SC435-2014 [2007-00271-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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SALA DE CASACIÓN CIVIL  

Magistrado Ponente:  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

SC435-2014  

Bogotá,  D. C., veintisiete (27) de enero de  dos mil catorce (2014)   

Aprobada  en  Sala  de  veinticinco  (25)  de  noviembre de dos mil trece (2013)   

Ref.:  08001-31-10-007-2007-00271-01   

Decide  la  Corte  el  recurso  de casación  interpuesto  por la demandante, señora MARÍA MARCELA CLAUDIA BARRERA GUAYASAN,  frente  a  la  sentencia  proferida  el  12 de agosto de 2011 por  el   Tribunal   Superior   del  Distrito  Judicial  de   Barranquilla,   Sala  Civil  – Familia, en el proceso que ella adelantó en  contra del señor JULIO CÉSAR CONTRERAS MORALES.   

ANTECEDENTES  

1.            Mediante  el  escrito  con el que se dio  inicio  al presente asunto (fls. 1 a 19, cd. 1), cuyo conocimiento correspondió  por  reparto  al  Juzgado  Séptimo  de  Familia  de  Barranquilla,  la nombrada  demandante  convocó  al mencionado accionado a un juicio ordinario, para que se  declarara  que  entre  ellos  existió una “sociedad  marital    singular    de   vida   permanente”   y,  consecuencialmente,  una  “sociedad  patrimonial de  hecho”, desde el 4 de septiembre de 1998 hasta enero  del  2007;  y  para  que  se  dispusiera  la  disolución  y  liquidación de la  última.   

En  el libelo se incluyeron otras súplicas,  enderezadas  a  que  se  declarara  la simulación de un contrato de compraventa  celebrado  por  el  señor  Contreras  Morales  y  un tercero. La citada oficina  judicial,   en   el   auto  admisorio  de  la  demanda,  resolvió  “NO      ACCEDER      a  la  solicitud  de  acumulación de pretensiones formulada por el  apoderado   actor”,   toda   vez  que  carecía  de  competencia para conocer algunas de las mismas.   

2.             Como  sustento  de  los  pedimentos  en  relación  con los que se adelantó la controversia, según viene de precisarse,  se  adujo  que  las  partes,  desde el 4 de septiembre de 1998, aproximadamente,  empezaron  a  convivir  de  manera permanente y continua; que el 1º de enero de  2007,  el  demandado  decidió  unirse  a otra pareja, lo que puso fin a aquella  primera  relación;  que  durante  su  existencia,  no  se procrearon hijos y el  accionado  mantuvo  la  afiliación de la actora, como su compañera permanente,  en  el  sistema  de  seguridad  social;  y  que  los señores Barrera Guayasan y  Contreras Morales no pactaron capitulaciones.   

Por  aparte,  se relacionaron los bienes que  integran  el  activo y las obligaciones que constituyen el pasivo, de la alegada  sociedad  patrimonial  de  hecho cuyo reconocimiento, disolución y liquidación  fue impetrado.   

3.            El  juzgado del conocimiento admitió la  demanda  con  auto del 23 de julio de 2007, empero sólo en cuanto hace, como ya  se   puntualizó,   a   las   pretensiones  concernientes  con  la  “DECLARACIÓN     DE    EXISTENCIA,  DISOLUCIÓN   Y   LIQUIDACIÓN   DE   SOCIEDAD   MARITAL   DE  HECHO”  (fl.  177,  cd. 1), proveído que se  notificó  personalmente al accionado en diligencia verificada el 6 de diciembre  siguiente (fl. 177 vuelto).   

4.            Al responder el libelo introductorio, el  convocado  se opuso a sus pretensiones y se refirió pormenorizadamente respecto  de  los  hechos  que  les  sirvieron de soporte. Admitió haber convivido con la  accionante  entre septiembre de 1998 y finales de agosto de 1999, que en el año  2001  reinició  la  relación  amorosa  que  de antes tenía con la señora Luz  Stella  Cuadro  Herrera, la cual perduró hasta 2004, y que inició vida marital  con  quien  en  la  actualidad  es  su  esposa, señora Yurley Estefany Figueroa  Fernández, a partir del 22 de octubre de 2005.   

Propuso, con el carácter de meritorias, las  excepciones  de “inexistencia de la sociedad marital  de   hecho,   por   no   haberse  cumplido  con  los  términos  que  obliga  la  ley” y “prescripción de  las    acciones    que    pudieran   derivarse   de   la   unión   marital   de  hecho” (fls. 191 a 205, cd. 1).   

