S 052 97

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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S-052-97

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL Y AGRARIA  

Magistrado Ponente:  

Dr. JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ  

Santafé  de Bogotá, D.C., primero (1º.) de  octubre de mil novecientos noventa y siete (1997)   

Referencia: Expediente No. C-4712  

Decídese lo pertinente en torno al recurso de  casación  interpuesto  por  el  demandado  PEDRO CLAVER PEREZ MARTELO contra la  sentencia  de  13  de septiembre de 1993, proferida por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Sincelejo, Sala de Familia, en el proceso incoado por el  respectivo  Defensor de Familia en favor de la menor VICTORIA LUCIA CORENA, hija  de la señora LUCY CORENA URZOLA, frente al recurrente.   

ANTECEDENTES  

1.-  Mediante  demanda  presentada  por  la  Defensoría  de Familia del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Regional  Sucre,  Centro  Zonal  No. 2, cuyo conocimiento correspondió al Juzgado Primero  Promiscuo  de  Familia  de  Sincelejo,  se  solicitó  se  declare al mencionado  demandado,  previo  el  cumplimiento  de  las  formalidades  exigidas para estos  casos,  padre  natural  de  la  menor  en favor de quien se presentó el libelo,  fijándose   en   beneficio   de  ésta  “una  cuota  alimentaria…acorde    con    sus    necesidades”,  aduciéndose  como fundamento el trato sexual entre la madre y el presunto padre  durante  la época en que conforme a la ley se presume la concepción, así como  el  trato  personal y social otorgado por éste a aquélla durante el embarazo y  parto.   

En  efecto,  según se desprende del escrito  introductor  del  proceso,  LUCY  CORENA  URZOLA  y  PEDRO CLAVER PEREZ MARTELO,  sostuvieron   relaciones   sexuales  desde  abril  de  1987  a  julio  de  1989,  inicialmente  en  Sincelejo  (Sucre) y luego en Quinchía (Risaralda.), fruto de  las  cuales  nació  la menor VICTORIA LUCIA el 11 de abril de 1990; igualmente,  el  demandado  por  conducto  de  su  madre,  señora  CARMEN  MARTELO DE PEREZ,  auxilió  económicamente  a  la  progenitora  de la menor durante el embarazo y  parto,  y  meses  después  del  alumbramiento, mediante el envío de cantidades  determinadas  de  dinero  para  los  gastos  pertinentes,  a  pesar  de  lo cual  judicialmente negó ser el padre de la mencionada menor.    

3.- Enterado el demandado del libelo genitor  del  proceso,  oportunamente lo contestó oponiéndose a todas sus pretensiones,  para  lo  cual  aceptó las “relaciones de noviazgo y  esporádicamente   sexuales”,   éstas   en  época  distinta  a  la de la concepción de la menor, pero sólo en Sincelejo, nunca en  Quinchía.  Así  mismo, negó lo atinente al auxilio económico por tratarse de  hechos no imputables a él personalmente.   

4.-  Adelantado en esos términos el debate,  la  sentencia  de  primera instancia de 23 de abril de 1993, declaró a la menor  VICTORIA  LUCIA  CORENA,  hija extramatrimonial del demandado PEDRO CLAVER PEREZ  MARTELO,  confirió  el  ejercicio de la patria potestad a la madre de aquélla,  señora  LUCY  CORENA URZOLA, y condenó a éste a pagar alimentos definitivos a  favor  de su hija, “en la suma de CINCUENTA MIL PESOS  ($50.000.oo)  mensuales,  los  cuales  se depositarán en el Banco Popular de la  ciudad  dentro  de  los  diez  primeros  días  de cada mes y a partir…de Mayo  (sic.) del presente año”.   

El conocimiento del proceso llegó, por vía  de  apelación, al Tribunal Superior del Distrito Judicial de Sincelejo, Sala de  Familia,   donde,   por  la  sentencia  objeto  del  recurso  extraordinario  de  casación,   se   confirmó   en   todas   sus   partes   la   del  a-quo,   pero   únicamente  por  haberse  establecido  la  existencia de relaciones sexuales entre el demandado y la madre  de  la  demandante  durante el período en que debió producirse la concepción.   

LA    SENTENCIA    IMPUGNADA   

1.- En efecto, señaló el Tribunal, luego de  evocar  los  antecedentes,  verificar  la  validez formal del proceso y hacer un  sucinto  recuento histórico sobre la pretensión deducida en la demanda, que si  el  nacimiento  de  la  menor VICTORIA LUCIA ocurrió el 11 de abril de 1990, se  presume,  acorde  con  lo  previsto en el artículo 92 del Código Civil, que su  concepción  debió  producirse  en uno cualquiera de los 120 días comprendidos  entre el 15 de junio y el 13 de octubre de 1989.   

2.-   En  ese  preciso  plazo,  agrega  el  ad-quem,  debió tener lugar  el  trato  sexual  entre  la  madre y el presunto padre, para tener a éste como  padre natural de la aludida menor.   

