AC5680-2014 [2010-000551-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

Magistrado ponente  

Radicación           n°  05088-31-10-002-2010-00551-01   

(Aprobado  en sesión de veinticinco de junio  de dos mil catorce)   

Bogotá D.C., veintidós (22) de septiembre de  dos mil catorce (2014).   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la demanda presentada para sustentar el recurso extraordinario de casación,  interpuesto  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia, proferida dentro del  proceso de la referencia.   

I. EL LITIGIO  

A. La pretensión  

Sandra   Milena  Gaviria  Franco  solicitó  declarar  la  existencia  de  la unión marital de hecho que conformó con Fredy  Alberto  Noreña  Yepes,  desde el 5 de marzo de 2003 y hasta el 25 de noviembre  de  2009,  y la disolución de la sociedad patrimonial,  a efectos de proceder a su liquidación.   

B. Los hechos  

    

1. Según se refirió en la demanda, los  contendores  iniciaron  una  relación  afectiva  el  5  de  marzo  de  2003,  y  convivieron  en  forma  singular  y permanente hasta el 25 de noviembre de 2009.  [Folio 125, c. 1]     

2.  Producto  del  vínculo  afectivo  de la pareja, nació el 2 de enero de 2010, la menor  X  X X X X X X. [Folio 126, c. 1]   

3.  El  demandado  afilió  a  la  actora  a  Coomeva  E.P.S.,  como  beneficiaria  del  sistema de  seguridad  social en salud, en calidad de «compañera  permanente»,  vinculación que estuvo vigente entre el  12  de  diciembre  de  2007  y  el  25  de  abril  de  2011.  [Folio  126, c. 1]   

4. La demandante y su  contradictor  viajaron  juntos  a  diferentes  lugares,  vivieron  bajo el mismo  techo, y compartieron lecho y mesa. [Folio 126, c. 1]   

C.     El   trámite   de   las  instancias   

1.  La  demanda  se  admitió  por  el Juzgado Segundo de Familia de Bello (Antioquia), mediante auto  de 6 de agosto de 2010. [Folio 42, c. 1]   

3.   Propuso  las  defensas  que  denominó  «inexistencia de la unión  marital  de  hecho»,  «falta  de  requisitos  formales», «no ser compañeros  permanentes»,  «prescripción»,  «ineptitud  de la demanda», «caducidad»,  «temeridad    y    mala    fe»   y   «falta    de    requisito    de    procedibilidad».    [Folio 77, c. 1]    

4.  Se  reformó la  demanda,  para  modificar  algunos  hechos  y  pruebas. [Folios 125 a 132, c. 1]   

5.    Mediante  providencia  de 25 de julio de 2011, se aceptó la reforma presentada, y de ella  se  ordenó correr traslado al extremo pasivo de la acción, quien se pronunció  frente a las alteraciones introducidas. [Folio 133, c. 1]   

6.  La sentencia de  primera  instancia dictada el 28 de junio de 2013, declaró que entre las partes  existió  una  unión marital de hecho desde el 12 de diciembre de 2005 hasta el  6  de  septiembre de 2009, y que la sociedad patrimonial que surgió durante ese  mismo  período,  se encontraba disuelta y en estado de liquidación. Dispuso no  acoger las excepciones propuestas. [Folio 284 envés, .c 1]   

7. Inconforme con  lo resuelto el demandado apeló. [Folio 289, c. 1]   

8.  Al resolver ese  medio  de impugnación, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín,  en  fallo  de  9  de  diciembre de 2013, confirmó la decisión del a  quo, en sustento de lo cual sostuvo que  se  conformó  una comunidad de vida permanente y singular entre los contendores  desde  el  12  de  diciembre  de 2005, hasta el 6 de septiembre de 2009, sin que  existiera   vínculo   matrimonial  entre  sí.   [Folio 47, c. 6]   

9.  El  accionado  interpuso  recurso  de casación, que se admitió por esta Corporación el 20 de  marzo de 2014. [Folio 5, c. Corte]   

10. Oportunamente, se  radicó  el  escrito  cuya sustentación es objeto del presente pronunciamiento.  [Folios 8 -29 c. Corte]   

II.  LA DEMANDA DE CASACIÓN  

1.  En  tres cargos  sustentó  el  recurrente  su  demanda,  todos fundados en la causal primera del  artículo 368 del Código de Procedimiento Civil.   

