SC10152-2014 [2001-00457-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

Magistrado Ponente  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

                      SC10152-2014   

         Ref: C-1100131030252001-00457-01   

                      (Discutido  y  aprobado  en  sala  de  cuatro  de  septiembre  de  dos mil doce)   

Bogotá, D. C., treinta y uno (31) de julio de  dos mil catorce (2014).   

Infirmada  parcialmente la sentencia de 20 de  agosto  de  2008,  proferida  por  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá,  Sala  Civil,  en  el  proceso  ordinario  promovido  por JORGE SAFFÓN  SALAZAR,  NORA LUCÍA SANÍN POSADA y la sociedad CONSTRUCTORA SAFINSA LIMITADA,  EN  LIQUIDACIÓN,  contra  el  BANCO COMERCIAL AV VILLAS, se procede, en sede de  segunda   instancia  y  en  lo  pertinente,  a  proferir  el  fallo  sustitutivo  respectivo,  una  vez  practicadas  las  pruebas  decretadas  en la sentencia de  casación de 24 de enero de 2011.   

ANTECEDENTES  

2.-  Frente  a  lo  anterior,  en  el libelo  genitor,  los  demandantes  solicitaron  se  declarara  que el banco involucrado  imputó  abonos  realizados  a  “capital”     e     “intereses”,    a    rubros   no   autorizados;   que   no   “contabilizó”  pagos  efectuados; y que  cobró   “intereses   sobre  intereses”   o   “superiores  a  los  límites  permitidos”.   

Así  mismo,  se  dijera  que  durante  la  “vigencia  del crédito”  fueron  alteradas  las  bases  que  llevaron a celebrar el contrato de mutuo con  interés,  y  que,  por  lo tanto, la indexación de la obligación expresada en  UPAC’s,  al  igual que los  intereses,  no  podía  liquidarse  “con base en el  DTF”,     sino     en     el     “IPC”.   

Consecuentemente pidieron que se ordenara la  “revisión  y  rastreo”  del   crédito,  o  su  “reliquidación”,  a efectos de establecer las “sumas  pagadas    en   exceso”   y   las   “devoluciones  pertinentes”,  a cuyo  pago  debía  condenarse  la  sociedad  demandada,  con  los  demás  perjuicios  materiales y morales causados.   

3.-  En  lo  esencial,  las  pretensiones se  fundamentaron en los hechos que se compendian:   

3.1.-   Los   demandantes   firmaron   los  mencionados  títulos  valores  en  blanco y sin carta de instrucciones, pero la  entidad  bancaria  incorporó indistintamente tasas de interés de plazo del 18%  y 20% trimestre anticipado.   

La liquidación de los réditos se hizo a una  tasa  efectiva  anual  hasta  del  50%,  pues al pactarse el pago en unidades de  poder   adquisitivo   constante,  la  corrección  monetaria  es  reputada  como  intereses.  Además,  los  mismos  se  cobraron  en porcentajes superiores a las  legalmente  autorizadas,  fueron  capitalizados  y  se exigieron “intereses sobre intereses”.   

3.2.-  En  general,  los pagos efectuados se  aplicaron    a    ítems  prohibidos,  como  verificación de linderos, visitas de obra, avalúos, estudio  de títulos, timbres, seguros e intereses.   

3.3.- El Consejo de Estado, Sección Cuarta,  mediante  sentencia de 21 de mayo de 1999, decretó la nulidad del artículo 1º  de  la Resolución 18 de 30 de junio de 1995, por ser ilegal atar el cálculo de  las   UPAC’s  a  la  tasa  DTF.   

La  actualización  del  crédito, entonces,  debió  someterse  al IPC, como lo disponía el artículo 134 del Decreto 663 de  1993, además, porque así lo habían pactado las partes.   

3.4.-  La  conducta  de las Corporaciones de  Ahorro  y  Vivienda, entre ellas la entidad convocada, propició la crisis de la  economía  nacional  y  la ruina de la mayoría de los empresarios constructores  de   vivienda,  al  punto  que  provocó  que  los  demandantes  “perdieran     la    totalidad    de    su    patrimonio”.    

4.-  La  entidad  demandada  se  opuso a las  pretensiones     y     formuló     las     excepciones    de    “inexistencia  del  derecho  reclamado” y  “no   exigibilidad  de  otra  conducta”, aduciendo, en síntesis:   

4.1.-  Las  condiciones  del  crédito,  es  cierto,  no  incluyeron  las  tasas de interés debido a que variaban de acuerdo  con  la época de los desembolsos, pero sí las contienen los pagarés aceptados  por  los  deudores,  en  los  porcentajes  vigentes,  en  tanto  los réditos se  liquidaron sin trasgredir disposición alguna.   

4.2.-   Contrario   a   lo  afirmado,  los  “pagos  efectuados  se  aplicaron  a los rubros que  correspondían” y “no se  cobró  suma  alguna  no  contemplada  en  el  contrato  o  no  permitida por la  ley”.   

4.3.-   La  indexación  del  crédito  se  “hizo  en  un  todo  ajustada  a las normas legales  vigentes    y   de   obligatorio   cumplimiento   para   todas   las   entidades  financieras”, mientras que la anulación del DTF, en  1999,  “no  tiene  efectos retroactivos”.   

5.-   Tramitado  el  proceso,  el  Juzgado  Veinticinco  Civil  del  Circuito  de  esta  ciudad, mediante sentencia de 14 de  noviembre de 2006, desestimó las pretensiones.     

EL FALLO APELADO  

1.-  Luego  de  identificar  que, según los  fundamentos  de  derecho,  en  el libelo se había solicitado la “revisión  del  contrato  de  mutuo”, el  fallador   consideró   que   esa   acción   no   procedía   entablarla   para  “plantear   el   tema  de  la  reliquidación  del  crédito”.   

2.- Relativo a las imputaciones, el juzgador  dejó  probado  que la entidad demandada había aplicado pagos a “verificación  de  linderos, visitas de obra, avalúos, estudios de  títulos,  timbres,  seguros”, pero la pretensora no  demostró,    en    contra    de   la   “costumbre  comercial”,  que “dichos  costos  no debieran ser asumidos por ella en calidad de constructora”.   

En  adición,  en el proceso se acreditó la  expedición  por  la  sociedad demandante con destino a la entidad financiera de  un  “paz  y salvo” sobre  el  “contrato de mutuo”,  como  lo  confesó  su representante, lo cual significaba que el “mismo   actor   aceptó   que   no   existió   cobro   de   lo  no  debido”.   

3.-   Con   relación  al  cambio  de  las  condiciones   que   llevaron   a   las   partes  a  contratar,  el  a-quo    encontró    improcedente   la  pretensión,  porque cuando entró a regir la Ley 546 de 1999, la obligación se  encontraba   cancelada,   luego  no  pudo  haber  un  cambio  drástico  de  las  condiciones contractuales.   

