SC 025 2005 [1100131030061997 9124 02]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-025-2005 [1100131030061997-9124-02]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL  

Magistrado Ponente:  

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

Bogotá Distrito Capital,  dos (2) de febrero de dos mil cinco (2005).   

Ref:   Expediente  No. 110013103006-1997-9124-02   

                   Se despacha el  recurso    extraordinario    de    casación    interpuesto    por    la   parte  demandante  contra  la  sentencia del 19 de octubre de  2000,  proferida  por  la Sala Civil de descongestión del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  dentro  del  proceso  ordinario adelantado por  LAUREANO GOMEZ BOTERO frente  a  la sociedad INDUSTRIA COLOMBIANA DE ARTEFACTOS S.A.  ICASA.   

A N T E C E D E N T E S:  

                   1. Impetró el  demandante,    de    manera    principal,   que   se  declarase  que  “ICASA”  es  civilmente  responsable  por los perjuicios que le  ocasionó,  por  haberlo  “avocado”  a enfrentar el proceso ejecutivo que le  instaurara  la sociedad FINANCIERA INDUSTRIAL S.A., ante el Juzgado 10 Civil del  Circuito  de  Bogotá,  con  fundamento  en  la letra de cambio por valor de $58’218.317, aceptada por él en  favor  de  la demandada, para ser pagada el 2 de febrero de 1991, al no reportar  el  pago  efectuado por el deudor, para cubrir la obligación que en ese momento  estaba a favor de la Financiera en razón al endoso.   

                                              Consecuentemente,  que  se declarase que la demandada está obligada  a   “restituir”   en   su   favor   la   suma  de  $162’000.000,  corregidos  monetariamente,  por  concepto de daño emergente, correspondiente a la cantidad  que  tuvo  que  pagar  en dicho Juzgado, dentro del señalado proceso ejecutivo,  junto  con los intereses comerciales del 3.71% mensual, según certificación de  la  Superintendencia  Bancaria, a partir del 8 de abril de 1994, fecha en que el  demandante  realizó  el  pago,  y  hasta cuando se le “restituya” el dinero  desembolsado.   

                      Así mismo,  que  se  ordene  a  la  demandada  pagarle $7.500.000, o lo que resulte probado,  debidamente  indexados,  por razón de los honorarios cubiertos al apoderado que  lo  defendió  en  dicho  proceso  y  que  se  le  condene a pagar los intereses  comerciales   a   la   tasa   vigente   sobre  dicha  suma  desde el 8 de abril de 1994, y hasta la fecha de  su cancelación.   

                      Igualmente,  que  se condene a la demandada a pagar la suma de $500.000.000, o lo que resulte  probado,  por  los  perjuicios materiales que el actor recibió por causa de los  embargos  que tuvo que soportar con ocasión del citado proceso ejecutivo; y que  se  le  ordene  pagar  los  perjuicios morales, tasados de acuerdo con        el        arbitrio judicial.   

                                              Subsidiariamente,  pidió que se declarase  que  el demandante pagó lo que no debía en favor de la demandada, por valor de  $58.217.317;  y  que,  consecuentemente, se ordenase a ésta restituirle la suma  indebidamente  pagada, con la  correspondiente  indexación;  y  que  se  le  condene  a  pagarle los intereses  comerciales  corrientes,  a  la  tasa  del 3.71%, desde el 4 de febrero de 1991,  hasta la fecha de su solución.   

                      Del  mismo  modo,  que se declare que la sociedad demandada es civilmente responsable de los  perjuicios  sufridos  por  el  actor, por no reportar el pago efectuado, actitud  dolosa  que  dio lugar al citado proceso ejecutivo del Juzgado Décimo Civil del  Circuito  de ésta ciudad. Reclama, subsecuentemente, que se le condene a pagar,  por    concepto    de    daño    emergente,   la   suma   de   $103’782.683,  junto con los intereses atrás  señalados,  que el demandante tuvo que pagar en exceso de la deuda primeramente  contraída  con la demandada,  por no haber reportado el pago.   

                      Del  mismo  modo,  con  sustento  en  la  responsabilidad  civil  declarada  en contra de la  demandada, que se le ordene  pagar,      debidamente     indexados,   $7.500.000,   o   la   suma   que   resulte   probada,  que  debió  pagar  al  abogado que lo  representó  en  el proceso del Juzgado Décimo Civil del Circuito, tantas veces  aludido.  Y  que se le condene a pagar los intereses comerciales corrientes a la  tasa  del  3.71% mensual, desde el 8 de abril de 1994, hasta cuando se verifique  su pago.   

                   Que se declare  que  ICASA  es  extracontractualmente responsable de los perjuicios sufridos por  el  actor,  en  razón de las medidas cautelares que su conducta dolosa generó,  al  dar  lugar al trámite del proceso ejecutivo en el Juzgado Décimo Civil del  Circuito.  Por  consiguiente,  que  se  le  condene  a pagar $500’000.000,    o   la   suma   que   resulte  probada,  como tasación de  los  perjuicios  derivados  de  las  medidas cautelares decretadas en contra del  demandante.   Impetró,   también,  el  pago  de  los  perjuicios  morales  que  sufrió.   