5.            No  obstante otras incidencias ocurridas  en  el  transcurso de lo actuado, cabe resaltar que la señora Luz Stella Cuadro  Herrera  compareció  al  proceso  y,  en  su condición de tercero ad   excludendum,   solicitó   que   se  acumulara  a esta tramitación la demanda que, con similar cometido al que tiene  la  que  dio origen a este asunto, presentó en contra del mismo accionado, cuyo  diligenciamiento  se  venía  adelantando  en  el  Juzgado  Sexto  de Familia de  Barranquilla (fl. 1, cd. 5).   

Con  auto del 21 de noviembre de 2008, se le  imprimió  a  dicha  petición  el  trámite  incidental y, por consiguiente, se  corrió  traslado  de  ella  al demandado por el término de tres días (fl. 15,  cd.   5),   quien  se  opuso  a  su  acogimiento  (fls.  16  y  17  ib.).   

6.             Agotado   el  trámite  propio  de  la  instancia,  se  le puso fin con sentencia del 10 de diciembre de 2010, en la que  el  juzgado  cognoscente del asunto, se abstuvo de acceder a las pretensiones de  la  demanda  y de declarar probadas las excepciones planteadas por el convocado,  toda  vez  que  concluyó  la  insatisfacción de los presupuestos de la acción  intentada,  debido  a  que,  según  lo  infirió  de las pruebas recaudadas, el  demandado,  entre  los  años  1997 y 2004, hizo vida marital con la señora Luz  Stella  Cuadro  y,  en el período comprendido entre 2004 y 2007, con la señora  Yurley Figueroa Fernández, con quien luego contrajo matrimonio.   

7.            El Tribunal Superior de Barranquilla, al  desatar  la  apelación que contra el fallo de primer grado interpuso la actora,  en  el  suyo, que profirió el 12 de agosto de 2011, optó por confirmarlo (fls.  24 a 33, cd. 10).   

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

1.            Luego  de historiar lo acontecido en las  dos  instancias  y  de referirse, en abstracto, con ayuda de la Ley 54 de 1990 y  de   la   jurisprudencia,   a  la  unión  marital  de  hecho,  el  ad  quem  sentó  las siguientes premisas  fácticas:   

a)             Por   una   parte,   que  “al  analizar, en forma conjunta, los hechos que se derivan de lo  relatado  en las declaraciones de los señores Wulfran Vásquez Meriño, Jeovani  Bornaceli  Cantillo,  Adalberto Gutiérrez Montesino, Luz Ramos Loaiza, Marelvis  Upegui  Pérez  y  los  documentos  allegados al expediente, puede llegarse a la  conclusión  de  que  María  Barrera  Guayasan y Julio César Contreras Morales  convivieron  como  pareja en el apartamento 501 del Edificio el Portal del Prado  entre    el    año    1998    hasta    abril   del   año   2007”.   

b)            Por otra, que es igualmente “cierto  que  de  las declaraciones de los señores María Rodelo  de  Fernández,  Orlando  Fernández  Charris [y] Yurley Figueroa Fernández, se  extrae  que  a partir del año 2004, el demandado Julio César Contreras Morales  también  mantenía  relaciones y pasó a convivir en el 2005 y luego a contraer  matrimonio   con   esta   última   señora   en   el  año  2007”.   

c)             En   tercer  lugar,  que  “el  señor  Paul Contreras Morales, h[izo] igualmente referencia  a  esta  relación  y  a la que sostenía el demandado con la señora Luz Stella  Cuadros  (sic)”.   

d)              Y   finalmente,   que   “esta  última  persona, Luz Stella Cuadro Herrera, compareció a  este   proceso   a   solicitar   una  ‘acumulación     de     demanda     en     calidad    de    tercero  ad-excludendum’  y luego  terminó  pactando  con  el demandado una liquidación y distribución de bienes  con base en esa relación marital”.   

2.             Fincado   en  esas  apreciaciones,  el  sentenciador   de   instancia   arribó   a   las   conclusiones   que  pasan  a  reproducirse:   

a)            “De  acuerdo  a  esas  situaciones de  hecho,  es  evidente  que  en  este caso, quedó debidamente demostrado, pese al  esfuerzo  de  la parte activa de probar los presupuestos para la declaratoria de  la  unión  marital  de hecho, la circunstancia de que el señor Julio Contreras  Morales,  durante  el  tiempo de su relación marital con la demandante, no tuvo  ninguna  intención de mantenerla en forma singular sin buscar el trato de otras  mujeres”.   

b)            “Conforme el análisis de las pruebas  realizado  anteriormente,  surge  nítido  que entre la pareja no se cumplió el  requisito  de  singularidad requerido para la existencia de la unión marital de  hecho,  toda  vez  que  el demandado Julio Contreras Morales convivía de manera  simultánea  con  la  demandante  María Barrera Guayasan y con las señoras Luz  Stella  Cuadro  Herrera  y  Yurley  Figueroa  Fernández.  Así  que  en el caso  presente,   no  se  dio  el  requisito  de  singularidad  de  esa  comunidad  de  vida”.   

c)             Y,   por   último,  que  “[e]n  ese  orden  de  ideas,  se  impone  confirmar la sentencia  recurrida”.    

