SC4393-2014 [2006-00639-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

Magistrada Ponente  

SC4393-2014  

Radicación           n°  11001-3103-023-2006-00639-01   

(Aprobado en sesión de veinticinco de febrero  de dos mil catorce)   

Bogotá  D.C.,  ocho  (8) de abril de dos mil  catorce (2014).   

Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación  interpuesto  por la accionada Misaelina Moreno Cañón, frente a la sentencia de  11  de  octubre  de  2012  proferida por la Sala Civil del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  dentro  del  proceso ordinario reivindicatorio  promovido  contra  la  impugnante y Uriel Yesid Barreto Castro, por el Banco del  Estado,  hoy  liquidado,  el  que  transfirió  el inmueble objeto del litigio a  Central  de  Inversiones  S.A. y ésta lo enajenó a Genoveva Tovar de Trujillo,  asunto  en el que la recurrente extraordinaria formuló demanda de reconvención  de declaración de pertenencia.   

I.           ANTECEDENTES   

1.   Las  pretensiones  planteadas en la  demanda  inicial,  según  el  escrito  de  reforma  (c.1, fls.191-203), son las  siguientes:   

Verificar  que  la  entidad accionante es la  única  dueña y tiene el derecho de dominio del «lote  de   terreno   I   de   la   manzana  ‘A’, ubicado en  la  calle  22C  n°132-70  de la localidad de Fontibón en Bogotá D.C., el cual  tiene  un  área superficiaria de cinco mil setencientos cincuenta y seis metros  con  veintidós  centímetros  cuadrados  (5.756,22  m2),  que  hace parte de la  urbanización  Hacienda  El  Escritorio», debidamente  identificado  por  sus  linderos  y  medidas,  inscrito  al  folio de matrícula  inmobiliaria   n°  50C-1411300  de  la  Oficina  de  Registro  de  Instrumentos  Públicos  de  Bogotá,  y  en  consecuencia,  se condene a Misaelina Moreno y a  Uriel  Yesid  Barreto  Castro,  a  restituir  el  citado  predio  a  la  actora,  ordenándole  pagar  los  respectivos  frutos  naturales  y civiles «desde  el mes de mayo de 1990 hasta la fecha en que se produzca la  entrega   real   y  material  del  predio»,  debiendo  reconocer  que  son  poseedores  de  mala  fe  para  efectos de las «restituciones mutuas».   

2.   La causa  petendi  sustento  de las señaladas súplicas, admite  compendiarla, así:   

a).   Isabel  Lee  Campos  de  Barrera  le  transfirió  a  la  Fiduciaria  Tequendama  S.A.,  «a  título   de   fiducia   mercantil  irrevocable»,  la  propiedad  del  reseñado  inmueble,  según  consta en la E.P. n° 3025 de 7 de  julio  de 1995 de la Notaría 42 de esta ciudad, en la que también se extendió  el   acto   de   fraccionamiento  del  predio  de  mayor  extensión  denominado  «lote  n°  2  Hacienda  El  Escritorio»,  formándose  el «lote 1 de la manzana A  y el 2 de la manzana E».   

b).  Al ejecutarse la garantía y liquidarse  el  patrimonio  autónomo, la nombrada fiduciaria entregó en dación en pago el  señalado   «lote   1»  a  Latinoamericana       Corporación       Financiera       S.A.      –  Latincorp  S.A.,  según la E.P. n°  4415  de  30  de  septiembre de 1996 de la Notaría 9ª de esta ciudad; luego la  adquirente  que  cambió su razón social para denominarse Banco Uconal S.A., se  fusionó  con  el  Banco  del  Estado  S.A.,  el que intervino como «absorbente»,   apropiándose  así  de  «la  totalidad  de los bienes, derechos y haberes que  posee  el Banco Uconal», incluido el 100% del inmueble  en  cuestión,  conforme  se  plasmó  en la E.P. n° 2091 de 28 de diciembre de  1999  y  la aclaratoria n° 130 de 9 de febrero de 2000, ambas de la Notaría 44  de Bogotá.   

          c).   En  el  documento  donde  consta  el  contrato de fiducia  mercantil,   se  menciona  que  la  fideicomitente  manifestó  que  los  bienes  transferidos    «los    ha    poseído   en   forma  pacífica»,  infiriendo  de  ahí  que  «para  esas calendas (1995) la posesión del inmueble se encontraba  en  cabeza  de la tradente», además porque Isabel Lee  Campos  de  Barrera,  pagó los impuestos sobre el bien  reivindicado,  como  se  desprende  de  los recibos correspondientes a los años  1994  y  1995  (…);  que  según  resoluciones  535 de 1991 y 861 de 1992 ella  había  obtenido  de  Planeación Distrital licencia para urbanizar los terrenos  del  predio  denominado  Hacienda El Escritorio; y que a partir de 1999 el Banco  del  Estado  S.A.  ha pagado estos tributos de manera ininterrumpida.   

d). El 13 de abril de 1998 la empresa Germán  Silva  Sarmiento  y  Asociados,  practicó  avalúo  y  señaló  acerca  de  la  destinación   del  inmueble  que  «[a]ctualmente  se  encuentra  desocupado  sin ningún tipo de explotación económica»,  y  en  los informes de visita realizados durante 2004 y 2005, los  funcionarios  del  Banco del Estado S.A., verificaron esa situación e indicaron  «que  nunca  se  les  impidió el ingreso y que nadie  apareció      alegando      posesión     respecto     de     él».   

e).  A partir de 2006, Misaelina Moreno  «clandestinamente   ingresó  y  se  posesionó  del  [bien],  aprovechando  que estaba deshabitado» y el 23  de  junio del citado año, la entidad actora recibió una comunicación suscrita  por   Uriel   Yesid   Barreto   Castro,   en   la   que  expresó:  obrando  en  mi  condición  de  poseedor  del  inmueble  ubicado en  Fontibón  en  la  calle  22C  N°  122-70,  lote  1  manzana  A  con matrícula  inmobiliaria   50C-1411300;  a  ustedes  previa  instauración  del  proceso  de  pertenencia  es  de mi interés legalizar la titularidad del mismo; para lo cual  ofreció   ‘la  suma  de  $50’000.000 los cuales una  vez   sea   aprobada   mi   oferta   la   cancelaré   en   oportunidad   y   en  efectivo.   

3.   El accionado Barreto Castro, autor  del  mencionado documento, oportunamente contestó el escrito inicial contentivo  de  la  demanda,  mas  no  el  de  la  reforma, y manifestó que se probaran los  hechos,  aunque  admitió  lo  atinente  a  la  misiva que envió al Banco (c.1,  fls.93-94).   

La   convocada  Misaelina  Moreno  Cañón  replicó   los   dos  actos  procesales  reseñados,  aceptó  básicamente  los  supuestos  relativos  a la titularidad del derecho de dominio y reclamó que los  restantes  fueran  acreditados,  manifestó  su  oposición a las pretensiones y  planteó  la «excepción de prescripción extintiva de  la  acción reivindicatoria como consecuencia de la prescripción adquisitiva de  dominio,  título  de  dominio  posterior  a  la  posesión de la demandada y la  innominada»,     adicionalmente    solicitó    el  reconocimiento       del       «derecho       de  retención»  como  garantía  para  el  pago  de  las  mejoras realizadas.   

Mediante  reconveción,  la  antes  nombrada  propuso  declaración  de  pertenencia  por  prescripción  extraordinaria (c.3,  fls.2-7), la que sustentó en los siguientes hechos:   

Que  ejerce posesión del predio desde abril  de  1985,  el  que  describe por su nomenclatura, medidas y linderos, aseverando  que  «ha  vivido  con  su  familia  (…), en el cual  construyó  una  enramada  y  una casa para guardar cantinas y vigilar animales,  habiendo  cercado  con  alambre  de  púas  y  postes  de  madera. Así mismo ha  arrendado   a  diferentes  personas  parte  del  inmueble  para  vivienda,  pero  disfrutando  siempre  el  corte  de los pastos», y que  esa   situación   de   detentación   material  del  bien  se  ha  desarrollado  «en forma quieta, pacífica, continua, ininterrumpida  y     pacífica     con     ánimo     de    señor    y    dueño».   

La   entidad   convocada  a  enfrentar  la  mencionada  petición, contestó oponiéndose a ella, no aceptó los fundamentos  fácticos  esenciales  de  la  misma  y  planteó  las  defensas  que  intituló  «falta  de  los  presupuestos  necesarios  para  que  operara  la  consumación  de la prescripción adquisitiva e indefinición de la  calidad     de     poseedora     que     alega    la    demandante».   

El  curador  ad  litem  designado  para  representar  a  las  personas  indeterminadas  que  pudieran  tener  derechos  sobre  el  predio  pretendido en  usucapión,  contestó  aduciendo  no  constarle  los hechos y no se opuso a las  súplicas,  se  limitó  a reclamar que se reconociera cualquier medio enervante  que resultare demostrado (c. 3, fls. 237-239).   

4.  En la sentencia de primera instancia  se  declara  probada  la excepción de falta de los presupuestos necesarios para  consumarse  la  prescripción  adquisitiva  y  consecuentemente  se  deniega  la  «declaración     de     pertenencia»;  no  se  acogen las defensas frente a las peticiones de la demanda  inicial,  «se  declara que  Genoveva  Tovar  de  Trujillo  es  plena  propietaria  del bien inmueble lote de  terreno  1  de la manzana A ubicado en la calle 22 n° 132-70 de la localidad de  Fontibón  en  Bogotá  D.C., el cual tiene un área superficiaria de 5.756,22 y  que   hace  parte  de  la  urbanización  Hacienda  El  Escritorio»,  se ordena a los accionados efectuar la  restitución  a  la  dueña, «poniendo de presente que  de  no  efectuarse  dicho  acto,  en la forma y término señalado, esta deberá  pagar  a  aquellas y por concepto de frutos civiles la suma de $300.000 por cada  mes  o fracción según corresponda hasta el día en que se verifique la entrega  real   del   inmueble»;   así   mismo  «se  condena  a  Genoveva  Tovar  de  Trujillo, a pagar a Misaelina  Moreno   Cañón,   la   suma  de  $21’000.000  dentro  de los seis (6) días siguientes a la ejecutoria de  este  proveído»  y de no hacerlo, se le previno para  que  pagara  intereses  del 6% anual, favoreciendo a la actora con las costas, y  en  tal  sentido se precisa que «con cargo a Misaelina  Moreno  Cañón  en un 70% y en contra de Uriel Yesid Barreto Castro el restante  30%».   

