AC7882-2014 [2006-00642-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

MAGISTRADO PONENTE  

AC7882-2014  

Radicación    n°  11001-31-03-027-2006-00642-01   

(Aprobado en sesión de diez de septiembre de  dos mil catorce)   

Bogotá  D.C., dieciocho (18) de diciembre de  dos mil catorce (2014)   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda presentada para sustentar el recurso extraordinario de casación  interpuesto  por  la  parte  demandante  contra  la sentencia proferida el 16 de  octubre  de  2013, por la Sala Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial  de Bogotá, dentro del proceso de la referencia.   

I. ANTECEDENTES  

A. La pretensión  

Fabio  Enrique  Torres  Martínez, promovió  proceso  ordinario  en  contra  del  Banco  Comercial  AV Villas S.A. en el cual  pretendió  que  se  declarara  que  las  condiciones  económicas iniciales del  contrato  de  mutuo  celebrado  entre  las  partes variaron en forma sustancial,  haciendo gravosa la situación del deudor.   

En  consecuencia se ordenara la revisión de  ese    convenio,    «la  reliquidación  de  la  obligación  hipotecaria, la devolución de lo pagado en  exceso,  así  como  la  declaratoria  y  condena  al pago de la correspondiente  indemnización    por   los   daños   y   perjuicios   morales   y   materiales  ocasionados».  [Folio 54,  c. 1]   

En  subsidio solicitó que se dispusiera que  la  accionada  «hizo  uso  abusivo  de  su  posición  dominante», y  por  lo  tanto, debe ser condenada a indemnizarle los perjuicios  causados, debidamente indexados. [Folio 56, c. 1]   

B. Los hechos  

    

1. Mediante la escritura pública n°  2611  de  7  de  julio  de  1997, otorgada ante la Notaría Cuarenta y Nueve del  Círculo  de  Bogotá,  el  demandante  constituyó  hipoteca  abierta de primer  grado,  a  favor  de  la  Corporación de Ahorro y Vivienda Las Villas, sobre un  inmueble de su propiedad, ubicado en Bogotá. [Folio 27, c. 1]     

    

1. El  17  de julio de 1997 el actor  celebró  con  la  accionada  un contrato de mutuo con intereses, por la suma de  $35.000.000  que debía cancelarse en 180 cuotas mensuales bajo el sistema UPAC,  el   que  se  hizo  constar  en  el  pagaré  n°  12555-5.  [Folio  33,  c.  1]     

3.  El  pago de la  primera  cuota  se  realizó  el  19  de  agosto  de  1997.  [Folio  33,  c.  1]   

          4.  La entidad bancaria demandada luego de  reestructurar  el  crédito  y  aplicar  el  alivio  por valor de «$7.061.949»,        en  forma  «unilateral y arbitraria, le  modificó   a  mi  representado  el  valor  de  la  suma  a  pagar». [Folio 35, c. 1]   

          5.   Según  refirió  el  promotor  del  proceso  «se han presentado  circunstancias   extraordinarias   e   imprevistas   por   causas  ajenas  a  mi  representado  pero  si  (sic)  presumidas  por  la  entidad bancaria, o al menos  permitidas,  con  posterioridad a la celebración del contrato de mutuo, que han  agravado  la  carga  prestacional  de mi poderdante».  [Folio 37, c. 1]   

C. El trámite de las instancias  

1.   El  28  de  noviembre  de  2006,  el  Juzgado  Veintisiete  Civil  del  Circuito  de Bogotá  admitió  la  demanda,  ordenó  la notificación y el traslado de rigor. [Folio  61, c. 1]    

2.  La  accionada  respondió  expresando  su  total  oposición  a las pretensiones y formuló los  siguientes   medios   de   defensa:   «pago»,   «falta  de  legitimación  en  la  causa  por  pasiva»,  «acción  inadecuada»,  «inaplicabilidad  de la teoría de la imprevisión»,  «legalidad  en  la  actuación  de  AV  Villas», «cumplimiento estricto de la  normatividad  vigente»,  «inaplicabilidad  de  la  teoría del enriquecimiento  injusto»,  «inaplicabilidad  de  la  teoría  del  pago  de  lo  no  debido»,  «irretroactividad   de   las   sentencias   de   la   corte   constitucional»,  «irretroactividad  de las sentencias del Consejo de Estado», «legalidad en la  liquidación  de intereses», «inexistencia de la intervención de AV Villas en  la  expedición  de la normatividad», «inexistencia de supuestos para declarar  que  ha existido abuso de derecho o de una pretendida posición dominante por AV  Villas»,  «conocimiento  de la valoración legal de la UPAC», «ilegalidad de  la  evaluación  técnico jurídica aportada con la demanda», «inexistencia de  objeto  ilícito  en  el  contrato»,  «inexistencia  de  los  requisitos  para  declarar  la  nulidad  del  contrato»,  «inexistencia  de  los  requisitos para  que  opere  la  sanción  de  que  trata  el artículo 72 de la Ley 45 de 1990»  y     «excepciones  genéricas».       [Folios      126-129,      c.  1]    

