AC4431-2014 [2002-00107-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA  DE  CASACIÓN CIVIL   

AC4431-2014   

Radicación    n°  05042-3184-001-2002-00107-01   

Bogotá D.C., cuatro (4) de agosto de dos mil  catorce (2014).   

Procede  la  Corte  a  resolver lo pertinente  dentro  del  presente  recurso  extraordinario,  luego  de  casarse el fallo del  Tribunal y antes de proferir la sentencia sustitutiva.   

     

I. ANTECEDENTES:    

    

1. Gustavo  Alberto,  Luis Fernando y  Mario  León  Peña  Aristizábal, en su condición de hijos y herederos de Luis  Alberto  Peña  Cañola,  promovieron  ante  el  Juzgado Promiscuo de Familia de  Santafé  de  Antioquia proceso de impugnación del reconocimiento de paternidad  extramatrimonial  del  causante  respecto del menor Juan Camilo Peña Cartagena,  solicitando  como  única  prueba  examen  de  ADN  entre  las  partes y, de ser  necesario,  con  los  componentes orgánicos de Peña Cañola (folio 4, cuaderno  1).     

    

1. En el auto admisorio se decretó la  práctica  de  análisis  científico  en  el Laboratorio de Genética Forense y  Huellas Digitales del DNA de Medellín (folio 18, cuaderno 1).     

    

1. Notificada  Elvia  del  Socorro  Cartagena,  quien  para  la  época  representaba  al  demandado, se opuso a las  pretensiones  y  pidió  la recepción de testimonios como soporte de su defensa  (folios 18 y 31, cuaderno 1).     

    

1. Programado  el  examen (23 ene, 26  feb.  y  27 mar. 2003), no pudo practicarse por la inasistencia del contradictor  y su madre (folios 45, 49 y 56 cuaderno 1).     

    

1. En vista de la renuencia se corrió  traslado  para  alegar  (21  abr.  2003), lo que apeló el opositor y revocó el  superior  para que se continuara el trámite por la vía ordinaria (folios 60 al  70, cuaderno 1 y 9 a 13, cuaderno 4).     

    

1. Acto  seguido  (8  ago.  2013)  se  dispuso  la  comparación de los marcadores genéticos de ADN de Elvia Cartagena  y  Juan  Camilo  Peña  Cartagena,  con  las muestras orgánicas del cadáver de  Luís Alberto Peña Cañola (folios 92 al 94, cuaderno 1).     

    

1. Se   realizó   diligencia   de  exhumación  sobre  los restos óseos del difunto y toma de muestras de sangre a  Olga  Aristizábal,  Gustavo  Alberto y Luís Fernando Peña Aristizabal (6 oct.  2003),  sin  que  asistieran  Elvía  Cartagena y Juan Camilo Peña Cartagena, a  pesar  de  haberlos notificado personalmente con tal fin (folios 120, 125 y 126,  cuaderno 1).     

    

1. Culminado el trámite, se profirió  sentencia  que  denegó  las  pretensiones  de  los  accionantes (22 ene. 2003),  quienes apelaron (folios 177 al 192, cuaderno 1).     

    

1. El superior (26 may. 2004) confirmó  el  fallo,  adicionando la declaratoria de caducidad de la acción (folios 30 al  44, cuaderno 5).     

    

1. Interpuesta  la casación por los  vencidos,  salió  avante  (27  mar.  2006),  pero  no  se  profirió  sentencia  sustitutiva y, de oficio, se decretó que     

