AC7894-2014 [2009-00024-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

Magistrado Ponente  

AC7894-2014  

Radicación   n.°  76001-31-10-008-2009-00024-01   

(Aprobado  en  sesión  de 5 de noviembre de  2014).-   

Bogotá, D. C., diecinueve (19) de diciembre  de dos mil catorce (2014).-   

Procede   la   Sala  a  decidir  sobre  la  admisibilidad  del libelo presentado para sustentar el recurso extraordinario de  casación  que  la  demandante,  señora  AIDA ÁLVAREZ  MORENO,  interpuso  frente a la sentencia proferida el  22  de  abril  de  2013  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali,  Sala  de  Familia,  en  el  proceso  ordinario  que ella adelantó en contra del  señor   LUIS  FELIPE  MORENO  MULFORD  y los HEREDEROS  INDETERMINADOS del causante Luis  Jesús Moreno Roa.   

ANTECEDENTES  

1.            En  la  reforma integrada de la demanda,  que  obra  del  folio  161  al  169  del  cuaderno  principal,  se solicitó, en  síntesis,  declarar  que entre la actora y el señor Luis Jesús Moreno Roa, ya  fallecido,  existió  una unión marital de hecho desde el 24 de abril de 2003 y  hasta  el  27  de  junio  de  2008,  así  como  la  consiguientemente  sociedad  patrimonial entre compañeros permanentes.   

2.            El  Juzgado Octavo de Familia de Cali le  puso  fin  a  la  primera instancia con sentencia del 12 de junio de 2012, en la  que  negó  el  acogimiento  de  la  excepción meritoria propuesta por la parte  demandada,  accedió  a la pretensiones de la actora y condenó al señor Moreno  Mulford al pago de las costas del proceso (fls. 376 a 392, cd. 1).   

3.             El   Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cali,  Sala  de  Familia,  al  desatar la apelación que contra el  memorado  fallo propuso el demandado determinado, en el suyo, que data del 22 de  abril   de   2013  (fls.  71  a  83  vuelto,  cd.  5),  adoptó  las  siguientes  determinaciones:   

PRIMERO:  REVOCAR  la  sentencia  n.°  147  del  12  de  junio de 2012,  dictada  por  el  Juzgado  Octavo de Familia de Cali dentro de proceso ordinario  propuesto  por  Aida  Álvarez  Moreno en contra de los herederos determinados e  indeterminados  de  Luis Jesús Moreno Roa, la que quedará como a continuación  se especifica.   

SEGUNDO:  DECLARAR  no  probada  la  excepción de fondo propuesta por la  parte demandada.   

CUARTO:  NEGAR    las    demás    pretensiones    de    la  demanda.   

QUINTO:  ORDENAR  el  levantamiento  de las medidas cautelares  decretadas y practicadas en el presente asunto.   

SEXTO:  CONDENAR  en  costas  al demandado Luis Felipe Moreno  Mulford en el 50% (…).   

4.            Inconforme  con ese proveído, la actora  lo  recurrió  en casación, impugnación que sustentó con la demanda objeto de  este pronunciamiento.   

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

Sobre  la  base  de  que  el  juzgado  del  conocimiento  fincó  la decisión estimatoria que emitió, en las versiones que  integran  uno  de  los  grupos  de  testigos  existente  en  el  proceso,  en la  declaración  extra proceso rendida por la accionante y el señor Moreno Roa, en  el  material  fotográfico allegado y en el hecho de que la pareja compró   mancomunadamente  un  predio,  el  Tribunal encaminó su estudio a establecer si  con  esas  pruebas, en  verdad, se acreditó la unión marital de hecho que  esa  autoridad  reconoció,  análisis  que  efectuó  en  los  términos  que a  continuación se extractan:   

1.            En  relación  con  los  testimonios del  referido  grupo de declarantes, esto es, los que apoyaron la postura de la aquí  accionante,  conformado por los señores Berta Moreno de Álvarez, María Moreno  Marín,  Lorena  Álvarez  Marín,  Benjamín  Moreno  Marín,  Guillermo  Uribe  Romero,  Manuel  Llano  Arias y Marta Enriqueta García Burbano, el ad quem observó:   

1.1.                Presentan       “fisuras,  (…),  no  sólo por las contradicciones internas, es  decir,  las  que  surgen  dentro  de  una misma declaración, de sus evasivas al  momento  de  responder,  amén  de declarar sobre hechos de los que nunca fueron  testigos,   lo   que   aceptaron   directa  o  implícitamente  en  sus  propias  declaraciones;  sino  también  por lo divergente entre sus afirmaciones con los  hechos  de  la  demanda y lo dicho por uno y otro testigo, a la que no fue ajena  la  misma  demandante  en  el  interrogatorio  de parte que absolvió en primera  instancia”.   

