SC 014 2005 [1100131030291993 7692 01]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-014-2005 [1100131030291993-7692-01]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

Magistrado Ponente:  

Dr. JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

Bogotá,  D. C., veinticinco (25) de enero de  dos mil cinco (2005).   

Referencia:         Expediente  C-1100131030291993-7692-01   

Decídese   el  recurso  de  casación  que  interpuso   la  sociedad  CONSTRUCTORA  TORRELAVEGA  LIMITADA,  respecto  de  la  sentencia  de  3  de  noviembre  de 2000, proferida por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  Sala  Civil  de  Descongestión, en el proceso  ordinario de RAOUL PETER BLEIER contra la recurrente.   

ANTECEDENTES  

                               

1.- En la demanda que originó el proceso, el  demandante  solicita se declare que la sociedad demandada incumplió el contrato  de  compraventa  y  constitución de dos servidumbres, contenido en la escritura  pública  No.  270  de  1º  de febrero de 1989 de la Notaría Treinta y Dos del  Círculo  de  Bogotá. Consecuentemente pide que se le ordene cumplir lo pactado  y que se le condene a pagar los perjuicios causados.   

2.-  En  lo  pertinente,  las pretensiones se  fundamentan  en que mediante el documento citado, el demandante transfirió a la  sociedad  demandada,  a título de compraventa, el derecho de dominio de un lote  de  terreno  que hacía parte de otro de mayor extensión, situado en la carrera  4ª  No.  80-38,  interior 1, de la nomenclatura urbana de Bogotá, identificado  con  la  matrícula  050-1174850  de  la  Oficina  de  Registro  de Instrumentos  Públicos,  y  constituyó  dos  servidumbres,  una de vista y otra de desagüe.   

En   la   cláusula  octava,  la  sociedad  compradora   se   comprometió   a   “respetar   un  aislamiento  posterior  en  promedio de cinco metros horizontales…de distancia  respecto   del   lindero   occidental   del   predio   que  adquiere”,  pero  en  la  construcción  de un edificio en el citado lote,  “no  respetó  el  aislamiento posterior” en referencia.   

3.- El Juzgado Veintinueve Civil del Circuito  de  Bogotá,  mediante  sentencia  de  7  de  diciembre de 1999, declaró que la  sociedad  demandada  incumplió  la cláusula octava del mentado contrato, en la  parte  transcrita,  y  aunque  la absolvió del cumplimiento solicitado, para no  imponer  doble  sanción,  la  condenó  a  pagar  al  demandante,  a título de  perjuicios,  la  suma  de $617.500.000.oo, pues conforme al dictamen de peritos,  sin  el  aislamiento  convenido,  el  inmueble  del demandante tendría un valor  comercial   de   $715.000.000.oo,   y   respetando   la  mentada  cláusula,  de  $1.332.500.000.oo.   

Decisión  que  el  Tribunal  confirmó  y  adicionó,  en el sentido de condenar igualmente a la sociedad demandada a pagar  la  corrección  monetaria  de  la  suma  indicada,  al  resolver  el recurso de  apelación   que   interpusieron  ambas  partes,  excluyendo  de  su  objeto  la  pretensión  de  cumplimiento  que  fue  denegada, porque sobre el particular el  demandante había guardado silencio.   

LA SENTENCIA RECURRIDA  

1.-  Ante todo, el Tribunal señaló que las  pretensiones  debían recibir respuesta en el artículo 1602 del Código Civil y  no   en   el   artículo   1546,   ibídem.  Aclaró igualmente que tanto el incumplimiento total del contrato  como  el  cumplimiento  defectuoso, generaba responsabilidad para el contratante  incumplido.   

2.-  Centrado  en la causa de la demanda, el  sentenciador,  aplicando  las  reglas de interpretación de los contratos, dejó  establecido  que  la  intención  de  los  contratantes  era  dejar  en la parte  posterior  del  edificio en construcción, una franja de terreno de cinco metros  “en   promedio”   que  serviría de aislamiento del predio vecino.   

Estipulación  que  la  sociedad  demandada  cumplió  defectuosamente, porque tomada la distancia, según los tres puntos de  medición   de   referencia,   por  ser  irregular  la  extensión  del  lindero  occidental,  se comprobó, conforme lo explicaron e ilustraron los peritos JAIME  GOMEZ  ULLOA  y  RAFAEL  ARTURO  PAEZ  ESTEVEZ,  que el aislamiento fue de 4.277  metros  “en promedio”, es  decir por debajo de lo pactado en el contrato de compraventa.   

Dictamen  respecto  del cual el juzgador, al  encontrarlo  fundado  y  serio,  consideró  que  si la sociedad demandada no lo  compartía,  ha  debido,  si  es  que  los peritos no observaron “aquellos  aspectos  que  en  su sentir incidían en las conclusiones  del  mismo,  como  por ejemplo que la medida debía tomarse desde el lindero que  previamente  había  que establecerse respecto del predio del actor, cosa que en  forma      extemporánea      alega      en      esta      instancia”.   

