SC10132-2014 [2006-00311-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA  DE  CASACION  CIVIL   

Magistrada  Ponente   

MARGARITA   CABELLO  BLANCO   

                     SC 10132-2014   

Ref:  Expediente   No  05686  31  89  001  2006  00311  01   

Bogotá,  D.C., treinta y  uno (31) de julio de dos mil catorce (2014).   

            Decide   la  Corte  el  recurso  de  casación  que  la  demandante  MARTA IRENE AREIZA CALLE  actuando  en  nombre  propio y en representación de sus hijas menores MÓNICA y  NATALIA  VILLA AREIZA a través de apoderado, interpuso contra la sentencia de 9  de  abril  de  2012 proferida por la Sala Civil-Familia del Tribunal Superior de  Antioquia  dentro del proceso ordinario que la recurrente promovió  contra  FLOTA  MAGDALENA  S.A.,  EDGAR ALONSO PINZÓN CUEVAS, ISMAEL SÁNCHEZ y HERMISON  ANTONIO RODRIGO TORO.   

ANTECEDENTES   

                                                               

1. La parte actora en el  libelo   introductorio  que  dio  lugar  al  proceso  de  responsabilidad  civil  extracontractual  por  accidente  de  tránsito,  cuyo  conocimiento  asumió el  Juzgado  Promiscuo de Santa Rosa de Osos, formuló cuatro pretensiones así: (i)  “que  de  acuerdo  a  la  expectativa  de  supervivencia,  certificada  por  el  Instituto  de  Medicina y  Ciencias   Forenses   de   cara   a  las  tablas  de  actualización  del  daño  emergente”,  se condene al  pago  de  lucro  cesante  consolidado  y  lucro cesante futuro actualizado a las  tasas  de supervivencia o vida probable en Colombia. Igualmente solicitó que se  conmine  de  manera  solidaria  a  la  parte obligada civilmente, a pagar por la  pérdida  de  la  vida  del  padre  y  cónyuge CARLOS VILLA GARCÍA, la suma de  ($100.000.000.oo);  (ii)  como  gastos  sufragados  por la cónyuge supérstite,  ($1.800.000.oo)  indexados  desde  la  fecha  de su pago el 1º de enero de 2006  hasta  el  momento de su cancelación; (iii) se reconozca el perjuicio subjetivo  padecido  por  las  accionantes, el cual se estimó en ($150.000.000.oo); y (iv)  las costas del proceso.   

          

                        2.   Fundamentó    las    súplicas    en    los    hechos    que   se   resumen   a  continuación:   

                      El   31  de  diciembre  de  2005,  estando el señor EDGAR ALONSO PINZÓN CUEVAS en el bus de  servicio  público  de  placas XAE951, marca Chevrolet, color amarillo y blanco,  modelo  1992,  de  propiedad  de  HERMINSON  ANTONIO  RODRIGUEZ  TORO  e  ISMAEL  SÁNCHEZ,  afiliado a la empresa FLOTA MAGDALENA, conduciéndolo por la vía que  de  Santa  Rosa  de  Osos   traslada  a  Medellín,  a  la altura del lugar  conocido  como  LA  CABAÑA,  “le  causó la muerte  trágica  y  accidental al señor LUIS CARLOS VILLA GARCÍA al invadir su carril  y  colisionar de frente con la moto en la que el occiso se desplazaba en calidad  de conductor”.   

                    El fallecido en su  condición  de  esposo  y padre sostenía absolutamente su hogar, conformado por  sus   hijas   NATALIA   y   MÓNICA  VILLA  AREIZA  y  su  esposa  MARTA  AREIZA  CALLE.   

                    Con  base  en  las  mismas  circunstancias,  la  Fiscalía  General  de  la Nación bajo el radicado  interno  No  2377,  investiga  el  delito  de  homicidio  contra  EDGAR  PINZÓN  CUEVAS.   

                     La    empresa    FLOTA  MAGDALENA  S.A,  para el momento del siniestro, “tenía asegurado el vehículo  (…)  mediante  póliza  vigente  con  la  compañía  ASEGURADORA SOLIDARIA DE  COLOMBIA,  que contempla la responsabilidad civil extracontractual amparando por  muerte o lesiones a una persona”.   

                     Argumenta    que    al  fallecer  el  señor  VILLA  GARCÍA  en  la  forma  trágica  e inesperada como  ocurrió,  se  le causó un irreparable daño emocional, moral y patrimonial, al  igual  que  a  sus hijas, quienes hasta el momento no se han podido recuperar, y  eso  deben  resarcirlo  de  manera  solidaria el conductor, los propietarios del  vehículo  de placas XAE951,  y la empresa a la que se encontraba afiliado,  “quienes deberán soportar en su totalidad la carga  de los perjuicios en responsabilidad civil extracontractual”.   

3.  Admitida  la  demanda  por auto de 19 de  diciembre  de  2007,  cada uno de los demandados contestó la acción instaurada  oponiéndose   a  las  pretensiones.  FLOTA  MAGDALENA  lo  hizo  a  través  de  procurador  judicial,  mientras  que  EDGAR  PINZÓN CUEVAS, HERMINSON RODRIGUEZ  TORO  e  ISMAEL  SÁNCHEZ  lo  hicieron  por  conducto  de  curador ad litem.   

   

La  empresa  de  transporte  propuso  como  excepción  de  mérito  la que denominó “culpa exclusiva de la víctima” y  llamó  en  garantía  a la COMPAÑÍA SURAMERICANA DE SEGUROS, quien igualmente  se  defendió  y  formuló  excepciones de fondo, así: “culpa exclusiva de la  víctima”,  “compensación  de  culpas”,  “excepción  de  exclusión al  amparo  de  la póliza por lucro cesante”, “ausencia de prueba y certeza del  daño por lucro cesante”, entre otras.   

