SC2135-2014 [2008-01175-00]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

Magistrado Ponente:  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

SC2135-2014  

Bogotá,  D.C.,  veintiuno (21) de febrero de  dos mil catorce (2014)   

Discutida y aprobada en Sala de cuatro (4) de  diciembre de dos mil trece (2013)   

Ref.:  11001-0203-000-2008-01175-00   

Se   decide   la  solicitud  de  exequátur  presentada     por     FRANCI    LILIANA    HERMOSA  CUENCA, respecto de la sentencia de 17 de diciembre de  2007,  la cual fue corregida el 10 de enero de 2008, proferida por el Juzgado de  Niñez  y  Adolescencia  del  Primer Circuito Judicial de San José, Costa Rica,  mediante  la cual aprobó la adopción del menor TOMÁS  ADRIÁN  HERMOSA  CUENCA  por  parte  de  LESTER EARL NUNEZ.   

ANTECEDENTES  

1.            Por intermedio de apoderado judicial, la  demandante  de  nacionalidad  colombiana,  solicita conceder el exequátur de la  decisión  antes  referida, por la cual se aprobó la adopción individual de su  menor  hijo  Tomás  Adrián  por  parte  de su cónyuge Lester Earl Nunez, y en  consecuencia,  se  ordenó  la  respectiva  anotación  en  el registro civil de  nacimiento, con la modificación de los apellidos del pequeño.   

2.            La petición de homologación se respalda  en los supuestos fácticos que a continuación se compendian:   

a).           Tomás  Adrián  nació  en la ciudad de  Neiva   el   8   de   junio   de   2000   y   fue   registrado   solo   por   su  progenitora.   

b).           Franci  Liliana  Hermosa Cuenca contrajo  matrimonio  civil  con  el ciudadano canadiense Lester Earl Nunez, el 7 de julio  de  2004  y  tienen  su  domicilio  común  en  Playa Hermosa, Guanacaste, Costa  Rica.   

c).            Desde  que  Lester  Earl  se  unió  en  matrimonio  con  la demandante -madre de Tomás Adrián- asumió el rol de padre  de  este  último,  generándose  entre ellos un fuerte vínculo afectivo que lo  llevó a solicitar la adopción del niño.   

d).           En  el  trámite de la adopción, Franci  Liliana  Hermosa  Cuenca  manifestó  su asentimiento para ello; el promotor del  proceso  no  contencioso  aceptó  expresamente  los  deberes  inherentes  a  la  filiación  adoptiva;  y  el  representante  legal  del Patronato Nacional de la  Infancia  no  se  opuso  al  acogimiento  del menor, por lo tanto, el Juzgado de  Niñez  y  Adolescencia  aprobó  la petición de adopción individual del mismo  por  parte  del  señor  Nunez, disponiendo que el infante llevara los apellidos  Nunez   Hermosa   y   ordenando   su   inscripción  en  el  registro  civil  de  nacimiento.   

TRÁMITE DEL EXEQUÁTUR  

1.            La  petición  fue  admitida,  y  fueron  vinculados  los Delegados del Ministerio Público para Asuntos Civiles y para la  Defensa  de los Derechos de la Infancia, la Adolescencia y la Familia, así como  a Lester Earl Nunez, quien notificado, guardó silencio.   

2.             El  Procurador  Delegado  para  Asuntos  Civiles  al  contestar la demanda manifestó no oponerse a las pretensiones, por  reunir  aquella  los  requisitos  del artículo 694 del Código de Procedimiento  Civil,  coadyuvando  la  petición  contenida  en  el título de “oficios”    del   libelo   introductor  formulada  en  el sentido de oficiar al Ministerio de Relaciones Exteriores para  obtener  prueba  de  la reciprocidad diplomática o legislativa (fls. 47 al 53).   