Acota  el Tribunal que lo mismo debió hacer  dicha  sociedad  con  relación  al  dictamen  pericial  rendido por JUAN CARLOS  GARCIA  y  AUGUSTO  GARAVITO  RIVERA, sobre el monto de los perjuicios irrogados  con  el  incumplimiento,  porque  mientras  otras  pruebas  no  contrarresten su  contenido,  “el  fallador  debe  acogerlo,  tal como  ocurrió  en  ese caso, donde los argumentos en que funda la “objeción” que  al   mismo   hace   el   apelante   en   esta   instancia,   no   se  encuentran  probados”.    

Cinco cargos se formulan contra la sentencia  compendiada.  La  Corte  estudiará de antemano el quinto por denunciar un error  de  procedimiento  y  conjuntamente  el  primero, segundo y cuarto, por resultar  afines, y por último el tercero, que con alcance parcial prospera.   

CARGO QUINTO  

1.-  De  conformidad  con  lo previsto en el  artículo  368,  numeral  2º  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  acusa la  sentencia de inconsonancia objetiva.   

2.-  En  la  sustentación,  manifiesta  la  recurrente  que  en  la  demanda  se  solicitó  que  se declarara incumplida la  cláusula  octava  del contrato de compraventa, relativa al aislamiento pactado,  y   que   como   consecuencia  se  ordenara  cumplir  dicha  cláusula,  con  la  consiguiente condena al pago de perjuicios.   

La  sentencia,  empero,  condena  el pago de  perjuicios   compensatorios,   propios   de  la  naturaleza  resolutoria  de  la  obligación,  lo cual excluye la posibilidad de demandar su cumplimiento, porque  dicho  cumplimiento  comporta  una condena por perjuicios, sin que se extinga la  obligación incumplida.   

3.- El Tribunal, entonces, se “equivocó  de  hecho”,  al  imponer  una  “condena   al  pago  de  perjuicios  de  naturaleza  resolutoria,  que  lo  llevó  a  incurrir  en  el vicio denominado ‘extra        petita’”, y a violar los artículos 1610-3,  1618, 1620 y 1622 del Código Civil.   

CONSIDERACIONES  

1.-  Con relación a la demanda, establecido  que  el  sentenciador, en principio, sólo puede pronunciarse respecto de lo que  se  le  ha  pedido,  so  pena  de extralimitar sus funciones, suficientemente se  tiene  explicado  que  para verificar la incongruencia objetiva en cualquiera de  sus     modalidades     de     extra,     ultra     o    mínima    petita,  necesariamente  debe confrontarse  la  parte  dispositiva de la sentencia, que es la que por regla general contiene  la   decisión   del   conflicto  sometido  a  composición  judicial,  con  las  pretensiones  invocadas,  para  previa  esa  labor de parangón establecer si se  pecó por exceso o por defecto.   

2.-  En  el caso, el recurrente sostiene que  como  en  el  libelo  el  demandante  no  solicitó  el  pago  de los perjuicios  provenientes  de  la  resolución del contrato de compraventa, en las sentencias  se  incurrió en el vicio de procedimiento alegado, porque fueron los perjuicios  derivados  de  la extinción o resolución de un contrato los que en últimas se  impusieron.   

En  la  demanda,  es cierto, se impetró que  como  consecuencia  del  incumplimiento  de  la  cláusula  octava  del  aludido  contrato,  en  lo  que  al  aislamiento  se  refiere,  se ordenara a la sociedad  demandada  a  que cumpliera lo pactado y que se condenara a pagar los perjuicios  causados.   

El   juzgado  declaró  el   imputado  incumplimiento  e  impuso  la  condena  al  pago  de  perjuicios,  pero negó el  cumplimiento  de  lo  estipulado  “por  cuanto  ello  equivaldría   a   la   imposición   de   doble   sanción   para  la  sociedad  demandada”.   Decisión  respecto  de  la  cual  el  Tribunal  ningún pronunciamiento hizo, por falta de competencia funcional, dado  que  el  demandante  había  limitado  la  apelación  adhesiva a la corrección  monetaria sobre la condena contra la sociedad demandada.   

32.- En ese contexto, de entrada se advierte  que  con  independencia  del  agravio  que  tal condena pueda irrogar a la parte  demandada,  el  legitimado  para denunciar el vicio sería el demandante, porque  si  la  condena  que sobre el particular se impuso es distinta a la que desde el  comienzo  solicitó,  esto  llevaría  a  pensar  que  los  perjuicios realmente  demandados fueron negados.   

En  todo  caso, al margen de lo que precede,  observa  la  Corte  que  la  decisión  al  respecto  no  es  inopinada,  porque  entroncadas  las decisiones de instancia, si se ordenó el pago de perjuicios en  sustitución  del cumplimiento del contrato, para no imponer una “doble  sanción”,  los errores, de haber  existido,  estarían  en  las  razones  que llevaron a resolver el asunto en ese  sentido.   

Desde  luego  que  si  se  impuso el pago de  perjuicios,  según  el  recurrente  de  naturaleza  resolutoria, lo primero que  debería  quedar  claro  es  si  esa condena obedece precisamente a esa clase de  perjuicios,  porque lo cierto es que el contrato de compraventa no fue resuelto.  Los  errores,  entonces,  no serían de procedimiento, sino de juzgamiento, como  la  misma  recurrente  lo  confirma,  primero  al  afirmar  que  el  Tribunal se  “equivocó   de  hecho…cuando  concluyó  que  el  demandante    no    solicitó    el    cumplimiento   del   contrato”,  y  luego  al  sostener  que esa equivocación se tradujo en la  violación de varias disposiciones legales.   

