S 014 99

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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S-014-99

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL Y AGRARIA  

Magistrado  Ponente:   Dr. JOSE FERNANDO  RAMIREZ GOMEZ   

Santafé de Bogotá, D.C., diecinueve (19) de  mayo de mil novecientos noventa y nueve (1999)   

                                                                         Referencia:  Expediente No. 4923   

                              Se  decide  el  recurso  de  casación  interpuesto  por  la  parte  demandante  contra  la  sentencia  proferida por el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Santafé  de  Bogotá, el 16 de  diciembre  de 1993, dentro del proceso ordinario de la CORPORACION FINANCIERA DE  SANTANDER S.A. CORFINANSA contra SEGUROS LA UNION S.A.   

ANTECEDENTES  

                             La  CORPORACION  FINANCIERA DE SANTANDER  S.A.   CORFINANSA,  mediante  escrito  de  demanda  solicitó  que  previos  los  trámites  del  proceso ordinario, se declarara que Seguros la Unión S.A. está  obligada  a  reconocer a su favor, como beneficiaria de la Póliza de Seguros de  Crédito  a  la  Exportación  N°  0368  y  de  sus  anexos,  el  valor  de  la  indemnización  por  la  ocurrencia  del riesgo amparado, cuyo monto asciende al  equivalente  en moneda nacional colombiana de U.S. $150.000, a la tasa de cambio  vigente  el día del pago, junto con los intereses comerciales de mora, contados  a  partir  del 20 de diciembre de 1985, hasta cuando el pago se efectúe. Por lo  tanto se impetró la respectiva condena.   

                             1.  Como  fundamento de lo pretendido se  invocaron los siguientes hechos:   

                             Atendiendo  solicitud de 10 de noviembre  de  1983,  SEGUROS  LA  UNION  aseguró  a  FERITEX  LTDA.,  por  las  pérdidas  definitivas  que  llegara a sufrir ésta, como consecuencia de la insolvencia de  sus  deudores, en operaciones comerciales de suministro de mercancías. Para tal  efecto  el  23  de  noviembre  de  1983,  se  expidió  la póliza de seguros de  crédito  a  la  exportación  No. 0368, modificada en la definición del riesgo  asegurado   por   el  anexo  UCEC  001,  cuyo  contenido  declara:  «DEFINICION  Y DETERMINACION DE LA INSOLVENCIA. Cuando transcurridos  nueve  meses  a contar del último vencimiento no pagado, el asegurado demuestre  a  satisfacción de la Compañía que el crédito garantizado  ha resultado  por  cualquier  causa  incobrable,  siempre  que  se hayan agotado las gestiones  conducentes  a  su  recobro  y  sea  inútil  y  onerosa  la  iniciación  de un  procedimiento judicial»   

                             La  vigencia de la póliza se inició el  21  de  noviembre  de  1983, renovada por el anexo 1347 para el período corrido  entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 1984.   

                             El 14 de noviembre de 1984, CORFINANSA le  remitió  a  SEGUROS  LA  UNION  documentos  relacionados  con  la  negociación  celebrada  entre FERITEX y COMPAÑIA HISPANOAMERICANA DE INVERSIONES, conforme a  la  cual,  FERITEX le suministraba a la mencionada compañía 27.100 unidades de  ropa exterior para hombres, mujeres y niños.   

                             El  15  de enero de 1985 el BANQUE ANVAL  S.A.  anunció a CORFINANSA que promovería el cobro de las letras aceptadas por  COMPAÑIA  HISPANOAMERICANA  DE  INVERSIONES  en  favor de FERITEX, e iniciaría  acción  penal  por el no pago de cheques girados por la primera, en favor de la  segunda, para cubrir las obligaciones financiadas por FERITEX.   

                              En   febrero  de  1985  CORFINANSA  le  manifestó  a PROEXPO que adelantaría proceso contra COMPAÑIA HISPANOAMERICANA  DE  INVERSIONES  por  el  no  pago  de  los  cheques,  y  contra  FERITEX por el  incumplimiento  de  sus  obligaciones. Igual manifestación le hizo a SEGUROS LA  UNION.   

                             Cinco  letras  aceptadas  por  COMPAÑIA  HISPANOAMERICANA  DE  INVERSIONES,  por  valor  total  de  U.S. $204.000, fueron  endosadas  a  CORFINANSA. El BANQUE ANVAL  promovió su cobro en febrero de  1985  como  endosatario  de  CORFINANSA. Además, formuló denuncia penal por el  giro  de  cheques  sin  provisión  de fondos, cheques entregados por COMPAÑÍA  HISPANOAMERICANA  DE  INVERSIONES  a  FERITEX  para  garantizar  el  pago de las  letras, los cuales fueron endosados a CORFINANSA.   

                              A  la  fecha  de  presentación  de  la  demanda,  CORFINANSA  no  había  logrado  el  pago  de  las  letras,  ni de las  obligaciones  de  FERITEX, razón por la que presentó reclamación ante SEGUROS  LA  UNION con base en la póliza antes mencionada, la cual fue objetada el 20 de  diciembre   de   1985,   alegándose   que   no  habían  sido  acreditadas  las  circunstancias  que  configuran  el riesgo asegurado, porque según oficio de la  COMPAÑIA  PANAMEÑA  DE  AVIACION  S.A., las guías aéreas puestas de presente  fueron  emitidas  en el aeropuerto de TOCUMEN – PANAMA, no en Barranquilla, y el  destinatario   de   las   mercancías   transportadas   no   fue   la  COMPAÑIA  HISPANOAMERICANA  DE  INVERSIONES  S.A.,  no  obstante  que  en  las oficinas de  PROEXPO  en  Bogotá  aparecen  copias  al  carbón,  o copias autenticadas ante  notario,  de  las  guías  expedidas  por  el  agente  de COMPAÑIA PANAMEÑA DE  AVIACION-   COPA   S.A.,   por   orden   de   FERITEX,  en  favor  de  COMPAÑIA  HISPANOAMERICANA DE INVERSIONES.   

                             2.          Al  responder  la  demanda,  la sociedad  demandada  propuso  como  excepciones  de  mérito la nulidad o inexistencia del  contrato  de  seguro,  así como la inexistencia de la obligación y el cobro de  lo  no  debido,  fundada  en  que  Feritex  omitió declarar hechos que de haber  conocido  la  aseguradora  la habrían llevado a no celebrar el contrato. Por lo  demás,  anotó  que el seguro suponía el suministro de mercancías, lo cual no  se  llevó  a  cabo,  y  los cheques indicados en la demanda fueron librados por  Camilo  Quiñones Quiñones, socio mayoritario de Feritex, o sea que el vendedor  se  pagó  a sí mismo las mercancías con cheques sin fondos o lo que es igual,  que  la  exportación  fue  ficticia. También se advirtió que Copa no expidió  las  guías  aéreas  que  presentó  Corfinansa  y  que  el  presidente  de  la  Compañía  Hispanoamericana  de  Inversiones  sólo  obedecía instrucciones de  Feritex.   

                             3.          Mediante  sentencia  de  30  de abril de  1993,  el  Juzgado  24 Civil del Circuito de Santafé de Bogotá, accedió a las  pretensiones  de  la  demanda  y  condenó  a  SEGUROS  LA  UNION S.A. a pagar a  CORPORACION  FINANCIERA  DE SANTANDER S.A.- CORFINANSA, el equivalente en moneda  nacional  colombiana  de  US $150.000, a la tasa de cambio que rija para el día  del pago.   

                             4.           El   Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Santafé  de  Bogotá,  revocó  la  sentencia  apelada,  mediante  providencia  de  16  de  diciembre  de l993, y en su lugar declaró probadas las  excepciones  de  nulidad  relativa del contrato e inexistencia de la obligación  propuestas por la parte demandada.   