          Por  su  parte,  la  Procuradora  Delegada  para  la  Defensa de los  Derechos  de  la  Infancia,  la  Adolescencia  y  la  Familia  manifestó que no  obstante  que  en  la  sentencia  se  afirma  que  la  progenitora consintió la  adopción  de  su  hijo por parte de su cónyuge, “no  existe    evidencia    probatoria    del   consentimiento   otorgado”  para el efecto en los términos del artículo 66 del Código de  la   Infancia   y   la  Adolescencia  -haciendo  especial  énfasis  en  que  el  beneplácito  debe  manifestarse  ante  el  defensor  de  familia-,  por  lo que  concluyó  que  no  hay  cabal  cumplimiento  del  requisito, según el cual, la  decisión  foránea  no debe oponerse a las normas de orden público colombianas  (fl. 135).   

          Igualmente,  expresa  que  en  cumplimiento de los artículos 4 y 26  del  Convenio Relativo a la Protección del Niño y a la Cooperación en Materia  de  Adopción  Internacional,  suscrito  en  La  Haya  el 29 de mayo de 1993, es  menester  examinar  cuidadosamente  el trámite de adopción adelantado en Costa  Rica,  así  como  los  requisitos  que  sirvieron  de  basamento a la sentencia  materia de exequátur (fl. 136).   

3.             De  la  oposición  presentada  por  la  mencionada  Procuradora  en su contestación a la demanda, se corrió traslado a  la  interesada,  quien  por  intermedio  de su apoderada judicial se opuso a los  razonamientos  formulados  por  aquella,  aduciendo  para  el  efecto, que si se  llegare  a  aceptar  esa  postura  se  estaría  desconociendo:  i. la decisión  adoptada    por    la    justicia    Costarricense;   ii.   el   “hecho  notorio  [del] consentimiento [por ella] otorgado”  para  la adopción de su menor hijo por parte de su cónyuge; y  iii.  que no se ha presentado ruptura con la familia de origen, ya que en manera  alguna  se ha renunciado a la patria potestad que ejerce sobre el pequeño (fls.  140 y 141).   

4.            Como medios de prueba se tuvieron: i. los  documentos  aportados  con  la demanda; ii. el oficio OAJ.CAT No. 21426 remitido  por  la  Coordinadora  del  Área  de  Tratados  en  el  que  informó que no se  encontró  acuerdo bilateral vigente entre Colombia y Costa Rica, no obstante lo  cual  estos  Estados  hacen  parte  de  los  siguientes tratados multilaterales:  “Convención sobre el Reconocimiento y Ejecución de  Sentencias  Arbitrales Extranjeras”, firmada en Nueva  York  el  10  de  junio  de  1958  y  la “Convención  Interamericana  sobre  Conflictos  de  Leyes  en Materia de Adopción de Menores  adoptada  en  La  Paz  Bolivia el 24 de mayo de 1984”  (fl.  59  y  vto.);  y  iii. el oficio PGA-036-2011 enviado por la Procuraduría  General  de  la  República  de  Costa  Rica -con el cual da respuesta a la nota  verbal  remitida  vía  consular-,  en  el  que  informa que ante la ausencia de  tratado  bilateral  entre  los  Estados,  en  principio,  la  ejecución  de una  sentencia  dictada  por  un Tribunal de la República de Colombia se regirá por  lo  dispuesto  en  los  artículos  705  al 708 del Código Procesal Civil, cuyo  texto  se  encuentra  vigente,  así  como  que  la  regulación  en  materia de  adopción    de    menores    en    ese    país   comprende   diversas   normas  nacionales (Ley 5476 del 21  de  diciembre de 1973, vigente desde 1973 [Código de Familia], numerales 100 al  139  regula  lo  atinente a la adopción; Ley 7648 vigente desde 1996 [Orgánica  del  Patronato  Nacional  de  la  Infancia];  Reglamento  para  los  Procesos de  Adopción  Nacional  e  Internacional,  aprobado por el Patronato Nacional de la  Infancia,  publicado  en  la  Gaceta  No.  112 del 11 de junio de 2008 y vigente  desde  el  2008;  y  el  Reglamento  del Consejo Nacional de Adopciones y de los  Consejos  Regionales  de  Adopción  y de la Reubicación de Personas Menores de  Edad,  publicado  en  la Gaceta No. 68 del 9 de abril de 1997 y vigente desde el  mes  de  abril  de  1997)  e  internacionales              (Convención  sobre  los Derechos del Niño, firmada por Costa Rica  el  26  de  enero de 1990, Ley 7184 del 18 de julio de 1990, Gaceta No. 149 de 9  de  agosto de 1990; Convenio de Protección al Niño y Cooperación en Adopción  Internacional,  Ley  7517 del 22 de junio de 1995, Gaceta No. 135 de 17 de julio  de  1995;  Convención  Interamericana  sobre Tráfico Internacional de Menores,  Ley  8071  del  14  de  febrero  de  2001, Gaceta No. 96 del 21 de mayo de 2001;  Protocolo  Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño Relativo a  la  Venta  de  Niños,  la Prostitución Infantil y Utilización de Niños en la  Pornografía,  Ley  8172  del  7  de  diciembre  de 2001, Gaceta No. 29 de 11 de  febrero  de  2002; Convención Reconocimiento y Ejecución Sentencias Arbitrales  Extranjera,  Ley  6157  de  2  de  diciembre de 1977; Convención Interamericana  sobre   Régimen  Legal  de  Poderes  para  ser  utilizados  en  el  extranjero,  Convención  Interamericana  sobre  Exhortos  o  Cartas  Rogatorias, Convención  Interamericana  sobre  Recepción de Pruebas en el Extranjero, Ley 6165 del 2 de  diciembre  de  1977,  Gaceta  No. 241 del 21 de diciembre de 1977), y  que  la institución encargada de tal protección es el Patronato  Nacional de la Infancia (fls. 81 al 118).   

