AC4919-2014 [2011-00368-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  CIVIL   

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

Magistrado Ponente  

AC4919-2014  

Radicado     n°  11001-31-10-019-2011-00368-01   

(Aprobado  en  Sala de seis de agosto de dos  mil catorce)   

Bogotá D. C., veintiséis (26) de agosto de  dos mil catorce (2014).   

          Se  decide  a  continuación  sobre  la  admisibilidad de la demanda  presentada  por  Ana  Sagrario  Neiva  Bautista,  para  sustentar  el recurso de  casación  que  interpuso  frente  a  la  sentencia  de  15  de octubre de 2013,  proferida  por la Sala de Familia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá,  dentro  del  proceso  ordinario  que  instauró  contra el menor David  Alejandro  Tobo  Neiva,  como  heredero  de  Ramiro Orlando Tobo Peña, y demás  indeterminados.   

ANTECEDENTES  

          1.-  La  accionante  pidió  declarar  la  existencia  de  la unión  marital  de hecho que tuvo con Ramiro Orlando Lobo Peña del 1º de mayo de 1995  al  19  de  noviembre  de  2010,  fecha última en la que aquél falleció, y la  consecuente sociedad patrimonial por el mismo tiempo.   

          2.-  Sustentó  su  solicitud  en  los hechos que a continuación se  resumen (fls. 10 a 13 del c. 1):   

          a.-)  Que  durante  el lapso mencionado concretó con Tobo Peña una  unión  marital  de  hecho  “en  forma  permanente y  singular”,  caracterizada  por  el  socorro,  ayuda  mutua,   fidelidad   y   respecto,   destacándose,   además,  que  ambos  eran  solteros,   sin  impedimento legal y no sostenían relaciones paralelas con  otras personas.   

          c.-)  Que  se  estructuró  una  sociedad  patrimonial integrada por  aportes,  ahorros,  cesantías y la pensión de Ramiro Orlando, quien, asimismo,  “dejó  varios  inmuebles y vehículos pero [é]stos  est[á]n  a  nombre  de  [sus] hermanos”.   

          3.-  Notificados  del auto admisorio, los convocados se pronunciaron  así:   

a.-)     El    curador    ad-litem  de  David Alejandro Tobo Neiva y  de  los  sucesores  indeterminados  no  se  opuso  a  las  súplicas del escrito  introductor  (fls.  23  y  24,  85  y 86 ib).   

b.-) El abogado de los niños Daniel José y  Laura  Daniela  Tobo  Ordóñez,  representados  legalmente  por  su progenitora  Martha   Consuelo  Ordóñez  Rubio,  se  resistió  a  la  prosperidad  de  las  aspiraciones   de   la  gestora  y  formuló  las  excepciones  de  “inexistencia  de  los  elementos para conformar la unión marital  de  hecho”, “existencia de  unión  marital  de  hecho  legalmente  declarada” y  “temeridad y mala fe de la demandante”    (fls.    64   a   70   id).   

          c.-)  El  mandatario  de  la  pequeña  Paula  Andrea Tobo Caviedes,  representada  por Olga Lucía Caviedes Moreno, se atuvo a lo que se demuestre en  las diligencias (fls. 78 y 79).   

          4.-  El  Juzgado  Diecinueve  de  Familia de la esta ciudad negó lo  reclamado  por  la  demandante  mediante  fallo  que  esta apeló y confirmó el  superior  (fls.  363  a 368 del c. 1), con los argumentos que a continuación se  sintetizan:   

          a.-)  De  acuerdo  con la Ley 54 de 1990, la unión marital de hecho  se  da  entre  compañeros permanentes, y es preciso que existan las condiciones  de  permanencia,  al  menos  dos  años,  y  de  singularidad. De allí que para  derivar  de  ella  la  presunción  legal  de sociedad patrimonial debe aparecer  debidamente   probada,   sin   olvidarse   que   su   función  esencial  es  la  familiar.   

          b.-)  Se allegaron al proceso documentos;  prueba  trasladada  del proceso de reducción de cuota de alimentos del causante  contra  Ana Sagrario Neiva Bautista, representante del niño David Alejandro; se  recepcionó  el  interrogatorio  de  parte  a  la  demandante;  y  se oyeron las  declaraciones  de  Edelmira  Hernández,  Luz  Mary  Ramírez,  Hernando  Neiva,  Adriana  del  Carmen Patiño, Luis Alberto Tobo, José Andrés Pulido, Ana Beiba  Quintero Herrera  y Lucy Elizabeth Cancimance.   