LA   SENTENCIA   DEL   TRIBUNAL    

                              Luego  de  examinar  los  presupuestos  procesales  para  admitir  su  presencia,  el Tribunal dijo hallar demostrado el  contrato  de  seguro  celebrado  entre  Feritex  Ltda. como tomadora, Seguros La  Unión como aseguradora y Confinansa como beneficiaria.   

                             Seguidamente  el  ad quem advirtió, que  era  claro  que  al beneficiario del seguro le son oponibles las excepciones que  el  asegurador  le  habría podido proponer al tomador o asegurado, en el evento  de  ser  estos  distintos de aquél. De no ser así, agrega, tomador y asegurado  podrían  desatender  abiertamente  las  obligaciones que la ley les impone, sin  que  ello tuviese repercusiones respecto de la obligación de indemnizar a cargo  del  asegurador.  Los derechos del beneficiario, concluye, emanan del contrato y  a   la   suerte   de   éste   se   encuentran  atados  (art.  1044  del  C.  de  Comercio).   

                              Al   respecto   anotó:   “El  contrato  de seguro supone por ejemplo, que el asegurado o el  tomador  mantengan  el  estado del riesgo y si no se hace saber al asegurador la  agravación  del  riesgo  el  contrato  terminará.  De  ninguna  manera podría  quedarse  el beneficiario al margen de los acontecimientos que se suscitan en el  desarrollo  del contrato de seguro o los vicios en su formación. Si se tolerara  al  beneficiario,  substraerse  a  los  vicios  que  afecten  el  contrato, ello  afectaría  severamente la actividad aseguradora. Podría el tomador o asegurado  violar  el  deber  de declarar sinceramente el estado de riesgo, mantenerlo y en  general  se autorizaría al tomador a violar impunemente las obligaciones que la  ley  le  impone  sin consecuencia alguna para el contrato, pues de todas maneras  el  asegurador  estaría obligado a cumplir con el beneficiario. Si se dejara al  beneficiario  al  margen de las excepciones reales, derivadas de la celebración  y  desarrollo del contrato, podría el tomador asegurar el dolo, la culpa grave,  los  actos  meramente  potestativos,  podría  inclusive  faltar  el riesgo o el  interés  asegurable  sin  consecuencia  alguna  para  el  contrato que de todas  maneras  debía cumplirse pagando al beneficiario.  La propia revocabilidad  del  contrato  de seguro (Art. 1071 C.Co.), sin la aquiescencia del beneficiario  nos  indica  que  el  derecho  de este abreva del contrato y padece la suerte de  éste.  En  suma  aunque  el  beneficiario  no es parte en el contrato de seguro  está atado a su suerte”.   

                             Señaló,  entonces, que el beneficiario  no  puede,  pretextando  su  buena fe, marginarse “de  las  vicisitudes  del  contrato  de  seguro”, pues su  buena  fe  se  refiere es al otorgamiento del crédito y nada atañe al contrato  de  seguro,  porque  como  beneficiario  no  es  parte  del  mismo, “pues  como  se verá posteriormente hay reproche para la conducta  del  tomador  del  seguro,  conducta  que  se  comunica  a todos los efectos del  contrato”.  Se  censura,  expresa, a la “demandada  por  no  haber tomado todas las previsiones necesarias  para  determinar  la  reciedumbre  comercial  del  deudor  extranjero.  La  sala  determina  que  si  la  mala  fe  del  tomador superó los controles de la firma  aseguradora,  esa  sola  circunstancia  no la hace responsable por el siniestro.  Lugar  predominante  tiene la obligación del tomador de declarar sinceramente y  sin  reticencia las circunstancias que determinan el estado del riesgo. Concluye  la  Sala  que  la  aplicación del artículo 1058 del Co.Co. releva a la entidad  aseguradora  de  realizar  una  investigación  sobre el estado de riesgo. Si la  entidad  aseguradora  hizo  la investigación como medida de prudencia adicional  al  deber  de  sinceridad  del tomador y a pesar de ello el designio fraudulento  del   tomador   logró   el   acaecimiento  del  siniestro  no  puede  deducirse  consecuencia  adversa  al  asegurador.  Bastaba  con la declaración sincera del  tomador  para  que  la  aseguradora  otorgara  el amparo, y si dicha aseguradora  realizó  una  actividad  adicional para determinar el estado de riesgo no puede  culpársela por ello”.   

                             La entidad financiera demandante tenía a  su  cargo  el  deber  de escrutar la solidez comercial de quien luego fungió de  tomador  del  seguro,  pues  esa  era  su  actividad profesional y al no hacerlo  incurrió  en  culpa.  El  tomador por su parte fue reticente porque ocultó las  evidentes   relaciones   que  existían  entre  vendedor  nacional  y  comprador  extranjero.   

                             A juicio del ad quem, la declaración de  MARIA  CRISTINA  VALENZUELA  DE  ESPINOZA  reviste  la  mayor  importancia,  por  cuanto  “da  una clara idea de la inexistencia de la  operación  y  de  que  en  los  dos  extremos  de  la misma se hallaba el mismo  interés.  Esta  testigo  tiene  como  labor  habitual  `suministrar  sociedades  anónimas´,  sociedades  que  reconoce `son de papel´. Admite la testigo haber  suministrado  una sociedad de papel a un comprador extranjero a quien identifica  como  dueño  o  socio  de  la  compañía  FERITEX LTDA. La declarante obró en  alguna   ocasión   como   presidente   de   la  COMPAÑIA  HISPANOAMERICANA  DE  INVERSIONES,  comprador  extranjero,  posición  óptima  para  conocer  la  truculencia  de  las  operaciones.  Para  la  Sala  la  anterior declaración es  bastante  para dar por demostrado que el vendedor nacional tenía interés en la  sociedad  compradora  extranjera y que dicho interés de haber sido conocido por  la aseguradora le hubiese inducido a no prodigar el amparo”.   

                             Advierte  el  fallo  que en este caso se  evidencia  una  íntima relación entre comprador y vendedor que invita a pensar  en  la  inexistencia  de  la  operación  que  el seguro amparaba. Aunque no hay  identidad  absoluta  entre  comprador  y vendedor, existen vestigios suficientes  que  permiten  descubrir  a  una  persona  moldeando una situación en la que se  confunden las partes.   

                             De  manera que con apoyo en lo expuesto,  además   de  la  nulidad  por  reticencia,  el  Tribunal  encuentra  igualmente  acreditadas  las circunstancias a que se refiere la exclusión contemplada en el  literal  g  de  la  condición  sexta de la póliza, la cual opera, «salvo  conformidad  expresa  de  la  compañía, para los créditos  derivados  de  suministros  de  mercancías  a sucursales, filiales o agencias o  familiares  hasta  segundo  grado  del asegurado; así como a aquellas firmas en  las  que  el  asegurado  esté  interesado como socio o figure como acreedor por  algún  préstamo  o  ayuda  financiera;  es  decir  en las que figure a título  distinto que el de un proveedor de mercancías exclusivamente».   

                             Para que obre la exclusión, afirma el ad  quem,  basta  con  probar  la  concurrencia  de un interés diferente del simple  suministro.  Interés  que  se  hace  palpable  con  la  declaración  de MARÍA  CRISTINA VALENZUELA DE ESPINOZA.   

EL RECURSO DE CASACION  

CARGO UNICO  

                             Con  fundamento  en la causal primera de  casación,  se acusa la sentencia de violación indirecta de normas sustanciales  por errores de hecho en la apreciación de las pruebas.   