    

1. En  sentencia  de 27 de mayo de 2013, el a quo,  negó  las  pretensiones  y  condenó  en  costas al demandante.  [Folio 785, c. 1]     

El  sustento  de esa decisión fue que no se  cumplieron  los  requisitos  para la prosperidad de la revisión del contrato de  mutuo,  toda  vez  que  la  metodología empleada para determinar el valor de la  UPAC,  no  constituyó  un hecho excepcional, imprevisto e imprevisible, pues el  acuerdo  de voluntades se celebró con posterioridad a la entrada en vigor de la  Ley  31  de  1992,  motivo  por el cual «el  demandante  tenía  pleno  conocimiento que el valor de la UPAC  variaría  conforme  a  la  variación  de  las  tasas de interés». [Folio 781, c. 1]   

En acatamiento de lo dispuesto en la circular  n°  7  de  27  de  enero  de  2000,  expedida  por la entonces Superintendencia  Bancaria,  al  deudor  le fueron devueltas las sumas cobradas en exceso, de ahí  que  «el desequilibrio en  las  relaciones  contractuales  del mutuante y el mutuario, fueron subsanadas en  debida   forma,   por   lo   que   el   contrato  se  restableció». [Folio 782, c. 1]   

La obligación se extinguió con el pago, por  lo  que  las  prestaciones  objeto de reajuste ya fueron cumplidas y el convenio  terminó.   

Frente  a  las  pretensiones  subsidiarias  estimó  que no se demostró que la tasa de interés pactada superara el máximo  legal,  como  tampoco  «un  cobro    desmedido    que    dé    lugar   al   pago   de   la   indemnización  solicitada»,  por  lo  que no se probó «el   uso   abusivo  de  la  posición  dominante  de la entidad financiera demandada, como también del enriquecimiento  sin  causa» [Folio 784, c.  1]    

4.  Inconforme  con la decisión, la parte actora apeló. [Folio 788, c. 1]   

Adujo que el aquo  se  equivocó  al  interpretar  la  demanda,  porque  «nunca   pretendió  la  revisión    de    un    contrato»,   sino            «reliquidación     de     los     pagos    hechos    al    crédito  hipotecario»1,  para  que  se imputaran conforme a la  Ley 546 de 1999.   

En efecto, su reclamación se dirigió a que  se  reliquidara  el  crédito  atendiendo  los  parámetros  establecidos en las  sentencias  C-383,  C-700,  C-747 de 1999 y C-955 de 2000, emitidas por la Corte  Constitucional   y  «bajo  ninguna  forma  para  que  se  revisara,  verificara  y  aplicara  el alivio del  Estado»2.   

Erró  el  funcionario  al  sostener que los  fallos  dictados por la Corte Constitucional sobre créditos de vivienda a largo  plazo  no  son  de  aplicación  retroactiva,  con  lo  cual  dejó  de lado las  sentencias   SU-840  y  la  C-1140  de  2000,  en  especial  ésta  última  que  «contiene  la  orden para  las    entidades   financieras   de   reliquidar   los   créditos»3.   

Desechó  los  dictámenes  periciales,  el  documento  que  contiene el histórico de los pagos y el interrogatorio absuelto  por  el  representante  legal  de  la  entidad demandada, pruebas con las que se  acreditó  que  el  «pagó  aproximadamente  $140.993.442,  sin indexación alguna, más de cuatro (4) veces  la   suma   prestada   que   fue  de  $35.000.000»4.   

5. Mediante fallo de  16  de  octubre  de  2013, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá  confirmó el de primer grado. [Folio 49, c. 3]    

          En  sustento  de  esa  decisión  estimó que en el crédito que se  otorgó   al   actor   se   realizó   el  procedimiento  de  redenominación  y  reliquidación  y,  acto  seguido,  se  aplicó  el  alivio, y se condonaron los  réditos moratorios.   

          El  demandante  no probó que la accionada haya cometido errores al  reliquidar  la deuda, y en los dictámenes periciales, el experto no siguió los  lineamientos  establecidos  en la Ley 546 de 1999, las circulares externas 007 y  048  de  2000  y la proforma 000050 emitidas por la Superintendencia Financiera.  [Folio 46, c. 3]   

6.   El   actor  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  que  fue  admitido  por esta  Corporación  mediante  auto  de  28  de  marzo  de  2014.  [Folio  3, c. Corte]   

7.    El  recurrente  presentó,  en  debida oportunidad, la demanda cuya sustentación es  objeto    del   presente   pronunciamiento   [Folios   5   a   60   ibídem]   

II. LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Contiene  tres  cargos, todos fundados en la  causal   primera   del   artículo  368  del  Código  de  Procedimiento  Civil.   