4. A la primera instancia, luego de agotarse  las  formas  propias del proceso ordinario, puso fin la sentencia de 11 de enero  de  2012  proferida por el Juzgado Promiscuo del Circuito de Santa Rosa de Osos,  quien  declaró  “civilmente  responsables en forma  solidaria” de los daños causados, a FLOTA MAGDALENA  y  a  los  señores  EDGAR ALONSO PINZÓN CUEVAS, en su calidad de conductor del  automotor,  a  HERMINSON  ANTONIO RODRÍGUEZ TORO e ISMAEL SÁNCHEZ propietarios  del mismo, y a la COMPAÑÍA DE SEGUROS SURAMERICANA.   

Subsecuentemente,  previa  reducción  de la  condena  en un 50% al advertir concurrencia de culpas, los condenó a pagar unas  sumas  de  dinero  a  la cónyuge e hijas del siniestrado por “perjuicio en la  modalidad   de   lucro   cesante   futuro”  y  por  “perjuicios  morales”,  absolviendo en relación con las demás súplicas incoadas.   

Respecto  del mencionado proveído, la parte  actora  junto  con  la  llamada  en  garantía apelaron la providencia de primer  nivel.   

LA   SENTENCIA   DEL  TRIBUNAL   

El fallador comenzó por plantear el problema  jurídico      a      desatar      formulándolo     así:     “¿será  que la conducta de la víctima LUIS CARLOS VILLA GARCIA  tenía  o  no  idoneidad para determinar total o concurrentemente la producción  del hecho dañoso?”.   

Luego  de  destacar  el  cumplimiento de los  presupuestos  procesales,  explicar  la  competencia  de  la  Corporación  para  conocer  de  la  alzada  y  los  requisitos  para  proferir  sentencia de fondo,  acometió    el    examen   de   la   responsabilidad   civil   extracontractual  reclamada.   

Sobre dicha institución, expresó que tiene  sustrato  en  el  principio  general  del  derecho  según el cual, “quien  por  el hecho o culpa suyos causa un daño a otra persona  está   obligado   a   indemnizar  los  perjuicios”,  erigiéndose  en  una fuente de las obligaciones que surge por la infracción de  la  ley  y  no  de un contrato; y es ese postulado, de especial relevancia en la  vida  moderna por cuenta del “creciente tráfico vehicular”, cuyo desarrollo  hace  inminente  la  producción de detrimentos, al punto que hoy la obligación  que  así  nace,  dimana  de  las  llamadas  por  la  doctrina  y jurisprudencia  “actividades peligrosas”.   

Seguidamente  manifestó  que  ese  tipo  de  responsabilidad  exige  que  concurran  los  siguientes  elementos axiológicos:  “a.   Un  hecho  o  una  conducta  culpable  o  riesgosa (…) b. Un  daño  o perjuicio concreto a alguien  (…)  y  c.  el  nexo  causal  entre  los anteriores  supuestos”,  explicando en  que  consistía  cada uno de ellos y trasuntando precedentes sobre el tema de la  Corte  Suprema  de  Justicia,  mismos  de  los  que  concluyó  que  actualmente  “en   Colombia   se   aplica   el   régimen   de  responsabilidad  objetiva  consagrado en el art. 2356 del C.C, cuando el autor y  la  víctima  ejercen  simultánea  o  concurrentemente  la  conducta  peligrosa  concurriendo  la  actividad  del  autor  y  la  de  la  víctima, no se presenta  compensación  de  culpas,  neutralización  de actividades, ni de presunciones.  Consecuentemente,  la  conducta sea o no culposa se aprecia de forma objetiva en  el  marco  del ejercicio de la actividad, sin perjuicio de evaluar las conductas  en su nivel de confluencia o participación en quebranto”.   

Al aterrizar en el caso concreto, memoró la  circunstancia  trágica  que motivó el litigio. Dijo, que acorde lo señaló la  COMPAÑÍA  SURAMERICANA  a través de su vocero judicial, el punto se centra en  uno  de  los  elementos  eximentes  de  responsabilidad,  cual  es  “la  culpa  exclusiva  de  la  víctima”, mientras que, para la parte actora solamente los  demandados  con  su  proceder,  detonaron  la “causa  determinante  del  siniestro  por  invadir  el  carril  contrario  en el cual se  desplazaba  la motocicleta conducida por el finado LUIS CARLOS VILLA GARCÍA”.   

Expuso que en esta especie de responsabilidad  aquiliana,  según  lo  enseña  la doctrina y jurisprudencia, corresponde a las  pretensoras  demostrar  el  hecho  dañoso,  el perjuicio cuya indemnización se  reclama  y  el  nexo causal entre esos dos elementos, al cabo que los opositores  tienen  la  carga  probatoria respecto de la presencia de una causa extraña, la  culpa  exclusiva  de  la  víctima  o  la  intervención  de  un  tercero  en la  producción del daño.   

Relacionó  las  tres posibles hipótesis en  que  pudo  haberse  causado  el siniestro y, lo propio hizo en relación con los  medios  de  convicción que se allegaron así: documentales, testimoniales y las  pruebas  que  se  trasladaron de la investigación penal que se adelanta por los  mismos hechos.   

Sobre  los  medios probatorios documentales,  enunció  para  su  análisis,  con una explicación suscinta de su contenido, a  más  del  certificado  de  defunción  de VILLA GARCÍA y del matrimonio que en  vida  contrajo,  la  copia  de  la  Resolución  No 101, por medio de la cual la  Secretaria  de  Tránsito  extinguió  la  acción  contravencional respecto del  difunto,  “dejando claridad que (…) se comprobó que el mencionado señor no  violó  norma  alguna  establecida  en  el  Código Nacional de Tránsito”. En  cambio sancionó a EDGAR ALONSO PINZÓN CUEVAS.   

