AC7886-2014 [2009-00667-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

AC-7886-2014  

Radicación           n°  11001-31-03-023-2009-00667-01   

(Aprobado  en sesión de doce de noviembre de  dos mil catorce)   

Bogotá D. C., dieciocho (18) de diciembre de  dos mil catorce (2014).   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda presentada para sustentar el recurso extraordinario de casación  interpuesto  frente  a  la  sentencia  de segunda instancia proferida dentro del  proceso ordinario de la referencia.   

I. EL LITIGIO  

A. La pretensión  

          Luis  Eduardo, Néstor Enrique y Patricia Hernández Meneses, María  Leonor  Hernández  de  Sossa  y  Herlinda Meneses de Hernández instauraron una  demanda  contra  el  Banco Davivienda S.A. con el objeto de que se declarara que  incumplió  las  sentencias C-383, C-700 y C-747 de 1999, C-900 y C-1140 de 2000  dictadas  por la Corte Constitucional; la Ley 546 de 1999 y el fallo del Consejo  de  Estado  de 21 de mayo de 1999, al liquidar y cobrar el préstamo hipotecario  otorgado.   

          En  consecuencia,  se decretara la reliquidación total del crédito  desde  la  primera  cuota  hasta  el  último abono efectuado de conformidad los  parámetros  establecidos  por  las citadas providencias y la normativa especial  de  vivienda,  a  fin  de  determinar  el valor a reintegrar por concepto de los  cobros  de  DTF;  la  capitalización  de  intereses;  los  réditos compuestos,  dobles,  anticipados y excesivos; el monto de los estudios previos de títulos y  los rubros distintos del UPAC y la DTF que generaron excesos.   

          Adicionalmente,  pidieron  condenar  a la demandada a indemnizar los  perjuicios        ocasionados        estimados        en        $434’400.000,oo   por   concepto  de  lucro  cesante  y  1000 salarios mínimos legales mensuales vigentes a título de daño  moral, amén de declarar terminado el contrato de mutuo.   

          En  subsidio,  solicitaron  declarar que el establecimiento bancario  abusó  de  su  posición  dominante,  y  condenarla  a  resarcir los menoscabos  sufridos  por  1000  salarios mínimos legales mensuales vigentes además de una  sanción  equivalente  a  una  y  media veces los intereses capitalizados que se  cobraron.   

B. Los hechos  

2. En el pagaré No.  00787820,  las  partes acordaron que la obligación sería pagada en un plazo de  180  meses,  y  mediante  la  escritura  pública No. 1309 de 23 de mayo de 1994  protocolizada  ante  la  Notaría  16  del  Círculo  Notarial  de  Bogotá,  se  constituyó  hipoteca  sobre  el  inmueble  distinguido  con  la  matrícula No.  50C-284410.   

3.  Constituye  un  hecho  notorio  que las obligaciones pactadas en el sistema de unidades de poder  adquisitivo  constante UPAC se tornaron excesivamente onerosas como consecuencia  de  los  cobros  excesivos  en  que  incurrieron  las  entidades  financieras al  aplicarles  la  tasa  DTF,  la  capitalización  de  intereses  y la corrección  monetaria.   

4.  Tal situación  dio  lugar  a  que el saldo a capital del crédito nunca hubiera descendido; por  el  contrario,  se  incrementó  hasta  llegar a la cantidad de $178’986.507,oo para el 22 de enero de 2002,  habiéndose     realizado     pagos     por     valor     de    $252’040.805,61,  es  decir  siete  veces el  valor del desembolso.   

5.  De acuerdo con  las  sentencias  proferidas  por el Consejo de Estado y la Corte Constitucional,  los  préstamos  con  garantía hipotecaria debían ser reliquidados con base en  las   pautas   allí  señaladas,  y  los  bancos  tendrían  que  efectuar  los  correspondientes      reintegros      a      sus     deudores.      