1.   El  primero  atribuyó  al  fallo  la violación indirecta de los artículos 38 de la Ley 153  de  1887,  1º, 2, 17, 19, 40, 41, 43, 44 y 45 de la Ley 546 de 1999, 6, 10, 25,  1501,  1602,  1603,  1613, 1615, 1617 regla 3, 1624 y 2341 del Código Civil, 64  de la Ley 45 de 1990 y 121 del decreto ley 663 de 1993.   

En desarrollo de la acusación, el recurrente  sostuvo  que  el  Tribunal se equivocó al apreciar la demanda, porque concluyó  que   la   Ley   546   de   1999   únicamente   estableció   la   «redenominación  de  los créditos, su  reliquidación,  la  aplicación  del  alivio,  la  condonación de los réditos  moratorios   y   la   eventual  reestructuración»5,  sin  tener  en  cuenta  los  razonamientos  expuestos  en  la  sentencia  C-1140  de  2000,  que  declaró la  exequibilidad  condicionada de los artículos 43, 44 y 45 de la Ley 546 de 1999,  decisión     en     la     que     se     dejó     establecida    «la  necesidad de depurar de todo cobro  ilegal   por   el   que   los   deudores   hipotecarios  hubieren  cancelado  de  más»6   

.  

En  el  escrito  elaborado  por  el  actor,  presentado  ante  el  juzgado  el  9  de  mayo  de  2008,  indicó  «como  es  que  el  banco  confesaba no  haber     realizado     la     reliquidación     ordenada    por    la    Corte  Constitucional»7,         manifestación  que no fue «desvirtuada   por   la   contraparte»8,         por     lo     que     –según  el  impugnante-  ese  memorial  es  prueba  de  ese  hecho.   

El   ad   quem  erró al interpretar la demanda, circunstancia que lo  condujo    a    determinar    que    «la    reliquidación    del    alivio»  se  hizo conforme con los parámetros establecidos en  la  Ley  546  de  1999,  las circulares externas 007 y 048 de 2000 y la proforma  000050  de  la  Superintendencia  Financiera, cuando lo pretendido con el libelo  era  que  se  declarara  que  se  capitalizaron  intereses  sin  sustento legal,  circunstancia   que   generó   un  detrimento  en  el  patrimonio  del  deudor.   

El  cobro  indebido  de  esos  réditos  se  demostró  con  la  confesión que realizó el representante legal de la entidad  accionada,  al  responder  las  preguntas  tercera,  décima  primera  y décima  segunda del interrogatorio de parte.   

La ausencia de reglamentación que fijara el  límite  para  la  capitalización de intereses de créditos de vivienda a largo  plazo,  le  impedía  al  acreedor  proceder  a  su  recaudo,  aún  cuando  los  contratantes convinieran en su pago.   

El  yerro del sentenciador consistió en que  estimó   que   con   el   libelo   se   pretendió   controvertir  «la  reliquidación del alivio otorgado  por  el  Estado,  cuando  en  realidad  se  trataba  de  la reliquidación de un  crédito  al  que  le  habían aplicado capitalización de intereses, cuando tal  condición  nunca fue reglamentada por quien tenía potestad constitucional para  hacerlo»9.   

1.2.  El  segundo  cargo  se  encaminó  a  denunciar  el  fallo  por  violación  indirecta de los  artículos  38  de  la  Ley  153 de 1887, 121 del Decreto Ley 663 de 1993, 6, 10  regla  1,  25,  1501,  1602,  1603,  1613,  1615,  1617 regla 3, 1624 y 2341 del  Código  Civil,  1,  2,  17, 40, 41, 42 y 43 de la Ley 546 de 1999, por error de  hecho en la valoración de las pruebas periciales.   

En  apoyo  de ese argumento sostuvo que para  descartar  los  dictámenes, el Tribunal se respaldó en el concepto emitido por  la  Superintendencia  Financiera,  en  el  que  indicó  que el procedimiento de  reliquidación  era  correcto,  a  pesar que de que los cálculos respectivos no  fueron verificados por ese organismo de control.   

El sentenciador no consideró el dictamen del  perito  Sotelo  Novoa,  en  el  que  se  destacó  que la demandada «se    apartó    del    sistema   de  amortización  de  cuota  constante,  prueba  de  ello es: La entidad financiera  muestra  en  el  extracto  del crédito un sistema de amortización propio de la  entidad   financiera  sin  que  este  esté  aprobado  por  la  Superintendencia  Financiera  de Colombia, el extracto no muestra el valor de la cuota a pagar por  el  girador»10.   

El juzgador se separó de las conclusiones de  la  segunda  peritación,  bajo el argumento de que la liquidación del crédito  se  realizó  desde la fecha del desembolso del dinero en UVR, a pesar de que se  pactó  en  UPAC,  argumentación  que –según  el  censor-  es  equivocada, porque esa unidad desapareció  para ser reemplazada por la UVR.   