Además, los deudores, dada la experiencia en  el  ramo  de  la  construcción,  conocían  las variables de la economía, cuya  observancia  no  podían soslayar las entidades financieras; en tanto el sistema  de  valor  constante  era constitucional, pues mantenía el poder adquisitivo de  la  moneda,  sin  que se haya acreditado un desequilibrio cuantitativo, dado que  el  dictamen  partió  de supuestos alejados de la realidad, al imputar pagos no  realizados, inclusive en forma distinta a la estipulada.   

4.- En esas circunstancias, el juzgado negó  todas  las  pretensiones,  decisión  contra  la  cual la parte actora interpuso  recurso de apelación, cuya decisión acomete la Corte.   

EL RECURSO DE APELACIÓN  

1.-  Sostienen los recurrentes, inclusive en  el  resumen  de  la  audiencia  prevista  en  el  artículo  360  del Código de  Procedimiento  Civil, de una parte, que en la sentencia apelada no se valoró el  análisis  financiero  presentado  por  SAFINSA,  así  no  sea  esencial, ni el  segundo   dictamen  pericial;  y  de  otra,  se  incurrió  en  una  motivación  inadecuada y precaria.   

1.1.-  Con  relación  a  lo primero, porque  únicamente  se  apreció  la  experticia inicial, para desecharla, aduciéndose  que  contenía “yerros” y  “presupuestos         inexactos”,  pero  sin  explicarse  en  qué  consistían  los  unos  y los  otros.   

1.2.-  En  cuanto  a  la  motivación,  los  demandantes  concuerdan  en  que  no  se  trataba de una acción para revisar el  contrato   de   mutuo   por   la   existencia  de  un  desequilibrio  económico  sobreviniente,  como equivocadamente se interpretó, sino que todo se dirigía a  que  se  devolvieran  las “sumas pagadas en exceso y  sin fundamento legal”.   

En primer lugar, al imputar pagos a capital e  intereses  a  rubros  no autorizados, cual lo aceptó la parte demandada, aunque  justificándolos,  así  como  al  dejar de contabilizar abonos efectuados; y en  segundo  lugar,  al  aplicar  una  fórmula  ilegal para calcular la corrección  monetaria, y al incurrir en anatocismo.   

2.-  Consideran  los impugnantes que con las  pruebas  dejadas  de  valorar, entre otras, quedaron suficientemente acreditados  los dos grupos de pretensiones.   

2.1.- Los dictámenes practicados, en efecto,  ponen  de  presente  el  desfase de $290’321.403,  si  se  efectúa  el  cálculo  con  base  en el IPC, o de  $115’077.465,   en   la  hipótesis  de  aplicar  el  DTF,  todo para el 15 de julio de 1997, mediante la  simple  operación  de  restar  a  la  totalidad  de  los  abonos efectuados, lo  realmente causado por capital e intereses.   

2.2.- De otra parte, la nulidad judicial del  acto  administrativo  que  imponía  la  DTF  como  fórmula  para  calcular  la  corrección   monetaria   de  las  UPAC’s,  mas no el IPC, implicaba retrotraer las cosas al estado anterior  a  su  promulgación,  entre  ellas, la devolución de los pagos realizados, por  ausencia de fundamento constitucional y legal.   

Entre  ellos,  los réditos ilegales, porque  dicho  procedimiento  comprendía  un  valor que actualizaba la moneda y otro de  intereses.  Así  las  cosas,  la liquidación remuneratoria exigida al respecto  por    la    entidad    demandada,    “implicaba,  necesariamente,    un    cobro    de   intereses   sobre   intereses”.    

La  ley  546  de  1999,  desde luego, no era  aplicable  al  caso,  por cuanto se trataba de un crédito de construcción y no  hipotecario de vivienda, además de vencido.   

3.- Agregan los apelantes que ninguna de las  objeciones  formuladas  contra  el  dictamen  pericial servían para dejarlo sin  piso,  por  cuanto  si  los  peritos  partieron  de  un simple cruce de cuentas,  resultaba  innecesario explicar cuál pago era indebido, menos cuando la entidad  demandada  admitió  imputaciones,  en  su  sentir legales, a rubros distintos a  capital  e intereses; y porque si bien hicieron consideraciones jurídicas, esto  mismo no podía predicarse de los aspectos técnicos contables.   

4.-  Por último, los recurrentes consideran  que    la    costumbre    comercial   de   aplicar   pagos   a   “verificación  de  linderos, visitas de obra, avalúos, estudios de  títulos,  timbres,  seguros”,  no  era  de  recibo,  puesto  que  contrariaba  normas  de  imputaciones  y de pagos considerados como  intereses.   

El  paz  y salvo, fuera de haberse supuesto,  resultaba  insustancial,  dado  que así existiera, no constituía licencia para  violar  disposiciones  de  orden  público,  como  es la prohibición de imputar  abonos  a  rubros  distintos a capital e intereses, cobrar ilegalmente intereses  sobre  intereses  o  calcular  un  crédito  con base en indicadores económicos  inconstitucionales e ilegales.   

En  negocios financieros, agregan, el único  profesional  es  la  entidad  prestadora  del  servicio,  lo  cual  excluye a la  sociedad  deudora,  quien  era  experta  únicamente  en  construcción y débil  frente  a  la  entidad  acreedora  por  razones  de  inferioridad  y  de  crisis  económica,  circunstancias  que,  por sí, debilitaban la teoría acerca de que  nadie puede ir en contra de sus propios actos.   

5.-   Solicitan   los   recurrentes,   en  consecuencia,  se revoque el fallo apelado y se condene a la entidad demandada a  pagar,  en  general,  a  raíz  de  las  “prácticas  indebidas  e  ilegales”  resaltadas, principalmente,  $290’321.403,   o   en  subsidio,   $115’077.465,  según     se     ate     la     actualización    de    las    UPAC’s,  en  su orden, al IPC o al DTF, todo  con  la  indexación  y  los intereses pertinentes desde el 15 de julio de 1997,  hasta la sentencia de segunda instancia.   

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

1.-   El  sentenciador  de  segundo  grado  identificó   que  las  condenas  en  últimas  se  encaminaban  “a  que  por virtud de la revisión de los pagos efectuados sobre el  crédito  otorgado  por  la  demandada  se  haga la devolución de lo cobrado en  exceso  y  se  condene  en  perjuicios” y no a que se  revisara   el   contrato   de   mutuo,  como  equivocadamente  lo  concluyó  el  a-quo.   

2.-   Sentado   que  a  los  créditos  de  constructor  no  se  les  aplicaba las “normas sobre  reliquidación”  y  menos  las  del  “alivio”  de  financiación de vivienda,  contempladas   en   la   Ley   546  de  1999,  el  Tribunal   señaló  que  “tanto   la   aplicación   del   DTF,   como   la  capitalización    de    intereses,   para   el   crédito   cuya   ‘revisión   y   rastreo’   se  pretende,  son  perfectamente  legales    y    no    contrarían    parámetros    constitucionales”,  razón  por  la  cual  “no había  lugar  a  la devolución de los eventuales valores pagados de más por cuenta de  dichos  conceptos,  y  como  esta  clase  de  créditos  tienen  el carácter de  comerciales  tampoco se les aplican los topes de intereses establecidos para los  créditos   de   vivienda,   sino   los  certificados  por  la  Superintendencia  Financiera”.   

