AC1139-2014 [2009-00608-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

AC1139-2014  

Radicación           n°  11001-3103-024-2009-00608-01   

(Aprobado en sesión de dieciséis de enero de  dos mil catorce)   

Bogotá D.C., diez de marzo de dos mil catorce  (2014).   

Decide  la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada por las actoras María Emelina Vaca Perilla y  Lizzeth  Yanira  García  Vaca  frente  a  la  sentencia  de 6 de agosto de 2013  proferida  por  la  Sala  Civil  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá  dentro  del  proceso  ordinario  por  aquellas  promovido contra Efrén  Rodríguez Pardo.   

I.  ANTECEDENTES  

En  el  escrito  introductorio se solicitó  reconocer  que  la  finca  El  Emporio  de  la vereda Aguas Frías del municipio  de   

Tocaima,   objeto   de   la   «promesa  de compraventa» de 3 de octubre  de  2008, es el que está plasmado en el plano protocolizado con la E.P. 3420 de  24  de octubre de 2008 de la Notaría 4ª de Ibagué; (ii) que se declare que la  «compraventa»  del  citado  predio  se  efectuó  por  «cabida y calidad, debiendo  tener  como  mínimo  300  fanegadas  y  ser  apta  en  toda  su extensión para  ganadería»,   cuando   en   realidad   solo   tiene  1’068.211,25   metros  cuadrados,  equivalentes  a  251,28  fanegadas;  (iii)  que  en consecuencia, el  precio  de  $2.100’000.000  deberá  ser  reducido  de acuerdo a la real extensión, esto es, en la cantidad  de  $341’018.945,32; (iv)  debido    al    «vicio   redhibitorio»  que  presenta  el  fundo,  «al  parecer  conformado  (…)  por  10  predios  según las planchas catastrales y no por 8,  (…),  y  al  extenderse  más allá del señalado por el vendedor y resultante  del  englobe  que él mismo hizo», la reducción ha de  hacerse  por  $500’000.000,  o  por el valor que se establezca, y (v) se declare que  el  vendedor  (…)  debe  englobar  y  transferir  el derecho de dominio de los  predios     identificados     con    los    registros    catastrales    números  00-01-0008-0018-000   y   00-02-0008-0019-000  y  que  aparecen  en  las  fichas  catastrales  del Instituto Geográfico Agustín Codazzi formando parte del globo  de    terreno    denominado    El    Emporio    (c.1,  fls.79-80).   

          2.    La  causa  petendi admite el siguiente compendio:   

Se  alude  a  las gestiones y conversaciones  previas   a   la   celebración  de  la  «promesa  de  compraventa» entre Efrén Rodríguez Rodríguez, como  apoderado  de  su  hijo Efrén Rodríguez Pardo, con María Emelina Vaca Perilla  y   Lizzeth  Yanira García Vaca, que tuvo por objeto el citado predio y se  precisa  que  en  procura  de establecer el área del inmueble, el representante  del  «promitente  vendedor»  contrató  la  elaboración  de  un levantamiento topográfico y con base en ese  trabajo  «suscribió  la  escritura  pública número  3420  otorgada  el 24 de octubre de 2008 en la Notaría Cuarta de Ibagué, donde  englobó  los  8  predios»,  especificándose ahí la  extensión  superficiaria;  que por acuerdo posterior de las partes, se incluyó  un  otrosí  al  señalado  negocio  jurídico,  para modificar simuladamente lo  atinente  al  precio  pactado, en aras de eludir aspectos fiscales, dado que las  «promitentes  compradoras»  requerían  gestionar  un  crédito  para cancelar el saldo y posteriormente, al  surgir  dudas  acerca de la «cabida real»  de  la  finca,  se  procedió  a su verificación, constatando que  aquella era inferior a la declarada.   

3.  La accionada contestó oponiéndose  a  las  pretensiones,  no aceptó los hechos básicos fundamento de las mismas y  formuló   las  defensas  que  denominó  contrato  de  compraventa  celebrado  y  cumplido,  de  predios  como  cuerpos  ciertos  y con  señalamiento  de  linderos, inexistencia de causa para que se reduzca el precio  en  la forma pretendida, contrato cumplido: cumplimiento del contrato de promesa  de  compraventa  fundamental  de  la  acción, compraventa celebrada como cuerpo  cierto  – inexistencia de  derecho  de  las  partes  a pedir modificación del precio y prescripción de la  acción (c.1, fls.120-128).   