                    3. Los hechos  que    sustentan    tales    pedimentos    se   compendian   de   la   siguiente  manera:   

                    La demandada,  que  siempre tuvo al demandante como uno de sus mejores clientes, pues de tiempo  atrás  era  distribuidor  de sus productos, le despachó mercancía a la ciudad  de  Pereira,  por  valor de  $58’218.317,  suma  que  éste  le  garantizó  con  la letra de cambio No. 01/3  girada  a favor de aquella, con fecha de vencimiento de 2 de febrero de 1991. El  4  de  febrero  de  ese  mismo año, los señores RAFAEL ANGULO GONZALEZ y MARIO  URIBE,  empleados  de  ICASA  S.A.,  y  quienes eran los encargados de hacer los  cobros   en   Pereira,  se  acercaron  a las oficinas del señor LAUREANO GOMEZ BOTERO, con el propósito de  recaudar  la  obligación  contenida en la letra de cambio reseñada en el punto  anterior,  motivo  por  el  cual  el  actor  procedió  a pagar cumplidamente la  obligación, entregando para  tal  efecto  el  cheque  No. 6947537 a cargo del Banco de Crédito y Comercio de  Colombia,   por  valor  de  $58.218.317.00,  girado  a  favor  de  Leonardo  Bueno,  por  sugerencia  de los  cobradores,  y  que, a la postre, fue consignado, el 5 de febrero de 1991, en la  cuenta  No.  20008980-3  del  Banco  de  Occidente  de  Pereira, cuyo titular es  ICASA.   

                    La demandada,  actuando  dolosamente,  no  reintegró  al  demandante  la  mencionada  letra de  cambio,  como era su obligación “al haberle sido cancelada y presentarse como  legítima  tenedora  de  la  misma” y, en cambio, la endosó en propiedad a la  sociedad  FINANCIERA  INDUSTRIAL  S.A.,  la  cual,  a su vez, actuando de manera  inconsulta,  inició proceso ejecutivo, en el Juzgado Décimo Civil del Circuito  de  esta  ciudad,  en contra del señor GOMEZ BOTERO, quien, en tal virtud, tuvo  que  pagar  la  suma de $162’000.000 para lograr su terminación y levantamiento  de  las  medidas  cautelares. Así mismo, mediante cheque No. 1212305, del 27 de  mayo  de  1994,  debió  cancelarle  a  su  apoderado, doctor Alberto Gutiérrez  Botero, la cantidad de $7.500.000,00.   

                     ICASA actuó  en  forma  dolosa al exigir el pago del título valor y abstenerse de devolverlo  debidamente  cancelado,  e indujo en error al demandante al exigirle el pago que  efectivamente  obtuvo,  motivo por el cual debe responder por los perjuicios que  tal  hecho  causó.  Además,  se enriqueció, en detrimento del demandante, por  valor de $58.218.317.   

                     Por causa de  dicha  actitud  dolosa,  el  demandante  tuvo  que pagar el valor de la letra de  cambio,  incrementada  en  $103.781.683, y se vio en la necesidad de afrontar el  trámite  del  proceso  ejecutivo  instaurado en su contra, a consecuencia de lo  cual  sufrió  perjuicios  materiales  representados  en las sumas de dinero que  éste  tuvo  que  pagar,  tanto  a la demandada, como a la Financiera Industrial  S.A.  y  al  abogado  que  lo  representó,  y los ocasionados por razón de las  medidas   cautelares   decretadas  y  practicadas  en  su  contra,  las  que  lo  inhabilitaron  para  ejercer  sus labores ordinarias de comercio, pues le fueron  embargadas  sus  cuentas  corrientes,  las  cuotas  de interés social en varias  sociedades,  sus acciones en la Sociedad Hotel de Pereira y varios inmuebles, al  paso que su buen nombre de comerciante también se vio afectado.   

                           Para  finalizar,  reitera  el demandante que el pago se efectuó directamente, sin que  mediara  entrega de la letra,  porque  esa fue “la costumbre comercial” con la encartada, habida cuenta que  previamente  a la devolución de los títulos valores, ésta debía efectuar sus  asientos  contables  y  verificar la efectividad del pago; y que ICASA S.A., por  conducto  de  sus  directivos  y  empleados,  siempre le prometió devolverle la  letra  de  cambio  debidamente  cancelada.  El  embargo  de  los bienes, que fue  superior   a  $7.000.000.000.00,  le  causó  graves  perjuicios  porque  siendo  comerciante  se  valía de créditos y de distintas operaciones financieras, vio  truncas  sus aspiraciones de acrecer su patrimonio, durante el tiempo que estuvo  cobijado con las cautelas.   

                          4.  La  demandada,  al contestar la demanda, dijo no constarle la mayoría de los hechos  de  la  misma  y  negó los demás. En todo caso, ofreció su propia versión de  los  acontecimientos,  de  la  cual  se destaca que, dada su difícil situación  económica,  debió descontar el título valor, para lo cual lo endosó antes de  su  vencimiento;  que no actuó dolosamente; que se tramitó un concordato en el  que  el  actor reclamó la suma de $27.065.672,00, suma correspondiente al saldo  de  su  obligación  una  vez efectuado el respectivo cruce de cuentas; y que el  actor suscribió el acuerdo concordatario.   

                       5.  A  la  primera  instancia  puso  fin  el  Juzgado  Sexto  Civil  del  Circuito mediante  sentencia  estimatoria  de  los pedimentos de la demanda, decisión revocada por  el  fallador  ad  quem,  el  cual,  mediante  la  providencia  ahora  recurrida  en  casación,  los denegó.   