5.  La  aludida  providencia  la apelaron la  litisconsorte  actual  dueña  del predio, esto es, Genoveva Tovar de Trujillo y  la  demandada  Misaelina  Moreno  Cañón,  y  el  ad  quem  dispuso  revocar lo atinente a la orden de pagar  mejoras  a favor de la poseedora y en su lugar, deniega ese pedimento; establece  que  ella  «tendrá  derecho a retirar los materiales  utilizados  que  se  puedan  retirar  sin  detrimento del inmueble»,  en  el  término  ahí  señalado;  adiciona  la  decisión, para  «condenar  a  la  señora Misaelina Moreno Cañón al  pago  de  los  frutos causados en el inmueble objeto de este proceso que para el  30     de     septiembre     de     2012     ascienden     a     $16’500.000»; en  los  demás  aspectos  confirma;  declaró  no  probada la objeción al dictamen  pericial y condenó en costas a la accionada.   

II.-                FUNDAMENTOS      DEL      FALLO  IMPUGNADO   

En    punto    de    la    «acción  de dominio» precisa que para la  prosperidad  de  las pretensiones «debe demostrarse la  concurrencia  de  cuatro elementos esenciales que son el dominio del demandante;  la  posesión  material  en  cabeza  del  demandado;  la  existencia de una cosa  singular  o  cuota  determinada  de  cosa  singular;  y que lo que reivindica el  demandante   coincida  con  el  bien  poseído  por  el  demandado»,  y  con relación a la prescripción adquisitiva, resalta que para  su  consolidación se requiere “1. Posesión material  en  el  usucapiente;  2.  Posesión  de  la cosa por un tiempo no inferior a los  veinte  años,  para  las relaciones no cobijadas por la ley 791 de 2003; 3. Que  ella  se  haya manifestado de manera pública e ininterrumpida; y 4. Que la cosa  o  derecho  poseído  sea  susceptible  de  ganarse por esta vía”.   

Interpreta  el  ad  quem  que  la discusión se presenta frente al segundo  de     los     presupuestos     reseñados,    esto    es,    la    «posesión        durante        el       término       legalmente  establecido», enfatizando  que se exige «la prueba de la  posesión  en el demandante en pertenencia, por el tiempo que reclama la ley, la  cual  debe  ser exclusiva y excluyente, ininterrumpida, con ánimo de señorío,  esto  es,  sin reconocer dominio ajeno» y menciona los  elementos   que   la   configuran,   con  base  en  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación.   

Examina los medios de convicción recaudados  y  advierte  que  milita una línea testifical con una  innegable  orientación de reconocer posesión en la reconviniente desde el año  1985-1986,  particularmente  la versión del señor Pulido Arias, quien dice que  le  ayudó  a  construir  una  enramada  en  el  año 1986, arregló las cercas,  construyó  otro  rancho  y,  hace  tres  años,  la  última casa, orientación  corroborada  en  lo esencial, por los demás deponentes citados (…) En sentido  contrario  el  testimonio  de  las  personas  convocadas  por el propietario del  inmueble,  alguna de las cuales laboran para entidades financieras titulares del  dominio,  quienes deponen sobre la existencia de controles y vigilancia sobre el  predio,  la  realidad de las actas que se levantan por tales visitas, de las que  se  desgaja  que el predio hasta el año 2005 estuvo desocupado; así mismo obra  la  ponencia  del  señor  Ballén  Castiblanco, quien fue arrendatario del lote  vecino al que es objeto de este proceso.   

Ante  la  falta  de  coincidencia  en  las  exposiciones  de  los  declarantes, considera que ha de optarse por «la  facción  probatoria que le ofrezca mayor credibilidad, por el  poder  de  convicción  intrínseco  que  le merezca, o ya porque su dicho está  corroborado  por  el  restante  material  obrante  en  el proceso”.   

Siguiendo  esos  parámetros, al revisar las  probanzas      infiere      que     «fluye  como  hecho  indiscutido  que  la  actora ha desarrollado una  relación  material  con el inmueble; sin embargo no existe la certeza necesaria  que  ésta hubiere comenzado desde el año 1985», como  lo  afirma  la  usucapiente  y  los  deponentes por ella asomados, puesto que en  sentido  contrario  obran evidencias con mayor fuerza demostrativa, como  es  la documental aportada en la que consta la realización de  visitas  al predio, de cuyas actas se aprecia que este se encontraba desocupado,  sin  explotación  económica;  ausencia de construcción y de explotación que,  igualmente,  se  corrobora  con el dictamen pericial en el que se realizaron las  aerofotografías  que  en  los  años  1990, 1992, 1998, 2004 y 2009, se tomaron  sobre  el  lote, trabajo que concluyó, respecto de los primeros años, los más  próximos  a  la  época  en que la poseedora indica inició su relación con el  inmueble,    que    no    existe    ‘ningún  tipo de construcción o de modificación sobre el terreno’,  y  que  es un área que ‘se  encuentra  totalmente  cubierta por vegetación, no existe construcción alguna,  ni   material   de   relleno  ni  escombros  ni  se  observa  intervenciones  ni  modificaciones    en    el    terreno’,  concepto técnico que le otorga mayor poder de convicción que el  que    se    pueda    desgajar    de    la   testimonial   recaudada,  desvirtuándose  la aseveración de la  prescribiente    atinente   a   que   «plantó   una  construcción  y  en  ella  vivió  con  su  familia,  explotando  la  actividad  pecuaria»  y  por  eso  mismo  se  estima que pierden  credibilidad   los  testigos  por  ella  presentados.   

Deduce  igualmente  el  sentenciador  de  la  pericia  practicada,  que «para el año 1985 el predio  no  se había dividido, ni tampoco estaba cercado, carácter global del inmueble  que  impedía  que  la posesión se pudiera ejercer sobre esa específica franja  de  terreno»,  sin  que  se  tuviere evidencia que la  detentadora  del  fundo  hubiere  hecho  su  fraccionamiento,  pues en el libelo  introductorio no hizo manifestación en ese sentido.   

Sobre la alegación de que la reivindicación  debió    fracasar,   porque   «la   posesión   del  contrademan[dan]te   es   anterior   al   título   de   propiedad»,  con  sustento  en  la  jurisprudencia  de  la  Corte  Suprema, el  juzgador  fija  el entendimiento de esa problemática y asevera que «ante  la  demostración de que la posesión no comenzó en el año  que    plantea   la   poseedora   -1985-   como   se   explicó   en   párrafos  precedentes»,  apoyado  en  la  versión  del testigo  Jorge  Miguel  Ballén, que aludió al ‘intercambio’  entre       los       lotes       ‘A’    y  ‘B’,   ocurrido   en   la   época   de  celebración  del  contrato de arrendamiento del predio englobado, por el que se  convino,  con  el beneplácito de la poseedora, que en el sector del mismo (lote  B),  se  construyeran  las  canchas  de  fútbol,  y  además,  doña  Misaelina  llevaría  sus  vacas  a  pastar  al  lote  A, que es el objeto material de este  proceso,  en el mejor de los casos lo sería el mes de marzo de 2004, data en la  que,  sin  mayores  reparos  se  tiene  por cierto su ingreso al predio, con sus  semovientes,  y al contrastar tales inferencias con el  contenido  de la E.P. n° «4415 (…) de 7 de julio de  1996»  (sic),  atinente  al  acto  de  división  del  predio,   y   la   n°   «3044   de   septiembre  de  1996»  (sic),  en  la que consta la transferencia del  dominio  a  Latincorp  S.A.,  «así  como  los demás  instrumentos  públicos  por  los  que  se  trasmiten  tales  derechos  hasta la  actualidad»,     concluye     que     «la  posesión  reclamada  no  antecedió a los títulos exhibidos,  circunstancia  que provoca el fracaso de la exceptiva que en ese sentido se hizo  valer».   

Con  relación  a  las  mejoras,  analiza el  Tribunal  los elementos que las caracterizan en cuanto a su naturaleza jurídica  y  los  eventos  en  que hay lugar a su reconocimiento, examinando así mismo el  tema  de  la  buena fe de quien las reclama y al respecto acota que «al  poseedor lo cobija la presunción prevista en la Constitución  Política,  como regla general y, en particular, la regulada en el artículo 769  del    Código    Civil,    ficción    que    permanece    mientras    no   sea  desvirtuada»  y  que  para el caso no se cumplió con  esa  carga,  por  el  contrario infirió que aquella había ingresado en el 2004  con  autorización  del  Banco,  por  lo  que descartó la irrupción violenta o  clandestina   y  de  esa  manera  predica  que  se  trata  de  una  «poseedora  de  buena  fe»,  por  lo que  tiene  derecho  a  que  se  le  abonen  las  «expensas  necesarias»  invertidas  en  la  conservación  de la  cosa,  como  también  las  mejoras  útiles,  con  la  advertencia  que  estas se restringen a las realizadas antes de la contestación  de  la  demanda,  y  si  fueren  posteriores  a  ese  hecho  podrá llevarse los  materiales  de  tales mejoras, siempre que pueda separarlos sin detrimento de la  cosa  reivindicada,  y que el propietario rehúse pagarle el precio que tendrán  dichos   materiales   después   de   retirados.    

Al  revisar  la  prueba pericial, de la cual  percibe  el  juzgador  que tiene pleno valor probatorio, en virtud de la calidad  de  sus fundamentos, precisión, claridad y firmeza, y que guarda coherencia con  lo  verificado  en  la  inspección judicial, lo que consta en fotografías y el  contenido  de  los testimonios, deduce que no hay lugar  a  aceptar como mejoras indemnizables la construcción de la casa, del baño, de  la  enramada con área de 16 metros, ni tampoco el relleno del lote realizado en  el  año  2008,  pues  estas  obras y edificaciones se efectuaron después de la  notificación  de  la demanda, en tanto que su antigüedad no es superior a tres  años;  igualmente  determina  que  no  es  del  caso  reconocer  «los contenedores, la caseta de vigilancia,  pues  esta  no  ha  sido  fijada  al  terreno, las otras enramadas ni las cercas  existentes»,  en  razón  de su estado de deterioro y  que no representaron un incremento del valor del bien.   

En cuanto al pago de frutos civiles, precisa  que   habrá   de   reflejarse  en  la  parte  resolutiva  la  cuantía  de  los  establecidos,  toda  vez  que  el  a-quo no lo hizo.   