                             La  violación,  según  el  recurrente,  recae  en  las  siguientes normas: del Código de Comercio, los artículos 1, 2,  822,  835,  863,  871,  874  inciso  segundo, 900, 1036, 1041, 1044, 1045, 1046,  1047,  1048,  1049,  1054,  1055,  1057, 1058 incisos primero, segundo y cuarto,  1072,  1075,   1077,  1078  inciso segundo, 1079, 1080, 1083, 1086, 1088, y  1089  inciso  primero;  del Código Civil, los artículos 63 inciso sexto, 1508,  1516,  1602,  1603,  1604,  1608,  1615,  1616,  1618,1740,  1743, y 1746;   artículos  8 y 38 inciso primero de la ley 153 de 1887;  artículos 5, 192  y  246  del  decreto  ley  444  de l967; artículos 1, 2 y 4, inciso segundo del  decreto  3053  de  1968;  artículo  28  de  la  ley  9  de 1991 y artículo 95,  parágrafo  primero de la resolución 21 de 1993 de la Junta Directiva del Banco  de la República.   

                              Según   el  recurrente,  el  Tribunal  incurrió  en  error  evidente  de  hecho  en  la apreciación de las siguientes  pruebas:   

                             a)  No  apreció  de la póliza 0369, la  condición  que  establecía  que  el  estudio  y  vigilancia  de  los  clientes  propuestos  por  el  asegurado  debía ser realizado por Seguros La Unión, así  como  la  cláusula  11 “por cuanto no tuvo en cuenta  que  en dicha cláusula se establece que “la Compañía es la única facultada  para  otorgar  clasificaciones crediticias al amparo del seguro sobre toda firma  deudora”,   las   cuales  “quedaban  incorporadas  a  la  póliza  por  medio  de suplementos con efecto  retroactivo   “a   contar   de  la  fecha  de  la  propuesta”.  Igualmente  ignoró el contenido de las cláusulas sexta, séptima y  décima  del  contrato  suscrito  entre  Proexpo y Seguros La Unión S.A., donde  aparece  previsto  que en el desarrollo del Seguro de Crédito a la exportación  existe   una  comisión  de  garantías  conformada  por  funcionarios  de  esas  compañías  con  el  fin de examinar los documentos de solicitud de seguros que  presenten  los  exportadores  y  aprobar  las pólizas, siendo obligación de la  aseguradora,  según la cláusula décima, elaborar los formularios de solicitud  del    seguro,    investigar    a   los   deudores,   así   como   “obtener  los  informes  comerciales  sobre  firmas compradoras de  productos  colombianos para la adecuada selección de los compradores y efectuar  la vigilancia de los créditos otorgados”.   

                             Si  el  Tribunal  no  hubiera omitido la  apreciación   de   tales   estipulaciones,  se  habría  percatado  de  que  la  intervención     de     la     compañía    aseguradora    era    “fundamental  para  la  determinación  del  estudio del riesgo en  todo  el  desarrollo  del  contrato  de  seguro” y no  marginal como lo sostuvo la sentencia impugnada.   

                             b) Erró de hecho porque no apreció los  documentos  de  folios 222, 223-1, 225, 226 y 227, pues no tuvo en cuenta que en  ellos  se determinó que habría una clasificación de la clientela por parte de  Seguros  La  Unión S.A., con posterioridad a la expedición de la póliza y que  esta  compañía  debía verificar la relación de ventas factura por factura en  los  primeros  días  de cada mes con el fin de liquidar los capitales cubiertos  en  la  respectiva  mensualidad  y  que no hubiese exceso en el cupo fijado para  cada cliente.   

                             c)  “Error de  hecho  en  relación  con las actas números 0167 de fecha 27 de marzo de 1984 y  0161  de  fecha  20  de  enero  de  1984 (folios 478 a 480 del cuaderno 1) de la  subcomisión   de   garantías   del  Seguro  de  Crédito  a  la  Exportación,  subcomisión  integrada por funcionarios de Proexpo y de Seguros La Unión S.A.,  por  falta  de  apreciación  de dichas actas en donde constan la aprobación de  los  cupos  de  crédito  concedidos a Feritex Ltda. en relación con su cliente  Hispanoamericana  de Inversiones de Panamá. Así mismo el Tribunal incurrió en  error  de  hecho  por  falta de apreciación de los documentos visibles a folios  458  a  477  del  cuaderno  1,  en  donde  constan  los  balances de la sociedad  panameña  mencionada, los resúmenes de los estudios realizados acerca de dicha  sociedad  y de Feritex Ltda. por parte de Seguros La Unión S.A., el contrato de  compraventa  suscrito  entre  vendedor  nacional  y  comprador extranjero. Todos  estos  documentos  aportados  en el curso de la inspección judicial realizada a  las  oficinas  de  Seguros  La  Unión  S.A.  (folios 455 a 457 del cuaderno 1),  revelan  que  le  correspondía  a Seguros La Unión S.A. la realización de los  estudios  de  las  sociedades  involucradas  en la compraventa y naturalmente le  correspondía  verificar  los  datos y demás comprobantes adjuntados con el fin  de  determinar los cupos que se concedían al amparo del seguro de crédito a la  exportación,  estudio  que realizaba conjuntamente con Proexpo tal como puse de  presente”.   

                             d)  “Error de  hecho  en relación con los anexos de la póliza números 1578 y 1615 de febrero  8  de  1984  y  1615  de  abril  12  de 1984 (folios 19 a 20 del cuaderno 1). El  Tribunal  dejó  de  apreciar  estas  pruebas  al  no  tener  en  cuenta  que la  clasificación   crediticia   de  la  sociedad  Compañía  Hispanoamericana  de  Inversiones  S.A.  de  Panamá fue efectuada por Seguros La Unión S.A. como era  su  obligación  en  la  determinación del estado del riesgo y no una actividad  meramente    adicional    o    accidental    como    la    calificó    en    la  sentencia.”   

                             e)  “Error de  hecho  en  relación  con  el  certificado de existencia y representación de la  sociedad  Feritex  Ltda.  expedida  por  la  Cámara de Comercio de Barranquilla  (folios  6  a 7 del cuaderno 1), por cuanto no apreció que esta sociedad había  sido  creada desde el 23 de febrero de 1979 y que su objeto social consistía en  “confección  de  vestidos  masculinos  y  femeninos,  para  adultos y niños,  tejidos  de  hilaza, transformación de telas y escampados (sic.) compra, venta,  distribución,  importación,  exportación  de  los  mismos”  etc. Si hubiera  apreciado  esta  prueba  habría  concluido  que el contrato celebrado por dicha  sociedad  con  la  Compañía  Hispanoamericana  de  Inversiones S.A. de Panamá  hacía  parte  del  desarrollo  social  del  objeto social de Feritex Ltda. y en  consecuencia  no  habría  negado  la  realidad  de  las operaciones comerciales  realizadas  entre  esa empresa y la sociedad panameña, operaciones que conocía  desde  el  otorgamiento  del  seguro  y durante toda la vigencia del mismo y por  consiguiente desde la iniciación del riesgo”.   

                             f)  No  apreció  la  certificación  de  existencia  de  la sociedad panameña Compañía Hispanoamericana de Inversiones  S.A., que obra a folio 10 del expediente.   

                             g)  No observó el Tribunal la solicitud  de  seguro  elevada  por  Feritex Ltda. (fol. 178-1), así como los anexos de la  misma  (fols.  178  a  215),  los  cuales  demuestran  la  operación  comercial  realizada  entre  Feritex  Ltda. y la Compañía Hispanoamericana de Inversiones  S.A.  De  haberlos  examinado  se  hubiera dado cuenta que la sociedad demandada  desde  la fecha de la solicitud conocía la clase de operaciones comerciales que  se  proponían  como  amparo  de  la  póliza 0368, sin que se hubiese planteado  alguna objeción.   

