A- 13-01-2014 [1100131030202006-01134-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

Magistrado Ponente  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

Bogotá  D.C.,  trece  de  enero  de  dos mil  catorce   

Discutido  y  aprobado en sesión de trece de  noviembre de dos mil trece   

Ref.     Exp.:  11001-31-03-020-2006-01134-01   

Decide  la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  presentada  para  sustentar  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  contra  la  sentencia  proferida  en  segunda  instancia dentro del  proceso de la referencia.   

I. ANTECEDENTES  

A. La pretensión  

La  señora  Jeannette Rubio Devia demandó a  José  Antonio  Díaz  Vargas  y  a  la  recurrente, en calidad de herederos del  causante  Ramiro  Díaz Vargas, para que se declarara la existencia de la unión  marital  de  hecho  que existió entre aquella y éste, así como de la sociedad  patrimonial  formada,  y  se  ordenara su disolución y liquidación. [Folio 63,  c.1]   

B. Los hechos  

1. En la demanda se  indicó  que  los  señores Ramiro Díaz Vargas y Jeannette Rubio Devia hicieron  comunidad  de  vida permanente y singular desde el 14 de noviembre de 1994 hasta  el  31  de  diciembre  de  2005,  fecha  de  fallecimiento de aquél. [Folio 61,  c.1]   

2. El señor Díaz  Vargas  declaró  ante  su empleadora, Ecopetrol, que la señora Rubio Devia era  su  compañera  permanente.  Durante  la  vigencia  de  la unión se adquirieron  varios bienes. [Folio 61, c.1]   

3.  Posterior a la  muerte  de  Ramiro  Díaz  Vargas,  los  demandados  cambiaron  las  guardas del  apartamento  310,  ubicado  en la carrera 13 No. 139-32 de Bogotá, y retuvieron  algunas pertenencias de la demandante. [Folio 62, c.1]   

4.  Poco antes del  deceso,  se  otorgó  testamento  abierto  en la Notaría 28 de esta ciudad. Los  demandados  adelantaron  el  trámite  sucesorio  en el que les fueron asignados  todos los bienes del causante. [Folio 62, c. 1]   

5. Posteriormente,  la  actora  procedió  a cancelar la afectación a vivienda familiar constituida  sobre el mencionado inmueble. [Folio 62, c.1]   

C. El trámite de las instancias  

1. El 20 de octubre  de  2006,  se admitió el libelo, y se ordenó la notificación y el traslado de  rigor. [Folio 68, c. 1]   

2. Los convocados al  litigio  aseveraron  que  entre el causante y la señora Rubio Devia no existió  vida  en  común, y aquél, en su testamento, manifestó no tener ninguna unión  de   hecho.  Asimismo,  cuestionaron  que  la  demandante  hubiera  inscrito  la  afectación  a  vivienda  familiar  del  predio  de  propiedad  del señor Díaz  Vargas, en fecha posterior a su deceso. [Folio 93, c.1]   

Además,  indicaron que María Luz Vargas de  Díaz  denunció a la promotora del juicio por los delitos de fraude procesal en  concurso  con  falsedad  personal  y  abuso  de  confianza,  por  reclamar  ante  Ecopetrol   la   sustitución   pensional  alegando  la  calidad  de  compañera  permanente de Ramiro Díaz, siendo falso tal hecho. [Folio 90, c.1]   

          3.  El  Juzgado  Segundo  de  Familia  de  Descongestión  de  Bogotá  dictó sentencia el 30 de septiembre de 2011, en la  que  negó  las  pretensiones  “en razón a que está  acreditado  no  solo  con  la condena penal por el delito de fraude procesal con  efectos  de  cosa Juzgada, que la señora Jeannette Rubio Devia no convivió con  el  causante  Ramiro  Díaz  Vargas  en  forma singular e ininterrumpida bajo un  mismo  techo  por  el  tiempo  señalado  en  las  pretensiones del libelo, sino  también  se  llega  a esa conclusión con el análisis de la prueba testimonial  recaudada  en  este  diligenciamiento”.  [Folio 575,  c.1]   