Por lo demás, si se interpreta con amplitud  en  ese  sentido el cargo, en cuanto a la apreciación de la demanda se refiere,  el  error  es  inexistente, porque como se recuerda el Tribunal en manera alguna  concluyó  que el demandante no solicitó el cumplimiento de la cláusula octava  del  contrato  de  compraventa,  en  cuanto  a aislamientos se refiere, sino que  simplemente  se abstuvo de resolver sobre el cumplimiento de dicha cláusula por  falta  de  competencia  funcional,  según  quedó  consignado,  y  esto tampoco  aparece cuestionado.   

4.-  El  cargo,  en  consecuencia,  no es de  recibo.s se abre paso.   

CARGO PRIMERO  

2.- En su desarrollo, la recurrente acepta la  conclusión  del  Tribunal  sobre  que  de  acuerdo  con la cláusula octava del  contrato  de  compraventa,  la  intención  de  los contratantes era dejar en la  parte  posterior  del  edificio  o  lindero occidental, una franja de terreno de  cinco   metros   en   promedio   que   serviría   de   aislamiento  del  predio  vecino.   

Demostrar,   entonces,   “la   colindancia   o   vecindad   entre   dos  inmuebles”,  constituía el presupuesto de las pretensiones. Pese a que los  peritos  concluyeron  que el aislamiento había sido de 4.277 metros, no se tuvo  en  cuenta  el  lote  a  que se refería la escritura pública No. 270 de 1º de  febrero  de 1989, otorgada en la Notaría Treinta y Dos del Círculo de Bogotá,  como  tampoco  el  lindero  occidental estipulado como línea divisoria entre el  inmueble del demandante y el de la sociedad demandada.   

2.1.-  En  cuanto  a  lo  primero, porque el  levantamiento  topográfico  que  hicieron  los  peritos fue con relación a los  aislamientos  dejados  por  la  Constructora  Torrelavega  en  el inmueble de la  carrera  4ª  No.  80-36 de Bogotá, como se solicitó en la demanda, dirección  que  no corresponde al de la escritura pública en comento, dado que en la misma  se  indicó  que el inmueble de donde se segregó el lote vendido a la demandada  se  encontraba  ubicado  en  la  carera  4ª  No.  80-38,  interior  1  de  esta  ciudad.   

Así  se  observa  en  la  copia  del  plano  expedido  por  el  Departamento Administrativo de Planeación Distrital, pues el  lote  de  la primera dirección tiene de frente 18.25 metros, en tanto que el de  la  segunda,  3.76 metros, correspondiendo a un camino o camellón que conduce a  los  interiores  1 y 2 de esa dirección. Distinción que también se aprecia en  los  folios  de  matrícula inmobiliaria, pues el primer inmueble tiene asignado  el  número 50C-226408, mientras que según la escritura pública mencionada, al  lote de mayor extensión corresponde el número 050-1174850.   

2.2.-  Con  relación al lindero occidental,  los  peritos  tomaron  las  medidas  desde la “línea  exterior   del   muro   de   contención   construido   o  paramento”.  Desde  luego que como paramento y muro de contención no es un  lindero,  pues  lo  primero  son las caras de una pared, en tanto que lo segundo  una  edificación,  los  auxiliares  de  la  justicia no midieron las distancias  disímiles    entre    el    lindero   y   la   construcción,   “sino  que  tomaron  las  medidas  entre  dicha  construcción  y  el  paramento  occidental  de  un  muro  de contención que hallaron en su visita al  predio”.   

Las  medidas, entonces, se proyectaron entre  dos  fachadas,  la  del  “Edificio  Torrelavega y la  pared  exterior  de un muro de contención” hallado a  unos  metros  al occidente del citado edificio. Los peritos nada dicen sobre que  los     puntos     de     medición    para    calcular    el    “promedio”  de  aislamiento,  se  tomaron  desde   la   fachada  del  edificio  y  el  “lindero  occidental”   del   lote   vendido  a  la  sociedad  demandante,  como  equivocadamente  lo  concluyó  el Tribunal. Tampoco algo que  “permita  deducir  fundadamente  que  la  línea  de  fachada  del muro de contención tomada como referencia para realizar su trabajo  de     medición     equivalga     al     lindero    en    cuestión”.   

Ningún  otro  medio  pudo  influir  en  el  Tribunal  para  ese  propósito,  menos  la  escritura  pública de compraventa,  porque    sólo    con    el    “plano”       “protocolizado”  con la misma, el cual se echa de menos, se hacían inteligibles  los  puntos  y  ángulos  de  la  línea  quebrada  del  lindero  occidental. La  redacción  de  los  puntos  cardinales  tampoco  es suficiente, porque de dicho  lindero  se  dice  que  corre  “siguiendo  una zanja  actualmente   existente   en   extensión   de   nueve  metros  con  veintisiete  centímetros  (9.27  mts.)  lindando  con  terrenos  del  mismo  lote  de  mayor  extensión     hasta     encontrar     el     punto     4.     Y    ‘zanja’      no      es      ‘Muro’”.   