2.1.-  El  hecho escueto de la existencia de  las  relaciones sexuales, lo tuvo acreditado en forma directa, esto es, mediante  la  confesión  del  demandado vertida en la declaración inicial provocada para  el  reconocimiento voluntario (fol. 10, C-1) y en la contestación de la demanda  (fols.    34-38,    ib.),  “confesión  ésta  que  satisface  los  requisitos  establecidos  en  los primeros 5 numerales del artículo 195 del C. P. C. (sic.)  y   se  halla  corroborada  por  varios  de  los  testigos  llamados  por  ambas  partes”,  los cuales considera innecesario analizar,  “pues   suficiente   tiene  con  la  confesión  no  infirmada”.   

2.2.-  La  temporalidad  de  las  relaciones  sexuales  confesadas  por  el  demandado,  el  sentenciador de segundo grado las  ubicó  “durante el mes de julio de 1989, cualquiera  fuere  el  día  de  dicho  mes”, época comprendida  dentro  del término en que se presume la concepción. Así, el propio demandado  acepta  que  el  sábado  15  de julio de 1989, LUCY CORENA URZOLA se trasladó,  acompañada  de  LEUDITH  ESTELA  RIVERO  RUIZ,  de Sincelejo a Quinchía, lugar  último   donde   aquél   laboraba   como  oficial  de  la  Policía  Nacional,  “a  revivir  la relación sin éxito, última visita  que  realizaba,  porque  el demandado ya tenía conocimiento de los amoríos que  adelantaba     su     lejana    novia    con    terceras    personas”.   

La  estadía  de dicha señora en ese lugar,  continúa  el  Tribunal,  no  duró dos días como lo sostuvo el demandado en su  declaración,     o     “una    noche”  como  lo  testimonió  el agente NELSON VARON SANCHEZ, quien en  todo  caso  confirma, al igual que el suboficial JAVIER LONDOÑO ALZATE, que las  dos  muchachas  se hospedaron a petición de PEREZ MARTELO en las residencias de  MARIELA   QUINTERO,   según   ésta,   por   “unos  diítas”  como  así lo declaró, o durante 15 días  como  lo  depuso la acompañante de viaje de la madre de la menor, quien además  corrobora  que  la  permanencia  en  esa  municipalidad  lo  fue  en  tiempo  de  vacaciones,  desde  el  7 de julio de 1989, época en la que él “se  metía  con  ella  a la pieza…durante ese tiempo Pedro durmió  con  ella  en  la  residencia”;  o  como  lo exponen  GILBERTO  ARBOLEDA  GOMEZ  y  MARIA  ANGELICA  CARDONA,  la  novia del demandado  aprovechaba  los  puentes  para  visitarlo, inclusive se hospedaba en la casa de  éstos,   siendo   la   última   vez   que   lo  visitó  como  “hasta      julio      del      ochenta      y      nueve”.   

Lo  anterior  pone  de presente, concluye el  Tribunal,  especialmente  el testimonio de las tres últimas personas, que PEDRO  y  LUCY  “fueron amantes y realizaron el concúbito,  por   lo   menos   hasta   cuando   ella  permaneció  en  Quinchía”,  “más allá de la mitad de julio de  1989”,  lo  cual  contrasta con el testimonio de los  dos  agentes  y  la  dueña  de  las residencias, quienes niegan “la  ocurrencia  de  las relaciones sexuales durante el tiempo en que  la  Corena  Urzola  permaneció  en  Quinchía”. Esta  convicción,  agrega, se fortalece con el documento declarativo ratificado en el  proceso,  enviado  por  CARMEN  MARTELO  DE PEREZ, madre del demandado (fol. 22,  C-1),   a   LUCY   CORENA  URZOLA,  quien  en  un  gesto  de  honradez  personal  “pone en boca de su hijo el expreso reconocimiento y  su   voluntad   de   hacerlo  legalmente,  y  ella  así  lo  hace  saber  a  la  interesada”,  además  de haber resultado compatible  la  paternidad  investigada  en  el  análisis de los grupos sanguíneos y de la  orfandad  probatoria  acerca  de  la  simultaneidad de relaciones sexuales de la  madre  del  menor  con  otro  o varios hombres en la época en que se presume la  concepción  de  ésta,  fuera  de  no  haberse acreditado la imposibilidad para  engendrar del sedicente padre.    

3.- El Tribunal no tiene por acreditados los  hechos  que  configuran  la presunción del trato personal y social irrogado por  el  presunto  padre  a la madre de la menor, durante el embarazo y el parto, por  cuanto  la  carta  donde  la  madre  del demandado da a entender que los dineros  entregados  por  ella  a  LUCY  provenían  de  su  hijo,  fue  infirmada  en su  declaración;  además,  este  hecho  no  puede  darse  por  establecido  con la  declaración  de RUTH PATERNINA OSORIO, pues los gastos que ésta realizó en la  clínica,  posteriormente  fueron  reembolsados  por  aquélla.  Así  mismo, el  envío  de  dineros y elementos para el sostenimiento y alimentación del menor,  son  hechos  que  por  haber  acaecido  después del alumbramiento, desbordan la  causal en estudio.   

