S 019 99

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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S-019-99

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL Y AGRARIA  

Magistrado    Ponente:    NICOLAS BECHARA SIMANCAS   

Santafé  de Bogotá, Distrito Capital, ocho  (8) de junio de mil novecientos noventa y nueve (1999).-   

                                     Referencia:   Expediente No. 5157   

                                 Procede  la  Corte a decidir el  recurso  extraordinario  de casación interpuesto por la parte demandante contra  la  sentencia de 27 de junio de 1994, pronunciada por la Sala Civil del Tribunal  Superior   del   Distrito   Judicial   de   Santafé   de   Bogotá,   en   este  proceso      ordinario      de      INVERSIONES  URBANAS  Y  RURALES  BOLIVARIANA LIMITADA contra      el      BANCO     CENTRAL  HIPOTECARIO.   

                                                      

ANTECEDENTES:   

                                 I.- Por demanda de 9 de junio de  1992  que  le  correspondió al Juzgado Cuarto Civil del Circuito de Santafé de  Bogotá  D.C., el citado actor promueve, con audiencia del mencionado demandado,  proceso   ordinario   en   el   que   solicita   se   hagan   las  declaraciones  siguientes:   

                                 «1.-  Se  declare  que el Banco  Central  Hipotecario  es  responsable  del deterioro y desvalorización del bien  inmueble  ubicado  en  la  Cra.  1a. Este Nº 108-57 de la ciudad de Santafé de  Bogotá  D.  C.,  de matrícula inmobiliaria Nº 050-0082049, perteneciente a la  sociedad Inversiones Urbanas Bolivariana «INURB».   

                                 «2.- Que se condene a la entidad  demandada  al  pago  de la desvalorización y deterioro del inmueble, la cual se  avalúa en TREINTA MILLONES DE PESOS MCTE, ($30.000.000,00).   

                                 «3.-  Que se condene a la parte  demandada  al pago de los cánones mensuales que se dejaron de percibir desde el  5  de  junio  de  1987  hasta  el  día  de hoy, cuyo valor de cada canon era de  CINCUENTA  Y  SEIS  MIL  PESOS  MCTE  ($56.000,00)  dichos  valores deberán ser  sometidos  a  la  indexación,  o sea a la corrección monetaria que se tenga al  momento de realizar el pago.   

                                 «4.-  Que se condene a la parte  demandada  al  pago  de  los intereses al 6% anual sobre los cánones dejados de  percibir  desde  el  mes  de junio de 1987, fecha en que terminó el contrato de  arrendamiento efectuado por el secuestre.   

                                 «5.-  Que se condene a la parte  demandada  al  pago  de los intereses al 6% anual sobre la suma de $2.519.513,00  MCTE,  correspondiente a los cánones que fueron puesto (sic) a disposición del  Juzgado  y  no  fueron  retirados, por el doctor CETINA, procurador judicial del  Banco si no hasta el 12 de noviembre de 1991».   

                                 Las anteriores peticiones tienen  como fundamento los hechos que a continuación se resumen:   

                                a.-) El Banco Central Hipotecario  demandó  por  la  vía  ejecutiva  con garantía real de hipoteca a Inversiones  Urbanas  y Rurales Bolivariana Limitada, proceso cuyo conocimiento correspondió  al  Juzgado  Veinticinco  Civil  del  Circuito de esta ciudad y dentro del cual,  como  medida cautelar, se decretó el embargo y posterior secuestro del inmueble  dado en garantía, según auto del 14 de junio de 1982.   

                                 b.-)  Inscrito  el  embargo, se  decretó  la  diligencia  de  secuestro  que se practicó el 7 de marzo de 1983,  habiendo  sido  designado  como  secuestre  el  señor Pedro Antonio Cely, quien  ejerció  sus  funciones  hasta  el  22  de  noviembre  de  1988, data en la que  renunció  a su cargo y rindió cuenta de los dineros recaudados por concepto de  arrendamiento,  motivo  por  el  cual el Juzgado le designó reemplazo, quien no  tomó  posesión  del  cargo  sin  que  la  parte  actora  hiciera  nada para su  sustitución.   

                                 c.-) Durante el tiempo en que el  inmueble   estuvo   secuestrado,   el   apoderado  judicial  del  Banco  Central  Hipotecario  fue  negligente  en relación con su manejo, «ya que a pesar de las  diferentes  peticiones  que realizó el secuestre al Juzgado de colaborarle para  el  cuidado  y  conservación, no tomó ninguna medida pertinente, siendo que el  embargo  estaba  inscrito  en  la  Oficina  de  Instrumentos Públicos, por esta  razón se llegó al deterioro y desvalorización del bien».   