Igualmente, la inspección ocular del Jefe de  Seguridad  Vial,  quien dijo que la versión dada por el “conductor del Bus de  placas  XAE  951  es  contradictoria   y  falta  a la verdad en cuanto a la  dirección  en  que  venia  el  occiso, también en el punto de impacto”; así  como  el  informe  de  accidente  de  tránsito y el de policía donde consta la  versión  de  PINZÓN  CUEVAS, y el diagnóstico de la necropsia realizado sobre  el cuerpo sin vida de LUIS CARLOS VILLA.   

Como medios declarativos tuvo en cuenta, las  versiones  de  GUILLERMO LEÓN MUÑOZ, agricultor que manifestó conocer a MARTA  IRENE  AREIZA  y  estar a 50 metros del sitio donde ocurrió el accidente, junto  con  la  versión  de  YAMITH DE JESÚS PÉREZ VILLA, quien también había  declarado en la Fiscalía.   

Finalmente, de la prueba trasladada refirió  que   “se   allegaron   los  siguientes  elementos  confirmatorios  de  la investigación penal”: por una  parte,  la  versión  de EDGAR ALONSO PINZÓN CUEVAS, FRANCISO LUIS BERNAL y LUZ  STELLA  CASTAÑEDA  CORTÉS;  y  por  otra,  el  informe pericial de física del  Instituto  Nacional  de Medicina Legal decretado en la audiencia preparatoria de  que trata el artículo 401 del CPP.   

Con base en lo anterior, concluyó que dentro  del  marco  de  su  autonomía  probatoria  puede  aseverarse  que  el automotor  conducido  por  EDGAR  ALONSO  PINZÓN  se desplazaba en el carril derecho hacia  Medellín,  y  la  moto  conducida por LUIS CARLOS VILLA GARCÍA, se dirigía en  sentido  opuesto  a  Santa  Rosa  de  Osos  “con la  agravante  que  éste tenía una concentración etílica de 155 mg% de etanol en  la  sangre,  lo  cual  equivale a una embriaguez en grado III (…) estado en el  cual  no  se  podía  manejar  ningún  vehículo  porque hay alteración de los  reflejos  y  en  la coordinación motora”, siendo esa  la  causa  determinante  del  accidente,  porque  su consumo excesivo de alcohol  generó  que  la victima perdiera el control e invadiera el carril contrario por  el  cual  se  desplazaba  PINZÓN  CUEVAS,  quien  al  ver  el peligro inminente  intentó  evitar  la  colisión  “virando  la  dirección  a  la  izquierda  y  aplicando  el  freno”,  no  obstante  que  la  motocicleta en todo caso chocó  contra el paral derecho del bus.   

De  esta  suerte, agregó, si el siniestrado  hubiese  acatado  las  normas  de  circulación contenidas en la ley 769 de 2002  absteniéndose  de  realizar  maniobras que entorpecieran el tráfico y pusieran  en   peligro   la   propia  vida,  “no  se  hubiera  presentado  el  fatídico  accidente”  pues  fue  su  conducta  imprudente  la  causa  idónea para que se ocasionara el daño, lo que  revela  que  existió una clara “culpa exclusiva de la víctima que desvirtúa  la  responsabilidad de los resistentes”, por manera que el hecho dañoso no es  causalmente atribuible a ellos.   

LA    DEMANDA   DE  CASACION   

          Con  sustento  en  la  causal  primera  de casación que consagra el  artículo  368 del Código de Procedimiento Civil se formuló una sola denuncia,  así:   

CARGO ÚNICO  

          Se  acusa  la  sentencia  de  violar indirectamente, por aplicación  indebida,  como  consecuencia  de  errores de hecho, los artículos 2341, 2356 y  2357 del Código Civil, al igual que la Ley 769 de 2002, luego de:   

     

1. “Dar  por  probado,  sin  estarlo,  que  la  causa  del accidente  obedeció a culpa exclusiva del motociclista fallecido.   

2. No  dar  por  demostrado, estándolo, que el causante del accidente  fue  el  conductor  del  vehículo tipo bus conducido por el señor EDGAR ALONSO  PINZÓN CUEVAS.   

3. Dar  por  demostrado,  sin  estarlo,  que  la  causa  del accidente  ocurrió por la ingesta de alcohol de la motocicleta fallecido.   

4. No  dar  por  demostrado, estándolo, que la causa del accidente se  debió  a  la  imprudencia,  impericia y violación de reglamentos del conductor  del   vehículo   tipo   bus  conducido  por  el  señor  EDGAR  ALONSO  PINZÓN  CUEVAS.   

5. Dar  por  demostrado,  sin  estarlo, que el conductor del vehículo  tipo  bus  (…), intentó evitar el choque virando la dirección a la izquierda  y aplicando el freno.   

6. Dar  por  demostrado,  sin  estarlo, que el conductor del vehículo  tipo  bus  EDGAR  ALONSO  PINZÓN CUEVAS, invadió el carril en que circulaba el  motociclista   fallecido,   causando   el   accidente,  al  hacer  maniobras  de  adelantamiento.   

7. Dar  por  demostrado,  sin  estarlo que la maniobra que ejecutó el  conductor  del  bus  (…),  instantes  antes  del  accidente fue para evitar la  ocurrencia del mismo como acto defensivo.   

8. No   dar   por   demostrado,   estándolo   que   la  maniobra  que  efectuó   el  conductor  del  bus instantes del accidente virando hacia la  izquierda fue para realizar maniobras de adelantamiento.   