El  perito señaló que en el dictamen no se  aplicaron   de   manera   retroactiva  las  sentencias  dictadas  por  la  Corte  Constitucional,  contrario a lo que estimó el sentenciador; además, el experto  dejó  en  evidencia  que  la falta de veracidad de la información suministrada  por  la  entidad  demandada,  impedía  «conocer  con claridad cuál era el valor de la UVR en el momento de  efectuar    la   liquidación   por   el   banco»11.   

El  yerro  en  la apreciación de la prueba  pericial,   generó   que  el  ad  quem  «supusiera  que  se  estaba  adelantando un trabajo para atacar la  reliquidación  del alivio otorgado por el Estado, cuando en realidad se trataba  de  la  reliquidación de un crédito al que le habían aplicado capitalización  de                    intereses»12.   

Esa equivocación incidió en la decisión,  porque  se  negaron  las  pretensiones  de  la demanda, y en consecuencia, se le  cercenó  «el  derecho  a  obtener  el  resarcimiento  de  los  perjuicios causados con la liquidación del  crédito   con   capitalización   de  intereses  sin  estar  reglamentado  para  hacerlo».13   

1.3.  En el tercer  cargo  acusó  el  fallo de ser violatorio, por vía indirecta de los artículos  38  de la Ley 153 de 1887, 6, 10 regla 1, 25, 1501, 1602, 1603, 1613, 1615, 1617  regla 3, 1624 y 2341 del Código Civil y de la Ley 546 de 1999.   

En  sustento  de  su ataque, sostuvo que el  Tribunal   se   equivocó   en   la   «apreciación    de    la    demanda»14,  porque le reconoció a la  entidad  demandada  una  posición  privilegiada frente al deudor, y con ello le  permitió  modificar de forma unilateral, las condiciones del contrato de mutuo.   

En  la práctica, el banco impuso al deudor  las  cláusulas  del  convenio,  el obligado se limitó a estampar su firma y no  tuvo  la  posibilidad  de  discutirlas,  con  lo  cual  incurrió en abuso de su  posición   dominante,   y   por   lo  tanto,  está  obligado  a  indemnizarlo.   

En  este  caso,  el  abuso  de la posición  dominante,  se configuró, porque no se hizo la reliquidación y redenominación  del  crédito  en  la  forma  dispuesta por la Ley 546 de 1999,  lo cual le  imponía  «revisarlo desde  un  comienzo  para devolver todo aquellos (sic) que se hubiere cobrado de manera  no   autorizada,   como   en   efecto   ocurrió   con   la  capitalización  de  intereses».15   

La   demandada   obró   al   margen  del  ordenamiento    jurídico,   porque   «suplantó  la  potestad constitucional y reglamentaria exclusiva en  cabeza   de   la  Junta  Directiva  del  Banco  de  la  República»16,  de  ahí  que  proceda  la  revisión del contrato de  mutuo,     para    eliminar    la    «ilegal»           capitalización de intereses.   

Reitera  el  censor que en este caso, no se  podían  capitalizar  intereses, porque tratándose de un crédito de vivienda a  largo  plazo,  al  no  existir  reglamentación  sobre la materia, no era viable  proceder a su recaudo, ni aún por acuerdo entre las partes.   

El   ad  quem  incurrió en yerros por no considerar los dictámenes  y  en  la  interpretación  de la demanda, sin los cuales la primera pretensión  subsidiaria,  habría  prosperado,  ante  la evidencia del abuso de la posición  dominante  de  la  demandada, pues modificó unilateralmente las condiciones del  crédito,  al  capitalizar intereses, sin normatividad que autorizara su cobro y  por  cuanto  redenominó  la  obligación, sin hacer devolución de las sumas de  dinero    recaudadas    de   manera   «ilegal».   

III. CONSIDERACIONES  

1.  El  recurso de  casación,  dada  su  naturaleza  eminentemente dispositiva, limita la actividad  discursiva  y  juzgadora de la Corte al contenido y alcance de la demanda que se  presente  para  sustentar  la  censura,  de  ahí  que  no esté permitido hacer  interpretaciones  que  sobrepasen  los  señalamientos  que  de  modo  expreso y  manifiesto   aduzca  el  impugnante,  ni  mucho  menos  reformar  la  acusación  planteada en forma deficiente.   

          Característica  esencial  de ese medio de defensa es su condición  extraordinaria,  en  virtud  de  la cual no todo desacuerdo con el fallo permite  adentrarse  en  su examen de fondo, sino que es necesario que se erija sobre las  causales taxativamente previstas en la ley.   

No es aceptable, por tanto, que el recurrente  exponga  un  simple  alegato  en  el  que  apenas refleje su discrepancia con la  sentencia  recurrida,  ni  se le autoriza plantear digresiones abstractas que en  nada  afecten  la  argumentación  medular  de  la  misma,  sino que está en la  obligación   de   desvirtuar  las  presunciones  de  legalidad  y  acierto  que  acompañan aquella decisión.   