4.-  En  ese  orden,  el fallador de segundo  grado  no  vaciló  en  confirmar la declaración de paternidad natural y demás  ordenamientos,  máxime  cuando,  según  se  desprende  del  registro  civil de  nacimiento  de  la  menor,  quien  allí  aparece  como su madre es la misma que  sostuvo  relaciones  sexuales  con el demandado para la época en que conforme a  la ley se presume la concepción.   

LA DEMANDA DE CASACION  

Cuatro  cargos,  por  la  causal  primera de  casación,  esgrime  el  recurrente  contra  la  sentencia así compendiada, los  cuales  innecesario  resulta  memorar por cuanto, como seguidamente se verá, no  admiten decisión de fondo.   

CONSIDERACIONES  

1.-      En      el     sub-judice, el Tribunal confirmó en todas  sus  partes la sentencia que declaró la paternidad extramatrimonial y, además,  condenó   al   demandado   a   pagar  una  cuota  mensual  para  contribuir  al  sostenimiento  de  su  hija. Esto pone de presente que el fallo proferido al ser  de  naturaleza  mixta,  declarativo y de condena, es susceptible de cumplimiento  en  la  parte que impuso la obligación de pagar alimentos, pues, tal como lo ha  sostenido          esta         Corporación1,   en   esa   hipótesis   la  decisión          no          puede         calificarse         “exclusivamente”   relacionada   con  el  estado       civil       de       las      personas,      o      “meramente”  declarativa  (artículo 371,  inciso  1º,  del  C.  de  P.  C.),  para  transformar  en  suspensivo el efecto  devolutivo  que  por  regla  general  la  ley le asigna al recurso de casación,  salvo  que  el  recurrente,  en  el término para interponerlo, ofrezca caución  para  responder  por  los  perjuicios  que  la  inejecución  temporal del fallo  llegare a causar a la parte contraria.   

Si  no se hace tal ofrecimiento, corresponde  al  Tribunal al conceder el recurso, por imperativo legal, ordenar al impugnante  suministre  lo  indispensable  para la expedición de las copias pertinentes con  el  fin  de  remitirlas  al juez de primera instancia para que éste disponga lo  necesario  en  orden a ejecutar la sentencia impugnada. Esa omisión, empero, no  sirve  de  excusa  para  transformar  el  efecto  del  recurso o para liberar de  cualquier  actividad  en  ese sentido al recurrente, porque como explícitamente  lo  señala  el  inciso  4o.  de  la  misma  disposición,  si  el  ad-quem  no  ordena  la expedición de las  copias  en  el  auto  que  concede  el  recurso, el impugnante, si las considera  necesarias,  “deberá  solicitar su expedición para  lo  cual  suministrará  lo indispensable”; o como lo  tiene  dicho  esta  Corporación,  dicha  parte no puede exonerarse de esa carga  “con  sólo  pretextar  que  el  Tribunal  no  se la  ordenó  cumplir,  dado  que la teleología de la norma está encauzada a que la  concesión  del  recurso  no  envuelva  efectos  suspensivos,  y por lo mismo lo  exhorta  a  que  esté  atento  a  suplir  la  omisión del juzgador”2,   todo  lo  cual  se  sanciona  con  la  deserción  del  recurso.   

En el presente caso el Tribunal concedió el  recurso  extraordinario  de  casación  y,  sin  más,  ordenó la remisión del  expediente  a esta Corporación para la tramitación de la impugnación. De otra  parte,   el   recurrente  no  perseveró  en  su  obligación  de  solicitar  la  expedición  de  las  copias  para  el  cumplimiento  del  fallo recurrido. Esto  significa  que  al  haberse estructurado una causal de deserción, el recurso se  debió  inadmitir;  empero,  como  el  medio  de  impugnación  fue  admitido  y  tramitado  hasta  el estadio de dictar sentencia, resulta pertinente analizar si  esa  ilegalidad  vincula a la Corte o si, por el contrario, permite apartarse de  su   propia   decisión   para  sustituirla  por  un  fallo  abstencionista,  en  consideración  a  que  el  estado  actual  del proceso autoriza el reexamen del  punto.   

2.- Tradicionalmente se había sostenido que  cuando  erradamente  se  declaraba  admisible  el  recurso de casación, el auto  respectivo   no  obligaba  a  la  Corte  a  tomar  decisión  de  fondo,  porque  “si  al  entrar  en  el  examen detenido del recurso  propuesto  advierte  que le ha dado cabida sin fundamento legal, mal procedería  atribuyéndole  al auto admisorio capacidad para comprometerla en un nuevo error  de  asumir una competencia de que carece”, pues al no  tener  el auto en cuestión fuerza de sentencia, o siguiendo el postulado que lo  interlocutorio  no  ata a lo definitivo, “no cohibe a  la    Corte   para   declarar   en   providencia   posterior   improcedente   el  recurso”3.   

