SC 098 2005 [7014]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-098-2005 [7014]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACION  CIVIL   

Magistrado Ponente:  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

Bogotá,  D.C.,  veinticinco (25) de mayo de  dos mil cinco (2005)   

Ref: Expediente No. 7014  

Se  decide  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  por  GERMAN  LERNER  CYBULKIEWICS y ABRAHAM JOSE SCHRAER  ALEX,  contra  la  sentencia proferida el 4 de noviembre de 1999 por el Tribunal  Superior  de Barranquilla, Sala-Civil-Familia, en el proceso ordinario promovido  por    BENSEVA    ALTMAN    KALICER   contra   aquellos   y   JORGE   CASTAÑEDA  FLOREZ.   

         

ANTECEDENTES  

1.            En la demanda que provocó este proceso,  atendida  también  su reforma, pretendió la demandante la satisfacción de las  siguientes pretensiones:   

     

a. De  manera principal, declarar la  nulidad   absoluta   de  los  contratos  de  compraventa  celebrados  entre  los  demandados  Germán  Lerner  y  Jorge  Castañeda, y entre éste y Abraham José  Schraer,  contenidos,  en  su orden, en las escrituras públicas Nos. 538 del 24  de  febrero  de  1989  y  4024  del 7 de diciembre de dicha anualidad, otorgadas  ambas  en  la  Notaría  Quinta  de  Barranquilla,  en relación con el inmueble  ubicado  en  la  calle 14 No. 7-58 del municipio de Maicao (Guaj.), en el primer  caso,  porque  “no  existió  una  causa lícita” (fl. 11, cdno. 1), y en el  segundo,   “por   ser  celebrado  con  un  tercero  de  mala  fe”  (fl.  52,  ib.).     

          Comunicar  al Registrador de Instrumentos Públicos del Círculo de  Riohacha,   para   que  cancele  la  inscripción  de  tales  contratos  y  así  “restablecer la del título del demandante”.   

          Condenar  a los demandados Jorge Castañeda y Abraham José Schraer  a  restituir  el  inmueble  “a  la  sociedad  conyugal vigente entre el señor  Germán  Lerner  C.  y  la  señora  Benseva  Altman  Kalicer que actualmente se  liquida  en el Juzgado Doce Civil del Circuito de Barranquilla” (fl. 15, ej.),  junto  con los frutos que se hayan percibido o hubieren podido percibir desde el  24  de  febrero  de  1989  hasta  el día de la entrega, sin derecho a reconocer  mejoras  en  consideración  a  que  los  demandados  son poseedores de mala fe,  reconociendo la indexación respectiva.   

                     

          b)                      En     forma     subsidiaria    suplicó  la demandante que se declarara que los aludidos contratos  fueron   absolutamente   simulados   “y   que  en  realidad  no  existió  esa  compraventa”  (fls.  16  y  53,  ej.), preservando las señaladas pretensiones  consecuenciales.   

2.            En resumen, los anteriores pedimentos se  soportaron en los siguientes hechos:   

          a)                      Germán  Lerner  y  Benseva  Altman contrajeron  matrimonio  civil  el día 25 de febrero de 1972, para cuya sociedad conyugal se  adquirió,  por  parte  del  señor Lerner, un predio ubicado en la calle 14 No.  7-58  de  esa  ciudad,  en  el cual se encuentra construido el Edificio Natalhie  compuesto  de  27  apartamentos  y  dos bodegas adicionales, según consta en la  escritura  pública  No.  53  de 27 de febrero de 1974, otorgada ante el Notario  Unico de Maicao.   