4. Mediante fallo de  24  de  mayo  de  2012,  el  Tribunal  revocó  la  providencia de primer grado.   

4.1. En sustento de  su  decisión,  manifestó,  en primer lugar, que del dicho de las testigos Alba  Nubia  Velásquez  y  Ana  Francisca Cárdenas de Castellanos se desprendía que  “entre JEANNETTE y el hoy fallecido RAMIRO DÍAZ sí  existió  una unión marital de hecho, circunstancia de la que dan fe por cuanto  las  deponentes  llegaron  a vivir al mismo conjunto residencial donde convivía  la  pareja DÍAZ – RUBIO en  el  año  de  mil novecientos noventa y seis (1996)”,  lo   que  “les  permitió  percibir  de  manera directa que entre la citada pareja existió una convivencia  marital  a  tal  punto, que conforme da cuenta la segunda de las declarantes, el  señor  RAMIRO  quiso  vincular al sistema de seguridad social a los hijos de la  demandante,  circunstancia  que  resulta  corroborada  con  la prueba documental  aportada  en  el  proceso  y que justamente corresponde a la historia laboral de  quien  en  vida  respondía  al  nombre de RAMIRO DÍAZ VARGAS..”. [Folio 57, c.11]   

4.2.  También  se  sustentó  la  providencia  en la prueba documental arrimada al expediente que a  continuación se enlista:   

a)  La  declaración del señor Ramiro Díaz  Rubio  ante  la  citada  empresa,  el 3 de octubre de 1997, en la que manifestó  encontrarse conviviendo con la demandante;   

b)  La escritura pública 262 de 27 de enero  de  1999  de la Notaría Segunda del Círculo de Bogotá en la que los referidos  señores  manifestaron  tener  una unión marital de hecho, en virtud de lo cual  afectaron  a vivienda familiar la casa No. 77 del Conjunto Residencial Portal de  los Parques I;   

c)  La  escritura  pública No. 1965 de 9 de  mayo  de  2001 de la Notaría Segunda, en que la pareja expuso de nuevo mantener  una   unión   marital   de   hecho,   y   procedió   a  cancelar  la  referida  afectación;  y   

4.3. Finalmente, el  ad   quem   analizó  los  testimonios  de Rosmira Merchán Peñuela y Guillermo Arias Silva, y estimó que  quedaban  desvirtuados  con  los  medios de convicción antes referidos, máxime  cuando  la  primera  no  expuso  la razón de la ciencia de su dicho. [Folio 59,  c.11]   

5.   Contra  la  anterior  determinación, la parte demandada interpuso el recurso extraordinario  de  casación,  el  que  fue admitido mediante proveído de 13 de marzo de 2013.  [Folio 3, c. 12]   

6.   Dentro  del  término  legal,  José Antonio Díaz Vargas no presentó la respectiva demanda,  motivo  por  el  cual  por  auto de 29 de julio de 2013, se declaró desierta su  impugnación. [Folio 19, c. 12]   

7. María Luz Vargas  de   Díaz   sustentó   oportunamente  el  recurso  extraordinario.  [Folio  5,  c.12]   

II. LA DEMANDA DE CASACIÓN  

          1.   Se   atacó  la  sentencia  por  ser  violatoria,  de  manera  indirecta,  de  la Ley 54 de 1990, como consecuencia de  errores   de   hecho  por  apreciación  errónea  de  los  testimonios  de “ANA  NUBIA  VELÁSQUEZ  [sic]  y ANA FRANCISCA CÁRDENAS CARDENAS [sic], así como el  desconocimiento  que  hiciera  la  Honorable  Sala  Familia  [sic]  del Tribunal  Superior  de  Bogotá  D.C.,  del  fallo  emitido  por la Sala Penal de la misma  corporación  el  día 22 de julio de 2010, y en la cual se decretó la falsedad  de dichos testimonios”. [Folio 7, c.12]   

2.  En criterio del  recurrente,   la   sentencia   censurada   “se  basa  íntegramente  en  los testimonios anotados”, los que  “no   tienen  fuerza  de  plena  prueba,  capaz  de  acreditar  o  demostrar  los  hechos de la demanda, en la medida que se trata de  declaraciones  incompletas  que  no  convergen  en demostrar la existencia de la  unión  marital  de  hecho  entre  la demandante y el señor RAMIRO DIAZ VARGAS,  pues  no  se demuestra ninguna de las situaciones de trato personal o social que  hagan  pensar  en  la existencia” de la misma. [Folio  8, c.12]   