Por  conducto  del  Laboratorio de Genética  Forense  de  la  Universidad  de  Antioquia, practíquense todos los exámenes y  pruebas  que  sean  necesarios  para  determinar  científicamente,  con base en  marcadores  genéticos  de  ADN  y  con  un  índice de probabilidad superior al  99.9%,  la  paternidad  extramatrimonial  que  se  atribuye a Luis Alberto Peña  Cañola  (q.e.p.d)  respecto  del  menor Juan Camilo Peña Cartagena. (…) Para  tal  efecto  deberán  concurrir,  cuando  se  les cite, los demandantes Gustavo  Alberto  y  Luis  Fernando  Peña  Aristizábal,  así como su madre Olga Isabel  Aristizábal  de  Peña, como también el menor Juan Camilo Peña Cartagena y su  progenitora  Elvia  del  Socorro  Cartagena  (…)  Para la adecuada práctica y  recaudo  de  esta  prueba,  de  conformidad  con  el artículo 32 del Código de  Procedimiento  Civil,  se  comisiona  al  Presidente  de  la Sala de Familia del  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Antioquia, con amplias facultades,  entre  las  que  se  cuentan  las  de  citar  adecuada  y  oportunamente  a  las  mencionadas  personas, así como la de adoptar todas las decisiones probatorias,  de  impulsión  y,  si  fuere el caso, disciplinarias, con el fin de asegurar la  comparecencia  de  Elvia  del  Socorro  Cartagena  y del menor Juan Camilo Peña  Cartagena   a   la   práctica  de  los  respectivos  exámenes,  siguiendo  los  lineamientos  trazados por esta Corporación en sentencia de 28 de junio de 2005  (exp.#  7901).  Una vez rendido el dictamen correspondiente, deberá remitirse a  la  Corte, para efectos de su contradicción” (folio  59).   

    

1. En cumplimiento de lo anterior se  han adelantado las siguientes actuaciones:     

     

a. Se libró el Despacho 005, que fue  devuelto  sin  diligenciar  por  el  comisionado  (6  sep.  2007),  «dado  que  según  lo  actuado  en  cumplimiento  a  la comisión  encomendada  por  esa  corporación este Tribunal y los informes enviados por la  Policía  Nacional,  se  desconoce  el  lugar  donde pueden ser ubicados para la  práctica  de  la prueba de ADN Juan Camilo Peña Cartagena y su madre Elvia del  Socorro Cartagena» (folio 254).     

     

a. Se  ordenó  enviar  de  nuevo  el  exhorto      al     Presidente     de     la     Sala     Civil     –       Familia       –  Agraria  del  Tribunal  Superior del  Distrito  Judicial de Antioquia (21 ene. 2008), funcionario que al establecer el  paradero  del  demandado  y  la  ascendiente de éste, en la carrera 43 A N° 70  Sur-142  Apartamento  1010 de Envigado, subcomisionó al Juez Segundo de Familia  para  la  «inspección  o  examen judicial sobre los  señores  Juan  Camilo Peña Cartagena y Elvia del Socorro Cartagena, con el fin  de  realizarles  al  prueba  genética de ADN» (folios  463 y 758).     

     

a. La  diligencia se inició (24 oct.  2010)  en  el  Apartamento  1402 del mismo edificio, que ocupaban para la época  madre  e  hijo,  quienes se negaron a su realización y dijeron que «asumirían  las  consecuencias» (folio  792).     

     

a. Encargado  el  Juzgado  Primero de  Familia    de    «obtener   objetos   –o  material  humano- en los que pueda  estar  presente  una  huella  biológica  (cabellos, saliva, etc.)»  de  los  renuentes,  no  le fue posible ya que para el efecto eran  necesarias    «muestras   biológicas»   de   referencia,  para  evitar  resultados  inciertos,  tal  como  advirtió  el  Laboratorio  de  Identificación  Genética  de  la  Facultad  de  Ciencias  exactas  y  Naturales  de  la  Universidad  de Antioquia (folios 821 a  825).     

     

a. En  vista  de  lo  anterior,  el  Presidente  de  la  Sala  Civil  del  Tribunal  devolvió  la  comisión  por la  imposibilidad de cumplirla (folios 830 a 834).     

     

a. Se  insistió  en  la «prueba  genética  de  ADN»  (13  sep.  2011)  encomendándola al Presidente de la Sala de Familia del Tribunal Superior  de  Medellín,  en  consideración a la última dirección del contradictor, sin  que   pudiera   cumplir   porque   el   vigilante   del   edificio  «al  indagarle  por  los  señores  Juan  Camilo Peña Cartagena y  Elvia  del Socorro Cartagena, manifestó que ellos si vivieron en este edificio,  pero   que   hace   más   o   menos   un   año   (1)   habían  desocupado  el  apartamento»    (folios   873   al   875,   980   y  981).     

     

a. Se ordenó oficiar (19 jun. 2012) al  CTI,  Policía  Nacional  y  la  Dijín  en Antioquia, así como a Salud Total y  empresas  de  telefonía,  con el fin de establecer el paradero de Juan Camilo y  Elvia del Socorro (folios 1001 y 1002).     