1.2.           No son demostrativos de la existencia de  la   referida   unión   marital   sino  que,  por  el  contrario,  “conducen  a dudar” sobre la veracidad  de ese vínculo, por las siguientes razones:   

1.2.1.           La   mayoría  de  los  deponentes  no  informaron  la razón de su dicho y los que lo hicieron -Lorena Álvarez Moreno,  Benjamín   Moreno  Marín  y  Marta Enriqueta García Burbano-, dejaron en  claro  que  su  conocimiento lo derivaron de los comentarios que les hicieron la  actora, su progenitora u otras personas.   

1.2.2.          Es notoria la disparidad de las fechas de  inicio y terminación de la relación de pareja, que indicaron.   

1.2.3.          Guillermo  Uribe  Romero  y Manuel Llano  Arias  trataron  a  los  señores  Álvarez  Moreno  y  Moreno  Roa solamente en  actividades sociales.   

1.2.4.          Las  testigos  Berta Moreno de Álvarez,  María  Moreno  Marín y Lorena Álvarez Moreno no precisaron cuándo efectuaron  las  visitas  a  la  casa  del  señor Moreno Roa que relataron, pues si bien es  verdad        se       refirieron       al       mes       de       “diciembre”,  no  indicaron  de  qué  año.   

1.2.5.                  Es          “sospechoso  que  los  miembros de un familia que se aseguró muy  unida,  mencionen  que  una  de  sus  miembros hubiese contraído matrimonio con  Moreno  Roa, cuando ello no ocurrió, o que se hubiese separado legalmente de la  misma   persona  con  la  intervención  de  un  abogado,  cuando  ello  tampoco  sucedió”.   

1.2.6.           Ninguno  de  los  declarantes  refirió  “cómo  era  la  relación  de  pareja,  su  diario  acontecer,  ni  la escenificó, salvo decir de que allí ocurrió, en la casa de  Moreno Roa”.   

1.2.7.          Pese  a  que  algunos de los testigos se  refirieron  con  amplitud  a  la  colaboración  de la actora en el desarrollo y  crecimiento  de los negocios del citado causante, los que lo hicieron admitieron  que   “tuvieron   conocimiento  de  ello  por  las  conversaciones  que  escuchaban  a  la  demandante  y  su  pretendido compañero  permanente  o  porque  la demandante así se los había informado”.   

2.            Fue  negativo  para la actora, en primer  lugar,  que  en  la reforma de la demanda, hubiese modificado la fecha de inicio  de  la  unión  marital,  “corriéndola  de 1997 al  2003,  pero  insistiendo  en que la pareja conviv[ió] desde 1997”;  y,  en  segundo término, que encaminara su actividad probatoria,  en  buena medida, a comprobar su colaboración en la instalación de la sucursal  Cartagena  de  la empresa del señor Moreno Roa y no su vida de pareja con dicho  causante.            

3.            De  las  declaraciones  que conforman el  otro  grupo  de  testigos,  rendidas  por  los señores Patricia Estrada Gómez,  Julio  César  Cely  Barrera,  Orlando Montilla Bolaños, Jorge Alberto Cáceres  Moreno,  Gustavo  Muñoz Díaz y Óscar Eduardo Cáceres Moreno, se desprende la  acreditación de los siguientes hechos:   

3.1.           Luis  Jesús  Moreno  Roa  “tuvo  una relación de noviazgo entre 1997 [y] (…) 2003 con la  médica Patricia Estada”.   

3.2.           Similar  vínculo  -noviazgo-  existió  entre   la   accionante   y   el   mencionado  causante,  el  cual  “culminó    a    finales    de    2004   o   a   principios   de  2005”.   

3.3.          La  señora Álvarez Moreno “sólo  fue  de  manera  ocasional a la empresa C.M.I., de la que  era  socio Moreno Roa, y no participó nunca en ninguna actividad administrativa  o directiva” de la misma.   

3.4.           El  nombrado  Moreno  Roa  “vivió        en        el        condominio:       ‘Colinas  de  Arroyohondo’  sin  compañía, salvo la encargada  del servicio doméstico”.   

Respecto  de esas declaraciones, el Tribunal  añadió  que  “su  credibilidad  (…)  no  se  ve  minada”  por  el  hecho de que parte de los testigos  mantuvieron  vínculos laborales con el presunto compañero y los restantes eran  parientes  suyos,  puesto que, precisamente, en razón de esas relaciones, ellos  “estuvieron  muy  cerca, hasta donde el propio Luis  Jesús  Moreno  Roa  lo  permitía, de su acontecer personal por interactuar con  él,  no  sólo  en  el lugar común de trabajo, sino en la casa misma del ahora  fallecido,  de  tal  manera  que  de  forma  directa  y no a través de terceras  personas  conocieron  de  los  hechos  sobre  los  que declararon”.   