3.- Por último, la recurrente manifiesta que  los  hechos  expuestos  fueron  alegados  en  el  recurso de apelación, pero el  Tribunal  consideró  que  como  eran  propios  de  la  objeción  del dictamen,  resultaban  extemporáneos,  cuando  la  reclamación contra dicha prueba es una  prerrogativa y no una imposición legal.   

CARGO SEGUNDO  

1.-  Acusa  la  violación  de  las  mismas  disposiciones  que  se citan en el cargo anterior, como consecuencia de error de  hecho  en la apreciación del dictamen pericial rendido por JUAN CARLOS GARCIA y  AUGUSTO GARAVITO RIVERA, respecto del avalúo de perjuicios.   

2.- Manifiesta la recurrente que los citados  peritos   consideraron   que   el  Edificio  Torrelavega  no  cumplió  con  los  aislamientos  a  que  estaba  obligado,  conclusión  que derivaron del dictamen  rendido  por Jaime Gómez Ulloa y Rafael Arturo Páez Estévez, cuya ausencia de  sustentación  para  demostrar  el  anotado  incumplimiento fue determinante del  error de hecho denunciado en el primer cargo.   

3.- Concluye la recurrente que al ligarse el  primer   dictamen   al   segundo,   el  error  se  presenta  manifiesto,  porque  “implica  haber supuesto la existencia de una prueba  que  en  realidad  no  obra  en el proceso”, amén de  transcendente,  dado que en el dictamen que se cuestiona el Tribunal fundamentó  la condena al pago de perjuicios.   

CARGO CUARTO  

1.-  Denuncia  la  violación  de las mismas  disposiciones  que se citan en el cargo primero, como consecuencia de errores de  hecho  en la apreciación de las pruebas, al dar por demostrado, sin estarlo, la  “colindancia    entre    los   predios”,  la  “propiedad en cabeza del actor  del    inmueble    que    supuestamente    sufrió    disminución    de   valor  comercial”,    así    como   la   “adquisición    del    predio    segregado    por    parte   de   la  demandada”.   

2.-  Manifiesta  la  recurrente  que  siendo  esencial  probar  la  “existencia  de  dos inmuebles  colindantes”,  a  partir  de  la  división  de  un  inmueble  de  mayor  extensión, la vecindad no se acreditaba con la copia de la  escritura   pública   correspondiente,  “porque  el  elemento  de colindancia o vecindad surge a la vida jurídica con el registro de  la  escritura  en  la  que  se  haya  estipulado  división material”,   pues    es   a   partir  de  ese  momento  es   que  “opera  la  transformación del inmueble original en  dos inmuebles colindantes entre sí”.   

En  el  caso, en ninguna de las copias de la  escritura  pública  No.  270 de 1º de febrero de 1989, otorgada en la Notaría  Treinta  y  Dos  del  Círculo  de  Bogotá, se observa constancia, sello o nota  alguna  que  demuestre  que  dicho  instrumento  fue registrado en la Oficina de  Registro  de  Instrumentos  Públicos. Tampoco aparece en autos documento alguno  proveniente  de  esa  Oficina que acredite la inscripción del acto jurídico de  división   material,   requisito   “necesario  para  demostrar  la  colindancia  que se da como resultado de la división”.   

3.- En concreto, el Tribunal supuso la prueba  de  las  afirmaciones  contenidas  en  el hecho tercero de la demanda, según el  cual    el    demandante   “transfirió”  a  la sociedad demandada un “lote de  terreno” que hacía parte de otro de “mayor    extensión”   con   matrícula  inmobiliaria  No. 050-1174850, porque ninguno de los documentos que seguidamente  se mencionan obran en el expediente.   

Si el imputado incumplimiento de la cláusula  octava  del  contrato,  contenida  en la citada escritura pública, implicaba la  existencia  de  dos  inmuebles  colindantes,  la  matrícula del predio de mayor  extensión  únicamente  podía  acreditarse  con  la  copia  del certificado de  tradición  expedido  por  la  Oficina de Registro de Instrumentos Públicos. De  otra  parte,  la  segregación  de  un  lote  del  inmueble  con  matrícula No.  050-1174850,   sólo  podía  probarse  con  la  inscripción  de  la  división  material,  y con la copia del certificado de tradición que se hubiere asignado,  con la indicación de la matrícula matriz.   

4.-  Concluye  la recurrente que los errores  denunciados  son manifiestos y trascendentes, pues de los mismos se concluyó el  incumplimiento imputado.   

CONSIDERACIONES  

1.-  Como  se  sabe,  para  que un error de  hecho,  en  las  distintas especies en que suele presentarse, tenga la virtud de  derrumbar  la  presunción de acierto con que arriba una sentencia al recurso de  casación,  es  necesario  que  sea  manifiesto  y trascendente, es decir que se  aprecie   a   simple   vista   y   que   sea   determinante   de   la  decisión  final.   