                                d.-) También por hecho imputable  al  apoderado  del  Banco Central Hipotecario al no retirar el dinero depositado  por  el  secuestre  por concepto de arrendamientos, según rendición de cuentas  efectuada  por  él   el  5  de  agosto de 1988,  se hizo imposible la  disminución del capital y, por ende, la de los intereses causados.   

                                 III.-  El libelo demandador fue  admitido  por  auto  del  15  de  julio  de 1992, y enterado el demandado de las  pretensiones  del demandante, de manera extemporánea y satisfaciendo el derecho  de  postulación  presentó  escrito de respuesta en el que aceptó unos hechos,  negó  otros  y  se  opuso  a  la  prosperidad  de las pretensiones. Igualmente,  propuso  incidente  de nulidad de la notificación personal, que fue resuelto de  manera  adversa  en  primera  instancia  y  que  apelado  se  confirmó  por  el  Tribunal.   

                                   IV.-   El   funcionario  del  conocimiento  le  puso fin a la primera instancia por sentencia del 3 de febrero  de  1994  en  la  que  se absolvió al contradictor y se condenó en costas a la  parte actora.   

                                V.-  Descontento  con  lo así  decidido,  la  parte  promotora  del  proceso  recurrió  en  apelación ante el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Santafé de Bogotá , Sala Civil,  quien  al desatar la alzada mediante sentencia de 27 de junio de 1994, confirmó  la   del   a-quo   en   todas   sus   partes   y   condenó   en   costas  a  la  impugnante.   

FUNDAMENTOS   DE   LA   SENTENCIA   DEL  TRIBUNAL   

                                                   

                               El  Tribunal, luego de dar por  establecidos  los  presupuestos  procesales  y  de  no hallar motivo de nulidad,  pasó  a pronunciar sentencia de fondo confirmatoria de la de primera instancia,  en cuyo apoyo consignó las motivaciones que pasan a destacarse.   

                               a) El abuso del derecho, según  lo  ha dicho la doctrina, es otra de las fuentes de la responsabilidad civil, ya  sea delictual o cuasidelictual.   

                               b) Cita a Planiol para recordar  que  antes  no  se admitía ni se toleraba, por ser contradictorio y excluyente,  que  se  pudiera  predicar  que  del  ejercicio de un derecho se derivara alguna  clase  de  abuso  y,  explica  a  continuación,  que  contra ello se reaccionó  mediante  la  formulación de la teoría del abuso del derecho que surgió «como  una  lógica  reacción  contra  el  absolutismo».  Luego  pasa  a  mencionar  a  Josserand  como  quien  se encargó a partir de 1932 de sistematizar la «teoría  de  la  relatividad  de  los  derechos»,  a través de la cual si era posible al  ejercer  uno  subjetivo  incurrir en el abuso, y termina citando a Alessandri en  su  obra  «De  la  Responsabilidad  Extracontractual  en  el Derecho Civil T. I,  cuando  dice  «los  derechos,  a  más  de  su  aspecto  individual,  tienen una  finalidad  social  que  llenar,  de la  que su titular no puede prescindir.  Deben,   pues,   ejercerse   de   acuerdo  con  los  fines  para  que  han  sido  otorgados.   Quien prescinde de estos fines y los utiliza en otros diversos  de  aquellos  que  legitimaron  su  existencia,  quien los desvía de la misión  social  a  la  que  están destinados, abusa de ellos, y si causa un daño, debe  indemnizarlos…».   

                               c)  Invoca  a continuación la  jurisprudencia   de  la  Corte  que  ha  entendido que el abuso del derecho  constituye  una  especie de la culpa aquiliana y menciona las cuatro modalidades  en  que  es  susceptible el ejercicio de un derecho: «a) el disfrute de hecho de  su  contenido;  b) el de hacerlo valer frente a los demás; c) el de disponer de  él;  y  d)  el  de  hacerlo  efectivo  por medio de la acción procesal, lo que  indica  que  el  abuso del derecho comienza por afirmar, desde luego, un derecho  que  asiste  a  quien  lo  ejercita.  El abuso consiste en que este ejercicio se  excede  o  se  desvíe de los fines que económica y socialmente corresponden, y  así  perjudique  al  perseguido,  sin  siquiera  obtener  las más de las veces  provecho para sí (Corte, G. J. T. LV, p: 318)».   

