SC17434-2014 [2006-00597-01]

2014

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                                                                 República de Colombia   

    

         

         

                                                          Corte Suprema de Justicia   

CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA

SALA DE CASACION CIVIL   

MARGARITA CABELLO BLANCO  

Magistrada Ponente  

SC17434-2014  

Radicación n° 47001 31 03 005 2006 00597 01  (Aprobado  en  sesión  de  cuatro de noviembre de dos mil catorce)   

Bogotá, D. C., dieciocho (18) de diciembre  de dos mil catorce (2014).   

Decide  la  Corte  el  recurso de casación  interpuesto   por   la  parte  demandante  contra  la  sentencia  proferida  el  16  de  enero de 2013 por la  Sala  Civil-Familia del Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de Santa Marta, dentro del proceso ordinario  que   JOSÉ   ALBERTO  LACOUTURE  CRUZ  promovió  frente  a  CASTULO  PEÑALOZA  MARTÍNEZ.   

ANTECEDENTES  

1.  Pidió el actor en el libelo de demanda  cuya  sustanciación  correspondió al Juzgado Quinto  Civil  del Circuito de Santa Marta, que se declare (i)  que   existió  lesión  enorme  en  el  contrato  de  compraventa  celebrado  entre  las  partes  el  8  de  noviembre  de  1996,  sobre  el  inmueble  denominado  «Paloquemao»;  (ii)  que  como consecuencia de ello se  decreten las restituciones mutuas, y la cancelación   

Radicación  n° 47001 31 03 005 2006 00597  01   

de  la  escritura  pública  2575  de  8 de  noviembre  de  1996,  otorgada en la Notaría Tercera  del Círculo de Santa Marta.   

2.          Como sustento fáctico de sus súplicas,  en   

compendio, alegó lo siguiente:  

Mediante  documento  privado que suscribió  con  el  convocado  el  7  de  noviembre  de 1996, se  obligaron  a celebrar contrato de compraventa sobre el  predio  antes enunciado, ubicado en el sector conocido  como  «El  Yucal»,  cuyas  medidas  y  linderos  se precisaron, pactándose como  valor  de  la  negociación  la  suma  de  doscientos  veintiséis        millones       de       pesos  ($226.000.000.00).   

Un día después, el 8 de noviembre de 1996,  se  firmó  el  contrato prometido, pero la escritura  pública  que lo contenía no fue posible inscribirla,  dado  que  la heredad se hallaba embargada por la CAJA  AGRARIA  por  causa  del proceso ejecutivo que cursaba  en  el  Juzgado  Primero  Civil  del Circuito de Santa  Marta.   

Señaló,   que   dentro  del  juicio  de  ejecución  seguido  por  la  mencionada  entidad  en  liquidación,  el  peritaje  que  se practicó para el  año  1991, fue de veintiún millones ciento cinco mil  pesos  ($21.105.000.00), y agregó que formuló contra  el     extremo     pasivo    denuncia    penal    por    estafa,    actuación  dentro  de  la  cual  la  Fiscalía decretó un avalúo  sobre el inmueble que ascendió a la suma de treinta y dos   

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millones  setecientos  treinta  y  dos  mil  ciento       setenta       y      seis      pesos  ($32.732.176.00).   

A  la  fecha de presentación de la acción  ordinaria,  el demandante había cancelado al opositor  la  suma  de  setenta  millones  quinientos mil pesos  ($70.500.000.00)  y,  el  restante dinero acordado fue  respaldado  por  dos  letras  de  cambio  que  al ser  impagadas,  fueron  reclamadas por el señor PEÑALOZA  MARTINEZ  mediante sendos procesos ejecutivos que cursan en los Juzgados Tercero  y    Quinto    Civiles   del   Circuito   de   Santa  Marta.   

Destacó   finalmente,   que   las   dos  estimaciones  referidas  dan  cuenta de que el precio  acordado  para  la  época  en  que se celebraron los  contratos  en  noviembre de 1996, fue desproporcionado  frente       al       valor       real       del      inmueble      adquirido.     

1. Admitida la  demanda  la  pasiva  guardó  silencio,  por  lo  que  practicada   la   audiencia   de   que   trata  el  artículo  101  del  CPC,  se  abrió  a  pruebas  el proceso y se corrió traslado  para alegar de conclusión.   

2. A la primera  instancia,  le  puso fin la sentencia de 6 de abril de  2006   mediante   la   cual   se   declaró   la   rescisión  del  contrato   «por   haberse   consolidado  lesión  enorme» teniendo en  cuenta   que   el   valor   en  que  se  fijó  el  precio  de  la  propiedad,  «supera con creces el límite  establecido por el     

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Legislador»;  al  mismo  tiempo  dispuso lo propio en punto a las mutuas  restituciones     y    ordenó    la    cancelación    de    la    escritura  pública  2575  otorgada  en  la  Notaría  Tercera  del  Círculo de Santa Marta.   

Contra   la   decisión   del  juzgado  a  quo   el  extremo  pasivo  apeló,  argumentando  en  esencia,  que  no existía  claridad  con respecto al justo precio del inmueble en  el   momento   de  la  suscripción  del  acuerdo  de  venta.   

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

El  fallador  advirtió que en un asunto de  linaje  contractual,  lo primero por verificar cuando  se  procura su rescisión es establecer quienes fueron  coparticipes  en  el  negocio, pues en ellos radica la legitimación en la causa  tanto por activa como por pasiva, y destacó que como  en  este  asunto  las  súplicas  se  fundamentaron en el instituto de  la  lesión  enorme  a  que  alude  el  precepto  1947  del CC,  aquella,  dijo,  se genera para el promotor, teniendo  en  cuenta «el desequilibrio  patrimonial  en  que  se afectó con la negociación,  porque   compró   por   más   del   doble   del   justo   precio  al tiempo del contrato».   

Después  resaltó  que  se  trata  de  un  fenómeno  objetivo,  y trasuntó un precedente de la  Sala;   procedió   a   explicar   los  presupuestos  requeridos  para  la  prosperidad  de la solicitud de  «aniquilamiento     contractual»     basada en la desigualdad de   

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prestaciones, así: (i) que la transacción  verse  sobre  inmuebles  y  no se haya producido por  ministerio  de  la justicia; (ii) que el engaño para  el  comprador  sea  tal, que pagó más del doble del  precio  justo;  (iii)  que no se trate de un contrato  aleatorio;    (iv)   que   con   posterioridad   al   pacto,   no   se   haya   renunciado   a   ejercitar  la  acción  rescisoria  y  (v)   que  la cosa no se haya perdido en poder del comprador.   

Señaló  que como no había duda sobre la  existencia  del  negocio  jurídico  realizado  como  tampoco  del  número  de  hectáreas  vendidas,  el  examen  se centraría en determinar si se cumplían o  no,  los  requisitos  memorados a partir de la prueba  pericial,    pues   es   el   medio   de   convicción   adecuado   para  establecer  la justeza del precio, y relacionó jurisprudencia de la Corte sobre el particular.   

Abordó entonces los estudios practicados y  aseguró,  que «el primero  fue  objetado  por  el  demandante  al  estimar  que  contiene   error  grave  porque  los  peritos  se  equivocaron  al  calificar  el predio de urbano y fructífero; asimismo, el informe  técnico  ordenado  para  verificar  lo dicho por el  objetante  fue  demeritado  por  el  recurrente  por  presentar  defectos  de tal envergadura que le restan  eficacia probatoria».   

Anotó   que   las   partes   estuvieron  involucradas   en  un  proceso  penal,  «en  el  cual  se  discutió  el  precio  justo  del  inmueble   vendido,   y   se   practicó  dictamen  pericial”  ,  el  que se desestimó como  prueba en este trámite por no reunir los   

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requisitos   legales  para  su  correcta  incorporación,  lo  mismo  que el otro realizado al  interior  del  juicio  ejecutivo iniciado por la CAJA  AGRARIA,  dado  que le era imposible al actor ejercer  su defensa para controvertirlo.   

Agregó el Tribunal sobre este último, que  no  obstante  inicialmente  solo  se  estudiaron las  hectáreas   que  tenían  título,  pues  según  el  funcionario  el  establecimiento público «no avalúa  posesiones»,  el dictamen  fue  modificado  previa  autorización  que pidió al  ente  público,  estimando  finalmente  «la totalidad  del área negociada».   