5.            Surtido  el  traslado  para  alegar, las  partes guardaron silencio (fls. 147 y 148).   

CONSIDERACIONES  

1.            En ejercicio de la soberanía, los jueces  patrios  son  los  únicos  investidos  con  el poder de administrar justicia en  territorio  colombiano,  en  virtud de los postulados normativos vigentes.   Empero,  este  principio  no  es  absoluto,  y  ha  sido  moderado  para atender  requerimientos  impuestos  por el incremento de relaciones sociales, económicas  y  familiares  que  se  presentan  en  el mundo contemporáneo y trascienden las  fronteras.   

Por  ello,  en  ciertos  casos se acepta que  providencias  dictadas  por  jueces  extranjeros  surtan  efectos  en territorio  nacional,   en   aplicación   de   un   tratado   internacional   (reciprocidad  diplomática),  y  a falta de éste, con fundamento en la fuerza que el país de  donde   provienen   les  conceda  eventualmente  a  las  decisiones  colombianas  (reciprocidad  legislativa).   Al efecto, el artículo 693 y siguientes del  Código  de  Procedimiento Civil, han consagrado la figura del exequátur por la  cual  “[l]as  sentencias   y   otras  providencias  que  revistan  tal  carácter,  pronunciadas  en un país extranjero en procesos contenciosos o de jurisdicción  voluntaria,  tendrán  en  Colombia  la  fuerza  que  les  concedan los tratados  existentes  con  ese  país,  y  en  su  defecto la que allí se reconozca a las  proferidas en Colombia”.   

Sobre el particular, la Corte ha considerado  que  la  reciprocidad  diplomática  “atiende  a las  estipulaciones  de  los  tratados que tenga celebrados Colombia con el Estado de  cuyos   tribunales   emane   la   sentencia  que  se  pretende  ejecutar  en  el  país”.  Y la reciprocidad legislativa opera en  ausencia   “de  derecho  convencional,  [acogiendo]  normas  de  la  respectiva  ley  extranjera  para  darle a la sentencia la misma  fuerza  concedida  por  esa  ley  a  las  proferidas  en Colombia…’ (G. J. t. LXXX, pág. 464, CLI, pág.  69,   CLVIII,   pág.   78   y   CLXXVI,   pág.  309  entre  otras)”1.   