          b)                      “Teniendo   como   fundamento  la  posterior  demanda  de  divorcio  a  instaurar  contra su cónyuge” y con la finalidad de  “evitar  el  pago de los gananciales”, el señor Lerner procedió, “de muy  mala  fe”,  a  insolventar  la  sociedad  conyugal  “mediante  el supuesto o  simulado  traspaso  que  hizo  a  favor  del señor Jorge Castañeda Flórez del  único  bien  patrimonial que la constituía”, lo que se realizó a través de  la  celebración del contrato de compraventa que consta en la escritura pública  No.  538  del  24  de  febrero  de  1989,  otorgada  en  la  Notaría  Quinta de  Barranquilla,  debidamente  registrada  al  folio de matrícula inmobiliaria No.  210-0001241,  negocio  jurídico  que,  por las razones señaladas, se encuentra  viciado    de    nulidad    absoluta,    “pues   para   su   celebración   no  concurrieron…todos  los  requisitos  que  se  exigen  para su validez, pues no  existió  causa  lícita, además de haber obrado los contratantes de mala fe”  (fl. 11, cdno. 1).   

          c)                      Una  vez  registrada la mencionada compraventa,  el  señor  Lerner, el 31 de marzo de 1989, instauró demanda de divorcio contra  su  cónyuge ante el Juzgado 12 Civil del Circuito de Barranquilla, es decir, 24  días  después de la supuesta venta, manifestando en el libelo que dio origen a  ese proceso, que la sociedad conyugal carecía de bienes.   

          d)                      El  contrato  aludido,  además  de  nulo,  es  igualmente  simulado,  “pues  no existió por parte del vendedor la intención  de  transferir  el  dominio  al  comprador  sino el de insolventar el patrimonio  social   y  eludir,  de  esa  forma,  el  pago  de  los  gananciales…  por  la  liquidación   de   la   sociedad  de  bienes  existente”  entre  los  esposos  Lerner-Altman (fl. 12, cdno. 1).   

          e)                      Aunque en la escritura se consignó como precio  de    compra    la    suma   de   $10’000.000,oo  que  -se  afirmó-  fueron  cancelados,  en realidad no  existió pago alguno.   

          f)                      En  el  contrato  de  compraventa  también hay  lesión   enorme,  por  cuanto  el  valor  comercial  del  inmueble  “excedía  suficientemente  el  doble  del  precio que se hizo figurar en ésta” (fl. 13,  cdno. 1).   

          g)                      El   señor   Jorge   Castañeda,   siguiendo  instrucciones  de  Germán Lerner y para vulnerar los intereses patrimoniales de  su  cónyuge, transfirió el inmueble a título de venta al señor Abraham José  Schraer  Alex,  tercero  de  mala fe, según consta en la escritura pública No.  4024   del   7  de  diciembre  de  1989,  otorgada  en  la  Notaría  Quinta  de  Barranquilla.   

3.            Admitida  la  demanda  y  surtido  su  traslado,  el  demandado  Germán  Lerner  la  contestó  con  oposición  a las  pretensiones.   

El demandado Jorge Castañeda fue emplazado,  por   lo   que   su   curador   ad  litem  se  pronunció  manifestando  que  se  atenía a lo que resultare  probado en el proceso.   

4.           En  oportunidad, la demandante reformó  su  demanda  para  incluir  como demandado al señor Abraham José Schraer Alex,  amén  de  adicionar  las  pruebas,  los  hechos  y  las  pretensiones, que hizo  extensivas  al  contrato  de  compraventa  que  sobre  el  inmueble en cuestión  celebró  aquel  con  Jorge Castañeda, tal como quedó reseñado al resumir las  súplicas de la demanda, integralmente considerada.   

Admitida  como  fue  la  reforma,  el señor  Schraer    le    dio   contestación   a   la   demanda   oponiéndose   a   las  pretensiones.   