c.-)  Analizados  en conjunto los medios de  acreditación  aludidos,  se  llega a la conclusión de que la relación de tipo  sentimental  que pudo existir entre Ramiro Tobo Peña y Ana Neiva Bautista nunca  trascendió  más  allá de un noviazgo, como la propia reclamante lo afirmó en  el  libelo  de  investigación  de  paternidad que instauró frente a aquél, al  asegurar  que  “apenas él se enteró de su embarazo  la abandonó”.   

Lo anterior se reafirma con:  

1°)  La  demanda  planteada  por  el  de  cujus  respecto  de  Ana Sagrario Neiva Bautista, “en la que  solicitó  la  disminución de la cuota de alimentos”  suministrados  a David Alejandro, así como su respectiva contestación, escrito  por  medio  del  cual  la  convocada  aseguró  desconocer  las  “intimidades”   del  primero  “además  de  lo  que  se  conoció  por  razón  del proceso de  alimentos  que  cursó  en  el  Juzgado 15 de Familia, en donde se allegaron los  registros  civiles  de  dos menores más”, y que tuvo  que  <<asumir  el  rol  de  padre  y madre en la  crianza de su hijo menor”.   

2°)   El  proceso  de  investigación  de  paternidad  ya  indicado,  pues,  se  “desvirtúa la  teoría  expuesta  por  la  actora  en  el sentido que el mismo se inició en un  momento  en  que  su  relación con…Tobo Peña se encontraba deteriorada, pero  que  después  se  restableció”, ya que del material  recaudado  se  “infiere que las partes acordaron ante  el  juzgado  de conocimiento que se atendrían al resultado de la prueba de ADN,  es   así   que   hasta   que  ésta  fue  practicada  el  padre  reconoció  al  niño”; y   

          3°)  La  copia  de  la  escritura pública 2367 del 2 de octubre de  2010,  otorgada en la Notaría Sesenta y Uno del Círculo de la ciudad, de donde  surge   que   Ramiro  Orlando  Tobo  Peña  y  Martha  Consuelo  Ordoñez  Rubio  “conformaron  una  unión  marital  de  hecho  y  la  consecuente  sociedad  patrimonial  desde el 2 de octubre de 1994 tal como ellos  lo  declararon”,  a lo que se agrega que fue ella la  afiliada  por aquél a la seguridad social, y que los testimonios acopiados como  prueba  trasladada  informan que “el hogar del señor  Tobo   Peña   lo   conforman   su   esposa   Martha   Ordóñez   y   sus   dos  hijos”.   

          d.-)  Pese  a  que  Hernando  Neiva  Bautista,  padre  de la actora,  asegura  que ella y Ramiro “convivieron como marido y  mujer”  en  su  casa, ese dicho se contradice con el  que   el   mismo   deponente   rindió   en   el   juicio   de   “reducción  de cuota de alimentos”, en la  medida  de que allí precisó que Ramiro  “no ha  colaboraba  con  la  manutención”  del  menor y que  “casi  no  viene a sacarlo a darle una recreación a  darle  un  paseíto  o  mejor  dicho a dialogar con [é]l… si acaso llama y no  viene…”.   

         

e.-) El formulario de ingreso del niño David  Alejandro   Tobo  Neiva  al  Colegio  de  la  Policía  Nacional  no  representa  confesión  ninguna  de  la  convivencia de que da cuenta el pliego introductor,  habida  cuenta  que por el hecho de que Ramiro Orlando hubiera manifestado allí  que  su estado civil era la “unión libre”,  él no precisó que “la persona con  quien conviva sea la demandante”.   

f.-) Por último, la promotora de la litis no  obró  con  la  lealtad  procesal  debida,  por  cuanto  ella era conocedora que  existían  otros  herederos  y  el  escrito  genitor no se dirigió contra todos  ellos (fls. 29 a 48 del c. 4).   

          5.-  La  parte vencida interpuso recurso de casación, que concedió  el  Tribunal  (fls.  52 a 54 id) y luego admitió la Corte, a través de auto de  21 de enero de 2014 (fl. 3 del c. de la Corte).   