2.            El  presente  asunto  tiene  por  objeto  autorizar  el  reconocimiento  de efectos legales en el territorio nacional a la  sentencia  proferida por el Juzgado de Niñez y Adolescencia del Primer Circuito  Judicial  de  San José, Costa Rica, el 17 de diciembre de 2007, corregida el 10  de  enero  de  2008,  mediante  la cual se aprobó la adopción del menor Tomás  Adrián  Hermosa Cuenca, natural de Colombia, por parte del ciudadano canadiense  Lester Earl Nunez.   

Al  efecto,  resulta  menester  verificar el  cumplimiento  de  los  requisitos  previstos  en  los  artículos  693 y 694 del  Código   de   Procedimiento   Civil,   abordando  en  primer  lugar  el  examen  concerniente  a si entre Colombia y Costa Rica existe reciprocidad diplomática,  en  relación con lo cual el Ministerio de Relaciones Exteriores informó que no  se encontró acuerdo bilateral vigente entre estos países.   

Posteriormente, por intermedio del Ministerio  de  Relaciones  Exteriores, la Procuraduría General de la República del citado  país  centroamericano,  remitió  oficio  PGA-036-2011  en  el  que indicó los  convenios  internacionales  suscritos  y  acogidos  como  ley en ese territorio,  entre   los   que   se   cuenta   el  “Convenio  Relativo  a  la Protección del Niño y a la Cooperación  en  Materia de Adopción Internacional”, suscrito en  La  Haya,  el  29  de  mayo  de 1993 -Ley 7517 del 22 de junio de 2001-, el cual  también   fue   suscrito   por   Colombia   y  aprobado  mediante  Ley  265  de  1996.   

Conforme  al  artículo  2º  del  referido  convenio,  su  ámbito  de  aplicación  incumbe  a  los  casos  en  los  cuales  “un  niño  con  residencia  habitual  en un Estado  contratante  (‘el   Estado   de  origen’) ha sido, es o va a ser desplazado a  otro     Estado     Contratante    (‘el  Estado  de  recepción’),  bien  después  de  su  adopción  en  el  Estado de origen por  cónyuges  o por una persona con residencia habitual en el Estado de recepción,  bien  con la finalidad de realizar tal adopción en el Estado de recepción o en  el  Estado  de  origen.  2.  El  Convenio  sólo se refiere a las adopciones que  establecen un vínculo de filiación”.   

Tal hipótesis no resulta coincidente con la  que  se  ventila  en  este  preciso  caso,  en  la  medida  en que los medios de  convicción  arrimados  al  sub  examine develan  que  el desplazamiento del menor al Estado centroamericano  no  obedeció  al  hecho  de  la adopción en sí misma, por cuanto ésta  devino  con  posterioridad  (17  de  diciembre  de 2007) a su  establecimiento   en   ese   país,  producto  de  la  convivencia  y  el  fuerte  vínculo  que  se  creó entre él y el esposo de su  madre.   

Así  mismo, el artículo 4 del convenio en  comento  (Ley  265  de  1996)  prevé  para  las  adopciones  internacionales la  intervención  del órgano central del Estado de origen, circunstancia que en el  sub  lite  no ocurrió por  cuanto  la  petición  de  adopción  fue formulada directamente ante el aparato  judicial  de Costa Rica, por el cónyuge de la ascendiente del adoptado, sin que  en  manera alguna se hubiera producido la mediación del Instituto Colombiano de  Bienestar  Familiar,  que  en  nuestro  país funge como órgano central en esos  trámites (artículo 62, Ley 1098 de 2006).   

