SC 272 2005 [7105]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-272-2005 [7105]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL  

Magistrado Ponente  

Pedro Octavio Munar Cadena  

Bogotá,  D.  C., dos (2) de noviembre de dos  mil cinco (2005).   

Ref.-         Expediente No.7105   

Decídese el recurso de casación interpuesto  por  la  demandante  NIEVES  FERNANDEZ  VDA.  DE  UMBARILA,  contra la sentencia  proferida  el  15 de septiembre de 1999, por la Sala Civil del Tribunal Superior  de  Bogotá,  dentro  del  proceso  ordinario de pertenencia seguido por aquella  contra CECILIA ARCHILA MONTEJO y demás personas indeterminadas.   

ANTECEDENTES   

                        1.   Pidió   la   actora   que   se   declarara   que  adquirió  por  prescripción  extraordinaria  de dominio el inmueble ubicado en la transversal 75 No.69ª – 51  de  Bogotá,  identificado  por  los  siguientes linderos:  “Norte, en 40  metros  con  propiedad  de Pedro Ramírez o con sus herederos; Sur, en 40 metros  con  medianera correspondiente al 50% del mismo lote No.6 de propiedad de María  Español  de  Español  o sus sucesores; Oriente, en 8 metros con la transversal  75;  Occidente,  en  8  metros  con  propiedad  de  José Puerto”.    Agregó  que  dicho  predio corresponde al 50% del lote No.6 de la urbanización  Boyacá,  el  que  a  su vez hace parte de otro de mayor extensión identificado  con la matrícula inmobiliaria No.50C 1401807.   

                    2. Adujo como  sustento   de   sus  pretensiones  que  en  virtud  de   “un  negocio  de  compraventa”   acordado  con Cecilia Archila de Montejo  -cuya fecha  no  recuerda-  y  que nunca se perfeccionó por escritura pública, adquirió la  posesión  del  bien  pretendido,  la  cual  ha ejercido por más de 45 años de  manera  pública  e  ininterrumpida realizando actos de señorío, tales como la  construcción        de         “una        casa        ‘rancho’  en ladrillo, con 2 habitaciones,  baño  y  cocina”,   en  la  que  habitó  con  su  familia   “sin  reconocer  dominio  ajeno; el pago de los respectivos impuestos; amén que   “lo  ha defendido contra perturbaciones de terceros”.  Añadió, que el  lote  materia de la usucapión no ha sido desenglobado del  predio de mayor  extensión.   

                     3.  Una  vez  que  se  surtió  el  emplazamiento  de  la  demandada  y  de  las personas  indeterminadas,  se  trabó  la  relación  jurídico procesal con el curador ad  litem  que  les  fue  designado,  quien  se  opuso  a  los  pedimentos y dijo no  constarle los hechos alegados.   

                        4.   Agotado  el trámite de primera instancia, el Juzgado Once Civil del Circuito de  Bogotá  puso  fin  a  ella, mediante sentencia estimatoria de las pretensiones,  decisión  que fue revocada por el Tribunal al resolver el grado de consulta, el  cual, en su lugar, se inhibió para resolver de mérito.   

LA     SENTENCIA  RECURRIDA   

                             El  sentenciador,  luego  de  resumir  la  causa litigiosa, abordó el examen de los  presupuestos  procesales  y se detuvo en el concerniente con la idoneidad formal  de  la  demanda,  respecto  del  cual  dijo  que apunta a  “la perfecta y  completa  determinación  de  la  pretensión,  de manera que pueda establecerse  plenamente  su  alcance,  tanto en lo jurídico, como en lo material”; de ahí  que  el  artículo 76 del Código de Procedimiento Civil hubiere consagrado como  requisito  adicional  de  las demandas que versen sobre bienes inmuebles que los  especifiquen  por  su  ubicación,  nomenclatura y demás circunstancias que los  identifiquen.   Añadió, que cuando el libelo demandatorio se refiere a un  predio  que  forma  parte  de  otro  de  mayor extensión la comentada exigencia  se   “traduce  para  la  jurisprudencia en la necesidad de individualizar  perfectamente  tanto  el  inmueble  de  mayor  extensión como el pretendido”.   