          6.-  Oportunamente se sustentó la impugnación extraordinaria (fls.  9 a 28 id).   

CONSIDERACIONES  

         1.-  Exige  el  numeral  3º  del  artículo  374  del  Código  de  Procedimiento  Civil, que el  escrito    por    medio   del   cual   se   apoya   esta   vía   extraordinaria  contenga  “[l]a  formulación  por  separado de los  cargos  contra  la sentencia recurrida, con la exposición de los fundamentos de  cada  acusación  en  forma clara y precisa”, lo que  implica  para  el  censor el deber de proponer, de manera lógica y cohesionada,  los  argumentos  con  que  pretende  destruir los pilares del proveído atacado,  dando  cumplimiento  a  las  reglas  de  técnica  previstas  para  cada caso en  particular,  sin  que  la  Corte, en vista de su naturaleza dispositiva, pueda a  iniciativa  propia interpretarlo o adecuarlo para suplir las deficiencias en que  se incurra.   

          Así  lo  tiene  advertido  la  Sala,  CSJ  AC,  16  Ago. 2012, rad,  2009-00466, al exigir que   

          2.-  Tres cargos se formulan contra la sentencia del Tribunal, todos  por la causal primera.   

a.-)  En  el  inicial  se señalan como desconocidos los artículos 5, 13,  29  y  42  de  la  Constitución  Política,  y  1º y 4º de la Ley 54 de 1990,  modificado  por  el  2º  de  la  975 de 2005, como consecuencia de un error in procedendo.   

Se    apoya    en    los    siguientes  razonamientos:   

1°)  El  interés  para  esgrimir la causal  fluye  de  la  presencia  del  mentado yerro, que va en contravía de las normas  enunciadas  y de la jurisprudencia de las diferentes Cortes, que reglamentan las  uniones  maritales  de  hecho y, por supuesto, avalan la familia constituida por  ese vínculo.   

2°) El caso concreto versa sobre  

“[L]a demanda de  unión  marital de hecho donde la demandante mantenía, mantuvo, una convivencia  permanente,  singular,  comunidad  de pareja con el causante Ramiro Orlando Tobo  Peña,  que si bien por razones de su trabajo no era todos los días su estadía  en  este  hogar,  pues este lo hacía cuando venía a la ciudad de Bogotá, bien  en  días  de  descanso  o bien cuando tenía que venir a Bogotá por razones de  trabajo,  pues  su  trabajo  era  en  diferentes  lugares  del país. Y el mismo  llegaba  al  lugar  [en el que] él mismo cancelaba arriendo para que viviese su  compañera  Ana  Sagrario  Neiva  con  su  hijo  menor  David Alejandro, como se  declaró  en  su  momento,  y  además  a pesar de los altibajos presentados, no  dejó   de   llegar   a   este   su   hogar,  como  los  mismos  testimonios  lo  declararon”.    

3°)   Se  aprecia  de  lo  expuesto,  que  “los  errores  in  procedendo  desvían el orden que  garantiza  que  el  desarrollo  de  la  justicia  sea  en equidad”.   

          b.-)  En  el  segundo  motivo  de  casación presentado, se acusa el  fallo  del  ad-quem de haber  incurrido  en  un “error de derecho por violación de  una   norma   probatoria”,   al  no  valorarse  las  declaraciones   practicadas   de   manera   “justa,  equitativa   […],   clara,   concreta,   que  no  existan  contradicciones  ni  incoherencias”.    

Se sustenta así:  

1°) El desatino ocurre por no advertirse lo  que  acreditan  los testimonios, pues, se cercenaron partes que llevan a deducir  que  entre  la  demandante  y Ramiro Orlando Tobo Peña sí existió una vida de  pareja,  singular,  permanente,  continua,  de  comunidad  y  que a pesar de los  inconvenientes siempre se mantuvieron juntos.   

2°) En su interrogatorio, la actora indicó  que  la  pareja  estableció  su residencia en Bogotá, donde trabaja, y que por  esa  causa  no  fue  vinculada  a  seguridad  social, ya que no podía tener dos  afiliaciones.  Además,  los  testigos  Edelmira Hernández, Luz Mary Ramírez y  Hernando  Neiva  Bautista  fueron  concordantes  en  precisar  que  existió  la  convivencia,  que  contaban  con un apartamento en el tercer piso de la casa del  último   declarante,   que  compartían  en  familia,  que  de  pequeños   sostuvieron  un  noviazgo  y  que  por  su  labor,  Ramiro  no permanecía en la  ciudad.   