9. Dar  por  demostrado,  sin estarlo, que el conductor del bus (…),  no infringió ninguna norma ni reglamento de tránsito.   

10. No  dar  por  demostrado, estándolo, que el causante del accidente  fue    el   conductor   EDGAR   ALONSO   CUEVAS,   quien   resultó   sancionado  contravencionalmente  por  infringir  el  artículo  60  y  68  del  Código  de  Tránsito.   

11. Dar  por  demostrado,  sin estarlo, que el señor LUIS CARLOS VILLA  GARCÍA,    fallecido,    fue    quien    violó   normas   y   reglamentos   de  tránsito.   

12. No  dar por demostrado, estándolo, que el señor LUIS CARLOS VILLA  GARCÍA, no violó ninguna norma de tránsito”.     

         Inmediatamente  expuso   el  censor  que  los  señalados  errores  de  hecho  los  cometió  el  ad  quem, de una parte, por  apreciar  erróneamente  los informes vistos en folios 26 a 31 del cuaderno No 1  y  en  las  páginas  226  a 248 del cuaderno No 2, junto a la Resolución de la  Secretaría  de  Transporte,  la inspección de la Jefe de Seguridad Vial (folio  25 cuaderno No 1) y el documento de necropsia.   

          Para demostrar los  errores de hecho, señaló:   

             El     Tribunal  apreció  erróneamente  el  informe de accidente (folios 26-28 C.1) emitido por  la  Policía  de  Carreteras  Zona Noroccidental Estación Antioquia, por cuanto  del  mismo  solo  extrajo  lo  relacionado  con  las personas involucradas en el  suceso  y  el  estado  de  la  vía,  muy  a  pesar  de  que el documento indica  “que los vehículos fueron movidos, las autoridades  de  tránsito  sí  elaboraron un croquis del sitio del accidente con ubicación  del  posible  punto  de  impacto,  localización  final del cuerpo del occiso, y  huellas   o  restos  dejados  como  consecuencia  del  impacto”.  Es  decir, que el croquis muestra que aquél se presentó en la ruta  por  la que se desplazaba el motorista fallecido, observándose que el automotor  infractor    “invadió    la    vía   del   otro  conductor”  pues  todo  da  a  entender que el punto  donde  se  produjo  la  colisión  fue en el carril propio de quien conducía la  moto.   

         Así,  equivocadamente  el  sentenciador  plural dio por acreditado, sin estarlo  “que  el  culpable  del accidente fue el conductor de la motocicleta” cuando  la  evidencia  muestra  que el bus invade el carril contrario, acorde lo revelan  las probanzas atrás relacionadas.   

            Dice   que,   es  palpable  el  yerro  de  facto  cometido  por  el  Juez Colegiado al apreciar el  informe  físico  efectuado  por  el  Instituto  de Medicina Legal, “cuando   de   él  SOLO  toma  parte  (…)  para  llegar  a  la  conclusión  a  que  arrimó, dejando de lado elementos de juicio esenciales del  mismo   que  necesariamente  conducen  a  conclusiones  diversas”,   olvidando  que  tal  dictamen  en  uno  de  sus  apartados  dice:  “Todo   lo   analizado  en  párrafos  anteriores,  muestran  que  el  bus  antes  de  iniciar  la huella de frenado viajaba por sus  respectivo  carril  y  por  alguna  razón  su  conductor  reacciona  virando la  dirección  hacia  la  izquierda  y  aplicando  fuertemente el freno quedando la  huella  de  freno  marcada  sobre el carril correspondiente a los vehículos que  viajaban  de  Don  Matias  hacia  Santa  Rosa  de Osos, quedando dicho bus en su  posición final (…)”.   

            De   donde,   la  experticia    que    sirvió    de    fundamento    al   fallador   “no  dice ni afirma con certeza que la razón del viraje que hizo  el   conductor   del   bus  haya  sido  por  la  aparición  de  la  motocicleta  (…)”  ya  que lo que si revela el dictamen, es que  por  una  causa no determinable se vio en la necesidad de hacer maniobras que lo  condujeron  a  invadir  el  carril  contrario.  Así,  realizó  el Tribunal una  deducción  que  no  venia  al  caso,  porque  lo  que  dice  el  informe es que  “NO  ES  POSIBLE ESTABLECER EL SITIO SOBRE EL LUGAR  DE  LOS HECHOS DONDE LA MOTO Y EL BUS HICIERON SU CONTACTO INICIAL, y agrega que  ES  IMPOSIBLE  DETERMINAR  SI  EL  CONTACTO  ENTRE LA MOTO Y EL BUS SE PRESENTÓ  CUANDO  LA  MOTO  ESTABA SOBRE SU RESPECTIVO  CARRIL DE CIRCULACIÓN, SOBRE  EL  CARRIL  CONTRARIO  O  ENTRE  LOS  DOS  CARRILES”.  (Mayúsculas original del texto).   

          En  este orden, la  apreciación  equívoca  de  la Resolución de la Secretaría de Tránsito y del  informe  físico   referido,  llevaron  a  razonar al juzgador ad  quem,  que  si la motocicleta hubiese  acatado  las  normas  de  circulación, no se hubiera presentado el “fatídico  accidente”,  cuando en las mismas documentales se advierte expresamente que el  señor  LUIS  CARLOS  VILLA,  no infringió norma alguna del Código Nacional de  Tránsito  Terrestre,  lo  que  significa  que  las  conclusiones  de la segunda  instancia   para   endilgar   la   culpa  en  la  ocurrencia  del  accidente  al  motociclista,  “no  tienen  un sustento científico  toda  vez  que,  (…)  la  información  aportada  en el croquis del informe de  accidente  no  aporta ninguna información objetiva”,  de  manera  que “dicha prueba no podía ser tomada o  evaluada para edificar la sentencia que se impugna”.   