                     

                   Al estudiar la  concurrencia   del   mentado   presupuesto   en  el  proceso,  señaló  que  la  declaración  de  pertenencia  reclamada  recae  sobre una franja de terreno que  corresponde  al  50%  del lote No.6 de la urbanización Boyacá, el que a su vez  hace  parte  “del folio de matrícula inmobiliaria No.50C-1401807”, sin  que  se  hayan  incluido  en  la  demanda los linderos del lote No.6 y menos los  correspondientes  al  predio  de  mayor  extensión  del  cual  aún  no  se  ha  segregado,  según  se  desprende  del  certificado  de  matrícula inmobiliaria  allegado con la demanda”.   

                     

                   Afirmó que la  falta  de  especificación  en el escrito genitor de la ubicación y linderos de  los  lotes de terreno de que hace parte el predio a usucapir conducen  “a  su   indeterminación”,   irregularidad   que   no  quedó  corregida  con  la  inspección   judicial,   “pues  esta  diligencia  no  tiene  por  objeto  perfeccionar  la  demanda,  o  purgarle  de  los  defectos formales, sino que su  objeto   es   verificar   o   esclarecer  los  hechos  materia  del  proceso”.   

                     

                       Infirió,  entonces,   que   la  comentada  falencia  evidencia  la  ineptitud  del  libelo  petitorio,  sin  que  sea  factible  superarla  con otra decisión distinta a la  inhibitoria.   

LA    DEMANDA    DE  CASACION   

                     Acúsase, en  un  solo cargo, la sentencia de violar los artículos 673, 762, 981, 2512, 2523,  2528  a  2541 del Código Civil, a causa de haber incurrido en error de hecho en  la   apreciación   de  la  prueba  documental  que  más  adelante  refiere  la  censura.   

                     

                    El recurrente  sostiene  que  si  se mira exclusivamente el texto de la demanda, resulta cierta  la  consideración  del Tribunal atinente a que no se identificó el inmueble de  mayor  extensión  del  que  hace  parte  el  predio  materia  de  la usucapión  demandada,  pero  si  aquél  hubiera  interpretado  dicho  libelo junto con sus  anexos,  como era su deber, habría arribado a la conclusión contraria, esto es  que  dicho  bien  está  plenamente  determinado, por cuanto sus linderos están  contenidos  en el folio de matrícula inmobiliaria No.50 – 1401807 que se anexó  al referido escrito genitor y que el juzgador desatendió.   

                     No niega que  la   jurisprudencia   ha   sostenido,   en   casos  como  este  que   “la  identificación  debe  hacerse  por  los linderos del predio de mayor y de menor  extensión”,  pero  afirma  que  ese  requisito  aquí se cumplió, ya que los  linderos  del  predio  de  mayor  extensión   “reposaban  en  una prueba  legalmente  aportada  por  la  peticionaria”   que el juzgador de segundo  grado ignoró.   

                   Así mismo, se  pregunta  si por el hecho de relacionar en la demanda los linderos del predio de  mayor  extensión,  contenidos  en  el  aludido certificado de libertad, habría  cumplido  el  requisito  adicional  que  refiere  el artículo 76 del Código de  Procedimiento  Civil,  interrogante  al  que responde que esa exigencia no tiene  sentido,  pues  aquellos  están  desactualizados,  puesto  que  datan  de 1934.   

                     Sostiene que  es  cierto  que la norma en cita, prescribe que cuando las demandas versan sobre  inmuebles  deben  identificarse  por  su  ubicación,  linderos,  nomenclatura y  demás        circunstancias,       “pero  también  lo  es que la omisión técnica cometida con los  linderos   desactualizados   y   obsoletos  de  la  matrícula  inmobiliaria  no  constituye  un  fenómeno  de indeterminación porque el inmueble se identificó  plenamente  por  sus  linderos particulares y al despacho se le puso de presente  siempre  que  dicho  predio  hacia  parte de uno de mayor extensión, el cual en  realidad  HOY ES PRACTICAMENTE IMPOSIBLE DE MIRAR DE MANERA CONJUNTA CON BASE EN  LOS  LINDEROS QUE OBRAN EN EL FOLIO PORQUE HACE NO MENOS DE 30 (sic)  dicho  lote,  que  hacía parte del municipio de ENGATIVA, es el Barrio Boyacá de esta  ciudad,  tal y como lo pudo verificar el juzgador de primera instancia, mediante  la diligencia de INSPECCION JUDICIAL”.   