El anterior criterio, constante e invariable,  se   puso   en  entredicho  en  decisión  discutida  de  20  de  septiembre  de  19944,  obtenida  con la intervención de un conjuez, argumentándose que  si  a  pesar  de  ser  ejecutable el fallo del Tribunal se concede el recurso de  casación  sin  reparo  alguno  de las partes, ni de la Corte al admitirlo, debe  pronunciarse  sentencia  de fondo, porque si bien “el  ordenamiento   procedimental   debe  acatarse”,  esa  normatividad  no  puede  interpretarse  y  aplicarse  con  tanto  rigor  que  el  denominado   derecho  sustancial  termine  sacrificado  por  aquél,  pues  ello  conllevaría  a  desconocer  el principio universal según el cual el fin de los  procedimientos  es  la  efectividad  de  los  derechos  reconocidos  en  la  ley  sustancial  (artículo  4o.  del  C.  de  P.  C.),  o  como  se  afirmó  en las  discusiones  de  dicho  principio  por  el  Constituyente de 1991 (art. 228), el  “descuido  del  juez  o  de  los  abogados  no puede  sacrificar  el  derecho sustancial. Habrá un instante en que, si no se alegaron  vicios  de  procedimiento,  éstos  se  entienden  saneados  para  dar paso a la  sentencia de fondo”.   

La  doctrina acabada de mencionar resultó a  la  postre  efímera  por  cuanto  en  sentencia  de  18  de noviembre del mismo  año5,  fue  recogida,  al  considerarse  que  el  derecho  a recurrir en  casación   una   sentencia   susceptible   de   tal   recurso,  “presupone   el   cumplimiento   de  un  conjunto  de  requisitos  de  procedibilidad  que,  no  obstante  ponerse  ellos  de  manifiesto en diferentes  etapas  del  procedimiento de conformidad con el cual el recurso ha de surtirse,  todos  en  realidad  producen  a la postre un mismo efecto si no son satisfechos  del  modo  que  exige  la  ley, efecto consistente en impedir una resolución de  fondo,  estimatoria  o desestimatoria, de las cuestiones que el recurrente aduce  para    justificar    su    impugnación”,    pues  “la  eficacia  prohibitiva  que  cualquiera de estos  requisitos  produce, es absoluta y se despliega  con ese carácter en todas  aquéllas  etapas, habida cuenta que, en situaciones normales, impide que a esas  etapas  se  las  pueda  considerar como debidamente agotadas para pasar a la que  sigue  hasta  llegar  a  la fase final de decisión del recurso, mientras que si  por  alguna  circunstancia  la  secuela procesal avanza y culmina no obstante la  falta  de  alguno  de  los  requisitos en cuestión, se hace imposible cualquier  pronunciamiento  de  mérito  y así debe limitarse a registrarlo la Corte en su  sentencia,  restableciendo  por  lo tanto el imperio de las normas rituales que,  debido  precisamente  a  ese  defecto  no  advertido  en oportunidad, dejaron de  aplicarse”.     

3.-  En  ese  orden,  reiterando la anterior  doctrina,  sostenida  por  la Corporación por muchos años de manera uniforme y  constante,  resulta  bien  claro  que  en el presente caso la Corte se encuentra  impedida  para  resolver  en  el  fondo el recurso de casación interpuesto, por  cuanto,  como  se  vio,  el  impugnante  no  ofreció  caución  para impedir el  cumplimiento  de  la  sentencia en la parte susceptible de ejecución, y porque,  de  otro  lado,  pese  a  la  omisión del Tribunal en ordenar la expedición de  copias  para  el  mismo propósito, dicha parte incumplió con la carga procesal  de  suplir esa omisión, lo cual trasluce, a no dudarlo, un abandono del recurso  por parte del impugnante interesado.   

Ahora,  como  el incumplimiento de esa carga  procesal  no  puede  traer  consecuencias  favorables,  sino,  por el contrario,  adversas  a quien no la observa, ese abandono se convierte, por ministerio de la  ley,  en  un motivo de deserción que, por lo mismo, apareja la ejecutoria de la  respectiva  sentencia. Esa sola circunstancia trunca la competencia funcional de  la  Corte  para enmendar los errores de procedimiento o de juzgamiento en que se  dice  incurrió  el Tribunal, razón por la cual cualquier actividad posterior a  la    firmeza    de    dicha    sentencia,   se   torna   indiscutiblemente   en  ineficaz.   

Desde luego, el cometido de hacer efectivo el  derecho  sustancial,  sólo se concibe frente a un instrumento válido y eficaz,  formal  y  jurídicamente,  pero  ello  no  significa  que  necesariamente  deba  despacharse  la  decisión  judicial acorde con las pretensiones deducidas en el  libelo,  sino  a  que se dicte una sentencia en un escenario donde se permita al  juzgador  realizar todo cuanto este a su alcance para, respetando los principios  mínimos  de  defensa  y  contradicción,  sanear  o  superar los impedimentos y  deficiencias de forma que anonadan el proceso.   

