S 039 99

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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S-039-99

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

         SALA DE CASACION CIVIL Y AGRARIA   

Magistrado     Ponente:    SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO   

Santafé  de  Bogotá,  D.C.,  siete  (7)  de  Septiembre de mil novecientos noventa y nueve (1999).-   

                                Referencia:     Expediente     No.  5192   

Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación  interpuesto  por  la parte demandada contra la sentencia de 22 de marzo de l994,  proferida  por  la  Sala  Civil  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Santafé  de  Bogotá,  en  el   proceso ordinario seguido por MARIA      CRISTINA      BERNAL      DE      AMADOR     y ANA JOSEFA OROZCO DE BERNAL contra     LUIS     GILBERTO    BONILLA  ROBLES.   

         

1.  En  la  demanda  con  que se introdujo el  presente  proceso,  las  demandantes  pidieron, de modo  principal, que judicialmente se decrete la resolución  de  la  promesa  de  compraventa  celebrada  entre las partes el 14 de agosto de  1981,  por  medio  de  la cual las nombradas demandantes prometieron vender y el  demandado  prometió  comprar los derechos herenciales que a aquéllas les pueda  corresponder   en   la  sucesión  del  señor  Antonio  Bernal  Jiménez,   vinculados  a  un  inmueble situado en la Calle 63ª Nº 15-71 de esta ciudad; y  consecuentemente  que  se  ordene  la  restitución  del  mismo  y se condene al  demandado   a   pagar  la  multa  por  incumplimiento  pactada  en  la  suma  de  $400.000.oo,  con  corrección  monetaria  e  intereses  legales,  amén  de los  perjuicios  que  les  cause  el  retardo  en  la  restitución;  de su lado, las  demandantes  se  comprometieron  a reintegrar el dinero recibido con ocasión de  ese    negocio.   De   modo   subsidiario,   pidieron  que  se  declare  la  nulidad  de  la  promesa de  venta,   en  cuyo evento reclaman la restitución del inmueble y el pago de  la susodicha multa con corrección monetaria e intereses.   

2. La causa para pedir se puede compendiar de  la siguiente manera:   

a)  El  precio pactado en la referida promesa  fue  de   $2.000.000  cuyo  pago debía cumplir el demandado así: $338.000  mediante  depósito  judicial   a  orden  del  Juzgado  Primero  Civil  del  Circuito  “para  cubrir el  valor  de  la liquidación que dicho despacho hizo, dentro del proceso ejecutivo  que    adelantó    Gregorio    Pérez    Sánchez,    contra   Antonio   María  Bernal”;   $161.111,   el  2  de  enero  de  l982;   $300.000, el 11 de agosto de  l982;               $1’000.000,   el  11  de  agosto  de  l983;   y los restantes  $200.000,  el 11 de diciembre de l983.   

b)  A  su  vez las prometientes vendedoras se  obligaron  a entregar el inmueble el 2 de enero de 1982, debidamente saneado, lo  que    cumplieron    luego    de   recibir   el   segundo   abono   del   precio  pactado.   

c)   Para   perfeccionar   el  contrato  de  compraventa  prometido,  las  partes  acordaron  otorgar la respectiva escritura  pública  a los 30 días de haberse protocolizado la sucesión de Antonio María  Bernal  Jiménez,   en  la  Notaría  1ª  de  esta  ciudad  a  las 4 de la  tarde.   

d) Se pactó para el caso de incumplimiento de  las   obligaciones,   una   cláusula   penal   sancionatoria   por   valor   de  $400.000.oo;   y  verbalmente  que  por  el uso del inmueble el prometiente  comprador  pagaría  el  equivalente  al  2%  de los intereses de la obligación  “o   sea   la   suma  de  $40.000.oo       mensuales      …”.;  pago que él nunca hizo.   

e) El demandado no ha cumplido con el pago del  precio   ni   en   las  fechas  ni  en  las  cantidades  pactadas;  “en  forma caprichosa, y aprovechándose  del    estado    senil    de    Ana    Josefa   Orozco   de   Bernal”  ha  pretendido  incluir  dentro  del  precio  convenido,  el  valor de los servicios públicos que ha pagado desde que  ocupa el inmueble.   

f)  En  el  Juzgado  Decimoquinto  Civil  del  Circuito  cursa  la  demanda  de  declaración  de  muerte  por desaparecimiento  de   Antonio  María  Bernal,   la  cual  constituye  la  base  previa  de    la   sucesión   a    cuya  iniciación  se  comprometieron  las  demandantes.   

3.   En   principio   el  demandado  estuvo  representado  por  un  curador  ad  litem,  quien en el escrito de respuesta a la demanda manifestó atenerse  a  lo  que  resulte probado en el proceso. (F. 56 C. 1); después, en la fase de  pruebas, compareció al proceso por conducto de apoderado judicial.   

4.  Agotado  el  trámite,   el  Juzgado  14  Civil del Circuito de  Santafé  de  Bogotá dictó sentencia en la que declaró la nulidad absoluta de  la   promesa  de  compraventa  y,  subsecuentemente  ordenó  que  el  demandado  restituya  el  inmueble  objeto  de  la  misma,  y  que las demandantes a su vez  restituyan  la  suma  de  $1.000.000.oo;  y  dejó diferido al trámite del  artículo  308  del Código de Procedimiento Civil  lo que le corresponda a  las   partes   “por  los  perjuicios,  intereses,  pérdidas, deterioros, frutos y otros semejantes que se  hayan  podido  causar  y  a  que  puedan  tener  derecho  respecto de los bienes  involucrados  por  razón  al contrato o acto declarado nulo y que son motivo de  las  restituciones”;   por  último,  se  abstuvo  de  proferir  condena  en  costas.   Apeló  el  demandado.   

4.   En  lo  suyo,  el  Tribunal  confirmó  parcialmente  la  providencia  impugnada, pues  únicamente  la  reformó  en  el  sentido  de  condenar a las  demandantes  a  restituir  en  favor  del  demandado  la suma de $1.600.000, con  corrección  monetaria  desde la contestación de la demanda y hasta la fecha de  pago,  más una tasa del 6% anual también a partir del momento en que se trabó  la   relación  jurídica  procesal.   En  relación  con  los  perjuicios,  intereses,  pérdidas,  deterioros,  frutos  y  otros  conceptos  semejantes, se  condenó  al  demandado  a  pagar  a  las  demandantes  el  valor  de los frutos  naturales  o  civiles  producidos por el inmueble objeto de la litis a partir de  la  contestación  de  la  demanda,  y  hasta  que se realice la entrega, previo  cumplimiento   del  procedimiento  previsto  en  el  art.  307  del  Código  de  Procedimiento  Civil;   finalmente  condenó  al apelante a pagar el 50% de  las costas causadas a propósito de la  segunda instancia.   

          II. FUNDAMENTOS DEL FALLO IMPUGNADO   

           

Ellos se resumen así:  

1º) La naturaleza de las pretensiones supone  la  existencia  de  un  contrato  entre  las partes del cual emanan obligaciones  recíprocas,   por  lo  que  se  está  en  presencia  de  un  derecho  personal  “al tenor del artículo 666  del  Código Civil”;  y  puesto  que las personas que intervinieron en su celebración son las mismas que  se  encuentran  involucradas  en  el  presente  litigio,  se  halla  debidamente  integrado  el  contradictorio y las demandantes legitimadas para controvertir el  derecho;  ello  excluye  que  éstas  tuvieran  que demostrar la titularidad del  derecho  de  dominio  del inmueble sobre el cual versa la promesa;  de otro  lado,  es  errado  pretender,  como  propone  el  apelante,  que una de las  demandantes desistió de la acción.   

2º) Aunque de  las cláusulas segunda y  octava  del  contrato de promesa de compraventa fuera dable en principio inferir  que  se estipuló el plazo determinado para celebrar el contrato prometido, toda  vez  que los prometientes convinieron en que la escritura pública se otorgaría  a  los  treinta  días  siguientes a la fecha de protocolización del proceso de  sucesión  de  Antonio  Bernal  Jiménez,  a  la  sazón dueño del inmueble, en  realidad  ello  no sucedió así porque “dicho  plazo  depende  inexorablemente de una condición potestativa  que   se   subordina   a   la   mera  voluntad  del  que  se  obliga”,  cual  es la de iniciar dicho proceso  sucesorio  tras  la  declaratoria  de  muerte  presunta  del  causante,  lo  que  “pone   de   relieve  la  presencia  de  una  condición  mera  o  puramente  potestativa,  ya que depende  exclusivamente  del  capricho  o  voluntad  de  las  prometientes  vendedoras, a  quienes  corresponderá  determinar cuándo instaurar el mortuorio de su padre y  esposo  y  luego  de ello cuándo proceder a su protocolización, para luego sí  contabilizar     el     plazo     estipulado     en    la    promesa”.   

3º) Lo anterior afecta de nulidad no sólo la  condición  estipulada  por las partes sino la misma promesa de compraventa, por  faltar  la  determinación  del  plazo  o  condición que fije el momento en que  habría  de  celebrarse  el  contrato  prometido,  cual  dedujo  el a   quo,   quedando   por   definir   lo  relacionado  con  las restituciones mutuas,  dado el carácter “retroactivo”  de la declaratoria de nulidad, dentro  de  las  cuales  se  halla la obligación del demandado de restituir el inmueble  “junto  con  los  frutos  naturales  y  civiles,  pero  estos  sólo  a  partir  de la contestación de la  demanda”   por   cuanto  recibió  la  tenencia  del inmueble de buena fe en cuanto   deriva de  la  celebración  de  un  acuerdo  de  voluntades  previo,   todo   de  conformidad  con lo dispuesto en los artículos 964 y 1746 del Código Civil; su  liquidación  queda  sujeta  al  trámite  previsto  en el art. 307 del C. de P.  C.   

En cambio, no hay lugar a reconocer entre los  frutos  el  acuerdo  verbal sobre el pago de un supuesto arrendamiento por parte  del  prometiente  comprador,   por  cuanto  éste  no fue acreditado; a ese  respecto  se  justifica  un trámite incidental posterior dado que solamente las  partes  conocen  las  circunstancias en que se celebró tal acuerdo verbal; ello  impide  liquidar  la condena  en concreto como lo ordena la ley procesal, a  lo     cual     se    junta    el    “fenómeno  procesal  de  la  prohibición al juzgador de reformar en  perjuicio  del  apelante,  en  lo  que  sin  duda  se incurriría al condenar en  concreto  al  demandado  al  pago  de  una suma cierta de dinero por concepto de  frutos,  que  el  aduce  como  ajena a la contratación que se anula”.   

En fin, se encuentra probado que el demandado  pagó     como     parte     del    precio    la    suma    de    $1’600.000, dinero que se le deberá   restituir   con   corrección   monetaria,    pero   sólo  a  “a  partir  de  la  contestación  de la  demanda”  dada la buena fe  de  las  demandantes,  según  liquidación  que tendrá en cuenta el índice de  precios   al   consumidor  certificado  por  el  DANE,  más  un  lucro  cesante  correspondiente al 6% anual a partir del 28 de abril de 1987.   

          III.                       LA DEMANDA DE CASACION   

                                                            CARGO UNICO   

Con  fundamento en la causal 1ª de casación  se   acusa   la   sentencia  del  Tribunal  de  ser  violatoria  de  las  normas  sustanciales   siguientes:  por  falta  de  aplicación, los artículos 97,  1312,   1603,   1624,   1602   del   Código   Civil;  y   por  aplicación  indebida,   los artículos 1535 y 1746 del Código Civil y 89 de la Ley 153  de  l887,  como  consecuencia  de  errores  de  hecho  en la apreciación de las  pruebas.   Y  también  como consecuencia de errores de derecho mediando la  infracción  de  los artículos 316 del Decreto 2282 de l989 (sic), 44, 194, 195  y  196  del  Código de Procedimiento Civil, y por aplicación indebida del art.  175 del Código de Procedimiento Civil.   

En  la  sustentación  del  cargo se aduce lo  siguiente:   

1º) Que la falta de aplicación del artículo  97     del     Código     Civil,    “generó  la  conclusión  a  que  llegó  el Tribunal adicionando el  posible  vicio  encontrado  por el juez de primera instancia para trasladarlo al  artículo  1535 del C. C. como complemento al numeral 3° del artículo 89 de la  ley  153  de  1887”,  y  lo       llevó      a       inferir,      además,       “que  no  existiría  ilegitimidad en la  personería  sustantiva  de  las demandantes al reconocerles un derecho personal  (art.  666  Código  Civil.)  y  no el precepto del artículo 665…como derecho  real     para     mi     representado”.   

2º)  Que  durante  las  instancias alegó la  ausencia  de  interés   de  María  Cristina  Bernal, quien adujo una mera  expectativa  en  la  condición de presunta heredera de Antonio María Bernal su  padre, frente a quien no ha acreditado ese parentesco.   

3º) Que no es cierto que las obligaciones de  las  demandantes, en cuanto al plazo prefijado para cumplir la promesa, quedaron  sujetas  a  una  condición  puramente  potestativa  derivada  de  la  exclusiva  voluntad  de  aquéllas, puesto que el artículo 97 del Código Civil autoriza a  cualquiera  de  las  personas  mencionadas en el art. 1312 ibídem, “para   intentar   la  declaración  de  presunción  de  muerte  respecto  de  la  persona de Antonio María Bernal como  presunto     cónyuge     y     padre     de     las     demandantes”,   lo   que   incluso  autorizaba  al  demandado,   en  su  condición  de  acreedor  y  de  haberlo querido, para  iniciar  los  procesos  que habrían permitido cumplir con el plazo establecido;  es  decir,  se  trata de una condición “simplemente    potestativa”       dado       que      requería      también      “la realización de un hecho exterior no  adscrito  en  forma  personal  a  ellas pues en últimas, otras personas tenían  esta      facultad”;  interpretación  que  omitida  es motivo de la violación del artículo 1535 del  C. C.   

4º)  Desde otra perspectiva, el cargo aborda  los  temas  de la resolución del contrato y de la mora,  sobre todo con el  fin  de  hacer  ver  que  las  demandantes no estaban habilitadas para invocarla  puesto que también habían incumplido las obligaciones a su cargo.   

5º)  En  punto  de  las decisiones adoptadas  sobre  las restituciones mutuas, señala la falta de apreciación del pago total  del     precio     que     hizo     el     demandado     aunque     “no  con  la religiosidad prevista en la  promesa”;  obligación  que  cumplió  mediante  la  cancelación  periódica de $40.000 pesos mensuales  indicados    de   mala   fe   por   las   demandantes,   con   la   ‘ininteligible   expresión’  de  que  correspondía  al  2% de los  intereses  de  la  obligación,  que  si fuera para aplicar sobre el saldo de la  obligación no arrojaría una suma superior a $30.000.oo.   

De otro lado, la demandante Ana Josefa Orozco  de  Bernal aceptó haber recibido la totalidad del precio pactado,  como se  comprueba  con  los  documentos  que  dentro del proceso fueron cuestionados por  haberse  obtenido  mediante  engaños, según suposición que pende del hecho de  que  “no  fueron suscritos  por     María     Cristina    Bernal”;  sospecha infundada que de tenerse en cuenta habría de afectar en  igual    medida    la    circunstancia    por   la   cual   ésta   “ni   siquiera   se   percató   de  su  obligación  prevista para el 2 de enero de 1982 para hacer entrega de lo que no  tenía  ni  poseía, acusiosidad (sic) que pone de presente para decir que no se  le     habían    pagado    las    sumas    de    dinero    pactadas”.   

Además,  la  parte  demandante se contradice  pues  mientras  María  Cristina Bernal se refiere a los $40.000 pesos mensuales  como  arrendamiento,  en la demanda se indica como interés previamente pactado;  a  su  turno  Ana  Josefa  Orozco  dice  que  el demandado le canceló el precio  previamente  convenido,  lo  que  da  a entender que los cuatrocientos mil pesos  ($400.000.oo)  restantes,  fueron cancelados en contados mensuales de $40.000.oo  “como  pensión  a  donde  vivía  doña  Josefa, y apenas natural resulta que satisfecha la obligación no  hubiera   pagado   ningún  otro  valor”.   

6º)  Por  último,  en  su difuso escrito el  recurrente  objeta  la interpretación jurisprudencial que invariablemente se ha  dado    al    artículo    1746    del    C.    C.   por   cuanto   “considero viable, es equitativo y es de  justicia  que  las  prestaciones  debidas  sean  iguales  estimadas  en  dinero,  obviándose     de     esta     manera     trámites    incidentales”,   todo   para   pedir   que  en  las  restituciones  se  le  reconozca  suma  igual  a  la que comercialmente tiene el  inmueble   cuya   restitución  se  le  ha  ordenado;  igualmente  pide  que  la  actualización  del  dinero   que  se  le debe restituir opere “desde  el  momento  mismo en que fueron  canceladas   las   diferentes  partidas”,  toda  vez  que las demandantes actuaron de mala fe, de una parte,  al  negociar  un bien respecto del cual nada han hecho para su saneamiento hasta  el  punto  “de  que  en la  actualidad   se   encuentra   fuera   del   comercio   con   medida  de  embargo  vigente”,  y  de  la otra,  asesoradas  por  quien  con posterioridad fue su apoderado, situación que al no  ser  tenida  en cuenta por el Tribunal lo llevó a desconocer lo previsto en los  artículos  1602,  1603  y 1624 del Código Civil; igual sucede con el artículo  44  del  Código de Procedimiento Civil, por haber permitido la intervención de  María  Cristina  Bernal,  quien  no figura como propietaria del bien prometido,  frente   al  cual  carece  además  de  cualquier  otro  derecho  toda  vez  que  “no  se  le  ha reconocido  vocación   hereditaria”  respecto   de   quienes   figuran   inscritos  como  titulares  del  mismo.  Esa  ilegitimidad  se  extiende  también a la demandante Ana Josefa Orozco de Bernal  quien  desautorizó  no  sólo  la  presentación  de  la  demanda sino también  cualquier  otra actuación, según documento suscrito ante Notario en el año de  1987  que  no ha sido tachado, debiéndose concluir entonces que  solamente  quedaría  una  disputa  por  el  50%  que,  en gracia de discusión,   correspondería a María Cristina Bernal.   

Sobre  lo  anterior  señala  el  cargo  que  “por  parte alguna aparece  que  el Tribunal haya valorado la confesión de María Cristina Bernal y tampoco  lo  hace  respecto  de los documentos que extendió Ana Josefa Orozco de Bernal;  esta  circunstancia  amerita  afirmar  que  no  fueron  tenidos  en  cuenta  los  artículos  175,  194,  195 y 196 del C. de P. C al desconocerse estos medios de  prueba  como  idóneos  en  la comprobación de los pagos efectuados”.   

          IV. CONSIDERACIONES DE LA CORTE:   

1. Según la demanda de casación que se acaba  de  compendiar   y  en  orden  a  dar  claridad a su estudio, es pertinente  señalar  que en ella se denuncia, en primer lugar, la apreciación por medio de  la  cual  el  Tribunal  desconoció  validez  del  plazo  o  condición  que fue  establecido  en el contrato de promesa cuestionado; y después, pero en forma un  tanto  difusa,  confusa,  superficial  y  sin  apego  a la técnica que exige el  recurso,  hace mención a que el derecho discutido en relación con el demandado  es  de  índole  real y no personal como lo entendió el sentenciador colegiado;  que  en  las  demandantes,  por  razones  distintas,  no  mediaba  interés para  demandar;  que  la  resolución del contrato no podía ser invocada por ellas al  haber  incurrido  en  incumplimiento; y, por último,  censura  varias  de  las  conclusiones  en que se fundan las restituciones mutuas impuestas en la  sentencia.   

2. En lo que atañe con la acusación relativa  a  la  declaratoria  de  nulidad  del  contrato  de  que aquí se trata, importa  señalar  que  la promesa bilateral de celebrar un contrato es un acto jurídico  que,  aunque  autónomo,  es  de  carácter  preparatorio de otro futuro; por lo  tanto,  su  existencia  es, por esencia, limitada en el tiempo; restricción que  se  infiere  de  lo  dispuesto en el artículo 89 de la ley 153 de 1887, en cuyo  enunciado  general, en principio, se le priva de eficacia, salvo que se ajuste a  todas  y cada una  de  las  exigencias  que allí mismo se  ordenan  y  describen, entre las cuales merece especial atención, por ser aquí  la    pertinente,    la   de   que   “3ª.       La       promesa      contenga      un      plazo        o        condición   que   fije  la   época   en  que  ha  de   celebrarse  el  contrato” .   

Lo anterior significa que necesariamente bajo  una  de  dichas  modalidades,  plazo  o  condición, o de ambas en combinación,  pueden  y  deben  las partes establecer cuándo se ha de celebrar o perfeccionar  el  contrato  futuro,  en  el  entendido,  claro está, de que si se trata de la  segunda  “  …  La única  condición  compatible con ese texto legal (requisito 3º del artículo 89 de la  Ley  153  de 1887), en consideración a la función que allí cumple, es aquella  ‘que comporta un carácter  determinado’,  por  cuanto  sólo  una  condición  de  estas  (o  un plazo), permite la delimitación de la  época   en   que   debe   celebrarse   el  contrato  prometido  …”  (G.  J.  Tomo CCXLVI, No. 2485, pág.  498).   

3.  De  acuerdo  con  lo  anterior,  si de la  promesa  bilateral  se trata, la obligación de hacer que de ella emana no puede  ser  pura  y  simple, toda vez que por su misma esencia estará siempre sujeta a  un  plazo o condición determinados por los cuales se  fije la época de la  celebración  del  respectivo  contrato  definitivo;  así,  estará  sujeta  al  primero  si  su exigibilidad depende de un hecho futuro, cierto y determinado, o  a  la segunda, en el carácter de suspensiva, cuando su nacimiento depende de un  acontecimiento  futuro  e  incierto  que  como tal puede darse o no (art. 1530 y  1536C.  C.),  pero  cuya  determinación  temporal  en el caso específico de la  promesa  se  impone  a  fin  de  que  se  sepa de antemano la época en que debe  ocurrir o no el suceso condicional.   

4. De otro lado, la condición suspensiva que  para  ese  fin  se  conciba  puede  ser  potestativa,  o sea que el hecho en que  consiste  dependa  de  la  voluntad  del  acreedor  o del deudor,  pero sin  olvidar  que  la  hay  de  dos  clases:  la simplemente  potestativa, que supone no sólo una manifestación de  voluntad  del  interesado,  sino  la  realización  de  un  hecho  exterior cuya  efectividad  éste  no  puede  controlar  de  modo  absoluto;  y la puramente    potestativa   que   depende  exclusivamente  de  la  mera voluntad de las partes, siendo nula en el evento de  que  “consista  en la mera  voluntad  de  la  persona  que se obliga”  ,   como  cuando  ésta  dice  me obligo si quiero, lo que en  verdad  equivale  a  la  completa  negación  del  vínculo,  y  válida  cuando  “consiste  en  un  hecho  voluntario  de  cualquiera de las partes”,  el  que  justamente  por ser tal excluye el  libre albedrío  del deudor (artículo  1535 ibidem.)   

5.  Trasladadas  las  nociones precedentes al  ámbito  de  la  promesa  de contrato en la cual la transitoriedad se erige como  elemento  predominante  en  cuanto para su validez el numeral  3º del Art.  89  de la Ley 153 de 1887 exige que quede fijada con precisión la época en que  tendrá  lugar la celebración del contrato prometido, es precisamente el evento  de  una  condición,  por  si  sola  o combinada con un plazo, uno de los medios  posibles  para  que el señalado requisito quede satisfecho, siempre y cuando se  tenga  presente  que en esta materia no tienen cabida modalidades indeterminadas  en  el  tiempo puesto que, por su naturaleza, los efectos de la promesa no puede  quedar  en  suspenso indefinidamente; en ese sentido cabe aseverar que cuando de  condición  se  trata  para que ésta pueda cumplir cabalmente la función útil  que   se   comenta   debe   ser   determinada,  lo  que  sucederá  “cuando  la  realización del evento que  puede  tener  ocurrencia,  en  el  caso  de  que  efectivamente   la  tenga  ocurrirá  dentro  de  un  lapso  temporal  determinado  de antemano”;   en  otros  términos,  el  límite  temporal  al  que  se  refiere el numeral 3° del art. 89 de la Ley 153 de l887,  puede  quedar  sujeto  a  un  acontecimiento  futuro  que  puede  suceder  o no,  “pero cuyo momento requiere  acoplarse  con la fijación de la época”  (G.  J.,  t.  CLXXXVIII,  pág.  189); en verdad, en los términos  comentados  la  indeterminación  del  plazo o la condición hace éstos inocuos  para  fijar  la  época  en  que  debe  celebrarse  el  contrato  prometido.  De  consiguiente,  siendo  tal fijación requisito esencial del contrato de promesa,  este  será  nulo cuando él no obre en el escrito que la contenga, ni cuando la  época  esté  subordinada  a  una  condición  de  la  cual no se pueda extraer  cuándo  se  puede  establecer  si  el  hecho  en  que  ella consiste sucedió o  no.           

         

6.  En  el  caso que ocupa la atención de la  Corte,  se pactó que la escritura pública destinada a perfeccionar el contrato  prometido  se  otorgaría  a  los  30  días  de  haberse  protocolizado el  proceso  de  sucesión  de  Antonio  María  Bernal  Jiménez,  proceso  que las  prometientes  vendedoras  se  obligaron  a  adelantar  tan  pronto  se declarara  judicialmente    la    muerte   presunta   por   desaparecimiento   del   citado  causante.   

En  ese  orden  de  ideas  y  una  vez   examinada  la  combinación  de  condición  y  plazo  que  la  estipulación en  referencia  contiene,  fluye  que  la  primera  de  dichas  modalidades no puede  catalogarse  como  puramente potestativa, toda vez que no depende únicamente de  la  voluntad  de las obligadas sino también de un hecho externo a ellas como es  el  atinente  a  la  iniciación  y la culminación de los procesos aludidos; se  trata  de una condición simplemente potestativa, válida como tal, pero la cual  evidentemente  es  indeterminada,  toda  vez  que  no  se fijó la época en que  podía  darse  el  hecho  condicional  consistente  en la protocolización de la  sucesión de Antonio Bernal Jiménez.   

En  conclusión, la promesa objeto de litigio  no  satisface  la  exigencia  del  numeral  3 del Art. 89 de la Ley 153 de 1887,  circunstancia  por virtud de la cual la decisión final adoptada en la sentencia  se  ajusta  a  derecho, siendo intrascendente la errónea motivación a raíz de  la  cual el Tribunal vio en la cláusula octava de la promesa el establecimiento  de  una  condición  puramente  potestativa, en lugar de simplemente potestativa  que  fue  pactada,  razón  de  suyo  suficiente  para  que  el  cargo  no pueda  prosperar.    

En   efecto,   aunque   los   contratantes  especificaron  la  época  a  partir  del cumplimiento de la mentada condición,  toda  vez  que  pactaron  que aquel término correría desde la protocolización  del  proceso  de  sucesión  del  causante, cabe subrayar que esa determinación  resulta  en últimas imprecisa en la medida en que tal plazo no se puede separar  de  esa   eventualidad  que bien puede darse o no darse, lo que en si mismo  no  riñe  con  la  condición,   pero  sí  en cuanto fue dispuesta en una  fórmula  compuesta  que  la torna en indeterminada,  dada la incertidumbre  que  refleja respecto de la época en que aquellos procesos culminarían, lo que  la  hace  ineficaz frente a la finalidad que se propone alcanzar la disposición  legal recientemente citada.   

Por  último,  no  puede  la  Corte  dejar de  advertir  que  existe  otro  vicio sustancial de mayor envergadura que afecta la  promesa   disputada   de  objeto  ilícito,  por  cuanto  recae  sobre  derechos  herenciales  respecto  de  una  persona  que  estaba  viva  cuando  aquélla  se  celebró;  pacto  que  resulta  contrario  a  la  ley como quiera que, según el  artículo   1520   del   C.   Civil,   “El  derecho  de  suceder  por  causa de muerte a una persona viva no  puede  ser  objeto  de  una  donación  o  contrato,  aun  cuando  intervenga el  consentimiento   de  la  misma  persona”,  punto  sobre  el  cual pasaron de largo tanto los litigantes como  los  jueces  de ambas instancias, no obstante su evidencia, el cual por sí solo  sería   suficiente   para  desechar,  también  por  intrascendente,  el  cargo  propuesto.   

7.   En   relación   con  el  tema  de  la  legitimación  de  cada  una  de  las  demandantes, es notoria la deficiencia de  técnica  del  cargo dado que el impugnante pretende volver a plantear el debate  de  instancia  para  que  se  adopte  una  conclusión  diferente a la que en su  momento  acogió  sobre  el  particular  el  juzgador  de  instancia,  pero  sin  esforzarse  por  puntualizar  ni  demostrar los yerros probatorios que denuncia.  Pero  aun  dejando  de  lado  estos defectos, basta decir que no se requiere ser  propietario  de  un inmueble para prometerlo en venta ni,  llegado el caso,  para  hacer  uso de las acciones judiciales encaminadas a obtener la resolución  del  contrato,  lo que equivale a decir que en la especie de este proceso María  Cristina  Bernal  Amador,  como  contratante,  ostenta  por  si  misma  interés  jurídico  y  legitimación para actuar.             

8.  En  cuanto  al  desacierto  que  se  hace  consistir  en  que  el  Tribunal  dejó  de  ver que Ana Josefa Orozco de Bernal  revocó  los poderes  generales mediante los cuales se entabló el proceso,  e  hizo constar que en ningún momento autorizó la presentación de la demanda,  –  respecto de lo cual cita el recurrente el art. 340 del C. de P. C. -, resulta  suficiente   decir   que  el  sólo  otorgamiento  de  la  escritura  sobre  revocación   de   un  mandato  no  implica  el  conocimiento  positivo  de  esa  revocación por el mandatario y por terceros.   

Aquí  ocurrió  que la demandante Ana Josefa  Orozco  de  Bernal  otorgó poder general a Jaime Eduardo Amador, quien a su vez  confirió  personería  a  un  abogado para iniciar el presente proceso. Una vez  admitida  la  demanda,  en  octubre  de  1985,  aquella revocó el poder general  citado,  y  nombró  como  su  apoderado  para  continuar  con el proceso a otro  profesional.  El  diecinueve  (19)  de junio de 1986 ANA JOSEFA OROZCO DE BERNAL  nuevamente  otorgó  poder  general, esta vez a su hija MARIA CRISTINA BERNAL DE  AMADOR,  quien  el  primero  (1°) de julio de l986 revocó el poder otorgado al  abogado  mencionado antes y reintegró al indicado inicialmente, aceptando éste  formalmente  el  encargo.  El  demandado  por  su  parte  aportó al proceso, la  escritura  pública  otorgada  el  26  de  junio de 1986, en la que se revoca el  poder  general  otorgado  a MARIA CRISTINA BERNAL DE AMADOR, mas como no obra en  el  expediente  medio  de prueba alguno que acredite el conocimiento que pudiese  haber  tenido  esta última sobre dicha revocatoria, ni prueba de la revocatoria  del  poder  especial  otorgado  al último abogado,  toda la argumentación  resulta inoficiosa.   

9.  En  relación  con  la  apreciación  del  Tribunal  por  la  cual   concluyó  que  el  demandado  pagó  un  millón  seiscientos  mil  pesos  ($1.600.000.oo) y no la totalidad del precio pactado en  dos  millones  de pesos ($2.000.000.oo),  recuerda  la Corte  que  frente  a  una  impugnación  que  invoque la violación indirecta de la ley por  error  de  hecho,  la  acusación  ha  de  concretarse  a  velar  por  la  recta  inteligencia  y  la debida aplicación de las leyes sustanciales, y no a revisar  una  vez  más  y  con  absoluta  discreción  todas  las  cuestiones  de  hecho  ventiladas  en  las instancias; en esa dirección,  es preciso subrayar que  los  errores  de  hecho  que  se endilgan a la sentencia deben ser ostensibles o  protuberantes  para que logren éxito, hasta el punto de que broten de inmediato  y  de modo tal que la única y posible estimación probatoria sea la que propone  el  recurrente;  de  otro  lado,  resulta  inadmisible  que se denuncie error de  derecho  respecto  de la apreciación de la confesión de María Cristina Bernal  y  del  documento suscrito por María Josefa Orozco, relacionados con el pago de  las  obligaciones  del  comprador,  fundado  en  que el Tribunal no las apreció  objetivamente, lo que ciertamente constituiría un error de hecho.   

