AC7881-2014 [2001-00058-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

Magistrado Ponente  

AC7881-2014  

Radicación           n°  76001-31-03-009-2001-00058-01   

(Aprobado  en sesión de quince de octubre de  dos mil catorce)   

Bogotá D. C., dieciocho (18) de diciembre de  dos mil catorce (2014).   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la demanda presentada para sustentar el recurso extraordinario de casación,  interpuesto  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia, proferida dentro del  asunto de la referencia.   

I. EL LITIGIO  

A. La pretensión  

Noel  Álvarez  Miranda  promovió  proceso  ordinario  de  reivindicación  en  contra  de  las Empresas Municipales de Cali  –EMCALI-  E.I.C.E.,  para  que  se  declarara  que  le  pertenece  el dominio pleno y absoluto del inmueble  descrito en el libelo.   

          A  su  vez,  solicitó  que  se  ordene  a la demandada restituir el  referido  predio  o  el  pago  de  su  precio,  junto con los frutos naturales y  civiles  que  se hayan podido percibir con mediana inteligencia y cuidado, desde  que  inició  la  posesión  del  terreno  hasta  la fecha en que se efectúe la  entrega.   

          También  reclamó  que  se  dispusiera la cancelación de cualquier  gravamen  que recayera sobre el bien, y se ordenara la inscripción del fallo en  el respectivo folio de matrícula inmobiliaria.   

B. Los hechos    

1. Mediante la resolución nº 6969 de  17  de  noviembre  de  1975,  expedida  por  el  Instituto Colombiano de Reforma  Agraria   se   adjudicó  a  Ricardo  Larrahondo  Arango  el  predio  denominado  «Altamira».  [Folio 3, c.  1]     

    

1. A  través de la escritura pública  nº  267  de  20 de febrero de 1987, otorgada en la Notaría Octava del Círculo  de  Cali, Ricardo Larrahondo Arango permutó al demandante el referido inmueble.  [Folio 4, c. 1]     

    

1. La  entidad demandada destinó ese  predio   para  el  desarrollo  de  una  planta  de  tratamiento  del  acueducto.     

C. El trámite de las instancias  

          1.  El  28 de marzo de 2001 se admitió la  demanda,  se  ordenó  la  notificación  y  el traslado de rigor. [Folio 30, c.  1]   

          2.  La  entidad  convocada  se opuso a las  pretensiones  del  libelo  y  propuso  las  siguientes  defensas: «falta   de   legitimación   en   la   causa»,  «inexistencia  de  responsabilidad   de   EMCALI   para   indemnizar»  e  «inconstitucionalidad».   

En sustento adujo que el inmueble corresponde  a   un  bien  ejido,  no  susceptible  de  ser  adquirido  por  el  modo  de  la  prescripción,   razón   por   la   que   es   inconstitucional  «el  acto  administrativo  por  medio  del  cual  la  Sala Civil del  Tribunal  Superior de Santiago de Cali, declaró la prescripción adquisitiva de  dominio»  sobre el predio conocido como «Altamira». [Folio 67, c. 1]   

    

1. El  municipio  de Santiago de Cali  intervino  como coadyuvante de la entidad accionada y propuso las excepciones de  mérito    que    denominó:    «Indebida   acción  propuesta»,   «caducidad   de   la   acción»,   «el  predio  pretendido  en  reivindicación  no  es ni era un predio baldío», «no explotación económica  del  predio  solicitado  en  reivindicación  por parte del actor» y  «no  haberse  probado  por  parte del  actor  responsabilidad  a cargo del demandado». [Folio  47, c. 7]     

    

1. Por auto de 17 de febrero de 2010,  se  aceptó  la  intervención  adhesiva  de  la referida entidad. [Folio 64, c.  7]     

    

1. Mediante fallo de 28 de febrero de  2013,  el juez a quo declaró  no  probadas  las  excepciones  formuladas,  negó parcialmente las pretensiones  aducidas,  particularmente  la  primera  y  la  segunda  y  ordenó a la entidad  accionada   pagar   al   actor   la   suma   de   $530.709.772,   «correspondientes  al  valor  actual  del  inmueble».  [Folio 187, c. 1]     

En  sustento de esa decisión sostuvo que la  posesión  de  la  convocada  se  inició  en  el  año de 1992, en tanto que el  título  de  dominio  del  demandante  data  de  noviembre de 1975; sin embargo,  estimó  que  como  en  el  terreno se encuentra construida una obra de interés  general,  sólo  accedería a la reivindicación ficta, prevista en el artículo  1955 del Código Civil. [Folio 185, c. 1]   