En  el caso concreto, esa tutela efectiva no  se  puede  irrogar  por  cuanto,  como  se  dijo,  la  actuación posterior a la  sentencia  es  ineficaz  y  la  eficacia  del  procedimiento  es,  a no dudarlo,  presupuesto  inexorable  para  la  materialización  del  derecho, en uno u otro  sentido.  Además,  la  ilegalidad  advertida, la deserción del recurso que por  contera  no habilita la competencia funcional de la Corte, no admite saneamiento  de   ninguna  clase  (art.  144,  in  fine,  del C. de P. C.). Aceptar otra postura sería como admitir que la  efectivización  del  derecho sustancial, puede serlo dentro de un procedimiento  irregular  insuperable, lo cual desconocería las reglas que informan el derecho  fundamental a un debido proceso.   

DECISION  

En armonía con lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Civil  y  Agraria, administrando justicia en  nombre  de  la República y por autoridad de la ley, se  inhibe  para  resolver  en  el  fondo  el  recurso  de  casación  interpuesto  por  el  demandado  PEDRO CLAVER PEREZ MARTELO contra la  sentencia  de  13  de septiembre de 1993, proferida por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Sincelejo, Sala de Familia, en el proceso incoado por el  respectivo  Defensor  de Familia a favor de la menor VICTORIA LUCIA CORENA, hija  de la señora LUCY CORENA URZOLA, frente al recurrente.   

Por lo mismo, sin costas para ninguna de las  partes.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  el  expediente al Tribunal de origen.   

JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ  

NICOLAS BECHARA SIMANCAS  

JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

CARLOS ESTEBAN JARAMILLO SCHLOSS  

PEDRO LAFONT PIANETTA  

JORGE SANTOS BALLESTEROS  

   

S  A  L  V  A  M  E  N T O     DE    V O T O   

Referencia:  Expediente  No.C-4712   

                             Con  el  debido  respeto  el suscrito se  aparta  nuevamente  de  la  anterior decisión adoptada por la Sala mayoritaria,  por  las  razones  expuestas en su oportunidad en asunto similar (Exp. No.4338),  así:   

                              “1.-  Con  relación  a  la  anterior  sentencia  inhibitoria  proferida  en  el profeso de la referencia, tomando como  fundamento  el  estado de deserción del recurso de casación por incumplimiento  de  la  carga  procesal  requerida para la ejecución de la sentencia impugnada,  los  suscritos  magistrados,  con  el  debido  respeto,  se permiten expresar su  disentimiento,  por  cuanto,  a  nuestro juicio, no encontrándose el recurso en  estado  de  deserción  el fallo ha debido de ser de mérito o de fondo, por las  consideraciones que a continuación se exponen.   

                             “2.- Pues bien, la reforma procesal de  1989  (Decreto  –  Ley  2282  de  1989)  no  solo  adoptó  explícitamente  los  principios  de  la  ejecutabilidad  general  de  la  sentencia recurrida y de la  preclusión  de  los  efectos  de su incumplimiento, sino que, mas aún, reguló  expresamente las oportunidades pertinentes.   

                             “2.1.- En efecto, como consecuencia del  efecto  devolutivo  de  la  concesión  del  recurso  de casación, la precitada  reforma,  de  una  parte, mantuvo el criterio de la posibilidad de su ejecución  imponiendo  al recurrente desfavorecido totalmente con la sentencia, el deber de  darle  cumplimiento,  o  el  de,  si  fuere  el  caso,  otorgar caución para la  suspensión  (art.  371,  inc.  3º.  C.P.C.),  o  consagrándole  al recurrente  favorecido  parcialmente  con  el  fallo  (art.374,  inciso  final,  C.P.C.)  la  facultad  (“podrá”,  dice el texto) de solicitar su cumplimiento en lo  favorable.   