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Al  estudiar  el  medio  de  prueba  en su  totalidad,  expuso  que el estudio realizado por los  peritos   nombrados   presentaba   inconsistencias,  «habida   cuenta   que   le   endilga  características  y  cualidades  al  predio que no posee, pues, se  demostró  que  es  rural en un 90% e infértil, con  superficie   quebrada  en  su  mayoría  y  terreno  pedegroso,  además,  con  construcciones en pésimo  estado  debido  al abandono y vandalismo, como en él  mismo  se  relata»,  razón por la cual lo  descalificó,  «saliendo avante la  objeción al dictamen por error grave».   

Después  se  detuvo  en  el  concepto  del  profesional  vinculado  a  la  entidad  pública,  e  indicó  que  según él, el valor del predio para el  año  1996  era de ochenta millones doscientos sesenta  y    cinco    mil    trescientos    setenta    y    seis    pesos   ($80.265.366,),  «empero,  no entiende  la  Sala  de dónde dedujo que el valor del área que  no  posee  título  corresponde  al 20% del comercial  que  sí  lo  tiene,  no  explicó  el porqué de esa  diferencia.  Y  es  que  a  juicio  de  la  Sala  esa situación no puede   determinar   el  valor  del  área  del  inmueble,  habida  cuenta de que el precio de hectárea no es plausible  (sic)  medirlo por la situación jurídica del predio  frente  al  demandante,  si  tiene  titulación o no  sobre  el  mismo, sino por las otras características  aludidas  (…)»,  colofón de lo cual, expresó,  que  el  dictamen  debía  ser  apreciado  parcialmente  porque  erró  al hacer la estimación, «en vista de que no   

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consultó  que  debía  ser  el  mismo sin  condicionarlo a la falta de título».   

Por consiguiente, concluyó:  

«teniendo como punto de referencia el valor  dado  a  la  hectárea  de  la cual tiene título de  adquisición  el  demandante,  de $649.000.00 para el  año   1996,  y  multiplicando  esa  cifra  por  las  67.9108  que  habían  dejado  de  contabilizarse,  nos  arroja  como  resultado  cuarenta  y  cuatro  millones  setenta  y cuatro mil  ciento  nueve  pesos  ($44.074.109.00), que sumado a  los   cincuenta   y   cinco   millones  novecientos  veintisiete  mil  quinientos  setenta  y  cinco pesos  ($55.927.575.0o),   más   catorce  millones  trescientos  sesenta  y  dos  mil  quinientos  pesos  ($14.362.500.00.,  da  un total de  ciento catorce millones trescientos sesenta y cuatro  ciento  ochenta  y  cuatro pesos con cuatro centavos  ($114.364.184.02),  (sic)  que  multiplicado por dos  corresponde   a   doscientos   veintiocho   millones  setecientos   veintiocho   mil   trescientos   sesenta   y   ocho   pesos con cuatro centavos ($228.728.368,04).   

De  lo  anterior  se  desprende que no hay  elementos  fácticos  que  permitan  afirmar  que el  demandante  hubiese  sido  lesionado  en  más de la  mitad   de   su   cuota   en  la  compraventa  del  bien  inmueble  aludido,  porque  allí se fijó como precio la suma de doscientos  veintiséis  millones  de  pesos  ($226.000.000.00),  correspondiendo  la mitad a ciento trece millones, y  las  operaciones  superaron esta suma, alcanzando los  ciento  catorce millones trescientos sesenta y cuatro  mil    ochenta    y    cuatro    pesos    con    dos    centavos,   ($114.364.184.02),  y  en  virtud  de la normatividad citada no se  configura la lesión».   

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LA DEMANDA DE CASACION  

Con  sustento  en  la  causal  primera  de  casación  que  consagra el artículo 368 del Código  de   Procedimiento   Civil   se  formuló  una  sola  acusación, así:   

CARGO ÚNICO  

Se   le  atribuye  a  la  sentencia  ser  violatoria  vía  indirecta  de la ley sustancial por  falta  de  aplicación de los artículos 1946, 1947 y  1948  del  Código  Civil,  como  consecuencia de los  siguientes   errores   de  hecho  manifiestos  en  la  valoración  de algunas pruebas y de la demanda.   

Yerro  en  el examen del dictamen pericial,  sus aclaraciones y complementaciones   

Comenzó  por  exponer  que  la  decisión  combatida  se  equivocó  al interpretar el dictamen  pericial  elaborado  por  el experto designado por el  Instituto  Geográfico  Agustín  Codazzi dado que le  imputó  «inexistencia  o  ausencia  de motivación  para  determinar  la  diferencia  de  precio respecto  del área del inmueble provista de título jurídico  de  propiedad  y la carente de título», razón     por     la     cual,     aseguró,    la    consideración  del  fallo  sobre  no  entender  porqué se dedujo  un  porcentaje  en el valor del área sin titulación  «no  corresponde  a  la  verdad probatoria del proceso, ni al   

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contenido material y objetivo del dictamen  pericial    y    sus   aclaraciones   y   adiciones  (…)”.   

Acusa  la  sentencia  de  desconocer  la  aclaración  rendida  por  el  IGAC el 23 de marzo de  2004  donde  se  señaló  como  argumentos  por los  cuales  «no  avaluó  la  totalidad del predio»,  sino únicamente la parte que  tenía  título  de  dominio,  los siguientes: (i) el  área  de derecho de propiedad que se dijo vender sin  respaldo  de  títulos  se  encuentra en posesión de  colonos;  (ii) el actor no se encuentra como poseedor  de   la   zona   del   inmueble   carente   de   titulación   y,   (iii)  los  colonos  en  cualquier  momento  pueden  solicitar  al  INCODER  la  adjudicación  sobre  la  fracción del  terreno que vienen poseyendo.   

Sostuvo, que esa primera aclaración está  suficientemente      provista      «de  las razones iniciales de diferencia  en    la    valoración    de   las   áreas   tituladas   y   no   tituladas   que   fueron  objeto  del  contrato  de  compraventa»;  por    tanto,    la  preterición     absoluta    de    esa    primera    aclaración    «condujo  al  Tribunal  al  error manifiesto de considerar que los  peritos  no  explicaron  la diferencia de precio que  asignaron  al  área  titulada contrastada con la no  titulada».   

Manifestó  para ratificar lo dicho, que el  ad  quem  ignoró  que la  presencia  de  colonos  en la parte del predio carente  de   título,   si   fue   considerada   por   los   expertos,   y  constituyó   el   móvil   fundamental   para  que  diferenciaran  el   

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valor  del  justo  precio para cada área.  Igualmente  refirió  que la sentencia pasó por alto  las       «precisiones      y      fundamentaciones»   que   rindió  el  técnico  del  IGAC,  el  15  de  octubre  de  2004,  realizada  en  «atención al oficio 1175 remitido por el a quo».   

Agregó que la metodología utilizada para  distinguir  el  precio  de  un  predio con problemas  jurídicos  y  otros  que  no  los  tenga,  es  «muy  sencilla»,  además  de  «jurídica          y          económicamente  razonable,  pese  a  las diferencias gramaticales   que   se   le   puedan   reprochar»;   de  manera  que el Tribunal desconoció  por  completo  la  técnica  de avalúos de inmuebles  del   IGAC,   que   es   única,   y   por   tanto   no   podían   salirse de esos derroteros.   

Finalmente, para destacar la protuberancia  del  desatino en la estimación de la prueba, expuso  que    el    ad   quem  incurrió en la ilógica consideración «de  que  los  inmuebles  deben  tener  igual  precio de venta, con independencia de la falta  de  título»,  lo que resulta contrario a      la      más      elemental     naturaleza     «económica  y  jurídica  del  mercado  inmobiliario   y   de   la   función   económica   del  contrato  de compraventa».   

Error   de   hecho  trascendente  en  la  valoración de la demanda   

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Señaló  que la sentencia pretermitió el  hecho  sexto  del  libelo introductorio, «que   incluyó   ab  initio,  en  la  controversia,  la  inexactitud  en  la  venta por cuanto en la escritura pública  (1575)  del 8 de noviembre de 1996 se transfieren en  venta  (…) 163 has (6.6608.80) metros cuadrados, se  tiene  que  solamente  95 hectáreas y (7500) metros  cuadrados  están  amparadas  con  la  adjudicación  hecha  por  el  INCORA, mediante Resolución No 00060  de  16  de  febrero  de 1981, y el resto, esto es, 67  has. 000819.80 metros 2 carecen de titulación».   