III.  DEMANDA DE CASACIÓN  

CARGO ÚNICO  

1.   Se  funda  la acusación en un (1)  solo    reproche,    apoyado    en    la    «causal  primera»,  al  estimar que la sentencia es violatoria  vía  indirecta  por  aplicación indebida de los artículos 669, 771, 774, 946,  947,  950,  952,  957, 959, 961, 962, 963, 964, 965, 966, 967, 968, 969, 970 del  Código   Civil  y  por  la  consiguiente  «falta  de  aplicación»   de   los  preceptos  673,  762,  786,  787,  792, 981, 2512, 2513, 2517, 2518, 2522, 2523,  2527,       2531,       2532,       2534,      2538,      2539      ejusdem,  como también del 1º, 2º, 6º  y  7º  de  la Ley 791 de 2002, en relación (violación medio) con los cánones  4,  6,  71,  num.1°,  75-5,6, 90, 99-2, 174, 175, 176, 177, 181, 183, 187, 194,  195,  197,  304,  305  y 407 del Código de Procedimiento Civil, al igual que el  29,  228  y  230  de  la Constitución Política, derivada esa situación de los  manifiestos  yerros  fácticos  en la apreciación de la demanda, en la falta de  valoración  de algunos medios de convicción, como la desatinada estimación de  otros elementos de juicio.   

          2.    Con   el   propósito   de   acreditar   el  «error    de    hecho»,   la   censura  básicamente se ocupa de los siguientes aspectos:   

          a).   Sostiene  que  el  Tribunal incurrió en desacierto en el  entendimiento  del  escrito  introductorio,  porque (i) no tuvo en cuenta que en  los  numerales  11  y 12 de aquel, «se aseveró que la  demandada  señora  Misaelina  Moreno Cañón detenta la posesión sobre el lote  de  terreno  (…),  desde por lo menos mayo de 1990»,  lo  que  constituye  una  confesión, la que «tiene la  virtualidad  suficiente  para demostrar a la vez la posesión del demandado y la  identidad  del bien»; (ii) pasó por alto que tanto en  el  libelo  inicial como en su reforma se pretende la cancelación de los frutos  civiles  «desde  el mes de mayo de 1990 y no desde el  año   2006»,  (iii)  no  valoró  adecuadamente  el  memorial  genitor  del  proceso,  toda vez que ahí el representante legal de la  actora   confiesa   que  «la  posesión  que  detenta  Misaelina   Moreno   Cañón   (…),   inició  por  lo  menos  desde  mayo  de  1990»,  y  (iv),  no  verificó  que  el citado hecho  «antecedió a los títulos de propiedad exhibidos por  la entidad demandante».   

          Adicionalmente,   expresa   la   impugnante   que   el  ad  quem  (i) pretirió los testimonios de  Henry   Díaz  Ruiz,  Andrés  Mauricio  Caldón  y  José  Armando  Pulido,  no  advirtiendo  por  ello que la «posesión»  de  la usucapiente «data aproximadamente  desde  1985  y  que,  por tanto, es anterior al título de dominio»   exhibido   por   la   actora;  (ii)  cercenó  y  tergiversó  la  manifestación  que  sobre  aquel  supuesto  fáctico  hizo  la  accionada en el  interrogatorio  de  parte,  donde  mencionó  esa  misma  fecha;  (iii)  similar  anomalía  le  enrostra  al  juzgador  frente  a  la  declaración de Henry Vega  Preciado,   deduciendo   que   esa   circunstancia  le  impidió  verificar  que  «la  entidad  demandante  no  habría podido efectuar  actos   de   conservación,   ornato   o   mejora   que  aumenta  el  valor  del  bien»;  (iv)  no  consideró  probado,  cuando sí lo  estaba,  que  la «posesión»  de  la  señora  Moreno Cañón, la ejerce desde «mayo  de         1990»,        o        «aproximadamente   de  1985»  y  que  el  título   de  la  accionante  es  posterior,  habiendo  inferido  lo  contrario.   

          Relaciona  los  documentos que en su entender sirvieron de base para  dar  por  acreditado  el  derecho  de  dominio  de  la  entidad  bancaria  y las  transferencias  posteriores,  y  expresa que al confrontarlos con la demanda, se  establece  que “la posesión que la señora Misaelina  Moreno  Cañón  ejerce  sobre  el inmueble (…), es anterior a los títulos de  propiedad  presentados  al  sub  judice  por el Banco del Estado y la cesionaria  señora  Genoveva  Tovar  de Trujillo”, situación de  hecho  que  ostenta  «por lo menos desde mayo de 1990,  cuando  clandestinamente  ingresó y se posesionó del mismo aprovechándose que  dicho  predio  estaba deshabitado», aspectos estos que  estima  probados  con  los  testimonios  recaudados  y  la  misma versión de la  actora.   

Insiste que se desconoció la declaración de  Henry  Díaz Ruiz, «único testigo que ha habitado por  más  de  cincuenta  (50)  años  en  el sector en donde se encuentra ubicado el  inmueble»,  del  que  extracta  que dijo conocer a la  señora  Moreno  Cañón «desde hace más de 31 años,  de  los  cuales  27  años  la  ha  visto  ocupando, conservando y explotando el  predio», sin que hubiere observado a persona distinta  a la nombrada.   

Igualmente   afirma   que   se  desecharon  indebidamente  las  declaraciones  de  Andrés  Mauricio Caldón y José Armando  Pulido,  vecinos  del  sector  donde  se  halla ubicado el inmueble, quienes han  tenido  trato  con  la  usucapiente  desde  hace  25  años,  habiendo resaltado  que  ella  es  conocida  en  la  zona  como  la única  propietaria  del  mismo,  pues  lo  ha  explotado  de  manera  continua  y se ha  beneficiado  de aquel realizando entre otras las siguientes actividades desde el  año  1985  – 1986: cría,  manutención,  cuidado  y  ordeño  de  ganado,  arrendamiento  de  áreas  para  parqueaderos,  construcción  de  lugares  de habitación, mantenimiento general  del  predio,  etc.  e inclusive le ha realizado distintos actos de conservación  tales  como:  reparaciones  y/o adecuaciones locativas a las enramadas y/o casas  de   habitación,  reparación  de  cercas,  explan[a]ción  o  nivelación  del  terreno   y,  que  el  segundo  deponente  mencionado  expresó  haber fabricado «una enramada o rancho hacia  el  año  de 1986 y con posterioridad haber realizado tareas de mantenimiento al  mismo  en  aquella  fecha y que advirtió «que  dicha  señora  en  ciertas  oportunidades se veía avocada a  dejar  de  habitar,  no  a  dejar  de  explotar  económicamente,  ni a dejar de  conservar  o  preservar el predio (…) toda vez que en la enramada que habitaba  con  su familia, en ocasiones se caía»; probanzas con  las   que   se   demuestra   la   fecha   en   que   comenzó   la  «posesión» y que es anterior al título  de la accionante.   

          Concluye  que  los  desaciertos  reseñados condujeron al Tribunal a  considerar  la  concurrencia  de los presupuestos requeridos para la prosperidad  de  la  reivindicación  y  que  al  estructurarse  error  de  hecho  evidente y  trascendente,  ha  de  quebrarse el fallo impugnado, para que en su reemplazo se  declaren   probadas   las   defensas   propuestas,   denegar   las  pretensiones  concernientes    a    la    señalada   acción   y   acoger   la   «declaración              de             pertenencia».   

CONSIDERACIONES  

1.   El  Banco  del  Estado  S.A., (hoy  liquidado),  invocando  su  condición de propietario, solicitó la «reivindicación»  del  predio  Lote  de  terreno  1  de  la manzana A ubicado en la calle 22 C n° 132-70 de la localidad  de   Fontibón  de  Bogotá  D.C.,  del  que  afirmó  tenían  la  «posesión»  los  accionados  Misaelina  Moreno  Cañón  y  Uriel  Yesid  Barreto Castro, a su vez aquella en demanda de  mutua  petición  solicitó  declarar  que  adquirió  el  citado  inmueble  por  prescripción adquisitiva extraordinaria.   

          2.    El  Tribunal  ratificó  la  decisión  que  acogió  las  súplicas  de  la  «acción  de dominio»,   al  verificar  la  existencia  de  los  requisitos  sustanciales  exigidos  para  el efecto y denegó las peticiones atinentes a la usucapión, al  establecer    que    la    «posesión»  de  la interesada no alcanzaba el término legalmente establecido,  criterio  que soportó en restarle mérito probatorio a las declaraciones de los  testigos  asomados  por  la prescribiente y darle credibilidad a otros medios de  convicción,  como  las  exposiciones  de  las personas que en el pasado habían  laborado  para  la  entidad  financiera,  al  igual  que  a  algunos  documentos  relativos  a  informes sobre visitas al predio y la peritación practicada en el  proceso.   

3.    Tienen  trascendencia  para  la  decisión  que  se  está  adoptando,  los  elementos  de juicio incorporados al  plenario que a continuación pasan a relacionarse.    

          a).   Certificado de existencia y representación del Banco del  Estado  S.A.,  (hoy  liquidado), en el que consta que absorbió mediante fusión  al   Banco   Uconal   S.A.,   el   que   se   disolvió   sin  liquidarse  (c.1,  fls.300-302).   

          b).   E.P.  3025  de  07/07/1995  otorgada en la Notaría 42 de  esta  ciudad, figurando en ella que Isabel Lee Campos de Barrera (ya fallecida),  celebró  contrato  de  fiducia  mercantil  con  la  Fiduciaria Tequendama S.A.,  constituyendo         el         patrimonio        autónomo        «Luberca», integrado por el «Lote  n°  1 de la manzana A y el Lote 2 de la manzana E que hacen  parte  de  la  urbanización  El  Escritorio,  ubicada en el sector de Fontibón  D.C.»  (c.3, fls.25-48), y E.P. 4415 de 30/09/1996 de  la  Notaría  9ª de Bogotá, en la que atendiendo la solicitud de ejecución de  la   garantía,   se   transfirió   en  «dación  en  pago»    a    Latincorp   S.A.,   el   «Lote  1  de  la  manzana  A, que hace parte de la urbanización El  Escritorio»,  con matrícula inmobiliaria 50C-1411300  de  la  Oficina  de  Registro  de Instrumentos Públicos de Bogotá, zona centro  (c.4, fls.56-69).   