                             “2.2.-  Pero  con  relación al primer  caso,  la  misma  legislación  reguló  simultáneamente, las cargas procesales  para  el  cumplimiento  del  fallo, con la oportunidad de cumplimiento de dichas  cargas,  los efectos de su incumplimiento y las oportunidades de establecimiento  de  estas  últimas,  ubicándolas  dentro  de  las  diferentes  fases  o etapas  preclusivas   que   estructuran   el  trámite  del  recurso  extraordinario  de  casación.  Por esta razón, el legislador de 1989 si bien estableció (salvo lo  dispuesto  en  el art. 372 inc. 3º C.P.C.) una oportunidad para el cumplimiento  de  la  carga  procesal  de  suministrar  lo  necesario  para las copias (previa  solicitud,  si el tribunal no lo hubiese ordenado) que faciliten el cumplimiento  del  fallo  (dentro  de  los  3  días  siguientes a su ejecutoria), no es menos  cierto  que  consagró  tres  oportunidades  para  que  el  juez  y  las  partes  establecieran  y  discutieran su deserción, a saber: la primera, al momento del  incumplimiento  de  dicha  carga  después  de  haberse  concedido el recurso de  casación  pro  el  tribunal (art. 371, inc. 3º C.P.C.), para que corresponda a  esta  Corporación  su  decisión;  la  segunda,  al  resolverse por la Corte la  “admisiblidad  del  recurso” (tal como lo indica el inciso 3º del artículo  372  del  Código  de  Procedimiento  Civil); y la tercera, al examinar la misma  Sala  Civil  de  la Corte “los requisitos formales de la demanda” (art. 373,  inc.  4º  Código  de  Procedimiento  Civil  ) destinada a sustentar el recurso  debidamente  “concedido”  y “admitido”. Luego,  fue  una  carga  procesal  concebida  por  el  legislador  como  imperativo  del  recurrente  para  obtener  la  consecuencia  favorable  de  la  tramitación del  recurso  en  las  oportunidades  de  concesión  y  admisión  del  recurso y de  admisión  de  la  demanda,  cuyos  actos  procesales  de  deserción en caso de  incumplimiento,  solo  pueden  expedirse  o  reconocerse  en  estas específicas  oportunidades.  (las  subrayas  son  nuestras).  Y son  oportunidades  que,  al permitir que las decisiones se adopten por auto, otorgan  a su vez, la posibilidad de la impugnación correspondiente.   

                             “3.-  En  cambio, no puede hablarse de  deserción  del  recurso  extraordinario  de casación después de la ejecutoria  del  auto  admisorio  de  la  demanda  de  casación,  ni tampoco de oportunidad  adicional  alguna  para  su  reconocimiento en auto posterior o en sentencia que  declara   la   inhibición   para   su  conocimiento,  por  las  razones  que  a  continuación se expresan:   

                             “3.1.- La primera de ellas consiste en  que  con dicha ejecutoria, formalmente quedó precluída la oportunidad para que  las  partes  puedan  aducir  el  incumplimiento  por  el  recurrente de la carga  procesal  del  suministro  de  lo  necesario  para  la expedición de las copias  indispensables  para  la  ejecución,  que  sirva de fundamento para reclamar la  deserción  del  recurso  de  casación,  así  como  para que el juez pueda, de  oficio  o  a  solicitud  de  parte,  proceder  a  su declaración por auto o por  sentencia  inhibitoria. Ello tiene su fundamento en la intención inequívoca de  la  reforma  1989  de  cerrar  en esta fase dicha oportunidad excluyendo en ella  toda  posibilidad  de decisión sobre el particular, cuando, a diferencia de los  momentos  arriba  mencionados (concesión y admisión de recurso, y admisión de  demanda),  no  autoriza  expresamente  el  análisis  del  incumplimiento  de la  precitada  carga  procesal  y de la deserción del recurso. Además, tampoco fue  estatuída  esa  carga  procesal  como  condición  para  que  la Corte adquiera  competencia  o  para  que  el  recurso  fuese  fallado  de  fondo, por lo que la  doctrina  no  puede  darle ese alcance. Mas aún, fuera de lo dicho observan los  suscritos  que  tampoco  puede  llegarse a esta conclusión, por interpretación  extensiva  o  por  vía analógica. Pues no se trata de un defecto de expresión  normativa,  ni  de  un  vicio  que  autorice  dicha  interpretación o creación  normativa,  sino por el contrario, lo que realmente surge de dicha reforma es la  existencia   de   una  voluntad  inequívoca  de  exclusión  de  la  mencionada  interpretación  o  analogía.  Porque, como bien lo ha dicho la doctrina, “el  concepto  de  carga …. puede ser útil y provechosamente aplicado a la teoría  del  proceso,  no se debe exagerar, no se debe querer acreditar en todo caso una  carga  procesal,  aún  allí  donde  el derecho procesal objetivo al regular el  ejercicio  del  derecho de acción y de contradicción en juicio y el desarrollo  de  la  forma y en el tiempo de todas las actividades procesales, ha establecido  particulares  siendo  de ejercicio  que en ningún caso pueden entrar en el  concepto  todavía  denominado  de  carga”  (vgr.  Rocco,  Tratado  de Derecho  Procesal Civil, Tomo II, pág. 175).   