En  cuanto  a  la apreciación del dictamen  pericial,  en innumerables ocasiones se ha explicado,  que  los  juzgadores  de instancia gozan de autonomía para calificar y apreciar  la  firmeza,  precisión  y calidad de sus fundamentos. De ahí que sólo cuando  sus   conclusiones  son  caprichosas,  irresponsables,  voluntariosas  o  arbitrarias,  pueden  ser  atacadas  en  casación,  porque en  términos  generales  dicho recurso, dado su carácter extraordinario, no es una  oportunidad  adicional para proponer, sin cortapisa de ninguna especie, un nuevo  examen del elenco probatorio.   

Por  lo tanto, como la simple discrepancia  de  opiniones,  así  las del recurrentes sean fundadas, no son suficientes para  pulverizar  la anotada presunción de acierto, la Corte tiene dicho que el error  de  hecho  manifiesto  en  la  apreciación  del  dictamen pericial, sólo tiene  ocurrencia      cuando     el     Tribunal     altera     la     “materialidad   del   dictamen,  ora  por  adición,  suposición  o  supresión   total   o  parcial  de  su  contenido”  (sentencia No. 038 de 12 de abril de 2000).   

1.-  En  el cargo primero, inicialmente, se  nominó  el  error  denunciado  como  de derecho en la apreciación del dictamen  pericial  a  que  se  refiere,  pero  una  interpretación  que  no riñe con su  objetividad  permite entender que el error en realidad es de hecho, porque en su  desarrollo  se  hace  explícito  que  en  esa especie de yerro se incurrió, en  palabras   de   la   sociedad  recurrente,  bajo  la  forma  de  “suposición”       “por   adición”  de  la  “prueba.   

Concretamente,  porque contrario a como lo  vio  el  Tribunal,  los  auxiliares  de  la  justicia  marginaron  como punto de  referencia  para establecer el aislamiento promedio, el lote objeto del contrato  de  compraventa,  así  como  el lindero común estipulado como línea divisoria  entre  el  inmueble  que  le  quedó  al  vendedor y el globo segregado para ser  vendido a la sociedad demandada.   

2.-   Aunque  conforme  lo  presenta  la  recurrente,  al  confrontarse la dirección de la demanda, misma de la escritura  pública  de  compraventa,  y  la  del  dictamen pericial, como perteneciente al  inmueble  objeto de dicho contrato, podría pensarse que por ser distintas no se  refieren  a  un  mismo  predio. Situación que igualmente cabría predicar de la  copia  del  plano  expedido  por  el  Departamento Administrativo de Planeación  Distrital,    así   como   de   los   folios   de   matrícula   50C-226408   y  050-1174850.   

Mas, es necesario precisar que la alusión  a  ese  hecho ninguna trascendencia trae para el resultado del cargo, porque los  errores  fácticos  que  se  denuncian  se  circunscriben  al  dictamen pericial  rendido  por JAIME GOMEZ ULLOA y RAFAEL ARTURO PAEZ ESTEVEZ, y porque en ninguna  parte  del  cargo  se  indica  que  los  citados auxiliares de la justicia hayan  tenido  como  fuente  de sus conclusiones la anotada prueba documental. De haber  ocurrido  así,  el  error  de hecho en la apreciación del dictamen pericial se  presentaría  como  consecuencia  de errores de hecho en la valoración de tales  documentos.   

Pero como eso no aconteció, los errores en  cuestión  no  existen. En efecto, en cuanto que no se tuvo en cuenta como punto  de  referencia  para establecer el aislamiento promedio el inmueble de que trata  la  citada  escritura  pública,  porque  si  los peritos tomaron como objeto de  examen   un  bien  distinto,  ninguna  justificación  tendría  el  otro  error  denunciado,  referido  precisamente  al  lindero común estipulado en la mentada  escritura  pública.  En  otras  palabras, el texto del cargo lo desvirtúa, por  ser  incompatible  con  el  segundo  error,  en el entendido de que en éste, en  efecto,  se acepta que el examen de los peritos se circunscribió al aislamiento  de  la  parte posterior del edificio que fue construido en el lote del contrato.   

Respecto  a que los expertos no tomaron en  consideración  el  lindero  entre  la  parte  del  inmueble  que  le  quedó al  demandante  y el globo que se segregó para ser vendido a la sociedad demandada,  porque  pese  a  las distinciones entre paramento y muro de contención, la sola  significación   de   tales   términos   no  los  descarta  como  elementos  de  delimitación.  Como  se acepta en este aparte del cargo, lo trascendente es que  para  establecer  el  aislamiento  horizontal en promedio en la parte occidental  del  lote  de  la sociedad demandada, los peritos midieron las distancias, hacia  el   occidente,   desde   la   “fachada”  posterior  del  edificio  Torrelavega hasta la “línea  exterior” de un “muro    de    contención    construido   o   paramento”.   

Distinto  es que el Tribunal haya supuesto  en   el   dictamen  que  el  “muro  de  contención  construido  o paramento” encontrado a unos metros al  occidente  de  la  fachada  posterior  del  edificio  Torrelavega, constituya el  elemento  que  divide  el lote que le quedó al demandante y el que adquirió la  sociedad  demandada.  Esto, sin embargo, no es cierto, porque fueron los propios  peritos  quienes  arribaron  a esa conclusión, al señalar al pie del plano que  dibujaron   en   la   hoja  4  del  dictamen,  que  el  mentado  “paramento”     o    “muro  de  contención”  se  encontraba  “entre      ambas      propiedades”.   