                             h)  “Error de  hecho  en relación con la comunicación del 14 de noviembre de 1984 enviada por  la  Corporación  Financiera  de Santander S.A. a Seguros La Unión S.A. (folios  150  a  151  del cuaderno 1), y en relación con las guías aéreas autenticadas  números  230-134889,  230-134890,  230-134893, 230-134895 (folios 306 a 309 del  cuaderno   1),   por   falta   de  apreciación,  documentos  aportados  con  la  contestación de la demanda por Seguros La Unión S.A.”.   

                             Agrega  el recurrente que si el Tribunal  hubiera  apreciado  estos  documentos, se habría dado cuenta que desde antes de  la      realización      del     riesgo,     la     demandante     “acreditaba  la  exportación  de  las  mercancías  por  parte de  Feritex  Ltda.  a  la  Compañía  Hispanoamericana de Inversiones S.A., sin que  Seguros  La Unión S.A. hubiera puesto en duda en ese momento la autenticidad de  las  mismas  o se hubiera pronunciado acerca de la deficiencia probatoria de las  mencionadas guías”.   

                             i)  También incurrió en error de hecho  por  falta  de apreciación de “las guías aéreas”  de folios 486 a 489-1 y de los documentos de fols. 548  a  550,  relacionados con “el estudio de la prórroga  del   crédito  aprobado  a  Feritex  Ltda”.  Si  el  Tribunal   los  hubiese  apreciado,  dice  el  casacionista,  habría  advertido  “que  desde  antes  de  la realización del riesgo y  aviso  de  siniestro,  tanto  Proexpo  como  Seguros La Unión S.A., que hacían  parte  de la subcomisión de garantías que funciona en desarrollo del mecanismo  de  este  especial  tipo  de  seguros,  sabían  de  la  existencia  plena de la  operación  comercial,  conocían  de  la  existencia  de  los documentos que la  sustentaban,  y  aún  más,  Proexpo  realizó  el  estudio de la aprobación y  prórroga  del crédito concedido a Feritex Ltda. al punto que en diversas notas  internas  se  lee  que,  “la  venta fue oportunamente declarada al seguro y se  encuentra   debidamente   amparada   por   riesgos   comerciales,  políticos  y  extraordinarios  bajo  la  póliza  368 en la actualidad vigente” (folios 576,  578)  y  así mismo en este sentido folios 579, 580, 555, 554, que se refieren a  la   documentación   que   soporta   la   operación   comercial  tantas  veces  mencionada.”   

                             j) Igualmente incurrió en error de hecho  en  la  apreciación del testimonio de María Cristina Valenzuela, pues lo tomó  como  supuesto  para  señalar que existían vínculos de interés entre Feritex  Ltda.  e  Hispanoamericana  de  Inversiones  S.A.,  así  como  de  “la       íntima       relación      entre      comprador      y  vendedor…”,    y    por    ende    “pensar  en  la  inexistencia  de  la  operación  que  el  seguro  amparaba”,   “sin   tener  en  cuenta  que  el  comportamiento  permisivo  y  negligente  de  Seguros  La Unión S.A. tanto en el otorgamiento del seguro como  en  todo  el  desarrollo  del  mismo,  le impedían a la demandada oponer dichas  excepciones…”,  o  sea  que  al testimonio le confirió “un alcance y unas  consecuencias que no pueden ser…”.   

                             k)  “Error de  hecho  en  relación con la apreciación de los documentos visibles a folios 163  a  164  (comunicación PX PN-078 originada en Proexpo Panamá), folio 165 (carta  de  la  compañía  panameña  de  aviación  Copa  dirigida a Proexpo Panamá),  folios  166  a  169  (guías  aéreas que evidencian despachos de mercancías al  aeropuerto  de  Panamá),  y  así  mismo  error  de  hecho  en relación con la  apreciación  de  la inspección judicial realizada a las oficinas de la empresa  de  aviación panameña Copa en Barranquilla (folio 329 del cuaderno 1), y en la  cual  se  manifiesta  que no hay referencia al despacho de mercancías por parte  de  Feritex  a Panamá según las guías aéreas que Seguros La Unión S.A. tuvo  a  la  vista  desde  antes  de la reclamación del seguro, por cuanto Seguros La  Unión  S.A.  no  podía  con fundamento en esos documentos y en esa inspección  sustentar  y  oponerse  a  la  reclamación  del  seguro, pues su comportamiento  negligente  tanto  en  el otorgamiento del seguro como en la vigilancia sobre el  estado  del  riesgo  le  vedaba  el  derecho  de  oponerse  a la reclamación de  Corfinansa  al  no  cuestionar  antes  de  la  ocurrencia  del  siniestro  ni la  operación  comercial  celebrada  entre  comprador  y vendedor ni las relaciones  comerciales  existentes  entre  ambas  sociedades  ni  la  exportación  de  las  mercancías  según  los  documentos que en su oportunidad tuvo a la vista antes  de la reclamación elevada por la corporación demandante”.   

                             l)  A  los  testimonios de José Antonio  Paternostro  y  Julián  Efrén  Ossa, se les dio “un  alcance  y unas consecuencias que no podían tener en cuanto a la referencia que  hace  el  primero  de  los  testigos  mencionados, Paternostro, de exportaciones  ficticias  con  base  en  las guías aéreas que en su oportunidad y antes de la  reclamación  de Corfinansa tuvo a la vista Seguros La Unión S.A. y en cuanto a  la  apreciación  que  hace  el  segundo  de los testigos mencionados, Ossa, con  fundamento  en  la  conversación  que  dijo  haber  tenido  con María Cristina  Valenzuela,  de  que la sociedad Compañía Hispanoamericana de Inversiones S.A.  era  una  sociedad  de  papel  y  que su impresión era como miembro de la Junta  directiva  de Seguros La Unión S.A. la de que las operaciones comerciales entre  Feritex Ltda. y aquella sociedad eran ficticias”.   

                             m) En cuanto a los documentos visibles a  fols.   34   a   42-1,   relacionados   con   la   iniciación  en  “Panamá  de  la  investigación penal por giro de cheques (folios  36  vto.  por  US$36.000.00 y folio 37 por US$32.000.00) por falta de provisión  de  fondos  entregados  por  Camilo Quiñones para pagar deudas de la Compañía  Hispanoamericana  de  Inversiones  S.A.”, también se  cometió  error  de  hecho,  porque  con  fundamento en esta prueba “consideró   el   Tribunal   que   existía  interés  entre  las  sociedades  vendedora y compradora, sin tener en cuenta que por la intervención  y  comportamiento  de Seguros La Unión S.A. en el otorgamiento y desarrollo del  contrato  de  seguros  y por las circunstancias en que conoció y debió conocer  la  realidad  de las operaciones comerciales tantas veces mencionadas, a Seguros  La  Unión  S.A. le estaba vedado alegar la exclusión del riesgo previsto en el  literal  g)  del  artículo  sexto  de  las  condiciones generales de la póliza  (folio  218  vto),  y en consecuencia Seguros La Unión S.A. no podía alegar la  aplicación de esta cláusula.”   