CONSIDERACIONES  

1. Dado que la causal invocada para quebrar  el  fallo  acusado  se  relaciona  con  la violación  indirecta  de  la  ley sustancial por yerro de facto,  se  impone  recordar  que  esta clase de desatino, ha  dicho  la Corte, acontece cuando: «(…) el Tribunal  cree  equivocadamente en la existencia o inexistencia  de   un   medio   probatorio   en   el   proceso   o   cuando   al  existente  le  da  una  interpretación  ostensiblemente contraria  a  su contenido real, es decir, cuando desacierta en  la  contemplación objetiva de la prueba, razón por  la  que  se ha explicado que su estructuración sólo  puede  tener  como  causa determinante una cualquiera  de estas hipótesis: a) cuando se   

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da  por existente en el proceso una prueba  que  en  él  no existe realmente; b) cuando se omite  analizar  o  apreciar  la  que en verdad si existe en  los  autos;  y,  c) cuando se valora la prueba que si  existe,    pero    se    altera    sin   embargo   su   contenido   atribuyéndole  una  inteligencia  contraria por entero a la real,  bien   sea  por  adición  o  por  cercenamiento».  (CSJ  SC Sent. Jun. 20 de  2011, radicación n. 2000-00177-01).   

Por  tal  motivo, para que se presente, es  necesario  «que al primer  golpe      de      vista     ponga     de     manifiesto     la     contraevidencia   de   la  determinación  adoptada  en  el  fallo  combatido  con  la  realidad que fluya del proceso»  (sentencia  146  de 17 de  octubre    de    2006,    exp.   06798-01),       «que       repugna  al  buen  juicio»,  es decir,  que     «el    fallador    está    convicto         de         contraevidencia»         (sentencias  de  11  de julio de 1990 y  24  de  enero  de 1992), por violentar «la lógica o  el     buen    sentido    común»    (CCXXXI,644),  «tan evidente, esto es,  que nadie vacile en detectarlo, que cuando apenas se  atisba  como  probable o posible, ya no alcanza para  el  éxito  de  la  casación, porque, como lo tiene  averiguado  la  Corte,  ‘la  duda jamás sería apoyo  razonable  para desconocer los poderes discrecionales  del   sentenciador   (XLV,  649)’…»  (CCXXXI,  p.  645.  Reiterado  en  Cas. Civ. de 19 de mayo de 2011,  radicación n. 2006-00273-01).   

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1. En  el asunto que demanda la atención de la Sala, el Tribunal   revocó   la  decisión  del  juzgador  a  quo,    que    había   accedido   a  la  pretensión  de  existencia  de  lesión  enorme  sobre el predio objeto de venta.   

2. El   recurrente   se   duele   porque  al  negar  la  pretensión,   la   corporación   de  segunda  instancia  analizó  indebidamente   la   prueba  pericial  junto  a  su  aclaración  y  complementación, medio que sirvió de  soporte   para  determinar  el  real  precio  de  la  negociación,  e  igualmente  reclama, yerro de facto  por  pretermitir la valoración del hecho sexto de la  demanda.   

3. La   justicia   ha   sido   uno   de  los  fines  del  ius   como  instrumento  de  ordenación social, al igual que la  paz,  la  seguridad  y la equidad; por ello, grandes  fueron  los esfuerzos que históricamente realizó la  ciencia   jurídica   y   la  filosofía                                  para                   definirla,                  lográndose                                   importantes

aproximaciones.     

En  punto  a  su  clasificación,  suele  hablarse  de  justicia distributiva y conmutativa; en  la  primera  se alude a una relación vertical que se  predica  del Estado con sus asociados. En la segunda,  se  disciplinan  aspectos  horizontales  de persona a  persona,  donde no hay una circunstancia de sujeción  o subordinación sino de   

‘NOGUERA  LABORDE,  Rodrigo. Introducción  General      al      Derecho.      Vol      1.     Institución     Universitaria  Sergio  Arboleda.  Bogotá  DC.  1994.  Pag  118  y  119.   

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coordinación,  de  simetría  y  lo que se  privilegia  es  la  reciprocidad prestacional en todo  acto negocial.   

La  lesión  enorme,  refulge  como  una  manifestación  de  justicia  contractual, pues es el  supremo  postulado  de  la  equidad el que se devela  como  factor  de  armonía  y proporcionalidad dentro  del vínculo convencional.   

Para   el  profesor  POTHIER2 la equidad debe campear en  todas  los  pactos,  puesto  que  cada uno de los contratantes   da  o  hace  una  cosa  para  recibir  alguna  otra  como  precio  de  lo  que  da  o  de lo que realiza,  y   la   lesión   que  sufre  uno  de  los  extremos del acuerdo aún en el  evento  de  que  el  otro no haya empleado artificio  para    engañarle,    es   bastante   per  se,  para  considerar  viciosa la  alianza.   

En  similar dirección se indagaba RIPERT:  «¿Puede  legítimamente  cada     contratante    sacar    del    contrato    todas    las    ventajas  que  logre  conquistar  sobre  el  otro  contratante que  defiende mal sus intereses por debilidad, ignorancia  o  necesidad?  ¿No conviene, al contrario, que haya  entre  ambas  prestaciones,  cualquiera  que  sea su  naturaleza,  cierta equivalencia? ¿No proviene la injusticia del contrato de la  sola  desproporción  entre  las ventajas adquiridas  por  los  contratantes?  Si  la  lesión es causa de  nulidad  del  contrato  o  de  reducción  de  las  obligaciones contraídas, la  lesión deberá   

2  POTHIER,  Robert  Joseph.  Tratado de las Obligaciones. Con Notas de Español Para    el    Derecho    Patrio.    Primera    Parte.    Barcelona  1839.   

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manifestarse  por  el  solo  análisis del  contrato,  por  el peso simbólico de los sacrificios  (…)»3,  teniendo  en  cuenta  como  lo  hubiera  sostenido  el  mismo  doctrinante,  que «una ley más  alta  que  la  humana  ha  mandado  no  buscar en su  prójimo   un   medio   para   la  felicidad  o  el  placer».   

Más allá de las distintas modalidades de  actos  donde  nuestro  sistema  prohijó  la  institución de la lesión enorme,  tratándose   del   contrato   de  compraventa,  el  artículo   1947   del   Estatuto  Civil  consagró:  «El    vendedor    sufre    lesión    enorme,  cuando  el  precio  que recibe es inferior a la mitad del  justo  precio de la cosa que vende; y el comprador a  su  vez  sufre lesión enorme cuando el justo precio  de  la  cosa  que  compra es inferior a la mitad del  precio  que paga por ella. El justo precio se refiere  al tiempo el contrato».   

5.  Alusivo a la figura que se comenta, ha  sido  constate  la línea jurisprudencial de la Corte,  a  propósito de la equivalencia en que se fundamenta  el  negocio conmutativo, aunque antiguamente resaltó  que  era  una institución utilizada en protección de  los   menores   al   abrigo   de  la  jurisprudencia  pretoriana,  mientras  que  hoy,  “en  el  derecho  moderno,  se  ha consagrado como medio tutelar (…)  siempre  que al celebrarse el contrato de compraventa  uno  de  los  contrayentes  haya  sufrido  un  grave  quebranto  en  sus intereses patrimoniales a causa de  la ostensible diferencia   

3RIPERT,  Georges.  La  Regla  Moral  en  las  Obligaciones  Civiles.  Colección  la Gran  Colombia.  Bogotá,  1948,  página  94.   

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entre  el  justo precio de la cosa y aquel  que   por  extrema  necesidad,  ignorancia,  dolo  o  imprevisión  vino  a  estipularse  en la convención  celebrada»4.   

Más  adelante  se  calificó a la lesión  como     una     modalidad     de     vicio    al  exponerse:   

«La  ley  exige  para la procedencia de la  acción  de  rescisión que haya habido efectivamente  lesión  enorme  y que se haya roto el equilibrio del  negocio   jurídico   querido   por   las   partes;   y   en   esa  virtud  el justo precio de la cosa vendida, que ha de fijarse como  medio  de relación para el efecto de resolver si ha  existido    la    lesión    (…)    Y  esto  es así porque el vicio de la lesión enorme proviene   de   que   en  la  ejecución  del  pacto  uno  de  los  contratantes  haya  padecido  un perjuicio o agravio  patrimonial,  por  un manifiesto desequilibrio en las  recíprocas  prestaciones.   Por ese aspecto de  la   cuestión   hay   que   atenerse   a   la  realidad  de  cada  una  de  las obligaciones bilaterales en su cumplimiento, mas no a  lo  que recaen las respectivas estipulaciones contractuales, porque lo  que se propone la ley al otorgar esta tutela es salvaguardar y  proteger   a  las  partes  que  intervienen  en  la  compraventa  de  inmuebles con vista exclusiva de la  prestación  que  efectivamente  hayan  realizado»5.      (Subraya      fuera      de  texto).   