                             “3.2.-  La segunda razón es la de que  materialmente   con   la  ejecutoria  del  auto  admisorio  de  la  demanda,  el  ordenamiento  patrio  entiende que se configura un fenecimiento de la deserción  inicial  del  recurso  de  casación.  En  efecto,  no  siendo la deserción del  recurso  un mero efecto procesal de extinción o muerte irreversible del recurso  que  opere como caducidad, sino sencillamente el hecho voluntario del recurrente  de  abandonar  el recurso que la ley infiere de mero incumplimiento de una carga  procesal,  puede entenderse la razón por la cual la misma ley autoriza para que  el  juez  pueda  reconocer  su  existencia  en la concesión y admisibilidad del  recurso  de  casación, así como en la admisibilidad de la demanda de casación  y  no  en  época  posterior.  Porque  si, no obstante el incumplimiento de esta  carga  procesal,  el  recurso  es  concedido  por  el Tribunal y admitido por la  Corte,  para  luego  ser sustentado por demanda, que también es admitida por la  Corte;  es  lógico  admitir  que  si  bien  este recurso, sin dejar de existir,  estuvo  inicialmente  en  deserción o abandonado, posteriormente dejó de serlo  cuando,  después  de  toda  esta actuación, resulta admitida su sustentación,  sin  oposición  de  los  interesados  ni declaración judicial. Porque si hasta  este   momento   no   se   ha  expedido  declaración  que  reconozca  cierta  y  definitivamente   que   hay   abandono  o  deserción  del  recurso,  es  porque  efectivamente  no  hubo  abandono  o  este  feneció  si alguna vez existió. Es  decir,  la  firmeza  de  la  admisión  de  la  demanda  de  seguridad jurídica  suficiente  a  la  existencia y sustentación del recurso de casación. De allí  que  ello explique que en dicha fase no se haya abierto una nueva oportunidad de  declaración   de   deserción,  pues,  se  repite,  la  que  inicialmente  tuvo  existencia       desapareció       por       la       preclusión      procesal  correspondiente.   

                              “3.4.-   Por   ello   los  suscritos  magistrados  reiteran  una  vez  mas  la doctrina tradicional y reciente de esta  Corporación sobre el particular.   

                              “3.4.1.-  En  efecto,  aún  bajo  la  vigencia  de  la  estricta  reglamentación  del  recurso  de  casación y de su  rigurosa   interpretación,   ahora   atenuada,  esta  Sala  nunca  admitió  la  supervivencia  de  la  deserción  del  recurso  de  casación,  después  de la  ejecutoria  del  auto admisorio de la demanda de casación, cuando ella se funda  en  el  incumplimiento  de  cargas  procesales.  Porque  al estimar sujeta estas  cargas  al  principio  de  la  preclusión,  ellas  fenecían  y se consideraban  saneadas  las  irregularidades  generadas  por  su  incumplimiento, es decir, se  tenía  como  saneada  la deserción inicial del recurso extraordinario, lo cual  hoy  día  cobra  mayor vigencia frente a la reforma a que se ha hecho mención.  De    allí    que    en    esa   oportunidad   se   dijera   que   ‘el  principio  de  la  preclusión del  que,  como  es bien sabido y al decir de Lorenzo Carnelli (Cuestiones ….   p.17,  edición  de  1953)  …  va  asentando en el camino, como quien dice, la  certezas  menores,  verdaderos  puntales  o,  en  otra forma, nudos firmes de la  trama  procesal  que  hacen posible la producción de la sentencia y con esta la  afirmación   definitiva   de   sus   decisiones   componentes   …’  esto  debido  a que siendo lo cierto  que  las  leyes  procesales  son de orden  público en cuanto no es dable a  las  partes  escoger  las  que a bien tengan encausar el procedimiento, no puede  pasarse  por  alto que ‘…  ella  no  puede  impedir  que como consecuencia de la  abstención   de  una  parte  en  interponer  remedios  legales,  se  consoliden  determinadas  situaciones  irregulares cuyo acaecimiento, por su menor gravedad,  no  han sido consideradas por el legislador como causales de nulidad   …’   (G.J.  Tomo  XCIX, p.687).  Y mas adelante señala la Corte con acierto que  las  cargas  procesales,  como  la  del  pago de las costas, también precluyen,  porque,  expresa,  ‘la  verdad  es  que  en este caso el proveído admisorio del escrito de formulación  del  recurso  extraordinario, fechado el veintiocho (28) de octubre de 1988 (fl.  163   del   cdno.   de   la  Corte),  alcanzó  plena  firmeza;  a  pesar  de  crear una situación jurídica  procesal  ciertamente irregular, contra ella ningún reparo oportuno formuló la  parte  interesada  no  obstante que pudo hacerlo con amplitud suficiente nótese  que  para  verificar  la  existencia  de  la  carga  insatisfecha  y preparar su  alegación  en  el  tiempo  debido,  tuvo  dicha parte el expediente entero a su  disposición  desde  el  28  de  mayo hasta el 28 de junio de 1988 (fls. 6 y 11,  vto,  a  25  de  este  cuaderno)-,  luego es claro que  aquella   irregularidad   quedó   saneada   y   debió   rechazarse,     por     improcedente     y    extemporánea    …’  (auto  de  21  de  febrero  de 1989.  Exp.1698). (Lo subrayado es nuestro).   

                             “3.4.2.-  Pero mas recientemente, bajo  la  vigencia  de  la actual Carta Política de 1991, esta Sala, en sentencia del  20  de  septiembre  de  1994  (Exp.  No.4308,  acertadamente  dijo lo siguiente:  ‘A    título    de  introducción  conviene  advertir  que  cuando  una  sentencia  es contentiva de  resoluciones  ejecutables  y  ha  sido  recurrida  en  casación  por  la  parte  agraviada,  respecto  de  la  cual  no  se  ha  solicitado  por el recurrente la  suspensión   de   su  cumplimiento,  le  corresponde  al  Tribunal  ordenar  la  expedición  de  copias  a  costa  del impugnante, dentro del término legal, so  pena   de  que  el  ad-quem  declare desierto el recurso, o de que la Corte lo inadmita.   