5.           El  Juzgado Sexto Civil del Circuito de  Barranquilla  le puso fin a la primera instancia mediante sentencia proferida el  25  de  febrero  de  1997,  en  la  cual declaró la nulidad absoluta de los dos  contratos  de  compraventa; ordenó cancelar la inscripción de los mismos en la  Oficina  de  Registro de Instrumentos Públicos, al igual que en el protocolo de  las  respectivas  notarías,  por  haberse  dejado  sin  efecto  las  escrituras  públicas  respectivas;  condenó  a  los  demandados  Schraer  y  Castañeda  a  restituir  a la sociedad conyugal el inmueble litigado, así como al pago de los  frutos  civiles  “en la forma pedida por la parte demandante”, ordenando que  fueran  tasados  y, finalmente, le impuso a los demandados el pago de las costas  del  proceso.                   

6.          Inconforme  el señor Lerner interpuso  contra  el  fallo  de  primer de grado el recurso de apelación, que el Tribunal  Superior   resolvió   mediante   sentencia   de  fecha  noviembre  4  de  1999,  confirmatoria  de aquella decisión, salvo lo relacionado con la condena al pago  de  frutos  que  fue  revocada.            

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

Luego  de recordar las causales que motivan  la  declaración  de nulidad absoluta, precisó el sentenciador de segundo grado  que  existía  causa  lícita  cuando  el  motivo  que  originaba el contrato no  atentaba contra la ley, ni las buenas costumbres.   

Refirió en seguida que esa clase de nulidad  debía  ser  declarada oficiosamente por el Juez, para lo cual era necesario que  ella  apareciere de manifiesto, que el acto o contrato se invocara en el litigio  como  fuente  de  derechos  y  de  obligaciones  para  las  partes,  y que estas  estuvieren presentes como tales.   

Señaló  a  continuación  el ad  quem  que,  analizada la escritura  pública  No.  538  del 24 de febrero de 1989, otorgada en la Notaría Quinta de  Barranquilla,  se  advertía  que  la venta se realizó “un mes y unos cuantos  días  antes”  de  que el señor Lerner iniciara proceso de divorcio contra su  cónyuge,  la  señora  Altman;  que  el  precio de venta fue “muy inferior al  precio  real  del  bien  inmueble,  al  cual  los  peritos le dieron un valor de  $269’000.000  para  el  año  de  1989”  (fls.  39  y  40,  cdno.  3); que el supuesto comprador Jorge  Castañeda  no justificó su inasistencia a rendir declaración de parte; que en  el  expediente  no obraba prueba alguna de que efectivamente se había producido  el  pago;  que  dicho  comprador,  al  año  de  haber adquirido el inmueble, lo  vendió  al  señor  Schraer, quien en realidad es el cuñado del señor Germán  Lerner.   

De  todo ello, dedujo el juzgador, no queda  duda  que la causa que dio origen a la compraventa, fue la intención del señor  Lerner  de insolventarse para no reconocerle a su cónyuge los gananciales a los  que  tiene  derecho, como quiera que se trata del único bien social, motivo por  el cual existe una verdadera causa ilícita.   

Precisó que aunque Germán Lerner, Orlando  Cuello  Cuello,  Algemiro  Redondo  Sierra,  Robinson González Ramírez y Billy  Castro  Polanco,  habían  declarado  que el bien inmueble objeto del proceso no  podía  formar  parte  de  la sociedad conyugal, por cuanto de lo único que era  dueño  el  primero  era  del  terreno,  mas  no  de  la edificación que había  levantado  Salomón Lerner, ello no podía ser cierto puesto que en la escritura  que   contiene   el   supuesto  contrato  de  compraventa  celebrado  entre  los  demandados,  se  consignó  que  lo vendido era el lote junto con las mejoras en  él levantadas.   

Tras  concluir  que  debía  declararse  la  nulidad  absoluta  del  contrato,  se  ocupó  el  Tribunal de las restituciones  mutuas,  para  señalar que el juez acertó en sus decisiones, salvo lo relativo  al  pago  de  frutos,  pues  no  se había acompañado prueba de su existencia y  cuantía,  razón  por  la  cual  revocó  la  condena  que por este concepto se  impuso. Los restantes pronunciamientos, los confirmó.   