Como quedó anotado, los citados presupuestos  no  concurren  en  el  proceso de adopción en el que se pronunció la sentencia  que  hoy  es  materia  de  homologación,  razón  por  la  cual,  no resulta de  aplicación  el  aludido  acuerdo  internacional,  y  en  consecuencia, no puede  predicarse  satisfecho  el requisito de reciprocidad diplomática reclamado para  su autorización mediante la invocación del mismo.   

La Corte, en un asunto de similares contornos  al   de   ahora,   determinó  la  inaplicabilidad  del  mencionado  instrumento  multilateral,  en cuanto halló que si bien “Colombia  y    España    son    suscriptores   del   convenio   sobre   la   ‘protección    del    niño   y   la  cooperación     en     materia     de    adopción    internacional’,  celebrado  en la Haya el 29 de mayo  de  1993.  No  obstante  tal  marco  normativo, la adopción de que informan las  presentes  diligencias  no  respondió  a tales protocolos, pues, en verdad, los  procedimientos  acometidos por el adoptante y la madre del menor no se avinieron  a  las previsiones de dicho convenio. Basta nada más con mencionar que el menor  adoptado  ya  se  encontraba  en España, desde hacía varios años; su traslado  allí  respondió  a  otras circunstancias diferentes a la adopción propiamente  dicha  y,  su  padre adoptante, antes que serlo, convivió y formalizó vínculo  matrimonial  con  la  progenitora  del adoptado; además, no tuvo participación  alguna  la  autoridad  central  de  uno  y otro país. En fin, no hay lugar a la  aplicación  de  esas  disposiciones de carácter internacional.  Síguese,  por  ello mismo, que las disposiciones aplicables al asunto de este temperamento  son  aquellas  que, normalmente, bajo la legislación ordinaria, regentan dichas  materias”  (Sentencia  de  18  de diciembre de 2009,  exp. 2008-00315-00).   

3.            Visto  lo anterior, se hace necesario en  subsidio,  verificar  la  existencia  de  reciprocidad  legislativa a efectos de  determinar  la  procedencia  de  la  pretensión.  Para tal propósito, por  intermedio  del  Ministerio de Relaciones Exteriores la Procuraduría General de  la    República    de   Costa   Rica   remitió  el  oficio  PGA-036-2011,  en  el  cual  informó  que  en  principio,  en  ese  país  la  ejecución de sentencias dictadas en Colombia se  regirá  por  lo  previsto  en  los  artículos  705 al 708 del Código Procesal  Civil,  los  cuales  en  lo  fundamental consagran como requisitos requeridos al  efecto  que:  i.  la  sentencia,  la  decisión  con  ese  carácter, o el laudo  arbitral  se  allegue  debidamente  autenticada;  ii.  que  la contraparte en el  proceso  en  que  se  dictó fuera vinculada al mismo y notificada con arreglo a  las  disposiciones  legales  del país de origen; iii. que la competencia no sea  exclusiva  de  los tribunales costarricenses; iv. que no exista en Costa Rica un  proceso  en  curso,  ni  una sentencia ejecutoriada que produzca efectos de cosa  juzgada;  v.  que  la  decisión sea firme en el país de origen; vi. que no sea  contraria  al orden público; vii. que la competencia para tramitar la solicitud  de  homologación  está  deferida  a  la  Sala  Primera  de la Corte Suprema de  Justicia;  y  viii.  que  la  petición se resuelva previa audiencia de la parte  contra la que se dirija.    

De  lo  antes  expuesto  se  colige sin duda  alguna  la  semejanza  de dicha legislación, en lo esencial, con los requisitos  establecidos  en  el artículo 694 del Código de Procedimiento Civil Colombiano  para  que  una  sentencia  o  laudo  extranjero  surta  efectos en el territorio  nacional,  luego,  razón por la cual el aspecto concerniente a la verificación  de la reciprocidad legislativa se encuentra superado.   