6.  En  el  mes de  abril  de  2000,  la  obligación  fue objeto de la aplicación de un alivio por  $25’728.949,oo que se pagó  con recursos del Estado (títulos TES) y no de la demandada.   

7.   Aunque  el  mencionado  beneficio disminuyó el saldo de capital, este se incrementó en los  siguientes  meses  porque  el  crédito  no  fue depurado, ni se le abonaron los  pagos  realizados  de  conceptos  que  luego  se  declararon inconstitucionales.   

8.   El   Banco  Davivienda  no  ha  efectuado  ningún abono que corresponda a la reliquidación  compensatoria  o  de  devolución de las cantidades ilegalmente exigidas, con lo  cual ha desobedecido los pronunciamientos judiciales invocados.   

9.  Los perjuicios  materiales  inferidos  ascienden  a $275’300.000,oo   a   título   de  daño  emergente  y  $434’400.000,oo   por   concepto  de  lucro  cesante.    

C.     El   trámite   de   las  instancias   

1. En proveído de 18  de  noviembre  de 2009 fue admitida la demanda y de ellas se dispuso su traslado  a la entidad convocada al litigio. [Folio 158, c. 1]   

2.  La demandada se  opuso   a  las  pretensiones  de  su  contraparte  y  formuló  las  excepciones  perentorias          de          «improcedencia  de  la  acción  por  ausencia de capitalización de  intereses  y  de  intereses en exceso»; «imposibilidad  de  aplicar  retroactivamente los fallos de la Corte  Constitucional    citados    por   el   demandante»;  «falta   de   legitimación   en   la   causa   por  pasiva»;   «ausencia  de  responsabilidad     civil     del     Banco     Davivienda    S.A.»,  la  de  pago  «prevista  en  la  Ley  546  de  1999»   y   la   genérica.  [Folio  173,  c.  1]     

3. Mediante fallo de  16  de  octubre  de  2013,  la  juez a quo  denegó  las  pretensiones  de  la  demanda  porque  no  encontró  demostradas  las  condiciones específicas de la relación contractual objeto de  debate,  la  cual  además ya se había extinguido por novación, y en virtud de  la  improcedencia  de  aplicar  de manera retroactiva los pronunciamientos de la  Corte   Constitucional   y  el  Consejo  de  Estado.  [Folio  455,  c.  1]    

4.  Apelada  dicha  providencia,  en  sentencia  proferida  el 27 de febrero de 2014, el Tribunal la  confirmó  con  sustento en que el único procedimiento de reliquidación al que  debía  ser  sometido  el  crédito  es  el  previsto en la Ley 546 de 1999 cuyo  efecto  era  el  de  subsanar las anomalías del sistema UPAC, operación que la  entidad  bancaria  realizó,  sin  que  en  el  proceso se hubiera demostrado la  existencia  de  cobros indebidos o de irregularidades en el cálculo del alivio.  [Folio 41, c. 2]   

5.   La   parte  demandante  interpuso  el  recurso  de  casación,  que sustentó oportunamente.  [Folio 5, c. 3]   

II.  LA DEMANDA DE CASACIÓN  

La  acusación  se  erigió sobre dos cargos,  formulados  con  fundamento  en  lo previsto en el numeral 1° del artículo 368  del Código de Procedimiento Civil.   

1.  En el primero de  ellos,  se  denunció  que  la  sentencia  era  indirectamente violatoria de los  artículos  38  de  la Ley 153 de 1887 por indebida aplicación; 64 de la Ley 45  de  1990;  1,  2, 17, 19, 40, 41, 43, 44 y 45 de la Ley 546 de 1999 por indebida  aplicación,  y  6, 10, 25, 1501, 1602, 1603, 1613, 1615, 1617 regla 3ª, 1624 y  2341  del  Código  Civil  en  tanto  no  fueron  aplicadas a la solución de la  controversia.   