Posteriormente se validó lo irrelevante de  los  móviles,  para  abrirle  paso  a  su carácter  objetivo.           Así,           sostuvo           esta          Corporación:   

5CSJ  CS Sentencia de 31 de octubre de  1941 GJ Pag. 624.   

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«2. En punto del contrato de compraventa de  inmuebles,  el  Código  Civil Colombiano acogió el  criterio  de  que,  con  independencia de los motivos  que  hayan  dado  lugar  a  él, la lesión enorme es  causa    de    la    rescisión    del    contrato,    y   no   sola­mente  cuando  la sufre el vendedor,  cual  fue  en  el  derecho  romano  y  luego  en  el  francés,     sino     también     cuando    la    padece    el    comprador.  Basta  que  se compruebe la lesión de ultra dimidium,  la  laesio enormis, para que por ese sólo motivo el  Juez  deba  declarar  la  rescisión del contrato de  compraventa  de  inmuebles. No se requiere, pues, que  el   demandante  acredite  haber  sufrido  error  al  consentir,   o   que,  en  virtud  de  las  circunstancias  de  un  estado   de   necesidades,   se  vio  compelido,  pudiera  decirse  violentado,  a dar su consentimiento al contrato que  sabía  le era notoriamente desventajoso. El criterio  esencialmente  objetivo que señorea en esta materia en nuestra ley, permite que  se  declare  la  rescisión sin otra prueba que la de  que  se  ha  padecido  la  lesión  enorme ya por el  vendedor,  ora-  por  el comprador, y aún en el caso  extremo   de   aportarse  prueba  plena  de  que  éste  o  aquél  conocían  a  plenitud  la  desproporción  del  precio  pagado  o  recibido  con relación al que, en justicia, tendría  comercialmente  la  cosa al momento de perfeccionarse  la convención   

Y  aunque  se  demuestre,  pues,  que  con  absoluta  libertad  el lesionado pactó el contrato y  que   sin  vicio  de  su  consentimiento  acató  la  cláusula  relativa  al  precio  que  sabía  le  era  lesivo, demos­trada,  la lesión enorme, esta sola  circunstancia,  per  se,  es  motivo justificado para  declarar la rescisión del contrato.   

Pero  tal resultado no se puede pretender  siempre  que  se demuestre una lesión cualquiera, es  menester  que  la lesión sea de las que el artículo  1947  del  Código Civil califica de enormes y que se  ofrecen  cuando  el  precio  que  recibe  el vendedor es inferior a la mitad del  justo precio de la cosa que se vende,   

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tomado al tiempo del contrato, o cuando el  comprador  paga  uno  que  es  superior al doble del  justo  precio  referido  al momento de perfeccionarse  la compraventa.   

3.  Desde el punto de vista de la persona  del  comprador  o  de  la  del  vendedor,  no existe  ninguna  limitación  para  que quien haya sufrido la  lesión   enorme   pueda-   alegarla,   (…),   pues  la  ley  ha  querido  que una injusticia como la que entraña recibir un precio  que es inferior a la mitad del justo o pagar uno que  es  mayor del doble de éste, debe ser corregida así  sea  indispensable  atentar  contra los principios de  la  libertad  contractual,  de  la  autonomía  de la  voluntad y la seguridad de las transacciones».   

La  anterior tendencia la patentizó unos  años  después cuando aseguró, que el único factor  que  es  el objeto de disputa en ese tipo de litigios,  es  si  efectivamente la cosa fue transferida «por un  precio   írrito   que   ha   venido  a  irrogar  un  perjuicio   manifiesto   en   el   patrimonio   del  contrayente  que  lo  haya  padecido»,  razón   por   la   cual   lo   que   viene   a  ser  cenital  en  el  debate,  «es la debida  confrontación  y examen del precio en la venta y del  justo   valor   de   la  cosa  vendida»6  en  el  instante de suscripción del  acuerdo.   

Igualmente  ha destacado la Corte, que no  obstante  la  consagración  de  la autonomía de la  voluntad  (Art.  1602  CC),  el  Legislador  también  previó  que  la norma de los contratantes vertida en  el  negocio  jurídico puede desaparecer «por  causas  legales»,  incluyendo en  ella el   

6  

CSJ  SC  Sentencia de 22 de marzo de 1992  GJ. Pagina. 447.   

7CSJ  SC  Sentencia  de 16 de julio de  1993, radicación n. 3269   

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mandato  de  que  trata  el  canon  1946  ejusdem,   por  cuanto  que,  cuando  los  extremos  de  la  convención  se  distancian  de  la  proporcionalidad  exigible en la  prestación   de   tal   suerte   que  se  desquicie  superlativamente   su   reciprocidad  y  correlativa  equivalencia,  se  configura  un perjuicio pecuniario  que no admite la validez del ordenamiento.   

Fue  después, en el año 1999, cuando se  señaló,  que a más de reparar la inequidad objetiva  de  la  relación  contractual  para  un  contratante  frente  al  correlativo  enriquecimiento del otro, se  añadió  otro  elemento  inspirador de la figura que  se  comenta  así:  «Otra  de las bases, derivación  clara  por cierto de la necesidad sentida de asegurar  por   todos   los   medios   posibles   la   estabilidad   en   el  tráfico  de  bienes y servicios, tiene  que  ver  con el principio de la conservación de los  contratos,  habida cuenta que es justamente en guarda  del  mismo que la existencia de lesión por encima de  los  límites legales, constatada mediante intervención judicial a instancia de  parte,  no  determina  maquinalmente  la ineficacia del negocio con las secuelas  restitutorias a que hubiere lugar de conformidad con  las  reglas  en general aplicables en eta materia de  conformidad    con    el    Art.   1746   del   C.  Civil.   En   último   análisis,   la  rescisión  con   el  alcance  retroactivo  que  este  precepto  señala,  tiende  desde luego a reparar el perjuicio  experimentado  por el demandante (…) pero no pierde  de  vista  el  Legislador  que  los  contratantes han  querido    realizar    el    negocio    que    por    lo   tanto,   primando   en   el   espíritu  de  las  normas  «favor  negotti»,  debe   

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subsistir si aquella anomalía desaparece,  resultado  este  al  que se permite llegar, entonces,  por  el  procedimiento  menos  radical y de relativa  complejidad  que consagra el tantas veces citado Art.  1948,  orientado  a  reajustar  el  alcance  de  las  respectivas     prestaciones     mediante     la     denominada     «reductio  ad  equitatem»  en  virtud  de  la cual se le ofrece al  contratante  demandado, si su interés es evitar las  consecuencias  de  la  rescisión (…)»8. (Subraya  fuera de texto).   

Como   se  dijo,  vienen  al  caso  las  acotaciones  conceptúales  realizadas  en punto a la  institución  y lo determinante del precio del bien a  la  fecha  de  la  negociación,  porque  a  ello se  contrajo     el     aspecto    medular    de    la  controversia.     

1. El primer  reproche   propuesto   a  la  sentencia  de  segunda  instancia   apuntalado   en   el   tipo   de  falta  descrita,  se  plantea  por  considerar  que  el  fallador  plural  desatinó  al  analizar  «el  dictamen  pericial,   sus  aclaraciones  y  complementaciones»  al  desechar  el  aparte  del mismo que redujo  en  un  80%  del valor total, el precio de las tierras que  no  tenían título, bajo el criterio, errado según  su   sentir,   de   que  existió  falta  total  de  explicación  sobre cómo llegó a esa conclusión el  técnico del IGAC.   

2. Dentro de  ese   marco,  se  dolió  inicialmente  por  haberse  desconocido el contenido de la aclaración rendida     

8CSJ   SC  Sentencia de 8 de junio de 1999, radicación n. 5127.   