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Dos  cargos,  ambos  por  la  causal primera  prevista  en el artículo 368 del Código de Procedimiento Civil, se propusieron  para  obtener el quiebre de la sentencia impugnada, cuyo estudio lo abordará la  Sala  en  forma  conjunta,  habida  cuenta  de que similares razones guiarán la  decisión que en torno de ellos, la sala habrá de adoptar.   

CARGO PRIMERO  

Se  denunció  el fallo del Tribunal por ser  indirectamente violatorio del  artículo  2º  de  la  Ley  54  de 1990, modificado por el 1º de la Ley 979 de  2005,  como  consecuencia  de la comisión de “error  de  hecho”  en  la  apreciación de los “testimonios  rendidos  por  los  señores JULIO CÉSAR CONTRERAS  MORALES,  LUZ ESTELA CUADRO HERRERA, YURLEY ESTEFANY FIGUEROA FERNÁNDEZ, MARÍA  DE  LOS  SANTOS RODELO DE FERNÁNDEZ, ORLANDO RAFAEL FERNÁNDEZ CHARRIS [y] PAUL  FELIPE CONTRERAS MORALES”.   

1.            En su desarrollo, el censor advirtió que  se  trata  de  declaraciones “contradictorias que no  convergen  en  demostrar las relaciones maritales de hecho diferentes a la de la  demandante”  y  que,  por  lo  mismo, no sirven para  calificar   este  vínculo  como  inexistente,  ni  para  predicar  “simultaneidad    y    falta    de    singularidad”,  a diferencia de los testimonios recibidos a solicitud de la parte  actora,  los  cuales dejaron en claro que ella y el accionado, sí hicieron vida  marital.   

2.            Seguidamente, el recurrente planteó los  siguientes    reproches,    que   se   extractan   de   la   sustentación   del  cargo:   

a)            Respecto del escrito de contestación de  la  demanda  y  de  la  escritura  pública  No.  0998  del 25 de junio de 2008,  otorgada  en  la  Notaría  Sexta  de  Barranquilla,  en la que los señores Luz  Stella  Cuadro  Herrera  y  Julio  César  Contreras  Morales, de mutuo acuerdo,  reconocieron  que  entre  ellos  existió tanto “una  unión  marital  de  hecho imperfecta”  como una  sociedad  patrimonial  y  procedieron  a  disolver  y  liquidar  la  última, el  impugnante  precisó que la afirmación que en esos documentos aparece, relativa  a  que  las  prenombradas  personas  reiniciaron  en  el  año 2001 su relación  marital,  es  contraria con la declaración que rindió el 4 de marzo de 2008 la  citada  compañera,  puesto  que  allí  ella indicó que sus dos menores hijos,  habidos  con  persona  diferente  al aquí demandado, tenían para entonces seis  años  de  edad,  lo  que  significa  que nacieron en el año 2002 y que, por lo  mismo,  fueron  concebidos  el  año  anterior  (2001),  circunstancia que torna  inverosímiles aquellas manifestaciones.   

b)             El   demandado,   en   las  diferentes  escrituras  públicas  en  las  que constan los negocios en virtud de los cuales  adquirió  los  bienes  raíces  que  son  de  su  propiedad y que militan en el  proceso,  otorgadas  en  el  período  comprendido  entre los años 2002 y 2007,  aseveró,  en  unas,  ser  soltero  y  sin unión marital de hecho vigente y, en  otras, estar casado, sin serlo.   

c)            A su turno, en las declaraciones de renta  correspondientes  a los años 2004 a 2006, el señor Contreras Morales registró  como  su  dirección  el  apartamento 501 del edificio ubicado en la calle 53 No  53-15  de  Barranquilla,  que  corresponde  al  lugar  en el que, para esa misma  época, residió la promotora del litigio.   

d)             En  ese  sitio,  el  accionado,  en  su  condición  de  representante  legal  de  la  propiedad  horizontal “Portal  del  Prado”, de la que forma  parte   el   indicado  inmueble,  fue  notificado  de  un  acto  administrativo.   