    

    

1. En  sentencia de 26 de noviembre de  2013,  el  Tribunal  Superior  de Cali, revocó la de primera instancia y, en su  lugar, negó las pretensiones de la demanda. [Folio 52]     

Como   fundamento  de  la  determinación,  consideró  que  existía identidad entre el predio pretendido por el actor y el  poseído  por  la demandada; sin embargo, estimó que el promotor del proceso no  acreditó  el  derecho  de  dominio  sobre  el  inmueble,  porque  no podía ser  adjudicado  por el INCORA a favor del señor Larrahondo, ya que se trataba de un  bien  de naturaleza fiscal, y por cuanto el título de dominio de la Secretaría  de  Vivienda  de  Cali  provenía  de una de cadena de tradiciones más antigua,  específicamente   desde   1956,   cuando   la  Nación  lo  transfirió  a  los  Ferrocarriles  Naciones  de  Colombia,  mientras que los títulos de dominio del  actor  datan  de  1975,  año  en  el que se hizo la adjudicación por parte del  INCORA. [Folio 51]   

II. LA DEMANDA DE CASACIÓN  

En  un  cargo  sustentó  la  recurrente  su  demanda:   

    

1. Con  apoyo  en  la  causal primera  denunció  la  violación  indirecta de los artículos  673,  762,  764,  765,  768, 785, 789, 946, 947, 950, 952, 961 y 964 del Código  Civil  y  174,  177,  179, 180, 187, 233, 236, 237, 238, 241, 264, 265 y 305 del  Código  de  Procedimiento Civil, como consecuencia de la errada apreciación de  las siguientes pruebas:     

     

a. El folio de matrícula inmobiliaria  nº  370-104401,  con el que se demostró que el predio pretendido en la demanda  es diferente al que posee el demandado.     

     

a. La  resolución  nº 6969 de 17 de  noviembre  de 1975, proferida por el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria,  mediante  la  cual  se adjudicó el lote a Ricardo Larrahondo Arango, con la que  se  acreditó que ese bien raíz no hace parte del inmueble de la demandada, por  lo  que  erró  el juzgador al concluir que «se sigue  sin  temor  a  equivocación  que  dicho terreno se encuentra inmerso dentro del  terreno   pertenenciente   a   la   Secretaría   de  Vivienda  de  Santiago  de  Cali»     

     

a. En  el  dictamen pericial se dejó  establecido  que  el  inmueble examinado coincide con el descrito en la demanda,  en  especial  señaló  el  experto  que «en la parte  central  más  plana  del  predio,  se encuentra un lote de terreno enmallado de  aproximadamente  2.277  M2  de forma más o menos regular en el que se encuentra  el  tanque  de  recolección  de  agua  Nº  3  del  ACUEDUCTO  DE LA REFORMA»;  sin  embargo,  el  sentenciador  considera que el lote  materia  de  la  reivindicación  «se  encuentra  al  interior   del   predio   de   propiedad  de  la  parte  pasiva  del  proceso».     

     

a. El   técnico  señaló  en  la  aclaración  de  la  peritación  que la oficina de catastro de Cali le informó  que  no  era  posible  indicarle  si el bien raíz objeto de la reivindicación,  hacía parte de uno de mayor extensión.     

No  obstante,  el  Tribunal  infirió de esa  prueba   que   el  lote  conocido  como  «Altamira»  formaba   parte   de   uno   de   mayor   extensión  «que   el   otrora   INVICALI   le  compró  a  los  ferrocarriles   nacionales   mediante   escritura   pública  #2122  de  1992»,  cuando    es   la   coadyuvante   quien   hace   esa  manifestación,  acogida  por  el  sentenciador «como  absoluta, sin que hubiese podido ser corroborada».   

     

a. Omitió  valorar  el  oficio  nº  SAIRC-IEC-036-2005  del Departamento Administrativo de  Hacienda  Municipal  de  la Alcaldía de Santiago de Cali, en el que se indicó:  «no  se  encuentra  el predio demarcado en el plano,  que  obra  a  folio  38  del  cuaderno  nº  5,  como  el  nº  2-002-504,  como  perteneciente  a  INVICALI,  pero  sí  en  cambio  todos los predios que son de  propiedad   de   los   ferrocarriles   nacionales  y  la  entidad  mencionada»,  documento   que   contradice   la   conclusión   del  ad   quem   acerca  de  la  «doble  titulación  y de la inmersión del lote del  demandante en otro».     