2.2. Del testimonio  de  Ana  Francisca  Cárdenas,  indicó  que  fue  declarado  falso “por  la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá D.C. en fallo  del  22  de julio de 2010”,  la    que   ordenó   compulsar   copias  “para  que  fuera  investigada por el  delito  de  Falso Testimonio, lo cual deja de hecho sin ninguna validez lo dicho  por  esta  persona”; no obstante, la Sala de Familia  “le  da  plena  validez”.  [Folio 9, c.12]   

La  pertinencia  del anotado yerro radica en  que  la  mencionada  decisión,  que  declaró  a  la demandante responsable del  delito   de   fraude   procesal,  “influye  de  modo  sustancial   en   la   cuestión   litigiosa  que  se  ventila  en  el  presente  procedimiento  civil,  en  el  que  la  actora  ejercita  una acción dirigida a  reclamar  el  reconocimiento  de  una  sociedad conyugal de hecho”,  pretensión  que  se  encuentra afectada  “por  el  FRAUDE  PROCESAL  que  fue  objeto del proceso penal”. [Folio 10, c.12]   

2.3. Finalmente, se  cuestionó  que  la  declaración de Ana Nubia Velásquez debió ser confrontada  “con otros elementos probatorios para poder darle el  valor  real  que  se  merece”,  pero  como  ello  no  ocurrió,    tal    declaración    se    erige,   entonces,   en   “la  prueba  única que se tuvo en cuenta para resolver el recurso  de  apelación,  lo  que  va  en  contravía  del  derecho fundamental al debido  proceso”. [Folio 11, c. 12]   

III. CONSIDERACIONES  

1.  El  recurso de  casación,  dada  su  naturaleza  eminentemente dispositiva, limita la actividad  discursiva  y  juzgadora de la Corte al contenido y alcance de la demanda que se  formule  para  sustentar  la  acusación,  de  ahí que no esté permitido hacer  interpretaciones  que  sobrepasen  los  señalamientos  que  de  modo  expreso y  manifiesto  aduzca  el censor en su libelo, ni mucho menos reformular los cargos  que aquel haya planteado de modo deficiente.   

De  igual manera, es preciso memorar que uno  de  los  caracteres  esenciales  de  ese  medio de impugnación es su condición  extraordinaria,   dado   que  la  censura  se  debe  enmarcar  en  las  causales  taxativamente  previstas  en  la ley, sin que sea dable, por tanto, exponer ante  la  Corte  un simple alegato en el que apenas se refleje una discrepancia con la  decisión,  que  en  nada  afecte  la  argumentación  medular del fallo. Por el  contrario,  el  censor está en la obligación de desvirtuar las presunciones de  legalidad y acierto que acompañan la sentencia recurrida.   

2. La admisibilidad  de  la  demanda  de  casación está sujeta al cumplimiento de los requisitos de  técnica  expresados  en  el artículo 374 del Código de Procedimiento Civil, a  cuyas  voces,  además de la designación de las partes, del fallo impugnado, de  la  síntesis  del proceso y de los hechos materia del litigio, es ineludible la  formulación  por  separado  de  los cargos que se esgrimen en contra del fallo,  con  la  exposición  de  los  fundamentos  de cada acusación, en forma clara y  precisa, y no basados en generalidades.   

La  claridad  y  precisión  de que se viene  hablando  reclama  del  censor  la  exposición  exacta  y rigurosa de la causal  invocada,  así como de los datos que permitan percibir, sin duda ni confusión,  de  qué manera se transgredieron disposiciones legales al proferir la decisión  cuestionada.   

2.1.  Respecto del  motivo  de  casación  señalado en el ordinal 1° del artículo 368 del Código  de  Procedimiento  Civil,  atinente  a  la  violación  de la ley sustancial, es  necesario  que en la respectiva demanda se indiquen, de modo expreso, las normas  “que  el  recurrente  estime violadas”;  exigencia  que,  desde  luego, debe entenderse en armonía con lo  establecido   en   el   artículo   51  del  Decreto  2651  de  19911, en el sentido  de  que  en  tales eventos “será suficiente señalar  cualquiera  de las normas de esa naturaleza que, constituyendo base esencial del  fallo  impugnado  o  habiendo  debido  serlo,  a juicio del recurrente haya sido  violada,   sin   que   sea   necesario   integrar   una  proposición  jurídica  completa”.   