Súmase  a  lo dicho que la recurrente por  ninguna   parte   afirma   que   el   tantas   veces   referido  “paramento”     o    “muro  de contención” no es el elemento  que  divide ambas propiedades. Por lo menos, ninguna prueba singulariza sobre el  particular,  mucho  menos refiere que ese paramento o muro de contención que se  encuentra   “entre  ambas  propiedades”,  no  coincide  con los puntos o ángulos de la línea quebrada  del  lindero  occidental  del  plano protocolizado con la escritura pública que  contiene  el  contrato  de compraventa. Al contrario, únicamente apunta a decir  que  con  dicho  plano, cuya copia no fue aportada, se hacían inteligibles esos  puntos o ángulos.   

3.- Ahora, si como lo sostiene la sociedad  recurrente  en el cargo cuarto, el lindero occidental del lote que adquirió del  demandante,  se  acreditaba  con  pruebas solemnes, es decir con los títulos de  propiedad  de  uno  y  otro  predio,  debidamente  registrados  en la Oficina de  Registro  de  Instrumentos  Públicos,  en cada folio de matrícula inmobiliaria  con  alusión  a  la  matrícula matriz, esto denota que ninguna otra prueba era  conducente a ese propósito.   

En dicho cargo, en efecto,  la recurrente  expresamente  manifiesta  que  para  demostrar  los linderos de un predio no era  era    suficiente   la  escritura  pública  correspondiente,  .   

la  vecindad no se acreditaba con la copia de  la   escritura   pública  correspondiente,  “porque  porque  el  el  elemento de colindancia o vecindad surge a la vida jurídica con  el   registro   de   la  escritura  en  la  que  se  haya  estipulado  división  material”,  pues   es  a  partir   de  ese  momento  es   que  “opera la transformación del  inmueble   original   en   dos   inmuebles   colindantes  entre  sí”.  De  ahí  que  la inscripción del acto jurídico de división  material,  se  erige  como  requisito “necesario para  demostrar   la   colindancia   que   se   da  como  resultado  de  la  división  material”.   

Desde  luego que si tales pruebas eran las  únicas  que,  en  sentir  del recurrente, probaban la colindancia entre los dos  inmuebles,  ningún  sentido  tendría  el ataque del cargo primero. Distinto es  que,  observa  la  Corte,  el dictamen pericial que se tuvo en cuenta para tales  propósitos  no  fuera  idóneo  para  acreditar  el  hecho,  por ser una prueba  inconducente,  caso  en  el  cual  el  error  sería  de  derecho  y así debió  plantearlo  el  censor,  citando las normas probatorias violadas y explicando en  qué  consiste  la  infración, pero como nada al respecto se denunció, esto es  suficiente para el fracaso del cargo cuarto.   

En  todo caso, cabe señalar que el objeto  del  proceso  no  era  la  discusión  de  un  derecho  real,  como el dominio o  propiedad,   situación   que  supone,  lo  cual  supone  que  con  relación al  comprador, quer  el  vendedor  cumplió la obligación de traditar la cosa. Lo que  se    planteó   en   la   demanda   es el incumplimiento de una obligación  de  carácter  personal,  cuya  fuente  es  el título respectivo, en el caso el  contrato  de  compraventa,  y  no  el modo de la tradición, el cual, repítese,  únicamente se proyecta sobre derechos reales.   

4.-  El  cargo segundo igualmente no está  llamado  a  prosperar,  porque  al  no encontrarse fundados los errores de hecho  denunciados  en  el  cargo  primero,  respecto  de  la apreciación del dictamen  pericial  rendido  por  JAIME GOMEZ ULLOA y RAFAEL ARTURO PAEZ ESTEVEZ, es claro  que  con independencia de los yerros que se denuncian  en  el  cargo  tercero,  cuyo  análisis  se  acomete seguidamente, el  Tribunal  no  pudo  incurrir  en  error  de  hecho  al apreciar  el    otro      dictamen      pericial,   es   decir,   el   pericial  presentado  por JUAN CARLOS GARCIA y AUGUSTO GARAVITA  RIVERA.   

Como    se    recuerda,   Lo  anterior  porque como se recuerda, el  error  de  hecho  en la apreciación del último dictamen, se hizo derivar de la  misma  especie  de  error  que  se  atribuyó al primer experticio. Luego, al no  existir   el  error  respecto  de  esta  última  prueba,  la  acusación  que se  enarbola  contra aquel medio  resulta  vacía.  del  dictamen  referido a la colindancia, la acusación en  referencia cae en el vacío.   

5.-  Así las cosas, ninguno de los cargos  que se resuelven conjuntamente se abre paso.   

CARGO TERCERO  

1.-  Acusa la violación de los artículos  1602,  1603  y  1610 del Código Civil, como consecuencia de errores de hecho en  la      apreciación     de     la     prueba     documental     que            incide  en  el  dictamen pericial rendido por JUAN CARLOS GARCIA y  AUGUSTO GARAVITO RIVERA.   