e)              La  testigo  Luz Migdalia Ramos Loaiza  dejó  en claro que la demandante y el accionado, llegaron a residir como marido  y  mujer  en  septiembre de 1998 al apartamento 503 del indicado edificio y que,  posteriormente,  en  el  año  2003, pasaron a ocupar el apartamento 501, lo que  también  contradice que el señor Contreras Morales hubiese podido convivir con  la señora Cuadro Herrera a partir del 2001.   

f)              Lo  expresado  por  la  testigo Yurley  Figueroa  Fernández,  quien  indicó  que  desde  el  16  de septiembre de 2004  inició  el  vínculo  de  pareja  que  la  une  con  el demandado y que los dos  empezaron  a  vivir juntos desde el 22 de octubre de 2005, se opone a lo que los  señores  Cuadro  Herrera  y Contreras Morales puntualizaron respecto del tiempo  que  duró  el  vínculo  que  ellos  mantuvieron,  que  fue desde 1997 hasta el  2004.   

g)             Luego de destacar que la señora María  de  los  Santos  Rodelo  Fernández es la abuela de Yurley Figueroa Fernández y  que  ella  declaró  que  conoció al demandado en el año 2004, quien, el 22 de  octubre  de  2005,  le  manifestó  su  deseo  de  vivir con su nieta, el censor  expresó  que  “LO ANTERIOR CONTRADICE LO DICHO POR  LOS   SEÑORES  JULIO  CÉSAR  CONTRERAS  MORALES  Y  YURLEY  ESTEFANY  FIGUEROA  FERNÁNDEZ (…)”   

h)            El cuanto hace al testimonio rendido por  Paul  Felipe Contreras Morales, el recurrente puso de presente que éste relató  haber  residido en el año 2003, por espacio de seis meses, aproximadamente, con  la  demandante  y  el  accionado,  y que tal referencia se contrapone, en primer  lugar,  a  lo  expresado  por el último en la contestación de la demanda, toda  vez  que éste allí admitió que la convivencia con la actora abarcó solamente  el  período  comprendido  entre septiembre de 1998 y agosto de 1999; en segundo  término,  con el reinicio en el año 2001 de la relación marital del demandado  y  la señora Luz Stella Cuadro Herrera, pues quedó probado que los integrantes  del  litigio para ese año ya vivían juntos; y, adicionalmente, con la fecha en  que  finalizó  la  relación  en precedencia mencionada, que según los propios  interesados  fue  en  el  2005,  en  tanto  que  el  deponente  indicó  que  su  conclusión  tuvo lugar poco tiempo antes a la declaración, que se practicó el  9 de marzo de 2009.   

3.            Tras invocar el artículo 187 del Código  de  Procedimiento Civil, el casacionista reprochó el mérito probatorio que los  sentenciadores  de  instancia  le dieron a la escritura pública por medio de la  cual  los  señores  Luz  Stella Cuadro Herrera y Julio César Contreras Morales  zanjaron  sus  diferencias  en  torno  de  la  unión  marital  de hecho y de la  correlativa  sociedad  patrimonial que existió entre ellos, por tratarse de una  prueba que la parte actora no pudo controvertir.   

4.            En suma, el impugnante estimó que tanto  el   juez  a  quo  como  el  Tribunal  incurrieron  “en  violaciones por vía de  hecho   por   ARBITRARIA   VALORACIÓN  PROBATORIA”,  planteamiento  que  sustentó  con  la  reproducción  parcial de un fallo de la  Corte Constitucional.   

CARGO SEGUNDO  

1.            Para sustentarla, el recurrente reprodujo  a  espacio  las  señaladas  declaraciones  y  luego, en relación con cada una,  destacó,  en  síntesis,  que  acredita tanto la convivencia que existió entre  los  litigantes  como  que  la  misma  se  extendió  desde  1998  hasta el año  2007.   

2.             Fincado   en   esa  constatación,  el  impugnante  descartó  que,  por  lo  tanto, el señor Contreras Morales, en ese  lapso  de  tiempo,  hubiese  podido  mantener un vínculo similar con la señora  Yurley  Figueroa  Fernández,  a  quien  ninguno  de  los  mencionados  testigos  conoció.   

3.            Añadió  que  el  nexo  anteriormente  referido,  consiguientemente, sólo pudo iniciarse después de que, a principios  del  último  año  mencionado -2007-, terminara la convivencia de la actora con  el  demandado,  como  se infiere de la circunstancia de que el hijo habido entre  éste   y  la  señora  Figueroa  Fernández  nació  el  18  de  diciembre  del  2007.   

4.            Al  cierre,  el  recurrente  adujo  la  infracción  del  artículo  187 del Código de Procedimiento Civil, como quiera  que  el  Tribunal  no  apreció  las indicadas pruebas en conjunto, reproche que  sustentó  con  reproducción  parcial  de  un  fallo  de  esta Corporación, y,  adicionalmente,  transcribió  los  artículos  4º  a  9º  de  la  Ley  54  de  1990.         