LA     SENTENCIA  RECURRIDA   

1.  Luego  de  asentar  algunas  reflexiones  relativas,  tanto  a  la  responsabilidad  civil  como  al pago de lo no debido,  acotó  el Tribunal que del análisis en conjunto del caudal probatorio aportado  a  este  caso,  así  como  de  los  aspectos  fácticos  que  una  y otra parte  expusieron  a  lo largo de la actuación procesal, surgía en forma diáfana que  no  estaban  en  discusión las relaciones de tipo comercial existentes entre el  actor  –  cliente  –  y  la  sociedad  demandada,  las cuales dieron origen a la  obligación  contenida  en  la letra de cambio de marras. Tampoco se desconoció  por  parte  de  ICASA el pago realizado por el accionante en la cuenta señalada  en  los  hechos, por valor de $58.218.317,00, ni la forma como éste se hizo, es  decir, a través de cheque cobrado mediante consignación bancaria.   

                             De  igual  manera no se controvirtió el  endoso  de  la  letra  a la Financiera, ni el pago de la obligación cobrada por  ésta  al  actor  ante  el  juzgado 10 Civil del Circuito de esta ciudad y mucho  menos el monto al que ascendió la misma.   

                             El  punto medular lo constituye, para la  pretensión  atinente  a  la  responsabilidad  deprecada, la mala fe endilgada a  ICASA  por  parte  del  accionante,  ya que mientras éste sostiene que aquélla  procedió  a  negociar  el título estando ya cancelado, obligándola con ello a  efectuar  un  doble  pago,  la  sociedad  se  defiende  aduciendo  que  lo  hizo  atendiendo  la  ley  de  circulación  de  los títulos valores pues la letra de  cambio  no  tenía restricción alguna y, por consiguiente, podía transferir el  crédito  en  ella  incorporado  tal  como se hizo, máxime cuando la operación  ocurrió   antes   de   su  vencimiento  así  como  del  pago  alegado  por  el  actor.   

                              La   solución  a  dicho  problema  se  encuentra,  añadió,  en el dictamen pericial obrante al folio 244 del cuaderno  principal,  que  entre otras cosas, no fue objetado, en el que los auxiliares de  la  justicia  conceptuaron que de conformidad con el comprobante de egreso 18733  del  9  de  enero  de  1991, visto al folio 240, ICASA recibió de la FINANCIERA  INDUSTRIAL  S.A.  la  suma  de  $56.582.948  producto  del  endoso que le había  efectuado  de  la  letra de cambio a cargo del actor, luego que ésta hiciera el  descuento  correspondiente,  y  que el pago por parte del accionante para que se  imputara  a  la  citada  obligación, tan sólo se verificó el 5 de febrero del  mismo  año mediante la consignación en la cuenta No. 200008980-3, cuya titular  era  ICASA,  del  cheque  No. 6447537 girado por LAUREANO GOMEZ a LEONARDO BUENO  como   primer  beneficiario  y  contra  el  Banco  de  Crédito  y  Comercio  de  Colombia.   

                             De  la simple comparación de las fechas  en  cita, surge sin hesitación alguna que la operación mercantil realizada por  ICASA  respecto  al  endoso  que por igual valor hizo a la FINANCIERA INDUSTRIAL  S.A.,  no  contrarió  la  ley  de  circulación  de los títulos valores, ni se  produjo  luego  de  verificada  la  solución  de  la obligación, como en forma  equivocada  lo calificó el juzgador a quo,  dado  que cuando la consignación en comento se produjo, ya ICASA  no  era  la  tenedora  legal  de  la  letra y por ende el actor debió buscar su  descargo  ante  la  nueva  tenedora,  máxime  cuando  no  era  obligación  del  endosante  ni  del  endosatario notificar al deudor tal acto pues aconteció con  anterioridad  al  vencimiento  de  la obligación – 2 de febrero de 1991- y, por  consiguiente,  no  produjo  los  efectos de una cesión ordinaria al tenor de lo  normado  en  el  inciso  2  del artículo 660 del Estatuto Comercial, la cual si  exige dicho requisito para su validez.   

                             De manera que en tales circunstancias el  proceder  de  ICASA  no puede catalogarse como culposo como lo calificó el juez  de  primer  grado  y, por ende, al no estar presente ese elemento necesario para  el  éxito de la acción deprecada, dicha sociedad no está obligada a responder  por  la  persecución  que  del  crédito  surgido  de la letra hizo la tenedora  legítima  de  la misma ante el Juzgado 10 Civil del Circuito de esta ciudad, ni  mucho  menos  por  los  perjuicios  que  se  dice  en  el  libelo inicial fueron  generados al demandante.   

                             Podría  pensarse  que el actor pagó lo  que  no  debía,  como  se  afirma  en  la  pretensión subsidiaria; empero, del  documento  visible  al folio 255 puede deducirse que la sociedad demandada lejos  de  procurar  un  enriquecimiento  injustificado  con  desmedro de los intereses  económicos  de  aquél,  reconoció  el pago realizado mediante el cheque antes  reseñado,  en  los  términos  del  inciso  12  de artículo 882 del Código de  Comercio  y  lo  aplicó  a las obligaciones exigibles que su cliente tenía con  ella  por  así  facultarlo  el  inciso 3 del artículo 881 ibídem, quedando un  saldo  a  favor  del  accionante  de  $27.065.672,00,  que  ICASA  no  dudó  en  reconocer,  al  punto  que  expidió  la  certificación  con  la cual el señor  LAUREANO  GOMEZ  BOTERO  se  hizo  parte  en  el proceso concursal que se estaba  ventilando  ante  la  Superintendencia  Bancaria.  De  las  copias  que de dicho  expediente  militan  en  el  plenario,  surge  en  forma  clara  que  en el acta  correspondiente  a  la  audiencia preliminar de deliberaciones entre ICASA y sus  acreedores  celebrada el 20 de agosto de 1992, se relacionó bajo el número 19,  el  crédito  a  favor  del  aquí accionante por la suma antes anotada, el cual  quedó  sujeto  a  la fórmula de pago allí convenida y a los efectos derivados  del  artículo  vigésimo  quinto  de  dicho  acuerdo, conforme al cual el mismo  tenía  el  carácter de transacción sobre cualquier pretensión económica por  actos  derivados  de  las operaciones celebradas por ICASA con antelación al 24  de julio de 1991, periodo en el cual encajan los hechos narrados.   