         

c).   E.P.  2091  de  28/12/1999  de la  Notaría  44  de Bogotá, en la que consta la fusión del Banco del Estado S.A.,  con  el  Banco Uconal S.A., ordenada por la Superintendencia Bancaria, en virtud  de   la   cual   este   último   se   disuelve   sin  liquidarse,  «absorbiéndolo»  el primero, por lo que  «adquirió  de  pleno  derecho  la  totalidad  de los  bienes,   derechos  y  haberes  que  posee  el  Banco  Uconal  S.A» (c.4, fls.73-93).   

          d).   E.P.  0130  de  09/02/2000, que aclara la reseñada en el  anterior  literal,  para  «precisar  el  porcentaje o  cuotas  de  participación  en la propiedad de los inmuebles que tenía el Banco  Uconal  S.A.»,  dentro de los que se relaciona el que  es  objeto del proceso y se precisa que el derecho transferido a la «entidad  absorbente»  es del 100% (c.4,  fls.105-120).   

          e).  Certificado  de tradición y libertad del predio con matrícula  inmobiliaria  50C-1411300  de la mencionada dependencia, que corresponde al bien  objeto  del  litigio,  esto es, lote 1 manzana A de la calle 22C #132-70 de esta  ciudad,  en  el que aparecen inscritos los títulos señalados en los anteriores  literales (c.1, fls.57-58).   

           f).   Constancia  emitida  por  el  Departamento  Administrativo  de  Catastro Distrital, expedido el 07/11/2006, en  el  que  se  especifica  que «NO URBANIZ/SUELO PROTEG  (sic)»,     extensión     superficiaria     5.728,61    y    «área   construida  (M2):  0,00»  (c.1,  fl.60).   

g).    Copia   autenticada   de   los  formularios  del  impuesto predial unificado desde 1999 a 2006, sin que aparezca  en  alguno  de  ellos que la señora Misaelina Moreno Cañón, haya efectuado su  cancelación o pago (c.1, fls.61-69).   

h).   Documentos  concernientes  (i) al  avalúo  comercial  del  inmueble, practicado el 28 de abril de 1998 por Germán  Silva  Sarmiento  &  Cía.  Asociados  S.  en  C.,  en  el  que  expresa que  «actualmente  se  encuentra  desocupado,  sin ningún  tipo  de  explotación  económica», asimismo informa  que   «no   cuenta   con   acometidas  de  servicios  públicos»,  sin  que  se  haga  mención  sobre  la  existencia   de   construcciones,   aunque  se  indica  que  está  «delimitado       por       una       cerca       de      sencillas  especificaciones»  (c.3,  fls.72-88);  (ii)  dictamen  elaborado  para  la citada época por U.C.N. Inmobiliaria S.A., en el que figura  similar   reporte   al   reseñado   (C.3,   fls.89-101);   (iii)   «informe  técnico  de  avalúo» de 23 de  junio  de  2000 de la Lonja de Propiedad Raíz de Bogotá, en el cual se señala  que  «cuenta con un cerramiento parcial en alambre de  púas   y   postes   de   madera»,  sin  «ningún  tipo  de  edificación»  y, no  obstante  que la «urbanización Hacienda El Escritorio  cuenta  con  redes  de  acueducto,  alcantarillado,  energía  eléctrica  y red  telefónica,  estas  no  llegan  al  lote  de  terreno  en estudio»  (c.3,  fls.  106-123),  y  (iv) «avalúo  corporativo»  de  28  de  agosto de 2002, de la misma  entidad   privada  antes  nombrada,  donde  alude  únicamente  al  «lote    de    terreno»,   sin   hacer  descripción   de   edificaciones   y   precisa  que  se  presenta  «imposibilidad  para  construir  en  el  predio  debido  a ubicarse  dentro  del  cono o trapecio de aproximación de la segunda pista del aeropuerto  El Dorado» (c.3, fls.126-137).   

i).  En la pretensión tercera plasmada  en  el  escrito  de  reforma  de  la  demanda,  atinente  a los frutos civiles y  naturales,  se pide su reconocimiento «desde el mes de  mayo        de       1990       (sic)» y en el hecho 18 se afirma que el actor  «se  encuentra  privado  de la posesión material del  bien  ya  profusamente  descrito,  debido  a  que  a  partir  de 2006 la señora  Misaelina   Moreno   clandestinamente   ingresó  y  se  posesionó  del  mismo,  aprovechando que estaba deshabitado».   

j).    Peritación  decretada  en  el  proceso,  presentada  el  28  de  noviembre de 2011,  en la que en punto de  «mejoras  y  anexidades» la  auxiliar   de   la   justicia  dictamina:  «(…)  se  encuentra  una  construcción  en  bloque  con  un área aproximada de 25 metros  cuadrados,  con  una  antigüedad  de  dos  (2) años. – (…) aproximadamente 3  metros  al norte de la anterior construcción, se encuentra un cuarto para baño  construido  en bloque, en cuyo interior se encuentra un sanitario y externamente  se  observa un lavamanos. Esta construcción tiene una antigüedad inferior a un  (1)  año.  (…)  [al norte de esta] se encuentra una caseta para vigilancia en  madera  y  vidrio.  – (…)  enramada  construida con cuatro (4) postes y unas tejas, con un área aproximada  de  nueve  (9)  metros  cuadrados,  con  una antigüedad aproximada de siete (7)  años.  (…)  enramada  construida  con  cuatro  (4) vigas y unas tejas, con un  área  aproximada  de  veinticuatro  (24)  metros cuadrados, con una antigüedad  aproximada  de  cinco (5) años. (…) enramada construida con cuatro (4) postes  y  unas  tejas  con  un área aproximada de dieciséis (16) metros cuadrados que  funciona   como   garaje,   con   una   antigüedad   no  superior  a  tres  (3)  años»    y    se    agrega    que    «conforme  a  lo contenido en las fichas catastrales, expedidas por  la   Unidad   Administrativa   Especial   de   Catastro  Distrital,  no  existen  construcciones   anteriores   al  año  2004»  ((c.4,  fls.1-24 y anexos).    

En   la   complementación  de  la  citada  experticia   básicamente  se  hace  alusión  a  la  nivelación  del  terreno,  materiales  utilizados,  antigüedad,  cercas  de encerramiento y frutos civiles  (c.2, fls.614-637).   

k).  Documentos  denominados  «acta  de visita mantenimiento inmueble»,  que  comienzan  con la de 04/03/03, aportados inicialmente en copia simple (c.1,  fls.159-174)   y   luego  allegados  en  reproducción  autenticada  (c.3,  fls.  145-176),  poniéndosele  aquellas  en  conocimiento  de  su autor Jaime Alberto  Gómez  Góngora,  quien  las  reconoció  en  la  declaración que rindió, con  excepción  de  la  vista  al  folio  169,  en  las  que se menciona a manera de  recomendación   «terminar   de   cercar  y  colocar  valla»,   asimismo  en  otras  expresa  «sin  novedad»  y  en  las  elaboradas a  partir   de   mayo   de  2004,  reseña  «peligro  de  invasión», agregando en algunas que por «vecinos», «semovientes»,         o        «ganado».   

l).  Testimonios recaudados en noviembre  de  2011,  a  solicitud  de  la accionada en la demanda inicial, respecto de los  cuales  sostiene  en  la  impugnación extraordinaria que el Tribunal no les dio  credibilidad    y    en   lo   pertinente   se   refieren   a   los   siguientes  aspectos:   

(i).   Andrés  Mauricio  Caldón, dijo  tener  para  aquella  época  84  años  de  edad,  que  conoció a «Misaelina   Moreno»,   desde  hace  25  anualidades  y  que  en  el  lote  había  una  casa  de  madera y tenía vacas,  ahí vivía [ella]  con  los  niños  en  ese tiempo mis amigos los hijos de ella, no  sabía   quién  era[n]  los  vecinos,  únicamente  la  Constructora Colmena, hoy en día esta nivelado[,] yo  trabajo  en  ese  mismo lote soy auxiliar de pintura hace tres año[s],   y   trabajo  con  el  señor  Pedro  Hernández,  antes  tenía el potrero con las vaquitas y la casita de madera, la  que  estaba  en  el  costado  occidente, (…), esa última casa la construyeron  hace  como  3  años, la hizo la señora Misaelina con material reciclable, como  ella  trabaja en las bodegas de Colmena a ella le regalaron el material para que  ella  hiciera  la  casita; manifiesta también que hace  unos  «tres años» le tiene  arrendado  a Pedro Hernández y a una señora Cecilia, que ésta vive en la casa  y  le  ayuda  a  cuidar  los  semovientes;  que  antes  le había alquilado a un  muchacho  Carlos,  «me parece que fue como en el año  1996  o  1997», y estuvo ahí hasta cuando se cayó el  rancho;    en    cuanto    a    las    mejoras   realizadas   por   «Misaelina    Moreno»,   señala   que  corresponden  a  «la casita que ella tiene y emparejar  el  terreno como lo he dicho porque antes tenía solo morros y por eso se conoce  como  [M]orropelao», y asevera que la considera dueña  «porque  yo  desde el año que la distingo solo la he  visto  a  ella  en  el  lote  a ella no más, ahí habitando con las vacas y las  zorras  y  los  arreglos  que ha hecho en el lote y solo ella es la que he visto  por  ese  lado», ha construido tres viviendas, porque  la  primera  se  derrumbó  y volvió a edificar ahí y debido a los arreglos la  ubicaron  donde  está  actualmente;  asimismo  refirió  que  hace «31  años» habita en el sector, y reside  como  a  diez  cuadras  del  predio  en  cuestión  y  para  cuando  comenzó  a  frecuentarlo  «desde los 7  años  (…)  [el  lote] era  lleno  de barrancos con la casita que tenía de palma (…) como de 2 piezas, la  cocinita  y  un  cuarto  para guardar herramienta, era en madera y teja de zinc,  era  prácticamente por [ahí]  5  mts  por  3  mts  más  o  menos,  con  un cuarto de herramienta atrás donde  guardaban    los    baldes»;   agrega   «lo  que  me  acuerdo  es  que se cayó como tres veces la casa, no  recuerdo  son  las  fechas,  el  tiempo,  porque  yo  en  ese  tiempo  ya estaba  estudiando  en  el  año  88»; que la nivelación del  terreno   «eso  fue  como  a  mediados  del  2000  me  parece»  y,  entorno  al  arrendamiento por Misaelina  Moreno  del  lote  contiguo,  comentó  «el lote de al  lado   de  las  canchas,  no  me  acuerdo,  pero  ella  si  duró  [h]arto  tiempo  con  el lote arrendado fue  como  en el 90 o en el 92 mas o menos, ella comenzó a frecuentar con las vacas,  esas  canchas  las  hicieron hace 5 o 6 años”, y que  el  fundo  de  mayor  extensión  «estaba dividido por  cerca  y  el  lote  de  ella  y el otro lote de las canchas y en ambos mantenía  ganado,  como  fue  creciendo y tenía vacas que le daban en aumento por eso fue  que  sacó  el  segundo  lote  en  arriendo  en  el de las canchas»;  en lo atinente a los servicios públicos asevera que «me  percibí  por  lo  que  tenía  luz  la casita y por otro lado  porque  las cercas tenían electricidad y el agua llegaba por una manguera de un  hidrante  que  hay  y  lo  rompieron  para sacar agua y la luz del poste que hay  ahí,  cuando  yo  la  conocí  ella  ya  tenía  la  luz  y  agua»;  finaliza  la  exposición  señalando  que conoció a Tubal José  Díaz  «allá mismo en el lote, con la zorra[,] es el  marido  de  doña  Misaelina, él era el que tenía la zorrita, él vivía allá  en esa casa de allá» (c2, fls. 559-563).   