4.            En  procura  de  la  comprobación de la  unión    marital    de    hecho    materia    de   la   acción,   “poco  o  nada”  aportó “la  declaración  extra-procesal  que conjuntamente rindieron la  demandante  y  Luis  Jesús  Moreno  Roa  el 13 de mayo de 2004 ante la Notaría  Quinta  del Círculo de Cali”, toda vez que ella tuvo  como  única  finalidad  “evitar que a la demandante  se  le  negara  una  visa para un viaje al exterior”,  que   efectivamente   realizó  conjuntamente  con  aquél,  situación  que  se  acreditó  con  las  certificaciones militantes a folios 24 y 25 de cuaderno No.  6,  sin  que,  además, se aprecie ninguna coincidencia en la fecha que contiene  dicha  declaración como de inicio de la convivencia de ellos dos (2002), con la  alegada  por  la  propia  actora (1997) o con las referidas por los testigos que  declararon a solicitud de esta última.   

5.            La  adquisición conjunta de un bien por  parte   de   los   señores   Álvarez   Moreno   y   Moreno   Roa  “no  es  necesariamente  indicativa de convivencia”.   

6.             Las   fotografías   obrantes   en  el  expediente   “carece[n]  de  los  más  elementales  soportes  testimoniales  (…)  para  determinar  qué personas aparecen en esos  documentos,  cuándo,  porqué  y  en  dónde  fueron  tomadas,  y  aunque  así  estuviera  establecido,  ellas  no revelan fuerza demostrativa de la convivencia  durante  el  lapso  que  ha  alegado  la demandante”.   

7.            Validan lo expuesto, las certificaciones  del  “Club  Farallones”,  expedida  el  2  de  enero  de  2013,  conforme  la  cual  el  señor Moreno Roa  “tuvo  como  sus  beneficiarios  (…) desde 1999 a  Patricia  Estrada  Gómez  como  cónyuge  y  a  Luis Felipe Moreno Mulford como  hijo”;     y     la     de     la    “Parcelación  Colina de Arroyohondo”,  fechada  el  21  de  diciembre  de  2012,  en  la  que  se  indicó  que  aquél  “(…)  ‘…NO    residió    permanente   con   ninguna   persona,   vivía  solo,…’  (…)”.   

8.            En  definitiva,  el  Tribunal concluyó:   

(…) quedando sin  piso  la  sentencia  apelada  al  quedar  derribados  los  dos  pilares  que  la  sostenían,  es  decir, la credibilidad de los testigos que apoyaban la tesis de  la  demanda  y  la  capacidad  probatoria de la declaración extra-proceso antes  analizada,  así  como  la  adquisición  de  un  predio en común y el material  fotográfico  incorporado al proceso, lógico resulta colegir que ello conduce a  que  se  revoque  la  decisión  cuestionada, para en su lugar, por así haberlo  aceptado  el  demandado  al  contestar  la demanda, declarar que entre la pareja  Álvarez-Moreno  existió una unión marital de hecho entre el 1º de febrero al  31  de  diciembre de 2004 y negando las demás pretensiones de la demanda con la  consecuente  condena  en  costas  al  demandado  en el 50% de ambas instancias y  ordenando   el  levantamiento  de  todas  las  medidas  cautelares  ordenadas  y  practicadas en este asunto.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Contiene dos cargos, que admiten el siguiente  compendio:   

CARGO PRIMERO  

En   desarrollo   de   la  acusación,  se  expuso:   

1.                   El   demandado  determinado,  en  el  interrogatorio  de  parte  que  absolvió,  confesó  que  ya  tramitó  el  proceso  de sucesión de su difunto  padre,  circunstancia que es constitutiva de “fraude  procesal”,  como  quiera  que   no  esperó  la  definición  de  la presente controversia y, por lo mismo, que se determinara si  existían   otros   interesados   con   derecho   a   intervenir  en  esa  causa  mortuoria.   

2.                   Pese      a      la      existencia      de      la     “declaración   juramentada”  rendida  por  los señores Álvarez Moreno y Moreno Roa, el Tribunal no tuvo en cuenta la  fecha  que  ellos  allí  indicaron  como  de inicio de su convivencia, sino que  reconoció  la  unión  marital de hecho reclamada, a partir cuando el convocado  la admitió.   

3.                   El censor a continuación adujo:   

3.1.                  Luis  Felipe  Moreno  Mulford  no desconoció la indicada relación,  sino simplemente le restó tiempo a su finalización.   