           En  cuanto  a  la  prueba  testimonial,  luego  de trasuntar la declaración rendida en el plenario  por  GUILLERMO  LEÓN  MUÑOZ  RUÍZ  afirmó  que de acuerdo con aquella, queda  ratificado  que  “efectivamente  quien  cometió  la imprudencia de invadir el  carril  por  donde  conducía  el  motociclista,  por  hacer  un  adelantamiento  prohibido,  fue el conductor del bus”, contrario a lo dicho por la Colegiatura  de  segundo  grado  en  el  sentido  de que debido a la embriaguez del occiso se  produjo   el  accidente,  “y  mucho  menos  que  el  fallecido  hubiese  violado los reglamentos o normas de tránsito”.   

            De  acuerdo  con  ello,  finalmente  solicitó  que  se  modifique  la  sentencia  de primera  instancia  en  el  entendido  de  que  debe  condenarse  “solidariamente a los  responsables  de  la  totalidad  de los daños y perjuicios”. Subsidiariamente  pidió  que  en  sede  de apelación se confirme la providencia del a quo.   

CONSIDERACIONES  

1. Auscultado el cargo formulado en su exacta  dimensión,  el  inconforme,  en  rigor,  protesta  un  error  de  hecho  por la  equivocada  apreciación de unas pruebas y la omisión en el análisis de otras.   

Es  del  caso  señalar  que,  prima  facie,  el  yerro  que  se reclama  recae  sobre  la  contemplación  física,  material  u objetiva de la prueba, y  ocurre  por preterición, suposición, alteración o distorsión de su contenido  en  la  medida  que  se  atribuye un sentido distinto al que cumple dispensarle.  Dicho   de   otra   forma,  la  equivocación  se  produce  cuando  el  juzgador  “ha  visto  mucho  o  poco, ha inventado o mutilado  pruebas;   en   fin,  el  problema  es  de  desarreglos  ópticos”1   

.  

En  tal  virtud,  para  que  se presente, es  necesario  “que  al  primer golpe de vista ponga de  manifiesto  la  contraevidencia  de  la  determinación  adoptada  en  el  fallo  combatido  con  la  realidad  que  fluya del proceso”  (sentencia  146  de  17  de  octubre  de  2006,  exp. 06798-01), “que  repugna  al buen juicio”, es decir,  que    “el    fallador    está    convicto    de  contraevidencia”  (sentencias de 11 de julio de 1990  y  24 de enero de 1992), por violentar “la lógica o  el     buen    sentido    común”    (CCXXXI,644),  “tan  evidente,  esto  es,  que  nadie  vacile  en  detectarlo,  que  cuando apenas se atisba como probable o posible, ya no alcanza  para  el  éxito  de  la  casación,  porque, como lo tiene averiguado la Corte,  ‘la  duda  jamás sería  apoyo    razonable    para    desconocer    los   poderes   discrecionales   del  sentenciador     (XLV,  649)’…”  (CCXXXI,  p. 645. Reiterado en Cas. Civ. de 19 de mayo de 2011.  Exp. 2006-00273-01).   

Por  ello,  la  acusación  debe  contener  “argumentos  incontestables”  (Sent.  cas.  civ.  22  de  octubre  de 1998),  «tan   concluyentes  que  la  sola  exposición  del  recurrente    haga    rodar    por    el    piso   la   labor   probatoria   del  Tribunal”  (Sent.  de  23  de  febrero de 2000, exp.  5371),  sin  limitarse  a contraponer la interpretación que de las pruebas  hace  el  censor  con  la  que  hizo el fallador   porque, por más razonado que ello resulte,     sabido    se    tiene  “que  un  relato  de  ese  talante  no alcanza a constituir una  crítica   al   fallo  sino  apenas  un  alegato  de  instancia”  (sentencia 056 de 8 de abril de 2005, exp. 7730).   

2.  Realizadas esas precisiones referidas al  tipo  de  yerro imputado a la sentencia, se observa que en el asunto que demanda  la  atención  de la Sala, el Tribunal revocó la decisión de primer grado y en  su   lugar   declaró  probada  la  excepción  perentoria  denominada  “culpa  exclusiva  de  la  víctima”,  con  fundamento  en el análisis de las pruebas  incorporadas al proceso y especificadas en oportunidad.   

3.  El  reproche propuesto a la sentencia de  segunda   instancia   apuntalado   en   el  tipo  de  falta  descrita,  se  basa  fundamentalmente  en  que  el juzgador plural no valoró unas pruebas y apreció  erróneamente  otras,  lo  que  lo  llevó  a  concluir  equivocadamente  que la  “causa determinante” del  accidente   que   motivó   el   litigio   fue  producida  por  el  “consumo  de  sustancias  depresoras”  por  parte  del motorista que perdió la vida cuyo nombre respondía al de LUÍS  CARLOS  VILLA  GARCÍA,  haciéndole  perder  el  control  e  invadir  el carril  contrario e impactar el bus en su lado derecho.   

Examinada  la  censura  con detenimiento, es  palmaria  su  carencia  de  prosperidad por no demostrar los desatinos fácticos  incidentes,  ostensibles  y  trascendentes  que hubieren conducido al Tribunal a  que variara el sentido de la providencia impugnada.   

De  los  medios  de  convicción  allegados,  básicamente  el  Tribunal  tuvo  en cuenta como soporte de la decisión tomada,  unas  pruebas  documentales  aportadas oportunamente, otras traídas del proceso  penal  que  por  razón del mismo accidente se sigue contra el conductor del bus  EDGAR  ALONSO  PINZÓN  CUEVAS,  así  como  declaraciones  rendidas  dentro del  presente juicio.   