Para los efectos de tener por establecida la  tesitura  de  la  legislación de Costa Rica, destaca la Sala que el artículo 6  de   la   Convención   Interamericana   sobre  Exhortos  y  Cartas  Rogatorias,  instrumento   multilateral   incorporado   en  las  legislaciones  colombiana  y  costarricense   mediante   Ley   27   de   1988  [depósito  de  instrumento  de  ratificación],  promulgada  por  el  Decreto  652 del 10 de abril de 2000 y Ley  6165  del  2  de diciembre de 1977, respectivamente, prevé que: “cuando  los  exhortos  o  cartas  rogatorias  se transmitan por vía  consular  o  diplomática  o  por  intermedio  de  la  autoridad  central, será  innecesario  el requisito de la legalización”; y que  la  Procuraduría  General de la República de Costa Rica, según los artículos  3  y  4  de  la  Ley  6815  de 27 de septiembre de 1982, tiene la competencia de  llevar   el   sistema   informático   jurídico,  registrando  la  legislación  promulgada   y   vigente   para   mantenerla   actualizada   y   velar   por  su  seguridad.   

4.             Ahora  bien,  en  lo  atañedero  a  la  observancia  de  los  requerimientos  previstos en el referido artículo 694 del  estatuto   procedimental   civil,  se  observa  que  la  solicitante   aportó   la   sentencia   materia  de  exequátur  debidamente  autenticada  y  legalizada  mediante  abono  de  firmas  (artículo  259  ídem); y que  la  providencia  se  encuentra  ejecutoriada  como  da  cuenta  la constancia de  firmeza  expedida  por  la  Juez  del  Juzgado  de  Niñez y Adolescencia Primer  Circuito Judicial, San José, Costa Rica visible a folio 2.    

Igualmente, el fallo no versa sobre derechos  reales  radicados  sobre  bienes  ubicados  en  Colombia;  el  trámite no es de  competencia  privativa  de  los  jueces  patrios; no milita prueba de que exista  proceso  en  curso  o sentencia ejecutoriada de jueces nacionales sobre el mismo  asunto;    y    aparece    cumplido    el    requisito   de   la   citación   y  contradicción.   

En lo relativo al requisito conforme al cual,  la  sentencia cuya homologación se pide no se oponga al orden público interno,  es  de  destacar  que este concepto, para los efectos que ocupan la atención de  la  Sala,  ha  venido  siendo delineado a través de diferentes pronunciamientos  así:    “…entre   las   distintas   concepciones  doctrinarias  que  se  preocupan  por  explicar el tema en procura de reducir la  noción  de  -orden público- a límites razonables y evitar que su empleo pueda  llevar  al  sistemático  destierro  del  derecho extranjero aún ocasionándole  inútil  agravio  a  los  propios  nacionales  también  inmersos en la sociedad  universal,  la  que  hoy  en  día  predomina al menos en el entorno continental  americano,  según  lo  evidencian conferencias especializadas promovidas por la  OEA  y  que datan de 1975 (Panamá) y 1979 (Montevideo), es aquella que entiende  el  -orden  público-  como  una  cláusula de reserva destinada en cuanto tal a  evitar  que  una  ley extranjera, calificada normalmente como la competente para  regir  determinado  asunto, tenga que ser acogida no obstante que la aplicación  que  de ella se hizo contradice en forma manifiesta los principios fundamentales  en   que   se   inspira   el   ordenamiento   jurídico  nacional…”  (sentencias de exequátur de 4 de diciembre de 2000, exp. 7647;  12  de  septiembre  de  2006,  exp.  2003-00211-00;  27  de  julio de 2011, exp.  2007-01956-00;   8   de   noviembre   de   2011,   exp.   2009-00219-00;   entre  otras).   

En ese orden de ideas, las normas extranjeras  aplicadas  en  una causa en particular deberán ser en su propósito y resultado  compatibles   con  los  principios  y  valores  imperantes  en  el  ordenamiento  jurídico  interno  del  Estado  donde pretende obtenerse la homologación de la  decisión  foránea,  y cuya comprobación corresponderá hacer con sujeción de  aquellos criterios.   