El  equívoco  de  hecho  consistente  en una  errada  apreciación  de  la  demanda, condujo al sentenciador -según expuso la  recurrente-  a  creer  que en ese escrito se pidió la reliquidación del alivio  otorgado  por  el  Estado  en  lugar  del  procedimiento  que  daba  lugar  a la  compensación  de  los  valores ilegalmente cobrados, por cuanto la demandada no  podía  capitalizar  intereses  hasta  tanto  el  Gobierno Nacional expidiera la  reglamentación correspondiente, lo que no ocurrió.   

De  esa  desatinada  valoración  -agregó la  casacionista-   surgió   la  consideración  del  ad  quem      relativa      a     que     «de      manera      exclusiva     y  excluyente»   la   Ley   546  de  1999  «estableció    como   mecanismos   de  solución,   únicamente   la   reliquidación   para   el  alivio»  a  pesar  de que las sentencias C-955 de  2000  y  C-1140  de  2000 que recogen los fallos C-383, C-700 y C-747 de 1999 se  pronunciaron   sobre  «la  necesidad  de  compensar  y  depurar  todo  cobro ilegal por el que los deudores  hipotecarios  hubieren  cancelado de más, lo que fue definitivamente ratificado  en     la    Sentencia    C-1140    de    2000».1      

En  la  demanda,  según  la  recurrente, era  posible  observar  que  «se  buscó  demostrar  con  las  pruebas solicitadas y practicadas que los elementos  inconstitucionales   como  la  DTF,  la  corrección  monetaria,  los  intereses  remuneratorios,  las amortizaciones a capital y en especial la capitalización a  intereses,   produjeron  un  efecto  negativo  sobre  el  crédito»2   

De  tal entidad fue el yerro cometido o falso  juicio  de  existencia -sostuvo la censura- que a causa del mismo se analizó de  manera     desacertada    el    objeto    de    la    litis    y    «la       mayoría      de      las  pruebas»,    pues    la  valoración  «se encaminó a  atacar  o  considerar  si  la  reliquidación  del alivio se había hecho bien y  conforme   a   los   parámetros   fijados   en  la  ley,  cuantos  (sic)  estaban encaminadas a demostrar que  la   falta   de   devolución   de   los   pagos  en  exceso  por  los  factores  inconstitucionales  y  la aplicación indebida de la capitalización de interese  (sic)   habían  afectado  patrimonialmente   a  mi  apoderada  (sic),     de     lo     cual     es    responsable    únicamente    la  demandada».3         

          2.  El  segundo  cargo, formulado también  con  amparo  en  la  causal  primera  de  casación,  está  soportado  sobre el  quebranto  indirecto  de  los  artículos 39, 41, 42 y 43 de  la Ley 546 de  1999  por  aplicación  indebida  y del artículo 38 de la Ley 153 de 1887, como  resultado de la equivocada valoración de las pruebas.   

          La  violación  se  atribuyó  por  haber apreciado indebidamente el  dictamen   pericial   y   los   trabajos   financieros  aportados  como  pruebas  documentales  al estimar que su objeto era la demostración de desaciertos en la  reliquidación   del   crédito   realizada,   cuando   lo   que  se  pretendía  era  «la realización de la  reliquidación  del crédito para que se diera la depuración y compensación de  lo          ilegalmente          cobrado».4   

          Al  solicitarse  la prueba pericial -indicó la impugnante- se dejó  claro    que    su    objeto    era    «reliquidar  el crédito depurando los valores que fueron pagados en  exceso  por  la  demandante,  en razón de los factores de inconstitucionalidad,  establecer  con  claridad  cuál era ese valor que se había capitalizado y cual  el   interés   que  a  tal  monto  se  debía  aplicar  para  conocer  y  tasar  monetariamente   la   responsabilidad  de  la  entidad  financiera»5, lo  que también es predicable de los estudios financieros aportados  con    la    demanda.      