4. Sobre las pruebas no consideradas, aludió  el  censor  a  la demanda y sus contestaciones, al informe de OSCAR FLÓREZ y el  de  policía judicial, al igual que las Resoluciones con las que se calificó el  mérito  del sumario proferidas por la Unidad Delegada ante el Juzgado Promiscuo  del  Circuito  de Santa Rosa de Osos, posteriormente confirmada por la Unidad de  Fiscales Delegada ante el Tribunal Superior de Antioquia.   

           Al  emprender  el  estudio  de  lo  que  el  inconforme denominó “la demostración del cargo”,  únicamente  se  refirió a las Resoluciones emanadas de la Fiscalía General de  la  Nación,  olvidando  respecto  de las otras, que la mera relación de piezas  presuntamente  inadvertidas  no son bastantes para la casación, pues como lo ha  dicho  la  Corporación,  en  tratándose  de  un  ataque  por errores de facto,  “el  acusador,  en  su  gestión  de  demostrar los  yerros  del  juzgador,  (…)  tendrá que precisar los apartes relativos a cada  una  de  las  falencias  de valoración probatoria, confrontando la realidad que  resulta   de   la   prueba   con   la   errada  ponderación  efectuada  por  el  sentenciador”. (Sentencia 056 de 8 de abril de 2005,  exp No 730).   

                   De   las   Resoluciones  proferidas  por la Fiscalía General de la Nación, visibles en las páginas 129  a  143  del cuaderno 2, debe decir la Sala, en primer lugar, que ellas no están  provistas  de  la fuerza probatoria que se pretende, pues constituyen apenas una  calificación  jurídica  provisional  de  la  conducta  investigada. En efecto,  tiene  dicho  la jurisprudencia de la Corte que, “la  resolución  de  acusación es sólo eso, la acusación que la Fiscalía General  de  la  Nación  formula  ante  los  jueces  penales en contra de la persona del  sindicado  por los delitos que se investigan, y que por lo mismo, no corresponde  a  una  decisión de la que pueda inferirse responsabilidad penal”2, y mucho menos civil.   

                  En segundo orden, aunque  ciertamente  el  ad  quem no  valoró  los  prenombrados  medios  de  convicción,  si  lo  hubiere  hecho, la  decisión  en  nada  hubiera  cambiado,  precisamente  porque,  al realizarse la  integral  revisión  de las pruebas recabadas, el Tribunal halló demostrado con  otros  medios,  el  rompimiento  del  nexo  causal  por  razón  de  la conducta  exclusiva de la víctima.   

           

          Así,  por  sabido  se  tiene,  cualquier dislate que se atribuya al fallador debe ser trascendente,  lo  que significa que el mismo ha de resultar determinante o decisivo para fijar  el  sentido  de  la providencia combatida en el recurso extraordinario, al punto  que,  de  no  haberse cometido, otra habría sido forzosamente la dirección del  pronunciamiento  judicial.  Justamente,  sobre  el  tema  ha destacado la Corte:  “… para que la violación de la ley adquiera real  incidencia  en casación, (…) es menester que tenga consecuencia directa en la  parte  resolutiva del fallo, por lo que aquellos errores que apenas aparezcan en  las   motivaciones   o   razonamientos   de  la  providencia,  sin  esa  forzosa  trascendencia  en la conclusión final, no alcanzan a obtener la prosperidad del  recurso.”  (sentencia  de  19  de mayo de 2004, exp.  7145,).   

                  El  ataque  estructurado  en    la    preterición    de   prueba,   entonces,   resulta   infundado   por  intrascendente.   

                  5.  En relación con las  probanzas  documentales   “erróneamente apreciadas”, el inconforme, en  puridad,   enunció  las  siguientes:  El  informe  de accidente (folios 26  – 31 del cuaderno 1), así  como  el  de  necropsia (folios 43 y ss del cuaderno 1), el del técnico físico  (folios  226  a  248  del  cuaderno  2),  la  Resolución  de  la Secretaría de  Tránsito  (folios  17-24  del  cuaderno  1)  y  la  inspección  de  la Jefe de  Seguridad  Vial  (folio  25  del  cuaderno  1).  No  obstante,  en  su  discurso  argumentativo   omitió,  en  términos  absolutos,  referencia  alguna  al  reporte  de  necropsia  y al acto administrativo procedente de la Secretaría de  Tránsito  de  Santa  Rosa  de Osos que finiquitó la actuación contravencional  seguida contra EDGAR ALONSO PINZÓN.   

                    5.1 Reprocha  el  casacionista  que  el Tribunal estimó  erradamente el dictamen rendido  por  la  Inspección  de  Policía y Tránsito del Municipio Donmatias-Antioquia  (folios   27,   28  del  cuaderno  1),  debido  a  que  del  mismo  “solamente  extrajo  lo relacionado con las personas involucradas  en  el accidente y el estado de la vía”, a pesar que  el  documento  “indica  que  los  vehículos fueron  movidos,  las  autoridades de tránsito sí elaboraron  un  croquis,  el  cual muestra los restos habidos en la vía, la posición final  del  cadáver  y  que  el  siniestro ocurrió en la ruta por donde transitaba la  motocicleta.   

                   Dado  que  la  crítica  expone  que el fallador de segundo nivel no valoró de una manera “íntegra el  documento”,  por  ignorarse el croquis, debe expresarse que, si lo que reclama  es  la evaluación completa del reporte de tránsito, olvidó acusar la versión  del  conductor  del  bus  que  se  encontraba  anexa  al  dictamen (folio 29), y  también  aludir  a  que  el  mismo  concepto  de la autoridad manifestó que el  impacto  del  bus  se  produjo en su costado derecho, mientras que el de la moto  fue en la parte central, como lo consignó el Tribunal.   