LA DEMANDA DE CASACION  

Tres  cargos  formularon  los  recurrentes  contra  la  sentencia  proferida por el Tribunal, uno por la causal quinta y los  dos  restantes  por  la causal primera de casación. La Corte circunscribirá su  análisis al primero, toda vez que está llamado prosperar.   

CARGO PRIMERO  

Con  fundamento en la causal contemplada en  el  numeral  5º del artículo 368 del Código de Procedimiento Civil, se acusó  la  sentencia  por  haberse  incurrido  en  la  causal de nulidad prevista en el  numeral   3º  del  artículo  140  del  estatuto  procesal  civil,  al  haberse  pretermitido   el   grado   jurisdiccional  de  consulta  del  fallo  de  primer  grado.   

Señaló   también  la  censura  que  la  sentencia  era  violatoria  de los artículos 174, 187, 303 y 304 del Código de  Procedimiento  Civil, del artículo 55 de la ley 270 de 1996 y de los artículos  29,  228  y  230  de  la  Constitución  Política, porque se omitió motivar la  decisión  referente a la confirmación de la sentencia de primera instancia que  declaró  la  nulidad  absoluta  del  contrato  de  compraventa  contenido en la  escritura  pública No. 4024 del 7 de diciembre de 1989, otorgada en la Notaría  5ª de Barranquilla.   

En   el   desarrollo  de  su  acusación,  sostuvieron  los  recurrentes  que  no  obstante  que  la  sentencia  de primera  instancia  fue  adversa al demandado Jorge Castañeda, quien estuvo representado  por  curador  ad litem, el  Juzgado  no  ordenó  consultar  el  fallo  como lo ordena el artículo 386 C de  P.C.,  ni el Tribunal así lo dispuso, pues sólo admitió y tramitó el recurso  de apelación interpuesto por la parte demandada.   

Así pues, se adujo, la pretermisión de la  segunda  instancia  impide  la  firmeza  de  la  sentencia,  tal  como  lo   preceptúa  el  inciso  segundo  del  artículo  331  del  C de P.C., por lo que  deberá  declararse la nulidad de todo lo actuado a partir del auto que admitió  el    recurso    de    apelación,    pues   no   es   posible   fraccionar   la  instancia.   

De otro lado, destacó la censura que si la  demandante  pretendió  la  nulidad  de  dos  negocios  jurídicos: la venta que  Germán  Lerner  le  hizo  a  Jorge Castañeda y la que éste realizó a Abraham  Schraer,  era  necesario que la sentencia se ocupara del análisis y juzgamiento  de la supuesta ilegalidad de los dos contratos.   

Sin embargo, en forma inexplicable, el fallo  únicamente  se  ocupó  del  primero  de  los aludidos negocios, omitiendo todo  análisis  respecto  del  segundo,  pues en lo relativo a la predicada invalidez  del  contrato  de compraventa que celebraron Jorge Castañeda y Abraham Schraer,  no  hay  motivación,  lo  que  ha privado a los sujetos vencidos de conocer los  argumentos    que    condujeron    a   confirmar   la   sentencia   de   primera  instancia.   

CONSIDERACIONES   

1.           No ofrece discusión que el legislador  estimó   como   grave   irregularidad  procesal,  que  los  jueces  pretermitan  íntegramente  la  respectiva  instancia, al punto que, de una parte, la erigió  en  vicio  configurativo  de  nulidad  y,  de  la  otra, consideró que ella era  insaneable,  de  suerte  que puesta en evidencia no queda más remedio que   su declaración,  bien sea de oficio, o a petición de parte.   