                                 d)  Hace  una  amplia  cita  doctrinal  de sentencias de esta Corporación entre ellas la de 11 de octubre de  1973  pronunciada  dentro  del  ordinario de Luis Enrique Páez Sierra contra la  Caja  de  Crédito Agrario, Industrial y Minero, para concluir que «ese elemento  indispensable  para  que  se configure la responsabilidad del demandado no está  acreditado,  en  el  caso  sub-judice  en  forma  alguna.  No obstante que en el  proceso  se  estableció la existencia de los daños causados al inmueble por su  abandono,  no se puede obligar a la parte demandada a indemnizarlo, porque no se  demostró  que  en  sus  actuaciones  procesales haya utilizado una conducta que  tipifique,  según  las anteriores consideraciones, las características propias  del  abuso  del  derecho que se han estudiado, tales como la clara intención de  inferir  daño  o  que  hubiese  procedido  con temeridad, mala fe o imprudencia  manifiesta».   

                               e)  Finaliza  afirmando que la  negligencia  o  el  descuido  fue  del auxiliar de la justicia que  fungió  como  secuestre  del inmueble y  nunca del aquí demandado que se limitó a  ejercer,  sin  incurrir en abuso alguno, el derecho,  a hacer efectivo  el  crédito  garantizado  con  hipoteca  ya exigible a su favor y a cargo de la  demandante,  agregando  que  «la temeridad, la mala fe o la grave imprudencia en  que  debe  necesariamente haber incurrido el demandado no aparece acreditada por  cualquiera   de  los  medios  probatorios  indicados  en  el  estatuto  procesal  civil.   De   ahí  que  la  conducta  de  donde  se  hace  derivar la  responsabilidad  civil del demandado, no es  fuente de derecho alguno en el  presente  caso, pues el solo hecho de que dicha parte no haya solicitado al juez  la  designación  de  nuevo  secuestre  cuando  no  se posesionó el escogido en  reemplazo  del  que renunció, o que no haya ejercido un severo control sobre el  que  en  principio  desempeñó el cargo, no constituye necesariamente abuso del  derecho,  y  menos  aún cuando -como se ha repetido-, el  nombramiento del  nuevo  auxiliar  o  la  vigilancia  sobre  el  ejercicio  de su cargo pueden ser  pedidos  por  la  parte  demandada,  y  pueden y deben ser ejercidos por el  mismo juez que dirige el proceso».   

EL RECURSO DE CASACION  

                               Dos cargos, ambos por la causal  primera  de  casación, formuló el recurrente contra la sentencia del Tribunal,  los cuales se despacharán en el orden propuesto.   

PRIMER CARGO  

                                 En él se acusa la sentencia de  infringir,  indirectamente  los  artículo  2341 del Código Civil, por falta de  aplicación,   y   72   y  73  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  por  aplicación  indebida, a consecuencia de errores de hecho cometidos por el   Tribunal en el análisis del acervo probatorio.   

                                 a)  No  haber  tenido en cuenta  indicio  grave en contra del demandado, deducido de la no contestación oportuna  de  la  demanda,  artículo 95 del  Código de Procedimiento Civil, a pesar  de  haber  recibido  notificación  personal  y  traslado  en  forma debidas por  conducto de su representante legal.   

                                 b) No haber tenido en cuenta el  indicio  derivado  de  la  conducta  procesal  del  Banco Central Hipotecario al  proponer,  sin  fundamento  como  se  evidencia  con  la  improsperidad en ambas  instancias,  incidente  de  nulidad  con  el  claro y «censurable» propósito de  «revivir  un  término  legal  vencido (artículo 249 del C. de P. C.)», el  del  traslado  de  la demanda, aduciendo «omisión de simples formalismos que en  nada  afectaron  el  derecho de defensa» en el acto secretarial de notificación  de la demanda.   

                                 c) No haber tenido en cuenta la  prueba  documental, copias tomadas del expediente que contiene la ejecución con  título  hipotecario  del   Banco  Central  Hipotecario  contra Inversiones  Urbanas  y  Rurales  Bolivariana Ltda. que se tramitó en el Juzgado Veinticinco  Civil  del Circuito de Santafé de Bogotá D.C., decretado como prueba de manera  oportuna  pero  solamente  allegada  a  la segunda instancia directamente por la  parte  demandante.   A  continuación relaciona una por una  treinta y  seis  (36)  actuaciones  obrantes  allí,  que  no  fueron  valoradas, ya que el  conjunto pasó  «sorprendentemente inadvertida».   