CONSIDERACIONES  

1.          Como quiera que, según lo ha predicado  incansablemente  esta Corporación, la casación tiene  por     fin     exclusivo    establecer  si  el  fallo cuestionado por    esa    vía    es   o  no  ilegal,  propio es entender que quien recurre a dicha forma de  impugnación  debe enderezar su actividad,   en   líneas  generales,  a  poner  de manifiesto ese estado de  cosas,  para  lo cual le corresponde, en primer lugar,  sujetar  sus  reproches  a  las  causales  que,  con  individualidad   y   autonomía,  consagra  el  artículo  368  del  Código  de  Procedimiento  Civil, de modo que cada acusación que formule esté soportada en  una  sola de ellas; y, en segundo término,       sustentar      cada   cargo   con  la  exposición  de  argumentos  idóneos,  esto  es, de unos que,  en  consonancia  con  el  motivo escogido, conduzca a colegir  tanto   la  vulneración  de  la  ley,  sustancial  o  procesal,    según    fuere   el   caso,         como        que,    a  consecuencia    de    su  infracción,   las   decisiones   adoptadas  por  el  sentenciador   de   instancia,   contravienen  ostensiblemente  el  ordenamiento  jurídico.   

Tal entendimiento  del    recurso    extraordinario    de    que    se  trata,  descarta,  por una  parte,  que  el  mismo  se  constituya   en  una  tercera  instancia  que  permita  a  quien  opta  por  él,  pretender  una revisión  íntegra  del   respectivo  proceso,  con  el  propósito  de  explorar una  solución  distinta a aquella que se le aplicó; y, por otra, que la Corte, como  encargada    de   resolverlo,   pueda   asumir   sin  restricciones  el  estudio  de  la cuestión litigada  para  evaluar,  desde  todo punto de vista, el acierto  del  pronunciamiento  con  el  que  se  finiquitó la  misma.   

Esa  especial  naturaleza de la casación,  explica  por  qué  ella  está  sometida  a  rigurosas  exigencias  formales  y  técnicas,  cuya  observancia  sirve  a  que el recurso cumpla con los cometidos  señalados  en  el  artículo  365  del  Código  de  Procedimiento        Civil,        particularmente,  en  cuanto tiene que ver con el recurrente, el de  “reparar los agravios inferidos a las partes por la  sentencia recurrida”.   

De suyo que, respecto del impugnante, tales  requisitos   conciernen,   fundamentalmente,  con  la  demanda  que  presente para sustentar el recurso, pues  es     en     ella     en    donde    materializa  la  crítica  que  efectúe  en  contra  de la sentencia  cuestionada.   

2.            Sobre el  particular   y   en   atención   a   lo  que  aquí  habrá  de  decidirse,  es  necesario     memorar  que   toda   demanda  de  casación,  según  voces  del  inciso 1º del numeral 3º del artículo 374 del  Código  de Procedimiento Civil, debe contener “[l]a  formulación  por  separado  de los cargos contra la sentencia recurrida, con la  exposición   de   los  fundamentos   de  cada  acusación,  en  forma  clara  y  precisa”.   

Dicha  exigencia  traduce,  por  una  parte,  como ya se señaló,  que   cada  acusación  que  se  formule,            esté soportada en una específica causal  de   casación  y,  por  otra,  que los argumentos  que  se aduzcan para sustentar los cargos,             guarden  armonía   con  el  motivo  seleccionado,   de   modo   que   no  correspondan  y,   por  lo  mismo,  no  configuren,  uno  diferente,       pues      de      desatenderse  el  citado  requisito, se  incurría    en    un  hibridismo     que,  indiscutiblemente,  choca  con   la   técnica   del   recurso,   en    la   medida   en   que        una        actitud        semejante        contraría  abiertamente  el  principio  de  autonomía  e  independencia  de  las distintas  causas   enlistadas   taxativamente   en   el   artículo  368  del  Código  de  Procedimiento      Civil,      e     impide,  per     se,    que  planteamientos    de   ese   linaje,   califiquen     como    claros y precisos.   

Ahora bien, si  se   trata  de  la  violación indirecta de la ley sustancial, que contempla  el  numeral  1º  de  la  precitada  norma, la advertida regla técnica comporta  también  que no sea dable  al  recurrente  confundir o entremezclar los errores de hecho y de derecho, toda  vez    que,    como    ha    sido    de    siempre  destacado, ellos tiene distinta naturaleza y, por lo  mismo,  amalgamarlos,  torna  el  cargo  que  en esas condiciones se formule, en  obscuro e impreciso.   