4.  El Juez de primera instancia denegó  las  súplicas  (2ª  parte  cuad.1, fls.820-830), decisión que apeló la parte  vencida  y  la  confirmó  el  superior  funcional  en  el  fallo  motivo  de la  impugnación extraordinaria (c.5, fls.55-65).   

El  Tribunal  luego  de  referirse  a  los  antecedentes  del proceso, precisó que de conformidad con el artículo 1886 del  Código   Civil,   la  venta  de  un  inmueble  podrá  efectuarse  «por  cabida  o por cuerpo cierto» y para  entenderse  que  se  ha  efectuado  de aquella forma, debe expresarse así en el  contrato,  sin  que pueda presumirse, criterio que sustenta en jurisprudencia de  esta  Corporación; asimismo señala que al tenor del precepto 1889 ibídem, «si un  predio  se  vende  como  cuerpo  cierto, ni el comprador ni el vendedor tendrán  derecho   a   pedir   rebaja   o   aumento   del   precio,  sea  cual  fuere  su  cabida».   

Al  entrar a valorar los medios probatorios,  específicamente  la  escritura pública en donde se hizo constar la venta de la  finca,  verificó  que  «en  la cláusula tercera las  partes  de  manera  expresa  acordaron  que  la  venta  se  hacía  como  cuerpo  cierto»    y    no    obstante   que   las  partes  en  la promesa manifestaron que la venta se efectuaría  por  cabida, también es cierto que con la suscripción de la escritura pública  N°  711  del  23  de  febrero  de  2009, a través de la cual materializaron la  compraventa  prometida,  el  negocio  preparatorio perdió su eficacia, cobrando  vigencia  el  negocio  jurídico definitivo en el que los contratantes de manera  clara  y sin asomo de duda consagraron que la venta se hacía como cuerpo cierto  y es a esto a lo que deben atenerse.   

         

También expone que a pesar de manifestar los  testigos  José Belisario García y José Francisco Moya Luque, que «la   venta   fue  por  cabida»,  Efrén  Rodríguez   Rodríguez,   sostuvo   lo   contrario,  por  lo  que  «no  existe  una  prueba  que  tenga  la  capacidad  suficiente  de  desvirtuar  la  cláusula  tercera  de  la  escritura pública (…) y que pueda  convencer  a  este  Tribunal  que  la  venta  se  hizo  por cabida»,  no  estimando  necesario el estudio de los dictámenes periciales  en  virtud de lo estipulado en el respectivo «convenio  de compraventa».   

No consideró el ad  quem  aplicable el canon 1887 del Código Civil, porque  las  propias  demandantes  admitieron  que después de  recibida  la  finca,  se  asesoraron  de  un topógrafo, quien conceptuó que el  plano   protocolizado  con  la  escritura  dibuja  la  finca  y  los  puntos  de  acotamiento  tomados  por  el  topógrafo  que  contrató  el señor Rodríguez,  coinciden  con  el terreno, pero que la extensión real es menor de la señalada  por  el  vendedor,  con  lo  cual están aceptando que recibieron lo comprendido  dentro    de    los    linderos;    cosa   distinta   es   que   el   área   no  corresponda.   

5.  Oportunamente las actoras formularon  el  presente  recurso  extraordinario  y  la  Corporación  lo  admitió (fl.3),  allegándose    en    tiempo    hábil    la    correspondiente    sustentación  (fls.5-31).   

II.  CONSIDERACIONES  

          1.   El  artículo  374  del  Código de Procedimiento Civil al  regular  los  requisitos  de  la demanda de casación, dispone que debe contener  los siguientes:   

1.  La  designación  de  las partes y de la  sentencia  impugnada.  –  2.  Una síntesis del proceso y de los hechos, materia  del  litigio.  –  3.  La  formulación  por  separado  de  los  cargos contra la  sentencia  recurrida,  con  la exposición de los fundamentos de cada acusación  en  forma  clara  y  precisa.   Si  se  trata  de  la  causal  primera,  se  señalarán   las   normas  de  derecho  sustancial  que  el  recurrente  estime  violadas.   Cuando  se  alegue  la  violación  de  norma  sustancial  como  consecuencia  de error de hecho manifiesto en la apreciación de la demanda o de  su  contestación,  o  de  determinada prueba, es necesario que el recurrente lo  demuestre.   Si  la  violación de la norma sustancial ha sido consecuencia  de  error de derecho, se deberán indicar las normas de carácter probatorio que  se     consideren     infringidas     explicando    en    qué    consiste    la  infracción.   