LA    DEMANDA    DE  CASACION   

                     

                     En el único  cargo   que   ella   contiene,   se  acusa  la  sentencia  impugnada  de  violar  indirectamente,   por   falta   de   aplicación,  los  artículos  1,2, 4, 10, 643, 822, 834, 871, 972 y 892  del    Código    de    Comercio    y   1639   y   1642   del   Código  Civil;  y, por aplicación indebida,  los  artículos 317 y 2341 del Código Civil y 651, 660, 882, 881 del Código de  Comercio.   

                      Las pruebas  por   cuya   indebida   apreciación   se   duele   el   recurrente,   son   las  siguientes:   

                    1. La demanda  incoativa  del  proceso,  ya  que  el  Tribunal  la “descontextualizó” para  interpretar  que el punto medular de la misma estaba constituido, en lo relativo  a  la  pretensión  indemnizatoria,  por  la  mala  fe atribuida a la demandada,  consistente  en que, para el demandante, aquella procedió a negociar el título  estando  cancelado.  Sin  embargo,  el Tribunal incurrió en manifiesto error de  hecho  en la interpretación de dicho libelo al restringir el litigio al ámbito  anotado.  En  efecto,  respecto  de  la  causa  petendi, ignoró y se abstuvo de  considerar  todos  los  hechos  consignados  en  la  demanda  que  hablan de las  relaciones  comerciales  entre  las  partes;  del  pago  hecho  en  la  sede del  demandado  por solicitud de los empleados de ICASA; del ingreso del dinero a las  cuentas  de  ésta;  la  costumbre  de  las  partes  de  pagar  las  letras  sin  exigir  su  exhibición  y  entrega,  en  razón de la necesidad de verificar previamente el pago y realizar  algunas  operaciones  contables  por  la  demandada  (hecho  22); los perjuicios  sufridos por el demandante, a raíz del doble pago que hizo.   

                         2.  Los  documentos aportados con la demanda.   

                          3.  La  contestación  de  la  misma, en cuanto el Tribunal no observó que la demandada  admitió  la  existencia de excelentes relaciones comerciales entre las partes y  reconoció  la  existencia  de un “contrato causal” de emisión y entrega de  la  letra, y que ésta fue entregada en garantía de un crédito simultáneo con  la   compra  que  efectuaba  LAUREANO  GOMEZ;  la  confesión  judicial  por  apoderado de que ICASA recibió  el valor del importe de la letra de cambio.   

                          4.  El  testimonio  de  MARIO  TOMAS  URIBE,  quien  en  su  calidad  de  vendedor de la  demandada,  declaró  que conoció al demandante por espacio de diez años y que  éste  distribuía  o  vendía productos de aquella. También declaró que entre  sus  funciones  estaba la de cobrar a todos los distribuidores. Agregó que «…  ‘cada  vez  que  había  cheque  uno  iba  a  recogerla (sic) … fueron muchas las veces que fuimos ante  LAUREANO  GOMEZ  a  recibir  cheques  y de esas cuantías, o de varias cuantías  porque  él compraba muchas mercancías’…”;  puntualizó,  así mismo, que las letras cumplían función  de  garantía y se devolvían luego de pagadas; que una vez recibido el pago “  …  ‘Solamente uno firmaba  un  comprobante  del cheque puesto todos los clientes de ICASA hacían eso y uno  lo  firmaba  con  sello inclusive. Y recuerdo que en algunas oportunidades ICASA  me  mandaba  las  letras  que  habían  hecho  los  clientes  para  que  yo  las  devolviera,  a  hechos  (sic)  esto  se  hacía al tiempo de haber pagado alguna  obligación.  Es decir, cuando el cliente pagaba con cheque, ahí mismo no se le  devolvía  la  garantía,  eso  era al tiempo que yo recibía lotes de letras de  parte   de   ICASA   para  devolverlas’”.   

                          5.  El  testimonio   de   CARLOS  ALBERTO  CASSIR,  quien  “declaró  ser  testigo  de  oídas”,  pero  en  el  transcurso  de  la declaración manifestó conocer los  hechos  personalmente  en  razón de su cargo como director de cartera de ICASA.  Respecto  del  saldo  de  dinero que reclamó el actor en el concordato de dicha  empresa  declaró  que éste reclamaba el saldo final que tenía a su favor, una  vez  “descontados  (los)  artefactos  que  en  ese  momento se encontraban sin  facturar  y  aceptó  que  ICASA  le  entregara una certificación por el citado  saldo para que pudiera vincularse al concordato”.   

                          6.  El  testimonio  de  FERNANDO  PIESCHACON  GONZALEZ,  quien  dijo  conocer a LAUREANO  GÓMEZ BOTERO por espacio de  quince  años,  tiempo  durante  el  cual  el  declarante  fue  empleado  de  la  demandada.  Aseveró  que  aquél  le canceló a un funcionario de ésta última  una   letra,   dinero   que   “…  ‘entró       a       las       arcas       de      ICASA’…”,  pero que ésta no le entregó  la  letra  porque había sido endosada a la FINANCIERA INDUSTRIAL. Afirmó, así  mismo,  que  en esa época, ICASA le vendía electrodomésticos a LAUREANO GOMEZ  y  que  de  estas  operaciones  se  generaban  letras  de cambio que aquella, en  algunas  ocasiones,  entregó  a  la FINANCIERA INDUSTRIAL como garantía de sus  obligaciones;     que     “…    ‘el   señor   LAUREANO   GÓMEZ  cancelaba  las  letras  a  ICASA  e  ICASA  las  recogía de la  Financiera    y    se    las    entregaba   debidamente   canceladas’…”.   