La   vulneración  de  la  ley  sustancial  acontece,  de  forma directa o indirecta, cuando el sentenciador deja de aplicar  las  normas  sustanciales  llamadas  a  gobernar  el  caso  en  concreto  y,  en  consecuencia,  hace  actuar  otras que no eran las apropiadas para solucionarlo.  El  quebranto  a  dichos preceptos de manera directa tiene lugar cuando se yerra  en  la interpretación de aquellos que adecuadamente se escogieron como sustento  de la decisión.   

2.2. La violación  indirecta  de  la  ley  se  estructura  ante  una  indebida  apreciación de los  aspectos  factuales  del  litigio, en tanto que la infracción directa prescinde  de  la  comprensión  de  los  hechos  del caso. Además, cuando la vulneración  denunciada,  como  en  este  caso,  es  la  primera  de  las  vías  mencionadas  –indirecta–  resulta forzoso expresar si el yerro  que  se  le  endilga  al  juzgador  de  segundo  grado es de hecho o de derecho,  “vicios  que  pese  a  estar  relacionados  con  la  apreciación  de  la  pruebas,  difieren en la medida en que el primero apunta a  establecer  si el sentenciador respetó o no la materialidad y la objetividad de  los  medios  de convicción, en tanto que el segundo atañe a evaluar el acierto  del  juzgador  en  su  ponderación jurídica, principalmente, en aspectos tales  como    su    aportación    o    solicitud,    decreto,   práctica   y   valor  demostrativo”.2   

Respecto  del  error  de  hecho,  que fue el  denunciado  por la casacionista, le corresponde al recurrente individualizar los  medios  de  convicción  sobre  los  cuales  recae  el equívoco del juzgador, y  puntualizar  la  preterición, la suposición o la alteración en que se hubiere  incurrido;  sin  que  sea  dable confundir la exposición del error de hecho con  las  deficiencias  en el campo valorativo por error de derecho en la aplicación  de  las normas de disciplina probatoria, pues tal mixtura es una falta que riñe  con las exigencias técnicas del recurso extraordinario.   

Además,  el  ataque debe ser integral, esto  es,  que  socave  todos  los  fundamentos del fallo censurado, pues lo contrario  conduciría  a  que  las  bases no atacadas de la decisión la sostuvieran, a la  par  que  reafirmaran  la  presunción  de  legalidad  y  acierto  con que viene  amparada  la providencia. Es necesario, también, que al identificar cada uno de  los  medios  demostrativos que supuestamente el sentenciador dejó de considerar  o  apreció  de modo erróneo, se compare el contenido material de la prueba con  lo  que  manifestó  sobre  ella  el  juzgador,  a  fin  de  establecer  que  la  desfiguración  es  innegable. Finalmente, resta decir, el yerro que se denuncie  debe  ser,  amén  de evidente, trascendente “pues si  es  irrelevante  o  recóndito,  de  suerte  que  para poder percibirlo haya que  escudriñar  más  allá  del  razonable  ejercicio valorativo que haya hecho el  juez,   no   será   posible  admitir  a  trámite  la  casación”.3   

3. En el asunto que  ocupa  la  atención  de  la Sala, es ostensible que la demanda no satisface las  exigencias  establecidas  en el artículo 374 del ordenamiento adjetivo, por las  razones que enseguida se consignan.   

3.1. El recurrente  planteó  la  violación de la Ley 54 de 1990, de forma general; empero, en modo  alguno,  señaló  una  norma concreta de ese cuerpo legal que fuera irrespetada  por  el Tribunal, ni expuso, argumentativamente, de qué forma, esa corporación  violó  el  estatuto  de uniones maritales de hecho y régimen patrimonial entre  compañeros   permanentes,   lo   que  impide,  de  entrada,  admitir  el  cargo  propuesto.   