Así  se  deduce  de  los  artículos  140,  numeral  4º,  144 inciso final y 145 del Código de Procedimiento Civil, normas  éstas  que,  si  bien  anteriores  a  la  Constitución de 1991, procuran hacer  efectiva   la   garantía   de   la   doble   instancia   prevista  –en   la   hora   actual-   en  los  artículos  29  y 31 de la Constitución Política, verdadero derecho que, en el  caso  de  la  consulta  que  impone  la ley para las sentencias adversas a quien  estuvo  representado por curador ad litem  (art.  386 C de P.C.), tiene por objeto “garantizarle en mejor  forma  los derechos a quienes se encuentran representados en esas condiciones y,  por   demás,   para  precaverlos  de  una  posible  conducta  desidiosa  de  su  representante  en  el debate litigioso o, de no ser así, no tener el curador la  suficiente  información  que  le  permita  asumir  una  defensa  eficaz  de los  derechos   de   su   representado”   (CLXXX,   pág.   209   y  CCXLIX,  pág.  617).   

Es tal la importancia otorgada a la segunda  instancia  y, específicamente, a la consulta de las sentencias que la ameritan,  que  mientras  ella  no  sea  decidida,  el correspondiente fallo no quedará en  firme,  como  categóricamente,  con  razón,  lo  establece  el  inciso 2º del  artículo  331  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  ni  podrá,  por  ende,  reclamarse  su  ejecución,  la  cual, en esa hipótesis, sólo tiene lugar “a  partir  del día siguiente al de la notificación del auto de obedecimiento a lo  resuelto por el superior (art. 334).   

Por   manera   que   resulta   plenamente  justificado  el celo del legislador con el vicio de nulidad que se comenta, pues  en  juego  se  encuentran  derechos  fundamentales  sensibles y, por contera, de  acentuada  relevancia,  como  el  debido  proceso,  la  defensa,  el acceso a la  administración  de  justicia, la doble instancia y, por esa misma vía, la cosa  juzgada,  pues no podrá predicarse la inmutabilidad y definitividad de un fallo  que    –ministerio  legis- sea consultable, si este grado jurisdiccional  no ha sido tramitado y decidido.   

2.          Por  supuesto que en aquéllos eventos  en  que  se interpone un recurso de apelación que involucra los intereses de la  persona  para  cuya  protección se estableció la consulta, no es necesario que  ésta  igualmente  se  tramite,  toda vez que, en esa hipótesis, dicho medio de  impugnación  comprenderá  el propósito tuitivo de aquélla.  Es el caso,  por   vía   de   ejemplo,   de  la  apelación  que  interponga  el  curador ad  litem  de  quien fue emplazado, o de la que promueva  éste   luego  de  concurrir  al  proceso,  o  de  la  alzada  que  provoque  un  litisconsorte  necesario  de  una  de las personas a que se refiere el artículo  386  del  C.  de P.C., eventos en los que resulta claro que la segunda instancia  se  materializa  para  verificar,  entre  otros  aspectos,  la  legalidad  de la  decisión  adoptada  frente a la respectiva entidad territorial, el interdicto o  la persona que estuvo representada por curador.   

Sobre este particular, ha precisado la Sala,  de  manera  uniforme,  que  “la  consulta…,  es  un grado de marcada calidad  inquisitiva  que,  en  los  eventos en que es obligatorio evacuarlo, únicamente  puede  ser reemplazado por el recurso de apelación en tanto éste, en concreto,  haya  de  entenderse  interpuesto  por  el  litigante  en  cuyo  favor  ha  sido  consagrada     la     consulta,    ‘porque  si  el  objetivo  de ésta…, es dar origen a una segunda  instancia  y  obtener  una  revisión oficiosa del fallo, tal objetivo se cumple  con      la     interposición     del     recurso     de     alzada’     en     esas    condiciones,  interposición  que  valga  reiterarlo,  puede  producirse  de  modo  directo  y  también  por  extensión de los efectos de un recurso de la misma índole hecho  valer  por  un  litisconsorte  necesario  (art.51  del  Código de Procedimiento  Civil)”  (G.J.  CCXLIX, segundo semestre de 1997. Vol. I. pág. 617). Al fin y  al  cabo,  por  mandato  de éste último precepto, “los recursos y en general  las actuaciones de cada cual favorecerán a los demás”.   