     

a. Obtenidas  las  respuestas de esas  entidades,  se  comisionó  nuevamente  al  Presidente de la Sala de Familia del  Tribunal  de  Medellín  para  la  práctica  de  «la  prueba   genética   de   ADN»   (folios   1046   al  1050).     

     

     

I. CONSIDERACIONES    

    

1. Consagra el artículo 71 del Código  de  Procedimiento  Civil,  como  deberes  de las partes dentro del debate, entre  otros, los que a continuación se relacionan:     

1.  Proceder con lealtad y buena fe en todos  sus actos.   

2. Obrar sin temeridad en sus pretensiones o  defensas y en el ejercicio de sus derechos procesales.   

(…)  

4. Comunicar por escrito cualquier cambio de  domicilio  o  del lugar denunciado para recibir notificaciones personales, en la  demanda  o  en  su  contestación  o  en el escrito de excepciones en el proceso  ejecutivo,   so   pena   de   que   éstas   se   surtan   válidamente   en  el  anterior.   

5. Concurrir al despacho cuando sean citadas  por el juez y acatar sus órdenes en las audiencias y diligencias.   

6.  Prestar al juez su colaboración para la  práctica  de  pruebas y diligencias, a riesgo de que su renuencia sea apreciada  como indicio en contra.   

Por ende, tales previsiones se constituyen en  cargas  para los litigantes, con el fin de garantizar que el proceso se adelante  dentro  de  los  parámetros  propios  del  debido  proceso, en el que impera la  presunción  de  la  buena  fe.  Principio  que se desvirtúa con los procederes  ajenos  a  la  probidad que se espera de quienes pretenden la protección de sus  derechos, ya sea como accionantes o contradictores.   

    

1. En  la  sentencia  de  casación  proferida  en  el  asunto  de  la  referencia,  se  decretó de oficio un examen  científico  «con  base  en marcadores genéticos de  ADN» dentro de los criterios contemplados en fallo de  «28  de  junio  de  2005  (exp.# 7901)», según el cual     

(…) decretada una prueba pericial sobre el  ADN  en  esta  clase  de  pleitos  y enfrentado el Juez a la conducta renuente u  obstruccionista   del   presunto   padre   o   madre  a  practicarse  el  examen  correspondiente,  es  imperativo  para  aquel  adoptar las medidas legítimas de  corrección  que  estime  pertinentes,  en pos de obtener el material biológico  necesario  para que el laboratorio correspondiente pueda adelantar la prueba. Al  fin  y  al  cabo,  el  iudex  no  puede  convertirse  en un mero espectador que,  indolente,      presencie     cómo     el     demandado     se     ‘apropia’  de  la  práctica  de  la  prueba  y  menoscaba   los   derechos   de   los  menores,  con  el  pretexto  –en  este  caso  en  particular- de una  inaceptable  objeción  de conciencia, lo cual no se remedia, lisa y llanamente,  profiriendo  como  un  autómata el mismo decreto de prueba, o efectuando, una y  otra  vez,  requerimientos  ayunos de efectividad, pues una actitud pasiva, a la  postre,  no  hace  más que avalar, en la práctica, una conducta que el derecho  no  tutela.  (…)  En  ese  sentido,  podrá  el  Juez,  preservando siempre la  garantía  constitucional  a  un  debido  proceso,  el  derecho  de defensa y el  respeto  a  la dignidad humana, sancionar sucesivamente con multa y, en su caso,  arrestar  a  la persona renuente, en los términos y condiciones previstos en el  numeral  1º  del artículo 39 del C.P.C., hasta que se avenga a colaborar en la  práctica  de  la prueba. Podrá, así mismo, adelantar una inspección judicial  sobre  la  persona del demandado, como expresamente lo autoriza el artículo 244  del  C.P.C.,  con  el fin de practicar los exámenes respectivos (num. 5º, art.  246,  ib.),  esto  último,  desde  luego,  con  pleno respeto a la dignidad del  individuo,  como  se acotó, sin coerción, violencia, fuerza o constreñimiento  ilegal  de  ningún  tipo, procurando, en todo caso, persuadir a la persona para  obtener  su  asentimiento.  (…) De igual manera, puede ordenar una inspección  al  lugar  de habitación o de trabajo de la persona, en orden a obtener objetos  –o material humano- en los  que  pueda  estar  presente una huella biológica de la misma (cabellos, saliva,  etc.),  todo ello –conforme  a   las   circunstancias-   con   el   auxilio  de  los  organismos  del  Estado  especializados  en ese laborío, para que, establecida claramente la pertenencia  al  sujeto  requerido  (autenticidad,  en  sentido lato), puedan ellos servir de  soporte  para  verificar  el  examen  pertinente.  Más  aún,  con  el  fin  de  materializar     el     deber    que    tiene    toda    persona    –incluidos  los  terceros- de colaborar  para  el  buen funcionamiento de la administración de justicia (num. 7, art. 95  C.  Pol.),  el  Juez  puede disponer que la prueba en cuestión se practique con  los   consanguíneos   del   presunto  padre,  de  modo  que,  a  partir  de  la  determinación  del  perfil genético de éste, se posibilite la realización de  aquella,  siendo  claro que la renuencia de los parientes también da lugar a la  adopción  de  medidas  similares  a  las  ya  reseñadas. En fin, puede el Juez  ordenar   cualquier  medida  lícita  –se   reitera-,  que  en  el  marco  del  Estado  Social  de  Derecho  colombiano,  le  permita recaudar la prueba decretada, más allá de la negativa  o  de  la  renuencia  del  demandado  –o  de  sus  parientes-  a practicarla, la que debe ser conjurada, en  los  términos  ya  expuestos,  so  pena  de incurrir en una nulidad, como ya se  advirtió”.   

    

1. Sin   embargo,   en   el  mismo  pronunciamiento dejó planteado la Corte que ese deber de     

(…)  agotar  los mecanismos legítimos que  sean  necesarios  para  recaudar  la  prueba  pericial con referencia al ADN, no  significa,      con      todo,      que      puedan     diferir     –indefinidamente-   el  fallo  de  los  procesos  de  filiación  hasta  tanto  se  practique  la prueba, pues semejante  postura  provocaría iguales o similares injusticias que aquellas que provoca la  omisión  de  practicar  las  pruebas  genéticas  necesarias,  o  la  falta  de  adopción  de  las  medidas  pertinentes  para  asegurar  la concurrencia de las  personas  involucradas en la realización de las mismas. (…) Lo que dispone la  ley  es  que  el  Juez decrete la prueba con el lleno de las formalidades que en  ella  se  establecen;  que entere a las partes de la fecha, hora y lugar a donde  deben  concurrir  para  su práctica, y que, si fuere el caso, haga uso de todos  los   mecanismos  contemplados  en  la  legislación  patria  para  asegurar  la  comparecencia  de las personas a las que se les deba realizar la prueba. Pero si  tales  pasos  han sido recta y oportunamente atendidos, no puede el Juez aplazar  la  definición  del proceso, en la que deberá otorgarle el valor de un indicio  a  la  conducta  renuente  del presunto padre o madre, desde luego que no de uno  cualquiera,  sino  el  que  corresponde  a aquel que se deriva de la reprochable  conducta  del  demandado  a  colaborar  en  la  práctica  de una prueba de suyo  apropiada  para  descubrir  la realidad biológica, según lo tienen establecido  la  ley  y  la  jurisprudencia,  indicio  que deberá ser apreciado –y  justamente  aquilatado- en conjunto  con  otros  indicios  que  emerjan  del  comportamiento  asumido  por  la  parte  respectiva,  para  enfrentar  las  medidas  adoptadas  por  el juez para el buen  suceso  de  la  prueba  y,  desde  luego,  con  otras  probanzas que obren en el  expediente (arts. 249 y 250 C.P.C.)”.     

1. Aplicando  el  anterior  rasero al  pleito  en  curso,  independientemente  del  fundamento  que  puedan  tener  los  argumentos  del  reconocido  para  rehusarse  a  la  toma de las muestras, en el  sentido  de  que se afecta directamente su integridad física y psíquica (folio  173,  cuaderno  1),  es  claro  que  le  asiste un ánimo de obstrucción que ha  dilatado  en  el tiempo, de manera considerable, el curso del proceso, como pasa  a verse:     

     

a. Se trabo la relación litigiosa en  debida  forma  con  Juan  Camilo  Peña Cartagena, mediante la notificación del  auto  admisorio  a Elvia del Socorro Cartagena (13 sep. 2002), quien ejercía su  representación  legal  para  la  época  por  ser  él  menor de edad (folio 18  cuaderno 1).     