En  efecto,  recuérdese que según lo dicho  por  la  Corte  si  “la  causal primera de casación  tiene  como premisa la violación de una norma sustancial, es apenas lógico que  el  impugnador  indique  cuál  o  cuáles disposiciones de esa estirpe entiende  vulneradas       por       la       sentencia       que      combate’  (auto  de  21 de junio de 2002, Exp.  No.  1965-01,  reiterado  en auto de 1 de diciembre de 2005, Exp. No. 00478 01),  porque  sólo de esa manera pueden cumplirse los fines de la casación en cuanto  concierne  a  la  nomofilaquia  y  a  la  unificación  de la jurisprudencia; en  últimas,  si  el  recurrente  no  señala  el precepto sustancial que considera  vulnerado,  ¿cómo  la  Corte  podría  propender  por  una  defensa concreta y  específica  del  derecho objetivo, sentando criterios de autoridad en relación  con   la   hermenéutica   de   las  normas  en  un  tiempo  y  en  un  contexto  determinado?”.5   

3.2. Adicionalmente,  si  bien  se  individualizaron  las  pruebas  que  se  estimaron equivocadamente  apreciadas     –los  testimonios  de  Alba  Nubia  Velásquez  y  Ana Francisca Cárdenas–  la sustentación que se efectuó del  ataque  no  se  dirigió  a  explicar  si  aquellos  habían  sido  preteridos o  cercenados,  o  si  se  habían  derivado  conclusiones  de  los  dichos  de las  declarantes  que  no  respetaban  la  materialidad  de  los  aludidos  medios de  convicción.  Por la misma razón no efectuó una comparación entre lo expuesto  por las pruebas y lo señalado en la sentencia censurada.   

Tal omisión se presentó en la medida en que  el  recurrente no cuestionó la equivocada interpretación de aquellas probanzas  de  cara  a  su  contenido material, sino que reprochó la validez y eficacia de  las  mismas,  defecto que debió plantear por vía del error de derecho y no del  fáctico.   

No  obstante  lo anterior, el cargo no puede  entenderse  como  propuesto  por  la  vía  indirecta  –  yerro  de iure,  no  solo porque ello trasgrediría  la  competencia  de  la  Corte  y minaría el carácter dispositivo del recurso,  sino  porque  tal  proposición  tampoco  cumple  con  los presupuestos para ser  admitida,  ya  que  no  se  identificó la norma de disciplina probatoria que se  habría   conculcado   al   momento   de   efectuarse   la  valoración  de  los  testimonios.   

3.3. Ahora bien, si  en  gracia  de  discusión se aceptara que la formulación del cargo se ajusta a  alguno   de  las  vicios  enunciados  –error       de       hecho       o       de      derecho–   aún   así  no  habría  lugar  a  admitirlo, toda vez que el ataque no fue completo.   

En  efecto,  el recurrente manifestó que el  fallo  se  basaba íntegramente en las declaraciones referenciadas; no obstante,  como  se  dejó  anotado  en  esta  providencia, el ad  quem  no  se  fundó  exclusivamente  en  ellas,  pues  además  de apoyarse en abundante prueba documental, su juicio se cimentó en la  valoración       de       otras       piezas      probatorias      –como  la exclusión de los testimonios  de  Rosmira  Merchán Peñuela y Guillermo Arias Silva-, análisis que dio lugar  a  la  revocatoria  de  la  sentencia  de  primera instancia, situación que fue  soslayada  por  el  censor.  Resulta  notorio,  entonces,  que  la  censura  fue  deficiente,  pues no demostró la errónea apreciación de los medios en los que  se soportó la determinación.   

Respecto de este punto, la jurisprudencia ha  sido     enfática     y    reiterativa    en    sostener    que    “cuando la sentencia objeto del recurso  está  lógicamente apoyada en fundamentos probatorios múltiples, desvirtuar la  presunción  de  acierto  de  las  conclusiones fácticas del Tribunal supone un  ataque  panorámico,  como  lo  ha  denominado  la  Corporación,  es decir, una  impugnación  que  comprenda  todos  los  soportes  probatorios  que  fincan  la  decisión,   porque  si  ésta  es  parcial,  así  se  demuestren  los  errores  denunciados,  los  fundamentos  no  controvertidos  y  determinantes de ella, la  siguen  manteniendo  y  por  ende  el  cargo  fracasa,  porque la presunción de  acierto   continuaría   vigente.  Se  reitera,  siempre  y  cuando  ellos  sean  suficientes,  per  se, para  fundar       la       resolución”.6   

En consecuencia, al no dirigirse la denuncia  contra  todos los medios de convicción en que se apoyó la determinación, sino  tan  solo  frente  a  algunos de ellos, la acusación se muestra inane, pues por  mucho   que   se   excluyan  de  aquel  razonamiento  las  pruebas  reprochadas,  subsistiría  el  mismo resultado de modo ineluctable, lo que de suyo apareja el  rechazo del cargo.   