                             n) “Incurrió  el  Tribunal  en  error manifiesto de hecho al no haber apreciado el anexo forma  UCEC  001 de la póliza 0368, (folios 216 a 217 del cuaderno 1), aportada por la  demandada,  y visible igualmente a folios 17 a 18, aportada por la demandante, y  que   determinan   la  definición  y  terminación  de  la  insolvencia  y  las  condiciones  fijadas para la realización del riesgo de insolvencia en relación  con  el  crédito  amparado  por  la póliza. En consecuencia, no tuvo en cuenta  igualmente  el  Tribunal  que  Corfinansa  de  acuerdo con las condiciones allí  indicadas  en el anexo le comprobó a Seguros La Unión S.A. la realización del  siniestro  con fundamento en los documentos que enuncio a continuación y que el  Tribunal  no  tuvo  en  cuenta:  1)  comunicación  del  14 de noviembre de 1984  dirigida  por  Corfinansa  a  Seguros  La Unión (folios 22 a 23 del cuaderno 1)  adjuntando  los  documentos  que  allí  se  mencionan  y  que fueron dejados de  apreciar  por  el Tribunal según lo manifesté en los literales b) y h) de este  capítulo  del  cargo y que evidencian la operación comercial y la exportación  amparada  por la póliza; 2) comunicaciones visibles a folios 24 a 27, es decir,  cartas  de Banque Anval a Corfinansa de fecha 15 de enero de 1985, de Corfinansa  a  Proexpo  de fecha 1 de febrero de 1985, de 1 de febrero de 1985 de Corfinansa  a  Seguros La Unión S.A., de Seguros La Unión S.A. a Corfinansa de fecha 13 de  febrero  de  1985,  y  que  se  refieren  a  la  iniciación de un juicio contra  Compañía   Hispanoamericana  de  Inversiones  S.A.  para  hacer  efectivas  el  reembolso  de  las  letras  de  cambio a cargo de Compañía Hispanoamericana de  Inversiones   S.A.  comprador  extranjero  de  las  mercancías;  3)  documentos  visibles  a  folios  28 a 42 y que evidencian la iniciación de un juicio contra  Hispanoamericana  de  Inversiones  S.A.  el  25  de  febrero  de 1985 para hacer  efectivas  cuatro letras de cambio por valor total de US$204.000.00 (folios 28 a  31),  cuatro letras de cambio por el valor indicado giradas por Hispanoamericana  de  Inversiones  S.A. a favor de Feritex Ltda. y endosadas a favor de Corfinansa  giradas  el  11  de julio de 1983 y con vencimiento final el 16 de julio de 1984  por  valor  de US$42.500.00, US$51.000.00, US$42.585.00 y US$68.000.00 (folio 32  del  cuaderno  1); 4) comunicaciones del 12 de junio de 1985 (folios 43 a 44 del  cuaderno  1),  6  de  agosto  de  1985 (folios 48 a 49), 2 de septiembre de 1985  (folio  51  del  cuaderno  1), dirigidas por Corfinansa a Seguros La Unión S.A.  solicitando la cancelación del valor del seguro”.   

                             o)  Se  pretermitió,  por  último,  la  apreciación  del  estudio  elaborado por Corfinansa sobre Feritex Ltda, pues el  Tribunal   erróneamente  consideró  que  la  entidad  demandante  “tenía  el  deber  de escrutar la solidez y reciedumbre comercial  del  tomador  del  seguro.  Corfinansa  a  diferencia  de  lo  que consideró el  Tribunal,  sí  realizó  el  estudio,  pero estimó que en razón de la póliza  0368   existía   esa   garantía   idónea,   confiada   naturalmente   en   el  profesionalismo  y  buena fe de la entidad aseguradora y a tanto llegó su labor  para  obtener  el  pago  del  crédito que inclusive lo intentó directamente de  Feritex  Ltda., aunque desde luego ese cobro directo no estaba contemplado en el  mecanismo  del  seguro,  por  cuanto en definitiva lo que importaba para efectos  del  mismo  era que se estableciera la insolvencia del importador panameño y la  efectividad  de  la  póliza,  además  desde luego de las otras condiciones que  fueron  acreditadas  por  Corfinansa  y  que he puesto de presente a lo largo de  este análisis.”   

                              Argumenta   el   recurrente   que   al  “desconocer”  el ad quem  el  acervo  probatorio  reseñado  infringió  las  normas de derecho sustancial  inicialmente  citadas,  porque  de  acuerdo  con  el  sentido  que ellas tienen,  relacionado  con la buena fe como principio general de derecho y verdadero deber  jurídico  que  integra  el  contenido obligacional de toda relación jurídica,  “todo  deudor  de  una prestación está obligado no  sólo  a  realizar  todo  aquello  que  ha  prometido sino además realizar todo  aquello  que sea necesario para hacer llegar a la contraparte el pleno resultado  útil  de  la prestación debida”, según concepto de  Betti,   para   quien   la   buena   fe  también  debe  actuar  en  los  tratos  preliminares.   

                             En  este asunto, dice, Seguros La Unión  S.A.,  defraudó  la  confianza de la Corporación Financiera de Santander S.A.,  por  cuanto  “era su obligación, su deber jurídico,  antes  de  expedir  la póliza, elaborar los formularios de solicitud de seguro,  proceder  a  la  investigación de los deudores, su conformación económica, la  moralidad   comercial  de  sus  componentes,  la  solidez  y  veracidad  de  sus  relaciones,  y  una vez expedida la póliza, analizar los cupos de crédito y la  documentación  que  se  le  presentaba  para  determinar si obedecía o no a la  operación  comercial  que  se  amparaba  por  la  póliza  y todo ello antes de  aceptar  la designación del beneficiario de los derechos según el mecanismo de  la  póliza”.  Por  consiguiente, el Tribunal violó  dichas  normas  por  cuanto no reparó que el comportamiento de la demandada era  contrario  a  la  buena  fe  y  no tuvo en cuenta que defraudó la confianza que  había  depositado en ella la demandante, pues no observó la conducta diligente  y  cuidadosa  puesta  de  presente  en la formulación del cargo, que además le  vedaba  oponerse  al pago del seguro conforme al principio, significativo de que  “nadie     puede     venire     contra     factum  propium”. De modo que el Tribunal no podía decretar  la  nulidad del contrato, ni su inexistencia, porque la aseguradora “pudo  o  ha  debido conocer los vicios de que adolecían tanto el  contrato  de  seguro como la operación comercial que amparaba…”  Además,  como  la demandada tampoco podía desconocer el pago del  valor  del  seguro, el Tribunal al adoptar la sentencia impugnada infringió las  normas  indicadas  en cuanto le permiten a la demandante solicitar el pago de la  indemnización  con  los intereses moratorios, dado el comportamiento culposo de  la demandada.   

                             Para  finalizar  el cargo, el recurrente  solicitó  la casación de la sentencia impugnada, para que en su lugar la Corte  obrando  como Tribunal de instancia condenara a Seguros La Unión S.A., conforme  a lo pedido en la demanda.   

CONSIDERACIONES  

                             1.  Conforme al artículo 1037 del C. de  Comercio,  en  el contrato de seguro son partes el asegurador y el tomador. Este  último  puede  ser  o  no  el  asegurado  y  puede ser o no el beneficiario del  seguro.  Si  el  asegurado o el beneficiario en su caso, no son el tomador, como  tales  no son partes del contrato, razón por la que apenas serían las personas  con  derecho  a reclamar la prestación en caso de siniestro, pues es el tomador  quien  tiene el deber de declarar el estado del riesgo y la obligación de pagar  el  valor  de  la  prima.  En  el caso objeto de estudio es importante desde ya,  dejar  en  claro la posición de las partes del proceso con respecto al contrato  de  seguro  de  crédito  a la exportación que sirve de causa a la pretensión,  así:  la  demandante  es la asegurada, la demandada es la aseguradora y Feritex  Ltda.  la  tomadora  del  seguro,  mediante  el  cual  se  cubrió  el riesgo de  insolvencia  del importador extranjero Hispanoamericana de Inversiones (deudor),  a  quien  la  demandante  (acreedora)  otorgó el crédito para llevar a cabo la  alegada exportación de la sociedad tomadora del seguro.   