2.-  En  la  sustentación, la recurrente  resalta  cómo  los  peritos  consideraron que el incumplimiento de la cláusula  octava  del contrato de compraventa, en lo que al aislamiento se refiere, había  modificado  el “estrato socioeconómico”   del  inmueble  del  demandante,  porque  de  “estrato  seis  (clase alta-alta)”, se  convirtió  en  “una  zona  equivalente  a estrato  cuatro  (clase  alta-baja)”,  lo  que  trajo  como  consecuencia   la  disminución  del  valor  de  los  650  metros  cuadrados  de  construcción,  en  cuantía de $617.500.000.oo, dado que el metro cuadrado para  “estrato    seis”  equivale  a  $2.050.000.oo y de “$1.100.000.oo como  precio  promedio  de  vivienda  de  estrato  cinco”  (sic.).   

Manifiesta el recurrente que contrario    a    lo   que   afirma   el   Tribunal,   Manifiesta  la  recurrente  que  contrario  a  lo  afirmado por el  Tribunal,    las   siguientes   pruebas     documentales    documentales   contrarrestan   las  conclusiones  de  los  peritos:  a)  El  plano  de  la  manzana  expedido por el  Departamento   Administrativo   de   Catastro   Distrital,   donde  consta  se  hace  constar que    todos    los    lotes    pertenecen    al   “Estrato  Socioeconómico Seis”. b) El  oficio   de  3  de  octubre  de  1997  dirigido  por  siete  funcionarios      del      Departamento      Administrativo     de  Planeación       Distrital,   al Personero de Bogotá, ratificando  el  “Estrato:  6”, y  aclarando  que  el  edificio  cumple  con  los aislamientos mínimos   posteriores   (3.50   metros)   exigidos  en  las normas urbanísticas. c) El oficio  de  1º  de  febrero  de  1990 del Jefe de la Unidad de Desarrollo Urbanístico,  comunicando   que  como  se  trata  del  “Estrato:  seis”  se  aceptan  los  aislamientos            posteriores   propuestos     por     cumplirse     el     mínimo    requerido,   así   como   el   número   de   estacionamientos  “teniendo  en  cuenta  que  estos  son exigidos de  conformidad  al  Estrato  Seis  (6)  donde  se  localiza  el  predio”.  d)  L  Por  último,a  copia  del  memorando firmado por el  Director  de  Planeación Distrital confirmando  que  el  edificio  cumple  con  todas    las    normas   urbanísticas.  e)  La  presentación del dictamen al  día  siguiente de la posesión de un perito, lo cual  permite  inferir que es poco serio.     

3.-  Concluye  el  recurrente  que  al omitirse apreciar  las     anteriores  pruebas,  el  Tribunal  incurrió   en   error   de   hecho   manifiesto  y  trascendente,   porque   inclusive   frente   a   un  aislamiento  mínimo   posterior  de  3.50  metros,  y   en   el  caso  fue  superior,   el   estrato  socioeconómico  no  sufre  variación.   

CONSIDERACIONES   

1.-  Para  que un error de hecho, en las distintas especies  en  que  suele  presentarse,  tenga  la  virtud  de  derrumbar la presunción de  acierto  con  que arriba una sentencia al recurso de casación, es necesario que  sea  manifiesto y trascendente, es decir que se aprecie a simple vista y que sea  determinante de la decisión final.   

2.-  El    Tribunal,    es   cierto,   respecto   del   dictamen   sobre   el  avalúo     de     los     perjuicios,    rendido    por   los   señores  JUAN  CARLOS  GARCIA  y  AUGUSTO  GARAVITO  RIVERA,  señaló  que “mientras  otras  pruebas  no  contrarresten  los argumentos que  ellos         expongan        (…),  el fallador debe acogerlo, tal como ocurrió en este  caso,   donde   los   argumentos  en  que  funda  la  ‘objeción’  que  al mismo hace el apelante en  esta       instancia,       no      se      encuentran      probados”.   

En el aludido dictamen, los auxiliares de  la    justicia    concluyeron    que   todas   las  viviendas  del  sector,  “corresponden         a         un         estrato        socioeconómico  de  altos              ingresos”.            Que        el       incumplimiento  de los aislamientos posteriores  pactados,                generó,   con  relación  al bifamiliar  construido  en  el lote del demandante, la    reducción   de   las   “condiciones  de  privacidad,  independencia    y    amplitud”,   lo       cual       “produce  una  modificación del estrato  socioeconómico”,  porque  soporta  una  servidumbre de vista que limita  un  “nuevo  desarrollo  del  terreno  para  otro  tipo de construcción”, y  porque  quien  pretenda  adquirir   en  zona  lujosa,  como  la  construida,  “no   adquiere  gran  valorización pues ese ya fue dado”.   

En          consecuencia,  si se hubieran mantenido los aislamientos dentro de  los  parámetros  acordados,  la  unidad         residencial   compuesta   por   un   bifamiliar,  “se  enmarcaría dentro  de    la    parte    más    alta    (…)  del  estrato     seis    (clase    alta    –            alta)  y por el contrario el que no se  haya  cumplido  con esos parámetros disminuye el valor intrínseco de la unidad  residencial  convirtiéndola en una zona equivalente  a  estrato  cuatro  (clase alta baja)”.   Desde   el  punto  de  vista  económico,  esto  significa  que  multiplicados  los  650  M2  de  construcción en el lote del demandante, por el  “valor de $2.050.000.oo…M2 de construcción para  el     estrato     seis”    y    “$1.100.000.oo,   como  precio  promedio  de  vivienda  de  estrato  cinco”   (sic.),  el  valor  comercial  de  dicha  construcción          se          disminuyó         en         “$617.500.000.oo”.   