     

1. En  el  primer  ataque se acusó el  fallo  por violación indirecta de los artículos 1, 2 y 4 de la Ley 54 de 1990,  «por  error de hecho por indebida interpretación de  la   prueba   documental  y  testimonial  allegada  al  plenario»  [Folio 19, c. Corte]     

Disposiciones  que  se  transgredieron por el  Tribunal,   porque   los   testimonios   en  los  que  sustentó  su  decisión,  «son   totalmente  contradictorios»,  inconsistencias que se evidencian así:   

a)    En   su  declaración,  Luz  Stella  Franco  no  precisó «una  fecha  cierta  para  hablar  del inicio de la relación de su hija con el señor  FREDY   pero   anota   que  fue  en  2005  más  o menos cuando ella llego (sic) del exterior» [Folio 20, c. Corte]   

b) Carlos Alejandro  Gaviria   Franco,   hermano   de   la  demandada,  señaló  que  «esa  relación  empezó  en  2003, lo que  resulto  (sic)  no  ser  cierto  pues  el  señor  Fredy  convivía con la MARTA  MUÑETON  (sic)  madre  de  sus  hijas». [Folio 20, c.  Corte]   

c)  La señora Hilda  Tamayo,  informó  con respecto a la época en que se originó el enlace marital  que  «eso  fue  como  en  el  año  2003»,   y   agregó   que   «veía  a  diario» al demandado en la casa  de   la  actora,  circunstancia  que  –según  el  censor-  «resulta  de  bulto  imposible»,   en  tanto  supone  que  «ella  iba  todos  los  días a la casa de SANDRA a visitarla lo que  evidencia  un  favorecimiento  a  la  accionante», y a  pesar  de  ello  dijo  «no  conocer al señor CARLOS  MARIO  QUICENO  de quien ha afirmado el demanda (sic) era el novio de la señora  SANDRA»,   «razón  que  demuestra  que  la  singularidad  alegada como requisito de la unión marital no  existe». [Folio 20, c. Corte]   

La  afiliación  de  la  actora  a  la E.P.S.  Coomeva,  como  beneficiaria  de  Fredy  Alberto  Noreña  Yepes, obedeció a la  «situación   de  salud  de  SANDRA,  por  pesar»,  tal como lo refirieron «los  testigos  del  señor  FREDY», circunstancia que dejó  en  evidencia  que  no  se  evaluó la prueba en conjunto, pues se acogieron los  testimonios   solicitados   por   la   promotora   del  proceso,  «los  que  pese  a  lo  contradictorios  como lo dijo la (sic) A quo  fueron  para  el  A  (sic)  quem  también más creíbles por los otros, los del  (sic)  la  parte demandada eran demasiado contestes, sólidos, situación que ha  llevado  a  un  equivoco  (sic)  en la apreciación de la prueba». [Folio 20, c. Corte]   

    Si  la  vinculación al Sistema de Seguridad Social en  Salud  se  produjo  el 12 de diciembre de 2007, «y la  ruptura  de  la  supuesta unión marital lo fue el día 6 de septiembre de 2009,  no  se  cumple el término de dos años requerido para que tal unión marital de  hecho   sea   declarada   a  la  luz  de  la  ley  54  de  1990»,  porque  «no han corrido dos (2) años al  término  de  la  supuesta  relación marital». [Folio  21, c. Corte]   

De      ahí     que     –según   el   recurrente-  no  podía  sustentarse  el  fallo en el «documento que de manera  obligatoria  para  la  época  llenaban  quienes pretendían favorecer a alguien  colocándole   como   beneficiario   de  su  póliza  de  salud».  [Folio 21, c. Corte]   

De  no  haberse  cometido  ese  yerro,  las  pretensiones  habrían sido desestimadas, porque no se cumplieron los requisitos  legales  para  la conformación de la unión marital de hecho, y la consiguiente  sociedad patrimonial.   