        3.                     Cabe añadir que la  Corte,  en  relación  con  la  norma  que  se viene  comentando, tiene precisado, además:   

        a)                     Que  toda acusación  “debe  ser perceptible por la inteligencia sin duda  ni     confusión”,    esto    es,    “exacta,   rigurosa,   que   contenga   los  datos  que  permitan  individualizarla  dentro  de  la  esfera  propia  de  la  causal que le sirve de  sustento”  (Cas. Civ., sentencia de 15 de septiembre  de 1994).   

          b)        Y  que  los  reproches  que  se  aduzcan  deben guardar “estricto ceñimiento a las razones o  fundamentos  del  fallo  impugnado, porque lógica y jurídicamente debe existir  cohesión  entre  el ataque o ataques contenidos en la demanda de casación y la  sentencia  del  ad  quem   (…)”,    toda    vez    que    el    referido   recurso   “(…)         ‘ha  de ser en últimas y ante la sentencia impugnada, una               crítica               simétrica…’  (Cas. civ. de 10 de septiembre de  1991)”,      entendida     “no  solo como armonía de la demanda de casación con la sentencia  en  cuanto  a  la  plenitud  del ataque,  sino también como coherencia lógica  y  jurídica, según se dejó visto, entre las razones expuestas por el juzgador  y  las  propuestas  por  el impugnante”  (Cas. Civ., sentencia de 10 de diciembre de 1999, expediente No.  5294).   

          4.        Desde   la   perspectiva   del   específico   motivo  de  casación  consistente  en  el  quebranto  indirecto  de  la ley sustancial, la Corte tiene  decantado    que    su   ocurrencia   deriva  de la incorrecta formación en  la  mente  del  juzgador  de  instancia  de los hechos del proceso, desacierto  que lo conduce a arribar a  conclusiones   en  este  campo  verdaderamente  contraevidentes y      a      que,     consecuencialmente,    se   equivoque   en  la  escogencia  de las normas sustanciales   disciplinantes  de  la  respectiva controversia,  aplicando  las  que  no estaban llamadas a gobernarla  y,        correlativamente,       dejando   de   lado   que  sí  debía  hacer actuar.   

El   error   de   hecho   acaece  cuando  el  operador  judicial  no     ve,    y    por    lo    mismo,   no   pondera,   las  pruebas  que  materialmente  sí  obran  en    el    proceso    (preterición);  o  cuando  supone las que no existen, otorgándoles significado  (suposición);  o cuando, no obstante identificar adecuadamente los elementos de  juicio  de que dispone, al  apreciarlos  en  su  contenido objetivo, altera su alcance y significado, ya sea  porque los adiciona, ora porque los cercena (tergiversación).   

En  cambio, el error de derecho tiene que  ver    con    las    equivocaciones    relacionadas    con    la    estimación  jurídica de los  medios de convicción, esto es, con  el  examen  que  de  ellos  realice   el  juez  a  la  luz  de las normas de  disciplina   probatoria,  fundamentalmente,  en  lo  tocante  con  su  solicitud o aducción; con   su   decreto   y   práctica;  o  con su mérito demostrativo, desatino que lo lleva a conferirles un  valor  que  no  tienen,   o   a   negarles   el   que   sí  poseen.   

En   cuanto   atañe   a   su alegación en casación,  atendidas  las  pautas que sobre el  particular  consagra el inciso 2º del numeral 3º del artículo 374 del Código  de  Procedimiento  Civil,  debe  advertirse  que,  en  tratándose  del  error de  hecho,  se  impone  al  recurrente, en primer lugar,  plantearlo    con    sujeción    a   la     advertida     autonomía    e  individualidad    que  caracteriza   los  comentados  yerros;  en  segundo  término,   demostrarlo,  para    lo   que   le  corresponde,  por  una  parte,  singularizar  los  medios   de  prueba  e,  incluso,  los  pasajes  de  ellos,  sobre  los  que  recayeron  los  desatinos  del  juzgador  y,  por  otra, contrastar su contenido  objetivo   con   las   conclusiones  que,    en  relación      con      ellos,      obtuvo   o   debió   obtener   el  sentenciador;  y,  finalmente,  explicitar  la  razones  que  permitan entender como esa incorrecta ponderación  probatoria  comportó  la infracción de las normas sustanciales cuya violación  se  denunció  en  el  respectivo  cargo  y, correlativamente, trascendió en la  incorrecta definición del litigio.   

Sobre el error  de  derecho,  es necesario  observar, además, que el  recurrente          debe         precisar  las   normas   probatorias   que   fueron   quebrantadas   y   explicar  la  manera  como ellas resultaron  vulneradas.   