          (ii).    José   Armando  Pulido  Arias,  informó  que  se  ha  relacionado   desde   hace   30   años  con  Misaelina  Moreno  y  «ella  solicitó  de  mis  servicios  en 1986 hice una enramada por  palos,  tejas  en  eso  reciclable,  una  pieza,  una cocina, un po[z]o  séptico  (…)  una  pieza de 3×3 la  cocina  de  2.50  x 2 mts para guardar la herramienta, en ese entonces no tenía  ningún  servicio,  el servicio de la luz yo lo bajé de un poste, ella tenía 1  hijo  se  llamaba  Milton  Leonardo,  ella  vivía con el esposo José Tubal, no  tenía  más  servicios el agua se la cargaban, hay había era un poco de monte,  palos    de   espinas[,]   cuando   yo   llegué   [a  ese] rancho les ayudé a levantar una cerca, una cerca  con  postes  de  madera que lindaba actualmente en el lote de la mano derecha de  la  entrada,  un  lote más o menos de 60 mts no la medí, se me fueron 6 rollos  de  alambre, se levantaron 12 cuerdas a la altura de 2.20 mts y a 20 cms de cada  cuerda,  habían  unas  vacas (…) yo le ayudaba a ordeñar, yo me demoré como  15  días  haciendo  el  rancho,  cada  rato volvía por el rancho se caía, eso  duró  como  12  años y después de que lo hice fui 2 veces de ahí de 10 años  para  adelante  ese  rancho  se  cayó, después me volvió a llamar para que lo  levantara   en  otro  lado,  lo  hice  al  frente  a  la  izquierda  al  costado  occidental[,]  el  primero  lo  hice  a la derecha, el rancho de la izquierda lo  hice  como a los dos años en el 99 algo así[,] era igual que el otro[,] baño,  cocina;  al  solicitársele  que  concretara las obras  realizadas,  expresó:  «mantenimiento de cercas sobre  el  año  86, mantenimiento de vivienda en el año 86, continuamente h[e] estado  de  mantenimiento  de  todo  lo  que  se  trata  en el lote como es planeación,  replaneación   la   hice  en  el  2004,  eso  es  lo  que  he  hecho  hasta  el  momento»,  y  al indagársele sobre otras actividades  en  que  hubiere participado, manifestó que «hubo una  época  en  la que fui a ayudarle a ordeñar cuando se le enfermó el hijo y por  [ahí  a] ayudarle a limpiar  el   lote   de   todo  ese  monte  eso  fue  en  la  época  del  97»;  asimismo  informa  que desde 1986 de  manera     permanente     han     habitado    en    el    predio    «Misaelina[,]  el  esposo  y  el  niño Milton Leonardo[,] quien es  muerto  porque  lo mataron», cuando se caía el rancho  él  lo  reparaba,  como  ella «ya tenía el niño, se  iba  a  que  le  diera posada el señor Henry Díaz mientras que yo le armaba el  otro  ranchito  puesto  que  era  la  única forma en que ella podía guardar la  zorra  y el caballo que tenían»; que la construcción  era  de  «teja de [z]inc, que la encontraba botada, en  una   extensión   de   aproximadamente   20   mts2,   una  [a]lcoba,  cocina  y  baño»;  agrega  que  «al  espacio  donde yo hice el rancho yo le pegué una limpieza en 400 mts en el año  1987,  sembramos pasto a los 6 meses ya el ganado estaba pastando ahí, mientras  tanto  lo  mantenía  alrededor  del  monte,  donde  había una que otra mata de  pastico,  por  eso  hice  el  mantenimiento de pelarle el lote total y quemar la  hierba»  y,  que  al caerse como a los 11 o 12 años,  hizo  otra vivienda al frente; también alude a que se enteró del arrendamiento  del   terreno   vecino   por   parte   de  «Misaelina  Moreno», porque ella le comentó y que esos dos lotes  «los  separa  una  cerca  que yo José Armando Pulido  hice  allá  para dividir el lote de la señora Misaelina con el lote del señor  Jorge   Blanco,   la   cual   realicé  en  1987[,]  la  cerca  que  actualmente  existe» (c.2, fls.564-568).   

          (iii).     Henry    Díaz   Ruiz,   persona   de   «84   años»  de  edad,  ex  suegro  de  «Misaelina  Moreno»,  dijo  haberla  conocido  desde  hace «31 años»  cuando  ella  trabajaba  en un restaurante, y vivió en la casa de  él  hasta 1985, «desde ahí ella tenía un terreno de  su  propiedad  el  cual  está ubicado en la hacienda El Escritorio y ahí la he  visto  ocupando  el  terreno  con  ganado  de  levante  y  leche  y  bestias  de  trabajo»;     que     su     hijo     «Tubal  José  Díaz  convivió  con  ella  hasta  hace  diez años  atrás,  hasta el año 1991[,] pero ella se separó y continuó con los animales  allá»,  habiendo  visitado  el inmueble en el citado  año,  porque  su  oficio  era  el  de  transportar agua a los sectores donde no  había,    llevando    para   los   animales,   en   esa   época   «era  un lote con viajes de escombros y ella ha mejorado para tener  los  animales,  después  contrataron una maquinaria para arreglar todo, como es  en   la   actualidad,  en  ese  entonces  habían  solo  escombros»;  comenta que cuando la dejó el esposo en  el  año  1990  ella  trabajaba  con  una zorra, al poco tiempo trabajaba en una  zorra  y  sacaba escombros de la urbanización Colmena que quedaba al frente del  lote  que  es suyo, allí hizo un ranchito para dormir y cuidar de sus animales,  con  sus cantinas, una construcción en madera y latas viejas, era de reciclaje,  pues  el  primero porque le he conocido varios[,] en la actualidad hay uno mejor  todavía,  que  consta  de varias piezas y cocina y baño, recién hace unos dos  años  para  acá;  en  lo  atinente  a  los  actos de  conservación  del  predio  expresa  que lo ha arreglado y lo tiene «muy  bien  cercado  con  alambre de púa y postes de madera, pagó  una       maquinaria       para      hacerlo      terraplanar      (sic),    y    tiene    una    casa    de  habitación»,     agregó     que     «continua  con  su  ganado  (…), como también tiene arrendada la  casita  de  última que hizo, reservando el derecho de cuidar a sus animales, he  visto  el  funcionamiento  de  maquinaria  de  lo cual creo que está recibiendo  arriendo,  el  cuidado  que hace con el ganando, ella lo cuida por la calle y en  la  noche  lo  lleva  al  lote a pernoctar por lo que no hay pasto»;  manifiesta  que  no  ha  observado a persona distinta a Misaelina  Moreno,  «que  haga  las  veces de dueña y señor de  dicho  terreno»,  y que «un  señor  de  nombre  Armando  Arias,  (..)  le  ayuda con la conservación de las  cercas  y  el  sostenimiento  del terreno como es el traslado de los postes y la  hechura  de  los  ranchos  porque  ha hecho en varias partes[,] el último es el  mejorcito»;  comenta  que  no tiene precisión cuando  construyeron  las  canchas  aledañas  al  lote, aunque estima que estaban desde  cuando  él  iba  a  ese  sector, no habiendo regresado al lugar desde hace unos  diez años (c.2, fls.569-573).   

          m).    Declaraciones   de  testigos  asomados  por  la  actora,  rendidas  en  diciembre  de  2011  y que el sentenciador las tuvo en cuenta para  fundar la decisión:   

          (i).   Jaime  Alberto  Gómez  Góngora, quien trabajó para el  Banco  del  Estado de 2002 hasta finales de 2005, tenía asignada la función de  «manejar y a hacer visitas a los bienes inmuebles del  banco»;   menciona   que   conoció   el   inmueble  «en  el  2002  o  2003  más  o  menos[,] era un lote  ubicado  al  lado  de  la  segunda  pista  del  aeropuerto El Dorado[,] en forma  triangular,  no  había nada era un lote desocupado, lo visitaba aproximadamente  2  veces  en  el  mes,  la  última  vez  debió haber sido para los últimos de  septiembre  del  2005 que fue cuando entregué los bienes inmuebles que tenía a  cargo  mío»,  precisando  que se elaboraban reportes  los  cuales  eran  entregados  al  Jefe  del  Departamento de Administración de  Bienes  de  la entidad bancaria; que «eran dos lote[s]  muy  similares[,]  el del banco era el lote A y el otro era el B que llamábamos  otros   como  se  encontraba  estaba  delimitado,  tenía  cercas  y  totalmente  desubicados  (sic),  no  había  ni  construcción  ni  vivienda  de nada que le  correspondía   al   banco»,   y  al  ponérsele  en  conocimiento  los  documentos  que obran a partir del folio 159 cuaderno uno(1),  manifestó:  «Sí,  efectivamente este era uno de los  reportes  que  yo  entregaba  y firmaba por mí, folio[s] 160 [al] 168, 170 [al]  174  son  m[i]os» y, en cuanto a las características  del  predio,  señaló  que «en un comienzo estaba con  las  cercas  en más o menos estado (sic), tenía un punto de acceso que era una  puerta  en  madera,  y  dentro  del  lote  no había sino solo pasto ni siquiera  va[ll]a,  ya  que  por eso tocaba visitarlo frecuente, tocaba ponerle la va[ll]a  porque  el  banco lo tenía en venta» y que presentaba  «montículos, llenos de pasto (…). Solamente tenía  chamizos  de  monte  de tierra, de años sin hacerle nada al lote, pero sembrado  nada,  como lo dije estaba lleno de pasto», y sobre la  advertencia  del  peligro  de  invasión  aludida  en  los informes, indicó que  «en  el  2004  a comienzo de año como en mayo más o  menos  hice la advertencia al banco de que había peligro de invasión y que las  cercas  habían  sido  tumbadas  por el vecino, la persona del lote B, porque vi  que  el  ganado se estaba pasando al lote de nosotros, es más yo advertí a los  vecinos  que  este  lote  no  era de propiedad de ellos entonces uno de ellos me  respondió  y  si  lo  pasamos que[¡], por consiguiente yo les dije que todo lo  que  encontrara  en  mi  lote  era  mío, de [ahí] que la idea era instalar una  valla   que   identificara   el   lote  como  única  propiedad  del  Banco  del  Estado» (c. 2, fls. 587-590).   