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por  el IGAC el 23 de marzo de 2004 vista  en  los folios 252 a 254 del informativo, con la que,  aseguró,  se  asentaban  debidamente los fundamentos  por  los  cuales  no  se  avaluaba  la totalidad del  predio  sino únicamente el área que tenía títulos,  es   decir   que   para   el   casacionista,   ahí   sí   quedó  esclarecido    el    motivo    de   la   diferenciación   en   el  precio.   

Concluyó  que  no  era  suficiente  para  establecer  el  monto  del  área  del  inmueble  la  existencia  o  no  de  títulos,  dado que se hacía  menester  considerar  otras  características  reseñadas  en  el dictamen y que  obligaban  atribuir  el  mismo  valor señalado, a la  totalidad del predio.   

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7.2 La experticia desechada visible en los  folios  88  a 108 del cuaderno 2, previa designación  de   dos   expertos,   consideró  el  total  de  la  superficie  enajenada en la suma de doscientos noventa  y  siete mil ochocientos sesenta y dos ochocientos un  pesos   con   sesenta   centavos  ($297.862.801.60);  objetado   como  estuvo  por  la  parte  actora,  se  requirió    al    IGAC,    ente   estatal   que   presentó   su   concepto en virtud de la refutación planteada.   

El  informe  del funcionario del INSTITUTO  GEOGRÁFICO AGUSTÍN CODAZZI visto en los folios 163  a  183,  de acuerdo con la tabla de contenido anexa,  contenía:  «1. INFORMACIÓN BÁSICA, 2. INFORMACIÓN  DEL   SECTOR,   3.  GENERALIDADES  DEL  PREDIO,  4.  CARACTERÍSTICAS   DEL  PREDIO,  5.  INVESTIGACIÓN  ECONÓMICA,  6.  CÁLCULOS  y  7. DETERMINACIÓN DEL  AVALÚO»,  luego explicó  cada   ítem,  y  estando  en  el  último  de  ellos,  manifestó  que   se   analizaron  dieciocho  dictámenes  elaborados  por  la  entidad  con  miras  a  determinar el porcentaje del  mismo  «para  el  año  1996  con respecto al 2003 o  valor   actual»,   concluyendo,   finalmente,   que  el   posible   precio  comercial  del predio para el año 1996 es de SESENTA  Y  SEIS  MILLONES  OCHOCIENTOS  SETENTA  Y  SIETE MIL  QUINIENTOS     CUARENTA     Y     CIENCO    PESOS  (66.877.545,00).   

Ese  primer  documento  fue  aclarado por  petición  de parte mediante oficio de 23 de marzo de  2004  (folios  252­258),  estableciéndose      en      el      punto     cuarto     que:     «Avalué   

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únicamente el área que posee título, el  resto  carece  de  título,  es más, no tiene ni la  posesión,   ésta   la  tienen  los  colonos  y  en  cualquier   momento   ellos   (colonos)   pueden   solicitar   al   INCODER  (antiguo  INCORA)  el  título  de  esas  tierras. Por lo  anterior  el IGAC no avalúa posesión, sin embargo,  si  es  solicitada por el señor Juez se revisará la  petición».  En  la  misma  respuesta,    no    obstante    lo    anterior,    corrigió   la   cuantía  teniendo  cuenta  los  cambios  de  uso  del suelo de la  heredad,  advirtiéndose  que para el año de 1996 el  valor  comercial  del  predio  «paloquemao»  era  de  setenta  millones  doscientos noventa mil con setenta  y cinco pesos ($70.290.075).   

Mediante oficio 6. 13/ 0405 de 16 de abril  de    2004   (folios   40,   41   del   cuaderno   de   tribunal)   —incorporado    al    paginario  a  instancia  del  superior  según  se  decretó en el  auto de 8 de junio de 2010 por no aparecer anexado en  el   informativo—  el  técnico del IGAC expresó:   

«Una  vez  revisada la documentación que  reposa  en el expediente que contiene la demanda y el  auto  de  solicitud del juez en virtud de extender el  dictamen  a  los puntos señalados por los apoderados  del  demandante  y  del demandado, (…) se procede a  realizar       el       avalúo       del       área       no      titulada:   

Como  el  predio  PALOQUEMAO figura en el  certificado  de tradición y libertad de igual manera  en la Resolución No   

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00060  del  INCORA,  con  un cabida de 95  hectáreas  7.500  metros  cuadrados, significa ello  que  el  área  que  carece  de la debida titulación  tiene  una  superficie  de  67  hectáreas  9.108, 80  metros    cuadrados,    habida    cuenta   que   en   la   citada   escritura  el  predio  tiene  un  área de 163 hectáreas 6.608,80  metros  cuadrados, por lo  tanto  el  IGAC  accederá  a  dicha  petición y en  consecuencia  procederá  a  avaluar  la parte que no  posee título, lo que se hace de la siguiente manera:   

ÁREA TITULADA: 95 Hectáreas 7.500 metros  cuadrados:   

AÑO             

HECTAREA  S             

SECTO  R             

VALOR             

SUBTOTAL             

TOTAL  

200             

95.7500             

$1’100.00             

             

$105’325.000,0  

3             

             

             

0             

             

0  

199             

95.750M2             

Urbano             

$150             

$14’362.500,0  

6             

             

             

             

0  

86.1750             

Rural             

$649.000             

$55’927.575,0             

$70’290.075,00  

O  

ÁREA  QUE NO  POSEE  TÍTULO: 67 Hectáreas 9.108 metros cuadrados.  Se  considera  que  el  valor  del área que no posee  título es un 20% del valor comercial investigado.   

AÑO             

HECTAREA  S             

SECTO  R             

VALOR             

SUBTOTAL             

TOTAL  

200             

67,9108             

Rural             

$220.00             

             

$14’940.376,0  

3             

             

             

0             

0  

199             

67.910M2             

Urbano             

$30             

$2’037.300,0  

6             

             

             

             

0  

61,1198             

Rural             

$129.80             

7’9333.350,0             

$9’970.650,04  

0             

4  

Por lo anterior se determinó que el valor  comercial  del  predio PALOQUEMAO a que se refiere la  escritura pública No   

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2575  (no  registrada)  en  la oficina de  registro  de instrumentos públicos de Santa Marta) para noviembre del año 1996  es   de  OCHENTA  MILLONES  DOSCIENTOS  SESENTA  MIL  SETECIENTOS    VEINTICINCO    PESOS   CON   CUATRO  CENTAVOS         ($80.260.725,04)».      (Subraya      fuera     de  texto).   

Observada  esta aclaración entregada por  el  funcionario  del  IGAC,  de fecha 23 de marzo de  2004,   es   evidente  que  atinó  el  ad  quem  en su apreciación, toda vez  que  no aparece en el total de su contenido literal,  (ver  los  resaltos  de  la  Corte)  explicación  o  motivación  alguna  que  justifique  de  una manera  argumentativa  racional,  la  fuente  o  premisa que  llevó  al perito de la institución a la conclusión  de  disminuir  la suma correspondiente a la parte del  terreno que no posee títulos de propiedad.   

Se  ciñó  el  informe  a  realizar  una  manifestación  unilateral  alejada del cumplimiento  de  las  normas  legales  procesales  que regulan la  ordenación,  práctica,  aprehensión  y valoración  de  este  medio de prueba, como eran, entre otras, la  necesidad  de  explicar de una manera precisa, clara y  detallada   los   fundamentos  técnicos  o  científicos  de  las  conclusiones  a  voces  de  los  numerales 5° y 6° del artículo  237  del  CPC;  ello, además, si se tiene en cuenta  que  su participación en el asunto se requirió para  que  colaborara  con  el  funcionario judicial en la  búsqueda  de  la  verdad  material en virtud de sus  especiales conocimientos en el   

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específico asunto para el cual fue llamado  dentro de este proceso.   

8.  En  segundo  lugar,  manifiesta  el  casacionista  que  el  soporte  de esa conclusión se  encuentra  en  la  primera  aclaración realizada en  donde  se expresaron las razones por las cuales no se  avaluaba  la  parte  del  inmueble  no titulada, y se  queja  entonces  que  el  juez  plural  ignoró  que  allí se dijo que  la  presencia de colonos fue considerada por los expertos,   y   constituyó   el   móvil   fundamental  para  que  distaran  el valor del justo precio entre una zona y  la otra.   