3.2.                  La   declaración   rendida   por  Orlando  Montilla  Bolaños,  que  reprodujo   en  parte,  “para  nada  (…)  permite  asegurar  que  el  señor  LUIS JESÚS MORENO ROA no convivió con la demandante  AIDA ÁLVAREZ MORENO”.   

3.3.                  Los  testimonios  de  Julio  César  Cely  Barrera  y  Jorge Alberto  Cáceres  Moreno,  complementados  con  los  de  Gustavo  Muñoz  Díaz y Óscar  Eduardo  Cáceres Moreno, “tienen en común el haber  declarado  que  el  señor  LUIS  JESÚS MORENO ROA era muy receloso con su vida  privada”,  en pro de lo cual el censor reprodujo los  apartes   de   ellos   de   los   que,   en   su   concepto,   se   infiere  esa  convicción.   

3.4.                  El  Tribunal  no  tuvo  en  cuenta  que el último de los deponentes  arriba  mencionado,  “era  socio  minoritario en la  sociedad  C.M.I.  y  que  (…) tenía (…) interés directo en las resultas de  este proceso”.   

4.                   El  recurrente  se  ocupó luego de las declaraciones mencionadas en  la  introducción  del  cargo, de las cuales reprodujo los segmentos que estimó  pertinentes y observó:   

4.1.                     “La  señora PATRICIA ESTRADA GÓMEZ,  no  conoció  a la señora AIDA ÁLVAREZ y su relación con el señor MORENO ROA  terminó  en  el año 2002, por lo tanto se trata de una relación añeja que no  aporta  el norte que [le] pretenden dar en la decisión de segunda instancia los  Honorables  Magistrados  del  Tribunal  Superior de Cali y en nada desvirtúa la  declaración  juramentada  que  en  vida  ofreció  el señor LUIS JESÚS MORENO  ROA”.   

4.2.                  El  señor  Julio  César  Cely  Barrera  solamente indicó que tuvo  “una  vinculación  laboral  con  la empresa C.M.I.  LTDA.  No  le  constan (sic)  ni  tiene  familiaridad  alguna  con el señor LUIS JESÚS MORENO ROA o [con] la  señora AIDA ÁLVAREZ MORENO, (…)”.   

4.3.                  La  declaración  del  señor Orlando Montilla Bolaños “es              estrictamente             laboral”.   

4.4.                  El   señor   Jorge   Alberto   Cáceres   Moreno   es  “sobrino  del señor MORENO ROA, primo del demandado y quien poco  aport[ó]   en   relación   con   lo  que  interesa  al  proceso”.   

4.5.                  Gustavo   Muñoz   Díaz   y   Manuel  Guasamaya  eran  “igualmente  trabajador[es]  de  la empresa y no le[s] consta los  asuntos   relacionados   con  la  vida  sentimental  de  su  jefe”.   

5.                   Por  aparte, el censor advirtió que las declaraciones practicadas a  petición  del  accionado,  “no  constituyen prueba  plena  suficiente  para  desacreditar  los  hechos  de la demanda”,    puesto   que   en   ellas   no   se   expusieron   “las  circunstancias  de  tiempo  en  que  se  d[io]  inicio a la  relación  entre  AIDA  ÁLVAREZ  MORENO y LUIS JESÚS MORENO ROA”,  ni  se  señaló  la  fecha de su terminación. Añadió que esas  versiones  son incompletas, “guardan contradicciones  entre    sí”    y    tiene    como   “génesis,  la declaración ofrecida por el demandado LUIS FELIPE  MORENO  MULFORD  y  la  relación de LUIS JESÚS MORENO ROA con PATRICIA ESTRADA  GÓMEZ”.   

6.                   Puntualizó,   además,   que  ninguno  de  los  testimonios  atrás  comentados  desvirtuó  “la declaración juramentada  del  señor  LUIS JESÚS MORENO ROA, a la cual se le ha valorado caprichosamente  dándole  unos  alcances  que  no tiene”.           

CARGO SEGUNDO  

Soportado  también  en  la  primera de las  causales  de  casación,  el  recurrente  reprochó que la sentencia cuestionada  infringe  el  artículo  2º  de  la Ley 54 de 1990, como quiera que el Tribunal  cometió   “error   de   derecho  respecto  de  la  DECLARACIÓN EXTRAPROCESAL”.   