(ii).  Jorge Miguel Ballén Castiblanco,  quien  dijo residir en Fontibón desde hace 50 años y por gestiones en favor de  la  comunidad,  expresa  que conoció «dos lotes de la  calle  22C  con  la Transv. 133 donde son potreros totalmente planos y conozco a  don  Jorge  Blanco  que  me  informaron  que  su  esposa  era  la dueña de esos  terrenos[,]  dentro de lo deportivo pues nosotros buscamos conseguir sitios para  la  recreación», y luego de adelantar gestiones en la  Aeronáutica  Civil,  por  ser  adyacente  el  terreno  a  la  segunda pista del  aeropuerto,   decidió   que   mientras  ahí  se  expedía  la  resolución  de  autorización  para  lo  que  ellos tenían interés, le solicitó a la nombrada  persona  que  se  lo  arrendara,  a  fin  de  construir  unas canchas de fútbol  «y  es por eso que en el 2003 firmamos un contrato de  arrendamiento[,]  el  cual adjunto copia[,] con una firma que teníamos nosotros  que  se  llamaba  Parque  y Escenarios Deportivos Ltda., al firmar el contrato y  demarcar  las  canchas  de  fútbol  y  dejarla[s]  listas  para  empezar algún  campeonato  no[s]  encontramos  que  el predio que me había arrendado según el  plano  que  adjunto  estaba  incluido  el  lote  A  el  lote B la zona verde, la  protección  ambiental N°1 protección ambiental N°2 y la carrera 31 o Transv.  133»,   y   ante  esas  circunstancias,  además  de  enterarse  que  ahí  había  un  «lote»  del  Banco  del  Estado,  por  lo que se entrevistó con Edilberto  Conde,  funcionario  de  esa  entidad,  quien le corroboró esa información, al  comunicarse  nuevamente  con Jorge Blanco, le puso en conocimiento tales hechos,  y  le  dije  que  entonces me arrendara el lote que no  tenía  problema para hacer la cancha de fútbol y que como la señora Misaelina  tenía  unas  vacas ahí pues que hiciera algún arreglo, entonces me dijo bueno  vamos  a hacer lo siguiente, yo le arriendo el lote B y pasamos a Misaelina para  el  lote  A  pero  para  hacer  eso  necesitamos  hacer una cerca para que no se  pasaran  las  vacas y me afectaran la cancha de fútbol con los excrementos y es  por  eso  que  contrató  dos  personas  entre  ellas  a Julio Sonsa para que me  colaborare  en  sacar  6  podones,  o sea plantas de pasto para hacer la cancha,  construir  una  caseta  para que en un momento que llovieran se resguardaran los  jugadores  y hacer la división de los dos lotes con una cerca de alambre, hasta  hoy  es lo que yo he hecho la cancha de fútbol en el lado B está funcionando y  en  el lado A empezaron a hacer relleno; adicionalmente  comenta  que  doña  Misaelina  tenía el ganado en los dos lotes y «en  el  proceso  para  adecuar  las  cancha[s]  hablamos con doña  Misaelina  porque  ella  decía  que necesitaba un tiempo para sacar sus vacas y  entregar  el  terreno,  entonces  yo le dije que no había ningún problema pues  mientras  yo  adecuaba el lote ella podía tener las vacas en el lote A mientras  se  miraba si se iba o no»; acerca de la existencia de  un    «contrato    de   arrendamiento»  del  globo  de  mayor extensión (lotes A y B), entre «Jorge   Blanco   y  Misaelina  Moreno»,  manifestó  que  «doña  Misaelina  me  comentó  que  pagaba  un  arriendo[,] pero no se si tenía contrato, (…) que me conste no se  a  quien  le  pagaba pero ella decía que le pagaba a Jorge Blanco, es que Jorge  Blanco  es  el esposo de una de las herederas de esos terrenos[,] eso era lo que  yo   conocía   por   eso   hacía   el  contrato  con  don  Jorge»;  sobre la razón por lo que este último nombrado le arrendara los  dos  terrenos,  cuando  para  la época el «lote A era  del  Banco  del  Estado»,  comentó  que al  arrendarme  los  dos lotes él me informa que esos dos lotes son  herencia  que le corresponden a su esposa, en ningún momento me dice que es del  Banco  del  Estado,  esto lo se yo por averiguaciones (…) y al enterarme yo le  comunico  a don Jorge que hay un lote que es del Banco del Estado y entonces él  me  dice,  a[h]  bueno[¡],  entonces  quédese con el lote B que yo arreglo con  Misaelina  y es cuando hacemos el otro documento; sobre  esa  relación  de  tenencia  dijo  que se lo comentó directamente «Misaelina  Moreno»,  en  el año 2000 y  sobre  la  existencia  de  construcciones  en  el  predio contiguo al alquilado,  expresó  que  entre el lote A y el lote B en la mitad  de  todos  los  lotes  costado  occidental  había  una  caseta  con 4 o 6 tejas  cubiertas  a  su alrededor donde la señora Misaelina o sus empleados se hacían  [ahí]  cuando  llovía  o  cuando  hacía mucho sol, y mantenían unos implementos como para darle de beber  al  ganado,  luego cuando se hizo el contrato[,] el segundo[,] esos palos y esas  tejas    se    trasladaron    para    el    otro    lado[,]   no   había   más  construcción; agregó que aunque no recuerda la fecha  exacta  de  la  reubicación  de  la  caseta «estaría  entre  finales  del 2003, principios del 2004[,] en cuanto a servicios públicos  no  tenía ninguna clase, lo único que había era un poste de luz»,  y  respecto  al lugar donde se ordeñaban las vacas, expresó que  «cuando  yo  llegué allá en el 2000 pues ordeñaban  en  cualquier  lado  de  los  dos  lotes,  después  de  que hicimos el contrato  ordeñaban  en  el  lote  A»  y sobre la explotación  económica  de  ese terreno indicó que «hasta finales  del   2005   pues   yo   lo   único  que  vi  fue  pastoreo  de  las  vacas  no  más» (c.2, fls.594-600).   

4.   En  virtud de los aspectos que son  materia  de  los  cuestionamientos  de la censura, se torna pertinente mencionar  tanto    los    requisitos    para    la    prosperidad   de   la   «pretensión  reivindicatoria», como los  de   la  «declaración  de  pertenencia».   

a).   En  cuanto  a  la  «reivindicación  o  acción de dominio»,  según  las  disposiciones  insertas  en  el  Título XII, Libro 2° del Código  Civil,  ha  de  acreditarse:  (i)  que  el  demandante es titular del derecho de  dominio,  (ii) la posesión material por parte del accionado, (iii) singularidad  de         la         cosa        objeto        de        la        «reivindicación»  o  cuota  determinada  pro  indiviso  de  una  «cosa  singular»  y  (iv)  identidad  entre  el  bien  pretendido  por el actor y el  poseído  por  el demandado; este ha sido el criterio uniforme y reiterado de la  jurisprudencia  de  esta  Corporación,  memorado en época reciente en el fallo  CSJ SC, 13 Oct. 2011, Rad. 2002-00530.     

b).   Con  relación  a  los  supuestos  fácticos     que    deben    probarse    para    declarar    la    «prescripción       adquisitiva       extraordinaria»,  de  conformidad  con  las disposiciones del capítulo II, título  XLI  del  citado  ordenamiento sustancial, a la luz de su entendimiento plasmado  en  múltiples  pronunciamientos  de la Sala, se concretan a los siguientes: (i)  que  se  trate  de  una cosa o derecho comerciable y (ii) posesión material del  actor  durante  el  término  legalmente  establecido, que bajo el imperio de la  «Ley  50  de  1936», era de  veinte   años,   habiendo   sido  reducido  a  la  mitad  por  la  «Ley  791  de 2002», debiéndose tomar en  cuenta  para  la  aplicación de uno u otro período, las reglas del precepto 41  de    la    «Ley    153    de    1887».   

      

Al respecto, en la sentencia CSJ SC, 8 Agos.  2013, Rad. 2004-00255, se expuso:   

De  conformidad  con  el  artículo 2518 del  Código   Civil,  a  través  de  la  ‘prescripción  adquisitiva’,   llamada   también   ‘usucapión’,  puede  ganarse  el  dominio  de los bienes corporales, muebles o inmuebles, así  como  los  demás  derechos  reales,  si  las  cosas sobre las cuales recaen los  mismos,  han  sido  detentadas  en la forma y por el tiempo que el legislador ha  previsto.   

La   prescripción  de  la  especie  antes  señalada,  que  fue  la  que  hizo  valer  el  pretenso usucapiente, tiene como  fundamento  esencial la tenencia del bien con ánimo de señor y dueño, sin que  sea   necesario   respaldarse   en   ‘título’  alguno,  circunstancia  esta  en  la que se presume la buena fe del ‘poseedor’.   Por  ello,  a  éste  le  resulta  suficiente  comprobar  que  lo  ha  poseído  de  manera  pública,  pacífica e  ininterrumpida,  por el tiempo legalmente exigido, el que si bien actualmente es  de  diez  años,  según lo previsto en el canon 1º de la ley 791 de 2002, como  el  actor  no  eligió tal normatividad, ni la misma le resultaba aplicable para  el  momento  de  formular  la  demanda,  el  plazo a contabilizar corresponde al  indicado  en  la  legislación anterior, por lo que en consecuencia, debe probar  que la ha ejercitado durante veinte anualidades continuas.   

El  artículo  762  del  Código  Civil  ha  definido    la    posesión   como   ‘(…)  la  tenencia  de  una cosa determinada con ánimo de señor o  dueño  (…)’,  es decir  que  para  su  existencia  se  requiere  del  animus  y del corpus, esto es, del  elemento  interno,  psicológico  o intención del dominus, que por escapar a la  percepción  directa  de  los  sentidos  es  preciso  presumir  a  partir  de la  comprobación  plena e inequívoca de los actos materiales y externos ejecutados  continuamente y por todo el lapso que dure aquélla.   

Así  entonces,  los  citados elementos, por  constituir  manifestación visible del señorío, llevan a inferir la intención  o  voluntad  de  hacerse  dueño, mientras no aparezcan otras circunstancias que  demuestren  lo  contrario  y  por  tanto,  el  prescribiente  debe  acreditarlos  plenamente  para  que  esa posesión como presupuesto de la acción, le permitan  al juzgador declarar en su favor, la pertenencia deprecada.   