Esos  yerros  son  trascendentes  e  inciden  directamente  en  la  decisión,  porque  se  tuvo por demostrado «que  estábamos  ante  un caso de doble titulación, con un lote de  terreno inmerso en otro, cuando no lo es».   

    

1. El segundo  error    de   hecho   en   que   incurrió   el   ad  quem,   consistió  en  calificar  de  «irregular»  la adjudicación del inmueble  realizada  por el INCORA, restándole todo valor probatorio a la resolución nº  6969  de  17  de  noviembre  de  1975,  expedida  por  esa  entidad; también se  equivocó  al  sostener  que  ese  bien era de naturaleza fiscal, sin prueba que  respaldara esas conclusiones.     

Ignoró la escritura pública nº 2122 de 15  de  julio de 1992, otorgada en la Notaría Cuarta del Círculo de Cali, mediante  la  cual  se  celebró  el  contrato  de venta entre Ferrocarriles Nacionales de  Colombia  en  liquidación  e  INVICALI,  en  la  que se pactó en el parágrafo  segundo  de  la cláusula tercera: «las áreas de los  lotes  cuyas  ventas  parciales  y  prescripciones adquisitivas en trámite a la  firma  de  la  presente Escritura,  cuyo registro en la Oficina de registro  de  Instrumentos  Públicos  de  Cali  no se hubiere llevado a cabo y las áreas  respecto  de  las  cuales  el INCORA ha proferido Resoluciones de extinción del  dominio  que  se  hayan  en firme, sobre las que los FERROCARRILES NACIONALES DE  COLOMBIA  en  liquidación  solicitaron la revocación y cuya actuación termine  en  contra  de  esta  Entidad  siempre y cuando INVICALI se haga parte dentro de  tales  actuaciones  en  calidad  de  propietario  de  todo  el  inmueble, serán  descontadas  del  área  final  que  adquiere  Invicali  por  medio del presente  instrumento,  según  la zona a la cual correspondan, y el valor de los lotes se  descontará   de   la  suma  a  cancelar  al  FONDO  DE  PASIVO  SOCIAL  DE  LOS  FERROCARRILES NACIONALES DE COLOMBIA».   

Por   consiguiente,   solicitó  casar  la  sentencia  de segundo grado, para que en su lugar, se resuelva lo que en derecho  corresponda.   

1.  El  recurso  de  casación,  dada  su  naturaleza  eminentemente dispositiva, limita la actividad  discursiva  y  juzgadora de la Corte al contenido y alcance de la demanda que se  presente  para  sustentar  la  censura,  de  ahí  que  no esté permitido hacer  interpretaciones  que  sobrepasen  los  señalamientos  que  de  modo  expreso y  manifiesto   aduzca  el  impugnante,  ni  mucho  menos  reformar  la  acusación  planteada en forma deficiente.   

          Característica  esencial  de  ese medio de defensa es su condición  extraordinaria,  en  virtud  de  la cual no todo desacuerdo con el fallo permite  adentrarse  en  su examen de fondo, sino que es necesario que se erija sobre las  causales taxativamente previstas en la ley.   

Se  ha  dicho  además, que es ineludible la  obligación       de      sustentar      la      inconformidad      «mediante la introducción adecuada del  correspondiente  escrito,  respecto del cual, la parte afectada con el fallo que  se  aspira  aniquilar,  no  tiene  plena  libertad de configuración» (CSJ AC, 1° Nov 2013, Rad. 2009-00700).   

2. La admisibilidad  de  la  demanda  está sujeta a la regularidad de los elementos formativos de la  misma  y  al  cumplimiento  de  los  requisitos  de  técnica  expresados  en el  artículo  374 del Código de Procedimiento Civil, a cuyas voces a la par que es  necesaria  la  mención de las partes y de la sentencia cuestionada, se requiere  elaborar  una  síntesis  del  proceso  y  de  los hechos materia del litigio, y  formular  por  separado  los  cargos  que  se esgrimen en contra de la decisión  recurrida,  exponiéndose  los  fundamentos de cada acusación, en forma clara y  precisa, y no basados en generalidades.   