                             No  obstante  lo aleatorio del contrato,  como  la  ley  procura un tratamiento de equilibrio entre el riesgo que asume el  asegurador  y la contraprestación a cargo del tomador, las consecuencias de una  eventual  fractura  de  esta armonía pesan no solamente sobre los contratantes,  sino  sobre  los terceros con interés en el contrato, tales como el asegurado o  el  beneficiario.   De  ahí  que  el  artículo  1044 ejusdem, declare con  diafanidad  que  el  asegurador  le puede oponer al beneficiario las excepciones  que  le  hubiera  propuesto  al  asegurado,  o  al tomador, en caso de ser estos  distintos  de  aquél,  y  al  asegurado las que hubiere podido alegar contra el  tomador.  Por  consiguiente,  si el tomador en la declaración de asegurabilidad  incurrió  en  reticencia  o inexactitud, la nulidad relativa que ello genera se  constituye  en  un  motivo  para  el  no  pago  de la indemnización oponible al  beneficiario y al asegurado.   

                             2.  Entre la declaración del estado del  riesgo  (art.  1058 del C. de Comercio) y la conservación del estado del riesgo  (art.  1060  ibídem),  existen  sustanciales  diferencias  que impiden que unos  mismos  hechos  puedan  ser  invocados  con  referencia  a una y otra situación  indistintamente.   A   modo  de  ejemplo  cabe  hacer  notar  que  en  tanto  la  declaración  del riesgo es un deber precontractual, la conservación del riesgo  se  impone  como  tal durante la vigencia del contrato de seguro. Por lo demás,  la  declaración  incumbe  al tomador, mientras que la conservación corresponde  al  asegurado  o  al  tomador,  según  sea  éste o aquél el que cuente con la  posibilidad   de   cumplir  con  el  deber;  la  declaración  es  un  deber  de  información  y  la conservación deber de conducta; el incumplimiento del deber  de   informar  verazmente  genera  nulidad  del  contrato  o  reducción  de  la  prestación  asegurada  y el incumplimiento del deber de conservar el estado del  riesgo  da  lugar  a  la  terminación del contrato. De modo que las diferencias  además  de  múltiples,  identifican  naturalezas  distintas  y oportunidades y  consecuencias que no es dable asimilar.   

                             En  consideración al principio de buena  fe  que  con  todo rigor campea en el régimen aseguraticio, el art. 1058 del C.  de  Comercio,  vela  porque  el  asegurador conozca de manera fiel el riesgo que  habrá  de amparar, con el objetivo de definir en un marco de libertad si accede  a   la   contratación   y   el   monto   mismo   de   la   prima  a  cargo  del  tomador.   

                             El conocimiento del riesgo que se procura  en  principio  con la declaración de asegurabilidad que bien puede complementar  la  aseguradora  con  la inspección directa del riesgo, permite una evaluación  de  la  probabilidad  del  daño.  Sin embargo, de dicha inspección no se puede  colegir  que la compañía de seguros haya conocido a plenitud el riesgo, ni que  el  tomador  quede  liberado  de las consecuencias adversas por la inexactitud o  reticencia  en  su  declaración.  La  declaración  de asegurabilidad puede ser  dirigida  o espontánea. La primera se traduce en un cuestionario concreto sobre  lo  que es relevante para el asegurador en relación  con la situación del  riesgo.  La  espontánea  se  expresa en una solicitud genérica de información  que  el  asegurador  plantea al tomador sobre hechos y circunstancias del riesgo  que    a    juicio    del    solicitante   resulten   significativas   para   el  asegurador.   

                             En  ambos casos el deber de información  existe,  pero  en el segundo, o sea el de la declaración espontánea, necesaria  y  lógicamente  se  morigera  su  severidad,  y  por ende se reduce el nivel de  exigencia  para  la  configuración  de  la  reticencia  o  la  inexactitud como  causales  de nulidad relativa del contrato, porque si es el asegurador quien por  razones  técnicas  cuenta  con los elementos de juicio que permitieran precisar  el  tipo  de información requerida, entonces debió acudirse a una declaración  dirigida.   

                             Ahora,  es  posible la contratación sin  ninguna  información  sobre  el  estado del riesgo, porque no hubo declaración  alguna,   ni   tampoco   inspección,   caso  en  el  cual  debe  entenderse  la  manifestación  tácita de la aseguradora de asumir el riesgo, cualquiera sea la  probabilidad  del  daño  que  gravite  sobre  el  interés  asegurado. En otras  palabras,  en  tal  evento no se puede predicar nulidad por reticencia, ni mucho  menos  por  inexactitud, ni tampoco es posible la reducción de la prestación a  cargo del asegurador.   

                             El conocimiento presuntivo del riesgo al  tenor  del  inciso  último del artículo 1058 del Código de Comercio, no puede  entenderse  total,  porque como ya se dijo, la inspección directa del riesgo no  supone  el  conocimiento  cabal  del mismo. Supone sí, el conocimiento de todas  aquellas  circunstancias  que  un asegurador diligente habría percibido con las  inspecciones,  o  reconocimientos  hechos  en  el caso concreto. Así, un examen  médico  efectuado  por  el  asegurador  durante el trámite de una solicitud de  seguro   de   vida,  conlleva  el  conocimiento  de  toda  la  información  que  razonablemente  se  obtiene con ese tipo de examen, no con otros. De ahí que el  asegurador,  libremente,  determina el alcance de su conocimiento del riesgo por  vía  de inspección o percepción directa, y sólo en relación con ese alcance  se  aplica  el conocimiento presuntivo que impide las sanciones por reticencia o  inexactitud   del   tomador  en  la  declaración  de  asegurabilidad,  pues  de  conformidad  con  el  art.  1058  del  C.  de  Comercio,  las  sanciones por las  circunstancias  mencionadas  no  proceden  si  la  aseguradora conocía o debía  conocer    los   hechos   sobre   los   cuales   versan   los   vicios   de   la  declaración.   

                                “Debido    conocer”  que  es término utilizado por el art. 1058, hace referencia a que  el  actuar de la aseguradora al momento de determinar el estado del riesgo, debe  ser  diligente,  o sea que no es de su arbitrio exigir del tomador una cualquier  prueba   o   declaración,  descartando  o  guardando  silencio  sobre  aspectos  relevantes,  y  mucho  menos  dejando  a  su sola voluntad las manifestaciones o  pruebas  para  la  determinación  del verdadero estado del riesgo, sino que, se  repite,  debe  asumir  un  comportamiento  condigno  con  su  actividad, dado su  profesionalismo  en  tal clase de contratación. En vía de principio general lo  que  la  norma reclama es lealtad y buena fe, pues este es un postulado de doble  vía  en esta materia, que se expresa en una información recíproca: el tomador  debe  ofrecer al asegurador todos los elementos de juicio que para este resulten  necesarios  para  decidir  si  asume  o no el riesgo, y a su turno el asegurador  debe  asesorar e informar al tomador de todas las circunstancias que conoce dado  su   profesionalismo  y  puedan  orientar  la  voluntad  de  aquél.           

                              Esta   obligación   de   información  (renseignements)  está  subyacente en todos los contratos en que un comerciante  profesional  negocia  con  bienes  o  servicios.   El legislador quiere que  dicho  profesional no solamente informe sino que aconseje a su eventual y futuro  cliente.   De  ahí  que  en  el  campo  de  los seguros, las reticencias u  omisiones  no  culposas  del  tomador  no generan la nulidad del contrato, si el  asegurador  por  no  cumplir a su turno con la obligación de informar no le dio  herramientas  para  que  éste  describiese  en  forma  correcta  el  estado del  riesgo.   

                             Para que haya responsabilidad del deudor  de  la obligación de informar, se requiere que ésta, además de jugar un papel  definitivo  en  la  voluntad  de  quien debe recibir la información, conozca el  contenido  de  la  asesoría  que  la  otra  parte  necesita, lo cual se presume  tratándose  de  una  contratación  que  involucra  un  profesional, como es el  asegurador  y  frente  a  convenciones  dirigidas  como  es  la  del seguro. Sin  embargo,  si  el  tomador,  a  su  vez,  está  en  condiciones  de  conocer  la  información,  dada  su  propia  especialidad  y el mundo de los negocios en que  gira,  la  obligación  de  informar  por  parte de la aseguradora se morigera y  queda reducida a aspectos eminentemente técnicos.   