5.    En  consideración  a  la  vía  seleccionada  en  el  ámbito  de la causal primera a fin de acusar el fallo del  Tribunal,  esto  es, la senda indirecta por yerro fáctico, ha de reiterarse que  en  la  labor  de  valoración  de  las  pruebas  los  jueces  gozan de discreta  autonomía  para adoptar sus decisiones, por lo que las providencias con las que  resuelven  los  litigios  sometidos  a  su  conocimiento llegan precedidas de la  presunción   de  verdad  y  acierto,  de  ahí  que  la  tarea  del  impugnante  extraordinario  necesariamente  debe  estar  dirigida  a  demostrar  el desatino  atribuido  al  juzgador,  además  de  evidenciar  que  el  desacierto  tiene la  connotación  de  ser notorio, es decir, que es manifiesta la contrariedad de lo  deducido  con  la  realidad  que  surge  del  proceso,  específicamente  de los  elementos  de  convicción  y,  también que es trascendente, circunstancia esta  que  denota  su  total  idoneidad  para  aniquilar la decisión (CSJ SC, 16 Jun.  2009, Rad. 2003-00003).   

La  doctrina  jurisprudencial  de  la  Corte  acerca    del    “error   de   hecho”  de  manera  uniforme  y reiterada ha sostenido, entre otros, en el  fallo CSJ SC, 13 May. 2013, Rad. 2005-00131, lo siguiente:   

(…)          ‘atañe  a  la  prueba  como  elemento  material  del  proceso, por creer el sentenciador que existe cuando falta, o que  falta  cuando  existe,  y  debido  a  ella  da  por  probado  o  no  probado  el  hecho’ (LXXVIII, p. 313),  es  decir,  acontece  ‘a)  cuando  se  da  por  existente  en  el  proceso  una prueba que en él no existe  realmente;  b)  cuando  se omite analizar o apreciar la que en verdad sí existe  en  los  autos;  y, c) cuando se valora la prueba que sí existe, pero se altera  sin  embargo su contenido atribuyéndole una inteligencia contraria por entero a  la    real,    bien   sea   por   adición   o   por   cercenamiento’  (cas.  civ.  sentencia  034 de 10 de  agosto   de  1999,  exp.  No.  4979);  siendo  tal  su  notoriedad  y  gravedad,  ‘cuando    su   sólo  planteamiento  haga  brotar  que  el  criterio  del  sentenciador fue totalmente  desenfocado,   que   está   por   completo  divorciado  de  la  más  elemental  sindéresis;   si   se   quiere,   que   repugna   al   buen  juicio’,  lo cual ocurre en aquellos casos en  que  ‘el  fallador  está  convicto     de     contraevidencia’  (cas.  civ.  sentencias  de  11  de julio de 1990 y 24 de enero de  1992),    ‘cuando   el  sentenciador  se  estrelló  violentamente  contra  la lógica o el buen sentido  común,  evento  en  el  cual  no  es  nada  razonable  ni conveniente persistir  tozudamente  en  el  mantenimiento  de  la  decisión  so  pretexto  de  aquella  autonomía’   (CCXXXI,  pág.644),  o  en  otros  términos,  ‘que  a  simple  vista  se  imponga a la mente, sin mayor esfuerzo ni  raciocinio,  o  en  otros términos, de tal magnitud, que resulte contrario a la  evidencia    del    proceso    (…)’       (G.J.      Tomo      LXXVII,      pág.      972)’  (cas.  civ.  sentencias 006 de 12 de  febrero  de  1998,  expediente 4730; 080 de 18 de septiembre de 1998, exp. 5058)  (…).   

         Así  mismo,  en  la sentencia CSJ SC, 2 Jul. 2010, Rad. 1998-05275,  iteró:   

(…)          ‘el error de hecho se estructura cuando  el  juicio  probatorio  del  sentenciador  es  arbitrario  o  cuando  la  única  ponderación  y  conclusión  que tolera y acepta la apreciación de las pruebas  sea     la     sustitutiva     que     proclama     el    recurrente’,  ya  que  si  la inferencia a la que  hubiera  llegado,  ‘(…)  luego  de  examinar  críticamente  el  acervo  probatorio  se  halla dentro del  terreno  de  la lógica y lo razonable, en oposición a la que del mismo estudio  extrae  y  propone el censor en el cargo, no se genera el yerro de facto con las  características  de  evidente  y  manifiesto, por cuanto en dicha situación no  hay       absoluta      certeza      del      desatino      cometido’  (casación  de 27 de mayo de 2005, exp. 2005-00472).   

6.   Al analizar los fundamentos de la  impugnación  extraordinaria,  se  establece la inexistencia de algunos  de  los  desatinos aducidos por el censor y la falta de demostración con respecto a  otros de los planteados, como pasa a examinarse a continuación.   

a).   Sobre el particular se constata,  que  el  Tribunal  sostuvo  que  la  posesión  alegada por la señora Misaelina  Moreno  «en el mejor de los casos lo sería el mes de  marzo      del      año      2004’»,  lo  que  dedujo  básicamente  de  lo  declarado  por Jorge Miguel Ballén Castiblanco, al interpretar que él informó  acerca  del  «intercambio  entre  los  lotes  A  y B,  ocurrido  en  la época de celebración del contrato de arrendamiento del predio  englobado,  por  el  que se convino, con el beneplácito de la poseedora, que en  un  sector  del  mismo  (lote  B),  se  construyeran  las  canchas de fútbol, y  además,  doña  Misaelina  llevaría sus vacas a pastar al lote A».   

Ahora,       la      «confesión  espontánea» erigida por la  censura,  a  partir  de  lo  señalado  en la solicitud de reconocimiento de los  frutos  civiles,  al  igual  que  de  lo  expresado en los numerales 11 y 13 del  escrito     inicial     en     el     que    se    plasmó    la    «demanda»  (c.1,  fls.  74  y 77), donde  manifiesta  que  la  usucapiente detenta la «posesión  material»      del      inmueble     «desde  por  lo  menos  mayo de 1990», no  constituye  contraevidencia del anterior razonamiento del juzgador, toda vez que  oportunamente   la   actora   en   reivindicación  formalizó  la  «reforma  de  la  demanda»,  en  la  que  sustituyó  el  reseñado  supuesto fáctico y aseveró que aquella «situación  de  hecho»  solo la ostenta  «a       partir       de      2006».   

Por  lo  tanto, en ese aspecto no existe el  desacierto  denunciado,  además  porque  el citado mecanismo procesal utilizado  por  la accionante para modificar el escrito introductorio, está autorizado por  la  regla 2ª del artículo 89 del Código de Procedimiento Civil, en lo tocante  a  las  partes,  las  pretensiones, los hechos en que ellas se fundamenten y las  probanzas,   aunque  no  se  puede  reemplazar  la  totalidad  de  las  personas  demandantes  o  demandadas, ni las súplicas, solo prescindir de alguna de ellas  o incluir nuevas.   

En  el  evento  que se admitiera la aludida  «confesión»,  habría que  tener     en     cuenta    al    tenor    del    precepto    201    ibídem,  que  la  misma admite prueba en  contrario,   por   lo  que  debió  explicar  la  impugnante  porqué  resultaba  equivocado    deducir,    como   lo   hizo   el   ad  quem,         que        la        «posesión»  comenzó  a partir de 2004,  lo  que  imponía  adentrarse en la verificación del contenido de los elementos  de  juicio  sustento  de esa conclusión y hacer visible o demostrar el error en  lo    considerado    por    el    sentenciador,    labor    que    omitió    la  censura.      

          Cabe  acotar  adicionalmente, que si de acuerdo con lo planteado por  la   recurrente,   existiera   el   desacierto  y  se  acogiera  a  «mayo  de  1990» como fecha de inicio de  la   «posesión»  por  la  promotora      de      la     «declaración     de  pertenencia»,    el    reproche    se    tornaría  intrascendente,  porque  se arribaría a similar decisión a la del Tribunal, ya  que  hasta  la  época de presentación de la respectiva demanda, esto es, 23 de  agosto   de   2007,   no   había  transcurrido  el  tiempo  necesario  para  la  prescripción   adquisitiva   extraordinaria  (20  años),  de  acuerdo  con  la  normatividad  aplicable  para  el  caso,  por  lo  que la pretensión no podría  alcanzar éxito.   

          b).   Con  relación  al yerro consistente en haber admitido el  fallador  de  segundo  grado  que  los títulos exhibidos por la accionante para  acreditar     el     dominio,     son     anteriores     a    la    «posesión»   de   la  usucapiente,  es  ostensible  que  aquel  no  se estructura, puesto que la E.P. n°2091, en la que  consta  el  negocio  jurídico  celebrado  para  transferirle  la propiedad a la  entidad  bancaria demandante, se otorgó el 28/12/1999, fue aclarada con la E.P.  0130  de 09/02/2000 y ambas se registraron el 12/08/2002, lo que armoniza con la  deducción  del  Tribunal  concerniente  a que la señalada situación de hecho,  «en  el  mejor de los casos lo sería el mes de marzo  de  2004,  data en la que, sin mayores reparos se tiene por cierto su ingreso al  predio,  con sus semovientes»; además no se demostró  que  tal  inferencia  sea desatinada, basta observar que la censura no se ocupó  de  la  contrastación  entre lo ahí mencionado y el contenido de los medios de  convicción  con  apoyo  en  los cuales se obtuvo esa hipótesis, por lo cual se  quedó sin soporte argumentativo la crítica en cuestión.   

         

c).   El error fáctico atinente a que  el  sentenciador  ignoró  el  testimonio  de  Henry  Díaz  Ruiz, lo explica la  impugnante  precisando  que  este era decisivo para resolver el litigio, por ser  la  única  persona  que  durante  más de 50 años había habitado en el sector  donde  está  ubicado  el  lote  de terreno y por haber informado que conoció a  «Misaelina  Moreno  Cañón  desde  hace  más  de 31  años,  de los cuales 27 años la ha visto ocupando, conservando y explotando el  predio»,  además  de  revelar  la  forma  como  ella  ejecutaba  esos  actos y manifestar «no haber visto en  todo  ese  tiempo  a  persona  distinta  [a  la  antes  nombrada]  ocupando  el  citado inmueble»,  de  donde infiere que en esa información subyace la evidencia de  la   época   desde  cuando  comenzó  la  «posesión  material»,  la  que  insiste, data aproximadamente de  1985,  significando  ello  que  es anterior al título de dominio aducido por la  entidad financiera.   