     

1. Tratándose de la causal primera, no  solo  se  deben  señalar  las  normas  de  derecho  sustancial  que  se estimen  vulneradas,  sino  que  es preciso que el recurrente ponga de presente la manera  como  el  sentenciador las quebrantó, sin que sea válido hacer reproche alguno  a   la   apreciación   de   las   pruebas   cuando   se   trata   de   la  vía  directa.     

2.2. Empero, si el  ataque  se  encamina  por  la  vía  indirecta,  esto  es, por yerros en materia  probatoria,  debe  indicarse  la forma en que se hizo patente el desconocimiento  de  las  pruebas,  es decir, si la equivocación fue de hecho o de derecho, y su  incidencia en la determinación reprochada.     

2.3. Al denunciar el  yerro  fáctico  es  necesario  identificar  los medios de convicción sobre los  cuales  recayó  el equívoco del juzgador y demostrar de qué manera se generó  la  supuesta  preterición  o  cercenamiento,  lo que deberá señalar de manera  manifiesta,  de  tal  suerte  que  haga  ver que la valoración realizada por el  juzgador  resulta  absurda,  alejada  de  la  realidad del proceso o sin ninguna  justificación.   

Ha dicho la Sala que por mandato del artículo  374  del  estatuto  procesal,  la  carga  de  demostrar  el error de hecho está  asignada  exclusivamente  al  casacionista.  Sin  embargo, esa labor   «no  puede  reducirse  a  una  simple  exposición de puntos de vista antagónicos, fruto de  razonamientos  o lucubraciones meticulosas y detalladas, porque en tal evento el  error  dejaría  de  ser  evidente  o  manifiesto  conforme  lo  exige  la ley»  (CSJ  SC, 15 Jul. 2008, Rad. 2000-00257-01; CSJ SC, 20  Mar. 2013, Rad. 1995-00037-01).   

2.4.   Requisito  adicional  de  la  imputación  es  que  sea integral, esto es, que controvierta  todos  los  fundamentos del fallo, pues lo contrario conduciría a que las bases  no  atacadas  de  la  decisión  la  sostuvieran  y,  por  ende,  reafirmaran la  presunción  de legalidad y acierto con que viene amparada dicha providencia. En  ese  orden,  se  requiere  que  exista  simetría entre los razonamientos que se  exponen  en  la  impugnación  y las motivaciones sobre las cuales se soporta el  veredicto.   

Además,  es imperativo para la admisión que  el      reproche      sea      evidente      y     trascendente     «pues  si  es irrelevante o recóndito,  de  suerte  que  para  poder  percibirlo  haya  que  escudriñar  más allá del  razonable  ejercicio valorativo que haya hecho el juez, no será posible admitir  a  trámite la casación» (CSJ AC, 14 May. 2012, Rad.  2002-00111)   

    

1. Es  indiscutible  que  el  único  cargo  formulado por el recurrente, no cumple las  exigencias legales para su admisión, por las siguientes razones:     

La censura es incompleta, porque el impugnante  no  debatió  la  totalidad  de  los  argumentos  que  sirvieron  de sustento al  Tribunal  para  revocar  la decisión de primera grado y, en su lugar, negar las  pretensiones  de  la  demanda;  para  corroborar  tal aserto basta mencionar los  razonamientos   que   sirvieron   de   soporte  a  la  decisión  del  juzgador:   

     

i. El   inmueble   pretendido   en  reivindicación   hace  parte  de  los  terrenos  que  Ferrocarriles  Nacionales  de  Colombia en liquidación  transfirió  al  Instituto  Municipal  de  Reforma  Urbana  y  Vivienda de Cali,  mediante  la escritura pública nº 2122 de 15 de julio de 1992, conclusión que  se  soportó  en  la ficha predial del bien raíz materia de la acción judicial  promovida,      documento     que     se     contrastó     con     el     plano  aerofotogramétrico1  correspondiente a los predios  que adquirió la referida entidad pública.     