                          7.  La  declaración  del  representante  legal  de  ICASA, MARIO VERASTEGUI   NOGUERA,  quien  declaró  que:  «…  ‘quiero aclarar que en el  momento  que  se expidió una certificación para hacerse parte en el concordato  se  tuvo  en  cuenta todas las operaciones que había realizado LAUREANO GOMEZ y  su organización con ICASA».   

                          8.  El  testimonio    de      JORGE   ENRIQUE   ALVAREZ   RESTREPO,  accionista  minoritario  de  ICASA  y  empleado  de  la  Compañía  desde  el año 1982 hasta 1991, quien aseveró que  LAUREANO  GOMEZ  ,  pagó a  través  del  representante  de ICASA el valor de la letra, pero que la misma se  encontraba en la Compañía de Financiamiento Comercial».   

                   9. El dictamen  pericial,  del  cual  se  resalta que la demandada negoció la letra 01-3 con la  FINANCIERA  INDUSTRIAL  S.A.,  transacción  por la cual recibió la suma de $56.582.948, tal como se evidencia  en  el  comprobante  de  egreso No. 18733 del 9 de enero de 1991, emitido por la  FINANCIERA     y     en    el    movimiento  diario  de  caja  de  ICASA  S.A,  donde aparece registrado el  ingreso  de  dicho  dinero mediante RC No. 1603 de enero 9 de 1991, al igual que  en  el libro auxiliar de contabilidad donde se registra el descargo de la cuenta  por  cobrar a LAUREANO GOMEZ. Así mismo, que éste mediante cheque No. 6447537,  canceló  la  suma  de  $58.218.317  a  favor  de  LEONARDO  BUENO,  el cual fue  consignado,  el  5  de  febrero  de  1991, en la cuenta No. 20008980-3 de ICASA;  contablemente este dinero se abonó a la cuenta del actor.   

                       10.   Copia  del  cheque  694737  firmado  por  LAUREANO  GOMEZ  BOTERO, a la orden de  LEONARDO  BUENO,  de fecha de creación el 4 de febrero de 1991, en cuyo reverso  aparece  la  constancia  de  canje verificado el 5 de febrero de 1991, pagado en  favor de la demandada.   

                   11. Las copias  del  proceso ejecutivo adelantado por FINANCIERA INDUSTRIAL S.A. contra LAUREANO  GOMEZ  BOTERO,  en cuya demanda se reclamaron intereses desde el 2 de febrero de  1991;  de  la  letra de cambio, que se vencía en dicha fecha; el mandamiento de  pago  dictado  por  el Juzgado; el auto que decretó la terminación del proceso  por  pago  total  de  la  obligación,  memorial  presentado  por  el  apoderado  ejecutante  en  que detalla los dineros recibidos para solicitar la terminación  del proceso por pago.   

                         12.  La  contestación  de  la  demanda  en  la  que la demandada admitió las relaciones  comerciales  de  carácter  permanente; reconoció que la causa de la emisión y  entrega  de la letra fueron tales relaciones comerciales, y que la letra vencía  el  2  de  febrero  de  1991  y  que  con  anterioridad a tal fecha la endosó a  FINANCIERA INDUSTRIAL, por lo cual recibió el pago respectivo.   

                     Para denotar  la  trascendencia  de  los  yerros  que  le enrostra al sentenciador, acotó que  éste  no  reparó  en  las  relaciones  contractuales comerciales prolongadas y  permanentes  sostenidas  por  las  partes  y  que  constituyeron  la causa de la  emisión  y  entrega  de las letras; también dejó de considerar que las partes  en  ejercicio  de  la  autonomía  de  la  voluntad,  establecieron  un  modo de  operación  comercial  consistente  en  que  la  letra de cambio se entregaba en  garantía  del precio de las mercaderías entregadas a crédito. El acreedor que  recibe  de  su  deudor  una  letra  de  cambio refuerza, por ese sólo hecho, su  crédito.   

                      El Tribunal  también  dejó de ver que las partes habían convenido que el pago del crédito  otorgado  y  garantizado, se haría por conducto de un tercero, diputado para el  pago,  sometido  a  las órdenes de ICASA, por ser su dependiente laboral.   Tampoco  reparó  en  que  ese  tercero concurrió ante el demandante a cobrar y  recoger  el  cheque  con el que estaba convencido de pagar la letra entregada en  garantía,  porque  ese  había  sido  la conducta contractual de las partes, la  cual  estaban obligadas a respetar en acatamiento de la obligación de buena fue  impuesta por la ley comercial.   