Y  el  desacierto  por prescindir de manera  indebida  de  los «testimonios de los señores Andrés  Mauricio  Caldón  y  José  Armando Pulido», pretende  demostrarlo  aseverando  que ellos eran moradores de la zona donde está ubicado  el  predio  y  por  haber  conocido a la prescribiente en ese lugar hace unos 25  años,  además  de expresar que ella es conocida en la  zona  como  la  única  propietaria  del  mismo,  pues lo ha explotado de manera  continua  y  se  ha  beneficiado  de aquel realizando entre otras las siguientes  actividades   desde   el  año  1985  –   1986:   cría,   manutención,   cuidado  y  ordeño  de  ganado,  arrendamiento   de   áreas  para  parqueaderos,  construcción  de  lugares  de  habitación,   mantenimiento  general  del  predio,  etc,,  e  inclusive  le  ha  realizado   distintos  actos  de  conservación  tales  como:  reparaciones  y/o  adecuaciones  locativas a las enramadas y/o casas de habitación, reparación de  cercas,  esplaneación (sic) o  nivelación  del  terreno,  etc., habiendo precisado el  primero  de  los  nombrados,  que  él construyó «una  enramada  o  rancho  hacia  el  año de 1986 y con posterioridad haber realizado  tareas  de mantenimiento al mismo en aquella fecha», y  aunque  mencionó  que  aquella  «habitó  continua e  ininterrumpidamente  el  predio»,  también advirtió  que  en  «ciertas  oportunidades  se  veía avocada a  dejar  de  habitar,  no  a  dejar  de  explotar  económicamente,  ni a dejar de  conservar  o  preservar  el  predio  (…),  toda  vez que la enramada en la que  habitaba     con     su     familia,     en     ocasiones     se    ‘caía’».   

          A  fin de verificar la presencia de los citados reproches, en primer  lugar  se  acota,  que  en  el fallo recurrido no se omitieron dichas probanzas,  sino    que    el   Tribunal   estimó   que   el   juez   debía   «optar   por   la   facción   probatoria   que  le  ofrezca  mayor  credibilidad,  por  el  poder  de  convicción  intrínseco que le merezca, o ya  porque  su  dicho  está  corroborado  por  el  restante  material obrante en el  proceso»,  y  de acuerdo con esa orientación, dedujo  que  de  las  versiones de los deponentes asomados por  las  partes,  fluye  como  hecho  indiscutido  que la actora ha desarrollado una  relación  material  con el inmueble; sin embargo no existe la certeza necesaria  que  esta hubiere comenzado desde el año de 1985, como la usucapiente lo afirma  en  la  contrademanda  y  lo reconocen los testigos que arribaron al proceso por  iniciativa  de  ésta,  pues en sentido contrario obra en la actuación material  demostrativo  al  cual  se  le  reconoce  mayor poder de persuasión, como es la  documental  aportada  en  la que consta la realización de visitas al predio, de  cuyas  actas  se  aprecia  que  este  se encontraba desocupado, sin explotación  económica;  ausencia  de  construcción  y  de  explotación que, igualmente se  corrobora  con el dictamen pericial en el que se analizaron las aerofotografías  que  en  los  años  1990,  1992,  1998,  2004 y 2009, se tomaron sobre el lote,  trabajo  que  concluyó, respecto de los primeros años, los más próximos a la  época  en  que la poseedora indica inició su relación con el inmueble, que no  existe  ‘ningún  tipo de  construcción   o   de   modificación   sobre   el  terreno,  (…)’,  concepto  técnico  que  le  otorga  mayor  poder  de  convicción  que  el  que  se pueda desgajar de la testimonial  recaudada,  pues  con  este  se  desvirtúa  el dicho de la prescribiente, quien  afirma  que  plantó  una  construcción  y  en  ella  vivió  con  su  familia,  explotando  la  actividad  pecuaria,  de  donde  se  deduce  así mismo, que las  aseveraciones  vertidas  por  los  testigos  asomados  por la poseedora, pierden  cualquier   posibilidad   de   arrojar  certeza  sobre  tal  alegato.   

         

          En  ese contexto, se impone sostener que la impugnante no asumió la  labor  de  demostrar  los  yerros  fácticos  denunciados,  toda  vez  que optó  simplemente  por  dar  a  conocer  lo  percibido  de  las manifestaciones de los  testigos  por  ella asomados, como si se tratara de un alegato de instancia, sin  asumir   la  tarea  técnica  de  contrastar  o  cotejar  lo  expresado  por  el  ad  quem  a  partir  de  la  valoración  de  los  medios  de  convicción  que tuvo en cuenta para apoyar la  decisión  y  el  contenido  de  tales  probanzas,  al  igual que de las dejadas  supuestamente   de   apreciar,  para  de  esa  manera  revelar  el  «error    de    hecho»   manifiesto   y  trascendente.   

          Obsérvese  sobre  el  particular,  que  el casasionista se limita a  extractar  y  resaltar  aspectos  de  la  versión de los deponentes Henry Díaz  Ruiz,  Andrés  Mauricio  Caldón y José Armando Pulido Arias, específicamente  en   aquello   que   contribuye   a  corroborar  la  tesis  de  la  «posesión  material»  del  inmueble por  parte  de la interesada en la declaración de pertenencia, insistiendo que la ha  venido  ejerciendo  a  partir  de  1985,  dejando  de  lado los cuestionamientos  concretos  respecto de las conclusiones del juzgador obtenidas de la valoración  de  los  documentos  atinentes a las «actas de visitas  al  predio» y del «dictamen  pericial»  en  el  que  señaló  se  examinaron  las  aerofotografías  tomadas  a  la  zona  donde  está ubicado el lote de terreno,  durante  los  años  1990,  1992,  1998,  2004 y 2009, y que con base en lo ahí  consignado,   le   permitió   descartar   la  existencia  de  construcciones  o  intervenciones  en cuanto a rellenos y explanaciones, al igual que verificar que  para  los  períodos  iniciales  en  que se obtuvieron aquellas imágenes, no se  encontraba cercado, ni dividido.   

Tampoco  planteó el censor crítica alguna  frente  a  las inferencias del Tribunal basadas en el testimonio de Jorge Miguel  Ballén  Castiblanco,  las  cuales le sirvieron de apoyo para precisar la época  en     que     pudo    comenzar    la    «posesión  material»  invocada como sustento de la prescripción  adquisitiva,  la  que  estimó que «en el mejor de los  casos    lo    sería    el   mes   de   marzo   del   año   2004».   

          Lo  anterior  también revela que el cargo quedó incompleto, ya que  no   abarcó  aspectos  torales  sustento  del  fallo  recurrido,  los  que  son  suficientes  para  preservar su vigor, máxime porque gozan de la presunción de  veracidad y acierto.   

         

d).   El  supuesto  equívoco  por  el  cercenamiento  y  tergiversación  de  la  declaración  de Henry Vega Preciado,  funcionario  de  la entidad accionante, de quien se dice manifestó que el Banco  se     encontraba     en     imposibilidad     jurídica    para    «realizar     inversiones     de     conservación,     ornato    o  mejora»  de  los  inmuebles  de  su  propiedad,  por  hallarse  en  estado  de  liquidación,  versión  esta  que  el  censor  estima  contrasta  con  las  conclusiones  de la experticia elaborada por Luz Dary Reyes  Parra,  no  cuenta con un soporte argumentativo tendiente a explicar las razones  de  tal  afirmación  ni para evidenciar la incidencia de esa supuesta anomalía  en la decisión atacada.   

Las   reseñadas   deficiencias  formales  también  se  advierten  entorno  al  cuestionamiento  por  el supuesto desatino  fáctico  en la estimación del interrogatorio de parte que contestó la señora  Misaelina  Moreno Cañón, puesto que la censura únicamente hace mención a que  la    absolvente    expresó   ser   la   «poseedora  material»  del predio desde 1985, dando a conocer los  actos  posesorios  por  ella ejecutados; además, en el ámbito probatorio dicha  manifestación  no  constituye confesión, porque a pesar de recaer sobre hechos  susceptibles  de  acreditar  por ese medio, no aparejan consecuencias adversas o  que  favorezcan a la parte contraria, como lo exige el artículo 195 del Código  de   Procedimiento   Civil,   de   tal  manera  que  se  torna  inentendible  el  planteamiento del comentado desatino.   

                   

e).   Finalmente  se  precisa,  que no  obstante  que  la  impugnante  sostiene  que  obran  en el plenario elementos de  convicción  que  a  ella  le  favorecen  y  de otro lado, de conformidad con lo  interpretado   por  el  sentenciador  también  se  incorporaron  probanzas  que  desvanecen  las  aspiraciones procesales de aquella, resulta pertinente resaltar  lo  dicho  por esta Corporación en el fallo CSJ SC, 15 de May. 2001, Rad. 6562,  en   el   que   se   memoró,   que   «(…)  cuando  militan  pruebas  en  diversos  sentidos,  el  acogimiento   por   el  sentenciador  de  las  que  ofrezcan  mayores  bases  de  credibilidad  con desestimación de otra, no conforma yerro a no ser que incurra  en  absurdos o que la apreciación del fallador riña con la lógica’  (Cas.  Civil  de  5 de diciembre de  1990)»,  situación  esta  última que no fue demostrada.   

7.   Son  suficientes  los  argumentos  expuestos, para determinar la improsperidad del cargo estudiado.   

Consecuentemente,  al no alcanzar éxito la  acusación   fundamento   del   presente   «medio  de  impugnación», de conformidad con el inciso final del  artículo  375  del ordenamiento ut supra,  se  impone  «condenar  en  costas  a la  recurrente» y al tenor de lo señalado en el precepto  19  de  la  Ley 1395 de 2010, en esta misma providencia se hará la fijación de  las  «agencias en derecho»,  para  cuyo  señalamiento  se  tomará  en  cuenta  que  la litisconsorte actual  propietaria  del  bien  objeto del litigio, replicó oportunamente el escrito de  la  impugnación  extraordinaria,  no  así el mandatario judicial de la entidad  promotora del proceso.   

IV.           DECISIÓN   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Civil  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

Primero:  No  casar  la sentencia de 11  de  octubre  de  2012  proferida  por  la  Sala  Civil del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  dentro  del  proceso ordinario reivindicatorio  promovido  contra  Misaelina Moreno Cañón y Uriel Yesid Barreto Castro, por el  Banco  del  Estado,  hoy  liquidado,  el  que transfirió el inmueble objeto del  litigio  a  Central  de Inversiones S.A. y ésta lo enajenó a Genoveva Tovar de  Trujillo,  asunto  en  el  que  la  recurrente  formuló  mediante reconvención  solicitud de declaración de pertenencia.   

          Segundo:   Condenar   a   la  impugnante  extraordinaria  al pago de las costas procesales a la litisconsorte que replicó  la  demanda  de casación e inclúyase en la respectiva liquidación, la suma de  $6’000.000 por concepto de  agencias en derecho.   

Cópiese,       notifíquese      y  devuélvase   

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

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