Esa   deducción   se  corroboró  con  la  complementación  al  dictamen  pericial  en  la  que  se  indicó  «según el oficio TPO -288-2005 fechado  el  julio  25  de 2005 de la SECRETARÍA DE VIVIENDA SOCIAL DE CALI (…) que da  respuesta     a     mi     solicitud,     textualmente     dice:    ‘Analizada   la   documentación  del  predio  denominado  ALTAMIRA,  en  la  zona  del  tanque  # 3 en el sector de la  Choclona,  le  informó  que  dicho  predio se encuentra contenido dentro de los  linderos  de  los terrenos que el otrora INVICALI le compró a los ferrocarriles  nacionales    mediante   escritura   pública   #   2122   de   1992’»   

     

i. La cadena  de  títulos de dominio de la entidad convocada es anterior a la del actor, como  se  acreditó con la escritura pública nº 236 de 7 de febrero de 1956, corrida  ante  la  Notaría  Sexta  del  Círculo de Bogotá, mediante la cual la Nación  transfirió  a  los  Ferrocarriles  Nacionales  de Colombia el bien, acto que se  registró en el folio de matrícula inmobiliaria nº 370-230207.     

Posteriormente, esos terrenos fueron vendidos  al  Instituto  Municipal  de  Reforma  Urbana  y Vivienda de Cali, a través del  documento  escriturario  nº  2122  de  15  de  julio  de 1992, otorgado ante la  Notaría  Cuarta  del  Círculo  de  Cali,  inscrito en los folios de matrícula  inmobiliaria números 370-0406857 y 370-23207.   

Acto  seguido,  a  través  del  instrumento  público  nº  944  de  28  de  mayo  de 1997, el Instituto Municipal de Reforma  Urbana  y  Vivienda  de  Cali  donó  a  la  Secretaría  de  Vivienda  Social y  Renovación Urbana de Cali, los referidos bienes raíces.    

Por el contrario, el demandante adquirió el  inmueble  conocido  como  «Altamira»,  mediante  contrato  de  permuta  que se instrumentó en la escritura  pública  nº  267  de  20  de febrero de 1987, al paso que el señor Larrahondo  Arango  lo  obtuvo  por adjudicación del Incora, según la resolución nº 6969  de 1975.   

     

i. El  terreno  no  era  baldío sino  fiscal,  razón por la cual actor no obtuvo el derecho de dominio, pues quien se  lo permutó jamás fue dueño.     

     

i. El  documento  público  nº 2437 de 13 de mayo de 1987, mediante el cual la oficina  de  catastro  municipal actualizó los linderos del predio, en desarrollo de las  facultades  reconocidas  en  el  decreto  3496  de  1983,  no constituye un acto  unilateral de modificación de sus características físicas.     

Si se contrastan las razones aducidas por el  ad  quem, antes transcritas,  con   el   cargo   formulado,   con   facilidad   puede  advertirse  que  no  se  controvirtieron  la  totalidad  de  aquellas, lo que constituye defecto técnico  que impide admitir la censura.   

3.1.1. En ese orden,  el  impugnante  enrostró  al  sentenciador  de segunda instancia unos presuntos  yerros  fácticos  derivados  de la indebida valoración del folio de matrícula  inmobiliaria  nº 370-10440, la resolución nº 6969 de 17 de noviembre de 1975,  proferida  por  el  INCORA,  el  dictamen  pericial  y  su  aclaración,  medios  persuasivos  con  los  que  según  el  recurrente  se  acreditó  que el predio  pretendido   en   reivindicado   «es  completamente  diferente   al   alegado   como   de   propiedad   del   demandado»2.   

Además,  según  el  censor, el ad  quem omitió valorar el oficio emitido  por  el  Departamento  Administrativo  de  Hacienda Municipal de la alcaldía de  Santiago  de  Cali,  en el que se informó que «no se  encuentra  el predio demarcado en el plano, que obra a folio 38 del cuaderno nº  5,  como  el  nº  2-002-504,  como perteneciente a INVICALI, pero sí en cambio  todos  los  predios  que  son  de propiedad de los ferrocarriles nacionales y la  entidad                 mencionada»3   

Ese olvido condujo al juzgador a concluir que  «dicho  terreno  se  encuentra  inmerso  dentro  del  terreno   perteneciente   a   la   Secretaría   de   Vivienda  de  Santiago  de  Cali»,  contrario  a  lo  revelado  por  las  pruebas  recaudadas,   con   las   que   se  demostró  que  el  inmueble  pretendido  en  reivindicación   «es  completamente  diferente  al  predio        de        la        demandada»4.   

El  Tribunal  prescindió  de  analizar  el  parágrafo  segundo de la cláusula tercera de la escritura pública nº 2122 de  15  de  julio  de  1992,  yerro  que  lo  condujo  a  dar  por demostrado que la  adjudicación realizada por el INCORA era irregular.   