Como  atrás quedara consignado, al trámite  de  exequátur fue incorporada la legislación vigente que disciplina el proceso  de  adopción en Costa Rica (Ley 5476 de 1973 -Código  de  Familia-,  la  cual  se  halla  vigente  desde 1973 hasta la fecha, y en sus  artículos  100  y  ss.  regula  lo  relacionado  con  la adopción),  y  en  ella  se advierte que la regulación se proyecta sobre los  siguientes     aspectos:    la    definición    de    adopción    (art.   100);  sus  efectos  (art.        102)       –entre   los   que   se   cuenta   la  subsistencia  de  los  vínculos  jurídicos  con  la familia paterna o materna,  según  el caso, cuando el adoptado sea hijo o hija del cónyuge del adoptante-;  su  procedencia  (art.  109)  –por parte del consorte de  los  hijos  menores  del  otro,  siempre  y  cuando  éste  ejerza  en   forma   exclusiva,   la   patria   potestad  sobre  aquellos-;  irrevocabilidad  (art. 111);  interés  superior  del  menor  (art. 137);   requisitos   para   adoptar   (art.  106);  el  deber  que  le  asiste  a la oficina local  competente  de  asegurarse  de  que  el  consentimiento expresado por el padre o  madre  para  dar en adopción un hijo ha sido debidamente informado (artículo  67,  Reglamento para los Procesos de Adopción Nacional  e   Internacional).   De  lo  antes resaltado se puede inferir con solvencia  que  la  aludida normatividad se aviene a los reglamentos patrios atinentes a la  materia,  los  que se encuentran consagrados, respectivamente, en los artículos  61,  63,  64,  66  y  68  de  la  Ley  1098 de 2006 -Código de la Infancia y la  Adolescencia-.    

Por otra parte, es de destacar que la Sala no  acoge  la  inconformidad  expresada por la Delegada del Ministerio Público para  la  Defensa  de los Derechos de la Infancia, la Adolescencia y la Familia acerca  de  que  no  milita  en el plenario prueba respecto del beneplácito de la madre  del  menor para que su esposo solicitara la adopción de aquel, emitido conforme  al  artículo  66  de  la  Ley 1098 de 2006, norma según la cual, el  consentimiento  para dar en adopción a un hijo o hija deber ser  informado  y  manifestarse  libre y voluntariamente ante el Defensor de Familia,  quien  los  prevendrá  sobre  las  consecuencias jurídicas y psicosociales que  conlleva  aquel acto, y que por tal razón no encuentra  satisfecho  el  segundo  requisito  dispuesto en el artículo 694 del Código de  Procedimiento  Civil.   Al respecto, sea lo primero indicar que el precepto  cuyo  desconocimiento  predica  la  referida  agencia  del  Ministerio  Público  –art.  66,  Ley  1098  de  2006-   tiene   consagrados   de  manera  concurrente  requisitos  de  carácter  sustancial  y  procedimental,  razón por la cual solo los de estirpe sustantiva  deberán  estimarse  para  los  efectos  de  establecer la consonancia entre los  regímenes   patrios  que  se  analizan,  en  el  contexto  establecido  por  la  jurisprudencia  de  la  Corte respecto de la noción de orden público, toda vez  que  el  invocado ordinal 2° del artículo 694 del ordenamiento procesal civil,  expresamente  deja  por  fuera  de  miramiento las normas de procedimiento, y en  este  caso  en  particular  la exigencia de que la anuencia de la progenitora se  manifieste   directamente  ante  el  defensor  de  familia  colombiano,  aspecto  cardinal del disentimiento de la Procuraduría.   