3.-  Relativo  a  que, en sentir de la parte  recurrente,  era  ilegal  e  inconstitucional  actualizar  las unidades de poder  adquisitivo  constante,  cuyo  pago  así  fue  pactado,  con base en la DTF, el  ad-quem  consideró  que no  eran  “aplicables  las sentencias proferidas por la  Corte  Constitucional  al  crédito de que aquí se trata, por tener éstas como  ratio decidendi créditos de  vivienda  a  largo  plazo,  que tienen características bien diferenciables, por  plazo,  valor  y  calidad de las partes, con el crédito constructor”.    

4.-  Fundado  en  la  teoría  de  los actos  propios,   el  Tribunal  encontró  que  era  inadmisible  aceptar  la  conducta  contradictoria  de  la parte actora, pues cuando solicitó a la entidad bancaria  ampliación  del  plazo  en  120  días,  adujo  como  razón el “atraso   en   los  programas  de  construcción  y  de  ventas  del  edificio”,   debido   a   que   el  “tiempo  de  construcción inicialmente previsto demandó mucho más  de  lo  programado”,  mientras  que  en  el  proceso  sostuvo  que  las  reales  causas de la crisis por la que atravesó, concernían  con  el  cobro en exceso de la entidad demandada de sumas canceladas y que nunca  contabilizó.   

A lo anterior debía agregarse que al momento  de  liquidarse  el  crédito,  la  constructora no había formulado reparo a los  conceptos   facturados,  ni  al monto de los intereses cobrados, y fuera de  ello,   dos   años   atrás   había   expedido  paz  y  salvo  “sobre  las obligaciones derivadas del referido crédito”.  Todo  esto  conducía  a  afirmar  que  la parte actora había  asumido  una  conducta  contradictoria  en referencia a la observada antes de la  contienda  judicial,  actitud  que  le estaba prohibida, pues desconocía que no  podía actuar en contra de los actos propios.   

5.- Frente a las imputaciones por impuestos,  avalúos,  visitas  de obra, en fin, el sentenciador de segundo grado consideró  que  dentro de las actividades que desarrollaban las entidades bancarias, éstas  podían   “fijar  autónomamente  tarifas  por  los  servicios  que  prestan,  por lo que debe desecharse el argumento del recurrente  en  el  sentido  que la demandada igualmente incurrió en prácticas indebidas e  ilegales”.   

6.-  En  esas  circunstancias,  el  Tribunal  confirmó el fallo apelado.    

LA SENTENCIA DE CASACIÓN  

1.- De los cinco cargos que fueron formulados  por  la parte demandante, la Corte se abstuvo de estudiar los dos primeros, pues  el  tercero y el cuarto, los cuales prosperaban, comprendían aquellos, en tanto  declaró infundado el quinto.   

2.-  Con  relación  a este último, el cual  abogaba  por  la  aplicación retroactiva de la sentencia del Consejo de Estado,  Sección   Cuarta,   supra  citada,  mediante  la  cual se decretó la nulidad de la Resolución 18 de 1995,  emitida  por  el  Banco  de  la  Republica,  que  sujetaba  la evolución de las  UPAC’s con base en la DTF,  en  lugar  del  IPC,  la  Corte  concluyó que no se había trasgredido en forma  indirecta la ley sustancial.   

En concreto, porque en general, una decisión  de  esa  naturaleza, carecía de efectos retroactivos. En particular, por cuanto  la  aprobación  y ejecución del crédito, durante un año aproximado, también  tuvo  lugar bajo la vigencia de la Resolución 26 de 1994, la cual no fue objeto  de  anulación ni de suspensión; y de otra, en consideración a que ambos actos  administrativos,  en  el  fondo  similares,  fueron  expedidos  con  base  en el  artículo  16,  literal  f)  de  la  Ley  31  de  1992,  norma que fue declarada  inexequible  mediante sentencia de 27 de mayo de 1999, pero sin afectar, cual se  indicó, las cuotas canceladas.   

En  definitiva, debido a que “todo  pago realizado antes de mayo de 1999, resultó válido, luego  no  es  procedente  pretender  restitución  alguna  que  derive de los aspectos  fácticos    y    jurídicos   valorados   en   esa   determinación”.   Con   mayor   razón,  cuando  en  la  mentada  sentencia  de  inexequibilidad,   la  Corte  Constitucional  dejó  sentado  que  la  decisión  únicamente  afectaba  las  “nuevas cuotas causadas  por  los  créditos adquiridos con anterioridad y en lo que respecta a créditos  futuros”.   

3.-  El  cargo tercero y el cargo cuarto, en  cambio,  fundados  en  la  violación  directa  de  la ley sustancial, según la  censura,   porque   al   aplicar   el   Tribunal   la   teoría  “vinire     contra     factum    prorium    non    valet”,  avaló  la  aplicación irregular de algunos abonos efectuados  al crédito, resultaron exitosos.   

Lo anterior, al decir de la Corte, porque la  doctrina   de   los   actos   propios   era  de  recibo  en  la  “medida  en  que el asunto del que se trate no tenga una regulación  legal  general  o  especial  ante  la cual, por su naturaleza, el principio deba  ceder.  No  siempre  y  de  manera  rotunda toda reclamación ulterior que pueda  contrariar  un  comportamiento  ya  agotado  debe ser concebida, necesariamente,  como  la  trasgresión  de  la  reseñada  regla,  pues  (…), no son pocas las  ocasiones   en que la misma ley considera el comportamiento precedente como  irrelevante   para   los   efectos  de  estructurar  o  encajar  en  el  aludido  principio”.   

Es  el caso del artículo 880 del Código de  Comercio,  según  el cual “[e]l Comerciante, que al  recibir  una  cuenta  pague o dé finiquito, no perderá el derecho de solicitar  la  rectificación  de  los  errores,  omisiones,  partidas  duplicadas  u otros  vicios”.  Por  esto,  a  la  parte actora, inclusive  frente  a  la aprobación de la cuenta, no podía limitársele la posibilidad de  revisarla  o  rastrearla,  pero  como  ese  derecho  fue  negado “no  puede  concluirse  cosa diferente que el sentenciador equivocó  su determinación”.   

CONSIDERACIONES  

1.-  No  existiendo  reparo  que hacer a los  presupuestos  del  proceso,  ni  a  la validez formal de lo actuado, se precisa,  ante  todo,  que  la sustitución de la sentencia de segunda instancia, respecto  del  recurso de apelación de los demandantes, se reduce únicamente a los temas  que  fueron  quebrados en casación, no así a los que resultaron ilesos, porque  bien   o  mal,  ellos  siguen  amparados  por  la  presunción  de  legalidad  y  acierto.   