Entonces,  como  el  recurrente  no formuló  reparo  alguno  frente  a la totalidad de los argumentos en los que se fundó el  fallo  de  segundo  grado, esa omisión deja incólume  la  providencia  combatida  y, en pie, la presunción de legalidad y acierto que  la ampara.   

          En   efecto,  el  casacionista  no  controvirtió  el  razonamiento  al  que  se  hizo  mención  en   el   numeral  ii),  referido  a  la   notable   anterioridad  en  la  cadena  de títulos de     dominio     de    la  entidad convocada, la cual se remonta  a  1956,  cuando  la Nación le transfirió el derecho  de        propiedad       a       los       Ferrocarriles       Nacionales     de    Colombia,    superando    ampliamente    la    del    actor,   que data de 1975.   

El  recurrente  no censuró esa conclusión,  deficiencia  técnica que impide la admisión de la demanda; sobre el particular  ha sostenido la Corte:   

(…)  dado  el  carácter  dispositivo  de  la  impugnación  y la imposibilidad que de allí se  deriva  para  completar  oficiosamente  la  acusación, iteradamente  (….)  ha  señalado que ‘por  vía  de  la  causal  primera de  casación  no  cualquier  cargo  puede recibirse, ni puede tener eficacia legal,  sino  tan sólo aquellos que impugnan directa y completamente los fundamentos de  la    sentencia   o   las   resoluciones   adoptadas   en   ésta   (CSJ  AC,  12 Mar 2008, Rad. 00271; 29 Jul 2010, Rad. 00366; 18 Dic  2012, Rad. 2004-00511, entre otros)    

En  consecuencia, al no dirigirse la denuncia  contra  todos  los  argumentos  en  los que se sustentó el fallo, sino tan solo  frente  a  algunos  de  ellos,  el  cargo propuesto aún de resultar exitoso, no  permitiría  desvirtuar  la  referida  providencia,  deficiencia  que  impone su  inadmisión.   

     

1. Además, el casacionista se limitó  a  realizar  su  propio  análisis  de  las  pruebas documentales y del dictamen  pericial,  con  los que –en  su  opinión-  se  acreditó  que  el  inmueble pretendido en reivindicación es  diferente al bien raíz de la entidad accionada.     

En  efecto,  el Tribunal luego de valorar la  ficha      predial     del     inmueble     conocido     como     «Altamira»,  el plano aerofotogramétrico,  la  escritura  pública  nº  236  de  1956  y  la  complementación al dictamen  pericial  concluyó  que el referido predio forma parte del terreno de propiedad  de la Secretaría de Vivienda de Santiago de Cali.   

En  específico, frente a la solicitud de la  demandada  para  que  se  indicara  si  el  lote  materia  de la reivindicación  integraba  otro  de  mayor  extensión  de  propiedad  de  INVICALI, el técnico  aclaró la experticia e indicó que:   

«según el oficio  TPO-288-2005  fechado  el  Julio 25 de 2005 de la Secretaría de Vivienda Social  de   Cali   …textualmente   dice:   ‘analizada  la  documentación del predio denominado Altamira, en la  zona  del tanque # 3 en el sector de la Choclona, le informo que dicho predio se  encuentra  contenido  dentro  de  los  linderos  de  los  terrenos que el otrora  INVICALI  le  compro  (sic) a los ferrocarriles nacionales mediante la escritura  pública #2122 de 1992.   

Por esta razón señor juez al recibir esta  respuesta  de  la  SECRETARIA DE VIVIENDA SOCIAL, espere para obtener nuevamente  la  misma  respuesta del departamento ADMINISTRATIVO DE CATASTRO MUNICIPAL EN LA  CUAL  SE RATIFICA COMO PROPIETARIO DEL PREDIO DENOMINADO ALTAMIRA AL SEÑOR NOEL  ÁLVAREZ  MIRANDA.  Y  el  predio  de  mayor  extensión del que se anexaron las  escrituras  nº  2122 de 1992, abarca en su interior, según las planchas Z 41 y  Z  42,  varios predios que figuran a nombre de la Secretaría de Vivienda Social  y   otros  varios  de  FERROCARRILES  NACIONALES,  pero  hay  también  en  esta  extensión  muchas  extensiones  de  terreno  que  según  estos  planos  son de  propiedad          de         particulares»5   

Por     consiguiente,     como  el  recurrente  no  demostró  que  la   conclusión   del   sentenciador   sea  arbitraria  o  irrazonable,  por  resultar  contraria a lo que  revela     el     contenido     de     la    prueba    técnica,    pues  encuentra  justificación  en  el  concepto  que  rindió el experto en la aclaración al  dictamen   pericial,   el   cargo  no  puede   ser   admitido,  por  faltar  a  la  técnica  del  recurso.   