          En  suma,  el  error  originado  en  la indebida valoración de esos  medios  de  convicción  -concluyó  la censura- dio lugar a que el sentenciador  hubiera  asumido  que ellas debían dirigirse a cuestionar la reliquidación del  alivio  otorgado  por  el Estado, cuando «se  trataba  de  la reliquidación de un crédito al que le habían  aplicado  factores  de  inconstitucionalidad  y  la  indebida capitalización de  intereses  por  no encontrarse reglamentada dándose así una errada aplicación  a         la         ley        sustancial».6   

III. CONSIDERACIONES  

1. De la naturaleza  extraordinaria  del  recurso  de casación, dimana que no toda inconformidad con  el  fallo permite a la Corte adentrarse en su examen de fondo, de modo que no es  aceptable  que  el recurrente exponga un simple alegato en el que apenas refleje  su  discrepancia  con  la sentencia recurrida, ni está autorizado para plantear  digresiones  abstractas  que  en  nada  afecten  la argumentación medular de la  misma,  sino  que  está  en  la  obligación  de desvirtuar las presunciones de  legalidad y acierto que acompañan aquella decisión.   

La admisibilidad de la demanda está sujeta al  cumplimiento  de  los  requisitos  expresados en el artículo 374 del Código de  Procedimiento  Civil, conforme al cual además de la designación de las partes,  del  fallo  cuestionado, de la síntesis del proceso y de los hechos materia del  litigio,  es  ineludible  la  formulación  por  separado  de  los cargos que se  esgrimen  en  contra  del  pronunciamiento  judicial,  con la exposición de los  fundamentos  de  cada  acusación,  en  forma  clara  y precisa, y no basados en  generalidades.   

La  claridad  y  precisión a las que se hace  referencia  reclama la exposición exacta y rigurosa de la causal invocada, así  como  de  las  razones  que  permitan  percibir, sin duda ni confusión, de qué  manera  el  Tribunal transgredió disposiciones legales al proferir la decisión  que se cuestiona.   

2. Cuando se acude a  la  causal  primera, el impugnante tiene la carga de poner de presente la manera  como  el  sentenciador  incurrió  en el quebranto de la ley sustancial, sin que  sea  válido hacer reproche alguno a la apreciación de los medios demostrativos  si  se  alega  la violación directa de la ley. Empero, si el ataque se encamina  por  la  vía  indirecta,  esto  es,  por  yerros  en  materia  probatoria, debe  indicarse  la forma en que se hizo patente el desconocimiento de las pruebas, es  decir,  si  la  equivocación  fue  de hecho o de derecho, y su incidencia en la  determinación reprochada.     

2.1. Al denunciar el  yerro  fáctico,  es  necesario  identificar los medios de convicción sobre los  cuales  recayó  el  equívoco  del  juzgador  o  indicar si fue la demanda o la  contestación  a  la  misma el objeto de la desacertada interpretación amén de  demostrar  de  qué  manera se generó la supuesta preterición, cercenamiento o  indebida  ponderación  material,  lo  que  deberá  explicar de tal modo que el  yerro  aparezca  como  manifiesto y haga ver que la valoración realizada por el  juzgador  resulta  absurda,  alejada  de  la  realidad del proceso o sin ninguna  justificación.   

Ha dicho la Sala que por mandato del artículo  374  del  estatuto  procesal,  la  carga  de  demostrar  el error de hecho está  asignada  exclusivamente  al  casacionista.  Sin  embargo, esa labor   «no  puede  reducirse  a  una  simple  exposición   de   puntos  de  vista  antagónicos,  fruto  de  razonamientos  o  lucubraciones  meticulosas  y detalladas, porque en tal evento el error dejaría  de   ser   evidente  o  manifiesto  conforme  lo  exige  la  ley»  (CSJ  SC,  15  Jul.  2008, Rad. 2000-00257-01; CSJ SC, 20 Mar. 2013,  Rad. 1995-00037-01).   