                              Destaca que de los documentos en  listados  se  deduce  que el secuestre estuvo atento a que el inmueble cautelado  produjera  rendimiento  durante  su administración, lo que ciertamente sucedió  entre  el 1o. de abril de 1983 hasta el 30 de mayo de 1987, fecha en la cual los  arrendatarios   lo  restituyeron.   Igualmente  puso  en  conocimiento  del  juzgado  la  necesidad  de  hacer  reparaciones  locativas  de carácter urgente  pidiendo  autorización  para sufragarlos de los dineros  recaudados.   Su  insistencia  sobre  el  particular  no  fue  atendida  y  «solo recibió por  respuesta  la   absoluta  despreocupación de la parte actora, siendo que a  esta  más que a nadie le tenía que haber  interesado la conservación del  bien garante de la obligación cuyo cobro ejecutivo perseguía».   

                               Se  pregunta el censor «quién  debe   asumir  los  gastos  que  los  actos  de  administración  del  secuestre  generen?»   respondiéndose  él  mismo  que  debe acudirse al artículo 10  del   C.  de  P.  C.  «que  faculta  al juez para autorizar el pago   de  impuestos  y  expensas  con  aquellos  dineros  consignados  en  la  cuenta  de depósitos judiciales» por el  secuestre  .  Agrega  que,  en el supuesto de no existir tales dineros o frutos,  acatando  lo  dispuesto  en el artículo 2259 del Código Civil al que remite el  2277,  «el depositante se encuentra obligado a indemnizarle al depositante (sic)  las  expensas  que  haya  hecho  para  la  conservación  de la casa y que   probablemente  hubiere  efectuado él mismo de haberla tenido en su poder».   

                               Por  último  asevera  que «la  responsabilidad  que  se  endilga  al  Banco  Central  Hipotecario no estriba en  esencia  en  la  no  insistencia  en  el reemplazo del señor Cely Chaparro como  tampoco  en  la  ausencia  de un  severo control sobre el mismo señor como  laxamente  lo  asevera  el  Tribunal, porque la verdad sea dicha, ni uno ni otro  fueron  la causa directa de los daños materiales sufridos por el inmueble, sino  el  comportamiento palpablemente despreocupado, de extremo descuido, o lo que es  igual,  de  manifiesta  imprudencia  de  la  parte  actora ante la situación de  emergencia  reiteradamente  planteada  por el auxiliar de la Justicia»; esto es,  el  fundamento  jurídico  de  lo  pedido  está  en el artículo  2341 del  Código Civil y no en los 72 y 74 del C. de P. C.   

                              d) No valorar, no obstante haber  concluido  que se causaron y demostraron los daños y deterioros al inmueble que  son  objeto  de  reclamación,  el  dictamen  pericial que fijó su cuantía, y,  por    la  fundamentación  de  sus  conclusiones,  «fácilmente  se  puede  establecer  la  relación de causalidad entre el daño y la conducta culposa del  apoderado  del  Banco  Central  Hipotecario: el comportamiento descuidado y  negligente  del   ejecutante  dio  lugar  a  que  el inmueble  quedara  expuesto a toda suerte de zaqueos (sic) y deterioros materiales».   

                               e) No apreciar la declaración  del  secuestre  Pedro  Antonio  Cely  Chaparro  que reiteró lo que varias veces  planteó   en    sus  escritos  respecto  de  la  necesidad  de  efectuarle  reparaciones  al  inmueble  secuestrado  y  sometido  a su administración, «sin  obtener   una   contestación   favorable»   del  apoderado  del  Banco  Central  Hipotecario.   

                              f) No haber tenido en cuenta los  documentos  allegados con la demanda y relacionados en «el acápite de pruebas»,  así  mismo  que  «se trata en su mayoría de actuaciones obrantes en el proceso  ejecutivo  hipotecario» entre las mismas partes, y que origina, en su sentir, la  indemnización  de  perjuicios  reclamados  como  secuela  del  deterioro y  desvalorización  padecidos  por el inmueble embargado y secuestrado.  Hace  la  individualización  de  los  catorce (14 ) documentos y manifiesta  que  ellos  demuestran  el  proceder diligente del secuestre y ratifican la desidia e  indiferencia  del  demandado  porque, según su entendimiento, «Desde el momento  mismo  en  que  el  inmueble  fue  embargado y secuestrado la sociedad demandada  dejó  de  ser  su poseedora, para pasar a serlo la parte actora y a través del  auxiliar  de  la  justicia nombrado para el efecto.  Y con la misma calidad  asumió la  responsabilidad de conservar y proteger el bien».   

                              No aplicó el artículo 2341 del  Código  Civil  que  establece  la responsabilidad civil extracontractual por un  proceder  doloso  o  culposo,  a  pesar de haberse demostrado la  culpa del  Banco  Central  Hipotecario,  el  daño padecido por  INVERSIONES URBANAS Y  RURALES  BOLIVARIANA  LTDA.  en  el  inmueble  de su propiedad y la relación de  causalidad  entre  este y aquella.   Y también, aplicó indebidamente  los  artículos  72  y  74  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  ya  que  al  contradictor  no  se  imputó  una  actuación,  propiamente  dicha, de mala fe,  dolosa o temeraria.   