En  ese orden, era  imperativo  para  el casacionista acreditar que a causa  de   yerros  manifiestos  y  trascendentes,  las  consideraciones  del  Tribunal  resultaban  contraevidentes  e  insostenibles  frente  a  lo que se colige de la  prueba  documental y pericial, inferencia que, además, es la única alternativa  para  resolver  el  litigio,  pues  la  simple divergencia entre la opinión del  censor   y   el   criterio  del  ad  quem,  no  está autorizado en la ley como motivo de casación, en tanto  que  atentaría contra la autonomía del juez en la valoración de los elementos  de persuasión.   

Sobre  el ataque que se encamina por la vía  indirecta  debido  a  la  comisión de errores de hecho, la jurisprudencia tiene  aceptado   que   «no  es  suficiente  la presentación de conclusiones empíricas distintas de aquéllas a  las  que  llegó  el  Tribunal, pues la mera divergencia conceptual –por  atinada  que resulte, se agrega-  no  demuestra  por  sí sola error de hecho» (CSJ SC,  18 Dic. 2012, Rad. 2006-00104-01).   

En   ese   orden   de   ideas,   cualquier  razonamiento  dirigido  a  que  se vuelva a examinar la situación fáctica, por  mostrar  el  recurrente una simple discordancia frente a la evaluación crítica  del  fallador,  resulta  estéril  si  no  se  deja al descubierto la magnitud y  trascendencia  del  desacierto que se produjo al apreciar las pruebas en las que  se sustentó la decisión.   

     

1. Ahora  bien,  aduce  el  censor  que  el ad quem omitió  valorar  el  oficio  nº SAIRC-IEC-036-2005 remitido por el  Departamento  Administrativo  de  Hacienda Municipal de la Alcaldía de Santiago  de  Cali,  con el que se determina que el inmueble pretendido en reivindicación  no forma parte del predio de propiedad de la accionada.     

                   En el referido  documento se indicó:   

                                             «con   los   números   de  matrícula  enviados  se encontraron predios urbanos y rurales, anexo a la presente le estoy  enviando  la  información solicitada del área urbana. Esta aparece en cada una  de  las  13  cartas  catastrales.  Para  la información de los predios rurales,  estoy  remitiendo  al  perito  Fernando  Lenin,  la  documentación  enviada por  usted»6.   

Luego  aún de aceptarse que el sentenciador  dejó  de  apreciar ese documento, era necesario para la admisión del cargo que  el  censor  acreditara  en qué forma con ese medio de persuasión se demostraba  el  hecho  que  aduce,  para establecer en qué radico el yerro del juzgador, es  decir,  porqué  si  se  hubiera  detenido  el sentenciador en el estudio de ese  elemento   de  convicción,  la  decisión  hubiera  sido  contraria  a  la  que  profirió,  pues de la simple lectura de la comunicación referida no se infiere  la conclusión a la que alude el recurrente.   

4. En consecuencia,  dado  que  el  libelo  no  satisface  los  requerimientos indispensables para un  estudio  de  fondo  de  los  cargos  formulados,  se  dispondrá su inadmisión,  declarándose desierto el recurso.   

IV. DECISIÓN  

         

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, en Sala de Casación Civil,   

RESUELVE:  

PRIMERO: INADMITIR la  demanda  presentada para sustentar el recurso de casación interpuesto contra la  sentencia  de  26  de  noviembre  de  2013, dictada por el Tribunal Superior del  Distrito Judicial de Cali, dentro del asunto referenciado.   

SEGUNDO:  DECLARAR  desierto  el  recurso  de  casación,  de  conformidad  con  el  inciso  4º del  artículo 373 del Código de Procedimiento Civil.   

  Notifíquese (2).  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

    

1 Folio  38, c. 4   

2 Folio  25, c. Corte   

3 Folio  29, c. Corte   

4 Folio  25, c. Corte   

5 Folio  215,c. 4   

6 Folio  224, c.     

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