3. Del análisis de  los  cargos planteados en la demanda, se concluye que ninguno de ellos satisface  las  exigencias  establecidas en el ordenamiento adjetivo para su admisión, por  las razones siguientes:   

3.1. En relación con  el  primero,  deviene precaria la acusación relativa a la equivocación de tipo  fáctico  en  que  se  habría  incurrido  en  la interpretación de la demanda,  porque  la  parte  recurrente se limitó a endilgarle al sentenciador, de manera  genérica,  el  erróneo  entendimiento  de  ese  escrito  sin  precisar cuáles  apartes  específicos  de  las  pretensiones  o de los hechos que conformaron la  causa   petendi   fueron  incorrectamente  apreciados,  y  menos  aún encaminó sus esfuerzos a demostrar  que   la   forma   en   que  el  ad  quem  interpretó  dicha pieza procesal, además de haber sido absurda o  con  alteración  de  su  contenido objetivo, generó la transgresión de la ley  sustancial.   

En  efecto, al Tribunal se le endilgó que no  apreció  en  debida forma la clase de reliquidación perseguida con el proceso,  pues   -señaló  la  censura-  uno  es  el  procedimiento  establecido  en  los  artículos  40 a 42 de la Ley 546 de 1999 cuyo resultado es el reconocimiento de  un  alivio que se imputa a la obligación hipotecaria con recursos del Estado, y  otro  el  que  la  Corte  Constitucional determinó procedente en sus sentencias  C-955  y  C-1140  de  2000  para  que  los  deudores  reclamaran a las entidades  financieras  la  devolución  o  reintegro  de  los  dineros  pagados en exceso,  calculando  para  ello  todos  los  conceptos inconstitucionales que viciaron la  liquidación   del  crédito  tales  como  cobros  derivados  de  la  tasa  DTF,  capitalización  de  intereses  y  réditos  a  una tasa superior a la permitida  legalmente.   

Sin  embargo,  la  inconforme no se ocupó de  demostrar  de  un  lado  que el yerro fue manifiesto, pues no explicó de manera  precisa  y  razonada  en  que  radicó  concretamente  la  disparidad  entre  la  interpretación  que  efectuó  el juzgador y el contenido exacto de la demanda,  identificando  los  apartes  de la misma que se valoraron de manera contraria al  sentido  y  alcance  que  con  claridad  absoluta  se  desprendían  de lo allí  consignado,  pues efectuó un planteamiento de carácter general; y de otro, que  la  errónea ponderación del libelo acarreó el desconocimiento de los derechos  subjetivos  reconocidos  por  las normas de derecho sustancial correspondientes.   

De  lo  anterior se colige que no probó, tal  como  le  era  exigido,  que  el  sentenciador  incurrió  en yerro que amén de  evidente  o  manifiesto,  innegablemente  trascendió  a  la  forma  en  que fue  resuelto  el  litigio  a  tal  punto  que de no haber mediado aquel, se hubieran  reconocido los derechos subjetivos invocados por los demandantes.   

La argumentación,  además,   se   estructuró   como   un   alegato  de  conclusión,   de   suyo   ajeno   a   esta  sede  extraordinaria,  lo  que se refleja en las extensas apreciaciones de la recurrente  consignadas  a  manera  de  demostración  del  cargo,  en  las  que  se dedicó a  hacer  un análisis de las sentencias proferidas por la Corte Constitucional que  -aseveró-  apoyaban  su  tesis        y  proporcionaron  la  auténtica  hermenéutica  de la Ley 546 de 1999 en cuanto al  derecho  a  reclamar  la  devolución  de  las sumas de dinero canceladas en las  obligaciones   hipotecarias   por   conceptos   que   ese   órgano   consideró  inconstitucionales,  y a cuestionar el proceder de la  parte  demandada  en  cuanto  a  la  aplicación  de  las  normas  legales y las  providencias   de  control  de  constitucionalidad  que  se  pronunciaron  sobre  este     tipo     de  préstamos.   