                              Por  último,  cabe  advertir  que  la  declaración  de  asegurabilidad  tiene  como fin ofrecer elementos que permitan  conocer  con  objetividad y razonabilidad el estado del riesgo y la probabilidad  de  ocurrencia del siniestro, pero de ninguna manera tiene por objeto establecer  ni  la  existencia  misma  del  riesgo,  ni  que  el  evento  dañino no se haya  producido,  porque  si  el riesgo no existe, no existitrá el contrato de seguro  por  ausencia  del interés asegurable que es uno de los elementos esenciales, y  si  no  es  futuro  e  incierto porque ya ocurrió, tampoco hay contrato, ya por  falta  del  elemento  esencial  del  riesgo  asegurable, pero en ambos casos con  independencia del contenido de la declaración de asegurabilidad.   

                             En cambio, cuando lo que realmente sucede  es  que  el  tomador  engaña  a  la  aseguradora tratando de asegurar un riesgo  inexistente,  el  demandante  no  puede  argumentar  que  la compañía debía o  podía   conocer   la   inexistencia   del  riesgo,  si  hubiera  realizado  una  averiguación  diligente,  porque en este caso lo que de verdad ocurre es que el  seguro  es  inexistente,  siendo esta una excepción alegable por la aseguradora  sin  que  se  le pueda contrargumentar la culpa o la negligencia en la prueba de  la  existencia  del  riesgo,  por  cuanto  ahí  es donde está el límite de su  obligación de prudencia y vigilancia.   

                             3.  Acerca  de  lo  argumentado  por  el  recurrente,  éste  fundamentalmente  afirma  que  el ad quem incurrió en error  evidente  de  hecho  cuando apreció la multiplicidad de pruebas que señala, al  no  darse  cuenta  que  la póliza 0368 de Seguro de Crédito a la Exportación,  responde  a  una naturaleza especial que hace de ella una verdadera garantía de  las  operaciones  de exportación, razón por la cual al beneficiario del seguro  no  le son oponibles las reticencias en que hubiere incurrido el tomador, ni las  exclusiones que aparecen en el contrato.   

                             Según  el casacionista, este seguro fue  autorizado  por  la  ley  444 de 1967, artículo 192, pues fue esta norma la que  facultó  al  Gobierno  Nacional  para  establecerlo  con  el fin de amparar los  riesgos  comerciales,  políticos  y  extraordinarios inherentes a esta clase de  operaciones.  Para tal efecto, agrega, el artículo 193 de la misma ley, faculta  a  PROEXPO  para  “organizar una o varias compañías  aseguradoras  dotadas  de  su  propia  personería  jurídica o tomar acciones o  participar  en  empresas  de esta índole”. Fue así,  prosigue,  como  el Gobierno Nacional expidió el decreto 3053 de 1968, mediante  el  cual estableció el Seguro de Crédito a la Exportación, destinado a cubrir  entre  otros  riesgos, el relacionado con el crédito otorgado a los compradores  del  exterior,  según lo declara el artículo 2 del decreto. Teniendo en cuenta  estas  disposiciones  se  expidió  la  resolución 1577 del 22 de septiembre de  1969,    autorizando   a   Seguros   La   Unión   S.A.   para   “trabajar  el  Ramo  del  Seguro  del  Crédito  a  la  Exportación,  suscribiendo  dicha  compañía aseguradora con PROEXPO los contratos necesarios  para realizar eficazmente las operaciones mencionadas…”   

                             Para  explicar  la  proposición  de  la  naturaleza  especial del seguro en comentario, como garantía de las operaciones  de  exportación,  el  casacionista  trae  a  colación el siguiente texto de la  doctrina de PROEXPO:   

                              “En  el  Seguro  de  Crédito  a  la  Exportación,  tal  como  fue diseñado, el exportador puede encontrar una ayuda  adicional  para  obtener  recursos  financieros  por cuanto bastará que ofrezca  como  garantía  la  póliza  de  seguro  y  hacer  su  endoso  al intermediario  financiero  para  obtener  crédito  de  los  bancos  comerciales. Es decir, una  garantía  concreta,  ya  que  si  el  comprador  paga,  el exportador reembolsa  oportunamente.  Caso  contrario,  después  de  presentada  la  reclamación, la  compañía de seguros paga inmediatamente”.   

                             Ahora,  como  la  sentencia del Tribunal  encontró   probada,  tanto  la  reticencia  del  tomador,  como  la  exclusión  contractual,  la  prosperidad  del  cargo necesariamente exige que la acusación  sea plena, es decir, que controvierta y arrase con sendos pilares.   

                             En esa tarea, la censura alega que el ad  quem  cometió errores de hecho manifiestos en la apreciación de la mayoría de  las  pruebas  que  obran  en  el  expediente  (190 folios), bajo una afirmación  constante:  el  Tribunal  no vio en esa pluralidad de pruebas, que la compañía  de  seguros  jugó un papel determinante en la calificación del riesgo, pues se  refería,  como  ya  se  anotó, a un Seguro de Crédito a la Exportación. Esto  es,  no  advirtió  que  se  trataba  de  una  verdadera  garantía en favor del  beneficiario,  cuya  naturaleza  le impedía al asegurador esgrimir como defensa  una eventual reticencia o la exclusión prevista en la póliza.   

                               En   otras   palabras,   según   el  casacionista,  si  el Tribunal se hubiera dado cuenta de la naturaleza verdadera  de  la póliza, no habría incurrido en los yerros probatorios que se denuncian,  porque   siendo   para   él   axiomática   la   condición   de   “garantía    en    favor    del   beneficiario”,   bajo  este  supuesto debió abordarse el examen probatorio y así no  dar  paso  a  ninguna  de las excepciones propuestas, ni cometer los errores que  fundamentan  el  cargo, los cuales por tal razón extiende a casi todo el acervo  probatorio.   

                             Conforme a ese análisis, los asegurados  de   la  póliza  de  crédito  a  la  exportación,  tienen  una  prerrogativa,  incluyendo  por  supuesto  el  del  caso,  que  proviene  de  la naturaleza o la  concepción  misma  que  tiene  este  seguro  como garantía facilitadora de las  operaciones  comerciales  de  este  tipo. Esta prerrogativa, entonces, surge del  tratamiento  jurídico  que  la  propia normatividad le otorga y que en opinión  del   recurrente   se   ve   reflejada   en   las   pruebas   que  obran  en  el  expediente.   

                             A decir verdad, la misma exposición del  casacionista  descubre la parte antitécnica del cargo, pues este en modo alguno  pudo  proponerse  por  la  vía  indirecta,  como efectivamente se formuló, por  cuanto  la  alegada inoponibilidad al beneficiario del seguro de la reticencia o  la  exclusión  pactada en la póliza, tiene sustento en las normas sustanciales  que  invoca la demanda de casación, con independencia del contenido probatorio,  o  sea  que  la  naturaleza  especial que al seguro en comentario le atribuye el  censor,  proviene  de  la  ley y no de las pruebas, las cuales éste liga de una  manera  inteligente,  porque  parte,  como  se  explicó,  de  una  petición de  principio,  como  lo  es  dejar por averiguado como premisa para el análisis de  las pruebas, la mencionada naturaleza.   

                             4. Pero aún en el evento de admitir que  el  cargo estuvo bien formulado, la prosperidad tampoco se abriría paso, porque  los  errores  no  aparecen  como manifiestos o evidentes, que es característica  esencial  a  los  yerros  denunciados  (los  de  hecho en la apreciación de las  pruebas).   