3          En  el presente caso, es innegable que  se  omitió  tramitar  y  decidir la consulta de la sentencia proferida el 25 de  febrero  de  1997  por  el  Juez  Séptimo  de  Familia  de  Barranquilla, grado  jurisdiccional  que era forzoso y, por ende, obligatorio, toda vez que el señor  Jorge   Castañeda   Florez,  a  quien  le  fue  adversa  la  decisión,  estuvo  representado   por   curador   ad  litem  (fls.  26,  30,  33,  35 a 39, 42, 56 a 58, cdno. 1); ni el Juez  ordenó  que  el  expediente se enviara al Tribunal con ese propósito, ni éste  paró  mientes  en  ello,  pues  se  limitó  a  admitir, tramitar y resolver el  recurso  de  apelación  que interpuso el señor Germán Lerner (fls. 3, 5 y 33,  cdno. 3).   

En  estas  condiciones,  es  claro  que  se  configuró  el  vicio de nulidad denunciado por el señor Abraham Schraer, quien  es litisconsorte del señor Castañeda.   

4.          Cumple señalar que, en este litigio en  particular,  no  se  puede afirmar que el recurso de apelación que interpuso el  señor  Lerner  tornó  innecesario  el grado de consulta, pues aunque es cierto  que  él  y  el  señor Castañeda son litisconsortes necesarios, no lo es menos  que  esa  condición  únicamente  se  predica  con  respecto a las pretensiones  vinculadas  al  contrato  de compraventa que consta en la escritura pública No.  538  de  24  de  febrero  de  1989, otorgada en la Notaría 5ª de Barranquilla,  mediante  la  cual  el primero le transfirió al segundo el inmueble matriculado  bajo  el  número  210-  0001241.  Sin  embargo,  no puede afirmarse lo mismo en  relación  con  las  súplicas  formuladas  frente  al  contrato  de compraventa  incorporado  en  la  escritura No. 4024 de 7 de diciembre de la misma anualidad,  autorizada  por el aludido fedatario, pues en dicho negocio fungieron como parte  el  señor  Castañeda  Flórez  y  Abraham  José Schraer Alex, como vendedor y  comprador, respectivamente.   

Por  consiguiente,  se  impone  casar  la  sentencia  del Tribunal, para declarar la nulidad de la actuación surtida en la  segunda   instancia,   lo   que   hace  innecesario  el  análisis  de  la  otra  irregularidad denunciada.   

DECISION   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Civil, administrando justicia en nombre de la  República      y      por     autoridad     de     la     ley,     CASA  la  sentencia  proferida el 4 de  noviembre  de  1999  por  el   Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de  Barranquilla  -Sala  Civil  Familia-,  en  el  proceso  ordinario  promovido por  BENSEVA  ALTMAN  KALICER  contra  GERMAN  LERNER  CYBULKIEWICS, JORGE CASTAÑEDA  FLOREZ  y ABRAHAM JOSE SCHRAER ALEX, para DECLARAR LA  NULIDAD  de  todo  lo  actuado  en el trámite de la  segunda  instancia,  a  partir  del  auto  de  22  de mayo de 1997 (fl. 3, cdno.  3).   

Ordénase al Tribunal rehacer la actuación  invalidada,  para  lo  cual  deberá  darle  trámite conjunto a la consulta del  fallo  de  primera  instancia  y  al  recurso  de  apelación  que  en su contra  interpuso  el  señor  Germán  Lerner,  en  orden  a  decidirlos  en  una misma  sentencia.   

Sin  costas en el recurso de casación, por  haber prosperado.   

Notifíquese  y  devuélvase al Tribunal de  origen.   

         

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA  

MANUEL ISIDRO ARDILA VELASQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

CARLOS      IGNACIO      JARAMILLO  JARAMILLO   

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

CESAR JULIO VALENCIA COPETE    

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