2.-  Confrontada la sentencia apelada con el  contenido   del   recurso   de   apelación,  pronto  se  advierte  que  ninguna  disquisición  cabe hacer sobre la inaplicación de la Ley 546 de 1999, mediante  la  cual  se  reguló  el sistema de financiación de vivienda a largo plazo, ni  respecto  del  objeto  específico  del proceso, por cuanto fuera de que aquella  evidentemente  no  gobernaba el caso, se trata de temas que resultan pacíficos.   

2.1.-  Con  relación  a  lo primero, porque  además  de  haber  sido  avalado  por el sentenciador de segundo grado, en esos  aspectos existe consenso entre las partes.   

La  entidad  demandada,  al  decir  que  la  “reliquidación   prevista   en   la  Ley  546  de  1999”    cobijaba    créditos   individuales   de  “vivienda”  “vigentes”,  situación  ajena  al  sub-judice,  por  tratarse  de  crédito de “constructores” cancelado con anterioridad.   

Los demandantes, al sostener que dicha ley no  era   de   recibo,   pues   el  proceso  tenía  como  mira  un  “crédito      de      construcción”  “vencido”,   que   no  “hipotecario”    de  vivienda,  y  al  precisar  que  lo  solicitado  es que se tuviera en cuenta los  efectos     retroactivos     del     fallo     de    nulidad    de    un    acto  administrativo.   

2.2.-  Atinente  al  objeto  jurídico  del  proceso,  porque en forma expresa los sujetos en contienda identificaron, acorde  con  lo  que  desde  la  misma demanda emergía, que se trataba de dos grupos de  pretensiones  autónomas,  distintas, en todo caso, a la acción de revisión de  un contrato.   

Los  actores, cuando identificaron que todo  se  dirigía  a  que se devolvieran las sumas pagadas en exceso y sin fundamento  legal.  Primero,  por  haberse imputado indebidamente pagos a rubros distintos a  capital  e  intereses  y  al  no contabilizarse abonos efectuados; y segundo, al  calcularse   las   unidades   de   UPAC   con  base  en  la  fórmula  ilegal  e  inconstitucional de la DTF, así como al incurrirse en anatocismo.   

El banco demandado, al arropar dentro de un  grupo  de  pretensiones  el  “reintegro de sumas de  dinero  que  se considera fueron cobradas en exceso”;  y  en  otro,  la  declaración  en  su  contra  sobre  que,  en  general, cobró  ilegalmente    algunas    cantidades,    en    concreto,    al   “indexar  la  obligación  representada  en  UPAC,  con  base  en el  DTF”,     en     lugar     del    “IPC”.   

3.- Superado lo anterior, pasa a examinarse,  cuestión   que  también  aparece  involucrada  en  segunda  instancia,  si  la  sentencia  de  21  de mayo de 1999, proferida por el Consejo de Estado, Sección  Cuarta,  mediante  la  cual se decretó la nulidad de la Resolución 18 de 30 de  junio  de  1995, emitida por el Banco de la República, surtía efectos hacia el  pasado.   

3.1.-   Los   apelantes  insisten  en  la  aplicación  de  esa tesis, pero como lo decidido en el punto por el Tribunal no  fue  desvirtuado  en  casación, las súplicas de la demanda, relativas a que se  indexara  las  UPAC’s  con  base  en  el IPC, no pueden ser de recibo, por las mismas razones señaladas por  la Corte.   

En  primer  lugar, porque como se dijo, una  decisión  de  esa naturaleza, carecía de los efectos solicitados; y en segundo  término,  por  cuanto la aprobación y ejecución del crédito, durante un año  aproximado,  también  tuvo lugar bajo la vigencia de la Resolución 26 de 1994,  la  cual  no  fue  objeto  de  anulación  ni  de  suspensión;  y  de  otra, en  consideración  a que ambos actos administrativos, en el fondo similares, fueron  expedidos  con  base  en el artículo 16, literal f) de la Ley 31 de 1992, norma  que  fue  declarada  inexequible  mediante sentencia de 27 de mayo de 1999, pero  sin afectar, como allí se indicó, las cuotas canceladas.   

En últimas, debido a que, en palabras de la  propia  Corte  en  la  sentencia de casación, “todo  pago  realizado  antes de mayo de 1999, resultó válido, luego no es procedente  pretender  restitución alguna que derive de los aspectos fácticos y jurídicos  valorados en esa determinación”.   

3.2.-  Pasa  a  estudiarse, entonces, si la  convocada,  al no tener que asumir hacia el pasado los efectos de la nulidad del  acto  administrativo  en  cuestión, incurrió en anatocismo, según la censura,  porque   al   atarse   la   corrección   monetaria   de   las  UPAC’s,   a   la   DTF,  ese  procedimiento  comprendía  un valor que actualizaba la moneda y otro de intereses, de ahí que  la  liquidación  remuneratoria  adicional  exigida,  en  lo  que concierne a la  aplicación   de   estos   últimos,   “implicaba,  necesariamente,    un    cobro    de   intereses   sobre   intereses”.    

3.2.1.-  Suficientemente  es  conocido  que  debido  a  la  pérdida acelerada del poder adquisitivo del dinero, llevó a las  autoridades  monetarias a tomar medidas para conjurarla. Fue así como, mediante  los  los  Decretos  677  y  1229  de  1972,  se  crearon  las  unidades de poder  adquisitivo  constante,  con el fin de garantizar que los créditos hipotecarios  para  comprar  vivienda  y  los  dineros depositados en las cuentas de ahorro en  UPAC,   mantuvieran   su  capacidad  de  compra,  toda  vez  que  unos  y  otros  reajustarían    su    valor    de    acuerdo    con   el   incremento   de   la  inflación.   

Posteriormente, según los Decretos 1131 de  1984  y  1319  de  1989,  el  método  de  indexación  de  las UPAC’s,   fue  modificado,  al  introducir,  adicional   al   índice  de  precios  al  consumidor,  IPC,  otro  factor  para  calcularla,  como  es  la  DTF,  esto es, la variación de las tasas de interés  efectivas  de captación de los certificados de depósito a término en bancos y  corporaciones.   

Por  último,  en  virtud de las facultades  conferidas  por  la Ley 31 de 1992, artículo 16, literal f), la Junta Directiva  del  Banco de la República, mediante las Resoluciones Externas 6 de 1993, 26 de  1994   y   18   de   1995,   ató  la  actualización  de  las  UPAC’s,  exclusivamente,  a  la  DTF,  en el  equivalente al 74% de ésta.   

Lo  importante  es  que, en sus inicios, el  cálculo  de  la  corrección  monetaria  de  las  unidades de poder adquisitivo  constante,  se  sujetó  a la variación resultante del promedio de los índices  nacionales  de  precios al consumidor, IPC, certificados por el DANE, sistema en  el  cual los intereses no protegían la inflación, sino que se calculaban sobre  el  capital actualizado. Los réditos cobrados, por lo tanto, eran los pactados,  adicionales    a    la   corrección   monetaria,   independientemente   de   la  misma.   