La    acusación   es   del   siguiente  tenor:   

(…)  sabido  es que el error de derecho,  respecto  de la apreciación de las pruebas, se configura en la apreciación, en  la  sentencia  de  una prueba obtenida en forma debida, conforme lo manda la ley  procesal  civil,  la  cual  obra como prueba de la [s]ociedad [p]atrimonial y el  criterio  que  tiene  la  [l]ey  para  constituirla que parte de una presunción  legal:   

a)  Cuando  existe  una  unión marital de  hecho  por un lapso no inferior a dos años, sin impedimento legal para contraer  matrimonio.   

b)  Cuando existiendo impedimento respecto  de  uno o ambos compañeros, que la sociedad se haya disuelto o liquidado por lo  menos   un   año   antes   de   la   fecha   en   que   se  inició  la  unión  marital.   

El marco teórico de la cuestión debatida  en  cuanto  la  existencia de la sociedad patrimonial, se tiene que es claro que  las  pruebas  arrimadas  al  proceso por la parte actora cumplen con el deber de  probar  los  supuestos  de  hecho en los cuales se fundamenta su pretensión, de  conformidad  con  el  principio  de  la  carga  de  la  prueba  consagrado en el  artículo  177  del  Código  de Procedimiento Civil, aunadas a las obtenidas de  manera   oficiosa,  permitían  obtener  un  fallo  de  fondo  aplicándose  los  principios  contenidos  en las sentencias C-075 de 2007, C-811 de 2007, T-856 de  2007,  C-336  DE 2008, C-798 de 2008, T-1241 de 2008 y C-029 de 2009 de la Corte  Constitucional  que  han  dado  un vuelco importante a los conceptos de familia,  frente  a  la duración de [é]sta en el tiempo, ampliando el concepto de que no  es  necesario  tampoco  una convivencia de 24 horas diarias, dándole prelación  al  principio  de  compromiso  de  pareja, a su solidaridad, apoyo, ayuda mutua,  procreación, etc.   

Por  todo  lo expuesto, ruego revocar, muy  respetuosamente  la  sentencia  proferida  por  la  SALA DE FAMILIA del TRIBUNAL  SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE CALI.   

CONSIDERACIONES  

1.           Toda  demanda de casación debe contener  “por  separado (…) los cargos contra la sentencia  recurrida,   con   la   exposición  de  los  fundamentos  de  cada  acusación,  en     forma     clara    y    precisa”  (numeral  3º,  artículo 374, C. de  P.C.; se subraya).   

2.               De      esa     exigencia     se  desprende:   

2.1.          Que  el  libelo  en  mención,  debe ser  “perceptible  por  la  inteligencia  sin  duda  ni  confusión”,  “exact[o],  riguros[o]”     y    contentivo    de    “los  datos   que   permitan”  individualizar    cada    acusación    “dentro  de  la  esfera  propia  de  la  causal  que  le sirve de  sustento”   (CSJ,   SC  del  15  de  septiembre  de  1994).   

2.2.                  Que  el  recurrente,  en  todos  los  cargos  que proponga, indique,  “como  mínimo,  (…)  la causal  del  artículo  368  del  Código  de  Procedimiento Civil en que se respalda y,  consonantemente,  sustent[e]  la acusación, lo cual no puede hacer de cualquier  manera  y,  mucho  menos,  de una que se asimile a un alegato de instancia, sino  con  indicación puntual y explicación suficiente de  las  específicas  trasgresiones  de  la  ley  -sustancial  o  procesal-  en que  incurrió  el  sentenciador  al  proferir el fallo cuestionado, y exponiendo los  planteamientos  que  sirven  al  propósito  de  demostrar  los  yerros  que  se  imputen,  de  donde los argumentos que se esgriman no  pueden  quedarse  en  meras generalizaciones, o afianzarse en la totalidad de lo  acontecido  en  el  litigio,  o aludir globalmente a lo probado en el proceso, o  reprochar  de  forma abstracta las decisiones adoptadas, o limitarse a presentar  la  visión  personal  que  el  recurrente  tenga  de la plataforma fáctica del  litigio,  actitudes  todas  que  harán  inadmisible  la acusación que en tales  condiciones  se formule” (CSJ, auto del 26 de octubre  de 2012, Rad. No. 2003-00723-01).   