Advirtió,  seguidamente, que el Tribunal  «no  vio que la presencia  de    colonos,    que    ocupan    el    área    no    titulada,   respecto  de  la  cual los peritos establecieron una diferencia de  valor  del  precio»,  fue  factor  explicativo y causa de la diferenciación que  se  hizo  para  afectar  el  precio  del inmueble. Es  decir  que  para  el censor, cuando la entidad expuso  que   solo   haría   el   examen   y   la  investigación  pedida  sobre  la  parte  del  bien que poseía títulos, allí consignó,  igualmente,  las  razones  para  deducir en un 80% el  costo de las tierras que carecían de ellos.   

8.1  La  providencia  censurada,  cuando  entró  a  examinar  el  informe  remitido  por  los  expertos del   

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En  efecto,  en  uno  de sus apartados la  decisión atacada señaló:   

«Ahora bien, se  aprecia    que    el   informe   rendido   por   el   profesional   del  IGAC contiene información básica  del  predio  y del sector donde se encuentra ubicado,  las  generalidades de éste, corno son los linderos y  el      área;      de     igual     manera,    tuvo   en   cuenta   para  determinar  su  valor las  características   de   ubicación,  tamaño,  suelo  y uso del mismo, vías de  acceso,   topografía,   presencia  de  colonos  en el predio y título del demandante (…)». (Subraya fuera de texto).   

Lo  anterior,  acorde  con el estudio que  hizo   el  «Investigador  de  Mercado  Inmobiliario»  del      IGAG      (folios      163­174),  quien  resaltó  los factores  analizados, así:     

* Cercanía  al  Distrito de Santa Marta   

* Ubicación  y  tamaño   

* Vías   de  acceso   

* Topografía   

* Presencia  de  colonos   

* Carencia  de  servicios públicos   

* Potencialidad de  los suelos   

* Determinación  de  usos del suelo por la Oficina de Planeación».  (Subraya   fuera   de  texto).     

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8.2 Precisamente, a partir de ese estudio  fue   que   el  Tribunal  concluyó  acorde  con  la  reflexión  consignada  en el fallo que se impugna, y  atendiendo  que  debió  realizarse el dictamen sobre  toda  el  área  de la heredad materia del pacto, que  el  inmueble  debía  costar para el mes de noviembre  de  1996  — fecha en que  se  celebró  casi que simultáneamente la promesa de  contrato     y     la     compraventa—    ciento    catorce    millones  trescientos  sesenta  y  cuatro mil ciento ochenta y  cuatro  pesos  con cuatro centavos ($114.364.184,04),  esto   es,  en  definitiva,  más  de  la  mitad  de  doscientos      veintiséis     millones     ($226.000.000.00),     que constituyó el valor real de la negociación.   

Tal monto, que resultó suficiente para el  sentenciador  ad  quem  y  que   lo   llevó   a   colegir  que  no  se  produjo  la  lesión  enorme   con   base  en  una  valoración  parcial  del  dictamen,  obedeció   a  un  razonamiento  que  consulta  los  dictados de la lógica.   

En efecto, lo que hizo la Corporación de  segundo  grado  para arribar al que explicó, debía  ser  el  justo  precio  para  la  época  en  que se  transfirió  el  inmueble  disputado,  ciento catorce  millones    trescientos    sesenta    y    cuatro    mil   ciento   ochenta   y   cuatro   pesos   con  cuatro  centavos  ($114.364.184,04),  fue  tomar  el  valor  de  las  hectáreas con  título,  independientemente  de  pertenecer  a  un  «sector»  rural  o  urbano,  más  el  monto  de  la  hectárea y multiplicarla por el   

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número   de   aquellas   que   no   se  contabilizaron   originalmente   por   carecer   de  documento  jurídico  puesto  que,  reiteró, no hubo  una   específica  justificación  que  le  permitiera  al  perito  depreciar    comercialmente   el   área   sin   título   en   un  80%.   

La existencia de aparceros en el inmueble,  no  constituyó  razón suficiente para disminuir el  precio  del  predio, como lo hizo el perito en un 80%,  al  establecer  diferencias entre zonas con título y  sin títulos.   

Por  otra parte, no hay certeza de que los  colonos  estuvieren  únicamente  dentro  de  las 67  hectáreas,  9.108 metros cuadrados que no tenían un  «documento       jurídico»;       ellos   se   hallaban   localizados  indistintamente  en  toda  la  heredad,  pues  no  otra  cosa  se  infiere  de  lo  establecido  en  la  promesa  de  compraventa  y los  dictámenes  periciales, los cuales tampoco precisaron  algo en otro sentido.   

Incluso,  el  llamado  por  las  partes  «documento                compromisorio»,  se limitó a señalar  que   en   el  predio  existían  colonos  y  que  el  promitente  comprador  se obligaba a pagarles la suma  de  diez  millones  de pesos ($10.000.000.00) para que  lo  abandonaran, —mandato  incumplido    por    el    demandante—   y   en  la  escritura  pública  rubricada   al  día  siguiente  quedó  consignado  (cláusula  cuarta),  que  el  vendedor «se  obliga  al  saneamiento»,  en los  casos fijados por la legislación.   

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Habida  cuenta  de  lo  expuesto,  no  se  estructura  la  pretermisión  en  la  presencia  de  colonos   invocada,   menos  aun  cuando  el  establecimiento  en  el  fundo  de  poseedores,  no resultaba bastante para esclarecer el  porqué  no  se  avaluaba  la  parte del inmueble no  titulada,  y  tampoco  para  depreciar las zonas sin  formalizar,  dejándolas  con  tan  solo un 20% de su  valor comercial.   

9.   En  tercer  orden,  manifestó  el  impugnante   que   la   sentencia   pasó  por  alto  «las   aclaraciones,   precisiones,   fundamentaciones»    —que     no     delimitó     en    qué    consistían—,            efectuadas   por   el   perito  el  15  de  octubre  de  2004,  en  «atención   al  oficio  1175  remitido  por  el  a  quo».   

9.1 El Tribunal no aludió explícitamente  a  esa otra aclaración que, se itera, no identificó  el   recurrente,   sino  que  refirió  in  genere, al dictamen y sus distintas  precisiones    ulteriores,   concluyendo   que   el  diagnóstico  hecho  sobre  la  tierra se valoraría  parcialmente   «porque  no  mudó  la  naturaleza  del  predio  ni  sus propiedades, empero, sí erró al  estimar  su  valor, en vista de que no consultó que  debía  ser  el mismo sin condicionarlo a la falta de  título».   

9.2 En la última de las explicaciones al  tan  controvertido peritaje de 15 de octubre de 2004,  vista  en  las  páginas  280 a 284 del expediente, reiteró que el INSTITUTO  GEOGRÁFICO  AGUSTIN  CODAZZI  no  avalúa posesiones,  por tratarse «de inmuebles  que carecen de un   

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documento   jurídico»,   aunque   el   técnico   adscrito   a   la   entidad  reconoció      que     «solicité,  a  la oficina central de  avalúos»   en  Bogotá,  «la   normatividad   existente   con   respecto  al  tema».   

Asimismo el punto tercero del oficio 1175  emitido   por   el   IGAC  en  la  data  mencionada  resaltó:   

«Numeral  primero:  Una  vez revisada y a  petición  de  las partes interesadas en el avalúo y  consultada   la   Oficina  de  la  Sede  Central  se  procedió a realizarlo   

Numeral tercero: Como lo manifesté, en el  punto  1.10  TÍTULO DE ADQUISICIÓN. «LO ANTERIOR NO  CONSTITUYE  UN  ESTUDIO  JURÍDICO  O DE TÍTULO DEL  INMUEBLE  OBJETO  DEL  AVALÚO»  y  en el informe de  fecha  23  de  marzo de 2004, en el punto tercero, le  repito  para que le quede claro: «MI TRABAJO CONSISTE  EN  DETERMINAR  EL VALOR COMERCAL DE UN BIEN INMUEBLE  A  LA FECHA DE LA SOLICITUD» y no elaborar un estudio  jurídico o de título del inmueble .   

(…)  

Numeral  octavo:  La  fórmula  es  muy  sencilla;   el   valor   comercial   por  hectárea  para  un inmueble, que no  tenga  problemas  jurídicos y de posesión su precio  es  el 100%, este 100% divide entre las partes, quien  tiene   la   posesión,  que  son  los  colonos;  quien  tiene  el  título  del  Estado; y quien no tiene la posesión ni el título,  en   este  caso  el  señor  PEÑALOZA».  (Mayúscula  original del texto).   