           Además  de  esas  deficiencias  en  la  presentación del ataque, llama la atención que aunque se  duele  de  su indebida valoración, más adelante expone que las conclusiones de  la  segunda  instancia  para endilgar la culpa en la ocurrencia del accidente al  motociclista,  “no  tienen  un sustento científico  toda  vez  que,  (…)  la  información  aportada  en el croquis del informe de accidente no aporta ninguna  información  objetiva”, de  manera  que  “dicha prueba  no  podía  ser  tomada o evaluada para edificar la sentencia que se impugna”.  (Negrilla fuera de texto).   

          La  contradicción  en  que  incurre  la  censura  frente  al  análisis  que  se  hizo de la prueba  comentada,   hace   que   caiga   al   vacío   inmediatamente   luego   de  que  concomitantemente  reclama  de  una parte, una observación distinta, y de otro,  que no se tenga en cuenta por su falta de soporte científico.   

                 5.2 El informe pericial  de  física,  efectuado  por  el  Instituto de Medicina  Legal,   fue   atacado   por  equivocada  valoración  probativa  porque, el sentenciador “de él SOLO toma  parte  (…)  para  llegar  a  la  conclusión  a  que  arrimó, dejando de lado  elementos  de juicio esenciales (…) que necesariamente conducen a conclusiones  diversas”.    Así    pues,   como   la  experticia  que  sirvió  de  fundamento  al juzgador no permite  establecer  el sitio puntual de colisión en la carretera, ni afirma con certeza  que  la  razón  del  viraje  que  hizo  el  conductor  del bus haya sido por la  aparición  de  la motocicleta, mal podía realizar la deducción que hizo en el  sentido  de  que  fue  el  motorista quien, hallándose en estado de embriaguez,  invadió el carril del autobús.   

Para  el  Tribunal,  del  peritaje físico  reseñado,  una  vez  reprodujo  apartes  de  su contenido, el rodante conducido  por   ALONSO  PINZÓN  se  desplazaba  por el carril derecho  en la vía que traslada de Santa Rosa de  Osos  hacia   Medellín, y la moto conducida por LUIS CARLOS VILLA GARCÍA,  se  dirigía  en  sentido  opuesto “con la agravante  que  éste tenía una concentración etílica de 155 mg% de etanol en la sangre,  lo  cual  equivale  a  una embriaguez en grado III (…) estado en el cual no se  podía  manejar ningún vehículo porque hay alteración de los reflejos y en la  coordinación   motora”,   siendo   esa   la  causa  primordial  del  siniestro  por  cuanto, dado el consumo excesivo de alcohol, la  victima  perdió  el  control,  usurpó  el carril contrario y chocó fatalmente  contra el paral derecho del bus.   

                  Adicionalmente, también  advirtió  el  ad quem que si  “el  mal comportamiento”  hubiera  sido  del  demandado  que  manejaba   el  automotor,  “entonces  la colisión se habría producido con la parte frontal  del  bus o su lado izquierdo, pero el lugar del impacto de los vehículos indica  que  fue  el irresponsable y descontrolado motociclista quien invadió el carril  contrario  en  una  curva  oscura  como  se  hizo  patente  en este escenario de  debate”.   

                  Contrastado el cargo con  el  análisis  vertido  en la sentencia de segundo nivel se encuentra, en primer  lugar,  que  el  asunto no gravita en precisar solamente la vía de la carretera  donde  ocurrió  el  accidente, si no, si era razonable y probable que en virtud  del  excesivo  alcohol  consumido,  LUÍS  CARLOS VILLA GARCÍA irrumpiera en el  sendero  por  donde  se desplazaba el automotor con el que se estrelló, como lo  aseveró la decisión combatida.   

         

                   En   segundo  lugar,  a  pesar  del  recurrente  señalar  que  según  la  experticia  en  comento “ES  IMPOSIBLE  DETERMINAR”  si  la  moto  y  el bus hicieron contacto en el carril  izquierdo,  el  derecho  o  entre los dos, el juez plural, no solo dedujo que la  moto   invadió   el  carril  diestro,   sino  que  además  analizó  para  concluir   la  absolución,  que  la  parte  del  rodante  sobre la cual se  produjo  el  contacto  letal,  hace  deducir  la  culpa  del  motociclista pues,  “desafortunadamente  la  moto  impactó  contra  el  paral derecho del bus”.   

                   

                  Tal  aspecto,  entonces,  relativo  al lugar del automotor donde se presentó el choque (punto de impacto)  y  sobre  el que igualmente se edificó el razonamiento de la providencia, al no  quedar  controvertido y mucho menos derruido por el ataque, la crítica se torna  impróspera   ya   que,   tal  como  lo  ha  sostenido  la  Corte:  “cuando  la  sentencia  atacada  se  apoya en varios puntales, es  necesario  y  adicionalmente  imprescindible,  que  se combatan todos ellos para  poder  invalidarla,  ya que si el ataque no involucra el grueso de los sustentos  que  le  sirven  de  basamento, o si aún haciéndolo queda por lo menos uno que  sea    suficiente    para    respaldar    el   fallo,   éste   no   puede   ser  quebrado”.  (Auto  de  8  de noviembre de 2011, exp.  2005-00501-01, entre otros).   

                     6.    Por    último,  cuestionó  el  censor  que  no  se  tuvo en cuenta la declaración de GUILLERMO  LEÓN  MUÑOZ  RUÍZ,  sustrayéndose  de  aludir  al  mérito  que a las demás  versiones  otorgó  el  juez  Colegiado.  Expuso que ese testimonio ratifica que  efectivamente  quien cometió la imprudencia de invadir el carril en la vía fue  EDGAR PINZÓN CUEVAS, contrario a lo concluido por el sentenciador.   