          Como   puede   advertirse,   el   recurrente  tiene  la  obligación  ineludible   de   fundamentar   la  impugnación  extraordinaria  cumpliendo  la  formalidad  de  explicitar  e  identificar  los  motivos o razones de los que se  sirve  para  fundar  la  acusación,  puesto  que  a  la  Corte  le está vedado  suplantar  su  voluntad,  al  igual  que  actuar  de  oficio en pro de hallar el  sustento en el que basa su descontento.   

          En  ese sentido ha sido reiterada y uniforme la jurisprudencia de la  Corporación   y  en  lo  pertinente  en  providencia  de  18  Dic.  2012,  Rad.  2005-00226, memoró:   

(…)  la  demanda de casación ‘(…) debe contener los fundamentos de  cada  censura,  ‘en forma  clara   y   precisa’;  lo  primero  supone  expresar la acusación en forma paladina, es decir, mediante la  exposición  del  reproche  de  manera  concisa  y coherente como corresponde al  estrado  de  la  casación al que se llega cuando la controversia se ha depurado  suficientemente   en   las   dos  instancias  precedentes.   La  precisión  significa  exactitud  y  acierto  en la identificación de los defectos que a la  sentencia  se  atribuyen  para  ver  su  adecuación a la causal que le sirve de  cimiento’  (…).   

En   lo  concerniente  a  la  “causal    primera”,   también   es  indispensable   citar   las   «normas   de   derecho  sustancial»  que  el impugnante estime transgredidas,  adicionalmente    tratándose    de    «error    de  hecho»,   éste   debe   demostrarse   y  cuando  es  «yerro  de  derecho»,  se  exige  indicar  los  «preceptos de índole probatoria  inobservados»   y   explicar  en  qué  consiste  su  quebrantamiento.   

2.  En el escrito mediante el que se plasmó  la     “demanda    de    casación”,  se invocan tres (3) cargos, todos cimentados en la causal primera  del  artículo  368  del  Código  de Procedimiento Civil, los dos iniciales por  «violación  directa» y el  último   por   «violación  indirecta»     derivada     de     «error     de  hecho»  en  la valoración probatoria, adicionalmente  por      «error      de     derecho».   

3.   Al  examinar  en el ámbito formal  cada  uno  de  los  reproches planteados, es evidente la falta de técnica en la  sustentación de los mismos, según pasa a analizarse.   

a).    En    punto    del   «cargo   primero»,   se   denuncia   la  transgresión  directa  del  artículo  1618  del  Código  Civil,  por falta de  aplicación,  aduciendo  que  en  desarrollo  de la hermenéutica contractual es  deber  del juez buscar la «voluntad real»  de  los  contratantes  y  privilegiarla  frente  a la «voluntad    formal»,    mandato   que  inobservó   el   sentenciador  «amparándose  en  la  literalidad  de uno solo de los documentos que plasman el contrato».   

Estima  que  aquella  regla  no  se  tuvo en  cuenta,  porque  es  un hecho probado que las demandantes compraron al accionado  el    aludido    predio    «por    razón   de   la  cabida»,   según   consta   en   la   «promesa   de   compraventa»  y  en  el  otrosí,  además Efrén Rodríguez Rodríguez, tenía clara esa situación, por  lo  que  se  obligó a realizar un levantamiento topográfico para determinar la  «cabida  real»  y englobar  los   ocho   predios   que   conforman   la   finca,  no  obstante  «incurrió  en falsedad al falsear la escala del plano manifestando  que  el  predio  resultante  tiene  una  cabida  de  201  hectáreas 0012 metros  cuadrados,  es  decir  314  fanegadas, cuando apenas alcanza 185 hectáreas, sin  incluir   las   rondas   del   río   que   aproximadamente   tienen   ocho  (8)  hectáreas»,  y que a pesar de ello los juzgadores de  instancia,  «no interpretan la voluntad de las partes  al  contratar,  se  atienen  al  sentido  literal  y  se  pronuncian  de  fondo,  privilegiando el dolo».   