3.4. Por último, se  aprecia  que  el  impugnante  se  limitó  a efectuar  su  propio  análisis de la  incidencia   de   la   ya   mencionada  decisión      condenatoria     penal  respecto  de  la     declaración     de   Ana   Francisca   Cárdenas   para  controvertir  su  validez,  además  de cuestionar la  eficacia   del   dicho  de  la  testigo  Alba   Nubia   Velásquez.  Naturalmente,  eso  no resulta suficiente  para     admitir    el  reproche,  pues,  como  en  forma  reiterada  se  ha  expuesto    por   esta  Corporación,   no   puede   confundirse   el   yerro  de  hecho  con  la  mera inconformidad de   la   parte   respecto  de  la  libre  apreciación  que  el  sentenciador  haya realizado  de  los   elementos   de   prueba   obrantes en el proceso.   

Por  la  propia  naturaleza  de  la  función  judicial,  el  juez goza de plena autonomía en la  apreciación   probatoria,   lo  que  no     comporta    per    se,              arbitrariedad     alguna.    Entonces,  solo     un    equívoco    manifiesto,  evidente  y  trascendente,  esto  es,  el que  brota  a  simple  vista  y  se  impone  a  la mente como craso, inconcebible y sin mayores  elucubraciones,  es  susceptible  de  apoyar la causal de casación que por esta  vía daría al traste con el fallo impugnado.   

Siendo   ello   así,   es  inocultable         que    la    argumentación    del   recurrente   se   restringió      a      un  alegato  de instancia, el que resulta  ajeno   a  esta  sede  extraordinaria,  por   cuanto   aquél   se   limitó  a  exponer   –en  su  respetable  opinión-  cuál  ha  debido  ser  el  mérito  probatorio de las      aludidas     declaraciones.       En    ese    orden,    es  incontestable  que no se demostró      la     existencia   de   yerros  en   la   valoración  de  los  medios  demostrativos,  ni  menos  aún    que   de   haberse   presentado,       lograran      alcanzar   la   entidad   suficiente  para  ser  catalogados  como  ostensibles,   tal   como   lo   exige   la   ley  para  la  prosperidad  de  la  censura.  El  ataque,  en  fin,   careció   de  claridad           y           precisión.   

4. Por las razones  anotadas,  se  inadmitirá  la  demanda formulada para sustentar la impugnación  extraordinaria y, por consiguiente, se declarará desierta aquella.   

IV. DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, en Sala de Casación Civil,   

RESUELVE:  

PRIMERO: INADMITIR  el  libelo  que presentó la demandada María Luz Vargas de Díaz para sustentar  el  recurso  extraordinario de casación interpuesto contra la sentencia dictada  el  veinticuatro  de  mayo  de  dos mil doce por la Sala de Familia del Tribunal  Superior    del    Distrito    Judicial    de   Bogotá,   dentro   del   asunto  referenciado.   

SEGUNDO:  DECLARAR  desierto  el  recurso  de  casación,  de  conformidad  con  el  inciso  4º del  artículo 373 del Código de Procedimiento Civil.   

Devuélvase la actuación a la corporación  de origen.   

Notifíquese y cúmplase,  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS  ARMANDO  TOLOSA  VILLABONA   

JESUS VALL DE RUTÉN RUIZ  

    

1  Adoptado  como  legislación  permanente  por  el artículo 162 de la Ley 446 de  1998.   

2 Auto  de 19 de diciembre de 2012, exp. 2001-00038-01.   

3  Providencia de 14 de mayo de 2012, rad. 2002-00111-01.   

4  Sentencia   de   19   de   mayo  de  2000,       exp.       5441.   

5 Auto  de  4 de junio de 2009, exp. 2001-00065-01, reiterado, entre otros, en proveído  de 10 de septiembre de 2013, rad. 2005-00304-01.   

6  Sentencia de 25 de octubre de 1999, exp. 5012.     

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