2.3.                  Y   que   los   reproches  que  se  formulen,  guarden  “estricto  ceñimiento a las razones o  fundamentos  del  fallo impugnado, porque lógica  y  jurídicamente debe existir cohesión entre el ataque o  ataques   contenidos   en  la  demanda  de  casación  y  la  sentencia  del  ad  quem   (…).  El recurso de casación -ha dicho  la  Corte-  ‘ha de ser en  últimas  y  ante la sentencia impugnada, una crítica  simétrica de consistencia tal que, por mérito de la  tesis  expuesta  por  el  recurrente  de  manera  precisa,  y  no por intuición  oficiosa  de la Corte, forzoso sea en términos de legalidad aceptar dicha tesis  en  vez  de las apreciaciones decisorias en que el fallo se apoya…’  (Cas.  civ.  de 10 de septiembre de  1991).  (…).  La  simetría de la acusación referida por la Sala en el aparte  anterior,  debe  entenderse no solo como armonía de la demanda de casación con  la   sentencia   en   cuanto   a   la  plenitud  del  ataque,   sino  también  como  coherencia lógica y  jurídica,  según se dejó visto, entre las razones expuestas por el juzgador y  las  propuestas  por  el  impugnante,  pues  en  vano resulta para el éxito del  recurso  hacer  planteamientos  que  se  dicen  impugnativos,  por pertinentes o  depurados   que   resulten,   si  ellos  son  realmente  extraños  al  discurso  argumentativo  de  la  sentencia,  por desatinada que  sea,     según     el    caso”    (CSJ,        SC        del  10 de diciembre de 1999, Rad.  No. 5294;  se subraya).   

3.           En tratándose de la violación indirecta  de  la  ley  sustancial,  es  obligación  del inconforme puntualizar si ello se  debió  a  error de hecho o de derecho, vicios que pese a estar relacionados con  la  apreciación  de  la  pruebas, difieren en la medida que el primero apunta a  establecer  si el sentenciador respetó o no la materialidad y la objetividad de  los  medios  de  convicción,  en tanto que el segundo atañe con el acierto del  juzgador  al  ponderarlos jurídicamente, principalmente, en aspectos tales como  su     aportación     o     solicitud,     decreto,     práctica    y    valor  demostrativo.   

Así  las  cosas,  cuando  de esta clase de  quebranto  se  trata,  el  censor  debe precisar, con toda claridad, si el yerro  imputado  al  sentenciador  de instancia fue de hecho o de derecho, supuestos en  los  cuales,  para  el  primero,  le corresponde puntualizar la preterición, la  suposición  o  la  alteración  del  medio  de  convicción en que incurrió el  Tribunal  y,  para  el segundo, especificar el equivocado juicio que en el campo  demostrativo  él  cometió,  con explicación de la violación de las normas de  disciplina probatoria que vulneró.   

Ahora  bien, de acudirse a la primera clase  de  tales errores, el recurrente debe especificar tanto los elementos de juicio,  como  los  apartes  de  ellos,  sobre  los  que recayó el desatino del operador  judicial,  explicar  suficientemente el respectivo yerro cometido y, sobre todo,  demostrarlo,  “laborío  que  reclama  la   singularización   de   los   medios   probatorios     supuestos    o    preteridos;    su    puntual    confrontación  con las conclusiones que de ellos extrajo -o debió  extraer-    el    Tribunal    y   la   exposición   de   la  evidencia  de  la  equivocación,      así      como      de     su  trascendencia      en      la      determinación  adoptada”  (CSJ SC del 23  de marzo de 2004, Rad. n.° 7533; se subraya).   

Y en lo que atañe con el error de derecho,  la  Corte  siempre  ha reprochado que se pase por alto  “que   en   esta  clase  de  ataque,  ‘…el     censor     no  sólo  debe indicar qué norma de estirpe probatoria infringió  el  Tribunal,  sino  también  determinar  cómo fue que esa norma probatoria se  violó  para así continuar en su discurso combativo,  con  la  violación  de la norma sustancial, bien por aplicación indebida o por  falta  de  aplicación”, y señalado que   “[e]sta  regla  técnica,  que  incluso  en  caso de ser incumplida obliga al rechazo del  cargo,  se  halla de manera expresa contemplada en el  último  inciso  del  artículo  374 del Código de Procedimiento Civil que a la  letra  dice:…  (cas.  civ.  de  4  de abril de 2001, Exp. 6366)”  (CSJ SC del 1º de octubre de 2004, Rad.  n.° 7560; se subraya).   

4.           La  mención  de las formalidades atrás  advertidas  obedece  a  que  las  acusaciones examinadas no las satisfacen, como  pasa a dilucidarse:   

4.1.          Resulta  patente  que  ninguna  de ellas  cumple    el   requisito   de   exponer   sus   fundamentos   con   claridad   y  precisión.   

4.1.1.            En los dos cargos, el recurrente  omitió  puntualizar  si  el  quebranto  de  la  ley  sustancial  que denunció,  acaeció en forma directa o indirecta.   

4.1.2.              De entenderse que la infracción  se  produjo de la segunda manera -indirecta- y que ella, en el inicial reproche,  fue  consecuencia  de  la comisión de errores de hecho, el censor se abstuvo de  especificar  si tales desatinos consistieron en la preterición, tergiversación  o  suposición  de  la  demanda, de su contestación o de algunas de las pruebas  del proceso, dejando así indefinidos los defectos que imputó.   