Así  las  cosas,  se  deduce  que aunque el  censor  denuncia  la  inaplicación  del  canon  1618  del  Código Civil, omite  señalar  los  «preceptos  sustanciales»  que  como  consecuencia  de  esa  situación fueron vulnerados, de  donde  se infiere que no se satisfizo a cabalidad el requisito atinente a que se  deben  señalar  «las normas de derecho sustancial que  el recurrente estime violadas».   

Cabe acotar, que no obstante que es admisible  invocar   al   amparo   de   la  «causal  primera  de  casación»  la  transgresión  de  las  disposiciones  atinentes    a    la    «interpretación   de   los  contratos»,  es  indispensable la complementación de  la  acusación  con  la identificación de las «normas  sustanciales»  que  hayan  sido  infringidas  y  que  puntualmente  gobiernan  el  aspecto debatido, además de exponer los argumentos  que permitan entender el sentido de la violación.   

Al respecto, la Corte Suprema en el auto 047  CSJ SC, 24 Feb. 2004, Rad. 18101, sostuvo:   

Tampoco en este punto de la impugnación se  puede  aceptar la fundamentación que expone la parte recurrente porque, si bien  no   se   discute  que  las  normas  de  hermenéutica  contractual  pueden  ser  denunciables  en  casación por la vía de la causal primera, no es menos cierto  que  ello  únicamente es procedente cuando a través de las mismas se arriba al  quebrantamiento  de  unas disposiciones, precisas y concretas, que sí tienen la  característica  de ser sustanciales, circunstancia que le impone al impugnante,  dada  la  reglamentación propia del recurso extraordinario, el ineludible deber  de  determinar  cuál  o  cuáles  de  tales  preceptos  fueron  violados por el  sentenciador.   

En  este  evento la recurrente se limitó a  individualizar  como  violadas  unas  normas que no son sustanciales y que en el  caso  concreto  de los artículos 1618 y 1622, relativos a la interpretación de  los   contratos,   se   quedó   corta,  pues,  no  realizó  la  determinación  complementaria  y obligatoria de los preceptos de aquel linaje que, como secuela  del  quebrantamiento  de aquellas, también fueron vulneradas por el juzgador de  segundo  grado.  En  otras  palabras, lo que se echa de menos y, en suma, lo que  hace  devenir  el  cargo  inidóneo  para  ser admitido a trámite, es que no se  efectuó   la   necesaria   e   imprescindible  conjugación  entre  las  normas  instrumentales  indicadas  y  alguna  o  algunas  realmente  sustanciales que se  hubieren violado en la sentencia combatida.   

No basta, pues, que la queja en casación se  construya  sobre  la base de una incorrecta o falta de aplicación de las normas  de  interpretación  de  los  contratos,  sino que se requiere que el recurrente  señale  las  consecuencias  que  de allí se desprenden en torno a los derechos  disputados  en  juicio,  pues  sólo con este complemento es dable determinar la  legalidad  de  la  sentencia y a partir de la misma si hubo o no agravio para la  parte impugnante.   

b).   Con  relación  al  «segundo  cargo» se observa que a pesar  de  encauzarse  por  la  «vía directa»,  en la sustentación discrepa de las conclusiones probatorias del  Tribunal,  situación  que  afecta  la idoneidad formal del embate, toda vez que  cuando  se  elige  la  mencionada  senda para la impugnación extraordinaria, el  debate  debe  darse en un plano estrictamente jurídico, sin que pueda apartarse  de  las  inferencias  obtenidas  por  el  sentenciador  a  partir de la labor de  valoración de los medios de convicción.   