Igualmente, que si en el sistema de la DTF,  la  actualización  de la UPAC se sujetaba al promedio ponderado de las tasas de  intereses  de  captación,  esto  significa  que  tales intereses, por lo menos,  tenían  que  ser  iguales  a  la  inflación,  pues las personas no serían tan  ingenuas  de  depositar  dineros en las entidades financieras, a fin de recibir,  al  cabo  del periodo contratado, en términos reales, menos de lo entregado, en  contraste   con   las   tasas  de  colocación,  en  cuyo  caso,  los  bancos  y  corporaciones  prestan  el capital que captan a la DTF, adicionándole un margen  de intermediación.   

3.2.2.- En general, liquidar intereses sobre  intereses   remuneratorios   pendientes,  es  una  práctica  que  se  encuentra  prohibida,  según  los  artículos  1617  y  2235  del Código Civil, y 886 del  Código  de  Comercio, a no ser que,  como lo indica esta última norma, en  operaciones  mercantiles,  medie  demanda  judicial  o  exista acuerdo entre las  partes,  siempre  y  cuando, en uno y otro evento, se trate de intereses debidos  con  un  año  de  anterioridad,  o  sean  operaciones  en  que  se  permita  la  capitalización  de  intereses,  como acaece con los créditos a largo plazo, en  los términos del artículo 64 de la Ley 45 de 1990.   

La  Corte,  por  esto,  tiene  dicho  que  “en  el derecho privado colombiano la generación y  cobro  de  intereses  sobre intereses -sin perjuicio de su permisión en caso de  que  se  proceda  a su capitalización (D. R. 1454 de 1989)-, es una posibilidad  esencialmente  restringida,  al  punto  que  en el campo civil, fue expresamente  prohibida  por  la  regla 3ª del artículo 1617 del Código Civil, y en materia  mercantil  se  permitió sólo en dos supuestos consagrados, precisamente, en el  artículo  886  del  Código  de  Comercio: primero, cuando así lo acuerdan las  partes  después  del  vencimiento  de  la  obligación; y el segundo, cuando se  reclamen   en   demanda   judicial,   siempre  y  cuando,  agrega  el  precepto,  ‘que  en uno y otro caso  se   trate   de   intereses   debidos   con  un  año  de  anterioridad  por  lo  menos’”1.   

La  restricción  tiene su razón de ser en  que  la permisión genérica del anatocismo conllevaría a estimular la usura, a  incrementar  de  manera  desbordada  la cuantía de lo adeudado y a propiciar el  abuso   de   los   acreedores.  De  ahí  que  su  procedencia  es  excepcional,  precisamente,  al  decir  de  la  Corte,  “para  no  estimular  la  usura,  ora  directa,  ora  indirectamente, o fomentar un ruinoso  espiral  que acreciente, aceleradamente, el monto del débito, imposibilitando o  por    lo    menos    dificultando   –en  grado  sumo-  la  solución  de  la obligación, en inobjetable  desmedro    de    los    derechos    e    intereses    del    deudor”2.   

3.2.3.- Pues bien, en el caso no se remite a  duda  que  el  crédito  de  que  se  trata debía cubrirse en unidades de poder  adquisitivo    constante,   con   los   “intereses  efectivos”         o         “corrientes”   y   de   “mora”,   a   las  tasas  establecidas,  liquidados,   unos  y  otros,  en  UPAC’s.  Igualmente,  que  la corrección monetaria de dichas unidades no  estuvo vinculada al IPC, sino a la DTF.   

Según el escrito de apelación, lo anterior  constituía  anatocismo,  porque  a partir de la Resolución 18 de 1995, citada,  “el  cobro  de  un interés remuneratorio sobre las  unidades  de  UPAC calculadas con base en la DTF implicaba el cobro de intereses  sobre  intereses,  pues  el interés remuneratorio se calcula sobre la totalidad  de  la  fórmula  de UPAC y, por consiguiente, sobre el interés contenido en la  DTF,  pues  como  se  sabe  (…), el DTF no sólo incluye la actualización del  valor   del   dinero,   sino   también   una   remuneración   o   interés  al  ahorrador”.   

a) No obstante, cabe precisar que lo que en  principio  está  prohibido  al acreedor es cobrar intereses sobre intereses que  con  anterioridad  ha  cobrado  al  deudor  dentro de una misma operación. Y de  acuerdo  con  lo  antes  transcrito,  en  ningún  momento  se  están exigiendo  intereses   sobre   montos   previamente  adeudados  por  los  obligados,  ahora  demandantes,  a  título  de  intereses. Simplemente se afirma que no han debido  aplicarse  a ciertos componentes que dentro del sistema de la DFT, como fórmula  de    corrección    de    las    UPAC’s, ya constituían intereses.   

   

En el proceso se encuentra demostrado que la  práctica  prohibida  dicha  no  ocurrió. En coherencia con lo explicado, en el  dictamen  pericial  evacuado  a instancia de la Corte, se indica que el cobro de  intereses  sobre  intereses  surge cuando la “base o  capital  para el cálculo de los intereses, es incrementada por los intereses no  cubiertos    y   sobre   esta   base   acrecentada   se   aplican   o   liquidan  intereses”.    

Como lo señaló el auxiliar de la justicia,  “verificando   los  saldos  de  la  totalidad  del  crédito  se  aprecia  que  coinciden  con  el  histórico de pagos. Teniendo en  cuenta  cada  uno  de  los  abonos  y los desembolsos se concluye que la entidad  bancaria  para  este  crédito  en  particular  no  incrementó  los  saldos del  crédito  con  cuotas  no  pagadas  por ninguno de los conceptos, por tanto bajo  este  concepto  no  se  realizó  cobro de intereses sobre intereses”.   

b)  Los apelantes sostienen que el cobro de  intereses  sobre la corrección monetaria, es una forma de anatocismo, porque de  conformidad  con los artículos 884 del Código de Comercio y 64 de la Ley 45 de  1990,  el reajuste de las unidades de poder adquisitivo constante, UPAC, computa  como intereses.   

Sin  embargo,  al  decir que para evitar la  práctica  prohibida  la “entidad financiera hubiera  podido  calcular el interés remuneratorio sobre los componentes de las unidades  de  UPAC que no constituyeran ya interés”, significa  que  dentro  de  esos  componentes,  existen  algunos rubros que no aplican como  corrección  monetaria, entendiendo que su cálculo es el producto de un proceso  deflactado,  y  que  por esa razón es dable liquidar, en esa específica parte,  los intereses procedentes.   

