace  la  diferencia,  pues  siendo Colombia un país en que crece la migración  por  motivos  de  la  más  diversa  índole,  al regreso de la diáspora de los  nacionales  a  la  patria  no  es  posible  crear  esa  odiosa distinción, para  entender  que los casados fuera del país se presumen separados de bienes, y los  que    hicieron    lo   propio   en   Colombia,   se   presumen   con   sociedad  conyugal.   

“En  conclusión,  la Corte reafirma la  interpretación  según  la  cual  el  inciso  2º del artículo 180 del Código  Civil  sólo  se  aplica  a  los  matrimonios  celebrados  por extranjeros en el  exterior,  cuyos  efectos se pretenden hacer surtir en Colombia, y por lo mismo,  de  la  regla  se  excluyen los matrimonios entre colombianos que, en todo caso,  siguen  gobernados  por  las leyes nacionales” (Sent.  Cas. Civ. de 29 de julio de 2011, exp. 00152).   

En  igual  sentido  se  pronunció la Corte  Constitucional  en  sentencia  C-395  de  2002,  cuando al abordar el estudio de  exequibilidad  del  canon  en comento concluyó que de su contenido se desprende  que,  tratándose de “un matrimonio entre nacionales  colombianos  o  entre un nacional colombiano y un extranjero, como regla general  debe  aplicarse  la  ley  civil  colombiana,  específicamente  las normas sobre  sociedad  conyugal; por el contrario, si es un matrimonio entre extranjeros, por  excepción  no  es aplicable la ley civil colombiana y se presume legalmente que  rige  la  separación  de  bienes,  lo  cual  pueden desvirtuar los contrayentes  mediante  la  aportación  de  la  prueba  sobre  sometimiento  a otro régimen,  conforme  a  las  leyes  del  país  de  la  celebración  del mismo”;   o  lo  que  es  igual,  que  el  inciso  analizado  establece  “mediante  una  presunción  legal  el  régimen de  separación  de  bienes  para  los  matrimonios  de extranjeros celebrados en el  exterior  cuando  éstos últimos se domicilian después en Colombia”.   

3.           Ahora  bien,  en  cuanto  a  la supuesta  indebida  interpretación de la demanda por parte del Tribunal, resulta palmario  que  dicho  error  tampoco acaeció, habida cuenta de que no sólo en el escrito  introductor  del  proceso se aseveró enfáticamente que la intención de M…..  L…..  G……  era  distraer  bienes de la sociedad  conyugal, sino que lo mismo se hizo en los alegatos de  conclusión y en la sustentación del recurso de apelación.   

En  efecto,  de  la  lectura  del libelo se  extrae,  sin hesitación alguna, que el accionante fundamenta su petición en la  existencia  de  la  sociedad  conyugal,  así como en las presuntas artimañas y  subterfugios  empleados  por  su  cónyuge  para sustraer los bienes que deben o  deberían  hacer  parte  del  haber  marital. Como soporte de lo anterior, basta  traer  a  colación  los siguientes pasajes de dicho texto, demostrativos de que  el  convocante  verdaderamente se duele  del obrar de su esposa tendiente a  impedir  el  ingreso  o  a  propiciar  la sustracción de activos de la sociedad  conyugal (Hechos 4, 5, 7 y 8 folios 186, 188 y 189, cdno. 1)   

    

* “se trataba de una inversión que es de  la   sociedad  conyugal,  aunque  fuese  a  utilizarlo  para  su uso personal”;   

* “[y]a  finalizado  el  año dos mil uno  (2001),  A…….  T……..  V….., empieza a darse cuenta que su esposa (…)  quería  pasar  todos  los  bienes  de  la  sociedad  conyugal a sus parientes”;   

* “donde  se  aprecia  su  señoría  la  intención  de  la  señora  M…..  L…..  G…….  H………. de sacar a su  esposo  de  los títulos de propiedad donde él figuraba, y pasarlos a nombre de  sus familiares”;   

* “[s]u  esposa  lo  echó  junto con sus  hijos  de  su  residencia,  también  obtenida  con  recursos de la sociedad  conyugal, cuando ya su esposo  no  quiso  acceder  más  a  sus  malintencionadas  propuestas. De ese tiempo en  adelante,  se  ha  propuesto  buscar  la  forma  de  insolventar  a  su  esposo,  dejándolo  responsable  de  todas y cada una de las obligaciones con sus hijos;  mientras  ella  ahorra  todos  los  ingresos,  hace  inversiones a nombre de sus  familiares  y  fastidia  constantemente a los inquilinos que le pagan arriendo a  mi  poderdante,  con  el  cual  él  se  proporciona  su  sustento  y  el de sus  hijos”; y   

* “[t]eniendo  en  cuenta (…) el estado  familiar  y conyugal que atraviesa mi poderdante es que teme que sus hijos y él  vayan  a quedar desprotegidos ante la luz del derecho, de unos bienes que fueron  conseguidos   con  el  trabajo  y  esfuerzo  de  los  dos  cónyuges” (Subrayas fuera de texto)     