CONSIDERACIONES:   

                                 1.-  No  le  asiste razón a la  recurrente   cuando   acusa   al   fallador   ad-quem  de  no  haber  aplicado  a la composición del asunto  materia  de  controversia  el artículo 2341 del Código Civil que reglamenta la  responsabilidad  civil extracontractual, tal como lo planteó desde un principio  en  su  demanda,  y por acudir a otros preceptos que, según él, no sirven  para  solucionar  el  problema  como  son  los artículos 72 y 74 del Código de  Procedimiento  Civil, por cuanto  para refutar este aserto basta leer   con   detenimiento   la  sentencia  de  segunda  instancia  para  concluir  que,  contrariamente  a  lo  expresado,  los  pedimentos de la parte demandante fueron  estudiados  a  la  luz de la responsabilidad civil extracontractual o aquiliana,  como  se  aprecia  en el siguiente pasaje del mismo y que aquel tomó, según lo  dijo,  de  fallos  de  esta  Corporación de 26 de enero de 1976 y 24 de mayo de  1980:  «Ahora  bien,  como  la  responsabilidad  civil  por  abuso  de  derechos  subjetivos,  generalmente  en  nada se separa de los lineamientos principales de  la  culpa aquiliana, o de la contractual, en su caso, síguese que al demandante  no  le  basta  acreditar  la  existencia de ese abuso con la calidad de culposo,  sino  que es menester que demuestre el daño que haya padecido y la relación de  causalidad  entre  éste  y  la  culpa  alegada. El abuso del derecho, pues como  especie  de  la  responsabilidad  civil, solo puede ser fuente de indemnización  cuando  se pruebe que existen los tres elementos clásicos de ella: culpa, daño  y relación de causa o efecto entre aquella y éste».   

                                   El   elemento  culpa  de  la  responsabilidad  civil  extracontractual  o aquiliana en su especie de abuso del  derecho,  no  lo  encontró  demostrado  el Tribunal, no porque hubiese hecho el  estudio  a  la  luz  de  preceptos  distintos  al  artículo  2341  del Estatuto  Sustantivo  Civil,  sino porque en el caso concreto de exceso en la elección de  las  vías  de derecho, la culpa tiene que haber sido generada, como aquí no se  demostró,  por  la  intención  inequívoca  de inferir daño o por el proceder  temerario  o  de  mala  fe  o una imprudencia manifiesta, tal como lo exigen las  normas  especiales que tratan del asunto, como son, para el caso que se examina,  los artículos 72 y 74 del Código de Procedimiento Civil.   

                                2.- Pero además, en este caso el  Tribunal  no  pasó  por alto ni omitió tener en cuenta las pruebas que reseña  la  recurrente  y  que  fueron  recaudadas  en  el  curso de la instrucción del  plenario   (indicios,   documentos,   declaración   del  secuestre  y  dictamen  pericial),  sino  que tácitamente consideró que tales pruebas eran inanes para  dar  por  sentado  que  la  utilización  del cobro compulsivo fue temeraria, es  decir,  iniciada  de mala fe, sin lo cual no se estructura el abuso del derecho,  que sirva de basamento a una condena en perjuicios.   

                                        El     ad-quem  concluyó  que en los autos no  estaba  demostrada la temeridad ni la mala fe en la conducta del aquí demandado  al  no  asumir  de  manera  directa  y personal la administración y control del  inmueble  embargado  y  secuestrado,  como  erradamente  lo  predica  y exige el  recurrente  hasta  el  punto  de  dar  a entender que debió desplazar al propio  auxiliar  de  la  justicia  en  el  ejercicio  de  sus  funciones. No pretirió,  entonces,  el  Tribunal que las medidas cautelares causaron perjuicios, sino que  estimó  simplemente  esos  perjuicios  como  parte  del  normal  desarrollo del  proceso,  puesto  que la conducta omisiva que califica como nociva y perjudicial  la  demandante  también,  lo  reitera,  le es atribuible con igual intensidad a  ella  misma, al juez que conoció de la ejecución y al negligente secuestre; es  decir,  en  la  mente  del  Tribunal no estuvo el considerar dicho proceder como  injusto  para  ser  generador  de  indemnización,  a  pesar  de  partir  de  la  demostración del daño sufrido.   