CONSIDERACIONES   

    

1. Como,  es sabido, jurisprudencia y  doctrina  reclaman al unísono, la necesidad de que al proceso confluyan ciertas  condiciones  que  determinan  la  posibilidad  de  que  este  concluya  con  una  sentencia  de fondo, es decir que dirima en cualquier sentido  (favorable o  no al actor)  el litigio.     

                      Entre  los  aludidos  presupuestos,  que, como ya se dijo, condicionan el pronunciamiento de  mérito,   está  el  relacionado  con la aptitud formal de la demanda cuya  trascendencia  aflora  a simple vista, pues resulta incontestable que es en ella  donde  el  actor  concreta  la  pretensión  y  los  hechos  que  le  sirven  de  fundamento,  motivo  por el cual el legislador estableció que dicho libelo debe  reunir,  ineludiblemente,  un  conjunto de requisitos que lejos de obedecer a un  simple  criterio  formalista,  involucran  contenidos  garantistas  de defensa y  debido  proceso,  cuanto  que  apuntan a determinar con precisión y claridad el  objeto litigioso.     

                       De  tales  requisitos,  consagrados, en principio,  en los artículos 75 a 77 y 82 del  estatuto  procesal  civil,  el que, a juicio del Tribunal, originó la ineptitud  de  la demanda y que lo condujo a proferir el fallo inhibitorio impugnado, es el  previsto   en  el  artículo  76  Ibídem,  conforme  al  cual   “las demandas que versen sobre bienes  inmuebles,  los  especificarán  por  su  ubicación,  linderos,  nomenclatura y  demás   circunstancias   que  los  identifiquen”,  exigencia  que  aquél  no  consideró   cumplida   en   el   escrito   introductorio   y  que  aparejó  su  ineptitud.    

                    En efecto, el  sentenciador   precisó  que  las  pretensiones  de  la  demanda  apuntan  a  la  declaración  de  pertenencia  de una porción de terreno correspondiente al 50%  del  lote  No.6,  que  hace  parte  del  predio  identificado  con la matrícula  inmobiliaria  No.50C-1401807,  sin que en dicho escrito se hubieren incluido los  linderos  de  dicho  lote,   “y  menos  los correspondientes al predio de  mayor  extensión  del  cual  aún  no  se ha segregado, según se desprende del  certificado  de  matrícula  inmobiliaria”,  deficiencia  que  en  su entender  conduce  a  la  indeterminación del bien a usucapir.  Asoma, entonces, que  el  juzgador  esgrimió  dos  argumentos  para sustentar la ineptitud del libelo  introductorio:  el  primero, que dicho escrito no contiene la especificación de  los  linderos  del  globo  de  mayor extensión del que, a su vez, hace parte el  lote  No.6  en  que  está  enclavada  la  porción  de  terreno  materia  de la  pertenencia  deprecada  y, el segundo, que en él no se consignaron los linderos  del  referido  lote  No.6, elucidaciones fácticas que constituyen el nervio del  fallo  inhibitorio impugnado y que, por consiguiente, le incumbía al recurrente  refutar  por  igual,  habida  cuenta  que  la  subsistencia de una sola de ellas  resulta suficiente apoyatura de la decisión combatida.   

                      Empero, el  censor,  quien  comparte  el alcance dado por el fallador al requisito adicional  que  reseña  el  citado  artículo  76,  en  lo  que  atañe  a la exigencia de  individualizar  por  sus  especificaciones,  tanto el predio continente, como el  contenido,  pero  disiente  de la conclusión fáctica a la que aquél arribó y  que,  en su parecer, es producto de no haber interpretado el libelo demandatorio  conjuntamente  con  sus  anexos,  ya que en el  certificado de tradición y  libertad  No.50C 1401807 que se adjuntó al mismo se describen los linderos, aun  cuando  desactualizados,  del globo mayor que contiene el lote de terreno objeto  de  la  usucapión  reclamada, el recurrente se decía, proclama que el Tribunal  lo  habría  encontrado plenamente determinado si no hubiera ignorado esa prueba  documental.   

                     Es decir que  la  censura  solamente  se  empeñó  en rebatir la inferencia de la ausencia de  determinación  del  predio  de  mayor extensión, esto es al que corresponde la  matrícula  inmobiliaria  No.50C  1401807,  pero  guardó  inexplicable silencio  frente  a  la  otra conclusión del Tribunal según la cual también se dejó de  identificar  el  lote  No.6,  en el cual está localizado el terreno a usucapir,  conforme  se  afirma  en  la demanda, aserto que por no haber sido desmentido se  torna  intangible  para  la  Corte  y  suficiente, per  se,     para    fundar    la    determinación  cuestionada.                             

                                                  

1. Y  no  se  diga  que  la mentada  deficiencia  es  de  poca monta porque, tal como lo ha dicho esta Corporación y  lo  admite el recurrente, la exigencia del artículo 76 del estatuto procesal en  aquellos  casos  en  que  la  demanda versa una porción de terreno de un predio  sólo  se  satisface con la especificación de la heredad que contiene la franja  de  tierra  reclamada  y la de ésta, requerimiento que se vigoriza en supuestos  como  el  que evidencia este asunto  en el que se pretende la usucapión de  un  lote  enclavado  en otro de mayor extensión que, a su vez, hace parte de un  globo mayor.     

                      “Acorde  pues  con  la  finalidad  de la demanda, y siempre en torno al entendimiento del  artículo  76  citado, es de destacar, en primer término, que su teleología, a  ojos  vistas,  es  la  de que el litigio circule sobre base ciertas y seguras, y  que,  por  ende,  las  cosas  por  las que se enfrentan en litigio las personas,  queden  precisadas  hasta  donde  sea posible, camino único por donde todos, el  juez  y las partes, saben porqué y para qué se ha entablado la controversia, y  que  por ahí mismo queden a salvo las garantías procesales, particularmente la  de  contradicción.  Apenas  obvio, entonces, que si se trata de reivindicar una  parte  de  un  bien, aquello no se colmará sino especificando lo uno y lo otro;  sólo  así,  mediante  la  determinación  del  todo  y  la  parte,  habrá una  identificación  cabal  de  la  contienda.   Pensamiento  este  que, ni por  lumbre,  implica una exigencia por fuera del marco normativo, desde luego que es  eso  lo que precisamente requiere el consabido artículo 76, al decir cuando las  demandas   “versen”  sobre bienes inmuebles se especificarán como  allí  manda.  Porque  al  penetrar  el genuino sentido de expresión semejante,  tiene  que  desembocarse en la conclusión de que cuando una demanda versa sobre  un  pedazo  del  bien, necesariamente está haciendo referencia al globo al cual  pertenece  esa  parte,  globo  que aunque no sea precisamente el que se disputa,  sí  es  la  vertiente  de  donde  se  desgaja la litis.  De tal suerte que  exigir  también  la  especificación  del  lote  de mayor extensión, no es una  exigencia  hiperbólica  que  desborde  la  citada disposición legal, sino que,  antes,  bien  consulta su espíritu y finalidad.  …”  (sentencia  1º  de  agosto  de  2003.  Exp.7514).                         

                      Del  mismo  modo,  la  Sala  al  tratar  el  tema  en el caso específico de las demandas de  pertenencia,  sostuvo:   “Alinderar apenas una  porción   de   un   globo  de  terreno  mayor  comporta,  a  ojos  vistas,  una  indeterminación,  pues  a  buen  seguro  que el que es fácilmente reconocible,  sobre  todo  por  razones de la publicidad a que están sometidos, es éste y no  aquél.   

                   Y ahí salta  una  potísima  razón adicional, ya muy propia de esta clase de juicios, porque  si  la  sentencia  estimativa de la pertenencia está llamada por ley a producir  efectos   erga  omnes,  se  precisa  del  todo que en punto de identificación no haya la menor ambigüedad,  porque   sólo  así  se  protegen  los  derechos  de  terceros  que  estuviesen  interesados  en  concurrir al proceso.  Aspecto este que, muy a propósito,  acaba  confirmando  aquello  de que nada sirve que la identificación del predio  de  mayor  extensión  se  halle,  no  en  la  demanda  misma,  sino  andando el  proceso.   Porque  el  caso  es  que a los terceros se les emplaza, como de  hecho  ocurrió  en  este  evento,  con  apenas la identificación que revela la  demanda.”  (sentencia  de casación del 19 de julio de 2002. Expediente No.7239).   