3.- Conforme a  la  réplica  del  cargo y los errores de hecho que en el mismo se denuncian, es  indudable  que  por  el  incumplimiento  de  los  aislamientos  posteriores,  en  promedio  de  menos  de  un  metro, de los cinco metros en promedio pactados, no  hubo  cambio  de  estrato  seis  en  el sector residencial donde se encuentra el  bifamiliar  del  demandante  y  el  edificio  construido  en  el lote objeto del  contrato de compraventa.   

Desde  luego  que  si  no  hubo cambio de  estrato  y  que  el inmueble cumplió con las normas urbanísticas, previéndose  para  el  sector un aislamiento posterior de 3.5 metros como mínimo, según las  pruebas  documentales  que en el cargo se relacionan, síguese como consecuencia  lógica  que  los  perjuicios  que  se  reclaman  por  el  incumplimiento  de la  cláusula  octava  del  contrato  de  compraventa,  en  cuanto a aislamientos se  refiere,  debieron  estimarse,  de  acuerdo  con  los  factores que hayan tenido  incidencia, dentro del mismo estrato seis.   

El  dictamen,  empero,  consideró que la  circunstancia  anotada  implicó “modificación del  estrato  socioeconómico”, pues de “estrato         seis        (clase        alta        –          alta)”,  el  incumplimiento  anotado,  disminuyó  el “valor  intrínseco de la unidad residencial convirtiéndola en una  equivalente      a      estrato      cuatro     (clase     alta     –          baja)”.  Por  lo mismo, esa disminución se calculó, con relación a  los  metros  cuadrados  de  construcción  en  el  lote  del  demandante, por la  diferencia      entre      el      metro     cuadrado     de     “construcción  para  el estrato seis”  y  el  “precio  promedio  de  vivienda  de estrato  cinco” (sic.).   

De  manera  que si según los peritos, el  incumplimiento    dicho   “convirtió”      la     “zona”         en         otro        estrato,        “cuatro”     ó    “cinco”,  pues  se  alude  a uno y se  calcula  el  metro  cuadrado de construcción para el otro, claramente se colige  que  el  Tribunal  incurrió en los errores que se denuncian, al omitir apreciar  la  prueba  documental,  lo  cual  es suficiente para que el cargo prospere, sin  necesidad  de  estudiar el indicio que rodeó la fecha de posesión de un perito  con  relación a la fecha de presentación del trabajo. Dícese que manifiestos,  porque  contrario  a  lo  que  concluyó  el  Tribunal, en el expediente existen  pruebas  que  contrarrestan  el  dictamen  pericial,  es  decir  que indican que  inclusive   con   un  aislamiento  posterior  mínimo  de  3.5  metros,  no  hay  modificación  de  estrato,  y  trascendentes,  porque  en  el  evento de que el  incumplimiento  haya  disminuido  el  valor  venal  del  inmueble  afectado,  el  cálculo   que   hicieron   los   auxiliares   de  la  justicia  partió  de  la  “modificación”  del  estrato.   

4.- Al prosperar el cargo, sería el caso  proferir  la  sentencia  sustitutiva, pero antes la Corte, de conformidad con el  artículo  375,  inciso 2º del Código de Procedimiento Civil, estima necesario  decretar   un  dictamen  pericial,  con  el  fin  de  establecer  la  incidencia  económica  que  dentro  del estrato socioeconómico del sector, con indicación  de  las  causas,  se  proyectó  sobre  el  inmueble  del  demandante,  ante  el  incumplimiento  del  aislamiento  pactado en la cláusula octava del contrato de  compraventa,  así  el  mínimo  legal  de  aislamiento  urbanístico  haya sido  observado.   

DECISION  

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre  de    la    República    y    por    autoridad    de   la   ley,   CASA  la  sentencia  de  3  de  noviembre  de  2000,  proferida  por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  Sala  Civil  de  Descongestión, en el proceso  ordinario  de  RAOUL  PETER  BLEIER  contra la sociedad CONSTRUCTORA TORRELAVEGA  LIMITADA.   

Antes  de  proceder a dictar la sentencia  sustitutiva,  se decreta un dictamen pericial sobre los puntos consignados en el  numeral  4º  de  las  consideraciones  del  cargo  que prospera. Como perito se  designa  al  señor  HECTOR  E. IBAÑEZ SANDOVAL, carrera 7ª No. 33-49, oficina  304,  teléfonos  2880506  y  2454320, a quien se le comunicará el nombramiento  como  lo  dispone  el  artículo  9º, numeral 2º del  Código  de  Procedimiento  Civil, modificado por el artículo 3º de la ley 794  de  2003,  advirtiéndole que si acepta debe tomar posesión dentro de los cinco  días siguientes.   

Sin costas en casación por haber prosperado  el recurso.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE  

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

MANUEL ISIDRO ARDILA VELASQUEZ  

CARLOS      IGNACIO      JARAMILLO  JARAMILLO   

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

CESAR JULIO VALENCIA COPETE  

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA    

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