                                A  este respecto tiene dicho la  jurisprudencia  de  la  Corte,  al  referirse al ataque por error de hecho en la  supuesta  omisión de un conjunto de pruebas obrante en el expediente, que «como  para  que  este  error  tenga trascendencia en casación se requiere además que  sea  la  determinante  de tomar en el fallo decisiones contrarias a la legal, se  impone  afirmar que no es posible sustentar ataque a la sentencia con fundamento  en  error  de  hecho  en la apreciación de medios de prueba, cuando el fallador  parte  de la base de la presencia de ellos en el proceso, pero no los estima por  considerarlos  inconducentes  o  ineficaces para desvirtuar los hechos que otros  medios  de  prueba  demuestran» (G.J. CLI, pág. 210).            

                                 

                                    El    cargo,   pues,   no  prospera.   

                                                  SEGUNDO CARGO   

                              Mediante  él  se  combate  la  sentencia  por infringir indirectamente, como consecuencia de errores de derecho  en  la  apreciación  de las pruebas, los artículos 2341 del Código Civil, por  falta  de  aplicación;  y  72  y  74  del  Código  de Procedimiento Civil, por  aplicación indebida.   

                              Con el propósito de sustentar  su  acusación,  la  recurrente  señala  que  la sentencia cuestionada cometió  trascendentes  errores  de derecho al no expresar el mérito asignado a cada una  de  las pruebas recaudadas ni hacer el examen de todas en conjunto. Seguidamente  pasa  a  relacionar  las  medios que omitió estimar en conjunto, los mismos que  enlista  en  la  sustentación del primer cargo, esto es, el indicio derivado de  no  haberse contestado la demanda oportunamente, el indicio de haberse propuesto  sin  éxito  incidente  de nulidad de la diligencia de notificación personal de  la  demanda,  los  treinta  y cuatro (34) documentos correspondientes al proceso  ejecutivo  con  título  hipotecario  suscitado  entre  las  mismas partes y los  dieciocho   (18)  documentos  referentes  al  mismo  proceso  arrimados  con  la  demanda.   

                              Luego  de  reproducir  algunos  apartes  de la sentencia del Tribunal en los que se destaca la conclusión de no  encontrarse  acreditada  en cabeza del demandado «la clara intención de inferir  daño   o   que  hubiese  procedido  con  temeridad  o  mala  fe  o  imprudencia  manifiesta»,  esto  es,  el  abuso  del  derecho  en  la  elección de las vías  procesales,  argumenta  que  el  fallo  carece de «un pronunciamiento en torno a  cada  uno  de  los  medios  de  convicción obrantes en el proceso, así como la  apreciación  conjunta  de  los mismos, que sustente la conclusión contenida en  las  transcripciones  antes  hechas». Agrega que «El sentenciador manifestó que  no  halló  comprobada  la mala fe, o la temeridad por «cualquiera de los medios  probatorios  indicados  en  el  estatuto procesal civil» pura y simplemente, sin  adentrarse  en  el  análisis  de  cada  una  de  las  pruebas  específicamente  allegadas  y  practicadas en el curso del proceso, que no son otras diferentes a  las anteriormente relacionadas».   

                             Afirma el censor que también se  quebrantaron  los  artículos  241  y 250 del Código de Procedimiento Civil, en  primer  término,  por  no haber apreciado el dictamen pericial «en conjunto con  los  restantes  medios probatorios» y, en segundo lugar, «por cuanto no cumplió  con   la   obligación  de  valorar  los  indicios  derivados  de  la  falta  de  contestación  oportuna  de  la  demanda  y  conducta  procesal del demandado en  relación con las demás pruebas obrantes en autos».   

                             Insiste en que la situación por  él  planteada desde un principio se encuentra descrita en el artículo 2341 del  Código  Civil que solamente exige que el deudor causante del daño haya actuado  de  manera descuidada y negligente y no en los artículos 72 y 74 del Código de  Procedimiento  Civil  que «no exigen una conducta culposa cualquiera, sino   una   actuación   de   tipo  procesal  que  revista  el  carácter  de  dolosa,  malintencionada,  temeraria,  desarrollada  a  través  de recursos, incidentes,  demandas, trámites especiales etc.».   

                              Finaliza  manifestando que «De  haberse   analizado  el  acervo  probatorio  conforme  a  lo  ordenado  por  los  artículos  174, 187, 241 y 250 del C. de P. C., el ad quem habría subsumido la  conducta  omisiva del secuestre dentro de la hipótesis prevista en el artículo  2341  del  C.C.,  y  no  en la consagrada en los artículos 72 y 74 del C. (sic)  referentes a actuaciones procesales propiamente dichas».   