En el dictamen aludido, es cierto, se habla  del  cobro  de  dichas  sumas  sobre  la  corrección monetaria de los dieciocho  desembolsos   en   la  cantidad  de  $8’765.724,  a  partir  de señalarse que la metodología utilizada, en  la  época,  para  actualizar  las  UPAC’s,  contenía  un  factor de inflación. Por esto, allí se concluye  que   si   esa   corrección   es   considerada   como  interés,  esto  implica  “cobro  de  intereses”  sobre  la  misma,  en la medida en que se aplican réditos a los “saldos           actualizados          en          UPAC”.   

Desde luego, si no todos los componentes de  la  corrección  monetaria  computa como intereses, cual se acepta, tendría que  seguirse  que  la  capitalización  de  que  se  habla,  en  lo pertinente, como  práctica   indebida,   constituye   un   beneficio  injusto  de  los  bancos  y  corporaciones.  Fuera  de  que  esto no se encuentra probado, ello no resulta de  recibo,  porque una cosa es el método de cálculo de la UPAC, y otra, distinta,  las  características  de  las  obligaciones  pactadas  bajo  la misma unidad de  cuenta y su sistema de amortización.   

En  esa  técnica  financiera se supone que  durante  la  primera vida del crédito el interés que se cobra no es el causado  y  que el faltante, cuyo  pago se posterga, es financiado. No se trata, por  tanto,  de  una  práctica  prohibida, porque la corrección monetaria no es una  remuneración  por  el  riesgo  o  el  uso del capital, sino, en palabras de los  apelantes,  a  propósito  de  un  escrito  presentado  ante  la  Corte, una vez  evacuado  el  dictamen,  “una  forma de mantener el  poder  adquisitivo  de  una suma nominal de dinero en economías inflacionarias,  por  lo  que  el  cobro  de  un  interés  sobre  la corrección monetaria no es  realmente  el  cobro  de  un  interés  sobre interés sino el cobro de interés  sobre   un   valor  dinerario  que  simplemente  se  ha  actualizado”.   

Y  no  se  diga  que al decaer la DTF, como  fórmula  de  corrección  monetaria de la UPAC, de hecho, la capitalización de  intereses,  en  lo  que  corresponde,  devino  en  prohibida,  porque durante su  vigencia,  la entidad demandada no hizo nada diferente que aplicar el sistema de  financiación  que  preveía  la  ley.  Con  mayor razón, cuando las decisiones  judiciales  al  respecto  espetadas,  en  general,  quedaron privadas de efectos  retroactivos,  en  el  sentido de que los créditos y cuotas canceladas bajo ese  sistema  no  quedaban  afectados,  todo lo cual, al resultar ileso en casación,  como         se         dijo,         es         intocable        en        esta  oportunidad.         

4.-  Descartado, en general, el anatocismo,  pasa  a  examinarse  si hay lugar a condenar a la entidad financiera demandada a  restituir  los  intereses  que fueron cobrados y pagados en exceso, tal como fue  solicitado.   

4.1.- Sobre el particular, le asiste razón  a  la parte apelante, porque como en el mismo dictamen se concluyó, punto sobre  el  cual ningún reproche cabe hacerse, pues además de la firmeza, precisión y  calidad  de  sus  fundamentos  en  el particular, fue rendido por un economista,  menos  cuando  no  fue  objetado por ninguna de las partes, aunado a que como se  corroboró  en  el  escrito de aclaración, al comparar el extracto del crédito  con  las  tasas  de  interés  aplicadas, se encontraron, para el 12 de julio de  1997,  fecha  del  saldo final del crédito, unos excedentes a favor de la parte  demandante   por   la   suma   de   $15’459.388.35,   según  se  discrimina,  una  buena  parte,  debido  a  “un     mayor     valor     imputado”,  y otra, a un “menor valor imputado  a los saldos insolutos”.   

Lo  anterior, desde luego, no es lo mismo a  que  se  hubiere  liquidado  y exigido tasas de interés por encima de los topes  legalmente  permitidos, cuyas consecuencias son distintas, según los artículos  884  del Código de Comercio, vigente para la época, y 72 de la Ley 45 de 1990,  como     lo     tiene     precisado    la    Sala3.  Desde luego, a partir de ser  legales  las  tasas  de interés tenidas en cuenta, aquí se trata, cual se dijo  en      la     sentencia     de     casación,     es     de     “revisar”      y     “rastrear” el crédito, para superar los  errores  que se presentaron en la cuenta de “pague o  de   finiquito”   (artículo  880  del  Código  de  Comercio).   

Por esto, el perito indicó que para llegar  a  esa  conclusión  se  respetaron en su “totalidad  las  cifras de AV VILLAS (fórmulas, abonos, tasas de interés remuneratorias TA  y   de  mora,  fechas  de  pagos,  etc)”,  en  otras  palabras,   las  “formulaciones,  periodos,  tasas,  tipos  de  tasas, procedimientos, etc.”. No obstante,  se  presentaron  (a)  aplicaciones que no “contienen  formulaciones  implícitas  sino  datos enteros”, (b)  existieron   diferencias  en  “monto  de  intereses  aplicados,  unas  veces  a  favor  y otras en contra de ambas partes”  y  (c)  aparecieron  diferencias  en  cuanto al “número de días”.   

En consecuencia, al quedar demostrado que la  entidad  demandada  aplicó  por  concepto  de intereses, indebidamente, la suma  total  de $15’459.388.35, de  un  lado,  a  “un  mayor valor imputado”,  y  de  otro,  a  un  “menor valor  imputado   a   los  saldos  insolutos”,  procede  la  solicitada  condena por dicho aspecto y en esa cantidad. Ahora, como se trata de  un   capital   entregado,   independientemente  del  concepto,  la  restitución  comprenderá  los  intereses  comerciales  bancarios  corrientes  desde el 15 de  julio  de  1997,  hasta la ejecutoria de la presente sentencia, sin perjuicio de  los intereses moratorios que se causen con posterioridad.    

4.2.-  El dictamen pericial, igualmente, en  el   cómputo   global   del   crédito,   tiene  en  cuenta  o  “contempla  (…)  una  condonación  de  intereses  por  la suma de  $16’257.796”.   

Esa  cantidad también debe aplicarse en la  revisión  o  rastreo  final  del  crédito,  por tratarse de una operación que  efectivamente  ocurrió,  como  así lo ratificó la entidad demandada, entonces  acreedora,  en  la  comunicación  de  21  de  marzo  de  2000,  allegada con la  contestación  de  la  demanda,  según  la cual esa específica cantidad quedó  saldada  o condonada con la expedición de una “nota  crédito       (…)       para       cancelar      el      crédito”.   

Por  esto, seguramente, en el escrito donde  se  solicitó  aclaración  del  dictamen practicado a instancia de la Corte, la  entidad  convocada  requirió  al auxiliar de la justicia para que indicara si a  la  supuesta  diferencia  de  intereses  en  favor  de  los  demandantes,  en el  equivalente         de        $15’459.388.35,      debía      deducírsele     la     “condonación    que    hizo   la   demandada   de   $16’257.796”.  Pasa,  entonces,  a  examinarse  si esta última cantidad había que restarla de  aquélla,  pues al tratarse de un punto netamente jurídico, el perito no era el  llamado a elucidarla.   