5.                La  mención  de  los requisitos en precedencia comentados, que son pertinentes  respecto de los dos cargos  formulados,  obedece  a  que ninguno de ellos   los  satisface,  como  pasa  a  explicarse.   

5.1.                    En     ambas  acusaciones,  particularmente,  en  la  inicial,  su promotor confundió el  error  de  hecho  y  el de  derecho,  como  quiera que, pese a  haber  denunciado la comisión por parte del Tribunal  del primero, al        desarrollarlas  dirigió su inconformidad  por      la      senda      del     segundo,  pues su queja,     en    esencia,    consistió     en     la  falta  de  apreciación  conjunta de las pruebas, reproche  que  afincó en el mandato del artículo 187 del Código  de  Procedimiento  Civil  y  en  el  contraste  que  hizo  del  contenido de los  diversos               medios         de           convicción,      dirigido        a           detectar        las  contradicciones -cargo primero- o  las  coincidencias  -cargo  segundo-  que  existían  entre           ellos,          que            respectivamente   impedían             al   ad  quem  otorgarles  la  fuerza  demostrativa  que les  reconoció o que   lo   obligaban   a  colegir  la  existencia  de  la  unión  marital de hecho reclamada en la demanda.   

5.2.            Ahora  bien,  si  en  los  dos  cargos   el   recurrente  denunció  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  como  consecuencia  de  los yerros fácticos  cometidos  por  el sentenciador de segunda instancia al apreciar los testimonios  practicados  en  el  proceso,  brilla por su ausencia la debida demostración de  esas   falencias,   habida  cuenta  de  que  el  censor  se abstuvo de cotejar  el  contenido objetivo de  esos   medios   de   convicción  y  lo  que  de  ellos  infirió  el         ad        quem,  o  nada argumentó en pro  de  establecer  que  las  conclusiones  obtenidas por  éste   en   el  campo  de  los  hechos, eran contraevidentes.   

5.3.                          El  primer  cargo  que  planteó  el  censor,  adicionalmente,  no  constituye un ataque  frontal         y         certero    en  relación   con  la  apreciación  que  el     ad     quem     efectuó  de  los  testimonios  rendidos  por  los señores María  Rodelo  de  Fernández, Orlando Fernández Charris, Yurley Figueroa Fernández y  Paul   Contreras   Morales,   declaraciones  que  fueron  las  que  condujeron  a dicha autoridad a colegir  que,   paralelamente   a   la   unión  marital  de hecho que existió entre la demandante y el accionado,  éste  mantuvo relaciones  similares,  de un lado, con la señora Luz Stella Cuadro Herrera y, de otro, con  la  citada  señora  Figueroa  Fernández, con quien  luego contrajo matrimonio.   

Es patente que  esa    conclusión    del    Tribunal,         mal         podría         estimarse        desvirtuada  por  la  circunstancia de  que,  según  el  análisis  efectuado  por el censor, la señora Cuadro Herrera  hubiese     estado    embarazada    en  el año 2001, que corresponde a aquel  en    el    que    ella    y   el             señor            Contreras            Morales,          tanto  en  la  escritura pública No. 0998 del 25 de junio de 2008  de   la  Notaría  Sexta  de  Barranquilla  como  al  responder    la    demanda,    dijeron     que     habían reiniciado la relación que de antes  tenían;  o  porque  el  citado  demandado,  en  las  escrituras  públicas  contentivas  de los negocios  jurídicos  a  través  de  los  cuales  adquirió  los  bienes  que  son  de su  propiedad,  faltara  a  la  verdad  sobre  su  estado  civil;  o  porque  en las  declaraciones   de   renta  que  presentó,  señalara  como  su  dirección  el  apartamento  en  el  que  residió con la señora Barrera Guayasan; o   porque  en  esa  misma  dirección  hubiese    sido    notificado,   en   su   condición   de   administrador   del  edificio  “Portal  del  Prado”,  de  un  acto  administrativo.   

La  referida  inferencia del ad   quem,  sale   igualmente   indemne   frente  a              los     cuestionamientos   del  censor  relativos  a  que  la   época   en   la   que   el    testigo  Paul  Contreras  Morales  dijo haber residido en el  apartamento  que  compartían  su hermano, el demandado, y la actora   (seis  meses,  aproximadamente,  del  año 2003),  no  coincida  con la de duración de  esa relación, según lo  manifestado  por  aquel  al  responder  el  libelo introductorio    (1998   a   1999);   o  a que el  precitado        declarante       hubiese     errado     al   indicar   la  fecha  en  la  que  finalizó  la  relación  de  Julio César y la señora  Cuadro Herrera.   