Adicionalmente, en el alegato de conclusión  el   actor   acusa   a   la   cónyuge   demandada   de  querer  “en  el  proceso  de  separación  de  bienes  defraudar a su esposo  apareciendo  los bienes en cabeza de otros” (fl. 704,  cdno.  2),  mientras  que  en  la  fundamentación  de  la alzada se dijo que el  “juzgado  no  tuvo  en  cuenta (…) que la señora  M…..  L…..  G………  H………  dentro  del  proceso  del  Juzgado 18 de  Familia   (…)   incluyó   el   bien   inmueble2  como de la sociedad conyugal  en      un     100%”;     que     “nuestros   tribunales  han  establecido  que  el  único  requisito  necesario  para  ejercer  la  acción  de  simulación  es  la  existencia de un  interés  jurídico  del  actor  (…)  en  este caso el demandante está viendo  amenazado   su  patrimonio  que  hace  parte  de  la  sociedad  conyugal,  acude  a  la  justicia  a fin de  reclamar   su   derecho”,   y  que  “los  bienes  materia  de la presente acción hacen parte de la masa  social  del matrimonio T….… G……….” (fls. 10  a 14, cdno. de 2ª inst.). (subrayas fuera de texto)   

En  síntesis,  de  las  piezas  procesales  transcritas  se colige, certeramente, que desde la demanda y durante el trámite  de  las  instancias  el  libelista  estructuró,  basó, desarrolló, cimentó y  defendió   su  petitum  en  calidad  de  cónyuge  de una mujer que estaba agrediendo indebidamente el haber  marital,   tal   y  como  lo  entendió  el  ad  quem  cuando  abordó  las súplicas desde la perspectiva de  la  acción de simulación “intentada por uno de los  cónyuges   respecto   de   los  negocios  realizados  por  el  otro”,   luego,   no  hay  evidencia  alguna  de  una  interpretación  deficiente del libelo por parte del juzgador de segunda instancia.   

4.           A  mayor  abundamiento, la improcedencia  del  cargo  planteado  por  el  casacionista  no  radica  exclusivamente  en  la  inexistencia   de   los   yerros  que  denuncia,  sino  que  se  extiende  a  la  construcción del ataque mismo.   

Ciertamente,   no  es  admisible  que  el  convocante,   a   lo   largo  del  iter  procesal  haya  señalado  de  manera continua y coherente que entre  él   y   su   esposa   existía   una  sociedad  conyugal,  y  ahora,  en  sede  extraordinaria,  combata  al Tribunal por haberse pronunciado teniendo en cuenta  ese  vínculo patrimonial pretendiendo hacer ver que se encontraban separados de  bienes  en  virtud  del  inciso  2º  del  artículo  180 del Código Civil. Tal  conducta  no  solo  es  reprochable,  sino  que su aceptación quebrantaría los  derechos  de  los  demandados,  quienes  abordaron  el  proceso  y ejercieron su  derecho  de contradicción desde la perspectiva de los planteamientos formulados  por  el  actor  en las instancias; en otros términos, se vulneraría el derecho  de  defensa  de los convocados si se permitiera al demandante variar a su antojo  los   soportes   de   su   petición,   en   aras  de  demostrar  un  yerro  del  Tribunal.   

Sobre  el particular, de manera contundente  se   ha   dicho   que   “admitir   en  el  recurso  extraordinario  de  que  aquí  se  trata,  la introducción de puntos novedosos  conduce  a la violación del derecho de defensa, llamado a impedir que una parte  sorprenda  a  la  otra  con  argumentos fácticos que no fueron ventilados en el  trámite  del  asunto  y,  por  ende,  que  ésta  no  tuvo  la  oportunidad  de  controvertir;  igualmente,  implicaría  no  solo  enjuiciar  la  sentencia  con  sustento  en  situaciones  que  nunca  fueron  sometidas  a  consideración  del  juzgador,   sino    avalar   la  alteración  de  la  causa  petendi  y  el  incumplimiento  del  deber de lealtad procesal que le asiste a los litigantes en  contienda” (Sent. Cas. Civ. de 15 de agosto de 2008,  exp. 00067).   

Por  otra parte, es preciso señalar que el  cargo  planteado  desatiende la claridad y precisión que se exige en casación,  toda  vez  que  denuncia  la  violación  de  la  ley  sustancial derivada de la  comisión  de  errores de hecho, y sin embargo, también critica al ad  quem  por desatender el artículo 188  del  Código de Procedimiento Civil, proposición que predica la vulneración de  una  norma  de  linaje  probatorio  y que por tal pertenece al ámbito del yerro  iuris,   cuya  alegación  amalgamada con la del desacierto fáctico se encuentra restringida.   

En  igual  sentido,  en el embate se afirma  que,  por  una  indebida  interpretación  de  la demanda, el fallador colegiado  “violó   el  principio  de  la  congruencia  que  consagra  el  artículo 305 del C.P.C.”,  desbordando  los  límites  de  la causal primera de casación al  efectuar  aseveraciones  propias  de  la segunda, lo que constituye a su vez una  transgresión del principio de autonomía de las causales.   

5.           Por  lo  expuesto, el cargo no prospera.   

DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia, en Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre de la  República   y  por  autoridad  de  la  Ley,  NO  CASA  la sentencia de 29 de noviembre de 2010, proferida por  la  Sala  Civil  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá D.C., en  el   proceso   ordinario   promovido  por  A……….  T……  V……  contra  C………   R….  H………  de  G………,  M……  L…..  y  D……….  G…….. H………..   

Costas de casación a cargo del recurrente.  En   su   liquidación   inclúyase  la  cantidad  de  seis  millones  de  pesos  ($6.000.000,00)  por  concepto  de agencias en derecho, por haber sido replicada  la demanda   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  el  expediente al Tribunal de origen para lo pertinente.   

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

ARTURO SOLARTE RODRÍGUEZ  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ    

1  Artículo  9º  del  C.C.  y  56  del  C.R.P.M, que vinculan la observancia a la  promulgación o publicidad de la ley.   

2 Se  refiere    al    apartamento    mencionado   en   el   ordinal   2.b)   de   los  antecedentes     

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