El  artículo 1625 del Código Civil prevé  que  las  obligaciones  se  extinguen,  “en todo en  parte”,  por  el  fenómeno  de  la  “remisión”.    Esto   significa,   de  conformidad        con        el        artículo       1711,       ibídem,  que se trata de una liberación  voluntaria  del  acreedor  hacia el obligado de todo o de parte de la deuda, por  las circunstancias que fueren, sin recibir nada a cambio o en pago.   

Lo  anterior,  desde  luego,  es  permitido  tratándose  de  un  acto  enteramente  dispositivo,  cual ocurre en el caso, en  donde  la  condonación  o  remisión  de  parte del capital o de los intereses,  sólo  mira  la  situación  particular del acreedor. Y sí una de las formas de  expresión  de  esa  figura  jurídica  la  constituye,  al  decir  de la Corte,  “el    recibo    del    capital    sin    reserva  alguna”,  pues  ello  equivale  a la “condonación  de  los  intereses”, o la  “destrucción   o   entrega   del  título  de  la  deuda”4,     a     “su  remisión”, con mayor razón ello es  de recibo cuando así se consiente en forma expresa.   

Si,      en     el     su-judice, la obligación fue extinguida,  en  concreto,  en  la  suma  referida,  por  el  fenómeno de la “condonación”,  como  así fue aceptado  expresamente  por  la entidad demandada, es apenas natural entender que la quita  parcial  no  hay  que traerla ahora a su favor, porque al declararla saldada, no  se puede aplicar lo que jurídicamente es inexistente.   

5.-  Pasa  a estudiarse si las pretensiones  relacionados   con   la   imputación   de   pagos  a  rubros  prohibidos,  como  verificación  de  linderos,  visitas  de  obra, avalúos, estudios de títulos,  timbres, seguros, en fin, negadas por el juzgado, eran de recibo.   

5.1.- En el proceso ninguna polémica existe  en  torno a que efectivamente, en general, imputaciones de esa naturaleza fueron  realizadas,  sólo  que  para  la  parte  demandada,  se trataba de aplicaciones  legalmente permitidas.   

El  representante de la demandada lo acepta  en  el  interrogatorio,  al  decir  que el Decreto 1730 de 1991, “autorizó  a  las entidades financieras el cobro de sumas de dinero  por   concepto   de   estudios   de   títulos,   verificación   de   linderos,  etc.”,  inclusive que frente a la derogación de esa  norma,  había  “libertad  para fijar el cobro y el  monto de dichos conceptos”.   

La  misma  parte,  en  las  alegaciones  de  instancia,   defendió   lo  anterior,  en  general,  cuando  concluyó  que  en  “desarrollo  de  la libertad de contratación era y  es  legal que se efectúen cobros como los advertidos, por tratarse de servicios  adicionales  a la actividad financiera respectiva y no se ha demostrado, es más  ni  siquiera  lo  aseveró  la  demanda,  que  esos cobros hayan sido abusivos o  exagerados”.   

5.2.-  No  se  desconoce  que las entidades  financieras  ejercen  una  posición  dominante  en  las  operaciones  activas y  pasivas  que realizan con los usuarios de sus servicios, la cual se concreta, en  sentir          de          la         Corte5,  en la posibilidad de imponer  el   contenido   de   un   contrato,  en  la  determinación  unilateral  de  su  configuración y en la posterior administración de su ejecución.   

La  razón de ser de lo anterior estriba en  que   los   servicios   financieros   que  ofrecen  los  bancos  son  demandados  masivamente.  Sin  embargo,  esto no significa que puedan abusar de su posición  privilegiada,  pues deben actuar dentro de ciertos límites, considerando que la  actividad  financiera tiene una función social, de ahí que por su carácter de  interés  público, se encuentra sujeta a controles e intervenciones del Estado,  según   lo   previsto   en  los  artículos  334  y  335  de  la  Constitución  Política.   

En  materia  de créditos, por lo tanto, la  autonomía  de la voluntad no es absoluta. En cuanto a intereses e imputaciones,  por  ejemplo,  la  ley  no  deja al arbitrio de los establecimientos de crédito  señalar  las  tasas,  ni  aplicar  los pagos que reciben como a bien lo tengan,  sino  que  para dar seguridad a los distintos agentes económicos, determina una  y otra cosa.   

Por   esto,  con  el  fin  de  evitar  la  simulación  de  ciertos pagos, el artículo 68 de la Ley 45 de 1990, prevé que  “para  todos  los  efectos  legales  se  reputarán  intereses  las  sumas  que  el  acreedor reciba del deudor sin contraprestación  distinta  al  crédito  otorgado,  aún  cuando  las  mismas  se justifiquen por  concepto   de   honorarios,  comisiones  u  otros  semejantes.  Así  mismo,  se  incluirán  dentro  de  los intereses las sumas que el deudor pague por concepto  de  servicios vinculados directamente con el crédito en exceso de las sumas que  señale el reglamento”.   

Lo  anterior  significa  que existen rubros  autorizados  que  se  justifican  y  que  no se reputan intereses, porque en los  términos   de   la   norma,  carecen  de  ese  carácter  los  pagos  recibidos  “sin   contraprestación   distinta   al  crédito  otorgado”  y  los  que  se  hacen en “exceso   de   las   sumas  que  señale  el  reglamento”.  Por  esto,  no se pueden considerar intereses las sumas que no  se  cuentan  para  el  calcular el interés bancario corriente, ni los servicios  vinculados directamente con el crédito.   

Entre los primeros, al decir de la Corte, a  las   entidades   financieras   les   está   prohibido  cobrar  “puntos  relacionados  con la inflación”  y  con  el  “porcentaje  de  utilidades a que tiene  derecho   la   entidad   crediticia  en  desarrollo  de  su  negocio”,  porque  son conceptos que se entienden incluidos en la tasa de  interés     bancario     corriente.    Así    mismo,    los    “gastos   por  administración  del  crédito,  manejo  de  cartera,  papelería,  en  fin, considerando, al tenor del artículo 4º de la Resolución  19  de  1998,  emanada  de la Junta Directiva del Banco de la República, que el  ‘concepto  de  tasa  de  interés  efectiva comprende, también, la totalidad de los costos financieros a  cargo  del  deudor -cualquiera que sea su denominación- vinculados al préstamo  o      relacionados      con     él’”6.   

Igualmente, como en el mismo antecedente se  señaló,  en  general,  tampoco  puede  adicionarse,  por  comprenderlo la tasa  efectiva,   “todo  gasto  que  en  desarrollo  del  crédito  deba  erogar  la  entidad bancaria, al margen de que lo justifique por  ‘honorarios, comisiones u  otros  semejantes’ (…),  como  estudio  de  crédito,  cuotas  de  administración  o  de  manejo  u otra  equivalente,  costos  de operación, envíos de extractos mensuales, expedición  y   manejo  de  cupones  de  pago,  nómina,  implementación  y  desarrollo  de  tecnologías,  entre  otros,  por  tratarse de rubros que se hacen en función y  mejora de su objeto social.   