CONSIDERACIONES  

                              1.-  Respecto de los modos por  medio  de  los  cuales  puede producirse la violación indirecta de una norma de  derecho  sustancial,  tiene dicho la doctrina de la Corte que ello puede suceder  como  consecuencia  de  un error de hecho o uno de derecho en la apreciación de  las  pruebas,  desacierto  a  consecuencia  del  cual  deja  de aplicar, al caso  litigioso,  la  norma  que  verdaderamente  lo  regula, o le aplica la que le es  extraña;           y  concretando  lo  atinente al error de derecho, ha reiterado que  uno  de  los  eventos  en  que  el  Juzgador lo comete es cuando aprecia pruebas  obrantes  en el proceso sin observar los requisitos dispuestos en la ley para su  valoración.   

                                               2.-   La  doctrina  de  esta  Sala  sobre  la  apreciación  de  las pruebas en conjunto y la exposición razonada que se le da  a  cada  prueba,  exigencias  impuestas  al  fallador  por  el artículo 187 del  Código  de Procedimiento Civil, ha expuesto que «En tal evento, observa la Sala  que  cómo  de  conformidad con la presunción legal de acierto en la estimativa  probatoria  de  un  fallo que llega en casación, se entiende que el fallador da  cumplimiento  al  deber  de  apreciar  en  conjunto  o globalmente (integración  mediante  la  relación  o  causación  de  similitud,  disimilitud, oposición,  convergencia,  etc.)  todas  las pruebas que se dan por existentes en el proceso  sometiéndose  en  ello a las reglas de la sana crítica y sus limitaciones (las  solemnidades  esenciales y de validez de los actos), dando la razón del mérito  de  cada  prueba  (art.  187  del  C.  de  P.  C.),  es menester concluir que su  impugnación  en  casación por error de derecho no queda ajustada del todo a la  técnica  por  la  indicación  abstracta  de  la  violación  de la citada  preceptiva,  sino que además, es indispensable, entre otros, que el defecto sea  en  la  apreciación  normativa  de  la  prueba  y no se sustente en deficiencia  fáctica,  como  la  preterición  de  la  prueba,  porque  el  yerro  que  debe  endilgarse  debió  ser  el de hecho y no el de derecho. Además, es imperativo,  por  lo  arriba expuesto, que la indicación de tal yerro de derecho, a pesar de  referirse   a   falta   de  apreciación  global,  debe  ir  acompañada  de  la  determinación  o  singularización (como lo exigen los artículos 368, num.1, y  374,  num.3,  C.  de P. C.) de todas y cada una de las pruebas, que a juicio del  recurrente  no  fueron  objeto  de apreciación conjunta; indicación ésta que,  por   lo   demás,   debe  ser  completa  en  el  sentido  que  abarque  la  apreciación  en  conjunto  de  todo  (y  no  de  una  parte  o grupo) el acervo  probatorio   que   sostiene   el  fallo,  la  que  debe  ir  acompañada  de  su  comprobación   con  la  indicación  de  los  pasajes  donde  quede  demostrada  completamente  la  falta  absoluta  de  la  mencionada integración y estimativa  global,  pues  no  apareciendo  de  esta  manera,  se mantiene la presunción de  acierto  en  esta materia, que, por lo tanto, deja invulnerable el fallo por ese  motivo». (Sentencia 103 de 16 de mayo de 1991).   

                             En igual sentido se ha dicho por  la  Corporación  que  «En  lo  que  a la casación atañe, y como quiera que la  norma  antes  mencionada  -art.  187-  exige  la  apreciación de las pruebas en  conjunto,  la  jurisprudencia de la Corte ha sostenido que el desconocimiento de  tal  mandato  por parte del fallador da lugar a un error de derecho, desde luego  que  se  desconocería  una  prescripción de la ley instituida para evaluar las  pruebas…Como  es  natural,  en  procura  de  que  ese  error aparezca, debe el  impugnante  demostrar  que  la  tarea  evaluativa  de  las  distintas  probanzas  cumplida  por  el  sentenciador  se  llevó  a  cabo  al margen del análisis de  conjunto  pedido  en  el  artículo  187, o sea, poniendo de manifiesto cómo la  apreciación  de  los  diversos  medios lo fue de manera separada o aislada, sin  buscar  sus  puntos  de  enlace  o  de  coincidencia. Este y no otro debe ser el  criterio  a  seguirse  cuando  de individualizar este tipo de yerro se trata. En  consecuencia,  si,  con  prescindencia de las conclusiones obtenidas en el campo  de  los  resultados  de  la  prueba,  pues  es  asunto  que  cae  en  el terreno  rigurosamente  fáctico,  la  referida  tarea  valorativa  se  ciñó a la norma  citada,  no  será admisible la prédica del error cuando bajo el pretexto de su  demostración,  lo  que  persigue  es  la  sustitución  del  examen de conjunto  realizado  por  el  sentenciador por el que proponga el recurrente. Expresado de  otra  manera,  se debe tener un cuidado sumo para que el planteamiento no derive  hacia  el  aspecto  de  la  objetividad de los hechos pues en éste la cuestión  queda  ya  bajo  el  influjo  del  error  de  hecho que, como se sabe, tiene una  naturaleza  distinta  al  error  de  derecho».  (Sentencia 067 del 4 de marzo de  1991).   