Se  ha  dicho además, que es ineludible la  obligación       de      sustentar      la      inconformidad      «mediante la introducción adecuada del  correspondiente  escrito,  respecto del cual, la parte afectada con el fallo que  se  aspira  aniquilar,  no  tiene  plena  libertad de configuración» (CSJ AC, 1° Nov 2013, Rad. 2009-00700).   

2. La admisibilidad  de  la  demanda  está sujeta a la regularidad de los elementos formativos de la  misma  y  al  cumplimiento  de  los  requisitos  de  técnica  expresados  en el  artículo  374 del Código de Procedimiento Civil, a cuyas voces a la par que es  necesaria  la  mención de las partes y de la sentencia cuestionada, se requiere  elaborar  una  síntesis  del  proceso  y  de  los hechos materia del litigio, y  formular  por  separado  los  cargos  que  se esgrimen en contra de la decisión  recurrida,  exponiéndose  los  fundamentos de cada acusación, en forma clara y  precisa, y no basados en generalidades.   

3.1. Al denunciar el  yerro   fáctico,  al  impugnante  le  corresponde  identificar  los  medios  de  convicción  sobre  los  cuales  recae  el equívoco del juzgador y demostrar de  qué  manera se generó la supuesta preterición o cercenamiento, lo que deberá  señalar  de  manera  manifiesta, de tal suerte que la valoración realizada por  el  sentenciador  se  muestre  absurda, alejada de la realidad del proceso o sin  ninguna justificación.   

Ha  dicho  la  Sala  que  por  mandato  del  artículo  374  del  estatuto  procesal, la carga de demostrar el error de hecho  recae      exclusivamente     en     el     censor;     empero,     «esa  labor  no  puede  reducirse a una  simple  exposición  de  puntos  de vista antagónicos, fruto de razonamientos o  lucubraciones  meticulosas  y detalladas, porque en tal evento el error dejaría  de   ser   evidente  o  manifiesto  conforme  lo  exige  la  ley»  (CSJ  SC,  15  Jul. 2008, Rad. 2000-00257-01; CSJ SC, 20 Mar. 2013,  Rad. 1995-00037-01).   

4.  Los  ataques  formulados  guardan  ciertas  similitudes,  pues en todos se acusó la sentencia  con  fundamento  en la causal primera del artículo 368 de la ley adjetiva, como  consecuencia  de errores de hecho derivados de la indebida interpretación de la  demanda  y en la valoración de algunas pruebas, razón por la que el estudio de  tales  acusaciones  será  abordado  de manera conjunta, en consideración a las  deficiencias de carácter técnico que los afectan.    

4.1. En tal sentido,  es  claro  que  la  censura  se  limitó a efectuar un  análisis   que   la  condujo  a  aseverar  que  el  sentenciador  incurrió  en  desaciertos  en  su  labor de valoración  de la prueba pericial, el interrogatorio de parte absuelto por la  demandada,  a  través  de  su representante legal y algunas manifestaciones del  actor  en  el  trámite  del  proceso, que al no ser controvertidas –según el censor- son plena prueba de  los hechos en discusión.   

En tal sentido, sostiene el demandante que en  el  escrito  que presentó al juzgado el 9 de mayo de 2008, hizo evidente que el  banco  no  realizó  la reliquidación del crédito, y que para la revisión del  contrato  de  mutuo  en  UPAC  era  necesario  promover  el  respectivo  proceso  judicial,  «para verificar  la  reliquidación  de  los  mismos  y  la devolución de lo que se determine se  canceló   en  exceso»,17  conforme  lo determinó la  Superintendencia  Financiera  en el concepto n° 2005037530-2 de 30 de agosto de  2005.   

Sin  embargo,  esas  manifestaciones  de la  parte  actora,  con  las  que se pretenden demostrar los hechos de la demanda y,  por  consiguiente, el desatino del Tribunal, no tienen fuerza probatoria, porque  con  ellas  no  se  generaron  consecuencias  adversas para quien las hizo, o en  beneficio  de  la otra parte, es decir, que no se trató de una confesión, pues  no  reúne los requisitos previstos en los numerales 2 y 5 del artículo 195 del  Código de Procedimiento Civil.   

Por   el  contrario,  el  propósito  del  demandante  consistió  en  que  los  argumentos  que  expuso  en  los referidos  escritos,  sirvieran  para  probar  que  no  se  practicó la reliquidación del  crédito,  porque  –en su  opinión-  así  lo  admitió  la  entidad bancaria, conforme lo señaló en ese  memorial;  no  obstante,  tal  finalidad,  se  encuentra  proscrita  en  nuestro  régimen  probatorio,  pues  no le es dable a la parte construir una prueba a su  favor.   