                      Añade  en  seguida  la censura, no sin citar las reflexiones de un tribunal de arbitramento  en   torno  a  la  buena  fe  negocial,  que  el  sentenciador ad  quem  señaló  que  el  actor debió  buscar  el  descargo de la letra ante la nueva tenedora, ya que no era necesario  que  se  le  notificase  el  endoso  de  la  misma. Sin embargo, la demandada se  encontraba  obligada  a  proceder  de  buena  fe,  motivo  por el cual no debió  negociar  el  título que le había sido entregado en garantía, toda vez que la  letra  no  fue entregada para  que  circulara  sino  para  garantizar  el precio de las mercaderías fiadas. La  obligación  de comportarse de buena fe imponía a ICASA el deber de respetar el  comportamiento  comercial  sostenido  con  el  demandante por espacio superior a  quince  años,  y  estaba  obligada  a  respetar la diputación para el pago que  había  hecho  a  su empleado y que constituyó la conducta comercial de todo el  tiempo  para  el  pago  de los títulos entregados en garantía. El Tribunal dio  por  sentado,  sin  estarlo,  que  LAUREANO  GOMEZ conocía la existencia de una  nueva  tenedora  de la letra de cambio; sin embargo, éste, en su comportamiento  fiel  y  de  buena  fe creyó que la letra no había sido entregada a un tercero  pro  solutio.  Es decir, que ICASA cambió unilateralmente la función económica  que  las  partes  le  había  otorgado  a  la  letra,  sin dar aviso al obligado  cambiario,  y  esa  conducta  es  demostrativa  de  mala fe, la cual también se  evidencia   al   no  notificarle  al  actor  la  revocatoria  unilateral  de  la  diputación  para  el  pago en cabeza de un empleado suyo que las partes habían  convenido,  quebrantando  de ese modo el artículo 1642 del Código Civil; desde  luego  que si las partes habían acordado “tradicionalmente” que el empleado  de  ICASA  cobraba  las  letras  entregadas en garantía, ello significa que los  contratantes,  por  mutuo acuerdo, habían diputado a un tercero para recibir el  pago.  No  pudiendo,  por  consiguiente  la  demandada,  por prohibición legal,  revocar esa diputación.   

                    La mala fe de  ésta  “es  cínica” a tal punto que el articulo 892 del Código de Comercio  la erige como estafa comercial.   

                      ICASA, por  conducto  de  su  diputado para al cobro, acudió a la sede social del domicilio  del  deudor a fingir o aparentar la condición de acreedora que no tenía cuando  el  deudor  le  entregó el cheque que cobró directamente; tampoco dio aviso de  la  “cesión  o  endoso”,  sino  que estafó comercialmente a LAUREANO GOMEZ  para  que  le  pagara el importe de una letra que había endosado y cuyo importe  ya  había  recibido.  Es  que  no  basta  decir  como lo hace el Tribunal, para  excluir  la  mala  fe de aquella, que no estaba obligada a dar aviso del endoso,  ya  que  su  mal  proceder  de  desprende  de una serie de maniobras, tales como  desconocer  el  carácter  de  garantía que tenia la letra y por la cual estaba  obligada  a  cumplir  la  palabra  empeñada  de que sirviera a los fines  previstos por los contratantes, de  no  desnaturalizarla  para  hacerla  circular,  acudir  por medio de su diputado  empleado  a  fingir  una  calidad  de  acreedora que no tenía, amén que había  recibido  el  pago  de  un  tercero,  razón  por  la cual la obligación había  quedado  extinguida  frente  a  ella, tal como lo expresan los artículos 1630 y  1634  del  Código  Civil.  “Es  que  cuando  la  Financiera pagó a ICASA, el  crédito  de  esta  se  extinguió  y  por tanto cuando acude por conducto de su  representante  a  cobrarlo  nuevamente frente a su inicial obligado lo indujo en  error    fraudulentamente    al    hacerle    creer    una    condición  o  investidura de acreedor que para  ese momento no tenía”.   

S E  C O N S I D E R A:  

                    1. En orden a  establecer  la  veracidad  de  las imputaciones de la censura, advierte la Corte  que,  ciertamente, el sentenciador ad quem   incurrió   en   diversos  y  evidentes  yerros  de  apreciación  probatoria.   

                      En efecto,  examinó  fragmentariamente  el  escrito  demandatorio,  de  modo  que solamente  percibió  en  él que “…el punto medular lo constituye, para la pretensión  atinente  a la responsabilidad deprecada, la mala fe endilgada a ICASA por parte  del  accionante  ya que mientras éste sostiene que aquella procedió a negociar  el  título  ya  estando  cancelado,  obligándola  con ello a efectuar un doble  pago,  la  sociedad  se  defiende  aduciendo  que  lo  hizo atendiendo la ley de  circulación…”   

                      Empero, es  patente  que allí también, y fundamentalmente, se dijo que en desarrollo de la  actividad  comercial  realizada  por  las  partes,  la demandada le despachó al  actor  mercancía por valor de $58.218.317, que éste garantizó con la letra de  cambio  No. 01/3, a vencerse el 2 de febrero de 1991 (hechos 2 y 3); que el 4 de  febrero  de  ese  mismo año, los señores RAFAEL ANGULO GONZALEZ y MARIO URIBE,  empleados  de  ICASA S.A., se acercaron a las oficinas del señor LAUREANO GOMEZ  BOTERO,  con  el  propósito de recaudar la obligación contenida en la letra de  cambio  reseñada  en el punto anterior, motivo por el cual el actor procedió a  pagar   cumplidamente  la  obligación,  entregando  para  tal efecto el cheque No. 6947537 a cargo del Banco  de  Crédito  y  Comercio  de  Colombia, por valor de $58.218.317.00 (hechos 4, 5 y 6).   

                      Así mismo,  que  la mencionada sociedad actuó “dolosamente” al exigirle que solucionara  el  título  valor  sin devolverlo debidamente cancelado, lo cual reiteradamente  prometió  (hechos  14 y 23); y que “el pago se efectúo directamente, sin que  mediara  entrega  de la letra, porque la costumbre comercial con ICASA S.A., fue  siempre  la  misam (sic.), habida cuenta que previamente a la devolución de los  títulos  valores  debía  la  compañía  efectuar  sus  asientos  contables  y  verificar la efectividad del pago”.    