4.1.3.            Mayor confusión ofrece el cargo  segundo,  pues,  como  se  infiere  de  su  simple  lectura, es ininteligible y,  adicionalmente,  por  ninguna  parte  contiene  explicación  de  la  que  pueda  deducirse  en  qué  consistió  y  cómo  se produjo el error de derecho que le  atribuyó al sentenciador de instancia.   

4.2.             Las  dos  acusaciones,  incluso,  conjuntándolas,  son  incompletas y desenfocadas, toda vez que no controvierten  los   genuinos   fundamentos   de  la  sentencia  del  Tribunal,  como  sigue  a  verse:   

4.2.1.            El  ad  quem, para adoptar las determinaciones con las que les  puso  fin al presente proceso, adujo, en concreto, que la actora no demostró la  unión marital de hecho cuyo reconocimiento solicitó, puesto que:   

a)           Los testimonios rendidos por los señores  Berta  Moreno  de  Álvarez,  María  Moreno  Marín,  Lorena  Álvarez  Marín,  Benjamín  Moreno  Marín,  Guillermo  Uribe  Romero, Manuel Llano Arias y Marta  Enriqueta  García  Burbano (primer grupo de testigos),  no sirven para tal  propósito,  en  la  medida  que  acusan  contradicciones  entre sí y con otros  medios  de  convicción;  la  mayoría  de  los declarantes omitieron indicar la  razón  de su dicho y los restantes son de oídas; carecen de armonía en cuanto  hace  a  las  fechas de inicio y terminación de la relación que sostuvieron la  actora  y  Luis  Jesús  Moreno  Roa;  no  informaron  sobre  las  condiciones y  características  de  la  vida  en  común  de  dicha pareja; los señores Uribe  Romero  y  Llano  Arias  únicamente  trataron  a  sus  integrantes  en  eventos  sociales;  las  tres  primeras  deponentes  no  precisaron  la  época en la que  estuvieron  en  la  casa  del  nombrado  causante; y los familiares de la actora  desconocieron  la  realidad,  pues  ella jamás contrajo nupcias con su presunto  compañero,  ni se separó legalmente de él, menos, con la ayuda de un abogado.   

b)           La actora, al reformar la demanda, pese a  que  insistió  en  que su convivencia con el señor Moreno Roa empezó en 1997,  corrió  la  fecha  de  inicio  de  la unión marital de hecho cuya declaración  reclamó, para el año 2003.   

c)           A  su  turno, la demandante encaminó su  actividad  probatoria  primordialmente  a demostrar la ayuda que brindó para el  montaje  y  funcionamiento  de  la  sucursal  Cartagena de la empresa del señor  Moreno Roa y, por ello, no comprobó su vida en pareja con éste.   

d)           La  declaración  extra  proceso rendida  tanto  por  la  promotora del litigio, como por el señor Luis Jesús Moreno Roa  en  la  Notaría  Quinta de Cali, el 13 de mayo de 2004, tuvo como fin exclusivo  que  no  le  negaran  a  aquélla  la  visa  para que los dos pudieran viajar al  exterior, como en efecto lo hicieron.   

e)           La adquisición conjunta por ellos dos de  un bien inmueble, no es demostrativa de que convivieran.   

f)           No  hay  elementos  de juicio que sirvan  para  identificar  las  personas que aparecen en las fotografías allegadas como  prueba  al  expediente,  ni  los  lugares  y  la época en donde y cuando fueron  tomadas,  amén  que  ellas,  por  sí  solas, no son idóneas para acreditar la  convivencia de los señores Álvarez Moreno y Moreno Roa.   

4.2.2.              Como  argumentos  de  refuerzo  esgrimió  que las versiones conformantes del otro grupo de testigos, dejaron en  claro  que  el  vínculo  que  existió entre la aquí accionante y el ya tantas  veces  nombrado  señor  Moreno Roa fue de noviazgo y tuvo lugar después de que  finalizara  una  relación  similar  que aquél tuvo con Patricia Estrada Gómez  entre  1997 y 2003, esto es, durante el transcurso del año 2004, pues concluyó  al   cierre   del  mismo  o  a  principios  del  siguiente;  que  el  mencionado  de cujus siempre vivió solo  en  su  residencia; y que hasta su muerte, mantuvo registrada en el “Club  Farallones” como beneficiaria,  a  título  de  cónyuge,  a  Patricia  Estrada  Gómez.       