Revisada  detenidamente la aclaración en  lo  pertinente  trasuntada, se observa que la misma no  responde  a  la  inconformidad del Tribunal, pues se  limita  a  reiterar  lo  que  ya había expuesto con  anterioridad en el sentido de que el   

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valor  comercial  de  la hectárea varía  dependiendo si tiene o no título.   

En  definitiva, olvidó el inconforme que  el  ad quem consideró la  operación  de  venta  de bien inmueble como un todo,  sin   distingo   del   área  titulada,  por  cuanto  el  contrato  aludía  al  bien completo, independientemente de sus registros de adquisición.   

No se configura por tanto la preterición  aducida.   

10.  Finalmente  expuso,  que la sentencia  desestimó      una     fórmula     «jurídica     y    económicamente    razonable»,    todo   ello  en  virtud  de  no  haber  acatado,  como  debía hacerlo, la metodología legal  de  avalúos  impuesta  por  el INSTITUTO GEOGRÁFICO  AGUSTÍN CODAZZI.   

10.1  La  Corporación  de  segundo grado  analizó   con   una   inteligencia   provista   de  razonabilidad  y justificación el dictamen pericial,  lo     mismo     que     sus     variadas     aclaraciones     y    complementaciones,   llevándolo  a  concluir  que  el  valor  del  predio  superaba  la mitad de doscientos veintiséis  millones   ($226.000.000.00),  que  constituyó  el  precio  real  de  toda la negociación, de suerte que  no se configuraba la lesión enorme.   

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aclaraciones de 23 de marzo, 16 de abril y  25  de  octubre de 2004, las cuales, pese al esfuerzo  argumentativo  del  perito,  no satisfizo al Tribunal  en   relación   al   porqué  de  la  significativa  disminución en el precio de la tierra.   

10.2 En ese orden de ideas parece olvidar  el  censor  que,  sin  perjuicio  de las limitaciones  previstas  en  el  ordenamiento, el juez goza de una  prudente   autonomía   para   apreciar  los  medios  probatorios  y  formar  su  convencimiento en torno a  los  hechos  debatidos  en  el  proceso;  soberanía  que, por regla general, es  intocable  en  casación,  salvo  que se demuestre la  existencia      de      un      desatino     protuberante     y     trascendente.   

Lejos      de      desconocerse  los  requisitos  que  exige  la  jurisprudencia para  que  se  configure  el  dislate en la valoración del  dictamen  pericial,  el Tribunal lo estudió en toda  su  dimensión,  al  igual  que  sus  aclaraciones y  complementaciones,   que  a  la  postre  las  halló  insuficientes.   

Síguese, entonces, que el embate imputado  al   pronunciamiento   del   juez   de  apelaciones  consistente   en   que   ignoró   la  «motivación    para   determinar   la   diferencia   de   precio»  respecto  de las áreas de terreno con y sin titulo,  no  aflora  como  constitutivo  del  yerro  fáctico  invocado,   destacándose,  como  lo  ha  fijado  la  jurisprudencia, que «el sentenciador de   

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instancia   goza   de  autonomía  para  calificar   y  apreciar  la  firmeza,  precisión  y  calidad  de  los  fundamentos  del dictamen pericial,  [motivo   por   el   cual]   mientras   la   conclusión  que  él  saque   no   sea  contraevidente,  sus  juicios  al  respecto  son  inmodificables»  (CSJ SC,  8  agost.  2001, Rad. 6182, reiterada CSJ SC, 29 abr.  2005, Rad. 12720-02).   

Trayendo  lo  dicho  a la perspectiva del  ataque,  es  claro  que  el  error  de  hecho, en la  apreciación  del concepto de peritos, conforme lo ha  dicho  la  Corte,  puede  surgir  cuando  el juzgador  desacierta    al    sopesar    algún    aspecto   que   la   ley   ordena.   Tal   circunstancia  puede  producirse,  verbigracia  si  el   juez   lo   estima  infundado  cuando  aparece  diamantino  lo contrario, o lo reputa concordante con  otras  pruebas  siendo que en ninguna halla respaldo,  o  lo  estima  claro y preciso cuando su contenido es  inasible  para  el intérprete, eventos estos que sin  duda     significan,    junto    con    otros    posibles,    la    estructuración   del   yerro   en   torno  a  la  objetividad  de  medios.   

Ello  no  significa,  que la actividad de  juzgamiento   quede   sometida   a   la  obligación  de  aplicarlo,  porque  el  auxilio  que presta el concurso de los peritos no ata  inexorablemente  a la función jurisdiccional. Es la  propia   ley  la  que  a  esa  función  le  señala  confines, imponiendo el   

9CSJ   SC  Sentencia de Ago. 6 de 2002, radicación n. 6148.   

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razonamiento del estudio respectivo, así  como      el      deber      de     considerar   la   firmeza,  la  precisión  y  la  calidad  de  los  fundamentos  del  dictamen  y  los  demás elementos  probatorios que obren en el proceso (C. de P. Civil,  artículos 187 y 241).   

Por  último,  y  aun  aceptando  que  el  Tribunal  soslayó que «la  metodología    de    avalúo    ordena    que    se   haga   una   discriminación   del   valor   unitario  y  valor  total  de  las  hectáreas     del     predio»,     del    dictamen    tampoco    se    colige,    como   parece  plantearlo  el  ataque, un criterio preciso y concluyente  del  que se infiera, que las circunstancias esgrimidas  en    la    acusación    dieran    respuesta   al   porqué   se   rebajó  el  precio  de  unas  áreas  de tierra en un proporción  del 80%.   

Merced  a  lo dicho, por no rebasarse los  límites  de  la relativa soberanía para analizar la  prueba   pericial,   no   se  configura  el  dislate  imputado.   

11.  En  adición  a  lo  anteriormente  expuesto,   se   impone   recordar   que  claramente  quedó  registrado  en  la  negociación,  que  aquella  giraba  en  torno  a la  totalidad  del  inmueble, esto es a las 163 hectáreas  y  9.609 metros cuadrados, sin distinción de ninguna  naturaleza         a         propósito         de        su        titulación.   

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La  venta  se hizo por metro cuadrado, lo  que   indica   la   posibilidad  de  que  el  predio  transferido  era  urbanizable, además que, en primer  lugar,     el     comprador     es    ingeniero  civil,  por  tanto conocedor  del   asunto   inmobiliario,   según  se  desprende  de la diligencia de ampliación de denuncia vista en  la  página  211  del plenario en la que afirmó    tener   ese   oficio,   y   dedicarse   “a   la   contratación   estatal   de  obras  particulares  en  mi  profesión”.   

Es de destacar igualmente, que las partes  pactaron   como  precio  de  la  venta  la  suma  de  doscientos    veintiséis    millones   de   pesos  ($226.000.000.00),  ordenando descontar del mismo los  emolumentos  relacionados  con  gastos  de escritura,  registro,   honorarios   entre   otros,   (ver   cláusula   2′).   Al  efecto,  se  determinó  en  el inciso 4° de la estipulación  que:   «La   suma   de  VEINTISIETE  MILLONES  TRECIENTOS  CURENTA MIL PESOS  M/L   ($27.340.000.00),  de  los  cuales  el  Doctor  PEÑALOZA   ya   tiene  recibido    QUINCE    MILLONES    DE    PESOS   M/L  ($15.000.000.00)   y   el   saldo   DOCE   MILLONES  TRESCIENTOS   CUARENTA  MIL  PESOS  MIL  PESOS  M/L  ($12.340.000.00)  que  serán  (sic)  destinado  una  parte  al  pago de honorarios profesionales, gastos y  asesorías,  impuesto  predial, derechos notariales,  retención  en  la fuente y registro de la respectiva  escritura». (Subraya fuera de texto).   

De  otro lado, el pliego que se denominó  «ACTO   COMPROMISORIO»  visible   en   los   folios  2-4  del  cuaderno  1,  estableció   en   su   cláusula   primera   que:  «El   

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COMPROMETENTE  VENDEDOR,  transfiere  a  título  de  venta  real  y  efectiva  en  favor del  COMPROMETENTE  COMPRADOR, mediante escritura pública  debidamente  registrada  un  predio urbano denominado  PALOQUEMAO  de  aproximadamente  UN  MILLON  SEISCIENTOS  TREINTA  Y  NUEVE  MIL  SEISCIENTOS  NUEVE  METROS  CUADRADOS (1.639.609 M2), junto con sus anexidades,   usos   y   costumbres,  ubicado  en  el  sector  del  YUCAL,  jurisdicción  del  Distrito  Turístico  de  Santa    Marta    Departamento    del    Magdalena    República   de   Colombia  (sic)».   