Ese ha sido el criterio reiterado y uniforme  de  esta  Corporación,  plasmado  entre muchas otras providencias, en   auto  CSJ  SC,  20  Mar.  2012,  Rad.  2006-00223,  en  el  que  expuso:   

(…)          ‘el  ataque  por  este camino presupone  que  la  censura  acepta  de  manera  plena  y  en  su integridad la valoración  probatoria  realizada  por  el  ad  quem, y de la cual no se puede separar ni un  ápice;   (…)’.   ‘(…). Como se sabe, las  acusaciones  propuestas por la vía directa de la causal primera de casación se  encuentran  encaminadas a establecer que el sentenciador infringió una norma de  derecho  sustancial, sin que hayan mediado errores en la contemplación material  de  los  hechos  y pruebas, por lo que se trata de un reproche que se desarrolla  en  un  campo  estrictamente  jurídico,  cuya  prosperidad  depende  de  que el  impugnador  consiga  demostrar la falta de aplicación de los preceptos llamados  a  gobernar  el  caso,  la  actuación  de los que no resultan pertinentes, o la  incorrecta       interpretación       de       aquéllos      (…)’.           ‘(…),  cuando es seleccionada la vía  directa,  (…)  la  actividad  dialéctica  del impugnador tiene que realizarse  necesaria  y  exclusivamente  en  torno  a  los  textos legales sustanciales que  considere   no   aplicados,   o   aplicados   indebidamente,   o   erróneamente  interpretados;  pero  en  todo  caso  con  absoluta  prescindencia  de cualquier  consideración  que implique discrepancia con el juicio que el sentenciador haya  hecho      en      relación      con      las     pruebas     (…)’.             

         Al       revisar       el      fallo  impugnado,  se verifica que  el  Tribunal  concluyó que no se había demostrado que la compraventa celebrada  entre  Emelina  Vaca  Perilla  y Lizzeth Yaneth García Vaca, como adquirentes y  Efrén  Rodríguez  Pardo,  en calidad de vendedor, se  hubiere    realizado    «por   cabida»,  en  tanto que la censura aduce lo contrario, de donde se infiere  que  entra a discrepar del juicio del juzgador en punto de la estimación de las  probanzas,   situación  ésta  que  exterioriza  el  incumplimiento de la formalidad anteriormente reseñada.   

         Cabe   agregar,   que   si  el  impugnante  pudo  advertir  que  el  ad  quem se equivocó en la  labor    de   valoración   de   los   medios   probatorios,   el   reproche  ha  debido  proponerlo  por la  «vía        indirecta»  y  asumir la  carga      de     probar     el     «error   de  hecho»   notorio    y   trascendente   cometido,  generador   de   la  violación  de  la  «norma      sustancial»,  empero  en ese sentido no desplegó  ninguna actividad.   

         c).    Al  plantear  el     «cargo    tercero»   se   manifiesta   que   se  acusa  la  sentencia  mencionada  de  «ser violatoria indirectamente por error fáctico de  valoración  probatoria,  por  desconocer,  el  fallador,  pruebas  válidamente  aportadas  al proceso [y] adicionalmente por error de derecho por la infracción  del  artículo  187  del  Código  de Procedimiento Civil, por inobservancia del  deber  legal  de  valorar en forma conjunta e integral las pruebas»  y  en la sustentación se argumenta la incorrecta interpretación  del  contrato,  puesto  que  se dejaron de estimar todos los elementos de juicio  incorporados,  por lo que se llegó a una conclusión  contraria   al   «contrato   realidad»,    conforme    al    cual   la   venta   se   hizo   «por         cabida».   

         Frente  a  dicho  reproche  se  advierte,  que  la censura no dio a  conocer   o  no  señaló  las  «normas  de  derecho  sustancial  violadas»,  omisión esta que se traduce  en  el  incumplimiento del requisito previsto en el numeral 3º del precepto 374  ibídem,   exigido cuando se invoca la «causal        primera        de  casación»,  independientemente    que   se   oriente   la  acusación  por  la  vía  directa  o  indirecta,     y     tampoco     expuso   los   argumentos  que     permitan    identificar    las  disposiciones  de aquella naturaleza que hubieren sido  infringidas.   