                             “Empero,  si a pesar de ser ejecutable  el   fallo   proferido   por  el  ad-quem,  y  sin  reparo de las partes se concede el recurso extraordinario  por  el  Tribunal,  se  admite  luego  por la Corte y se tramita hasta quedar en  estado   de   dictar   sentencia   con   la   cual  debe  ultimarse  el  recurso  extraordinario,  considera  la  Corporación  que,  en  esas  condiciones,  debe  decidirse   tal   medio   de   impugnación,  porque  si  bien  el  ordenamiento  procedimental  debe  acatarse,  también  no se puede desconocer que en la misma  legislación  ritual  sienta  algunas  reglas  que son contentivas de principios  universales,  entre  ellas,  el de que el fin de los procedimientos se contrae a  la  efectividad de los derechos reconocidos por la ley sustancial (art. 4 del C.  de   P.C.),   postulado   éste   que  por  revestir  especial  y  trascendental  importancia,   el   constituyente   de   1991  lo  elevó  a  la  categoría  de  constitucional,  con  mayor  alcance,  al  establecer  que  en  las  actuaciones  judiciales  ‘prevalecerá  el   derecho  sustancial’  (art.  228),  lo  cual  se traduce, tal como lo tiene señalado la doctrina y la  jurisprudencia,  en que el derecho formulario no puede interpretarse y aplicarse  con  tanto  rigor  en procura de no sacrificar el denominado derecho sustancial,  máxime  cuando  las  partes  litigantes  no  se  han  dolido  de  la actuación  cumplida, teniendo las oportunidades legales para ello.   

                             “Como  antecedente  de  los postulados  constitucionales  rectores  de la administración de justicia, entre ellos el de  la  prioridad  o prevalencia del derecho sustancial sobre el ritual o formal, se  afirmó  en las discusiones de dicho principio por el Constituyente de 1991, que  su  razón  de  ser  y  su necesidad de entronizarlos en la Carta, radica en que  ‘se ha convertido la forma  en  un  medio no para garantizar el derecho sino para negarlo. El descuido en el  saneamiento  de  las  formas  conduce con frecuencia al Juez a dictar sentencias  inhibitorias,   en   abstracto,  o  a  terminar  el  proceso  con  una  nulidad.  Debe   entenderse   que   forma   y   contenido  son  inseparables  en  el  Derecho de Defensa y Debido Proceso y que por descuido del  Juez  o  de  los abogados no puede sacrificarse el derecho sustancial. Habrá un  instante  en que, si no se alegaron vicios de procedimiento, éstos se entienden  saneados  para  dar  paso  a la sentencia de fondo. Este principio dará lugar a  una  nueva  concepción  del  derecho  procesal: no más nulidades procesales al  momento  del  fallo,  ni sentencias inhibitorias, ni sentencias en abstracto, ni  mucho  menos  sentencias  absolutorias cuando el juez se considera incompetente,  como  ha  sucedido  muchas veces de modo lamentable. — Hoy el procedimiento se  ha   convertido  en  una  excusa  para  eludir  el  fallo  y  negar  el  derecho  impetrado’.       

                             “Claro  está, y es entendible, que no  pretendió  el Constituyente de 1991 hacer tabla raza del derecho instrumental o  procedimental,  sino  proscribir  el  excesivo  rigorismo formal, pues de no ser  así,  no  resultaría  fácil  explicar  que  por  otra  parte  la  misma Carta  Política  exija,  como  uno de los elementos del debido proceso, la observancia  de  las  formas  propias  de  cada  juicio, tal como lo ha puesto de presente la  jurisprudencia de la Corte Suprema y de la Corte Constitucional”.   

                             “En pos de estos criterios, resulta mas  aceptable  resolver  el recurso de casación interpuesto por la parte demandada,  que  sustraerse  al  conocimiento del mismo, lo cual explica las reflexiones que  seguidamente     se     sientan…”     (Las     subrayas     también     son  nuestras).”.   

                             4.-  Por  todo  lo expuesto, el suscrito  estima  que  en el caso sub-examine ha debido ser de mérito y no inhibitorio el  fallo de casación.   

                            Fecha ut supra.   

                     

                            PEDRO LAFONT PIANETTA   

    

1  Auto  30 de enero de 1997, reiterando entre otros los  de 17 de mayo de 1995 y 26 de febrero de 1996.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Civil,  auto  de  25  de  enero  de  1994.   

3 G. J.  Tomo  CLXXVI,  pág.  103, sentencia de 15 de marzo de 1994, reiterando doctrina  anterior.   

4 Cfr.  G. J. Tomo CCXXXI, segundo semestre, volumen I, págs. 534-535.   

5 G. J.  Tomo CCXXXI, segundo semestre, volumen II, págs. 1010-1017.     

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