En  esa  disertación,  la  censura  no hizo  notorio  el  yerro fáctico  denunciado  de  un modo tan  claro     y     preciso    que    la    conclusión  presentada  en  el reproche  necesariamente  se  erigiera  en  la única admisible frente a la inteligencia de la  demanda.    

3.2.  El otro cargo  propuesto   también   presenta  deficiencias  de  estructuración  que  impiden  admitirlo   para   efectuar  el  estudio  de  fondo  de  las  acusaciones  allí  planteadas,   pues   en   relación   con   los   componentes  del  material  de  convencimiento  respecto  de los cuales se denunció su indebida valoración, es  decir,  el  dictamen  pericial  y  los  estudios  financieros  aportados  con la  demanda,  la  impugnante  no efectuó el análisis que, de modo indefectible, se  imponía  realizar como sustento de la crítica, consistente en una comparación  o  contraste  entre  las  conclusiones  de  orden  fáctico  a las que llegó la  corporación  judicial al analizar esas probanzas con lo que objetivamente ellas  revelaban,  pues  no  se  dio  a  la  tarea de explicar uno a uno los hechos que  demostraban,  proceder  con  el  que  omitió  dejar  al  descubierto  que tales  inferencias  resultaban  absurdas,  siendo  las planteadas en el recurso las que  debieron  acogerse  para resolver la litis.   

No  colocó  en  evidencia  -seguidamente- la  forma   en   la  que  los  yerros  atribuidos  al  ad  quem   dieron   lugar   al   quebranto  de  preceptos  sustanciales,  tal  como  lo  previene el artículo 374 del estatuto procesal al  erigir      la      demostración     del     desacierto     de     facto  en  requisito formal de la demanda  de  casación,  y ni siquiera analizó separadamente cada prueba respecto de las  cuales  alegó  la comisión del enunciado yerro, indicando de manera puntual lo  que  debió  extraerse  de cada una, contraponiéndolo a las consideraciones del  Tribunal que se acusaron de erradas.   

La  sustentación  de  este  cargo siguió la  línea  discursiva del primero en el planteamiento de alegaciones propias de las  instancias  del litigio, formuladas en pos de fortalecer el argumento relativo a  la  existencia  de un procedimiento de reliquidación distinto al establecido en  la  ley  de vivienda, dispuesto por la Corte Constitucional al interpretar dicha  normatividad  por  cuya  realización  abogó  al promover el proceso, lo que se  distancia  de  la  técnica del recurso extraordinario en cuanto al cumplimiento  de  la  carga  de  exponer  los  fundamentos  de  la acusación de forma clara y  precisa.   

En  el  desarrollo  del  cuestionamiento, la  impugnante        no        demostró,  entonces,  la  existencia  de  desaciertos fácticos         que         alcanzaran la  entidad   suficiente   para   ser   catalogados   como   ostensibles y trascendentes.    

4.  Por las razones  que  se  han  dejado consignadas, se inadmitirá la demanda y, por consiguiente,  se declarará la deserción del recurso.   

IV. DECISIÓN  

         

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, en Sala de Casación Civil,   

RESUELVE:  

PRIMERO:  DECLARAR  INADMISIBLE    la   demanda   presentada   para   sustentar   la   impugnación  extraordinaria  interpuesta contra la sentencia de veintisiete de febrero de dos  mil  catorce,  proferida  por  la  Sala  Cuarta  Civil de Decisión del Tribunal  Superior    del    Distrito    Judicial    de   Bogotá,   dentro   del   asunto  referenciado.   

SEGUNDO:  DECLARAR  desierto  el  recurso  de  casación,  de  conformidad  con  el  inciso  4º del  artículo 373 del Código de Procedimiento Civil.   

En su oportunidad, devuélvase el expediente a  la corporación de origen.   

  Notifíquese.  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

1 Folio  19, c. 3.   

2 Folio  23, c. 3   

3 Folio  25, c. 3.   

4 Folio  28, c. 3.   

5 Folio  31, c. 3.   

6 Folio  34, c. 3.     

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