          3°)  El  fallador  de  segunda instancia, frente a las prenombradas  probanzas,  “les  está  negando el valor que la ley  les  otorga,  pues  hay error al evaluar la eficacia demostrativa”.   

4°)   Por   el  contrario,  son  vagas  y  contradictorias  las  versiones de José Andrés Pulido Tobo, Adriana del Carmen  Patiño  Dorado,  Luis  Alberto  Tobo  Peña,  Ana Beiba Quintero Herrera y Lucy  Elizabeth   Cancimance   Martínez,   atinentes  a  la  unión  marital  que  el  de  cujus  tuvo  con  Martha  Consuelo Ordoñez Rubio en la ciudad de Villavicencio.   

5°)  Si  bien  se  inició  un  proceso  de  investigación  de  la paternidad, este “terminó sin  sentencia”     porque     Ramiro     registró  al  menor”, e “independiente  de  los  inconvenientes  presentados”  la  pareja siguió de manera permanente y continua. Y no obstante el  juicio  de reducción de cuota de alimentos, esos litigios se promovieron por la  familia del causante.   

6°)  El  Despacho  de conocimiento negó la  práctica  de  las  testimonios  de  Ruby  Raquel  Rosero  Lozada  y Olga Lucía  Caviedes  Moreno,  madres  respectivas de los hijos del causante, pese a su gran  importancia  para determinar los hechos que interesan en la controversia. Es por  ello  que se eleva la petición especial para que aquí se decreten junto con el  de Blanca Tobo Peña, hermana del occiso.    

         

         c.-)  En  el  tercero  cargo se controvierte la decisión de segunda  instancia  por vulnerar los artículos 5º, 13 y 42 de la Carta Política, y 1º  y  4º  de  la Ley 54 de 1990, modificados por el 2º de la Ley 975 de 2005, por  “un  error in procedendo”  como  secuela  de  “error  de derecho”, por cuanto   

“[E]l  sentenciador  en  su  momento  de  elevar  el  análisis del material probatorio allegado al plenario, como el caso  de  los  testimonios  recepcionados,  conceptúa  que  estos no reúnen un valor  probatorio,  desconociendo  la pertinencia, conducencia, utilidad de la misma en  su  valoración,  ya  que  estas  pruebas  debieron  haberse  examinado todas en  conjunto  y  de  esta  manera  se  obtiene no solamente claridad, certeza de los  hechos,  sino  que  la  pertinencia,  conducencia  de este acervo probatorio, lo  conlleva  a  obtener  dentro  de  las  reglas  de  la  sana crítica ya justicia  equitativa,  una valoración jurídica dentro de lo normado y que por no haberse  elevado  esta  valoración en conjunto, no se apreció no solo las coincidencias  que  se observan sino que igualmente las contradicciones de testimonios, y donde  encontramos  en  el pronunciamiento del sentenciador la falta de apreciación de  este    acervo    en    conjunto,    lo    que   conllevó   a   un   yerro   de  derecho…”.      

         3.-  Los cargos planteados en la demanda de casación no cumplen las  exigencias formales, en razón a que   

a.-) El inicial:  

1°)  No  es  clara  y  precisa  la  formulación  del  ataque,  porque  no obstante invocarse la causal  primera  de  casación,  en  su desarrollo se denuncia la incursión de un yerro  “in  procedendo”, ajeno a ella;  esto, si se recuerda que los desatinos por defectuosa  actividad  procesal  son propios de los motivos 2°, 3° y 5° del artículo 368  del Código de Procedimiento Civil.   

Así  las  cosas,  la  diversa  estirpe  del  error  en  la  construcción  procesal  y  del defecto de  juzgamiento,  imponen  la  escogencia  certera  de  la  vía  para adentrarse en  casación,  exigencia  que  aquí  evidentemente no se acató.   