4.2.3.             En  contraste,  el  recurrente,  aunque  con  las  deficiencias  ya advertidas y las que adelante se reseñarán,  limitó  su  actividad  impugnativa  a  cuestionar,  en  el  cargo  primero,  la  apreciación  que  el  Tribunal  hizo  de  las declaraciones recepcionadas a los  señores  Patricia  Estrada Gómez, Orlando Montilla Bolaños, Julio César Cely  Barrera,  Jorge Alberto y Óscar Eduardo Cáceres Moreno, Gustavo Muñoz Díaz y  Manuel   Guasamaya;   y   en  la  segunda  acusación,  la  ponderación  de  la  “DECLARACIÓN      EXTRAPROCESAL”,     en     relación     con     la     cual    no    hizo    otra  identificación.   

4.2.4.            Así  las  cosas,  es  evidente,  entonces,  que  en ninguno de los dos cargos propuestos, el recurrente combatió  la  valoración  probatoria que efectuó el Tribunal y que lo condujo a predicar  que  la  actora  no  demostró  la  existencia de la unión marital sobre la que  versó  la  acción  por  ella  promovida, esto es, la que hizo de los medios de  convicción  relacionados  en  el  punto  3.2.1. precedente, inferencia que, sin  ninguna   duda,   constituye   el   argumento   toral   del   fallo  de  segunda  instancia.   

4.2.5.            La comprensión aunada de las dos  acusaciones,  lo  más  que  permitiría  avizorar,  es  que el censor se ocupó  solamente   de   impugnar  los  planteamientos  de  refuerzo  expuestos  por  el  Tribunal.   

4.2.6.              Así  las  cosas,  forzoso  es  reiterar  que  las  censuras  examinadas se muestran deficitarias, en tanto y en  cuanto  que  no se dirigieron a controvertir y desvirtuar los aspectos centrales  del  fallo  recurrido,  anomalía técnica que torna inanes esos reproches, pues  así  estuvieran  correctamente  formulados  y  merecieran  acogerse, carecen de  virtud  para  ocasionar  el  quiebre  de  dicho  proveído,  toda  vez  que  sus  fundamentos principales continúan enhiestos.   

4.3.           Cabe  agregar  que  los errores de hecho  advertidos  en  el cargo primero, no fueron debidamente acreditados, como quiera  que  así  se admitiera que se identificaron las pruebas sobre los que recayeron  los  mismos, es ostensible que el censor no singularizó los apartes de ellas en  los   que  se  materializaron  los  respectivos  desatinos  y,  sobre  todo,  no  parangonó  su  contenido  objetivo  con  lo  que de tales medios de convicción  coligió,  o  debió  inferir,  el ad quem,  sino  que optó por exponer su personal criterio en relación con  esos elementos de juicio.      

  4.4.           Finalmente, encuentra la Sala que  el  error  de derecho a que se contrae el cargo segundo apenas fue insinuado por  el  recurrente,  quien  se  abstuvo,  por  una  parte,  de  establecer  en  qué  consistió  el  mismo  y  cómo  se  produjo; por otra, de indicar las normas de  disciplina  probatoria  que  fueron  quebrantas;  y.  finalmente, de explicar el  concepto      de      su      violación,     requisitos     de     “importancia  angular,  puesto  que de  omitirse,   como   ocurrió   en  la  demanda  de  casación  que  se  despacha,  ‘quedaría incompleta la  acusación,  en  la  medida  en  que  se  privaría  a  la Corte, de un elemento  necesario   para   hacer   la   confrontación  con  la  sentencia  acusada,  no  pudiéndose,  ex  officio, suplir las deficiencias u omisiones en que incurra el  casacionista  en  la  formulación  de los cargos, merced al arraigado carácter  dispositivo    que    estereotipa    al    recurso    de   casación’  (Sent.  145  de  1º  de octubre de  2004,  exp. 7736)” (CSJ, auto del 23 de mayo de 2011,  Rad.     n.°    2002-00282-01).           

5.           Se  concluye  que  no  hay lugar a darle  impulso  al  libelo examinado y que, por lo mismo, habrá de declararse desierto  el recurso extraordinario sobre el que se trabaja.   

DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de     Justicia,     en     Sala     de     Casación     Civil,    INADMITE   la   demanda  presentada  para  sustentar   el   recurso  de  casación  que  la  actora,  señora  AIDA  ÁLVAREZ  MORENO, interpuso frente a  la  sentencia  proferida  el  22  de  abril de 2013 por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Cali,  Sala  de  Familia,  en  el  proceso  que se dejó  plenamente  identificado  al  inicio  de este proveído; y, por consiguiente, se  DECLARA    DESIERTO   el  mismo.   

Notifíquese y, en oportunidad, devuélvase  el expediente al Tribunal de origen.   

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

Presidente de Sala  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

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