                  Es  necesario  advertir,  que  el  Tribunal,  lejos  de  omitir la valoración de esa declaración, sí la  tuvo   en  cuenta,  pero  resultó  desechada  dada  la  contradicción  en  que  incurrió,  considerando  la  inconsistencia  habida respecto de la declaración  que  por  los  mismos  hechos  rindió  en  el proceso penal (folios 108-110 del  cuaderno 2).   

                    Además,    para    el  ad  quem  la prueba perdió  eficacia  “porque  se nota cierta deficiencia en la  evocación  de  las  circunstancias”; por ejemplo, no  tenía  certeza  de  la  fecha  del  accidente,  no  dio  cuenta  del  estado de  embriaguez  “en  el cual se encontraba LUÍS CARLOS  VILLA,   lo   cual   es   un   hecho   probado   con   el  informe  pericial  de  alcoholemia”   y  más  grave  aún,  cual  se  expresó,  mientras  que en la diligencia que se practicó dentro de la presente  actuación    afirmó   que   el   motociclista   se   desplazaba   “por  el  carril derecho”, lo que dijo  en  la  Fiscalía  cuando  fue  inquirido en el mismo sentido fue contrario a lo  allí  expresado, pues declaró:  “(..) yo creo  que la moto venía más por el centro”.   

                        El  análisis  del  sentenciador de segundo nivel al desechar ese testimonio, la  Corte  lo  encuentra  ajustado  a  los dictados de la lógica, máxime cuando la  conclusión  final  quedó validada con el estudio de las pruebas documentales y  de  las  versiones  que obran en el expediente de LUZ STELLA CASTAÑEDA CORTÉS,  FRANCISCO  BERNAL  FLOREZ  y  del  propio  demandado EDGAR ALONSO PINZÓN CUEVAS  cuando fue citado en el proceso penal.   

Habida cuenta de lo enunciado, el fallador,  según  la  valoración  ponderada de los elementos probatorios ante actividades  peligrosas  y conductas concurrentes, en razón de la autonomía e independencia  judicial,  no  incurrió en los yerros planteados, por no resultar los acusados,  lo  suficientemente  ostensibles  y  de  tal  magnitud para lograr desvirtuar su  fundamentación;  por  el contrario adoptó la decisión que se combate en forma  adecuada   y   en  acatamiento  a  los  cánones  formales  y  sustanciales  del  caso.   

                  7.  Finalmente  la  Sala  hace  notar,  por  ser  ese  su  deber, una deficiencia conceptual, que debe ser  aclarada, así:   

                   El  Tribunal  valoró en toda su dimensión la prueba traslada del proceso penal  que  cursa  por  el mismo accidente automotor que aquí se estudia, sin observar  la  existencia  de una falta formal en el trámite de la misma, por cuanto no se  hicieron  las  anotaciones y requerimientos que  exige el artículo 185 del  estatuto  procesal  civil  para su adecuada incorporación; no obstante ello, es  evidente  que  al  ser  utilizado  ese  medio  documental  como  soporte  de sus  argumentaciones  tanto por la parte demandante como por la demandada, a pesar de  esa   falencia,   releva   a   la   Corte   de  restarles  el  valor  probatorio  correspondiente;   lo anterior a más que no fue atacado ese error por vía  del recurso extraordinario.   

                       Las     formas  procesales  son  establecidas en nuestra legislación para proteger a las partes  el  debido  proceso  a través del derecho de defensa y de contradicción; tiene  como  fundamento  otorgar  la  certeza  de  que cada medio probatorio reúne las  condiciones  para  su  adecuada  valoración,  pues  está adornado de la fuerza  requerida   para   asumirlo  como  instrumento  de  búsqueda  de  la  verdad  y  otorgamiento  de  la justicia. Empero, si las partes aceptan la presencia de una  prueba  que  adolece  de alguna de esas ritualidades y la utilizan sin reato, no  es  el funcionario judicial el llamado a eliminarla del acervo, pues se presumen  cumplidos,  para  ellas,  en  el  ambiente del específico litigio, los derechos  fundamentales  aludidos  y  protegidos por la Carta superior, salvo lógicamente  que  se  trate  de  solemnidades  que  en  rezago del principio de tarifa legal,  necesiten     obligatoriamente    el    cumplimiento    de    una    determinada  exigencia.   

                        8.-  Con  fundamento   en   las   motivaciones   discurridas   en  precedencia,  el  cargo  planteado   no   se  abre  paso.   

DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Civil, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley   

RESUELVE  

                                              Primero.-    NO CASA la sentencia  proferida  el  9  de  abril  de  2012  proferida  por  la Sala Civil-Familia del  Tribunal  Superior  de  Antioquia dentro del proceso ordinario que la recurrente  promovió   contra  FLOTA  MAGDALENA  S.A.,  EDGAR  ALONSO  PINZÓN CUEVAS,  ISMAEL SÁNCHEZ y HERMISON ANTONIO RODRIGO TORO.   

                      Segundo.-  CONDENAR  en  costas  del  recurso  de  casación  al  recurrente.  Por  concepto  de  agencias  en  derecho inclúyase la suma de tres  millones   de   pesos   ($3.000.000.oo)    M/cte,   por   no   haber   sido  replicada.   

NOTIFÍQUESE  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH   MARINA  DÍAZ  RUEDA   

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL    SALAZAR  RAMÍREZ   

LUÍS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

    

1  Cas.  Civ. sentencia de 11 de mayo de 2004, Expediente  No. 7661.   

2  CSJ  Sentencia de 19 de diciembre de 2006. Exp. 2004-00745-00     

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