Al respecto definió la Sala:  

Como  lo  enseñan  elementales nociones de  derecho  probatorio –tiene  dicho  la  Corte-,  jamás  la  expresiones notoriamente interesadas de la misma  parte  pueden favorecerla, pues, en esencia, este medio de prueba únicamente ha  de  ponderarse  por  el  fallador en cuanto contenga una verdadera confesión, o  sea,   sólo   cuando   aparezcan   manifestaciones   que   lleguen  a  producir  consecuencias  desfavorables  a  quien  las  hace,  -contra  se-,  de  la manera  pregonada   por   el    artículo   195   del   Código   de  Procedimiento  Civil   (CSJ   SC,   28  Mar  2003).   

Por  consiguiente, la censura es inocua y no  desvirtúa  la  presunción  de  legalidad  y  acierto  que ampara la sentencia,  porque  si  las  manifestaciones  del  actor,  no  demuestran  los hechos que el  recurrente  pretende  acreditar,  es evidente que no se cumplió con el deber de  determinar  en qué exactamente radicó el error del juzgador, es decir, porqué  la  preterición  en  el análisis del escrito que proviene del accionante y que  obra  a  folios  260  a  265  del expediente, constituye un desatino con entidad  suficiente  para alterar la manera en que debía solucionarse la controversia, o  lo  que  es  lo  mismo,  porqué  si  se  hubiera detenido el sentenciador en su  estudio,  la  decisión  hubiera  sido contraria a la que profirió.     

4.2.  Endilgó  al  juzgador  la comisión de errores de hecho, por no apreciar el interrogatorio de  parte  absuelto  por  el  representante legal del banco accionado, con el que se  demostró   –según  el  recurrente-  que  la  entidad  financiera  admitió que a pesar de que no podía  capitalizar  intereses,  procedió  a  su  recaudo,  como  se  evidenció al dar  respuesta  a  las  preguntas  tercera  y  décimo  primera  y  décimo  segunda.   

En  tal  sentido,  si  bien  la  demandada  manifestó  que  tuvo  como  base  la  DTF  para reajustar el monto de la deuda,  también  precisó  que  esa  forma  de  cálculo  estaba permitida «por la normatividad vigente al momento  de   suscribirse   el   contrato   de   mutuo   entre  las  partes»18y,   más  adelante  agregó,  cuando  se  le  indagó  acerca  de  la  capitalización  de  intereses  «si es cierto hasta el momento en que fue  permitido  por la ley, posteriormente ajustándose al criterio jurisprudencial y  normativo    no    se   capitalizaron   intereses   posteriormente».19   

Ahora   bien,   el  Tribunal  estimó  que  «antes  de la emisión de  las  sentencias  C-383,  C-700 y C-747 de 1999 y de la expedición de la ley 546  de  esa  anualidad,  la  capitalización  de  intereses  para  los  créditos de  vivienda          estaba         permitida»20   

Síguese  de  lo  dicho que la acusación se  muestra  inane,  porque aún si el Tribunal omitió valorar ese medio de prueba,  la  decisión  sería  la  misma,  pues a pesar de que la demandada admitió que  capitalizó   intereses,   también   advirtió  que  lo  hizo  mientras  estuvo  autorizado  por  la  ley, circunstancia que compartió el sentenciador, tal como  ya se indicó.   

Por consiguiente, si el propósito del censor  se  dirigió  a  que  se tuviera por acreditada la capitalización de intereses,  con  sustento  en el referido medio de persuasión, es claro que ese supuesto lo  tuvo  por  demostrado  el  juzgador,  bajo el entendido de que ese cobro se hizo  durante  el  período  en  el  que  fue permitido por el ordenamiento jurídico,  circunstancia que conduce al rechazo de la acusación.   

4.3.  Ahora  bien,  cuando   se  aduce  indebida  interpretación  de  la  demanda,  corresponde  al  recurrente   dejar  al  descubierto  la  contraevidencia  en  que  incurrió  el  ad  quem al interpretar el  petitum,  la  causa  petendi o la naturaleza jurídica  de  la  acción  propuesta.  En  tal  evento deberá demostrar de qué manera el  funcionario  violó  las normas sustanciales por entender y dirimir un conflicto  que   no   fue   el   que  realmente  se  le  planteó,  por  haber  variado  su  significación.   

En  ese orden, no bastará que el demandante  enuncie  de  modo  generalizado  que  el  Tribunal  incurrió  en  una  errónea  interpretación  del  libelo inicial, sino que deberá hacerse patente cuál fue  la  parte  específica  de la demanda respecto de la cual falló la comprensión  del   ad   quem,   y  la  incidencia de ese yerro en la decisión final.   

En  el caso presente, el censor señaló que  pretendió      «la  realización  de la reliquidación del crédito para que se diera la depuración  de    lo    ilegalmente    cobrado»,   específicamente   la   capitalización  de  intereses,  porque  no  existía  normatividad  que  la regulara, pero    que    el    Tribunal    comprendió    que    «la  reliquidación  pedida  era la del  alivio otorgada por el Estado».   