Del  mismo  modo,  la  simultaneidad  de  relaciones              predicada  por  el  Tribunal  no  sufre  desmedro  en razón a que de  los  testimonios rendidos por las señoras  Luz  Migdalia Ramos Loaiza, Yurley  Figueroa  Fernández  y  María  de  los  Santos  Rodelo Fernández se  infiriera,  como  expresamente  lo  admitió  el Tribunal, que  quienes   actúan    como    parte   en   este  proceso, unieron sus vidas como marido y mujer en el  período  comprendido  entre 1998 y 2007,  pues  es claro que la existencia de esa relación, per  se, no impedía que aparejadamente  el      accionado      mantuviera      esos      otros     vínculos,        a        los    que    hizo    referencia    el  Tribunal.   

Ahora  bien,  si  se  interpretara  que  la         equivocación         denunciada  con  respecto  al  documento público referido fue de  derecho,  echa de menos la  Corte  la  indicación  de  las  normas  de  disciplina  probatoria  que  fueron  vulneradas y la explicación de su quebranto.   

5.5.                                El   cargo   segundo  es  asimétrico,  en   la   medida   en  que  sus  argumentos son  por  completo  ajenos  a los genuinos fundamentos en  los  que  el  juzgador de  segunda  instancia  apoyó  su  decisión  de  confirmar el fallo desestimatorio  adoptado  por  el  a quo.   

Como  se  desprende  del compendio que se  hizo  de la providencia impugnada, el Tribunal, en principio, admitió que entre  los      señores      Barrera     Guayasan     y     Contreras     Morales  sí  existió  una  unión de  hecho  durante  el  lapso comprendido entre el mes de septiembre de 1998 y el de  enero  de  2007,  conclusión  fáctica  a  la  que  arribó  con  base  en  las  declaraciones   de  los  señores  Wulfran  Vásquez  Meriño,  Jeovani  Bornaceli Cantillo, Adalberto Gutiérrez Montesino, Luz Ramos  Loaiza,   Marelvis   Upegui   Pérez   y   en   los   documentos   allegados  al  proceso.   

Cosa  distinta  es que, con base en otros  medios  de  convicción,  el  ad  quem  hubiese  afirmado, posteriormente, que  dicho  vínculo  no  fue  “singular”,  debido   a   que   el  demandado,  en  la  misma  época de su existencia, mantuvo relaciones similares  con        las  señoras   Luz  Stella  Cuadro  Herrera  y  Yurley  Figueroa  Fernández,  aserto  este  que,  como  con  facilidad   se  percibe,  constituye  el  fundamento  toral  de  su  fallo y que, por lo mismo, era el que  debía  derrumbar  el  censor,  a efecto de conseguir el quiebre de la sentencia  recurrida.   

En la acusación que ahora se examina, el  recurrente   analizó  únicamente  los  testimonios  atrás  relacionados  para  insistir  en  que,  de  la  apreciación conjunta de todos ellos, se infería la  plena  demostración  de  la  relación de pareja que existió entre quienes son  parte en el proceso.   

Significa   lo  anterior,  que  ningún  desacuerdo      se      encuentra      entre     la     postura     del    Tribunal    y    la     del    recurrente,  en  lo  tocante,  por  una  parte,  con la valoración de las indicadas declaraciones y,  por  otra,  con  la conclusión que en el campo de los hechos dicho sentenciador  obtuvo  de  ellas, coincidencia que hace por completo inane la acusación, en la  medida  en que, como ya se  señaló,  el  cargo  no  concierne  con  las  verdaderas razones que llevaron al Tribunal a desestimar la  acción.   

6.            Puestas  así    las   cosas,   es   consecuencia   obligada  que      ninguna      de     las     acusaciones  examinadas, está llamada  a prosperar.   

7.   Habida   consideración   de   que  corresponde  señalar las agencias en derecho dentro de la presente providencia,  las    mismas   serán  determinadas  atendiendo  al  hecho conforme al cual la demanda de casación fue  oportunamente replicada por la parte demandada.   

DECISIÓN   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de    Justicia,   Sala   de   Casación   Civil,   NO  CASA  la  sentencia de 12 de agosto de 2011, proferida  por    el    Tribunal   Superior   del   Distrito   Judicial   de  Barranquilla,  Sala Civil – Familia, en el proceso  que  MARÍA  MARCELA  CLAUDIA  BARRERA  GUAYASAN  adelantó en contra del señor  JULIO CÉSAR CONTRERAS MORALES.   

Costas  en  casación  a  cargo  de  la  recurrente.  Como agencias en derecho, se fija la suma de seis millones de pesos  ($6.000.000).    La  Secretaría de la Sala practique la correspondiente liquidación.   

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

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