Es  más,  del  mismo  documento  se pudo  verificar  no  sólo  el  conocimiento que tenía el  promotor  de las condiciones jurídicas y fisicas del  inmueble,  sino que él en su calidad de «comprometente  comprador»  se obligó,  acorde  aparece  en  la  cláusula segunda, a pagar  diez    millones    de    pesos   ($10.000.000.00)  «para   colonos  que  se  encuentran  dentro del predio».   

12.-  El  otro  segmento  de  la  única  acusación  propuesta  lo  hizo  consistir  en que,  dijo,  se  equivocó  el  Tribunal  al  valorar  la  demanda,          pues         pretermitió  el hecho sexto que hizo  notar,     “la  inexactitud   en  la  venta»  dado  que       en      el      documento  contentivo    de   la   operación   “se          transfieren   (…)   163   has   (6.6608.80)  metros  cuadrados»  de  las cuales solamente  95  hectáreas y (7500) mts2 están amparadas con la adjudicación del INCORA, y  el  resto,  esto es, 67 has. 000819.80 mts2 carecen  de    título,    concluyendo   que   «desconocer    el    hecho    de    la    demanda»   constituye  yerro  de  facto  y  transcribió un precedente de la  Sala.   

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12.1  No debe olvidarse que ese particular  desatino,  para  que haga decaer la sentencia, debe  ser  de  tal  magnitud que incida significativamente  en  la  forma  como  se  resolvió  el  debate, por  irrogar     un     resultado    contrario    a    la    realidad    procesal,   dejando   por   fuera   los   planteamientos   de  la  cuestión,  pues de no ser así se mantiene incólume  la  presunción  de legalidad y tino con que arriba  la decisión a la Corte.   

(…)  la  apreciación  errónea de una  demanda   constituye   motivo  determinante  de  la  casación      de     un     fallo     proferido     por     la     jurisdicción  civil,  habida consideración que adoleciendo este  último  de  un  defecto  de  tal naturaleza, la decisión adoptada dirimirá  el conflicto con apoyo en reglas de derecho sustancial  que  le  son  extrañas y, por consecuencia, habrá  dejado  de  aplicar  las  que  son pertinentes para  regularlo.  Pero  es  en verdad importante no perder  de    vista    que    al    tenor    de    aquella   disposición   procesal,  para  que  así  sucedan  las  cosas  y  sea viable la  infirmación  por  la causa aludida, deben reunirse  varias  condiciones  que  no  siempre se dan con la  facilidad  que  por lo común suponen los litigantes  que  al recurso en referencia acuden, residiendo una  de  ellas,  como se sabe, en la necesaria ocurrencia  de    un    genuino    error    de    hecho    que   además   de   manifiesto  e  influyente  en  lo  dispositivo  de la resolución  judicial  por  esta vía impugnada, ha de consistir  en  la  desfiguración mental o material del escrito  de  demanda  por  falta  de  cuidadosa observación,  capaz    de    producir    por    lo    tanto   una   desviación   ideológica  del  juez  en relación con los elementos llamados a  identificar el contenido medular de dicho escrito y  respecto de los   

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cuales   ese   funcionario   no  tiene  atribución    para    suplir    a   las  partes (…) En otras palabras y  en  orden  a que tengan  relevancia  para  los fines señalados, la falencia  de  juzgamiento  de  la  que  viene haciendo mérito  debe   tener   origen   en  un  yerro  objetivo    que    surgiendo    de  una   desfiguración  evidente  y  por  eso  mismo  perceptible de manera  intuitiva,  vaya  contra  toda  razón en   cuanto  que,  tergiversando  el  texto  de  la  demanda  ‘…le  hace decir lo que no  expresa   o  le  cercena  su  real  contenido`  (G.J.  t.  CXXXIX,  pág.  136) en lo que atañe a la causa pretendí hecha valer por  el  actor,  el  petitum  por  él  formulado  o  la  naturaleza  jurídica  de  la  pretensión concreta  entablada.  (CSJ SC 19 Oct. 1994, Rad. 3972.  Reiterado  en  CSJ  SC  18  Dic.  2013.  Rad. 12000-01098-  01).   

Una de las variantes de la causal primera  de  casación,  contemplada en el artículo 368 del  Código   de   Procedimiento  Civil,  gravita  en  la  afectación     de     la     ley     sustancial     en    forma    indirecta,  por  la  ocurrencia  de  errores de hecho al apreciar  indebidamente la demanda.   

12.2  Contrastado  el  ataque  con  la  providencia   de  segunda  instancia  y  el  libelo  incoativo,      prima     facie     se  observa, que la parte del embate  que  se  analiza  soslayó  la  precisión  a  que se  refiere  el  artículo  374 procesal civil, pues al rompe se devela lo escueto y  ayuno  de  fundamentación,  carga  mínima  que,  junto a la labor de contraste  respecto  de  lo  consignado en la sentencia debió  atender el recurrente en su discurso argumentativo.   

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12.3 A pesar de lo anterior, frente a la  reclamación  del  inconforme  sobre la valoración  del  hecho sexto del escrito genitor baste reiterar,  pues  ya  se  había  expresado, que precisamente lo  que  se  tuvo  en cuenta por el Tribunal, fue que la  enajenación   se   hizo   en   bloque   por  las  163  hectáreas  y   9.609  metros  cuadrados;  el  bien  inmueble  objeto  de  la  compraventa  fue un solo predio, que todo costó un  integral   de  doscientos  veintiséis  millones  de  pesos($226.000.000)  sin  consideración  a  que  una  parte     de     la    heredad    no    estuviera  titulada.   

La   sola  circunstancia  de  que  esa  diferenciación  se  hubiera  insertado en el hecho  sexto  del libelo, mal puede conducir a concluir que  se  incurrió  en  el  mencionado yerro por indebida  valoración  de  la demanda, por suerte que la forma  en   que  se  interpretó  el  escrito  introductorio,  se  aviene  a  las  directrices  legales  y no implicó, una sustitución del  genuino querer del convocante.   

Obsérvese  que en la escritura pública  (folio  7)  con  la  que se formalizó el contrato de  compraventa,  luego de identificarse el bien por sus  medidas  y  linderos,  quedó  señalado que aquél  tenía   «una   cabida   superficiaria  de  ciento  sesenta  y  tres  hectáreas seiscientos ocho punto  ochenta  metros  cuadrados  (163 has.6.608.80 mts2)  (sic)’.  De  donde,  la  transferencia    se    realizó    en   bloque,   itérase,   sin   consideración  a  que  una  parte  del lote vendido tuviera o no  título de adquisición.   

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El  Tribunal,  entonces,  no desconoció  el    hecho   sexto  de   la   demanda,  máxime  cuando,  la  enajenación completa de toda el área mencionada fue la que se  tuvo  en  cuenta  como  pilar  de la negociación al  margen  de  que  un  sector  del  predio  careciera de  títulos,  sin que ello implicara, como se dijo, un coste distinto en una y otra  zona teniendo en cuenta la forma como se selló el pacto.   

Corolario de lo esbozado, el cargo materia  de la litis, no prospera.   

DECISIÓN  

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Civil,  administrando  justicia  en  nombre de la República y  por autoridad de la ley   

RESUELVE  

Primero.-   NO   CASA   la     sentencia     proferida     el    16    de    enero   de   2013   por   la   Sala  Civil-Familia  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Santa Marta,  dentro  del  proceso  ordinario  que  JOSÉ ALBERTO  LACOUTURE  CRUZ  promovió frente a CASTULO PEÑALOZA  MARTÍNEZ.   

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Segundo.-    CONDENAR   en  costas  del recurso de casación al  recurrente.  Por  concepto  de  agencias  en  derecho inclúyase la suma de seis  millones  de pesos ($6.000.000.00) M/cte., por haber  sido objeto de réplica.   

NOTIFÍQUESE  

JESÚS VALL  DE RUTÉN RUIZ   

MARGARITA  CABELLO BLANCO   

ALVARO  FERNANDO GARCÍA RESTREPO   

FERNANDO  GIRALDO GUTIÉRREZ   

ARIEL  SALAZAR RAMÍREZ   

LUÍS  ARMANDO TOLOSA VILLABONA   

    

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