1.2. El segundo cargo  se   formuló   también   por  la  causal  primera,  como  consecuencia  de  la  vulneración  indirecta  del  artículo  8  de la Ley 54 de 1990, «por  error  de  hecho  por  indebida  interpretación  de la prueba  documental     y    testimonial    allegada    al    plenario».    [Folio 22, c. Corte]    

La   equivocación   consistió   en   que  «no   apreció  la  prueba  documental  debidamente  allegada»  y se le dio «una  connotación  diferente  a  los  testimonios  en  los  que  soportó  su fallo»  [Folio 22, c. Corte]   

El Tribunal ignoró los siguientes documentos:   

a)  En  la orden de  protección  emitida  el  6 de mayo de 2009, por la Inspección Quinta Municipal  de  Policía  de  Bello,  consta  como  dirección de residencia de la actora la  «calle  62  A  Nro.  63-9  del Barrio Playa Rica del  Municipio   de   Bello»,  que  corresponde  a  la  de  «su  señora  Madre  y  no del supuesto inmueble que  ocupaba  con  FREDY»,  de  quien además dijo, porque  así  quedó  consignado  en ese instrumento, que desconocía el lugar en el que  podía  ser  localizado,  «pues  no  vivía con él,  hecho que corroboro (sic) la demandante en el interrogatorio».   

Supuesto  fáctico  que  se  ratificó con la  declaración  de  Luz  Stella  Franco Betancur, quien afirmó que esa dirección  corresponde  a  la  «de  mi  casa de mi propiedad»,  y   agregó  que  en  mayo  de  2009,  la  demandante  «desconocía  la dirección de Fredy», y  a  pesar  de  ello  aseguró  que  la separación de la pareja se  produjo en diciembre de ese año.   

b)     Las  certificaciones  expedidas  por  la  Unidad  Administrativa  Especial Migración  Colombia,   con   las  que  se  demostró  que  la  accionante  salió  en  seis  oportunidades  del  país,  «hablan de la libertad de  la  demandante  frente a la relación con mi mandante, relación que no le ataba  para   nada»,  sumado  a  que  en  el  interrogatorio  absuelto  por  la  citada,  aceptó  que  el  lazo  afectivo con el demandado se  interrumpió  durante  dos  o  tres  meses,  en el año 2008, circunstancias que  desvirtúan la permanencia del vínculo marital.   

Como  consecuencia  de  la  equivocación del  ad  quem,  no  se  declaró  probada  la  excepción de prescripción que se formuló, a pesar de que para la  fecha   de  presentación  de  la  demanda,  ya  había  operado  ese  fenómeno  extintivo,  si  se tiene en cuenta que de acuerdo con los referidos elementos de  persuasión  se demostró que la ruptura de la relación sentimental, se produjo  «mucho antes de mayo 06 de  2009»   

     

1. En el último motivo de disenso, se  atribuyó  a  la  sentencia la violación indirecta del artículo 1 de la Ley 54  de   1990,   «por   error  de  hecho  por  indebida  interpretación  de  la  prueba documental y testimonial allegada al plenario».  [Folio 25, c. Corte]     

Con  las  declaraciones  de  Fabio  Hernán  Noreña,  Luz  Dary  López, Lucelly de Jesús Noreña Yepes, Jennifer Noreña y  Estefanía  Noreña  Muñetón,  quedó  demostrado  que  entre las partes no se  conformó una unión marital de hecho.   

Reseñó  lo manifestado por cada uno de los  referidos  deponentes  y  por  el  demandado  en  el  interrogatorio de parte, e  infirió    que    sus   dichos   «son   contestes,  consistentes,  coherentes  en  la  afirmación  inequívoca  de  no haber vivido  jamás  juntos  el señor FREDY ALBERTO NOREÑA YEPES y la señora SANDRA MILENA  GAVIRIA  FRANCO,  de  no  existir  singularidad entre tal pareja, ni permanencia  alguna  en  la  relación, ni ayuda mutua». [Folio 28,  c. Corte]   

Con  el  relato  de  Luz  Stella  Franco  se  demostró  que  el señor Carlos Mario Quiceno, iba a su casa,  y que entre  éste  y  el  demandado  se  presentó  un  altercado,  al paso que señaló que  ignoraba   si   aquel   sostenía  una  relación  sentimental  con  la  actora;  manifestaciones  que  respaldan  la  versión de Luz Dary López, quien informó  que   el   señor   Quiceno  «era  el  novio  de  la  demandante,  su  esposo,  su  amante  como  dice  lo  presentaba  en sociedad»,  declaración  que fue desechada por el sentenciador de  segundo  grado,   a  pesar  de  que  con  ella  se  probó  la  ausencia de  singularidad.   

Finalmente   sostuvo   que   «de  ninguna  de  las declaraciones testimoniales de la demandante  se  den  siquiera  leves  señales  que  indiquen  que  la señora SANDRA MILENA  GAVIRIA  tuviera ropa, vestido, en los lugares en que supuestamente habitaba con  el  señor  FREDY  ALBERTO  NOREÑA».  [Folio  28, c.  Corte]   

III. CONSIDERACIONES  

1.  El  recurso de  casación,  dada  su  naturaleza  eminentemente dispositiva, limita la actividad  discursiva  y  juzgadora de la Corte al contenido y alcance de la demanda que se  presente  para  sustentar  la  censura,  de  ahí  que  no esté permitido hacer  interpretaciones  que  sobrepasen  los  señalamientos  que  de  modo  expreso y  manifiesto   aduzca  el  impugnante,  ni  mucho  menos  reformar  la  acusación  planteada en forma deficiente.   

         Característica  esencial  de  ese medio de defensa es su condición  extraordinaria,  en  virtud  de  la cual no todo desacuerdo con el fallo permite  adentrarse  en  su examen de fondo, sino que es necesario que se erija sobre las  causales taxativamente previstas en la ley.   

Se  ha  dicho  además, que es ineludible la  obligación       de      sustentar      la      inconformidad      «mediante la introducción adecuada del  correspondiente  escrito,  respecto del cual, la parte afectada con el fallo que  se  aspira  aniquilar,  no  tiene  plena  libertad de configuración» (CSJ AC, 1° Nov 2013, Rad. 2009-00700).   

2. La admisibilidad  de  la  demanda  está sujeta a la regularidad de los elementos formativos de la  misma  y  al  cumplimiento  de  los  requisitos  de  técnica  expresados  en el  artículo  374 del Código de Procedimiento Civil, a cuyas voces a la par que es  necesaria  la  mención de las partes y de la sentencia cuestionada, se requiere  elaborar  una  síntesis  del  proceso  y  de  los hechos materia del litigio, y  formular  por  separado  los  cargos  que  se esgrimen en contra de la decisión  recurrida,  exponiéndose  los  fundamentos de cada acusación, en forma clara y  precisa, y no basados en generalidades.   

2.1. Tratándose de  la  causal  primera,  se  deben  señalar,  en  principio, las normas de derecho  sustancial  que  el recurrente estime violadas, exigencia que, desde luego, debe  armonizarse  con  lo  establecido  en  el artículo 51 del Decreto 2651 de 1991,  adoptado  como  legislación  permanente  por  el artículo 162 de la Ley 446 de  1998,  en  el  sentido de que en tales eventos «será  suficiente   señalar   cualquiera   de   las  normas  de  esa  naturaleza  que,  constituyendo  base  esencial  del  fallo  impugnado  o habiendo debido serlo, a  juicio  del  recurrente  haya  sido  violada, sin que sea necesario integrar una  proposición jurídica completa».   

2.2. Al denunciar el  yerro   fáctico,  al  impugnante  le  corresponde  identificar  los  medios  de  convicción  sobre  los  cuales  recae  el equívoco del juzgador y demostrar de  qué  manera se generó la supuesta preterición o cercenamiento, lo que deberá  señalar  de  manera  manifiesta, de tal suerte que la valoración realizada por  el  sentenciador  se  muestre  absurda, alejada de la realidad del proceso o sin  ninguna justificación.   

Ha dicho la Sala que por mandato del artículo  374  del  estatuto  procesal,  la  carga  de  demostrar  el error de hecho recae  exclusivamente  en  el  censor; empero, «esa  labor no puede reducirse a una simple exposición de puntos de  vista  antagónicos,  fruto  de  razonamientos  o  lucubraciones  meticulosas  y  detalladas,  porque en tal evento el error dejaría de ser evidente o manifiesto  conforme  lo  exige  la  ley»  (CSJ SC, 15 Jul. 2008,  Rad. 2000-00257-01; CSJ SC, 20 Mar. 2013, Rad. 1995-00037-01).   

3.  Los  ataques  formulados  guardan  ciertas  similitudes,  pues en todos se acusó la sentencia  con  fundamento  en la causal primera del artículo 368 de la ley adjetiva, como  consecuencia  de  errores  de  hecho  «por  indebida  interpretación  de  la  prueba documental y testimonial allegada al plenario»,  de  ahí  que  el análisis de tales acusaciones será  abordado  de  manera conjunta, en consideración a las deficiencias de carácter  técnico que los afectan.    

3.1. Es claro que la  censura  se  limitó  a  efectuar un análisis que la  condujo  a  aseverar que el sentenciador incurrió en desaciertos en su labor de  valoración    de    la    prueba   testimonial   y  documental, lo que en materia de casación no resulta  suficiente  para  infirmar el fallo atacado, pues, como en forma reiterada se ha  sostenido  por  esta Corporación, no puede confundirse el error de hecho con la  mera  inconformidad  del  recurrente  respecto  de  la libre apreciación que se  efectúa  de los elementos de persuasión que obran en el proceso.   

                        Así,  resulta  ostensible  que por la propia naturaleza de la función jurisdiccional,  el  fallador  goza  de  plena  autonomía en la apreciación probatoria, sin que  ella  llegue  a  comportar  arbitrariedad  alguna,  de manera que sólo el error  manifiesto,    evidente    y    trascendente,    es  decir,  el  que brota a simple vista y se impone a la  mente  como  craso,  inconcebible  y  sin  necesidad  de  acudir  a dispendiosas  elucubraciones,  es  susceptible  de  apoyar la causal de casación que por esta  vía daría al traste con el pronunciamiento impugnado.   

                                            3.2.   Tal  requisito,   como  resulta  fácil  advertir,  no  se  cumplió  en  este caso, toda vez que el análisis de  la  censura  consistió  en  una mera opinión divergente de la que se formó el  Tribunal.   

3.3.  En  efecto,  para  declarar  la  existencia  de  la unión marital de hecho y la consiguiente  sociedad   patrimonial,   el   juzgador  consideró  con  base  en  los  testimonios  de  Luz  Stella Franco  Betancur,  Carlos  Alejandro  Gaviria Franco e Hilda Elena Tamayo Pérez, que la  actora  y  el  demandado además de vivir juntos, compartieron el lecho, pues su  relación   no  tenía  la  connotación  de  un  simple  noviazgo,  ya  que  se  trataban    y    presentaban    como    marido    y  mujer.   

Supuestos fácticos que se reafirmaron con la  certificación  emitida  por  Coomeva  E.P.S.  en  la  que  se  informó  que la  demandante  estuvo  afiliada  a  esa  entidad como beneficiaria de Fredy Alberto  Noreña  Yepes,  de  quien  era  su  compañera permanente; también que para la  fecha  de  su  vinculación  (12  de diciembre de 2007), su relación marital se  había  extendido  por  un  período  superior  a  los dos años, y que para esa  época  residían  juntos en  la   calle   47   n°   43-11   del   municipio   de  Bello.   

Igualmente  que  el  socorro  y  la  ayuda  fue  mutua entre  la  pareja,  lo cual soportó en los  contratos     de     arrendamiento    sobre   unos   inmuebles,  uno  destinado  a  vivienda  y  el  otro  correspondiente   a   un   local,  suscritos  por  la  demandante  y  el  accionado,  la  primera  como  arrendataria  y  el  otro como  coarrendatario;  a  la par  estimó   que  la  actora  adquirió  la propiedad sobre varios establecimientos  de  comercio –según  se  demostró  con  las  certificaciones  expedidas  por la  Cámara   de   Comercio  de  Medellín-  gracias   al  apoyo  de  su  compañero  sentimental,  con quien tuvo una hija, argumentos que  respaldó también en los testimonios ya aludidos.   

La  unión  marital  de  hecho  finalizó  en  septiembre  de 2009, según se infiere de las declaraciones de Luz Stella Franco  Betancur,  Carlos  Alejandro Gaviria Franco e Hilda Elena Tamayo Pérez, y de la  copia  de un documento expedido por una Unidad de Reacción Inmediata en mayo de  2010,  en  la  que  se  indicó,  de  acuerdo  con  la denuncia formulada por la  promotora  del  proceso,  que ésta se separó del demandado nueve meses atrás,  es decir, en septiembre de 2009.   

No  desvirtuó  esa  conclusión, la orden de  protección  emitida  el  6 de mayo de 2009, por la Inspección Quinta Municipal  de  Policía  de  Bello,  en la que se señaló que la accionante habitaba en la  residencia  de  su  progenitora,  y  no  conocía  el lugar en el que podía ser  ubicado  Fredy  Alberto  Noreña  Yepes,  porque  con  la  prueba  documental  y  testimonial  antes  reseñada,  se  demostró la convivencia hasta septiembre de  2009.   

Los  referidos testimonios, son coincidentes,  al  paso que las declaraciones recibidas a instancia del demandado no ofrecieron  credibilidad  al  Tribunal, porque «no tienen ningún  respaldo  en  los  documentales legal y oportunamente allegados al expediente, y  no  de  deja  de llamar la atención que algunos de los testigos, hermana e hija  menor  del  demandado,  sepan  a  pie  juntillas cosas relativas a los supuestos  motivos  altruistas  de  la  afiliación  a  Coomeva  EPS  y desconozcan asuntos  básicos   de   la   vida   personal  de  su  hermano  y  padre».  [Folio 45, c. 6]   

La  comunidad  de  vida  entre las partes fue  permanente  y singular; la existencia de otras relaciones amorosas del demandado  no  desdibuja el vínculo marital, y los traslados de la promotora del proceso a  otro  país,  obedecieron  a  motivos  de índole laboral, y fueron por un corto  período.   

Ante  la  existencia  de la unión marital de  hecho,  presumió la de la sociedad patrimonial, y estimó que no prescribió la  acción  para  reclamar  su disolución, porque entre el 6 de septiembre de 2009  –fecha  de separación de  la  pareja-  y  la  presentación  de  la  demanda,  no  transcurrió  un  año.   

3.4.  Por su parte,  el   censor   se   limitó   a  efectuar  su  propio  examen   de  las  probanzas  enunciadas en el libelo,  específicamente  las  declaraciones  de  Luz  Stella  Franco,  Carlos Alejandro  Gaviria  Franco  e  Hilda Tamayo, Fabio Hernán Noreña Puerta, Luz Dary López,  Lucely  Noreña  Yepes y Jennifer Noreña Muñetón; así como de la  certificación  expedida  por  Coomeva  E.P.S.  sobre  la  afiliación  de  la  actora  a esa  entidad,        la        orden        de        protección        proferida   por  la  Inspectora  Quinta  Municipal   de   Policía   de  Bello,  los  documentos  emitidos  por  la Unidad  Administrativa  Especial Migración Colombia y los interrogatorios absueltos por  las  partes,  para  concluir  que  en  su  valoración, el juzgador incurrió en  desaciertos.   

Correspondía  al  recurrente  demostrar el  yerro  de  facto,  para  lo cual era necesario que precisara cómo se generó la  suposición,  preterición  o  cercenamiento  de  las  pruebas,  sin  que  fuera  suficiente   exponer  una  disímil  apreciación  de  ellas, para contraponer ese  análisis al que hizo el ad  quem,  pues  era imperativo  acreditar  que a    causa    de   yerros   manifiestos   y   trascendentes,   tales  consideraciones  resultaban  contraevidentes  e insostenibles frente a lo que se  colige   del   material  probatorio,  inferencia  que,  además,  es  la  única  alternativa  para  resolver  el  litigio,  pues  la  simple divergencia entre la  opinión  del  censor  y el criterio del Tribunal, no está autorizado en la ley  como  motivo de casación, en tanto que atentaría contra la autonomía del juez  en la valoración de los elementos de persuasión.   

Sobre  el ataque que se encamina por la vía  indirecta  debido  a  la  comisión de errores de hecho, la jurisprudencia tiene  aceptado   que   «no  es  suficiente  la presentación de conclusiones empíricas distintas de aquéllas a  las  que  llegó  el  Tribunal, pues la mera divergencia conceptual –por atinada que resulte, se agrega-  no  demuestra  por sí sola error de hecho» (CSJ SC,  18 Dic. 2012, Rad. 2006-00104-01).   

En   ese   orden   de   ideas,  cualquier  razonamiento  dirigido  a  que  se vuelva a examinar la situación fáctica, por  mostrar  el  casacionista  una  simple  discordancia  frente  a  la  evaluación  crítica  del  fallador,  resulta  estéril  si  no  se  deja  al descubierto la  magnitud  y  trascendencia del desacierto que se produjo al apreciar las pruebas  en las que se sustentó la decisión.   