Frente  a  los  pedimentos  del  actor,  el  sentenciador   precisó   que   sus   «aspiraciones  procesales  se enfilaron a obtener la devolución de algunas sumas de dinero por  la  variación  de  las condiciones del contrato de mutuo y la supuesta indebida  aplicación  de  las  normas que rigen los créditos para vivienda»21,  y  a  continuación  estimó  que  no se probó yerro  alguno  en  el  procedimiento  de  reliquidación  efectuado  por la demandante.   

En efecto, en el fallo de segunda instancia,  el  ad  quem consideró que  con  anterioridad  a  la emisión de las sentencias C-383, C-700 y C-747 de 1999  de  la  Corte  Constitucional  y  a  la  expedición  de la Ley 546 de 1999, era  permitida  la  capitalización  de  intereses para los créditos de vivienda, al  paso  que  no halló prueba de una irregular reliquidación, es decir, que no se  dejó  al  descubierto porqué esas conclusiones no están en consonancia con el  libelo.   

Por consiguiente, el censor no hizo evidente  la  equivocación  del Tribunal, pues no demostró de qué manera el significado  que  se  le  dio  a  la demanda, era diferente a su contenido, pues se limitó a  insistir  en que el sentenciador no se pronunció frente a la reliquidación del  crédito,  que  juzgó  necesaria, ante la capitalización de intereses, dejando  de  lado que en el fallo se estimó que «no se logró  probar  error  alguno  sobre el procedimiento de reliquidación efectuado por la  entidad                 demandante»22.   

4.4.   Similar  consideración  cabe  hacer  frente al yerro endilgado por indebida apreciación  de  la  demanda  «frente al  abuso  de  la  posición dominante por cuanto el Tribunal erra cuando le da a la  entidad  financiera un lugar de privilegio que no no puede ostentar en perjuicio  del           deudor          hipotecario»23.   

En   efecto,   frente   a  la  pretensión  subsidiaria  para  que se declarara que «la  demandada  hizo  uso  abusivo  de  su  posición dominante como  entidad    financiera    y    parte    fuerte   en   el   contrato»,24         el  Tribunal  sostuvo  que «si  bien  es  cierto  las  entidades  financieras ostentan un lugar  privilegiado  en  el mercado crediticio, ello no implica necesariamente que haya  abusado  de  su poder en perjuicio de los intereses del deudor, cuestión que ha  de   ser   acreditada  en  el  proceso»,25  y  más  adelante agregó que no se probó el alegado  abuso  y  que  la reliquidación de la obligación sólo procedía desde el 1 de  enero  de  2000,  en  cumplimiento  a  la  sentencia  C-747  de 1999 de la Corte  Constitucional.    

Luego,  es  palpable  que el casacionista no  demostró  la  disparidad  entre  la  pretensión subsidiaria y la decisión que  sobre  la  misma  emitió  el  Tribunal;  por  el  contrario,  se observa que su  reproche  se  dirige  a  cuestionar la decisión adoptada, por no estar conforme  con lo resuelto.   

4.5.  Por último,  con  respecto  a la censura que se dirige a discutir la valoración de la prueba  pericial,  es  pertinente  señalar  que de forma reiterada esta Corporación ha  sostenido  que  no puede confundirse el error de hecho  con  la  mera inconformidad del recurrente respecto de la libre apreciación que  se     efectúa     de     los     elementos    de  persuasión que obran en el proceso.   

                        Así,  resulta  ostensible  que por la propia naturaleza de la función jurisdiccional,  el  fallador  goza  de  plena  autonomía en la apreciación probatoria, sin que  ella  llegue  a  comportar  arbitrariedad  alguna,  de manera que sólo el error  manifiesto,    evidente    y    trascendente,    es  decir,  el  que brota a simple vista y se impone a la  mente  como  craso,  inconcebible  y  sin  necesidad  de  acudir  a dispendiosas  elucubraciones,  es  susceptible  de  apoyar la causal de casación que por esta  vía daría al traste con el pronunciamiento impugnado.   

                                            4.5.1  Tal requisito, como resulta  fácil  advertir,  no  se  cumplió en este caso, toda  vez  que  el  análisis de la censura consistió en una mera opinión divergente  de la que se formó el Tribunal.   

4.5.2.  En  efecto, el sentenciador  no  acogió  los  dictámenes,  porque estimó que no siguieron los lineamientos  establecidos  en la Ley 546 de 1999, las circulares externas 007 y 048 de 2000 y  la proforma 000050 de la Superintendencia Financiera.   

Desechó también el informe técnico rendido  por  el  auxiliar  Julio  Roberto  Sotelo  Novoa, no sólo porque contrariaba el  concepto  de  la referida autoridad de vigilancia, con  respecto  al  monto  del  alivio  aplicado,  sino  también  porque  realizó el  cálculo  en  pesos  a partir de la fecha de desembolso, cuando la conversión a  UVR sólo procedía a partir del 1 de enero de 2000.   