                              Los  errores  que  se  descubren  como  consecuencia  de un estudio minucioso, de un examen más o menos profundo, de un  proceso  dialéctico  más  o menos complicado, carecen de la fuerza exigida por  la  ley  para  quebrar el fallo impugnado. La labor del casacionista no consiste  en  presentarle  a  la  Corte una nueva interpretación de los hechos, una nueva  valoración  de  las pruebas, aunque una y otra sean más juiciosas o profundas,  o   arrojen   un   mayor   grado   de   convicción  que  la  interpretación  y  valoración   hechas por el Tribunal.  El recurrente debe acreditar la  existencia  de  un  error manifiesto  en  la  apreciación de las  pruebas,  pues  sólo así puede desvirtuar la sentencia, amparada, como bien se  sabe,  por  una  presunción  de  acierto  en  la  apreciación  de los hechos y  aplicación  del  derecho.  De  ahí  que  el  casacionista  deba  demostrar los  errores.   

                               Las   consideraciones   generales   y  reiterativas  que  hace  el censor respecto de cada una de las numerosas pruebas  citadas  en  la  demanda,  se  apartan  por  completo  de  la  precisión que el  carácter  extraordinario  del  recurso   le  exigen  al casacionista en su  labor  de  demostrar  el  yerro.  El  error  debe aparecer individualizado. Debe  precisarse  y  explicarse  su origen. Esto no se logra recurriendo, como en este  caso,    a    consideraciones    generales    sobre    el   acervo   probatorio,  independientemente de la forma como se aprecie.   

                             5.  Respecto al error en la apreciación  de  la  póliza,  primero  en  la  acusación,  dable resulta considerar que las  conclusiones  fácticas  que  acerca de este aspecto coligió el Tribunal, desde  ningún  punto  de  vista  resultan  arbitrarias o absurdas, lo cual descarta el  error en la interpretación del contrato.   

                             El  ad  quem  al  adoptar  su  decisión  aplicó  la  figura de la reticencia, consagrada por el artículo 1058 del C. de  Comercio,  porque el tomador diligenció una solicitud de seguro, y porque en la  cláusula  45  de  la  póliza  se  estableció  como  facultad de la compañía  abstenerse   de   pagar   la   indemnización   cuando   existiera  “reticencias,   declaraciones   falsas   o   erróneas   y   tales  circunstancias  hubieren  influido en la apreciación del riesgo”.  Igualmente,  el  error  se  desecha  si  se tiene en cuenta que lo  previsto  por  el  artículo  1058  en sus incisos 1, 2 y 4, es indisponible por  virtud  de  lo consagrado por el artículo 1162 ibídem, lo cual implica que las  partes  en  el contrato de seguro no pueden pactar en contravía de las causales  de  nulidad  relativa  por la reticencia o inexactitud culposa del tomador. Así  mismo,  debe acotarse como premisa fundamental, que el rigor financiero es deber  tanto  de  las  aseguradoras que otorgan la póliza, como del acreedor asegurado  que confiere el crédito que financia la exportación.   

                             6.  En cuanto a la exclusión pactada en  la   póliza  y  admitida  en  la  sentencia  impugnada,  valen  consideraciones  similares  a las del número anterior. Las exclusiones están autorizadas por la  ley  (arts.  1056  y 1077 del C. de Comercio), y como se anotó, en este caso se  expresó  lo pertinente en la cláusula 6ª. de la póliza y no se tiene noticia  de  que  las  partes hubiesen pactado su inaplicabilidad en un convenio expreso,  que  bien  pudiera  ser  una  cláusula especial o en un anexo, en todo caso por  escrito, dado el carácter solemne del contrato.   

                             7.  Por  último,  como  antes  se dejó  anotado,  el  casacionista  dice que las pruebas detalladas indican que el papel  de  la  aseguradora  en  la  calificación  del  riesgo  no  fue  marginal, como  equivocadamente  lo  sostiene  el  Tribunal,  sino  definitivo y principal, como  corresponde   a   un   seguro   de   naturaleza  especial,  a  una  “verdadera  garantía”, motivo del cual  infiere,  como  ya  se  ha  expresado,  la  inoponibilidad  de  las  defensas al  beneficiario  del  seguro.  De  manera  que  el  recurrente no alega que no haya  habido  reticencia,  ni  que  la  causa de exclusión no se hubiera configurado,  sino la inaplicabilidad de uno u otro fenómeno.   

                              Como  puede  verse,  entre  el  efecto  jurídico   perseguido  por  el  impugnante  (inaplicabilidad  de  sanción  por  reticencia  o  ineficacia  de  la  cláusula  de  exclusión)  y  los hechos que  soportan  tal  conclusión  (las  pruebas  acusadas),  existe una argumentación  jurídica  que  se  presenta  como vínculo o lazo entre los dos extremos. Estas  consideraciones  de  puro derecho que motivan los hechos y fundamentan el efecto  jurídico  pretendido, no serían otra cosa en el marco del recurso de casación  por  vía  indirecta  (causal 1ª.), que la demostración del yerro. Desde luego  que  esa  demostración,  como  reiteradamente  lo  predica  la  doctrina  y  la  jurisprudencia  de  la  Corporación,  debe ser clara, precisa y coherente, pues  sólo    así    tiene   la   fuerza   suficiente   para   destruir   el   fallo  impugnado.   

                             Pues  bien, en el presente caso el cargo  por  este  aspecto también es defectuoso, porque en la aspiración de demostrar  los  errores  se  incurre en inconsistencias y contradicciones. En efecto, en la  demanda  de  casación  a  ratos  se  afirma  que Seguros La Unión conocía las  operaciones  comerciales  entre  Feritex  Ltda. y Compañía Hispanoamericana de  Inversiones  y  la  situación  financiera  de  cada  una  de  ellas,  o sea que  conocía  el  riesgo, porque  en  desarrollo  del tipo de seguro y la especialidad del mismo, la calificación  de  aquél  competía  a la compañía de seguros. Sin embargo, en otros apartes  se  predica  que  la aseguradora tenía la posibilidad  de  conocer el riesgo, para más adelante afirmar no ya  un  conocimiento  real  del  mismo,  ni  la  eventualidad  de éste, sino que la  aseguradora   no   conoció   el  riesgo  porque  incurrió  en culpa, pues fue negligente al no precisar la  magnitud  del  riesgo  que  se  proponía asegurar, pese a que la naturaleza del  seguro  le  imponía  la  obligación  de  conocerlo.  Por  lo  demás, en otras  fracciones  del  cargo, se refiere el recurrente al riesgo durante el desarrollo  del  contrato,  período  de  tiempo  en el cual, dice, el asegurador conoció o  debió  conocer  las  operaciones comerciales entre importador y exportador. Por  supuesto,  que  esta  última  imprecisión,  surge,  como  quedó  explicado al  principio  de esta sentencia, de no diferenciar entre el conocimiento del riesgo  antes  de  la celebración del contrato y los cambios que éste registre durante  el  desarrollo  del  acuerdo, olvidando que uno y otro estadio tiene regulación  diversa en los artículos 1058 y 1060 del C. de Comercio.   

                             Entonces, conforme a lo razonado el cargo  no prospera.   

DECISION  

                             En mérito de lo expuesto, la  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Civil y Agraria, administrando justicia  en  nombre  de  la  República  y  por autoridad de la ley, NO CASA la sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Santafé de  Bogotá,  de  diciembre  16  de  1993,  en  el proceso CORPORACION FINANCIERA DE  SANTANDER S.A. CORFINANSA contra SEGUROS LA UNION S.A.   

                              Costas   en   casación  a  cargo  del  recurrente. Tásense.   

                                          Cópiese,  notifíquese y devuélvase el expediente  al Tribunal de origen.   

JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

NICOLAS BECHARA SIMANCAS  

CARLOS ESTEBAN JARAMILLO SCHLOSS  

PEDRO LAFONT PIANETTA  

JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ  

RAFAEL ROMERO SIERRA    

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