         Acerca   del  comentado  «requisito       formal»,    la  doctrina       jurisprudencial      de   la  Corte  Suprema,  en        la        sentencia  CSJ  SC, 2 de Sep.  2010,  Rad.    2000-00774,  reiteró:   

(…),  a  la  luz de las prescripciones del  artículo  374  del  estatuto  procesal,  la  demanda  de casación, entre otros  requisitos,     debe    contener    ‘la  formulación  por  separado  de  los  cargos contra la sentencia  recurrida,  con  la  exposición de los fundamentos de cada acusación, en forma  clara  y  precisa.   Si  se  trata de la causal primera, se señalarán las  normas    de    derecho   sustancial   que   el   recurrente   estime   violadas  (…)’;   empero,  para  cumplir  esa  exigencia  no  es  factible  reseñar  cualquier  disposición  de  carácter  sustancial,  sino  que  ella  debe ser una que por constituir la base  esencial  de  la  decisión  o porque ha debido serlo, permita su confrontación  con   la   sentencia   combatida   para   determinar   si  en  verdad  ésta  la  trasgredió.   Así  lo establece el artículo 51 del Decreto 2651 de 1991,  adoptado  como  legislación permanente por expreso mandato del artículo 162 de  la Ley 446 de 1998.   

Valga   acotar,   que   no   se  trata  de  exigirle   al  recurrente  que  integre una proposición jurídica completa  –carga de la que la norma  antes  citada  lo  eximió-, sino de señalar una de las normas sustanciales que  rigen   el  caso  y  que,  a  juicio  del  censor,  fueron  infringidas  por  el  sentenciador,   ya   porque   dejó   de  aplicarlas,  ora  porque  las  aplicó  incorrectamente,    o,    en    fin,    porque    las   interpretó   de   forma  errónea’  (…).   

Y   en   fallo   CSJ   SC,   26   Jun.  2008,  Rad.  2002-00055,  al  explicitar la finalidad del señalado presupuesto,  expuso:   

La  idoneidad  de  la  censura planteada con  apoyo  en la causal primera de casación depende, entre otros requisitos, que el  recurrente  señale  ‘las  normas    de    derecho   sustancial’  que  hayan resultado quebrantadas con la sentencia del Tribunal,  exigencia  de  conocida importancia dados los especiales perfiles que distinguen  este  medio  de  impugnación  extraordinario,  en  especial,  porque tiene como  finalidad  ‘unificar la  jurisprudencia  nacional y proveer a la realización del derecho objetivo en los  respectivos  procesos’,  labor  que  supone  la  confrontación de las decisiones judiciales acusadas con  las   disposiciones   de   la   naturaleza  sustancial,  de  allí  que  resulte  indispensable  para  el  impugnante  trazar  su  denuncia  a  partir  de la base  normativa    que    considere    fue    desconocida    por    el   juzgador   de  instancia.   

          Tal  como  se  reseñara, la única disposición que se invocó como  trasgredida  es  el  «artículo  187  del  Código de  Procedimiento  Civil»  y  esta se ocupa de establecer  algunas   reglas   para   la   «apreciación  de  las  pruebas»,  lo  que  implica  que  es  una  norma  del  régimen   probatorio,   mas  no  de  derecho  sustancial,  dado  que  estas  se  caracterizan   porque   declaran,   crean,   modifican  o  extinguen  relaciones  jurídicas  concretas,  es  decir,  que  se  ocupan de regular una situación de  hecho,  respecto de la cual deba seguirse una consecuencia jurídica y por ende,  ese   calificativo  no  lo  pueden  tener  las  disposiciones  que  regulan  determinada  actividad  probatoria  o  procesal  (CSJ  SC,  1°  Jun. 2010, Rad.  2005-00611).   

          4.   Así  las cosas, habrá de darse aplicación al inciso 4º  del  precepto 373 ejusdem, en  cuanto   a   «[declarar]  desierto   el  recurso  y  [ordenar]  devolver  el  expediente  al  tribunal  de  origen».   

III. DECISIÓN  

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Civil de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

         

        ­Primero.-  Declarar  inadmisible la  demanda  y  consecuentemente  desierto el recurso de casación  interpuesto  por  las  actoras  María  Emelina Vaca  Perilla  y  Lizzeth Yanira  García  Vaca, frente a la  sentencia  de  6  de  agosto  de  2013  proferida por la Sala Civil del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá  dentro del proceso ordinario por  aquellas     promovido     contra     Efrén     Rodríguez    Pardo.   

        Segundo.-  Devolver   el   expediente   a   la  oficina  de  origen,  por  conducto  de  la  Secretaría.   

Notifíquese  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

    

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *