SC 004 2005 [7550]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-004-2005 [7550]

    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

Magistrado Ponente:  

CÉSAR  JULIO  VALENCIA  COPETE   

Bogotá D.C., catorce (14) de enero de dos mil  cinco (2005).   

                    Referencia: Exp. 7550   

                                                Se  decide  el  recurso  de  casación  interpuesto por GILDARDO  GARCÍA SERNA contra la sentencia  de  22 de septiembre de 1998, proferida por la Sala Civil – Familia del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Armenia, dentro del proceso ordinario que  aquél  promovió  frente  a  la  sociedad  TERMINAL DE  TRANSPORTES DE ARMENIA S.A.   

                              I.        ANTECEDENTES   

                           1.              Gildardo  García  Serna  demandó  a  la sociedad Terminal de Transportes de Armenia S.A.  para  que  se  la  declarara  civilmente responsable por el incumplimiento de la  cláusula   de   exclusividad  pactada  en  el  contrato  de  arrendamiento  que  suscribieron,  y  que,  consecuencialmente,  fuera  condenada  al  pago  de  los  perjuicios   materiales   y   morales   que   se   demostraran,   estimados   en  $99’313.208.20  por  lucro  cesante,  junto  con su respectiva indexación e intereses a una tasa del 70.84%  anual,   o   5.90%   mensual,  o  la  que  certificara  la  autoridad  monetaria  competente.   

2.             Como  sustento  de  las  súplicas  se  invocaron los hechos que se compendian a continuación.   

a.            El  demandante y la demandada celebraron  contrato  de  arrendamiento,  siendo  arrendatario  el  primero y arrendadora la  segunda,   que   tuvo   como   objeto  un  parqueadero  ubicado  dentro  de  las  instalaciones  de  la  terminal  de  transportes de Armenia; en él se pactó un  término  de  dos años, prorrogable, con ajuste anual del canon según lo   determinara  el  índice  de  precios  al  consumidor; asimismo, en la cláusula  primera,  después  de  los  linderos  y área del inmueble, se estipuló: “se  aclara  que  en  esta  zona no existirán otros espacios dedicados para el mismo  fin.”   

b.             El  gerente  que  había  suscrito  el  contrato  en  nombre  de la sociedad, Diego Cano Hernández, fue reemplazado por  Juan   José   Orrego   López,  quien  comenzó  a  vulnerar  la  cláusula  de  exclusividad  transcrita  y  a  desplegar  conductas que rompieron el equilibrio  negocial;  en  particular,  celebró  diversos  contratos de arrendamiento de la  zona  operativa  con  Expreso Palmira, Jaime Valencia y  Expreso Trejos, al  igual  que  contrató  parqueadero con Efraín Téllez y construyó una batería  de basuras a la entrada de la zona contratada.   

c.             Este  comportamiento  trajo  miseria  y  hambre  para el demandante, a la vez que desembocó en un proceso de lanzamiento  por  falta de pago, practicado por la Inspección Quinta de Armenia, comisionada  por el Juzgado Tercero Civil Municipal de la misma ciudad.   

e.            En  la  mencionada  cláusula se acordó  exclusividad  para que la Terminal de Transportes no constituyera otros espacios  para   parqueo,   ni  los  arrendara,  y  el  beneficio  del  contrato  radicaba  esencialmente   en   esta  circunstancia,  por  lo  que  su  violación  alteró  completamente  el  equilibrio  contractual  y  sometió  al  arrendatario  a  la  cesación de pagos que lo llevó irremediablemente al lanzamiento.   

f.            El  actor atendió sus obligaciones y la  única   causa  de  terminación  del  contrato  fue  el  incumplimiento  de  la  arrendadora,  que  dio  lugar  a  que  el  11  de  julio de 1995 se realizara la  diligencia  de  restitución del inmueble, en la que no fueron tenidas en cuenta  las  constancias  dejadas  por  el  ahora  demandante  acerca  de la conducta de  aquélla.   

g.            La sociedad arrendadora no agotó ningún  mecanismo  de  solución  directa  del  conflicto,  ni  de  restablecimiento del  equilibrio  contractual,  como  tampoco  consideró las comunicaciones que se le  enviaron    solicitando    la    suspensión   de   sus   graves   y   anómalas  acciones.   

3.            La demandada se opuso a las pretensiones;  en  cuanto a los hechos, admitió la celebración del contrato de arrendamiento,  mas  adujo  que  la terminación del mismo fue decidida en otro debate judicial;  que  por  el incumplimiento o mora del demandante se dispuso la restitución del  bien;  y  que  la  supuesta cláusula de exclusividad sólo se refería al área  arrendada.   Del  mismo  modo,  negó  las conductas y perjuicios que se le  atribuían,   al   paso  que  propuso  las  excepciones  que  denominó  “cosa  juzgada”,  “contrato no cumplido”,  y “carencia absoluta de derecho  sustancial para solicitar pago de perjuicios”.   

4.            El Juzgado Tercero Civil del Circuito de  Armenia  le  puso  fin  a  la primera instancia, con sentencia de 29 de abril de  1998,  en  la  que  desestimó  las  pretensiones  y  absolvió  a la demandada,  decisión  que,  al ser apelada por la parte demandante, resultó confirmada por  el Tribunal Superior de Distrito Judicial de esa localidad.    

           II.                  LA     SENTENCIA    DEL  TRIBUNAL   

                             1.        Tras   reseñar   el  litigio,  la  presencia  de  los  presupuestos  procesales  y  la  legitimación en la causa, el sentenciador precisó el objeto  contractual,  a  la  vez  que anotó que, después de alinderar especialmente el  local  arrendado,  las  partes  estipularon:  “se  aclara  que en esta zona no  existirán otros espacios dedicados para el mismo fin”.   

                             El  demandante,  continuó  el  Tribunal,   interpretó   este   aparte   como  “pacto  de  una  cláusula  de  exclusividad,  que  implicaba  la  prohibición  para  el arrendador de destinar  alguna   otra   zona   de   la  Terminal  al  funcionamiento  de  otro  u  otros  parqueaderos”,  y  afirmó  que,  al  arrendar otros parqueaderos dentro de la  misma  zona  de  operatividad,  la  sociedad  violó  tal  compromiso  y generó  dificultades  económicas  que lo condujeron al incumplimiento en el pago de los  cánones, junto con la perjudicial restitución del inmueble.   

Empero,  dedujo  que  dicha  estipulación  aludía  a  la  zona entregada en arrendamiento, es decir, al área destinada al  parqueadero,  mas no a la totalidad de la zona operativa del terminal, lo que se  infería  no  solo  de  su  contenido literal, sino del hecho de que el pacto se  hubiera  incluido  con  posterioridad  a  los  linderos  especiales del espacio,  refiriéndose específicamente a él y no a toda el área.   

Aseveró  el  Tribunal  cómo  aun  si  la  aclaración  comprendiera toda la zona operativa, no se probó la infracción de  la  cláusula,  pues  aunque los testigos solicitados por el actor afirmaron que  en  ella  había  otros  parqueaderos  utilizados  por Expreso Palmira y Expreso  Trejos,  con  lo  que  se  le  había  perjudicado, “no aparece acreditado que  efectivamente  la  Terminal  de  Transporte  hubiera dado en arrendamiento otros  sectores  para  el  funcionamiento de parqueaderos”, dado que, contrariamente,  se  halló  que  el  estacionamiento  entonces  utilizado por Expreso Palmira se  encontraba  por fuera de la zona operativa, como lo muestra el plano respectivo,  lo que, añadió, lo relevaba de cualquier otra consideración.   

Agregó  que  el  gerente  de  la  sociedad  informó  que  no  se  había celebrado contrato de arrendamiento de parqueadero  con  Expreso  Trejos, y que la relación con Efraín Téllez se remontaba al 1º  de  junio de 1986, previamente al acuerdo con el demandante; igualmente, que los  testimonios  tampoco permitían inferir la existencia de un negocio de este tipo  con  Expreso  Trejos  y  Jaime  Valencia,  por cuanto tal aseveración aparecía  “huérfana  de  toda  explicación  acerca  de las circunstancias del contrato  mismo”  y  “constituye  una  simple  referencia  sin mayor relevancia que no  permite deducir claramente la verdad de ese supuesto”.   

Concluyó,  entonces, que “ni siquiera por  probada  puede  darse  la  hipótesis  que  entroniza  el  demandante como causa  fundamental de la violación al contrato de arrendamiento.”   

2.            De  otro lado, comentó que de asumirse,  incluso,  que  la  empresa  demandada  “interfirió,  embarazó,  perturbó  o  perjudicó  con  ese  comportamiento  el  goce  al  arrendatario  de  la zona de  parqueo”,   no   prosperaría   la   pretensión  indemnizatoria,  pues  “el  demandante tampoco cumplió el contrato”.   

En   efecto,  el  argumento  central  para  perseguir  la reparación patrimonial, consistente en que la inobservancia de la  exclusividad   permitió   la   usurpación   de  la  clientela,  disminuyó  la  rentabilidad  del  negocio e imposibilitó el cumplimiento de la convención, no  es   justificado  ni  admisible,  porque  en  el  contrato  “no  se  introdujo  condición  respecto de la obligación de pago. No se pactó que el arrendatario  sólo  se obligaba a pagar los cánones si el bien resultaba rentable, como para  entender  que  en caso contrario quedaba liberado de dicha obligación o que por  lo menos no se le podía imputar la mora en el pago de la renta”.   

Finalmente,  puntualizó  que  durante  la  vigencia  del  acuerdo el actor pudo accionar contra la arrendadora, si estimaba  que  con  su  conducta lo incumplía, y obtener así tanto su terminación, como  la  indemnización  de  perjuicios  autorizada por el artículo 1987 del Código  Civil;  de  allí  que  el  demandante, antes que sustraerse a la obligación de  pagar   la   renta,   “debió   invocar   la  terminación  del  contrato  con  indemnización  de  perjuicios”,  pero  como  no  lo hizo, “mal puede ahora,  fuera  de  oportunidad  legal,  pretender  que  se  le indemnicen los perjuicios  causados,  con  fundamento  en  la  violación  de  un contrato que también él  violó o incumplió”.   

III.          EL             RECURSO             DE  CASACIÓN           

                           Con estribo en  la  causal  primera  del  artículo  368  del  Código de Procedimiento Civil se  formula  un  cargo  contra  la  sentencia del Tribunal, en el que se denuncia el  quebranto  directo,  por  falta  de  aplicación,  de los artículos 1602, 1603,  1982, numerales 2º y 3º, 1986 y 1987 del Código Civil.   

                                            1.        Asevera  el  casacionista  que la “legislación civil o privada es  perfectamente  aplicable  en este caso concreto”, y que la existencia por más  de  un  siglo del artículo 1602 del Código Civil hace necesaria su actuación,  dadas  las  circunstancias  de  los  intereses  particulares  en  una  economía  contractual  rentable, pese a lo cual su espíritu, que prima sobre la letra, ha  sido  olvidado, pues el sentenciador “jamás aplicó ni mucho menos explicó o  estudio  la  expresión legal, imperativa y obligatoria, por demás de carácter  sustancial”.   

La afirmación del Tribunal acerca de que la  cláusula  contractual  se  determinó para corresponder a unos linderos, que el  demandante  la  interpretó a su manera como un pacto de exclusividad, y que era  una   simple   nota,   comenta,  muestra  “ausencia  de  una  sensatez  en  la  interpretación  de la norma”, es “aberrante y acomodaticia … y descarada,  ilegal  e  inconstitucionalmente  (sic)  en incontrastable y sospechosa armonía  con la contestación de la demanda…”.   

Y continúa: “ es una falta de aplicación  tratar  de suplir al legislador en algo tan simple y llano como es circunscribir  el  objeto  arrendado,  la cosa arrendada, con actividades del arrendador … Es  que  es inexistente, por decir lo menos, lo que jamás el Tribunal entendió por  área  operativa,  o  mejor dicho por lo que le pertenecía y no podía pues una  cláusula  de tal naturaleza referirse a los linderos, mucho menos reemplazarlos  o  complementarlos.  Semejante interpretación está fuera de lo que ordena  el artículo 1602. Sencillamente se le olvidó aplicarlo.”   

No  es  posible  en  sana  lógica  que  el  ad  quem  manifieste  que la  cláusula  se  refiere  a  la  zona dada en arrendamiento, apunta el impugnador,  pues  si fuera así no habría sido menester pactarla, de modo que esa no era la  intención  de  las  partes,  que  quisieron  referirse  a  otras  conductas del  arrendador.   

Adicionalmente,   la   consideración  del  fallador  de que no se demostró la violación de la estipulación, reconoce que  se  trata  de  un  aspecto  especial,  que  despacha con el material probatorio,  actitud  que afortunadamente da lugar a un “error de derecho”, que probará,  dice  el censor, cuando exponga la violación del artículo 1603, donde se verá  cómo  el  ad quem “le cree  al  Gerente  y  a  su  plano acomodado, en completa contradicción con la prueba  pericial  que  jamás  ha  sido  mencionada”,  con una interpretación falsa y  errónea.   

2.            Alrededor del artículo 1603 del Código  Civil,  manifiesta  que  el postulado de la buena fe no fue aplicado; señala la  mala  fe  del  gerente  de  la sociedad y de sus apoderados, que se confundió o  equiparó  el  proceso  actual  –  cuya  acción  no  está  prescrita  – con el  anterior,  y  que  aquí no se trata de ver si el arrendatario cumplió, pues se  espera  una sentencia de fondo por ser un asunto diverso, como se dijo cuando se  desató la excepción previa de cosa juzgada.   

Por  este lado, remata diciendo que al estar  demostradas  las  interferencias,  embarazos,  perturbaciones o perjuicios, debe  ser  consecuencia  lógica que el contrato no se ejecutó de buena fe y por ello  no se aplicó la norma pertinente.   

                             3.            Frente  al  artículo  1982  ibídem, que  impone  la  obligación  de  mantener  la  cosa  en estado de servir para el fin  convenido,  y  librar al arrendatario de turbaciones o molestias, subraya que el  Tribunal  la  inaplicó, habida cuenta del incumplimiento del arrendador, por lo  que  en  esta  parte  la sentencia “olvidó realmente darle un marco jurídico  acertado”.   

                               Mantener una  cosa  en  estado  de  servir, prosigue, no es sólo hacer obras materiales, sino  también  abstenerse  de  desplegar conductas como las que aquí se critican; y,  librar  al  arrendatario de perturbaciones, no es otra cosa que no molestarlo de  hecho  o  de derecho, directamente o por medio de terceros, como sucedió con la  orden  dada  a  los  guardas  de  tránsito para desviar la clientela, según lo  declararon;  “nada  de  esto  ha sido reseñado por el Tribunal”, expresa la  censura.   

4.            Respecto  del artículo 1986  ejusdem, que impide mudar la forma de la  cosa  arrendada  o  hacer obras que perturben al arrendatario, dice que es claro  el  incumplimiento  del  gerente  de  la demandada, así como el  perjuicio  irrogado;  el  Tribunal  omitió  la disposición y se limitó a dar una “idea  maravillosa   de   lo  que  puede  ser  una  conducta  violatoria”,  anota  el  recurrente,  para  concluir que aquél no quiso aceptar que estos hechos atroces  son   producto   del   poder  unilateral  y  de  la  grotesca  intervención  de  arrendadores inescrupulosos.   

5.             Al  mencionar  el  artículo  1987  del  Código  Civil,  que  establece  el  derecho  del arrendatario a ser indemnizado  cuando  se le perturbe en el goce del bien, expresa que son muchas las conductas  que  pueden  encasillarse  allí,  por  lo  que debe llamarse la atención de la  justicia para que con sus fallos erradique tales prácticas.   

                                                Consecuentemente,  si  el  Tribunal estimó extemporáneo el reclamo  debió  tener  en  cuenta  que  en  el  proceso  de  restitución no era posible  demandar   en   reconvención;   añade   también  que  si  se  probó  que  la  perturbación  tuvo  lugar,  por  ejemplo,  antes  del  primer mes de mora, este  proceso  no  se  dirigió  a  ese período, sino que comprende desde el comienzo  hasta  el  final, y, que si el arrendador no propuso excepción de prescripción  no  es  aceptable  que  se  le  diga  ahora al demandante, que “su derecho, su  justicia   de  pronto  la  hubiera  tenido  pero  que  ya  es  extemporánea”.   

Por  tanto,  la  acción que nace del citado  artículo  1987  es  la  ordinaria  de indemnización de perjuicios, y a ella se  acudió,  de forma que el Tribunal no puede declarar una prescripción que no se  invocó,  ni  existe,  pues  en la demanda se precisó que la mora en el pago de  los  cánones  era  producto  de  la  conducta  violatoria del arrendador, de su  competencia   desleal,   y   de   la   usurpación   de   la   clientela,  entre  otras.   

                              IV.                CONSIDERACIONES    DE   LA  CORTE   

                                          1.         Para  empezar  ha de subrayarse que el artículo  374  del Código de Procedimiento Civil exige que en el recurso de casación los  cargos  se  formulen  separadamente, “con la exposición de los fundamentos de  cada  acusación,  en  forma  clara y precisa”.                         

                             En  particular,  cuando  se  trata de la  causal  primera,  deben  señalarse  las  normas  de  derecho  sustancial que el  recurrente  estime  violadas,  y  si el ataque se enfila por la vía directa, su  contenido  debe  mostrar, con la mencionada claridad y precisión, un raciocinio  de  orden  estrictamente  jurídico  enfocado  a  evidenciar  la manera como los  preceptos  materiales  se dejaron de aplicar, se hicieron actuar indebidamente o  se  interpretaron en forma inadecuada, siempre que, desde luego, tal yerro tenga  incidencia  decisoria, esto es, que de no haberse incurrido en él, otro habría  sido  el sentido de la resolución judicial.                   

                              Por tanto, la  argumentación  planteada  por  el  impugnador  no  sólo debe ser inteligible y  coherente,  sino  también  completa  y contundente, esto es, capaz de derrumbar  todos  los  soportes  del fallo cuestionado, habida cuenta que la Corte no está  facultada  para  completarla,  aclararla,  o  darle  un  rumbo que no le ha sido  fijado    con   antelación,   pues   este   es   un   escenario   eminentemente  dispositivo.     

                             De  la  misma  forma, como repetidamente lo ha sostenido la doctrina  jurisprudencial,  esta  especie  de reproche “ … no puede plantearse de otro  modo  que  sobre  la condición indeclinable de no disentir del supuesto factual  trazado  por  el  sentenciador  de  instancia,  hallándose  la  razón  de esta  exigencia  en  la  base  misma  de la técnica propia del recurso cuando este se  enfile  por  la  susodicha  causal.  En  efecto,  si  el impugnante discrepa del  sentido  que  el fallador le asignó a los hechos, según la representación que  de   éstos  se  contiene  en  las  pruebas  incorporadas  en  el  proceso,  esa  disparidad,  en  la  casación,  no  es dable examinarla más que a la luz de un  yerro  de  apreciación  probatoria, yerro que, como es natural, acarrea para el  impugnante   el   escogimiento  de  la  vía  indirecta  para  el  ataque  a  la  sentencia”.   

                               “En  la  demostración  de  un  cargo  por  la  vía  directa  –  ha  dicho la Corte – el  recurrente  no puede separarse de las conclusiones que en la tarea del examen de  los  hechos  haya  llegado  el Tribunal. En tal evento, la actividad dialéctica  del  impugnante  tiene  que realizarse necesaria y exclusivamente en torno a los  textos  sustanciales  que  consideró no aplicados, o aplicados indebidamente, o  erróneamente  interpretados;  pero  en todo caso, con absoluta prescindencia de  cualquier  consideración  que  implique  discrepancia  con  el  juicio  que  el  sentenciador  haya  hecho en relación con las pruebas” (Cas. Civ. 20 de marzo  de  1973,  G.J.  T.  CXLVI,  p.  50)”.  (sentencia  de 28 de marzo de 1990, no  publicada oficialmente).   

                             2.          De otro lado, es preciso señalar que en  lo  que  toca  con  la  interpretación  de  las  cláusulas incorporadas en los  negocios  jurídicos,  la  Sala  ha expuesto que “los Tribunales son soberanos  para  la  apreciación  de  los hechos y la interpretación de los contratos, de  tal  suerte que la Corte solo puede variar la sentencia objeto del recurso en el  caso  de  que  ésta  contenga  errores  de derecho o de hecho, siempre que este  último  resulte  evidente  en los autos” (G.J. t. LXXXVIII, pag. 53; XC, 656;  XCIX, 150).   

                             Igualmente,   ha   expresado  que  en  la  tarea  de  establecer  la  intención  de  las partes en el contrato, el Juez debe ocuparse inicialmente de  la  declaración  de  voluntad  plasmada  por  éstas,  en búsqueda del genuino  alcance  o  significación  de  la  misma y del efecto jurídico querido por los  contratantes,  en  orden a lo cual ha de procurar que las estipulaciones cumplan  con    los    objetivos    y    finalidades    propuestos    al    ajustar    la  convención.    Esta  labor,  que  es  de relativa facilidad cuando el  contrato  o  la  cláusula  son  claros,  se  tornará mucho más compleja en el  evento   en   que  éstos  carezcan  de  nitidez,  pues  allí  se  tratará  de  desentrañar  su  sentido,  para lo cual habrá de acudirse a las reglas fijadas  por  la  ley,  para  que  se examine la naturaleza del acuerdo y su conjunto, al  complementar y armonizar sus diversas piezas.   