                     En ese orden  de  ideas,  es palpable que el sentenciador interpretó indebidamente la demanda  al  restringir  el  supuesto  fáctico  de  la  pretensión  indemnizatoria a la  supuesta  extemporaneidad del endoso a favor de “FINANCIERA INDUSTRIAL S.A”,  cuestión francamente marginal en ella.   

                      Soslayó el  Tribunal,  igualmente,  la  declaración  del señor MARIO TOMAS URIBE RESTREPO,  quien  como  ex  –  empleado  de  la demandada, aseveró, entre otras cosas, que  “…  fueron muchas las veces que fuimos ante LAUREANO GOMEZ a recibir cheques  y  de  esas  cuantías,  o  de  varias  cuantías,  porque  él  compraba muchas  mercancías,   era  un  cliente  muy  bueno,  muy  honesto,  era  un  cliente  a  cabalidad…”.   Luego,   al   referirse  al  modus  operandi  de  los  pagos  derivados  de  esa relación  comercial,  señaló:  “Solamente  uno  firmaba un comprobante del cheque pues  todos  los clientes de ICASA hacían eso y uno lo firmaba con sello inclusive. Y  recuerdo  que  en  algunas oportunidades ICASA me mandaba las letras que habían  hecho  los clientes para que yo las devolviera, a hechos, (sic.), esto se hacía  al  tiempo  de  haber  pagado  alguna  obligación.  Es decir, cuando el cliente  pagaba  un cheque, ahí mismo no se le devolvía la garantía, eso era al tiempo  que    yo    recibía    lotes    de    letras    de   parte   de   ICASA   para  devolverlas…”   

                         Tampoco  advirtió   el   sentenciador  de  segundo  grado  que  el  declarante  FERNANDO  PIESCHACON  GONZALEZ,  antiguo  trabajador de la sociedad demandada, afirmó que  el  demandante  “…  le  canceló  a  un funcionario de ICASA una letra no me  acuerdo  el  valor,  esta  plata  entró a las arcas de ICASA (…y ésta) no le  devolvió  la  letra  que  …  se  encontraba  en  la FINANCIERA INDUSTRIAL”.  Agregó,  más  adelante,  que  “… En esa época ICASA le vendía artículos  electrodomésticos  al señor LAUREANO GOMEZ y de estas operaciones se generaban  letras  de  cambio  que  ICASA  en  algunas  ocasiones  entregó a la FINANCIERA  INDUSTRIAL  como  garantía de sus obligaciones con la misma, el señor LAUREANO  GOMEZ,  cancelaba  a  ICASA  las  letras (y ésta) las recogía de la FINANCIERA  INDUSTRIAL  y se las entregaba debidamente canceladas, en el caso de la letra en  mención  no  me  acuerdo  muy  bien  el  señor  LAUREANO  GOMEZ,  como lo dije  anteriormente  la  canceló a un funcionario de ICASA no me acuerdo a quien esta  persona  se  los entregó a los directivos de ICASA (la cual) no le devolvió la  letra…”   

                    2. En orden a  determinar  la  trascendencia  de  los  anotados  yerros, basta con señalar que  dentro  del  ordenamiento  civil  patrio  la  noción  de  buena  fe  suele  ser  contemplada  desde  tres  perspectivas  distintas:  en primer lugar, aquella que  mira  el  interior  de la persona y, por ende, toma en cuenta la convicción con  la  que  ésta  actúa  en  determinadas situaciones; en segundo lugar, como una  regla  de  conducta,  es  decir  como la exigencia de comportarse en el tráfico  jurídico   con   rectitud  y  lealtad;  y,  finalmente,  como  un  criterio  de  interpretación  de  los  contratos,  aspecto  que  para este caso se dejará de  lado.   

                   Pueden citarse  como  ejemplo de la primera, cuya principal virtud es la de generar derechos, lo  prescrito  en  el  artículo 768 del Código Civil, conforme al cual “la buena  fe  es  la  conciencia  de  haberse  adquirido  el dominio de la cosa por medios  legítimos   exentos  de  fraudes  y  de  todo  vicio”;  o  las  disposiciones  contenidas   en  los  artículos  964,  1634,  etc.,  ejusdem,  en  los  que  el  ordenamiento  privilegia  cierto estado subjetivo o espiritual de la persona que  se  caracteriza  porque  ésta  abriga  la creencia razonada, sensata y ajena de  culpa, de estar obrando en conforme a Derecho.   

                    Empero, desde  otra  perspectiva,  la  buena fe se vislumbra como un genuino hontanar de normas  de   comportamiento   no   formuladas   positivamente  pero  implícitas  en  el  ordenamiento   que,  por consiguiente, ante una situación dada, le imponen  al  sujeto  una  conducta  determinada  con  miras  a  no agraviar los intereses  jurídicos  ajenos.  Desde  este punto de vista, la buena fe genera deberes y se  califica  cotejándola con un prototipo abstracto colocado en el contorno social  de la persona.   

                                             Refiriéndose  a  estos  aspectos  de  la  buena  fe, ha dicho esta  Corporación  que  “en tratándose de relaciones patrimoniales, la buena fe se  concreta,  no  sólo  en la convicción interna de encontrarse la persona en una  situación  jurídica  regular, aun cuando, a la postre, así no acontezca, como  sucede  en la posesión, sino también, como un criterio de hermenéutica de los  vínculos  contractuales, amén que constituye un paradigma de conducta relativo  a  la  forma  como  deben  formalizarse  y  cumplirse  las obligaciones. Todo lo  anterior  sin  dejar de lado que reglas tales como aquellas que prohíben abusar  de  los derechos o actuar contrariando los actos propios, entre otras, que en la  actualidad,  dada su trascendencia,  denotan un cariz propio, encuentran su  fundamento último en la exigencia en comento.    