“En cambio, los  servicios  vinculados  directamente  al crédito que no se reputan intereses, se  relacionan  con los gastos cuya carga no le corresponde a la entidad financiera,  sino   al   usuario,  debido  a  que  se  realizan  a  raíz  de  la  puesta  en  funcionamiento  del  respectivo  servicio,  como estudio de títulos, cargos por  seguros,  impuestos,  avalúos,  visitas  a los predios, etc. En estos casos, lo  que  se  prohíbe, de conformidad con el artículo 1168 del Código de Comercio,  es  simular tales costos, o exigir por los mismos conceptos, según el artículo  68,  trascrito,  sumas  en  exceso  a  las  establecidas  en  las leyes o en los  reglamentos”.   

5.3.- Frente a lo anterior, surge claro que  en  el  caso  las  pretensiones  relacionadas con imputaciones a ciertos rubros,  como  estudio de títulos, avalúos, verificación de linderos, visitas de obra,  seguros  e  impuestos, prohibidas, en sentir de los recurrentes, no pueden salir  avante.   

En primer lugar, porque si bien se encuentra  acreditado  que  por  esos  conceptos  se  hicieron  aplicaciones  del  orden de  $21’386.306,   cual   se  indicó  en  el  dictamen  pericial,  no cabe duda que se trata de gastos que no  corresponden  a  la  entidad financiera, respecto de la prestación del servicio  en  sí  mismo  considerado,  sino  que  se  correlacionan  con la solicitud del  crédito.  En  segundo  lugar,  porque  nadie  ha  desconocido  que  esos costos  efectivamente   se  causaron,  menos  que  hayan  sido  facturados  exagerada  o  desbordadamente.   

Con  mayor  razón,  cuando en la cláusula  décima  de  la  hipoteca  constituida  para garantizar el pago del crédito, se  estipuló  que sería de cargo de la parte deudora, entre otras erogaciones, los  relacionados  con  el pago de “impuestos”,   o   al   decir    de  cada  uno  de  los  pagarés,  los  “gastos  e  impuestos”,  los cuales se podrían deducir de cualquier suma a su favor.   

6.-  Finalmente,  en  cuanto  que  no  se  contabilizaron  abonos  efectuados, ninguna condena debe fulminarse, porque como  se  indicó  en  el  dictamen practicado a instancia de la Corte, los contrastes  entre  la  cifra  cancelada  por SAFINSA y la que manifiesta recibió AV VILLAS,  “dependen  estrictamente  de  cálculos”    y   porque   son   “diferencias  conceptuales”.   

Seguramente   por  esto,  en  el  escrito  presentado  a  propósito  de  la   referida  experticia,  los  demandantes  concluyeron   que   con   ese   medio   de  convicción  quedaba  demostrada  la  “evidencia  de pagos por otras expensas”,   como   visitas,   avalúos,   en   fin;   el  “pago   de  intereses  sobre  la  corrección  monetaria”,  lo  cual es una “forma de cobro de  intereses  sobre  intereses”;  y  un “cobro  excesivo  de  intereses”; todo lo  cual supra quedó analizado.   

7.-  Recapitulando,  al  demostrarse que se  pagaron   intereses,  sin  desbordar  los  límites  legales,  aunque  aplicados  indebidamente      a     un     “mayor     valor  imputado”  o a un “menor  valor  imputado a los saldos insolutos”, no todas las  pretensiones  debían  negarse,  como  lo hizo el juzgado, razón por la cual en  ese  aparte  la  sentencia  apelada  debe  ser revocada, para imponer la condena  correspondiente,  junto con los intereses corrientes respectivos, desde el 15 de  julio  de  1997,  hasta la ejecutoria de la presente sentencia, sin perjuicio de  los réditos moratorios que se causen con posterioridad.   

Ahora,  al  establecerse  que a cargo de la  parte  demandada  se  encontraron  obligaciones  en  su  contra,  derivadas  del  crédito  de  constructor,  como  igualmente  se  concluyó  en  los dictámenes  iniciales,  así  no  haya  coincidencia  en  cuanto  a  los  valores,  esto  es  suficiente  para  que,  específicamente  respecto  de  los  honorarios  de  los  peritos,   las   objeciones   formuladas  contra  el  primer  dictamen  resulten  infundadas,  en  lo  relativo  a  los aspectos contables, que es lo que se puede  considerar  de  ese  medio  probatorio,  pues  en  lo  jurídico “inocuas   e   inanes”   resultan   las  eventuales     opiniones    de    los    expertos7.   

8.-   En   consecuencia,   al   quebrarse  parcialmente  la  sentencia  del  Tribunal y al no prosperar la totalidad de las  pretensiones,  se procederá a reproducir, en lo pertinente, la parte resolutiva  de  aquella,  con  los  ajustes  respectivos,  sin  que haya lugar a condenar en  costas,  entendiéndose,  en  el  contexto  del  resultado del proceso, que cada  parte debe soportarlas.   

DECISIÓN  

Por  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Civil,  y  en  sede  de instancia, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la Ley;   

“RESUELVE:   

“PRIMERO:  confirmar la sentencia del 14  de  noviembre  de  2006, dictada en este asunto por el Juzgado Veinticinco Civil  del  Circuito  de  esta  ciudad”, en cuanto negó las  pretensiones,  salvo  en  lo que respecta al pago en exceso de intereses, por la  cantidad      total      de      $15’459.388.35,  lo  cual  se  revoca, y en su lugar se condena al banco  demandado  a  pagar  dicha  suma  a  los  demandantes,  junto  con los intereses  corrientes  desde  el  15  de  julio de 1997, hasta la ejecutoria de la presente  sentencia,   sin  perjuicio  de  los  réditos  moratorios  que  se  causen  con  posterioridad.   

“SEGUNDO”:  Sin  costas  para ninguna de  las partes en ambas instancias.   

Notifíquese   y   devuélvase    el  expediente al Tribunal de origen para lo pertinente.   

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

ARTURO SOLARTE RODRÍGUEZ  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUÍZ    

1  Sentencia de 5 de agosto de 2009, expediente 1999-01014   

2  Sentencia 216 de 19 de noviembre de 2001, expediente 6094.   

3 Vid.  Sentencia de 25 de agosto de 2008, expediente 1999-01056.   

4  Sentencia de 10 de julio de 2009, expediente 2000-00310.   

5 Vid.  Sentencias  125  de  19  de octubre de 1994 (CCXXXI-709/777), expediente 3972; y  002 de 2 de febrero de 2001, expediente 5670.   

6  Sentencia de 14 de diciembre de 2011, expediente 2001-01489.   

7 Cfr.  Sentencia de 19 de octubre de 2011, expediente 00847.     

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