Sucede,  entonces,  que  para  impugnar  el  entendimiento  otorgado  por  el  sentenciador  a  una cláusula contractual, el  recurrente  forzosamente  ha  de  traspasar  el  entorno propio de la violación  juris in judicando, pues debe  concentrarse  en  las  pruebas,  puntualmente, en el texto de las estipulaciones  vertidas  en  el contrato, y no se ve cómo pueda hacerlo, sin más, por la vía  directa.   

3.            Ahora  bien, como se anticipó, la   única  censura  presentada  denuncia  la  vulneración  directa,  por  falta de  aplicación,  de  los  artículos  1602, 1603, 1982, numerales 2º y 3º, 1986 y  1987 del Código Civil.   

Varias son las deficiencias técnicas que se  encuentran  en  el cargo, las que inexorablemente vienen a determinar el fracaso  de la impugnación, como se explicará a espacio.   

a.             Primeramente,   debe   destacarse   la  irregularidad  en que se incurrió al mezclar cuestiones fácticas dentro de una  acusación  propuesta  por la vía directa.                

Evidentemente,  el  yerro  más  notorio  se  aprecia  en  el  hecho  de  que  una  discrepancia con la interpretación de una  cláusula  contractual,  en  cuya  labor prevalece la discreta autonomía de los  juzgadores,  fuera  planteada  por  la  vía  directa  cuando,  como se explicó  enantes,  es  sabido que aquella trasgresión sólo puede proponerse mediante la  cabal  demostración  de  un  manifiesto  y  trascendente  error  de hecho en la  contemplación objetiva de la prueba del acuerdo de voluntades.   

Cuando el cargo descansa sobre la violación  directa  cometida  por  el  sentenciador, distante se encuentra el recurrente de  acertar  si denuncia una infracción presuntamente originada en el entendimiento  de  una  cláusula, por lo que resulta forzoso concluir que es equivocado atacar  la  sentencia  por  esta vía cuando debió serlo por la indirecta, más aún si  la  naturaleza  de  ambas  es diametralmente distinta, y esto hace que semejante  forma  de  acusación torne inane el cargo, pues el desarrollo dialéctico de la  labor   demostrativa,  en  el  primer  caso,  está  circunscrito  al  contenido  jurídico  de  los  textos  legales que se consideran quebrantados, con absoluta  prescindencia  de  cualquier  reparo  en  relación  con  la apreciación de los  hechos y pruebas.   

b.            Para  abundar en razones, nótese que lo  concerniente  a  la interpretación de la cláusula contractual no fue el único  aspecto  fáctico que impropiamente se invocó en el cargo montado sobre la vía  directa,  pues  tal  desatino  fue  reiterado  y  sistemático, como cuando para  demostrar  un  error  jurídico, se cuestionó la aceptación de la declaración  del  gerente  de  la  demandada,  “en  completa  contradicción  con la prueba  pericial  que  jamás  ha  sido  mencionada”  –  lo  que injustificadamente se  denominó  error  de  derecho  – , o cuando se aludió a lo que se entendía por  “área  operativa”,  o  al  resaltar que no se ponderó el testimonio de los  guardas  de  tránsito  sobre  el  desvío de la clientela, entre otros, ataques  todos  propios  de  la  vía  indirecta, que corroboran rotundamente las enormes  fallas en la formulación de la censura.   

4.            En  compendio, mírese cómo el cargo no  podría  abordarse  por ninguna de sus aristas, ni siquiera con un criterio laxo  o  con  la aplicación de los remedios previstos por el artículo 51 del decreto  2651  de  1991,  adoptado  como  legislación permanente por la ley 446 de 1998,  pues,  en  todo  caso,  se  itera,  no  pasó de ser una deshilvanada mixtura de  enunciados.            

                               

                             5.         No prospera el  cargo.   

                           V.                                    DECISIÓN   

                             Con fundamento  en  lo  discurrido,  la  Corte  Suprema  de Justicia en Sala de Casación Civil,  administrando  justicia  en  nombre  de la República y por autoridad de la ley,  NO CASA la sentencia de 22 de  septiembre  de 1998, proferida por la Sala Civil – Familia del Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial de Armenia (Quindío), para dirimir el proceso ordinario  adelantado   por  GILDARDO  GARCÍA  SERNA  frente  a  TERMINAL  DE  TRANSPORTES  DE  ARMENIA S.A.   

                               Costas en el  recurso extraordinario a cargo de la parte recurrente. Tásense.   

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

MANUEL ISIDRO ARDILA VELÁSQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

SILVIO  FERNANDO  TREJOS  BUENO   

CÉSAR JULIO VALENCIA COPETE  

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA    

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