Acorde con lo que acaba  de exponerse, la Corporación  ha señalado que   

“[S]i  la acusación  debe  ser  perceptible  a  la  inteligencia, es claro que, entre otras cosas, no  puede  entremezclarse  o  hacerse  mixtura  de  las causales, porque en lugar de  diafanidad,  todo  se prestaría a confusión (…) Sobre el particular la Corte  tiene  explicado  que  no resulta técnico ‘denunciar un  error  de juzgamiento y desarrollarlo como de procedimiento, o acusar errores de  hecho  o  de  derecho  en  la  apreciación de las pruebas como fundamento de la  violación  directa  de la ley sustancial, sino que es necesario identificar, en  primer  lugar,  el  tipo  de  error en que se pudo incurrir, y luego aducirse la  causal  o  la  vía  que  para  el  efecto  se  encuentra legalmente prevista”  (CSJ  AC  de  2 de Agos. de  2004,   Rad.   04780,   reiterado   CSJ   AC   de  29  de  Mar.  de  2012,  Rad.  2007-00935).   

Igualmente,   ha   resaltado   la   Sala  que   

2°)  Tampoco  es  posible, aún extremando  esfuerzos,  inferir que el embate sea por la vía directa o indirecta, o si esta  última  es  por  error  de  hecho  o  de  derecho,  como  quiera  que el censor  circunscribió  su  tarea  explicativa  a  hacer  una  descripción personal del  asunto  en  controversia,  que  se  ajusta  a  un alegato de instancia y no a la  sustentación de un recurso extraordinario.    

Y  es que, según lo ha enseñado la Corte,  CSJ AC, de 26 oct. de 2012, Rad. 2003-00723-01,   

“[L]os  argumentos  que  se  esgriman no  pueden  quedarse  en  meras generalizaciones, o afianzarse en la totalidad de lo  acontecido  en  el  litigio,  o aludir globalmente a lo probado en el proceso, o  reprochar  de  forma abstracta las decisiones adoptadas, o limitarse a presentar  la  visión  personal  que  el  recurrente  tenga  de la plataforma fáctica del  litigio,  actitudes  todas  que  harán  inadmisible  la acusación que en tales  condiciones  se  formule,  puesto  que ‘(…)   ‘el  recurrente,    como    acusador   que   es   de   la   sentencia,   está  obligado a proponer cada cargo en forma concreta, completa y  exacta  para  que  la  Corte,  situada  dentro de los  límites  que demarca la censura, pueda decidir el recurso sin tener que moverse  oficiosamente   a   completar  la  acusación  planteada,  por  impedírselo  el  carácter  eminentemente  dispositivo  de  la  casación (G.J. t. CXLVIII, pág.  221)’’ (Cas. Civ., auto  de     28     de     septiembre     de    2004;    se    subraya)”.   

b.-) En el segundo ataque:  

1°)  La  recurrente no citó, como era su  deber  por  acudir  a  la  causal  primera de casación, la norma sustancial que  estima   vulnerada,   sin   que   por   el  carácter  dispositivo  del  remedio  extraordinario pueda la Corte entrar a suplir esa omisión.   

Por  lo tanto, como se dijo en un caso que  guarda similitud con este,   

“[A]l  señalar  que  se incurrió en la  infracción  de  normas  de derecho material, en cualquiera de sus dos extremos,  ello  conlleva  la  obligación  de  citar, de manera  específica,  el  precepto  quebrantado  que sirva de  sustento  al  pronunciamiento  del ad quem, además de un planteamiento sobre en  qué  consiste  la  misma, de tal manera que el postulado sea completo y sin que  haya  lugar  a  tratar  de  esclarecer  las  exposiciones  vagas  o  los esbozos  genéricos,    máxime    cuando    carecen    de    respaldo   legislativo   de  apoyo”  (resaltado  fuera  del texto, auto de 22 de  noviembre de 2011, Rad. 00069-01).   

2°)  A  lo  anterior  se  suma la falencia  consistente   en   que   a   pesar   de   esgrimirse  expresamente  “un    error    de   derecho   por   violación   de   una   norma  probatoria”,  no  se  explicita tal canon, requisito  igualmente  insuperable,  por la connotación ya enseñada de esta impugnación.   

En  tal sentido ha precisado la Sala que en  tratándose   del    error  facti  in  iudicando  se  “debe  precisar  si el  mismo  proviene  de  la  violación  de  una norma probatoria, determinándola y  explicando  en  qué consiste la infracción (CSJ AC de  2  de noviembre de 2011, Rad. 2003-00428, reiterado CSJ AC de 10 de jul. de 2012  Rad. 2006-01246-01).   