                             3.- Acorde con lo precedente, el  cargo  estudiado  no  fue  formulado  de  manera  técnica por la recurrente. Es  indiscutible  que  el incumplimiento por parte del fallador del deber de valorar  en  conjunto  todos las pruebas allegadas al proceso, genera un error de derecho  de  su  parte   que hace atacable la sentencia de conformidad con la causal  primera  de  casación.  Empero,  no  es  suficiente  que  tal  cosa  se  afirme  simplemente,  sino  que  es  imperativo que, además de la individualización de  los  medios  de  prueba  no estimados globalmente, se indique por la censura los  apartes  de  cada  una  de ellas que evidencien y demuestren de modo completo la  falta  total  de  dicha  integración,  a  consecuencia de la cual se produce la  violación  de  norma  de  derecho sustancial, so pena de que como secuela de no  hacerse  así  permanezca  inalterable la presunción de acierto que cobija toda  decisión  judicial,  y  por  lo  mismo  incólume  la  sentencia atacada con el  recurso de casación.   

                              Acá la impugnante se limitó a  individualizar  y  determinar  los  medios probatorios obrantes en el expediente  que   considera   no   fueron   valorados  en  conjunto:  indicios,  documentos,  declaración  del  secuestre  y  dictamen pericial, pero no relaciona ni destaca  los  aspectos  de  cada  uno de ellos que sirvan de puntal a la integración que  echa  de  menos.  Esta  omisión  conduce  necesariamente  a  que el cargo esté  planteado  sin  los  requisitos  técnicos  mínimos exigidos cuando se trata de  acusar  la sentencia por error de derecho y, por ende, la presunción de acierto  de la misma no ofrece discusión posible.   

                               

                              4.- Haciendo abstracción de la  deficiencia  técnica  advertida  en  la  formulación  del yerro de derecho, no  tiene  razón la recurrente cuando asegura que no se hizo por el fallador examen  de  conjunto  de  las  pruebas  recaudadas  ni se expuso respecto de cada una de  ellas   el   mérito  que  le  daba.   En  efecto,  la  sentencia  sí  dio  cumplimiento  al  ya  citado  precepto aunque no de manera expresa sino tácita,  tal  como  se  desprende  de la conclusión que hizo el sentenciador de no haber  encontrado  en el elenco probatorio la demostración del elemento cualificado de  la  responsabilidad  civil  extracontractual o aquiliana, en la especie de abuso  del  derecho,  relacionado  con  la  inequívoca  intención de inferir daño de  parte   del  demandado  o  que  hubiese  procedido  con  temeridad,  mala  fe  o  imprudencia  manifiesta.  Al  haber razonado de esa manera, ha de entenderse que  ninguna  de  las  probanzas,  ya  individual  o  conjuntamente  consideradas, le  sirvió  para  deducir dicho elemento axiológico de la pretensión resarcitoria  estudiada,  razón  por la cual no podría, dentro de una lógica hermenéutica,  hablarse de falta de apreciación de las mismas en conjunto.   

                              El  cargo,  pues, no prospera.   

DECISION  

                                               Por lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia,  en  Sala  de  Casación  Civil  y  Agraria,  en  nombre  de  la República y por  autoridad    de   la   ley,   NO   CASA  la  sentencia  de  27 de junio de 1994 proferida en este proceso  ordinario  por  la  Sala  Civil  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Santafé de Bogotá.   

                             Costas del recurso a cargo de la  parte demandante. Liquídense.   

                                               COPIESE, NOTIFIQUESE Y DEVUELVASE.   

JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

NICOLAS BECHARA SIMANCAS  

CARLOS      ESTEBAN     JARAMILLO  SCHLOSS   

PEDRO LAFONT PIANETTA  

JOSE FERNANDO RAMÍREZ GÓMEZ  

RAFAEL ROMERO SIERRA  

JORGE SANTOS BALLESTEROS    

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