En  realidad,  el  fallador aceptó los pagos  realizados  por  el  demandado de los cuales obran los correspondientes recibos,  sin  restarles  valor por el hecho de que estuviesen aceptados de manera expresa  únicamente  por  una  de  las  prometientes  vendedoras.  El  pago del saldo de  $400.000  que  el  recurrente  afirma  haber  realizado en cuotas mensuales como  pensión,  en  opinión  del  Tribunal no aparece acreditado en el expediente; y  aunque   Ana Josefa Orozco afirma que el precio acordado fue cubierto en su  totalidad,  lo  que  hace  constar  en  uno de los recibos de pago vistos por el  Tribunal,  (F.  68  C. 1),  también obra, como medio de prueba que pone en  entredicho  esa   aseveración,  la versión subsiguiente de la misma   mediante  la  cual  pone  en  duda  la ocurrencia de esos últimos pagos (fl. 96  vuelto  C.  1);   todo  lo  cual conduce a inferir que no fue arbitraria la  interpretación   de   los   hechos  que  en  el  punto  hizo  el  sentenciador.   

10.  Restan  por  hacer  tres  observaciones  adicionales:   primera,  el argumento consistente en decir que en virtud de  la  declaratoria  de nulidad se lleve a cabo la restitución de un bien inmueble  en  favor de una de las partes y para la otra la entrega del dinero constitutivo  del  precio  pero  en  un  importe  igual  al  valor comercial del bien raíz en  cuestión,  es  una  simple  proposición abstracta que no comporta discrepancia  con  el material probatorio que obra en el proceso, y que por lo demás, tampoco  encuentra  respaldo  en  la  ley  en  tanto  que  ésta dispone la clase de  restituciones  recíprocas  cuando  se anula un contrato; en la materia no es un  cambio   de  jurisprudencia  por  el  que  clama  el  recurrente,  sino  por  la  modificación  del  texto  del  Art. 1746 del Código Civil, aventurando en ello  una insólita teoría que resulta difícil de comprender.   

Segunda,  en  relación  con la existencia de  error  de  hecho  en la decisión que fijó el momento de la contestación de la  demanda  para  iniciar el cálculo de la corrección monetaria sobre el precio a  restituir,  en  lugar  de  la  fecha  en  que  se  hizo  el  pago  del mismo, en  consideración  a  que las prometientes vendedoras actuaron de mala fe según lo  que  anota  la  censura,  la  Corte  se  ve  precisada a decir nuevamente que el  recurso  de casación no constituye una instancia adicional del proceso adecuada  para  controvertir  la apreciación probatoria de los jueces de instancia. En el  punto,  las  precarias  condiciones  técnicas  del recurso en estudio se tornan  aún  más  evidentes,  pues  se observa que el impugnante se abstuvo de indicar  con  la  precisión requerida los medios de prueba que permitirían arribar a la  conclusión  por él propugnada, labor en cuyo desarrollo tan sólo se refiere a  hechos  carentes  de prueba, como son el de la supuesta elaboración del escrito  contentivo  de  la  promesa de compraventa por parte de quien después llevaría  la  vocería  procesal  de  una de las contratantes; y la supuesta intención de  las  demandantes  de incumplir con la promesa pactada, conducta esta última que  sustenta  con  la falta de interés en la iniciación de los procesos requeridos  para  el  perfeccionamiento  del contrato de venta prometido y con la existencia  de  medidas  cautelares  que  impiden  la  transferencia  de  la  propuesta  del  inmueble.   

Empero, ninguna de estos hechos tiene entidad  suficiente  para  desvirtuar la buena fe en cabeza de las actoras, lo que incide  en que la apreciación del Tribunal deba mantenerse incólume.   

La  tercera, sobra cualquier comentario sobre  la  resolución  del  contrato  en  vista  de que la declaración de nulidad del  contrato    disputado    permanece    en    pie,   no   obstante   la   presente  impugnación.   

11.  El  cargo,  en  consecuencia, resulta de  diversas    maneras    inoperante    y   por   ello   se   despacha   en   forma  desfavorable.   

                                     DECISION   

En armonía con lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia  en  Sala  de  Casación Civil y Agraria, administrando justicia en  nombre   de   la   República  y  por  autoridad  de  la  ley,    NO  CASA  la  sentencia objeto del recurso de casación arriba referido.   

Las  costas  en  casación  son  a  cargo del  recurrente. Tásense en su oportunidad.   

COPIESE,   NOTIFIQUESE   Y   DEVUELVASE  EL  EXPEDIENTE AL TRIBUNAL DE ORIGEN.   

          JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES   

          MANUEL ARDILA VELASQUEZ   

         

          NICOLAS BECHARA SIMANCAS   

         

          CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO   

          JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ   

          JORGE SANTOS BALLESTEROS   

          SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO   

                     

                     

           

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