En lo que corresponde al cumplimiento de los  requisitos  sustanciales  de  la  anuencia  a  la  adopción,  obsérvese que la  sentencia   cuya  homologación  se  solicita,  en  su  título  “considerando”,    numeral    1º    de  “hechos probados” puso de  manifiesto  que  “la progenitora de la persona menor  de   edad   dio   el   consentimiento  respectivo  para  que  se  concrete  esta  adopción”,  y  más  adelante,  en  el  numeral 2º  “sobre  el fondo” volvió  a  dejar  expreso  que  “la progenitora de la persona  menor  de  edad Tomás Adrián  ha  dado su consentimiento para que se lleven a cabo las diligencias”,  lo  que  conduce a afirmar con total convencimiento que Franci  Liliana  Hermosa  Cuenca  manifestó  su  asentimiento a la adopción dentro del  marco  determinado  por  la  legislación  del  país  en el cual se tramitó el  proceso,  que  impone,  como antes se anotó, el deber  que  le  asiste  a la oficina local competente de asegurarse que el beneplácito  expresado  por  el  padre  o  madre  para  dar  en  adopción  un  hijo  ha sido  debidamente  informado  (artículo 67, Reglamento para  los    Procesos    de    Adopción    Nacional    e   Internacional).   Asimismo,  se  encuentra establecido que la ascendiente del  menor  estaba  legalmente facultada para expresar el consentimiento en la medida  en  que ejercía en forma exclusiva la patria potestad de su hijo, como también  se  demuestra  con el registro civil de nacimiento de Tomás Adrián, en el cual  aparece  únicamente  registrado  por  ésta.  Igualmente, puede señalarse  que  la  progenitora del menor estuvo al tanto y de acuerdo con la adopción por  parte  de  su  consorte,  y  que  el procedimiento contó con la aprobación del  representante   del   Patronato   Nacional   de   la   Infancia   en  cuanto  su  “representante  legal  (…) no presentó oposición  alguna  al  respecto”.  A lo anterior, se aúna  el  hecho  de  que  es  Franci  Liliana  quien incoa ante la Corte la demanda de  exequátur para la sentencia de adopción.   

Con  apoyo en lo discurrido, se concluye que  la  sentencia  objeto  de  homologación no contraviene normas internas de orden  público  y  se  ajusta  a  los  requisitos  dispuestos  en el artículo 694 del  Código  de  Procedimiento  Civil,  por  lo  que deviene procedente acceder a la  solicitud de homologación.   

DECISIÓN  

RESUELVE:  

1.             CONCEDER  el  exequátur  a  la sentencia de 17 de diciembre de 2007, la cual fue corregida el  10  de  enero  de  2008,  proferida  por el Juzgado de Niñez y Adolescencia del  Primer  Circuito  Judicial de San José, Costa Rica, mediante la cual aprobó la  adopción  del  menor  TOMÁS  ADRIÁN  HERMOSA CUENCA  por  parte  de  LESTER  EARL  NUNEZ.   

2.             ORDENAR   la  inscripción  de  esta  providencia, junto con la sentencia reconocida, para los  efectos  legales  previstos en los artículos 6°, 106 y 107 del Decreto 1260 de  1970,  13  del  Decreto  1873  de  1971  y 9° de la Ley 25 de 1992, en el folio  correspondiente  al  registro  civil  de  nacimiento  del menor. Por Secretaría  líbrense las comunicaciones pertinentes.   

    

1. Disponer que en la publicación que  de  esta  providencia  haga  la  Relatoría  de la Sala, se guarde reserva de la  identidad del menor adoptado.     

    

1. Sin costas en la actuación.     

Notifíquese y cúmplase,  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

En comisión de servicios  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ    

1  Sentencias  de  28 de julio de 1998, exp. 6583; 18 de  diciembre  de 2009, exp. 2008-00315-00; 26 de enero de 2011, exp. 2007-00499-00;  8  de  noviembre  de  2011,  exp.  2009-00219-00;  19 de diciembre de 2012, exp.  2011-00579-00; entre otras.     

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