     

a. Constituyó apoderada judicial, por  medio  de  la  cual  ejerció  el  derecho de contradicción y ratificó que las  direcciones  para notificaciones eran «las expresadas  en la demanda» (folios 31 y 32).     

     

a. En   las  cuatro  oportunidades  programadas  por  el  a  quo  para  la  toma de muestras (23 ene., 26 feb., 27 mar. y 6 oct. 2003), a pesar de  haberse  enterado personalmente las fechas en que se llevarían a cabo, tanto la  madre  como  su  hijo  estuvieron  ausentes,  sin que presentaran justificación  alguna por su inasistencia.     

     

     

a. Las   abogadas   del   opositor  renunciaron  (10 sep. 2009) «ante la imposibilidad de  localizar  a  nuestro  representado»  (folios  322  y  324).     

     

a. Juan Camilo Peña Cartagena alcanzó  la  mayoría de edad (26 oct. 2006), sin que haya encargado la vocería judicial  a  algún  profesional, además de que en dos ocasiones (9 ago. y 24 oct. 2010),  manifestó  de  manera  expresa  asumir  las consecuencias por su renuencia a la  toma de muestras (folios 713 y 792).     

     

a. Con posterioridad Elvia Cartagena y  su  vástago se trasladaron, como lo verifica informe rendido por el notificador  del  Juzgado  Primero  Promiscuo Municipal de Sabaneta, sin que en la actualidad  se tenga conocimiento de su paradero (folio 980).     

    

1. La   Corte,   los  funcionarios  comisionados  y  los  promotores, han desarrollado una gestión integral para el  perfeccionamiento  de  la  prueba científica, sin que se pueda alegar desidia u  omisión de los deberes que les son propios.     

Es así como se trató de establecer el lugar  de  residencia  de  los  convocados, aún con la colaboración de autoridades de  todo  orden  y  empresas  privadas,  sin  que se sepa dónde se encuentran en la  actualidad.   

    

1. Consecuentemente,  en  vista  del  incumplimiento  del  contradictor  de los deberes de lealtad y colaboración que  obligan  a  las  partes,  se  continuará  con  el trámite de la actuación con  abstracción  del  medio  de  convicción  decretado  de  oficio  y  que no pudo  practicarse en vista de su renuencia manifiesta.     

Así  lo  consideró la Corte, en AC de 5 de  marzo de 2009, rad. 2002-00451), al señalar que   

En  efecto observa la Sala con fundamento en  todo  lo  anterior,  que  la  madre  de  la  menor  demandada ha sido renuente a  comparecer  a  la  realización  de  la  nueva  experticia  aquí  ordenada,  en  compañía  de  ésta,  lo  que no tiene justificación alguna dado que la misma  fue  pedida  por  la  demandada, quien por lo tanto debía estar atenta al igual  que  su  apoderado  a  su  realización,  sin  que  se  precise de notificación  especial  para  el  efecto,  en  tanto  que  una  vez vinculadas las partes a un  proceso,  dicho  enteramiento  se  efectúa  a  través  de  los  autos y de las  comunicaciones  allegadas  al  expediente; que, además, se han agotado por esta  corporación  todos  los  mecanismos  contemplados  por  la ley para asegurar la  comparecencia  de  las  personas  a  las  que  se les debe realizar la prueba, y  brindando  las garantías constitucionales, legales, y administrativas de que se  dispone,  especialmente las de protección a los derechos superiores de la menor  involucrada,  razones  suficientes  para  prescindir de la realización de ésta  segunda experticia”.   

     

I. DECISIÓN    

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Civil,   

RESUELVE  

Primero: Prescindir  de  la  prueba  científica  ordenada  en  pronunciamiento  de  27  de  marzo de  2006.   

Segundo: Ordenar a  Secretaría  que,  en  firme  la  presente  decisión,  ingrese  el expediente a  despacho para continuar con el trámite.   

Notifíquese   

FERNANDO    GIRALDO  GUTIÉRREZ   

Magistrado     

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