En  suma,  concluyó  que  las  peritaciones  carecían  de  firmeza,  precisión  y calidad, motivo  por  el que estimó que el actor no probó que la reliquidación del crédito no  se     hizo     atendiendo     los     parámetros  legales.     

4.5.3. Por su parte,  el  recurrente  se limitó a efectuar su propio examen  de  las experticias, para concluir que en su opinión,  el  juzgador incurrió en desaciertos, porque con esas  pruebas se demostraban los hechos aducidos en la demanda.   

                      En  tal  sentido,     era     imperativo     para     el     casacionista    acreditar   que   a   causa  de  yerros  manifiestos   y  trascendentes,  las  consideraciones  del  Tribunal  resultaban  contraevidentes  e  insostenibles  frente  a  lo que se colige de los diferentes  dictámenes,  inferencia que, además, es la única alternativa para resolver el  litigio,  pues  la simple divergencia entre la opinión del censor y el criterio  del  Tribunal,  no está autorizado en la ley como motivo de casación, en tanto  que  atentaría contra la autonomía del juez en la valoración de los elementos  de persuasión.   

Sobre  el ataque que se encamina por la vía  indirecta  debido  a  la  comisión de errores de hecho, la jurisprudencia tiene  aceptado   que   «no  es  suficiente  la presentación de conclusiones empíricas distintas de aquéllas a  las  que  llegó  el  Tribunal, pues la mera divergencia conceptual –por  atinada  que resulte, se agrega-  no  demuestra  por  sí sola error de hecho» (CSJ SC,  18 Dic. 2012, Rad. 2006-00104-01).   

En   ese   orden   de   ideas,  cualquier  razonamiento  dirigido  a  que  se vuelva a examinar la situación fáctica, por  mostrar  el  impugnante una simple discordancia frente a la evaluación crítica  del  fallador,  resulta  estéril  si  no  se  deja al descubierto la magnitud y  trascendencia  del  desacierto que se produjo al apreciar las pruebas en las que  se sustentó la decisión.   

La argumentación presentada se restringió a  un  alegato  de instancia, de suyo ajeno a esta sede extraordinaria, como quiera  que    en    la    sustentación   del   cargo,   el  inconforme   apenas   expuso   cuál   debía   ser  –en  su  opinión-  el  mérito  de  los elementos demostrativos a los que hizo referencia, sin poner de  presente  la  evidencia  de  la  equivocación,  de tal modo que amén de que no  fueran  requeridos  mayores  estudios  para  establecer  que  se estructuró, la  conclusión  presentada  por  la  censura necesariamente se erigía en la única  admisible  para  solucionar el litigio, y frente a ella la tesis expuesta por el  juzgador resultaba contraevidente e insostenible.    

Luego, si en la impugnación se presenta un  ejercicio  de  ponderación  probatoria  diferente,  en  la que, según quien la  formula,  deben  acogerse  los  dictámenes periciales, porque con los mismos se  demuestran  los cobros en exceso, la Corte no tiene alternativa distinta a la de  atender  la  valoración  del  juzgador,  en  virtud  de la doble presunción de  legalidad  y  acierto de que está revestida su sentencia, lo que impone que sus  conclusiones  en  torno del examen de los elementos fácticos son, en principio,  intocables,  pues  no  se  demostró  el  yerro del juzgador al concluir que las  peritaciones   no   estaban  debidamente  fundadas,  por  lo  que  resolvió  no  acogerlas.   

IV. DECISIÓN  

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, en Sala de Casación Civil,   

RESUELVE:  

PRIMERO.  INADMITIR  la  demanda  presentada  para sustentar el recurso de casación formulado por la  parte  demandante contra de la sentencia proferida el 16 de octubre de 2013, por  la  Sala  Civil  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, dentro  del proceso ordinario de la referencia.   

SEGUNDO.  DECLARAR  desierto  el  recurso  de  casación,  de  conformidad  con  el  inciso  4º del  artículo 373 del Código de Procedimiento Civil.   

Devuélvase  la  actuación  al  Tribunal de  origen.   

Notifíquese.  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

    

1 Folio  9, c. 3   

3 Folio  12, c. 3   

4 Folio  18, c. 3   

5 Folio  23, c. Corte   

6 Folio  23, c. Corte   

7 Folio  23, c. Corte   

8 Folio  23, c. Corte   

9 Folio  32, c. Corte   

10  Folio 38, c. Corte   

11  Folio 40, c. Corte   

12  Folio 42, c. Corte   

13  Folio 43, c. Corte   

14  Folio 45, c. Corte   

15  Folio 53, c. Corte   

16  Folio 55, c. Corte   

17  Folio 23, c. Corte   

18  Folio 204, c. 1   

19  Folio 206, c. 1   

20  Folio 48, c. 3   

21  Folio 45, c. 3   

22  Folio 46, c. 3   

23  Folio 45, c. Corte   

24  Folio 56, c. 1   

25  Folio 48, c. 3     

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