La argumentación presentada se restringió  a  un  alegato  de  instancia,  de  suyo  ajeno a esta sede extraordinaria, como  quiera   que   en   la   sustentación  del  cargo,  el     impugnante  apenas     expuso  cuál       debía       ser       –en   su   opinión-   el   mérito  de  los  elementos  demostrativos  a  los  que  hizo  referencia, sin poner de  presente   la   evidencia   de   la  equivocación,  de  tal  modo  que amén de que no fueran requeridos  mayores  estudios  para establecer que se estructuró, la conclusión presentada  por  la censura necesariamente se erigía en la única admisible para solucionar  el  litigio,  y  frente  a  ella  la tesis expuesta por el juzgador resultaba  contraevidente e insostenible.    

Luego,  si en la impugnación se presenta un  ejercicio  de  ponderación  probatoria  diferente,  en  la que, según quien la  formula,  debe prodigarse mayor valor a unas probanzas que a otras, como así se  propone  en este caso, la Corte no tiene alternativa distinta a la de atender la  valoración  del  juzgador,  en  virtud  de  la doble presunción de legalidad y  acierto  de que está revestida su sentencia, lo que impone que sus conclusiones  en  torno  del  examen de los elementos fácticos son, en principio, intocables,  salvo la demostración plena del inocultable yerro apreciativo.   

4.  Además,  la  providencia   impugnada   se   apoyó   también  en  valoraciones  sobre  los elementos materiales de convencimiento que en el ataque  se dejan indemnes, pues el recurrente no las enfrentó.   

                                          Particularmente,   ningún  reproche  se  formuló  frente  a  las  conclusiones  del ad quem  en   torno   del   valor   persuasivo   que   le   reconoció   a   los  contratos  de  arrendamiento  celebrados  por las partes como  arrendatarios,  los  certificados de registro mercantil expedidos por la Cámara  de  Comercio de Medellín, y el registro civil de nacimiento de la menor hija de  la  pareja,  medios  de persuasión con los que tuvo  por      acreditada     el     «affectio      maritalis»,  ni  se  refutó la consideración de  que  en  el  formulario  que  se diligenció por el extremo pasivo para      afiliar     a     la     actora     como     beneficiaria  de  la E.P.S. Coomeva, manifestó que residía junto  con  ella  en la calle 47  n° 43-11 del municipio de Bello.   

                        Las  advertidas  falencias técnicas en la formulación de las censuras que, en suma,  las  tornan  imprecisas,  impiden  un  pronunciamiento de fondo sobre los cargos  propuestos.   

5.  Agrega la Sala  que  además  de  las  deficiencias  expuestas,  en el tercer cargo, no se citó  –por  lo menos- una norma  sustancial  que  se  considere  infringida  por  el  Tribunal,  pues  la  que se  mencionó,  vale  decir,  el  artículo  1  de  la  Ley  54 de 1990 no tiene tal  connotación.   

En  efecto,  esa  disposición corresponde a  «un  precepto  meramente  definitorio del fenómeno  jurídico  allí  previsto  y  de  los  sujetos que lo estructuran»   (CSJ   AC,   28   Feb   2005,  Rad.  2001-670),  por  lo  que  no  es  posible sustentar el  recurso  extraordinario,  si de la causal primera se trata, con fundamento en un  precepto que no atribuye derechos subjetivos.   

Por  último,  se  advierte que en el segundo  embate,  se  acusó  el  fallo  por  la  vía  indirecta, por error de facto, al  ignorar  unas  pruebas  documentales,  las  que  contrario  a  lo que sostuvo el  recurrente,  sí  fueron  analizadas  por  el ad quem,  como ya se explicó.   

                            6.  Por las razones expuestas, se inadmitirá el libelo, y  se declarará desierto el recurso.   

IV. DECISIÓN  

RESUELVE:  

PRIMERO: INADMITIR la  demanda  presentada  para  sustentar  la impugnación extraordinaria interpuesta  por  el  demandado  contra la sentencia proferida el 9 de diciembre de 2013, por  la  Sala  de  Familia  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín,  dentro del proceso referenciado.   

SEGUNDO:  DECLARAR  desierto  el  recurso  de  casación,  de  conformidad  con  el  inciso  4º del  artículo 373 del Código de Procedimiento Civil.   

Devuélvase la actuación a la corporación de  origen.   

NOTIFÍQUESE (2).  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

    

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