3°) Y, en todo caso, de asentirse en que el  reproche  es  por  la  comisión  de un error de hecho en la apreciación de las  probanzas,  tampoco  se  satisfizo la labor demostrativa requerida, toda vez que  el  esfuerzo  llegó  hasta  la  descripción  de  cada  uno  de  los  medios de  acreditación  sin  agotarse  la  etapa  de  contraste  entre  ellos,  y  lo que  puntualmente  dijo  la  sentencia  fustigada,  esto es, poniendo de presente los  apartes  en  los  que el fallador se adentró en el desatino que se le enrostra.   

Al respecto, se ha remarcado que  

“[d]esde el punto de vista de la técnica  del  recurso -ha dicho la Corte-, la demostración de los yerros de apreciación  probatoria  por  cuya causa puede el sentenciador llegar a transgredir una norma  de  índole  sustancial  comprende  dos  fases:   Una,  que  es  la  de  la  trascendencia  del  error,  común a ambas clases de error, comporta que una vez  establecido  el  desacierto  cometido  por el juzgador al apreciar la prueba, se  demuestre  que  éste lo llevó forzosamente a la determinación enjuiciada como  violatoria  de  la ley.  La otra, en cambio, asume diferente significación  según  sea  la  clase de error, pues al paso que en el de hecho la apreciación  cumplida  por  el  juzgador debe ser examinada teniendo como punto de referencia  la  objetividad  del  medio probatorio, en el de derecho la estimación cumplida  se  ha  de  pasar  por  el  tamiz  de  las  normas  que disciplinan la actividad  probatoria.   Sin  embargo,  vista  la cuestión desde otra perspectiva, se  trata,  en  ambas clases de error, de llevar a cabo una labor de confrontación,  cuyos  pasos  deben  ser los siguientes: (…) En el error de hecho debe ponerse  de  presente,  por un lado, lo que dice, o dejó de decir, la sentencia respecto  del  medio  probatorio,  y,  por  el  otro,  el  texto  concreto  del  medio, y,  establecido  el  paralelo, denotar que existe disparidad o divergencia entrambos  y   que   esa   disparidad   es   evidente»   (CSJ  SC  de  15 de septiembre de 1993,  citada  en  la del 13 de octubre de 1995, Rad. 3986 y reiterada, entre otros, en  CSJ AC de 13 de enero de 2013, Rad. 2009-00406).   

c.-)  El  tercer  embate presenta similares  defectos  a  los  que  se  encontraron  en  los dos anteriores, puesto que en el  escenario   de   la   causal   primera  se  trae  a  colación  un  “error  in  procedendo”, extraño a ese  motivo de impugnación, como ya se explicó.   

Asimismo,  si  bien  el  su  desarrollo  se  procura      demostrar      un      “error     de  derecho”,  el casacionista pasó por alto indicar la  norma de disciplina probatoria desconocida.    

4.-  De tal manera, como el libelo no  se  aviene  a  las  formalidades  que  debe reunir la sustentación de esta vía  extraordinaria, no procede su aceptación a este trámite.   

5.- Resta por señalar, finalmente, que al  no  ser  el  recurso  de  casación  una instancia adicional, no es posible, con  ocasión  de su trámite solicitar, decretar o practicar pruebas, a petición de  las  partes u oficiosamente. Por lo mismo, no se atenderá el reclamo encaminado  a  que  se escuchen las versiones de Ruby Raquel Rosero  Lozada, Olga Lucía Caviedes Moreno y  Blanca Tobo Peña.   

DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, en Sala de Casación Civil,   

RESUELVE  

Primero: Declarar  inadmisible  la  demanda  y,  en  consecuencia, desierto el recurso de casación  interpuesto   en   el   proceso   de   la  referencia  por  Ana  Sagrario  Neiva  Bautista.   

Segundo:   No  acceder a la petición especial de decreto de pruebas.   

Tercero: Devolver  por conducto de la Secretaría el expediente al Tribunal de origen.   

Notifíquese   

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

(Presidente de Sala)  

Ausencia justificada  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

Comisión de servicios  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

    

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