                      3.   Por   otra   parte,   conviene   precisar   que  esta  Corporación  ha  entendido,  aún  antes  de  la reforma que la Ley 794 de 2003  introdujo  al  artículo 76 del Código de Procedimiento Civil, que la exigencia  reclamada  por  esta norma debía entenderse como cumplida cuando tratándose de  una  franja de terreno contenida en otro más grande la alinderación de ambos y  demás  elementos  que permitieran su identificación aparecían en la demanda o  en  sus  anexos,  habida  cuenta  que  éstos hacen parte integrante de aquella,  amén  que  exigir  su  consignación  en  dicho  escrito  genitor  resultaba un  formulismo vano.    

                   Relativamente  a  ese  aspecto,  esta  Sala en la sentencia del 1º de abril de 2003,  que  atrás  se citó, expresó:  “… Cierto.   En  las  líneas  mismas  del libelo demandador no aparecen las especificaciones  del  lote  mayor,  pero  ellas sí hacen referencia a los títulos escriturarios  que,  por  otra  parte, figuran como anexos de la demanda, a los cuales no sólo  se  puede  sino se debe acudir a efectos de propósito semejante; y si acudiendo  a  ellos,  acierta  a  suceder que dentro de los anexos figuran los elementos de  juicio  para  individualizar  un bien, no podrá pasar por atendible el pretexto  baladí  de  que  se  echan  de menos en el propio escrito de demanda, pues que,  sobre  contestarse  entonces que los anexos hacen parte integrante de la demanda  y  que  no  son,  por  consiguiente,  extraños  a ella, habría que recordar lo  fácil  que es superar el formulismo con apenas fijar la vista en los anexos; de  otra  manera,  caeríase  en  el febril formalismo de exigir que se vertiese una  transcripción   manifiestamente   inútil.   Así  que  en  este  caso  la  suficiencia    formal    de    la    demanda   no   admite   reparo   en   dicho  aspecto.”   

                           Esa  interpretación  quedó  avalada  por  el  artículo  9º de la Ley 794 de 2003,  mediante  el  cual  se reformó el mencionado artículo 76, en el sentido de que  mantuvo  su  texto pero le agregó al inciso primero que  “No se exigirá  la  transcripción  de linderos cuanto éstos se encuentren contenidos en alguno  de los documentos anexos a la demanda”.   

                      Pese a lo  anterior,  en  el  caso  aquí  planteado, como quedó dicho, la ineptitud de la  demanda  se  mantiene,  así  los  linderos  del  globo  general aparezcan en el  certificado  de  libertad  anexo  a la demanda, ya que de todas maneras sigue en  pié  el  aserto del Tribunal, según el cual tenía que alinderarse también el  lote  No.6  porque   “aún  no  ha  sido  segregado  del  predio  que  lo  contiene”.    

                               

                        Todo  lo  anterior confluye a que el cargo no se abra paso.   

DECISION  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Civil, administrando justicia en nombre de la  República  y  por  autoridad  de  la  ley,  NO  CASA  la  sentencia  proferida  el 15 de septiembre de 1999,  por  la Sala Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá,  dentro  del  proceso ordinario de pertenencia seguido por NIEVES FERNANDEZ VIUDA  DE    UMBARILA    contra    CECILIA    ARCHILA   MONTEJO   y   demás   personas  indeterminadas.   

Costas en el recurso de casación a cargo de  la parte recurrente. Tásense.   

CÓPIESE,  NOTIFÍQUESE  Y  OPORTUNAMENTE  DEVUÉLVASE    EL    EXPEDIENTE     AL   TRIBUNAL   DE   ORIGEN.   

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA  

MANUEL  ISIDRO  ARDILA  VELÁSQUEZ   

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

CESAR JULIO VALENCIA COPETE  

    

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