                    “Aludir a  la  buena  fe  en  materia  de  la  formación y ejecución de las obligaciones,  apareja  ajustar  el  comportamiento a un arquetipo o modelo de conducta general  que  define  los  patrones  socialmente exigibles relacionados con el correcto y  diligente  proceder,  la  lealtad  en  los  tratos, la observancia de la palabra  empeñada,  el  afianzamiento  de la confianza suscitada frente a los demás, en  síntesis,  pues,  comportarse  conforme  se  espera  de  quienes  actúan en el  tráfico  jurídico con rectitud, corrección y lealtad”. (Sentencia  del  9 de agosto de 2000, Exp.5372).   

                      3. Así las  cosas,  los  distintos yerros de apreciación probatoria a los que anteriormente  se   hizo   referencia,  en  los  que  incurrió  el  sentenciador  ad  quem,  son trascendentes; desde luego  que,   como   se  evidencia  en  las  pruebas  preteridas  por  el  Tribunal  ya  especificadas,   conforme   al   habitual  desenvolvimiento  de  las  relaciones  comerciales  establecidas  entre las partes, el demandante, confiado en el cabal  y  honesto   proceder  de  su  contraparte,  pagaba los títulos valores de  contenido  crediticio  (letras de cambio) que emitía a su cargo, aun sin que se  le  exhibiesen  y,  menos  aún,  sin exigir inmediatamente su devolución, todo  ello  con  miras  a  que  la  demandada  pudiese  atender  mejor  el giro de sus  negocios,  e  inclusive,  en espera a que fuesen honrados los cheques que aquél  entregaba  para  saldar  sus  deudas,  efectuado  lo  cual, ahí sí procedía a  devolverlos,  por  lo que resulta patente que la sociedad demandada transgredió  abiertamente  las normas de conducta que le imponían actuar leal y honestamente  frente   a   su   deudor,  devolviéndole  los  títulos  valores  oportunamente  descargados.   

                         Por  el  contrario,  faltando  a  la  confianza  suscitada  durante  el  transcurso de su  relación  comercial,  no solamente se presentó a cobrar la letra de cambio que  previamente  había  endosado  a  un  tercero,  sino que, además, se abstuvo de  rescatarla  y  de informarle al deudor de esta circunstancia, exponiéndolo así  al proceso ejecutivo que se siguió en su contra.   

                   4. Establecido  como  se  encuentra que el demandante, dados los antecedentes que particularizan  su  relación comercial con la demandada, obró legítimamente al pagar la deuda  sin   exigir   la   exhibición  del  título  valor,  a  la  vez  que  confió,  razonadamente,  en  que  hacía  un  pago válido con el que honraba la letra de  cambio,  amén  que  la  sociedad  demandada  se abstuvo de cumplir una regla de  conducta  que  le  era  propia  en  el contexto del trato entre las partes, vale  decir,  la devolver (recuperándola si era del caso) el título, es palpable que  con  su  comportamiento  contravino los dictados de la buena fe y, por supuesto,  la  regla  del  artículo  624  del  Código  de  Comercio,  que  lo compelía a  devolver  el título pagado.   

                      Como quiera  que  la  inobservancia  de  los dictados de la buena fe denota un comportamiento  antijurídico,  prontamente  se advierte que del mismo deben desgajarse diversas  consecuencias  adversas  para  quien  incurre  en él, secuelas que, según cada  caso,  van  desde  la privación de las ventajas que corresponden a quien actúa  de  buena  fe;  o  la  sanción  contra la validez o eficacia del acto o negocio  jurídico  de  que  se trate; o, justamente, el nacimiento de la responsabilidad  civil,   con   la   obligación   de   resarcir  los  daños  derivados  de  tal  conducta.   

                     Puestas así  las  cosas,  resulta palpable que la sentencia cuestionada debe casarse. Empero,  para  efectos de disponer lo pertinente, deberá la Corte decretar oficiosamente  las pruebas que adelante se indicarán.   

D E C I S I O N  

                             En  mérito  de  lo  expuesto,  la Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre  de  la  República  y  por  autoridad  de  la ley, CASA  la  sentencia  del  19  de  octubre  de  2000,  proferida  por  la Sala Civil de descongestión del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  dentro  del  proceso  ordinario  adelantado  por  LAUREANO  GOMEZ  BOTERO frente    a   la   sociedad   INDUSTRIA  COLOMBIANA  DE  ARTEFACTOS  S.A.  ICASA. Previamente a  decidir lo pertinente, decreta oficiosamente la siguiente prueba:   

                   Ofíciese al  juzgado  Décimo  Civil  del  Circuito  de  esta  ciudad  para  que  informe con  precisión   cuáles  fueron  las  cuentas  bancarias  realmente  embargadas  al  demandado  en  el  proceso  ejecutivo  adelantado  por la sociedad “FINANCIERA  INDUSTRIAL  S.A.”,  contra  LAUREANO  GÓMEZ  BOTERO,  la  cantidad  de dinero  embargado,  la fecha en que la cautela se consumó y aquella en la que la medida  fue levantada.   

                     Sin costas  en el recurso de casación.   

Cópiese y Notifíquese  

  PEDRO  OCTAVIO  MUNAR  CADENA   

MANUEL ISIDRO ARDILA VELÁSQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

SILVIO FERNANDOTREJOS BUENO  

CESAR JULIO VALENCIA COPETE  

  EDGARDO   VILLAMIL  PORTILLA   

    

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